VENEZUELA:
HISTORIA, SOBERANÍA Y LITERATURA Gustavo Ogarrio Luis Tovar Fernando Carrera Nikos Engonópoulos
SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 18 DE ENERO DE 2026 NÚMERO 1611
El militarismo cibernético como espectáculo Miguel A. Adame Cerón
De Nabokov a Jeffrey Epstein Saúl Renán León Hernández
LA JORNADA SEMANAL
Portada: Collage digital de Rosario Mateo Calderón con ilustación de Quino.
2 18 de enero de 2026 // Número 1611
EL MILITARISMO CIBERNÉTICO COMO ESPECTÁCULO
VENEZUELA: HISTORIA, SOBERANÍA Y LITERATURA Entendida desde la dimensión jurídica y política, la soberanía se refiere al ejercicio de la autoridad en un territorio nacional, y presupone tanto la inviolabilidad de dicho territorio como el respeto a la citada autoridad, así como a la libertad de sus ciudadanos para darse a sí mismos la organización social por ellos determinada. A su vez, estas máximas de derecho internacional se basan en el entramado histórico y cultural de los pueblos –costumbres, artes, leyendas, gastronomía y un largo etcétera–, cuya construcción abarca siglos y, en algunos casos, incluso milenios. Al iniciar el presente año, la República Bolivariana de Venezuela fue víctima de un atentado neocolonial a su soberanía, con lo cual se viola no sólo un derecho inalienable, al mismo tiempo que se pretende pasar por encima de una población de profundas raíces culturales, artísticas y literarias. Decir “no” al avasallamiento de Venezuela es defender la soberanía de todas las naciones y, por supuesto, la propia. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008121817375200-107, del 18/XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/ XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
▲ Pelea en la competencia Ultimate Fighting Bots. Foto: AFP / Patrick T. Fallon, Las Vegas.
El orden mundial imperialista del siglo XXI ha potenciado tecnocibernéticamente la Sociedad del Espectáculo que el situacionista Guy Debord describió y estudió en los años sesenta del siglo XX; asimismo, el espectáculo de las guerras como “arte” tecnológico, que Walter Benjamin denunció críticamente en el período de entreguerras, se ha multiplicado gracias a los cibermilitarismos y las tecnociencias estratégicas del poder mundial capitalista. El auge cibertecnológico de la espectacularización tiene uno de sus más recientes ejemplos en el caso del terrorismo de la doctrina Donroe contra Venezuela.
Miguel Ángel Adame Cerón ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
El espectáculo mercado-robótico doméstico LA PRIMERA MUESTRA es del marketing comercializador de robots de vanguardia en Ferias y Fest. En Tokio, Pekín, Munich, Seúl o Las Vegas, las industrias robóticas mundiales en competencia exhiben los múltiples modelos de robots que cumplen diversas funciones y van dirigidos al mercado del entretenimiento, médico, educativo y doméstico. IREX Tokio; WRC Pekín; AutoMatica, Munich; RobotWorld, Corea del Sur, Industry, Bilbao, entre otras; y la CES (Consumer Electronics Show) de Las Vegas. Esta última como uno de los eventos de tecnología más grandes del mundo que presenta innovaciones cibertecnológicas en electrónica, Inteligencia Artificial, vehículos y apps en hogar, medicina, salud, bienestar, energía y startups. Aquí recién hizo su aparición un modelo Roborock de Saros Rover que tiene las cualidades de ser “el primer robot aspirador del mundo con ruedas y patas capaz de subir escaleras y pendientes con una agilidad similar a la del ser humano mientras limpia, que se dirige sobre todo a hogares de varias plantas […] que utiliza arquitectura híbrida de ruedas y patas para moverlas de manera independiente, realizar pequeños saltos, giros, paradas repentinas y cambios de dirección, todo mientras mantiene el cuerpo nivelado al adaptarse a distintos terrenos, con una agilidad que se compara con la de una persona”. Estará a la venta bajo el lema: “lo mejor se une a lo mejor” y llegará a los mercados en el primer semestre de 2026.
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W Un robot doméstico con IA con los asistentes en el CES 2026, enero de 2026, Las Vegas. Foto: AP /Jack Dempsey.
El Campeonato Mundial de Robots COMO SEGUNDO ejemplo están los espectáculos de peleas de robots humanoides con IA corporizada o BattleBots/Robot Wars, que son enfrentamientos reales (aparte están los ficcionales y virtuales) entre contrincantes con armas, usando técnicas de artes marciales o con diferentes tipos de boxeo, en los cuales China está a la vanguardia. En mayo de 2025 se celebró “en la ciudad de Hangzhou el primer torneo de boxeo en un evento que combinó combates reales con control humano en tiempo real y retransmisión global”. Durante el evento, denominado World Robot Championship, cuatro robots G1, desarrollados por la empresa Unitree Robotics, compitieron en un ring utilizando algoritmos de control de movimiento y estructuras biónicas diseñadas para responder en milisegundos a las órdenes de sus operadores. Las peleas fueron evaluadas según criterios técnicos, como la precisión de los golpes, la estabilidad en movimiento y la capacidad de recuperación tras caídas, que debía producirse en menos de ocho segundos contabilizados por un árbitro real dentro del cuadrilátero. Los combates se realizaron bajo formato humanomáquina colaborativo, en el que equipos técnicos ejecutaban combinaciones de ataque mediante controladores manuales. Los robots utilizados en la competición, del modelo G1 de Unitree, miden 1.3 metros, pesan 35 kilos y cuentan con articulaciones capaces de ejercer una fuerza de torsión de hasta 120 newton-metro. Los campeones suelen recibir una combinación de premios en dinero, trofeos y premios especiales; sin embargo, a menudo dichos premios no cubren los altos costos de fabricación y viaje.
El hiper espectáculo cibermilitar imperial-terrorista Trumpiano EL TERCER EJEMPLO es el que Donald Trump y su equipo de halcones (J. Ratcliffe, Marco Rubio, Pete Hegdeth, Stephen Miller, Dan Caine y Pam Bondi) inauguró con perversidad guerreristavoyerista la madrugada del 3 de enero de 2026, basado en la reseteada doctrina Monroe, consistente en operar y observar simultánemente,
desde una sala de Mar-a-Lago, en tiempo real vía streaming, la misión invasiva punitiva “Resolución Absoluta” contra nueve áreas estratégicas clave, entre otras, la base área La Carlota y bases de radares en Caracas, Miranda y la Guaira, además de la residencia militar del Fuerte Tiuna, en Caracas, del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Fue una acción hitleriana unilateral ordenada por el delirante Donald Trump en la que participaron las fuerzas especiales Delta Force, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, la CIA, la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército estadunidenses, así como la DEA. Más de 200 militares y más de 150 aeronaves (cazas de multirrol y ataque, aparatos de guerra electrónicomagnética, bombarderos estratégicos, aeronaves de comando y control, helicópteros de operaciones especiales, drones, aviones cisterna) con armamentos de alta potencia y ligeros y misiles antirradiación. Fueron ciberataques multidimensionales que dejaron más de cien muertos civiles y militares y otros tantos heridos, que llevaron a la extracción-abducción de la pareja presidencial venezolana que fue golpeada, secuestrada y conducida mediante varios transportes hasta el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Aunque los planes intervencionistas y la preparación final de acoso y asfixia militarista contra la revolución bolivariana y el chavismomadurismo fue de años y después de meses por parte del gobierno imperialista de Estados Unidos con sus respectivos presidentes, hasta culminar con el de Trump 2.0. La duración de este proceso “relámpago” rompió récord de rapidez, pues en aproximadamente dos horas y media culminaron el operativo, lo que habla del poderío tecnocibérnético de la industria y las fuerzas militares yanquis, en el cual las IA, los algoritmos, las robóticas e internet tuvieron un papel crucial. Durante todo este tiempo, el terrorista Trump y su equipo de voyeristas militaristas disfrutaron con gestos de suspenso, expectación y gozo maligno ese “espectáculo” (o como diría W. Benjamin esa “estética de guerra”) en vivo y a todo color. ¿Cómo sabemos esto? Al mismo tiempo de los sucesos, en la misma sala de la residencia trumpiana de Florida, dentro de la logística para amplificar el espectáculo mediático, se instalaron cámaras que captaron y después difundieron por los mass media electrónicos imágenes que en unas cuantas horas se hicieron virales: los trumpistas reunidos y expectantes, las explosiones de los bombardeos en medio de la madrugada, Nicolás Maduro esposado de manos y con ojos y oídos vendados, Nicolás Maduro con diferentes ropas conducido preso junto con su esposa por agentes de la DEA, etcétera. Las redes y las plataformas digito-sociales reprodujeron y virtualizaron el ciberespectáculo y la ciberestética de la guerra para miles de millones de telespectadores e internautas-consumidores. Con este proceso, la doctrina y la ejecución imperialista Donroe inflexiona militarmente la era de los espectáculos ciberrobóticos y ratifica el poder dominante y en disputa (China, Rusia, India, Europa) de la quinta revolución tecnoindustrial capital-imperialista ●
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NOTAS Y APUNTES PARA VENEZUELA La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela marca un hito ‒uno más‒ en el avance de la política imperialista, claramente violando las normas y leyes del Derecho Internacional. En este texto se reúnen algunas voces que condenan el acto de agresión y la política cínicamente expansionista del país de la bandera de los cráneos y las barras sangrientas.
▲ Una persona ondea una bandera de Venezuela en Caracas, 3 de enero de 2026. Foto: AFP / Federico Parra.
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ace nueve décadas, en 1936, el pueblo venezolano asentó, en el Artículo 2 de su Constitución Política, que “Este territorio no podrá ni en todo ni en parte ser jamás cedido, traspasado, arrendado ni en ninguna forma enajenado a Potencia extranjera, ni aun por tiempo limitado”. Sesenta y tres años después, el 30 de diciembre de 1999, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela decreta, en el Artículo 1 de sus Principios Fundamentales, que “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional.” X Nicolas Maduro a bordo del USS Iwo Jima, de la Armada de Estados Unidos. Foto @realDonaldTrump
“Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad.” Simón Bolívar
▲ Un manifestante con pequeñas figuras de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Foto: AFP.
Luis Tovar ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Al mismo tiempo que constituye un innegable atentado en contra del derecho internacional, el secuestro de Nicolás Maduro, Presidente Constitucional venezolano, es una violación flagrante de dicho Principio Fundamental, y no existe ni un solo argumento que justifique los actos que, de acuerdo con la propia lógica de sus perpetradores, deben ser calificados como terrorismo puro y llano.
“Defender América para los americanos, a través de la Doctrina Monroe, ha sido defender América para los norteamericanos.” Salvador Allende
“El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado. El imperialismo se llama globalización. Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo. La traición se llama realismo.” Eduardo Galeano
La violación del espacio aéreo y territorial venezolanos no son, ni con mucho y como bien se sabe, sino las más recientes de una lista interminable de invasiones e intervenciones, todas y cada una justificadas en nombre, claro está, de la democracia, además y según el caso, de “la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico” y cualquier otra real o supuesta amenaza en contra del (por ellos) llamado mundo libre... todos parapetos ideológicos detrás de los cuales se ocultan –siempre mal, siempre ineficientemente– las verdaderas intenciones, resumidas en una sola: hacerse del control político de este o aquel país, esta o aquella región, como la mejor vía para apoderarse de los ambicionados recursos naturales.
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“Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.” Rodolfo Walsh
▲ Manifestación contra la acción militar estadunidense en Venezuela, Times Square, 3 de enero de 2026. Foto: AFP.
“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz a no ser que tenga su libertad.” Malcolm X
“Tenemos un presidente que miente sobre lo que está pasando. Estamos en medio de una guerra con Venezuela, país que hemos invadido ilegalmente. Le está diciendo al mundo que las leyes internacionales no se aplican a él y que sólo le importa su propia moralidad. Pero el tipo es un delincuente convicto y un violador convicto. Es un pédófilo, no tiene moral. Es el peor ser humano del mundo. Si dependemos de la moral de este sujeto en el país más poderoso del mundo entonces tenemos muchos problemas.” Mark Ruffalo
Nunca lo han sido, y menos teniendo como vecino inevitable al imperio de los tiempos modernos, pero para el medio intelectual, cultural, literario y artístico, los actuales no pueden ser los tiempos de la tibieza, de voltear hacia otro lado, de pretender que no pasa lo que está pasando, o que no nos afecta. Lo supieron, entre muchos otros, José Martí, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Rómulo Gallegos, Carlos Monsiváis, José Revueltas… por sólo citar escritores y sólo en español: la política del avestruz es de lesa deshonestidad intelectual y sus practicantes son despreciables, para decirlo sin ambages.
“Instruyámonos, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Agitémonos, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organicémonos, porque necesitaremos toda nuestra fuerza.” Antonio Gramsci
▲ Puerto de La Guaira, Venezuela. Foto: AFP
“Quien no se mueve, no siente las cadenas.” Rosa Luxemburgo
“No se puede vender la idea de libertad, de democracia y diversidad como si fuera un atributo de marca y no una realidad, al mismo tiempo que estás bombardeando a la gente.” Naomi Klein
“Me acosté en 2026, me desperté en 1984.” Pancarta en una protesta popular en Estados Unidos, 11/I/2026
De acuerdo con las encuestas más recientes, alrededor de setenta por ciento –sí, siete de cada diez– estadunidenses están en desacuerdo con la invasión perpetrada en Venezuela por el gobierno de Donald Trump. ¿La respuesta de éste? Descalificación de todo aquel que se oponga a “su moral” y, en el caso de la población migrante, acoso, redadas y violación de los derechos humanos a cargo de la policía paramilitar conocida bajo las siglas ICE, misma que, en un escándalo a nivel mundial, ya cobró una primera víctima fatal: la poeta estadunidense Renee Nicole Good, encima revictimizada por Trump al calificarla de “agitadora profesional” como si, en caso de haberlo sido, eso justificara su asesinato a sangre fría.
▲ Mural de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en una calle de Caracas. Foto: AP.
La bandera de Estados Unidos, rediseñada por Mark Twain en 1901, a propósito de la invasión estadunidense a Filipinas.
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Bolívar. Un poema griego (fragmento) Nikos Engonópoulos ▲ Simón Bolívar.
¡Bolívar! grito tu nombre tendido en la cima de la montaña Eros1
Sobre tu vientre se levantan los interminables sembradíos de café.
La cima más alta de la isla de Hidra Desde aquí se extiende la vista encantadora hasta las Islas del Sorónico2, a Tebas Hasta allá abajo, más allá de Monemvasía,3 el gran Egipto4 Pero también hasta Panamá, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Haití, Santo Domingo, Bolivia, Colombia, Perú, Venezuela, Uruguay, Paraguay, Ecuador
Cuando hablas terribles sismos lo arrasan todo, Desde los imponentes desiertos de la Patagonia hasta las islas de múltiples colores, Brotan volcanes en Perú y vomitan al cielo su ira, En todas partes se sacuden los suelos y crujen los iconos en Kastoriá5 La silenciosa ciudad junto al puerto Bolívar, eres bello como un Griego.6
Y México también. Con una dura piedra labro tu nombre sobre la roca, para que vengan después los hombres en reverencia Saltan chispas al labrar ‒así era Bolívar, dicen ‒ y sigo Mi mano mientras escribe brillante en el sol.
Viste la luz por vez primera en Caracas. Tu propia luz,
Notas: 1. Eros es la montaña más alta en Hidra, pequeña isla del Golfo Sarónico, desde cuya cima es famosa la vista panorámica que ofrece. 2. Golfo Sarónico o Golfo de Egina, en la costa oriental de Grecia, que se abre al Mar Egeo. 3. Monemvasía es una localidad fortificada en la costa este del Peloponeso. 4. En el original Engonópoulos usa la denominación popular de Egipto, Misiri del turco Misir. 5. Kastoriá, ciudad en la periferia de Macedonia Occidental. 6. Dice la nota en la edición griega del poema: “Parece recordar la definición socrática según la cual ser griego no se trata del origen, sino de educación o formación.”
Bolívar, porque hasta que llegaste toda América del Sur estaba hundida en amarga oscuridad. Tu nombre es ahora antorcha encendida que ilumina a América ¡del norte y del sur, y la universal! Los ríos Amazonas y Orinoco brotan de tus ojos. Las altas montañas tienen sus raíces en tu pecho La cordillera de los Andes es tu columna vertebral. En la cima de tu cabeza, valiente, fluyen las águilas indomables y los bueyes salvajes, La riqueza de Argentina.
Nikos Engonópoulos (Atenas 1910-1985), acaso el más ortodoxo de los poetas surralistas de su generación (Andreas Embirikos y Nikos Gkatsos) fue el más atacado por la crítica académica y conservadora de la época. A pesar de no ser muy extensa –es autor de siete libros de poesía‒ su obra realizó una importante y vigorosa aportación al movimiento literario de renovación que señaló su tiempo. Paralelamente a su trabajo poético desarrolló una obra pictórica siempre fiel al surrealismo en la que es reconocible cierta influencia del período metafísico de De Chirico. Bolívar: un poema griego (1944), del que ofrecemos un fragmento, es un extenso y complejo poema en el que entrelaza la figura del revolucionario venezolano con el espacio y la historia de Grecia. Versión de Francisco Torres Córdova.
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PILUM ET GLADIUS (O DE LO LEJANO Y LO CERCANO) Durante la república y el imperio, las armas ofensivas y complementarias de las legiones romanas eran la pilum y la gladius: conformaban un paquete diseñado para ser altamente efectivo en la táctica militar. La primera era una jabalina diseñada para ser arrojada a cierta distancia, con el fin de desordenar las filas enemigas e inutilizar sus escudos; representaba el ataque remoto. La segunda, una espada corta, ancha y de doble filo, óptima para cortar y apuñalar a corta distancia, en el combate cuerpo a cuerpo. Ambas eran los extremos no de una antinomia, sino de una perspectiva de la realidad a partir de una dualidad necesaria: lo lejano y lo cercano, antípodas de la percepción que no se contradicen sino, más bien, completan el mundo.
Fernando Carrera* ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
▲ Ataque a instalaciones militares en Caracas, Venezuela, 3 de enero. Fotos: La Jornada.
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a madrugada del sábado 3 de enero la armada de Estados Unidos bombardeó Caracas, la capital de la República Bolivariana de Venezuela. Este acontecimiento obliga, en la lejanía material del cuerpo (escribo estas letras en México) y en la cercanía del pasmo, a reflexionar y tomar postura: estoy en contra de la estupidez e ignorancia que pide y celebra la intervención militar unilateral y forzada de un país soberano por otro, invasión extranjera y criminal. Quien apoye el ataque de las estructuras de poder de Estados Unidos perpetrado a Venezuela y a su Estado (Estado es pueblo, territorio y gobierno), más allá de sus filias y fobias políticas, que ponga sus barbas a remojar porque está pidiendo el cese del derecho internacional ‒de todo milagro jurídico y garantía logrados después de la segunda guerra mundial‒ y que prive la ley del más fuerte, del que abusa porque puede. Esta postura no implica la abulia crítica ante tal o cual régimen o situación política, sino la condena y denuncia franca de la invasión e intervención, más allá de los eufemismos (“extracción”, “operación de aprehensión legal”, entre otros) con que buscan revestirla sus perpetradores. Pilum et gladius. Si eres mexicano, lee la historia de tu país y recuerda que, en su última invasión militar no forzada, Estados Unidos y su doctrina Monroe nos quitó la mitad del territorio. Si eres latinoamericano, repasa la historia de injerencia política y económica estadunidense en nuestros países durante los siglos XX y XXI, montando y desmontando regímenes a conveniencia de facilitar la explotación más ventajosa de nuestros recursos (naturales y humanos). Si eres venezolano, dentro o fuera de tu país, ni tu nacionalidad ni tus convicciones políticas pueden nulificar mi derecho a ejercer la crítica y la denuncia del mal encarnado y accionado que son la intervención militar de otro país en el tuyo, el clamor extranjerista e ignorante que la solicita y el riesgo que esto significa para nuestros países y pueblos latinoamericanos. Si eres estadunidense, uno de los muchos (setenta por ciento, según las encuestas serias más recientes) que están en contra de que tu gobierno y las estructuras de poder que lo soportan invadan
Venezuela, y amenacen a punta de guerra otros pueblos y países soberanos, te creo y agradezco. En Crimen y castigo, Dostoievski, en la voz del personaje Raskolnikov, finalmente reflexiona y concluye que es absurdo querer justificar el asesinato de una persona para remediar un supuesto mal, a partir del argumento de que Napoleón fue imbuido de heroísmo, aun habiendo sido responsable de la muerte de cientos de miles por su causa: tan malo lo uno como lo otro. Pilum et gladius. ¿Me dirás que hacer estallar una bomba entre inocentes es decididamente terrorismo y estaremos de acuerdo, pero al mismo tiempo le vas a llamar justicia y bien al bombardeo de un país soberano y una ciudad llena de inocentes, en nombre de una supuesta visión de libertad y democracia impuesta a punta de guerra? Si lo haces, no pides entonces ni libertad ni democracia ni justicia, más bien la real dictadura global del más fuerte, con el ejercicio de toda su impunidad. A los hermanos venezolanos que comparten y promueven la frase “no opines si no eres de/si no vives acá”, aunque entiendo su sentir, les digo que rehúso someterme a esa simplona y ramplona falacia lógica. Tampoco usaré como falacia argumentativa en defensa de mi postura el hecho de que acabo de volver de una estancia espléndida de un mes en Venezuela (donde he estado ya en tres ocasiones, de 2001 a la fecha); sólo doy testimonio de que vi, recorrí y habité un gran país con una hermosa y profunda cultura ‒tierra de poetas‒, muy lejano a necesitar la ambición, avaricia, intervención militar y bombardeo de una potencia extranjera. Ha sido un honor y alegría de mi vida compartir el pan y la sal con el pueblo venezolano, entrar en contacto de fondo con su cultura y abrevar de ella. Pilum et gladius. Luchemos –palabra, letras y cuerpo en mano– por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos del mundo. Vivan Venezuela y los pueblos libres de América latina. Viva la dignidad ● *Fernando Carrera (México, 1983) ha publicado, entre otros títulos, Fuego a voluntad (2020) y Donde el tacto (2015). En 2010 fue galardonado con el Premio de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos.
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Operación Nostromo:
VENEZUELA Y AMÉRICA LATINA, EL MUN Una de las fuentes para pensar sobre el colonialismo llevado a cabo a lo largo de la historia por las potencias imperialistas en Latinoamérica es la literatura. Este espléndido ensayo parte de algunas de esas fuentes para hacer una reflexión oportuna, necesaria y también urgente al respecto, y se propone responder a la siguiente pregunta: “¿Qué podemos aprender de nuestra propia historia a través de la literatura en estos tiempos en los que parece que se borra súbitamente el ayer y en los que se reactiva de una manera vehemente el horror del despojo imperial en América Latina y el mundo?” A la memoria viva y lectora de Françoise Perus No hay palabras para el tipo de cosas que quería decir. Joseph Conrad, Lord Jim Latinoamérica es víctima de una conspiración del silencio y de la mentira, la faz que exhibe el sufrimiento de estas tierras despojadas de sus riquezas y del derecho a elegir su destino. El derrocamiento de Jacobo Arbenz Guzmán (1954) había transparentado de manera inequívoca y brutal el intervencionismo estadunidense en América Latina. Eduardo Galeano, Guatemala. Ensayo general de la violencia política en América Latina. Por si alguien lo dudaba todavía: el derecho y el orden internacional son una farsa. Lo que quedaba de todo eso ya había muerto en Gaza. Yásnaya Elena A. Gil
El arte narrativo de la ambigüedad: Conrad en América Latina JOSEPH CONRAD (Ucrania, 1857-Reino Unido, 1924) es todavía un enigma cuya narrativa recorre
Gustavo Ogarrio ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
los mares y puertos latinoamericanos. Su figura y sus historias vuelven cuando nos enfrentamos al dilema, a la amenaza y a la agresión cíclica de la barbarie imperialista. Pero vuelven con todo el poder evocativo de su belleza y ambigüedad trágicas. Conrad es, al mismo tiempo, como señala Edward W. Said, antiimperialista e imperialista, lo cual no constituye una paradoja, más bien ilustra significativamente las contradicciones profundas de ese sistema de dominación que llamamos imperialismo, la base material e ideológica de las relaciones de agresión y violencia que van de las potencias clásicas y/o emergentes hacia los países, naciones y pueblos sometidos y saqueados por el colonialismo moderno. En su novela Nostromo (1904), Conrad describe y presenta la estrategia colonial a través de la historia de un capataz italiano de nombre Nostromo, que intenta rescatar y quedarse con un cargamento de plata en el puerto de Sulaco, perteneciente a una ficticia república latinoamericana llamada Costaguana. La ambición por la plata del supuestamente incorruptible Nostromo lo arrastra a los conflictos propios del imperialismo: la soberbia conquistadora que construye una idea de omnipotencia de sí misma; una retórica de poder que se vuelve absolutamente insensible a los efectos aciagos y crueles para las sociedades colonizadas; la ironía trágica que envuelve a la empresa colonial y que la lleva a su propia corrupción, fracaso y barbarie. Para Said, esta novela de Conrad, además de constituirse como “una predicción temprana de lo que hemos visto suceder en Latinoamérica durante el siglo XX” (Cultura e imperialismo, Anagrama) y precursora de otros modos de encarar la narración de regiones que padecieron la presencia violenta de los imperios modernos, conserva cierto punto de vista colonial al ver solamente “un mundo totalmente dominado por al Atlántico occidental, dentro del cual cualquier oposición a Occidente únicamente sirve para confirmar el poder perverso del propio Occidente. Lo que Conrad no pudo ver es una alternativa a esta tautología cruel.” Para la perspectiva de los imperios modernos, las sociedades “periféricas” y colonizadas que son objeto de ataques militares y de representaciones políticas y narrativas, son esencialmente primitivas, infantilizadas, corruptas, sin herramientas propias para seguir de manera “adecuada” los modelos de occidentalización impuestos. Sin embargo, el imperialismo del siglo XIX, el mismo cuya experiencia directa como marinero es el punto de partida de las novelas de Conrad, ya no es el mismo que el del siglo XXI. Hubo un fuerte proceso descolonizador al menos a partir de la segunda mitad del siglo XX, lo que hizo más complicada y difícil la aceptación de las premisas y acciones militares de los imperios. Las “visiones acusadoras” contra las intervenciones militares
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DO DE AYER Y EL HORROR IMPERIALISTA DE HOY de cuño imperial encuentran también en Conrad, afirma Said, a un precursor que ha hecho posible narrar en clave de ficción ese horror indecible que se encuentra al final de la paradoja imperialista: los ataques, incursiones, despojos, asesinatos e invasiones imperiales “triunfan” en un primer momento, pero al “triunfar” construyen también lo que será el futuro de su propia ruina; Vietnam y Afganistán son ejemplos para Estados Unidos, tan contundentes como irreversibles en su poder de destrucción y fracaso. Lo que Conrad narró, visualizó y nos hizo comprender de manera más sugestiva que directa, fue ese núcleo profundo que le da sentido tanto a Nostromo como a El corazón de las tinieblas, el centro oculto de las narraciones orales, de marineros y fugitivos, que sostienen sus historias escritas: “comprender lo inconcebible”, “una disputa sutil, pero decisiva, sobre la verdadera esencia de la vida” (Lord Jim). Quizás la locura, la irracionalidad, la soberbia imperial que se quiere omnipotente, configuran ese núcleo escondido en la pulsión colonial de muerte –¿es el “horror” que grita en susurros Kurtz?– y que todo lo arrasa; el corazón mismo de la “inmensa oscuridad” que deja el imperio con sus ataques, acciones e incursiones militares. Cabe mencionar que la dimensión artística de los relatos de Conrad también radica en un arte narrativo que construye visiones del espacio en el cual se va incursionar. La “supremacía de lo visible” en Conrad, como afirma también Said, se configura en estrecha relación con la puesta en escena de los relatos orales que se van condensando en su escritura. Por ejemplo, después de contar la manera en que se enteró en su juventud de la historia del “granuja” que se robó el cargamento de metales preciosos, Conrad también nos dice cómo la transformó en la experiencia trágica de un personaje con carácter, al inicio no corruptible, más bien atrapado en la tormenta de la revolución de un país latinoamericano: Fue entonces cuando tuve la primera visión de un país crepuscular que se convertiría en la provincia de Sulaco, con su alta y sombría sierra y su campo brumoso como mudos testigos de los acontecimientos surgidos de las pasiones de hombres miopes del bien y del mal […] Tales son, en verdad, los oscuros orígenes de Nostromo, el libro. Desde ese momento, supongo, tenía que serlo. Aun así, dudé, como si el instinto de supervivencia me hubiera advertido de aventurarme en un viaje lejano y penoso a una tierra llena de intrigas y revoluciones. Pero tenía que hacerlo. (Nota de Conrad a Nostromo.)
¿Cuál ha sido el papel que han jugado narraciones como las de Conrad en la representación y comprensión del imperialismo moderno? ¿Qué podemos aprender de nuestra propia historia a través de la literatura en estos tiempos en los que parece que se borra súbitamente el ayer y en los que
se reactiva de una manera vehemente el horror del despojo imperial en América Latina y el mundo? Afirma Rita Segato: “El presente es siniestro. Estamos todos amenazados.” Segato propone establecer una conexión para comprender los horrores de nuestro presente: los feminicidios que comenzaron a ser visibles –y de una deshumanización atroz– en Ciudad Juárez, con el genocidio del pueblo palestino en Gaza por parte del gobierno de Israel, quizás hasta llegar a la agresión del gobierno de Trump a Venezuela. Pasamos de una época de violencias múltiples en el contexto de un capitalismo totalizante y mucho más agresivo que el del tiempo benefactor, este último basado en un imperialismo multilateral que era contenido medianamente a través de la lucha por el respeto a los derechos humanos, a la era de la abierta impunidad imperialista estadunidense, que combina cierto irracionalismo de conducción cuasi/psicótica, al modo de Donald Trump, con una agresiva “agenda” de despojo sistemático y colonial de recursos naturales sin mediación política y jurídica nacional o internacional. La pulsión de muerte por el petróleo sostenida por Donald Trump de una manera vehemente es la culminación de un largo proceso de violencia imperial: la ambición por el oro, por los metales preciosos, por las encomiendas, por los territorios, por las minas, por el excedente de riqueza, este apetito infinito que comenzó en el siglo XVI ahora va despojado de “argumentos” coloniales que intenten justificarlo. A partir de la madrugada del 3 de enero de 2026, el péndulo del imperialismo estadunidense se volvió a activar en América Latina de una manera insólita y, al mismo tiempo, reconocible en todo lo anterior. Una estampida nocturna de aviones caza estadunidenses que no son detectados por radares cae sobre Venezuela; un infierno apocalíptico de explosiones en Caracas; el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de Cilia Flores, abogada y esposa de Maduro. Una acción militar y de “inteligencia”, con más de ochenta asesinatos, que Donald Trump reivindica como “quirúrgica”, en esa semántica de metáforas médicas cuya tradición proviene de las expresiones políticas de dictaduras y de agresiones militares que buscan hacer invisibles los “daños colaterales”: borrar la muerte y destrucción que produce la ambición y la necrológica pulsión imperialista. El horror a través de una visión crepuscular, casi irreal y transmitida en el nuevo tiempo real de las redes sociales.
El mundo del ayer es el horror de hoy LLAMA LA ATENCIÓN que después del ataque a Venezuela por parte del gobierno de Donald Trump se haya intentado determinar de mil maneras que estábamos ante un drástico cambio de época. / PASA A LA PÁGINA 10
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VIENE DE LA PÁGINA 9/ OPERACIÓN NOSTROMO...
Por supuesto que con este hecho se vislumbra ya la formación de un mundo distinto, un presente espantoso que quizás anhela algo del ayer resquebrajado ante el más incierto y amenazante de los futuros inmediatos para América Latina. Por momentos esta urgencia de nombrar a la nueva época se parece a lo que podríamos identificar como un tiempo unidimensional: la prisa por rotular que estamos en un giro temporal también trae un olvido sistemático no sólo del pasado inmediato, sino de la historia propia en clave antimperialista. Eric Hobsbawm ya sentenciaba, al inicio de su Historia del siglo XX (Crítica), que “la destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX”. A veces, el ayer inmediato de un tiempo de bienestar se entrelaza y confunde en la memoria con ese tiempo neoliberal; este último también lo podemos entender como antecedente constitutivo de la amenaza imperial en el cual se bosqueja el recomienzo fascista en el presente. ¿Cuántos tiempos históricos se resquebrajan y reconfiguran con esta crisis del presente latinoamericano? En sus memorias tituladas precisamente El mundo de ayer (Acantilado), escritas entre 1939 y 1941, en plena guerra, Stefan Zwieg escribe: Y sabía que una vez más todo lo pasado estaba prescrito y todo lo realizado, destruido... Comenzaba algo diferente, una época nueva, pero ¡cuántos infiernos y purgatorios había que recorrer todavía para llegar a ella!
La destrucción de Europa todavía no era un hecho consumado en 1941. Sin embargo, poco a poco se impuso cierta frialdad e indiferencia para comprender y aceptar la guerra. Para Zweig, “la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes momentos que determinan su época”. Vamos un poco a ciegas ante la brújula nebulosa de los acontecimientos del presente. Zweig narra esta destrucción del mundo europeo en el que creció y se volvió adulto sin que la nostalgia determine el sentido que adquiere ese ayer. En muchas ocasiones expresado de manera trágica, en otras con una especie de optimismo evocador y conmovido por ese ayer evanescente, su relato es sumamente descriptivo y reflexivo en su propio “aprendizaje del horror”. Dice Zweig, en su narración de momentos claves
▲ Arriba izquierda: Caracas 8 de enero de 2026. Arriba derecha: Manifestantes en Caracas, 9 de enero de 2026, exigen la la liberación de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Fotos: Federico Parra / AFP.
A veces, el ayer inmediato de un tiempo de bienestar se entrelaza y confunde en la memoria con ese tiempo neoliberal; este último también lo podemos entender como antecedente constitutivo de la amenaza imperial en el cual se bosqueja el recomienzo fascista en el presente. ¿Cuántos tiempos históricos se resquebrajan y reconfiguran con esta crisis del presente latinoamericano?
en los que lo autobiográfico es entendido a la luz de la historia cultural de Europa: Tuvimos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y en nuestra civilización tan sólo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada por las fuerzas destructoras del infierno; hemos tenido que acostumbrarnos poco a poco a vivir sin el suelo bajo nuestros pies, sin derechos sin libertad, sin seguridad.
¿Cuántos infiernos y purgatorios tendremos que recorrer para llegar a formar una cierta conciencia histórica común mediante el aprendizaje de lo que se está desplegando en esta nueva época de horrores coloniales? Hay un hecho contundente en este nuevo presente: Cuba, Colombia, México (y América Latina en su conjunto) también son objetivos declarados de guerra para Estados Unidos: “estamos todos amenazados”. Lo “siniestro” de esta amenaza es que replica los modos más atroces y oscuros del imperio y los articula a la “disonancia cognitiva” del nuevo filibustero, Donald Trump (autoproclamado “presidente interino” de Venezuela) –y de su gobierno–, en un tiempo donde el colonialismo y la agresividad narrativa del imperialismo también se multiplican ideológicamente con la
misma “disonancia cognitiva” a través de los nuevos soportes tecnológicos del olvido y la memoria, las plataformas digitales y las redes sociales en sus fugaces veredictos acumulados sobre lo inmediato; el tiempo unidimensional de las pantallas y del algoritmo. Los fundamentos narrativos y políticos del imperialismo moderno se mueven bajo el supuesto de que las naciones y comunidades agredidas carecen de historia y cultura propias, de autonomía e independencia para expresar su desacuerdo, rechazo y resistencia hacia las “fantasías y sentimientos filantrópicos” de las potencias imperialistas, como afirma Said. La visión de las tinieblas que los relatos imperialistas construyen sobre nuestros países y comunidades requiere de la representación servil de estas sociedades, nos exige que participemos en nuestra propia destrucción y despojo, ya sea como “informantes”, “traidores” o “colaboradores”, pero nunca aceptará una historia política, cultural y narrativa propia que concibe que hay que echar de estas tierras ignotas a los “agentes” del imperio, a esos “hombres suyos enviados a La Habana”, a las tropas de ocupación, a la “contra” financiada por el imperio, a los “emperadores” espurios, a las empresas mineras canadienses o a las petroleras estadunidenses, a la United Fruit Company, a los filibusteros y mercenarios provenientes de Estados Unidos, como William Walker (autoproclamado “presidente” de Nicaragua en 1856) en el siglo XIX; entendiendo este rechazo histórico al imperio como absolutamente necesario para construir un mundo propio latinoamericano. Las visiones críticas del imperialismo actual tienen mucho que aprender de la historia de los procesos descolonizadores en Asia, África y América Latina. Nuestro mundo de ayer es inmensamente rico en experiencias políticas descolonizadoras, en visiones narrativas propias y en análisis críticos de la configuración de los modos históricos de los imperialismos. También es inmenso el dolor, el miedo y la incertidumbre que produce la violencia de los imperios. Stefan Zweig narra su propia inconsciencia del “advenimiento del peligro”, “el surgimiento de lo inconcebible” que nadie fue capaz de identificar en sus alcances:
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Último retorno a Canaima: el mito circular de la historia latinoamericana
▲ Donald Trump en el Air Force One, 2025. Foto: AFP /Roberto Schmidt .
Pero todavía no nos dábamos cuenta del peligro. Los pocos escritores que se habían tomado de veras la molestia de leer el libro de Hitler, en vez de analizar el programa que contenía se burlaban de la ampulosidad de su prosa pedestre y aburrida. Los grandes periódicos democráticos, en vez de prevenir a sus lectores, los tranquilizaban todos los días diciéndoles de aquel movimiento que, en efecto, a duras penas financiaba su gigantesca actividad agitadora con el dinero de la industria y un endeudamiento temerario, que se derrumbaría irremisiblemente al día siguiente o al otro.
Quizás, simplemente, ha llegado el momento de repensar con cierta urgencia ese ayer en todas sus dimensiones posibles. Y este ayer de larga duración implicaría necesariamente, por ejemplo, interpretarlo de otra manera en clave antimperialista en relación con las dos grandes guerras del siglo pasado. Como propone Paul Thomas Chamberlin en su libro Tierra quemada. Una historia global de la Segunda Guerra Mundial (Galaxia Gutenberg), habría que comprender a profundidad las consecuencias imperialistas, contemporáneas, del fin de este conflicto: Tras haber matado a la bestia del Eje, el behemot soviético y el leviatán estadunidense se enfrentaron entre sí y desencadenaron una nueva guerra eterna. Esta nueva batalla se libraría entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y un orden colonial moribundo, e insuflaría una nueva vida a las viejas estructuras imperiales en la forma de la geopolítica de la Guerra Fría.
Es urgente dejar de “restarle importancia” a los elementos coloniales de las dos grandes guerras del siglo pasado, ya que esto impide comprender “las raíces imperiales de la geopolítica” de nuestros días; colocarse a distancia crítica de las interpretaciones idealizadas de las guerras modernas. El libro de Chamberlain se aparta del enfoque que se centra en los grandes dirigentes y las operaciones militares para analizar cómo el conflicto más grande de la historia transformó las relaciones entre imperio, raza, violencia, guerra y Estado. Geográficamente, el libro se aleja de las playas de Normandía para hacer mayor hincapié en los teatros de operaciones más sangrientos de Europa del este y Asia oriental. Rompe con las explicaciones estándares de la guerra argumentando que la raza y el imperio eran dimensiones centrales del conflicto. Aborda la segunda guerra mundial como un conflicto profundamente enraizado en el con-
texto más amplio de la historia mundial. Y de esta forma intenta excavar los cimientos coloniales de la guerra y trazar sus secuelas imperiales. Como ya lo advertía José Carlos Mariátegui en 1928, la Conquista no ha terminado. Una sucesión de guerras coloniales sostiene la actividad de los imperios en Asia, África y América Latina hasta nuestros días. La conjetura de Chamberlain es contundente y permite comprender en perspectiva las visiones imperialistas, racistas y fascistas que actualmente nos amenazan. El olvido del mundo de ayer es parte también del horror de hoy:
El legado de la guerra no fue la destrucción del fascismo, el racismo y el imperialismo, sino la creación de un orden de postguerra en el que Estados neoimperiales muy militarizados se vieron obligados a prepararse para la guerra perpetua y la perspectiva de la aniquilación nuclear. Nuestra amnesia colectiva respecto de los orígenes coloniales de la guerra y sus consecuencias imperiales ha despojado al conflicto de su significado y lo ha convertido en un cuento de hadas del siglo XX.
MÁS QUE RENDIR cuentas ante las poéticas narrativas europeas o anglosajonas, los textos literarios latinoamericanos se han jugado su pertinencia y elaboración en una tensión profunda y sumamente heterogénea respecto de complejos procesos culturales, sociales y políticos propios de cada momento de nuestra historia. La “politización” del realismo social y de la llamada “novela de la tierra”, según Françoise Perus, se dio a partir de un “contexto de impugnación de las formas de dominación oligárquica” provenientes del siglo XIX: “la corriente realista se empeñó efectivamente en poner de relieve lo que la cultura oligárquica se esforzaba por ignorar u ‘olvidar’” (“Universalidad del regionalismo: Canaima de Rómulo Gallegos”, en Canaima, Colección Archivos). Este olvido no era más que la exclusión sistemática de amplios sectores, así como la represión de campesinos y comunidades afrodescendientes. Perus plantea lo anterior a propósito del análisis de la novela Canaima, de Rómulo Gallegos. Lo que interesa señalar de estos planteamientos es un contrapunto para representar narrativamente el espacio latinoamericano, muy diferente al que podemos leer en Conrad. A partir de la lectura de Canaima, Perus revela que el paisaje es testigo de la historia y también mito en relación a la tragedia del descubrimiento y conquista inconclusos, lo que problematiza a través de la ficción una de las contradicciones más importantes para entender América Latina: la herencia colonial todavía actuante en las sociedades latinoamericanas que tiene a las metrópolis y/o potencias como modelo de civilización, la violencia con la que se formaron los Estados nacionales; la heterogeneidad estructural de países como Venezuela narrada en clave trágica, “en donde la formación del Estado nación es relativamente tardía y subordinada la articulación de la economía a la dinámica del mercado internacional”. Lo que Canaima llega a incorporar en su poética es una imagen compleja de las comunidades, indígenas y afrodescendientes, que habitaban el delta del Orinoco y que en esos momentos rompía con el tipo de representaciones narrativas con perspectiva oligárquica, el conflicto romántico o costumbrista entre poderes terratenientes, por ejemplo. Seguramente la novela del realismo social es insuficiente para comprender la actualidad de nuestras sociedades y países, pero hay en ella ciertas figuras narrativas que nos pueden ayudar en el proceso del “aprendizaje del horror”: vamos a enfrentar al embate imperialista actual con nuestras propias contradicciones a cuestas, con el desafío de articular de la mejor manera posible esa heterogeneidad estructural; “la variedad infinita, lo abrumador de lo múltiple”, “el mundo abismal” en el cauce palpitante y discordante de la vida en América Latina. Al igual que Marcos Vargas en Canaima, el espíritu amenazante de la selva, el fluir de la historia a través de ríos como el Orinoco, nos dará la oportunidad de recorrer ese mito circular de la búsqueda de nosotros mismos. Ante ese inmenso dolor que deja la violencia actual de los ataques del imperialismo, ¿cuál podría ser una de las utopías de esta búsqueda en términos narrativos y filosóficos?: “Esta filosofía debería estar amasada a partir del dolor colectivo y procuraría constituirse en una herramienta adecuada para colaborar en la transformación de situaciones indeseables para la dignidad humana” (Horacio Cerutti Guldberg, Filosofando y con el mazo dando, Biblioteca Nueva) ●
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Qué leer/ Catafalco. Carl Jung y el fin de la humanidad, Peter Kingsley, traducción de José Manuel Espadas, Atalanta, España, 2025.
EN CATAFALCO, KINGSLEY reúne un cúmulo sumamente interesante de ideas. Es una mezcla de sabiduría, literatura y el entendimiento de la cognición de una de las mentes más singulares de la historia de la humanidad. “He aquí, por fin, el verdadero Jung: el Jung que todos aquellos que se denominan junguianos han olvidado y tergiversado, un Jung que a menudo es demasiado abrumador para comprenderlo. Nada puede ser menos reconfortante que este Jung o este libro, pues ambos apuntan al extraordinario fracaso de la civilización occidental en lo que concierne a retornar a sus raíces, honrar a sus ancestros y escuchar a sus muertos”, aseveró Maggy Anthony, autora del controversial volumen El círculo de las mujeres de Jung.
Antigüedades, Cynthia Ozick, traducción de Eugenia Vázquez Nacarino, Alpha Decay, España, 2025.
Kiosco un compañero de internado enigmático y solitario que afirmaba descender de la isla egipcia de Elefantina y que confió a Petrie un asombroso testimonio sobre un linaje olvidado, desterrado de la historia oficial. Un relato que resonaba de manera inquietante con el legado del padre de Petrie: una colección de dudosas antigüedades traídas de un misterioso viaje a Egipto. De este planteamiento surge una de las narraciones más singulares de Ozick, en la que se entrelazan mito y manía, historia e ilusión. Es una reflexión sobre la soledad, la fragilidad del recuerdo y los laberintos de la memoria.
Dinámicas de conflicto en Medio Oriente, Luis Mesa Delmonte, edición de Moisés Garduño García y Rubén Chuaqui, El Colegio de México, México, 2025. ESTA ANTOLOGÍA, CONSTRUIDA a partir de sus textos, opiniones y homenajes en vida y de manera póstuma, celebra su memoria y su legado como una figura intelectual excepcional en la academia. La obra de Mesa Delmonte se caracteriza por el rigor para abordar realidades complicadas. Sus investigaciones sobre el Golfo Pérsico, el programa nuclear iraní, la cuestión palestinaisraelí y la política exterior estadunidense constituyen aportaciones que se distinguen por una mirada crítica que desmonta narrativas sobre los conflictos internacionales para adentrarse en ellos con precisión.
LA EXPOSICIÓN Siglo XX en el XXI tiene como propósito reinstalar en salas la colección de arte de siglo XX del Museo Nacional de Arte. La curaduría es resultado de una revisión del acervo propio del museo y rinde homenaje a las donaciones hechas por artistas, familiares de artistas, coleccionistas y galeristas que han nutrido el patrimonio artístico de México. La pintura aquí mostrada, parte de la muestra, es El coronelazo de David Alfaro Siqueiros, cortesía del museo.
El mar es un pixel. Dramaturgia y dirección de David Gaitán. Con Hernán del Riego, Daniela Arroio, Verónica Bravo, Michelle Betancourt y Emmanuel Lapin. Teatro Juan Ruiz de Alarcón (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario, Ciudad de México). Jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas. En temporada hasta finales de enero. LA PUESTA EN escena retrata una aldea que se ve transformada por la aparición de un novedoso juguete y una lista pública que trastoca las fibras sociales. Los habitantes, confundidos entre la fascinación y el temor, recurren a él en busca de claridad, pero el artefacto termina por amplificar los juicios de la comunidad, desencadenando extremos de devoción y rechazo.
Dónde ir/ ES 1949, LLOYD Wilkinson Petrie se dispone a escribir sus memorias. Concebidas como un diario, su redacción entremezcla las constantes distracciones del presente con los vaivenes de una memoria cada vez más inestable. Entre recuerdos vacilantes emerge la figura de Ben-Zion Elefantin,
Siglo XX en el XXI, Curaduría del equipo del Museo Nacional de Arte. Museo Nacional de Arte (Tacuba 8, Ciudad de México). Muestra permanente. Martes a domingos de las 10:00 a las 18:00 horas.
En nuestro próximo número
SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
BÉLA TARR,
EL CINEASTA DE LA DESOLACIÓN
Arte y pensamiento
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La Flor de la Palabra Irma Pineda Santiago
La otra escena/ Miguel Ángel Quemain
Las Pájaras
En mi piel, la celebración migrante de Elisa Rodríguez
LAS PÁJARAS, ES el título de la primera novela de Nallely Guadalupe Tello, escritora de origen zapoteca, quien nos comparte una crónica de las transformaciones de la vida y los paisajes vinculados al río Atoyac y sus riberas, ese mismo río que un día fue caudal vital para los valles centrales del estado de Oaxaca, y que hoy se caracteriza por estar casi seco y ser uno de los más contaminados del país. Las mismas riberas que dejaron de contemplar verdor abundante para ir transformando su rostro en bloques de cemento luego de que los habitantes cercanos, poblaciones indígenas enteras, fuesen despojados de sus tierras para construir un mercado, que hoy es la central de abastos en la ciudad de Oaxaca. Nallely Tello, reconocida como poeta, decidió incursionar en la narrativa de largo aliento, para crear una historia bien contada, donde se nota el oficio de las letras y también el de la investigación, puesto que para hablar de un tema, por muy familiar que resulte, hace falta indagar datos para ubicar los tiempos, caracterizar a los personajes, los paisajes, por lo que seguramente la autora, además de conversar con gente cercana al tema, recurrió a información documental que le permitiera construir los ambientes de su novela, la misma que durante y después de su lectura es capaz de conmovernos en lo más profundo de las entrañas, lo cual, desde mi punto de vista es una de las partes más importantes de una creación, ya que más allá de las técnicas, estilos o información, si un texto no logra acercarse al lector y mover sus emociones o sus ideas, creo que no cumple cabalmente con su razón de estar en el mundo. En este libro, publicado por Almácigo Ediciones, la autora se despoja de sí misma, para dar paso a personajes como Don Epi, Juana, Martha, Jesús, Chabelita o Brenda, cuyas voces nos muestran la fuerza de las mujeres, el poder de la organización, al mismo tiempo que abordan diversas problemáticas ambientales, sociales y humanas, como la contaminación del río Atoyac, la extracción de material pétreo, el despojo de tierras, la violencia que se genera siempre que llegan grandes obras que, desde el punto de vista gubernamental, vienen a resolver problemas, pero la experiencia nos ha mostrado que en realidad traen muchos más conflictos. Eso es lo que pasó con la creación de la central de abastos, que además de desplazar a muchas personas de sus espacios habitacionales, creó dinámicas de tensión entre los antiguos pobladores y los nuevos actores del entorno. Lo que Nallely Tello nos comparte en sus líneas, quizá sea interpretado como ficción, pero quienes somos de alguna población indígena, sabemos que es absolutamente real, pues hemos vivido en carne propia la forma en la que los grandes proyectos generan luchas salvajes, donde impera el más fuerte o, como en esta novela, las más cabronas, Las Pájaras; se generan liderazgos que nacen de la necesidad de resolver un conflicto y derivan en cacicazgos peligrosos, que después aprenden a cobrar favores, protecciones, a cobrar piso y que buscan perpetuarse a través de sus siguientes generaciones, como en una monarquía, donde el poder se hereda. Con un lenguaje claro y propicio al ambiente que retrata, Nallely, a través de sus personajes, nos pone de frente a la putrefacción humana, a la corrupción; nos refleja en un microcosmos, los intrincados tejidos de las relaciones de poder, las maneras en que estos hilos se afianzan y se jalan a través de los vínculos afectivos, los compadrazgos, los favores, el dinero y el miedo. En Las Pájaras, también nos encontramos con un tema que en la historia reciente significó un parteaguas para Oaxaca, el movimiento magisterial de 2006 y el surgimiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. No quiero contarles toda la historia, pero sí quiero decirles que vale la pena acercarse a esta novela, hurgar entre las alas de Las Pájaras, de donde seguramente volveremos asombrados de este vuelo al que nos invitan ●
quemain@comunidad.unam.mx
EN MI PIEL ES un punto de llegada exquisito y complejo de Elisa Rodríguez Ostuni, una vida migrante atravesada por la creación viva y conmovedora de una artista que ha experimentado prácticamente todas las coordenadas de la creación coreográfica. Desde hace cuatro décadas está instalada con una enorme discreción y pulcritud en el corazón mismo de la creación escénica mexicana, y en 2025 celebró sus orígenes con un trabajo de enorme inteligencia, creatividad e imaginación, para poner en escena todas las migraciones posibles de su piel envolvente. Se trata de una coreografía de largo aliento con una gran cantidad de elementos que forman parte de sus memorias, su autobiografía coreográfica, una reflexión arriesgada y conocedora del tango, de los géneros y de una argentinidad que se discute desde un mundo poético, libresco, popular y sumamente refinado que incluye el vestuario, la iluminación (de Gregorio Trejo) y la poderosa antología musical y sonora (de Mauro Gómez) que instala sus movimientos en lo contemporáneo y en la tradición de la que forma parte su pasado. Elisa Rodríguez Ostuni es una artista observadora que no le teme a las ciencias sociales y a la filosofía, y por supuesto menos a la literatura de la que toma temas, frases, ideas que la cobijan y le dan sentido y seguridad a muchos de sus pasos. En mi piel está contenida toda esa aventura que se dio el permiso de exponer con muchas de sus grandes afinidades sobre la escena. Sobresale la figura de Lidia Romero que acompaña a su amiga y colega con la solemnidad humilde de una pieza más de ese engranaje que, desde la primera imagen, ha disuelto el tema de los géneros y ha arrojado una enorme piedra al aparador de los lugares comunes, poblando el escenario de sólidos fantasmas, brillantes y armónicos. Personajes que si bien tienen la textura de una fantasía, de un sueño, de un gran cromo articulado, también son los ejecutantes de un proyecto que se levanta desde un pasado muy rico que se ha logrado deshacer de los fardos más pesados del tango, para hacerlos definitivamente ligeros con los pasos de lo contemporáneo, que también ha sido su dominio durante tantos años de convivir con una de las embajadas más sólidas de la técnica Graham en el mundo. Porque en muchos sentidos eso ha sido México, una de las estaciones favoritas de una técnica que ha definido el rumbo de las más grandes compañías mexicanas. Muchas veces me he preguntado por
▲ Imagen tomada de : https://www.facebook. com/watch/?v=2275765266169782
qué no hemos tenido más obras de este calado, si su mano tan mexicana y argentina, y su talento tan argentino y mexicano, han estado detrás y como sostén de muchas coreografías mexicanas de primer orden. Tal vez demasiado tiempo dedicado a los otros y a exponer el espíritu del tango, de sus gauchescas, milongas y este recorrido tan singular en México por lo poderoso de lo urbano que recoge formas tanto del anonimato como de la soledad tan de ermitaño y hierofante. El cruce de géneros es conmovedor y beligerante contra los falsos profetas, a los territorios tan manoseados de lo pseudomoderno, pseudofeminista, pseudoerótico. No se autodenomina poseedora de una identidad femenina nueva, ni se propone revolucionar el tango, sino acercarlo, compartirlo y hacerlo comunión, expandirlo. Son catorce ejecutantes mujeres de alta calidad técnica en escena que evocan el movimiento masculino, pero trastocando hacia lo imprevisible los encuentros de parejas, el juego de los dúos de los que Elisa Rodríguez se ha apropiado sin apostarle todo a una genitalidad innecesaria que el extraordinario trabajo del vestuario (creado por Amada Domínguez, Joel Ruiz y Percantas escena) logra evidenciar. Uno de los más bellos trabajos de 2025, de una creadora que atraviesa umbrales con una gran fuerza expresiva ejemplar que valdría la pena que recorriera diversos escenarios universitarios afines a este espíritu crítico, libertario y migrante ●
LA JORNADA SEMANAL
14 18 de enero de 2026 // Número 1611
Arte y pensamiento
Posdata Takis Varvitsiotis
Cuando llegue la hora de la partida No se lamenten amigos No se lamenten Soplará un viento cargado De hojas muertas Voces olvidadas Sin ruido pasarán Por la ventana helada Que se abre hacia la noche Noche cruel Más terrible que todos los vientos Más vacía que la ausencia Será profunda su ternura Y el beso del amor Los iluminará Cuando llegue la hora de la partida No se lamenten amigos No se lamenten Que de boca en boca viaje su sonrisa
Takis Varvitsiotis (Salónica, 1916-2011), abogado de profesión, es autor de veintidós libros de poesía. En el contexto de la Primera Generación de Postguerra se mantuvo fiel al surrealismo, con especial influencia de Éluard, Reverdy y Odsseas Elytis. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, rumano, polaco y búlgaro, entre otras lenguas y, a su vez, tradujo a Baudelaire, Mallarmé, Éluard, Saint-John, Lorca, Neruda, Alberti y Huidobro. Obtuvo numerosos premios por su obra, entre ellos, el Primer Premio del Municipio de Tesalónica (1959), el Primer Premio Estatal de Poesía (1972) y el Premio de Poesía de la Academia de Atenas (1977). Versión de Francisco Torres Córdova.
Galería/ José Rivera Guadarrama La librería más antigua del mundo UNA LIBRERÍA ES un centro de difusión de la cultura, no es un simple lugar en el que hay libros y ya. En realidad, estos espacios representan los puntos de reunión de las ideas más brillantes que han podido realizar los seres humanos. Estos recintos son un repertorio en donde se conjunta la creatividad humana a manera de libros, colocados en estantes bien ordenados y clasificados, dispuestos al tacto, a la vista, a los sentidos más singulares que nos caracterizan. Las librerías son un espacio en donde se exponen los pensamientos más intuitivos escritos por individuos alrededor del mundo, los cuales además han trascendido a sus autores. Es cierto que el libro, ese formato como lo conocemos hasta ahora, está cambiando, en los últimos años muchos pensadores han pronosticado su desaparición. Pero mientras eso no suceda, debemos entrar a las librerías, no importa que no compremos libros, no perdamos el placer de interactuar con los ejemplares, olerlos, diferenciar sus tamaños, su peso, su volumen, buscar autores y encontrar la sección de nuestros temas favoritos. Ese placer es el que ofrece la librería Bertrand, considerada como la más antigua del mundo. Está ubicada en el barrio Chiado, en la ciudad de Lisboa, Portugal. Está a punto de cumplir tres siglos de existencia y fue fundada en 1732 por Pierre Faure, un lector y apasionado por los libros. Al transcurrir de los años, decidió abandonar su labor pero consideró necesario asegurar la sucesión de su firma, por lo que ofreció el cambio de nombre a la familia de su yerno, a Pierre Bertrand. Fue entonces que adoptó este nuevo apellido; su nombre en portugués sería Livraria Bertrand. Ahí ha estado ubicada todo el tiempo, en el barrio de Chiado de Lisboa, a pocos metros de la estatua de bronce del poeta portugués Fernando Pessoa. Aunque en 1755 el terremoto obligó a trasladarla durante un tiempo a la capilla de Nossa Senhora das Necessidades, pero aquel sismo no logró cambiar el propósito inicial de la librería, el de ofrecer a los lectores la gran variedad de temas escritos alrededor del mundo. Incluso, durante la dictadura de Salazar, también conocida como el Estado Novo, que fue un régimen autoritario corporativista en Portugal de 1932 a 1974, liderado por António de Oliveira Salazar y marcada por el control totalitario, la represión de la oposición, la censura, la prohibición de partidos políticos, esta librería sirvió como lugar de encuentro de los opositores a ese sistema, entre ellos Fernando Namora, Urbano Tavares Rodrigues y José Cardoso Pires. Y también fue un lugar que presenció los acontecimientos de la Revolución de los Claveles, ocurrida en la ciudad el 25 de abril de 1974. A ella se llega caminando ppor calles empedradas, estrechas y onduladas, con subidas y bajadas. No es difícil encontrar su ubicación: está situada en el número 73 de la calle de Garret esquina con Anchieta, cerca del río Tajo, en una zona elegante que conserva todavía un ambiente de singular bohemia. Esta librería es un eslabón entre el autor y el lector. Cuenta con seis salas que llevan el nombre de importantes escritores portugueses, entre ellos Aquilino Ribeiro, José Saramago, José Maria Eca de Queirós, Almada Negreiros, Alexandre Herculano y Sophia de Mello Breyner. En cada una de esas estanterías se destacan las obras de dichos autores y hay una placa en donde se describe un poco de su historia personal. No han olvidado honrar a uno de sus poetas más importantes, a Fernando Pessoa. Al fondo de la librería hay una cafetería donde además de disfrutar de un caliente y rico café con algún postre, también se puede admirar un mural dedicado a este gran escritor. Fue reconocida por el Libro Guinness de los Récords Mundiales como la más antigua del mundo en funcionamiento continuo, distinción otorgada en marzo de 2011, ofreciendo una amplia selección de 70 mil libros en 583 metros cuadrados de espacio comercia ●
Arte y pensamiento
LA JORNADA SEMANAL 18 de enero de 2026 // Número 1611
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W Imagen: Alonso Arreola. Generada con IA.
Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista Manuel y Pablo, a 150 años LA COMBINACIÓN NO podía ser mejó. Mire usté, lectora, lectó: nacer en Cádiz, al sur de España, en el año 1876. Que en casa halla dinero y amor por la música. Que el padre sea un comerciante de Valencia intérprete del armonio. Que la madre sea su primera maestra de piano. Que al lado de sus hermanos reciba clases particulares. Que combine el conocimiento académico con la sabiduría flamenca (duende y aire jondo). Que así comience andanzas llamándose Manuel de Falla, figurón al que se deben renovaciones significativas en la estética andaluza. A diferencia de él, otro que hoy nos toca tuvo una infancia limitada en tierra catalana. Su padre también fue músico. Organista de parroquia y director de coro que trabajó igualmente de carpintero, por lo que pudo construir el primer chelo de su hijo a partir de una calabaza. Su madre fue hija de inmigrantes que viajaron a Cuba y Puerto Rico, en donde nació antes de llegar a Tarragona. A ella se le atribuye la educación social y ética que el artista ostentará contra los opresores. Su nombre fue Pablo Casals, quien también naciera en 1876. Esa coincidencia no es anecdótica ni termina allí. Si nos adentramos en el calendario veremos que, tras el fracaso de la Primera República, fue en ese mismo año cuando España celebró elecciones generales y promulgó una nueva Constitución. Allí inicia la llamada Restauración Borbónica, lo que funcionó poco más de medio siglo, hasta la llegada del “bando nacional” al que se sumaron falangistas simpatizantes del fascismo. Es en la política, precisamente, donde la vida de ambos se separa. Durante la Guerra Civil, Manuel de Falla se encierra en un conservadurismo que no cuadraba del todo con la Segunda República, aislándose en Granada luego del asesinato de su entrañable amigo Federico García Lorca. Pablo Casals, por su lado, disuelve su orquesta y se exilia en Francia con la llegada de Franco. Ambos, para ese momento, eran personalidades reconocidas y emblemáticas del arte español. Los dos sufrieron. De Falla decayó física y emocionalmente hasta que finalmente “escapó” a Argentina, tierra en la que pudo desarrollarse prolíficamente para no volver a Europa. Murió en 1946. Casals se negó a tocar para Hitler arriesgándolo todo. Luego viajó por un mundo que celebraba su virtuosismo, pero mantuvo protesta contra gobiernos que reconocían a Franco. Finalmente se estableció en Puerto Rico, siguiendo las raíces maternas. Murió en 1973. ¿Por qué hablamos de ellos? Manuel de Falla representa ideales que en México tuvieron Chávez, Revueltas y Moncayo. Los ecos de su visión gaditana pasada por el mundo clásico han reverberado en toda Iberoamérica, mostrando una genética que enaltece la complejidad y frescura flamencas. Verbigracia: El sombrero de tres picos y Amor brujo, que le recomendamos escuchar con la orquesta de Chicago conducida por Daniel Barenboim. Pablo Casals, en cambio, parece viajar en sentido contrario: de lo global a lo íntimo. Transformó por completo la manera de tocar el chelo, poniéndolo al centro de obras que habían caído en el olvido o que no eran bien consideradas en el corpus más importante del repertorio clásico. Hoy cuesta trabajo imaginarlo, pero sin Casals las suites de Bach, por ejemplo, no serían lo que son en el imaginario global. Búsquelo tocando la Suite No. 1, filmada en 1954. ¿No le resulta extraordinario que estos artistas, nacidos hace ciento cincuenta años suenen tan próximos al corazón? Estemos atentos, que se viene todo tipo de celebración. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●
Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars
Colonizados fílmicos EL AÑO PASADO, la muy adinerada y poderosa compañía Netflix anunció que invertiría cuantiosas sumas de dinero en la producción cinematográfica mexicana, lo cual puso muy contento a Todomundo, desde las autoridades gubernamentales hasta el último elemento de la comunidad fílmica. Se asumió, de entrada, que los tales e ingentes dineros serían beneficiosos en todos los sentidos, es decir, no solamente en cuanto se refiere a paliar la siempre insuficiente capacidad económica para filmar todo lo que se quisiera filmar, sino también por cuanto hace a una diversidad que, les dio por suponer, se daría por automático: si hay más lana se podrán contar más historias, éstas serán de todo tipo y, ya que se trata de México, habrán de referirse a nuestra idiosincrasia, contexto social, cultural, histórico, político, etecé. Por desgracia pero previsiblemente lo anterior no está sucediendo, pues con lo que no se contó –o se soslayó deliberadamente– es que, a la hora de invertir su dinero, Netflix es idéntica y responde exactamente igual que cualquier compañía de las llamadas major: el riesgo, la osadía, los terrenos desconocidos no son lo suyo, ni en materia temática ni al elegir a quién financia. Un operaprimista, de entrada y por el solo hecho de serlo, queda descartado; lo mismo le sucede a un cineasta que ya cuente con la “suficiente” trayectoria –de acuerdo con los criterios netflixeanos–, pero que le diera por trabajar, por ejemplo, con un casting de actores debutantes, noveles, desconocidos. Le dirían algo así como “vale, producimos tu película, pero en el reparto tienes que poner a alguien así o asá”, o incluso peor: “pues mira, tu proyecto vale la pena, pero como que le falta un par de cosas a tu guión… si le agregas un conflicto amoroso o una pérdida fatal, con eso ya quedaría”. En la coyuntura entre quienes aceptan cuanta modificación les sea impuesta y quienes, con cierta integridad, se niegan a que les cambien una sola coma, la solución netflixeana es la mar de simple: vale más ir a lo seguro, a lo ya comprobado, y para eso están los remakes y las adaptaciones.
La solución netflixeana A LA GORDA camada de estas últimas pertenece La hora de los valientes (2025), versión “mexicanizada” de la cinta argentina casi homónima Tiempo de valientes (2005), escrita y dirigida hace veinte años por Damián Szifron, producida por 20th Century Fox y considerada en Argentina como la película más exitosa del subgénero conocido como buddy cop, a saber, aquel consistente en emparejar a un par de personajes que al principio se llevan mal y terminarán llevándose bien, mientras resuelven un “caso” o atrapan al malo. Así pues, la original Tiempo de valientes no es sino una “tropicalización” más de un subgénero del cual Hollywood ha proveído, provee y seguirá proveyendo decenas y centenas de repetitivos, calcados, cansones e innecesarios ejemplos –ponga el lector como ejemplos los primeros que se le vengan a la memoria: Arma mortal, Dos policías rebeldes, Una pareja explosiva, Punto de quiebre...–, y su principal cometido será parecerse tanto como sea posible a sus referentes, lo cual ha de lograrse en función de la fidelidad a la fórmula: antipatía y rechazo inicial del dueto protagonista, necesidad mutua de ayuda, complicaciones de pacotilla y previsiblemente solucionables en su misión, obtención final del éxito y camaradería resultante. Que en Tiempo de valientes, igual que en La hora de…, uno de los personajes sea psicoanalista y el otro policía, no vale como diferencia o apartamiento del cartón; tampoco, que el no-policía resulte ser indispensable para que “el caso” sea resuelto, que sus torpezas se trastoquen en virtudes, ni que lo solucione todo a pesar de sí mismo. Eso y nada más es lo que sucede en la cinta mexicana, como sucedió en la argentina y como, mínimas diferencias de por medio, pasó en sus antecedentes gringas. Si a esto se refería Netflix al anunciar sus pingües inversiones en el cine mexicano, que después nadie niegue nuestra condición de colonizados fílmicos ●
LA JORNADA SEMANAL
16 18 de enero de 2026 // Número 1611
Saúl Renán León Hernández
De Nabokov a Jeffrey Epstein: psicoanálisis, ficción y realidad
▲ Vladimir Nabokov.
La muy famosa novela del escritor ruso Vladimir Nabokov (1899-1977) Lolita, ha generado muchos estudios y no menos discusiones y polémicas sobre la naturaleza de su trama. Este texto se acerca a algunas de esas ideas, cuenta su origen y los posicionamientos del autor ante la crítica de su tiempo.
S
egún el prologuista de Lolita, si la psicoterapia fuera efectiva la tragedia del pedófilo Humbert Humbert (HH) y de Lolita no habría existido. Ah –rectifica–, pero tampoco la novela. Es decir, no se habría podido aprovechar el mal ajeno en beneficio de la literatura propia. Nabokov, que amaba las mariposas tanto como detestaba toda crueldad humana, abominaba de la crítica dirigida a desentrañar los entresijos del autor. Pero la propició cuando decidió explicar cómo empezó a fraguar Lolita. La idea surgió tras leer una nota periodística sobre un chimpancé que aprendió a dibujar y lo primero que dibujó fue su jaula. ¿Qué relación pudo haber tenido esa imagen con Lolita? La clave está en su cuento autobiográfico “Primer amor”: Colette (una niña francesa de su misma edad, entre nueve y diez años) ostenta magulladuras en uno de sus brazos y, mientras juega en la playa con un cangrejo, exclama “me pellizca casi tan fuerte como mamá”. Vladimir, sintiendo por ella un amor casi superior al que sentía por las mariposas, ata cabos y urde la fantasía de liberarla de la jaula del maltrato materno y huir con ella por toda Europa. Traslada aquella fantasía al periplo de HH huyendo con Lolita por ciertos lugares de Estados Unidos. Lugares elegidos por él para ir a cazar mariposas y de paso recolectar detalles ambientales cuya descripción contribuiría a darle “una pizca de realidad” a la novela. Además, la Annabel que HH recuerda como la víctima precursora de Lolita es otra imagen sublimada de Colette. Esta recurrencia al primer amor infantil está relacionada con el
hecho de que la obsesión del pedófilo empieza a temprana edad. Nabokov navega hábilmente en esta concepción psicológico ambientalista, pero también pone en la palestra la hipótesis genética. ¿El desmedido deseo de HH por Annabel no habría sido “la primera muestra de su singularidad innata”? Con los conocimientos disponibles en su época, describió casi a la perfección las características clínicas de la pedofilia idiopática o de causa desconocida. HH tiene baja conciencia moral y se escuda en llamar amor a su sentimiento por Lolita; no obstante, manifiesta angustia, miedo, vergüenza, obsesión sexual, reincidencia inveterada, incapacidad para cumplir regularmente cualquier intento de terapéutica, capaz de planear sus actos no sólo para embaucar a las prepúberes y de engañar a quienes las rodean (empezando por la madre de Lolita) sino de fantasear torvamente sobre las mejores formas de atrapar a más y más nínfulas (imagina a Lolita como una cantera productora de hijas y nietas de las que él podría disponer a placer en el futuro). Para algunos lectores la novela atenta contra la moral, pese a que él mismo señaló “Lolita no tiene pretensiones moralizantes”; aunque, en el juego de máscaras jungianas, su falso prologuista afirma que sí las tiene por encima de “su trascendencia científica y su dignidad literaria”, inclusive. Otros la consideran una denuncia sobre el abuso sexual infantil, pero sin un claro compromiso del autor. No soy –respondió al respecto–, un defensor de la “Literatura de Ideas” y, a juzgar por la burla de Lolita sobre la nota periodística, “¿Se reducirían los delitos sexuales si los niños hicieran caso de algunas advertencias?”, tampoco simpatizaba con la pueril repetición de clichés sociales influidos por la moral religiosa.
Con los conocimientos disponibles en su época, describió casi a la perfección las características clínicas de la pedofilia idiopática o de causa desconocida. HH tiene baja conciencia moral y se escuda en llamar amor a su sentimiento por Lolita; no obstante, manifiesta angustia, miedo, vergüenza, obsesión sexual, reincidencia inveterada, incapacidad para cumplir regularmente cualquier intento de terapéutica.
Pese a ello, era consciente de que Lolita causaría escozor, como lo causó “Un tipo bien plantado” (1937) en Europa, cuento rechazado por dos editoriales al considerarlo “indecente y brutal” y, además, simpatizante del psicoanálisis (es un hecho psicoanalítico –dice su personaje–: todo hombre es Edipo); en cambio, HH declara estar enemistado con “el viejo vuduismo freudiano”. En esta tesitura, esperaba las reacciones de los consejeros editoriales que rechazaron Lolita, los cuales –se quejó– no pasaron de la página 174. La lectura completa les habría hecho entender su intención de exaltar el amor como redención. ¿Qué diría hoy cuando la mayor parte de los lectores consideran que bajo ninguna circunstancia HH puede escudarse en el amor? Fiel a su concepción del papel de la novela (describir los objetos y los hechos ordinarios que en tiempos venideros se convertirán “en algo exquisito y festivo por derecho propio”. Guía de Berlín. 1925), tal vez diría que críticos y lectores no valoran debidamente “los nervios de la novela” y el placer estético que procuran, por ejemplo, Lolita jugando al tenis. Al respecto, prefiero la carta a la deriva de Xavier Velasco sobre Serena Williams. Finalmente, la relación de la pedofilia con el poder no pinta en Lolita; sin embargo, es una realidad lacerante ante la cual palidece cualquier ficción literaria. Pedófilos genuinos como Marcial Maciel, el líder de La Luz del Mundo y Jeffrey Epstein, planean sus actos y buscan intencionalmente los lugares en los que pueden actuar a sus anchas bajo el cobijo del poder económico político o religioso o, faltaba más, el de todos juntos ●