■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 14 de agosto de 2016 ■ Núm. 1119 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
La familia: La fidelidad a la música y a uno mismo
philippe herreweghe La revelación del Universo
norMa Ávila
evolución histórica y desafíos contemporáneos Mario CaMpuzano
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Alexander S. Naime
El asesino de * La Merced En sentido totalmente opuesto a la inmovilidad absoluta que propugnan el catolicismo y otros credos religiosos, para los cuales existe uno y sólo un modo de organización social básica, lo cierto es que “la familia es una institución que se modifica con los cambios sociohistóricos” en la que influye una larga serie de factores a su vez bajo constante transformación, como sostiene Mario Campuzano. El psicoanalista analiza la situación de la familia, entendida como núcleo sociocultural bajo las condiciones del neoliberalismo y la posmodernidad, en un ensayo más que necesario en estos tiempos de tentaciones retrógradas y la indispensable defensa, informada e inteligente, de avances sociales tan duramente alcanzados.
Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx
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éneca despertó por el golpeteo en un vidrio. Provenía del espejo del baño. Removió el brazo de su amante, se levantó de la cama, fue al baño y vio su reflejo escribiendo un mensaje en el espejo. Séneca vivía una existencia simple y misteriosa. Los días los pasaba encerrado en su cuarto. Las tardes con una nueva “amiga”. Y las noches en la calle. Era un seductor cleptómano que mientras amaba a sus mujeres les robaba credenciales, pulseras, aretes, bolsas y prenda interior para luego salir de noche con una nueva identidad. Esta inocente rutina cambió horrendamente en abril del 91 cuando del espejo, su reflejo de mujer, lo convocó. Su primera víctima se llamó Diamantina. Su cuerpo fue encontrado descuartizado en un hotel de paso en el Centro. Testigos afirmaron que no vieron ni escucharon nada. Solamente recordaron la inusual presencia de otra prostituta, de tez blanca, chaparra y con piernas definidas –andando a prisa con el mismo vestido, tacones y bolso que Dia mantina– dirigiéndose, a paso coqueto, al Metro La Merced. A la par de los crímenes, la desconocida mujer de piernas formidables se conver tía en el objeto de deseo y celo. Era Séneca travestido. Cada que la veían corriendo por ahí con un chongo mal hecho y maquillaje embarrado, los hombres le chiflaban de admiración y las trabajadoras la insultaban y maldecían. Una noche septembrina del ‘94, Séneca despertó por el golpeteo de un vidrio. Removió de su pecho los brazos dormidos y borrachos de Estelita. Se levantó y se dirigió al baño. En el espejo vio su reflejo, maquillado, con una peluca desgreñada y lápiz labial colocado con rencor. Escribía algo mientras se sacudía con una alegría lunática. La última cosa que Estelita vio fue el reloj del cuarto pestañeando las 23:22, mientras Séneca le hundía los
filos de la botella rota en su pecho una y otra vez. Cuando Estelita se despertó dio un salto de horror. Había sido sólo un sueño y el reloj indicaba 23:21. Entonces, frente a ella, vio a una mujer con una botella rota empuñada como puñal. Su último minuto de vida se acabó. Era la víctima #45. El encargado del motel abrió la puerta del cuarto para encontrar a Séneca aun acribillando el cuerpo desnudo de Estelita. Sus gritos ahuyentaron a Séneca y despertaron al policía de la calle quien descargó dos veces su revólver contra el travesti chaparro de tez blanca y piernas definidas que escapaba por las calles nocturnas de La Merced cubierto de sangre y lápiz labial. Séneca entró al Metro de La Merced, dejando rastros de sangre por las escaleras y los torniquetes y llamando la atención de los guardias de estación que momentos después evidenciaron la invasión masiva de la estación por una legión aguerrida conformada por una docen a de padrotes, un centenar de putas y cuatro policías tras el travesti desgreñado. Atra pado en el subsuelo, Séneca no esperó la llegada del Metro. Se introdujo en los negros túneles de la estación La Merced y se perdió allí. Los policías y el padrote dueño de Estelita fueron los únicos que dieron seguimiento a la venganza. El resto del puterío esperó en el andén de La Merced. Cerca de las once, los policías y el padrote pistolero regresaron sin Séneca. En el reporte de la investigación del asesinato de Estelita se puntualizó, de nuevo, la evidencia. Era idéntico e inexplicable: el espejo contenía siempre una frase escrita con lápiz labial, desde adentro. Nunca se podía borrar
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*La estación del Metro recibe su nombre del adyacente Mercado de La Merced, donde también se ofrece una variada gama de sexoservicios; a ello se debe que el símbolo de la estación muestre una caja de manzanas, la fruta del pecado.
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Portada: Rupturas y atavismos Fernando Botero, Escena familiar
La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
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Gustavo Ogarrio JUAN RULFO Y LA PREGUNTA SIN RESPUESTA. ¿Qué es “Luvina” si no la puesta en escena de la “crónica” del descubrimiento de San Juan Luvina por parte de su antiguo maestro de escuela?
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Francoise Perus
n el magistral cuento “Luvina”, de Juan Rulfo, un profesor rural ya retirado narra cómo es San Juan Luvina, aparentemente, a otro hombre que la visitará. Al evocar el día que llegó a este pueblo, enclavado en “los altos cerros del sur”, en la plaza solitaria de Luvina, con sus tres hijos, el profesor rural le pregunta a su esposa: “¿En qué país estamos, Agripina?” La esposa se alza de hombros, toma a su hijo más pequeño y se pierde para ser encontrada después por su mismo esposo en la iglesia, rezando y con el niño dormido en sus piernas. El profesor, su esposa y los tres hijos pasan en la iglesia su primera noche en Luvina. Una marcha nocturna de todas las mujeres luvinenses se escucha como un “aletear de murciélagos”, mujeres de negro sobre fondo negro que en las madrugadas van por agua: un país rural cuya tragedia era más vieja que la Revolución mexicana o que la Independencia, un país de murmullos espectrales en los que se confunden muertos y vivos a través del mito, de la voz comunitaria, del diálogo que nunca llega. ¿Qué país es ése, qué México es el de Luvina? El de la fallida reforma agraria, el de la emergencia de una oligarquía moderna insaciable, el de la tremenda pobreza del campo, el de la naciente corrupción que transforma a exrevolucionarios en soberbios empresarios nacionalistas; un país de ruidos urbanos inentendibles, de modernización autoritaria y frenética de casi todo; el del gran proyecto modernizador a través de la educación pública que llegaba hasta el pueblo más apartado y que fracasaba de forma permanente, un fracaso siempre parcial por su incapacidad para trabajar a partir de los agravios y despojos que ha dejado la historia de México en el ámbito rural y en los pueblos indígenas. Un país envuelto en la tragedia originaria de la conquista: el profesor rural cuya misión es colonizar con su sabiduría humanista al pueblo de Luvina; mujeres enlutadas, pueblos espectrales habitados por viejos y por seres que todavía no nacen, la murmuración poética de la oralidad agraria e indígena en su refugio de olvido y muerte ante los agravios de la marginación económica y del poder político. El profesor rural cuenta cómo intentó convencer a los luvinenses para que se fueran del pueblo: “Un día traté de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. ‘¡Vámonos de aquí! –les dije–. No faltará modo de acomodarnos en alguna parte. El gobierno nos ayudará’”. / “Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que se asomaba una lucecita allá muy adentro.” Pero los luvinenses conocen muy bien los límites del poder político, su poder de destrucción y evocan irónicamente la orfandad absoluta del Estado (“De lo que no sabemos nada es de la madre del gobierno”). Los luvinenses ríen cuando el profesor rural les dice que el gobierno es la Patria. Una risa chimuela, palabras molenques; el gobierno sólo se acuerda de los luvinenses “cuando alguno de sus muchachos ha hecho alguna fechoría”. Pero Rulfo no es ningún apologista de la miseria ni tampoco su narrativa es una versión “negativa” del país en su tragedia civilizatoria. Rulfo, en particular el cuento “Luvina”, expresa el límite de una sociedad rural a la que se le han impuesto las representaciones de los otros: la infamia del poder político, cultural y econó-
“¿En qué país estamos,
Agripina?” Escena de Río escondido, dirigida por Gabriel Figueroa
Escena de Macario, 1960, dirigida por Roberto Gavaldón
mico, la interrupción violenta y destructiva de sus propios caminos, la conquista en su más puro efecto histórico y narrativo. El país por el que pregunta el profesor rural a su esposa Agripina es el de la oprobiosa imposición de una historia triunfante y modernizadora sobre otras, más discretas, regionales y nacionales a un mismo tiempo; el de la incomprensión entre una sociedad urbana y una rural, con su estela de olvido y marginación, el país en el que un poder que se dice civilizado se impone a partir de barbarizar a los otros, a lo rural y a los pueblos indígenas. Desde hace décadas nos han dicho que llegamos tarde al banquete de la modernidad, que tanto atraso en este país terminaría por unificarlo al revés: la pobreza como signo de unidad, la corrupción como la más efectiva de las estrategias gubernamentales para mantener el frágil equilibrio de una sociedad castigada durante siglos. ¿En qué país estamos hoy, Agripina? En el país de la destrucción de las comunidades a partir de su colonización por parte del crimen organizado (esa otra estra-
tegia perversa del capitalismo regional, nacional y global); el país en el que el Estado ejerce una de las mayores violencias contra su propia sociedad, a lo que llamó “daños colaterales”; un Estado que se decía en “guerra” o en “batalla” contra el crimen organizado sin preguntarse por las condiciones efectivas de seguridad de la población, sin asumir las consecuencias de más de cien mil muertes en los últimos años y que habla de “guerra” y de “combate” con una indiferencia espeluznante, con un tono aséptico de cirujano que tiene que intervenir quirúrgicamente a un paciente, como las grandes metáforas médicas con las cuales se justificaron genocidios y dictaduras. Un país en el que la modernización es sinónimo de corrupción a gran escala, el país de las eternas bodas de oro entre el Estado que se desnacionaliza –que ya no es o que nunca ha sido la Patria– y la iniciativa privada más depredadora. Un país en el que vida humana es de tal manera prescindible que su degradación deshumanizadora se ha transformado en rituales de muerte y masacres que rondan los límites de lo indecible. Un país que ya es un cementerio de escalofriante normalidad. Un país del que nadie se quiere ir, pero en el que sus “muchachos” han terminado por aceptar la fatalidad con la que se presenta ese destino bestialmente unilateral: o abandonan sus comunidades y se van a Estados Unidos o se integran furiosamente al crimen organizado, para que el gobierno ahora sí vaya por ellos cuando cometen esas “fechorías” tremendas con rifles de alto calibre. “¿En qué país estamos, Agripina?” Un país en el que su pesadilla favorita es el eterno relato del mundo del espectáculo, las telenovelas como una alucinación colectiva en la que, con rasgos esquizofrénicos, se escinden absolutamente la imaginación y la realidad. “¿En qué país estamos, Agripina?” Quizás, por segunda o tercera vez desde la integración traumática de la conquista, estamos en franco camino hacia ningún país
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El arca de Marco Antonio Campos
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esde hacía meses no dejaba de lloverle. No dejaba de llover. Su nombre aparecía a diario en la prensa como comprador de compañías offshore en los Caiman Papers y en depósitos de cientos de millones de dólares en los Switzerland Accounts. Previsor, Noé Borge Duarte había comprado entre esas compañías una a través de la cual adquirió una pequeña y bella isla en el Océano Pacífico. Temiendo lo peor, es decir, una prolongada cárcel, se abocó a recoger todo lo que pudo, principalmente documentos, en sus varias casas en el centro de la república, y se trasladó con sus familiares, amigos y empleados, amén de llevar aves y animales de todas las especies, a las costas del Pacífico, donde tenía una casa de playa de varios kilómetros. Todos iban bíblicamente en parejas. La operación la llamó Mis animales, pero algunos familiares ofendidos le pidieron que cambiara de nombre. Quedó en Animals, Friends and Others. Para el viaje por carretera y ya en la casa de playa, Noé prohibió televisores, radios, periódicos, revistas y computadoras, para que no se vieran ni se oyeran los ataques mediáticos que le llegaban a diario. Con familiares, amigos y empleados, muchos de los cuales le sirvieron de prestanombres, se aplicó a construir un arca de madera gopher para salvar de inmediato los documentos que eran su gran salvavidas para él y para varias generaciones venideras. Con la desquiciante lluvia las tareas eran triplemente penosas, pero Dios así lo había decidido y Dios lo había elegido para fundar una nueva comunidad en aquella isla del Pacífico a la que llamaría Nueva Tenochtitlan. Los documentos respaldaban legalmente todo lo que había robado en la administración de la política, tanto en el Partido Gangsteril, como cuando se pasó al Partido Retrógrada, como en el Partido de los Chuchos Falderos y al final en el Partido de los Yuppies Verdes. Poco a poco, bajo torrenciales aguaceros, fue haciendo el arca
a imagen y semejanza bíblica: 300 codos de longitud, 50 codos de anchura y 30 codos de altura. Se hicieron luego los aposentos y los embadurnaron de brea por dentro y por fuera. Crearon puertas y ventanas. Noé la bautizó, sin vanidad ninguna, como El Arca de Noé. En la capital de la república todo mundo sabía dónde estaba, y la Pgr , al consultársele, respondía lo mismo: que andaban tras la pista de Borge Duarte, de quien ya se tenía obsequiada la orden de presentación, y claro, en caso de requerirse, se solicitaría la orden de aprehensión. En la costa del Pacífico, Noé y los suyos, sin prisas, avanzaban en la tarea. El periódico El Escéptico, el más leído del país, ponía a diario una duda en la seriedad de la investigación. Al terminar la construcción del arca, sin que se hubiera visto en todo el tiempo un policía a cincuenta kilómetros de lejanía, Noé emprendió la ruta, y luego de cuarenta días y cuarenta noches bajo una lluvia inmisericorde, divisó la isla. De pronto el diluvio se calmó. Miraba el cielo y las estrellas –sobre todo Venus– y pensó que con sus familiares, amigos y empleados fundarían un nuevo mundo donde quedaría extirpado el cáncer de los envidiosos que no saben enriquecerse como Dios manda. Iba a añorar desde luego a sus amantes, pero a cada una les había dejado una casa o un departamento de lujo y una cantidad no desdeñable, a cambio de la promesa de que si alguna vez regresaba, la antorcha se encendería de nuevo. “Es lo que más voy a extrañar, porque luego de siete años, el matrimonio se
vuelve más aburrido que un partido de futbol Veracruz-Puebla”, se decía. Ya casi en las costas de la isla se dio por imaginar cómo construiría la ciudad y la manera en que dispondría a los animales y a las aves en montañas, bosques y praderas. Pero a su arribo ninguno de los viajeros cabía de asombro: ya estaba medianamente ocupada por otrora políticos, empresarios, banqueros agiotistas y líderes sindicales de la república abandonada. Le mostra-
ron con documentos de Panama Papers, Trump and Cie., Cheney Bank y Hong Kong Accounts, que ellos eran los dueños legítimos. Noé pidió ir a la comandancia. Se rieron de él: en la isla no había ni jueces, ni Ministerio Público, ni policía. “Aquí lo único que hay es una iglesia. No hay un solo habitante que no sea un fervoroso católico. Trajimos un cura, pero de El Vaticano, gracias a un grueso depósito bancario, ya nos prometieron un Nuncio.” Discutieron la tarde y la noche, no con argumentos, sino de una manera realista: “O te mochas de tu fortuna con el veinticinco por ciento en documentos y dólares o no fincas.” Al fin, luego de un regateo de burócrata de la Seduvi, del Inveaa o de las delegaciones perredistas Cartón de Helguera, Diversión
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Noé
CREACIÓN
letra chiquita, cuya única ideología era el dinero mal habido. Quizá entre todos, se dijo, podrían escribir una novela colectiva que se titulara Amantes de lo ajeno. “Aquí no hay distingos ideológicos ni de etnia ni de color”, comentó Noé, “sino a ver quién se ha llevado más del erario público”. Adornaban el recinto retratos de Antonio López de Santa Anna, Francisco de Paula Arrangoiz, Miguel Alemán Valdés y sus cuarenta ladrones, Luis Echeverría Álvarez, Carlos Sansores, la familia López Portillo, Joaquín Gamboa Pascoe, Carlos Romero Deschamps, Salvador Camacho, Emilio Gamboa Patrón, Raúl Salinas, Carlos Cabal Peniche, Isidoro Rodríguez el Divino, Juan Armando Hinojosa, Hank’ Sons, Germán Larrea, Andrés Granier e hijo, Fausto Vallejo e hijo, Guillermo Padrés, el Niño Verde, la familia de los Fox y los Bribiesca Sahagún, Patricia Flores, Alejandra Sota y, presidiendo la alta pared, en gran dimensión, los retratos de los padrinos Carlos Salinas de Gortari y Carlos Hank González. “Faltan miles”, pensó Noé. “Con los que yo conozco, sean de derecha, centro o izquierda, podría hacerse una galería del tamaño del Louvre.” También había resaltadas en los muros en hojas de oro frases históricamente clásicas: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, “La devaluación ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario”, “La pobreza en Mexiscope es un mito genial”, “Político pobre es un pobre político, pero no hay que darle chamba por tonto”, “Aquí tienen su democracia”, “Comes y te vas, pero antes Cartón de Magú, El Arca de Roer... el presupuesto dejas una ‘corta’”, “Todo lo que sea corrupción lo firmo y lo cumplo”, y esa joya, sacada directamente del Diccionario de la Acadelo pronto, él y su familia se quedarían en una casa que mia de la Lengua, “Haiga sido como haiga sido”… Noé se había construido ex profeso para todos los ricos comentó con su esposa: “Yo creo que con tan sólo las perseguidos que recién arribaran a la isla, situada en frases de Echeverría y de Juan Vicente Cristero Fox Avenida Cañonazo de Cincuenta Mil Pesos. cubrirían salón y medio”. El sábado siguiente, en el Palacio Hank (en la isla Pocas semanas después llegó un barco con familias sólo había palacios), se hizo una gran fiesta de recepde políticos, grandes comerciantes y narco-empresación. Todos brindaron por las parejas de recién llegados rios. “Yo creí que seríamos los últimos”, comentó Noé e inclusive –encabezados por los Yuppies Verdes– brincon su esposa, que le servía muy bien de oídos. Se disdaron por las parejas de aves y animales que serían tan cutió mucho, pero en esta ocasión Noé fue de los neútiles para el hábitat. Desde una de las ventanas Noé gociadores más feroces e intransigentes. Ante la rispimiraba las cenizas de lo que había sido el arca. dez de la discusión, Noé preguntó con acritud, citando Noé y su círculo vieron entre los asistentes políticos al santo expresidencial Felipe de Jesús: “¿Qué querían? gente de todos los partidos políticos, líderes sindicales, ¿Que sólo los invitáramos a tomar un cafecito?” empresarios explotadores y banqueros expertos en de Ciudad de México por solicitud de construcción, se llegó a un sensato dieciocho por ciento. “No hay mocho que no se moche”, apuntó el cura, mientras bendecía dólares y documentos. Noé preguntó si ya tenía un nombre la isla: sí, desde su fundación se le puso Mexiscope. Pronto iban a tener un banco en grande porque César Duarte –“tal vez de su familia”–estaba por llegar. Recordando a Hernán Cortés, para que a nadie se le ocurriera regresarse, Noé ordenó quemar el arca. Por
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Sin embargo, no acababan de llegar éstos, cuando entre la bruma del atardecer del día siguiente vieron surgir un barco de gran calado. Se llamaba La moral es un árbol que da moras. Los habitantes de la isla se acercaron al puerto. Se frotaban los ojos de la incredulidad. Todos empezaron a sonreír. Llegaban a Mexiscope –uno de ellos, con demencia senil, y otro que repetía pendejadas como un loro– los expresidentes y sus impresionantes comitivas. Al bajar fueron recibidos como héroes. Los vítores no cesaban. “Seremos por habitante el país más rico del mundo”, se solazaban. –A ver, Döring, vete en friega a recogerles las maletas –ordenó Diego. –Venimos a ser como uno más, dijo el expresidente más experimentado–, pero traemos unas proposiciones que convertirán a Mexiscope en una referencia financiera en todo el orbe. –¿Cuáles? –preguntaron a coro. –No sólo uniremos capitales, sino haremos también de la isla el más atractivo paraíso fiscal y crearemos en ella la banca más secreta, con apariencia jurídica, que haya habido nunca. Y más: ya hemos hablado con Donald Trump y con Joe Arpaio para que nos manden a uno de sus afamados colaboradores con el fin de que se nos proteja de inmigrantes indeseables. Prometemos que para disfrutar la vida acordaremos entre todos una semana laboral de seis a ocho horas; lo demás será para el ocio creador. Pase lo que pase, les juro aquí frente al cura que cuando nos despidamos de este mundo, entraremos al cielo a través del ojo de una aguja, quiéralo Cristo o no. Noé se acercó al expresidente. –Mire: luego discutimos con ustedes lo que quieran, pero de entrada, por asentarse aquí, lo digo en nombre de la comunidad de Mexiscope, tienen que entrarle con un moche del veinticinco por ciento de su capital y sus bienes. La discusión fue feroz y ardua en el salón Antonio López de Santa Anna del Palacio Hank, pero luego de dos días de dialéctica delictiva, en que cayeron a la mesa por montones colmillos y uñas largas, se llegó al salomónico dieciocho por ciento. Sólo hubo una interrupción para dar aviso que ya no tardaba en llegar César Duarte para echar a andar el banco. El jolgorio de la recepción en el Palacio Hank duró varios días y el escándalo llegó a oírse en varias de las islas próximas. Luego de los festejos, los expresidentes mandaron quemar el barco de gran calado. Entre tanta chatarra –Noé observó con curiosidad– sólo se salvó el nombre, patrimonio político de la humanidad: La moral es un árbol que da moras
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La fidelidad a NACIDO EN 1947 EN GANTE, BÉLGICA, HERREWEGHE ES UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES DIRECTORES DE MÚSICA ANTIGUA. JUNTO CON NIKOLAUS HARNONCOURT Y GUSTAV LEONHARDT GRABÓ LAS CANTATAS COMPLETAS DE BACH.
Philippe Herreweghe
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tos, y lo mismo sucede con la música de Bruckner, no podemos escucharla como él lo hizo. Pero lo que sí podemos es escuchar, o ayudar a transmitir como intérpretes, una autenticidad en el sentido de dejar a la música ser fiel a sí misma. La música de Bruckner, desde hace mucho tiempo, tiene un sentido especial para mí. Durante mi infancia en Gante, la Orquesta del Concertgebouw de Bernard Haitink visitaba cada año la catedral para tocar dos sinfonías de este compositor. Mucho antes de que siquiera pensara en dedicarme a la música, me quedaba ahí sentado, quieto, estremecido por la manera en que esa música lograba desbordar cada rincón del edificio, haciéndolo brillar a través del sonido. Y aunque al ejecutar la música de Bruckner tal vez ocupe diferentes instrumentos y la interprete de manera muy distinta, lo que intento también es colmar las mentes y los cuerpos de las personas con una catedral sonora, una catedral de ladrillos sonoros, cargados de emotividad, que conduzcan al espíritu más allá de la emoción, para alcanzar algo así como una libertad verdadera. No hay compromiso con Bruckner. Esta no es música para desidiosos o para gente que busca una recompensa inmediata. Para dar vida a esta música hay que ser fuertes (da igual si uno es un director como Celibidache o Karajan, o alguien con una formación musical muy distinta, como en mi caso). Y lo mismo sucede como escucha: hay que tener fortaleza. Parte de la intensidad de Bruckner proviene de su ser profundamente religioso. Sin embargo, su catolicismo no se diferenciaba de la religiosidad obediente del feBeethoven y Bruckner conmemorados en un vitral en la ciudad de Linz. Fuente: wikiwand.com ligrés ordinario: Bruckner rezaba el Ave María dieciséis veces al día y parece que nunca cuestionó los dictados de la Iglesia. En su bimucho antes de cuanto requiera de un director), quiblioteca, además de la Biblia, sólo tenía unos cuantos zá esto no debería sorprenderme. En aquellos días libros –parece que Robinson Crusoe era uno de sus teníamos que ser evangélicos, incluso dogmáticos, favoritos– y no hay evidencia de que hubiera leído o para transmitir nuestro mensaje, así que entiendo que meditado sobre historia, literatura o arte. la gente, para ubicarnos, utilice las clasificaciones En cierto sentido, su obra más religiosa es la Misa que acaso nosotros mismos hemos construido. Ade2 en Mi menor. La compuso para la consagración de la más, es verdad que cuando interpreto a Bruckner capilla votiva en la nueva catedral de Linz. La iglesia –ya sean las sinfonías, con la Orquesta de los Campos es neogótica, forma parte del gran resurgimiento Elíseos, o la música coral con el Collegium Vocale–, quienacionalista austro-germano, y Bruckner compuso ro llevar al repertorio del siglo xix los mismos princiesta pieza para coro y ensamble de viento de manera pios con que trabajo el barroco alemán y francés. muy distinta a sus otras misas, con una fuerte remiSin embargo, lo que busco no es “autenticidad” en niscencia de las de Lassus y Palestrina. Pero no es el sentido ordinario del término. Nosotros no ponecesario ser religioso para apreciar esta obra, una demos escuchar las cantatas de Bach como lo hizo la de las más amables y accesibles de Bruckner, sobre congregación de Leipzig, porque somos muy distin-
assus. Bach. Bruckner. Stravinsky. En estos tiempos de tanta información, estos músicos suelen ser clasificados en secciones especiales, con sus respectivos intérpretes y audiencias ávidas de diferentes experiencias musicales. Cualquiera diría que realmente pertenecen a ámbitos muy distintos, y no sólo en términos estilísticos… Lassus estaba al servicio de la Iglesia y la aristocracia, compuso en una época en que la música era considerada una ciencia matemática casada con una función religiosa. Stravinsky, en cambio, creó en una sociedad muy cosmopolita donde los compositores eran idolatrados y considerados parte de las principales voces intelectuales de su época y de la música. Bruckner, también en contraste, trabajó en una época en que la música era valorada como la mayor de las artes y cuando buena parte de la sociedad austro-germana discutía apasionadamente sobre el rumbo que debía tomar la música. Además, Bruckner viajó muy poco, a diferencia de Lassus y Stravinsky, y era tímido, devoto, torpe para las relaciones sociales y estaba inmerso en una profunda vida espiritual. Las diferencias entre estos compositores van más allá del paso de los siglos, pero al mismo tiempo convergen en un punto: la búsqueda en la música de un reino donde la mente sea libre de confrontar el misterio de su creación. Como alguien que se dice especialista en el barroco y que decide trabajar con instrumentos de época, soy uno de los que ha ayudado a crear, no clasifica-
ciones, pero sí una perspectiva que sostiene: “es así como hay que ejecutar este tipo de música”. La especialización musical consiste en dar vida a la música de un determinado período, no en saber clasificarla correctamente en un librero. Aún hoy la gente se sorprende cuando se entera de que interpreto a Bruckner, Mahler o Stravinsky. Como miembro de la segunda generación de aquello que se conoce como movimiento de “música antigua” (aun cuando lo que hoy se llama música antigua fue escrito
Bruckner y la critica, en un cartón de época
a la música
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y a uno mismo
todo el Kyrie y el excepcionalmente delicado Benedictus. La obra llega a su clímax con la intensa polifonía cromática del Agnus Dei, y aunque uno puede percibir cuán personal era este rezo para Bruckner, aun para escépticos anticlericales como yo, este movimiento
transmite algo equiparable a una paz real y duradera. Si tocamos esta música –y en especial la larga tradición de lo que llamo una polifonía espiritual, que va de Palestrina y Lassus, pasando por Bach, a Bruckner, Stravinsky y varios más–, sin interponernos en el
camino de la música hacia su propia fidelidad, quizá también logremos ser fieles a nosotros mismos. Éste es, al menos, el tipo de autenticidad que yo busco
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T raducción del inglés de i ván g arcía .
HerrewegHe,
la música y la ausencia como exceso
¿P
or qué un “escéptico anticlerical” como Phillipe Herreweghe ejecuta con amor la música de Anton Bruckner, un compositor profundamente religioso del siglo xix ? La respuesta, dada por él mismo en este artículo, no tiene que ver apenas con un gusto refinado que reconoce la excelencia de Bruckner, como quien se limita a un deleite superficial, sino con la posibilidad, alojada en lo profundo de esa excelencia, de que la música despliegue una fidelidad interna y de alcanzar con ella una fidelidad a sí mismo. En el nombre de Dios se hizo esta música –nos diría Giorgio Agamben–, como también las catedrales, los frescos y la Comedia, de Dante. Y también, sin duda, la Inquisición y las Cruzadas. ¿En el nombre de qué toca su música –una música sacra– este director belga? Tras la empresa moderna, que puso la mirada en un discurso lógico y racional, encaminado a la emancipación de base laica y a la consecuente conformación de Estados no eclesiásticos, el nombre de Dios fue retirándose de las tareas humanas. Herreweghe, desde luego, no propone un retorno a la religión como eje, pero tampoco despacha el vigor de los materiales de ese ámbito; al contrario, percibe en ellos una latencia que no le es indiferente y que lo lleva a desmarcarse tanto de la tutela eclesiástica como del culto a lo racional. ¿Qué querrá decir Herreweghe con “una música fiel a sí misma”? No a Dios como instrumento de dominación, sino a ese máximo de libertad, el más-del-más que es la idea de Dios como apertura. Desbordar tanto lo clerical como la prerrogativa moderna implica ir al encuentro como individuo de esa “relación original con el universo” que reclamaba Emerson, implica advertir que el ser humano “no es un animal racional sino un estallido donde aparece todo lo que aparece: la creación” (Del Barco). Y eso que aparece es la razón, el conocimiento, el estudio, el trabajo, pero también más, siempre y sobre todo más. ¿Qué es entonces ser fiel a sí mismo por la vía de una música fiel a sí misma, si no quedar adherido a este exceso, a lo penetrante y huidizo de la música en el estallido de su relación con el universo? Esa es, en mi opinión, la libertad, o mejor dicho, el algo así como una libertad
Philippe Herreweghe dirigiendo el Collegium Vocale de Gante. Foto: Michiel Hendryckx/ commons.wikimedia.org
verdadera de lo que nos habla Herreweghe. La ambigüedad es relevante aquí porque tras la retirada del nombre queda lo indefinible, la ausencia como signo de exceso. “Algo en mí es más yo mismo que yo mismo”, dice San Agustín. Puede no haber Dios, ni yo, ni naturaleza, ni conciencia, ni espíritu, ni mundo, nos dice Del Barco, pero no puede no haber algo: “no sabemos qué somos, qué es, pero sabemos que hay un algo que por indeterminado es el mismo hay. HayHay. Tal vez decir ‘algo’ sea ya un exceso.” “Entrad, entrad hijas mías, en lo interior”, dice Santa Teresa. Y con igual premura, aunque con cierto dejo de actualidad, señala Artaud: “Lo difícil es hallar el lugar propio y restablecer la comunicación con uno mismo.” En ambos hay actualidad porque no hay progreso en el espíritu, pero en Artaud, anticlerical como Herreweghe, hay la pulsión por desmembrar el cuerpo logocéntrico para rearticular un cuerpo y su comunicación interna. “¿Qué significa ser lo más sí mismo que se pueda, y entonces lo más hombre que se pueda, si no justamente ser fiel a este sobrepasarse infinito del hombre por el hombre, o a esta apertura? Ser hombre es estar abierto a infinitamente más que ser simplemente hombre”, dice Jean-Luc Nancy al hablar de Dios. Este abrirse adentro, este exceso, a mi parecer, es el estremecimiento infantil del que nos habla Herreweghe. En éste hay una suerte de expropiación –o reapropiación– laica del interior humano por la vía de la propia música religiosa, lo cual tiene una relevancia política en esta sociedad de la transparencia, donde todo ha de quedar expuesto y vigilado. A diferencia de un arquitecto católico como Luis Barragán, que lamentaba la desintegración de una sociedad donde “la religión era única con el gobierno” y esperaba que la Iglesia resolviera “ese problema de recogimiento, de incitar a la meditación y la elevación espiritual”, Herreweghe toma como propia esa tarea. Ser fiel, depositar la fe o el crédito, no en Dios ni en la Banca, sino en uno mismo. Practicar no el tufo aristocrático de la escucha de música antigua, sino abrirse y escuchar
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Iván García
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EL CAPITALISMO ACENTUÓ LA INESTABILIDAD MARITAL Y GENERACIONAL, ASÍ COMO LA CRISIS DE VALORES: IMPERA LA CONFUSIÓN Y LA INCERTIDUMBRE. DE ACUERDO CON EDWARD SHORTER SE GENERÓ UNA REVOLUCIÓN SENTIMENTAL.
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Mario Campuzano
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os seres humanos no somos solamente biología y psicología, sino seres de cultura donde las influencias sociohistóricas son determinantes, de ahí que factores azarosos como lugar, época, clase social y peculiaridades de la familia en que nacemos nos influyan de manera importante desde antes de ser concebidos. Por esta razón no podemos generalizar sobre las condiciones humanas individuales y sobre las instituciones, entre ellas la institución familiar, ya que son muy diferentes las condiciones y posibilidades de desarrollo de quienes nacen en el medio rural o en el medio urbano; de quienes padecen carencias básicas, que empiezan por la falta de techo y alimentos y que continúan con las posibilidades de acceso a la educación y al empleo, en relación con aquellos que tienen todo eso resuelto con amplia solvencia; tampoco es igual la cultura de época de aquellos que eran jóvenes en los años sesenta y setenta del siglo pasado y los que cursaron su juventud en los ochenta o noventa, o la cursan en la actualidad. Son tres generaciones muy diferentes, sometidas a un ritmo de cambio acelerado que se genera a veces en intervalos de pocos años. Hay que destacar que la familia ha sido un campo de interés central para los distintos credos religiosos con concepciones muy rígidas y tradicionales, por eso los cambios en esa perspectiva les resultan muy amenazantes y les generan rechazos radicales, como sucede actualmente con la Iglesia católica mexicana ante el matrimonio homosexual. La realidad es que la familia es una institución que se modifica con los cambios sociohistóricos y por eso ha sido tema de investigación para los científicos sociales, como Christopher Lasch, un historiador que siguió la evolución de la familia estadunidense y, en ese proceso, notó cambios radicales en la década de los setenta caracterizados por el ascenso del narcisismo tanto en la población como en la producción cultural. Su descubrimiento, publicado en un texto clásico titulado La cultura del narcisismo, permitió identificar aspectos centrales de las características del cambio de época, del paso del modernismo al postmodernismo, sobre lo cual Lipovestky hizo una segunda y brillante reflexión expuesta en libros como La era del vacío.
LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FAMILIA
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a familia europea medieval era una unidad productiva y reproductiva que transmitía a sus miembros el oficio que ejercían, lo cual se facilitaba por el hecho de vivir en una casa común como familia extensa, es decir, de convivencia de la familia nuclear (padres e hijos) y otros parientes. Su horizonte espacial y social solía estar limitado a esa familia y a la comunidad donde residían. Su vida estaba regida por el trabajo y la religión. La familia prehispánica, para hablar de la otra fuente de nuestro origen, solía vivir, igualmente, como familia extensa, también como unidad reproductiva y productiva en relación con las labores agrícolas o artesanales que ejercían, con la peculiaridad de una estructura de propiedad comunal de la tierra, ya que la propiedad privada existía solamente en las clases dominantes. Esta situación antiquísima, que ya era expresión de una explotación de la clase alta sobre las subalternas, ha facilitado la continuación de ese dominio hasta la actualidad. También estaba regida por la religión, que se acompañaba de rituales y fiestas colectivas. El paso de la visión religiosa a la humanista, científica y tecnológica, fue la novedad aportada por la modernidad en el período del capitalismo industrial, a partir de los siglos xVii y xViii , aunque permaneció la utopía del progreso futuro continuo, ahora sustentado en el esfuerzo humano sobre la realidad social terrena en lugar del paraíso sobrenatural. También implicó cambios sustantivos en las relaciones humanas a partir del concepto de la sociedad como conjunto de productores libres y, por ende, de los conceptos de individualidad, subjetividad y libre albedrío necesarios para este nuevo funcionamiento socioeconómico de tipo contractual.
CAMBIOS EN LAS FAMILIAS DE LA MODERNIDAD
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uchas de las funciones que antes realizaban las familias pasaron a ser cubiertas por el Estado, especialmente las de tipo educativo, y a cargo de las familias quedaron fundamentalmente los
En la conjunción contemporánea de neoliberalismo y posmodernidad, el estímulo para formar una pareja y construir una familia está a la baja.
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familia:
evoluCión históriCa y desafíos ConteMporÁneos cuidados tempranos del niño y su educación sentimental, lo cual implica la educación de las pulsiones y los afectos, es decir, el aprendizaje de la expresión y control del amor y la agresión, incluyendo el ajuste del narcisismo o la autoestima. Se generó lo que Edward Shorter (El nacimiento de la familia moderna) ha denominado una revolución sentimental con novedades como “la separación física de la pareja (en hogar aparte) del tronco de la familia extensa y la constitución consecuente de la familia nuclear, de sólo dos generaciones: padres e hijos como organización familiar dominante. Y, en esas nuevas condiciones, el establecimiento del amor romántico, la domesticidad, la privacidad y el predominio de lo emocional sobre lo instrumental en las relaciones maritales y de padres e hijos”. Al no descansar ya los vínculos de pareja y de padres e hijos en un orden social firme con lazos de interés en la familia extensa y la comunidad, sino en la satisfacción emocional de las partes, esos vínculos tendieron a la inestabilidad y buscaron apuntalarse en apoyos externos familiares, religiosos o profesionales, así como en una reglamentación legal adecuada para resolver los nuevos problemas como el divorcio, ya que si la unión marital estaba sustentada en el amor, si éste desaparecía se podía dar la separación. Fotos: cortesía del archivo de Lourdes Almeida
CAMBIOS DE LA FAMILIA EN LA POSMODERNIDAD
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l cambio del capitalismo industrial al capitalismo financiero neoliberal a mediados del siglo xx ha acentuado la inestabilidad marital y generacional y ha generado crisis de valores, confusión e incertidumbre. Como este modelo económico genera también grandes masas de desempleados, se ha agregado la incertidumbre laboral. Por estas y otras razones la confianza o fe en el futuro se ha roto en la posmodernidad, aparece el escepticismo sobre el porvenir y predomina la noción de tiempo presente, lo cual fue y es característico de la cultura de la pobreza, cuyas limitaciones económicas e inestabilidad de vida excluye un horizonte de futuro. Pero ahora abarca a todas las capas sociales y económicas que tienen que aprender a vivir en la incertidumbre y la inestabilidad neoliberal, aunque frecuentemente no tengan conciencia ni comprensión de lo que determina sus vidas, dada la gran manipulación establecida sobre los medios de comunicación para que la población no se entere y siga siendo muy dócil. En la conjunción contemporánea de neoliberalismo y posmodernidad, el estímulo para formar una pareja y construir una familia está a la baja. El narcisismo de los integrantes de la pareja hace poco atractivos esos proyectos; tener un hijo tiende a no ser fuente de realizaciones sino una carga que las dificulta e impide diversiones personales. Los empleos escasos y de baja remuneración acentúan esta dificultad al crear situaciones económicas desfavorables para los proyectos de procreación. A pesar de todo, el grupo familiar persiste como la unidad social más pequeña con capacidad para cuidar a sus descendientes y orientarlos en un mundo de intensos cambios. Desde la etapa anterior, la de la modernidad, la educación formal salió del ámbito familiar para ser llevada a cabo por agencias externas y, en el neoliberalismo, los medios de comunicación masiva se han vuelto cada vez más importantes como agentes educativos, de socialización, de propaganda y de dominación política sobre la población. “Estos cambios han generado la ruptura de muchos de los controles sociales y disciplisigue
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narios que los padres podían ejercer antes sobre sus hijos” (Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnica de poder), y han acentuado la importancia del control a través de los vínculos afectivos, el diálogo cercano y la internalización en los hijos de valores que les sirvan de guía en un mundo nuevo y en constante cambio, desafíos difíciles de alcanzar para muchos padres inmaduros que evaden estas funciones y tienden a delegar la responsabilidad educativa en las escuelas o, en otros casos, por las largas jornadas laborales de los padres que limitan su posibilidad de presencia física en el hogar, así como por la amplia libertad con que hombres y mujeres pueden unirse y separarse, dando lugar a una mayor inestabilidad del vínculo conyugal y de la consecuente participación de ambos progenitores en la crianza y educación de los hijos. Las familias transmiten ideales, valores y prohibiciones propios del gran conjunto social en que viven para insertar a sus descendientes en la trama familiar y sociocultural de su lugar y época, que influirán dando rasgos comunes a las diferentes generaciones. Algunas de estas familias serán capaces de seleccionar preferencias particulares de las in-
frecuente que en las familias de clase baja y media ambos cónyuges trabajen. Las separaciones maritales son frecuentes y dan lugar, junto al sector de madres solteras, a las familias monoparentales. Vistas desde el nivel micro, sobre todo a través de la consulta psicoterapéutica en consultorios públicos y privados, las familias contemporáneas están sujetas a enormes presiones económicas, sociales y culturales en un entorno de grandes cambios a partir de la mitad del siglo xx . Esto pone a prueba la capacidad de las familias para cumplir sus dos funciones básicas: la protección psicosocial de sus miembros y el acomodo a una cultura, así como la transmisión de ella a sus descendientes (Salvador Minuchen). Esta situación, de por sí difícil, se complica más por la ya mencionada frecuencia con que los padres (o madre, en el caso de las monoparentales) tienen que cumplir largas jornadas de trabajo que dificultan el control de los hijos por falta de presencia física, a lo que se agrega, en muchos casos, el desinterés o confusión respecto a la forma de ejercer la paternidad, sobre todo en aspectos de autoridad, límites, diálogo y cercanía afectiva. En esta endeble posición, los jóvenes sufren la invasión de los medios de comunicación
masiva que plantean modelos e ideales diferentes a los de los padres, aunado a una situación social acorde con la prédica hedonista donde existen posibilidades para incluirse, de forma demasiado temprana, en la sexualidad, con el riesgo de embarazos adolescentes que pueden interrumpir el desarrollo escolar y social de las jovencitas afectadas. Además, hay una oferta amplia y accesible de alcohol y diversos tipos de drogas, sobre todo alucinógenas y estimulantes, cuyo uso es cada vez más temprano y frecuente. En las capas sociales menos favorecidas, maestros y orientadores reportan poca cooperación de los padres con la escuela. Por las tendencias conservadoras de la población en todas las capas, hay fuerte persistencia del autoritarismo y los valores tradicionales burgueses desajustados a las realidades actuales. En las capas más abiertas al cambio se aprecia una gran confusión sobre cómo conducirse con los hijos en función de la incomprensión de los cambios culturales: del autoritarismo se tiende a pasar al laissez faire y, en vez de un planteamiento educativo centrado en el desarrollo de responsabilidad en los hijos, se tiende a la no exigencia, que infantiliza y, en algunos casos, a la expectativa difusa “de educar para que sean felices”, con resultados fatales de hijos dependientes y poco operativos. Esta situación tiende a producir lo que se ha llamado en el psicoanálisis “la nueva patología” de corte preedípico, caracterizada por individuos con caracteres infantiles, dependientes, impulsivos, inconsistentes y narcisistas.
RESPUESTAS A LA PROBLEMÁTICA
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fluencias colectivas, otras transmitirán acríticamente las influencias externas dominantes. A cada individuo descendiente de estas familias le tocará el mismo desafío: asumir acríticamente las influencias sociales y familiares o diferenciarse tomando posturas y proyectos personales que, por supuesto, devendrán y contendrán en alguna medida las influencias originales, familiares, sociales y epocales. Observadas desde el nivel macro, la estructura de las familias mexicanas sigue siendo muy conservadora de acuerdo con los datos oficiales del Inegi: nueve de cada diez hogares son de tipo familiar, lo cual implica que los hogares unipersonales o de conjuntos de no parientes son una franca minoría. De los hogares familiares siete de cada diez son de tipo nuclear (padres e hijos) y de familia extensa 2.8 de cada diez. No existe estadística sobre familias homoparentales. Las familias monoparentales, la mayoría con jefatura materna, son casi el veinte por ciento del total. Comparadas con las familias del pasado, las actuales tienen un menor número de hijos y éstos son concebidos a edades más avanzadas de la mujer. Es más
De los hogares familiares siete de cada diez son de tipo nuclear (padres e hijos) y de familia extensa 2.8 de cada diez. No existe estadística sobre familias homoparentales. Las familias monoparentales, la mayoría con jefatura materna, son casi el veinte por ciento del total.
o primero a destacar es que, al tratarse de un problema de origen socioeconómico, las respuestas fundamentales deberían generarse en esos campos mediante un cambio de perspectiva donde predominara el interés en los seres humanos por encima del interés en las ganancias económicas. Una utopía, cierto, pero acaso posible y muy necesaria. En una realidad política y social donde esto no se ha logrado, la educación y la salud mental pueden jugar un papel importante para atenuar o reducir los aspectos negativos producidos. Las “escuelas de padres”, sobre todo si se realizan en las escuelas, pueden ser un instrumento muy útil cuando son conducidas por profesionales debidamente entrenados y actualizados en las problemáticas contemporáneas. Los orientadores o consejeros escolares son también un excelente dispositivo de ayuda en las escuelas. Una educación que abarque no sólo aspectos cognoscitivos, sino a la vez afectivos y sociales con perspectiva crítica puede ser muy valiosa y útil. En el campo de la salud mental se han desarrollado distintos dispositivos psicoterapéuticos que complementan los enfoques tradicionales de psicoterapia individual, como son la terapia familiar y la terapia de grupo, pero hay que recordar las sabias y experimentadas recomendaciones de Makarenko, el gran educador ruso que dedicara su labor profesional, tras la Revolución de octubre de 1917, a la rehabilitación de la multitud de niños abandonados, en situación de calle o con diversas problemáticas psicosociales graves. Él destacaba la gran dificultad y los resultados limitados de un proceso de reeducación y, por eso, enfatizaba la necesidad de concentrarse en una buena educación no sólo escolar sino, fundamentalmente, familiar. Esa es la fórmula trascendente y difícil: una buena educación familiar. Hay que concentrarse en ese objetivo con todos los medios a nuestro alcance
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LEER
Jornada Semanal • Número 1119 • 14 de agosto de 2016
Francisco Xavier Clavigero, un humanista entre dos mundos. Entorno, pensamiento y presencia, Alfonso Alfaro y otros (coordinadores), Fondo de Cultura Económica, México, 2015.
UN JESUITA UNIVERSAL RICARDO GUZMÁN WOLFFER
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l peso de un pensador del calibre de Clavigero es tan evidente que, siglos después de su muerte, sigue siendo objeto de elogios y análisis. Este trabajo colectivo coordinado por Alfonso Alfaro, Iván Escamilla, Ana Carolina Ibarra y Arturo Reynoso contiene catorce ensayos notables sobre él. Además, aparece Memorias edificantes del propio Clavigero. Para quienes desconozcan la obra de Clavigero, bastaría retomar el dato expuesto por Miguel LeónPortilla, en cuanto a que si bien muchos autores refieren falsamente, apunta León-Portilla, que Miguel Hidalgo fue alumno de Clavigero en el Colegio de San Nicolás, sí puede establecerse que su pensamiento modernista y renovador pudo influir en quienes posteriormente harían la insurgencia que logró la independencia de México. La obra se divide en tres partes: tiempo y mundo de Clavigero; trayectoria vital e intelectual; y finalmente lecturas, recepciones y presencia de Clavigero. Nacido en México (1731), Clavigero sufrió como muchos jesuitas la persecución que los llevó a dejar el país para establecerse finalmente en Bolonia, donde murió en 1787 a los cincuenta y cinco años. En italiano publicó dos de sus obras señeras: Historia antigua de México e Historia de la California. La primera, desde su aparición, fue criticada, especialmente por aquellos que sintieron atacada la España colonialista, basándose en la dificultad que habría tenido Clavigero para acceder desde Italia a todas las fuentes citadas en su obra. Más allá de las precisiones históricas de tales textos, es claro que Clavigero impulsó tanto la historia de nuestro país como la valoración de lo indígena en el proyecto de nación que México tuvo desde su independencia. Pensador complejo y mexicano universal, Clavigero era un escritor de gran precisión y con aparente modestia, pues por una parte, en el prólogo de sus Memorias…, establece que la obra lo es todo: la cuna y las glorias familiares, y que la nobleza es una “vanidad más vana y más irracional”. Sin embargo, por otra parte, en ese prólogo distingue entre sus lectores: unos, los instruidos en las máximas cristianas, con una verdadera idea formada sobre la virtud; y otros, los que San Pablo llama animales por no percibir las “cosas del espíritu de
Dios”, los que perciben la perfección sólo en lo externo. Con las Memorias… podemos darnos una idea de la situación imperante entre los jesuitas de la época, pues elogia a su padre por no robar y por distribuir sus riquezas. Cada contribución de la antología es notable; queda resaltar “la matriz cultural del mestizaje” de Alfonso Alfaro, donde se actualiza la necesidad de la integración nacional mediante la interiorización de una conciencia del destino compartido: ése que parece ser olvidado por los “funcionarios públicos” en el uso de presupuestos y programas públicos y que termina por llevar al desamparo a amplios sectores de la población. Una antología útil para recordarnos que el pensamiento eclesiástico también forma parte de nuestra historia y nación • 54 poemas sobre la casa, Varios autores, Fovissste, México, 2016.
LA CASA DE TODAS LAS CASAS ANTONIO SORIA
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sociación de poemas de muy diversa índole alrededor de la casa”, más que antología, como lo explica en su Nota el editor, Víctor Manuel Mendiola, el presente volumen, prologado por Luis Antonio Godina y con imágenes a cargo de Emiliano Gironella, hace coincidir en poco menos de doscientos folios a autores tan alejados en el tiempo –por mencionar solamente la más elemental de las diversas y notables diferencias entre ellos– como Mario Bojórquez y Paul Verlaine, o Antonio Deltoro y Charles Baudelaire, o Luis Miguel Aguilar y w . b . Yeats, o Fabio Morábito y Antonio Machado, nombrándose aquí, como es evidente, en primera instancia sólo poetas nacionales vivos, cuya impronta literaria definitiva, caso de llegar a existir, se halla todavía muy lejos de ser verificada, y en segundo término a poetas universales y, por lo tanto, poseedores de una pertinencia incontestable lo mismo en ésta que en cualquier otra antología o, como precisa el editor, asociación de poemas. La vocación y la capacidad inclusivas del volumen, que es como decir la medida de su ambición en términos del alcance conceptual así como, claro está, literario y poético, no puede sino suscitar el asombro como primera y mínima reacción. La segunda reacción del lector, derivada de la lectura misma del volumen, posiblemente sería considerar el contenido de estos 54 poemas sobre la casa materia para más de una discusión en torno a la pertinencia del criterio, estrictamente temático, que le ha dado origen, sin haber parado mientes en la disparidad de alientos, registros e intenciones de cada autor considerado en lo particular, así como, en más de un caso de los materiales aquí reunidos, el hecho evidente
En nuestro próximo número
de la relativa lejanía de tal o cual poema del “tema” que lo ha hecho susceptible de ser agrupado bajo ese paraguas semántico definido por la palabra “casa”. Empero, vistas en conjunto estas cincuenta y cuatro disímiles, diversas, dispares y frecuentemente diametrales aproximaciones poéticas a “la casa”, entendida ésta en tanto símbolo y no solamente en tanto hecho o cosa concreta, lo que va descubriéndose es una pertinencia –para continuar con las reacciones despertadas en el lector– más sutil que la previsible, es decir, la q u e p ro v e n d r í a d e l a m e n c i ó n explícita y por ende palmaria o, más todavía, del desarrollo único y exclusivo en este o aquel poema, de “la casa” como epicentro de la tensión lírica. Por el contrario, en calidad a veces de alusión expresada sobre todo en forma ya metafórica, ya metonímica; otras veces en calidad de referencia más o menos próxima o lejana, que quien esgrime la voz tiene o ha perdido, referencia que funciona como un eco sin el cual el resto del discurso no tendría resonancia o la tendría quizá, pero con fuerza mucho menor; y otras más como declaración de principios no éticos sino emocionales, amorosos, psicológicos e incluso intelectuales, “la casa” a la que se refieren estos cincuenta y cuatro discursos poéticos es, claramente, una y la misma para quienes la describen, la desean, la han perdido o buscan recuperarla, ya sea escribiendo en torno a ella o leyendo lo que en su sede y a su nombre se ha escrito en infinitos ámbitos • Orden aleatorio. Cincuenta poemas (1989-2014), Luis Vicente de Aguinaga, Coordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura unam, México, 2015.
Seleccionados por Víctor Cabrera y el autor, esta media centena poética es muestra del trabajo desarrollado por el tapatío De Aguinaga en un cuarto de siglo, en una docena de libros, a los que se añaden cinco poemas sueltos. Afirma Cabrera que “los cincuenta poemas que conforman este volumen […] son una depurada muestra de estilo y decantación poéticos, una pausada lección de cómo estar en el mundo con todos los sentidos abiertos a un instante”. Por su parte, el autor avisa que de 1989, cuando publicó su primera plaquette, a 2014, “han pasado muchos tiempos: el de las experiencias, el de los gustos, el de los intereses, el de los estilos”, pero que “la gratitud que siento es la misma” y la dirige a compañeros, maestros, lectores, editores, amigos y familiares.
visita nuestro PDF interactivo en: http://www.jornada.unam.mx/
SAMUEL BECKETT o la lucidez del absurdo Xabier f. Coronado y Miguel Ángel Quemain
jsemanal@jornada.com.mx
ARTE Y PENSAMIENTO ........
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Jair Cortés jair_cm@hotmail.com @jaircortes
Felipe Garrido MENTIRAS TRANSPARENTES Miguel para Ignacio Solares
Aprende, príncipe dilecto, de mis palabras, pues nada más puedo ofrecerte para favorecer tu fortuna, salud y discreción. Hubo un hombre con decoro, incapaz de simular, que tenía en su casa, vestía, alimentaba y a veces –modestamente– enjoyaba a su mujer; a la suegra; a tres hijas, ninguna con marido, pero dos de ellas preñadas y la otra, madre de una mocosa angelical; a dos chamacas, por último, que ayudaban al servicio. Gran lector, a veces el sueño lo vencía sobre la mesa en que apoyaba sus libros. Y una vez soñó que, en compañía de un vecino, al caer la tarde llegaba a una ciudad que no conocía. Mucha gente había, pero se abrió y dejó el paso a tres muchachas; la del centro era de tan soberbia hermosura que verla era como asistir al nacimiento del Sol. El hombre supo que había nacido para estar a su servicio y soñó entonces que no volvía a despertar. [De las historias de san Barlaán para el príncipe Josafat.] •
Rogelio Guedea rguedea@hotmail.com @rogelioguedea
AL VUELO El hijo del trailero Nos detenemos en una tienda de abarrotes a comprar un bote de agua. Entro solo porque mis hijos vienen enlodados y no pueden asistirme. Mientras pago, veo que se estaciona un tráiler justo detrás de mi coche, obstruyéndome la salida. No me inmuto. Recibo el cambio y salgo. En cuanto subo al coche, veo que del tráiler desciende el chofer, un muchacho de unos veinticinco años escasos. Se dirige a una mujer jovencita también, embarazada, que tiene agarrado de la mano a un niño de ojos tristes. El muchacho del tráiler voltea a verme, sabedor de que me obstruye la salida y yo le digo que no se preocupe, que termine de despedirse. Abraza al niño y le da un beso fuerte en la mejilla, luego abraza a la mujer, rodeándola con sus dos brazos y acariciando su pronunciada barriga. El muchacho trailero se desprende de los brazos de su mujer e hijo y sube a su enorme carromato, no sin antes darnos las gracias a nosotros. Se aleja, entonces, dejando una estela neblinosa en el ambiente. Su hijo lo ve partir sentadito en el borde de la banqueta. Sólo él sabe hasta dónde su vista le alcanzará •
bitácora bifronte Luis g. Urbina: romántico y modernista, crepuscular y esperanzador
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uestas de sol es el tercer libro de Luis g. Urbina, publicado en 1910, en un contexto social complicado para México: el régimen de Porfirio Díaz agonizaba al mismo tiempo que estallaba una violenta sacudida social y armada conocida como Revolución mexicana. Puestas de sol no es un libro de poemas sobre la Revolución mexicana; sin embargo, puede leerse, desde su título, como un profundo sentimiento crepuscular que nace como preludio de los cruentos cambios que el país experimentaba. La aportación literaria de Urbina asimila, y enriquece a la vez, al Modernismo. Toma de este movimiento sus mayores virtudes: pulcritud de lenguaje, utilización de símbolos modernistas (cisne, centauro, lago, jardín), utilización de formas y metros clásicos (sonetos, romances, madrigales). Pero también había un espíritu romántico en Urbina, y esa vena (la nostalgia por el pasado, la noche, la muerte) habrá de mezclarla con los elementos modernistas. El sentimiento crepuscular puede encontrarse en casi toda su obra poética que comprende nueve libros. Tanto los títulos de los libros (Puestas de sol, Lámparas en agonía, Los últimos pájaros, entre otros) como muchos de los títulos de sus poemas (por ejemplo,“La última serenata”, “Llueve” y “Alma vieja y jardín muerto”) nos dan un indicio claro de la búsqueda espiritual de Luis g . Urbina, quien encuentra en la vías modernista y romántica el camino ideal para enunciar esa agonía individual y colectiva. Sin embargo, hay una precisión que debo hacer respecto a la obra de Luis g . Urbina, específicamente en Puestas de sol. Si bien es cierto que Urbina “advierte que escribe en las postrimerías de una era” (como señala José Emilio Pacheco), también fomenta la idea de esperanza y futuro: la última sección de Puestas de sol, Arengas líricas contiene poemas que nunca se mencionan en la poética de Urbina; aquí se proclama, se exalta, se conmina (verbos muy lejanos a la idea de crepúsculo y melancolía) a una nueva lectura de la realidad, a la esperanza del mundo puesta en futuras generaciones como la juventud, los estudiantes y la mujer. En el poema “Canto a la mujer” dice: “Este canto que tranquila/ y amorosamente se alza,/ es también un vencimiento el que celebra,/ una gloria la que canta;/ y aunque en él no suenan nunca/ ni el ruido de las armas,/ ni el piafar de los corceles,/ ni los pífanos de guerra del ejército que marcha,/ es un canto de bravura/ es un canto de batalla,/ es un canto de victoria/ es un canto de esperanza.” Estos versos, por sí solos, derrumban esa equivocada idea de que toda la poética de Urbina es crepuscular. Batalla, victoria y esperanza (conceptos que pocas veces registran los estudiosos de Luis g. Urbina) nos orillan a pensar más en una visión cíclica y regeneradora como complemento de ese tono apagado y gris que tanto se menciona, erróneamente, en los estudios críticos sobre Puestas de sol •
Nocturno Takis Varvitsiotis
En el suelo Una vela apagada Los metales de la luna Sobre los techos Noche recóndita Como habitación cerrada Dos guantes polvosos se amarillan Detrás de los cristales del cielo La muerte es un espejo Quién dijo que los muertos no hablan En el silencio brotan Como hierba sus palabras Con las puertas cerradas Con las ventanas cerradas Llega la lluvia
Takis Varvitsiotis (Salónica, 1916- 2011), abogado de profesión, escribió veintidós libros de poesía. En el contexto de la Primera Generación de Postguerra, a la que perteneció, se mantuvo fiel al surrealismo, con especial influencia de Éluard, Reverdy y Odysseas Elytis. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, rumano, polaco y búlgaro, entre otras lenguas y, a su vez, ha traducido a Baudelaire, Mallarmé, Éluard, Saint-Jhon, Lorca, Neruda, Alberti y Huidobro. Obtuvo numerosos premios por su obra, entre ellos, el Premio del Grupo de los Doce, el Primer Premio del Municipio de Tesalónica (1959), el Primer Premio Estatal de Poesía (1972) y el Premio de Poesía de la Academia de Atenas (1977). Véase La Jornada Semanal, núm. 1031, 7/ xii /2014 Versión de Francisco Torres Córdova
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........ ARTE Y PENSAMIENTO O
Jornada Semanal • Número 1119• 14 de agosto de 2016
Miguel Ángel Quemain quemainmx@gmail.com
LA OTRA ESCENA
Paseo nocturno, el espíritu vegetal de Amada Domínguez
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ASEO NOCTURNO, COREOGRAFÍA de Amada Domínguez, es la primera parte de un ambicioso proyecto de una trilogía que deberá desarrollar en tres años como parte de un apoyo que la creadora recibe del Fonca. Es un trabajo que posee una redondez que consolida a esta creadora como parte de una bisagra artística que vincula varios proyectos coreográficos y algunos creadores fundamentales. Domínguez es una creadora de larga trayectoria como ejecutante y maestra, que tiene un origen académico pues estudió la licenciatura en Coreografía en la Universidad Veracruzana, con múltiples experiencias como ejecutante y alumna en varias compañías. Son un poco más de veinticinco años de trabajo que han pasado por las dificultades y privilegios de ser ejecutante de solos de coreógrafos sumamente solventes (la más importante es Rossana Filomarino), que le han dejado una experiencia escénica que ahora le permite crear y ser ese dispositivo que vincula nuestro pasado dancístico con este presente lleno de anemia creativa y de bailarines que son una mezcla entre los raperos de moda y las escuelas de yoga que creen que también hacen danza, o de yoguis de buen nivel que piensan que sus improvisaciones védicas son poéticas. Amada Domínguez es una bailarina de gran longevidad. Entera, poderosa, flexible y precisa, pone ahora su imaginación corporal al servicio de una memoria personal (al modo en el que un pintor como Tamayo recurre a las tierras, las arcillas y los colorantes para recuperar el paisaje de su infancia/espacio) que trae al escenario el paisaje frondoso de lo selvático y de la variedad de verdes y colores que conforman una especie de paleta coreográfica, animada también por una visión de conjunto de los elementos espaciales, de luz, escenografía y vestuario.
Amada Domínguez
Domínguez es una bailarina que, como muchos artistas independientes, convive con la necesidad de transportar, cargar y cuidar su propio vestuario, coserlo, doblarlo y prepararlo para cada función. La cercanía con esa responsabilidad técnica termina por convertirse en una fuente de experiencia y pensamiento que le ha permitido apoderarse de una capacidad para producir todos los aspectos de su mundo coreográfico: hacer el vestuario, iluminar, musicalizar y hacer el trazo de sí misma sobre la diversidad de escenarios en los que transitan estos bailarines nómadas en el México de hoy (no me refiero a su gente sino a los funcionarios y los medios de comunicación, que carecen por sistema de una cobertura especializada), cada vez más indiferente a la danza.
Paseo nocturno es una diagonal que atraviesa un escenario en un ritmo inicial marcado por el minimalismo musical y corporal que descompone cada paso (creo que la lección es de Rossana Filomarino, aunque Domínguez, como la maestra, se ha formado también en el minuto a minuto corporal del butho). Las piernas ancladas a la tierra mientras los brazosmariposa se agitan por encima de su cabeza y de un pesado vestuario que licua el cielo, la tierra, el verdor y los frutos coloridos de una selva que enmarca, oculta y devela un cuerpo que a veces trata ese envoltorio vegetal, mineral, como si fuera una larva que despereza ese movimiento que la lleva al espacio central donde ocurrirán las maniobras de renacimiento que exploran el propio cuerpo, el espacio, y se vinculan con el vestuario como si fuera también una placenta de la que quiere liberarse ese cuerpo que cuenta una historia de amor, de resistencia y de encuentros y reencuentros con lo aprendido y lo olvidado. Son pasos que se desdicen de una escuela particular y que sin embargo se reconocen en muchos guiños, insinuaciones, actos de gratitud coreográfica, citas, como suele decirse en el caso de los textos e intertextualiades cuando nos referimos a otros discursos audiovisuales. Paseo nocturno no sólo es una reflexión intimista sobre las imágenes que componen el verdor de su infancia veracruzana; también es una indagación de corte académico, una relectura de los clásicos y el esforzado compromiso de crearse una tradición en contacto con la tradición misma, la literaria y teatral. Paseo nocturno es una versión de la Titania de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, y es parte de las mitologías que el propio dramaturgo recrea y trae a su presente bajo una mirada que le permite introducir lo clásico y discutirlo con imaginaciones fabulosas actuales. El origen de la idea creadora es el vestuario como problema articulador del espacio y el movimiento, y es el objeto de la próxima reflexión •
Ricardo Guzmán Wolffer GALERÍA
Zola, el sociólogo
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ÉMILE ZOLA (1840-1902, Francia) se le recuerda por su amplia producción de textos naturalistas y su participación en el llamado “caso Dreyfus”, pero su mirada crítica llegó a lugares inesperados, como demuestra la novela El paraíso de las damas (1883), donde habla sobre los grandes almacenes, su desarrollo admirable y el gusto femenino por la novedad y el arreglo personal. El Paraíso es una enorme tienda departamental que está enfrente de varios negocios pequeños de ropa y conexos. La historia de Zola inicia a partir de la llegada de la joven Denise, de veinte años, a la pequeña tienda de telas de su tío, acompañada de sus hermanos menores, tras la muerte de sus padres en la provincia francesa y en parte por los deslices amorosos del hermano de en medio, un vivales. La mirada del autor pinta una serie de personajes que muestran las distintas facetas del género parisino: el tío que vive en el pasado, incluso por la forma de casar a la hija; el dueño de la enorme tienda, que mira el progreso económico con un entusiasmo casi equiparable al de los conquistadores, por un lado, pero que tiene dificultades para comprender el alcance de sus movimientos empresariales sobre los miles de empleados de la tienda; la larga cadena laboral donde hay inspectores, encargados de departamentos, etcétera; las mujeres de libertad sexual asumida; los chismosos de ambos sexos y de todas las clases sociales; las señoras adineradas que gastan la fortuna familiar o los ingresos obtenidos con muchos sacrificios por el marido, y muchos más. Zola enseña una parte de la sociedad parisina del siglo xix con una precisa trama en donde la revolución social, industrial y económica se centra en un almacén que personifica el espíritu de esa socie-
dad tan sofisticada –pues busca un arreglo cada vez más detallado en las personas y su entorno habitacional– como consumista. Atrás de la trama central, que apenas sobresale entre las muchas secundarias, la historia de amor entre el empresario Mouret y la joven Denise, se perfila la hechura de una ciudad que necesita actualizarse y abrir vías para mostrar los cambios estructurales y culturales. El crecimiento de El Paraíso implica no sólo cerrar los pequeños comercios (y con ello cambiar la vida de los pequeños negociantes, generalmente para mal) que pierden por completo la batalla contra el gigante capaz de vender casi cualquier mercancía por debajo de los costos, cierto de que se recuperará por la venta desmesurada del resto de los artículos en los aparadores; también muestra las maniobras inmobiliarias y bancarias que especulan con los negocios públicos (suena conocido en otras latitudes) y cómo esos banqueros parecen gobernar con sus elecciones empresariales un mundo en el que a los ciudadanos de a pie sólo
les queda odiar al empresario invencible (como el tío de Denise, quien por años hace girar su vida en torno al odio que le tiene al implacable negocio) o admirar el esfuerzo que implica crecer y ser pionero en su negocio (como Denise) y comprende que la modernidad ha llegado y que más vale adaptarse para triunfar, en medio de las expropiaciones devastadoras de la anterior forma de vida y comercio. Mientras las ventas de El Paraíso llegan a niveles jamás imaginados por ningún comerciante, apenas un necio vendedor se opone a dejar su predio para evitar la expansión. Zola hace el muestrario femenino de las empoderadas damas que luchan basadas en sus relaciones amorosas. Por un lado está Henriette, quien es hermosa, es viuda y conoce a los banqueros, empresarios y la alta sociedad: no duda en hacer negocios y coquetear. En su peculiar romance con Mouret se torna en adversaria de Denise. Está Clara, quien se emparenta con cuanto hombre se le cruce y que llega al extremo de romper una promesa matrimonial entre la hija del tío de Denise y el empleado que lleva diez años esperando casarse con la joven, quien se consume de tristeza al saberse desdeñada por culpa de una mujer de escasa reputación. La propia Denise, al reinsertarse al complejo mecanismo de ascensos en El Paraíso y ayudada por la atracción que el dueño siente sobre ella, va creando beneficios para los trabajadores: en esa enorme empresa de aparentes vanidades se gesta una lucha obrera gracias a la visión de esa mujer que ha vivido en carne propia la injusticia de ser despedida sin ninguna razón, de ser maltratadas por casarse con otro empleado, de tener hijos, etcétera. Una novela disfrutable y reveladora que muestra la grandiosidad de un escritor perdurable •
ARTE Y PENSAMIENTO ........
14 de agosto de 2016 • Número 1119 • Jornada Semanal
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tumbaburros@yahoo.com @JorgeMoch
Entre cocineros te veas
Tiburones
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ER PESIMISTA ES HORRIBLE. Todo se tiñe de gris y el nihilismo le brinca a uno encima con la primera contrariedad del día. Dan ganas de meterse bajo la mesa; de comprar latas varias y agua purificada como esos gringos que hacen refugios antiatómicos en los sótanos de sus casas e imitarlos. Además, el pesimismo se ha generalizado. Muchos de mis amigos son pesimistas, porque se puede ser pesimista y simpático al mismo tiempo. Ese tipo de persona, alguien que tiene la actitud del violinista del Titanic, es mi favorita. El que va por la vida encantado porque no le importa un pepino la existencia ajena, no me parece muy respetable y suele caerme como una patada.
El dicho afirma que el optimista es un pesimista mal informado. Eso nos coloca a todos en la incómoda disyuntiva de tener que escoger entre andar por el mundo sin saber quién es Donald Trump o ponerse como un tejón –son animales con un pésimo carácter– después de leer el periódico. Ahora que la cosa está tan horrenda, me he refugiado en la lectura de biografías. Y he descubierto una vertiente muy curiosa, la de las memorias de chefs. He leído muchas. Suelen ser espectaculares por dos razones: para ser chef tienes que tener un carácter tremendo, no temer al dolor y estar dispuesto a partirte el alma en la cocina. Al final de tus esfuerzos quedará un plato con comida que hará que el comensal se reconcilie con esta vida calaca. Ya escribí en estas páginas acerca de Heat, el volumen en el que Bill Buford registra su cambio de director de la revista literaria Granta a chef de comida italiana. Todo comenzó con una cena en su casa a la que fue Mario Batali, el Iron Chef. Éste llegó con un montón de grasa de puerco curada que dejó patidifusa a la concurrencia. Conversó, cocinó, bailó salsa hasta las cuatro de la mañana y volvió a cocinar. Cuando Buford abrió el ojo al día siguiente, lo primero que vio fue a Batali barriendo la cocina. Ahí comenzó. Buford, escritor y editor, sufrió mucho, pero logró ser chef. El primer día en la cocina se rebanó la yema de un dedo y nadie le hizo caso, como no fuera para decirle que quitara la mano y no manchara los platos. Le pusieron un guante y cada vez que éste se inflaba se ponía otro. Durmió en el piso de la cocina, lavó montañas de platos y ollas, se quemó, se cortó, se pegó. El pelo le olía a grasa, las uñas se le deformaron por la humedad. No le importó. Eso es lo mínimo que puede suceder si uno quiere ser chef. En Kitchen Confidential, l a a u to b i o g ra f í a d e Anthony Bourdain (escrita con testosterona líquida y furia), éste enumera las
cicatrices, callos, agujeros y marcas que tiene en las manos. Son manos de cocinero. Cuando era un joven incapaz de mantener el ritmo de la cocina, se enfrentó con un chef que lo amedrentó cogiendo un sartén al rojo sin hacer ni el más mínimo gesto. Bourdain decidió que él quería ser así. Un tipo invulnerable al dolor y capaz de hornear un soufflé desmayante. Para lograrlo pasó años estudiando y cocinando en la Culinary Institute of America ( cia ) y sirviendo en restaurantes ajenos. También usó cocaína y se hizo adicto a la heroína, hecho que casi lo mata y que lo obligó a empezar de cero cuando ya tenía una reputación que defender. Bourdain cuenta todo con petulancia. Se deleita en la brusquedad de los cocineros: al peruano que lo hostigaba picándole el trasero cuando era estudiante, le clavó un trinche en la mano para regocijo de la cocina entera. Los pocos capítulos lentos son aquellos en los que dialoga con los lectores que aspiran a ser cocineros amateurs. A ellos ofrece una lista de consejos: no compres ni comas pescado en lunes (seguro está viejo); no compres cuchillos caros; jamás uses caldo de pollo en polvo; no uses margarina; no tomes atajos. También manifiesta abiertamente que desprecia a los vegetarianos y más aún a los veganos. Odia lo light. Los mejores capítulos son los dedicados a quienes quieren cocinar para vivir. Y el primer consejo escrito por este hombre fanfarrón y pugnaz me metió en la bolsa de su delantal: aprende español, dice. Tus mejores trabajadores serán latinoamericanos. Respétalos. Seguro llegarán a cocinar mejor que tú. Serán tus amigos. Son los mejores trabajadores en el negocio. Aprende lo más que puedas de su cultura. Hasta me reí. Ojalá Donald Trump, quien dudo que sepa leer, y sus rupestres seguidores, supieran de esta opinión. O que coman… bueno •
LAS RAYAS DE LA CEBRA
Verónica Murguía
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IEL A LA TRADICIÓN de toda televisora mexicana que se respete de nunca innovar programaciones, sino copiarlas al carbón del extranjero (sobre todo de Estados Unidos), la filial para México del Canal Sony ejerció los derechos de la franquicia Shark Tank (el formato es propiedad de Sony Entertainment) y ahora tenemos la versión mexicana: Shark Tank México. A veces ojeo un poco las versiones estadunidense (de la abc ) o inglesa (de la bbc ), pero nunca he visto el programa original del que se derivaron todos estos: Tigres del dinero, de factura japonesa. Shark Tank y sus símiles (Dragon’s Den, Lion’s Den, etcétera) son un grupo de programas de realidad (o reality shows) en que candidatos, que son pequeños empresarios o inventores, acuden a la “guarida” de los tiburones, que suelen ser acaudalados empresarios e inversionistas a los que esos candidatos les muestran sus proyectos empresariales para ver si logran que al menos uno de esos tiburones invierta su dinero en el incipiente proyecto o empresa. Algunos de los inversionistas toman muy a pecho su personaje televisivo y a veces se comportan agresivamente con los postulantes, llegando a ser en ocasiones terriblemente arrogantes. Personalmente no me gusta ver esa clase de programas por esa razón: calienta la cabeza ver cuando un ricachón humilla a un postulante porque no le gustó la presentación, o porque su modelo de negocios le parece deficiente, o simplemente por mamón y porque hay gente para todo. Pero ocasionalmente un buen producto o un inventor avezado hacen clic con un inversionista y algunos buenos negocios cuajan. La versión mexicana de Shark Tank tiene como inversionistas –o tiburones– a un grupo de empresarios casi todos conocidos: Ana Victoria García Álvarez es conocida como una eficaz evaluadora de proyectos de mujeres emprendedoras y fundadora de Victoria147, una fondeadora de proyectos y V147, una plataforma virtual de comercio de los productos que la fondeadora logra auspiciar. Carlos Bremer es un empresario radicado en Monterrey que se dedica a inversiones deportivas y a servicios financieros como presidente del consejo de administración de Value Grupo Financiero. Jorge Vergara es conocido por su compañía de suplementos alimenticios, Omnilife, y por ser el propietario del equipo de futbol Chivas Rayadas de Guadalajara. Rodrigo Herrera Aspra es el fundador del Genomma Lab, empresa dedicada a la comercialización de productos antisépticos y medicinas. El quinto miembro es Arturo Elías Ayub, presidente de la Fundación Tel-
mex (Arturo es el hermano menor de Alfredo Elías Ayub, quien fuera secretario de Estado durante la presidencia de Ernesto Zedillo y luego director de la Comisión Federal de Electricidad durante los sexenios del mismo Zedillo y Vicente Fox). Arturo Elías es también yerno nada menos que de su jefe: está casado con Johana Slim Domit, hija de Carlos Slim, presidente de Consejo de América Móvil. La idea central que da origen a Shark Tank, esto es: la dura prueba que supone pararse delante de esa dama y esos señores para exponer un negocio incipiente o explicar una invención para ver si les resulta atractiva a esos potenciales inversionistas, es atractiva. Lo malo es que sitúa a esos inversionistas en una falsa posición de superioridad y, salvo contadas excepciones, no pierden oportunidad de hacérselo saber a los aspirantes, a los que a veces contestan con desplantes de soberbia que llegan a ser insultantes. Inevitablemente asoma el clasismo con su dejo de desprecio para bobos. A veces a los tiburones se les van las aletas. Hace unos quince días, Arturo Elías comentó a un postulante que le convenía mucho hacer trato con dos de los tiburones, porque con sus contactos políticos podían ayudarle con unos permisos que estaban pendientes. Incluso llegó a deslizar que parte del dinero que solicitaba el postulante (dos millones de pesos para desarrollo comercial de unas prótesis ortopédicas) podría usarse “para agilizar” el trámite. A mí me sonó a que estaba perfilando una oferta de soborno, pero deberemos suponer que don Arturo, un feliz habitante del penthouse sociopolítico mexicano, sabe bien de qué habla. Y el show debe continuar •
CABEZALCUBO
Jorge Moch
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Jornada Semanal • Número 1119 • 14 de agosto de 2016
Luis Tovar
Puercos en el cine (ii y última)
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ESDE EL SURGIMIENTO del racionalismo y el rechazo de la idea del Demonio como explicación del mal, Occidente propagó varios mitos para compensar su ausencia. Los más conocidos son Drácula y Frankenstein. Hay que agregar un tercero que, al lado de las adiciones y deformaciones que ha sufrido el tema del vampiro, ha adquirido gran difusión: el zombi. Los tres personajes tienen como característica no la inmortalidad, como frecuentemente suele creerse, sino la experiencia de la muerte en vida. Son seres que murieron pero que, por una extraña causa, volvieron a la existencia trayendo consigo lo que a la muerte pertenece: la oscuridad, la descomposición, el horror y el mal. Su mundo, por lo tanto, no es el de la vida, sino el de una muerte sin reposo; su destino: someter todo a esa infer-
nalidad, a ese umbral en el que dos realidades distintas se imbrican para crear un mundo monstruoso. Lo inquietante de estos mitos modernos sobre el mal no es, sin embargo, su vinculación, a través de la poesía, con las mitopoiesis religiosas y su búsqueda de denunciar las consecuencias que desencadenarían las pretensiones tecnocientíficas de querer dominar la muerte, sino el culto y la fascinación que esas criaturas despiertan hoy en muchos. Fuera de Frankenstein, que ha ido perdiendo vigencia, el vampiro y, en fechas recientes, el zombi, han dejado de ser figuras que nos enfrentan a reflexiones profundas sobre la desmesura y el mal, para volverse moda, modelo, atuendo: la muerte imbricada en la vida se ha convertido en una fascinación. No en vano la era del elogio vampírico y del zombi coincide con la de las brutalidades criminales. El vampiro seductor, que intenta someter todo al dominio de la muerte, tiene su espejo en el narco de cadena y esclava de oro, ropa de marca y metralleta; el zombi zarrapastroso, que se arrastra sin voluntad por las calles, esclavizado por el mal, comienza a parecerse al hombre común, es decir, a aquellos que se han ido volviendo indiferentes al mal y al horror. Quizá por ello, más que el vampiro, es el zombi el personaje de moda: series televisivas, videojuegos, películas, festivales de disfraces están plagados de ellos. Quizá por ello, también, la fascinación que produce en grandes porciones de la sociedad aterra en lo que como sociedad hemos llegado a producir en el imaginario público. A diferencia del mito de Drácula y del vampiro –seres que se rebelan contra la vida para dominarla–, el del zombi pertenece al de la esclavitud de la muerte. Su origen se remonta al vudú, es decir, al poder que, se dice, tienen ciertos brujos, en ese culto religioso, de traer un muerto a la vida y, despoján-
dolo de su voluntad, esclavizarlo. Un mito que en el fondo habla de la esclavitud a la que sometió a muchas etnias africanas la brutalidad colonial. Ambos mitos, sin embargo, se complementan. Si algo caracteriza a Drácula –y en consecuencia al colonialismo, a la modernidad occidental, a los procesos tecnocientíficos, a las dictaduras, a los totalitarismos, al crimen organizado– es su capacidad de producir muertos vivientes, esclavos sometidos a una voluntad que los rebasa, zombis. No es otra cosa lo que un libro como Lo que queda de Auschwitz, de Giorgio Agamben, nos revela: Auschwitz –metáfora de la modernidad– no era una fábrica de muerte, sino de producción de lo que en el argot de los campos de exterminio se llamaba “el musulmán”: seres fatalistas que habían perdido su capacidad de vivir y a los cuales podía usarse para cualquier cosa. La fascinación, la exaltación de la figura del zombi en nuestra sociedad, no es más que la exaltación metafórica de lo que una sociedad ha creado en su pretensión de querer someter y dominar la muerte. Obnubilado por el imperio del consumo, del deseo sin fin, de la competencia y del dominio, el ser humano ha ido perdiendo su voluntad de vida y sus reacciones saludables para caminar sometido al mal de la violencia, es decir, de una voluntad que, como la del zombi, está más allá de sí, en otro que también es presa de su propia aberración: al igual que el amo y el esclavo, Drácula y el zombi habitan la misma asfixia. Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, devolverle su programa a Carmen Aristegui y abrir las fosas de Jojutla •
CASA SOSEGADA
Drácula y el zombi
ASADO EN EL CUENTO “Amor otro”, de Ángel Norzagaray, el debut en largometraje de ficción de Miguel Núñez –también autor del guión adaptado– lleva por título Levantamuertos y, en más de un sentido, es un ejercicio fílmico definido por lo atípico: para empezar fue producido por la Universidad Autónoma de Baja California a través de su Facultad de Artes, y este solo hecho convierte a la película en una verdadera rareza puesto que, a excepción de la unam vía cuec , y de la Universidad de Guadalajara, el cine universitario en México es poco menos que inexistente. Añádase que la cinta carece de apoyos económicos del Imcine o cualquier otra institución, pública o privada, y que salvo la inclusión en el papel protagónico de Daniel Galo, actor ya curtido en lides histriónicas, prácticamente el resto del cast & crew tiene una de dos condiciones o ambas: es debutante o cachanilla –es decir, oriundo de Mexicali, Baja California, como lo es el propio director, guionista y coproductor Núñez. Las anteriores ya serían suficientes razones para prestarle atención a Levantamuertos, cuya primera exhibición masiva tuvo lugar hace tres años, en la vigésimo octava edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, y nada extraño resultaría que dicha atipicidad múltiple haya sido la que provocó un estreno comercial tan postergado.
CinCuenta grados a la sombra Afortunadamente, la mencionada condición atípica no es la única ni la principal razón que vuelve memorable al filme, sino sus cualidades: no hay en él impericia técnica, bisoñerías ni deslumbramientos producto de influencias cinematográficas mal asimiladas, reiteraciones o abusos formales, extravíos del hilo narrativo, ni varios más de los defectos de factura tan frecuentes en alguien que debuta. Súmese la limpieza de una trama evidentemente concebida de principio a fin, es decir una que no dejó margen a la improvisación –por momentos es casi como si Uno pudiera ver el storyboard que precedió al rodaje–, ejecutada sin distracciones ni digresiones, pero sobre todo súmese lo atractivo que resulta la más notable de las atipicidades del filme: de qué lugar, de qué asuntos y de qué personas/personajes habla. Si por causas culturales o de visibilidad sociopolítica Tijuana ha sido un escenario fílmico reiterado, algo muy distinto sucede con una ciudad de Mexicali cuya referencia casi única pareciera ser el calor infernal que la asuela en prácticamente cualquier época del año. Como Chester Himes en su clásica novela negra Empieza el calor, Núñez entiende que una condición climática
Escena de Levantamuertos
como la expresada en un termómetro que marca cincuenta grados Celsius a la sombra no sólo es insoslayable, sino por fuerza tiene que acabar convertida en un protagonista más, o de plano el principal, de la historia que se cuente, y por eso la presencia del calor es punto de partida para la trama, lo mismo que referente y causa constante de los hechos que la van puntuando. Asumido como parte esencial del carácter del sitio y sus habitantes, ese calor mexicalense que funde piedras determina en gran medida las decisiones de Iván (Daniel Galo, eficiente), muchas de ellas tan atípicas como el jale –el trabajo– que desempeña, más forzado que gustoso, en el Servicio Médico Forense, del cual se deriva el título del filme. Atípicas, cabe señalar, desde una perspectiva externa, fuera de Mexicali y de todo el norte mexicano –y el occidente, y el sur y buena parte del centro–, convertido en tierra de nadie por el enfrentamiento inútil entre los dos crímenes organizados –uno con placas y el otro sin necesidad de ellas– que se disputan el país entero. Atípicas como elegir por acompañante y depositario del afecto a un cerdo y no a un animal doméstico tradicional, pero mucho menos a un ser humano de ésos que, demostradamente –como Rosa, amante fugaz y amiga del amor violento–, a las primeras de cambio pueden dar la espalda, o de aquéllos que podrían estar pero prefirieron irse –como los padres de Iván, ahuyentados por el calor. Cuadro de una sociedad y una cultura que no por desconocidos son menos mexicanos, trazado en clave de humor negro con inesperados tintes de ternura, al mismo tiempo Levantamuertos vale como síntesis y metáfora del tiempo actual: mientras el país va cubriéndose de cadáveres, quienes todavía estamos vivos buscamos, unos más y otros menos y no sin cierta esquizofrenia involuntaria, la manera de seguir y, si no resulta excesivo, de tener al menos un Homie a su lado •
CINEXCUSAS
@luistovars
Javier Sicilia
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La revelación del Universo:
rayos gamma, rayos cósmicos y ondas gravitacionales Norma Ávila Jiménez
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omo una cúpula, un cielo tormentoso cubre al océano sacudido por el viento. Ante esas potentes manifestaciones de la naturaleza, un personaje, ubicado en una saliente de tierra firme, se ve diminuto. Está hipnotizado ante ese paisaje sublime –como lo calificarían Kant y Schiller– que le provoca temor y arrobo, sensación de respeto e impotencia. Se trata de Monje a la orilla del mar (1808-1810), del pintor Caspar Friedrich, obra que despierta en el espectador (reflejado en el protagonista del cuadro) sensaciones que podrían extrapolarse a lo que sienten los físicos cuando hurgan en el Universo abisal. Se embelesan cuando logran desentrañar uno de sus misterios y al mismo tiempo se sienten diminutos al volver a corroborar su inconmensurabilidad. Un ejemplo ocurrió en febrero de este año cuando un equipo de investigadores del Observatorio de Ondas Gravitacionales con Interferómetro Láser dio a conocer a la prensa el registro de ondas gravitacionales. Este descubrimiento aumentó en una pequeñísima medida el mínimo porcentaje de lo que se conoce del Universo, equivalente a un ocho por ciento. Los científicos son como el monje frente al mar: aun avasallados por la aparente infinitud cósmica, no dan un paso atrás. Y un ejemplo es que quizá pronto se corrobore la continuación de la fascinante historia de las ondas gravitacionales, pero ahora involucradas con la luz más energética del Universo.
Rayos gamma y rayos cósmicos En abril de este año otra noticia capturó la atención: con el Observatorio de Rayos Gamma High Altitude Water Cherenkov ( hawc ), ubicado en la Sierra Negra, en Puebla, astrofísicos de México y Estados Unidos lograron registrar el mapa más detallado de fuentes de rayos gamma del Universo, de las cuales veinticinco por ciento fueron identificadas por primera vez. Como ya se dijo, los rayos gamma son la luz más energética del Universo e invisible a nuestros ojos que anatómicamente están adaptados
Ilustración de Juan Gabriel Puga
para ver sólo la denominada “luz visible” u “óptica”. La doctora Magdalena González, investigadora del Instituto de Astronomía de la unam ( iaunam ) y colaboradora de este proyecto, explica que esas emisiones “son fotones (partículas de luz que se propagan en el vacío cuántico, portadoras de radiación electromagnética) mucho más potentes que los detonados por las bombas nucleares”. Algunas fuentes de rayos gamma pueden ser los blazares, núcleos activo de galaxias con chorros de partículas dirigidos hacia la Tierra; los campos gravitacionales muy fuertes (como los hoyos negros), o pueden producirse en sistemas binarios de estrellas, en donde una de ellas es de neutrones, se colapsa y estalla. ¿Cómo se genera esa energía tan violenta si los fotones no tienen carga ni masa? Además requieren de la aceleración de partículas para detonarse. La “ayuda” de los rayos cósmicos es inevitable. El doctor Luis Xavier González, investigador del Instituto de Geofísica de la unam , subraya que estos últimos son partículas –por lo general, protones y núcleos de los elementos más pesados como el helio, litio, berilio o boro, entre otros–, provenientes del espacio exterior, tienen masa y están eléctricamente cargadas. Magdalena González explica que cuando los fotones son despedidos, por ejemplo, por una explosión colosal de un sistema de estrellas y se dirigen hacia nuestro planeta, “interactúan con las moléculas de la atmósfera, lo que da lugar a un electrón (partícula) y un positrón (su antipartícula); estos dos radian más fotones cuya energía nuevamente produce electrones y positrones que a su vez vuelven a crear fotones. Este proceso provoca una cascada electromagnética que es detectada por observatorios como el hawc . ”El reciente descubrimiento nos permite ver cuáles son los fenómenos cósmicos violentos que generan los rayos gamma y, además, determinar por qué hay una asimetría en el número de rayos cósmicos que entra a la Tierra; con hawc trataremos de explicarlo.”
Como los rayos gamma se manifiestan de la mano de los rayos cósmicos, también es importante su estudio. En Sierra Negra está el Observatorio de Rayos Cósmicos, integrado por dos telescopios: el de neutrones solares y el centelleador de rayos cósmicos. Entre otras funciones, “el primero tiene como premisa detectar los neutrones solares, que se producen en las fulguraciones –eyecciones de viento solar– más energéticas del Sol; registran el fondo de rayos cósmicos galácticos y miden sus variaciones en relación con la actividad solar”, explica Luis Xavier González, quien trabaja con este observatorio. Por ejemplo, “si se produce una fulguración, los rayos cósmicos galácticos que llegan a la Tierra se ven afectados al interactuar con el campo magnético asociado a las emisiones solares y se desvían, lo que provoca las citadas variaciones. El otro telescopio tiene las mismas funciones que el primero, pero con una calidad diez veces mayor y, además, detecta las partículas que componen las cascadas atmosféricas” mencionadas arriba. “Todavía no se conoce con total certeza qué fuentes generan los rayos cósmicos, ni el mecanismo de su aceleración; los datos recabados por el observatorio de rayos cósmicos pueden ayudar a hallar la respuesta.”
La segunda parte de la historia “Revelación es resurrección, iniciación. Es palabra que evoca el rito”, asegura Octavio Paz en su ensayo André Breton o la búsqueda del comienzo, al subrayar por qué este poeta surrealista “amaba la sorpresa en el arte”. Al igual que Breton, los astrofísicos aman la revelación cósmica y por ello se sumergen entre ecuaciones y deducciones. Una de estas últimas afirma que “se encontró la posibilidad de que un destello de rayos gamma haya originado las ondas gravitacionales registradas recientemente. Con hawc lo vamos a averiguar”, asegura la especialista del iaunam . El público ya ansía otro rito sublime •