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La Semanal 8/2/2026

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PREMIO NACIONAL DE ARTES Y LITERATURA 2025

IRMA PALACIOS

Y EL ARTE COMO CASA PROPIA

“Calles de Mineápolis”: el Jefe Springsteen contra la barbarie Miguel Ángel Adame Cerón

Jesse Welles, Body Count y la nueva canción de protesta Alonso Arreola

8 de febrero de 2026 // Número 1614

Portada: Rosario Mateo Calderón. Irma Palacios. Foto: La Jornada / Cristina Rodríguez.

PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS Y ARTES 2025. IRMA PALACIOS Y EL ARTE COMO CASA PROPIA

A sus ochenta y dos años de edad, y con más de cinco décadas de actividad profesional, la pintora y artista plástica Irma Palacios ha sido merecidamente galardonada con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2025. Egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, la nacida en la guerrerense ciudad de Iguala fue la primera en recibir el premio de la Bienal Rufino Tamayo y, entre otros reconocimientos y estímulos, recibió la Beca Guggenheim. En sus numerosas exposiciones queda claro que Palacios es una de las pintoras abstractas más relevantes no sólo de México, sino de la plástica internacional. Con esta entrega nos sumamos a la celebración de una artista que ha hecho del arte una casa propia y ha sabido plasmar en su obra el espíritu de toda una época.

DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade

DIRECTOR: Luis Tovar

EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón

LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores

PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008121817375200-107, del 18/XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/ XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

“CALLES

DE MINEÁPOLIS”:

ELJEFE SPRINGSTEEN CONTRA LA BARBARIE

Tenía que ser Bruce Frederick J. Springsteen (Freehold, Nueva Jersey, 1949). El Jefe, el líder, el gestor del rock ético, crítico y defensor de los derechos humanos, el referente del rock honesto, el comprometido con los trabajadores, la justicia social y la democracia, que asume con su vida, sus canciones y su música lo problemático y lo importante que resulta haber nacido en Estados Unidos.

Bruce Springsteen, el narrador, poeta y vagabundo de las calles de las ciudades estadunidenses, el que se quiere beber las noches estrelladas y que en sus largos y profundos conciertos se entrega sin cortapisas como músico e interlocutor para compartir experiencias de su vida. El activista político que aboga por la justicia social y política y que lo refleja y lo practica en sus actos, su música y sus narrativas. El que denuncia, el que se apasiona con el amor, con sus amores, el que le pide a su amada que se fundan en besos eternos “porque la noche nos pertenece…”

El hijo de un trabajador de la industria automotriz, el que se alimentó de las luchas obreras, de la literatura social contracultural (J. Steinbaeck, F. O’Connor, J. Kerouac) y del rock de los años sesenta, el que fue admirador de la ola inglesa (Beatles, Kinks, Rolling Stones, Animals), de Bob Dylan, Elvis Presley, Woody Guthrie, Roy Orbison, Joan Báez, Van Morrison y de Neil Young; el amigo de Pattie Smith y de Tom Morello. El gestor financiero y promotor musical de las bandas de rock de Nueva Jersey, incluyendo su propia banda: E Street Band (Banda de la Calle E, de Belmar New Jersey). El que denuncia la avaricia corporativa rapaz que propició la gran recesión de 2007-2008 (“Death to My Hometown”), el que advierte sobre cómo los demagogos explotan a la gente desesperada ofreciendo soluciones fáciles a sus problemas (“Reinmaker”: “Dice que la noche es día y el día es noche/ Dice que cierres los ojos y duermas ahora/ Estoy en un campo en llamas descargando perdigones contra las nubes bajas.”)

▲ Bruce Springsteen. Foto: AFP.

Al que usa de terapia contra la depresión su música, sus canciones y sus giras de conciertos en directo. El que ha grabado más de veinte álbumes de 1973 a 2025. El que arremete sin miedo al neofascista presidente del imperialismo descarnado de Estados Unidos, el país que Bruce sueña hacer democrático y solidario.

Contra Trump y por una Tierra de sueños y esperanza

Lo expresó así recientemente:

La poderosa E Street Band está aquí esta noche para invocar el poder del arte, la música y el rock & roll en tiempos difíciles. Mi hogar, los Estados Unidos de América que amo, la América sobre la que he escrito… está actualmente en manos de una administración corrupta, incompetente y traidora. Esta noche pedimos a todos los que creen en la democracia y en lo mejor de nuestra experiencia estadunidense que se unan a nosotros, alcen sus voces contra el autoritarismo y dejen resonar la libertad. Esta es “la Tierra de Esperanza y Sueños”.

Lo dijo en la inauguración de su gira europea en enero de 2025 en Co-op Live en Manchester, Inglaterra. Igualmente en junio de 2025, en su concierto en Berlín, en sus breves discursos hizo referencia a titulares recientes sobre redadas migratorias y sobre la congelación de fondos federales para universidades y para hacer frente a brotes de epidemias como el sarampión; en la interpretación de sus canciones había subtítulos en alemán en pantallas gigantes junto al escenario que se encontraba flanqueado por una bandera estadunidense a un lado y una alemana al otro. En general, en su gira europea de 2025 en todos los conciertos denunció la degradación democrática en Estados Unidos, mostrando su posicionamiento político a favor de un gobierno estadunidense democrático y no de un trumpismo dictatorial y autoritario. Pero al hitleriano neocolonialista presidente Donroe Trump no le ha gustado que The boss Springsteen critique su gobierno y sus políticas represoras y reaccionarias y, a pesar de haber usado canciones como “Born in the USA” en sus mítines, ha dicho que es un músico sobrevalorado y que su música nunca le ha gustado, y lo ha calificado de “tonto como una piedra” y un “patán”, insultándolo de “imbécil prepotente y desagradable”; incluso le dijo que “mantuviera la boca cerrada”. Pero a Bruce Springsteen eso le vale un bledo.

Las calles de Mineápolis, el concierto masivo y las protestas

EL VIERNES 30 de enero de 2026, el Jefe apareció por sorpresa como invitado especial en Mineápolis, en un concierto de protesta masiva contra las políticas migratorias de la administración Trump que han tenido como fatal resultado el asesinato -por parte de la brutal policía ICE del que se cree “rey”- de dos ciudadanos estadunidenses por disparos de los agentes federales que, a decir del propio Springsteeen, “usan tácticas de la Gestapo contra sus propios ciudadanos”. Como bien se sabe, se trata de la madre y poeta Renée Good (37 años, asesinada el 7 de enero) y del enfermero Alex Pretti (37 años, asesinado el 24 de enero).

Sprigsteen interpretó por primera vez en público su canción de protesta “Streets of Minneapolis”, compuesta como respuesta a las muertes y

▲ Pancarta humana en Ocean Beach durante una protesta en medio de las redadas federales de inmigración en Estados Unidos y los disturbios en Minneapolis. San Francisco, 31 de enero de 2026. Foto: AP / Stephen Lam/San Francisco Chronicle vía.

como homenaje a los ciudadanos de Minnesota por su resistencia a las redadas antiinmigrantes de ICE (Inmigración y control aduanero: Inmigration and Customs Enforcement) y la patrulla fronteriza.

Según el propio compositor de “Streets of Minneapolis”, compuso la canción en un solo día (el sábado 24 de enero), la grabó al siguiente día y la lanzó un día después (lunes 26). Springsteen describió el tema como una reacción inmediata al “terror de Estado” tras las muertes y las represiones brutales de los manifestantes. La cantó con su guitarra acústica y su armónica ante miles en el Concert of solidarity & Resistence to Defend Minnesota, organizado por Morello (de Rage Against the Machine), quien arengó:

Hermanos y hermanas, si parece, actúa, viste, habla, mata y miente como fascista… es un jodido fascista que está en la ciudad y debe ser resistido, denunciado, derrocado, expulsado por los propios ciudadanos como agentes de lucha contra el fascismo, como ustedes y como yo; nadie va a venir a salvarnos excepto nosotros mismos. Por enfrentarse heroicamente a la administración Trump, Mineápolis es inspiración para toda la nación por defender la democracia y la justicia.

En el evento participaron además Al di Meola e Ike Reilly, y al final todosinterpretaron y cantaron “Power To The People”, de John Lennon. Pero aquí y ahora cantemos:

Calles de Mineápolis

A TRAVÉS DEL hielo y el frío del invierno Por la avenida Nicollet

Una ciudad en llamas enfrentó fuego y hielo Bajo las botas de un ocupante. El ejército privado del rey Trump, del DHS. Con armas colgadas del cinturón sobre los abrigos

Llegó a Mineápolis para hacer cumplir la ley O eso dice su versión

Contra el humo y las balas de goma

A la primera luz del amanecer

Los ciudadanos se alzaron por la justicia

Sus voces resonaron en la noche

Y hubo huellas sangrientas

Donde debería haber misericordia

Y dos muertos, dejados morir en calles cubiertas de nieve

Alex Pretti y Renee Good

Ah, nuestra Mineápolis, escucho tu voz

Cantando a través de la niebla ensangrentada

Tomaremos posición por esta tierra

Y por el migrante entre nosotros

Aquí, en nuestro hogar, mataron y patrullaron

En el invierno de 2026

Recordaremos los nombres de quienes murieron

En las calles de Mineápolis

Los federales de Trump golpearon

Su rostro y su pecho

Luego escuchamos los disparos

Y Alex Pretti quedó tendido en la nieve, muerto

Dijeron que fue defensa propia, señor

No crea lo que ven sus ojos

Es nuestra sangre y nuestros huesos, y estos

silbatos y teléfonos

Contra las sucias mentiras de Miller y Noem

Ah, nuestra Mineápolis, escucho tu voz

Llorando a través de la niebla ensangrentada

Recordaremos los nombres de quienes murieron

En las calles de Mineápolis

Ahora dicen que están aquí para hacer cumplir

la ley

Pero pisotean nuestros derechos

Si tu piel es negra o morena, amigo mío

Pueden interrogarte o deportarte en el acto

En nuestros cantos de ¡ICE fuera ya!

El corazón y el alma de nuestra ciudad persisten

Entre cristales rotos y lágrimas de sangre

En las calles de Mineápolis

Ah, nuestra Mineápolis, escucho tu voz

Cantando a través de la niebla ensangrentada

Aquí, en nuestro hogar, mataron y patrullaron

En el invierno de 2026

Tomaremos posición por esta tierra

Y por el migrante entre nosotros

Recordaremos los nombres de quienes murieron

En las calles de Mineápolis

ICE fuera, ICE fuera ●

El horizonte cultural e intelectual de Carlos Monsiváis (1938-2010)es realmente amplio y complejo. La reciente aparición del volumen Monsiváis: bibliofilia, coleccionismo y redes culturales, coordinado por Mauricio Sánchez Menchero, busca un acercamiento a las múltiples facetas del gran Monsi, “con un equipo de colaboradores que afrontó la tarea de asomarse a las colecciones bibliohemerográfica, plástica, fotográfica, fílmica y de diversos temas, así como a la afición jazzística del cronista”.

CARLOS MONSIVÁIS Y EL COLECCIONISMO CONSTRUIR LA MEMORIA:

Para Ariel Corpus, por la complicidad constante.

Mi cuarto me expresa fielmente. Es una simple acumulación de libros y objetos, un teléfono invariablemente ocupado, un cuadro de Pedro Coronel, una colección de dibujos de Cuevas, un collage de Vicente Rojo, posters de Alfred Neuman, los Beatles y The Dynamic Duo, un gran afiche de Vaghe Stelle dell’Orsa […] En la pequeña sala, más libros y dos tocadiscos y, esparcidos profusamente entre los muebles, bajo los sofás, todos mis long y standard plays. Requiero del ruido sin cesar y deseo siempre estar al día en pop-music […] En este instante escucho “Strangers in the Night” y me dispongo a oír “Color me Barbra” y la vida musical de Agustín Lara. ¿No es esto eclecticismo? Carlos Monsiváis

Bibliofilia y eclecticismo compulsivo

SI EXISTE UNA PALABRA que puede definir la vida y obra de Carlos Monsiváis, bien puede ser bibliofilia, puesto que la afición que practicó por lo que tenía que ver con libros de toda monta, origen y género se volvió un mito que fue creciendo con los años. Cuando, en 2006, se decidió a abrir el Museo del Estanquillo para que, por fin, el gran público tuviera acceso al resultado plural de sus desvelos e incursiones, se cumplió lo que pocas veces ha sucedido en el ámbito de la cultura mexicana: que un compulsivo autor literario compartiese sus hallazgos minuciosos para deleite de las multitudes ávidas. Monsiváis acabó para siempre con la imagen solemne del intelectual serio dedicado a escuchar sólo música clásica y a pergeñar sesudos análisis de la literatura y el pensamiento universal. Para él todo era digno de atención y, como se ha dicho hasta la saciedad, abolió las diferencias entre alta cultura y cultura popular. Al establecerse la Biblioteca Personal en la Biblioteca de México fue posible abordar en conjunto la parte relacionada directamente con los libros y el archivo documental. Por todo lo anterior, al acercarse a Carlos Monsiváis: bibliofilia, coleccionismo y redes culturales (UNAM/Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, 2025), coordinado por Mauricio Sánchez Men-

chero, queda la sensación de que, una vez más, el autor de Los rituales del caos sigue siendo inatrapable e inabarcable. Después de su muerte aún no es posible asomarse al corpus, ya no digamos completo de su obra escrita dispersa, sino que sus colecciones de todo tipo ni siquiera han sido medianamente ordenadas o clasificadas. Lo conseguido por este investigador de tiempo completo y director del CEIICH de la UNAM, con todo y ser muy valioso, no le hace justicia a una de las vetas más escurridizas del universo monsivaíta, la del coleccionismo ecléctico que abarcó unas seis décadas. Ciertamente su explicación introductoria es muy meritoria, pues da fe de cómo luego del apoyo de un proyecto académico de la UNAM formó un equipo de colaboradores que afrontó la tarea de asomarse a las colecciones bibliohemerográfica, plástica, fotográfica, fílmica y de diversos temas, así como a la afición jazzística del cronista. Monsiváis se autodefinió como “un cuario en oposición a los anticuarios, aquellos sujetos con afán mercantil que comercian con el pasado en búsqueda de acumular riquezas”. Con todo, a medida que un lector se adentra en los tres ensayos que componen el no tan extenso libro, va quedando un cierto sabor de incompletud

▲ Carlos Monsiváis. Imagen de la portada del libro Los rituales del caos

que no se supera ni con la clara intención de los autores de mostrar las dimensiones elefantiásicas de su objeto de estudio. Los textos dejan la impresión de una timidez excesiva a la hora de exhibir la manera en que articulan su análisis, no tan teórico (lo que es de agradecer), para conseguir esta primera entrega de un estudio que amenaza prolongarse en otros esfuerzos bibliográficos. En su colaboración centrada en la bibliofilia, Sánchez Menchero se siente obligado, por ejemplo, a citar poemas que Monsiváis sabía de memoria, en un intento por acompasar su revisión, así como a incluir algunas referencias de autores importantes como Walter Benjamin.

Llega un momento en que resulta sobrecargado el recuento de libros (¡con todo y clasificación Dewey!) procedentes de las citas de la autobiografía de 1966, especialmente las que aparecen en las páginas 17 y 18. Sobre la Biblia, parada obligada para un protestante como Carlos Monsiváis, destaca que solamente sean ocho las ediciones que conformaron la biblioteca personal, aunque Sánchez Menchero evidencia el escaso conocimiento de la versión que más amó y que casi circulaba por su sangre: la Reina-Valera en su revisión de 1909, que no es mencionada específicamente. En diversas ocasiones le rindió homenaje con elogiosas palabras pero, sobre todo, con menciones y paráfrasis incansables a lo largo de todos sus libros y ensayos.

Más interesante es la reconstrucción de los pasos iniciales de Monsiváis en los espacios del periodismo cultural, pues permite apreciar cómo fue abriéndose paso entre los nombres sobresalientes de su época juvenil hasta formar parte de la Mafia, lo que le abrió las puertas para publicar… y para conseguir las dedicatorias de todos los escritores/ as importantes y así abultar progresivamente su biblioteca: “Se convirtió en el interfecto idóneo al que se recurría en caso de requerirse alguna recomendación que, bajo otras intermediaciones, habría resultado incómoda; zurcía lazos rotos y creaba otros nuevos.” En ese ambiente, la obsesión acumulativa encontró un cauce casi natural, pues el afán por hacerse de objetos deseables estuvo en relación directa con las redes culturales a las cuales se integró. Los libros fueron el inicio de los “rincones” y las “esquinas” a los que alude el texto de Sánchez Menchero al hablar de “una estructura más compleja y mediante la cual se configuró una especie de grupo

Monsiváis acabó para siempre con la imagen solemne del intelectual serio dedicado a escuchar sólo música clásica y a pergeñar sesudos análisis de la literatura y el pensamiento universal. Para él todo era digno de atención y, como se ha dicho hasta la saciedad, abolió las diferencias entre alta cultura y cultura popular.

intelectual enfocado en fomentar, construir y constituir las directrices de la cultura mexicana durante [el] siglo XX”. “Para seguir la pista a su coleccionismo resulta indispensable identificar cuáles fueron sus conexiones con algunos de los miembros de las diferentes generaciones.”

Surge ahí el énfasis en la amistad con José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Elena Poniatowska, cómplices de toda la vida, gracias a la cercanía de edad, mediante dedicatorias de ida y vuelta entre ellos para demostrar la forma en que funcionaban esas redes culturales interpersonales como parte de la historia intelectual y la sociabilización de las ideas. Mucho de lo incluido sobre la labor escritural de Monsiváis es interesante, pero guarda poca relación con el tema del ensayo aun cuando remite a los azares de su creciente biblioteca, que comenzó a incluir temas diversos de la literatura. Como conclusión, se afirma:

Su oficio polígrafo lo condujo a convertirse en un empedernido bibliófilo, gatófilo y coleccionista de estampas y fotos, discos y películas. […] El coleccionismo intelectual y popular de CM lo llevó a confrontar el mito del coleccionista del buen gusto. Él supo crear su propio gusto colec-

cionista en lugar de simplemente promulgarlo, dando cuenta de un enfoque diferente al de sus contemporáneos; de alguna manera, su propio coleccionismo resulta “mejor”: porque el gusto, ese proceso que distingue entre los objetos, aspira a ser visto como algo distintivo y distinguido” (énfasis agregado).

Los resortes de la acumulación

LA SECCIÓN ESCRITA por Minerva Rojas Ruiz es sobre todo un recuento del material resguardado en la Biblioteca Personal de Monsiváis (24 mil volúmenes), más la “Monsiteca”, y en el Museo del Estanquillo (20 mil piezas en su colección permanente). Al concentrarse en la colección de imágenes, sus “actos performativos del ver”, según la definición de Rose y Bal, señala cuatro usos que Monsiváis dio a los objetos coleccionados: afectivo, estético, documental y elicitativo de reacciones mediante algunos casos. Destaca el último, pues se sirvió de las imágenes “no sólo para ilustrar sucesos sino para relatar (y generar) reacciones emocionales frente a ellas”, además de hacer crítica social, algo en lo que se especializó. En un sonado caso (la censura de la Virgen Marilyn, en 1989), Monsiváis describió las imágenes no “para hacer una valoración sobre ellas, sino para ejemplificar el proceso social en que se inserta su puesta en circulación y las reacciones que suscitaron”.

Ese énfasis, el de la crítica social, es el que subraya Rojas Ruiz en la última parte, pues a la pregunta “¿Qué veía CM?” la respuesta es tajante: a partir de la mirada canónica, proponía otras y, “por ello mismo, resulta relevante su atracción hacia aquello a lo que los otros no ponían atención, los productos de los herejes, que en su momento eran marginales, muchos de los cuales después serían los autores consagrados, productores de las piezas reconocidas como icónicas, legendarias”. En otras palabras, la mirada del escritor también era heterodoxa, es decir, convertía en transgresores los objetos sobre los que posaba su atención. La autora agrega: “tendríamos que preguntarnos en qué medida esta consagración en la cultura urbana y por su conducto, en la nacional, llegó gracias a ser elegidos para ser mirados y reconocidos por un apóstol de la cultura citadina: el cronista de la capital”, porque “lo que hay en el coleccionismo de CM es una toma de posición en el sentido bourdieuseano del término”. Cada objeto agregado da cuenta de nuestro ser colectivo, añade. Al desafiar la ortodoxia y afirmar lo popular más allá de lo exquisito, concluye, “favoreció el desarrollo de un mercado alterno y se convirtió, finalmente, en su propio proceso de certificación”.

Redes sociales y jazz: los caminos del coleccionismo monsivaisano

EL QUE QUIZÁ ES el capítulo más creativo del volumen es el dedicado a la colección de jazz, de Ramiro Hernández Romero, pues explora una de las vetas legendarias de la afición del escritor, la música estadunidense por excelencia, ligada a su conocido interés por las gospel songs. El texto abre con una mención a John Coltrane, de quien curiosamente sólo hay un disco en la colección. La época de rebeldía de los jazzistas afroamerica/ PASA A LA PÁGINA 6

▲ Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis. Foto: La Jornada / José Carlo González.

VIENE DE LA PÁGINA 6/ CONSTRUIR LA MEMORIA...

nos coincidió con la etapa juvenil de Monsiváis, justo cuando se involucró con las organizaciones y luchas sociales. ¿Con qué intención recopiló tantos discos, no sólo de jazz?, se pregunta este autor, y responde desde la precariedad de una lista aún no clasificada del todo. Y señala: “Los discos para él fueron herramientas de pensamiento, análisis y fuente de información, pero también de contemplación, materiales para la creación de conciencia social y disfrute cotidiano.”

La excelente clasificación por etapas del jazz es lo más meritorio del ensayo, pues despliega para el escaso conocedor un universo accesible para dejarse llevar de la mano por Monsiváis y así profundizar inicialmente en esa zona de la cultura musical. La observación que hace Hernández Romero acerca de que muchos músicos negros se negaron a aceptar que su obra fuera reconocida como jazz es fundamental para clarificar lo que atraía a Monsiváis de esas creaciones. En ese sentido, es muy evidente que en sus frecuentes viajes a Estados Unidos consiguiera grabaciones que en México no estaban disponibles. Eso le permitió ser un “buen coleccionista” de jazz, algo que sólo desde una buena clase social podía lograrse, también gracias a sus contactos con una franja cultural más elevada. Así se fue acercando a los ritmos afroamericanos, no tan difundidos en el país de entonces. Como cronista presenció el jazz en el ascenso de los nuevos tiempos, ya modernos y alejándose de preferencias más tradicionales, aun cuando las fechas de adquisición fueron bastante recientes si se ha de creer a las opiniones de Pável Granados. Las secciones por género son: ragtime, Nueva Orleans-Chicago, boogie-woogie, swing, bebop, cool jazz y hard bop, y en cada una se incluyen aspectos técnicos e históricos que ayudan a situar los discos en perspectiva, pues muestran la evolución de esta música. Los de ragtime son los más antiguos y pertenecen al pianista Scott Joplin. En los de Nueva Orleans-Chicago, considerado como el más clásico, figuran el clarinetista y saxofonista Sidney Bechet, Louis Armstrong (con varios discos) y Bix Beiderbecke, quien fue una expresión más libre y rebelde. En cuanto al boogie-woogie se ofrece un breve resumen. Los ritmos del swing

▲ Biblioteca Carlos Monsiváis. Foto tomada de https://www.bibliotecademexico.gob.mx/info_detalle_mx.php?id=82 &area=INFO&galeria=s

Billie Holiday. De esta última, Monsiváis fue un verdadero apasionado: en alguna ocasión dijo que ya sólo le interesaba escucharla a ella, aun cuando Mahalia Jackson, intérprete de himnos, gospel y spirituals, fue su cantante favorita. Otros músicos que le interesaron fueron Robert Shaw Chorale, The Chad Mitchell Trio, Harry Belafonte y Miriam Makeba.

están representados por doce ejemplares de diversos intérpretes, entre ellos el pianista Duke Ellington, quien tocó en México en 1968, Fletcher Henderson y algunos más como Glenn Miller, Andy Williams, Erskine Hawkins, Nat King Cole, Paul Whiteman y Billie Holiday. De esta última, Monsiváis fue un verdadero apasionado: en alguna ocasión dijo que ya sólo le interesaba escucharla a ella, aun cuando Mahalia Jackson, intérprete de himnos, gospel y spirituals, fue su cantante favorita. Otros músicos que le interesaron fueron Robert Shaw Chorale, The Chad Mitchell Trio, Harry Belafonte y Miriam Makeba. Los ritmos más nuevos del jazz, que representaron la individualización de la interpretación de esta música, tuvieron un espacio importante en la colección. Allí sobresalen Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Bill Evans, Miles Davis (cinco discos), Chet Baker y Hank Mobley. Queda un gran faltante en esta exposición, puesto que Monsiváis fue un auténtico fanático de la música religiosa afroamericana, pero dado que no escribió gran cosa sobre ello, a sus exégetas les sigue faltando entrar al aspecto religioso de sus aficiones más profundas, en las que su protestantismo de raíz seguía muy vivo y presente. La manera en que sorprendía con los himnos que cantaba incluso a sus amigos más cercanos (algunos de los cuales cita en su Autobiografía), poco familiarizados con la cultura evangélica, se volvió poco menos que mítica. Su prima Beatriz se ha referido a cómo empezaba a escuchar himnos navideños desde el mes de octubre. Por último, el autor se acerca a los discos latinoamericanos y del Caribe, entre los cuales aparecen algunos músicos mexicanos (Chilo Morán, Pedro Plascencia, Tino Contreras y Rodolfo “Popo” Sánchez) y otros cubanos (Arturo “Chico” O’Farrill, Bebo Valdés, Mario Bauzá y el grupo Irakere). Hernández Romero reflexiona y concluye: “Sus discos coleccionados fueron herramientas de pensamiento, análisis, fuente de información y crítica, cuyo fin consistía en crear conciencia social. Al mismo tiempo, contemplación, disfrute de la cotidianidad social y reguladora de la normalidad social dominante.”

En el Epílogo, Sánchez Menchero lanza puentes para las futuras investigaciones sobre la pasión coleccionista de Monsiváis, señalando precisamente las muchas áreas que quedan pendientes para esos nuevos abordajes: “la religión, el arte, el cine o las interacciones latinoamericanas con círculos de intelectuales”. Este volumen es un intento loable de investigación de una de las muchas aristas de la voracidad con que el cronista se apropió de aquello que le interesó hondamente ●

▲ Cartel de laa exposición Monsiváis, el musical. Foto: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

DE LA RESTAURACIÓN:

EL TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES UN TRIUNFO

Este texto describe el proceso de restauración de la cúpula de Nuestra Señora de los Ángeles, obra que llevaron a cabo los arquitectos Valeria Valero y Antonio Mondragón, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, Santiago Huerta de la Universidad Politécnica de Madrid y Agustín Hernández de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, mediante “sistemas constructivos tradicionales y sus métodos de cálculo”.

En el número 1359 de La Jornada Semanal (21/ III/2021) reseñé cómo, después del sismo de 2017, se logró detener el colapso de la cúpula de Nuestra Señora de Los Ángeles, ubicada al norte de la colonia Guerrero.

acuerdo y fundaron sus argumentos en una teoría de cálculo, métodos de investigación y sistemas constructivos tradicionales.

Xavier Guzmán Urbiola

El templo, tal como lo vemos, fue levantado al final del siglo XVIII; Francisco Guerrero y Torres habría intervenido en él. El arquitecto Emilio Dondé lo reestructuró y terminó entre 1875 y 1888. Más tarde, ya en el siglo XX, el arquitecto Federico Mariscal colocó la enorme imagen de la portada. En este largo proceso ganó importancia. Un tercio de la cúpula ‒540 toneladas cayeron‒ el 22 de septiembre de 2017, por lo pesado de su linternilla (30 toneladas), porque este último elemento perdió verticalidad y se asoció a grietas previas, por falta de mantenimiento (registraba humedad y, al analizar su mampostería el junteo del mosaico la retenía), por los hundimientos diferenciales del suelo y desde luego por el temblor. En función de la teoría convencional de cálculo, que suele aplicar la reconocida ingeniería mexicana e internacional, varios especialistas dictaminaron que, dado el daño y su colindancia con una escuela, la cúpula debía demolerse. Sin embargo, con empatía hacia el inmueble, los arquitectos Valeria Valero y Antonio Mondragón, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, Santiago Huerta de la Universidad Politécnica de Madrid y Agustín Hernández de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, no estuvieron de

Con paciencia, este último equipo ha venido reconstruyendo el templo. Al hacer un cuidadoso levantamiento registraron que el crucero de sus dos naves tiene una base cuadrangular, misma que sostiene el tambor de la cúpula, pero en su cumbera su geometría cambia a un octágono. Por lo tanto, las ocho nervaduras en los vértices que definen su desarrollo funcionan como contrafuertes invertidos que en sus mantos inferiores forman lunetos. En septiembre de 2020 se colocó un cilindro helicoidal de 19 metros en el centro de la base del mismo crucero y, sobre dicho elemento, se apoyaron unas triditrabes que descansan mayormente en la mampostería exterior y salen por los óculos del tambor. En seguida se instaló un piso sobre la anterior obra transitoria, el cual permitió trabajar en ese nivel. Ahí se ubicaron unas cerchas para guiar el trayecto de las ocho nervaduras y, con un método tradicional fundamentado en ecuaciones, que tomó en cuenta la geometría oval deformada posterior al colapso, se pudo trazar desde el centro la colocación precisa de miles de tabiques que van cerrando el tercio de la cúpula perdida partiendo de su base, que mide 1.20 de ancho, se adelgaza y en el cerramiento tiene sólo 40 centímetros. La labor descrita se hizo entre 2023 y 2025.

En este punto, el siguiente problema fue angustiante: si la hilada de cerramiento debía hacerse con sillares de cantera para sostener de nuevo la linternilla, ese brocal resultaría pesado. ¿Cómo hacerlo en un elemento frágil por su daño previo y en una cáscara de tabiques? La solución se halló hacia marzo de 2025. Consistió en adintelarlo. Se trata de la reinterpretación de una platabanda tradicional recta, pero aquí es circular y formada por treinta sillares, cada uno de 186 kilogramos (5.6 toneladas en total) que, por su estereotomía (o cortes cuatrapeados) y juntas “a hueso” es autosustentable, pues por gravedad funciona transmitiendo sus empujes lateralmente por las nervaduras y las pechinas ahogadas en los mantos del octágono. El último sillar se calzó con éxito el 26 de septiembre del año pasado. Se decidió que la linternilla, ahora de diez toneladas, fuera metálica. Así se logró sostener por forma un enorme peso sobre una estructura frágil.

El resultado es bellísimo, pero desde la empatía es mucho más importante y conmovedor el optimismo que esta obra transmite hacia el futuro para la recuperación de sistemas constructivos tradicionales y sus métodos de cálculo ●

▲ Tambor y cúpula con protección. Vista exterior. Foto: Xavier Guzmán Urbiola.
▲ Cilindro helicoidal que funciona como sostén del piso y se colocó en el crucero del templo. Foto: Xavier Guzmán Urbiola.

IRMA PALACIOS Y EL ARTE COMO C PREMIO NACIONAL DE ARTES Y LITERATURA 2025

El reciente Premio Nacional de Artes y Literatura 2025 otorgado a la artista visual y pintora abstracta Irma Palacios (Iguala, 1943), además miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y distinguida con la Beca Guggenheim en 1986, narra aquí, en formato de entrevista en primera persona, su formación y su trayectoria, cuyos inicios fueron así: “Sólo tenía un Diccionario Larousse como biblioteca y me impuse como encomienda elegir ciertas palabras para tratar de ilustrar sus definiciones.”

Paco, ahora platico mucho con el retrato que te hizo Alberto, tu hermano. Tienes muchas luces sobre el rostro y unas formas muy semejantes a las que empleabas en tu pintura, aunque se notan las diferencias de estilo. Eres tú, sin duda, es tu gesto, tu personalidad, tu nobleza. Continúan viniendo reporteros de los diarios nacionales a entrevistarme sobre el Premio Nacional de Artes y Literatura que anunció el Gobierno de México en diciembre del año pasado. Sancho se pone eufórico, ladra como cachorro, se empeña en lamerles las manos y la cara a los reporteros. Algunos se atemorizan, otros lo acarician y elogian su porte atlético, su pelaje color miel.

Adriana debe estar por llegar. Antes, me gustaría poner en orden mis ideas contigo, como cuando nos preparábamos para ir a Nueva York y encontrarnos con los dueños de tu galería, para luego comprar libros y muchos materiales destinados a emprender nuevos proyectos. Fíjate, Paco, que he estado leyendo poesía. Entre los libros que repaso y que leímos juntos están los poemas de Francisco Hernández y de David Huerta. También he estado leyendo el libro que Pedro Serrano nos obsequió en Chilpancingo. Como siempre te dije, pienso que ningún otro lenguaje como el de la poesía se parece tanto a la pintura abstracta. Como si las palabras generaran efectos cromáticos, emociones de color, formas diversas en la mente. La poesía, como la pintura, no necesita explicarse, sólo deben tocarnos.

Leyva

Suelen decirme: “me gusta mucho su obra, pero ¿me la podría explicar?” Y les respondo que no es necesario si fueron capaces de conmoverse ante sus colores y sus formas, sus texturas, su discurso. Con frecuencia, a mí misma, con el tiempo, terminan por no gustarme ciertos cuadros y siento la necesidad de intervenirlos, de retrabajarlos o de plano modificarlos, cambiarles los colores. Lo mismo sucede con las otras expresiones estéticas que he trabajado: cerámica, escultura, textiles, dibujos.

Lo que no mata engorda

COMENTABA CON ADRIANA, quien ya cumplió diecisiete años de colaborar con nosotros, sobre la rapidez con la que ha transcurrido la vida, en particular cuando hay algo por hacer, por crear, por inventar. Mi vida contigo fue tan plena que transcurrió sin darme cuenta de su velocidad. Tal vez porque nunca sufrí de sequías imaginativas, de períodos inactivos. A veces confundo los acontecimientos a causa de mi natural despreocupación por los reconocimientos y los premios, porque lo más importante para mí siempre ha sido el arte, la emoción de búsquedas inéditas. Adriana sabe más de mí y de mi obra, es quien pone las cosas en su sitio, aclara las fechas de mi trayectoria. Justo ahora me preguntan mucho sobre cómo inició mi interés por las artes plásticas, cómo pude trabajar en un banco y al mismo tiempo realizar estudios en La Esmeralda. Desde mi infancia, en Iguala, y desde antes de que se separaran mis padres, yo tenía conciencia de mi deseo de estudiar, de hacer una carrera que me permitiera desenvolverme libremente en la vida. El divorcio de mis padres fue una experiencia difícil; era apenas una niña de primaria. Mi madre me inscribió en un colegio subsidiado por el Nacional Monte de Piedad, porque yo era muy traviesa y ella debía trabajar para generar ingresos. Me daba cuenta de que tras su divorcio la pretendían muchos señores, porque ella era guapa. No era rubia, pero le llamaban la Güera No obstante, nunca se volvió a casar. Desde esa edad me di cuenta de que uno puede aprovechar cualquier situación adversa. No, Paco, nunca concebí esa separación familiar como una desgracia sino como una oportunidad para aprender. Comencé a dibujar cuando me internaron en Ciudad de México. No significa que no tuviera momentos de nostalgia y de tristeza por la ausencia de mi hermanito Héctor –quien sería economista–, ni de papá ni mamá. Sólo tenía un Diccionario Larousse como biblioteca y me impuse como encomienda elegir ciertas palabras para tratar de ilustrar sus definiciones. Fue un modo de llenar el tiempo con actividades para no dejarme llevar por el desánimo. En esa escuela, donde estuve unos tres años, también me propuse aprender inglés y aproveché al máximo las clases de una maestra muy buena en la materia.

▲ Irma Palacios en su casa, Ciudad de México, diciembre de 2025. Foto: La Jornada / Cristina Rodríguez.

ASA PROPIA

▲ Irma Palacios en su casa, Ciudad de México, diciembre de 2025. Foto: La Jornada / Cristina Rodríguez.

Mi madre me inscribió en un colegio subsidiado por el Nacional Monte de Piedad, porque yo era muy traviesa y ella debía trabajar para generar ingresos. Me daba cuenta de que tras su divorcio la pretendían muchos señores, porque ella era guapa. No era rubia, pero le llamaban la Güera. No obstante, nunca se volvió a casar. Desde esa edad me di cuenta de que uno puede aprovechar cualquier situación adversa.

Mi madre entonces decidió mudarse a esta ciudad, porque en el fondo también le pesaba mi ausencia. Por supuesto, la situación económica no era fácil, y aunque no eran caras las colegiaturas, porque la escuela dependía del Monte de Piedad, sí eran significativas pues ya éramos dos escolares, mi hermano y yo. Temí que me sacaran del colegio y busqué el teléfono de papá, originario de Puebla, para llamarlo y pedirle que se hiciera cargo de mi educación. Le comenté que deseaba ser artista, pintora o estudiar idiomas. De inmediato vino y pagó el colegio, cubrió las colegiaturas puntualmente mientras lo requerimos mi hermano y yo. Yo era muy joven cuando mi padre murió, un 14 de septiembre. No puedo recordar el año exacto. Nos avisaron que había perdido la vida en un accidente. Solía visitarlo porque mi madre me compró un coche. Él vivía en Puebla. Un día descubrí una caja en la parte superior de su biblioteca y le pregunté qué guardaba allí con tanto celo. Me dijo que era un cajón donde atesoraba monedas de oro. Le pedí que me las mostrara y me respondió que le

diera tiempo para pensarlo, tal vez un día la abriría para mí. Fui presa de la curiosidad y a la primera oportunidad volví para insistir en que me enseñara su tesoro. Me llevó hasta el cajón y me reveló su contenido. Ahogué un grito de sorpresa y espanto, eran los restos óseos de su padre, mi abuelo Joaquín, a quien todo el mundo evocaba como Papaín. Yo había dormido varias veces en esa biblioteca, donde había una cama para las visitas. Era muy niña cuando lo conocí. Un hombre alto, siempre vestido de blanco, estilo campesino. Por eso cuando mi padre murió, mamá me dijo, Irma, sin que nadie se dé cuenta, echa los huesos de Papaín en el ataúd de tu papá. Padre e hijo fueron a parar a la misma tumba.

Entre un banco y La Esmeralda

MI MADRE ERA una mujer muy dinámica, con muchas iniciativas. Tenía un principio que me transmitió con vehemencia: ser dueña de tu casa. Comenzó pagando novecientos pesos de renta en la calle Juárez. La casa, además de muy económica, era de grandes dimensiones, tenía cinco recámaras. Puso un anuncio para ofrecer un par de habitaciones a posibles huéspedes y fue a León, Guanajuato, y compró calzado, sobre todo para escolares, pues no había zapaterías en Tlalpan. En verdad, qué mujer tan emprendedora. Su objetivo inmediato fue tener casa propia. No recuerdo haber padecido carencias de ningún tipo, tuve lo indispensable y un poco más. Paco, tú la conociste muy bien, tenía una veta de comerciante que aprovechó con éxito. Por eso, cuando yo insistía en ser artista, ella afirmaba que los artistas se morían de hambre.

Aunque desde niña me sentí atraída por el arte, mi primer trabajo fue administrativo. Durante siete años fui empleada en un banco y, en 1973, me inscribí en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. Ella insistía en que no me dedicara a la pintura porque era un oficio sin futuro económico. Seguí estudiando inglés en una escuela por la Zona Rosa, no obstante que viví siempre en Tlalpan. Tuve, desde muy joven, que aprender a administrar muy bien mi tiempo. Solía, por ejemplo, bañarme en el Deportivo Chapultepec, de donde me hice socia, y a veces desayunaba allí mismo para irme al trabajo y por las tardes asistir a La Esmeralda.

8 de febrero de 2026 // Número 1614

VIENE DE LA PÁGINA 9/ PREMIO NACIONAL DE...

Paco, aún tengo fresca la memoria de cuando nos conocimos en los primeros días de mi llegada a La Esmeralda. Por allí pululaban Gabriel Macotela, Magali Lara, que ahora son artistas famosos. Conocí también a Ilse Gradwohl, Gilda Castillo y a Victoria Compañ, quienes me organizaron un brunch con motivo del anuncio del Premio Nacional de Artes y Literatura, con otras amistades muy cercanas, como Azul Morris y la escultora Maribel Portela.

Eras muy serio en esa época, casi tímido, pero me invitabas con frecuencia a platicar a la cafetería. Poco a poco comenzamos a salir y a buscar otras cafeterías no tan cerca de la escuela. ¿Te acuerdas de aquel día en que estábamos por salir en mi combi a buscar un sitio agradable donde conversar? Un indigente vino corriendo hasta nosotros pidiendo protección. Se ocultó en mi abrigo y decía: “me vienen persiguiendo, me quieren matar, defiéndanme”. Yo estaba muy desconcertada y asustada, pero tú, muy ecuánime, le pediste que se calmara y le ofreciste ayuda. Lo convenciste de que fuera con nosotros al interior de la escuela, asegurándole que allí estaría a salvo de cualquier agresión. Ese acontecimiento nos aproximó y nos hicimos más amigos. Luego comenzó a forjarse un vínculo amoroso entre nosotros y me incorporaste al grupo de tus hermanos, todos artistas: Alberto, José, Miguel. Te acompañé a las reuniones que tenían con Juan García Ponce. Juan era tremendo, pero una linda persona de quien se aprendía mucho. Veo el cuadro de Esperanza en la pared de la sala –al lado de tu retrato–, la modelo de Zúñiga, que pintaste en tu juventud, y me sorprende tu destreza para manejar el cuerpo humano. En La Esmeralda, la maestra Cuquita nos preparaba para hacer nosotros mismos nuestro material. Sabía qué plantas usar para producir los tintes, como la grana cochinilla, por ejemplo. Con ella aprendí a tratar los materiales de soporte, como las maderas, las telas, el papel, por mencionar los más comunes. También tomé clases con Luis Nishizawa, y el maestro Torres Michúa me admitió en sus clases sin que yo fuera una alumna regular, ambos en San Carlos, entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). Por eso siempre me sentí muy segura cuando en La Esmeralda me pedían que pintara frente a mis compañeros para mostrarles cómo resolvía yo una pintura, desde la elaboración de mis pigmentos, la exposición de la idea y el proceso pictórico. Mostraba la cocina del cuadro ante mis colegas y lo revisaba, incluso lo modificaba si encontraba que el producto final no me satisfacía.

Con la mente abierta

ME VIENE A LA memoria nuestro viaje a los Emiratos Árabes. Recibí la invitación para participar en la quinta Bienal de Arte en Sharjah. Pero el sultán en la carta me llamaba Mister Irma Palacios y le escribí aclarándole que se dirigía a una artista mexicana y no a un hombre. Temí que por esa razón me retiraran la invitación, pero vinieron de Estados Unidos unas personas muy profesionales a embalar los ocho cuadros de gran formato y los enviaron directamente a Sharjah. Tenía mucho miedo y ansiedad de ir a un país y a una cultura donde la mujer debe ocultarse. Tú me diste confianza. Y la verdad es que fueron unos anfitriones extraordinarios. Como mexicanos, pensábamos que es muy importante el reconocimiento internacional, no sólo el doméstico. Por eso disfrutábamos tanto las visitas a Nueva York, a sus museos, sus galerías,

Tomé clases con Luis Nishizawa, y el maestro Torres Michúa me admitió en sus clases sin que yo fuera una alumna regular, ambos en San Carlos, entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). Por eso siempre me sentí muy segura cuando en La Esmeralda me pedían que pintara frente a mis compañeros para mostrarles cómo resolvía yo una pintura.

su cultura cosmopolita, su dinámica urbana. Lo mismo ocurría cuando los destinos cambiaban a Europa y nos llenábamos los ojos con los museos en Francia, España, Alemania, Holanda, Italia. Muchas de mis series comienzan con el diálogo profundo con esas obras. Para una artista es fundamental ver y conocer las obras maestras, las propuestas de otros creadores y sus culturas: alimento del deseo para superar lo realizado o encontrar nuevos caminos, para enriquecer los recursos técnicos, los planteamientos estéticos, por dotar a cada pieza nueva de mayores contenidos espirituales.

Paco, después de tu muerte no tengo horarios de trabajo, pero continúo dibujando, pintando acuarelas en papel como las que hice durante tu enfermedad. He empleado el papel de lino que nos obsequió Francisco Toledo ¿Te acuerdas?

La naturaleza y su presencia

LOS SEDIMENTOS DE la infancia se reflejan en mis cuadros. Se me quedaron impresos los años cuando una tía, que tenía un pequeño negocio tipo miscelánea, pero donde vendía además productos de belleza para las mujeres, nos llevaba al río y nos enseñaba a hacer cazuelitas o enseres diversos con el barro, que tenía la textura de una arena muy fina. Los poníamos al sol y nos pedía que gritáramos muy fuerte para que se secaran más pronto. Me encantaba hacerlo porque sentía que me liberaba de angustias y preocupaciones. A

veces, para concluir una obra o una serie, grito en silencio. Por eso la naturaleza está tan presente en mis cuadros, los paisajes de Iguala y los de Tuxpan, porque en su lago perdí a uno de mis primeros amigos. Era hijo del dentista que nos atendía a mí y a mi hermano. ¡Cuánto lloré su muerte! Durante años lo soñé y lo imaginé en su agonía, en los instantes mismos en que el agua impedía su respiración.

Los gobiernos de Guerrero, a diferencia de otras regiones del país, nunca se han interesado en sus artistas. Algo habrá que hacer con mi obra en ese estado, alojarla en una casa de cultura o pensar quizás en un museo. No hace mucho me hicieron una exposición muy generosa en Acapulco. Pero qué paradoja, Toledo nos invitó a vivir a los dos a Oaxaca y estuvo a punto de convencernos, el más entusiasmado con esa idea eras tú y, por supuesto, el propio Toledo, que veía en ti a un espléndido maestro para las nuevas generaciones de artistas de Oaxaca. Pero yo te insistí en que era muy difícil hacer un cambio de esa magnitud, sobre todo cuando acá teníamos nuestra casa y nuestros talleres, nuestros amigos, y tu ejercías tus actividades docentes. ¿Cómo cerrar un ciclo de vida y comenzar desde cero en otro lado? No sé si te conté, pero hablé con el maestro Toledo y me dijo: “Mira, si Paco acepta el nombramiento de CaSa en San Agustín Etla, podrán vivir allí.” El lugar es precioso, pero, Paco, hace un frío bárbaro. Recordarás aquella vez que fui a dar clases y me hospedé allí mismo. Pocas veces he pasado tanto frío a pesar de toda la ropa de invierno que llevaba. Me da risa ahora recordar esa vez porque una chica del curso taller me invitó a tomar unas copitas a su casa. Sirvió un mezcal muy rico que tenía unas yerbas en la botella. Le pregunté si estaba curado con marihuana y lo negó. Bebí un par de caballitos y en un rato ya estaba bajo los efectos del mezcal y la marihuana. No podía ponerme de pie. Conocía esa experiencia porque una vez mi madre comió del pastel que hizo Edgar, uno de sus huéspedes alemanes. Le pidió una rebanada para probar sus dotes culinarias. Contaba que su cama se elevaba hasta el techo y se le aparecían unos personajes parecidos a diablillos o duendes y era tan feliz que temía que le diera un infarto. El muchacho la escuchaba embelesado y le pedía más detalles porque afirmaba que en él ya no surtía efecto y no vivía tales maravillas. Mamá murió en 2003, ya nonagenaria. Un día, después de una comida, nos dio las gracias a sus hijos y a ti, por la compañía, por el cariño, y dijo que se sentía muy cansada. Se acomodó en el respaldo de la silla y se quedó dormida para siempre. Me acompañó a lo largo de mi carrera artística. Tuvo tiempo de ver que yo tenía, contigo, en el arte, una casa propia ●

▲ Herramientas de Irma Palacios, Ciudad de México, diciembre de 2025. Foto: La Jornada / Cristina Rodríguez.

Arte y pensamiento

EL DIÁLOGO DE LOS CREADORES LA MÚSICA DEL LENGUAJE

Creación bajo el volcán III, Ricardo Venegas, Ediciones Eternos Malabares, México, 2024.

La entrevista es una forma literaria moderna que se inició hace más de dos mil años con Sócrates y su mayéutica (que significa dar a luz). El método pregunta-respuesta es una forma de conocimiento dialógico que atrapa al lector y lo lleva por senderos inéditos; la conjunción de inteligencias entre quien indaga, el que responde y el lector de los afanes de ambos provoca un encuentro sustancioso de ideas; motiva, crea expectativas.

De una entrevista siempre se aprende. Dice Juan Villoro que Viaje al centro de la fábula ‒que contiene entrevistas hechas a Augusto Monterroso‒ es un “doctorado en literatura” por las respuestas del autor que dejan la mente girando y el corazón gozoso por su sobrado ingenio.

El entrevistador realiza su trabajo en pos de la luz, más que con curiosidad o afán omniabarcante. Quiere develar mediante la revelación; es un buscador de verdades. Su oficio también es crear. Cuanto más amplía su visión, más vuelo alcanza en las profundidades.

Entre los creadores entrevistados en Creación bajo el volcán III (Ediciones Eternos Malabares, 2024) figuran los escritores Ángeles Mastretta, Antonio Deltoro, Ernesto Cardenal, Floriano Martins, Guillermo Diego, Indran Amirthanayagam, Isaías Alanís, Luis Zapata, Rodolfo Hinostroza, Silvia Tomasa Rivera, Uberto Stabile, Verónica Volkow y Yorgos Rouvalis; entre los artistas plásticos y visuales: Alberto Castro Leñero, Antonio Berlanga, Bonifacio Brito, Claudio Albertani, Francesco Taboada, Margarita Bermúdez Garza, Óscar Menéndez, Patricia Abuxapqui, Patricia Chávez-Peón, Ranulfo González, Verónica Espinosa y Víctor Gochez.

En este, su más reciente libro, Ricardo Venegas escudriña más allá de lo que la obra de sus entrevistados deja ver, inquiere sobre su proceso creativo, sobre los términos que los mueven, el contexto, su inmersión en el tiempo que les tocó vivir.

Pintura y poesía son dos formas de nombrar el arte. El lenguaje es un trazo pictórico, además de idea. La lucidez de los escritores y de los artistas plásticos reunidos en Creación bajo el volcán III es un regocijo para el espíritu ●

El genio de los solos, Ivo Quallenberg, Ediciones Eternos Malabares/Fonca, México, 2024.

En una entrevista realizada hace algunos años le pregunté al escritor Ivo Quallenberg: “Hay un sentido que raya en la ironía en la mayoría de los relatos de tu libro Diario de los años muertos, ¿lo haces conscientemente?”, a lo que contestó: “A mi entender la ironía busca develar el cariz risible del desencanto sin perder la capacidad crítica. Somos seres trágicos y también ridículos. La ironía pone en cuestión los aspavientos políticos, los amores ridículos, los suspiros de un persignado. Estoy pensando en un hecho real que ocurrió en una iglesia, olvido hace cuántos siglos: un hombre reza de rodillas en el interior de una iglesia. Ruega por su salud. Bajo las losas yacen sepultados los cadáveres de algunos mártires. Ruega el hombre sin saber que a través de las losas mal selladas suben los humores de los cadáveres en descomposición. Ruega por su salud sin saber que pronto los vapores lo enfermarán. Atroz y cómico a la vez. Al parecer en la ironía hasta los cadáveres ponen su grano de arena.”

No estamos hechos de una sola pieza. Como lo han descrito autores como Kundera o Zizek, la ironía es necesaria; nuestra existencia nos hace santos y monstruos. En El genio de los solos (Ediciones Eternos Malabares/Fonca, 2024), la novela más reciente de Quallenberg, los personajes alternan entre la sacralidad de la música y los desarreglos de las notas cotidianas que traicionan sus aspiraciones idílicas. Están condenados a transitar de un mundo melódico, armonioso e impoluto, a una sórdida cotidianidad cuyas cacofonías desembocan en la pedestre y vulgar tos. Siempre la tos. La condición del hombre: la tos efímera que aspira a transformarse en una nota musical eterna. Esta novela explora las relaciones conflictivas que un ser humano mantiene consigo mismo, con sus ensoñaciones y utopías, con su resistencia a ceder ante las convenciones sociales, con sus deseos de alcanzar la plenitud en el arte y en el amor, un radical e innegociable deseo de existir sin bemoles, en contrapunto con la incapacidad de sostener un amor sublime sin caídas en el tiempo. La ficción salva al soñador, la realidad lo hunde y, entre más se hunde, más vuela.

Ivo Quallenberg nació en Ciudad de México y radica en Cuernavaca desde hace varios años, es licenciado en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana y cursó la maestría en filosofía en la Universidad de Barcelona y la maestría de sociología en la New School for Social Research. Trabajó en diversas instituciones públicas, tales como el Centro de Educación para Adultos, el Fondo Nacional para Actividades Sociales y el Museo de Culturas Populares, además de haber participado en diversos proyectos de investigación social de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha escrito tres novelas y tres libros de cuentos. Entre sus libros se encuentran Diario de los años muertos (2013) y El destino dobló la esquina (2015) ●

Anécdotas/

El drama de la calle Academia

QUE ERA SOTTO VOCE la traición al presidente Francisco I. Madero, lo era. Eso es lo que le quiero contar, doña Clofis, usted siempre tan curiosa y porque me lo preguntó. Me gustan las hemerotecas y a menudo hallo detalles históricos que, a la postre, quedan inadvertidos.

Ojeando periódicos de febrero de 1913, me encontré con esta sensacional noticia. Además de militares y del embajador estadunidense Henry Lane Wilson, estaban confabulados algunos empresarios. Es el caso de Íñigo Noriega.

De acuerdo con lo que he hallado, fíjese, los planes para tomar el poder militar comenzarían el 5 de febrero, día en que se conmemoraba la promulgación de la Constitución de 1857. Algunas versiones nos hacen saber que primero capturarían al vicepresidente José María Pino Suárez pues éste presidiría la ceremonia, pero se rumoró que no concurriría y abortaron la operación. Pero como todo ese tiempo fue de culebrones y rumores, otro hecho se habría interpuesto entre la ruta para asaltar el poder que habría alterado el cronograma: lo acontecido en la calle de Academia No. 12 de la Ciudad de México.

¿Qué ocurrió? El parricidio en la casa de Academia No. 12, Ciudad de México, propiedad del adinerado Íñigo Noriega. El 1º de febrero de 1913 dos de sus hijos, Íñigo (veintisiete años) y Eulalia (diecisite años) murieron adentro. Los vecinos reportaron haber escuchado cinco balazos. Él la mató y luego se suicidó. Se dijo que no estaba bien de sus facultades mentales: neurastenia o hipocondría; o que era “calavera” (“mujeriego y parrandero”, según el Diccionario del español de México). Que estaba celoso de su hermana (¿enamorado de ella?) pero a la vez molesto, porque Eulalia habría sido descubierta en amores con el administrador de la hacienda de Xico, propiedad del padre. El robacorazones se llamaba Manuel Rodríguez. Padre e hijo se oponían a ese “indigno amor”. ¡Ay, doña Clofis, las pasiones humanas siempre tan misteriosas!

La versión mejor reconstruida a partir de lo publicado es que la jovencita Eulalia se encontraba en su habitación cuando Íñigo, su hermano, diez años mayor, irrumpió en ésta, discutieron, él sacó la pistola y al menos tres balas quebrantaron el cuerpo de la adolescente. Al darse cuenta del fratricidio, de inmediato él se suicidó. Llegó la policía y el escándalo que rodeaba a una de las familias más acomodadas de la capital se esparció como pólvora. Don Íñigo fue visitado para recibir el pésame el día 2 de febrero y entre los contritos estuvieron aquellos intrigantes con los que había estado tratando. El hombre de negocios, palabras más o menos, les confesó, según los impresos: yo no puedo ayudarles para lo del cinco, estoy de duelo. Si gustan y les parece, viviré mi dolor y luego nos buscamos. Los conjurados se reunieron ese día en otro sitio. La decisión tomada fue iniciar el golpe de Estado el 9. Y, en efecto, el 9 de febrero se verificó la primera acción: fueron liberados de la prisión militar de Santiago Tlatelolco el general Bernardo Reyes y el exbrigadier Félix Díaz. El primero se montó en

un caballo y cabalgando se dirigió con frenesí hacia Palacio Nacional. Se disponía a entrar y a ser el propio verdugo de Madero quien, por cierto, no se encontraba allí. Murió tiroteado en el intento, en la Plaza de la Constitución. Dentro del edificio, además, fue fusilado el también insurrecto general Gregorio Ruiz. El segundo tomó rumbo a La Ciudadela, lugar que resguardaba el arsenal del ejército, para asaltarlo junto con el general Manuel Mondragón. Y no, de Noriega no se supo mucho durante febrero. Nos leemos luego, señora bonita. Le tengo otras anécdotas ●

Marginales/

El halcón naranja. Recuentos y recreaciones fronterizas, José Manuel Valenzuela Arce, Universidad Autónoma de la Ciudad de México/ Universidad Autónoma de Agusascalientes, México, 2025.

“FRONTERIANAS”, “PROCESIONES” y “En la región perdida” son los tres apartados en los que se divide este cuentario, cuyo autor es profesor emérito de El Colegio de la Frontera Norte y creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte. La identidad y la gramática urbanas, la invasión estadunidense del siglo XIX y la actual embestida trumpiana, así como la experiencia femenina en y contra el patriarcado, son algunos de los temas aquí abordados a través de una ficción que hunde sus raíces en la más pura realidad.

Adonáis. Una elegía a la muerte de John Keats, Percy Bysshe Shelley, Bonilla Artigas Editores, México, 2025.

CON LA TRASLACIÓN AL español de Víctor Manuel Mendiola, revisada por Víctor Rodríguez Núñez y notas de José María Espinasa, este volumen bilingüe recupera para las presentes generaciones lectoras esta obra del romanticismo inglés, corriente cuyo máximo momento de esplendor tuvo lugar hace dos siglos. Prematuramente muerto cuando apenas contaba veinticinco años de edad, John Keats es una de las voces poéticas esenciales de la poesía en lengua inglesa, de la cual han aprendido y abrevado todas las generaciones subsecuentes. Actualizar su presencia es una tarea loable ●

En nuestro próximo número

LA FILOSOFÍA MEXICANA Y LAS PARADOJAS DEL PRESENTE

Arte y pensamiento

Gerhard Richter: la pintura total

Al recorrer la magna exhibición del artista alemán Gerhard Richter (Dresde, 1932) en la Fundación Louis Vuitton en París, integrada por 270 obras que abarcan sesenta años de creación y se expanden por todas las salas del espectacular edificio del recién desaparecido Frank Gehry, se entiende por qué es considerado el artista vivo más importante de nuestro tiempo. Al margen de su valoración en el mercado del arte, la legitimación de su portentoso trabajo no tiene que ver con su cotización comercial, aunque también sea uno de los artistas vivos más caros del momento. Totalmente ajeno a los art celebrities de moda que han alcanzado su fama por la vía del sensacionalismo y la excentricidad, Richter ya forma parte de un capítulo central en la historia del arte universal por un extenso y asombroso cuerpo de obra que ha desarrollado con audacia y sin concesiones. ¿Qué hace de Gerhard Richter un artista tan excepcional?

La presente exposición antológica muestra por vez primera la trayectoria integral del creador a través de sus pinturas al óleo, dibujos a lápiz y tinta, fotografías pintadas y esculturas en acero y en vidrio. Richter es un creador incombustible que no se conforma con ningún estilo ni medio, sino que tiene la necesidad de ir siempre más lejos, buscando sin el afán de encontrar. Así, su

pintura va y viene entre la abstracción y la figuración, y el interés de transitar de manera fluida entre los diversos géneros que desarrolla a partir de series temáticas: el paisaje, la naturaleza muerta, el retrato, los sucesos históricos, siempre en la búsqueda incesante de llevar más lejos sus investigaciones formales, técnicas y filosóficas. Asimismo, se observa una continuidad en su obra y a la vez pervive la voluntad de renovación a través de cambios, diálogos, rupturas y correspondencias. Es un creador exigente que ha mantenido su trabajo en el más alto nivel de excelencia.

Una de sus características más notables es el tratamiento experimental que da a sus obras y su interés por el anacronismo histórico, que lo lleva constantemente a tender puentes con la historia del arte y a citar de manera velada a los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos. La creación de pinturas a partir de fotografías ‒conocidas como “foto-pinturas”‒ es su sello distintivo: imágenes antiguas de los álbumes familiares o realizadas por él mismo a sus esposas e hijos; recortes de periódicos y revistas de sucesos escandalosos o trágicos de inspiración warholiana; toda suerte de paisajes que capta en sus viajes o extrae de los medios impresos incluyen montañas, campos, bosques, lagos, mares,

1. Tía Marianne, 1965 2. Marina (ligeramente nublada), 1969. 3. Birkenau, 1969.

nubes, icebergs, como un guiño siempre presente al romanticismo alemán decimonónico. Las imágenes son transportadas al lienzo, pintadas al óleo e intervenidas con diversas herramientas, para darles un acabado borroso que las dota de un aura atemporal y abstracta, un cierto misterio difuminado que fascina por su fuerza poética y sugestiva. En cuanto a sus obras plenamente abstractas, las múltiples capas de pintura superpuestas con rigor y maestría a manera de palimpsesto poseen una monumental fuerza expresiva. Una serie especialmente conmovedora es Birkenau, realizada a partir de cuatro fotografías clandestinas que fueron tomadas por el Sonderkommando en el campo de exterminio de Auschwitz, en agosto de 1944. Se trata de cuatro pinturas de grandes dimensiones realizadas a partir de las fotografías llevadas al lienzo y, posteriormente, cubiertas en su totalidad por capas de pintura barrida hasta volverlas abstractas; en este caso, el acto de borrar deviene un gesto moral radical que evoca la imposibilidad de representar el horror de la realidad, toda vez que deja un testimonio de la memoria histórica del pueblo alemán. Gerhard Richter es un artista que se expresa con una fuerza brutal desde la poética de lo sublime. La suya es una pintura clásica que va de lo artesanal a lo tecnológico y alcanza la dimensión de la pintura total ●

Arte y pensamiento

Tomar la palabra/ Agustín Ramos

Ndostrés, hilito de San Andrés

LARRÁINZAR, LO VIEJO sigue joven! Lo digo porque desde el ’68, y hasta mucho después de la matanza de Corpus en el ’71, mientras el profesorado y la burocracia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (FFyL) eran, predominante e hipócritamente, de derecha, la mayoría del estudiantado activo inocenteaba en la izquierda y discernía entre tres corrientes políticas: los troskos, los pescados y los salvajes. El líder de estos últimos era Alán Arias, hombre blanco y rasurado con filishéiv. Raúl Jardón, secretario de la célula Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (PCM), lucía gorra bolchevique, lentes de aro y piocha estilo Trotski. Édgard Sánchez comandaba la célula trotskista León Sedov, del Grupo Comunista Internacionalista. Al cuarto elemento, Sebastián Guillén, apenas lo recuerdo por su apodo, Cachumbambé

Los salvajes y/o sus compas de viaje tenían buenas puntadas. En una pinta escribieron: “El mundo será de los cronopios o no será.” Y un 2 de octubre, su carismático jefe, Alán Arias, aprovechó los ensayos de la OFUNAM en el auditorio Che Guevara, para convencer a Eduardo Mata de dirigir “La Internacional”. Y si bien el glamur de los salvajes, con su periódico mural Deconstrucción y su pose anarca de izquierda de la izquierda, se parecían más al gusto de la FFyL de aquellos años, eran los troskos quienes casi siempre ganaban las asambleas. Y a los pescados les tocaba la de perder.

Sin embargo, el lema del ’71, “Ni Paz ni Guerra”, contra Octavio Paz y el director de la FFyL, Ricardo Guerra, volvió a unir a las tres corrientes cuando, sin debate ni votación de la base estudiantil, frenaron el intento de rescatar-para-laacademia el salón del Comité de Lucha por parte de Ricardo Guerra, a fin de hacerlo sede del seminario sobre Hegel… En 1996, hace treinta años, esos tres dirigentes de la FFyL (más el cuarto elemento), volvieron a coincidir en San Andrés Larráinzar, región de Los Altos de Chiapas, durante la discusión y firma de los acuerdos entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Ah, pero dos años antes, en los diálogos de paz de San Cristóbal Las Casas de 1994, cuando el subcomandante Marcos fue saludando de mano a los representantes de izquierda que apoyaban al EZLN, Édgard Sánchez percibió una extraña familiaridad por parte del zapatista.

‒Qué tal, Édgard, ¿cómo estás?

‒¿Yo?, bien ‒contestó él, desconcertado por el cuatachismo del guerrillero de pipa y pasamontañas.

Édgard seguía siendo trotskista, pero su organización de procedencia ya había crecido a Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Raúl Jardón ‒como nadaba a contracorriente de la cúpula de Pablo Gómez, Joel Ortega y demás‒, primero se opuso a los liquidacionistas del PCM; después, en 1991, participó en el Frente Electoral Socialista propuesto por el PRT y, al final, se sumó a la estructura civil de apoyo al EZLN. El cuarto elemento era Sebastián Guillén, Cachumbambé… Pero, ¿qué había sido de Alán Arias?

‒Lo vimos Raúl Jardón y yo en un receso de los diálogos de San Andrés ‒responde Édgard Sánchez‒. Era uno de los asesores del gobierno y nosotros éramos dos asesores más de tantos que convocó el EZLN… Raúl, siempre sociable, se acercó a saludarlo. ¿Quihubo, Alán? Después de mil años de no vernos, volvíamos a encontrarnos. Empezábamos a platicar de nada, cuando pasó por ese pasillo el subcomandante Marcos.

‒Mira ‒le dijo Raúl Jardón‒ ya estamos todos los de la Facultad de Filosofía: Édgard de los troskos, Alán de los salvajes, yo del PCM y, ahora, tú, Guillén. Alán, funcionario de la Secretaría de Gobernación, se escabulló de inmediato ●

RUIZ ES UNA fotógrafa de nota roja de treinta y ocho años que se ha esforzado por dejar atrás una infancia desdichada y mediocre, haciendo justo la clase de cosas que sus conservadores padres condenarían con violencia física. En el fondo intuye ser adoptada, nada descabellado en vista de que su padre colaboró militarmente con la dictadura de Videla del que se sabe que despojó de sus hijos recién nacidos a los subversivos para entregarlos a los afines a su régimen.

En su extraordinaria novela Para hechizar a un cazador (Alfaguara, Buenos Aires, 2025), Luciano Lamberti plantea la posibilidad de que esa familia idealizada resulte peor que la adoptiva. Julia comienza a encontrarse en todas partes con una críptica anciana de cabellos rojizos que fuma tanto como ella misma, hasta que la encara y ésta se presenta como su abuela Griselda. Perturbada al saberse investigada hasta en lo más íntimo por esta señora, Julia experimenta el impulso de huir, pero Griselda, madre de su verdadero padre, la convence de visitarla e introducirse en lo que queda de su familia biológica: cenizas y recuerdos, básicamente. La narración fluye tan armónicamente, dentro de los horrores que chisporrotean desde las primeras líneas, que resulta imposible enojarse con Lamberti cuando realiza un salto abrupto en el destino de Julia a merced de Griselda para centrarse en reconstruir la historia de Luis Lara, padre biológico de la chica. Justo aquí nos deslumbra con sus dotes narrativas; su voluntad de rehuirle a lo lineal y a lo simple sin por ello aflojar la tensión de la escena que deja interrumpida. Lamberti logra, además, que lo que realmente importe de esta, su cuarta novela y ganadora de un premio importantísimo en su país, el Clarín 2023, sea el desarrollo tanto de los personajes como de sus circunstancias. Pero también, y esta es la parte más complicada, la “nube de testigos” que desde las más variadas perspectivas y formas de lenguaje concretan una peculiar saga familiar donde se

encuentra de todo: desde un personaje que bordea la real santidad, hasta otros que deben honrar al cazador que los habita y se alimentan de creativos sacrificios humanos.

El matrimonio, compuesto por un prestigiado médico de nombre Braulio Lara y su mujer Griselda, a quienes conoceremos en las más variadas facetas de una larga vida en común, llevan, de puertas hacia afuera, vidas comunes pero aburridas, siempre rodeados de amigos y, en el caso de Braulio, colegas que lo admiran, lo respetan con una cierta reserva (miedo) que no logran descifrar. El gran dolor de cabeza de la pareja es Luisito, como nombran a un hijo de casi dos metros de altura, agresiva virilidad y enorme atractivo físico. Pero Luisito pasa de ser un semental cabeza de chorlito a un devoto cristiano que, para colmo, comprende que el verdadero lugar de un émulo de Jesucristo está con los que buscan el bien común, y se pierde entre los llamados Montoneros, cosa que enfurece y angustia a sus padres. Braulio, en términos realistas, simpatiza con los “milicos” y desearía, por un lado, que le dieran una lección a Luis para que olvide esas tonterías. Pero de esas “lecciones” es imposible salir vivo. A partir de una serie de sucesos espantosos, la pareja de mediana edad se consagra a “cazar” siguiendo el mismo sistema de los espías del régimen, que marcaban con un burdo dibujito las casas de los peronistas, los “zurdos”.

A lo largo de 400 páginas no hay un solo momento donde decaiga el interés del lector que, por si no bastara, se topará con un final que los diversos testimonios no nos permiten avizorar. Luciano Lamberti (Córdoba, 1978) es mucho más que una revelación de la literatura de terror, con la que los argentinos, acaso por su propia alternancia de dictaduras, a cual más cruenta, experimentan una inevitable familiaridad: es un escritor que no teme experimentar a todos los niveles desde la estructura narrativa pasando por la artesanal descripción de atrocidades ●

JULIA
Sangre

Arte y pensamiento

Bemol sostenido/ Alonso Arreola @escribajista

La nueva canción de protesta

DESDE LOS HIMNOS sindicales de principios del siglo XX, cuando en Estados Unidos autores como Joe Hill vieron en la música una herramienta de organización colectiva, hasta la explosión del folk como un género en sí mismo, la llamada canción de protesta se constituyó en pilar de movimientos sociales. Woody Guthrie, Pete Seeger y Joan Baez transformaron el repertorio popular en reclamo político. Bob Dylan llegó al clímax con “Blowin’ in the Wind” y “The Times They Are A-Changin’,” pues no sólo documentó un momento histórico; trazó un mapa de resistencia que influenciaría a varias generaciones.

En América Latina esa misma idea de la música como registro crítico ante la represión creció entre dictaduras, intervenciones imperialistas y luchas por los derechos humanos. De Víctor Jara a Mercedes Sosa, pasando por León Gieco y la trova, las letras cargaron memoria y reclamo frente a las violencias intestinas o que emanaban de la Guerra Fría. Hoy, en otro Estados Unidos, resurge esa herencia ante las políticas migratorias del autócrata Donald Trump. Su blanco es el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), debido a la reciente ola de redadas y tras el asesinato de ciudadanos en Minneapolis. Ello ha causado una respuesta musical generalizada y variopinta. Bruce Springsteen, voz indiscutible del cancionero contestatario, lanzó hace unos días la canción “Streets of Minneapolis”, denunciando el “terror estatal” y reclamando justicia para las víctimas Alex Pretti y Renée Good. En el mismo sentido, el guitarrista Tom Morello (Rage Against the Machine) ha sumado su voz con declaraciones e iniciativas ‒incluyendo conciertos en beneficio de las familias afectadas‒ fortaleciendo la red de artistas que confluyen en su crítica directa hacia la administración Trump.

El caso más curioso e influyente del nuevo folk estadunidense, empero, es Jesse Welles. Su canción “Join ICE” satiriza la lógica interna de la agencia gubernamental. En tono irónico convoca a “unirse a ICE” describiendo mordazmente las acciones de esos incompetentes personajes, perfilando una crítica que se ha vuelto viral. Su pinta es la de un red neck absoluto; sin embargo, su postura es contraria a la de los fanáticos MAGA. Esa intersección ha llevado a que lo comparen con figuras como Guthrie o Dylan; por ello y por la manera de articular lo cotidiano con lo político cuando la memoria parece amenazada por discursos de “seguridad” y fascismo que atentan contra los derechos fundamentales. Otro ejemplo emblemático es Body Count, banda de metal negro que en estos días reversiona su clásico “Cop Killer” (lanzado cuando los disturbios en Los Ángeles por el abuso policíaco contra Rodney King), hoy rebautizado como “Ice Killer”. Y desde luego habrá que poner atención a Green Day y Bad Bunny durante el Super Bowl. Ambos se han posicionado claramente contra la visión migratoria de Trump. Así las cosas y para quienes observamos compartiendo continente, esta música no es un eco lejano sino un lazo compartido. Nos recuerda que la protesta musical puede ser un arma simbólica contra políticas de exclusión y que su presencia en un ciclo político opresor puede catalizar energías fundamentales. En otras palabras: debemos estar atentos frente al intervencionismo no sólo con herramientas políticas o militares, sino con las voces afinadas a coro. Cantemos, lectora, lector. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

El universo muxe

HACE DOS DÉCADAS y un año, Alejandra Islas coprodujo, escribió y dirigió el largometraje documental Muxes: auténticas, intrépidas, buscadoras de peligro (2005), toda una revelación cinematográfica gracias a la cual se hacía bien visible una realidad en aquel entonces mayoritariamente desconocida: la existencia, vida, costumbres y defensa propia de su identidad, en el Istmo oaxaqueño, de las muxes, ese tercer género –ni hombre ni mujer sino eso, muxe– incómodo para los convencionalismos sociales de todas partes, incluido el propio Juchitán, en el Istmo, y otros poblados aledaños.

Desde entonces, el universo muxe ha sido revisitado por el cine más de una vez, lo mismo en el género documental que en el de ficción, verbigracia en Carmín tropical (2014), de Rigoberto Perezcano, que tiene como protagonista a una muxe, en una trama de corte thrilleresco.

Cuatro historias en una

HACE UN LUSTRO, el mexicano Horacio Alcalá escribió –en compañía de Jesús Caballero– y dirigió la coproducción México-España titulada Finlandia (2021), que pone en el centro de la trama al citado universo muxe. De corte cuasi coral, el filme cuenta en paralelo cuatro historias que se entrelazan: la de Delirio (sobresaliente, Noé Hernández), muxe de edad madura dedicada al diseño y confección de vestimenta típica, quien a querer o no ejerce el rol de líder y defensora de quienes, como ella, viven cotidianamente bajo la tolerancia –o dicho de otro modo, la aceptación a regañadientes– y al mismo tiempo el sordo acoso de la mayoría de la sociedad, que no termina de asimilar con el debido respeto el derecho a la diferencia. Por su parte, Amaranta es una muxe de mediana edad que no sólo trabaja con Delirio sino que, al compartir labores e identidad, también debe enfrentar todos los días el prejuicio colectivo, la marginación y la necesidad forzada de mantener en secreto su vida sentimental, amorosa y erótica.

Asimismo, y por solidaridad emocional con Delirio, le hace llegar postales “desde Finlandia”, supuestamente enviadas por un viejo amor que, hace años, habría partido hacia aquel país nórdico pero no se ha olvidado de su amada muxe

La tercera protagonista es Mariano, joven en plena transición no sólo biológica sino identitaria, cuya madre sostiene un resentimiento personal y un rechazo encendido a todo lo que tenga que ver con las muxes, por lo cual lucha como puede para impedir que su hijo sea una de ellas. Finalmente, la cuarta protagonista no es muxe ni mexicana, sino una diseñadora de modas española enviada a México con el propósito concreto de robar ideas y diseños para comercializarlos en Europa, sin el conocimiento de sus creadoras y, claro está, sin compartir con ellas el fruto de las potenciales ganancias.

Diegéticamente, la película arranca y cierra con el sismo de 2017, devastador en el Istmo, que metafóricamente funciona a manera de punto culminante y parteaguas en la vida de las cuatro protagonistas: una muerte que se antoja sacrificial, tras el desengaño amoroso y la convicción de que nada queda por vivir; un enfrentamiento con el padre, alcohólico y homofóbico, que se resiste a aceptar a su hijo/muxe desde que éste era niño; otro enfrentamiento, el ya referido con la madre, que ve derrumbado el sueño de que su hijo algún día sea cardenal o, cuando menos, sacerdote; y finalmente, la renuncia de la extranjera que llegó para engañar y robar, pero que en el transcurso de su estancia establece lazos afectivos lo suficientemente fuertes para desistir del encargo.

Lo que Finlandia consigue no es poco: lleva al terreno de la ficción, pero siempre anclada en referentes claros a la realidad cotidiana, la vida y suerte de las muxes, su particular manera de insertarse en un todo social, sus reivindicaciones y la forma de contrarrestar prejuicios y rechazos, al mismo tiempo que hace una denuncia del saqueo cultural del que se ha hecho víctima a los pueblos originarios ●

▲ Imagen: Alonso Arreola.

Alejandro Anaya Rosas “Casa tomada”, de Julio Cortázar: 80 años de una pieza maestra

En 1946 se publica “Casa tomada”, uno de los cuentos en lengua española más célebres del siglo XX. Aparece en la revista Los Anales de Buenos Aires , dirigida por Jorge Luis Borges, y cinco años después pasa a formar parte del volumen de cuentos titulado Bestiario. Su autor, el argentino Julio Cortázar, quien por azares del destino nació en Bélgica, explica en una entrevista que el cuento “es el resultado de una pesadilla”.

Con la publicación de un poemario titulado Presencia (1938), estructurado con “la forma reina en las tradiciones de la poesía escrita” –así lo dice García Montero para el Ciento volando de Sabina–: sonetos, y firmado con el seudónimo de Julio Denis, los versos endecasílabos de Cortázar vieron la luz antes que su “Casa tomada”, incluso, podríamos bien decir, antes que todo lo hoy conocido como cortazariano. El cuento del argentino se ubica en el umbral que muchos escritores, por diversas cuestiones –Cortázar lo denominó: “proceso característico de la historia de la literatura universal”–, suelen cruzar: la transición que va del poeta lírico al narrador; y el argentino, quizá, se consuma como tal en aquel 1951. Aunque no desampara a la poesía, recordemos, por ejemplo, Salvo el crepúsculo (1984). Lo que le sigue al autor de Rayuela es punto y aparte, su viaje a París en los inicios de la segunda mitad del siglo XX marca una línea divisoria que separa dos etapas muy diferentes en su biografía. Pero la historia nos ha enseñado que las transiciones de un período cultural a otro son fronteras amplias, ambiguas, y que involucran componentes diversos; es decir que, en este sentido, no podemos ser contundentes ni dar fechas específicas: es obvio que Cortázar ya escribía prosa antes de Presencia y, de igual modo, sabemos de sobra que gestó mucha poesía cuando ya era un consumado narrador.

Volvamos a “Casa tomada”, cuento breve que relata la huida de un par de hermanos de su hogar, invadido por alguien o algo ajeno a ellos, extraño y, por consiguiente, temido. Antes hagamos un paréntesis y recordemos que el temor a lo desconocido es un fenómeno muy estudiado, representa una reacción ante el posible riesgo que provenga de aquello de lo que no sabemos nada; además es una respuesta natural que nos mantiene a salvo, pues gracias a la sensación de miedo predecimos eventuales daños.

En “Casa tomada”, lo desconocido, lo no mencionado –en teoría: una elipsis, omisión de algo– ha dado material para diversas interpretaciones; desde aquellas que sospechan un trasunto religioso: la expulsión del Paraíso, hasta las políticas: la mención de que “Casa tomada” es antiperonista; claro está, pasando por los análisis psicológicos del texto. Pero tales estudios pasan por alto el hecho de que, en lo que proponen, probablemente quienes huyen del hogar ocupado saben quién los echa de casa.

Tomando en cuenta el contexto histórico en el que se escribe “Casa tomada”, intuimos que las fuerzas políticas de aquella época eran actores visibles; además, pensamos que las sociedades que le anteceden tuvieron la seguridad sobre quién ejercía el poder. Lo antedicho nos da una clave sobre la fascinación que el cuento ejerce en sus lectores, pues creemos que la historia no funcionaría de la misma manera al dar nombre o rostro a lo desconocido: si pasáramos de lo velado o anónimo a lo conocido y, por ende, común,

podríamos concebir alguna estrategia de protección; de lo contrario, sólo nos quedaría escapar, alejarnos. Pensar que Irene y su hermano ignoran por completo quién o qué cosa es lo que gradualmente ocupa su casa y termina expulsándolos, es algo que nos seduce.

A finales del pasado siglo las cosas cambian. El mercado se vuelve más poderoso de lo que se llegó a pensar en un inicio, y entonces llega la era en que “el poder estatal moderno no es otra cosa que un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa, globalmente considerada” –como Marx lo vislumbró–; es decir: la clase visiblemente poderosa sólo representa a alguien, o algo, con sumo poder. Hay una fuerza oculta tras el ejecutante, tras los políticos, algo tan fuerte que, cuando invade algún territorio por medio de sus súbditos, quien legalmente poseía dicha porción de tierra se ve obligado a abandonarla sin oponer resistencia: al no acatar los designios del poder absoluto se corre el riesgo de morir. Y sobran los ejemplos en esta era de creciente terror, desde los más monstruosos como el de Franja de Gaza, hasta los domésticos, pero no por ello menos terribles, como los de las casas habitación, los pequeños negocios o los parques (el parque Bicentenario o la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca).

Es, pues, “Casa tomada”, un andamiaje para construcciones de narrativas atroces, “pesadillas” reales. Hoy más que nunca, podemos cubrir los vacíos del cuento con sucesos que se desarrollan en el presente histórico, dejándonos en la indigencia, en la calle; obligándonos a tirar la llave de casa, pues quien la ocupa ahora es un poder sin rostro y sin piedad●

▲ Julio Cortázar.

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