Skip to main content

La Semnal 15/2/2026

Page 1


Benito/Bad Bunny va al Super Bowl

Antonio Soria

Mundial de Futbol 2026, el nuevo circo romano

Alejandro Badillo

SEMANAL

Y LAS PARADOJAS DEL PRESENTE LA FILOSOFÍA MEXICANA

Gabriel Vargas Lozano*

15 de febrero de 2026 // Número 1615

Portada: Collage digital de Rosario Mateo Calderón.

LA FILOSOFÍA MEXICANA Y LAS PARADOJAS DEL PRESENTE

No obstante su larga historia, que arranca con los pueblos originarios de lo que hoy es nuestra nación, la filosofía mexicana ha padecido múltiples adversidades que incluyen rupturas, fracturas, negaciones, minimizaciones y, se diría que de manera crónica, una invisibilidad por demás injusta que no se corresponde con su relevancia ni, sobre todo, con su utilidad en el enriquecimiento cultural colectivo y, por lo tanto, de la vida pública en general. El trabajo de filósofos y divulgadores como Miguel León Portilla, Leopoldo Zea, Gabino Barreda, Ramón Xirau, Antonio Caso, Vicente Lombardo Toledano, Samuel Ramos, José Gaos, Adolfo Sánchez Vázquez, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Emilio Uranga, Enrique Dussel y Eli de Gortari, entre muchos otros, no sólo merece una difusión mucho más amplia sino es fundamental para cimentar y fortalecer nuestra identidad nacional y enfrentar de mejor manera los desafíos del presente.

Aficionados asisten al evento Copa FIFA, Tour del trofeo de la Copa Mundial FIFA a México, en el Monumento a la Revolución, Ciudad de México, enero de 2026. Foto: La Jornada / Cristina Rodríguez.

MUNDIAL DE FUTBOL 2026, EL NUEVO CIRCO ROMANO

DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade

DIRECTOR: Luis Tovar

EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón

LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores

PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008121817375200-107, del 18/XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/ XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

A una época en crisis le corresponde un espectáculo en crisis. Desde las primeras décadas del siglo XX, el futbol profesional se convirtió en un espectáculo de masas y en un legitimador político. Al igual que los Juegos Olímpicos, el Mundial es una suerte de empresa trasnacional que pone bajo sus órdenes a gobiernos de cualquier ideología. Todos quieren organizar la competencia que sucede cada cuatro años porque es sinónimo de prestigio y desarrollo.

Brasil organizó su Mundial en 2014, cuando el país –gobernado por Dilma Rousseff– aún gozaba de credibilidad internacional por el auge de las materias primas y las políticas sociales iniciadas en el período de Lula da Silva. Rusia organizó su Mundial en 2018, cuando el régimen de Vladimir Putin presumía sus lazos con las potencias globales y se vendía como un régimen integrado al mercado global.

El futbol fue, en sus inicios, un deporte popular. Una buena reconstrucción de sus orígenes y, particularmente, su fuerza política, se puede encontrar en Una historia popular del futbol, de Mickaël Correia. El futbol se empezó a practicar, según el periodista francés, como un entretenimiento sin reglas que involucraba a toda la comunidad y se desarrollaba en calles, casas y cualquier lugar común. Con el transcurso del tiempo, las clases altas intentaron domesticar el juego, pues pervertía el orden establecido. El evento recordaba el espíritu carnavalesco que servía como cohesionador de los pueblos.

Ya en el siglo XIX comenzó la transformación de juego en deporte y, posteriormente, en actividad profesional. La miniserie de Julian Fellows –creador de la exitosa Downton Abbey-The english game (2020) aborda la confrontación entre los primeros clubes ingleses en los que participaban los terratenientes de la época y la progresiva introducción de equipos de obreros pertenecientes a la pujante industria textil. Como suele suceder en las producciones de Fellows, el conflicto de clase se soluciona de manera tersa con cada bando aceptando su lugar en la pirámide social. Sin embargo, como muestra el libro de Correia, el futbol ha sido un instrumento de reivindicaciones políticas para la clase popular, particularmente en el Sur Global. El futbol sirvió, por ejemplo, como modelo de resistencia en tiempos del nazismo y también –con los grupos de aficionados–como organizador para combatir al poder durante las protestas contra el gobierno egipcio de Hosni Mubarak en 2011. La población palestina ha encontrado en el futbol un modo de visibilizar su lucha y las mujeres inglesas –Las Munitionnettes– desafiaron la jerarquía masculina organizando partidos y una liga propia a finales del siglo XIX.

Un espectáculo para la distopía

LA CAPTURA DEL futbol por la industria del entretenimiento ha generado una enorme fortuna

que gestiona la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y las asociaciones de los diferentes países que son, de facto, oligarquías controladas por grandes corporativos de medios de comunicación y construcción, entre otras ramas. El futbol profesional se vende 24 horas al día en pantallas de todo el mundo. Periodistas, locutores y los llamados influencers se encargan de no dar descanso a los seguidores de los equipos quienes, a la postre, tienen que contratar diferentes plataformas para poder seguir los partidos. Los dueños de los clubes más poderosos –Florentino Pérez del Real Madrid es el mejor ejemplo– usan al futbol y su influencia para presionar al Estado y gestionar sus negocios fuera de los controles democráticos. Esto lo describe Fonzi Loaiza, doctor en Medios, Comunicación y Cultura por la Universitat Autònoma de Barcelona, en su libro Florentino Pérez, el Poder del Palco.

El multimillonario negocio del futbol entró en una nueva etapa con el Mundial realizado en Qatar en 2022. En el pasado, la FIFA no había tenido problemas para hacer negocios con dictaduras como en Argentina en 1978, y tampoco tuvo problemas al otorgar la sede a una monarquía que viola los derechos humanos, en particular de las mujeres, y funciona, en la práctica, como un corporativo petrolero. Conforme se acercaba la fecha para el Mundial –realizado entre noviembre y diciembre de 2022 para evitar las altas temperaturas de la región– se difundieron noticias sobre la explotación laboral de trabajadores migrantes en la construcción de los estadios, que incluyó muertes no reconocidas por la FIFA ni por el gobierno del país. El dinero, al final de cuentas, era lo que importaba.

Ahora, el Mundial organizado por Canadá, Estados Unidos y México parece ir un paso más allá en un espectáculo a la altura de cualquier distopía imaginada años atrás. Estados Unidos –el país con más juegos– tiene a una organización paramilitar ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en las calles de varias ciudades protagonizando ejecuciones extrajudiciales con absoluta impunidad, transmitidas en vivo por los manifestantes y justificadas por el poder con un discurso irracional y lleno de odio. Al presidente Donald Trump, en su segunda etapa en la Casa Blanca, no le preocupa la imagen de su país, pues los turistas siguen llegando a Estados Unidos, incluso los mexicanos. Sin importar las amenazas del gobierno, los aficionados parecen alejados de esta realidad, pues no se ha registrado una cancelación masiva de boletos que, por otro lado, son vendidos y revendidos –con tarifas dinámicas gestionadas por algoritmos para exprimir más las ganancias– en un sistema que imita las subastas. En el caso de México, una de las tres sedes, destaca con el descubrimiento de quinientas bolsas con restos humanos en el Estadio Akron, en Jalisco. El hecho mereció, entre otros, un artículo en el diario español El País titulado “Un estadio mundialista rodeado de cadáveres”. La macabra ofrenda parece que quedó en el olvido por el frenesí del evento que se celebrará en el verano de este año. Sin embargo, no deja de ser inquietante el patrón del que forma parte: lugares turísticos y centros de entretenimiento rodeados por fosas clandestinas que apenas merecen una nota periodística o un espacio en el conteo de muertos y desaparecidos en México. El periodista Andy Robinson, en su libro Turismo de terror. Diez antiviajes en América Latina publicado el año pasado investiga las desapariciones y muertes de trabajadores que son atraídos por la industria turística en Cancún. A un lado de los

grandes hoteles y casinos yacen olvidados los cadáveres de aquellos que no pudieron sortear el filtro impuesto por el crimen organizado.

Hoy como ayer

ES TENTADOR IMAGINAR el Mundial 2026 como una suerte de nuevo circo romano, el Circus Máximus. Partiendo del colapso de Roma vigente en el imaginario popular y sin los matices que ofrece la historiografía especializada, podemos encontrar similitudes interesantes. El historiador alemán Ludwig Friedlaender dedica un capítulo de su extensa obra La sociedad romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto hasta los Antoninos a la máxima diversión de aquella época: las carreras de carros. Como sucede ahora, el espectáculo acumulaba cada vez más fechas en el año para enriquecer a los contratistas. Las carreras se exportaban a otras regiones del imperio. Roma experimentaba su largo declive durante los tres primeros siglos de nuestra era mientras la gente hablaba de los mejores caballos y la habilidad de los aurigas –los conductores. Los emperadores –algunos de ellos aún famosos en nuestros días por su excentricidad y crueldad, como Nerón o Calígula– aplicaban la frase panem et circenses (“pan y espectáculos del circo”, extraída de una sátira de Juvenal) para mantener a la población lejos de la política y preocupada por los resultados de las carreras, justo como sucede en la actualidad con los espectáculos deportivos omnipresentes en las pantallas globales. Quizá la pasión por el futbol y los templos en los que se le rinde culto sobrevivan incluso en un escenario de colapso social en nuestro siglo. En el libro de Ludwig Friedlaender destaca esta anécdota:

El presbítero Salviano de Masilia escribe que cuando los pueblos bárbaros amenazaban las murallas de Cirta y Cartago (año 439), los cartagineses corrían como locos a presenciar las carreras del circo. Después de haber sido conquistada y destruida por tres veces la ciudad de Tréveris, algunos nobles treverenses que habían sobrevivido a la triple catástrofe pidieron a los emperadores que se organizasen en la ciudad en ruinas espectáculos circenses, los cuales, de haber llegado a celebrarse, habrían tenido por escenario un montón de escombros y cenizas entreverados con los huesos de miles de muertos ●

La afición argentina celebra su victoria en el Mundial de Catar 2022 contra Francia. Foto AFP.

CRISTINA CAMPO: LA PALABRA Y EL SIGNIFICADO MÁS PROFUNDO

Cristina Campo (pseudónimo de Vittoria Guerrini; Bolonia, 1923Roma, 1977) fue una de las voces más aristocráticas, secretas y profundas de la literatura italiana del siglo XX. Hija de un músico, estuvo marcada a lo largo de toda su vida por una malformación cardíaca que hizo que su salud fuera siempre precaria y le impidiera seguir un curso regular de estudios. Tras mudarse a Florencia con su familia, Cristina frecuentó los círculos literarios de la ciudad, donde conoció a intelectuales de la talla de Mario Luzi, Gabriella Bemporad, Margherita Pieracci Harwell (quien sería más tarde la editora de muchas de sus obras póstumas), Gianfranco Draghi (quien la introduciría en el pensamiento de Simone Weil) y Leone Traverso.

Llevó una vida muy retirada y, en la redacción de sus escritos, se mantuvo siempre indiferente a los elogios, los reconocimientos y las exigencias del mercado literario. A su actividad como poetisa y escritora sumó pronto la de traductora del inglés: entre los autores traducidos por ella se encuentran Katherine Mansfield, Virginia Woolf, John Donne, William Carlos Williams y Simone Weil. En los últimos años de su vida llevó una existencia aún más apartada y se dedicó a profundizar en los temas de lo sagrado y la espiritualidad: se convirtió en una católica ferviente y rigurosamente ortodoxa, hasta el punto de oponerse a las reformas del Concilio Vaticano II. Su estilo poético, que sigue siendo muy particular hoy en día, está totalmente orientado a hacer coincidir la palabra con su significado más profundo, rehuyendo de todo lo que resulte obvio o superfluo. Entre sus obras cabe destacar los poemarios Diario bizantino e altre poesie (1977) y La tigre assenza (póstuma, 1991), además de una rica producción de prefacios, traducciones, ensayos y cartas. Murió en Roma en 1977.

Stefano Strazzabosco

“ningún vínculo unía a estos muertos en la necrópolis desierta”.

Quedó allá abajo, cálida, la vida, el aire color de mis ojos, el tiempo que quemaban, detrás de cada viento, manos vivas, buscándome…

Subsiste la caricia que no encuentro sino entre dos sueños, mi infinita sabiduría quebrada. Y tú, palabra, que trasmutabas esta sangre en lágrimas.

Tampoco llevo un rostro conmigo, ya pasado en otro rostro como esfera en el vino y consumado en ardientes silencios…

Vuelvo sola, entre dos sueños, allá, veo el olivo róseo sobre las tinajas colmadas de agua y luna del largo invierno. Vuelvo a ti que hielas en mi ligera túnica de fuego.

Moriremos lejanos. Será mucho si en tu palma posaré la mejilla el Año Nuevo; si en la mía la huella contemplarás de otra migración.

Del alma muy poco sabemos. beberá tal vez de los embalses de las cóncavas noches sin pisadas, posará bajo aéreas plantaciones germinadas por piedras… ¡Oh señor y hermano! Mas de nosotros sobre una sola urna de cristal pueblos estudiosos escribirán quizá, dentro de mil inviernos:

Amor, hoy tu nombre de mi labio ha escapado como del pie el último escalón…

Ya se ha esparcido el agua de la vida y la larga escalera hay que recomenzarla.

Te he permutado, amor, con palabras.

Oscura miel que hueles dentro diáfanos vasos bajo mil seiscientos años de lava ‒

te reconoceré por el silencio inmortal.

Cristina Campo.

Simbad

El aire día a día se adensa en torno a ti, día a día me consume los párpados. El universo se ha cubierto el rostro, sombras me dicen: es invierno.

Tú en el virginal espacio donde se acunan islas negligentes, yo en el terror de las lilas, en una flama de tórtolas, sobre el suave, doméstico camino de la locura.

Se estiban cáñamo, olivas, mercados y años… Yo no bajo las pestañas. Medianoche vendrá, el primer grito del silencio, el larguísimo caer del faisán entre sus alas.

Las manos

Estas manos tuyas en tu defensa de ti: me hacen noche en el rostro. Cuando lentas las entreabres, allá adelante la ciudad es aquel arco de fuego. En el sueño futuro serán persianas rayadas de sol y habré perdido para siempre aquel sabor a tierra y viento cuando las retomarás.

Y mi valle rosado de olivares y la ciudad intrincada de mis amores se cierren otra vez como una breve palma, mi palma marcada por todas mis muertes.

vibraba encima de un chorro de oro alto y sutil la sangre.

Temblábamos sonriendo a las miradas – al acercarse sombrío de aquel guardián incorruptible que en los jardines cierra toda fuente.

Año Nuevo ’53-’54

Se dobla la blanca ropa de estío y tú desciendes en el meridiano, dulce octubre, y en los nidos.

Tiembla el último canto en las terrazas, donde el sol era sombra y sombra el sol, entre penas calmadas.

Y mientras demora tibia la rosa, la amarga baya rezuma el sabor de los sonrientes adioses.

Ahora que se invierte la clepsidra, que el porvenir, este cálido sol, ya me surge en los hombros, con los pájaros regresaré sin pena a Bellosguardo: la garganta dejé en verdes guillotinas de enrejados y de un eterno rosa vibraban las manos, desnudadas de flores.

La nieve estaba suspendida entre la noche y las calles como el destino entre la mano y la flor.

En un sonido dulce de campanas dilecto has llegado… Como una vara ha florecido la vejez de esta escalera.

¡Oh tierna tempestad nocturna, rostro humano!

(Ahora toda la vida está en mi mirada, estrella sobre ti, sobre el mundo que tu paso vuelve a cerrar).

Ahora quiero otra vez blancas todas mis cartas, inaudito mi nombre, mi gracia sellada otra vez; me distienda en el cuadrante de los días, reconduzca la vida a medianoche.

Oh Medio Oriente extendido por su voz, quiero despertar camino a Damasco –jamás la vista haber alzado a un cielo distinto del suyo, de tanto gozo en la cruz.

Devota como un ramo curvado por las nieves, feliz como fogata por colinas de olvido, sobre agudísimas láminas en blanca malla de ortigas, te enseñaré, alma mía, este paso de adiós…

Cuadernito

Un año… Detenía su estrella el cielo del Adviento. En la boca, ya sin fiebre o sin miedo, mi mano te dibujaba, oscura, una palabra. Y la esfera del alma y del año

Oscilante entre el fuego de los olivares, brillaba octubre antiguo, nuevo amor. Muda, afilaba el corazón al corte de cometas impensables (ya próximos, ya nuestros, ya lejanos): aéreos ataúdes, túmulos nevados de mi mañana joven, del sol.

La

tigre

ausencia

pro patre e matre

¡Ay que la Tigre, la Tigre Ausencia, oh amados, ha devorado todo de este rostro orientado hacia ustedes! La boca sola pura ruega aún a ustedes: de rezar aún porque la Tigre, la Tigre Ausencia, oh amados, no devore la boca y la plegaria…

Versiones de Marco Antonio Campos y Stefano Strazzabosco.

Poderosísimo, el revuelo mediático empezó semanas antes y no se ha detenido: el espectáculo de medio tiempo del Supertazón LX de la estadunidense Liga Nacional de Futbol (americano, NFL por sus siglas en inglés) corrió a cargo del cantante, compositor, productor musical y actor puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny.

La presencia en la final de futbol americano de quien, el día de hoy y a nivel mundial, es el artista latino más célebre y exitoso, desató una doble ola: la de quienes lo celebraron y la de quienes lo deploraron, curiosamente, por las mismas razones, comenzando por el hecho de ser latinoamericano y que haya cantado en español.

Independientemente de filias y fobias, el concierto/espectáculo que Bad Bunny ofreció a una audiencia mundial que rebasó los 200 millones de personas no puede ser visto sólo como un evento mediático más, sino como lo que también fue: un acto con innegable carga simbólica y política, particularmente en el contexto de las medidas antimigratorias del gobierno estadunidense.

Hijo de un chofer de camión y una maestra de inglés, Benito/Bad Bunny nació en 1994 en el municipio de Bayamón, pero pasó sus primeros años de vida en el de Vega Baja –este último dentro del área metropolitana de San Juan, la capital–, ambos en la costa norte del Estado Libre Asociado de Puerto Rico; el próximo 10 de marzo cumplirá treinta y dos años de edad; en algún momento practicó la lucha libre profesional y se matriculó para la carrera de Comunicación audiovisual en la Universidad de Puerto Rico, campus Arecibo.

A Lysaurie, su madre, le gustaba mucho la música, en especial la balada romántica, lo cual debió ser determinante para que Benito/Bad Bunny quisiera ser cantante desde que tenía cinco años de edad, así como para que hasta los trece cantara en el coro de la iglesia. Admirador

BENITO/BAD BUNNY VA AL SUPER BOWL

de Héctor Lavoe y Daddy Yankee, entre otros, fue en 2008, a los catorce, cuando comenzó a hacer sus propias canciones.

Con diecinueve años, Benito/Bad Bunny estudiaba y también laboraba como empaquetador –de cerillo, se habría dicho en México– en Supermercados Econo, al mismo tiempo que subía sus composiciones al streaming de música SoundCloud, que a diferencia de otros como Spotify permite la libre compartición de material auditivo. “Diles”, una de tantas canciones que había subido, atrajo a un productor y de ahí surgió su primer contrato, con el sello discográfico Hear This Music.

Con esa década de tremendo ascenso y notoriedad, que Bad Bunny fuera contratado para el tradicional espectáculo a medio Supertazón sólo era cuestión de tiempo… y también, claro, de cuidadosos cálculos político/económicos.

La bofetada del Conejito

Antonio Soria

Era 2016 y Benito tenía veintidós años de vida cuando “Soy peor”, canción y videoclip, lo convirtieron en un referente ineludible de Hot Latin Songs –número 22 en esa lista, con más de 330 millones de reproducciones en YouTube. Desde entonces, para decirlo con una expresión clásica, su fama no ha hecho más que crecer: de 2020 a 2022 fue el cantante con más reproducciones en Spotify; la revista especializada en música Pitchfork lo añadió a su lista de los doscientos artistas más influyentes en el último cuarto de siglo; fue el primer cantante latino urbano que apareció en la portada de la prestigiosa revista musical Rolling Stone; con su álbum Debí tirar más fotos, este 2026 se convirtió en el primer cantante de habla hispana en ganar el galardón más codiciado de los Premios Grammy; además de ponerlo en su portada, la revista Time lo considera una de las cien personas más influyentes, junto a multimillonarios, políticos, activistas, etcétera.

EN REALIDAD, Y PARA desconocimiento general, el pasado domingo 8 de febrero no fue la primera vez que Bad Bunny apareció en el espectáculo de medio tiempo de un Super Bowl: Shakira, quien lo encabezó en 2020, tuvo al Conejito Malo como invitado. Pero las diferencias entre aquel momento y el sucedido apenas hace una semana son enormes, de modo que pasar de mero convidado a protagonista sólo es el principio. En el ínter, y aunque ya de entrada sus malquerientes –que no son escasos, y muchos tampoco palmariamente ignorantes ni ágrafos– lo descalifican, haciendo gala de lo que dan por sentado es su propia superioridad cultural-estética, Bad Bunny se ha trastocado en algo más que un mero compositor e intérprete de reguetón, trap latino, salsa y pop urbano. Le guste o no a los exquisitos de toda laya y nivel, el éxito y por lo tanto la visibilidad e influencia del Conejito lo vuelve algo obvio: un referente de la música popular pero, al mismo tiempo y de manera inherente, uno en cuanto a gustos y estilos de vestimenta y vida en general, modos de sentir y de expresión, etecé.

Dicho de otro modo, y por más que su tremenda fama provenga de un opus musical y lírico mayo-

▲ Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, 8 de febrero, 2026. Foto: AP.

ritariamente cuestionable, ya sea por elemental hasta lo cansón –la música–, ya sea por zafio, misógino y cosificador –una enorme cantidad de sus letras–; y por más que en buena medida deba sus alcances a la muy poderosa industria musical, no sólo estadunidense pero sobre todo, y por lo tanto sus posibilidades y alcances en cualquier otro ámbito distinto del mero entretenimiento estén claramente limitadas –verbigracia la política–; por más peros que se le pongan hay un hecho irrefutable: la presentación de Bad Bunny en el que los estadunidenses viven como uno de sus más caros hitos nacionales –el multimencionado Super Bowl del futbol americano y su show de medio tiempo como elemento indispensable–, le sacó tremenda roncha a los segmentos más conservadores, retrógradas y clasistas, no sólo de Estados Unidos.

¿La razón? El mismísimo Donald Trump, a toro pasado, con su habitual expresión pedestre y sin desaprovechar la oportunidad para el autoditirambo, lo explicó mejor que nadie:

El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo […] Este “espectáculo” es una bofetada a nuestro país, que establece nuevos récords y estándares cada día […] No hay nada inspirador en este desastre de espectáculo de medio tiempo; recibirá excelentes críticas de los medios de comunicación que difunden noticias falsas, porque no tienen ni idea de lo que está pasando en el mundo real [...]

Van las cursivas, a cargo del autor de estas líneas, para subrayar lo que más le dolió al delincuente –así declarado por un juzgado neoyorquino– y presunto protector de pederastas, quizá él mismo uno de ellos, que despacha en la Casa Blanca: la “afrenta” y la “bofetada” fueron a lo que él, y quienes como él piensan, creen y dicen que es America, a la que se supone desean hacer “grande otra vez”, para lo cual, entre otras medidas y en pleno escándalo mundial, han desplegado a la siniestra policía ICE, con su brutalidad programada y sus dos homicidios hasta la fecha, no sólo para detener y deportar inmigrantes –o no, basta con que a los gorilas de ICE le parezcan–, sino para

enrarecer hasta el límite la situación social de cara a unas elecciones que avizoran perdidas.

La importancia de los símbolos

BAD BUNNY NO lo dijo en el medio tiempo pero sí días antes, al recibir su Grammy: fuck ICE!, traducible en buen mexicano más o menos como “¡A la chingada con el ICE!” (Previamente al partido, explícita, la banda Green Day dijo, en voz de su cantante Billie Joe Armstrong: “Deja tu trabajo de mierda porque cuando esto termine, y terminará, Kristi Noem, Stephen Miller, JD Vance y Trump te van a dejar tirado”, y ya en el concierto que dieron, su canción “American Idiot” resonó con fuerza, aunque el sonido del estadio intentó opacarla en cierto momento.)

Lo que Green Day no hizo, porque no se le ocurrió, no se atrevió o simplemente no le interesaba hacer –californianos de Berkeley–, lo hizo el Conejito puertorriqueño: cerró su espectáculo pronunciando los nombres de todos los países del Continente Americano, mientras a sus espaldas ondeaban las banderas de todos ellos, en un claro mensaje contra la convenencieramente errónea e interesada costumbre estadunidense de llamar “América” nada más a su país, y ahí la “Doctrina Donroe”, el secuestro de Nicolás Maduro, la invasión reciente a Venezuela y las anteriores a Panamá, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Granada, México… y las intervenciones descaradas en Guatemala, Bolivia, Perú, la Operación Cóndor (Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay), más un etcétera tan largo como el inhumano bloqueo a Cuba la historia misma de Estados Unidos.

A propósito de banderas, no fue casual y mucho menos trivial que Bad Bunny portara una bandera puertorriqueña, como dice en su canción “Mudanza” luciendo el “azul clarito” en el triángulo: a diferencia de la oficial, con el azul oscuro, la que vieron los más de 130 millones de personas se vincula al movimiento independentista puertorriqueño y con ella se enarbola la defensa de la cultura boricua.

No paran ahí los detalles incómodos, o al menos inesperados, para quien deseaba un simple show a cargo de un músico exitoso, mediático, bien alineado con el estatus quo: la presencia de Toñita,

fundadora del Carribean Social Club que en Nueva York es sede y símbolo de la presencia/resistencia cultural de la diáspora puertorriqueña; la representación de los apagones eléctricos, agudizados por el paso constante de huracanes, pero agravada desde que una compañía estadunidense-canadiense tiene en sus manos el negocio... Y no son los únicos mensajes, algunos más explícitos que otros, incluidos por alguien que, dígase por fin, bien podría no haber hecho nada de eso y limitarse a cantar aquello que lo ha hecho célebre. Sólo que, precisamente entre las canciones que le han dado su fama están, por ejemplo, “Mudanza” –donde la referencia arriba citada al “azul clarito” y esto: “aquí mataron gente por sacar la bandera/ por eso ahora yo la llevo dondequiera...”–, y “Lo que le pasó a Hawái” –“quieren quitarme el río y también la playa/ quieren al barrio mío y que tus hijos se vayan”–, explícita contra la gentrificación en Puerto Rico, cuyo estatus de “Estado Libre Asociado” a EU lo tiene bajo dominación directa desde 1952.

Más parecida a la arrogancia, tan frecuente cuando se trata de minimizar, relativizar o de plano soslayar, vía descalificación y desprecio, cualquier manifestación de la cultura popular, especialmente aquellas que provienen del mundo del espectáculo, la postura de muchísimos puristas –de la música, el activismo, el “mundo intelectual”– entrelaza sus extremos: unos habrían preferido un espectáculo totalmente descafeinado; otros sostienen que la presencia misma de Bad Bunny en ese evento implica al cien por ciento su asimilación al sistema, que de ese modo cualquier protesta y denuncia se neutralizan; no falta quien, por tirado de los pelos que resulte, es como si criticaran que el Conejito no se haya convertido en una suerte de Che Guevara cantante para dar comienzo una revuelta antiTrump en pleno medio tiempo del Supertazón…

Además de compartir la misma autoimpresión de ser los jueces de cuanto les venga en gana, en lo que esos puristas y exquisitos también son idénticos es en ignorar un par de cuestiones: por un lado no hay un solo fenómeno social unifacético, “en estado puro” –y qué bueno– y, por otro, los símbolos cuentan, aunque no todos sus efectos sean inmediatos. A propósito de símbolos, bien mirado, lo de Bad Bunny en el Super Bowl algo tiene de David contra Goliat ●

▲ Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, 8 de febrero, 2026. Fotos: AFP).

Y LAS PARA LA FILOSOFÍA MEXICANA

La filosofía mexicana tiene una larga historia que se inicia desde su presencia en los pueblos originarios hasta la actualidad. Su devenir no ha sido fácil y puede ser representada como un símil de la geografía de nuestro país, con sus zonas montañosas, ríos caudalosos, valles, desiertos y playas frente a dos mares pacíficos o procelosos. De igual manera, nuestra filosofía ha sufrido, como no podía ser de otra manera, las rupturas y fracturas que han sido producto de su historia.

Primera fractura: la negación

LA PRIMERA GRAN fractura de la filosofía mexicana puede ser representada por la conquista y la colonia, ya que implicó la negación no sólo de la filosofía de los vencidos sino también de la naturaleza humana de los habitantes originarios (véase la “controversia de Valladolid” entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda en 1550-51). Esta negación, que pretendía justificar la destrucción de una cultura milenaria, recibió un contundente desmentido con la publicación del libro La filosofía náhuatl, estudiada en sus fuentes (1956) de don Miguel León Portilla, quien configuró el corpus del pensamiento náhuatl; además, la investigación ha continuado con libros como Filosofar, en clave tojolabal de Karl Lenskerdorf. (2002) y otros. Luego vino el período colonial (trescientos años), estudiado por diversos filósofos(as) con gran profesionalismo, entre ellos, Mauricio Beuchot.

Adopción y abandono del positivismo

DURANTE EL SIGLO XIX, la filosofía quedó entremezclada con los grandes debates políticos a partir de la lucha por la independencia en 1810. En esa dirección mencionemos a Los sentimientos de la nación, de Morelos, y la abolición de la esclavitud por Hidalgo, influidos por las ideas de Juan Jacobo Rousseau; luego sobrevino la sangrienta lucha entre liberales y conservadores sobre la conforma-

ción de una nación y finalmente, en 1867, inicio de la “República restaurada”, la introducción del positivismo. En todo este período, la filosofía tiene que ser descubierta en las concepciones aducidas por las facciones en lucha y no en una expresión ontológica o epistemológica explicita, como ha sido expuesto en las historias de la filosofía europea. El positivismo, introducido por Gabino Barreda (estudiado ampliamente por Leopoldo Zea), no fue sólo una doctrina filosófica sino un proyecto para reorganizar el país tras décadas de inestabilidad. Se trataba de que la nueva educación permitiera establecer las bases de una etapa industrial que no podía ser posibilitada mediante la Biblia y Aristóteles. Como se sabe, el positivismo en general y el mexicano en particular fue rechazado por los filósofos miembros del Ateneo de la Juventud (Antonio Caso, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, quienes tenían entre veinticuatro y veintiséis años de edad), basados en Bergson y Boutroux. Los ateneístas eran alentados nada menos que por Justo Sierra, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del gobierno de Porfirio Díaz. La obra y acción de los cuatro mencionados será fundamental para la construcción de la filosofía y la cultura nacional en el siglo XX; sin embargo, en aquel momento (1909) se deleitaban leyendo en largas veladas La República de Platón, en la burbuja afrancesada en que Díaz había convertido a Ciudad de México, mientras todo el país ardía en llamas por la falta de justicia y la explotación más despiadada del pueblo. Todo esto fue denunciado y combatido por el Partido Liberal y en particular por Ricardo Flores Magón, armado con la filosofía-ideología del anarquismo. A pesar de todo, en 1910, Justo Sierra tiene la iniciativa de fundar la Universidad Nacional, una institución de excelencia que no incluyó, para su gran indignación, a los positivistas. Sobreviene entonces la Revolución Mexicana, que a la sazón no fue preparada por filósofos, como sí lo fueron las revoluciones francesa y rusa, sino por auténticas fuerzas telúricas; sin embargo, la filosofía volvió a aparecer como fundamento, en los principios de la Constitución de 1917.

Adiós a los modelos importados EN LOS AÑOS veinte, lo más significativo fue la creación por José Vasconcelos de la Secretaría de Educación Pública, su labor alfabetizadora y la difusión masiva de libros clásicos, así como la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras (1924).

En los años treinta, la filosofía mexicana se vio involucrada en un fuerte debate sobre la inclusión de la educación socialista y tuvo su expresión en la polémica, llena de ironías, entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano. En 1934, Samuel Ramos publicó Perfil del hombre y la cultura en México, en donde buscó exponer una filosofía del y de lo mexicano señalando, desde una psicología social, el problema de la imitación, el complejo de inferioridad y su discutible carac-

▲ Ateneo de la Juventud: José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Antonio Caso y Pedro Henríquez Ureña.

▲ Imagen del libro La controversia de Valladolid
Va

DOJAS DEL PRESENTE

terización del mexicano. A pesar de los problemas que implica, este planteamiento tuvo la virtud de poner en la mesa, por primera vez, un dilema que marcaría a la filosofía mexicana hasta hoy: pensar los problemas del país y del mundo desde sus autores o dedicarse a repetir modelos importados. Finalmente, mencionemos el exilio español de 1939, que constituyó un vigoroso impulso de la filosofía mexicana mediante la traducción de textos clásicos, la educación y la creación de valiosas obras originales. A nuestro país vinieron José Gaos, Eduardo Nicol, María Zambrano, Adolfo Sánchez Vázquez y muchos otros que tuvieron una influencia decisiva en la profesionalización de la filosofía en México.

El grupo Hiperión y las corrientes filosóficas

EL TEMA DE la filosofía del y de lo mexicano renacerá a finales de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta bajo el impulso del grupo Hiperión formado por Luis Villoro, Ricardo Guerra, Joaquín Sánchez McGregor, Jorge Portilla, Emilio Uranga (autor del libro Análisis del ser del mexicano,1952), apoyados por Leopoldo Zea y bajo el magisterio de José Gaos. Por su lado, Octavio Paz publica El laberinto de la soledad (1950). En la década de los sesenta, los filósofos mexicanos se encuentran interesados en varias corrientes: la filosofía escolástica de Oswaldo Robles; la filosofía latinoamericanista alentada por Leopoldo Zea; el neokantismo impulsado por Francisco Larroyo; el marxismo, en el cual influyen Eli de Gortari a través de la lógica dialéctica y la filosofía de la ciencia, y Adolfo Sánchez Vázquez en la estética, la ética y la filosofía de la praxis, entre otros.

Durante el siglo XIX, la filosofía quedó entremezclada con los grandes debates políticos a partir de la lucha por la independencia en 1810. En esa dirección mencionemos a Los sentimientos de la nación, de Morelos, y la abolición de la esclavitud por Hidalgo, influidos por las ideas de Juan Jacobo Rousseau.

Congresos y debates

EN 1963 SE realiza en nuestro país el XIII Congreso Internacional de Filosofía, organizado por la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía (FISP). Para recibir a nuestros visitantes se publicó un libro titulado Estudios de historia de la filosofía en México, que reúne textos de Miguel León Portilla, Luis Villoro, José Manuel Gallegos Rocafull, Leopoldo Zea y Fernando Salmerón. En este libro no se abordaron los filósofos vivos y, por lo tanto, quedaron fuera muchos autores como los miembros del exilio español, Eduardo García Máynez, Antonio Gómez Robledo y otros, pero quien quedó definitivamente fuera del congreso fue Vicente Lombardo Toledano, al que le fue rechazada su ponencia llamada “Las corrientes filosóficas en la vida de México”, que después publicó como libro. En 1967, los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM organizaron una mesa redonda bajo el tema “el sentido actual de la filosofía en México”. Participaron en ella Leopoldo Zea, Abelardo Villegas, José Luis Balcárcel, Alejandro Rossi y Luis Villoro. Ahí, los dos últimos defendieron la importancia de la filosofía analítica que se presentó como la vanguardia y, a la vez, como el paso necesario hacia la modernización de la filosofía mexicana. El centro de difusión de esta corriente filosófica fue el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y la revista Crítica. He escrito en mi libro Esbozo histórico de la filosofía en México. Siglo XX, que el Congreso fue un importante impulso de la lógica simbólica y la filosofía de la ciencia natural, pero que suscitaron polémica su concepción neutralista, su abandono de la historia y su academicismo.

▲ Congreso de Chilpancingo.

VIENE DE LA PÁGINA 9/ LA FILOSOFÍA MEXICANA...

Filosofía, independencia e identidad

EL MOVIMIENTO estudiantil-popular de 1968, que termina con la ominosa matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, golpeó fuertemente a los universitarios y en especial a los de filosofía, ya que implicó injustos encarcelamientos de filósofos como Eli de Gortari o pensadores como José Revueltas. En el siguiente sexenio, el presidente Luis Echeverría Álvarez inició su política de “apertura democrática”, cuyo marco permitió la reactivación de la Asociación Filosófica de México, que organizó una serie de tres importantes coloquios que, por primera vez, incluía a todas las corrientes filosóficas. Así, en 1975, se llevó a cabo en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo el primer coloquio internacional de filosofía, en donde se abordaron los temas de la relación entre filosofía y ciencia natural; la filosofía y ciencia social y la filosofía actual en Latinoamérica. En esta última sección, Leopoldo Zea y Abelardo Villegas, Arturo Andrés Roig, Enrique Dussel y Francisco Miró Quesada elaboraron una declaración titulada “filosofía e independencia”, en la cual instaban a que la filosofía contribuyera a que nuestros pueblos lograran un desarrollo independiente y su liberación. Posteriormente, varias instituciones universitarias organizamos en la Universidad Pontificia de México un extraordinario coloquio que dio origen a un nuevo manifiesto y un libro.

Recientemente se conmemoró el cincuenta aniversario de la declaración en el congreso de la Asociación Filosófica Argentina (AFRA), en donde se destacó su actualidad e importancia. En 1977 se llevó a cabo el segundo coloquio en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en el que se abordaron la filosofía y las revoluciones sociales; la filosofía y las revoluciones científicas y las revoluciones en la filosofía. Finalmente, en el tercer coloquio que se celebró en la Universidad Autónoma de Puebla, más allá de problemas de ética, lógica, estética, etcétera, la doctora Graciela Hierro tuvo la iniciativa de organizar una mesa en torno a la pregunta de si existía una naturaleza femenina. La mesa no sólo convocó a un numeroso público, sino que tuvo la virtud de reactivar el debate sobre el feminismo desde el punto de vista filosófico, que años antes habían iniciado Paula Gómez Alonso y Rosario Castellanos. El feminismo es hoy un tema que, como se sabe, se encuentra experimentando un importante impulso.

A partir de ese momento, los coloquios recibieron el nombre de Congresos. Ahora bien, ¿cuál ha sido su importancia y significado? Se creó un espacio de reflexión en donde han coincidido todas las corrientes filosóficas, superando sus grandes diferencias y enconados debates; la comunidad filosófica tiene la oportunidad de conocer el estado que guardan los estudios sobre las diversas ramas de la filosofía; han constituido un lugar en donde los y las ponentes pueden sostener con toda libertad sus tesis filosóficas; participan tanto profesionales provenientes de las escuelas privadas como de las públicas; siempre se ha tenido como invitados a muy distinguidos filósofos y filósofas del exterior y, finalmente, en esas reuniones se han planteado temas que han tenido una gran trascendencia social.

Pluralidad filosófica

DEL 1 AL 5 DE diciembre del año pasado se celebró en la ciudad de Mérida, Yucatán, el XXII con-

▲ José Revueltas. Imagen tomada de https://inba.gob.mx/ prensa/14090/jose-revueltas-pilar-fundamental-de-lariqueza-literaria-de-mexico.

y al doctor Carlos Pereda, y se presentaron nada menos que ochenta libros y revistas filosóficas. En suma, asistimos a un congreso multitudinario y extraordinariamente plural en medio del lugar donde floreció la cultura maya. También se aprobó por unanimidad un manifiesto rechazando el genocidio cometido por el gobierno de Israel contra el pueblo palestino.

Repercusión, eurocentrismo y revolución digital

SE PUEDE DEDUCIR que la filosofía en México cuenta con una tradición extraordinariamente rica; sin embargo, enfrenta grandes problemas, de los cuales sólo mencionaré tres:

1. La escasa repercusión pública. Paradójicamente, lo abordado en todos estos congresos no tiene presencia en el debate público nacional. Los medios masivos de comunicación no registran su existencia, salvo en forma muy limitada en los medios digitales. Una de las causas de esta ausencia se encuentra la política neoliberal, que ha dado prioridad mundial a lo tecnológico y mercantil en la información y en la educación. Siguiendo esta directiva, los gobiernos conservadores han buscado eliminar a la filosofía y las humanidades en la formación general de la sociedad. Aquí agregaría, en forma autocrítica, que quienes nos dedicamos a estudiar la filosofía hemos caído, con frecuencia, en formas de expresión especializada y en una autoclausura académica.

El movimiento estudiantilpopular de 1968, que termina con la ominosa matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, golpeó fuertemente a los universitarios y en especial a los de filosofía, ya que implicó injustos encarcelamientos de filósofos como Eli de Gortari o pensadores como José Revueltas.

greso internacional de filosofía de la AFM. Con ese evento se cumplieron cincuenta años de haberse iniciado esta tradición. Se expusieron alrededor de ochocientas ponencias distribuidas en numerosos coloquios (como se había logrado en los últimos congresos). Los temas abordados fueron los siguientes: la filosofía y pueblos originarios; la ontología y la metafísica; la bioética, la filosofía antigua; las prácticas filosóficas; el capitalismo y su crítica; la hermenéutica; la lógica; la estética; la Ciencia y tecnología; la filosofía de la educación; la filosofía iberoamericana; la filosofía mexicana; la filosofía de la liberación; la filosofía medieval; la filosofía moderna, la filosofía del lenguaje; la filosofía de la paz; la filosofía y la religión; la filosofía de la salud y el deporte; Marx y el marxismo; teoría crítica de las Américas; filosofía y la Inteligencia Artificial y otros más. De igual modo, la AFM otorgó la medalla Fray Alonso de la Veracruz a la doctora Virginia Aspe Armella

Es cierto que aquí en México, en 1918, se dio un paso extraordinario al incluir en el artículo tercero constitucional a la filosofía y las humanidades, pero salvo la reposición de las disciplinas filosóficas en la educación media superior, después de un movimiento de la comunidad filosófica, no se ha dado ningún paso más para cumplir la disposición constitucional.

2. El eurocentrismo. Durante décadas, en el mundo occidental se ha asumido que “la filosofía universal” es la europea, relegando otras tradiciones a un segundo plano. La pregunta es: ¿y qué pasa con China, India o Latinoamérica? Son poco estudiados. La causa inmediata es el eurocentrismo. El reciente movimiento descolonizador busca hacer justicia a lo negado o excluido, pero sus diversas posiciones requieren un amplio debate.

3. Los efectos de la revolución digital. Como un efecto de la revolución digital, la percepción de los individuos (especialmente niños y niñas) ha sufrido una mutación en los procesos de comprensión de la realidad de la letra impresa a la representación visual, pero ahora la Inteligencia Artificial agrega un problema más profundo: la existencia de un “cerebro sustituto” que puede resolver lo que nos interese sin necesidad de hacer esfuerzo alguno. El riesgo no es sólo desplazar a la filosofía, sino el trabajo del pensar.

La filosofía mexicana tiene, entonces muchos desafíos en la actualidad, pero no son su pobreza, ni sus extraordinarios recursos teóricos, ni su ausencia lo que falta, sino un fuerte apoyo público y una ofensiva contra su invisibilización sistemática en la vida pública ●

esprofeso

*GABRIEL VARGAS LOZANO es profesor e investigador de filosofía en la UAM-Iztapalapa. Fue presidente de la Asociación Filosófica de México y actualmente es miembro del comité directivo de la FISP.

Arte y pensamiento

VIOLENCIA: LO QUE NO SE PUEDE DECIR

Comparecencia (in)voluntaria, Marisol García Walls, U-Tópicas Ediciones, México, 2025.

Comparecencia (in)voluntaria, segunda obra publicada de Marisol García Walls, es un libro/objeto en tanto que su existencia material resguarda un haz de posibilidades narrativas. Las transparencias, las borraduras, el color de las páginas y la portada son parte de lo que acompaña el ensayo, que busca mostrar cómo la memoria gravita ante un acontecimiento traumático producto de un hecho violento. A la vez, coloca a quien lo lee frente a una aporía en su sentido etimológico: la ausencia de camino o lo que no puede ser atravesado. Las aporías causan incomodidad porque retan las ansias de significación y la certeza de hallar una vía para ordenar experiencia y verdad en una adecuación entre palabras y cosas. La ensayista interviene lo irresoluble, problematiza su propia posición y abre un intersticio entre lo sobrecogedor de la violencia y una luminosa apropiación de la enunciación.

Sobre el acontecimiento traumático, Gabriela Insua menciona que una de sus particularidades es que no existe una implicación subjetiva entre lo ocurrido y la persona que atraviesa un evento de este tipo. Parece obvio: quien fue víctima de violencia no lo decidió. Pese a no haber conexión, lo sucedido deja la marca de un desgarro que, a diferencia de una huella, no consigue inscribirse en la memoria; en su lugar queda un hueco que no es interpretable. Lo que algunas corrientes sobre el testimonio señalan como lo que no puede decirse.

Esa oquedad no es inocua, punza debido a la escisión entre un yo y un hecho. Escribe Marisol: “No sé cómo mirar lo que no me devuelve la mirada”, refiriéndose a la declaración ministerial en la que se le imputó un decir y se subsumió su experiencia en la tipificación de un delito. El camino que se abre para quienes viven algo semejante es administrar la marca del acontecimiento: comparecer ante la ley y superar el desajuste personal en privado.

Insua precisa que patologizar lo traumático conlleva a dejar en soledad a quien fue víctima; de alguna manera todas las formas de revictimización contribuyen en esto que señala la psicoanalista. Dar estatuto de excepcional a un hecho relacionado con la violencia supone suturar el desgarro, impone una implicación donde no la hubo. Bajo la racionalidad burocrática, cualquier detalle refuerza discursos sobre la individualidad que mantienen en penumbra a la estructura que sostiene el amontonamiento de casos que ocurren todos los días.

¿Qué se hace entonces con lo que no puede decirse? Si no es posible suprimir los picos de la memoria, zurcir la hendidura de poco sirve; hacer un borde que la rodee tampoco, pero esto

último sí permite ubicar la marca que dejó la irrupción aguzada de lo acontecido. No para fijar un sentido o establecer una identificación con un origen sino, más bien, para surcar un espacio otro para montar una escena enunciativa: posicionarse desde diferentes puntos, poner en movimiento la voz, abrirse a la polifonía: este es un libro abierto que se modifica conforme escribo y vivo. Es así que el talante materialista de Marisol se percibe en la intervención sobre su experiencia; agrega dimensión a un plano donde en un inicio sólo operó la pretendida impartición de justicia, que clasificó un hecho en categorías procedimentales y desechó sus remanentes. Con ese resto desconcertante, que pareció cerrar todo porvenir, García Walls elabora y comparte un ensamble de metonimias en las que destaca un mapa y sus referentes enigmáticos, que se deslizan para rodear lo que no se puede atravesar, un otro camino frente a la aporía de lo que no puede decirse.

Comparecencia (in)voluntaria no es un testimonio de superación, sino una obra sobre la errancia de una voz y su potencia para encontrar grietas en lo imposible que, a pesar de concluir con esperanza un proceso, en tanto contraarchivo, deja también un aire de derrota. Dice Saidiya Hartman que esa ambivalencia hace que los cierres permanezcan abiertos; una rendija sin afán de instrumentalizar o ejemplarizar un relato que, como acciones revictimizantes, tampoco evitan que se cometan otros crímenes. En una ruta distinta, lo abierto como interpelación sobre si, como espectadores, podemos suponernos parte de una comunidad ilesa frente al sistema de justicia ante el que compareció dos veces Marisol García Walls, el mismo que sigue condicionando nuestro presente ●

Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller

Piromanía

durante la Decena Trágica

LA CIUDADELA era la armería de la Ciudad y fue tomada por el exbrigadier Félix Díaz el 11 de febrero de 1913. El general Manuel Mondragón, como estrategia para tomar el sitio, desde la calle de Balderas hizo tronar un cañón Schneider. El general a cargo de dicho inmueble militar no tuvo más que ceder cuando vio que la embestida iría con todo y podía incendiarse, y eso habría sido una bomba atómica llena de dinamita que habría dejado una estela de miles de muertos. Por el escándalo, el miedo y el corte de calles, entre otras razones, muchos periódicos dejaron de imprimirse. Pero algo se pudo saber a partir del 20 de febrero, que cesaron los tiroteos. A estos militares se les conoció como “ciudadelos” y a los defensores del gobierno como los “leales”. El País, procatólico, enlistó los inmuebles dañados por el lanzamiento de proyectiles. Especialmente, la 1ª y la 2ª calles. Casi desaparecieron el edificio Good Year, donde se encontraban las oficinas de Waters Pierce Oil Co. y el casinoescuela de la policía; también casas y comercios. En Bucareli, una granada destruyó una vivienda. En Revillagigedo hubo otros daños notables, por el cruce de tanta pólvora, los cuales provocaron la caída de cables de luz y el incendio de los árboles del jardín de la mansión de los descendientes de don Carlos Pacheco. A la lista de afectaciones se sumó la quemazón de un lado del Palacio de Justicia y una pared al poniente de la cárcel general. Estas perforaciones permitieron la fuga de presos. Hay más construcciones dañadas, pero debo ser breve, doña Clofis. Las llamas alcanzaron los templos de san Hipólito y la del Campo Florido, y las fincas 13 y 15 de la Rinconada de San Diego. Con decirle que las bombas tumbaron el techo de la casa de doña Clara Scherer, frente a la Glorieta de Colón.

dadelos y leales, incluidos civiles) emprendieron acciones incendiarias contra periódicos. Unos, por su rabioso antimaderismo, y otros, por su apoyo al régimen democrático. Quizá el más impresionante fue el de la sede de Nueva Era, 18 de febrero. Porfirio Barba Jacob, un periodista colombiano que veía con absoluta simpatía al huertismo, relató en un folleto que “un grupo compuesto como de diez personas encaminóse a Nueva Era, el impudente periódico de don Gustavo A. Madero. […] Tales personas, pertenecientes al pueblo de más humildes trazas […] y pidieron que saliera alguien a oírles […]. Salió un señor llamado Salmón Argüelles [sic, Solón Argüello], y dijo un discurso en el que afirmaba que el pueblo estaba con ‘su’ gobierno; que la legalidad era primero que la paz; y que los ‘canallas’ revolucionarios serían exterminados” (“Emigdio S. Paniagua”, Porfirio Barba Jacob, El combate de La Ciudadela narrado por un extranjero, marzo de 1913). Como respuesta, el mismo día 18, indignados maderistas se trasladaron a la sede de El País. Prendieron las puertas, intentaron descomponer una rotativa y se marcharon. Y no

Marginales/

Minucias, Ignacio Solares, Grijalbo, México, 2025.

CON PRÓLOGO de José Gordon y una semblanza de autor a cargo de Vicente Alonso, este pequeño volumen recoge un buen número de los “relámpagos verbales” a los que Solares –nacido en Chihuahua en 1945 y fallecido en Ciudad de México en 2023– dedicó muchos años y buena parte de su talento, el cual vertió sobre todo en el género novelístico –La noche de Ángeles, El Jefe Máximo, No hay tal lugar–, así como en la edición de publicaciones culturales, con la Revista de la Universidad a la cabeza. Aforismos, microrrelatos, microensayos y sentencias, todas cargadas de inteligencia reflexiva, son las que conforman estas Minucias

Bravas, Nuria Kaiser, Ficticia, México, 2025.

LA COLECCIÓN BIBLIOTECA de Cuento Contemporáneo, que Marcial Fernández edita desde hace varios años, es con toda seguridad uno de los esfuerzos más consistentes en la publicación del cuento, ese género literario de cuya riqueza en América Latina en general, y México en particular, hay tantas y tan variadas muestras. El cuentario Bravas, de la sanluisina Nuria Kaiser, centrado en el universo femenino y sus incontables avatares, es en este sentido un doble testimonio: primero, del magnífico estado de salud del cuento en nuestro país, y segundo, de que en literatura jamás ha hecho falta, sino más bien ha hecho daño, una visión editorial centrista. ●

En ese ambiente de crispación y combate, grupos antagónicos (ciu-

contentos con esto, atacaron las oficinas de La Tribuna. Diario Independiente del Mediodía, del diputado porfirista Nemesio García Naranjo; siguió El Heraldo Independiente, dirigido por Salvador Gándara; El Noticioso Mexicano. Diario Libre, de Vicente Garrido y Gil Blas Cómico. Observe usted, estimada Clofis, que hasta miedo da, hasta dónde alcanzó la efusión piromántica: a polvo también se redujo la casa de don Francisco I. Madero, en la calle de Berlín, y la de su hermano Gustavo, a quien asesinaron asimismo el día 18. Fueron los “fifíes” de la capital, según asentó el investigador Alfonso Taracena ●

En nuestro próximo número

PHILIP ROTH: LITERATURA, SUPERABUNDANCIA

INFORMATIVA Y TRIVIALIZACIÓN

La flor de la palabra/ Irma Pineda Santiago Sin miedo y sin hambre

VIVIR SIN MIEDO y sin hambre es una parte fundamental de la seguridad humana, porque para ello se necesita tener garantizado un entorno seguro, sin violencia, con acceso a la alimentación, al agua, a la educación, a la vivienda y al entretenimiento, entre otras cuestiones básicas que son aspiraciones legítimas de todas las personas. Desafortunadamente, para la gran mayoría de los pueblos indígenas no es posible, ya que con frecuencia se enfrentan a situaciones que imposibilitan el ejercicio pleno de sus derechos. Basta con mirar las condiciones para la alimentación. La situación en los campos de siembra cada día es más complejas, por un lado, porque los campesinos son despojados de sus tierras debido al avance de la urbanización que va cambiando los terrenos de milpa por fraccionamientos para la vivienda; por el otro, la constante presencia de los grupos de delincuencia organizada que han propiciado la deforestación de los bosques, y que obligan a los campesinos a sembrar los productos que ellos requieren para sus negocios y no los que los pueblos necesitan para alimentarse.

A lo anterior hay que agregar que las nuevas generaciones ya no aprendieron a trabajar el campo, por la creencia de las familias de que es mejor alejarse de las tierras de siembra, vistas como sinónimo de miseria; que es preferible irse a la ciudad a hacer el esfuerzo para estudiar y ser un profesionista, “licenciado o aunque sea maestro”, solían decir las madres, pues alcanzar un lugar en las escuelas normales para profesores era la garantía de un trabajo y un salario seguro. Asimismo, la pobreza y el hambre empujó a muchos jóvenes a migrar al extranjero para buscar un mejor futuro. Algunos lo consiguieron, otros más están siendo deportados, con las manos vacías, por las actuales políticas migratorias y xenófobas del país vecino en el norte. Si hablamos del agua, tenemos otras complejidades, ya que si bien actualmente el acceso a este valioso líquido ha sido declarado como un derecho humano, en muchas regiones no existen las condiciones para garantizar este derechos, puesto que la poca agua existente está en ríos o depósitos altamente contaminados, además de que se requiere de una gran inversión para instalar la infraestructura necesaria que permita acercarla a la población, o está concesionada a empresas y particulares que destinan el agua para los negocios y no para el consumo humano. Al mismo tiempo, la falta de agua también imposibilita el acceso a la educación, pues dificulta mucho las buenas condiciones de higiene para el cuidado de la salud de las infancias, doblemente susceptibles por la desnutrición que las aqueja. Otro de los problemas que viven las escuelas en las comunidades indígenas es la falta de espacios y mobiliarios adecuados para el desarrollo de las clases, para la educación científica, física o artística, además de la carencia de profesores especializados en la enseñanza de las lenguas y culturas indígenas que permita su fortalecimiento y no la pérdida de la identidad de las niñas y niños. En cuanto al tema educativo, es necesario mencionar que no en todas las comunidades indígenas existen escuelas. Con suerte hay algún albergue educativo en un poblado cercano a donde las infancias tienen que migrar, asumiendo los costos emocionales de separarse de su familia a temprana edad, sin hablar de los riesgos de violencia que llegan a vivir en estos espacios a los cuales seguirán acudiendo, pues constituyen su única posibilidad de acercarse a la educación. A estas situaciones hay que sumar el sesgo de género, puesto que son las niñas las que mayores dificultades enfrentan para acceder a la educación formal afectadas por las distintas formas de violencias a las que se exponen. La lista de obstáculos es larga, pero queremos soñar que la población indígena, un día, pueda vivir libre de miedo y hambre ●

ESTE DOMINGO CONCLUYE en la Gruta del Helénico Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, que auténticamente trata de lo que sus creadores afirman: una conferencia performática-documental que abre caminos, desentierra memorias y propone nuevas formas de mirar lo que creemos conocer.

El conjunto de elementos que configuran esta definición nos permite ser testigos de un dispositivo teatral de enorme imaginación y calidad en la producción, la escenografía o, como lo llaman, “espacio” e iluminación a cargo de Jesús Hernández, una atmósfera que no deja de transformarse un solo segundo a lo largo de la función animada, o sea, vivificada por la música y ese ámbito sonoro que han creado Juan Pablo Villa y Shantal Saad.

Todo ello armado con precisión y rigor documental, bajo el concepto y creación de Eduardo Bernal, Jorge A. Vargas, Luis Mario Moncada y Alicia Laguna, con la asesoría y colaboración en la investigación de Marcela Turati y Alicia de los Ríos Merino, que consolidan en cada presentación la complicidad fecunda de cada uno de los protagonistas que aparecen en sendos paneles que, al modo de pantallas (cuyo diseño y operación de multimedia estuvo a cargo de Vera Rivas), permiten la aparición de un conjunto de voces que conforman un gran mosaico de lecturas: Irma de los Ríos Merino, Irene de los Ríos Merino, Gilberto Sandino Aquino de los Ríos, Alberto Rodríguez, Rossina Uranga, Víctor Merino Mendoza, Sebastián Barrios de los Ríos, Ramón Galavíz, Cirilo Cota, Juan Manuel Hernández, Camilo Vicente Ovalle, Laura Sánchez Ley, José Reveles, Carlos Garza Limón, Héctor Amílcar Nevárez Fernández, vecinos y comunidad de la Nueva Vallejo, periodistas, críticos, académicos.

Saad participa también como performer al servicio del monólogo plural y arborescente de Alicia de los Ríos Merino, una de las tres Alicias, muertas y vivas, asombrosamente recobradas por este trabajo. Alicia de los Ríos hace un gran esfuerzo

para convertir al público en su interlocutor: lo mira, dice sus líneas memorizadas y leídas una y otra vez. No es una actriz en sentido estricto, así que puede olvidar, atropellarse o incluso leer medio robotizada, porque está en tránsito de apropiarse de una herramienta extraordinaria que ha diseñado Línea de Sombra que concibe el teatro como un objeto del que nadie sale indemne si profundiza, si se lanza de manera auténtica y sincera en la búsqueda de una verdad colectiva.

Indagaciones al modo de un poderoso laboratorio de ideas artísticas y políticas (en esta ocasión conformado por Eduardo Terán, Shantal Saad, Neftalí C. Isabel, Carlos Villajuárez y Vera Rivas) que se tejen con una serie de herramientas que objetivan el compromiso, el dolor, la preocupación y la imperiosa necesidad de que las cosas que pasaron no se queden así, que haya reparación, justicia, y que no se olvide la brutalidad de un sistema tan poderoso, arcaico, tejido en una urdimbre de tan larga data que construye su propia sobrevivencia perversa, a pesar de la vocación memoriosa y valiente de un teatro que es forma de vida que modela a sus creadores.

Una forma de trashumancia como al modo de las madres buscadoras y familiares de personas desaparecidas, que va de ciudad en ciudad, con especialistas y solidarios que muestran este rompecabezas extraordinario con un anclaje artístico contemporáneo, como las indagaciones documentales del teatro de Vicente Leñero, seguido con gran oficio por Víctor Hugo Rascón Banda y después por la ya sólida maestría de Estela Leñero, Juan Tovar (más cargado hacia lo histórico), José Ramón Enríquez y, en la dirección, por la poética de Luis de Tavira, el rigor de Enrique Pineda, Martha Luna, Sandra Félix, Víctor Carpinteiro y José Caballero, por mencionar a los indispensables (se reciben reclamaciones).

Teatro Línea de Sombra (https://www. teatrolineadesombra.com) es un espacio fundamental contra la impunidad, a favor de la memoria, sostenido en una verdad estética ●

Alicia de los Ríos Merino. Foto Secretaría de Cultura.

Arte y pensamiento

Galería/ José Rivera Guadarrama

El Panteón de Roma y su influencia arquitectónica

EL PANTEÓN DE Roma, también conocido como Panteón de Agripa, es una de las pocas obras arquitectónicas que se han sobrepuesto a los diferentes desarrollos artísticos del mundo; ha pasado por los siglos del imperio romano, la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco, por todo el siglo XX y hasta nuestros días, primero como templo pagano dedicado a los dioses, también como centro de poder, luego como cementerio, y ahora es un representativo centro católico. Además, tiene muchas características que lo hacen importante para la historia del arte. Una de ellas es que contiene la cúpula de hormigón no armado más grande del mundo, y a la fecha no hay otra construcción que lo haya superado. Esa sola pieza mide 43.30 metros de diámetro y pesa casi cinco mil toneladas, está apoyada sobre un muro cilíndrico o tambor. Fuera de eso, no hay otra cosa que la sostenga.

En el siglo XV, el arquitecto italiano Filippo Brunelleschi intentó construir una cúpula más grande en la catedral gótica de Santa María del Fiore, Florencia, Italia, pero no pudo superarla: su propuesta quedó dos metros de diámetro más pequeña.

Pero no sólo la cúpula es lo impresionante del Panteón, también su enorme espacio interior es otra destacada propuesta arquitectónica. En lo más alto, justo en el centro, hay una abertura de casi nueve metros de diámetro, llamada oculus, que permite la entrada de la luz natural del sol e ilumina todo el recinto de acuerdo con los movimientos de rotación de la Tierra.

Como era de esperarse, el Panteón de Roma no ha estado exento de los movimientos sociales e interés político de diferentes siglos. En términos históricos, han existido tres tipos de modelos de este recinto. El templo original fue construido en el año 27 aC, realizado por Marco Vipsanio Agripa. Pero dos incendios lo destruyeron en su totalidad, uno ocurrido en el año 80 y el segundo en el 110. De esos modelos anteriores no queda rastro alguno.

Debido a su importancia, alrededor del año 126 dC se volvió a construir durante el reinado del emperador Adriano, y esta es la reconstrucción que se mantiene hasta hoy, aunque durante todos esos años también ha sido objeto de saqueos, modificaciones e intentos de destrucción. Sin embargo, este último diseño se ha mantenido en funcionamiento ininterrumpido durante casi dos mil años. En el exterior, lo poco que se ha conservado es la inscripción M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIUM.FECIT, que se podría traducir como “Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo”, pero toda la decoración externa se ha ido perdiendo a lo largo de los siglos. Durante todos esos cientos de años el Panteón jamás se ha inundado, a pesar de que el óculo permanece abierto todo el tiempo, incluso en las temporadas de mayores precipitaciones pluviales. Para evitar anegaciones, el piso es un poco curvo en el centro y tiene veintidós pequeños orificios por donde se evacúa el agua para dirigirla a los desagües que hay debajo. El oculus tiene otras funciones interesantes. Una de ellas es que durante el solsticio de verano, a las 12 horas del mediodía, la luz entra de manera perpendicular y forma un círculo justo al centro del Panteón, iluminándolo en su totalidad; otra es que cada 21 de abril, aniversario del nacimiento de Roma, penetra un haz de luz que atraviesa la puerta de entrada, produciendo un cierto efecto de divinidad.

En griego, el vocablo “panteón” hace referencia al lugar dedicado a todos los dioses, pero este recinto también puede significar lo que conocemos como cementerio, ya que alberga las tumbas de Rafael Sanzio, artista del Renacimiento, junto con las de Vittorio Emanuele II, el primer rey de la Italia unificada, y su hijo Umberto I.

El Panteón de Roma sigue siendo una de las maravillas arquitectónicas del mundo mejor conservadas, que se mantiene en funcionamiento ininterrumpido por casi dos mil años ●

Mamá

Ioulita Iliopoulou

Con el espanto de los pájaros

En los ojos

Como una fina rama

De viejo eucalipto

Se curva sin cesar antes de romperse…

Empieza a ca-mi-nar se detiene

Frente a la pared

Y del otro lado ‒el cerrado‒ de la casa

Donde alguna vez vivió

Sola ahora mira:

La luz del atardecer

Que poco a poco disminuye

Un sordo alivio

En el aire mira

La jamaica casi rosa

“Se marchitó” murmura

“Nadie regó la albahaca

¿Cerraste?”

¡No, todavia no, Mamá!

Ioulita Iliopoulou (Atenas, 1965) estudió Filología Bizantina y Neohelénica en la Facultad de Filosofía de La Universidad de Atenas, y Teatro en la Escuela de Arte Dramático del Conservatorio de Atenas. Ha publicado siete libros de poesía, el ensayo En busca de La decimocuarta belleza. Ensayos sobre Odysseas Elytis, de quien fue su compañera y está al cuidado de su obra y su legado, y la traducción de En defensa de la poesía de P.B. Sheley. En 2005 recibió el Primer Prermio Estatal del Libro Infantil. Poemas suyos han sido traducidos al al francés, inglés y español. Este poema está tomado del poemario Madre tierra.

Versión de Francisco Torres Córdova.

Arte y pensamiento

▲ Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.

Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista

Querido asistente al concierto de Kanye West

NOS ENTERAMOS DE que compraste un boleto para ver a Kanye West y de que llenaste dos veces, junto con otros 80 mil melómanos, la Plaza de Toros México. Y no sólo eso: supimos que te sentiste privilegiado por vivir “un momento histórico”; que te pareció milagroso que el rapero volviera casi veinte años después (no pudiste interpretar su ausencia como algo sospechoso, sino como la promesa de algo excepcional). Espera… ¿cuántos años tenías en 2008? En fin. No importa. Cuéntanos: ¿qué celebras cuando vas al evento de alguien así? ¿Celebras al artista que apoyó públicamente a Donald Trump mientras su gobierno normalizaba la persecución, el miedo y la violencia institucional contra tus paisanos?

¿Al hombre que estampó esvásticas en camisetas, como si el símbolo del exterminio fuera una simple provocación estética? ¿Al que se burló del movimiento Black Lives Matter? ¿Al que afirmó sin pudor que la esclavitud en América había sido “una elección”?

¿O celebras al mismo que interrumpió a Taylor Swift en un escenario global, robándole la voz? (Un gesto pequeño, sí, pero reflejo del atropello.) ¿Aplaudes a un provocador de papel cuyo discurso se sostiene con masking tape? ¿A un tipo del que se han alejado sus propios pares? A todo eso súmale el comportamiento familiar errático, exhibido como reality emocional, en medio de un desfile de contradicciones públicas. ¡Ah, pero con qué facilidad lo llamas “genio”!

Seamos justos: tiene oído para el sample, intuición para la arquitectura del beat, visión para la moda; capacidad para detectar y usufructuar climas culturales… ¿Qué más? Ha sabido convertir la vulnerabilidad en mercancía… la rabia en producto… Pero ninguna de esas “virtudes” cuestionables alcanza para cubrir la basura que su lengua deja alrededor. ¿Qué dices de su lírica?

En sus letras el señor West habla de éxito, de dinero, de fe, de paranoia, de traición, de autoestima hipertrofiada y de redención. Canta sobre el Yo como centro del universo; sobre la grandeza personal como destino manifiesto e irremediable. Y justo ahí está el problema: cuando el discurso artístico se vuelve pedestal, cuando el personaje devora a la persona, cuando el narcisismo se disfraza de profundidad… todo se va a la mierda.

Mientras Estados Unidos nos hace vivir una etapa oscura, con políticas que rozan el terrorismo de Estado y una narrativa oficial que deshumaniza al migrante, al pobre, al distinto, tu presencia en ese concierto no parece neutra. ¿Vas a decirnos que es puro entretenimiento, que no nos clavemos? Perdona: no se trata sólo de consumo cultural; el tuyo es un gesto político, aunque no lo quieras, aunque entrar a ese terreno te dé prurito, aunque lo evites en la mesa diaria y te lo guardes para la marcha de las selfies.

Y no. No te pedimos aquí que quemes tus discos ni que renuncies al placer de una buena rola. Eso no le sirvió a los detractores de Lennon, ¿recuerdas? Te pedimos algo más incómodo: no confundas talento con impunidad; no aceptes su etiqueta como salvoconducto moral. Porque admirar una obra no obliga a absolver al autor, aunque se disculpe públicamente argumentando salud mental (lo que jamás habría hecho este individuo si su bolsillo siguiera lleno).

Baila. Canta. Sí. Pero piensa también. Haz memoria. Hay artistas brillantes y otros que, además de centellear, entienden el peso de palabras que no tienen retorno. Hay días en que eso importa. Como hoy. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.. ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

Avándaro: el eterno retorno (I de II)

TORRENTES DE TINTA, horas y horas de radiodifusión e incontables metros de cinta cinematográfica, videoasta y televisiva, dan cuenta de la importancia que tuvo y nunca dejará de tener el Festival de Rock y Ruedas en Avándaro, el “Woodstock mexicano” que tuvo lugar y momento los días 11 y 12 de septiembre de 1971 en aquella pequeña localidad del estado de México. Las fotografías de Graciela Iturbide y Pedro Meyer; los textos de Carlos Monsiváis y José Agustín; el cortometraje de Alfredo Gurrola y los respectivos largodocumentales de Humberto Rubalcaba y Sergio García Michel, entre muchísimos otros, en unos casos difundieron y en otros reflexionaron acerca de un evento –fuerza es decirlo clásicamente–crucial de la cultura en México.

El contexto es insoslayable: el país venía de la matanza de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo en junio de ese mismo año, el ’71, de manera que ser joven, y encima jipiteca –como no sin aires peyorativos se le llamaba a quienes vibraban en la onda anglosajona del power flower y el peace & love, y en términos musicales gustaban sobre todo del rock, pero no precisamente del edulcorado a cargo de Angélica María, César Costa y similares–, equivalía a ser un delincuente, cuando menos en potencia, desde la perspectiva gubernamental. En general de manera tácita –y en ciertos casos explícita–, los eventos masivos estaban proscritos, no únicamente los de índole política, sino también los culturales y, entre ellos, los que involucraban música dirigida a la juventud. Con el 2 de octubre del ’68 todavía palpitando como herida abierta, en 1969 se prohibió en México la exhibición del musical estadunidense Hair –estrenado off-Broadway dos años antes, del que Milos Forman hizo película homónima en 1979 y que criticaba el enrolamiento juvenil para la guerra de Vietnam–; entre otras, la canción “Tlatelolco”, de la banda mexicana Pop Music Team fue censurada en la radio y el conocido como Concierto Blanco, en Monterrey, fue reventado a propósito para poder suspenderlo, con consecuencias político-sociales que afectaron al entonces gobernador de Nuevo León pero, más

importante que eso, contribuyó al espesamiento de la percepción colectiva nacional, cada vez más inclinada a tildar de “rebelde” y “revoltosa” a la juventud en general.

La flama rockera

COMO ES DE sobra conocido, el Festival de Música y Arte de Woodstock, celebrado del 15 al 18 de agosto de 1969 en las cercanías de aquella localidad del estado de Nueva York, seguía resonando con fuerza en los oídos y las mentes no sólo de la juventud estadunidense, sino de muchas partes del mundo: por sólo hablar de América Latina, el colombiano Festival de Ancón (junio), el chileno Festival de los Dominicos Piedra Roja (octubre) y el argentino Festival Buenos Aires Rock (noviembre), todos en 1970, son testimonio de que la flama rockera había prendido con un impulso difícil, si no imposible de contener.

Fuerza es insistir: tal vez más que en otros países, en aquellos tiempos en México el horno no estaba para bollos rocanroleros. En junio de 1969, la mítica banda californiana The Doors iba a dar al menos un concierto masivo en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, al norte de Ciudad de México pero, ya contratada y todo, el gobierno del genocida Gustavo Díaz Ordaz lo prohibió, con lo que Jim Morrison y compañía terminaron presentándose cuatro veces en un pequeño local llamado The Forum, para un público más bien “selecto”. Resulta sintomático que en eventos como los mencionados –el musical Hair, los Doors en México– estuvieran involucradas personas cercanas o allegadas al poder político: un nieto de Plutarco Elías Calles fue productor y promotor del musical, y un hijo de Díaz Ordaz fue gestor de la presencia de los Doors. En el caso de Avándaro no fueron personajes del ámbito político, pero sí otros que formaban –o tiempo después formarían– parte del económico, quienes concibieron y a final de cuentas llevaron a cabo el mítico Festival; entre ellos, Justino Compeán, Luis de Llano Macedo y los hermanos Eduardo y Alfonso López Negrete (Continuará.)

José María Espinasa Taller Martín Pescador: el milagro del oficio editor

Este texto es un elogio más que merecido a un tipógrafo, escritor e impresor de altísimos vuelos y profunda modestia, lo cual da honra a la persona y nobleza al oficio. El trabajo de Juan Pascoe (Chicago, Illinois, 1946), fundador de El Taller Martín Pescador es, como se afirma aquí, “una pesca milagrosa, porque cada uno de sus impresos es un milagro de entrega, cariño y oficio”.

Q¿Algunos de esos autores guardan en un lugar aparte las ediciones de esos libros, aunque no sean los suyos, y algunas instituciones han tenido el tino de adquirir colecciones lo más completas posibles de sus impresos, sabiendo que forman parte de una historia necesaria y profunda de nuestra cultura.

▲ Arriba: Taller Martín Pescador. Foto tomada de: https://x. com/juanpascoe/status/1690022327382126593

uién lo diría? Cumple medio siglo un proyecto que siempre dio la sensación de ser efímero y lo cumple con la frescura de entonces, pero con la sabiduría aprehendida en esos años. Me gustaría apuntar algo que no he dicho yo por vez primera pero sobre lo que no se ha insistido suficiente: un proyecto como éste, de carácter hiperminoritario –tirajes de menos de trescientos ejemplares, a veces de cincuenta o hasta menos–, ha cambiado la manera de hacer libros en ese lapso, provocó que algunos diseñadores se animaran a proponer nuevas familias tipográficas, a modificar el uso de formatos, de cajas, de encuadernación, y a incidir de una manera benéfica en el mundo industrial, masivo que, si bien de reojo y con desconfianza, está atenta a lo que hace ese universo minoritario al que algunos tildan despectivamente de exquisito. No conozco ninguno de sus autores que no sienta ese orgullo, ese placer y que no acaricie el libro, la hoja que contiene su texto. Imagino incluso que los impresores novohispanos desde su lugar en el Mictlán también lo sienten. Y no sólo eso, algunos de esos autores guardan en un lugar aparte las ediciones de esos libros, aunque no sean los suyos, y algunas instituciones han tenido el tino de adquirir colecciones lo más completas posibles de sus impresos, sabiendo que forman parte de una historia necesaria y profunda de nuestra cultura. La Fundación Moreno Toscano tuvo el tino de rendirle homenaje en la Feria del libro de Antropología con una exposición y una mesa redonda. Su labor de historiador de nuestra imprenta le da pleno derecho y es un acto de justicia.

Vuelvo a los años de su fundación. Casi en paralelo aparecieron los sellos La Máquina de Escribir, La Máquina Eléctrica y poco antes los libros del Mendrugo. Había cosas en común, sobre todo su condición artesanal, pero esa condición en el Taller Martín Pescador fue tomando un camino de alta sofisticación, lo cual llevó a que sucediera el milagro: no un fue un proyecto efímero. Eso le permitió a Juan Pascoe aprender y experimentar, pues su oficio, el aprendizaje de su oficio, no termina nunca. Es frecuente que él, cuando lo entrevistan, haga hincapié en su condición artesanal: el papel húmedo, el monotipo, el doblado… en cierta manera, y los que lo han visto trabajar saben de lo que hablo, se sitúa no antes sino al margen de lo que los historiadores llaman la revolución industrial.

¿Qué hace el Martín Pescador? Juan Pascoe, como el pájaro que eligió como emblema para su taller, pesca…. en una caja de tipos las letras para formar la palabra, la frase, el verso, la página.... el libro. Y sí, es una pesca milagrosa, porque cada uno de sus impresos es un milagro de entrega,

cariño y oficio. Ese Martín vuela y desde las alturas, desde allá arriba, mira la página, la imagina, se le ocurre esta o aquella manera de encuadernarlas, que sea angosta y espigada, inquieta, o ancha y serena. Este último adjetivo le calza perfecto: muchos de sus libros e impresos comunican al que los ve y los lee una serenidad extraña, casi de meditación zen. A la vez, esa serenidad se vuelve sirena que se sumerge temerosa del Martín que ya le ha puesto el ojo y le quiere poner el pico. Hace ya medio siglo que Juan Pascoe hace en sus prensas milagros (no es repetición: hace dos veces) impresos, a veces de poetas en ciernes, otras veces de nombres esenciales, otras más de raros textos en idiomas cercanos a su corazón y a los que no siempre puede leer; otras, invitaciones para bodas. Sus páginas son tan hermosas que se diría que cantan, primero una, después la otra, después a dúo, después a coro; es un pescador que devuelve al agua lo pescado para que siga su vida. Esa agua se llama lector. Ya las letras ‒los tipos‒se le vuelven oro entre las manos, tinta entre los dedos, textos sobre el papel. Ese hacer dos veces lo lleva a estudiar la historia de nuestra imprenta, señala sus usos, traza sus desplazamientos, estudia su comportamiento. Y ese allá arriba del vuelo del Martín Pescador se vuelve un aquí abajo en el que nosotros celebramos su trabajo. Nunca como ahora, en tiempos de virtualidades, redes e inteligencia artificial es tan necesaria esa inteligencia física, nada artificial, corporal, que transmiten sus impresos. Es una resistencia vital a que el vendaval tecnológico destruya la serenidad que nos entrega. El trabajo de Juan Pascoe es una entrega, un don, como ha dicho Francisco Segovia, que tiene ida y vuelta, se entrega en su doble hacer, hacer la hechura. Esa serenidad viene de la paciencia: humedece el papel que antes ha escogido en función de cómo imagina su impreso, luego escoge letra por letra para formar la línea en la caja, la ve crecer en sus manos y la imagina ya desdoblada ‒legible‒ en la imagen concreta en el espejo no de azogue sino de papel. Cundo vemos uno de sus libros hay casi el intento reflejo de pasarle la mano por encima, de acariciarlo. Y luego (luegoluego diría él) hay que encuadernar lo impreso y repartirlo y para ello qué mejor espacio que el de la fiesta. Cuento una anécdota: en una ocasión me tocó estar presente cuando acabaron la impresión de un libro, ya no recuerdo cuál, y cuando pusieron el papel a secar alistándolo para la encuadernación, al fino papel fabriano le salieron unas manchas verdes de hongos. Recuerdo el dolor en su rostro y la inmediata acción de hacer una hoguera para esos pliegos y volver a empezar el proceso de impresión. Nunca agradeceremos suficiente a Juan Pascoe y a su Taller Martín Pescador el trabajo que ha hecho ●

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook