SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2026 NÚMERO 1646
Francisco Hernández: primeras ocho décadas Marco Antonio Campos y Rafael Calderón Torres Anécdotas: Leona Vicario, patriota y madre Beatriz Gutiérrez Müller David Hume y el teatro de la mente Omar de la Torre
Margaret Randall y la vejez como libertad Mario Bravo
Editorial
EL 25 DE AGOSTO PASADO SE CUMPLIERON DOSCIENTOS CINCUENTA AÑOS DE LA MUERTE DEL GRAN FILÓSOFO ESCOCÉS DAVID HUME (1711-1776), AUTOR DE TRATADO DE LA NATURALEZA HUMANA, ASÍ COMO INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO, A QUIEN HOY EN DÍA SE LE CONSIDERA “UN PRECURSOR DE LAS DISCUSIONES QUE SE REALIZAN EN LAS CIENCIAS COGNITIVAS EN LO RELACIONADO A LAS NEURONAS ESPEJO, LA EMPATÍA Y EL CONTAGIO EMOCIONAL, LOS ESTUDIOS SOBRE EL ALZHEIMER O LA IMAGINACIÓN”.
Margaret Randall y la vejez como libertad
A 250 años de su muerte
David Hume
acida en Nueva York a mediados de los años treinta del siglo pasado, la escritora, fotógrafa, académica y activista Margaret Randall llegó a México en los sesenta, renunció a la ciudadanía estadunidense, durante más de dos décadas residió en Cuba, Nicaragua y España; por su activismo e ideas el gobierno de Estados Unidos quiso deportarla, pero ella apeló la decisión, ganó y actualmente vive en Nuevo México. En su abundante obra destacan poemarios como Agua en la que me deslizo por la noche, Sus espaldas al mar y Bailando con la cierva; ensayos como Mujeres en Cuba, El espíritu del pueblo y La mesa del hambre: mujeres, comida y política, así como Nunca me fui de casa: poeta, feminista y revolucionaria. Este último título resume con acierto la extensa y rica trayectoria de Randall quien, en la entrevista concedida a este suplemento, a sus casi noventa años reivindica la vejez como una forma de la libertad.
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y el teatro de la mente Omar de la Torre
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A MENTE ES una especie de teatro”: hace dos siglos y medio David Hume describía así el funcionamiento de la conciencia humana. Sorprendentemente, esa metáfora sigue dialogando hoy con la psicología, la neurociencia, la filosofía de la mente o las ciencias cognitivas. Hume escribió ensayos sobre filosofía, historia, economía y crítica literaria. Es considerado en la tradición filosófica como uno de los personajes que representan los ideales de la ilustración y el pensamiento moderno en Occidente. Perteneciente al movimiento intelectual conocido como los ilustrados escoceses, junto con Adam Smith, Francis Hutcheson o Anthony Ashley Cooper (tercer conde de Shaftesbury), mantuvieron una postura escéptica ante el racionalismo y sus leyes, además de proponer en términos de percepción y sentimientos el sentido sobre la moral y el conocimiento. David Hume nació en 1711 en Edimburgo, Escocia. Pertenecía a una rama de la nobleza británica baja en el pueblo de Chirnside, lugar cercano a la frontera entre Escocia e Inglaterra. A temprana edad, relata en su autobiografía titulada My Own Life, muere su padre. Tras esto, su educación formal la realizó en Edimburgo para titularse como abogado. Sin embargo, tras encontrar su vocación en la Filosofía, abandona su educación en Derecho para concentrarse en los problemas filosóficos que rodearían su vida. Entre los años de 1739 a 1741 termina de escribir y publica su magna obra Tratado de la naturaleza humana, junto con otros ensayos donde aborda, explica o profundiza
▲ David Hume, Allan Ramsay, 1766.
PORTADA: Collage: Rosario Mateo Calderón.
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DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega DISEÑO Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada. com.mx/ TELÉFONO: 5591830300
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La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
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La Jornada Semanal | 20 de septiembre de 2026 | Número 1646
Con un método escéptico, Hume propone que el conocimiento proviene de los sentidos, todo aquello que no proceda de la experiencia o que trasciende la experiencia posible se formula en términos de creencias, costumbres, hábitos mentales, gracias a las estructuras mentales (facultades) como la memoria o la imaginación.
▲ David Hume, 1754.
algunos temas que escribió en su tratado filosófico. La influencia directa en el pensamiento de David Hume radica en la lectura temprana de los clásicos grecolatinos, pero dentro de su aprendizaje escolar podemos encontrar la influencia de Isaac Newton, John Locke o George Berkeley. En Tratado de la naturaleza humana, Hume busca criticar las teorías filosóficas racionalistas (Descartes) que imperaban en la Ilustración. Con un método escéptico, Hume propone que el conocimiento proviene de los sentidos, todo aquello que no proceda de la experiencia o que trasciende la experiencia posible se formula en términos de creencias, costumbres, hábitos mentales, gracias a las estructuras mentales (facultades) como la memoria o la imaginación. Hume afirma que la mente se compone de las percepciones, es decir, aquellos objetos presentes o recibidos por medio de alguno de los cinco sentidos. Éstas, a su vez, se dividen en dos categorías: impresiones e ideas, cuya división únicamente recae en la vivacidad. Entre impresiones e ideas, las primeras evocan, por ejemplo, a la sensación presente, mientras que las segundas, los pensamientos que pueden presentarse. Asimismo, con el paso del tiempo, todas las impresiones se convierten en ideas ya que las impresiones pierden su vivacidad. De algún acontecimiento o hecho se generan impresiones e ideas, cualquier otro pensamiento que no provenga de la experiencia debe ser tomado como ficcional. Como menciona Hume: “La mente es una especie de teatro en que distintas percepciones se presentan en forma sucesiva; pasan vuelven a pasar, se desvanecen y mezclan en una variedad infinita de posturas y situaciones”. Las ideas no aparecen de manera aislada, sino que la mente las relaciona constantemente. Si bien en apariencia podrían mostrarse que existe una cantidad innumerable de formas, Hume las categoriza en tres: el principio de semejanza, que únicamente es la unión símil entre ideas, por ejemplo, como al percibir un perro y unir las ideas asociadas a los perros como las mascotas o recuerdos que tengas al respecto. Otro principio
sería el de contigüidad, que son las asociaciones cuando los pensamientos comparten un espacio o tiempo específico: ver un arcoíris nos lleva a pensar sobre los colores o los fenómenos meteorológicos. Y, por último, asociación por causa y efecto, las que pensamos si los objetos que pensamos están relacionados causalmente, como pensar un golpe y el dolor que se siente. En esta última asociación, el filósofo escocés escribe en Investigación sobre el entendimiento humano (1748), un tratado epistémico donde profundiza algunas críticas sobre su Tratado, que el razonamiento humano procede de dos formas distintas: relaciones de ideas y cuestiones de hechos. Las primeras se componen de certezas por medio de las deducciones (como las matemáticas, la lógica y los principios que hacen posibles las ciencias exactas por medio de axiomas), mientras que las cuestiones de hecho se entienden por mediación de la inducción (presente en el principio de asociación por causa y efecto). Sin embargo, todos los razonamientos que existen en las cuestiones de hecho no tienen certeza (o veracidad). No podemos percibir las condiciones necesarias ni suficientes de un objeto, sólo percibimos dos estados distintos sobre los fenómenos que, por medio de la psicología y ciertas creencias relativas a la expectativa, se repiten una y otra vez hasta que, en nuestra mente, se origina una costumbre. De estos conceptos, David Hume también deriva su ética. A diferencia del conocimiento y la verdad, la ética no procede del razonamiento y sus conclusiones, sino a través de los sentimientos. En sus análisis sobre sentimientos, o estética, la valoración de la moral radica en el gusto que despiertan las personas que nos rodean. Y este despertar de los sentimientos la nombra simpatía. Su generación se realiza al percibir alguna afección, por medio de la imaginación, reconstruye un estado sentimental similar al que percibimos de las otras personas. Las influencias de este pensamiento se reflejan en la epistemología o la filosofía de la ciencia contemporánea con problemas llamados por la tradición como los problemas de inducción o el falsacionismo. Además, Immanuel Kant es inspirado por David Hume (según escribe en el prólogo de Prolegómenos a toda ciencia futura que haya de poder presentarse como ciencia), trazando desde las perspectivas humanas las ideas kantianas en sus planteamientos y argumentos relativos al conocimiento. También, estos planteamientos tienen su repercusión en la actualidad sobre el estudio de la empatía (concepto que es utilizado por error como un sinónimo) en la psicología evolutiva o la neurociencia. David Hume trasciende la Filosofía al ubicarse como un precursor de las discusiones que se realizan en las ciencias cognitivas en lo relacionado a las neuronas espejo, la empatía y el contagio emocional, los estudios sobre el Alzheimer o la imaginación. Dos siglos y medio después de su muerte, pocas imágenes conservan tanta fuerza como aquella con la que describió nuestra vida mental al compararla con el teatro ●
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EN EL MUNDO DE LA EDICIÓN Y CONCRETAMENTE EN EL DE LA EDICIÓN DE REVISTAS LITERARIAS EN PLATAFORMA DE PAPEL O EN VERSIÓN DIGITAL, SE DISCUTEN MUCHO LOS ATRIBUTOS Y ACASO LIMITACIONES DE UNA Y OTRA. ESTE ARTÍCULO TRATA ESE TEMA A PARTIR DE LA APARICIÓN EN PAPEL DE LA REVISTA IDEAL, LO CUAL CELEBRA.
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los lectores que no somos nativos digitales nos da un vuelco cada vez que escuchamos de una revista en papel. A los que lo son también les debería suceder, al menos una sensación de sorpresa. No es un gesto vintage sino la reivindicación de una manera de leer, de una atención distinta con el texto. Así, la aparición de Ideal, cuyo primer número, de la primavera de 2026, llega a mis manos, me provoca no sólo sorpresa sino alegría. Tal vez el papel como soporte del texto sea hoy, en el terreno de las publicaciones periódicas, “un sueño que se hace realidad”, como señala la editorial de la revista. La dirige (en el directorio aparece como director fundador) Gonzalo García Barcha, notable diseñador mexicano que se ocupó, entre otras, de las portadas de La Jornada Semanal en este diario durante un largo período, ha creado una fuente tipográfica inspirada en los primeros impresores mexicanos y ha desarrollado una labor diversa en editoriales como El Equilibrista. Sus raíces familiares lo ligan con Colombia y en la revista esto es evidente. Los nexos culturales entre Colombia y México son muy estrechos y han dado no sólo la presencia de artistas y escritores de ese país en el nuestro, sino iniciativas notables, como la revista La Casa Grande, hace unos años. El título Ideal, no sé si afortunado, no deja de sorprender en esta época cuando lo que priva es un pragmatismo global (donde México tiene el aspecto de un oasis) que
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Maneras de leer:
la revista Ideal José María Espinasa mueve a los gobiernos de algunos países, a Trump (EU), Milei (Argentina), Netanyahu (Israel) y De la Espriella (Colombia). La palabra, además, se ve atravesada por el tener (un ideal) o el ser (ideal). El diseño de la publicación tiene hallazgos destacados a la vez que muestra una sobriedad que hay que agradecer en tiempos de estridencia gráfica, y un equilibrio notable entre los tonos y géneros de las colaboraciones. En esa lectura azarosa que es frecuente en una revista, quiero empezar por destacar un par de ellas. El poema, intenso y hermoso, “Un leve aullido bajo la arena”, de María Baranda, una de las escritoras mexicanas con mayor proyección actual, en la línea de depuración formal que ha emprendido desde hace algunos años, pero sobre todo el relato “Ángeles & otros demonios”, de Mateo García Elizondo,
Desde la vieja noción de actualidad Ideal no lo es, pero replantea esa noción para que, si se me permite el juego de palabras, lo actual no se apoye en la actualidad sino en la permanencia. Algunas publicaciones en papel buscan eso, un ejemplo notable es la Revista de la Universidad.
de atmósfera rulfiana que no desmerece ante la comparación con el modelo. El relato está acompañado de fotografías de Graciela Iturbide, tan extraordinarias como todas las suyas, y que ya por sí solas merecen el gasto de comprar la revista (300 pesos mexicanos). Uno de los rasgos perjudiciales que tuvo la irrupción de la web en las prácticas lectoras fue el descenso vertiginoso de las publicaciones en papel, sobre todo revistas. Hay, sin embargo, que reinventar y cargar de un sentido nuevo ese universo textual. Pienso, por ejemplo, la manera en que se ha replanteado la noción de actualidad. Desde la vieja noción de actualidad Ideal no lo es, pero replantea esa noción para que, si se me permite el juego de palabras, lo actual no se apoye en la actualidad sino en la permanencia. Algunas publicaciones en papel buscan eso, un ejemplo notable es la Revista de la Universidad. ¿Cómo integrar las revistas a las costumbres lectoras actuales, cómo hacer que convivan con la lectura de libros y que permanezcan en el librero? Hay que recuperar esa costumbre: leer revistas, y de
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manera subrayada las que se hacen en papel. En ese sentido es muy interesante la nota/entrevista, firmada por la redacción, que abre la revista sobre el portal de la web, Péndola, animado por Malva Flores, junto a David Medina Portillo, que crea un librero/hemeroteca en la red y que permite acceder a publicaciones de distintas geografías. Esa noción, la duración, que es la de la actualidad, tiene diversos ritmos. Esa nueva manera de concebir las revistas, ligada a ella, empieza con el siglo actual, con la muy buena revista (Paréntesis) y prosigue con otras notables como Lenguaraz o Cuadernos Salmón (las tres ya extintas) Son, a pesar de manifestarse al margen de la web, revistas en busca de su modernidad, su contemporaneidad, su actualidad, matices sutiles del tiempo que además tiene un condimento afectivo. Por ejemplo, leo de inmediato los textos de Baranda y García Elizondo porque los conozco tanto literariamente hablando como en persona. Lo haré posteriormente con el poema de Frank Báez, dominicano, a quien no conozco ni he leído, pero cuyo título, “Desarmando la biblioteca de mi padre” me resulta muy sugerente, o con las notas, reseñas y ensayos que complementan el número. Pienso en aquella manera de concebir esos pequeños muebles que llamamos en su tiempo revisteros, un triángulo en el que esperaban nuestra lectura y eran después desplazadas por otras. Ahora, como lo demuestra Péndola en la red, las revistas se comportan como libros con relación al tiempo: duran. Hay tela de donde cortar en esta Ideal (Revista de literatura y artes visuales) y la iremos cortando con la demora que el placer requiere ●
El caudal poético de
Francisco Hernández Rafael Calderón Torres
L ▲ Francisco Hernández. Foto: La Jornada/ Carlos Ramos Mamahua.
EN LA POESÍA MEXICANA CONTEMPORÁNEA, LA OBRA DE FRANCISCO HERNÁNDEZ ES REFERENCIA INEVITABLE. MERECEDOR DEL PREMIO BELLAS ARTES DE POESÍA AGUASCALIENTES 1982, EL PREMIO XAVIER VILLAURRUTIA 1994 Y EL PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS Y ARTES 2012, ENTRE OTROS, ESTE ARTÍCULO REFLEXIONA SOBRE LA VERSATILIDAD DE SU LENGUAJE Y LA FUERZA DE SUS TEMAS: “FRANCISCO HERNÁNDEZ ESCRIBE DESDE UNA ZONA DE RIESGO, ALLÍ DONDE EL LENGUAJE DEJA DE SER ÚNICAMENTE UNA CONSTRUCCIÓN ESTÉTICA PARA CONVERTIRSE EN UNA FORMA DE ATRAVESAR EL DELIRIO, LA MEMORIA Y LA PÉRDIDA.”
A OBRA POÉTICA de Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, Veracruz, 20 de junio de 1946) nunca se agota. Posee la extraña condición de las obras verdaderamente vivas: mientras más se explora, más zonas ocultas revela. Hay en sus versos una lejanía singular, una distancia que no enfría emociones, sino que las vuelve más intensas y reflexivas, como si la pasión necesitara apartarse del ruido del mundo para contemplar mejor sus propias ruinas. Su escritura es caudalosa y múltiple, intensísima, pero también rigurosamente precisa; vasta en registros, voces e imágenes, aunque sostenida siempre por una tensión interior que jamás se dispersa. Cada libro suyo parece escrito desde un sitio donde la lucidez y el delirio conviven, y donde el lenguaje adquiere la respiración profunda de aquello que ha sido vivido hasta sus últimas consecuencias. En años recientes aparecieron dos extensos volúmenes que reúnen la obra poética de Francisco Hernández, En grado de tentativa (FCE/ Almadía, 2026), publicación que confirma no sólo la amplitud de su escritura, sino también su lugar indispensable dentro de la tradición lírica mexicana contemporánea. En estos dos volúmenes conviven todos los títulos fundamentales,
estaciones distintas de una misma obsesión verbal. Sin embargo hay uno que, por su intensidad y resonancia, ocupa un sitio excepcional: Moneda de tres caras. En estos poemas convergen algunas de las mayores virtudes líricas de Hernández: el desdoblamiento de la voz, la imaginación verbal llevada hasta el vértigo, el temblor emocional y una conciencia extrema del lenguaje como espacio de revelación y fractura. Sus poemas parecen escritos desde el borde de una experiencia interior que se resiste a permanecer en silencio. Pertenece, por lo mismo, Francisco Hernández a esa rara estirpe de poetas que modifican la sensibilidad de una época. Su voz –inconfundible, vulnerable, personal hasta la herida– marcó una transición decisiva entre la poesía mexicana del siglo XX y la del XXI: abrió una escritura donde delirio, memoria, música verbal e intemperie conviven a navajazos. Leerlo es aceptar que no hay consuelo / PASA A LA PÁGINA 6
Conversación de dos fantasmas (en los 80 años de Francisco Hernández) Marco Antonio Campos
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N 1988, MIENTRAS Evodio Escalante y yo conversábamos en un café, recuerdo el asombro compartido que teníamos al comentar el libro De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios, recién editado, que después formaría parte de la trilogía que Francisco Hernández tituló Moneda de tres caras, con el cual ganó el premio Xavier Villaurrutia 1994. Evodio y yo escribimos al alimón una reseña sobre el libro de Schumann, que Huberto Batis nos publicó en el suplemento sábado del diario unomásuno. Estábamos ante un gran poeta, y desde entonces Hernández no se ha cansado de publicar libros de una intensidad quemante, aun ahora, a los ochenta años, con su Avistamiento del fantasma (Editorial Vaso Roto, 2026), un dilatado poema en prosa, donde de nuevo aparece su “yo más oscuro”, esta vez en un diálogo inventivo / PASA A LA PÁGINA 6
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En esa construcción aparecen sus dos grandes invenciones poéticas: por un lado, el hombre que escribe bajo el nombre de Francisco Hernández, vulnerable y grave, atravesado por la conciencia del deseo, la memoria y la pérdida; por otro, la irrupción de Mardonio Sinta, heterónimo ya legendario que desde Coplas a Barlovento no funciona únicamente como máscara literaria, sino como una extensión delirante de la identidad, un espejo deformado donde la confesión se vuelve ficción y la ficción termina revelando una verdad más profunda. Entre ambos se establece una tensión constante: se buscan, se contradicen, dialogan. La poesía ocurre precisamente en esa fractura, como si Hernández hubiera comprendido que una sola voz resulta insuficiente para nombrar ciertas zonas del infortunio, y que el poema, para acercarse a lo indecible, necesita dividirse, multiplicarse y hablar desde sus propias ruinas. Con Mar de fondo confirmó tempranamente esa contundencia expresiva que distingue toda su obra. Son títulos fundamentales por la intensidad de su lenguaje y por la manera en que convierten la experiencia íntima en materia verbal de rara potencia emocional. Su lectura exige entrega: no hay complacencia ni artificio ornamental. Hernán-
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inmediato. Sus poemas avanzan hacia donde la conciencia se desgarra y el lenguaje tiene que reinventarse para nombrar lo que duele. Hay en su poesía una intensidad que exige permanencia, una respiración oscura que continúa resonando mucho después de haber cerrado el libro. Todavía recuerdo el momento en que apareció reunida gran parte de su obra. Comprendí entonces que aquella lectura no podía resolverse en unos días: era una experiencia de largo aliento, una conversación destinada a prolongarse en el tiempo.
Una forma de habitar el vértigo EL PUNTO DE ENCUENTRO de toda su escritura es la figura del poeta. Pero en Hernández el poeta no es sólo una voz: es una escisión, una máscara, una forma de habitar el vértigo. Su imaginación avanza –como un caballo inmóvil en medio de la realidad– hacia el centro mismo del lenguaje. Hay algo en su poesía que recuerda al “jinete del aire” de Alfonso Reyes, aunque transformada por una sensibilidad veracruzana y una conciencia contemporánea del desgarramiento.
Francisco Hernández. Foto: La Jornada/ Carlos Ramos Mamahua.
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con un joven poeta, bruno darío, fallecido a los veintinueve años, con quien sólo conversó por teléfono y a quien nunca conoció. Hernández hizo una lectura de los cuatro libros de bruno darío que le entregó la escritora Irene Selser, en especial de mal de aire (2020). Irene Selser sabía que bruno darío era un alma gemela de Hernández o, al menos, que pertenecían al mismo linaje, y que uno y otro habían tenido una existencia con frecuencia colmada por la oscuridad depresiva y el lúcido pesimismo, y Hernández, al leer los libros del joven bruno darío, así lo sintió. En ambos se encuentran frases que desuellan ferozmente al otro o a los otros, pero ante todo a sí mismos. Para escribir el libro-diálogo Hernández escogió las frases o versos de los poemas de bruno darío, en especial de mal de aire (2020), y lo hizo con tal destreza que fluyen y se integran al discurso con naturalidad. Pero ¿quién es bruno darío? Sabemos muy poco. Hijo de la psicoanalista Susana Sercovich, nació en 1993 en Cuernavaca, Morelos, y a la par de la poesía tuvo una trabajada pasión por la música. Desde muy pronto bruno habitó el gran país llamado Dolor. La editorial Vaso Roto le publicó dos libros: asolar y el antes citado mal de aire. El departamento donde vive Hernández con su esposa y ángel protector Leticia Arróniz, se halla en el lado sur de la plaza Río de Janeiro del barrio de la Roma. El diálogo de fantasmas ocurre en la arbolada plaza. Mientras Francisco y bruno darío conversan sentados en una banca frente a la fuente, donde se halla en el centro la estatua del David, miran o ven pasar por las veredas o las calles parejas furtivas de enamorados, paseaperros, una muchacha con sombrero de charro, bicicletas que corren sin ciclistas, alguna ambulancia de la Cruz Roja. Los altos árboles dan la bienvenida a los pájaros. Muy cerca de Cioran, muy cerca del austrÍaco Thomas Bernhard, Hernández perfecciona en Avistamiento del fantasma “la belleza carnicera”. Lo más cerrado y oscuro de otros y de sí mismo lo
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Hacia 2006 Hernández publicó Mi vida con la perra, en el que la perra, fielmente cruel, es precisamente la depresión, la cual nunca lo ha abandonado y lo sigue y persigue aún. La perra muerde para que lo bien o lo mal vivido sea opresivamente más de la muerte que de la vida.
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vuelve alta poesía. ¿No escribe Susana Sercovich, madre de bruno darío, a quien Hernández cita, que el treinta y ocho por ciento de la población mundial padece depresión y “por ello 700 mil personas se suicidan cada año en el mundo”? Hernández y bruno darío se saben insomnes y depresivos. Hacia 2006 Hernández publicó Mi vida con la perra, en el que la perra, fielmente cruel, es precisamente la depresión, la cual nunca lo ha abandonado y lo sigue y persigue aún. La perra muerde para que lo bien o lo mal vivido sea opresivamente más de la muerte que de la vida. La perra vence todo, mina todo, elimina todo. Si hay Dios, escribe Hernández, debe ser “una divinidad depresiva”. Pero Dios, se pregunta ¿existe? O “Dios está en veremos”. A Dios no lo ve, no lo siente, no lo escucha. “No le vuelvo a dirigir la palabra a Dios”, cita Hernández a la niña Silvia Plath que lo dijo a los ocho años cuando murió su padre. Llegará la muerte, pero ¿qué es? ¿Cómo verla y verse uno mismo si es “un espejo estrellado”? La muerte es una continuidad de los malos sueños.
dez escribe desde una zona de riesgo, allí donde el lenguaje deja de ser únicamente una construcción estética para convertirse en una forma de atravesar el delirio, la memoria y la pérdida. Cada uno de sus libros parece registrar la huella de una experiencia límite, el momento preciso en que la imaginación se confunde con la herida y la desventura adquiere una respiración casi musical. La poesía de Hernández ha sabido convertir la memoria en territorio visionario y el desdoblamiento de la identidad en una de las exploraciones más intensas de la poesía mexicana contemporánea. Moneda de tres caras, en resumidas cuentas, ensancha la dimensión de una voz que, lejos de agotarse con el tiempo, continúa ampliando sus resonancias. A ochenta años de su nacimiento, Francisco Hernández permanece como un poeta que no admite clausura: cada regreso a sus poemas descubre nuevas zonas de sombra, nuevas respiraciones y nuevas formas de belleza lírica surgidas desde la pasión que es la escritura. Leerlo sigue siendo entrar en una región donde la palabra arde, vacila y resiste, como si el poema conservara la capacidad de mirar la penumbra sin ceder ante el infortunio.
Brevísima muestra poética Francisco Hernández
DESDE GRITAR ES cosa de mudos (1974), su primer libro, hasta ¿Cerdo o no ser? (2021), Francisco Hernández ha publicado una treintena de títulos, invariablemente de poesía. Esta es una muestra no breve, sino brevísima, de las numerosas razones por las cuales el hoy octogenario autor nacido en San Andrés Tuxtla es, y de modo indiscutible, uno de los poetas esenciales de la literatura mexicana.
Fade out Cuando era niño yo quería ser un poeta maldito ¿tú a qué jugabas?
Pega la lluvia en los tambores de las hojas. Día y noche, sin descanso, sin ninguna intención, sin importar la suerte de pueblos arrasados, día y noche, sin descanso, sin ninguna intención, pega la lluvia todo el tiempo en los tambores de las hojas…
Paterson la horrible (14) Giros negros alrededor de un arma de las llamadas “cuernos de chivo” bañada en oro.
Conjuro En el libro Hernández y bruno darío conversan sobre lo que son y sienten y por ello hablan de frustración, de tedio, de desencanto, del miedo, pero también de iluminaciones repentinas, y en contraste, en Hernández, hay varias veces la agradecida ternura por Leticia Arróniz. Pero Hernández también retoma de otros libros el aborrecimiento que siente por su padre, el “odioso caballo”, el dentista y expresidente municipal del pueblo de San Andrés Tuxtla, el golpeador que le fracturó la nariz a su madre, ese padre que tanto daño le causó. El color negro no abandona a Francisco Hernández y a bruno darío. Leamos algunos momentos de sus diálogos: BD: “Me gusta respirar cada vez menos. FH: Yo prefiero gritar en silencio [...] BD: Te harta la palabra patria.- FH: La detesto. Jamás daría mi vida por un país como éste. Y tal vez por ningún otro [...] BD: ¿Estamos muertos sin darnos cuenta?.- FH: Al tener voz tenemos vida, aunque nadie nos escuche. Por eso muchas veces hablo solo.” No olvidemos frases de bruno darío, su semejante, su hermano: “El mejor antidepresivo es no nacer”, o despreciativamente: “Ordenar una hamburguesa en una librería tiene más poesía que los versos de casi todos mis contemporáneos”. En su escritura Hernández suele partir o amoldar palabras y frases para que sean algo nuevo: sincero se vuelve sin cero, soledad la sombraedad, vocablo es bocaablo… Asimismo las citas que hace de otros autores se convierten en creación viva del texto, entre otros, de Trakl, Rilke, Drummond de Andrade, Pessoa, Pavese, Alejandra Pizarnik, Lezama Lima, Roberto Juarroz, Mutis, José Emilio Pacheco, Hugo Gutiérrez Vega, Nabokov, Marina Tsvetáieva, y claro, con su gracia habitual, Shirley MacLaine… Como persona me gusta ante todo recordar al ultralúdico lector Francisco Henández, con el que he conversado a menudo de poesía desde hace más de cuarenta años y en la poesía y por la poesía hemos fundado una excelente amistad sin alteraciones. Lo he dicho y lo he escrito desde que ganó en 1994 el Premio Xavier Villaurrutia: Francisco Hernández no es sólo el mejor poeta de mi generación, es un gran poeta ●
Cuaderno de Borneo. Últimas páginas de George Trakl (III)
para que aparezcas cierro lo ojos y pronuncio tu nombre en la mitad del día surge la firmeza de tu cuerpo delgado tu alegría tentacular tu pelo negro como boca de loba y abro los ojos y no estoy
Todas las pistas son falsas, aun las de aterrizaje. Crece más frondosa la amapola cuando la riegan con sangre fresca.
Collage impuro ro (como todos) con puros versos de Pura (3, 9)
Canta Scardanelli Las hojas de los álamos descienden. Alguien te escribe así, Naturaleza. Los colores del suelo se concentran. Alguien te pinta así, Naturaleza. Los truenos en el alba se adelgazan. Alguien te canta así, Naturaleza. Los insectos en vuelo se dispersan. Alguien te olvida así, Naturaleza.
De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (XXVIII) Sueñas una sola nota sostenida. Sueñas flores que se convierten en cicatrices. Sueñas que tus hijos se vuelven locos y escriben versos. Sueñas las carcajadas de Félix Mendelssohn. Sueñas tu lengua transportada por delfines. Sueñas tus restos devorados por hienas. Sueñas que cruzas el río Mulde con la niña Clara de la mano y que todo el pueblo entona tus canciones.
Al escribir sabemos lo que es tener una soga al cuello y lo que es caminar y respirar y amar sobre la cuerda floja de los relojes atrasados. Pura, incapaz de ignorarlo, le da el avión al nudo corredizo del tiempo y sonríe sin dejar cabos sueltos ni serafines en las vibraciones de la cigarra. Al escribir, parece decirnos, somos fluviales, pero nada sabemos. Nada, ni siquiera flotar. […] Así cruzan los versos muchas veces: son algo negro con tripas en el pico hacia un lóbrego atardecer o un pensamiento con una mentira entre las patas o un ángel con los pelos de punta sin nada que esconder entre la bisutería de sus alas.
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POETA, FEMINISTA, PERIODISTA, ENSAYISTA, FOTÓGRAFA Y TRADUCTORA, MARGARET RANDALL (MANHATTAN, 1936) MANTIENE INTACTA LA COMBATIVIDAD INTELECTUAL CON LA QUE, A LO LARGO DE MÁS DE SEIS DÉCADAS, HA MIRADO, ESCUCHADO Y ESCRITO A FAVOR DE LA LIBERTAD Y LA MEMORIA. DE VISITA EN MÉXICO PARA CELEBRAR EL SEXTO ANIVERSARIO DE LA EDITORIAL HEREDAD, LA AUTORA DE LA AUTOBIOGRAFÍA NUNCA ME FUI DE CASA Y DEL CONJUNTO DE ENSAYOS PENSANDO PENSAMIENTOS CONVERSÓ CON LA JORNADA SEMANAL.
Marga y la vejez Mario Bravo
Entrevista con Margaret Randall ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Nace una poeta –Hoy en día, con casi noventa años de edad, ¿encuentra rasgos tanto de la niña como de la joven que alguna vez fue? –Soy la misma, sólo que con más experiencia y más vida. Reconozco ciertos rasgos, por ejemplo, la voluntad y cierta confianza en mí misma. Nací en 1936 y crecí en la década de los cincuenta, una época sofocante en Estados Unidos: prevalecía la idea de que la mujer debía quedarse en casa. Viví en Albuquerque, Nuevo México, un pueblo bastante provinciano. Pero tuve la suerte de irme a Nueva York en 1958. Allí conviví con pintores y artistas abstractos y expresionistas, también con poetas. Ahí supe que sería poeta. En esa ciudad nació mi primer hijo. Más tarde, en 1961, me fui con él a vivir a México. Entonces conocí a Sergio Mondragón. Nos casamos y nos embarcamos en la aventura que fue la revista literaria El Corno Emplumado.
Escribir sin límites –Arribó a México en 1961 y retornó a Estados Unidos en 1984. En medio de esos años radicó en Cuba y Nicaragua. Esa vida nómada, ¿qué insumos le aportó a su escritura? –Me dio mucho. En primer lugar, vivir en México me salvó de la sombra del macartismo. En mi país, durante la década de los cincuenta, existió una cacería de brujas por parte del senador Joseph McCarthy, anticomunista, que también afectó mucho al mundo cultural. Muy joven llegué a México y este país me enseñó que se podía escribir de todo: ¡no había reglas absurdas que limitaran la escritura! En cada país donde he vivido, e incluso en aquellos que he visitado como Vietnam del Norte o Perú, encontré experiencias y referencias culturales que llevo dentro de mí.
Una esperanza –Llegó a Cuba ya con la Revolución andando, en 1969. ¿Qué expectativas guardaba y qué halló finalmente? –Llegué a Cuba al huir de México después del movimiento estudiantil de 1968, en el que participé como tanta gente lo hizo. Cuba fue un refugio: recibió a mis cuatro hijos, a mi entonces compañero y a mí. En Cuba esperaba una vida fantástica; en aquel entonces, yo era poco crítica.
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Con los años empecé a ver las grietas y los problemas; no obstante, Cuba me dio muchísimo: la esperanza en la posibilidad de un mundo distinto. La década de los setenta fue de gloria para la Revolución. No quiere decir que no había problemas, ¡claro que los hubo! Sin embargo, existía la sensación de que todos estábamos trabajando por algo mejor y, en gran medida, lográndolo. Tras salir de la isla, volví muchas veces. Hoy, Cuba pasa por una situación insostenible y terrible. Aunque, paradójicamente, la atención que presta a la cultura es extraordinaria. En medio de este contexto tan penoso y peligroso está la Feria del Libro, continúan imprimiendo publicaciones y hacen festivales. Cuba es un pueblo que amo mucho: vive dentro de mí, indudablemente, tanto como México y también Nicaragua, a pesar de que este último país ha vuelto a ser una dictadura.
El péndulo de la Historia –¿La Revolución sigue siendo necesaria? –Sin duda. Hoy en día existe incluso en Cuba, en Nicaragua y en Perú, donde trabajé cuatro meses bajo el régimen de Velasco Alvarado, un socialista del que poco se habla hoy en día, aunque hizo muchas cosas interesantes en ese país. Hay cosas que no se borran del todo: están ahí en el aire que uno respira y en la memoria de la gente. La historia es como un péndulo. Meridel Le Sueur, una fantástica poeta estadunidense, me dijo eso una vez: “No pierdas la fe; la historia es así: con sus altas y bajas.” Esto lo mencionó cuando regresé a Estados Unidos y el mandatario era el terrible Ronald Reagan; pero hoy en día ¡qué no daría por tener a Reagan en lugar del presidente actual! Creo que las revoluciones pueden ser derrotadas, pero algo de ellas queda, indudablemente. Con respecto a su visión sobre los nacionalismos después de haber radicado en tres países latinoamericanos y en aquel donde nació el 6 de diciembre de 1936, Margaret Randall advierte: “Desgraciadamente, hoy están viciados. El nacionalismo es una de las cosas más peligrosas y dañinas, sobre todo el estadunidense, que pretende comerse al mundo en estos momentos.”
La señal –¿Qué le ha dado la escritura? ¿Por qué la eligió, o ella la escogió a usted? –La escritura me escogió. Es cuestión de talento; quizás hubiera querido ser pintora, bailarina o música, pero no tengo esos talentos. Cuando era niña, nunca pensé que iba a ser poeta. Incluso
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▲ Margaret Randall. Collage: Rosario Mateo Calderón.
aret Randall como libertad
detestaba la poesía porque, en las escuelas públicas de Estados Unidos, la enseñaban tan mal que no logré conectarme con ella. Aunque sí sabía que sería escritora de prosa. Sin embargo, con veintitantos años, en una fiesta escuché “Aullido”, un poema de Allen Ginsberg; alguien empezó a recitarlo y ahí supe que sería poeta. Ese poema me dio la señal.
Historia oral –Rodolfo Walsh decía que “escribir es escuchar”. Usted, ¿a partir de dónde escribe? ¿Desde la escucha, desde la mirada, o comienza en una posición política? –Desde todos esos lugares, indudablemente. Un día puedo partir de uno en particular; otro día, desde otro. Rodolfo Walsh y yo fuimos muy amigos. Lo conocí en 1970, en La Habana. Hay una foto de nosotros que circula mucho en internet: los dos sentados en el aeropuerto, platicando. Para mí fue muy importante algo que aprendí de él: la historia oral. Escribió Operación Masacre, un libro fundamental dentro de ese género en América Latina. Yo escribí muchos libros, más de una docena, desde la historia oral, bajo la influencia de Rodolfo. –Prestar oídos a las personas, eso es algo que no cualquiera ejerce... –Escuchar es tremendamente trascendental y no sólo escuchar las palabras, sino los gestos, los acentos, los silencios. Aprender a hacerlo, de verdad, requiere de toda una vida. Toda
Tuve la suerte de irme a Nueva York en 1958. Allí conviví con pintores y artistas abstractos y expresionistas, también con poetas. Ahí supe que sería poeta. En esa ciudad nació mi primer hijo. Más tarde, en 1961, me fui con él a vivir a México. Entonces conocí a Sergio Mondragón. Nos casamos y nos embarcamos en la aventura que fue la revista literaria El Corno Emplumado.
escritura que funciona es porque el escritor supo escuchar. ¡A veces, también hay que aprender a oírse a uno mismo! Hay una frase en inglés: We have to get out of our own way [tenemos que dejar de ser nuestro propio obstáculo]. Debemos vencer cierta tendencia que tenemos a inhibirnos a nosotros mismos. Apártate para que las palabras fluyan.
Itinerario –¿Cuánto placer registra en el acto de escribir? –Muchísimo, sobre todo en mi vejez. Ya no tengo a mis cuatro hijos en casa; ahora tengo nietos y bisnietos… además, ya no cuento con un empleo de ocho de la mañana a cinco de la tarde, cosa que hice una gran parte de mi vida. ¡En la vejez soy libre! Puedo escribir todo lo que quiero. Mi compañera es artista visual; entonces, nuestro hogar está construido con base en el arte. Me levanto a las tres o cuatro de la madrugada y empiezo a trabajar. Ella se levanta un poco más tarde y desayunamos juntas. Después, cada una a su estudio. En la mañana estoy mucho más viva y escucho mejor, por decirlo de alguna manera. Mi trabajo, que es escribir, ocupa la mayor parte de todos mis días… ¡Y eso es un gozo! –¿Cómo responde su cuerpo frente a esa labor? –Esa sí es la parte de la vejez que no es tan cómoda. Indudablemente, no tengo el cuerpo, el aguante ni la fuerza que tuve hace más de veinte años. Uso una andadera cuando salgo de la casa; sin embargo, conservo mucha energía intelectual / PASA A LA PÁGINA 10
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VIENE DE LA PÁGINA 9/ MARGARET RANDALL...
cuando estoy trabajando. El cuerpo me falla en otras actividades de las que gozaba mucho: caminar en el monte y andar en bicicleta, por ejemplo. Extraño eso. Pero uno debe aceptar que tener noventa años no es como tener cincuenta o veinte. –¿Cuáles son los infiernos de la escritura? –Esa es una pregunta buena, en general, pero no es una buena pregunta para mí porque afortunadamente no padezco muchos bloqueos. Algo que sí empiezo a enfrentar es lo siguiente: estoy escribiendo y, de repente, busco una palabra y no me acuerdo de ella… Recuerdo el sentido, aunque no la palabra exacta. Al principio eso me angustiaba, pero ya no… pues simplemente dejo un espacio vacío en el texto, sigo y más tarde la palabra vuelve a mí. Asuntos de la vejez.
Pueden morir 22 mil niños en Gaza y para mucha gente eso solamente es una cifra en el periódico. Es casi imposible que un ser humano que no vive en medio de esas tragedias realmente entienda lo que significan; no obstante, una línea de poesía sí puede, a veces, transmitirte el peso de esa situación, mejor que la cifra y la noticia.
Analizar el patriarcado –Entendiendo que no existe un solo feminismo, sino distintas expresiones, ¿cuál es hoy la concepción del feminismo que usted encarna? –Gracias por esa pregunta, porque el feminismo ha sido extraordinariamente importante en mi vida. Lo descubrí en México, en 1969. Empecé a recibir documentos, artículos y ensayos de feministas estadunidense y europeas que se filtraban a México; entonces, en 1970 hice un pequeño libro: Las mujeres, editado por Siglo XXI. Estoy de acuerdo en que no hay solamente un feminismo. Cuando fui a Cuba, me interesó mucho saber cómo una revolución socialista afecta a la mujer, si responde a sus necesidades, si las soluciona, si no lo hace… De ahí surgió mi primer libro de historia oral: La mujer cubana ahora. Para responder a tu pregunta, el feminismo que habito es el que sirve de herramienta para analizar el uso y los abusos del poder, y no solamente el poder del hombre sobre la mujer, sino el poder de una nación grande y poderosa sobre una más chica, así como el poder de los padres sobre los hijos, etcétera. Nunca fui separatista ni pensé que el problema fuese el hombre en sí mismo como ser humano, sino el patriarcado: un sistema que favorece al hombre a expensas de la mujer. –¿Los feminismos actuales son capaces de construir otro mundo posible? –Plantearía la pregunta de otra manera; de ningún feminismo espero una solución, así como no la espero tampoco del marxismo. Los feminismos nos sirven para entender el poder del patriarcado. No espero que ningún sistema nos salve. Es más razonable buscar una parte de la solución en una lucha, y otra parte de la solución en otra. Por ejemplo, hoy en día, uno de los problemas más graves que padecemos es el cambio climático; entonces busquemos ahí, en la ecología, algunas respuestas. Actualmente, hay problemas tremendos a causa del neocolonialismo y el neofascismo; por lo tanto, tenemos que buscar soluciones en diversas áreas. ¡Hay muchas luchas simultáneas! –Formulé la pregunta con los dos pies en el siglo XX, asumiendo que algún marxismo o cierto feminismo, por sí solos, pueden salvarnos… –No me parece una pregunta errada. Todos tenemos esa tendencia a buscar la solución en algo grande. Esto es algo que he aprendido a lo largo de mi vida: no es posible encontrar todas las respuestas en un solo lugar. Antes, también creí que sí las hallaría en una sola teoría. Fui ferviente marxista y me sostuve de esas posibilidades; pero las derrotas, la realidad y el balance de fuerzas en
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–En un mundo como el actual, con un genocidio en Gaza, además del daño humano a la naturaleza, ¿qué puede la poesía? –La poesía no es capaz de cambiar el mundo. Pero sí es capaz de mantener la esperanza en la humanidad, señalar caminos y dar una energía creativa. El arte, en general, tiene el don de colocarnos en un lugar diferente: el de lo posible y lo bello. Cuando los genocidios se vuelven algo de todos los días, pueden morir 22 mil niños en Gaza y para mucha gente eso solamente es una cifra en el periódico. Es casi imposible que un ser humano que no vive en medio de esas tragedias realmente entienda lo que significan; no obstante, una línea de poesía sí puede, a veces, transmitirte el peso de esa situación, mejor que la cifra y la noticia. Y conste que no me gusta el término poesía política. Cuando la gente me dice que soy una poeta política, rechazo esa etiqueta porque la poesía puede abordar un asunto social, el amor, la muerte, la vejez o lo que sea… Aquello que la hace buena o mala no es su tema, sino cómo lo trata.
Curiosidad vital –¿Qué significa la vejez? –Un privilegio, pues la alternativa sería la muerte. Puedo ver a mis hijos, cada uno haciendo lo que quiere y aportando a la sociedad. Miro a mis nietos y bisnietos. Comparto mi vida con Barbara, mi compañera, con quien ya he vivido durante cuarenta años. A pesar de que físicamente soy más débil que antes, no padezco ninguna enfermedad terrible. He tenido suerte. –Con casi noventa años, usted habrá visto morir a mucha gente querida. Para usted, ¿qué es la muerte? –Es cierto. En la medida en que uno envejece, pierde más y más amigos. La muerte es el final. Soy atea y no creo en nada después de ella. Lo que persiste es la vida de uno en la memoria de los que hemos tocado. Y la obra que dejamos. Aspiro a dejar algo.
el mundo, me enseñaron que no es posible buscar soluciones ahí.
Lo posible y lo bello –¿Por qué, en este mundo tan violento, la poesía aún perdura? –La poesía es mágica. Pienso mucho en ese pequeño poema de Bertolt Brecht, que dice: “En los tiempos oscuros,/ ¿se cantará también?/ También se cantará/ sobre los tiempos oscuros.” Es una perfecta respuesta a tu pregunta. –¿Cuáles han sido los poetas imprescindibles en su vida? –Durante mi juventud fue el estadunidense William Carlos Williams. Tuve la suerte de conocerlo un poco antes de su muerte y para mí fue un deslumbramiento. Cuando llegué a América Latina, otra fascinación fue César Vallejo, un poeta que cambió el lenguaje. En cuanto a latinoamericanos imprescindibles: Juan Gelman, Raúl Zurita, Mario Benedetti, Raquel Jodorowsky y Ernesto Cardenal. De mi país destaco a Adrienne Rich, Audre Lorde, Joy Harjo y el propio Allen Ginsberg, en su época temprana. Vuelvo siempre al libro The Fact of a Doorframe, de Adrienne Rich, y a los Poemas humanos, de César Vallejo.
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–¿Usted a qué vino al mundo? –A curiosear e indagar, así como a conocer otros lugares y culturas. Aunque no sé si uno viene para algo… porque esa idea implica creer en un poder que produce tal situación. Y no creo en eso. Pero sí creo en que, si tenemos suerte, hacemos con nuestras vidas lo que podemos. En mi caso, desde muy chiquita, he sentido curiosidad por la gente diferente a mí y por las costumbres distintas a las mías. –¿El ser humano tiene futuro? –Quiero creer que sí. Si seguimos destruyendo la tierra, el aire y lo que comemos, probablemente un buen día el planeta se deshará de nosotros. Y comenzará de nuevo. No creo que uno pueda tener nietos y bisnietos sin creer en un futuro para la humanidad. Tal vez esa postura es un error de nuestra parte, pero debo creer que hay un mañana para la gente que amo. –¿Qué sigue dándole curiosidad? –Todo. Muchas de las cosas que has mencionado en esta conversación. Por cierto, me han gustado mucho tus preguntas. Siento que sigo con la misma curiosidad y el mismo afán de conocer que cuando tenía tres años. Estoy muy consciente de mi privilegio, pues no he vivido en Gaza, por ejemplo. No padecí una guerra ni hambre, aunque he tenido mis problemas, pero menores ●
LA CASA DE LEÓN TROTSKI La casa amarilla, Verónica Volkow, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2026.
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Juan Joaquín Péreztejada ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
a casa amarilla, de Verónica Volkow se inserta dentro del fondo editorial de la UACM al lado de tres libros: Vlady, demonios revolucionarios, de Claudio Albertani y Silvia Noemí Vázquez Solsona, Vlady, tríptico trotskiano. El héroe trágico del siglo XX, de Vázquez Solsona, publicado en coedición con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; y Diarios de un revolucionario (1936-1947), de Víctor Serge, padre de Vlady, quien llegó a México huyendo de la persecución estalinista, en la edición de Claudio Albertani. La casa amarilla, acompañada por fotografías de la misma autora, es una cámara estenopeica donde queda atrapada la imagen de León Trotski, el abuelo de Volkow, realizada por una serie de objetos los cuales crean una poética del espacio donde se abren puertas, alacenas y cajones, para quien lea pueda observar un jarrón, un viejo teléfono negro, una silla. El poemario está dividido en tres partes: “El abuelo”, “La abuela” y “La casa”, conformado por treinta y seis poemas que logran una perfecta unión entre el continente y el contenido, el mirar y escuchar, los sucesos mundiales y familiares, donde la historia y la política atraviesan los recuerdos personales. Este conjunto de poemas es una serie de claroscuros imbricados en el descenso de Virgilio al inframundo en la busca del padre y con referencias al mito de Orfeo, al poema de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte”, a los balbuceos de San Juan de la Cruz, por mencionar algunas de ellas. La casa amarilla es una cajita musical, poemario escrito en silvas que marcan un ritmo y proponen una melodía y pleno de figuras retóricas como son el oxímoron, “hay en tu tinta antorcha”; el hipérbaton, “Aún con la raíz rota/ pasión por los caminos, papá trajo.”; aliteraciones, “cena de cenizas”; anáforas, como en el poema 20 donde la palabra “Noche” se repite no sólo al principio de cada estrofa sino al comenzar varios de los versos. En la segunda parte, la abuela es los colores, el jardín con sus rosas y el canto. Esta trinidad marca la infancia y da la herencia a la autora para convertirse en la sibila. En los poemas 15 y 16 la
niña que escribe el poema colorea los versos con crayones que van creando y cantando, y hace pensar en la coloratura de la voz lírica de la poeta, su habilidad para adornar una melodía con notas rápidas, escalas, trinos y saltos de gran dificultad técnica como si estas páginas fueran parte de una aria de bel canto. La poesía transmite la música de la luz. Resalto el poema 23, donde las percusiones onomatopéyicas de los pasos de la abuela y sus ecos en las cosas de la casa crean un campo semántico sonoro y retumban sobre, “duelas pautadas”: “chirrían y chascan”, las cosas se oyen como “timbales, crótalos, tumbagas”, y donde los goznes de las puertas son “chelos tétricos”. “El crispar de papeles, el chistar de la pluma,” todo le hace ruido, las cosas crujen y crepitan recuerdos del caminar de la abuela y por eso se pregunta al finalizar el poema “¿Las cosas son acaso un instrumento/ de músicas perdidas que recuerdan/ aún los vagos oficios de la noche?” El tercer apartado es “La casa”, aquí los personajes son las hermanas, la madre y el padre. “Nosotros somos los muertos/, lo ausente, el exilio y lo perdido/ ¿Es su amargura acaso/ lo que en hosca arrogancia cultivamos?” Para esta familia: “Toda la casa es el gran muerto”; este verso hace pensar la casa como un féretro enorme. La casa amarilla es un poemario de duelo, la música de sus versos es una luz esperanzadora, las alas para salir con vida por la puerta de marfil de los sueños ●
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Arte y pensamiento Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller
Leona Vicario, patriota y madre MIRE DOÑA CLOFIS: si todavía para los años cuarenta del siglo XX la mayor parte de la sociedad mexicana no veía con buenos ojos que las mujeres pudiésemos votar, me imagino la cara de ofendido e indignado que puso el historiador don Lucas Alamán cuando doña Leona Vicario le respondió en 1831 por escrito a una serie de desacreditaciones que había proferido en su contra, para ridiculizarla, abajarla y desacreditarla por su participación en la lucha independentista. Remarco que esto ocurrió en los albores del siglo XIX, porque si nos colocamos en ese año, en México, la mujer en términos sociales era un cero a la izquierda. Sus funciones se contaban con los dedos de las manos: ser madre, esposa y cuidadora de alguien (una tía, un marido borracho, un sobrino vago, etcétera) y, acaso, dependiendo del nivel socioeconómico, sabía leer y escribir, bordar y tejer, a lo mejor hacer sus pinitos en óleo. Si su condición era mejor, podía tocar el piano o cantar. Claro, todo esto en casa y ante la familia. Leona Vicario era una señora “de sociedad”, como se les llamaba en los comienzos del México independiente. En la guerra insurgente tuvo un papel activo; es decir, no sólo como la esposa que secunda los ideales del marido (don Andrés Quintana Roo) en las actividades subversivas, lo cual, por supuesto que llevó a cabo, sino que fue diligente y clave en la guerra. Tomó parte decidida contactando a líderes insurgentes en varios lugares de la República, fue espía y correo. Reunía dinero para enviarlo a una fundidora en Tlalpujahua, Michoacán, para elaborar municiones. Incluso, en una de estas juntas secretas que llevaba a cabo para recaudar fondos o enviar cartas o recados, fue acusada por José María Calleja, por entonces virrey de Nueva España, de ser espía y quedó detenida. Fue encarcelada. Ella y su marido eran muy cercanos al cura José María Morelos y Pavón, el caudillo que relevó a Miguel Hidalgo y Costilla cuando lo ejecutaron. Le tocó festejar el triunfo de la Independencia en 1821 y, como ella misma anunció, se dedicó mucho más a lo que entonces llamaban “responsabilidades del bello sexo”; esto es, a sus hijas, lo cual, en mi consideración es una responsabilidad hermosa, porque además de que los vástagos son nuestro amor,
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Marginales Gonzalo Valdés Medellín Luis Esteban Galicia en el Festival Internacional de Cabaret
tenemos la proclividad a protegerlos, esmerarnos en que sean buenas personas y, pienso, buenos mexicanos. Dedicar tiempo a la maternidad que no es un año ni dos es fundamental para una mujer. Acepto toda discrepancia y crítica a lo anterior, pero esta amiga que le escribe cartas de vez en cuando hoy ha tenido el deseo de revelar ideas íntimas y no sólo entretenidos hallazgos históricos o piezas literarias. No. También hay que expresar o repetir, como lo hago en este caso, que la maternidad engrandece y afanarnos en hacer el mejor papel para con los hijos, por su bien, no sólo es instinto sino un verdadero honor. Le hablaba de Leona en su rol de patriota, de madre, de mexicana. Y comentaba que uno de esos misóginos que siempre aparecen con la intención de aguar la fiesta lanzó una crítica pública a la señora. Entre lo menos que criticó es que ella se había unido a la independencia de la patria por sometimiento al marido. ¡Cretino que era don Lucas Alamán! Por escrito desahogó su fiereza: “Confiese usted, señor Alamán, que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los deseos de la gloria y la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños. […] En todas las naciones del mundo ha sido apreciado el patriotismo de las mujeres, ¿por qué mis paisanos, aunque no lo sean todos, han querido ridiculizarlo como si fuera un sentimiento impropio en ellas? […] ¿Qué tiene de extraño ni ridículo el que una mujer ame a su patria y le preste los servicios que pueda, para que a éstos se les dé por burla el título de heroísmo romancesco?” ●
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LUEGO DE EGRESAR del Centro Universitario de Teatro de la UNAM con el memorable montaje de José Ramón Enríquez a la obra de Federico García Lorca El maleficio de la mariposa (1998), Luis Esteban Galicia, actor, director y productor, hizo teatro universitario, clásico, contemporáneo y narración oral; obtuvo dos becas de Creadores Escénicos (2013 y 2016) y eligió el cabaret para, afirma, “mantenerse vigente”. De manera “absolutamente independiente” –subraya Galicia– desde hace un año se dio a la tarea de impulsar el proyecto La Pícara Pandilla y revivir el teatro de revista y la carpa, “trincheras para hacer activismo, sátira política y denunciar la moral hegemónica. Los mexicanos reímos para sobrevivir; en la calle, el barrio, inventamos lenguajes, el albur y el doble sentido, para procesar la realidad”, considera el teatrista. Galicia se ubica a sí mismo “frente al desmoronamiento de las utopías; urge recuperar las tablas y propiciar una epifanía colectiva. Larga vida al teatro disidente, pero sin complacencias. Cuando la doctrina se vuelve catecismo, se anula la crítica”. “Duele ver a compañeros y maestros admirados ejercer el poder con cerrazón y negar espacios a un teatro popular que, paradójicamente, la propia 4T debería respaldar. La Nueva Revista Mexicana es un espacio de virtuosismo y libertad donde egresados del CUT, la ENAT, el INBAL y el Conservatorio Nacional rompemos la solemnidad académica. Con La Pícara Pandilla seguimos en pie; hijos repudiados del teatro institucional, pero dueños de nuestra escena”, manifiesta Luis Esteban Galicia. La Pícara Pandilla, integrada por Alberto Gallardo, Jessie Garibay, Brissia Yeber y el mismo Galicia, plantea “un juicio popular a personajes del Siglo de Oro, Lázaro de Tormes, Marcela, la pastora (de Don Quijote de la Mancha) y Pedro de Urdemalas. Todo acompañado por cuadros de danza folclórica inflamando el espíritu nacionalista, la buena música mexicana interpretada por Moisés Cerón, la estética contestataria del arte drag de Matrona X, emplazando un homenaje a las rumberas y los cuerpos disidentes con Pink Sin y Poema y Mytzuko”, expone el director. El miércoles 30 de septiembre a las 20 hrs, Luis Esteban Galicia se presentará con La Pícara Pandilla en el Festival Internacional de Cabaret, en el Teatro Sergio Magaña ●
En nuestro próximo número
LA ESCRITURA DE SEMANAL J. M. G. LE CLÉZIO SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
Arte y pensamiento Artes visuales / Germaine Gómez Haro Marcel Duchamp
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ECIÉN CONCLUYÓ en Nueva York en el Museo de Arte Moderno (MoMA) el magno homenaje a uno de los artistas más influyentes y controvertidos de todos los tiempos, que cambió de manera definitiva el concepto de arte moderno a principios del siglo XX y sigue siendo una referencia inequívoca en el arte de nuestros días: Marcel Duchamp (1887-1968). Esta muestra fue la primera retrospectiva del artista en Estados Unidos, desde su última presentación en el mismo museo en 1973, y se tituló simplemente Marcel Duchamp, nombre que reverbera con tal magnitud que no necesita ningún aderezo. La investigación reunió más de 300 piezas, entre ellas la importante documentación bibliográfica que da cuenta de sus intrincados procesos creativos, resultado de una mente asombrosa que jugó con el intelecto, la provocación, el humor, el erotismo, el azar y el deseo como nadie lo ha hecho hasta nuestros días. “¿Por qué esto es arte?” se sigue preguntando mucha gente ante la obra del artista de origen francés y afincado en Nueva York, que hasta la fecha causa tanto admiración como rechazo. A lo largo de más de seis décadas de quehacer artístico, Marcel Duchamp transformó la definición del arte con obras que desafiaron las convenciones y que aún hoy resultan difíciles de aprehender. El guión curatorial trazó una ruta cronológica muy precisa. Inicia con el desarrollo poco conocido de su práctica pictórica en la que se ve claramente su maestría y oficio a través de las referencias asimiladas de Cézanne, Gauguin, Matisse, Toulouse-Lautrec
y Monet. La década de 1910 marca la ruptura radical y la piedra de toque de una experimentación que transformará los caminos del arte de las vanguardias. Duchamp encuentra en su quehacer pictórico una nueva vertiente que no es enteramente cubista ni futurista y, a través de los avances científicos en la fotografía de movimiento, crea el lienzo Desnudo bajando una escalera, No. 2, en el que vemos a un personaje descendiendo en acción real, el cual recibió en París críticas tan severas que lo alejaron del circuito del arte. Sin embargo, un año más tarde, en 1913, en la legendaria Armory Show en Nueva York, esta obra ‒también objeto de burlas y vapuleos‒ terminó por catapultarlo a la fama, inclusive en París, convirtiéndolo en el artista más moderno en la ciudad más moderna. Esa búsqueda culminará con su obra más revolucionaria, hermética y discutida hasta la fecha, que no es enteramente pintura ni escultura, y a la que dedicó ocho años
de investigación (1915-1923): La novia desnudada por sus solteros, incluso (El Gran Vidrio), considerada el Guernica de su producción. En esa misma década decide abandonar la pintura, porque le parecía una experiencia puramente “retinal”, y se interna en la búsqueda de un arte “al servicio de la mente”. Así surgen sus ready-mades, objetos de uso cotidiano que extrae de su función habitual para presentarlos como “esculturas”. El primero fue Rueda de bicicleta (1913), seguido por otras piezas que en su momento no salieron de su estudio, hasta que decidió enviar a la Sociedad de Artistas Independientes en Nueva York su Fuente (1917), el urinario firmado por “R. Mutt”, rechazado en esa exhibición y hoy una obra icónica que provocó uno de los mayores escándalos de la historia del arte. A partir de entonces, Marcel Duchamp rechaza la noción de un estilo personal y se centra en el cuestionamiento en torno a la originalidad y la singularidad de la obra de arte, haciendo énfasis en la participación del público para completar su creación: “Creo que el artista no sabe lo que hace. Le doy aún más importancia al espectador que al artista”, expresaba con su usual ironía. Esta exposición, que se presentará el año próximo en el Museo de Arte de Filadelfia, demuestra su profundo compromiso con el hacer y la materialidad más allá de su trasfondo intelectual y conceptual, a través de un arte subversivo, críptico y sin duda fascinante que sigue sacudiendo e inclusive irritando ●
1. Vista de la exhibición con Rueda de bicicleta (réplica de 1951) y Fuente (réplica de 1950). 2. Desnudo bajando una escalera, 1912. 3. La novia desnudada por sus solteros, incluso ("El Gran Vidrio”), 1915-23.
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Arte y pensamiento Tomar la palabra/ Agustín Ramos
Gracias, PRT A mis queridos viejos sabios
‒SOY MILITANTE FREE lance ‒me dijo uno de esos viejos sabios. Le llevaba un libro mío (creo que era La visita, un sueño de la razón, entonces recién reeditado en Sonora) para reconocerle su humanismo como docente de la Escuela Nacional de Danza (END)… Al leer la solapa, me preguntó si era yo militante. ‒Ya no ‒le dije‒, pero sigo considerando vigentes las propuestas de quien Isaac Deutscher llamó profeta. Y cuando le hice la misma pregunta fue cuando el viejo sabio se declaró free lance. La directora de Era, Neus Espresate, me había preguntado algo muy parecido décadas antes, cuando fui a su oficina para firmar el contrato de Al cielo por asalto. Yo le respondí lo mismo: ya no, pero etcétera. Entonces, un novelista ahí presente, citó a no sé quién: Con el profeta todo, con la corriente algo, con sus militantes nada. Le aclaré que había podido terminar el libro gracias a esos militantes (muy en especial a mi hermano Gume, el camarada Renán; pero también a La Maga, mi pareja; a la camarada Rocío, mi madre, y a mis compañeros de las células estudiantil y obrera en las que anduve). Otra influencia decisiva para concluir Al cielo por asalto fue mi lectura de Literatura y revolución, Historia de la revolución rusa, Programa de transición, La revolución permanente… (Acabo de releer Terrorismo y comunismo, también del profeta, ahora con un soberbio prólogo de Slavoj Žižek. Por supuesto, no soy nada estudioso, mucho menos soy intelectual, pero aquella experiencia fue tan importante para mí como la literatura, o casi.) Mi experiencia comenzó en un movimiento académico de la UNAM, cuando el poeta Miguel Ángel Galván, el novelista Carlos Chimal y yo, improvisamos una asamblea para exponer a nuestros condiscípulos de Letras las tres opciones políticas entre las que podíamos elegir para apoyar al magisterio. Por los Salvajes habló Miguel Ángel; por el PC, Chimal, y yo por el Grupo Comunista Internacionalista (GCI). Ninguno de los tres pertenecía a esas agrupaciones. Tampoco nos interesaba defenderlas o atacarlas. Sólo queríamos que Letras se diferenciara de los apolíticos de Derecho, Odontología y Comercio. Así que cada uno decidió exponer la postura más afín. Y aunque la mayoría votó por mi exposición, la única réplica en mi contra fue de alguien del GCI (como para darle la razón a la vulgaridad clasemediera de que con esos militantes nada). Con el tiempo, sin embargo, Miguel Ángel Galván y yo nos unimos al GCI en Filosofía y Letras, con los seudónimos de Lisandro Traveler y Adrián Bustrofedón. A mí me convenció el internacionalismo del GCI, derivado del concepto de revolución permanente, que postula la transición continua al comunismo, en oposición al reformismo y a la consigna del socialismo en un solo país. Y, por lo mismo, adopté sus demandas de lucha, siempre vinculadas a objetivos revolucionarios. Ahora también comparto sus principios ecosocialistas y antiheteropatriarcales, así como sus críticas anticapitalistas al progresismo y su apoyo a luchas gremiales, ambientalistas, territoriales, de familiares de desaparecidos y de pueblos indígenas. Y, en general, considero que su praxis fue y es la más coherente de la izquierda mexicana. Para no seguir simplificando, resumo diciendo que reivindico la clase de marxismo sustentada por el GCI de entonces y por el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT) de hoy, que ni se rinde en la práctica ni renuncia a sus teorías (a propósito de esto, recomiendo el luminoso Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica, de Daniel Bensaïd, traducido por otro querido viejo sabio). ◆
EL PRT se fundó en 1976, un día como ayer, 19 de septiembre. Gracias siempre por estos cincuenta años ●
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La Jornada Semanal | 20 de septiembre de 2026 | Número 1646
Biblioteca fantasma/ Evelina Gil
Déjate llevar NO TODOS LOS escritores(as) aspiran a hacerse ricos ni a acaparar reflectores. Tampoco es que escriban por hobby, pues se lo toman muy en serio… lo suficiente para trabajar esmeradamente cada texto forjado, incluso desecharlo sin miramientos. Macarena Muñoz Ramos (Ciudad de México, 1972) ya tenía una reputación labrada antes de publicar su primera compilación de cuentos titulada Sacrifícate (La tinta del silencio, México, 2025); era “la chica de los cuentos de horror”, “la vampiresa”, “la editora resiliente”. Como ella misma narra, coeditó y codirigió la legendaria revista La Mandrágora, consagrada a promover los llamados “subgéneros”, es decir, noir, fantástico, ciencia ficción y horror, siendo este último el cultivado por nuestra autora. Pese a los prejuicios aún vigentes, una Macarena de veintitrés años se propuso hacer una revista “en serio” y no un fanzine, como le dicen por ahí. Se empeñó en que fuera un producto artesanal, con el mejor papel y la mejor tinta, aunque surgió rispidez entre ella y sus socias que, aún compartiendo su amor por los “subgéneros”, se dejaban llevar por la negatividad de los “conocedores”. Sacrifícate reúne catorce relatos que Macarena viene trabajando desde aquella época, y nunca ha dejado de desarrollar. Aunque el género de horror moderno en Latinoamérica parece invención de Marina Enríquez, o al menos es así como lo presentan, en México ya estaba Macarena, desde la década de los noventa, y estos relatos no pretenden rehuir de sus máximas influencias, más aún, les rinde tributo, como sería el caso de “Lo muerto, muerto está”, cuyo personaje principal es nada menos que Stephen King, a quien coloca en el centro de una historia digna del propio King, resuelto a todo con tal de revivir a la amada mascota de su hijo, un perro de nombre Thor. No cambia los nombres de la familia King (Owen y Joe, los hijos, asimismo autores del género; Tabitha, colaboradora y esposa) y nos brinda una prístina reescritura de uno de sus
autores predilectos. Dicho por la propia Macarena, sin embargo, su personal diosa literaria es Anne Rice que, aunque para algunos pudiera despedir cierto tufillo a bestseller es, en realidad, una de las grandes autoras de otro subgénero del horror que son los vampiros. El relato que abre este precioso libro, una pieza de arte en sí mismo, “Inside the devil”, posiblemente el de mayor antigüedad en cuanto a trabajo de escritura, es una de las cosas más sensuales y sensoriales que recuerdo haber leído. Macarena va más allá de contar una historia; de narrar un encuentro erótico que involucra sangre: logra lo que pareciera difícil, cuando no imposible, tratándose de un texto tan breve: crear una ambientación tan mórbida como fabulosa; hacernos ver a los personajes con sus suntuosos atuendos (sin describir demasiado). Inevitable preguntarse: ¿qué pasaría si la autora se decidiera a emprender una novela? Por desgracia, la idea no parece entusiasmarle demasiado. A través de estos catorce relatos nos encontraremos con múltiples mundos y facetas de una misma autora, más allá de las influencias ya mencionadas, como las leyendas mexicanas de tiempos de la Revolución, el horror inserto en episodios históricos muy definidos, modernas maldiciones, el gore y las creepypastas. Tenemos, pues, que Macarena no es una simple aficionada al género, sino una ardua estudiosa del mismo; es capaz de describir qué se siente ser mordida por un vampiro como si lo hubiese vivido en carne propia; expone miedos ancestrales que, salta a la vista, ha pensado y repensado y columbrado, con una imaginación más que meramente cinematográfica; nos envuelve con la extraña melodía de una banda alemana de medieval metal que no es necesario conocer para escuchar a través de sus palabras. Cuando se cuenta con semejante habilidad narrativa, aunque prosperada en relativo silencio, no hay cosa fascinante, tanto en lo terrible como en lo sublime, que no se manifieste ante un lector resuelto a dejarse llevar ●
Arte y pensamiento Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars Híbridos inconfesos y otros problemas (II de III)
Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista Pirata, entrégate al torrente ESTAMOS VERDADERAMENTE hartos. Ya no somos dueños de nada. Ni los melómanos ni los cinéfilos poseemos formato físico alguno para el consumo de obras a placer y en libertad. Los vinilos, cedés, devedés, blurréis o casetes de otras épocas, guardados en estanterías, cajas o armarios, nos recuerdan cuando el acuerdo entre artistas y seguidores era distinto. Hoy, como antes, los amantes del arte sonoro y visual no buscamos ser dueños de los derechos de explotación de una obra ni de sus soportes originales (en manos de autores, disqueras, casas productoras, editoriales o concesionarios pasajeros). Eso es otra cosa. Hablamos, simplemente, de la tenencia de objetos que contienen canciones, series o películas, algo que dejó de convenir a los intereses de la industria. (Como un libro, vaya.) Para explicarnos mejor le compartimos un texto extraño que soñamos hace unos días, lectora, lector. Pirata, entrégate al torrente. Te prometieron mejorar y te quitaron el vinilo. Te prometieron mejorar y te quitaron el casete. Te prometieron mejorar y te quitaron el CD. Te prometieron mejorar y te quitaron el iPod. Te prometieron mejorar y te quitaron el intercambio. Te prometieron mejorar y te quitaron el almacén. Te prometieron mejorar y te quitaron la canción. Pirata, comparte las semillas y el enjambre. Prometieron mejorar y se lo cumplieron cabalmente. Tú rentas nubes y ellos son terratenientes. ¿Recuerda qué son, en el mundo de internet, los llamados torrents, semillas y enjambres? No profundizaremos. Puede averiguarlo fácilmente. Diremos que son espacios o acciones que la gente común utiliza para burlar controles de contenido digital protegido. Es decir, son medios de “piratería” (así, entre comillas), muchísimas veces fuera de la mafia o la maldad, como resistencia ante los abusos corporativos. Mire ese recorrido: la canción fue brincando de un encierro a otro hasta que se digitalizó en unos y ceros, confinada en última instancia a un menú virtual. Entonces perdió peso y se disolvió para multiplicarse en los oídos de todos con el streaming, sin ofrecer ya su cuerpo (sólo en ediciones especiales y de precio violento). Y no. No queremos abordar de nuevo los abusos de numerosas plataformas, agregadoras o sellos en línea. Hoy deseamos echar luz sobre el mecanismo con el que incontables compañías nos exprimen cotidianamente: la suscripción. Gracias a ese servicio ‒un servicio que veladamente nos arrebató los productos‒, no sólo perdimos esa “posesión” de la música, sino de las películas, las series, el software y los videojuegos. Estamos perdiendo los libros también. A ello se suma el poder de la Inteligencia Artificial ‒como puntilla‒, ahora en el reemplazo de una creatividad que apuesta por el entretenimiento amenazando al arte. ¿Ejemplo de alguien? Por su profesión oscilante entre la música, la producción y las letras, el hermano del hijo de una vecina, verbigracia, paga mensualidades de Netflix, Amazon, Disney, Mubi, Crunchyroll, Moises, Office, Musescore, Zoom, Dropbox, izzi, Telcel, Adobe y Chess.com. ¿Lo imagina, verdad? En su trabajo, además, le dijeron que pronto reemplazarán computadoras compradas por una generación nueva, rentada tipo leasing. ¿Cuántas suscripciones paga usted al mes? Haga cuentas y pregúntele al pirata que se enoja dentro de su pecho si no llegó el momento de amotinarse y, contra lo que su moral y educación le dijeron por años, arrojarse al mar. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●
EN GOBIERNO DE izquierda, documental de derecha, Carlos Mendoza y Alejandro J. Ponce Díaz detallan a profundidad el origen, la prevalencia y el efecto nocivo que, para el cine de no ficción en su conjunto –no sólo mexicano, pero especialmente–, tiene la tendencia formal contemporánea “a la fusión indiscriminada de los métodos del documental con los de la ficción”, de la cual Un hijo propio, abordado aquí en la entrega pasada, es uno de los más acabados ejemplos. No les falta razón a Mendoza y Ponce al encontrar, en la mayor parte del cine documental mexicano (CDM) durante las dos décadas y media más recientes, una propensión o franca moda “estética […] a favor de temas socialmente insignificantes, el individualismo de sus enfoques, la propensión a una subjetividad extrema”. De nuevo, Un hijo propio es muestra irrefutable de esto, pero de ningún modo la única ni la peor. Lo que José Felipe Coria, citado por los autores, define bien como “vaciladas, ocurrencias, propuestas endebles”, es preponderante y mayoritario en el CDM por lo menos desde hace un par de décadas y media; los ejemplos abundan y aquí mismo se ha dado cuenta de varios: filmes centrados en la vida de a diario del tío extravagante del documentalista, la tozuda soltería de la realizadora, los recuerdos de la abuelita, la búsqueda de lazos familiares desleídos… esos y muchos otros asuntos de índole personalísima suelen ser re-tratados no como lo que son, meros fragmentos de una realidad infinita cuyo valor e interés casi nunca trasciende el ámbito individual, sino como lo que no son, es decir representaciones de un todo que definitivamente les queda enorme, en buena medida debido a que por un lado y como apuntan los autores, “entienden la verdad como un asunto de opiniones”, y por otro –preciso es insistir en este punto–, a que casi invariablemente se trata de intereses y visiones que pasan directamente de lo individual a lo individualista.
De lo bonito a lo importante EL MARIDAJE DEL mencionado individualismo en las temáticas con la mezcolanza indiscriminada de ficción y documental en el CDM no es producto del azar, sino la deriva predecible en un medio fílmico que ha privilegiado precisamente dicho híbrido: entre más estetizante, personal y “artístico”, entre más contemplativo y centrado en el personaje o asunto a tratar, como si no tuviera todo
un contexto sociocultural que lo define y explica; entre más estrecha sea la mirada, con la excusa de que sólo así es posible atrapar la esencia de aquello de lo cual trata, más apoyado para producirlo, más seleccionado para exhibirlo en festivales y más premiado resulta el documental. En Gobierno de izquierda, documental de derecha, Mendoza y Ponce pormenorizan el momento y el modo en que tuvo lugar este fenómeno, tanto en el plano internacional como en el local, y refieren la gran división formal y conceptual, el divorcio definitivo que se dio entre lo que algunos llaman documental creativista, es decir el de los “enfoques ultrasubjetivos y la fusión de la representación documental con la de ficción”, por un lado, y por otro el documental social, sustentado en una investigación propiamente dicha, también conocido comúnmente como “periodístico”, que “puede establecer nexos confiables con el mundo histórico”. Más allá de las claras y enormes diferencias de formato y estilísticas entre uno y otro, uno de los principales atributos de este último tipo de filme documental estriba en la palabra “social”: sus temas, perspectivas, preocupaciones y propósitos obedecen a lo colectivo y no a lo individual(ista); por lo tanto, y sin que esto signifique desinterés o descuido en la forma, su acento está puesto en la utilidad que pueda tener socialmente hablando y no, para decirlo claro, en “lo bonito” de la imagen, “lo íntimo” de la visión, “lo cálido” de la aproximación y sobre todo lo personal del interés. (Continuará.)
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Georges Perec: instrucciones de uso Vilma Fuentes LA VIDA Y LA OBRA DE GEORGES PEREC (1936-1982), IMPORTANTE FIGURA DE LA LITERATURA FRANCESA DEL SIGLO XX, SE CELEBRARÁ CON UNA MAGNA EXPOSICIÓN. ADEMÁS DE LAS NOVELAS LAS COSAS Y LA VIDA INSTRUCCIONES DE USO, QUE SE COMENTAN EN ESTE ARTÍCULO, PUBLICÓ MÁS DE QUINCE LIBROS EN VIDA Y OTROS TANTOS DE MANERA PÓSTUMA. “LA OBRA DE PEREC ES UNA BÚSQUEDA PERMANENTE QUE ASPIRA A CAPTAR LA REALIDAD EN SUS MÁS INFINITESIMALES DETALLES, BÚSQUEDA ETERNAMENTE INCONCLUSA POR DEFINICIÓN Y SIN EMBARGO TOTALMENTE LÚDICA Y LIGERA AL MISMO TIEMPO QUE BARROCA Y PLENA.”
Esta novela es una gigantesca y detallada descripción de un cuadro que representaría un inmueble parisino sin fachada, como una gigantesca casa de muñecas con la que Perec nos divierte disecando a cada uno de los habitantes, describiendo minuciosamente sus múltiples muebles y objetos, sus respectivas genealogías, las relaciones o enemistades que entretejen unos con otros.
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STE OTOÑO, LA Biblioteca Nacional de Francia dedica una exposición al escritor francés Georges Perec (1936-1982) en la cual se presentarán más de trescientas piezas. Esta retrospectiva invita a descubrir o conocer mejor una obra polifacética. Manuscritos, fotografías, pinturas, dibujos y objetos conservados en la BNF nos harán descubrir el mito Perec, al tiempo que revelan, como reflejo de sus escritos, al hombre detrás de la obra. Georges Perec comenzó su vida con dos tragedias: su padre murió en 1940 durante los primeros combates de la segunda guerra mundial, su madre fue deportada y asesinada en Auschwitz en 1943 y él mismo pasó su niñez durante el perÍodo de la Ocupación escondido en la región del Vercors, en el sureste de Francia. Tras unos inicios difíciles, el éxito literario llegó en 1965 con su novela Las cosas, decayó ligeramente y volvió a surgir en 1978 gracias al éxito de La vida instrucciones de uso. Tras la prematura muerte de Perec a los cuarenta y seis años, su obra no ha dejado de ganar importancia y reconocimiento hasta su incorporación en 2017 a la prestigiosa colección de La Pléiade de la editorial Gallimard. Busco en mi biblioteca y encuentro un ejemplar de bolsillo de La vida instrucciones de uso y me abismo en su lectura. Leer a Perec es vivir la experiencia de un libro mundo y sumergirse por completo en un dédalo de historias entrecruzadas. Esta novela es una gigantesca y detallada descripción de un cuadro que representaría un inmueble parisino sin fachada, como una gigantesca casa de muñecas con la que Perec nos divierte disecando a cada uno de los habitantes, describiendo minuciosamente sus múltiples muebles y objetos, sus respectivas
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genealogías, las relaciones o enemistades que entretejen unos con otros, sus vicios y costumbres, todo esto a través de un sinfín de enumeraciones, listas, catálogos e inventarios. A Perec le encantaba jugar y, para él, el juego era la cosa más seria del mundo. Juegos de palabras, juegos literarios y juegos para jugar. No es mero azar que el libro comience con la descripción de la manera de fabricar los rompecabezas. La vida..., en sí, es un rompecabezas literario en el que cada capítulo es una pieza del cuadro que se va armando ante nuestros ojos. La composición obedece a una serie de reglas que Perec se impuso a sí mismo y que por supuesto son también una de las características del Oulipo, el taller de literatura potencial del cual Perec era miembro. Todas las reglas que rigen la construcción de esta laberíntica novela fueron descritas por Perec: el sistema le obliga a incluir en cada capítulo elementos concretos extraídos de cuarenta y dos listas temáticas, colores, objetos, citas literarias, épocas, animales, referencia a algún acontecimiento sucedido el día en que fue escrito. Este laboratorio produce una extraordinaria y exuberante novela, entrañable por los personajes de quienes vamos conociendo poco a poco las vidas y trayectorias, sus dramas, el lugar donde habitan y los objetos que contienen. Así, Bartlebooth, el personaje principal, millonario que decide tomar clases de acuarela durante diez años para realizar el demente y vano proyecto de viajar por el mundo para representarlo en acuarelas que a su vez serán transformadas en rompecabezas y destruidas. Bartlebooth encapsula el mundo en representaciones ilustradas contenidas en el inmueble-mundo. Wrinckler es el artesano que fabrica los rompecabezas del excéntrico millonario y Valène, el discreto pintor que le da clases a Bartlebooth y que ofrece en el epílogo un cierre perfecto al libro. Estos y muchísimos más personajes habitan en el edificio imaginado por Perec. Como un niño que interroga sin cesar, Perec diseca, disloca y describe la realidad. En un movimiento inspirado del ajedrez, pasamos de una habitación a otra y exploramos una multiplicidad de interiores que nos llevan a dar la vuelta al mundo. Otros libros de Perec son: El secuestro, Las cosas, Me acuerdo, Especies de espacios, Tentativa de agotamiento de un lugar parisino… Su influencia es fundamental y visible en la literatura y el arte francés del siglo XX. Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura, lo reconoce sin rodeos: “El descubrimiento de Georges Perec a través de la lectura de Las cosas, justo a mediados de los años sesenta, supuso un punto de inflexión fundamental en mi concepción de la escritura.” La literatura de Perec es la vida misma. Ausencia y memoria, vacío y saturación, la obra de Perec es una búsqueda permanente que aspira a captar la realidad en sus más infinitesimales detalles, búsqueda eternamente inconclusa por definición y sin embargo totalmente lúdica y ligera al mismo tiempo que barroca y plena. Es una exploración sin fin del mundo que nos rodea. Cerrar La vida instrucciones de uso, levantar los ojos y, como después de una operación de corrección de la miopía, discernir el mundo con mayor acuidad. Perec nos hace abrir los ojos y maravillarnos con lo ordinario y hasta lo infraordinario. Tout simplement ●