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Semanal 5/11/2023

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El Pachuco que forjó una patria Víctor M. Navarro

La batalla de las palabras Agustín Sánchez Monroy

SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 5 DE NOVIEMBRE DE 2023 NÚMERO 1496

EL OLVIDO, EL POEMA Y EL SUEÑO

LUIS CERNUDA

60 ANIVERSARIO LUCTUOSO/ Juan Vadillo


LA JORNADA SEMANAL

Portada: Ilustración Rosario Mateo Calderón.

2 5 de noviembre de 2023 // Número 1496 96

EL OLVIDO, EL POEMA Y EL SUEÑO: LUIS CERNUDA, 60 ANIVERSARIO LUCTUOSO “Todavía seguimos recordando sus versos donde la palabra se hace carne y la carne se transforma en sueño. Entre la realidad y ell deseo los versos del poeta sevillano consiguen uen emocionarnos como si se hubieran escrito o el día de ayer. Con toda esa frescura, pero también con toda la profundidad del olvido, do, el poeta consiguió expresar –como nunca antes se había hecho– la intensidad de la pasión amorosa en todos sus matices, en esa región donde dialogan el deseo, el amor or y la muerte”: así se expresa Juan Vadillo, en su espléndido ensayo, del enorme poeta a español Luis Cernuda, integrante de la mítica tica y luminosa Generación del ’27. “Vivió en una arisca soledad, cercada de rencor por todas as partes: legítima defensa de un ser vulnerable ble en extremo, de un caído en el infierno que e acepta el mal y, al expresarlo, lo conjura”: con estas palabras, José Emilio Pacheco resume me con enorme certeza y brevedad el talante de un poeta imprescindible, cuya relación con n México incluye el hecho de haber acaecido o aquí su muerte, hoy exactamente hace sesenta años.

EL

PACHUCO QUE FORJÓ UNA PATRIA

||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

La exposición Tan Tin Tan. Un mexicano del siglo XXI, en el Museo Kaluz, da pie para recordar al versátil y gran comediante Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo (1915-1973), cuyos personajes dejaron una marca indeleble en el cine, con películas como Calabacitas tiernas (1948), El rey del barrio (1949), El revoltoso (1951) y El ceniciento (1951). No sin razón, se afirma aquí: “la industria cinematográfica del país no supo darle el lugar adecuado a su imaginación y creatividad”.

Víctor M. Navarro ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

L

a casa de Tin Tan es el mundo de la comicidad, el humor y los juegos de lenguaje. La casa de Tin Tan es Ciudad de México, es Ciudad Juárez, es la pantalla, el desparpajo y la libertad a toda costa. La casa de Tin Tan es la imaginación desatada, el baile, la corporeidad hecha risas, la realidad hecha trizas; la casa de Tin Tan es una vecindad en el centro del exDF, la casa de Tin Tan es la vida que se reinventa, la casa de Tin Tan es un museo. El Museo Kaluz inauguró en el mes de agosto Tan Tin Tan. Un mexicano del siglo XXI, exposición multimedia dedicada al Rey del Barrio que despliega en sus distintas salas documentos, escenarios, trajes, objetos, recuerdos, carteles, fotografías, a la par que proyecta un ciclo de películas de ésas que presentan un universo que se resiste a ser encasillado. La singular muestra, que quiere darle la bienvenida en primer término a la comunidad que vive y labora en las inmediaciones del museo, estará abierta hasta finales de noviembre, aunque posiblemente el espíritu del distinguido Pachuco permanecerá allí quién sabe cuánto tiempo, pues allí, en el número 85 de Avenida Hidalgo, se alzaba antaño la vecindad en que nació Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo.


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Esa construcción de avenida Hidalgo esquina con Reforma era en aquel entonces una de esas antiguas casonas del Centro Histórico que fueron conventos o palacios y luego quedaron a la deriva, en manos de rentistas que a duras penas les daban mantenimiento. Allí, en la entrada al barrio de Peralvillo, creció Germán con sus hermanos teniendo como jardín la Alameda Central y sus fuentes como ocasionales albercas. Aunque hay un solo Tin Tan verdadero, su existencia comporta varios nacimientos, el primero un día 19 de septiembre de 1915; el segundo en 1927, cuando por razones laborales su padre, aduanero, tiene que trasladarse con su familia a Ciudad Juárez. El niño de doce años habrá de regodearse en esa placenta pluricultural. El tercero cuando a partir de la radio, las carpas, el vodevil, la música, el baile y la actuación, se da cuenta de que el mundo de la actuación sería su futuro. El espanglish, la tatacha, y el americaqui lo motivaron a crear entes como La Chiva, Topillo, Topillo Tapas y encontrar en El Pachuco su primera realización del personaje intemperante, excesivo e hilarante, con un habla muy particular.

Prontuario biográfico AÑO DE 1927. A sus doce años Germán Gómez Valdés Castillo emigra con su familia una breve temporada a Veracruz para después establecerse en Ciudad Juárez. Termina con dificultad la secundaria y la preparatoria no le interesa. Deja la escuela para ponerse a trabajar. Su padre, Rafael Gómez Valdés, hombre de aduanas y trabajo, no quiere que su hijo de diecinueve años esté de holgazán en casa, ni de vago en las calles relajeando con pandillas de cholos, y lo recomienda a su amigo Pedro Meneses, gerente y dueño de la estación radiofónica XEJ. Allí se movería como pez en el agua. Inició de barrendero y pegando etiquetas a los discos. Atraído por los micrófonos, el joven Valdés se dedica a hacer imitaciones de los artistas de la época como Toña la Negra, Juan Arvizu, Ramón Armengol, pero la de Agustín Lara es la que le gana un lugar en la programación de la XEJ. Descubre que las voces, la actuación, la parodia, el humor, el relajo y la música serían sus géneros, su vida. En la radio, excelente plataforma de iniciación, con don Pedro escribiría guiones y realizaría programas cómicos. Por otra parte, la mezcla de los idiomas inglés y español siembran en Germán Valdés la semilla para desarrollar su siguiente etapa. Y así, respirando la atmósfera del mundo radiofónico, bailando con la escoba o con una secretaria, paso a paso intuye; mejor, se da

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Una de esas antiguas casonas del Centro Histórico que fueron conventos o palacios y luego quedaron a la deriva, en manos de rentistas que a duras penas les daban mantenimiento. Allí, en la entrada al barrio de Peralvillo, creció Germán con sus hermanos teniendo como jardín la Alameda Central y sus fuentes como ocasionales albercas.

cuenta de que lo suyo es crear un personaje de sí mismo. Lo escuchan Paco Miller y su muñeco Don Roque, el empresario lo invita a su caravana de artistas para viajar haciendo comicidad; conoce a Marcelo Chávez, su nuevo amigo y carnal, y de allí pa’l real. Se pasan algunos años recorriendo la República Mexicana, afinando sus sketches y sus personajes hasta llegar a 1943, cuando debutan en el Teatro Esperanza Iris en el centro de Ciudad de México. Iniciaba la carrera del genio de la comicidad mexicana. Meses después de ser un éxito en el Iris debuta en el centro nocturno El Patio y aparece en su primer filme, un cortometraje al estilo del cine mudo estadunidense de comedia, dirigido por Paco Miller y con las actuaciones de Germán Valdés la Chiva, Carlos Mezcal y Pachita Nick Carter. En ese mismo 1943 participa en Hotel de verano, de René Cardona, con el Pachuco y su carnal Marcelo hablando tatacha en su máxima expresión. En 1945, con El hijo desobediente, de Humberto Gómez Landero, da inicio la carrera meteórica de Tin Tan, la cual registra más de un centenar de películas. Entre tantas cintas hilarantes, divertidas y adelantadas a su tiempo hay que mencionar sus cuatro obras maestras: Calabacitas tiernas (1948), El rey del barrio (1949), El revoltoso (1951) y El ceniciento (1951). Se añaden sus dos doblajes de excelencia, la voz del oso Balú en El libro de la selva (1967) y el gato arrabalero O’Malley en Los

Imágenes tomadas de: https://museokaluz-apps.com/ micrositio/tantintan/kitPrensa.html

Aristogatos (1969), ambas producciones de Walt Disney. Nos damos cuenta de que Tin Tn se adelantó a su tiempo, la industria cinematográfica del país no supo darle el lugar adecuado a su imaginación y creatividad.

La última escena (antes de los créditos) EN 1970 MURIÓ Marcelo Chávez y Germán Valdés monta un show con su esposa, Rosalía Julián, quien se molestaba cuando alguien decía que Germán había terminado en las carpas, como si eso entrañara una degradación. Pero como ella recuerda y aclara: “La Carpa México no lo era realmente, ahí formamos el dúo Tin Tan y su costilla, cantábamos, hacíamos chistes, yo era su Patiño y él terminaba cantando estoy loco/ loco por ti.” Hace cincuenta años, el 29 de junio de 1973, en la Clínica de la Asociación Nacional de Actores, a las 8:50 de la mañana falleció el Rey del barrio. Ahora ha vuelto a casa. Habrá que aprovechar la oportunidad para visitarlo y obsequiarle un aplauso ●


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EXPEDICIONESYENIGMAS:

LA POESÍA DE MARÍLIA GARCÍA Marília Garcia nació en Río de Janeiro, en 1979. Poeta y traductora, publicó los libros 20 poemas para o seu walkman (2007), Engano geográfico (2012), Um teste de resistores (2014), Câmera lenta (2017) y Parque das ruínas (2018). En 2018 recibió el Premio Oceanos de Literatura em Língua Portuguesa. Los poemas aquí presentados pertenecen al volumen Expedição nebulosa (2023), título que permite sugerir que la escritura de Marília se da como una investigación de la realidad mediante el recorrido de distintos trayectos en los que las palabras, los recuerdos, los diálogos verídicos o imaginarios y las citas y referencias oblicuas plantean ilaciones enigmáticas, difusas pero siempre sugerentes.

Canción de la línea en un poema el corte puede ser sólo respiro como a veces el salto sirve para seguir yo me levanto y comienzo a hablar tú te volteas y enciendes la cafetera un estruendo es como termina –¿dijiste rima?– las palabras en vilo debajo del sonido así son las cosas intentas seguir la línea pero el corte la pausa ¿porqué no escribes con emoción? alguien pregunta y yo amarro la pregunta en la punta de este poema la dejo caer hasta el fondo del mar mi corazón quedó anclado en el mapa de una ciudad antigua mapa de líneas desvaídas

aquí el poema para porque está sin aire intenta encontrar una respuesta pero el ancla va descendiendo todo queda muy oscuro –aquí ya se puede cerrar los ojos al caminar detener el paso para poder continuar un día iba por la calle del sí pero llegó la hora del no corto la ruta y miro hacia arriba –¿viste el avión? ya pasó pero va a volver adelante necesito ahora contener el movimiento del agua: una lágrima escurre por el rostro sostener la gota o un volumen de agua tan vasto que llenará todo el cuarto en un instante la madre avanza por el agua quiero decir la mano avanza por el agua y la otra sostiene el flujo es necesario entonces cambiar de pista: saltar una línea


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brincar una etapa ahora de nuevo la línea se corta –todo vino para partir– y la respiración desiste el pulso paró fue lo que dijeron ante la ventana él es alto y verde clavado en un terreno de piedras pino pinácea parece parado pero si veo bien siento un leve temblor metros de árbol cayendo a un lado es así que el mundo concluye: bang entiendo que llegó el fin lo que debe quedar es el color

Todo vino para partir la lluvia también es proceso dice de lo alto de la terraza casi tocando el cielo y poco a poco se va sin despedirse después de uno dos días no está más aquí la memoria entra por los ojos ¿será que me acuerdo de ella o de la foto? las cosas se mezclan un poco la mano congelada el gesto la cabeza proyectada hacia el frente el calor de la imagen viene de antes las palabras pegadas en lo que el ojo ve la memoria entra por la fina película y pasa por la pantalla de dentro todo vino para partir un tallo un abrazo arregla el chal en la hora de ir por mis ojos aquello que quema y permanece

Así se dice está lloviendo mientras afilo el lápiz cierro los ojos y abro la ventana del poema –para que entren todos los insectos pero está lloviendo las gotas salpican y mojan el suelo una inmensa tempestad cubre el paisaje abro los ojos cojo un libro del estante y veo es un día de verano sylvia plath está sentada ante la ventana viendo la lluvia que cae es día 1° de julio hace calor húmedo vaporoso y llueve torrencialmente ella coge una pluma sin apartar la vista de lo mojado está tentada a escribir un poema apoya la pluma en el papel y anota: no olvidar nunca que un día recibí la carta de rechazo conteniendo tres líneas “después del aguacero poemas titulados lluvia inundan el país entero”

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Escribe un poema para los adultos (ópera de las jirafas) escribe un poema para los adultos me dijo un día rosa a los dos años y pusimos para tocar la ópera de las jirafas como las jirafas son calladas la música queda aprisionada dentro de la cabeza dentro de la cabeza de las jirafas la música gira y del lado de fuera silencio me dices quebrar el silencio es una catacresis yo respondo quebrar el silencio es producir un sonido que pueda quebrar alguna cosa quebrar quebrar quebrar a veces todo está quebrado del lado de dentro las cosas quebradas en la vida de la gente del lado de fuera quebrar aquí es hablar y quebrar lo que aún queda las jirafas son calladas las palabras quedan aprisionadas dentro de la cabeza las palabras no dicen la verdad es decir las paredes no dicen la verdad ahora la historia se acabó le digo a ella al llegar a la última página y ella: no hay otra escondida allá dentro

Versiones de Marco Antonio Campos y Rodolfo Mata.


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6 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

LA BATALLA DE LAS PALABRAS:

AGUSTÍN RAMOS Y LA LITERATURA Crónica del encuentro con la obra del maestro Agustín Ramos (Tulancingo, Hidalgo, 1952), narrador y ensayista, querido colaborador de estas páginas y autor de Al cielo por asalto, La vida no vale nada, Ahora que me acuerdo, Olvidar el futuro y Justicia mayor, entre otras novelas, y una muy elocuente invitación a su lectura. ▲ Agustín Ramos. La Jornada/María Luisa Severiano. …lanzó un poderoso golpe con la derecha, rápido como un relámpago y recto como una pértiga contra el aturdido centro de la cabeza de Foreman. Norman Mailer, El combate

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stoy frente al caos de mi escritorio. A mi izquierda, un volumen viejo y hermoso de El combate, ese fantástico texto de Norman Mailer. Recuerda una legendaria batalla del boxeo: Alí contra Foreman, en Zaire. Contada en sus múltiples detalles por Mailer, se revela en su dimensión épica y artística. En la portada veo a Muhammad Alí que, a su vez, mira a George Foreman derrumbarse mientras éste mira con la frontera de su ojo a Alí, pero va hacia la lona sin ver en realidad ya nada. Eso: lo que encuentro en esa fotografía es exactamente lo que Joyce describía en el Retrato del artista adolescente como éxtasis estético. Es el espectador derrumbado por el golpe súbito de la contemplación de la belleza absoluta, que sólo alcanzan pocas obras de arte. Yo, queridos amigos, he vivido el mismo trance de Foreman. De eso van mis palabras: hacer la crónica de mi encuentro con el maestro Agustín Ramos. Mis cinco asaltos peleando, atacando con mis mejores habilidades de lector, casi danzando como el verdadero boxeo, con y no contra Agustín Ramos.

Primer asalto. Derechazo en el primer round

Agustín Sánchez Monroy ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

El consejo elemental de un manejador dice: no permitas nunca que tu adversario te ataque con su

mano hábil. No puedes. Sería el primer reclamo de autoridad y no debes concederlo. Alí, sin embargo, golpea a Foreman, por primera vez, en el primero asalto, con la mano derecha.

La pelea se decide en ese primer ataque TAMBIÉN, COMO MUCHOS de nuestros participantes, tuve un primer round hace ya algunos años, con Al cielo por asalto. Agustín Ramos era un escritor nuevo para mí. Lo conocí en la edición conmemorativa de los veinticinco años. Luego me di a la tarea de revisar y comparar con minuciosidad la primera edición de Era. Estaba tocado, como se dice en argot, pero sobreviví. Sin embargo, el golpe causó el daño necesario. Había un nocaut germinando en mi cerebro. Una novela poética, llena de imágenes alegóricas, de tiempos, sentimientos y anhelos. Dolorosa y limpia como punta de jeringa. Al cielo por asalto fue, ahora me resulta claro, Muhammad Alí que golpeaba y decía en el oído de Foreman todo lo que era necesario decir para que él aceptara sin reticencias su destino: perder, rendirse, aunque la voluntad le impulsara a mantenerse erguido.

Segundo asalto. Combinación en corto AGUANTÉ TAMBALEANTE La vida no vale nada y Ahora que me acuerdo. Como un período necesario para asimilar el daño del primero. Fueron un poco como una saga con la que el artista machacaba un primer golpe repetido. La izquierda que daña, pero no tumba al oponente. La pelea es también una construcción artística. Dominio de ritmo y tiempo. Permitir que haya una recuperación necesaria para dejarla madurar. No precipitar nada, Todo en su punto exacto. El maestro ganaba oficio, practicaba, hacía piernas, jugaba la cintura; todavía no es momento de tirarse a fondo.

Tercer asalto. Repetir el óper LUEGO YA DUEÑO del ring se apoyó en las cuerdas y tiró una combinación estratégica: fueron dos


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Agustín Ramos inventa en Justicia mayor una máquina del tiempo. No hay el menor conflicto para que nosotros vayamos, entremos a las casas, a los templos, nos asomemos por los barrancos. No hay allí ningún descuido, nunca vemos el revés del escenario. No hay una sola puntada visible en los trajes hechos a la medida.

golpes precisos y poderosos. Ambos a la cabeza: La visita y Tú eres Pedro. El maestro se involucró en una primera etapa de desempolvar archivos y perseguir a través del tiempo a personajes que corrían frente a él. Me aturdieron ambos y cada uno por razones distintas, pero también muy similares. Le planté combate. Eludiendo y fallando. Mi respeto era ya definitivo.

Cuarto asalto. Combinación al cuerpo UN GANCHO AL plexo: Como la vida misma; recto a la mandíbula: La noche, y gancho al hígado: Olvidar el futuro, justo cuando lo creí contra las cuerdas y soñé que podía ser turno de contraatacar, absorbió los golpes como si nada. Pido perdón por lo que diré: me parecieron, al principio, textos menores. El problema es que crecen con cada relectura. Exactamente como ese puño de gancho que llega al hígado y duele después de uno o dos segundos, que te encoge sobre tu parte golpeada. Que te obliga a buscar aire y soñar con la campanada. Cambias cualquier meta por una sola: no derrumbarte. Fueron textos sutiles, entrañables, y entrañosos, es decir, cargados de poesía fina, pero también de tripas y dientes apretados.

Quinto asalto. La lona GUSTAVO, UN AMIGO mutuo, puso en mis manos un ejemplar de Justicia mayor. Casi trescientas cincuenta páginas, Y fue abrirlo y recorrer las primeras líneas y no poder parar. Y no querer parar. Ya el maestro estaba, más que nunca, en plan maestro. El adversario deja de importarle. El boxeo alcanza, como en la legendaria Alí-Foreman, la dignidad de obra estética superior. Conduce al adversario al punto exacto del cuadrilátero en donde ha decidido asestar el último golpe. Asegura todas las condiciones, cuida la luz, el estado de ánimo del público, todo. Me impresiona la facilidad del maestro Ramos para hacer de este volumen un viaje; uno sube a la Otomí-tepehua y regresa a Tulancingo a pie, a lomo de caballo. Uno cierra el libro y le duelen las ampollas y tiene que buscar en la propia piel las garrapatas del camino. La curiosidad te obliga a verificar datos: abres los mapas de Google. Y amplificas la representación en colores de los niveles de altura, compruebas los nombres de los

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ríos y los poblados. Fatigas tu escasa biblioteca buscando a los personajes en los libros de historia. La precisión geográfica es, en sí misma, una hazaña; lo es aún mayor el diseño de los personajes, que nunca parecen tales. No llevan máscaras; usan su propio rostro, caminan con pies y pasos humanos. No hay atisbos de maniqueísmo. No presenciamos un entramado de buenos contra malos. De un lado y del otros hay instintos, perversiones, juegos de poder. Agustín Ramos inventa en Justicia mayor una máquina del tiempo. No hay el menor conflicto para que nosotros vayamos, entremos a las casas, a los templos, nos asomemos por los barrancos. No hay allí ningún descuido, nunca vemos el revés del escenario. No hay una sola puntada visible en los trajes hechos a la medida. Justicia mayor es una impresionante lección de verosimilitud. Oigo las alegatas de los hombres, los veo en sus pasiones. Los huelo al volver de esas jornadas agotadoras. Los espío mientras tejen la tenebra política. Y ya no son actores, son hombres y mujeres que me miran de frente y se burlan de mí. De mis últimos pasos trastabillantes. Nos aproximamos a un pueblo que abraza una religión ajena, y cree. El problema es creer. Quizás por eso casi todo nuestro cristianismo es fingimiento. Creer tiene más riesgos que no hacerlo. Me ha resultado muy revelador conocer un grupo de hombres y mujeres que un día se comprometen con la idea de que Cristo puede venir nuevamente. Y se persuaden de que es verdad, desean que sea entre los suyos. Y a este salto de fe que se vuelve desacato, le oponemos un garcialunesco hombre que debe dar resultados. Ha sido puesto para hallar culpables y los encuentra o los construye. Culpables aunque, por muchos momentos, parece que ni siquiera hay delitos. Pedro José de Leoz es un perro de presa. Que no gane, deseamos al recorrer las líneas. No quiero relatar aquí la historia, o las historias que se contienen en este volumen. Quiero, sí, dos cosas: una, señores y señoras, estoy en la lona. Justicia mayor representa para mí esa última combinación: recuerda, el nocaut sucede con un golpe o una combinación que no esperas. Y sí, lo paradójico es que te trepaste al ring sabiendo que serías golpeado. Estudiaste al adversario. Crees saber exactamente cuál será su siguiente movimiento. Y cuando crees que puedes controlarlo y si bien no aspiras ya a ganar, sí pretendes que llegue la última campanada y te encuentre de pie. Y no es así. Señores, estoy en la lona. Pero aún no aplaudan, no vitoreen. Lo segundo que quiero advertir, antes de estrellar mi cabeza contra la lona, es: no soy yo quien puede derrotar al campeón, hay otros adversarios. Temo la suerte, no de Agustín Ramos, a quien vemos hacer sombra y saltar la cuerda como en sus mejores momentos. Temo por la suerte de este volumen. Lo sabe Onetti, lo sabe Alfonso Reyes: hay textos tan bien logrado que rozan la perfección y, sin embargo, suelen dormir en el fondo de los baúles, olvidarse en el lado oscuro de las estanterías. Obras que esperan ser encontradas sin que nadie se haya tomado la molestia de ocultarlas. Están allí frente a los ojos de todos; en este tiempo de la inmediatez, en el reinado del Faceboock, del esmartfon, de la extrema distracción. Digo, mientras caigo a la lona, antes de que salten al encordado y levanten al campeón en hombros, que no me crean, que lean Justicia mayor. Que no permitan que se pierda ●


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8 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

EL OLVIDO, EL POEMA Y EL SUEÑO:

LUIS CERNUDA, 60 ANIVERSARIO LUCTUOSO Al poeta de Donde habite el olvido, Luis Cernuda (1902-1963), libro señero en su obra, está dedicado este ensayo en su memoria, a sesenta años de su muerte. Miembro de la Generación del ’27, con Rafael Alberti, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Miguel Altolaguirre, a causa de la Guerra Civil española salió al exilio y en su periplo estuvo en México. En 1952 apareció su libro Variaciones sobre tema mexicano.

Juan Vadillo ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Donde la luz más bella hace la sombra Y donde la memoria más pura hace el olvido Luis Cernuda, “El retraído”

El olvido POESÍA ES OLVIDAR para poder recordar, escribió Paul Valéry, recordar lo que verdaderamente somos: el tiempo de la infancia y del origen, la región más profunda de los sueños, el primer color, el primer sonido. En el olvido y en el poema, el deseo y la realidad se reconcilian. La tensión contrapuntística entre la realidad y el deseo quizás sea el tema central de la lírica de Luis Cernuda, el poema va a surgir de esta tensión que resuelve la disonancia en consonancia; el deseo siempre insatisfecho frente a la realidad se sublima cuando la música del verso encuentra el olvido. Entonces esta música despierta las emociones vírgenes de la infancia. En la rima LXVI de Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo penúltimo verso da título al poemario de Cernuda, Donde habite el olvido, aparece la muerte ligada a la primera infancia, el camino que conduce a la cuna es el mismo que lleva a la tumba. El deseo del caminante está en llegar a esa muerte mítica del principio y el fin. Podemos pensar entonces en una muerte simbólica, necesaria para que el poema resurja. En ella se encuentra lo más profundo del olvido. En el primer poema del libro Donde habite el olvido, el deseo se desvanece en la región del olvido, el paisaje desolado se pierde en la lejanía, casi rozando la muerte el yo lírico sólo es la memoria de una piedra. Casi rozando la muerte la mirada se pierde a lo lejos en el olvido. En una estrofa romanceada del libro Primeras poesías, el yo lírico se interna en estancias del olvido: “¿He cerrado la puerta?/ El olvido me abre/ Sus desnudas estancias/ Grises, blancas, sin aire.” Aquí el poeta no sólo se pregunta si le ha cerrado la puerta a la memoria, sino también a la realidad, para conseguir adentrarse en el olvido que es la última consecuencia del poema. En su ensayo sobre Cernuda, “La palabra edificante”, Octavio Paz apuntaba que, en los versos del poeta sevillano, la tensión entre la realidad y el deseo no sólo consigue dibujar la imagen del amor, sino también la pulsión erótica de la muerte: “Ven muerte tan escondida,/ que no

▲ Luis Cernuda. Ilustración Rosario Mateo Calderón.


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de todos: “Si el hombre pudiera decir lo que ama […]/ Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,/ La verdad de sí mismo […]/ Yo sería aquél que imaginaba;/ Aquél que, con su lengua, sus ojos y sus manos/ Proclama ante los hombres la verdad ignorada,/ La verdad de su amor verdadero.”

El sueño

te sienta venir/ porque el placer de morir/ no me vuelva a dar la vida.” Así rezan los versos del Comendador Escrivá, donde queda expresada la muerte pequeña que vuelve a dar la vida con el deseo. Esa presencia erótica de la muerte guarda la resonancia luminosa que nos deja el verso en el silencio y en la oscuridad: “Un llanto entre las manos/ Sólo. Silencio; nada./ La oscuridad temblando”, dicen tres versos de una estrofa de Primeras poesías, donde la voz lírica, que esencialmente es llanto, hace temblar al silencio cuando se desvanece; se trata del silencio que viene después de la música y del verso, el silencio luminoso del olvido. Es decir, el silencio que dice Nada, que es todo lo contrario que no decir nada. En la estrofa siguiente a estos tres versos de Primeras poesías, la relación entre la sombra y la luz se parece a la que guarda el silencio con el sonido: “Va la sombra invasora/ Despojando el espacio/ Y la luz fugitiva/ Huye a un mundo lejano.” En el umbral de la sombra, en el borde del olvido se dibuja el mundo lejano del poema, donde inevitablemente la luz va a desvanecerse con la sombra, así como la música del verso se desvanece en el silencio. Al borde de este mundo, la realidad y el deseo entablan un diálogo sublime. En palabras de Octavio Paz, “el deseo vuelve real lo imaginario, irreal la realidad”. Podemos pensar que en la sombra se encuentra el mundo autoerótico del poema, el mundo del sueño, “con la sombra en la cintura/ ella sueña en su baranda”, rezan dos versos de un Romance de Lorca, donde la gitana se suicida porque no puede soportar que la realidad destruya su mundo autoerótico. Aquí vemos cómo el deseo va a conseguir que ese mundo imaginario se vuelva real; la gitana se suicida porque intuye que su mundo, frente a lo que llamamos realidad, sólo se puede perpetuar en la muerte. Esta sublimación de lo real solamente se consigue merced al olvido que está hecho de memoria, que despierta la memoria del poema. En los versos de Cernuda se destila la memoria más pura, una luz incandescente que sólo se encuentra a sí misma en el olvido, en la sombra. La lírica cernudiana nace de la sombra, por ello es –paradójicamente– una revelación luminosa que, por un momento sincrónico, reconcilia el deseo con la realidad. Ese es el momento en que Octavio Paz encuentra que la tensión entre la realidad y el deseo se resuelve en el amor y la muerte. Fuera de esta revelación –advierte Cernuda–, “la realidad exterior es un espejismo”, que sólo el amor puede desmentir; entonces la poesía consigue expresar la verdad. Es por ello que el poema, donde se manifiesta la pureza del deseo y el amor, es para Cernuda la única posibilidad de hallar la verdad de uno mismo, que en esencia es la verdad

El sueño también puede verse como un olvido, olvidamos la vigilia para recordar otra parte de nosotros mismos donde la estructura racional desaparece: “recuerde el alma dormida”, decía Manrique, expresando que el despertar es una forma de recordar; en cambio, André Breton pensaba todo lo contrario, que uno despierta cuando empieza soñar. Entonces lo real es el sueño y lo irreal es la vigilia; siguiendo a Octavio Paz, el deseo consigue que el sueño sea más real que la vigilia. En el mundo de Cernuda, el poeta sueña cuando se entrega al canto, y entonces encuentra en el poema su verdad. El sueño lo acerca al tiempo de la primera infancia, también al tiempo sin tiempo del amor. Octavio Paz apunta que, en la poesía de Cernuda, “el amor revela la realidad al deseo”. En el momento del amor como en el poema, la realidad y el deseo se reconcilian porque se transforman en sueño, entonces la piel que divide a los amantes se deja sentir en duermevela, entre el deseo y la realidad, entre el sueño y la vigilia, como sucede en los siguientes versos del poema “No decía palabras”: “Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,/ Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.” El deseo sólo puede ser real en el momento del amor cuando –paradójicamente– se vuelve sueño. No obstante, el amor también puede despojarnos de nosotros mismos, tal como se siente en los siguientes versos del poemario Donde habite el olvido: “Mas el amor, como un agua,/ Arrastra afanes al paso./ Me he olvidado a mí mismo en sus ondas.” Este amor ha dejado al poeta vacío, desdibujado hasta rozar la nada: “Ni tierra ni cielo, ni cuerpo ni espíritu.” Con este amor la existencia se transforma en una paradoja: “vivo y no vivo, muerto y no muerto”; el hecho de existir apenas se dibuja en el deseo inasible, esa pregunta que no tiene respuesta, el eco de un eco que besan los labios siendo sueño. Cuando la promesa del deseo se cumple, el sueño traza el roce de los cuerpos. Entonces el poema se transforma en pasión. En los versos de Cernuda, el olvido guarda la memoria más lejana que lleva en su entraña al poema; en esta región el deseo encarna en la palabra. Entonces se vislumbra una verdad muy distinta a la razón, donde nos reconocemos como en un espejo: el erotismo se transforma en sueño, y el tiempo del reloj se detiene. La realidad y el deseo en contrapunto, se encuentran y se alejan hasta que llega, de la mano del silencio, el olvido. Antes y después de la palabra está el olvido. Hoy se cumplen sesenta años de la muerte de Luis Cernuda (1902-1963), y todavía seguimos recordando sus versos donde la palabra se hace carne y la carne se transforma en sueño. Entre la realidad y el deseo los versos del poeta sevillano consiguen emocionarnos como si se hubieran escrito el día de ayer. Con toda esa frescura, pero también con toda la profundidad del olvido, el poeta consiguió expresar –como nunca antes se había hecho– la intensidad de la pasión amorosa en todos sus matices, en esa región donde dialogan el deseo, el amor y la muerte ●


LA JORNADA SEMANAL

10 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

ESCRIBIR A CAMPO TRAVIESA

Despierto al sol, Hermann Bellinghausen, Universidad Autónoma de Sinaloa/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México, 2023.

A

Juan Joaquín Péreztejada |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

l margen de los estereotipos de la figura del poeta como alguien que contempla su realidad de forma pasiva, aunque esto mismo sea un cliché, Despierto al sol, de Hermann Bellinghausen (Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2023), muestra a un poeta explorador de su entorno, aventurero, en el mejor sentido, del lenguaje. A través de los poemas que integran este poemario, el autor se interna en las arduas zonas interiores desde la primera sección: A fin de cuentas, que muestra las relaciones familiares, como en el extenso “Discurso para mi madre” y “La ventana de mi padre”; antagonismos y complicidades aparecen de improviso como un jaguar a mitad de senderos inhóspitos para cumplir con un destino. La segunda sección se titula Bajo la cicatriz, cuyo epígrafe dice como preámbulo: “Bajo la cicatriz/ palpita/ más/ la sangre.” En los poemas reunidos en esta sección hay un tono de tristeza, desilusión, de pérdida, como se nota en los poemas “A Dalia innecesaria”, “Remedo para melancólicos”, “En todas las cosas”; ausencia, muerte, tedio o el desencanto conforman y tienen acceso “a las ideas más extensas del verso”. La siguiente sección es la que da título al libro Despierto al sol, y es el apartado con temas eróticos y quizá sea la más breve, como “En rojo”, que es uno de los dos poemas en prosa que se

▲ Herman Bellinghausen en la presentación del libro Despierto al sol, UACM, 2023. Foto: La Jornada/ Marco Peláez.

encuentran en el poemario. El otro es “Aves del pantano”, de la última parte Somos piedras. La cuarta sección de este recorrido lo sitúa de lleno en el corazón de la Selva Lacandona y se denomina Monólogos del mono, la cual da constancia de la importancia que Chiapas tiene en su vida y obra, a partir de su experiencia como cronista durante el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Como escribe en los versos finales del poema con el cual comienza: “Leer las nubes, las estrellas, los libros y el vuelo de los pájaros/ Con los ojos espaciosos y la frente libre/ volver al principio y encontrarlo intacto.” De esta sección resaltan “Monólogo del chaquiste”, ese mosquito invisible del trópico, que da título a este apartado. El chillido de los llamados por esto mismo monos aulladores estremece, es muy semejante al rugido de un felino, como el jaguar. Es su forma de defenderse de sus depredadores. Hermann Bellinghausen ve en él una metáfora del oficio del poeta: monólogo del mono, mono logos o mono gramático, y el poema siguiente sirve de complemento “Monólogo del ser secreto”. Cito unos versos: “La gente cree que los de mi especie/ tenemos un idioma/ Que nuestros sonidos y maullidos/ significan algo// Han estudiado el punto novelistas y neurofisiólogos/ con risibles resultados/ El mundo está lleno de gente convencida de que entiende/ prueba de que nadie entiende.” Por último, en la quinta sección Somos piedras, además del poema en prosa citado con anterioridad, se encuentran poemas como “Odio a los muertos” y “Dejen al joven”, que redondean este libro que parece saldar cuentas con el amor, la muerte y las derivas del asombro ●


LA JORNADA SEMANAL 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

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LA DEGRADACIÓN DE LO PÚBLICO El descontento democrático. En búsqueda de una filosofía pública, Michael J. Sandel, traducción de Albino Santos Mosquera, Debate, México, 2023.

L Protesta en New York, en 2017. Foto: Kena Betancur/ Getty Images/AFP.

Alejandro Badillo |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

a nueva edición de El descontento democrático –un clásico de Michael J. Sandel, profesor de Derecho en la Universidad de Harvard y Premio Princesa de Asturias en 2018– es una contribución valiosa al debate de las ideas en un escenario en crisis. Originalmente publicado en 1996 –ahora con un capítulo extra que aborda los hechos de la vida pública en Estados Unidos en lo que va del siglo XXI– se podría considerar como un adelanto de lo que viviría Occidente en estos años. No estoy hablando, en absoluto, de una profecía que se cumplió, pues Sandel no apela a ninguna subjetividad o, peor aún, sensibilidad para hacer su diagnóstico. A través de la historia y de revisar con espíritu crítico las diferentes ideas que marcaron a la vida política estadunidense desde su misma fundación, nos revela qué tanto ha cambiado la convivencia en la llamada democracia liberal y cómo ha erosionado la economía, la cultura laboral y la estabilidad del ciudadano común que, ahora, se enfrenta a un mundo en crisis constante. Este diagnóstico, exportado a través de la globalización a finales del siglo pasado, aplica a otras naciones como México con sus correspondientes matices. El punto de partida de Sandel –no sólo en este título sino en otros como La tiranía del mérito o Lo que el dinero no puede comprar– es aquello que une a los ciudadanos y, sobre todo, lo que busca es llevar el concepto de lo moral a la vida pública. Esta aproximación puede sonar absurda en la era tecnocrática que vivimos, marcada por el individualismo –el “individuo tirano” según el término acuñado por el filósofo francés Éric Sadin– y la fragmentación de la convivencia. Sin embargo, como cualquier lector con espíritu crítico puede entender después de leer el libro, poner en el centro la discusión sobre lo que es conveniente para un país –integrando, en este proceso, a todas las voces– es fundamental para enfrentar los desafíos de los años recientes, caracterizados por la polarización, la violencia y el cambio climático.

El descontento democrático, evidenciado en el surgimiento de personajes como Donald Trump y los movimientos radicales de ultraderecha en Europa, entre otros ejemplos, no es un fenómeno reciente y, por lo tanto, no se puede remediar con medidas que no ataquen el paradigma político y económico que se ha construido desde hace mucho. Sandel recurre, en una exposición detallada, a la fundación de Estados Unidos y a las diferentes ideologías que se enfrentaron para moldear al nuevo país. Curiosamente, la primera élite de gobernantes –en particular Andrew Jackson que gobernó de 1829 a 1837– intentó poner límites al poder económico que, en ese entonces, aún no expandía su influencia a nivel global. Lo más importante para los arquitectos de la nación –terratenientes en su mayoría– era cultivar la ciudadanía en sus gobernados, para darle sentido al orden político. En una época en la cual aún no despegaba la economía industrial, la tierra se convirtió en el elemento que permitiría alentar al estadunidense virtuoso y, sobre todo, cohesionado con su comunidad. El descontento democrático no se queda en el diagnóstico y ofrece algunas propuestas para intentar unir a una sociedad cada vez más fragmentada y poco solidaria. Sin embargo, como afirma Sandel, revertir décadas de degradación no es sencillo. Apuntando, sin mencionar directamente, al anarquismo o, al menos, algunos elementos de esta filosofía, describe ejemplos que ya funcionan como una forma de “autogobierno”, es decir, comunidades que apuestan por una independencia cada vez mayor ante el embate de la financiarización de la economía y la erosión de lo que antes cohesionaba a Estados Unidos. Los casos de resistencia marcados por el regreso del interés común no son, como refiere el autor, soluciones mágicas para recuperar lo perdido, sino apuestas por la diversidad de ideas cuyos frutos aún no conocemos y que intentan rescatar el espíritu democrático para el futuro ●


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12 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

Qué leer/ Un nuevo p país al otro lado de mi ventana, Theodor Kallifatides, traducción de Selma Ancira, Galaxia Gutenberg, España, 2023. THEODOR KALLIFATIDES nació en Mololai, Grecia, en 1938 y emigró a Suecia en 1964. Ha publicado más de cuarenta libros de ficción, poesía y ensayo. En Un nuevo país al otro lado de mi ventana examina sus orígenes griegos y el cambio personal producido por su traslado a Suecia. Es un libro de autorreflexión. En el volumen trata los temas esenciales de su escritura: el individuo, la historia, el sentido de pertenencia, la emigración, el idioma, el amor, la identidad y los recuerdos. “Para mí, como escritor, la única nacionalidad que cuenta es la lengua en la que escribo. […] Con el paso del tiempo me volví más extranjero todavía. El aislamiento superficial de los primeros años pasó a ser interior”, escribe Theodor Kallifatides.

La interpretación sociológica de los sueños, Bernard Lahire, traducción de Karla Sánchez Domínguez y Agustín del Moral Tejeda, Universidad Veracruzana, México, 2023. EL SOCIÓLOGO FRANCÉS Bernard Lahire realizó una pesquisa multidisciplinaria. Concluye que los sueños son un hecho social –todos soñamos–, resultan interpretables y han sido estudiados en distintas vetas porque son “una verdad transhistórica”: no se sueña en un paradigma de sociedad solamente. Para el pensador galo “la sociología está en condiciones de construir una nueva síntesis teórica acerca de los logros científicos contemporáneos en el estudio de los sueños.” Observa las “regularidades de los sueños en relatos biográficos.” Bernard Lahire conduje la investigación sociológica al mundo onírico y somete “a prueba” el trabajo de Sigmund Freud.

Dónde ir/ Troya, Stephen Fry, traducción de Rubén Martín Giráldez, Anagrama, España, 2023. ERUDITO, STEPHEN Fry narra la guerra de Troya. El escritor actualiza antiguas historias: el rapto de la reina griega Helena por el príncipe troyano Paris desata un conflicto bélico entre los pueblos. Aparecen héroes y dioses. “Troya. El reino más maravilloso del mundo. La joya del Egeo. La rutilante Ilión, la ciudad que se elevó y cayó no una, sino dos veces. Guardiana de las entradas y salidas del bárbaro Oriente. […] Todas las cosas, Troya incluida, comienzan y acaban con Zeus, el rey de los dioses, gobernador del Olimpo, señor del trueno, recolector de nubes y portador de tormentas”, afirma Fry.

Sementera. Dibujos adolescentes de Francisco Toledo. Curaduría de Bernardo González Díaz. Centro Nacional de las Artes (Río Churubusco 79, Ciudad de México). Miércoles a domingo de las 10:00 a las 17:30 horas. Hasta el 28 de enero de 2024.

finales de la década de 1950 y a principios de la de 1960, durante la primera estadía del artista plástico oaxaqueño en Ciudad de México.

Oleanna. Dramaturgia de David Mamet. Dirección de Naian González Norvind. Con Mónica Dionne y Ana Mancera. Foro Lucerna (Lucerna 64, Ciudad de México). Lunes y martes a las 20:30 horas. Hasta el 26 de diciembre. LA PUESTA EN escena de la obra de David Mamet –dramaturgo, ensayista, novelista, guionista y director de cine– dirigida por Naian González Norvind es novedosa: se trata de la primera ocasión en que, internacionalmente, el texto –escrito para una actriz y un actor originalmente– es interpretado por dos mujeres. En la obra se aborda el vínculo de un profesor universitario, en esta versión una profesora, con una estudiante. Se genera un problema entre las dos a través de divergencias en la comunicación. La interacción de las actrices y el lenguaje dejan ver el acoso sexual.

EN EL CENTRO Nacional de las Artes se exhibe la muestra Sementera. Dibujos adolescentes de Francisco Toledo. La exposición del creador juchiteco está conformada por ochenta piezas, propiedad de la Colección Ponce Kurczyn. Con bolígrafo y lápiz, Toledo dibujó “personas de su entorno, escenas cotidianas, objetos comunes y animales”, afirma el curador. Algunos de los ochenta dibujos –que nunca habían sido expuestos– fueron realizados a

En nuestro próximo número

UN JARDÍN SEMANAL POSIBLE: LA POESÍA DE SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA

OLGA OROZCO


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LA JORNADA SEMANAL 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

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Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx

Lost & Found: lo perdido y lo encontrado

L

ost &Found. Lo perdido y lo encontrado es el tercer proyecto de la colectiva Saloneras/ Women’s Salon, grupo integrado por una treintena de mujeres provenientes de diversas formaciones, vinculadas por el afán de un diálogo interdisciplinario que les permita comprender y asimilar qué se perdió y qué se encontró en términos existenciales a consecuencia del confinamiento por la pandemia de Covid-19. Así lo explica Karen Cordero Reiman, curadora e integrante del grupo: “Empezamos como grupo en 2018 para dialogar y encontrar una dinámica creativa entre mujeres. El primer proyecto que hicimos fue presentarnos entre nosotras –un grupo de México, Los Ángeles y París– a través de cajas-objeto con cosas que nos identificaban, y surgió la oportunidad de hacer una exposición en SPARC, un espacio comunitario muy interesante en Venice, California. Luego comenzamos a trabajar sobre los sueños a partir del Libro rojo de Jung, dado que algunas de nuestras compañeras son jungianas. En 2020 surgió la pandemia y seguimos reuniéndonos virtualmente en Zoom y el trabajo se volvió más intenso. Cada una hizo una imagen fotográfica de 30x30 y un pequeño video, y lo exhibimos en varios lugares, pero sólo se pudo ver de manera virtual. Finalmente se presentó aquí en la Plaza Luis Cabrera y en Terreno Baldío. Al salir de la pandemia nuestro cuestionamiento fue qué perdimos y qué encontramos durante ese

tiempo.” El resultado de esta reflexión colectiva se presentó en La Nana. Laboratorio Urbano de Arte Comprometido, lugar idóneo para recibir esta muestra por tratarse de un espacio sui generis de encuentro abierto a la experimentación artística y pedagógica a través de exposiciones y talleres disponibles para todo tipo de públicos en la Colonia Guerrero. En esta exposición participaron veinticinco Saloneras con una fotografía de 30x30 cm, un video de 1 minuto y medio, y un texto alusivo al contenido de su pieza. Las autoras de diversas nacionalidades y disciplinas fueron: Estefanía Ángeles, Susan Arena, Ángela Caparroso, Karen Cordero Reiman, Mónica del Villar, Carmen Gaitán Rojo, Natalia García Clark, Mercedes Gertz, Mali Haddad, Carmen Mariscal, Heidi Mezzatesta, Tanya Mordacci, Erica Muralles Hazbun, Irma Sofia Porter, Claudia Polanco, María Rendón, Gabriela Rochín, Marisol Rojas, Elena Rojas García, Moza Saracho, Stacy Tenhouten, Lourdes Valdés, Lorena Velázquez, Christina Yglesias, Elizabeth Yochim. Las obras realizadas ex profeso para esta exhibición son el resultado de las cuitas existenciales de las creadoras, cuyas búsquedas convergen en diversos estadios explorados a través de sus viajes interiores: la memoria, la conciencia, la identidad, la pérdida, la separación, los sueños, el dolor, la sanación, la esperanza, los mitos familiares… El guión museográfico de Karen Cordero

1. En el principio… (Autorretrato), Ángela Caparroso. 2. Abandono de ausencia / Abandona la ausencia, Carmen Mariscal. 3. Mi madre como novia, Susan Arena.

hilvanó los temas enlazados en una suerte de cartografía de los sentimientos y las emociones plasmados en técnicas variopintas cuya versión final fue registrada en una fotografía. Recojo reflexiones de algunas de las Saloneras: “Desde el momento en que nacemos, empezamos a perder… Sin embargo, también empezamos a encontrar, a aprender, a construirnos y a construir”, Moza Saracho (artista visual y diseñadora teatral). “Lo que perdí fue a mí… Lo que encontré soy yo”, Stacy Tenhouten (escritora y maestra de yoga). “Con el tiempo, las historias se convierten en leyendas, las cuales usamos para entendernos” (Christina Yglesias, artista visual, videasta, docente y curadora). En algunos casos, el ejercicio se convirtió en una suerte de catarsis por la pérdida de un ser amado, la búsqueda de reconciliación con un antepasado, el enfrentamiento con realidades familiares dolorosas antes desconocidas. La incursión al viaje interior a partir de la búsqueda de liberación del subconsciente es el proceso y el resultado de todas estas creaciones entreveradas por la representación de las emociones a flor de piel ●


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14 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

Arte y pensamiento

Tomar la palabra/ Agustín Ramos

Claudina Domingo.

Deshumanizarse MILES DE CADÁVERES pequeños cargados por almas heridas de muerte. Multifamiliares, hospitales, escuelas y refugios demolidos bajo un mortaja mediática que incluye el asesinato intencional de periodistas. Y mientras la gente de Gaza sufre la masacre indiscriminada, el acribillamiento en rutas de evacuación, la obstrucción total de lo mínimo para sobrevivir –energía eléctrica, alimentos, agua–, rabinos, influencers y militares israelíes festejan los bombardeos de objetivos civiles orando, bailando y parodiando la mortandad, las lesiones, los bebés desguazados. ◆◆◆

“SI NO HAY aquí dos Estados, y pronto, es muy posible que… se instaure aquí, temporalmente, una dictadura de judíos fanáticos, una dictadura con tintes racistas, una dictadura que oprima con mano de hierro tanto a los árabes como a sus opositores judíos… Hay sabios… que nos cuentan que el conflicto no tiene solución y, por tanto, abogan por la ‘gestión del conflicto’… La ‘gestión del conflicto’ significa una continuación de la Primera, la Segunda, la Tercera, la Cuarta y la Quinta Guerra del Líbano, de las operaciones Plomo Fundido, Pilar Defensivo, Margen Protector, Arco Tensado y el ascenso de Hamás, o de algún elemento más radical y fanático que Hamás...” Esta cita no es de Edward Said ni de Gustavo Petro. No la declaró un resistente palestino ni alguien de la disidencia judía. Tampoco es una consigna de las manifestaciones mundiales de protesta por el genocidio del pueblo palestino. Ni se expresó en el lado contrario del eje Israel-Wall Street. No. Proviene de un intelectual sionista progresista que, en sus propias palabras, no fue paloma ni halcón y no se opuso al militarismo israelí. La cita es del gran novelista Amos Oz, quien la pronunció en 2015, en Herzliya y en Tel Aviv, antes de integrarla como uno de los tres ensayos de su esperanzado libro Queridos fanáticos. La profecía de Oz explica el actual horror de miembros convulsos entre escombros, el alarido ante una familia completa calcinada, los brazos que cargan sueños mutilados, el estallido que cercena la entrevista a un niño, el estruendo de la desinformación mercenaria. Sí. Israel exterminará al pueblo palestino, no quedará piedra sobre piedra de Gaza y quienes imponen mentiras y justifican atrocidades mediante vetos y miedos y medios cantarán victoria. Sin embargo, Israel habrá perdido, pese a los silencios cómplices y a la renuncia categórica de la paz por parte de sus titiriteros de Occidente. Y aunque –como todo lo indica y nada ni nadie lo impide– Israel consiga exterminar a los habitantes originales del territorio que ocupa, estará condenado a seguir asesinando a sus vecinos de los países árabes, y si también acaba con ellos sentirá la amenaza de Irán y, luego, la de los restantes países del mundo. Para siempre. ◆◆◆

FUE A LA terrorista Golda Meir –sucesora digna de Ben Gurión et al.– a quien por primera vez leí tachar de animales a los palestinos que en los años setenta del siglo XX se resistían al despojo y a los árabes que apoyaban tal resistencia. Animalizar al enemigo para matarlo como fiera rabiosa con el beneplácito de jueces y testigos, es el recurso que un siglo antes, en 1871, había denunciado Louise Michel, la comunera parisina. Pero Netanyahu, sus patrones y sus compinches de acción y disimulo, han hecho algo peor que animalizar a los palestinos. Ministros religiosos invocan la obligación que sus sagradas escrituras les impone de asesinar a niños en la cuna, y jovenzuelos –también psicópatas, quizá no judíos, quizá ni siquiera sionistas, pero sí israelíes– se burlan en memes y videos de los mártires de Gaza, renunciando así a su propia dignidad humana, deshumanizándose a sí mismos ●

Biblioteca fantasma/ Evelina l Gill

Claudina en la escuela, again DUDO QUE CLAUDINA se llame así por casualidad. Me refiero a Claudina Domingo, a quien muy probablemente bautizaron en honor al célebre personaje de Colette, adolescente más que precoz que lleva un diario de sus experiencias y aventuras como estudiante de un poco ortodoxo colegio para señoritas. La otra Claudina, protagonista de Dominio, aunque jamás mencione a su tocaya literaria, tampoco comparte nombre con la autora por casualidad. La de la novela Dominio (Sexto Piso, UANL, México, 2023), así como la de la autora francesa, tiene una faceta como niña precoz o, como ella misma dice: está convencida de no haber sido niña jamás, excepto en apariencia. A diferencia de lo preconizado por Simone de Beauvoir, estamos ante un personaje que “nació mujer”, que desde muy pequeña supo lo que quería ser y cómo lo haría, entregándose a elaborados ritos eróticos y oníricos con su compañero-cuerpo que llega a conocer al dedillo, mientras otras juegan con muñecas. Pero en esta novela, que será denominada “ejercicio de autoficción”, nos enfrenta a un personaje que va mucho más allá de emprender un abrupto camino hacia/contra la madurez. Una sola mujer se escinde en dos Claudinas, casi contrapuestas: está, sí, la niña-mujer sedienta de Conocimiento. La mayúscula no es capricho: engloba lo aprehendido tanto en los libros como en experiencia, y la pequeña Claudina se arroja, confiada, en brazos de la vida, múltiples veces y sin paracaídas. Cuando se dispone de tantísima curiosidad erótica y sensorial, hasta los bulliciosos corredores de una escuelita estándar, plagada de los mismos chiquillos imberbes replicados hasta en las películas, albergan múltiples recovecos, escondites y contingencias para satisfacer anhelos de cuerpo y mente. Claudina sabe cómo trastocar su anodina estancia en el colegio, volverla universidad de sus sentidos, además de buscar, incansable, allende los muros de su centro de estudios, recorriendo en soledad las calles de la enigmática ciudad dentro

de la que coloniza su personal ciudadela. Esta niña no le hace ascos a nada que represente potencial materia para los poemas y las historias que pretende concretar más adelante, resuelta a ser escritora. No escatima siquiera una suerte de visita conyugal en una prisión que espantaría a cualquier señorita sensata: “Me sumerjo en la ciudad de las visiones con voracidad y desesperación, una sensación parecida a estar cerca del orgasmo [...] y sin embargo no consigo asirlas en mi cuadernito de forma francesa.” Del otro lado está Claudina, una adulta millennial que a sus treinta y siete años, tras sopesar alternativas ante un embarazo inesperado, tiene un aborto que se complica al grado de ponerla al borde de la muerte. La traumática experiencia la refunde por largo rato en el sitio idóneo para las recapitulaciones: el hospital. A diferencia de la niña Claudina, incansable persecutora de placeres, la adulta lidia con el dolor físico y emocional, así como con el abofeteo de una realidad de espaldas a las novelas galantes, donde cosas tan vulgares como el dinero y la sobrevivencia acaparan de súbito su existencia. Esta experiencia poco hospitalaria constituirá, en la misma medida que la de la escuela, un aprendizaje para una mujer, todavía joven –aunque se perciba no sin sobresalto como “una mujer de casi cuarenta años”– que si bien ha cumplido la tarea propuesta en su adolescencia de convertirse en escritora, ansía, de pronto, algo semejante a la estabilidad, pero consigo misma, su única compañía fiel. Algo que podríamos denominar Dominio. Ambas historias –ambas Claudinas– se narran salteadamente, persiguiéndose una a la otra como en una carrera de relevos que no permite concesiones. Claudina Domingo se desdobla en esta segunda novela que, si bien es muy distinta a la primera, La noche en el espejo (Sexto P0iso, 2020), que resalta más por la belleza de su prosa y de sus imágenes surrealistas, se supera en intensidad y en lance narrativo ●


Arte y pensamiento

LA JORNADA SEMANAL 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

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Bemol sostenido / Alonso Arreola

T : @LabAlonso / IG : @AlonsoArreolaEscribajista

Carla Bley, al final de la colina A CARLA BLEY hay que buscarla tocando el piano sobre “Lawns”, a dúo con el bajista Steve Swallow, su marido. Ya viejos. Solos los dos. Eso es lo primero. Sí, lectora, lector. Hay que dejarse encantar por la suavidad de su toque; por la calma, dulzura y carácter de interpretaciones que conocen el paso y el peso del tiempo. Flechándose con la mirada, sus veinte dedos ejercen una telepatía inaudita. Su originalidad es múltiple. Discursiva, sonora, dinámica. Entre ellos baila el amor. Su posibilidad. En esos videos ella aún ostenta la cabellera leonina. La de siempre. Voluminosa, atractiva. Apenas se ven sus ojos bajo el fleco de corte abrupto. Atenta a los “pasos” de él, le dice cosas sin alzar la voz, con el puro movimiento de los labios. Ejerce el poder que la distinguió mientras dirigía grandes bandas, orquestas o a su propio grupo: el de tocar a plenitud mientras proyectaba atención hacia los otros. ¿Por qué hablamos en pasado? Porque acaba de morir. Y lo sentimos. Sobre todo por él. (En su última entrevista, ya con ella enferma, no se sueltan la mano.) A propósito del amor en su música, hay más que decir. Carla Bley se casó tres veces. Todas con músicos célebres. El primero fue Paul Bley, de quien tomaría el apellido para hacerse velozmente de un nombre propio. Lo conoció mientras era la “chica de los cigarros” en el Birdland de Nueva York. Luego giraría y viviría con el trompetista Micke Mantler, al lado del cual conoció la vanguardia experimental. Finalmente llegaría a la vida de Swallow, con quien se volvería leyenda. Esto es relevante por su espíritu curioso, libre y en movimiento. Con ellos encontró grandes vetas musicales. Compuso, arregló e improvisó obras que hoy se hallan en el mejor catálogo del género. ¿Ejemplos? “Birds of Paradise”, estrenada en el Festival de Jazz de Glasgow, es una obra valiosa. Grabada en el año noventa y dos, posee un arreglo de vena retro que combina a músicos de la ciudad británica con otros tan notables como Lew Solof (trompeta), Gary Valente (trombón), Andy Sheppard (saxofón), Alex Balanescu (violín) y el propio Swallow en el bajo. Ver el documental que sobre aquellos ensayos y presentaciones exhibiera este festival en 2020, año de pandemia, es un privilegio. Allí podemos atestiguar la personalidad de una mujer que supo triunfar en un ambiente predominantemente masculino. También es señera su participación en la Liberation Music Orchestra del contrabajista Charlie Haden. Con él se aproximó a ese cauce que tanto la animara en su juventud llegando a Nueva York. Nos referimos al Free Jazz inaugurado por Ornette Coleman y sus secuaces (entre ellos el mismo Haden). Ya antes había nadado en esas aguas con la Jazz Composer’s Orchestra dirigida por su entonces marido, Micke Mantler. A ella recurrió para grabar lo que algunos consideran su álbum debut; su mayor empresa discográfica: Escalator Over The Hill, una ópera con letras de Paul Haines, cuyo género nombró Chronotransduction y que tardó tres años en completar. Trabajo intuitivo, es uno relevante para el jazz estadunidense. Enormemente ambicioso. Un triple vinilo en el que conviven personajes asombrosos y variopintos: Jack Bruce (The Cream), John McLaughlin (Mahavishnu), Paul Motian, Don Cherry, Linda Ronstadt, Don Preston y decenas más, entre instrumentistas, actores y cantantes. Maquinaria que se puede conocer en Youtube gracias a videos que muestran su proceso de grabación y ensayos. Ello nos lleva a recomendarle –para terminar– que escuche lo que Bley hizo junto a colegas del rock como Robert Wyatt (Soft Machine) y Nick Mason (Pink Floyd). Porque lo suyo fue un “no quedarse con ganas de nada” durante ochenta y siete años de vida. Lo que celebramos regresando a esos videos al lado de Steve Swallow, seguros de que todo valió la pena. Descansa Carla. Has llegado. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars Morelia 21 (II de III) Escritas el pasado martes 24, estas líneas serán leídas cuando la vigésimo primera edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) haya concluido y, desde la perspectiva de los últimos y pandémicos años, regresado del todo por sus fueros: en 2022, cuando el FICM se hizo veinteañero, aún campeaba un aire como de aturdimiento colectivo tras el covídico encierro que ahora, felizmente, parece desterrado por completo a juzgar por las salas de cine llenas, el afán cinéfilo de ver esta o aquella película para uno imperdible y la usual algarabía que, sin contar la pausa de la cuarentena, desde hace dos décadas y un año es el rasgo más notorio de la cita cinematográfica más relevante que tiene lugar en México. Como es habitual, son dos las secciones que acaparan la atención: los estrenos internacionales, que incluyen buen número de cintas provenientes del Festival de Cannes, así como los largometrajes mexicanos en competencia; de estos últimos se hablará aquí en las siguientes entregas.

Las amenazas EN CANNES SE estrenó Habitación 999, largodocumental dirigido por Lubna Playoust, que podría definirse como la segunda parte histórica de otro, hecho por Wim Wenders hace cuatro décadas, titulado Habitación 666. La intención de ambos es hacer que un conjunto de cineastas –dieciséis en el de Wenders, treinta en el de Playoust– brinden una breve reflexión acerca del estado que guarda la cinematografía misma, en aquel 1982 y en este 2023. En el primer caso, sobre el cine como industria, oficio y arte pendía una preocupación en torno a la suerte que aquél podría correr ante la irrupción de las videocintas; el temor principal radicaba en la posibilidad de que las salas de cine desaparecieran por completo y en lugar de la experiencia colectiva reinara en términos absolutos la individual de ver cine en casa.

Ciertamente, la del caset Beta y de inmediato el VHS no eran la primera “bestia” que le mostraba sus fauces al cine: antes lo hizo la televisión y más atrás el tránsito del cine silente al sonoro y, como de estas dos, el cine salió bastante bien librado del videocaset aunque, como también es evidente, sólo fue cuestión de tiempo para que una nueva amenaza se presentara en el horizonte. Desde luego, por un lado consiste en los servicios de streaming, potenciados por la pandemia y que, por definición, cancelan la mencionada experiencia colectiva y. por otro, se sustenta en la llamada “democratización” del ejercicio creativo cinematográfico, en virtud del acceso casi universal a las herramientas mínimas con las cuales es posible hacer cine... o lo que más se le parezca. Es precisamente sobre este último punto en el que se centra la reflexión, expresada individualmente, de los treinta realizadores, hombres y mujeres, incluidos en Habitación 999. Dispares e incluso contrapuestas, las posturas de los cineastas van desde declarar al cine en estado terminal, hasta quienes sostienen que tal cosa es imposible. No le falta razón, por ejemplo, a un Wenders aparentemente entre la resignación y la mínima esperanza, ni tampoco a quienes deploran la uniformización del lenguaje cinematográfico, fenómeno empobrecedor que tanto le gusta a los “políticamente correctos” dueños, programadores y consumidores consuetudinarios de la oferta fílmica de las plataformas digitales. Empero, tampoco yerran quienes sustentan la idea de que el cine no ha de morir en tanto su naturaleza descansa más en los componentes creativos que lo forman y la intención que lo anima, y no tanto en el soporte físico con el que se haga o aquel otro donde se difunda. El propio Wenders da pauta para el optimismo: Perfect Days, su filme más reciente, rebosa de todo aquello que algunos de sus colegas ponderan y muestran en sus respectivos trabajos: sensibilidad, búsqueda y hallazgo de la belleza, una postura vital que defender y una voz fílmica propia para hacerlo. (Continuará.)


LA JORNADA SEMANAL

Cuento

16 5 de noviembre de 2023 // Número 1496

Muertes Febronio Zatarain

Comprobación Dos Hombres discuten en la cantina. –Te digo que la Muerte no existe; que aquí estaremos siempre. –Cómo; si es obvio que al morir, morimos. Te lo voy a comprobar. De su costado izquierdo saca un revólver y se vuela las sienes. Aún con el dedo en el gatillo, abre los ojos y dice: –Tienes toda la razón. Pero su acompañante ya no lo escucha.

El infierno Le habían herrado el pecho con un fierro candente y a través del humo de su carne quemada le extendieron un tarro lleno de plomo burbujeante. Jesús no entendía lo que pasaba. Pidió una audiencia con Luzbel. –Te condenó tu vanidad. Andabas dice y dice que eras el Hijo de Dios. –¿Acaso no lo Soy? –No. –Entonces, ¿quién o quiénes son sus hijos? –Nadie los conoce; han pasado por la Tierra completamente desapercibidos.

Visita Anoche la Muerte entró a mi recámara. Hice mi iPhone a un lado y de su niebla oscura salió una voz: –¿Estás listo para el abrazo? –¿Qué abrazo? –El único que existe. –¿Cuál es ése? –El mío.

Me extendió sus falanges y antes que me rozaran, salté a la vigilia.

Calor

Esa noche iba a morir; me había descuidado. Mi respiración era cada vez más corta y un dolor bajaba de mis clavículas y me recorría el pecho. Imposible dormir. Puse una almohada sobre otra pegadas al muro y me recargué. Frente a mí, un óleo donde resaltaban los tubos de un sótano. La respiración seguía acortándose; exhalar/inhalar. –Te queda un minuto —dijo una voz que salía de los tubos–; arrepiéntete. El óleo se fue desvaneciendo y en la pared surgieron mis escasos aciertos y mis muchos errores. Mi ternura los palpaba cuando solté el último hálito.

El deceso me enfrió el cuerpo y me entibió el alma. El viaje fue agotador. Divisé a San Pedro sonriente; aceleré el paso y el sudor aumentó en todo mi rostro. –¡Bienvenido, José Alfredo! –me dijo el Guardián. Correspondí a su abrazo efusivo y, mientras me separaba, le pregunté: –¿Hay alguna cantina por aquí? –En toda la Gloria impera la ley seca; ¡nada de alcohol por toda la eternidad! –¿Y en el Infierno? –Allá hay una cantina en la mera entrada. Y ofreciéndole la mano a manera de despedida, le hice la última pregunta: –¿Por dónde me voy? Y heme aquí con ustedes.

Insomnio eterno

Visión

Hubo una vez un hombre que se acostó, cerró los ojos, buscó el sueño y no se perdió en nada. Estuvo así varias noches y varios días. Notó que se había olvidado de su trabajo, de su esposa, de sus hijos; no comía, no bebía agua, no usaba el inodoro y seguía sin caerle el veinte.

No hay Infierno, mucho menos Cielo. Hay un lugar, eso sí, donde vivos y muertos, en lo álgido de una madrugada, brotaremos de la tierra con la ropa vuelta hilachas. Nos recibirá un gran ejército de monjas, con un caldo de gallina recién hecho en grandísimas calderas. Ellas habrán picado cilantro, cebolla y, molido en molcajetes, chile de árbol.

Mi última ternura

Búsqueda Me busco pared adentro; me asfixio, me desvanezco. Sé que soy sin cuerpo, que algo tendido hay de mí, rodeado de mezcla y de ladrillos. El alma saca las manos, abre sus yemas y mira; se recoge, se interna más en lo sólido. Es un aire que se escurre; levita, se pliega a la lápida, sale a la superficie, salta a la grama; bebe rocío.

López Arretche Fracasé. No pude revivirme en el absurdo. Abrí al máximo mi boca y exhalé con todas mis fuerzas, pero no escuché ningún grito. ▲ Grabado de José Guadalupe Posada.


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Semanal 5/11/2023 by La Jornada - Issuu