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La Semanal 8/3/2026

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SEMANAL

De Kandahar a Filadelfia: el griego en el tiempo

Alex Kalamarides

Más allá de las etimologías

Daniel Navarrete Beltrán

Dos cuentos griegos Hilías

Papadimitrakópoulos Melpo Axioti

DÍA MUNDIAL DE LA

LENGUA GRIEGA

Cuento

Día Mundial de la Lengua Griega

Tomando la fecha de muerte de Dionisios Solomós (1798-1857), poeta nacional de Grecia y autor del poema que sería el himno nacional de su país, la UNESCO declaró el 9 de febrero como Día Mundial de la Lengua Griega. La Embajada de Grecia en México y la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM, convocaron a celebrar, como en muchas otras partes del globo, la historia, la continuidad y la vigencia de una lengua que el gran pensador George Steiner considera una de las más trascendentes y con mayor influencia en la formación de la civilización occidental. En resonancia, dos narraciones de autores involucrados en la resistencia a la ocupación nazi de Grecia en la segunda guerra mundial; un recorrido por el léxico griego en nuestra lengua y un texto sobre la capacidad del griego para generar palabras para nuevos conceptos conforman esta entrega.

PORTADA: Rosario Mateo Calderón, con letras capitales del Etymologicum Magnum (1499).

La casa con la aldaba

Melpo Axioti*

La puerta de la casa tienealdaba y está descolorida. Afuera en la pared cuelga una cosa mísera, como un árbol, como una planta. Como un hombrecillo ahorcado. Su último dueño fue un cristiano ortodoxo de los antiguos.1 Sus últimos arrendatarios ‒ésos no los conozco. Se encuentra a la cola de la ciudad y enfrente tiene una zanja. Poco profunda. Se utiliza para la orina y también para la basura. Durante la Ocupación2 se encontró tirada ahí dentro una lujosa enaguade mujer, empapada en sangre. ¿Qué fue? Misterio. Todos salieron de las casas de alrededor a verla. Pero inmediatamente

se volvieron a meter y cerraron con cerrojo sus puertas. Entonces el aire olió a muerte. En esa época las casas eran tan escasas como un cometa. Tenías que tener unas diez para cambiarte de cuando en cuando, y ni sepultura llegabas.

Entonces alguien nos dijo: “Saben, yo tengo una casa.” Como si nos dijera: ¡Tengo un Papa! Entonces nos le echamosencima a esa casa y la atormentamos. La exprimimos como a un limón, la dejamos como a una cabra que ordeñas sin parar y ya no puede mantenerse en pie.

Hubo una noche en que dormían ahí ocho personas y el último hacía guardia para pres-

DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade • DIRECTOR: Luis Tovar•EDICIÓN: Francisco Torres Córdova • COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: • Francisco García Noriega DISEÑO Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón • LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores • PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. • CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx • PÁGINA WEB: http://semanal.jornada. com.mx/ • TELÉFONO: 5591830300

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

Semanal

▲ Concepto de la imagen: Rosario Mateo.Realizada con IA.

tar oído a los pasos. Te hablaban con indirectas para que la encontraras. “Verás una aldaba en la puerta, pero no debes tocarla, sólo golpea ‒toc toc‒ en la ventana de la izquierda y te abrirán para que entres.” “Ábrete, sésamo”, como decían los bellos cuentos antiguos que tanto les gustaban a los niños. De ese modo entró Kostas un día a la casa.

Vio un espejo colgado, fue derecho a él, se detuvo enfrente y dijo: “¡Eh tú! ¡Cómo perdimos nuestra juventud! ¡Sin cuello de almidón y sin amor! ¡Pero llegará la libertad y entonces también nosotros nos vamos a alegrar!” Pero antes de que llegara la libertad, a Kostas lo ejecutaron en Salónica. Era, dicen, secretario del partido prohibido. Un gran secretario y una persona bajita. En ese entonces iba seguido a aquella casa, pero la casa no sabía quién era él.

“¡Toc toc! ¡Ábrete, sésamo!, dijo también un día Meri y entró. Ahí encontró una cama y se acostó. De las tres en punto a las tres con veinte minutos le daba tiempo su trabajo para acostarse y luego, de un salto, se levantaba como si fuera con despertador, y nos explicaba: “Somos soldados en combate, nos acostamos donde nos toque y los minutos que alcancemos.”

Un día, cuando se iba, dijo a los que se quedaban: “Volveré el martes.” Llevaba en la mano una cubetita, un juguete para su hija. El martes la esperaban, pero no volvió. Precisamente esa mañana, a las siete y media, la detuvo la Seguridad Especial.3 Al anochecer había muerto. Su examen médico forense inscrito oficialmente, con número de serie. Era una mujer importante. Y mamá. Era Elektra Apostolou.4 Ella también iba a aquella casa, pero la casa no la conocía. “¡Toc toc! ¡Ábranme a mí también!”, dijo un día Anna y entró. La perseguían mil demonios. Donde podía se acurrucaba. Como gato sarnoso. Aquella casa le pareció segura. Nos dijo: “Mañana en la mañana iré por mis cosas.” Como lo determinaban las familias de antes de la guerra: “La mudanza la haremos en tal fecha.”

Así ella también, Anna, la rubia, una muchacha judía perseguida que tenía tres heridas en los pies por las carreras y ni un trapo para vendarlas; Anna, la bella de Tríkala,5 al día siguiente “se mudó”. Una pequeña cacerola azul esmaltada y una cuchara de madera. De segunda mano. Eso era su ropa interior, su ropa, sus muebles y

toda su casa. Y porque a veces las personas pueden ser peores que las bestias salvajes, nosotros tuvimos entonces el valor de preguntarle. Y Anna nos explicó con precisión. “En la otra casa en que vivía vieron que no tenía nada y algunos amigos me las dieron. Me dijeron:‘Toma esto, Anna, para que más o menos empieces, para que pongas de nuevo tu casa.”

Poco después Anna se fue. De nuevo la persiguieron. ¿Quién era? No sé. Vive, murió, no lo supe. Sólo nos quedaron la cacerola y la cuchara. Las arrastraba consigo, hasta que en aquella casa abandonó su patrimonio.

Desde entonces ocurrieron muchas cosas terribles. Se fueron los alemanes y nosotros llenamos las calles hondeando banderas y gritando “¡Viva!” Por un lado, también yo grité, por el otro, mi mente estaba en la cacerola. Pensaba que le debíamos un poquito nuestra liberación.

Luego nos golpearon griegos e ingleses, en los hechos de diciembre,6 y cuando tronaba el cañón del Likabeto7 yo pensaba: “¿No dará el cañón con aquella casita para derruirla?”

Pero como corresponde a los combatientes más valientes, la casa permaneció firme. Ahora la casa con la aldaba se renta. Y si alguien la quiere la puede tomar. Se encuentra a la cola de la ciudad. Al oriente. Le medio pintaron la puerta. Le hicieron arreglos improvisados a unos adornos de barro en la fachada. Una zanja poco profunda, que a pesar de todo todavía se ve, seguramente los guiará hasta ese lugar. De preferencia vayan en la mañana.

Sería bueno que llevaran, si quieren, una medalla, para colgarla en el pecho de la casa. Es lo debido y es lo correcto ●

Notas:

1. La palabra del original παλαιοημερολογίτης (paleoimerologuítis) no tiene una traducción directa al español. Según el diccionario de Yorgos D. Babinioti, se trata de un “cristiano ortodoxo que respalda la conservación del antiguo calendario juliano sin la corrección de los trece días, el cual se estableció en Grecia en 1923, y celebra todas las fiestas eclesiásticas de acuerdo con este calendario”. Tiene un matiz peyorativo.

2. La ocupación nazi de Atenas duró del 27 de abril de 1941 al 12 de octubre de 1944.

3. La Dirección Internacional de Seguridad Especial del Estado, o Seguridad Especial o La Especial, se fundó en 1929 como un cuerpo de vigilancia para la persecución de las organizaciones comunistas. Durante la Ocupación (1941-1944) colaboró con las fuerzas del Eje y participó en bloqueos, torturas y ejecuciones de miembros de la Resistencia, lo que llevó a que se le llamara la “Gestapo griega”. Se disolvió en septiembre de 1944.

4. Elektra Apostolou (1912-1944) fue una política griega, miembro de la Resistencia. Por su activismo fue encarcelada y exiliada en varias ocasiones. Fue asesinada por mandos de la Seguridad Especial en 1944.

5 Tríkala, ciudad al noroeste de Tesalia, en Grecia central.

6. O la Batalla de Atenas. Serie de enfrentamientos armados que ocurrieron en Atenas de diciembre de 1944 a enero de 1945, entre las fuerzas armadas del Frente de Liberación Nacional y el Partido Comunista de Grecia, por un lado, y las fuerzas gubernamentales británicas y griegas por el otro, en el contexto anterior al estallido de la Guerra Civil griega tras la Ocupación alemana.

7. Monte Licabeto, situado en Atenas. Tiene 227 m de altura.

*Melpo Axioti (1905-1973) estudió en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Atenas. En 1933 se afilió al Partido Comunista Griego y al Frente de Liberación Nacional, y participó de manera muy activa en la Resistencia durante la ocupación alemana, fue determinante en el desarrollo y difusión de la prensa clandestina. Durante la Guerra Civil, se exilió en Francia, Italia, la Unión Soviética, Polonia y la República Democrática Alemana, donde conoció a Luis Aragón, Pablo Neruda y Nazim Hikmet. Fue poeta, narradora, ensayista y traductora, y una de las figuras más importantes de la literatura de postguerra. Versión de Francisco Torres Córdova.

▲ Concepto de la imagen: Rosario Mateo. Realizada con IA.

LA PLASTICIDAD DEL GRIEGO PARA GENERAR PALABRAS PARA NUEVOS CONCEPTOS ES UNO DE LOS RASGOS MÁS NOTABLES DE LA INFLUENCIA QUE HA EJERCIDO EN MUCHOS ÁMBITOS DEL CONOCIMIENTO, SOBRE TODO EL TÉCNICO. DESDE LAS ETIMOLOGÍAS A LOS NEOLOGISMOS, ESTE ARTÍCULO OFRECE UN TESTIMONIO Y EJEMPLOS MUY ILUSTRATIVOS DE ESA CAPACIDAD Y CÓMO PUEDE EJERCERSE EN UN AULA DE LA PREPA 8 O EN LA MENTE DE GRANDES PENSADORES Y CIENTÍFICOS.

“AVER, TÚ: QUÉ es ‘semáforo’?”, preguntó la maestra de una materia de nombre enigmático, Etimologías Grecolatinas del Español, a un alumno del grupo 506 de la Escuela Nacional Preparatoria, plantel 1, “Gabino Barreda”. Era un martes de inicios de agosto de 2009, más o menos a las 10:30 de la mañana. “Un poste que tiene tres focos de distintos colores: verde, amarillo y rojo, y controla el flujo de los carros”: algo así fue lo que respondió el estudiante interrogado. “A ver, tú: “¿qué es ‘semáforo’?”, preguntó de nuevo la profesora a otra alumna, quien contestó algo parecido a lo del primer chico. Evidentemente lo que la profesora nos estaba pidiendo que respondiésemos no era qué era un semáforo, sino qué era semáforo, sin el artículo; es decir, no el referente material, tan sólo la palabra. Y evidentemente también estaba preparando el terreno para sorprendernos cuando ella diera la respuesta, la respuesta de esa pregunta que nos había hecho dudar de nuestro conocimiento del léxico, que nos había hecho pensar en un objeto tan cotidiano en nuestra vida y que, sin embargo, no lográbamos definir bajo los criterios de tal cuestionamiento. Y vaya que nos sorprendimos cuando la maestra escribió en el pizarrón la palabra “semáforo” y subrayó la primera mitad y dijo: “sema significa señal en griego”; y escribió la acepción debajo. Luego hizo lo mismo con la segunda parte y dijo: “y foro significa ‘portador, que transmite’, por lo que ‘semáforo’ significa etimológicamente ‘portador de señales, que transmite señales’.” Yo estaba del lado de los pupitres, pero puedo jurar que la imagen que la profesora Susana Rodríguez vio en ese momento, y vio a lo largo de muchas generaciones, fue la misma que he visto yo en mis primeras clases de Etimologías ya como profesor, cuando con mis estudiantes intento recrear modestamente esta dinámica con otras palabras: la imagen de varios rostros sorprendidos por tal descubrimiento, etimológicamente hablando, pues descubrimiento (esta vez palabra del latín) quiere decir que algo que estaba cubierto ya no lo está. La maestra nos reveló (es decir, re-tiró el velo) el significado prístino de la palabra, la “verdad” que se escondía tras la forma “semáforo”. La sorpresa en el rostro de las y los estudiantes es única: es el cobro de conciencia de que las palabras ‒el instrumento de comunicación que más usamos, el más obvio y conocido‒ guardan secretos en su forma, por más que sepamos el concepto físico o abstracto al que dan nombre. La maestra nos preguntó luego qué era “nostalgia” y qué era “melancolía”, y descubrimos que, aunque los dos términos conllevan el sentido de tristeza, su respectiva forma nos llama la atención sobre sus diferencias: “dolor por el regreso”, el primero; “bilis negra”, el segundo. Luego vinieron más términos, pero ése fue el inicio de toda mi trayectoria académica, para mí que desde niño me habían atraído las palabras. Éste también fue mi primer contacto con el griego y el primer peldaño de mi formación profesional.

La helenidad sin tiempo “SEMÁFORO”, “NOSTALGIA” y “melancolía”, tres palabras con “helenidad” o “grecidad” distinta en cada caso. La única de ellas que existe desde el griego antiguo es “melancolía”, práctica-

Más allá de las etimologías: la helenidad de las palabras

mente con el significado que hoy le damos. “Nostalgia” existe en griego moderno (νοσταλγία), pero en realidad resulta ser una creación del médico suizo Johannes Hofer, que a mediados del siglo XVII se valió de los vocablos griegos nóstos (“regreso” o “retorno”) y álgos (“dolor”) para formar un término universal que diera nombre al “deseo intenso de volver a casa”, que surgió del concepto alemán heimweh; esto es, se trata de un neologismo de hace cuatro siglos. Por su parte, la palabra “semáforo” (σημάφορος), como ya dije, tampoco existió en griego clásico, o al menos no ha quedado registrada, y aunque existe en griego moderno, no designa al aparato con luces regulador de la circulación vial, al que los griegos llaman, más bien φανάρια (término que significa “lámparas” o “luces”) o, por más señas, φανάρια κυκλωφορίας (es decir, “lámparas o luces de circulación”), del verbo φαίνω (“brillar”), la misma raíz de φῶς (“luz”). “Semáforo”, en realidad, es otro neologismo ‒esta vez del siglo XIX y al parecer creado por el francés Claude Chappe‒, que designó en un inicio cualquier aparato transmisor de señales (como los primeros telégrafos). Precisamente, este es el significado, ahora caído en desuso como aquellos transmisores primigenios, que tuvo la palabra en griego moderno, y actualmente nombra también una variable de restricción o acceso a datos en informática, pero nada más... En español ‒lengua en la que la palabra aparece registrada desde 1884‒, el neologismo inventado por Chappe, con el tiempo, pasó a denominar el trans-

▲ El Partenón de Atenas.

misor de un tipo de señales en particular, las señales viales, cuando empezaron a implementarse en varias ciudades, gracias a la invención del ingeniero inglés John Peake Knight, los primeros reguladores de tránsito, los ancestros de los semáforos que hoy conocemos. Parece que sólo algunas lenguas romances, como el español, el portugués, el italiano, el rumano o el catalán, adoptaron la palabra “semáforo” para nombrar este invento; las lenguas germánicas, como el sueco, el danés, el noruego o el inglés, prefirieron llamarlas “luces de tránsito” (véase traffic lights en inglés). Curiosamente para nuestro caso, lo mismo hizo la lengua griega: no empleó el neologismo formado con sumo rigor a partir de vocablos propios de siglos (σῆμα y φόρος) y un mecanismo de composición típico en ella, sino que recurrió también a una frase de dos palabras que literalmente significa “luces de tránsito o circulación” (φανάρια κυκλωφορίας). No obstante, ¿el hecho de que en griego la palabra “σημαφόρος” no sea tan común y de que en realidad no haya surgido originalmente en esa lengua hace menos griega esta palabra? Me parece que no. La “helenidad” o la “grecidad” de ella no reside en su autenticidad histórica o empleo cotidiano, sino en que, cuando Claude Chappe se vio en la necesidad de dar nombre a su telégrafo, pensó en la lengua griega para crearlo. Es que Occidente sigue teniendo a Grecia y a su lengua, milenaria, como cuna de su identidad cultural en todos los rubros: el primer médico, Hipócrates; la primera mujer poeta, Safo; el primer historiador, Heródoto; el primer biólogo, Aristóteles... Así pues, cuando en la modernidad se requiere dar nombre a un nuevo concepto, es decir, crear un neologismo (de los vocablos griegos néos: “nuevo”; y lógos: “palabra”), las distintas lenguas de origen europeo han solido preguntar al griego cómo lo habría llamado éste en la Antigüedad, sobre todo cuando se trata de conceptos técnicos. Pongamos por ejemplo no ya “semáforo”, sino ahora “nostalgia” (“dolor por el regreso”, como ya dijimos). ¿Por qué, si el concepto surgió en alemán a partir de la palabra heimweh, el médico Johannes Hofer recurrió a raíces griegas para darle un nombre universal? ¿Por qué no simplemente se adoptó la palabra alemana y se la adaptó en cada lengua a la fonética propia? Porque el hecho de que esté en griego cohesiona todas las lenguas occidentales hacia un mismo origen, no un origen lingüístico (pues el griego no es lengua madre de ninguna de ellas), pero sí identitario culturalmente hablando.

Nombres nuevos con raíces antiguas

ADEMÁS DE SU legado cultural, el griego se caracteriza por su insigne capacidad de sintetizar las ideas más abstractas en una sola palabra (quizá por ello es la lengua en la que surgió la filosofía); siempre ha poseído una gran plasticidad para la formación de términos que significan mucho, palabras que dan nombre a conceptos amplios y a la vez precisos que en otras lenguas, como el español, tienen que expresarse necesariamente por medio de frases completas. En este sentido, sus raíces semejan a fichas o ladrillos de Lego que pueden combinarse de múltiples maneras siempre con resultados sorprendentes. Esto lleva a pensar que todavía en nuestra época, cuando queremos expresar un concepto muy sofisticado, podemos crear palabras en griego antiguo para llamarlo, o dicho de mejor modo, podemos

crear palabras como habrían sido si hubieran existido en griego antiguo. Yo lo hago cada ciclo con mis estudiantes, pues las y los visualizo como futuros profesionistas que descubrirán, por ejemplo, alguna nueva enfermedad, que inventarán algún nuevo tratamiento o alguna nueva técnica en su área, o bien, propondrán un sistema político novedoso, entre otras acciones innovadoras. Todas estas cosas tendrán que ser nombradas por primera vez en algún momento. Recuerdo una palabra que crearon algunos de mis alumnos de la Prepa 8. Ellos querían ser médicos e imaginaron una terrible enfermedad que podría existir en un futuro y que consistiría en que la sangre comenzara a secarse en nuestro organismo: la nombraron “hematoxerosis” (hémato: “sangre”; xero: “seco”; -sis: “proceso”: “proceso de desecación de la sangre”). Ojalá que esta enfermedad nunca exista, pero si apareciera, el nombre que ellos le crearon con raíces griegas sería perfecto. Otra palabra, que creó un grupo de alumnos de la Prepa 5 que tenían intereses matemáticos: “aracnaritmo” (arachni: “araña”; arithmó: “número”: el “número araña”).

Según me explicaron, sería una potencia que sintetizaría todas las otras potencias y ayudaría a resolver operaciones complejas; su nombre sería tal porque se trataría de un número que, tal como una araña, escalaría y escalaría en niveles de su propia “telaraña”.

Así pues, en el ámbito científico y especializado, todos los hablantes de lenguas occidentales seguimos hablando, mutatis mutandis, con las palabras de Platón o de Tucídides de hace dos milenios y medio: ni Hipócrates ni Galeno descubrieron ninguna enfermedad que consistiera en la desecación de la sangre, pero si hubiera ocurrido, es sumamente probable que la habrían llamado “hematoxirosis”; tal vez ni Pitágoras ni Euclides idearon nunca una superpotencia matemática, pero si lo hubieran hecho, “arachnarithmós” habría sido una buena propuesta para llamarla.

¿Qué buscamos, entonces, en la lengua griega los hablantes de español, de francés, de italiano, de inglés, de alemán, de sueco, de ruso? ¿Por qué la UNESCO en 2017 instauró un día específico para celebrarla? Me parece que lo que buscamos en ella es una identidad cultural milenaria, pero también la universalidad y la precisión con la que el griego puede expresar los conceptos más sofisticados gracias a su maleabilidad, por lo cual es idónea para la formación de nuevos términos.

Si cuento desde aquel martes de inicios de agosto de 2009, llevo más de dieciséis años estudiando griego. En el Plantel 1 de la Escuela Nacional Preparatoria aprendí el alfabeto y mucho vocabulario antiguo (aún conservo las hojas de palabras que constituyeron los temidos exámenes orales de la profesora Susana Rodríguez); luego, con la maestra Beatriz Acevedo, aprendí que el griego es una lengua de casos sintácticos (nominativo, genitivo, acusativo, etcétera) y aprendí a declinar nombres y conjugar un poco los verbos. En la Facultad de Filosofía y Letras conocí la endiablada morfología de esta lengua en su etapa antigua y, con el tiempo, pude leer, gracias a grandes profesores, a poetas “clásicos” cuyos textos han significado mucho en mi vida: Íbico, Apolonio de Rodas, Mosco de Siracusa, Bion de Esmirna, Museo Gramático. A la par, estudié también griego moderno en la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción, con la gran maestra Anny Papavasileíou, quien no sólo me adentró en la cultura de la Grecia actual y su historia, sino también en la poesía de Kavafis, el poeta de la sencillez profunda, como lo concibo yo. Hoy soy profesor de griego antiguo. Me encuentro ya subiendo el décimo séptimo peldaño, si pensamos que cada año constituye un escalón, y he disfrutado mucho el ascenso. ¿Qué traerá el décimo octavo, el décimo nono, el vigésimo? ●

*Daniel Navarrete Beltrán es filólogo y profesor de Letras Clásicas, ENP/UNAM.

▲ Fragmento de Altar de Pérgamo.

Cuento

VIVÍA JUNTO A nuestro terreno, al sureste de Pirgos,1 pero nunca lo habíamos visto. Años y años estuvo en América. Su familia (su mujer y dos hijos de nuestra edad), vivían en una casucha de adobe, un pino enorme hacía sombra al lugar y aumentaba los problemas inherentes de la casa y de la familia.

Las raíces del pino socavaban los cimientos de las delgadas paredes (una o dos ya se habían derrumbado y habían sido sustituidas con láminas de metal), y cuando hacia el atardecer veíamos salir humo del tiro de la chimenea, trepábamos por las ramas y, subiendo sobre las tejas (que se hacían trizas sin hacer ruido debido a la gran humedad), caminábamos de puntillas hacia la corona de la chimenea desde donde lanzábamos a la cacerola destapada (Dios sabe por qué se nos había hecho ese vicio), pedacitos de madera, piñas y hasta tierra…

Un día (debió ser en 1937) regresó de pronto de América el dueño de la casa. Literalmente se alborotó el lugar ‒y en la noche, en aquella estrecha habitación en la que se quedaba la familia, se juntó todo el barrio para saludar y ver (por fin) al ausente perenne, mientras que todos esperábamos que nos hubiera traído algún regalo el migrante de regreso con total misterio.

Él (su familia se había puesto la ropa de fiesta y todos resplandecían) con manchas en la cara, manos temblorosas y en general aspecto de la persona que nuestra gente llama con acierto un recién desembarcado, iba y venía con notorio desconcierto, casi inquietud, mezclando en la conversación extrañas palabras americanas, mientras cada tanto sacaba de un enorme baúl ropa usada, telas, sombreros ‒pero también varios objetos raros.

En algún momento se nos acercó llevando con cuidado una caja de cartón: entonces ya estábamos seguros de que nos iba a regala algo americano, o aún más, algo exótico. Abrió la caja y de adentro sacó un paquete de pequeños cartones grises que tenían impresos (con tinta café oscuro) letras y números, y en las orillas dos o tres pequeños agujeros redondos. Nos los mostraba con aire triunfal y nos explicó que con esos cartoncitos entras en un tren que se mueve por debajo de las casas y de los altísimos edificios y surca toda Nueva York.

Ya con dificultad ocultábamos nuestra desilusión. Nos miramos de reojo ‒o sea, nos

El Americano

Hilías Papadimitrakópoulos*

▲ Concepto de la imagen: Rosario Mateo. Realizada con IA.

queríamos decir y ahora qué cosa nos endilga…

Entonces el Americano despareció por un rato. Cuando regresó traía en las manos una extraña caja de madera café, alargada, con muchas perillas y una gruesa manecilla debajo de una superficie de vidrio sobre la cual estaban impresos en diagonal, en letras mayúsculas extranjeras, nombres de grandes ciudades y capitales del mundo.

Miramos con asombro. Entonces alguien, mayor que nosotros (también ya viajado), pronunció la insólita frase:

‒¡Un radio!

Mientras tanto, el Americano continuaba mudo los preparativos. Extendió fuera de la casa un largo alambre de cobre al cual conectó otro parecido que salía del radio. A falta de enchufes, hizo algunos cambios en el único portalámparas de la habitación y ahí conectó otro alambre negro. Un tercer alambre, más pequeño, colgaba de la parte de abajo del radio. El Americano me llamó para que lo sostuviera entre mis dedos y al mismo tiempo debía pararme fuera de la ventana, pisando descalzo el suelo.

Me acerqué aterrado. La concurrencia me observaba temerosa. Alguien (muy probablemente el que había pronunció la palabra radio), me llamó la atención sobre no soltar el alambre porque había riesgo de explosión.

Ya estaba empapado en sudor cuando el Americano decidió girar una perilla. Un foquito verde se encendió detrás del vidrio con los nombres de las grandes ciudades y poco después se empezaron a oír unos ruidos extraños, como gruñidos o como truenos. En medio de la sorpresa general, el Americano hacía girar lentamente una segunda perilla, la aguja entonces se movía de una ciudad a otra.

De pronto se escuchó una voz femenina (un chillido mejor) que cantaba algo en italiano, como se aclaró poco después. Todos callamos, atónitos.

El Americano sonreía y sus hijos nos miraban con cierto desdén.

Entonces ocurrió una pequeña explosión (yo seguía sosteniendo el alambre de abajo), un destello rasgó la habitación y de la parte de atrás del radio empezó a salir humo gris y un olor muy feo inundó el lugar. Nos echamos a correr. No volví a ver el radio aquel. El Americano iba y venía todos los días a un terreno cercano, seguido siempre de una cabra blanca. Su familia se mudó a la ciudad y vivía solo desde entonces. Con láminas, piedras y vigas trataba de sostener las paredes de la casa, que cada invierno se curvaban y caían.

Durante la Ocupación,2 el Americano se debilitó y empezó a decaer. Un día se enfermó gravemente y murió solo en la casa en ruinas. En el barrio decían que se contagió de alguna enfermedad por una mula que habían matado y enterrado los italianos ahí cerca. El Americano fue de noche, la desenterró y cortó en pedazos, los curó con mucha sal y los colocó en grandes vasijas redondas de barro. De ahí sacaba todos los días un pedazo y se lo comía frito, a veces echaba dentro un huevito de las dos gallinas de su terreno ●

Notas:

1. Pirgos es una ciudad en la unidad periférica de Élide, Grecia occidental.

2. La ocupación nazi duró del 27 de abril de 1941 al 12 de octubre de 1944.

*Hilías Papadimitrakópoulos (1930-2024) nació en Pilio, en Tesalía. La muerte de su padre durante la Ocupación alemana provocó la ruina económica de su familia. Estudió en la Facultad de Medicina Militar de la Universidad de Salónica, con especialidad en Medicina Interna y postgrado en Ciencias de la Salud. Permaneció en el ejército hasta 1983, año en que se dio de baja voluntaria con el grado de Director Médico. Durante seis años fue jefe de redacción de la Revista Médica de las Fuerzas Armadas. Inició su carrera en las letras en 1962, publicando cuentos en varias revistas literarias. En 1995 recibió el premio de cuento de la revista Leer (Diavazo). Es autor, entre cuentos, narraciones y ensayos, de dieciocho libros. Formó parte de la generación griega de narradores de la postguerra.

Versión de Francisco Torres Córdova.

LA HISTORIA DE LA LENGUA GRIEGA ES AMPLIA Y EXTENSA. SUS HUELLAS SON IDENTIFICABLES EN TODAS LAS CIVILIZACIONES OCCIDENTALES E INCLUSO MÁS ALLÁ. ESTE ARTICULO SIGUE ESA TRAYECTORIA EN EL TIEMPO A TRAVÉS DE LAS PALABRAS COMUNES Y TÉRMINOS ESPECÍFICOS PROVENIENTES DEL GRIEGO EN ÁMBITOS COMO LA GEOGRAFÍA, LA TECNOLOGÍA, LA CIENCIA, LA CULTURA Y MUCHO MÁS.

De Kandahar a Filadelfia:

la lengua griega en el tiempo

Una lengua como la griega donde una cosa es el amor y otra cosa es el enamoramiento. Otra cosa es el deseo y otra la añoranza. Otra cosa es la amargura y otra el desasosiego. Otra cosa son las entrañas y otra los intestinos. Odysseas Elytis

HACE ALREDEDOR de cuatro mil años algunas tribus de las que hoy llamamos indoeuropeas, pueblos que se había instalado en las estepas del norte del Mar Negro, se asentaron alrededor de los cerros del sur de la península balcánica. Las tribus traían consigo no sólo conocimientos de agricultura y de cerámica, sino también sus impresionantes caballos, sus armas metálicas, sus carros con ruedas y, parte muy importante, su religión y leyendas ricas en personajes y cuentos.

En el área actualmente conocida como Grecia, las tribus invasoras encontraron pueblos agrícolas con su propia civilización, costumbres y arte. En pocos siglos, mediante un proceso de invasión y conquista, se adueñaron de Grecia, mantuvieron su estructura tribal y su idioma indoeuropeo, y esclavizaron a la población local y se mezclaron con ella. El proceso de conquista probablemente fue algo parecido a la conquista de México por los españoles.

Los análisis de ADN revelan que los indoeuropeos, a pesar de dominar con su lengua y costumbres, sólo contribuyeron con un quince por ciento en el ADN actual de sus descendientes, los griegos. El ochenta y cinco por ciento restante viene de las tribus primigenias de Grecia, cuya cultura está preservada en cuentos, palacios, escultura, pinturas y hasta su escritura aún no descifrada, Lineal A, encontrada principalmente en el sur de Grecia y en Creta.

Hace tres mil quinientos años, el nuevo idioma, indoeuropeo en su núcleo pero con elementos autóctonos, adoptó y adaptó la escritura Lineal, en

la forma de Lineal B, estableciendo el griego como el segundo idioma indoeuropeo más antiguo, y el idioma mundial más longevo en la historia.

Entre la multitud de héroes de la larga historia griega, él más cercano al arquetipo griego es Odiseo, mejor conocido en español como Ulises. ∏ολυμήχανος Οδυσσέας, (Polimíjanos Odiseas) el ingenioso Odiseo, que nunca se detiene, explora el mundo, se adapta a él, ingenia nuevos conceptos y soluciones a los retos encontrados en el camino, deja su huella, pero nunca olvida su origen, y así siempre regresa a su Ítaca en Grecia, la fuente de su nostalgia y su alimento espiritual. ¡Qué metáfora más apta para el viaje y el impacto de la lengua griega alrededor del mundo a lo largo de miles de años!

Nikos Kazantzakis, el griego universal, representa un ejemplo perfecto del arquetipo de Odiseo. Kazantzakis pasó largas temporadas en varias partes del mundo, lugares en donde, como una abeja, obtuvo el néctar que hizo posible la miel de sus obras. Desde su tierra natal en Creta, en Atenas, París, Monte Athos, Zurich, Tbilisi, Viena, Berlín, donde escribió su famosa Ascética, la isla de Égina, donde pasó los días oscuros de la ocupa-

▲ Odiseo y Polifemo, Arnold Böcklin.
▲ Letra gama, en una letra capital del Etymologicum Magnum (1499).

ción nazi de Grecia y, eventualmente Antibes, en el sur de Francia, un medioexilio donde escribió algunas de sus obras maestras. Kazantzakis viajó siempre, hasta sus últimos días.

Letras y lugares

QUÉ TIENE QUE ver todo esto con el idioma griego? En sus viajes, durante siglos, el griego, como Odiseo y Kazantzakis, se convirtió en un idioma universal y así interactuó y dejó su huella profunda de muchas e inesperadas formas alrededor del mundo.

La interacción más famosa fue la invención del alfabeto griego en el siglo VII aC, basado en las letras fenicias que dieron sonidos específicos a ciertos jeroglíficos egipcios: la cabeza de vaca con sus cuernos, boca arriba, se convirtió en la letra Α, manteniendo la palabra original semita, alfa; la casa se convirtió en “beta”, Β, de la palabra semita beth que significa casa, como en Beth-lehem o Belén, (“casa de pan” o panadería); el camello, así como se ve un camello de lejos en el desierto, dio la forma de Γ, la letra “gamla” o “gamma” manteniendo la palabra original hasta para el mismo animal; el triángulo, “delta”, Δ, de la palabra semita para el número “tres”, thalátha en el árabe hasta hoy en día; y las demás letras. Los griegos mantuvieron con fidelidad las formas originales de los jeroglíficos; esas formas se perdieron en otros alfabetos provenientes del fenicio, como el actual árabe, el hebreo, etcétera. Por su lado, el alfabeto griego dio luz a sus dos descendientes inmediatos: el nuestro, el alfabeto latino, y el cirílico, del imperio ruso.

El griego en la historia

MÁS ALLÁ DEL alfabeto, el idioma griego acuñó muchas de las palabras que se usan en cualquier idioma. La misma palabra “palabra”, como el verbo “hablar”, provienen del griego παραβολή (parabolí), que se usaba en la época romana para

los discursos y los sermones de Jesucristo. Curiosamente, la palabra más común para discurso en el griego moderno es ομιλία (omilía), que existe así en español, “homilía”, y significa un discurso cristiano. La mayoría de las palabras del griego, sí, existen en español (aunque medio a escondidas) lo que en realidad facilita el aprendizaje del griego especialmente para un hispanohablante. Cuatro razones generan el impacto extraordinario de un idioma que sólo se habla actualmente por apenas 0.2 por ciento de la población mundial. La primera es la cultura: Grecia desarrolló los elementos estructurales de la civilización occidental, como la lógica matemática, la filosofía, las instituciones políticas, la historia, las siete artes y muchos más. Por eso, las palabras asociadas con los conceptos se aplicaron alrededor del mundo. Palabras como música, hora, teatro, poesía, astronomía, geometría, física, geología, microbiología, anatomía, pero también gimnástica, carácter, problema, sistema, gastronomía, análisis, política, oratorio, y muchísimas más nacieron en Grecia.Un secretario de Hacienda de Grecia, Xenofón Zolotas, con mucho orgullo dio un discurso en el Fondo Monetario Internacional, en 1957, supuestamente en inglés, que consistía enteramente de palabras en griego.

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▲ Tablilla de escritura Lineal B.
▲ El Partenón, Ippolito Caffi
▲ Letra delta, en una letra capital del Etymologicum Magnum (1499).

La segunda razón tiene un nombre: Alejandro Magno. El joven heredero del reino griego de Macedonia en el norte de Grecia y alumno de uno de los filósofos más importantes, Aristóteles, pudo conquistar, en el año 330 aC, todo el imperio persa y así extendió el uso del griego desde Grecia hasta India. Fundó una serie de ciudades que llevan su nombre, Alejandría. La más famosa es la ciudad de Alejandría de Egipto, pero también Alejandría es la ciudad de Kandahar, con el mismo nombre hasta hoy en día en Afganistán. Alejandro fue tan famoso y respetado alrededor del mundo que varios héroes y reyes se identificaron con su nombre –del rey Iskandar de Malasia, hasta Skenderbeg, el héroe nacional de Albania. Alejandro convirtió el griego en el idioma internacional durante siglos después de sus conquistas, en las épocas llamadas helenística, romana y bizantina. A pesar de la conquista romana, el griego siguió siendo el idioma internacional en la época de Jesucristo. Los romanos veneraban el griego por sus conceptos y civilización, adoptaron muchas de sus palabras al latín y los más cultos hablaban en griego entre ellos. Por eso el cristianismo se difundió en griego, el idioma original de los Evangelios y del resto del Nuevo Testamento. La traducción del Nuevo Testamento al latín clásico no tuvo éxito: sólo se adoptó, al final, la traducción en el siglo IV al latín de vulgar, cuando mucha gente en Italia, España, Francia y el norte de África ya no se educaban en latín clásico ni en griego como consecuencia de la derrota del imperio romano. La palabra cristo proviene del griego, así como iglesia, obispo, monje, ángel, diablo, etcétera. El nombre de Múnich, la ciudad alemana, proviene del griego, Μόναχον (monajón) porque era originalmente el sitio de un monasterio de monjas. De la misma época provienen palabras como: cielo, del griego κοίλον (kílon); cobre proveniente del nombre de Chipre, una fuente importante de ese metal en la Antigüedad; calamar del griego κάλαμος (kálamos), caña, porque el hueso de calamar se siente como una pequeña caña, y nombres como Esteban y Estefanía, que significan corona La tercera razón es por su parentesco indoeuropeo con la mayoría de los idiomas de Europa y de India, lo que hace su estructura más familiar y las palabras menos extrañas. Obviamente, algunas veces eso podría llevar a conclusiones equivocadas, por ejemplo, la palabra original de un campo cultivado, ager en latín, es muy parecida a αγρός (ágros) en griego, debido al parentesco indoeuropeo de los dos idiomas. Pero la palabra agricultura es de origen latino, no griego: en este caso la palabra en griego es γεωργία (georgía): trabajo (έργον/ érgon) de la tierra (γαία/gaia) que generó los nombres Georgia y Jorge. Además, el griego tiene una incomparable agilidad para formar nuevas palabras precisas y elegantes y crear nuevos conceptos, por ejemplo filadelfia, el nombre de varias ciudades, incluso la más famosa en Pensilvania, que significa “amor o amistad de hermanos”, un nombre lleno de mensajes, significado y elegancia. La cuarta razón emerge del reemplazamiento de la parte oriental del imperio romano debido a la conquista de su capital indispensable, Constantinopla, por los turcos otomanos en 1453. El imperio romano, al convertirse en un imperio cristiano por el emperador Constantino en el año 325, y establecer su capital en Constantinopla, la antigua colonia griega de Bizancio, pudo salvar y mantener la presencia imperial romana en el mundo por más de once siglos, a pesar de la caída eventual de Roma en el año 476. Sus habitantes, casi todos de habla griega, se definieron siempre como “romanos”, y su forma coloquial, ρωμιοί

La caída de Constantinopla a manos de los turcos musulmanes, quienes establecieron su imperio otomano sobre las cenizas de los romanos, aceleró la migración de los griegos educados a Italia y a otros países cristianos de Europa. Ahí impulsaron el Renacimiento humanista de Europa, en los siglos XV, XVI y XVII. Los demás europeos, al redescubrir así la era clásica de Grecia, empezaron por fin a salir gradualmente del dogmatismo de la Edad Oscura.

(romií) sirve de autodefinición entre los griegos modernos hasta el presente. Con su base en Constantinopla y la fuerza del idioma griego, los romanos del este pudieron mantener muchos aspectos de la cultura, civilización y pensamiento de los antiguos griegos, consiguiendo un sincretismo con una nueva religión dogmática. En contraste, la religión impulsó al resto de Europa a los siglos de la Edad Oscura, a pesar de la “reinvención”, en el oeste, de Roma como “Imperio Santo”, por Carlomagno y otros líderes durante esos tiempos turbulentos.

La caída de Constantinopla a manos de los turcos musulmanes, quienes establecieron su imperio otomano sobre las cenizas de los romanos, aceleró la migración de los griegos educados a Italia y a otros países cristianos de Europa. Ahí impulsaron el Renacimiento humanista de Europa, en los siglos XV, XVI y XVII. Los demás europeos, al redescubrir así la era clásica de Grecia, empezaron por fin a salir gradualmente del dogmatismo de la Edad Oscura. El griego se convirtió en el idioma de los educados de Europa y pronto formó parte fundamental en los currículos de las universidades que se fundaban por todas partes. Por ejemplo, el científico inglés más famoso, Isaac Newton (1643-1727), usaba principalmente el griego para anotar sus ideas y descubrimientos en sus diarios y cuadernos. Edgar Allan Poe (1809-1849) tradujo y adaptó poemas del griego antiguo, como parte de sus primeras obras.

La terminología del griego se estableció firmemente en la mayoría de los idiomas y la invención de palabras griegas para nuevos conceptos, lugares y descubrimientos se hizo práctica normal. De esa época provienen nombres de lugares como Polinesia, el lugar de muchas islas, Antárctica, el lugar opuesto a las tierras de los osos (árcticas, de άρκτος /árktos), oso en griego); Filipinas, las islas del rey Felipe de España, cuyo nombre significa

“aficionado (φίλος/ filos) a los caballos (ίππων/ ippón), Indianápolis, la ciudad (πόλις/ polis) de la tierra de indios (ινδιάνοι/ indianos). También nombres de descubrimientos y conceptos científicos, como “electricidad”, el efecto del ámbar (ήλεκτρον/ ilectron); “entropía”, la energía “que se torna (τροπή/ tropi) hacia adentro (εν/en); dinamita, el material lleno de fuerza (δύναμις/ dinamis); “psicología”, el razonamiento (λόγος/ logos) del alma (ψυχή/ psique) y muchos más. Las colonias antiguas griegas alrededor del Mediterráneo necesitaban reclutar colonos que dejaran voluntariamente (¡por ser democráticos y ciudadanos libres!) sus hogares en Grecia para establecerse en las nuevas colonias. Por eso daban nombres a los nuevos lugares que fuesen lo contrario de alguna desagradable realidad: el Mar Negro, con los indígenas belicosos en sus alrededores, se estableció en griego como Εύξεινος Πόντος (Efxenios Pondos), la tierra buena y hospitalaria. La adopción de esa práctica por los europeos llevó, por ejemplo, al nombre “Groenlandia”, Tierra Verde, para una tierra que no tiene árboles Y “eucalipto” para un árbol útil pero cuyas hojas cubren la tierra con casi nada de sombra. Para cerrar, he aquí la inscripción que adorna la entrada de mi alma mater, la Universidad de Rice en Houston: “Entonces fue Demócrito quien, como se pretende, decía que querer encontrar una razón de las cosas es más que hacerse el rey de los Persas”, el imperio más poderoso en su época ●

*Alex Kalamarides, nacido y educado en Grecia, estudió en la Universidad Nacional Kapodistríaca de Atenas y es doctor en Física por la Universidad Rice en Houston, Texas. Vive entre México y Estados Unidos. Es además un políglota (español, inglés, francés, alemán y portugués) que se ha dedicado durante décadas a promover la lengua y la cultura griegas en el mundo.

▲ Colonia griega de Marsella o Masalia, Pierre Puvis de Chavannes, 1868.

Traducir una obra maestra

Adonáis, P.B. Shelley, versión de Víctor Manuel Mendiola, revisión de Víctor Rodríguez Núñez y nota de presentación de José María Espinasa.

Bonilla Artigas Editores, México, 2025.

EN LOS ÚLTIMOS años el poeta Víctor Manuel Mendiola ha llevado a cabo las versiones al español de dos amplias antologías inglesas: de los isabelinos (Violencia e inmensidad en la poesía de los siglos XVI y XVII) y de los románticos ingleses (La arena en fuga). De esta última, publicada por la UNAM, desprendió su versión del Adonáis de P.B. Shelley (1792-1822), una de las más hondas elegías en la historia de la poesía, dedicada a la memoria de John Keats, de quien dijo más de una vez por escrito que era un genio. Nietzsche amaba los libros que debían leerse de pie; Adonáis debe leerse así. Desde muy joven, Adonáis ha sido el poema que más ha ahondado en mí del romanticismo inglés, aunque otros preferirán con razones soberbios poemas de Coleridge, Keats o Byron.

En el prólogo, José María Espinasa señala dos versiones anteriores: una, que tuvo un destino desordenado, de Manuel Altoguirre, y otra, de Vicente Gaos; falta una tercera que no incluyeron Mendiola y Espinasa, la de Lorenzo Peraile de 1977, en la madrileña Editora Nacional. Los tres antedichos traductores, por cierto, son españoles. No sé si algún mexicano haya hecho antes que Víctor Manuel Mendiola una versión del Adonáis Shelley, sin fingimiento, sin modestia, consideró su extenso poema dedicado a Keats, según una carta del 5 de junio de 1821 al matrimonio Gisborne, como una “alta y elaborada obra maestra”, y en otra misiva del 16 de junio escribió a Claire Clairmont, su examante y hermana de su esposa Mary, que ya ha terminado la elegía y la mandará ese mismo día a imprimirse en Pisa. “He sumergido mi pluma en el fuego que se consumía en su destrucción; sin embargo, el estilo es tranquilo y elocuente”.

Como ha repetido la crítica, como dijo el mismo Shelley, es un poema del poeta al poeta, pero no al amigo, porque no hubo amistad entre ellos. Keats ha vivido y vivirá por su bellísima lírica, pero también pervive por la dramática elegía de Shelley. Keats, que amó la Belleza, la encontraría en este poema en aclamación y elogio hacia él. Mendiola buscó una edición actualizada y musicalmente impecable. Gracias a su detallado conocimiento de la métrica, a su oído educado, lo logró. Es sabido que en toda traducción o versión o traslación o traslado (como quiera llamársele) algo o mucho se pierde; sólo son dables acercamientos. Mendiola debió en ocasiones omitir palabras y expresiones, es decir, entre sacrificar música y sentido, prefirió en esos momentos espinosos que prevaleciera la música. Las traducciones o versiones pueden ser excelentes, buenas, regulares, malas o espantosas; aplaudamos esta vez a una excelente

En la versión de Mendiola del Adonáis, las cincuenta y cinco estrofas de nueve versos, a la manera de Spencer, son de una arrebatada musicalidad, y el poema como conjunto es un largo y exaltado lamento, un tristísimo llanto. Dialécticamente en la elegía, Shelley une contrarios:

está el enaltecimiento del poeta que será eterno y la corrupción de la carne; la Italia azul y la tumba carroñera en el cementerio protestante de Roma; lo abismal y lo abisal. A decir de Shelley, como lo sería para los románticos de la primera mitad del siglo XIX, la Naturaleza y Keats son uno solo. Los vivos somos los muertos y puede serlo la muerte misma.

Vaya cantidad en el poema de versos altamente emotivos. Pongo varios ejemplos: “Pasó la tempestad y yace roto el lirio” (…), “Ángel perdido de un edén en ruinas” (…), “el gozo ciego en lágrimas” (…), “un rumor triste, en cantos, el leñador escucha” (…) , “si el placer huyó ¿para qué despertar al año triste?”

En Adonáis, Shelley dialoga o hace hablar a Urania, la musa de la astronomía e inspiradora de los poetas, que en el poema es la madre melancólica y poderosa de John Keats. Shelley escribe en un verso que Urania tenía al joven poeta inglés como el hijo más querido.

Como subtemas del Adonáis, podríamos poner dos casos: uno, la comparación de que ni el ruiseñor con su canto, ni el águila con su vuelo hacia el cielo, se afligen tanto con la muerte de Keats como lo llora Inglaterra; otro subtema serían los feroces ataques contra los críticos que “acuchillaron” a Keats en 1918 en Quarterly Review, cuando publicó su Endymion, y que Shelley expone en el prólogo como la causa de que a Keats se le rompiera un vaso sanguíneo de los pulmones, lo cual derivaría en la penosa enfermedad que lo llevaría a la muerte tres años más tarde.

Keats moriría de consunción el 23 de febrero de 1821 en un apartamento a un costado de la Piazza di Spagna en Roma. Shelley moriría ahogado, después de naufragar, en el mar Tirreno, en Lerici, frente a la costa de la Liguria, un año y medio más tarde, el 8 de julio de 1822, cuando volvía de Pisa. Iba a cumplir en agosto los treinta años. Días después el mar regresó el cuerpo a la playa cerca de Viareggio. Por decisión de Byron el cuerpo se incineró en la playa. Antes, se extrajo el corazón que guardaría Mary Shelley hasta el día de su muerte. Las cenizas de Shelley se encuentran, no lejos de la tumba de Keats, en el cementerio protestante de Roma. El 19 de abril de 1824 moriría Byron en una casa de Mesolingi, a los treinta y seis años, cuando se aprestaba a luchar por la independencia de Grecia de los turcos. En tres años tres altos poetas ingleses, elegidos de los dioses, murieron jóvenes ●

Marco Antonio Campos

Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller

La atleta, la nieve y el catecismo

HACE NO MUCHO se realizaron las Olimpiadas Invernales 2024. ¿Tuvo tiempo de mirar algo, doña Clofis? Supongo que sí. Nuestro país no es muy afecto a deportes invernales por su situación geográfica, su orografía y sus coordenadas y la nieve es antes bien un “fenómeno” para la mayoría. Por ser el Día Internacional de la Mujer, quería hablarle de Sybil Queenie Newall, pionera en más de un sentido porque las damas, hacia 1908, no estaban, en su inmensa mayoría, entrenando para competencias internacionales. Tampoco hoy, siendo honestas. Pero dudo mucho que, de hecho, se les diera permiso de viajar si no fuese acompañadas de sus maridos. Me temo, por lo que he leído, que de hacerlo (entrenar y viajar) las atletas deberían pertenecer a una “clase social alta”, como se le llamaba en esos años al espectro de quiénes son y cuántos lingotes preservan en el banco, en la chequera y activos en empresas. Le remarco que iba a homenajear a la pionera de las mujeres en competir en unos Juegos Olímpicos, proeza singular porque era, aunque hubiese sido millonaria, una afrenta al rol asignado para ellas hace más de cien años. Además, ganó la medalla de oro en tiro con arco a los 53 años. Es hacer historia porque la manera en que era descrita una dama de 53 años en ese entonces dista de lo que hoy se escucha: es una “anciana”, “peinacanas”, “jorobada” y más. Los poetas de comienzos del siglo XX las asociaban al cansancio, la veteranía, la resignación, la fatiga, la docilidad y a un buen número de nietos. Todo debido a la creencia de que éramos el “sexo débil” o el “bello” mientras que los hombres, se alzaban como el “fuerte” o el “feo”. ¿Se acuerda del dicho popular de que “el hombre es como el oso; entre más feo, más hermoso”?

cismo de Geografía. ¡Catecismo de geografía!, repetí en voz alta. Un compendio bajo ese nombre resultaba más que sugerente. Por este dejé todo lo de la campeona Queenie Newall.

Me detengo en Suecia. La pregunta, como la del catecúmeno, es: “¿Cuál es el carácter de los suecos?” A lo que el prosélito debía responder: “La fuerza y la resistencia al trabajo.” Otra: “¿Cuáles son las costumbres dominantes en Suecia?” “La urbanidad, la afición a la guerra, el valor, la actividad, la aplicación al estudio, el lujo.”

Me quedé ahí, pasando las páginas, como en parroquia por las tardes de sábado. Me llamó la atención que los noruegos “son fuertes, valientes, amistosos, apasionados y vengativos”. Lea conmigo esta chistosa pregunta: “¿Qué especie de país es Prusia?” ¿Cómo que los países se dividen en “especies”, doña Clofis? Y… en la respuesta estaba la clave: “Es un país muy rico y fértil que produce con abundancia lino, cáñamo y trigo.”

El Catecismo de geografía fue publicado primero en inglés por Rudolph Ackermann (Londres, 1823).

Me volví loca cuando hallé una página aclaratoria. ¿Qué va a explicarnos el británico? Leamos: “Nota para vencer todos los escrúpulos que pudiera ocasionar el uso de la palabra ‘catecismo’ aplicada generalmente a libros de religión. Debemos prevenir a nuestros lectores que no está exclusivamente consagrada a materias religiosas, sino que indistintamente significa todo libro escrito en preguntas y respuestas.” Ah, gracias por aclarar, Mr. Ackermann, iba a entrar en un shock lingüístico.

Marginales/

Violencias en América Latina. Problematizaciones y estudios de caso, Karina Beatriz Kloster (coordinadora), Universidad Autnónoma de la Ciudad de México, México, 2025.

Pues bien, en esas estaba, queriendo saber cuáles son las regiones en donde más nieva en el mundo, cuando me topé con este sugerente libro: Cate-

Sin embargo, destacan en ese peculiar libro los estigmas ideológicos para cada nación: mientras que lo relevante es que se sepa que los lapones hablan un “idioma apenas articulado”, es imprescindible reconocer que no hay ningún “Estado” más extendido en “el Universo”, que el imperio ruso.

¡Feliz primavera a todas las mujeres del mundo! ●

MYRIAM FRACCHIA Figueredo, María Antonia Muñoz Larrieu, Sandra Osses Rivera, Carlos Eduardo Valderrama, Isabel Villarroel Mur y la propia corrdinadora del volumen son las autoras de los cinco ensayos que integran este volumen. La sociología, las ciencias políticas, el trabajo social, la comunicación-educación, la pedagogía y la historia de las ideas son algunas de las disciplinas –en las cuales las autoras también son catedráticas en diversos planteles universitarios de América Latina– que convergen y alimentan el múltiple análisis crítico de las violencias que atraviesan el corpus social de nuestro subcontinente: violencia sistémica, de raza y de género, ambiental, política y simbólica, son estudiadas aquí a partir de casos específicos localizados en México, Colombia y Bolivia, así como de fenómenos como la comunicación mediática de la violencia, entre otros. Las autoras y el autor forman parte de un grupo de investigación establecido desde hace casi tres lustros, precisamente con el propósito de abordar la violencia y sus mútiples manifestaciones y, según sus propias palabras, lo hacen “con la convicción de que es posible y deseable construir conocimiento que instale la voluntad de erigir futuros posibles y plenamente humanos para el continente” ●

En nuestro próximo número

DERECHOS CIVILES, ESCÁNDALOS Y NEOFASCISMO EN ESTADOS UNIDOS SEMANAL

Artes

germainegh@casalamm.com.mx

▲ 1. Diego Rivera, Retrato de Natasha Gelman, 1943. 2. Jacques y Natasha Gelman con María Félix y Rubén Rojo en el Festival de Cannes, Francia. 3. María Izquierdo, Novia papantleca (Retrato de Rosalba Portes Gil), 1944.

Bienvenida y despedida a la Colección Jacques y Natasha Gelman

ENCONTRAR UNA larga fila para ingresar al Museo de Arte Moderno (MAM) un viernes por la mañana es algo totalmente inusual. Por supuesto, la recién inaugurada exposición Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander es un gran acontecimiento, por tratarse del regreso a nuestro país de una de las más importantes colecciones privadas de arte mexicano tras una itinerancia por el mundo de más de veinte años. La exhibición, de sesenta y ocho obras excelsas de esta colección, que se pudo ver por última vez en México en el Centro Cultural/Arte Contemporáneo (CCAC) de Televisa en 1998, justifica la inusitada afluencia, pero lo cierto es que las noticias en redes y prensa a propósito del incierto devenir del acervo también ha contribuido a despertar la curiosidad (y el morbo) del gran público.

La presencia de las más emblemáticas y archiconocidas obras de Frida Kahlo, aunadas a la pléyade de autores clave del modernismo mexicano, como Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, María Izquierdo, Carlos Mérida, Ángel Zárraga, entre muchos otros, hacen de esta exhibición una oportunidad única que el público podrá disfrutar hasta el 17 de mayo. La cara oscura de este acontecimiento es que la colección se va de

México indefinidamente tras su inexplicable venta por parte del albacea ‒Robert R. Littman‒a la familia Zambrano de Monterrey, quienes a su vez “cedieron” la gestión del acervo al Grupo Santander, cuyo nuevo recinto cultural, El Faro, en la capital cantábrica que está a punto de ser inaugurado, albergará la Colección.

¡Qué vueltas da la vida! Ni en su peor pesadilla, Jacques y Natasha Gelman habrían vislumbrado el oscuro destino de su colección. Tuve el placer de conocerlos a principios de los años ochenta. Coincidimos en una cena de Televisa en Nueva York donde tuve la osadía de presentarme con Natasha y comentarle que estudiaba Historia del Arte y había escuchado de su magnífica colección de arte moderno europeo que todavía conservaban en su departamento de Park Avenue, posteriormente donada al Museo Metropolitano (MET). Le habrá hecho gracia mi arrojo, pues al día siguiente nos recibieron a mi esposo y a mí, y gozamos de un inolvidable recorrido privado por la historia de las vanguardias europeas del siglo XX, aderezado con los comentarios personales y anécdotas sobre sus adquisiciones. Así eran los Gelman: de una generosidad, elegancia y sencillez poco comunes. Recuerdo a la bella Natasha, sonriente y platicadora, en tanto que Jacques, de carácter más sobrio, era sumamente discreto

y ensimismado. En más de una ocasión escuché hablar de los planes para su colección mexicana, que habría de permanecer sin dispersarse en nuestro país, que les dio refugio y las oportunidades que el brillante productor de cine ruso supo aprovechar. Ya fallecido Jacques, Natasha depositó su confianza en el CCAC y su entonces director Robert R. Littman, para dejar su colección en préstamo entre 1992-1998, cuando el museo cerró tras la muerte de Emilio Azcárraga Milmo, su fundador y mecenas. A partir de entonces, el vínculo de amistad y confianza entre Natasha y Robert R. Littman se estrechó aún más y lo nombró albacea de su legado. Nadie nos ha explicado en qué momento el albacea pasó a ser el dueño de la colección y tan campante pudo venderla. Tampoco queda clara la negociación entre los nuevos propietarios y el Grupo Santander. Y no deja de llamar la atención el hecho de que el nombre de la colección ahora lleve un segundo apellido: Gelman Santander. ¿Es válido el atrevimiento? Los argumentos de nuestras autoridades culturales también dejan muchas dudas en el aire. ¡Cuántos atropellos, cuánto desacato! Queda el nombre de Jacques y Natasha Gelman impreso en la historia del coleccionismo y el mecenazgo en México. Pero el futuro de esta inigualable colección es incierto. La historia no para aquí… ●

Arte y pensamiento

Tomar la palabra/ Agustín Ramos 8 de marzo, dura ternura

CUÁL ES LA diferencia entre retirar las estatuas del Che y Fidel y quitar la de Colón?

El retiro de las estatuas de dos héroes sobresalientes de la Revolución Cubana lo decidió la titular de la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX, Alessandra Rojo de la Vega, quien en el colmo de la estupidez difundió esta frase que le pareció bonita y buena para endulzar su odio: A riesgo de parecer ridículo, digo que el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. Ni por aquí le pasó a la pobre que estaba citando al mismísimo Che Guevara.

Por otra parte, el retiro de la estatua de Cristóbal Colón fue un acto colectivo, realizado al margen de lo institucional y en contra del principio de realidad masculino. En resumen, esta fue una acción de la sociedad, solidaria y tierna (como diría la poeta); mientras que aquél fue un gesto despótico.

La glorieta del Paseo de la Reforma aún conserva el majestuoso pedestal tallado en granito rosa que sostuvo el conjunto escultórico en honor al colonizador por antonomasia, pero ya no lleva encima las estatuas de Colón y sus alcahuetes religiosos. En lugar de ello, hay un símbolo erigido por activistas femeninas, para representar las demandas más sentidas y menos atendidas de la gente común.

Al principio fue de madera y representaba la imagen de una niña de falda y pelo corto con el puño izquierdo en alto… La instalaron un día antes de que se cumpliera otro aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, con la asistencia de los padres y madres de estos jóvenes. Hoy domingo, 8 de marzo, esa rotonda, denominada Glorieta de las Mujeres que Luchan, vuelve a ser el corazón de una conmemoración profunda, tierna y dura, justa, del pueblo y para el pueblo.

Amén de las infiltraciones para provocar disturbios, la cultura de los antimonumentos seguirá profundizándose y extendiéndose. Y precisamente por tratarse de un tributo a la memoria histórica, me atrevo a señalar que la Estela de Tlatelolco, puesta en la Plaza de las Tres Culturas por iniciativa del dirigente politécnico del ‘68, Raúl Álvarez Garín, constituye la raíz de tal cultura.

Sin embargo, no puedo olvidar, en esa misma línea, que en 1972 el artista Mario Falcón aprovechó, tanto la huelga de trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, como el diseño arquitectónico de la fachada poniente de la entonces Facultad de Ciencias, para pintar un mural con los rostros del Che, Genaro Vázquez, Zapata, Morelos y Quetzalcóatl. Esa obra, por lo demás muy bien resuelta, desapareció sin ruido ni protestas, quizá porque su autor fue protagonista, junto con Miguel Castro Bustos, del asalto porril a la rectoría de la UNAM.

A pocos pasos de ahí, en la que fue Torre de Ciencias y ahora es Torre II de Humanidades, cultivando la costumbre antimonumental, se colocó un busto en homenaje a Samir Flores Soberanes, heroico dirigente comunitario de Morelos, que se oponía al megaproyecto de una central termoeléctrica y un gasoducto, por el consecuente peligro de desabasto de agua y catástrofe ambiental.

Samir fue asesinado en febrero de 2019, en vísperas de una consulta pública que avalaría o rechazaría el proyecto. El crimen fue uno más de los que abundan, con oprobiosa oportunidad e impunidad, cuando de descabezar la defensa de la tierra contra el extractivismo y la megalomanía depredadora se trata... A siete años de ocurrida, esa muerte sigue sin esclarecerse. Pero, en cambio, el actual porro de la rectoría de la UNAM ordenó retirar el busto de Samir, con puntualidad digna de premiarse con una embajada ●

Biblioteca fantasma/ Evelina Gil

La novela espectral

ALGUIEN COLOCÓ ESTE pequeño libro en mis manos como si de una granada se tratara. Escabroso misterio en el que si bien consta el nombre del autor y un título abracadabrante, no ofrece mayores señas. Mi alma de detective lo agradeció: es lo más parecido a un hallazgo extradiegético físico con que me he topado, y acepté el reto que supone desde la portada misma. Para desarrollar esta reseña, por supuesto, había que rastrear tanto a los involucrados como la intención misma del autor al autosuprimirse de su texto.

Tú y yo, una novelita rusa (Antílope, México, 2026) está firmada por Juan Cárdenas (Popayán, Cauca, 1978), escritor colombiano que pudo elegir su elegante nombre real, Juan Sebastián, como nombre de pluma, pero ha optado por una suerte de esencialismo que cala la totalidad de su obra y se extiende hasta su intimidad, palpable a través de esta novela de ficción especulativa narrada en párrafos abruptos que fungen como versos. Respetable traductor de William Faulkner y Eça de Queirós, entre otros, aúna al misterio que impregna esta edición una suerte de manifiesto inaugural: Tú y yo, una novelita rusa, nos dice, es una “novela meme”. De ahí que cada página empieza con la frase “tú y yo” y cierra con “No sé, piénsalo”. El propio autor cavila que esa es justo la esencia del meme, utópico estímulo que ampara desde las fantasías más ingenuas hasta las más aberrantes. La idea de una “novela meme” surge en conjunto con una propuesta académica para redactar un ensayo sobre ficción contemporánea, “Vivimos en el mundo de las ficciones que nos alertan sobre el fracaso de las utopías políticas.” En Fragmentos del discurso amoroso, continúa Cárdenas, Barthes alerta sobre la infinita soledad de dicho discurso, “ignorado o despreciado o escarnecido […] separado no sólo del poder sino también de sus mecanismos (ciencias, conocimientos, artes)”. De esta fuente abreva esta “novelita rusa”, un juego lírico mezcla de metaficción, ficción especulativa, ensayo político y

poesía, protagonizada por una pareja de agentes dobles, encarcelada pero con una insospechada libertad que, en cierta forma, expone cómo los enamorados, bajo cualquier circunstancia, simbolizan de amor un acto de permanente vigilancia: “El Futuro es un recuerdo/ cada vez más borroso.”

A través de esta “novela meme” vemos a la pareja, narrada casi en exclusiva por el varón, disfrutando de una serie de beneficios y delicias culinarias en prisión, combinadas con ejercicios al aire libre que les permiten fijarse en los tatuajes de otros reos que, descubren, conforman un mapa para escapar de aquel lugar donde la única obligación consiste en escribir telenovelas que trastoquen la realidad del país. En su narrativa y en su objetivo intrínsecos se parapeta el valor universal de esta historia de amantes, cuyo único persecutor son ellos mismos y su amor, una prisión trastocada en instalación al interior de un iglú.

La portada es de la pintora argentina Inés Isaurralde (1984), que a su vez se disfraza acá de la pintora rusa Lyubov Popova, a quien se atribuye un primer diseño de algo semejante a los memes actuales. Inés se desplaza, asimismo, bastante discreta, más que el propio Cárdenas, pues cuenta apenas con un discreto perfil en Instagram donde expone su obra sin aspavientos, en particular portadas de libros que ella misma pinta. Popova, por su parte, es la “famosa” de este proyecto que la honra a través de la recreación narrativa y visual de sus formas geométricas. Nacida en Krasnovidovo en 1889 y fallecida en Moscú en 1924 (una vida breve), fue una artista de vanguardia vinculada a corrientes diversas, cuyo sello personal consistía en recrear obras literarias bajo formas laberínticas e inquietantes. El futuro consiste en una posible manera de narrar que inmola el espacio pero no el signo ni la emoción. “Mis textos ‒dice Cárdenas‒, tienen una voluntad de intervención, de remoción, de tratar de sacudir políticamente.” ●

Bemol sostenido/

Arte y pensamiento

▲ Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.

Alonso Arreola @escribajista

En esa otra realidad

A SETENTA Y dos horas de caído el Mencho, lectora, lector, escribimos las siguientes líneas para nuestras redes sociales. Casi de inmediato pensamos replicarlas en este espacio, con más contexto, pues hablan de un efecto dominó que, más allá de la política o el futbol ‒y en el caso específico de la música‒, tendrá implicaciones profundas en todo 2026. Comienza la cita.

Hoy 24 de febrero de 2026, en esa otra realidad, estaríamos en Guadalajara, tierra de la familia y luego nuestra, porque mañana hubiera arrancado la Feria Internacional de la Música a la que asistimos anualmente (se pospuso). Allí teníamos programadas dos actividades especiales (una Oponencia de nuestro ciclo Versus, con Cecilia Toussaint, y un conversatorio con Amaury Vergara, dueño de las Chivas).

Además, estaba el plan de ver a los hermanos de Troker (haremos nuevas travesuras juntos) y a muchos colegas queridos con quienes, como siempre, tomaríamos el anochecer por asalto para rematar en La Copa de Champagne o el Bar Américas, haciendo preludio en La Fuente o el Peter Brown. Sí. En esa realidad la semana hubiera concluido con Lila Downs en el festival Portamérica Latitudes. Y claro, seríamos “felices”, y brindaríamos y nos despediríamos planeando ya el siguiente año. Sin embargo, no fue así. Y está bien.

Pese a las afectaciones del presente a lo largo y ancho del país, deseamos que la crisis sea por el bien del futuro común. Uno en donde ya no se evite el enfrentamiento con quienes nos violentan; uno en donde el gobierno actúe a partir de la autonomía y la inteligencia y, sobre todo, aceptando que la sangre no responde al populismo verborreico. Así pues, desde esta nueva realidad, va el respeto sincero a quienes detentando poder no se corrompen y, claro, a los militares rectos que actúan en defensa nuestra. Buen duelo a sus deudos (que somos todos). Termina la cita. Entonces, ¿por qué compartir esto? Además de que se pospuso la Feria Internacional de la Música comenzaron a caer otros andamios. Numerosos proyectos se vieron comprometidos por lo que vivimos en México, sí, pero sobre todo por el impacto mediático en el extranjero. En nuestro caso, verbigracia, teníamos proyectadas colaboraciones con artistas franceses y españoles que, dada la “nueva” realidad, están renunciando a visitarnos. Algo que entendemos desde su posición, pero que desde la nuestra duele profundamente, pues ‒llámenos ingenuos y repetitivos‒ pensamos que estos cambios plantean un mejor futuro. El asunto de fondo, creemos, es que prácticamente todos los medios de comunicación han amplificado nuestra situación a niveles de Hollywood. Sólo hay que ver la forma en que dan las noticias, sea en la BBC de Inglaterra, en France Télévisions de Francia, en la RAI italiana o en la RTVE española; en todas utilizan imágenes sin contexto y musicalizaciones estridentes, como si pasaran adelantos de Rambo o Terminator. (Y en México no nos quedamos atrás, por supuesto.)

Así las cosas, habrá que ver cuántos son los músicos, actores, deportistas, empresarios que suman sus cancelaciones en estas tierras. Habrá que ver si los medios se atemperan y, sobre todo, si los grupos delictivos limitan su venganza a sus pares y no a la población entera. (Eso sobre todo.) En fin. Disculpe la torpeza y desorden de estas líneas, redactadas cuando las aguas siguen tan agitadas como nuestros sentimientos. Y reciba un abrazo. Porque sí, todos seguimos en duelo. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

Sorpréndeme, Oscar (I de II)

PUESTO QUE JAMÁS han faltado nexos entre cine y política –y tal vez dichos nexos son en estos días aún más acusados que de costumbre–, será interesante ver lo que suceda con Fue sólo un accidente (2025) en la nonagésima octava entrega de los premios Oscar, que se entregan de hoy en ocho. Escrita, coproducida y dirigida por Jafar Panahi, la cinta está nominada en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa, y la razón de la expectativa es simple: si bien se trata de una coproducción entre tres países –los otros dos son Francia y Luxemburgo–, uno de ellos, y el principal, es Irán, es decir, el país más recientemente elegido para ser calumniado, asediado, bombardeado, intervenido e invadido –falta ver en qué medida lo consigue– por el actual gobierno estadunidense, con la colaboración del genocida Estado de Israel, principal brazo armado en Medio Oriente del igualmente genocida gobierno de Donald Trump.

A la muy politizada y muy poco seria Academia cinematográfica que despacha en Hollywood podría venirle bien premiar a un cineasta históricamente incómodo para el régimen islámico iraní, contra el cual Panahi se ha expresado en numerosas oportunidades, que lo ha encarcelado un par de veces, le ha prohibido salir del país y lo ha acusado de “antinacionalismo” precisamente por su obra. Es claro que, para los intereses de la poderosa y abundantemente proisraelí maquinaria fílmica estadunidense, sería muy provechoso premiar a Panahi, pero hay cuando menos un par de peros: a principios del presente siglo, el cineasta fue maltratado en Estados Unidos por un asunto meramente burocrático que derivó en exceso, grosería y escándalo, con Panahi esposado, retenido durante horas en los separos del servicio gringo de migración y devuelto a Hong Kong –sólo estaba de paso rumbo a Uruguay. Si acaso le dieran un Oscar, muy difícilmente iría a recogerlo, no sólo por el citado antecedente sino, sobre todo, por lo inmanejable que podría ser la presencia de un iraní en el país que está bombardeando su país –y claro, faltaría que Panahi quisiera.

De cualquier modo, y sólo hablando de calidad fílmica reconocida, Fue sólo un accidente, que ya ganó entre otros reconocimientos la más reciente Palma de Oro en Cannes, no necesita en absoluto al monigotito gringo.

Lo premiado y los premiadores

PARA QUIEN IGNORE la verdadera naturaleza del Oscar y siga creyendo que se trata de algo cinematográficamente serio, o que no se trata nada más que de un trofeo con el cual, además de grandes negocios, lo que suele hacerse es política, van algunos datos: de los aproximadamente 9 mil 900 miembros de “la academia” que votan en las diferentes categorías a premiar, setenta y cinco de cada cien son hombres, y sólo una quinta parte pertenece a etnias minoritarias. En otras palabras, entre setenta y cinco y ochenta por ciento de los premiadores son hombres blancos. Eso explica, y no sólo ahora sino en términos históricos, lo que le parece bueno a la poderosa industria cinematográfica estadunidense: todo aquello que convalide, reproduzca o ensalce sus “valores” y, para evitar señalamientos de racismo, clasismo y demás ismos, de vez en cuando y con cuidado uno que otro premio “a la diversidad”, ya sea étnica, de clase o de género.

Por lo demás, la decena de nominadas a Mejor Película –Bugonia, F1, Frankenstein –entran suspiros nacionalistas poco justificables–, Hamnet, Marty Supreme, One Battle After Another –la maravilla de Paul Thomas Anderson que “debería ganar”–, O Agente Secreto –la brasileña que muy probablemente gane como “de habla no inglesa”–, Sentimental Value, Sinners y Train Dreams–, unas más que otras pero en el fondo cualquiera, tiene lo suficiente como para que la panda anglosajona dominante la declare ganadora.

Otra cosa sería si en la hollywoodense competencia hubiera entrado Kuangye Shidai –“tiempos salvajes” en chino–, también llamada Resurrection, dirigida por Bi Gan, un filme prodigioso de los que se ven cada muchos años (Continuará).

Ataques a la diversidad:

la lectura como antídoto

ESTOS TIEMPOS ACIAGOS HAN TENIDO UN PROFUNDO EFECTO EN TODOS LOS ÁMBITOS. EN MÉXICO, LA CULTURA, ESPECÍFICAMENTE EN EL MUNDO DE LOS LIBROS Y LAS EDITORIALES, HA REACCIONADO PARA MANTENER Y FOMENTAR LA DIVERSIDAD QUE TANTO IRRITA A LOS TRUMP Y LOS MILEI, MEDIANTE LA TRADUCCIÓN DE AUTORES DE DISTINTAS LATITUDES. ESTE ARTÍCULO DA ALGUNOS EJEMPLOS.

HOY LA NOCIÓN de exilio cambia con las políticas fascistas de Donald Trump, la persecución del migrante económico lo transforma en un exiliado político: lo exilian de su migración, lo exilian de su exilio; no regresa, lo expulsan. ¿Cómo asumir la actitud de Trump ante Gaza o ante Venezuela o Cuba? Dice, desde la posición del propietario, que a Gaza la “vamos” a hacer nuestra para reconstruirla y volverla un lugar civilizado, y a Venezuela y Cuba libres según su muy estrecho concepto de libertad. Lo que entiende por civilizado es un resort turístico. Las comillas en la palabra “vamos” tienen como finalidad expresa referirse a todos aquellos que no nos sentimos representados por ese plural retórico. Igualmente comprar Groenlandia: apropiarnos del territorio o del otro, por amplios o estrechos que sean los márgenes de su otredad, no importa, hay que anularlo, someterlo a un bloqueo homicida o secuestrar a sus gobernantes.

Frente a la condición siniestra de esta ideología hay algo peor: la anulación de la misma cultura desde sus raíces, precisamente las otredades. Si esa visión triunfa no nos podemos siquiera imaginar lo que se habrá perdido en la idea de civilización. Habremos pasado a ser exiliados del mundo democrático, frente al arraigo deseado seremos seres condenados ‒porque no es elegido‒ al nomadismo espiritual. Por eso es tan importante la defensa de las diferencias.

Frente a la razón del “propietario del planeta” que representa el discurso de Donald Trump es evidente que, en distintos ámbitos, desde el político y el cultural, pasando por el espiritual y el social, hay una razón, a veces ni siquiera racional sino puramente instintiva, de proteger una idea de

civilización. En México, por razones de vecindad física y dependencia económica hay un miedo que está a punto de volverse terror. El buen quehacer político del gobierno de Claudia Sheinbaum no nos quita del todo esa sensación. En el terreno de la cultura es evidente que, planeada o no, hay una reacción del organismo reforzando anticuerpos, por ejemplo, los de la bibliodiversidad. He puesto en otras ocasiones el ejemplo de una experiencia propia: en una Feria del libro de Guadalajara estaban uno junto a otro los stands de la editorial Akal, en donde trabajaba yo, con una oferta de más de quinientos títulos, y una en que se vendía un solo libro, del cantante Diego Verdaguer. El contraste era evidente: multitudes con el libro de cienciología (según recuerdo). Hoy las editoriales, sobre todo las pequeñas y las independientes, están apostando por una diversidad que no sólo atañe a los temas y géneros, sino también a los ámbitos geográficos. Los Premio Nobel Han Kang y a László Krasznahorkai son una buena muestra en el aspecto más visible que contrasta con el ridículo Nobel de la Paz a María Corina Machado. Así, en México se empieza a dar un lugar a las literaturas en lenguas indígenas escritas hoy, es decir, no a recuperaciones de carácter antropológico e histórico, sino a una literatura actual. En los festivales de poesía suele haber autores en esas lenguas que sorprenden a los que escuchan con una sonoridad extraña, como venida de otro mundo (y es más que una metáfora: sí es otro mundo). La alteridad, la convivencia con ella y su

fomento, es una manera de defenderse del neofascismo a la Trump o a la Milei.

Como lector me pregunto cuál es mi ámbito lingüístico y geográfico: leo mucho a escritores mexicanos y en español, menos a aquellos que escriben en francés o en inglés, con la dificultad del manejo de la lengua y de conseguir los libros, incluso en el universo de Amazon. Ya olvidémonos de lenguas más lejanas o simplemente totalmente ajenas (por ejemplo, el caso de la literatura coreana).

En los festivales de poesía suele haber autores en esas lenguas que sorprenden a los que escuchan con una sonoridad extraña, como venida de otro mundo (y es más que una metáfora: sí es otro mundo). La alteridad, la convivencia con ella y su fomento, es una manera de defenderse del neofascismo a la Trump o a la Milei.

Me sorprende, sin embargo, el interés que despiertan en otros y a veces también en mí, literaturas de distintas regiones y lenguas que tengo que leer en traducción, porque eso, la traducción, es un esfuerzo adicional al editar. Aumenta los costos y no siempre parte de una certidumbre en las ventas. El Nobel asegura un cierto número de lectores para un autor noruego o coreano que no sea conocido en español. Por eso me parece importante resaltar la labor que está haciendo en este momento Ediciones del Lirio. Menciono algunos ejemplos: Diez poetas clásicos irlandeses (traducción y prólogo de Jorge Fondebriden). En efecto, está el original escrito en inglés, pero es un inglés de Irlanda, en muchos sentidos otro inglés, como puede ser el de Australia (Les Murray) o el del Caribe (Derek Walcott). A los dos los ha traducido de manera espléndida José Luis Rivas. Sobre el asunto irlandés volveré en el futuro. Me interesa destacar tres libros de narrativa: Pescador del río Padma, cuya primera edición se publicó en 1936, hace noventa años, y en bengalí y en juego de espejos, la novela Princesa negra de dos estambres de Anisuz Zaman, traductor de la primera. Si le pregunto al lector ¿qué escritores indios ha leído? Es posible que me diga, si acaso, el hoy un poco olvidado Rabindranath Tagore, pero nada más. Y para terminar agrego otra novedad de Ediciones del Lirio, Brisa Marina de la escritora austríaca Carolina Schutti (traducción de Johanna Malcher). Cada vez que en la televisión o en la web se dé noticia de alguna de las barbaridades de Trump, corra a buscar y a leer libros como éstos ●

▲ Concepto de la imagen: Rosario Mateo. Realizada con IA.

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