son nuestros íntimos enemigos, también nos espían. Para “proteger al mundo democrático”, la USAID planea llevar DIIA o su equivalente a otros estados. Países de Arunachal Pradesh. como Ecuador, Zambia, República Dominicana, están a la Foto Afp cabeza de la fila. La preocupación es que una vez que una app como DIIA es “readaptada para la guerra”, ¿puede ser “desreadaptada” para la paz? ¿Puede una ciudadanía que fue convertida en un arma ser desconvertida en un arma? ¿Pueden los datos privatizados ser desprivatizados? India también lleva camino andado en esta dirección. Durante el primer término de Modi como primer ministro, Reliance Industries, entonces la mayor compañía en India, lanzó JIO, una red wifi gratuita que venía como parte de un teléfono inteliUna vez que JIO logró gente muy barato. Una vez que logró sacar del mercado a la competencia, comenzó a sacar del mercado a la cobrar una pequeña cuota. JIO convirtió a competencia, comenzó India en el mayor consumidor de datos wifi a cobrar una pequeña en el mundo, más que China y Estados Unicuota. Convirtió a India dos juntos. en el mayor consumidor En 2019, había 300 millones de usuarios de datos wifi en el de teléfonos inteligentes. Junto con todos mundo, más que China los innegables beneficios de estar conectay Estados Unidos dos a Internet, estas millones de personas juntos. se volvieron una audiencia cautiva para mensajes de odio y de socialmente radiactivas e interminables noticias falsas, que fluyen incansablemente a sus teléfonos a través de las redes sociales. Aquí es donde verás a India sin adornos. X Legisladores de la Aquí es donde se amplifican esos llamados al genocidio oposición llevan una y a la violación masiva de musulmanes. gran bandera nacional y ▲ Una niña juega frente
a su casa en la localidad
realizan una marcha de protesta desde la casa del Parlamento indio, en Nueva Delhi, India. Foto Ap
17 de abril de 2023
IV
La revolución digital en India es un ejemplo perfecto de cómo los intereses de los grandes negocios y de la supremacía hindú coinciden perfectamente. A medida que los ciudadanos de India, a millones, ingresan a la arena digital, vidas completas pasan a ser vividas en línea, la educación, la atención a la salud, los negocios, los bancos, la distribución de las raciones de alimentos a los pobres. Las empresas de las redes sociales tienen que estar cada vez más atentas al gobierno, que controla esta alucinante participación en el mercado. Porque, cuando ese gobierno no está contento, como a menudo sucede, simplemente puede apagar todo. Estamos en espera de la nueva draconiana Ley Digital 2023 de India, que le dará al gobierno inimaginables poderes sobre Internet. India ya impone más apagones de Internet que ningún otro país del mundo. Se pronostica que, para 2026, India tendrá mil millones de usuarios de teléfonos inteligentes. Imagina ese volumen de datos en una app DIIA hecha para India. Imagina todos esos datos en manos de empresas privadas. O, por otro lado, imagínalo en manos de un Estado fascista y sus simpatizantes indoctrinados y convertidos en armas. Por ejemplo, digamos que tras aprobar una nueva ley de ciudadanía, el país X manufactura millones de “refugiados” de sus propios ciudadanos. No los puede deportar, no tiene el dinero para construir cárceles para todos. Pero el país X no necesitará un gulag o campos de concentración. Simplemente puede apagarlos. Puede apagar al Estado en sus Teléfonos Inteligentes. Podría entonces tener una amplia población dedicada a los servicios, virtualmente una subclase laboral sin derechos, sin salario mínimo, sin voto, atención a la salud o raciones de alimentos. Podría ser una operación bastante eficiente y transparente. Hasta podría parecer una gran democracia. ¿Cómo olería un Estado así? ¿O a qué sabría? ¿Algo irreconocible? ¿O algo muy reconocible? Gracias por su paciencia. Por ahora, los dejo con estos pensamientos. ¿Qué es un país? ¿Qué es un Estado? ¿Qué es un ser humano? ¿Y quién o qué es un escritor? El texto es una versión editada de “Acercándonos a un punto muerto: la libertad de expresión y la democracia fallida”, que fue publicado primero en inglés en Literary Hub y cuya versión íntegra en español se puede consultar en la página web de La Jornada con la liga https://bit.ly/3L4UY2X. Se reproduce con autorización de la escritora. Traducción: Tania Molina Ramírez *Arundhati Roy es autora de El dios de las pequeñas cosas, entre otras obras, y activista por los derechos humanos y el medio ambiente.
L INDIA HOY, 17 de abril de 2023
UN ANÁLISIS DE ARUNDHATI ROY*
A ÚLTIMA VEZ que vine a Suecia fue en 2017, para la Feria del Libro de Gotemburgo. Varios activistas me pidieron que la boicoteara, porque, a nombre de la libertad de expresión, había permitido que el periódico de extrema derecha Nye Tider instalara un puesto. En aquel momento les expliqué que sería absurdo que hiciera eso porque Narendra Modi, el primer ministro de mi país, quien era (y es) cálidamente bienvenido en el escenario mundial, es un miembro vitalicio de la Asociación Patriótica Nacional (RSS, por sus siglas en hindi), una organización de extrema derecha supremacista hindú, fundada en 1925 y constituida a semejanza de los camisas negras, el ala paramilitar “voluntaria” del Partido Nacional Fascista de Mussolini. En Gotemburgo, presencié la marcha del Movimiento de Resistencia Nórdico. El primer desfile nazi en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En las calles, jóvenes antifascistas se movilizaron en su contra. Pero hoy, un partido de extrema derecha, si bien no abiertamente nazi, es parte de la coalición gobernante en el gobierno sueco. Y Narendra Modi está en su noveno año como primer ministro de India. Al hablar sobre la democracia fallida, me referiré sobre todo a India, no porque sea conocida como la mayor democracia del mundo, sino porque es el sitio que amo, el sitio que conozco y en el que vivo, el sitio que todos los días rompe mi corazón. Y que también lo cura. La democracia de India está siendo sistemáticamente desmontada. Sólo permanecen los rituales. El instituto sueco V-Dem, con su detallada y extensa base de datos que mide la salud de las democracias, categoriza a India como una “autocracia electoral”, junto con El Salvador, Turquía y Hungría, y predice que probablemente las cosas empeoren. Hablamos de mil 400 millones de personas que salen de la democracia y entran a la autocracia. O peor. India, en la práctica, se ha convertido en un Estado hinduista corporativo y teocrático, un Estado severamente controlado por la fuerza policial, un Estado aterrador. Las instituciones que fueron vaciadas por el régimen anterior, sobre todo los medios mainstream, ahora hierven con fervor supremacista hinduista. Al mismo tiempo, el libre mercado ha hecho lo que hace el libre mercado. Brevemente, según el informe 2023 de Oxfam, uno por ciento de la población de India es dueña de más de 40 por ciento de la riqueza total, mientras que 50 por ciento de la población (700 millones de personas) tiene cerca de tres por ciento de la riqueza. Somos un país muy rico de gente muy pobre. Pero la ira y el resentimiento que esta desigualdad provoca, en vez de estar dirigidos hacia aquellos que podrían ser responsables de algunas de estas cosas, son cosechados y enfocados contra las minorías en India. Los 170 millones de musulmanes, que componen 14 por ciento de la población, están en la línea de fuego. En enero de este año, la BBC transmitió un documental de dos partes, titulado India: The Modi Question. Seguía el viaje político de Modi desde su debut en 2001 como ministro jefe del estado de Gujarat a sus años como primer ministro de India. La cinta sacó a la luz pública, por primera vez, un informe interno encargado por el Ministerio de Relaciones Exteriores británico en abril de 2002, acerca del pogromo antimusulmán que se realizó en Gujarat, durante el mandato de Modi, en febrero y marzo de 2002, justo antes de las elecciones del Congreso estatal. Ese informe investigativo, embargado durante todos estos años, simplemente corrobora lo que activistas de India, periodistas, abogados, dos policías de alto rango y testigos de la violación masiva y la masacre han dicho durante años. Calcula que “al menos 2 mil” personas fueron asesinadas. Llama a la matanza un pogromo previamente W La escritora Arundhati Roy. Foto Wikimedia Commons
La Jornada-Diario(JOR) 1/20/2021 0-1Back/ Black
Gobierno y grandes negocios