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Semanal 19/11/2023

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SEMANAL

Antonio Valle, Fernando Reyes Trinid y Alejandro García Abreu

SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 19 DE NOVIEMBRE DE 2023 NÚMERO 1498

1934-2023

VIGENCIA DE ENRIQUE DUSSEL PENSAMIENTO CRÍTICO Y LIBERACIÓN


LA JORNADA SEMANAL

Portada: Ilustración Rosario Mateo Calderón.

2 19 de noviembre de 2023 // Número 1498

1934-2023 VIGENCIA DE ENRIQUE DUSSEL: PENSAMIENTO CRÍTICO Y LIBERACIÓN Nacido en Argentina, de donde tuvo que salir al exilio a consecuencia de la dictadura militar, y más tarde naturalizado mexicano, el catedrático, ensayista, periodista, historiador y filósofo Enrique Dussel Ambrosini falleció a principios del presente mes de noviembre, a los ochenta y ocho años de una vida intensa, fructífera en grado superlativo y plena de congruencia con sus convicciones: la filosofía de la liberación por él concebida marca uno de los momentos más altos, lúcidos y útiles del pensamiento no sólo latinoamericano, sino de todas aquellas naciones e individuos que, en la construcción de un mundo de iguales –a diferencia del actual, caracterizado por una serie interminable de injusticias, típicas del neoliberalismo y la hegemonía de Occidente, entendido éste como Europa y Estados Unidos–, guían sus pasos en la izquierda y el progresismo. Compañero entrañable de estas páginas y maestro de generaciones enteras, y dicho sea clásicamente, Enrique Dussel no morirá en tanto sus ideas, tan claramente expresadas, sigan nutriendo el acervo cultural y la acción de las generaciones actuales y venideras. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

▲ Comité Zapatista con Francisco Villa, Colección Casasola, INAH.

ADOLFO GILLY:

LA REVOLUCIÓN MEXICANA INTERRUMPIDA Y LA REVOLUCIÓN PERMANENTE Este artículo revisa las ideas esenciales del libro La revolución interrumpida (1971), del gran historiador y crítico político Adolfo Gilly (1928-2023), en el que analiza aspectos esenciales de la Revolución Mexicana y considera que, si bien el proceso en México no se completó, tampoco fue vencido. La irrupción de la Revolución Mexicana SIGUIENDO AL REVOLUCIONARIO ruso León Trotski, el gran historiador argentino-mexicano recientemente fallecido Adolfo Gilly considera que el rasgo definitorio de la Revolución Mexicana de 1910 es “la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”, aparece sobre todo fuera de la estructura de la dominación estatal y contra ella, que altera y

Miguel Ángel Adame Cerón ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

transforma de abajo a arriba todas la relaciones sociales del país durante diez años de intensa actividad revolucionaria, y su motor central es “una gigantesca guerra campesina por la tierra que pone en cuestión el poder y la estructura del Estado”, controlado éste por la oligarquía mexicana, unida a intereses de la burguesía mundial europea y estadunidense y, en su vena central, por los terratenientes y las dictadura porfirista. Participan en esa dinámica irruptiva toda las regiones de la geografía nacional; de esta forma el pueblo mexicano, según Gilly, se rehízo a sí mismo en la revolución. El desarrollo del capitalismo y su acumulación en México durante el porfiriato se valió de actividades explotadoras y opresoras de compañías extranjeras deslindadoras, de haciendas, de industrias, del ejército, de funcionarios de gobiernos, de caciques y hacendados. Los campesinos y trabajadores sufrieron estas acciones bajo expoliaciones, despojos y coerciones típicamente capitalistas (asalariadas) combinadas con formas semi y precapitalistas (peonajes y semiseclavitud).

La revolución en la revolución LA CLAVE POPULAR de toda revolución, señala Gilly, es que las masas decidan por sí mismas a través de sus organizaciones propias, a través de las cuales puedan expresar las conclusiones de su pensamiento colectivo y ejercer su autonomía; aunque


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▲ Tropas revolucionarias durante un descanso. Colección Casasola, Fototeca Nacional, INAH. Abajo: Adolfo Gilly. Foto: La Jornada / Carlos Ramos Mamahua.

Durante la revolución armada mexicana el proletariado tuvo poca participación debido a su tamaño, sí se hizo notar por ejemplo con las huelgas obreras y el magonismo, pero fueron los campesinos los que tuvieron mayor peso, destacando los zapatistas del sur y los villistas del norte.

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▲ El general Álvaro Obregón y su Estado Mayor en descanso, Sonora. Abajo: rurales salen rumbo a Tampico, cuando Monterrey y Tampico estuvieron en poder de los constitucionalistas. Colección Casasola, Fototeca Nacional, INAH.

Revolución inconclusa hacia la revolución socialista durante la revolución armada mexicana el proletariado tuvo poca participación debido a su tamaño, sí se hizo notar por ejemplo con las huelgas obreras y el magonismo, pero fueron los campesinos los que tuvieron mayor peso, destacando los zapatistas del sur y los villistas del norte, los primeros por su experiencia organizativa de autogobierno con la “comuna de Morelos”. Así, recuperando estos movimientos, destaca lo que llamó “la revolución en la revolución”, o sea, la persistencia de las masas en sus decisiones más allá de las inevitables mediaciones de las direcciones burguesas con sus jefes, generales y líderes. Esta persistencia de las masas pobres campesinas y proletarias, que en sus luchas y movimientos van avanzando mediante organizaciones y proyectos su conciencia revolucionaria para subvertir las explotaciones y sujeciones capitalistas, se convierte en un proceso de “revolución permanente”. Karl Marx y Federico Engels formularon este importante concepto desde mediados del siglo XIX: dado que las peticiones meramente democráticas que buscan las clases pequeñoburguesa y burguesa no pueden satisfacer nunca los objetivos de las clases proletarias, que buscan mantener la revolución en marcha “hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder, hasta que la maquinaria gubernamental sea ocupada por el proletariado [y el pueblo] y las fuerzas más importantes de producción sean concentradas en sus manos”; de esta manera, “el

socialismo revolucionario es la declaración de la revolución permanente”. Después otros marxistas, y especialmente León Trotsky, recuperan este planteamiento señalando que toda revolución moderna nacionalista o democrático-burguesa no puede responder radicalmente a las aspiraciones revolucionarias de las masas proletarias y populares, que tienden a convertir esos procesos revolucionarios en derrocamiento del poder burgués y la instauración un poder democrático proletario. En su esencial libro La revolución interrumpida (1971), Gilly se inspira en esa concepción socialista marxista para analizar la revolución mexicana. En él plantea que existen generalmente dos propósitos encontrados en los movimientos revolucionarios; por un lado, los de las corrientes conciliadoras y reformistas que buscan hacer ajustes políticos desde arriba y, por otro, los de las fuerzas revolucionarias que buscan que las masas, el pueblo en armas, ejerzan el poder y se lleven a cabo democráticamente las transformaciones sociales. Así, por el lado de las primeras, la revolución se presentó como una lucha entre dos fracciones de la burguesía, donde el sector que intenta apoderarse del control del Estado para reconfigurarlo (Madero, Carranza, Obregón) acude a la movilización de las masas en su apoyo; por el lado de las segundas, particularmente de sus fracciones más radicales (Magón, Zapata y Villa), la revolución superaba los marcos burgueses y adquiría un sentido potencial y empíricamente anticapitalista.

A FALTA DE dirección obrera –plantea Gilly–, ese contenido anticapitalista y prosocialista no podía desarrollarse ni manifestarse con plenitud, pero quedó presente en la conciencia y en la experiencia histórica de las masas. Esa dinámica quedó interrumpida, dejando en las masas un sentimiento de revolución inconclusa. La dinámica no continuó pero tampoco fue vencida y dispersada; el nuevo régimen que instauró la fracción burguesa vencedora no fue de una dominación directa y sin mediaciones, sino bonapartista y de concesiones, apoyándose cada vez más (hasta la presidencia de Lázaro Cárdenas como máxima expresión) en las demandas apremiantes de las masas, teniendo en cuenta, para organizar el reconstituido Estado y gobierno, la nueva relación de fuerzas entre las clases. Por último, para Adolfo Gilly la idea de la “interrupción” de la revolución tiene que ver con la respuesta que se dé al problema de saber si una ruptura completa e histórica separa a la futura revolución socialista de la experiencia de la Revolución Mexicana o, por el contrario, si lo que ésta ha dejado en la conciencia organizativa y en la experiencia histórica de las masas mexicanas puede integrarse y trascender en los contenidos anticapitalistas de la revolución y el gobierno socialistas. Por eso la centralidad de un juicio crítico y valorativo fundamentado sobre la Revolución Mexicana, para el proyecto revolucionario socialista presente y futuro, que hoy es más vigente que nunca ●


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LA MIRADA Y LA MEMORIA.

MORELIA 2023 El Festival Internacional de Cine de Morelia se ha convertido en un verdadero referente en la celebración del cine mexicano e internacional, y la reciente emisión da una buena prueba de ello. En este artículo se mencionan algunas de las películas más destacadas, reseñadas con acierto crítico y genuino entusiasmo.

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esde su primera edición en 2003, el Festival Internacional de Cine de Morelia se convirtió de manera instantánea en un escaparate de lo más propositivo de nuestro cine y las tendencias mundiales. En ésta, su vigésima primera emisión, Morelia rebasó cualquier expectativa en tiempos postpandemia: teatros, eventos especiales, alfombras rojas y más, abarrotadas, incluyendo centenares de curiosos que colmaban las entradas, deseosos de admirar de cerca a las celebridades. A su vez, coincidieron en este año una serie de filmes excepcionales e inquietantes miradas alternativas de un cine mexicano cada vez más plural (Totem, Memoria, El eco, Itu Ninu, Valentina o la serenidad, Desaparecer por completo, Todos los incendios, Temporada de huracanes y más) y la presencia de invitados notables: un vigoroso James Ivory a sus noventa y cinco años, Jodie Foster, Willem Dafoe, Irene Jacob y más. Sin faltar la tenaz e inquebrantable organización de los creadores del evento: Alejandro Ramírez, Cuauhtémoc Cárdenas y sobre todo Daniela Michel. Indiscutible joya del festival: Cerrar los ojos (2023), del atípico cineasta español Víctor Erice, quien a sus ochenta y tres años regresa con otra obra maestra medio siglo después de El espíritu

Rafael Aviña ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

de la colmena (1973). Se trata de una insondable reflexión sobre la contemplación como extensión de la propia mirada cinematográfica, el peso de la memoria y el inevitable transcurso del tiempo. El creador de las magistrales El sur (1983) y El sol de membrillo (1992) realiza un ensayo fílmico sobre su propio mito, su concepción sobre la creación y su honestidad ante el oficio fílmico como extensión de los sueños y esa agridulce dicotomía entre la frustración y la eterna esperanza. A lo largo de casi tres horas, Cerrar los ojos traza un misterioso mapa sobre la trascendencia de los actos mínimos y el olvido como escape a la realidad que nos aprisiona. Cada escena es una clave que anticipa un nuevo enigma por resolver, como sucede con ese programa televisivo sobre casos no resueltos que indaga en la búsqueda de un actor desaparecido. Julio Arenas (José Coronado, sublime) deja inconclusa la ópera prima del cineasta Miguel Garay (Manolo Solo, espléndido), cuando se esfuma del rodaje de un filme ambientado en los años cuarenta, sobre un hombre maduro y desahuciado que busca con desesperación a la hija que tuvo con una cantante china, y cuya única pista que conserva es una fotografía de la niña que entrega al responsable de encontrarla, que encarna Arenas. Como la policía no encuentra el cadáver sino únicamente sus zapatos a la orilla del mar, concluye que el actor ha muerto. Más de dos décadas después, el serial de TV trae de nuevo el misterio de Julio Arenas, incluyendo sus últimas escenas filmadas nunca antes vistas que aporta su amigo Miguel Garay, quien abandonó el cine por una vida libre en un pueblito pesquero. No obstante, la difusión del programa arroja una nueva pista en la que se intuye que, tal vez, Arenas es un solitario, callado y amnésico trabajador en un asilo de ancianos. Cerrar los ojos es un thriller y un relato intimista, un drama sobre la amistad y la honestidad; es tal vez el testamento fílmico de Erice sobre la vejez y su propia obra pero, sobre todo, es un emotivo y sutil poema de gran belleza plástica acerca de la mirada, la memoria, la pérdida y lo inasible que subyace en el interior de una sala cinematográfica.

Donde los silencios dicen más UNA INTRINCADA complejidad dentro de un entramado sencillo se aplica en las minimalistas Perfect Days (2023) y Fallen Leaves/Hojas caídas (2023), de los también veteranos, el alemán Wim Wenders y el finlandés Aki Kaurismaki. La primera es el retrato de una vida “rutinaria”: abrazar lo cotidiano y encontrar la felicidad en los detalles nimios como escape a la gélida realidad de una urbe como Tokio y a un trauma familiar del pasado, que se deja entrever en el encuentro entre el modesto protagonista y su hermana adinerada. Hirayama (fabuloso Koji Yakusho, Mejor Actor en Cannes) parece vivir contento pese a su “ingrato trabajo”: limpiador de baños públicos en diversos parques. Su día a día se estructura sin cambios: disfrutar unos minutos el amanecer, regar sus plantas, beber café en lata de una máquina, fotografiar árboles durante su almuerzo, tomar un baño sauna, comer en el mismo local y, sobre todo, escuchar cassettes con música ochentera (The Kinks, Van Morrison, Patti Smith) y leer libros. Por supuesto, esa rutina tiene sus “saltos”: una niña perdida, la sobrina que huye de casa, el juego del “ahorcado” con un anónimo desconocido, el atolondrado ayudante y su prospecto de novia, la joven que come en el parque o la mujer del bar que canta en japonés el tema de The Animals “La casa del sol naciente” y el desahuciado exmarido de ésta, con quien juega a pisar sus sombras. Perfect Days resulta una delicada y conmovedora disertación sobre la mirada (la cámara análoga) y la memoria, en torno a la elección de ser feliz pese a todo, como lo sintetiza el ambiguo, fascinante y emotivo rostro de Hirayama en la última secuencia mientras la banda sonora irrumpe con “Feeling Good”, a cargo de Nina Simone. Premio del Jurado en Cannes y del Público en Morelia, Hojas caídas es otra enternecedora, profunda y muy depurada variante del encantador universo Kaurismaki y sus seres patéticos e “invisibles” en apariencia, en el interior de una sociedad rutinaria como la finlandesa, donde los “silencios” dicen más sobre sus personajes y su entorno que los propios diálogos. Ansa (Alma Pöysti, presente en Morelia) es soltera y trabaja como abastecedora de estantes en un supermercado en pésimas con-


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diciones laborales, al igual que Holappa (Jussi Vatanen), un soldador alcohólico. Ambos pierden sus empleos; ella por llevarse un alimento caducado, el otro por beber en horas hábiles, y por eso los dos se aferran a lo que les cae. Coinciden en un bar y en un cine, y pese a una serie de adversidades, intentan construir una relación en la que Holappa decide abandonar la bebida. El espíritu del mejor Chaplin: social, político y humanista, permea en este relato conmovedor y agridulce; una historia de amor contra todo pronóstico cuyo telón de fondo son las noticias sobre el horror de la guerra en Ucrania a través de la radio, en un filme atemporal con su humor ácido, sus colores vivos y objetos vintage, y sus seres marginales y solitarios que intentan controlar un destino adverso a partir de finales optimistas en apariencia. La mirada y la memoria fílmica son a su vez la premisa del revelador documental británico Celluloid Underground (2023), del realizador y curador iraní Ehsan Khoshbakht, que emigró tiempo atrás a Londres huyendo de la censura de una sociedad de violentos fanatismos religiosos y morales como la iraní que, curiosamente, tiene una de las cinematografías más sutiles, sublimes y poéticas pese a todo. Después de la revolución de 1979, el gobierno de Irán prohibió la exhibición y realización de filmes: nacido en 1981, Khoshbakht, hoy codirector del Cinema Ritrovato, festival de clásicos y restauraciones en Boloña, Italia, fue un entusiasta y arrebatado cinéfilo que sorteó el terror del acoso gubernamental exhibiendo y discutiendo películas en la universidad y trabando amistad con un viejo exhibidor y coleccionista, Ahmad Jurghanian, quien hizo de su humilde vivienda una improvisada filmoteca para salvar la historia del cine popular iraní y de otras latitudes. Todo esto en un relato sencillo e inquietante sobre la pasión fílmica y el deterioro de esa historia no oficial que es el cine. En ese sentido y como reflexión cinéfila, sería inmejorable que la Filmoteca de la UNAM regresara a sus alientos originales y, más allá de seguir una inercia ya de varios lustros, otorgara su significativa medalla a aquellos que han hecho labores valiosas por nuestra historia fílmica y, en especial, por la misma institución, entre empleados y/o donantes que han confiado sus materiales gráficos y fílmicos a un organismo de tanta raigambre como la Filmoteca. Como epílogo y con presentación de la propia Jodie Foster, además de El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991), se proyectó en pantalla el insuperable clásico de Martin Scorsese Taxi Driver (1976), ganador de la Palma de Oro en Cannes y despreciada por el Hollywood de su momento. Ni Scorsese, ni Paul Schrader, guionista, ni Michael Chapman, fotógrafo, fueron nominados al Oscar; Foster, Robert de Niro y el propio filme perdieron la estatuilla, al igual que la música del gran Bernard Herrmann en su último y extraordinario trabajo. Nada más injusto que el desdén de la Academia fílmica estadunidense para un relato innovador, abigarrado y terrible que proponía una visión hiperrealista de la violencia y el caos urbano como respuesta brutal al cine negro realizado tres décadas atrás. Más allá de sus escenarios claustrofóbicos (el interior del taxi, los pasillos del cine y el hotel), destaca la utilización inquietante de un tiempo

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Premio del Jurado en Cannes y del Público en Morelia, Hojas caídas es otra enternecedora, profunda y muy depurada variante del encantador universo Kaurismaki y sus seres patéticos e “invisibles” en apariencia, en el interior de una sociedad rutinaria como la finlandesa, donde los “silencios” dicen más sobre sus personajes y su entorno que los propios diálogos.

▲ Carteles de películas mexicanas presentes en el Festival de Cine de Morelia. De arriba hacia abajo: El espíritu de la colmena, 1973, Perfect Days, 2023 y Hojas caídas, 2023.

dramático. Aquí, la narrativa fílmica se disloca en los pensamientos y acciones del alienado y paranoico taxista Travis Bickle (un soberbio De Niro), enfrentado a su entorno y empeñado en erigirse como redentor social, al tiempo que se sumerge en un ambiente de anómala ansiedad, reforzada con una narración romántica y el uso de la voz en off. El vapor que emana de las alcantarillas, las luces de neón, la vulgaridad de la prostituta adolescente (Foster, estupenda), el cine porno, la idealización de la joven promotora política (Cybill Shepherd, notable) y la preparación del atentado inspirado en el caso real del senador George Wallace, funcionan como alegoría de un infierno y un purgatorio urbano en Nueva York con un antihéroe noir cuya mente es un caótico universo perturbado y hostil: “¿Me hablas a mí…? ●


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1934-2023

VIGENCIA DE ENRIQUE DUSSEL:

PENSAMIENTO CRÍTICO Y LIBERACIÓN El pensamiento crítico radical Enrique Dussel (Mendoza, Argentina, 1934-Ciudad de México, EL PENSADOR ENRIQUE Dussel (Mendoza, Argentina, 1934-Ciudad de México, 2023) falleció 2023), doctor en Filosofía por la el 5 de noviembre a causa de una larga enferUniversidad Complutense de medad. En las páginas de La Jornada evoqué al Madrid, en Historia por La Sorbonne investigador Mariano Moreno Villa, quien recordó que en 1973 el intelectual mendocino comenzó de París en 1967 y doctor Honoris la publicación de Para una ética de la liberación causa por la Albert-Ludwigslatinoamericana (con un total de cinco volúmeUniversität Freiburg , falleció el 5 de nes). La noche del 2 al 3 de octubre de ese año, Dussel y su familia fueron objeto de un atentado noviembre pasado tras una larga con bomba por parte de la extrema derecha – enfermedad. Perseguido por la miembros del sindicato metalúrgico a través del extrema derecha en Argentina, se denominado Comando Ruci–, que destruyó la mitad de su casa en Mendoza. Lo acusaron de ser vio obligado a exiliarse en México en 1975. Dedicó su obra a la filosofía “marxista” y de “corromper a la juventud”. Luego fue amenazado de muerte por escuadrones parade la liberación, un pensamiento militares. El 15 de agosto de 1975 partió de Argentina al exilio en México. En 1977 vio la luz su libro “popular, feminista, de la Filosofía de la liberación, escrito de memoria, sin juventud, de los oprimidos, de los bibliografía. Sus libros y ficheros se quedaron en condenados de la tierra, condenados Argentina. En la edición de 2006 de Filosofía de la liberación, Dussel escribe: “Otros y Otras silendel mundo y de la historia.” ▲ Enrique Dussel. Foto: La Jornada/ Yazmín Ortega Cortés. Siguiente página, foto: La Jornada/ María Melendrez Parada.

ciados e invisibles, más allá del horizonte del ser occidental, blanco, machista, burgués, que domina el mundo a comienzos del siglo XXI.” Sobre su obra Filosofía de la liberación, el autor argentino –doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid en 1959, doctor en Historia por La Sorbonne de París en 1967 y doctor Honoris causa por la Albert-Ludwigs-Universität Freiburg en 1981– también argumenta: “Hay que leerla como el anuncio desde el pasado de muchas catástrofes que pudieron evitarse, pero que por desgracia han continuado hasta el presente. De no corregirse el rumbo en el corto plazo todo esto conducirá a la extinción de la humanidad y de la vida en la Tierra, fenómeno de fondo que ya es anunciado por el aumento gigantesco de la pobreza en el sur.”

Realidades periféricas

Alejandro García Abreu ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

DUSSEL ABOGÓ POR una filosofía mundial y examinó la globalización. Consideró que las filosofías modernas estadunidenses y europeas funcionan

en el pensamiento latinoamericano: son instrumentos que le permiten una triangulación con Latinoamérica. Pero aquí –como en múltiples países asiáticos y africanos–, dijo el filósofo, pensamos realidades en las que no suelen recapacitar en Europa ni en Estados Unidos. En los últimos estratos de la realidad hay opresión, dijo en Imágenes de la filosofía iberoamericana, encuentro que tuvo lugar en Xalapa. El mundo es global pero resulta excluyente. Piensa en el derecho de los excluidos a crear un mundo nuevo: la función de la filosofía es justificar la liberación. Se refería a la periferia colonial.

Los condenados de la historia EN FILOSOFÍA de la liberación el articulista de esta casa editorial ofrece un marco teórico filosófico: Escrito desde la periferia para hombres de la periferia, sin embargo, se dirige también al hombre del centro, como el hijo alienado que protesta contra el padre que se va haciendo viejo; es decir, el hijo se va haciendo adulto. La filosofía, patrimonio exclusivo del Mediterráneo, desde los griegos, y en la edad moderna sólo europea, comienza por primera vez su proceso de mundialización real. Por ello, este marco teórico filosófico o conjunto de simples tesis para permitir pensar de un cierto modo, quisiera iniciar un diálogo mundial de la filosofía. Parte, es evidente, de la periferia, pero usa todavía el lenguaje del centro. No puede ser de otra manera, como el esclavo que habla la lengua del señor cuando se rebela, o la mujer que se expresa sin saberlo dentro de la ideología machista cuando se libera. Filosofía de la liberación […], popular, feminista, de la juventud, de los oprimidos, de los condenados de la tierra, condenados del mundo y de la historia.

La epifanía, el mundo “LA INTELIGENCIA filosófica nunca es tan verídica, límpida, tan precisa como cuando parte de la opresión y no tiene ningún privilegio que defender, porque no tiene ninguno”, plantea en Filosofía de la liberación. Para Dussel, la fenomenología se ocupa de lo que aparece y cómo aparece desde “el horizonte del mundo, el sistema, el ser”. La


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Destellos de una conversación EN 2020 ENtrevisté a Dussel. Reproduzco fragmentos de la conversación que apareció en las páginas de este suplemento.

epifanía, entonces, se vuelve la revelación del oprimido, del pobre, del otro, “que nunca es pura apariencia ni mero fenómeno, sino que guarda siempre una exterioridad metafísica. […] La epifanía es el comienzo de la liberación real.” La Filosofía de la liberación es reciente, nació en Argentina en 1970. “De lo que se trata es de la liberación neocolonial del último y más avanzado grado del capitalismo. El imperialismo norteamericano. El imperialismo que pesa sobre parte del Asia, sobre casi toda el África y América Latina.” El mundo es el sistema que tiene al ser humano como su cimiento. Afirma el pensador: “El que nació entre los pigmeos tendrá el proyecto de ser un gran cazador de animales; el que nació en Nueva York forjará el proyecto de ser un gran banquero, es decir, cazador de hombres.” La filosofía de la liberación presta atención al pasado. Dussel sostiene que el mundo es una suma de partes estructuradas, “sean homogéneas o heterogéneas, que guardan una semejanza en algún aspecto”. La filosofía de la liberación es un discurso en la historia de la filosofía mundial, una realidad histórica nueva. El escritor argentino supo que en el método de la filosofía de la liberación la política es la filosofía primera, porque es el centro de la ética. Se cuestiona: ¿es posible una filosofía latinoamericana? ¿Es posible una filosofía latinoamericana, africana, asiática: del mundo periférico? Y responde: “Es posible filosofar en la periferia, en naciones subdesarrolladas y dependientes, en culturas dominadas y coloniales, en una formación social periférica, desde las clases explotadas, sólo si no se imita el discurso de la filosofía del centro, si se descubre otro discurso. Dicho discurso, para ser otro radicalmente, debe tener otro punto de partida, debe pensar otros temas, debe llegar a distintas conclusiones y con método diverso.” Es el punto de partida: una opción ético-política en favor del oprimido: respeto por la exterioridad del otro, geopolítica y socialmente. Piensa en “los que están al borde de la muerte, muerte de hambre, de desesperación”. La filosofía de la liberación es un método de un pensar teórico cuya analogía está en el conocimiento práctico.

La filosofía de la liberación sigue una consigna de Hermann Cohen, filósofo alemán neokantiano, fundador de la Escuela de Marburgo: el método consiste en situarse en el lugar de los pobres y desde allí hacer el diagnóstico de la patología del Estado. Yo lo he cumplido y se ha convertido en una verdadera escuela.

–La primera filosofía de la liberación en tanto ética contextualista, escribió el pensador austríaco Hans Schelkshorn, “se apoyó en una filosofía ética latinoamericana en la cual se tenía que hacer valer la exterioridad y alteridad de los pueblos de la región contra la postura dominante de la civilización occidental. Sin embargo, en la base de la primera concepción ya había una orientación ética global, pues no se trataba sólo de la liberación de Latinoamérica sino del Tercer Mundo en su conjunto.” ¿De qué manera concibe el universalismo ético y el neokantismo? –Me pregunto cómo fue que mi generación –la de 1968– pudo hacer un diagnóstico de la situación mundial que hoy adquiere más valor que cuando fue planteado. Lo que pensábamos en aquella época, por desgracia, se ha cumplido, y de una manera aumentada. Nuestro diagnóstico se adelantó. La idea era interpretar filosóficamente la realidad del mundo de los oprimidos, de las víctimas, de los que han quedado fuera, desde los que para la filosofía eran el no ser. La filosofía de la liberación sigue una consigna de Hermann Cohen, filósofo alemán neokantiano, fundador de la Escuela de Marburgo: el método consiste en situarse en el lugar de los pobres y desde allí hacer el diagnóstico de la patología del Estado. Yo lo he cumplido y se ha convertido en una verdadera escuela. Ahora tiene una vigencia total. Vemos un sistema montado sobre ciertos parámetros y éstos indican el desarrollo de una sociedad. –¿Cómo vislumbra el futuro? –Se vislumbra un destino más complicado. El diagnóstico racional de la filosofía de la liberación ahora puede tener la atención del sistema vigente, pero éste tendrá que sufrir más para que se dé cuenta en verdad del camino nefasto que tomó hace mucho tiempo y que es realmente suicida. El sistema nos da razón. Nuestro diagnóstico fue acertado. El neoliberalismo es infausto. Se veían sólo los inventos positivos, pero los efectos negativos son el verdadero tema y no se mostraban. El sistema al que me refiero lleva cinco siglos. –Usted escribió: “La ética deviene así el último recurso de una humanidad en peligro de autoextinción” contra el peligro de “suicidio colectivo.” –En el ámbito filosófico el argumento que usted recuerda no se ha tomado completamente en serio porque se cree que la idea de “suicidio colectivo” es una exageración. Esa idea, como toda la filosofía de la liberación, nació en América Latina. Los europeos y los estadunidenses no habían pensado en el “suicidio colectivo” porque somos los latinoamericanos los que lo sufrimos. Así replanteamos la realidad desde el no ser. Implica una revolución teórica a nivel mundial. Debido a la crisis que atraviesa el planeta actualmente se pone en evidencia la filosofía de la liberación y se entiende mejor.

Una razón universal “LA FILOSOFÍA DE la liberación debería ser la expresión del máximo de conciencia crítica posible.” Hay muchos frentes de liberación. Los movimientos populares necesitan una razón universal. Por ello la obra de Dussel constituye un pensamiento sobre la alteridad y una crítica mordaz a las categorías de exclusión ●


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ENRIQUE DUSSEL

NOSOTROS SOMOS LOS OTROS

Este artículo presenta y comenta las Hacia una nueva geografía mental principales etapas del pensamiento COMO UNO DE los breves versos más famosos del recientemente desaparecido de todos los tiempos, el clásico “Yo soy otro” de pensador argentino exiliado en Arthur Rimbaud, Enrique Dussel ha tenido una vida tan fascinante como la del poeta francés. México, Enrique Dussel (1934Desde la adolescencia, la vida interior de Dus2023), sustentado en un riguroso sel estará signada, como la de Rimbaud, por la estudio de la historia, la teología, la búsqueda de la verdad, categoría mental que no todos los seres humanos enfrentan. Dussel antropología y la crítica política, un doble viaje, algo lo impulsa a vivir en que lo condujeron, entre otras obras, realiza un sinnúmero de países, al mismo tiempo que a la escritura de Filosofía de la estudia teología y filosofía. Desea saber para qué sirven la historia, la antropología, la política. liberación, con miras a permitir la Entonces medita, reflexiona, aprende y cuestiona transformación de “las culturas de sus propias formas de pensamiento. Tesis, antíteMéxico y Latinoamérica”, para ser sis, síntesis. Comienza a inquietarlo la dialéctica clásica griega y la dialéctica hegeliana. Intuye que “miembros iguales del mundo”.

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xisten personajes cuya biografía interior es tan sorprendente como sus experiencias “reales”. Antes de explorar las ideas de un hombre que dedicó su vida entera a reflexionar, observo con atención una vieja fotografía: un niño, que debe tener unos cuatro años, monta un triciclo. El pequeño tiene un chupón en la boca, lo cual indica que recién fue destetado. La criatura transporta una enorme valija y trae puesto un sombrero. Es evidente: el niño –que años después será un tránsfuga del pensamiento occidental– se dispone a viajar. Como las ruedas de su triciclo, serán tres los ejes cardinales sobre los que nuestro viajero se apresta a conocer –y hacer del amor– conocimiento. Sobre otro eje comienza a girar la rueda crítica de la historia y, finalmente, el re-conocimiento de la realidad. Con el pequeño Enrique Dussel montando el asombroso vehículo, la imagen presagia una formidable experiencia intelectual, cultural y política. Como en el “nudo borromeo”, modelo psicoanalítico ya clásico de Jacques Lacan, en la fotografía del pequeño argentino vemos anudados los aros de “lo real”, “lo simbólico” y “lo imaginario”. Con esta tierna y vibrante imagen comienza la biografía de Enrique Dussel.

Antonio Valle ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

algo no abraza ese sistema de cognición. Como Rimbaud, aunque sin la carga dramática-poética, sabe que necesita pasar por una temporada en el infierno, es decir, que necesita profundizar, decentarse, salir de sí mismo, liberarse de la constelación mental con la que ha construido ciertas lógicas, una filosofía, una cultura.

Otro outsider en el camino ENRIQUE DUSSEL nació en la provincia de Mendoza el 24 de diciembre de 1934. Su padre era un médico de línea humanista, esa clase de galenos de los que quedan muy pocos. El hombre aparcaba su auto en los pueblos para meterse en el monte a caballo y atender enfermos. Preocupado, como su padre, por el bienestar de los otros, después de estudiar Bellas Artes y Filosofía, desarrolla la primera de muchas tesis con el tema del “bien común en los griegos”. Con el mismo tema obtiene un doctorado en Madrid. Después, a pie, o haciendo autostop, atraviesa Europa. Llega a Israel. Durante dos años trabaja como carpinteroobrero. Entonces descubre al otro, pero no es cualquier otro: se trata del miserable, el outsider, el relegado, el borroneado, el que apenas existe. Es pescador. Como Jesús Cristo tiende las redes en el mismo lago donde el Nazareno pescó algunos discípulos. El filósofo aventurero es un erudito que habla varios idiomas. Suele contar estas historias con simpatía. Se trata de hombre sencillo, no se envanece, ha conversado con hebreos muy pobres en grutas, desiertos y caseríos miserables. Aunque por distintas razones, como Nietzsche, Marx y Freud, sospecha de la educación, de la racionalidad aprendida, del sentido (o el sinsentido)

▲ Enrique Dussel. Foto: La Jornada / Marco Peláez.


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El desarrollo del pensamiento filosófico y de la práctica política de Enrique Dussel se vigoriza durante los movimientos culturales, literarios, políticos y sociales que se producen a finales de los años cincuenta y durante la década de los sesenta. Entre otras cosas, es el Boom de la literatura latinoamericana, que articula una constelación de relatos, historias, ficticias o reales, lo que le da visibilidad a un continente, al mismo tiempo que se plantean temas nodales que permanecieron soterrados, usurpados o distorsionados durante más de quinientos años.

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de la vida. Ese mismo año regresa a Europa. La experiencia en Medio Oriente lo lleva a estudiar Teología e Historia en La Sorbona. Poco después se sumerge en el Archivo de Indias de Sevilla. Escribe la tesis Obispos hispanoamericanos, defensores y evangelizadores del indio. Los vetustos pliegos lo impactan. Regresa a Argentina, donde compartirá experiencias, preguntas y estudios. Lee a Heidegger y ahonda en el sentido del ser, en la estructura abstracta del tiempo. Con Emmanuel Levinas, filósofo que sobrevivió a un campo de concentración nazi, experimenta un extravío radical: con el maestro lituano comprende que el ser sólo es cuando es ser para el otro. Dialoga intensamente con sus colegas argentinos. Poco después el grupo de intelectuales publica el libro Hacia una filosofía de la liberación Latinoamericana. Un par de años más tarde su nombre “aparece” en las listas negras de los grupos de la ultraderecha Argentina. Después de sufrir un atentado con bomba en su casa –agrega Dussel con ironía–, “al menos los que pusieron la bomba sabían de lo que estábamos hablando”. Era el tiempo de los asesinos, de las siniestras dictaduras en el Cono Sur. Por aquellos días ya estaba casado con Johanna Peters y tenían dos hijos: “Ella era profesora de alemán, trabajaba y era mi garantía. Los niños crecían. Funcionaba la familia.”

Los paradójicos años sesenta EL DESARROLLO DEL pensamiento filosófico y de la práctica política de Enrique Dussel se vigoriza durante los movimientos culturales, literarios, políticos y sociales que se producen a finales de los años cincuenta y durante la década de los sesenta. Entre otras cosas, es el Boom de la literatura latinoamericana, que articula una constelación de relatos, historias, ficticias o reales, lo que le da visibilidad a un continente, al mismo tiempo que se plantean temas nodales que permanecieron soterrados, usurpados o distorsionados durante más de quinientos años y comienzan con el “encuentro” entre los “civilizados” íberos y los “otros, “nosotros”, los “bárbaros naturales”. Mediante la crítica al colonialismo europeo, Dussel explica el contexto histórico en el que se genera la Filosofía de la liberación: El acontecimiento fundador debe situarse a finales de la década de los sesenta, en una situación de crisis filosófica, cultural, política y económica de contornos explosivos, que parte de la experiencia del ’68 (en / PASA A LA PÁGINA 10


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VIENE DE LA PÁGINA 9 / ENRIQUE DUSSEL... París, en Berkeley, en Tlatelolco en México o en el Cordobazo de Argentina). De cierta manera la filosofía de la liberación es una herencia filosófica del ’68.

La justicia es antigua y revolucionaria CON CIERTA FRECUENCIA Dussel recuerda el Código de Hammurabi. Estas leyes babilonias, escritas sobre una estela de piedra en Mesopotamia, exponen conceptos irrefutables de igualdad y justicia. El rey de Babilonia explica que “he hecho justicia con la viuda, el huérfano, el pobre y el extranjero”. En estas líneas se resume una realidad sociohistórica, una realidad política concreta. Dussel lo sabe y dice que esas leyes no han sido promulgadas “para mi hijo, ni para mi mujer, ni para los ricos, ni para mis conciudadanos”. Son leyes pensadas y escritas en la inmortalidad de una piedra para el otro, para los otros, para los desheredados. ▲ Enrique Dussel. Foto: La Jornada / Marco Peláez.

Crítica filosófica de la historia: el Ser es griego o no es LA INSCRIPCIÓN SOBRE la avanzada justicia semítica lleva a que Dussel haga una crítica de la historia y la filosofía helénica que reprimió, en un sentido político, psicológico y cultural, buena parte del pensamiento semítico original, corriente intelectual que fue la raíz histórica y cultural del pensamiento y el desarrollo de las polis macedonias y griegas en el siglo VI aC, cuando el imperio persa aqueménida ya ha conquistado las ciudades medas, lidias y babilonias; en el año 331 aC es derrotado por el ejército de Alejandro III de Macedonia. El gran héroe, faraón de Egipto y gran rey de Media y Persia, había sido esmeradamente educado por Aristóteles, filósofo que se formó en la prestigiada academia de Platón. No es sorprendente que Dussel cite con certera ironía: “El ser es griego, lo no griego no es, son los bárbaros.” Alejandro Magno, hegemón de Grecia, expande su imperio hasta el valle del Indo y a Egipto. Sin embargo, una vez que muere Alejandro, presumiblemente asesinado por dos o tres de sus generales, el imperio comienza a desmoronarse. Han pasado algunos siglos de decadencia helénica, surge el imperio romano, organización política y militar que en buena medida se erige sobre las bases y ruinas del imperio alejandrino. Siglos más tarde, cuando el imperio de Roma ya adoptó buena parte del pensamiento clásico griego, después del nacimiento de Cristo –y precisamente en contra del Nazareno– se inician las persecuciones a los cristianos. Sin embargo, ya en plena decadencia, hacia el siglo IV dC, como una medida para conservar su estructura, el imperio adopta la religión cristiana, acontecimiento histórico inaudito que hace exclamar a Dussel: ¿cómo es posible que los cristianos que fueron perseguidos y asesinados se conviertan en la esencia del imperio romano? Décadas más tarde inicia la Edad Media, concepto histórico al que Dussel pone en cuestión. Asegura que no existió, que ese período sólo ocurrió en una pequeña porción del planeta, ya que tanto en el lejano, como en buena parte del cercano Oriente y, por supuesto, en América jamás sucedió. Dussel explica que la Edad Media (siglo V al siglo XV), se caracteriza por pasar del modo de producción esclavista al modo feudal de vasallaje, modo de producción exclusivo de Europa. Con el

Regresa a Argentina, donde compartirá experiencias, preguntas y estudios. Lee a Heidegger y ahonda en el sentido del ser, en la estructura abstracta del tiempo. Con Emmanuel Levinas, filósofo que sobrevivió a un campo de concentración nazi, experimenta un extravío radical: con el maestro lituano comprende que el ser sólo es cuando es ser para el otro.

fin de la Edad Media concluye la cultura clásica helénica para dar paso a una teocracia cristiana. Nuestro filósofo explica que las verdaderas ciudades modernas de Europa son Florencia y Venecia, y eso se debe a que a través de la Ruta de la seda comercian con China y con India. Por otro lado, los califatos unidos en el imperio Otomano toman Constantinopla en 1453, derrotando así al Imperio Bizantino, es decir a la Iglesia de Oriente.

Lo más occidental/lo más oriental DUSSEL EXPLICA QUE los otomanos habían erigido una especie de muralla que impedía la expansión de las Iglesias de Oriente y Occidente, es decir, de lo que quedaba del imperio Romano, tanto en la versión carolingia como en la versión romana germana de tal forma que, hacia 1492, el reino de España, lo más occidental de Occidente, se embarca por el Océano Atlántico buscando una ruta marítima alternativa para comerciar, mientras esa gigantesca porción de tierra a la que llamarán América, desde hace miles de años ha sido poblada por grupos de las culturas más orientales de Oriente. Estos movimientos migratorios atraviesan por el congelado estrecho de Bering y pueblan desde Alaska hasta la Patagonia. De la represión política y cultural que todo vasallaje supone, los conquistadores eran representantes de una tradición feudal de diez siglos, gigantesco período de enrarecimiento y oscuridad filosófica, científica e intelectual. Los íberos son representantes y militantes herederos de las Cruzadas, de una tradición filosófica grecolatina que consideraba, como Platón y Aristóteles, que todo lo que no fuera Europa occidental era territorio de bárbaros. Enrique Dussel desarma el “idílico encuentro”, la visión romántica de una “integración” entre dos culturas diametralmente opuestas, choque que se resumen en la imagen de Cortés portando en una mano la cruz y en otra la espada. Sin embargo los “bárbaros”, que al descongelarse el estrecho de Bering habían permanecido miles de años al margen de los procesos culturales del resto del mundo, han desarrollado una cultura que se remonta miles de años atrás. Un poco a la manera de la cultura sumeria en Mesopotamia, son los Olmecas, llamados así por los nahuas del altiplano de México, quienes detonan el proceso mesoamericano que genera unidad cultural en


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una inmensa región. Ellos establecen las primeras ciudades, desarrollan un estilo arquitectónico y plástico definido, crean sistemas de escritura y de registro del tiempo, imaginan un panteón de divinidades, trazan sistemas hidráulicos para el desarrollo de la agricultura. A diferencia de la filosofía y del arte clásico griego, en donde el pensamiento y la realidad se constituye a la medida del hombre (antropocentrismo), en la cosmovisión mesoamericana, es decir, la filosofía expresada en su arte y arquitectura, es la humanidad la que se integra a la naturaleza y al cosmos.

Posmodernidad/Transmodernidad DESDE 1492 –explica Dussel–, con el proceso de “descubrimiento”, invasión y conquista, toda empresa de la modernidad implica un proceso de colonización, es decir, de desplazamiento y ocupación, no sólo de territorios geográficos sino también de territorios mentales, simbólicos e imaginarios. Sin embargo, más allá de la violencia con la que suprimieron, eliminaron y reprimieron buena parte del pensamiento mesoamericano, una parte sustancial de ese conocimiento permaneció –de manera oculta o revelada– en las lenguas de las naciones originarias, persistió en las

De la represión política y cultural que todo vasallaje supone, los conquistadores eran representantes de una tradición feudal de diez siglos, gigantesco período de enrarecimiento y oscuridad filosófica, científica e intelectual. Los íberos son representantes y militantes herederos de las Cruzadas, de una tradición filosófica grecolatina que consideraba, como Platón y Aristóteles, que todo lo que no fuera Europa occidental era territorio de bárbaros.

extraordinarias formas de relación con la naturaleza, en el trato comunitario y social, en las diversas festividades, en la sabrosa gastronomía y en el diseño de textiles, en el cultivo del maíz (nuestro cuerpo) y en la milpa, en los procesos de subsistencia y reciprocidad y, especialmente, en la vivísima relación-tradición con los muertos. Justamente son esos elementos, plantea Dussel, los que se hacen imprescindibles para activar, iniciar o continuar el gran proceso descolonial, categoría sustantiva de la filosofía de la liberación, que permitirá transformar las culturas de México y Latinoamérica; entonces seremos “miembros iguales del mundo”, porque el mundo contemporáneo crece de forma multipolar. La filosofía de la liberación se convertirá en un instrumento eficaz para cuestionar la “realidad” hegemónica postmoderna. Aplicando la categoría de “transmodernidad”, sistema que contempla una nueva etapa de la modernidad, este proceso “cambiará los usos de consumo, así estaríamos en condiciones de transitar hacia una nueva filosofía; hacia una nueva edad del mundo, a un estadio que nos permitirá generar una visión de conjunto, un pluriuniverso que detonará el gran diálogo intercultural. Sólo así nos entenderemos, sólo si somos el otro seremos ●

ÉSOS SON LOS IMPRESCINDIBLES A Martha,Tania y Aura

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ste hombre cambió mi vida. Lo leí, en fotocopias, en la Prepa 9, gracias a otro maestro que me marcó a mis pueriles catorce años. Esa influencia me llevó a estudiar Filosofía, donde compré con mucho esfuerzo y pasión uno de mis primeros libros que comenzó a nutrir una incipiente biblioteca existencial: Filosofía de la liberación. Sus clases se abarrotaban de jóvenes estudiantes idealistas, utópicos, aguerridos y uno que otro curioso. Viernes a las nueve de la noche, escuchábamos al exiliado (que escribió su primer libro custodiado en plena dictadura argentina) hablar sobre Fernández de Oviedo, quien cuestionaba si los indios tenían alma. Un perro ladraba en el momento de la cátedra y el filósofo nos preguntaba: “¿Ustedes creen que detrás de ese triste aullido hay un alma?” Luego vino una huelga, de ésas con intereses más políticos que sociales y, mucho menos, académicos. De ahí salió el tristemente célebre Fernando Belaunzarán, cuya trayectoria de traidor algunos conocemos. Yo mismo me enajené con el tipejo. Después que terminó la huelga –desanimado y con crisis existenciales, no recomendables para estudiar fenomenología, ontología o lógica–, gracias a la que años después fue la madre de mis hijas, regresé a la Facultad pero ahora a estudiar literatura.

Fernando Reyes Trinid* ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Admiré su coherencia, su humildad, su amor a la sabiduría y a la libertad. Él hace sesenta años ya estudiaba la inclusión, los pueblos originarios, el antisemitismo, la migración, las luchas de la mujer, las periferias versus el eurocentrismo. No he conocido en vida a un hombre que haya estudiado con tanta seriedad. Conocía muchas lenguas, incluyendo el hebreo. Podía leer de Nezahualcóyotl a Goethe, de Dostoievsky a Rumi, los Salmos o a Kant y Hegel en su lengua. Él mismo corregía las traducciones que le hacían al alemán, pues el hombre quizá fue más valorado en los círculos académicos de Europa que en la Facultad de Filosofía y Letras. Los exquisitos lo veían con curiosidad, por no decir desdén. O por sus huaraches, por su desaliño, por su sapiencia marxista, por su rectoría en la UACM, respeto en la UAM, o por su filiación clara con la 4T. Amaba verlo con su metro noventa, paso firme, pecho erguido, portafolios y bolsas llenas de libros, atravesando esos pasillos donde, con la palabra y un cigarrillo, algunos cambiaban el mundo con citas deslumbrantes. Él y sus pocos seguidores saben que Levinas tomó, sin crédito, los postulados epistemológicos de la otredad, originados por nuestro filósofo, quien estuvo a la altura de sus contemporáneos Boaventura de Sousa, Bolívar Echeverría, Xavier Zubiri, Luis Villoro, entre otros paradigmas de Iberoamérica libre. Yo que no tuve padre, me duele cuando parten los hombres que me enseñaron a pensar, luego entonces a sentir y, por consecuencia, a actuar. Enrique Dussel murió casi con noventa años. Hay hombres que se entregan al estudio, a la docencia, a la otredad y a la liberación toda la vida, ésos son los imprescindibles ●

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▲ Enrique Dussel. Foto: La Jornada / Marco Peláez.

FERNANDO REYES TRINID* Profesor, psicoterapeuta, antologador. Ha publicado novela, La filósofa, la jinetera y el Comandante; cuento, Cómo deshacerse de príncipes azules; poesía, El pez goloso de tu lengua, y ensayo, Escribir desde dentro, entre otros.


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12 19 de noviembre de 2023 // Número 1498

Qué leer/ Las afueras del mundo, María Negroni y Fidel Sclavo, Editorial InterZona, Argentina, 2023. Las afueras del mundo es un libro dual cuyo origen está en la colección de antiguas postales del artista plástico Fidel Sclavo. En el volumen amplifica las líneas y los planos; crea la continuación de las imágenes de las tarjetas y dibuja y pinta fuera de sus márgenes. La poeta María Negroni se basa en las reinvenciones de Sclavo para escribir e interpretar. La autora de Archivo Dickinson y el artista plástico apelan a la nostalgia en el volumen y recurren a la apropiación.

La batalla de Accio. Antonio, Cleopatra y Octavio, Barry Strauss, traducción de Tomás Fernández Aúz, Edhasa, España, 2023. BARRY STRAUSS –experto en historia clásica– narró una de las más célebres batallas navales de la Antigüedad. Ocurrió en el año 31 aC. Tras el asesinato de Julio César en 44 aC, Marco Antonio –enamorado de Cleopatra– y Octavio –futuro Augusto– se disputaron el gobierno de Roma. Strauss concluye que la victoria de Octavio cambió el imperio romano. El historiador afirma: “El de Accio fue un acontecimiento decisivo de enorme trascendencia. […] Accio ha dado pie a un rico legado de erudición. […] La guerra de Accio terminó con un nuevo centro urbano en la planicie y un resplandeciente monumento…”

Hasta que las piedras se vuelvan más ligeras que el agua, António Lobo Antunes, traducción de Antonio Sáez Delgado, Literatura Random House, México, 2023. ENTRE EL PASADO y el presente, António Lobo Antunes –ganador de Premio Camões, el de mayor prestigio en la literatura en portugués, y reconocido con la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa– evoca las voces de distintas generaciones de una familia caracterizada por los secretos. El escritor portugués ahonda en temas como el recuerdo, la identidad, los vínculos y la pérdida. En Hasta que las piedras se vuelvan más ligeras que el agua el autor lusitano escribe: “Y esta noche, como tantas veces desde hace cuarenta y tres años, he vuelto a soñar con África, no ataques que empezaban siempre con la ametralladora que los soldados llamaban costurera cantando junto a la pista, o sea en los cien metros de tierra batida donde saltaba la avioneta, ni minas ni emboscadas, yo solo junto a la alambrada de espino pensando en Lisboa, viendo el río, los barcos, las casas/ (tejados y tejados).” António Lobo Antunes rememora la guerra de Angola y habla del sufrimiento, la pérdida, el racismo y la violenta colonización.

Dónde ir/ Las cosas que ves al momento de caer el telón. De Ragnar Kjartansson. Curaduría de José Luis Blondet y asistencia curatorial de Lena Solà Nogué. Museo Tamayo (Reforma 51, Ciudad de México). Martes a domingos de 10:00 a 18:00 horas. Hasta el 3 de marzo de 2024.

el video y la pintura. Es la primera exhibición de Kjartansson en América Latina. El artista utiliza herramientas teatrales para crear una atmósfera. Explora “el lugar de las emociones, la impostura, la historia personal y las políticas de representación”. Apela a la repetición de acciones –con la que revela una diversificación– en los numerosos medios con los que ha trabajado. El título de la muestra es una referencia al gran poema “Impresiones teatrales”, de Wisława Szymborska.

Esquizofrenia. Dramaturgia de Mauricio Pichardo. Dirección y actuación de Rafael Perrín. Teatro Enrique Lizalde (Eleuterio Méndez 11, Ciudad de México). Miércoles y jueves a las 20:30 horas. Hasta el 28 de diciembre. En 1914 el psiquiatra inglés Emile Tuck anunció el aparente descubrimiento de la cura de la esquizofrenia. Para lograrlo se internó en “el hospital más prestigiado y peligroso de Inglaterra”. Cuando regresó a la sociedad, después de su supuesta muerte, manifestó las terroríficas experiencias a las que fue sometido. La puesta en escena es una aproximación a la catástrofe de la enfermedad.

LA EXPOSICIÓN Las cosas que ves al momento de caer el telón, del artista islandés Ragnar Kjartansson, enaltece el performance, la instalación,

En nuestro próximo número

SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA

EL70 AÑOSLLANO EN LLAMAS: DE UNA OBRA SOLITARIA


Arte y pensamiento

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Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx

Sandra Pani: erupción vital

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l proceso creativo de los artistas es siempre fascinante y tener la oportunidad de verlo es toda una experiencia a la que rara vez se tiene acceso. Sobre todo cuando se trata de técnicas no tradicionales o experimentales. Tal es el caso de la serie de monotipos que la artista Sandra Pani (CDMX, 1964) creó recientemente y que se presenta en la exposición titulada Desmembramientos y transformaciones, en exhibición hasta el 3 de diciembre en el Palacio de la Autonomía de la UNAM (Centro Histórico). Resulta gratificante para los visitantes entrar en la cocina plástica de la pintora a través de un video que da inicio al recorrido y en el que, con gran frescura y desparpajo, nos muestra su aventura creativa en el taller de gráfica de Noel Rodríguez en Iztapalapa, donde realizó, en un período muy corto, cincuenta obras de las cuales treinta conforman esta muestra. En la grabación vemos cómo Pani cubre su cuerpo con la espesa tinta negra que se usa para este tipo de grabados y entra en contacto directo con los largos lienzos de popelina de algodón extendidos en el suelo, sobre los cuales la huella de su silueta queda plasmada, para después pasar a la impresión bajo un tórculo de inmensas dimensiones. Al ver este inusual proceso,

vino a mi mente Yves Klein y sus Antropometrías de los años sesenta, ejercicio de metapintura ligado al Body Art que consistía en embarrar de pintura a sus modelos y colocarlas sobre superficies donde también las huellas de sus cuerpos desnudos quedaban marcadas, creando una nueva manera de “pintar” la figura femenina. Sandra no se identifica para nada con este proceso: “Lo de Klein era algo performático, mientras que mi proceso y mi intención es algo muy íntimo que va ligado a mi búsqueda personal de identidad.” En esta serie se percibe que los blancos etéreos que han caracterizado gran parte de su trabajo anterior devienen negros profundos que acentúan la dualidad siempre latente en su obra: “Solía ser más volátil, flotante, ahora me siento más encarnada. Busco el equilibrio entre el ser tangible e intangible, pues siento que yo sé estar en la parte tangible y me cuesta más trabajo estar encarnada. Este trabajo es como la erupción de un volcán.” La sala de exhibición de este recinto, que otrora fuera la iglesia de Santa Teresa la Antigua, tiene la particularidad de conservar a la vista del público los vestigios de la ciudad antigua que permanecen vivos a través del piso de cristal. Pasado y presente se superponen bajo nuestros pies y nuestra mirada, en un diálogo misterioso con las nuevas imágenes de Pani que fueron concebidas ex profeso para este singular espacio. Y como ha prevalecido a lo

Izquierda: Sin título. Arriba: Sandra Pani.

largo de muchos años en su trayectoria, la figura femenina cobra vida en estas soberbias telas de gran formato que penden del techo, creando una sinfonía visual de blancos y negros, luces y sombras, brillos y opacidades, claroscuros que acaso remiten a inasibles estadios del alma. No es fortuito el hecho de que a unos metros de distancia, en las entrañas del Templo Mayor, habiten las dos diosas primordiales de los aztecas: Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli, señoras de la Luna y la Tierra, evocadas por la artista, que también descubrió en una de sus primeras obras de la serie a Inanna, la diosa fundacional de Mesopotamia en el periodo Uruk asociada al amor, la fertilidad y la guerra: “Estas deidades arquetípicas tienen que ver con lo femenino, con el desmembramiento, que lamentablemente es un tema de actualidad muy fuerte en nuestro país. Pero también tiene que ver con la transformación y la cadena de partos: ¿Cuántas mujeres han parido para que nosotras estemos aquí? Es una larga cadena de la que yo soy apenas un eslaboncito.” Paralelo a esta exposición, se presenta en el Museo de Geología de la UNAM, en Santa María la Ribera, un corpus de cincuenta pequeños dibujos que dialogan con las piedras y minerales en un acto de vinculación del arte y la ciencia ●


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14 19 de noviembre de 2023 // Número 1498

Tomar la palabra/ Agustín Ramos

Mentiriodistas POR QUÉ MÉXICO, un país menos sometido que Inglaterra, Francia, España y Argentina a la manipulación mediática global, resultó incapaz de manifestarse contra el martirio del pueblo palestino en la misma cantidad que en Londres, París, Barcelona, Buenos Aires y otras grandes urbes? Supongo que por el factor López Obrador, el mismo gobernante que mantiene avispada a la gente con sus conferencias matutinas pero que ante la política de exterminio de los israelíes no adopta la actitud del presidente colombiano Gustavo Petro y, además de no romper relaciones con un Estado genocida y segregacionista, premia con una embajada al impresentable exgobernador hidalguense Omar Fayad. ◆◆◆ MI HERMANA FLOR sufría pánico cada vez que estallaba un cohete porque la habían atropellado debido a un abuso familiar (no viene al caso hablar de tal abuso, pero sí de esos ataques que mi hermana padecía durante las quemas de Judas que se organizaban en la misma esquina donde un cilindro de treinta kilos se le zafó al gasero a quien apodaban el Trompo, quizá por los giros del tanque en ese incidente legendario que, según las exageradas personas mayores, podía haber volado la manzana entera). Así que yo hacía todo lo posible para mantenerme lejos de mi hermanita los Sábados de Gloria. Y hoy aquel pánico, pese a ser eso, pánico, pérdida grave de control, locura temporal, ausencia de razón, inocencia animal, me parece insignificante comparado con las reacciones que provocan los estallidos en los niños y las niñas de Gaza y Cisjordania (ojo, de Cisjordania, que no está gobernada por Hamás). Terror pánico causado por “el pueblo elegido” que una vez más se deja llevar, y nos lleva, al matadero. Mi hija mayor retiró horrorizada su manita al tocar la cabeza de un nenuco, un muñeco de ésos que aparecieron en los años ochenta del siglo pasado. Era una beba muy tentona pero no tocaba, más bien acariciaba, acariciaba todo, y todavía más a las niñas y a los niños de brazos que se ponían a su alcance. De ahí que extendiera sus deditos sin saber que aquella cabeza calvita de aspecto humano era de juguete. Su horror me horrorizó. ¿Qué había sentido la nena de seis meses al tocar un ser inanimado al que ella creyó un semejante suyo? Hoy se me repite ese horror porque los títeres que dominan el mundo asesinan en promedio a un niño o a una niña cada diez minutos. Me lastiman de muerte las imágenes como de nenucos extraídos de entre el polvo, bajo los escombros, por madres, padres y personal médico. Miles, miles de niños en un Holocausto peor, atestiguado en directo y en silencio. Y así como “Israel nomás se está defendiendo” y en Acapulco “suman miles los desaparecidos”, así la Suprema Corte y el INE y la élite de la UNAM “no se tocan”, así es “la deriva autoritaria del gobierno populista” y así también se apareció guadalupanamente la señora X. Porque quienes piensan para el inútil de Claudio X, o sea Krauze, Aguilar Camín, Zaíd, Roger Bartra, Cordera y demás infames, buscan grabar cantinelas en el inconsciente colectivo por medio de los mentiriodistas Dórigas y Aristeguis. Y hablando de medios y candidaturas, conviene notar que Clara Brugada, la candidata de izquierda y candidata de la izquierda, obtuvo esta calidad pese a la estrepitosa intervención de la mediocracia para imponer a Omar García Harfuch en la ciudad más politizada de un país al que llama polarizado esa otra señora X que representa, inmaculadamente, la deshonestidad y la estupidez intelectual de la derecha, del mismo modo que a nosotros, a la mayoría, nos llama “propagandistas de AMLO-Morena-4T”, porque según ella fuimos “seducidos por el autoritarismo disfrazado de ‘preocupación por los pobres’ y [de] ‘recuperación de la soberanía’ ” ●

Arte y pensamiento Biblioteca fantasma/ Evelina Gil

Jardinero en el desierto SEQUÍA. ESO ES, paradójicamente, lo que menos existe en el poemario Palabras en el desierto, del poeta argentino, mexicano por elección, Eduardo Mosches (Buenos Aires, 1944). Exuberancia: la que me estruja al abrirme paso entre un espeso y colorido follaje, nombrado y sentido, que, conforme me adentro, se hace más y más florido. Propongo, pues, dos alternativas para el origen del título: la primera, que el poeta ha colonizado con su palabra un campo agreste anímico. La segunda: el poeta florece en medio de la adversidad y sus memorias se expanden. Lo que tiene en común con el desierto es un firmamento nocturno adiamantado. La realidad es que no existe un tema. Este es un poemario abarcador, como abrazo de Dios, que puede uno abrir al azar y chocar contra un tanque de guerra, un crucero atestado de exiliados, un ventarrón grisáceo o una rancia cicatriz. El poeta contempla el mundo con mente cristalina, espejéandose en cada cosa, por magnífica o simple que sea. Varios de los poemas lo autorretratan: es el hombre sentado en la azotea, cercado de macetitas por donde circula la vida, en contraste con la pandemia de la que se guarece allá arriba. La “plaga de humanos cubiertos con máscaras”, como él la llama. Arriesgo una imagen más: el poeta avituallado de papel y tinta entrecierra húmedos sus ojos mientras captura un reflejo que hace reverdecer sus nostalgias, ubérrimas ramas de su árbol genealógico, vívidas como un teatro. Brota, pues, el rotundo rojo de pequeñas rodillas raspadas, la herida que sana con salivita, porque la infancia es la edad de la familiaridad con la sangre y el dolor confundidos con el juego. De ahí brinca el niño a la guerra. La bomba y el suspiro, palabras que se miden en peligrosa vecindad: “En episodios de tierra y sangre/ se vertía en la tierra y no era/ motivo de ritual esa efusión,/ no fertilizaba la tierra ni daba felicidad,/ no era para presagiar las lluvias,/ eran sólo trozos de carne humana,/ en abandono,/ para que los perros engordaran.” Estamos ante una poesía de altibajos, de oníricas visiones que toman por asalto, que embelesan y hieren en un mismo bloque. Las sucesivas puertas, literales y metafóricas, esparcidas por estas líneas, invitan a ser abiertas o a espiar a través de sus cerraduras: bocas ávidas. ¿Qué querrán decir tantas puertas? ¿Qué nos dicen del poeta que cada tanto las evoca? Curiosidad. Eso simbolizan, tiendo a suponer, pues otro gran logro de Mosches es despertar la nuestra con respecto al poeta de la azotea, ése que va y viene desde ese lejano y microscópico jardín que se forja a través de la sacra palabra, pasando por “la extensión verdosa de la pampa/ donde el aire soplaba de verdad”. Palabras expelidas, deshojadas de intención, que se incrustan –o tachonan– nuestro mapa sensitivo. Tenemos muy claro dónde las hemos escuchado, quién las ha pronunciado y por qué, pero lo que nos

persigue no es el sonido de aquella voz, sólo el jirón de dichas palabras que resignificamos en razón de nuestros requerimientos lingüísticos y emotivos. Son palabras con rostro. A partir de ellas, Mosches hilvana esta poesía que calla nombres y patronímicos, pero doliente aúlla como verdosa ventisca sobre la estepa de la capciosa memoria. Dolor y gozo ejecutan, pues, un tango. Palabras en el desierto (Fondo de Cultura Económica, México, 2023) es un hiperbólico tributo a toda forma de vida posible, así como a las vicisitudes y placeres que el estar vivo entraña, por eso también hay luto y sangre, abarcados desde un plano tanto filosófico como vivencial y experimental. Poeta de cuya mente se desgranan, permanentemente, materiales azarosos, pantuflas cruzándose en el camino de una pirámide, que adquieren inusitada coordinación algo cargada hacia el aforismo que asimismo impele a la reflexión y la recapitulación. Con Mosches nunca se sabe qué camino recorrerán las palabras, por minucioso que sea su proceso de escarbar en ellas en busca de la pepita dorada que entronice el verso ●


Arte y pensamiento

LA JORNADA SEMANAL 19 de noviembre de 2023 // Número 1498

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Bemol sostenido/ Alonso Arreola Redes: @Escribajista

Beatles: ahora y entonces SE ACUERDA DE las películas de El señor de los anillos, lectora, lector? Su director es Peter Jackson, un neozelandés particular que supo reunir lo más añejo de las tradiciones occidentales con lo más nuevo de la tecnología en audio, tratamiento de imagen y efectos especiales. Ello resultó especialmente útil, verbigracia, durante la producción de la exitosa serie Get Back, dedicada a los Beatles. (Hablamos sobre ella en este mismo espacio.) Para dirigirla, Jackson utilizó eficientemente las posibilidades de la Inteligencia Artificial. Usó programas que le permitieron separar instrumentos y voces humanas en canales individuales. Esto marcó la diferencia con trabajos similares, pues pudimos distinguir cada instrumento (incluida la voz en diálogos casuales) luego de ser limpiado, ecualizado, tratado y vuelto a mezclar con el resto. Sin ello el resultado hubiera sido mucho menos disfrutable, por momentos imposible. Con esa experiencia, parece natural que Paul McCartney y Ringo Starr se acercaran a Jackson en su intento por rescatar “Now and Then”, una de las canciones de John Lennon que no pudieron incluir en la famosa Beatles Anthology de 1996 (la otra fue “Grow Old With Me”). En aquel momento aún vivía George Harrison, con quien alcanzaron a desarrollar las también inéditas “Free As a Bird” y “Real Love”. Pero abandonaron los otros temas que Lennon dejara a Yoko Ono en un casete, pues no podían rescatar ni el piano ni la voz. Ahora, empero, las cosas fueron distintas gracias a los avances tecnológicos. Finalmente consiguieron analizar e identificar ambos elementos para apartar a uno del otro. Hecho eso, McCartney y Starr le cambiaron estructura y añadieron partes y arreglos de cuerda encargados a Giles Martin, hijo de su mejor cómplice (el llamado Quinto Beatle): George Martin. Yendo más lejos, tomaron algunas de las guitarras que Harrison propusiera en el ’96 y, poniéndose en los zapatos de sus compañeros ausentes, produjeron un video melancólico que mezcla imágenes de este “hoy” y de aquel “entonces”, cuando cambiaron el rostro del mundo. Así, junto con “Now and Then” nació la polémica en forma de múltiples preguntas que extendemos a usted. ¿Era necesario “terminarla”? ¿Tenían derecho de hacerlo Paul, Ringo y Yoko? ¿Tiene el nivel, el aire, el duende de su repertorio previo? ¿Lo hicieron por dinero? ¿Están de acuerdo los hijos de Lennon y Harrison? ¿Qué tanto peso tienen las críticas de los expertos? Porque debemos decirlo: apenas tenía unas horas de lanzada (fue promovida como “la última canción de los Beatles”), cuando incontables youtubers ya estaban puestos a “analizar”, diseccionar e inspeccionar sus entrañas más objetivas y sus impulsos más subjetivos. Sumándonos a lo que juzgue usted, nos parece que su armonía es muy bella. Juega principalmente con acordes menores. La melodía de la voz, creemos, es lo mejor que posee. La participación de la orquesta es más que efectiva. Tiene una melancolía agridulce, emparentada con la última etapa del Cuarteto de Liverpool. Sus valores de producción plantean un intento transparente: recuperar timbres de la época en que estuvieron juntos sus miembros, pero con las ventajas técnicas de nuestros días. Nos gusta. Sí. Mientras más la escuchamos más nos gusta. Esto pese a lo que algunos de nuestros amigos piensan. Para ellos “Now and Then” es un remedo, una caricatura de lo que fueron los Beatles. Algo que no debió existir. Su letra es insulsa, cierto. Pero a la distancia cambia de significado. Se lo concedemos. Eso y que es mucho mejor que la mayoría de los bodrios que lideran nuestras listas de popularidad. Eso y que sólo estando en los zapatos de Paul y Ringo, con esa vida a cuestas, podríamos entender a cabalidad su deseo por saludar al pasado en forma conclusiva. ¡Que hagan lo que quieran! ¡Se lo han ganado! Sí. Entonces y ahora se lo han ganado. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

Morelia 21 (IV y última) POR FORTUNA, LAS restantes seis largoficciones de la sección oficial en competencia del FICM21 no consistieron, como sucedió con las cinco aquí mencionadas antes, en buenas intenciones malogradas ya sea por la impericia, el exceso, el descuido, la obstinación o el sinsentido, y un par de ellas descuellan no sólo de lo exhibido en Morelia, sino entre la producción mexicana de los años recientes. Mauricio Calderón Rico es director y guionista de Todos los infiernos, que retoma bien la bastante socorrida estafeta del subgénero “cine de adolescentes” –iniciaciones, transiciones, confusiones, ritos de paso–, aquí con la historia del muy conflictuado Bruno (bien Sebastián Rojano), cuya madre (Ximena Ayala igual) “traiciona” la memoria de su esposo muerto enamorándose de nuevo, cosa que a su hijo le resulta indigerible, mientras su sexualidad está, diría una frase coloquial, en el alambre. Con guión de Armando Bautista, Itandehui Jansen propone en Cumbres de maíz una historia de ciencia ficción atípica en todos sentidos: ambientada en 2084, hablada en mixteco, hecha más con pericia que con dinero, especula sobre una sociedad implacablemente controlada donde comunicarse con el prójimo está prohibido y huir al campo es al mismo tiempo delito y utopía. Mariana y Santiago Arriaga dirigen –aunque dicen los maledicentes díceres que eso sólo es un decir– el guión escrito por su padre, Guillermo Arriaga, quien asimismo es coproductor de A cielo abierto: dos hermanos, acompañados por su hermanastra, recorren medio México para vengar la muerte accidental de su padre, pero tras una sesión de crueldad contra el involuntario asesino, a la mera hora les gana la compasión. El guión que Diego del Río tomó para Todo el silencio es de la experimentada Lucía Carreras, y la mancuerna funcionó muy bien: Adriana Llabrés, estupenda, encarna a Miriam, actriz de teatro y maestra de lenguaje de señas, cuya vida sin problemas aparentes –una novia amorosa, una casa bien puesta, un oficio muy grato– se cimbra cuando ella comienza a perder el oído y, de ese modo, empieza a sentir en carne propia la angustia de quienes experimentan cotidianamente una discapacidad tan invisible como dura de llevar.

Fotograma de Todo en silencio, cartel de A cielo abierto y fotograma de Cumbres de maíz.

Después de su notable debut largoficcional titulado Nudo mixteco, Ángeles Cruz filma Valentina o la serenidad, guión de su autoría y coproducido por ella e Isis Ahumada, en la que cuenta una historia de pérdida, duelo y resignación, esto último en el sentido más profundo de la palabra, es decir, de re-significación: el padre de la muy pequeña Valentina ha muerto ahogado en el río, pero a ella no la convencen ni la patente ausencia ni las explicaciones con las que su madre y otros quisieran verla conforme; Valentina se salta las clases, prefiere la compañía comprensiva de su amigo Pedro y, siempre que puede, va sola al río para hablar con su papá. Con toda justicia festejada hace un lustro por su magnífica La camarista, Lila Avilés dobla su personal apuesta como directora con Tótem. A diferencia de su debut en largoficción, concentrado en la protagonista, el presentado ahora en el FICM21 es un auténtico, abundante y complejo coro histriónico, dramático y narrativo: Sol, una niña de siete años como hilo conductor, explora el microcosmos de una familia no desprovista de cohesión, solidaridad y amor por todos lados –paterno, materno, filial, fraterno...–, en el transcurso de una sola jornada pero esta vez reunidos para tratar de darle la vuelta al dolor y la tristeza: enfermo hasta el desahucio, el padre de Sol cumple años y hay que festejarlo. Avilés consigue, y con creces, transmitir la sensación agridulce, por oximorónica, de alegría con tintes melancólicos o de melancolía con tintes alegres, y lo hace repartiendo la carga en hijos, tías, abuelos, padres, primos, tal como –cuando menos idealmente– sucede en los núcleos familiares ●


LA JORNADA SEMANAL

16 19 de noviembre de 2023 // Número 1498

Juan Manuel Herrera

Cantarranas 34: el arte fotográfico de Romualdo García

▲ Carteles de la exposición. Tomados de: https://www.instagram.com/museocasadelrisco/

En memoria y admiración del fotógrafo mexicano Romualdo García (1852-1930), el pintor Pablo Rulfo presenta la exposición Cantarranas 34: Homenaje a Romualdo García, en el Museo Casa del Risco, en la que continúa su larga y meditada relación entre la fotografía y la pintura, “merced a una presencia duradera de los personajes de Romualdo García.”

L

lego al Museo Casa del Risco, en San Jacinto, y en el patio de la hermosa fuente veo a unos trabajadores que están instalando árboles de fantasía en las columnas, ramas muy expresivas van dando forma a ese bosque de ocasión. Un anuncio promisorio, es la entrada a la Calle de Cantarranas 34, el homenaje a Romualdo García del artista Pablo Rulfo. Apuntes, notas, aproximaciones. Una larga temporada para el artista Pablo Rulfo, ocupado en ver con atención y sentir el rumor de tantas voces de quienes caminaron por Cantarranas en Guanajuato y entraron a la casona con el número 34, donde Romualdo García abrió su estudio en 1887. Algunos llegaron en silencio, los Angelitos, pero su presencia es perdurable. Rulfo nos da un resumen magistral de todos los años en los que sus obras y, sobre todo, su conversación con García tuvo lugar. El tiempo en el que nos asomamos a esas obras, treinta fotografías y treinta y cuatro obras relacionadas con Romualdo García, más dos obras que el artista incluye como afortunado corolario.

La nota de Merry McMasters da el testimonio más certero: escuchemos a Pablo Rulfo: Ha sido un proceso de análisis, conocimiento y acercamiento a los personajes, pausado, lento, sin prisas. Además, me ha acompañado la manera de pintarlo, que obedece a un sentido de la materia pictórica. Encontrar, pues, una materia adecuada para expresar esto me ha llevado tiempo. Es trabajar con materiales que tienen memoria porque la esencia de esta serie es eso. La memoria en cuanto a la emoción, el material para encontrar el sentido que los cuadros me van indicando… Dejarlos de lado, retomarlos, olvidarlos, retomarlos de nuevo e irlos redescubriendo cada vez.

LA PRIMERA VEZ que vi fotografías de Romualdo García en el Archivo General de la Nación fue en 1981, y un año antes Pablo Rulfo descubrió el libro de Claudia Canales: Romualdo García, un fotógrafo, una ciudad, una época (coedición del Gobierno del Estado de Guanajuato y el INAH), que fue saludado en su día con elogios por una autoridad entre nosotros, el doctor Aurelio de los Reyes: “Estudios en los que se domine la nostalgia o el gusto por la belleza

Es trabajar con materiales que tienen memoria porque la esencia de esta serie es eso. La memoria en cuanto a la emoción, el material para encontrar el sentido que los cuadros me van indicando… Dejarlos de lado, retomarlos, olvidarlos, retomarlos de nuevo.

de las imágenes, o en los que se limite el juicio negativo fácil entendido como crítica, son escasos: una de esas excepciones es el libro que nos ocupa, que integra nostalgia, conocimiento y crítica.” El tiempo como emoción es la materia principal de esta exposición. Una experiencia de conocimiento de Rulfo a los personajes en las habitaciones de la memoria de Cantarranas 34. Así como Romualdo García tenía sus soportes para colgar los telones de fondo, en estas treinta fotografías predominan dos (el arco y la columna con escalinata) y aparece la playa y la barca en la fotografía del niño marinero, Pablo Rulfo ensaya sus propios telones de fondo que son una atmósfera, en la que es prescindible el mobiliario. Espacios sin tiempo o perdurables que, a la manera de una niebla de montaña, ocultan o muestran pero a condición de estar muy atentos, de no perder de vista. Quizá el propio Romualdo García pintó sus telones, así que Rulfo también retrata con su propia cámara oscura cuyo tiempo de exposición se mide en años. No es casual, no es nuevo el interés de Pablo Rulfo en la relación de la fotografía y la pintura. Es parte esencial de su obra. Gracias al pintor Rulfo conoceremos mejor al fotógrafo García y merced a una presencia duradera de los personajes de Romualdo García, los arcos emotivos que descubre Pablo Rulfo nos permiten sentir de otra manera los más profundos motivos de quienes en su día dejaron testimonio de su vida en Cantarranas 34. La maestría de Pablo Rulfo asombra y desconcierta. Ha logrado alcanzar una verdad, una manera de hacer apuntes de una gran riqueza emocional en la relación con nuestros antepasados, ha tomado notas puntuales de un encuentro esencial a lo largo del tiempo, y sus aproximaciones, como en los sueños, alcanzan un elevado nivel que no es extraño calificar de poético. Sí, es un homenaje a Romualdo García; gracias, maestro Pablo Rulfo ●


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Semanal 19/11/2023 by La Jornada - Issuu