Trump saquea al rock: rechazos, protestas y demandas Hermann Bellinghausen
La guerra nuclear del fin del mundo no será posteada Miguel Ángel Adame Cerón
James Baldwin, religiosidad afroamericana y derechos civiles Leopoldo Cervantes-Ortiz




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Trump saquea al rock: rechazos, protestas y demandas Hermann Bellinghausen
La guerra nuclear del fin del mundo no será posteada Miguel Ángel Adame Cerón
James Baldwin, religiosidad afroamericana y derechos civiles Leopoldo Cervantes-Ortiz











Alejandro Montes

Vagabundo, marinero y escritor autodidacta, el estadunidense Jack London, autor de la célebre novela Colmillo Blanco entre otras, refleja en su obra todo aquello que vivió y de lo que fue testigo: lo mismo su vida como obrero en una empresa enlatadora que sus viajes al lejano Oriente, que sus experiencias en la cárcel, cuando fue apresado por vagabundeo. Sensible y de visión certera, London tiene la rara virtud de narrar abismos y volverlos no se dirá buenos o amables, pero sí comprensibles y capaces de suscitar más que asombro u horror, solidaridad con sus protagonistas –humanos o animales–, así convertidos en auténticos espejos del alma de quien lee. A ciento cincuenta años de su nacimiento y ciento diez de su muerte –tan prematura, con apenas cuatro décadas–, y a ciento veinte de la primera aparición de la citada Colmillo Blanco, sin duda su obra más conocida, honramos la memoria de un novelista y también periodista que se cuenta entre lo mejor que ha dado Estados Unidos, y lo acompañamos con un fragmento de El mexicano, otro libro suyo poco recordado.

A PARTIR DE LA PELÍCULA PARÓDICA DE 2021 NO MIRES ARRIBA (DON´T LOOK UP) DE ADAM MCKAY, ESTE ARTÍCULO REFLEXIONA SOBRE LA INDIFERENCIA DE LOS GRANDES PODERES POLÍTICOS Y ECONÓMICOS ANTE LA DESTRUCCIÓN MASIVA, DE LA QUE YA SOMOS TESTIGOS ATURDIDOS GRACIAS A LA ESPECTACULARIZACIÓN DE LAS GUERRAS TAN DIFUNDIDAS EN LAS REDES Y EN LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN. SIN EMBARGO, LA DESTRUCCIÓN MAYOR, QUE ACASO SE AVECINA, NADIE PODRÁ POSTEARLA, PORQUE NO HABRÁ NINGÚN SOBREVIVIENTE PARA HACERLO.
La parodia negativa de “la revolución no será televisada”
PORTADA: Rosario Mateo Calderón. Realizada con AI y collage digital.
ESTE ENSAYO HACE una parodia en negativo o, mejor dicho, en modo apocalíptico, al título de la canción-poema de Gil Scott-Heron (1970) “La revolución no será televisada” (“The revolution will not be televised”) en la que el cantante y compositor hace referencia a que los acontecimientos trascendentales y magnánimos en que participan, de una u otra forma, las masas popu-
lares o la afectan fuertemente, no necesariamente tienen que ser espectáculos o shows de los mass media, que se miran desde afuera o utilizan pantallas o interfaces electrónicas, las cuales se sintonizan con el interés del consumidor de imágenes o de programas televisivos y teleauditivos (o con el interés de los algoritmos automatizados de la actualidad que son manejados por las plataformas cibernéticas). Podemos decir, entonces, que las grandes transformaciones sociopolítico-económicas fundamentales y reales no serán transmitidas por los medios masivos de comunicación, pues no son
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DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade • DIRECTOR: Luis Tovar•EDICIÓN: Francisco Torres Córdova • COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: • Francisco García Noriega DISEÑO Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón • LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores • PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. • CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx • PÁGINA WEB: http://semanal.jornada. com.mx/ • TELÉFONO: 5591830300
La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
Jornada Semanal
ni serán eventos producidos y manipulados por ellos, para el entretenimiento banal o cosificado, sino que ellos son y serán sucesos generados y vividos por los actores conscientes y transformadores. Así, los acontecimientos genuinos y dignos no pueden filmarse y transmitirse para los “externos”, en todo caso –y eso es y puede ser auténtico– pueden y podrán filmarse como testimonios internos, o sea desde la agencia social consciente y crítica. “La revolución será en vivo, hermanos”, concluye la letra de Scott-Heron.
La sátira de No mires arriba
POR SU PARTE, en el filme de 2021 No mires arriba (Don´t look up) de Adam McKay, se hace una sátira del fin del planeta Tierra por la llegada de un gran cometa interestelar. El guión de esta película, trata de dos astrónomos (una mujer y un varón) que detectan ese fenómeno celeste amenazador total que viene de “arriba”, ante el cual las autoridades nacionales (presidenta de Estados Unidos incluida) y mundiales –que supuestamente velan por la seguridad de los países y del orbe– son negligentes y sólo procuran sus mezquinos intereses particulares y privados.
La guerra trumpiana-sionista: al borde del cataclismo
LAS ACCIONES Y las guerras que los imperialismos y los sionismos han desatado para los intereses de las industrias y los dineros capitalistas en los últimos años, nos ponen literalmente al borde del cataclismo climático, ambiental y nuclear. No se necesita ser astrónomo para descubrir que los bombardeos que hemos visto los últimos meses y semanas en las pantallas por las guerras de Netanyahu-Trump en Medio Oriente, que ahora son con IA, metales críticos y con fuego de mezclas de sustancias explosivas como HMX, RDX o TNT… pronto podrían ser con bombas de hidrógeno o con ojivas termonucleares. De hecho, en la guerra Rusia-Ucrania ya se han lanzado bombas cerca de centrales nucleares (Zaporiyia) y ahora, siguiendo el bombardeo de Trump a los complejos de enriquecimiento de uranio de Irán en junio 2025, los sionistas de Israel también lanzaron bombas a ellos (Natanz); e Irán –por su parte– ha respondido lanzando misiles pesados muy cerca de centrales nucleares israelíes (en Dimona); se habla incluso de escalamientos destructivos con submarinos nucleares y del uso de bombas de hidrógeno. La OMS y la ONU sólo han llamado a la “moderación”.

Los misiles y antimisiles devastadores de todo tipo y calibre que, junto con aviones y drones, surcan los cielos con sus luminarias y relampagueos de terror hasta causar explosiones reverberantes, son videograbados con smartphones, tabletas o cámaras de baja o alta resolución y nos las presentan y postean en las redes y plataformas digitales a manera de espectacularizaciones de la industria multimedia (Horkheimer y Adorno), de luces y sonidos. Pero si eso es psicopropaganda y estética macabra de guerra (Walter Benjamin), la cruda, cruel y brutal realidad es que son parte nodal de las hipertecnoguerras capitalistas llenas de despilfarros, destrucciones, sufrimientos y muertes.
EN MÉXICO, LAS narco-guerras capitalistas son padecidas en “pequeña escala” y las imperialistas de “gran escala” las percibimos cada vez más cerca, con las amenazas y las agresiones del pederasta Donroe a Groenlandia, Venezuela, Cuba y a nuestro país mismo. Los hechos guerreristas que suceden en Ucrania, Gaza e Irán los concebimos todavía lejanos. Sin embargo, para la guerra nuclear no hay distancias, por los impactos y consecuencias del bombardeo nuclear; tal vez bastará una sola bomba de esa terrible y armagedónica energía, y no importará si las bombas
▼ Beirut tras un ataque del ejército israelita, marzo de 2026. Foto: AFP.

despegan de Rusia, Estados Unidos, India, Israel o Corea del Norte. Como ha dicho Víctor Gao: “si la actual guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán se vuelve nuclear nadie sobrevivirá”. Sería un desastre global porque “involucraría a potencias con capacidades militares avanzadas y podría desencadenar una reacción en cadena”. ¡Y las imágenes de los bombardeos nucleares no podrán ser tomadas ni postearse porque no quedará nadie!
Será la monstruosa y terrorífica evidencia palpable y material del fracaso del paradigma humano de detener lo atómico “inevitable” que trató de ser aplazado después de 1945 (recuérdense Little Boy en Hiroshima y Fat Man en Nagasaki). Las bombas atómicas, ahora potenciadas cientos de veces, son suficientes para acabar con la Tierra y quizá con otros planetas del sistema solar.
Los parangones cinematográficos
HACIENDO EL PARANGÓN con No mires arriba, ¿veremos a las élites de megarricos huyendo despavoridas a esconderse en sus búnkers o tratando de escapar en naves espaciales para viajar a planetas lejanos, o escapar a los refugios subterráneos preparándose para la criogenización exprés y posteriormente (a day later) quedar como las únicas personas sobrevivientes del holocausto globalizador, quizá junto algunas cucarachas radiactivas? (Volviendo a la guerra de la “furia épica” llamada también del “Cartel Epstein”, hemos sido informados de que estas huidas ya están siendo practicadas en países y ciudades lujosas como Bahréin, Doha o Dubai ante los bombardeos iraníes.)
Tal vez hay que esperar para hacer la “última cena” al estilo de los astrónomos y sus familias en la citada No mires arriba, en medio de las llamas y el hedor de los cadáveres y las sustancias tóxicas en derredor, y envueltos en las lacerantes radiaciones por doquier. De dicha película se comenta que “es una sátira sobre la incapacidad de la sociedad moderna para tomar en serio amenazas existenciales globales”.
UNO SE PREGUNTA: ¿qué significan y qué hacer frente a los más de sesenta conflictos armados que existen actualmente en el planeta? ¿Cómo calificar las siete guerras en las que interviene y manipula descaradamente el trumpismo y sus cómplices, incluidas las de Rusia-Ucrania, el genocidio israelí contra Palestina y la actual contra los iraníes y sus ayatolas? ¿Qué son sino amenazas existenciales gobalizadoras para la humanidad y el mundo entero?
En efecto, coincidiendo con Gao, frente a ellas, la consigna es ¡detengámoslas regional y globalmente ya! ●
EN EL CONTEXTO DE LA SOCIEDAD ESTADUNIDENSE, EN LA QUE LOS CONFLICTOS RACIALES NO DEJAN DE PRESENTARSE, O CULTIVARSE, SOBRE TODO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, ESTE ARTÍCULO RECUPERA, ENCOMIA Y RECOMIENDA LA GRAN NOVELA DEL ESCRITOR, POETA, DRAMATURGO Y ACTIVISTA DE LOS DERECHOS HUMANOS JAMES BALDWIN (1924-1987), GO TELL IT ON THE MOUNTAIN, CUYA LECTURA “IMPLICA UN EJERCICIO DE EXPERIMENTACIÓN DE LA OTREDAD COMO ALGO SIEMPRE NECESARIO PARA IR MÁS ALLÁ DE LA NORMA QUE CREE APRECIARLO Y CONOCERLO TODO, ESPECIALMENTE EN ESTOS TIEMPOS OSCUROS EN LOS QUE EL RACISMO HA RENOVADO FUERZAS”.

El rostro del padre de John, siempre terrible, era ahora más terrible todavía; el cotidiano enojo de su padre se transformaba ahora en profética ira. Y su madre, alzada la vista a los cielos, moviendo las manos unidas por las palmas, convertía en realidad para John aquella paciencia, aquella fortaleza, aquel largo padecer de los que tenía noticia por la Biblia, y que tanto le costaba imaginar. James Baldwin
No cuesta trabajo imaginar el asombro y la sorpresa que debió causar al teólogo luterano alemán Dietrich Bonhoeffer el estilo litúrgico afroamericano que conoció en la Iglesia Bautista Abisinia, en Harlem, Nueva York, durante su estancia en el Seminario Unión, entre 1930 y 1931. Su compañero de estudios, Albert Fisher, lo introdujo a esa comunidad de fe y lo acercó a las predicaciones del reverendo Adam Clayton Powell Sr. Subyacente a lo que permitía visibilizar la exultante adoración, estaba muy vivo lo que James Baldwin escribiría más tarde sobre sus tempranos años en una iglesia similar. Sea o no la novela un arte típicamente protestante, como ha analizado Joseph Bottum, lo cierto es que sus apreciaciones vienen muy al caso para acercarse, así sea mínimamente, a la primera y portentosa novela del escritor estadunidense:
Por muy poderosa que sea nuestra sociedad, es un epifenómeno creado por el drama metafísico del alma. Por mucho que nuestra cultura nos moldee, a escala cósmica, es sólo la lluvia prismática que lanzan los individuos que representan sus obras de salvación individuales. ¿Dónde, salvo en la reforma de muchos yoes separados, podríamos encontrar una base sólida para el cambio en su sociedad y cultura? […] Pero la nación no es el verdadero objeto de la gracia y la salvación. Sólo el alma individual tiene verdadero peso y trascendencia metafísica, y la novela es la historia del viaje de un alma.
James Baldwin (1924-1987) entró a los veintinueve años de edad a la historia de la literatura con una obra deslumbrante, Go tell it on the mountain (Ve y dilo en la montaña), título de un famoso cántico gospel, desgarrador relato con fuertes y duros tintes autobiográficos acerca del ambiente pentecostal afroamericano. Escrito de


primera mano, pues él mismo fue un predicador adolescente, la novela introduce vívidamente a ese mundo religioso tan incomprendido como estereotipado. En el mundo hispanohablante es posible conocer ese contexto religioso gracias a los relatos y novelas del chileno Hernán Rivera Letelier, cuya novela Himno del ángel parado en una pata (1996) lo retrata desde adentro con suma eficacia y realismo.
Los conflictos humanos y espirituales tejidos mediante una magistral serie de personajes que enredan sus vidas alrededor de la Iglesia aparecen como un crudo registro existencial. La amarga relación del protagonista con su padre y la presencia de las mujeres devotas otorga a la historia una profundidad que deja sin aliento. Es posible escuchar y adentrarse en ese universo marcado por la pobreza, el racismo, el rencor y la violencia a través de los sondeos que la narración consigue con un lenguaje siempre aderezado con los elementos de la fe. Las observaciones y reflexiones son incisivas y directas: “¿Y por qué acudían a la iglesia, noche tras noche, invocando a un Dios que ninguna atención les prestaba, caso de que más allá del despintado techo realmente hubiera un Dios? Entonces, John recordó que el insensato había dicho en su corazón: ‘No hay Dios’.” John, el hijo; Gabriel, el padre; Deborah, la esposa; Florence, la hermana de Gabriel; Elizabeth, la

verdadera madre de John y otros personajes colaterales forman un rico mosaico que, a partir de la experiencia religiosa y humana, muestra las ambivalencias, desencuentros, vidas cruzadas y cruces de caminos de personas integradas en una comunidad que las integraba formalmente. Las secciones dedicadas a los personajes principales con frescos completos que indagan hondamente en la existencia de cada uno.
Los colores de la fe
BALDWIN ESTÁ emparentado directamente con clásicos como La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe, y Matar a un ruiseñor, de Harper Lee. Esa religiosidad exuberante y envolvente es el telón de fondo de la convivencia de la fuerza espiritual de una comunidad con los fantasmas rudos de una sociedad supremacista que está retomando sus impulsos en estos tiempos. La novela maneja todo el tiempo una fuerte crítica hacia la práctica cristiana de la población blanca y de cómo la fe no le alcanzaba a ésta para identificarse con la población de color, igualmente cristiana. Los ecos de ese resentimiento son constantes: “Su padre decía que todos los blancos eran malvados, y que Dios les humillaría. Decía que no se debía confiar jamás en los blancos, que sólo decían mentiras y que jamás hubo blanco que amara a un negro. Él, John, era negro, y de esto se daría plena cuenta tan pronto creciera un poco, y entonces sabría lo malvados que son los blancos.”
La reconstrucción de la vida religiosa de la comunidad afroamericana y los matices que el autor encuentra en la espiritualidad pentecostal le permiten acceder, como fue natural por la enorme familiaridad que tuvo con ella, a una cultura religiosa que es experimentada mediante la lectura y el cambio de voces de los hombres y mujeres que se expresan allí. Uno de los grandes momentos del relato es la transcripción prácticamente completa de un sermón (basado en Isaías 18), con su tono oral intacto y el estilo interpretativo propio de esas iglesias, pues parte de una sección del profeta Isaías y de ahí se expande en una serie de divagaciones que abunda en exhortaciones y en reflexiones sobre la fe, la relación con Dios y el sabor apocalíptico de la vida, todo ello tejido con la necesidad cotidiana de lidiar con el racismo desatado en todas sus manifestaciones. He aquí un fragmento del sermón con
Los conflictos humanos y espirituales tejidos mediante una magistral serie de personajes que enredan sus vidas alrededor de la Iglesia aparecen como un crudo registro existencial. La amarga relación del protagonista con su padre y la presencia de las mujeres devotas otorga a la historia una profundidad que deja sin aliento.
todo el sabor evangelizador del momento, una auténtica perorata que forma parte de una campaña con expositores diferentes cada día:
‒¡Oh, hermanos y hermanas! ¡Se acerca el momento! Un día, Él regresará para juzgar a las naciones, para llevar a sus hijos, ¡aleluya!, al descanso. Y yo sé, bendito sea el nombre de Dios, que dos estarán trabajando los campos, y uno será elegido y el otro no; que dos yacerán, amén, en la misma cama, y uno será elegido y el otro no. Viene, amadísimos hermanos, como un ladrón en la noche, y nadie sabe la hora de su llegada. Entonces será demasiado tarde para gritar: “¡Señor, apiádate!” Ahora es el instante de prepararos, ahora, amén, esta noche, ante este altar. ¿Es que nadie quiere acercarse a esta noche? ¿Nadie quiere decir no a Satán y entregar su vida al Señor?
La enjundia homilética es transmitida con toda su intensidad gracias a la capacidad del narrador para trasladar el lenguaje del predicador al texto escrito. Son tan vívidos los párrafos de la pieza retórica que casi se escucha la exposición rodeada de las expresiones comunitarias desatadas y del entusiasmo con que se acompaña la predicación
en esos espacios eclesiales. Hasta es posible percibir el agotamiento producido por semejante esfuerzo: “De nuevo se sentía agotado y enfermo. Estaba empapado en sudor, y a su olfato llegaba el olor de su propio cuerpo.”
Baldwin transfigura su pasado sin piedad y rompe lanzas con él para verlo como un purgatorio del que debió salir para explotar como una gran figura creativa de su tiempo, no exenta de polémica. Tanto así que debió distanciarse geográfica y anímicamente de su país por largos períodos. De hecho, moriría en Francia. Marguerite Yourcenar tradujo la obra teatral The Amen Corner, nada menos. Sus posteriores trabajos mostraron una veta personal que, para la época, fue sumamente provocadora y difícil de aceptar. La lectura de esta obra maestra implica un ejercicio de experimentación de la otredad como algo siempre necesario para ir más allá de la norma que cree apreciarlo y conocerlo todo, especialmente en estos tiempos oscuros en los que el racismo ha renovado fuerzas. Baldwin ajustó cuentas con su país en varios momentos de su trabajo literario. Tal como lo señaló Diego E. Barros:
Baldwin escribiría en No Name in the Street (1972) que la imagen de Dorothy Counts desafiando tres siglos de supremacismo blanco fue la razón que lo hizo regresar de Francia, país al que había huido en 1948 para, en sus propias palabras, no acabar en la cárcel, asesinado a alguien, o muerto: “Alguno de nosotros debería haber estado con ella ese día […] en aquella luminosa tarde supe que debía abandonar Francia. No podía quedarme más tiempo en París discutiendo el problema de Argelia y la América negra. Todo el mundo estaba pagando sus facturas y había llegado el momento de volver a casa y pagar las mías.” En realidad, esto no era cierto, o al menos no del todo. Pero qué es un escritor sino el fabulador de su propia existencia.
Malcolm X bautizó a Baldwin como “el poeta del movimiento” de los derechos civiles. “Baldwin escribe una suerte de testamento vital a su sobrino de catorce años: este es el país en el que has nacido y has de sobrevivir, le dice. Publicado originalmente en la revista The Progressive, en apenas cuatro páginas, el escritor problematiza, medio siglo antes de la aparición del Project 1619 y décadas antes del desarrollo de la llamada teoría crítica racial (Critical Race Theory, CRT), el lugar de la raza en la historia de su país”. Y también del cristianismo, habría que agregar. A eso se refiere Barros cuando añade: “Sus textos saltan de Dostoievsky a Henry James, pasando por los bajos fondos neoyorquinos y las citas bíblicas heredadas de un padrastro predicador. Él mismo coqueteó con la idea de convertirse, a su vez, en pastor hasta que descubrió que ‘la iglesia no es la salvación de los negros de EU’. Y en esa iglesia incluía a todas” ●
▼ James Baldwin con el actor Marlon Brando, en una marcha contra el apartheid en Estados Unidos, 1955.



QUIÉN HUBIERA DICHO QUE EL TRUMPISMO, LO MENOS ROCKER Y HIP DEL MUNDO, REVITALIZARÍA AL ROCK, QUE DURANTE SUS MEJORES AÑOS FUE UNA MÚSICA Y UNA ACTITUD DE REBELDÍA, DESAFÍO, RESISTENCIA Y LUCHA. UNA EXPRESIÓN DE DESCONTENTO ANTIAUTORITARIO. SÍ, HUBO UN TIEMPO QUE SE CONSIDERABA “MÚSICA DE PROTESTA”, Y ALGUNAS DE SUS FIGURAS ESENCIALES TUVIERON POSTURAS Y COMPOSICIONES SUBVERSIVAS, REVOLUCIONARIAS, RADICALES. HOY, EL GROTESCO MANOSEO DEL REPERTORIO POPULAR QUE PRACTICAN EL HABITANTE DE LA CASA BLANCA Y SU ENTORNO HA GENERADO UN RECHAZO CASI ABSOLUTO.
DE LAS CONFRONTACIONES, guerras y cruzadas que ha emprendido Donald Trump desde 2016, cuando tomó por asalto la esfera electoral de su país, una de las más sonoras ha sido contra los artistas de rock y de música popular estadunidenses y británicos. De manera similar sucede en la esfera hollywoodense, aunque su establishment sigue siendo sionista. Con algunos músicos, el magnate ha sostenido disputas majaderas, como si su opinión musical importara un carajo. Las demandas judiciales por el plagio, o el uso indebido de composiciones por parte del magnate y sus propagandistas, deben estar costando un dineral en abogados y acuerdos de reparación financiera con los denunciantes, como ocurrió con Neil Young y Jack White, dos de sus más rigurosos críticos.
A continuación se ofrece una reveladora retahíla de abusos, entresacada de Wikipedia, Rolling Stone, PBS, La Jornada, The New Yok Times, The Guardian y otros medios. Este es un reporte de la “relación” de Trump con el rock y la música popular. Se citan los artistas que han demandado, o al menos rechazado públicamente, a Trump por uso indebido de sus rolas, con frecuencia tergiversando lo que éstas dicen. De hecho, resulta interesante (clínicamente interesante) el repertorio oportunista y marrullero del magnate en actos de campaña, celebraciones electorales y videos de propaganda en favor de las deportaciones de migrantes o las nuevas guerras emprendidas por Washington. El régimen republicano actual ha carranceado a intérpretes de rock, hip hop y pop las composiciones que aquí se mencionan.
Los damnificados, por orden alfabético
ABBA (“MONEY Money Money”, “The Winner Takes It All”, “Dancing Queen”); Adele (“Rolling in the Deep”, “Skyfall”); Aerosmith (“Living in the Edge”, “Dream On”); A-ha (“Take On Me”, y el grupo noruego contraatacó con “This Is Now America”); Andrew Lloyd Weber (“Memory”, de Cats); The Animals (“House of the Rising Song”, a lo que Eric Burdon sugirió como más adecuada “We Gotta Get Out of This Place”); Beatles (“Here Comes The Sun”, y los herederos de George Harrison consideraron mejor “Beware Of Darkness”); Beyoncé (“Freedom”); Celine Dion (“My Heart Will Go On”); Creedence Clearwater Revival (“Fortunate Son”); Earth Wind & Fire (“September”); Eddy Grant (“Electric Avenue”); Elton John (“Rocket Man”, “Tiny Dancer”); Everlast (“Jump Around”); Foo Fighters (“My Hero”); Free (“All Right Now”); Guns N’ Roses (“Sweet Child of Mine”); Heart (“Barracuda”); Isaac Hayes (“Hold On”, “I’m Coming”, original de Sam & Dave); Jess Glynne (“Hold My Hand”, en un comercial de la

Casa Blanca donde se leía: “Cuando ICE te reserva un vuelo de ida a la deportación con Jet2, ¡nada lo supera!”, y ella escribió en Instagram: “Esta publicación me da asco. Mi música trata sobre el amor, la unidad y la difusión de positividad, nunca sobre la división ni el odio”); Jolly Valence & Brae (el Departamiento de Seguridad Nacional publicó un video de reclutamiento con la canción “Hooligang” en 2025).
El guitarrista de The Smiths, Johnny Marr (“Please Please Please Let Me Get What I Want This Time”); Kenny Loggins (“Danger Zone”, usada de fondo para “bombardear” mierda mediante IA sobre los manifestantes de No Kings); Kesha (Blow, para musicalizar bombardeos de Estados Unidos); Leonard Cohen (“Hallelujah”, y los herederos de Cohen le replicaron con “You Want It Darker”); Linkin Park (“In The End”; su cantante Chester Benington había calificado desde antes a Trump como “una amenaza para Estados Unidos mayor que el terrorismo”); MGMT (“Little Dark Age”, para reclutamiento de DSN). Por su parte, Cameron Makintosh y Alain Boublil, compositores de Les Miserables, denunciaron el reiterado uso de “¿Oyes cantar al pueblo?”
Nickelback (“Photograph”, cuyas ventas aumentaron 500 por ciento en los días posteriores a su eliminación de los actos del republicano); Nico Vega (“Beast”, para el video Fight For Trump en Twitter); Nick Kenshaw (“The One and Only”); O’Jays (“Love Train”, de la que Walter Williams declaró: ““Nuestra música, y sobre todo “Love Train”, trata de unir a la gente, no de construir muros. No me
agrada que se me asocie con el Sr. Trump”); Olivia Rodrigo (“Deja Vu” y “All-American Bitch”, usada en Instagram para musicalizar redadas de ICE); Ozzy Osbourne (“Crazy Train”); Panic At The Disco! (“High Hopes”); Pharrell Williams (“Happy”); Phil Collins (“In The Air Tonight”); Prince (“Purple Rain”, de manera reincidente a pesar de la oposición de los herederos); Queen (“We Are the Champions”); Radiohead (“Let Down”, y el grupo replicó: “Exigimos que los aficionados que controlan la cuenta de redes sociales de ICE la eliminen. No es gracioso, esta canción significa mucho para nosotros y para otras personas, y no pueden apropiársela. Además, váyanse a la mierda.”)
Trump le robó a REM “It’s The End Of The World (And I Feel Fine)”, a lo que Michael Stipe reaccionó: “No utilicen nuestra música ni mi voz para su estúpida farsa de campaña.” Luego les hurtaron “Everybody Hurts” y “Losing My Religion”. Y más: Rolling Stones (“You Can’t Always Get What You Want”); Rihanna (“Don’t Stop The Music”); Rufus Wainwright (su versión de “Hallelujah” para un mitin resultó, para el músico defensor de los derechos LGTB+, “la máxima blasfemia”); Sabrina Carpenter (“Juno”, una canción con referencia a posiciones sexuales, empleada en un video de ICE donde sus agentes arrestan migrantes; ella declaró que tal video era “malvado y repugnante. “No me involucren jamás ni a mí ni a mi música para beneficiar su agenda inhumana.”)
Semisonic (“Closing Time”, para musicalizar las tropelías de ICE, y dijeron: “no autorizamos ni aprobamos el uso de nuestra canción por parte de la Casa Blanca de ninguna manera. La canción trata sobre la alegría, las posibilidades y la esperanza, y no han entendido nada.”) Sinéad O’Connor (su versión de “Nothing compares 2 U, de Prince, y para sus herederos no es “exagerado decir que Sinéad se habría sentido disgustada, dolida e insultada al ver su obra tergiversada de esta manera”); Spinal Tap (“Sex Farm”); SZA (“Big Boys”, para promover las deportaciones); Tom Petty (“I Won’t Back Down”); Twisted Sister (“We’re Gonna Take It”, “una canción sobre la rebelión, y no hay nada más rebelde que ir contra lo que Donald Trump está haciendo ahora mismo”).
Village People se empantanó patéticamente luego de haber protestado por el uso de “Macho Man”


y “YMCA”, pues en 2024 su representante Karen Willis se retractó en estos términos: “demandar a Trump sería estúpido y simplemente odioso”, y añadió: “El uso que Trump hace de ‘YMCA’ ha beneficiado enormemente a la canción. Por ejemplo, cuando Trump la empezó a usar, la canción volvió a subir al puesto número 2 en la lista digital de Billboard.” El grupo decidió participar en la segunda toma de posesión de Trump con argumentos ridículos, como que “la música debe interpretarse sin tener en cuenta la política”, y confiaron en que “YMCA” ayudará “a unir al país después de una campaña tumultuosa y dividida en la que nuestro candidato preferido perdió”. Pero cuando, mediante IA, Trump publicó un video falso sobre su obsesión personal, Barack Obama siendo arrestado, el grupo sí se molestó.
El frances Yoann Lemoine, conocido como Woodkid, protestó por el uso de “Run Boy Run”, “un himno LGBT+”. The White Stripes deploraron el uso de “Seven Nation Army” en 2016. Al reincidir Trump en 2024, Jack White dijo en Instagram: “Ni se les ocurra usar mi música, fascistas. Mis abogados los demandarán por esto (para agregarlos a sus otras cinco mil demandas).” Al final se desistió.
Otros opositores haciendo ruido son Phillip Glass, Greenday, Jay Z, Annie de Franco, Steven Brown, Tom Morello, Roger Waters, John Bon Jovi, Madonna, Bono (“Donald Trump es potencialmente la peor idea que jamás le ha pasado. Estados Unidos es una idea basada en justicia e igualdad para todos. Creo que él trata de secuestrar esa idea. La gente no debería dejar que convierta su país en un casino”).
Especial mención ameritan Neil Young y Bruce Springsteen, opositores directos del actual gobierno estadunidense. Young lo ha sido durante décadas, desde la Guerra de Vietnam, la represión en Ohio en 1968, el genocidio de los nativos americanos, las guerras de los Bush, y ahora las de Trump, que le intentó expropiar “Rocking in the Free World”. Al demócrata Springsteen y su poética proletaria, le hurtó “Born In the USA”, lo
cual desató la animosidad del Jefe, en declarada rebelión que lo llevó a componer una canción por la brutal represión de ICE en Minnessotta: “Streets of Minneapolis”. Y como de costumbre, tiene a su lado al eterno militante y guitarrista fenomenal Little Steven, con la renacida E Street Band. No sobra mencionar que las estrellas latinas con gran audiencia en Estados Unidos se han manifestado sistemáticamente contra Trump: Shakira, Maná, Caifanes, Bad Bunny, La Barranca, Alex Lora, Los Amantes de Lola, Belanova, Los Ángeles Azules, Inspector, María Daniela y su Sonido Lasser, Ximena Sariñana y casi que quien ustedes quieran. Varios de los músicos mencionados se sumaron al videoclip Ya estuvo, exhibiendo el acoso y la violencia sistemática contra los latinoamericanos en Estados Unidos desde que llegó Trump.
AL MENOS ESTA guerra no la está ganando ni podrá ganarla. Para empezar, la nómina de los músicos que favorecen al magnate es raquítica y ridícula. Cartucho quemados y malos músicos como Kid Rock, Ted Nugent y Gene Simmons (Kiss) se sumaron a los decrépitos Pat Boone y Loretta Lynn, y a los raperos vivales Kenye West, Nicky Jam, Anuel AA, Nicky Minaj, Shewff G y Sleepy. Del country no tiene caso ni hacer la lista; los rednecks son su mera salsa, como Lee Greenwood. El frente proTrump está condenado a la irrelevancia. Es increíble la facilidad que tiene el nuevo Rey Midas para convertir en oro la vida de sus víctimas, y el oro en mierda. Dicho de otro modo, jode lo que toca. Lo hace con el deporte, sometiendo a estrellas de basquetbol, beisbol, futbol americano, hockey y atletismo, los usa de patiños o embajadores para los eventos del Mundial de la FIFA 2026, la oportunidad dorada para coronarse como el rey de la especulación y el espectáculo de su ego. Pero ante el rock topó con pared y simplemente no pasa. Saludemos pues al rocanrol que, como el Cid Campeador, después de muerto sigue ganando batallas ●
ES OPINIÓN GENERAL QUE JACK LONDON (1876-1916) ES UNA DE LAS FIGURAS MÁS IMPORTANTES DE LA NARRATIVA ESTADUNIDENSE Y UNIVERSAL. A 150 AÑOS DE SU NACIMIENTO, 110 DE SU MUERTE, OCURRIDA A LOS CUARENTA AÑOS DE EDAD, ESTE ARTÍCULO RECUERDA LA OBRA Y LA PERSONALIDAD DEL AUTOR DE EL MEXICANO, ENTRE OTRAS MUCHAS, Y AFIRMA: “LONDON NO ESCRIBIÓ DESDE LA FRUSTRACIÓN MELODRAMÁTICA, SINO DESDE PERSONAJES CONSCIENTES DE QUE LA CREENCIA DE LA FELICIDAD O EL ÉXITO ARTIFICIAL SON QUIMERAS INVENTADAS PARA CONSOLAR A LOS INCAUTOS.”

ILA FOTOGRAFÍA DE un Jack London jovencito, al lado de su perro, los dos mirando con firmeza, pero a la vez con quietud a la cámara, dice mucho de este escritor: la postura de su cuerpo delata seguridad, sus pequeños puños ya muestran una sutil rudeza, su rostro pinta inteligencia, su mirada perfila la intensidad de carácter de quien sería uno de los principales narradores estadunidenses de todos los tiempos.
La vida de Jack London fue agitada de principio a fin. De niño laboró en diferentes oficios (a los ocho años fue peón de granja, vendedor callejero de periódicos a los diez…); sudó en la “bestia de trabajo” por 10 centavos la hora, en jornadas de 12 a 18 horas diarias planchando camisas; viajó por varios países; fue traficante de ostras en la Bahía de San Francisco (ganó el apodo el Príncipe de los piratas de las ostras) y luego policía marítimo; pescador de focas en Japón; paleador de carbón; vagabundo que pasó un mes en la Penitenciaría del Condado de Erie, Nueva York; aventurero en búsqueda de oro por Canadá (donde perdió cuatro dientes frontales por culpa del escorbuto); corresponsal de guerra en Veracruz; se disfrazó de pordiosero para conocer la vida de los que nada tienen en Londres y escribir sobre ella en Gente del abismo. En su ensayo “Lo que la vida significa para mí”, describió la síntesis de su paso como obrero: “Mi entorno era crudo y áspero y hostil. No tenía perspectivas, sino más bien una mirada hacia arriba. Mi lugar en la sociedad estaba en el fondo.” Después sería el escritor mejor pagado de su país.
Murió en 1916, a la edad de cuarenta años (la versión oficial señala uremia como causa, pero también se menciona sobredosis).
Con el historial anterior, London –entre novelas, cuentos, artículos, conferencias– publicó cincuenta y un libros. Hace de su narrativa una fuente de sabiduría. Reflexionó sobre el sufrimiento que existe en el hombre cuando lucha contra la naturaleza o la sociedad, contra otro hombre o contra sí mismo para sobrevivir. Narró la dureza de la vida, donde el individuo vale poco y, por ello, sólo se tiene a sí mismo para afrontar la vida. En su autobiografía, donde dice que en “los congestionados centros industriales de Oriente –donde el individuo no significa nada y ha de valerse de todas sus fuerzas para obtener un empleo”– pinta de un trazo la inequidad social. Los personajes de este autor se enfrentan sólo con sus manos a los problemas que se presentan en su camino. A veces triunfan, muchas veces fracasan. Pero aún con lo complicado de la existencia humana, London no escribió desde la frustración melodramática, sino desde personajes conscientes de que la creencia de la felicidad o el éxito artificial son quimeras inventadas para consolar a los incautos.
Sus textos ofrecen una visión contundente de la lucha permanente de la existencia para no dejarse


vencer tan fácilmente por las adversidades del entorno. En esto hay una sabiduría narrativa que conecta con el lector donde, como dice en La llamada de la selva:
Había que dominar o ser dominado, y mostrar compasión era una debilidad. La compasión no existía en la vida primordial, pues se la confundía con el miedo, y tal tipo de confusiones llevaban a la muerte. Matar o morir, comer o ser comido: tal era la ley. Y él [se refiere al perro Buck] obedecía este mandato, proveniente de las profundidades del Tiempo.
IILONDON NARRÓ desde la esquina del perdedor. Desde el personaje que sabe que todos y todo no están con él necesariamente pero, aun así, se aferra porque una rabia interna le impide derrumbarse y lo obliga a seguir, aunque en el fondo conoce que el descalabro es su destino. En “Un bistec”, muestra el rostro amargo de la derrota, de la impotencia, cuando el personaje, el viejo pugilista King, después de hacer todo lo
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Jack London
NADIE CONOCÍA SU HISTORIA... y los de la Junta los que menos de todos. Era su “colaborador misterioso”, su “gran patriota”, y a su manera trabajaba para la inmediata Revolución Mexicana con tanto ahínco como ellos. Tardaron en reconocerlo, pues a ninguno de los de la Junta les gustaba. El día en que apareció por primera vez en sus reducidas y atareadas oficinas, todos sospecharon que era un espía: uno de los agentes del servicio de Díaz. Tenían a demasiados camaradas en prisiones civiles y militares dispersas por los Estados Unidos, y a algunos de ellos, incluso los llevaban encadenados al otro lado de la frontera, los ponían delante de una pared de adobe y los fusilaban.
A primera vista el chico no les impresionó favorablemente. Un chico, eso era. No tenía más de dieciocho años y no estaba especialmente desarrollado para su edad. Dijo que se llamaba Felipe Rivera y que su deseo era trabajar para la revolución. Y eso fue todo... ni una palabra más, ninguna explicación adicional. Se quedó esperando de pie. A sus labios no asomaba ninguna sonrisa; ninguna cordialidad en sus ojos. El corpulento y decidido Paulino Vera sintió un
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VIENE DE LA PÁGINA 9/ RETRATOS DEL ABISMO...
posible por vencer, cae noqueado por la juventud de su oponente. Al final, King llora y comprende a aquel viejo boxeador a quien venció por knockout hace muchos años y también lo vio llorar solo en el vestidor.
London conoció bien el box –miró peleas en tabernas, apostó en combates clandestinos en salones y la vida misma así lo curtió–; describió con milimétrica exactitud lo que pasa en la pelea hombre a hombre, tanto arriba como abajo del ring. La tensión antes de pelear, el miedo contenido, el sonido de los golpes, el sudor de los cuerpos, los tipos de golpes y castigos, las mañas comunes, las virtudes técnicas, el tormento de los derechazos y cruzados al rostro o al hígado, el dolor de la derrota… son elementos que utilizó para generar tensión dramática. Quizá para London el ring fue como la vida.
Jamás repitió la misma fórmula narrativa. Cambió la perspectiva, el enfoque de la trama. En “Un bistec”, El mexicano y “El combate”, el foco narrativo radica en la tragedia implícita albergada en el box y cómo los personajes la afrontan, pero no desde el pugilato, sino desde lo que pasa antes, durante y después, así como los motivos y las consecuencias por ponerse los guantes.
Sus personajes tienen una profundidad psicológica que se muestra en los conflictos dramáticos que exploró en sus relatos. El hombre de “Encender una hoguera”, por ejemplo, se enfrenta contra la naturaleza –¿o contra su propia estupidez por ser imprudente ante el frío polar que lo llevó a la
La vida de Jack London fue agitada de principio a fin. De niño laboró en diferentes oficios (a los ocho años fue peón de granja, vendedor callejero de periódicos a los diez…); sudó en la “bestia de trabajo” por 10 centavos la hora, en jornadas de 12 a 18 horas diarias planchando camisas; viajó por varios países; fue traficante de ostras en la Bahía de San Francisco…
muerte por congelamiento?–: “El frío del espacio azotaba el polo desprotegido del planeta, y él, que estaba en aquel polo, recibía toda la fuerza del impacto.” Lloyd Inwood y Paul Tichorne (que recuerdan al William Wilson de Edgar A. Poe) luchan a muerte en “Luz y sombra”, cuento de ciencia ficción, pues se odian porque son igual de repugnantes: “De nuevo oí la embestida de



los cuerpos, el sonar de golpes, el jadear de sus respiraciones anhelantes, unido todo a la presencia de rápidos destellos de luz y de vertiginosos movimientos de la sombra, que demostraban lo enconado de la pelea.”
Las descripciones en la crónica Gente del abismo muestran a hombres y mujeres sumidos en un sistema social:
VIENE DE LA PÁGINA 9/ EL MEXICANO (FRAGMENTO)
escalofrío en su interior. Delante tenía algo repulsivo, terrible, inescrutable. Había algo ponzoñoso y como de serpiente en los ojos negros del chico. Ardían como un fuego frío, como con una infinita y reconcentrada amargura. Pasaron igual que un relámpago de los rostros de los conspiradores a la máquina de escribir en la que se afanaba la diminuta señora Sethby. Sus ojos descansaron en los de ella, pero sólo un instante ‒la señora Sethby se había aventurado a levantar la vista‒, y también ella notó ese algo innombrable que la hizo detenerse. Tuvo que volver a leer el papel que tenía delante con objeto de coger nuevamente el hilo de la carta que estaba escribiendo.
Paulino Vera miró interrogante a Arrellano y a Ramos, y éstos se miraron a su vez interrogantes entre sí. La indecisión de la duda asomó a sus ojos. Aquel chico delgado era lo Desconocido, investido de todo el peligro que representa lo Desconocido. Era un tipo muy extraño, con algo que estaba situado más allá del alcance de aquellos revolucionarios honestos y sencillos cuyo feroz odio hacia Díaz y su tiranía, después de todo, no era más que la de unos honrados y sencillos patriotas. Pero el chico poseía algo más, y ellos no sabían qué. Sin embargo, Vera, siempre el más impulsivo, rompió el fuego.
‒Muy bien ‒dijo con frialdad‒. Conque dices que quieres trabajar para la revolución. Bien. Quítate la chaqueta. Puedes colgarla ahí. Ven, yo te enseñaré dónde están los cubos y las bayetas. El suelo está sucio. Te pondrás a fregarlo, y luego fregarás el suelo de las demás habitaciones. Las escupideras necesitan una buena limpieza. Luego están las ventanas.
Las calles estaban pobladas por una raza diferente, nueva para mí, de baja estatura y aspecto vil y alcoholizado. Durante varias millas no vimos otra cosa que ladrillos y mugre, y en cada cruce no había otro panorama que ladrillos y miseria. Aquí y allá se tambaleaba un hombre o una mujer en plena borrachera, y el aire resultaba obsceno por el sonido de las peleas y disputas. En el mercado, viejos y viejas temblorosos revolvían los desperdicios arrojados al fango buscando patatas, alubias y verduras podridas, mientras los chiquillos se apiñaban como moscas alrededor de una masa de fruta corrompida, hundiendo sus brazos en una pasta pútrida para extraer pedazos que devoraban al instante.
London no victimizó al hombre; también mostró la crueldad y la estupidez de éste, reflejadas en la brutalidad de las “caricias del látigo” que utiliza para someter a los animales. Al describir una de las peores caras de la insensatez humana, la crueldad en contra de los animales, otorgó un ejemplo de sabiduría narrativa. En Colmillo Blanco, el indio Castor Gris lo muestra: “Esperaba ya que ocurriera aquello. Enarbolando el garrote con viveza, le paró los pies al perro en mitad de su embestida, lanzándolo de un taconazo contra el suelo. Castor Gris se echó a reír, aprobando lo hecho.”
III
JACK LONDON FUE un escritor con actitud ante la vida (Ambrose Bierce se decía amigo de él), contradictoria por momentos, pues ideas de Marx lo influenciaron (en El talón de hierro hizo una prospección literaria donde Ernest Everhard es líder anticapitalista), pero llegó a tener un rancho propio en California y comprar un velero que


bautizó con el nombre de Snark para dar la vuelta al mundo. Defendía el derecho del proletariado, pero llegó a ganar miles de dólares. Fue un vago al que le gustaba leer en la biblioteca pública de Oakland para autoeducarse (ahí la poeta Ina Coolbrith le enseñó a amar la lectura).
También fue un borracho de largo alcance; señaló en su autobiografía que de puberto com-
praba cerveza en vez de dulces. Escribió una novela que narra su alcoholismo, John Barleycorn, donde afirmó: “Alcancé una condición en la que mi cuerpo nunca estaba libre de alcohol.” Upton Sinclair ironizó: “Que la obra de un bebedor que no tenía intención de dejar de beber se convirtiera en una pieza mayor de propaganda en la campaña por la prohibición es, sin duda, una de las ironías de la historia del alcohol.” Quizá por andar entre polos opuestos, London se hizo todoterreno y, con ello, su actitud ante la vida y la literatura alcanzó sabiduría no sólo para describir la condición –¿o contradicción?–humana, sino para comprenderla con honestidad. Si bien la rudeza destaca en varios de sus relatos, también resalta la visión sensible y compasiva de la existencia. En El vagabundo de las estrellas, el profesor Darrell Standing, recluido por homicidio en San Quintín, castigado con la camisa de fuerza, viaja espiritualmente a sus vidas pasadas. Sin considerar la posibilidad de que London creyera en la reencarnación o fuese seguidor de la metempsicosis, en esa novela de 1915 planteó con total responsabilidad la importancia de mirar hacia adentro de uno mismo y reflexionar sobre el sentido de la vida:
Debo acabar aquí. Déjeme que lo diga una vez más. La muerte no existe. La vida es espíritu, y el espíritu no puede morir. El cuerpo muere y se transforma, se disuelve en un fermento químico que se funde para cristalizarse en una nueva forma, que también acabará por diluirse. Solamente el espíritu perdura, y vive siempre en un eterno ascenso hacia la luz. ¿Qué seré yo cuando vuelva a vivir? Quién sabe. Quién sabe ●
‒¿Y eso será por la revolución? ‒preguntó el chico.
‒Será por la revolución ‒respondió Vera. Rivera miró con fría desconfianza a todos los presentes, luego procedió a quitarse la chaqueta.
‒Está bien ‒dijo.
Y nada más. Día tras día acudía al trabajo: barrer, fregar, limpiar. Vaciaba de ceniza las estufas, traía el carbón y las astillas, y encendía el fuego antes de que el más activo de ellos llegara a su despacho.
‒¿Puedo quedarme a dormir aquí? ‒preguntó en una ocasión.
¡Vaya! Conque era eso: ¡Díaz enseñando la oreja! Dormir en las dependencias de la Junta suponía el acceso a sus secretos, a las listas de nombres, a las direcciones de los camaradas que estaban en suelo mexicano. La petición fue denegada y Rivera no volvió a hablar del asunto. Dormía, pero ellos no sabían dónde, y comía, pero tampoco sabían dónde ni cómo. En una ocasión Arrellano le ofreció un par de dólares. Rivera rechazó el dinero con un movimiento de cabeza. Cuando Vera se le acercó y trató de que lo cogiera dijo:
‒Trabajo por la revolución.
Cuesta dinero hacer una revolución moderna, y la Junta siempre se encontraba en apuros. Sus miembros pasaban hambre y estaban agotados, y por largo que fuera el día nunca era lo bastante largo y, sin embargo, había veces en que parecía como si la revolución se retrasara o fuera a fracasar por cuestión de unos pocos dólares. Una vez, la primera, cuando debían dos meses de alquiler de la casa y el casero amenazaba con echarlos, fue Felipe Rivera, el que fregaba con sus ropas

pobres y baratas, destrozadas y andrajosas, quien puso sesenta dólares de oro encima de la mesa de May Sethby. Hubo más veces. Trescientas cartas escritas con las máquinas de escribir siempre en funcionamiento (peticiones de ayuda, de autorización de los grupos de trabajo organizados, exigencias de noticias exactas a los directores de los periódicos, protestas contra el despótico tratamiento dado a los revolucionarios por parte de los tribunales norteamericanos), estaban sin echar, esperando el franqueo. El reloj de Vera ya había desaparecido: el reloj de repetición tan pasado de moda que había pertenecido a su padre. Y lo mismo había sucedido con el anillo de oro macizo del dedo corazón de May Sethby. La situación era desesperada. Ramos y Arrellano se tiraban de sus largos bigotes con desesperación. Tenían que echar las cartas, y en Correos no vendían los sellos a crédito. Entonces Rivera se puso el sombrero y salió. Cuando volvió dejó mil sellos de dos centavos encima de la mesa de May Sethby.
‒¿Se tratará del maldito dinero de Díaz? ‒dijo Vera a sus camaradas.
Se encogieron de hombros sin poder decidir. Y Felipe Rivera, el que fregaba por la revolución, siguió, siempre que se presentaba la ocasión, trayendo oro y plata para uso de la Junta. Y con todo no terminaba de gustarles. No sabían cómo era. Sus costumbres no eran como las de ellos. No hacía confidencias. Rehusaba cualquier tipo de acercamiento. La juventud, de eso se trataba, y no tenían el valor de hacerle preguntas directamente.
‒Un espíritu noble y solitario, tal vez, pero no sé, no sé ‒decía Arrellano con voz queda ●
Anécdotas/
Beatriz Gutiérrez Müller
ES VERDAD QUE el que busca encuentra, aunque no necesariamente aquello que cortejaba. En un archivo muy importante del mundo tuve a bien solicitar para consulta –porque el índice registraba como palabra correlacionada la flor de la “jamaica”– un volumen que, además de no tener nada que ver con la hibiscus sabdariffa, ni siquiera un dibujo, me llenó de asombros. Era de un grosor considerable, escrito a mano; calculo que data del siglo XVII, pero en chino. Recuerdo que era un diccionario. No entendía nada de nada, pero bien me daba cuenta de los sinogramas, esto es, de los caracteres que en ese idioma representan palabras, no letras, como en las lenguas occidentales.
¿Y qué hizo usted? Me preguntará, doña Clofis… En los primeros momentos, admirar… Estaba elaborado con papel arroz; la caligrafía a mano, con tinta china, era extraordinaria; perfecta. Pasaba las páginas y no hallaba ni una “c” o una “j” (de jamaica, por ejemplo). Lo tuve un buen rato entre las manos, sorprendida, y si bien nada tenía que ver con mi pesquisa, a cambio, me consideraba una de las afortunadas en hojear esa obra de arte con guantes de látex y cubrebocas, que son obligatorios en estos sitios. Luego, decidí hacer un amable reclamo a la bibliotecaria en la lid de que los mejores repositorios del mundo se jactan de tener una clasificación perfecta, de peritos. Ella optó por notificar a un par de archivistas versados en chino y la mesa donde colocamos el volumen se convirtió, en poco, en un laboratorio. Ya se hablaban ahí varias lenguas (chino, italiano, inglés, español), todos tocaban el manuscrito con el debido respeto, y buscaban a la “jamaica”… El momento era fantástico porque, sin querer, a consecuencia de reprochar una “mala clasificación”, se apersonó un cuarto erudito de mayor jerarquía archivística a intentar descifrar el enigma… No recuerdo cuánto tiempo estuvimos sin quitar el ojo del volumen, haciendo comentarios multilingües. Alguien sacó una lupa, otro fue al catálogo que había en una computadora y sí, la codificación correspondía a los folios tales y cuales del índice “UrbLat”. La luz se hizo, como
en los experimentos, cuando alguien se fijó en un sobre pequeño, adherido a la segunda de forros.
Poetas del Congreso.
Una patria para Sabines, Gustavo Osorio de Ita (selección, prólogo y comentarios), Legislatura LXVI de la Cámara de Diputados, México, 2026.

¿Se imagina qué contenía el diminuto papel dentro del sobre? ¡Nada menos que una receta médica, en italiano, preservada en un diccionario del idioma chino de la época barroca! Por supuesto la voy a compartir. Es para los achaques. La hoja dentro del sobre, que no cuenta con fecha ni registro autoral, nos informa que en Nueva España esa flor es conocida como “jacamacha”. A la letra tenemos que es “una resina extraída, cortando un árbol grande como álamo, que es muy oloroso; su fruto es rojo como semilla de peonia. De esta resina o goma usan mucho los indios en sus enfermedades, y especialmente en las inflamaciones generadas en cualquier parte del cuerpo”. Como remedio se aplica a la manera de “cataplasma y quita toda suerte de dolor causado por humor frío o ventoso”. En el ombligo de una mujer, los resultados son sorprendentes: la compresa “deja la matriz en su lugar, y es tanto su uso en las mujeres, que la mayor parte se consume para este efecto, prohibiendo y eliminando todo tipo de ahogamientos y dolores de madre y reconfortando el estómago”.
Si le duele la cabeza, la cadera o el nervio ciático, doña Clofis, en aquella hojita le recomiendan repetir la operación: hierva la jamaica, escurra el agua, manufacture las compresas envueltas en un paño y “su efecto milagroso hace lo mismo en los dolores de articulaciones en cual sea la parte del cuerpo, mayormente si son causados por humores fríos o mixtos. En heridas de articulaciones o de nervios puesta sola esta resina las sana porque se ha generado mucha experiencia sobre ella y prohibiendo el espasmo”.
¡Salud y buena vida, amiga querida! P.D. Un amigo que es cuasi botánico me hizo la observación de que la planta de la jamaica en nada se parece a un árbol del tamaño de un álamo con frutos rojos como semilla de peonia y que crezca en México. Le prometí averiguar, para eso estamos ●

AUNQUE EL VOLUMEN tiene como lastre las palabras iniciales del Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara, innecesarias por vacuas y grandilocuentes, vale bastante la pena: con motivo (o pretexto) del centenario de Jaime Sabines, a Osorio de Ita le fue encargada la selección y anotación de poetas que también ejercieron alguna función política, como es el caso del propio autor de Tarumba. Es el siglo XIX y los albores del XX los literariamente consignados aquí, en una antología necesariamente breve: comienza por Andrés Quintana Roo, pasa por Leona Vicario, José María Heredia, Fernando Calderón y Beltrán, el enorme Guillermo Prieto, el no menos grande Ignacio Ramírez el Nigromante, José María Esteva, Vicente Riva Palacio, otro gigante llamado Ignacio Manuel Altamitrano, Manuel M. Flores, y cierra con Juan de Dios Peza y Manuel José Othón ●



HAY ARTISTAS CUYA producción está íntimamente ligada al contexto en el que se desarrollaron, a la intimidad de su entorno familiar. Es el caso de Karima Muyaes (CDMX, 1960), una creadora cuya obra amalgama las vivencias, experiencias y saberes que desde niña aprehendió al lado de sus padres, el antropólogo y coleccionista de origen chileno-libanés Jaled Muyaes y la maestra y promotora cultural Estela Ogazón. El imaginario de la artista proviene del contacto directo con los miles de objetos de arte popular y colonial, la colección de cerca de 4 mil máscaras “bailadas” de todos los grupos originarios de nuestro país, un importante acervo de gráfica de José Guadalupe Posada y todo un bagaje de antigüedades que fueron invadiendo hasta la cocina de su gran casona en Azcapotzalco, que era un museo vivo donde tenían lugar entrañables tertulias con artistas, escritores, intelectuales, antropólogos y la inmensa comunidad de amigos que la familia expandida de los Muyaes. Fernando Gálvez Aguinaga, director del Centro Vlady de la Universidad Autónoma de Ciudad de México (UACM, Goya #63) desarrolla un concepto curatorial muy original y evocador en la exposición Karima Muyaes. Una biografía objetual, en la que presenta el trabajo de esta artista en diálogo con muchas de las obras plásticas, objetos y mobiliario de su casa familiar, referentes a lo largo de toda su creación. Así lo explica el curador: “Las tres salas de esta exposición constituyen una biografía de Karima narrada en forma poética en sus cuadros, pero siempre enlazada a los miles de objetos que la han rodeado y que se reparten antológicamente por la exposición.”
La primera sala es un pequeño homenaje al Bazaar Sábado, espacio emblemático que surge en 1960 como centro de exposición y venta de objetos
de diseño artesanal en el que participaron numerosos artistas mexicanos y extranjeros, cuya labor, a decir de la investigadora Ana Elena Mallet, propició “un laboratorio para la neoartesanía en México”. Los Muyaes fueron miembros fundadores y tuvieron un local donde exhibían arte popular y colonial, y obras de la autoría de Jaled, como sus conocidas cruces de madera y hormas de zapatos cubiertas de exvotos. Karima y su hermana Kena conservaron el local y siguieron con la tradición, creando joyería inspirada en el arte popular. En esta sala, las pinturas y collages de Karima conviven con las obras de reconocidos artistas que participaron también en la etapa inicial del Bazaar: los ceramistas Hugo Velázquez y Jorge Wilmot, Manuel Felguérez con sus figurillas escultóricas, el pintor Vicente Gandía, que también hacía joyería, el orfebre Pál Kepenyes, Ignacio Romero con su pintura de estilo naif y las figuras de papier maché de su esposa Eleanore, entre otros.
La segunda sala recrea la atmósfera de un rincón de la casa Muyaes, con su mobiliario original y piezas decorativas. Aquí vemos pinturas de Karima de diferentes épocas y temáticas en diálogo con algunos de los artistas que han sido fuente de inspiración a lo largo de su trayectoria, como Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Pablo Picasso e inclusive Max Ernst. El imaginario de Karima también se ha enriquecido con la fuerza estética de sus propias colecciones de máscaras africanas y piezas asiáticas. La tercera sala recrea la ambientación de su estudio donde el visitante entra en contacto con una parte más íntima de su proceso creativo a partir de sus carpetas de grabados y dibujos, en los que se aprecia la maestría y fluidez de una línea exquisita que es el principio fundacional de toda su creación. Sin tratarse de una exposición antológica, Gálvez de Aguinaga presenta un amplio panorama de la obra plástica de Karima Muyaes que es expresión de ritual y celebración, erotismo y algarabía: ecos de tierra, aire, agua y fuego. El pasado y el presente confluyen en su obra y entretejen historias en las que vibra la energía de los ancestros y la fuerza telúrica de su devenir ●


▲ Vistas de la exposición Karima Muyaes. Una biografía objetual

La Comuna de París les enseñó a los bolcheviques a triunfar. Andy Willimott
3. Más pedagogía, menos vanguardia
EN ENERO DE 1871, con Francia derrotada y el grueso de su ejército hecho prisionero, el régimen vencido acata las exigencias de Prusia y se refugia en Versalles, dejando París a merced de un invasor que ya no tiene obstáculos ‒ni militares ni administrativos‒ para tomar la capital francesa; sin embargo, se conforma con sitiarla; en parte por complicidad con el régimen que se ha rendido, pero sobre todo porque la entidad gubernamental más cercana a la gente común, la comuna, rechaza la rendición y resiste con sus propios cañones.
Entre quienes defienden la ciudad ‒y la patria‒, tanto del extraño enemigo prusiano como del gobierno que ha capitulado, está la oficial del batallón 61 de infantería de Montmartre, Louise Michel, una de las mujeres que, en el amanecer del 18 de marzo de 1871, da la voz de alarma cuando un pelotón de Versalles intenta llevarse los cañones apostados en el distrito montmartrense.
Desobedeciendo órdenes, los soldados rehúsan disparar a la ciudadanía insurrecta y se pasan al lado de las barricadas del pueblo, en donde campean la pluralidad y el internacionalismo (hay húngaros, rusas, polacos, italianas, españoles…).
Los representantes de la comuna asumen el poder. Pero, pese al clamor generalizado, se niegan a marchar contra el entonces casi inerme régimen de Versalles. Antes bien, para formalizar su autoridad, organizan las elecciones más democráticas de toda la historia europea, con campañas proselitistas ejemplares.
El 28 de marzo, con plena legitimidad, se instaura La Comuna de París. Entre otras medidas ‒que siguen siendo modelo de política social‒ reduce la jornada de trabajo, impide la usura y el rentismo, separa a la Iglesia del Estado, obliga la educación laica y gratuita, sustituye al ejército con milicias ciudadanas, deroga la burocracia mediante revocación sumaria y pagando exactamente el mismo salario a gobernantes y a trabajadores...
El cerco extranjero a París es pasivo. El hostigamiento apátrida, en cambio, es violento de principio a fin, y socava la resistencia popular con bombardeos indiscriminados y continuos desde los suburbios. Así, conforme Prusia libera rehenes castrenses, Versalles acumula poderío armado (y financiero, con las reservas y los activos resguardados en la sede del Banco de Francia, un tesoro millonario que los comuneros ni siquiera pensaron tocar).
El 28 de mayo de 1871, a las cuatro de la tarde, luego de setenta y dos días de “dictadura proletaria”, un comunero dispara su último cartucho antes de ser acribillado en una calle de Belleville… Aunque la metralla persiste, la última barricada de París ha caído. Empieza la degollina.
‒Hay que detenerlos con fuego ‒grita entonces Louise Michel. Las conflagraciones, más esta confesión exasperada, dan pie a la calumnia de que las comuneras incendiaron París con petróleo. “No hubo petroleras ‒declara más tarde Louise‒, hubo mujeres luchando como leonas. Yo grité: ¡Fuego! ¡Fuego contra esos monstruos!” Aparte, quienes causan los mayores incendios no son las comuneras sino los militares, con bombas incendiarias, y los rentistas y los comerciantes, prendiendo fuego intencional a sus negocios para cobrar indemnizaciones. ◆
Los soviets, consejos obreros de Rusia, aprovechan la enseñanza de La Comuna de París para la primera revolución triunfal de la clase trabajadora, que culminó en Petrogrado en 1917 y comenzó también ahí, en 1905, el mismo año de la muerte de una mujer que siempre ‒hasta su último día‒ fue y será maestra, Louise Michel ●

NOVIEMBRE DE 2023. El joven editor Iván Ballesteros Rojo creyó que soñaba cuando se le concedió la responsabilidad de reestructurar un área de la Universidad de Sonora que, en términos burocráticos, respondía al nombre Producción y Desarrollo Editorial, y llevaba décadas funcionando, por así decir, de manera perezosa. Iván se refiere así a las dificultades para operar con total legalidad: “Encontré un sistema de coediciones poco claro. No había transparencia en qué consistían los acuerdos, ni cuál era su impacto real en distribución o alcance. En muchos casos, estas coediciones se reducían a procesos de maquila editorial con costos elevados y resultados limitados, como tirajes mínimos o formatos digitales con escasa circulación.”
Considerando que Iván asumió el cargo a finales de 2023, lo logrado al momento, además de creatividad y amor por su oficio, refleja una entrega total a la hoy conocida como Fondo Editorial de la Universidad de Sonora, misma que no tardó en convertirse en una alternativa para los autores locales. No conforme con ello, sin embargo, Ballesteros mostró visión y ambición para publicar a autores nacionales e internacionales, y creó premios a nivel nacional para géneros poco atendidos en nuestro país, como la ciencia ficción y el terror. El premio consistía en un estímulo de 40 mil, que es poco comparado con los 250 mil con los que está dotado el Concurso del Libro Sonorense, pero lo compensaba con creces a través de ediciones cuidadas y preciosas, de una colección creada ex profeso para los ganadores llamada Cuadernos Alternos que, en estos casos, fueron Federico Vite y Víctor Parra Avellaneda. Existía ya una colección de textos académicos abandonada y de nulo impacto para la comunidad universitaria, así que Ballesteros lanzó un libro que engancha desde el título, Damas del aquelarre, antología que rescata a la argentina Juana María Gorriti, precursora de la narrativa fantástica en Latinoamérica, a cargo de Daniel Avechuco, destacado
narrador sonorense, e ilustrado por Melissa Campa, si bien gran parte de estos libros tienen el toque de la maravillosa artista visual Venecia López. Siete son las colecciones desarrolladas en breve tiempo. Una de ellas, Microgramas, reúne a autores de gran trayectoria internacional y nacional, como Enrique Vila Matas, Mario Bellatin, Franco Félix y el argentino Rodolfo Fogwill. Se publicaron asimismo obras clásicas (Colección Atemporales) como Bartleby de Herman Melville y El capote de Nicolai Gogol. Un título surgido de este Fondo, Detectives de objetos, de la dramaturga y ensayista Shaday Larios, obtuvo el Premio Caniem 2025. Otro aspecto a destacar es que Ballesteros involucraba en los procesos de edición a estudiantes de diversas carreras, particularmente de Letras y de Artes, con el fin de que pusieran en práctica sus conocimientos.
Pese a todos estos logros, que para cualquier otra universidad del mundo representarían algo digno de presumir, Ballesteros fue despedido de su cargo mediante una circular muy mal redactada (“estaba trabajando en la computadora cuando llegó”), sin mediar explicación. Se encontraba en imprenta una nueva obra de Elma Correa (ganadora del Premio Biblioteca Breve 2026), Alfonso López Carrillo e Imanol Caneyada, y se habían cerrado acuerdos de coedición con el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Copenhague. Este espacio no alcanza para exponer en su totalidad los logros de este editor que elevó por las nubes la reputación editorial de la universidad de la que es egresado, y la cual corresponde con este golpe bajo que ha movilizado no sólo a los más directamente afectados, sino a intelectuales y creativos mexicanos. Al momento de redactar esta columna, la Rectoría sostiene ese discurso de una ilusoria necesidad de reestructurar lo que funcionaba más óptimamente que nunca. Toda esta maravillosa producción podría ser refundida en un húmedo almacén por un oscuro capricho. Y no sería la primera vez ●



Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.
UNA EMOCIÓN CRECE en el presente global: la rabia. No es nueva pero sí distinta. Además de dirigirse hacia gobiernos y sistemas abstractos, se eleva ante individuos concretos, identificables en escalas de riqueza. La figura del multimillonario ‒antes celebrada como síntesis de talento‒ encarna hoy una falla moral insoslayable. El problema no es la acumulación de bienes sino la desconexión con la realidad cotidiana. A medida que la desigualdad se amplifica (Oxfam y World Inequality Lab estiman que uno por ciento de la población concentra cerca de la mitad de la riqueza global), crece la conciencia de que quienes concentran capital invierten donde hay rendimiento, no donde hay consecuencias. Hablamos, lectora, lector, de una economía sin empatía. En tal contexto el caso de Daniel Ek, fundador de Spotify, es paradigmático. Su plataforma transformó el acceso a la música, pero también instauró un modelo cuestionable que distribuye alrededor del setenta por ciento de los ingresos a titulares de derechos. Eso, ya se sabe, no se traduce en ingresos para la mayoría de los músicos. El descontento aumentó cuando Ek, a través de su propia firma Prima Materia, hizo una inversión de 600 millones de euros en Helsing, empresa alemana de inteligencia artificial para uso militar (ya abordamos el asunto). De inmediato, artistas como Massive Attack retiraron su catálogo. No querían que su música estuviera conectada con tecnologías bélicas. El circuito entre cultura y guerra se había vuelto visible. Insoportable. Y hay más casos.
Jeff Bezos, fundador de Amazon, mantiene contratos multimillonarios con el Pentágono, consolidando la infraestructura de defensa estadunidense. Elon Musk “conecta” al mundo con sistemas satelitales clave en guerras contemporáneas, mediante Starlink. En ambos casos, la innovación se entrelaza con estructuras de poder militar o de vigilancia (porque el capital no sigue a la ética).
En América Latina la fractura adquiere matices de desigualdad propios. Empresarios como Carlos Slim ‒cuyo imperio se consolidó en sectores estratégicos como las telecomunicaciones‒ o figuras como Marcos Galperin, al frente de Mercado Libre, encarnan la promesa de modernización lo mismo que la persistencia de asimetrías: concentración de mercado y condiciones laborales precarias, más una fiscalidad cuestionable. Nada nuevo.
En el siglo XVIII, la obscena riqueza de una élite fue el combustible para la Revolución Francesa. Un siglo después, las críticas de Marx apuntaban a la misma separación entre quienes producen valor y quienes lo capturan. La diferencia hoy, empero, es la velocidad, el flujo instantáneo, su rastro público. ¿Ejemplo puntual? Spotify reportó más de 11 mil millones de dólares en regalías durante 2025. La cifra impresiona, pero su distribución sigue siendo desigual, difícil de ignorar. Una plataforma que capitaliza la creatividad mientras su fundador apuesta por tecnologías de combate avanzadas, no es una herramienta de negocio, es declaración de prioridades y principios. Así, la rabia contemporánea surge de la carencia pero igualmente de la incoherencia ética en quienes toman decisiones. No está en la lupa el cuánto ganan, sino el cómo lo usan. Y, sobre todo, qué mundo están ayudando a construir, pues el viejo contrato entre riqueza y admiración se erosionó. Allí están, verbigracia, las mantas en la más reciente marcha estadunidense de No Kings (“Workers over billionaires”). Nada nuevo, repetimos. Cuando el algoritmo que reparte centavos financia drones de millones, el clamor se vuelve moral. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

Cinexcusas/ Luis Tovar

CON SU PRIMER largometraje de ficción, titulado El diablo fuma (y guarda la cabeza de los cerillos quemados en la misma caja), el director, guionista y editor michoacano Ernesto Martínez Bucio (Uruapan, 1983) verificó el consabido tránsito cinematográfico de (casi) todo realizador, al arribar al largo aliento después de una estadía relativamente luenga y, en su caso, bastante afortunada en el cortometraje: su debut fue Benjamín, en 2007, y a lo largo de las casi dos décadas transcurridas desde entonces escribió y dirigió una media decena más de cortos, amén de editar otros cuatro de distintos cineastas y, destacadamente, el estupendo largometraje Blanco de verano (Rodrigo Ruiz Patterson, 2019).
El suyo en largo no fue uno de esos debuts poco menos que devorados por el semianonimato, pues obtuvo reconocimientos en festivales de Polonia, Hong Kong, Francia, Alemania –a la Mejor Ópera Prima de la Berlinale– y México –al Mejor Guión en Morelia–, con todo lo cual, a sus cuarenta y tres años, Martínez Bucio se perfila como un cineasta sólido del que cabe esperar más buenos resultados.
La época y la etapa
Martínez Bucio y Karen Plata son coautores del guión de El diablo fuma…, cuyo título procede de un poema escrito por Plata, ganadora del Premio Elías Nandino de Poesía 2025 por el libro Retratos de familia. Con toda seguridad el poemario influyó en el filme puesto que la trama, de acuerdo con afirmaciones de ambos guionistas, se nutre de sus respectivos recuerdos, especialmente sus miedos infantiles, aquí transformados mediante la ficción. Sea que se apegue más o menos fielmente a la memoria de Martínez Bucio y Plata, la historia que se cuenta y los protagonistas de El diablo… funcionan bien a manera de alegoría tanto de una etapa como de una época: la primera, como ya se apuntó, es la infancia, mientras la segunda es la década de los años noventa mexicanos, período signado de manera infame por una larga lista de miedos, con el ominoso de perderlo todo
a la cabeza. Recuérdese que los noventa en México corresponden al período nefasto del ascenso neoliberal, el “error de diciembre” que tumbó macro y micro economías, desmembró familias a causa de la migración forzada en busca de sustento y lo precarizó todo: la educación, el cuidado de la salud, la seguridad, los servicios y la atención gubernamentales… Ese es el contexto en el que le toca vivir a los hermanos y la abuela protagonistas del filme; ellos pequeños, ella con un padecimiento mental –los padres están ausentes–, se hallan particularmente vulnerables a la posibilidad de sucumbir del todo, como la casa donde viven, auténtica metáfora tanto de su situación particular como de la vivida por la sociedad en su conjunto: en imparable y acelerado deterioro, parchada de improvisaciones, cada vez más inhóspita pero al mismo tiempo más necesaria para no perder lo último que les queda, es decir la solidaridad familiar que, aun con una galopante precariedad económica, los mantiene a flote.
La inminencia del derrumbe
ES POR LO anterior que el arribo de los servicios sociales del Estado a la casa es visto como si de una amenaza se tratara: para los hermanos no significa ninguna salvación sino el desmembramiento de su núcleo, mientras que para la abuela –que se asume cuidadora cuando en realidad es ella a la que cuidan– significa la aparición del mismísimo diablo, a quien asegura ver. De suyo insostenible, la situación de vida de la familia anuncia sin ambages su derrumbe inminente, sólo precipitado por la irrupción gubernamental. La metáfora se completa: en ausencia forzada de los proveedores naturales de la familia, quienes deberían ser los protegidos se convierten en protectores y, llegado el caso, en defensores de su último reducto, y éste apenas es capaz de cumplir su función. Se entiende por qué El diablo fuma… ha ganado tantos premios y por qué se aparta diametralmente del cine mexicano prevaleciente, tan bobo y epitelial ●
Mario Bravo
Entrevista con el cantautor Ismael Serrano
DESDE SU PRIMER DISCO, ATRAPADOS EN AZUL (1997), AL ESPAÑOL ISMAEL SERRANO (MADRID, 1974) LO PERFILARON COMO EL SUCESOR DE JOAN MANUEL SERRAT. HOY, TRAS MÁS DE DIEZ ÁLBUMES MUSICALES CREADOS Y VARIAS DÉCADAS SOBRE LOS ESCENARIOS, EL CANTAUTOR IBÉRICO REFLEXIONA SOBRE LAS CANCIONES URGENTES, LA MEMORIA, ASÍ COMO LA CALMA PARA PENSAR Y DECIDIR EN UN MUNDO COMO EL ACTUAL.
“ESTUVE PELEADO CONMIGO MISMO: QUÉ DEBÍA HACER Y QUÉ NO, DEMOSTRAR QUE SOY BUEN MÚSICO, QUE HAGO BÚSQUEDAS ARMÓNICAS Y COMPLEJAS. LLEGUÉ TARDE A UNA CONCLUSIÓN: LO QUE HAGO ES DIGNO, MERECE SU ESPACIO Y SU RECONOCIMIENTO”, EXPRESA EL MADRILEÑO.
Nosotros
‒¿Dónde zarpó artísticamente y dónde se halla ahora?
‒Con veinte años de edad eres arrogante y posees una estructura mental férrea; por lo menos así era yo: lleno de prejuicios y respuestas muy claras. Aunque eso era un mecanismo de defensa tras incursionar en la industria musical, la cual es sumamente hostil y tendiente a realizar injerencias sobre tu desarrollo artístico: me volví inflexible y me acoracé. Ahora siento que transito un camino al revés. Antes sabía cuáles temas debía escribir; hoy sé que hay canciones urgentes ante el embate de una ola reaccionaria, la cual intenta romper consensos sobre libertades y derechos, pero no tengo tan claro qué se debe hacer. Políticamente, uno se siente huérfano. Necesitamos construir un nosotros y rehacer los anhelos colectivos.
Hiperinformación
‒En sus primeros discos, usted encarnó a un cantautor enarbolando la memoria.
‒Es parte de la educación que recibí: cultivar

▲ Ismael Serrano. Foto: cortesía del Sistema de Teatros de la Ciudad de México.
y ser militante de la memoria, saber de dónde venimos. Mi padre fue periodista, eso también me influyó. Además, mi tradición musical: le llaman canción testimonial porque no sólo se trata de canciones sujetas a la coyuntura o la actualidad, sino temas que sirven de testimonio para recordar lo que fuimos y entender lo que somos. Nos hemos perdido en el camino y, quizás, por eso ahora me hago tantas preguntas. Hoy existe una hiperinformación que nos anestesia. Más que nunca son necesarias esas canciones sobre la memoria, ¡pero ya las he escrito! Es urgente que alguien joven haga ese ejercicio de memoria porque nos estamos diluyendo.
Verano apacible
‒Si asociara su música con una estación del año, ¿cuál elegiría?
‒Decir otoño sería lo más obvio. Pienso en un final de verano: el calor no es tan despiadado e incluso se dan algunas tardes de tormentas. Debes volver a casa, aunque te dan ganas de quedarte para siempre en el lugar en el que estás. No quiero pensar en algo crepuscular, ¿sabes? Deseo situarme en un verano apacible, tranquilo. Tardes de verano en las que uno no tiene nada más urgente que pensar, reflexionar y planificar todo lo que nos queda por hacer. Me gusta el final del verano que se resiste a marcharse. Allí puedes aburrirte y pensar. La vida contemplativa te permite detener el instante y soñar, rearmarse, coger fuerzas e impulso para lo que viene.
‒Es difícil pensar en un mundo saturado de estímulos…
‒Byung-Chul Han dice que el multitasking actual, puesto como ejemplo de capacidad de trabajo, no es más que un regreso al salvajismo: el animal salvaje en la multitarea que debe estar
pendiente de su progenie, del depredador y de mil cosas más. Contrario al desarrollo del ser humano que se generó en su capacidad para detenerse y reflexionar. Decidimos obligados por la premura. El scroll en internet es una forma de eludir la decisión de detenernos.
Orfandad
“EL PESIMISMO ES Una herramienta. Soy optimista casi como ejercicio de resistencia y de forma consciente. Se dice que la respiración de los delfines es un ejercicio de voluntad, no algo involuntario como en los seres humanos. Pues mi optimismo es igual: un ejercicio de voluntad constante que no puedes olvidar porque si no te mueres”, reflexiona Serrano y enfatiza: “Levantemos la mirada y recuperemos la autoestima y el orgullo. Estamos en tiempos de rearme intelectual, de buscar referentes. Estoy decepcionado de ciertos movimientos políticos que prometían ya no sólo un cambio de país, sino otra forma de hacer política. Resultaron ser lo mismo: gente con viejas formas, supersectarios, se creen imprescindibles o tienen apego al poder. Políticamente, me siento huérfano en España. Esa nueva política surgida del 15M fue decepcionante”.
Otro caminar
‒¿El ser humano hace arte porque con la vida cotidiana no basta?
‒Nuestra vida está llena de una poesía que no alcanzamos a ver. Todo acto cotidiano encierra una épica, algo hermoso que necesita una mirada. La poesía nos puede ayudar a entender la vida, pero no la veo ajena a ella. No es un accesorio. La poesía es como el baile, el cual nació porque queríamos caminar de otra manera, cansados de repetir el mismo paso una y otra vez. Así empezamos a bailar. Y con la poesía sucede algo parecido: es otra forma de aproximarnos a la vida ●