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Ojarasca

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Suplemento Mensual Número 282 octubre 2020 n

CÓMO REENCARNAR NUESTRA IMAGINACIÓN

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Jean Robert (1937-2020)

UMBRAL: LOS PUEBLOS, PUNTO Y SEGUIDO Santa María Chimalapa, Oaxaca. Foto: Elí García-Padilla

3 1 años

12 DE OCTUBRE: DESENMASCARAR AL ESTADO MEGAPROYECTOS, EXTRACTIVISMO, MILITARIZACIÓN, DIVISIONISMO Y LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS Entrevista con Carlos González (CNI)

LOS CHIMALAPAS: DONDE VIVEN LOS HIJOS DEL JAGUAR Texto y fotos: Elí García-Padilla

CHIAPAS EN EL OCTUBRE DESCOLONIZADOR Juan Trujillo Limones

PROYECTO INTEGRAL MORELOS: LOS PUEBLOS TIENEN OTROS DATOS Gloria Muñoz Ramírez

EL BESO Hermann Bellinghausen LA MUERTE DE MI NAGUAL Juventino Santiago Jiménez DOS POETAS NAHUAS Ahuizotl / Iván León Javier (Teyatl)

UN PERFIL DE THOMAS KING Verónica Villa Arias


LOS PUEBLOS, PUNTO Y SEGUIDO 1 n la fase del mundo en que nos encontramos, las respuestas automáticas de los partidos, los nacionalismos, las fobias, las exasperaciones y los engaños no alcanzan a dar respuesta a la verdadera pregunta: ¿se puede, o no se puede, corregir el rumbo que nos lleva a gritos a la catástrofe anunciada? Los Estados hacen tiempo, y con eso se sostienen, pues al electorado le gusta que lo saquen a pasear, que le insistan con promesas y ofertas, que le den motivos para adorar y odiar. Las creencias religiosas en manos de quienes las administran están del lado del negocio, al servicio de sometimientos, exclusiones, controles, nacionalismos e irracionalidades. De entre las religiones centralizadas (cristianas, judaicas, musulmanas) y sus derivaciones, la que esté libre de culpa (histórica y hoy mismo) que arroje la primera piedra. Hasta el budismo pierde la partida, como sucede en Myanmar. Aun en plena desaceleración económica global, la ganancia, el negocio, son lo primordial. Las empresas no quieren detener su avance extractivista, contaminador, monopólico y deteriorador. La estrepitosa decadencia de Estados Unidos se debe a esta obstinación de los poderosos. Los gobiernos prefieren perder el control de los daños a la Tierra y apostar al control del corto plazo cada día más corto y voraz. Todos improvisan. Los banqueros, los políticos y sus correas de transmisión. En contraste, crece en muchos países, incluyendo México, la reverencia a los generales, como si fueran la última esperanza de la sensatez en un mundo frívolo que niega lo que lo amenaza, ya no con bombas sino en la vida en su ambiente cotidiano: incendios y falta de agua, inundaciones, desgajamientos, tormentas, intoxicaciones, hambrunas, epidemias y sequías, ¿será el militarismo el fiel de la balanza ante los acontecimientos políticos, sociales, ambientales, económicos? La incertidumbre deliberada que causan Trump y Bolsonaro afecta a todo el continente americano. La Amazonía y la costa occidental de Estados Unidos arden sin cesar, y su principal combustible es la hipocresía para no hacer nada. En pandemia galopante, crisis económica y descomunal aumento de la violencia en sus variantes partidaria, criminal, supremacista, doméstica, despojadora, fanática, discriminatoria y hasta gratuita, los gobiernos juegan al azar en Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y Chile. Y se parapetan contra el pueblo a la voz de “ley y orden”, como los desquiciados que

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OCTUBRE 2020

Fe de erratas: En el número de septiembre (281) dimos un crédito fotográfico equivocado en la página 13: “María Patishtán, artesana de San Juan Chamula, Chiapas” es de Mario Olarte.

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La Jor­na­da Di­rec­to­ra Ge­ne­ral: Car­men Li­ra Saa­de Pu­bli­ci­dad: Mar­co Hi­no­jo­sa Arte y Diseño: Francisco García Noriega Oja­ras­ca en La Jor­na­da Di­rec­ción: Her­mann Be­lling­hau­sen Coordinación editorial: Ra­món Ve­ra-He­rre­ra Edi­ción: Gloria Muñoz Ramírez Ca­li­gra­fía: Ca­ro­li­na de la Pe­ña (1972-2018) Diseño: Marga Peña Retoque fotográfico: Ricardo Flores Corrección: Héctor Peña Versión en Internet: Daniel Sandoval

gobiernan en Washington y Brasilia, para proteger el libre mercado, la innovación destructiva (tecnológica, genética, bélica) y su libre mercado. Incluso los gobiernos con aparente hegemonía republicana (a 2020) como México y Argentina enfrentan el mismo dilema: hacer algo radical para mitigar el desastre, o seguir haciendo tiempo, con similares resultados prácticos. Algo hace tic-tac, tic-tac, desde hace rato. 2

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contrapelo de ciertos avances en la legislación internacional, frecuentemente simbólica, los Estados de las Américas ignoran todo cuanto pueden las demandas de autonomía, soberanía local y derecho de decisión colectiva de los pueblos originarios. Ello implica el punto ciego de las buenas intenciones (cuando las hay), lo mismo en México que Canadá, ya no digamos los descarados depredadores de Estados Unidos, Chile, Brasil, Colombia o Bolivia. La última barricada contra los páramos del desastre reside en los territorios físicos (y también sagrados y simbólicos) de los pueblos originarios en su lugar de origen. En Wallmapu la resistencia se erige por recuperar sus territorios; en la península de Yucatán, la costa de Oaxaca, Chiapas, los Chimalapas y la sierra Tarahumara luchan por no perderlos. Ante la escandalosa mortandad de líderes y defensores ambientales, uno no sabe qué es peor, si la violencia narco-madereraminera, o la presunta buenaondez oficial que ablanda las resistencias y aceita los despojos para el turismo, el transporte, la minería, la producción de energía, la industria agrícola y pecuaria que producen en masa alimentos castrados. El negocio, el negocio, el negocio. Bien claro lo tenía un informe de la inteligencia estadunidense en tiempos de George W. Bush: la principal “amenaza” para la hegemonía de los Estados y el poder imperial radica en los pueblos originarios. Eran, y son, los únicos que pueden escapar de la lógica suicida y fatalista del capitalismo, infiltrada en la conciencia humana contemporánea a un grado que parece irresistible y que probablemente no se revierta a tiempo. Los pueblos originarios de América son el único no-poder propietario de territorios, para colmo ancestrales, y desafían a los otros propietarios: terratenientes, empresas, gobiernos. Además, mientras conserven sus lenguas pueden librarse del control mental hegemónico. Poseen y exploran una identidad por la que luchan mirando a la vez hacia el pasado y el futuro. Conservan muchas virtudes prácticas que la realidad capitalista ya perdió en las urbes y los enclaves industriales. Entre otras, una fundamental: la personalidad colectiva reflejada en

Estampa por la liberación de Cristóbal Santiz, activista tsotsil de Magdalena Aldama, preso del gobierno de Chiapas por defender el territorio de las comunidades y a las familias desplazadas por la violencia paramilitar desde Santa Martha, Chenalhó, 2020

consensos y asambleas comunitarias al margen de los sistemas legales y religiosos que predominan en los diferentes países. Las denominaciones cristianas son un aparato de deliberada desarticulación indígena. Resultan funcionales a la expansión de las empresas. O los transgénicos, que ya proliferan en el Cono Sur y Estados Unidos, justamente donde el exterminio y despojo de los pueblos originarios fueron casi absolutos. Mesoamérica, los Andes y parte de la Amazonía han logrado contenerlos por la fuerza del maíz, la papa, la quinoa, la yuca, el frijol y la sabiduría milenaria que encierran. La comunalidad y los ríos profundos de Abya Yala escapan lejos de los discursos políticos y las modas new age pues su principio es real. Con sensatez intrínseca, aun si bañada de “primitivas” creencias mágicas, choca, y tiene con qué, contra la desbocada y absurda obstinación en la fe capitalista y su idea del “progreso” como ganancia económica que está acabando con el espacio físico del planeta. En consecuencia, los Samires Flores y las Berthas Cáceres les resultan intolerables. 3

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n este panorama y bajo estos climas extremos, Ojarasca cumple 31 años de publicarse casi sin interrupción, sobre todo desde que La Jornada nos acogió como suplemento a fines del siglo XX. Lo que acontece con pueblos y territorios, lo tradicional y lo moderno, lo que destruye sus culturas y lo que las fortalece, la cotidianidad, sus audaces saltos históricos y sus creaciones fueron, son y serán el punto nodal de nuestras páginas. Punto y seguido n

Oja­ras­ca en La Jor­na­da, es una pu­bli­ca­ción men­sual edi­ta­da por de­mos, De­sa­rro­llo de Me­dios, sa de cv. Av. Cuauh­té­moc 1236, Col. San­ta Cruz Ato­yac, de­le­ga­ción Be­ni­to Juá­rez, cp. 03310, Mé­xi­co df. Te­lé­fo­no: 9183 0300 y 9183 0400. El con­te­ni­do de los tex­tos fir­ma­dos es res­pon­sa­bi­li­dad de los au­to­res, y los que no, de los edi­to­res. Se au­to­ri­za la re­pro­duc­ción par­cial o to­tal de los ma­te­ria­les in­clui­dos en Oja­ras­ca, siem­pre y cuan­do se ci­te la fuen­te y el au­tor. issn: 0188-6592. Cer­ti­fi­ca­do de li­ci­tud de tí­tu­lo: 6372, del 12 de agos­to de 1992. Cer­ ti­fi­ca­do de li­ci­tud de con­te­ni­do: 5052. Re­ser­va de tí­tu­lo de la Di­rec­ción Ge­ne­ral del De­re­cho de Au­tor: 515-93. Re­gis­tro pro­vi­sio­nal de Se­po­mex: 056-93. No se res­pon­de por ma­te­ria­les no so­li­ci­ta­dos. Editado en Demos Desarrollo de Medios S.A. de C.V, Avenida Cuauhtemoc 1236, Colonia Santa Cruz Atoyac, C.P. 03310, Mé­xi­co, df. suplementojarasca@gmail.com


PARA DESENMASCARAR AL ESTADO MEGAPROYECTOS, EXTRACTIVISMO, MILITARIZACIÓN, DIVISIONISMO Y LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS GLORIA MUÑOZ RAMÍREZ

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ientras se preparan las asambleas de los pueblos que conforman el Congreso Nacional Indígena (CNI) para responder a la invitación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de recorrer con ellos los cinco continentes, empezando por Europa en abril del 2021, el abogado Carlos González, del CNI, explica que este 12 de octubre, en el marco del 528 aniversario de lo que se conoce como el Descubrimiento de América, diversos pueblos originarios del país se movilizarán para denunciar “las políticas de guerra” del Estado contra las comunidades indígenas. Con el actual gobierno federal, advierte González, se han profundizado las políticas de despojo de los territorios y tierras de las comunidades indígenas: “Existe una política de guerra del Estado a los pueblos originarios, que se expresa de manera muy clara en los grandes megaproyectos, en la imposición decidida del Proyecto Integral Morelos a pesar de la oposición de los pueblos de la región; en la imposición del Corredor Interoceánico Salina Cruz-Coatzacoalcos; y en la imposición del llamado Tren Maya, por mencionar tres de los grandes proyectos en zonas indígenas”. Estos tres megaproyectos, explica el especialista en derecho agrario, “tienen como finalidad no sólo el despojo y que la población de las comunidades se convierta en mano de obra barata para las maquilas que piensan desarrollar, sino que también pretenden reordenar las fronteras del norte de América en función de los intereses de Estados Unidos”. Aunado a esto, denuncia, existe otro proceso paralelo y silencioso para imponer una serie de planes y de políticas extractivistas como la minería con el otorgamiento de nuevas concesiones en el actual gobierno, y la entrega de los bienes nacionales como playas, manglares y lagunas con fines turísticos e inmobiliarios. Y simultáneamente, continúa González, “crece la privatización del agua, pues sin agua no hay minería, no hay política energética, no hay explotación de petróleo, no hay explotación de gas, y los grandes megaproyectos, como el Tren Maya o el PIM, se desfondan”.

no va a salir de manos de la nación y que, por lo tanto, no habrá concesiones. Pero hicieron algo peor, generaron todo un régimen de contratos más flexibles y adecuados para la gran industria petrolera y extranjera, en este contexto de la privatización. −De manera paralela a lo que explicas, operan los programas de bienestar del gobierno con recursos para las familias indígenas. ¿Cómo se están recibiendo estos programas y cómo afectan la vida comunitaria? Todos los programas que está aplicando el gobierno son individualizados y generan un corporativismo social. Esto ya lo vivimos con Carlos Salinas de Gortari, cuando llegó al gobierno totalmente deslegitimado por el fraude electoral cometido en agravio de Cuauhtémoc Cárdenas y aplicó el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol). En el caso de AMLO ocurre lo mismo. Se trata de una suerte de programas que están inscritos dentro del esquema liberal para ser otorgados de manera individual, son programas que quiebran la organización colectiva y que además tienen un impacto en la base de las comunidades. Hay programas muy específicos, como Sembrando Vida, que están generando una enorme división y quebrantamiento del tejido social en las comunidades. Los jóvenes o titulares de derechos ejidales o comunales reciben dinero y hay otros que no reciben, y cuando se trata de definir tareas en la asamblea, están surgiendo confrontaciones sin que se pueda generar consenso. −¿Y qué papel están jugando el Ejército y la Guardia Nacional? Hay una profunda militarización en las comunidades a través de la Guardia Nacional, que es un cuerpo conformado y comandado por militares, pero sobre todo por el Ejército y la Marina de manera directa. El ejecutivo federal ha emitido una serie de acuerdos que les dan facultades para intervenir en la seguridad pública de aquí al año 2024. En las comunidades vemos la presencia de estos grupos militares en una lógica de guerra y de invasión. Se ha documentado el despliegue de la Guardia Nacional y efectivos militares en estados que tienen poca actividad criminal, pero que son importantes por la presencia de la población indígena y los proyectos que pretenden desarrollar, como Oaxaca o Chiapas.

−Hay un discurso presidencial sobre la defensa de cultura de los pueblos y se habla hasta de pedirles perdón por agravios históricos. Si hay un ataque al territorio, hay un ataque a la comunidad en su conjunto. La cultura de los pueblos se desarrolla en la relación que tienen con su territorio, que tienen como comunidad. La política de despojo, la imposición de proyectos, el hecho de que continúe la migración hacia las ciudades, impacta de manera notable en la cultura. No ha habido un solo cambio en la política educativa del Estado hacia los pueblos indígenas. Sigue la política de educación bilingüe, que es de asimilación cultural y que ha llevado a la destrucción de las lenguas. Por otra parte, la perspectiva sobre la conquista de los pueblos indígenas y la exigencia del perdón por parte de España y del rey, finalmente también es una pantalla, un encubrimiento de las políticas que actualmente generan guerra y sangre en los pueblos indígenas. −Los cárteles del narco ¿cómo operan en las comunidades? Hay carteles profundamente involucrados en los territorios indígenas. Se encuentran en todo el país, pero en las regiones indígenas tienen presencia importante, y donde no la tienen es a costa de una lucha y organización permanente y desgastante de los pueblos y las comunidades cercadas por los criminales. Eso es lo que tendría que estar atendiendo el ejecutivo federal, si efectivamente le preocupan los agravios que han sufrido los pueblos originarios. −¿Y la resistencia? Existe la resistencia en donde quieren imponer proyectos mineros, proyectos de energía, gasoductos. Existe de manera notable en los pueblos zapatistas de Morelos, Puebla y Tlaxcala que están luchando contra la termoeléctrica de Huexca, el gasoducto y el acueducto; en comunidades de Oaxaca y Veracruz contra el Corredor Interoceánico; en la Península de Yucatán y en Chiapas contra el Tren Maya, y así en el resto del país. Pero el movimiento y las comunidades indígenas estamos viviendo desde hace meses en un aislamiento con relación a otros sectores de la sociedad civil que antes se habían pronunciado en favor a los pueblos y que ahora están confundidos con las políticas de la cuarta transformación. La idea ahora es generar una serie de acciones que rompan ese aislamiento y que permitan desenfundar la máscara de la cuarta transformación n

OCTUBRE 2020

−¿Qué implicaciones para los pueblos tiene la Ley de Aguas? La parte nodal, desde que el neoliberalismo empezó a imponer transformaciones o cambios legislativos con relación a la tierra y a los bienes naturales que se encuentran en ella, fundamentalmente el agua, ha sido imponer un régimen de concesiones o de contratos donde en apariencia el agua es el tipo de recurso que está en manos de la nación o de los pueblos y comunidades, pero es de a mentiritas. Desde 1992 se aprobó una nueva ley de aguas nacionales en la que se establecía que los particulares podían solicitar la concesión de aguas que les otorga un título, el cual podía entrar al mercado, lo que hace que el agua esté como una mercancía privada pero disfrazada de concesión, es decir, en apariencia sigue bajo control del Estado. La minería funciona del mismo modo, mediante el otorgamiento de títulos de concesión a través de los cuales se otorga la facultad a los particulares para explorar y explotar recursos mineros que se encuentran en el suelo. En el caso de la energía eléctrica la privatización ha sido de manera libre desde hace años. Se ha permitido a las empresas producir para ellas, para los particulares y comercializar los excedentes. En el caso del petróleo y del gas se inventaron, con la última reforma estructural, que el petróleo

Ladino y cacao silvestre, Escolapa, Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

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CHIAPAS EN EL OCTUBRE DESCOLONIZADOR JUAN TRUJILLO LIMONES

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omo reacciones de un proceso social descolonizador, las imágenes del derribo de estatuas de conquistadores y líderes coloniales en Chile y Estados Unidos le han dado la vuelta al mundo desde hace casi un año. En Chiapas la fotografía sigue presente como un acto premonitorio en ese 12 de octubre de 1992: miles de indígenas de Chiapas toman la ciudad ladina de San Cristóbal de Las Casas y tiran a golpes de mazo la estatua del conquistador español Diego de Mazariegos. Se cumplían 500 años de la llegada e invasión de los europeos al continente americano. Testigos recordaron que los campesinos estaban organizados y que habían entrado a la ciudad, ícono del poder oligarca, con formación y disciplinas militares. Se trataba de la organización Alianza Nacional Campesina Independiente Emiliano Zapata (ANCIEZ), cuya influencia fue notable en los Altos y Selva Lacandona y que operó como el brazo político y social de lo que ya existía sólo clandestinamente: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La caída de Mazariegos provocó la molestia de los sancristobalenses, cuyo presidente municipal Mario Lescieur Talavera impulsó la creación de un Comité Cívico que años después hiciera alianza beligerante con los grupos de ganaderos de Palenque y Ocosingo. Éstos representaban los resquicios del régimen finquero de la media luna hacia el noreste y suroeste de la selva. Veintisiete años después, el EZLN cuenta con 4 nuevos municipios autónomos y redes que apoyan al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y que reivindican al indígena nahua asesinado por oponerse a la hidroeléctrica en Morelos del actual gobierno federal: Samir Flores Soberanes. Pero el golpe de mazo al conquistador provino de un complejo contexto en la historia de Chiapas y es el de los indígenas de la ANCIEZ que a partir de 1989 emergió en las regiones de los Altos y la Selva Lacandona: particularmente en las cabeceras de Altamirano, Ocosingo, San Cristóbal, Sabanilla y Salto del Agua de indígenas tseltales, tsotsiles, tojolabales y choles. La situación social no sólo era crítica ante la represión gubernamental, también se impuso el difícil periodo del desplome de los precios internacionales del café. Era el periodo del gobernador Patrocinio González Garrido, en el que destacaron 547 casos de tenencia de la tierra sin arreglo de por lo menos 22 mil 598 campesinos solicitantes. Era evidente que la puerta a la situación agra-

ria había sido cerrada y con ella el camino pacífico para la obtención de tierras con una solución profunda y de raíz. La marcha y movilización de la ANCIEZ ese 12 de octubre de 1992 había sido sólo el punto de inflexión que precipitó el levantamiento indígena del primero de enero de 1994. Hoy la realidad social de Chiapas se está transformando dentro de sus tejidos sociales. La expansión e influencia de la autonomía indígena en otras dieciséis regiones sugiere una re-organización interna del movimiento. No sólo las Bases de Apoyo del EZLN son los sujetos activos de este proceso, sino que también esos pueblos y comunidades que antes y durante el levantamiento indígena se venían preparando para una determinación aún más radical. Sólo la adherencia a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (2005) y su participación en la Otra campaña de 2006 podían sembrar ese proceso en regiones de Chiapas como Chicomuselo, Motozintla, Amatenango del Valle, Tila ó Chilón, donde incluso existe un importante porcentaje de población mestiza. A veintitrés años de la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre cultura y derechos indígenas y a dieciséis años de la creación de los centros de autogobierno, los caracoles, que-

da claro que las reivindicaciones sobre la libre determinación de los pueblos, la autonomía, la propiedad comunal de la tierra y los recursos naturales son realidades en la vida de los zapatistas. Se trata de la construcción en la práctica de un nuevo paradigma de resistencia y es ejemplo para la lucha de otros pueblos como el mapuche en Chile o tribus indígenas del Amazonas que luchan contra los agronegocios. Pero la creación de siete nuevos caracoles supone un esfuerzo sostenido en el tiempo por interpelar y difundir la lucha de las comunidades. Es el mensaje de los pueblos ante la incesante destrucción de la vida social en México incrementada desde la declaración de guerra al narcotráfico de 2006. A pesar del cambio de partidos en el gobierno federal y chiapaneco, la estrategia contrainsurgente y paramilitar es aplicada con un alarmante nivel de violencia desde marzo de 2018 en el municipio de Aldama, con 28 heridos, seis muertos y seis heridos de bala. Desde agosto de este año se han registrado 26 ataques armados por grupos paramilitares provenientes de Santa Martha Chenalhó. El pretexto de las 60 hectáreas en disputa desde hace 45 años desató la escalada que provocó el desplazamiento de miles de indígenas. El ejido Tila, miembro del Congreso Nacional Indígena, fue atacado por paramilitares desde el 25 de agosto y el 11 de septiembre desembocó en la muerte del campesino Pedro Jiménez. También en septiembre la comunidad zapatista de Moisés Gandhi fue atacada con tácticas paramilitares por militantes de la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo. Ante esta situación que proviene de antaño, el EZLN no sólo ha desplegado la concienciación interna de sus bases, sino que también ahora con el reciente comunicado Sexta parte: Una montaña en alta mar invita a la sociedad civil nacional e internacional a revisar la historia de la supuesta “conquista” a los pueblos del territorio americano y a emprender un nuevo ciclo de resistencias. La caída del conquistador Mazariegos junto al agrietamiento de sus formas coloniales de la vida social en Chiapas anticiparon el derrumbe de una concepción estructural de dominio colonial. Sorprendente como impredecible en el basto viejo mundo de la modernidad capitalista, los 12 caracoles son las ventanas con sus luces de una forma sencilla y práctica por donde se mira el nuevo momento de la historia descolonizadora y de resistencia de las comunidades n


Paisaje en Los Chimalapas. Foto: Elí García-Padilla

PROYECTO INTEGRAL MORELOS

LOS PUEBLOS TIENEN OTROS DATOS GLORIA MUÑOZ RAMÍREZ

Las cuentas alegres del presidente

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Tres suspensiones vigentes

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l mismo 10 de septiembre, horas después de que la presidencia anunciara el inicio de operaciones de la ter-

ellos les están dando los mismos argumentos: que no tienen derecho, que no tienen interés jurídico ni legítimo”. Estas mismas respuestas, añade, están recibiendo los mayos para permitir que se instale una fábrica de amoniaco en Sinaloa, así como el pueblo macurawe, en Sonora, para permitir que su territorio sea inundado por la presa Pilares. Para el abogado mixteco, los pueblos que se oponen al PIM “no están defendiendo un pedacito de tierra. Su lucha se vuelve más importante porque están defendiendo también los derechos de otros mexicanos en otras latitudes. La importancia de unirse a esta lucha es para decirle al gobierno que deje de violar los derechos, que vuelva al orden constitucional, y para exigirle a la Corte y al poder judicial que cumpla con su deber y utilice los instrumentos que la ley le da para restaurar los derechos violados”.

Seguir luchando, en la estela de Zapata

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l también historiador recuerda que hace casi un siglo, en diciembre de 1911, el general Emiliano Zapata Salazar le mandó decir a Francisco I. Madero, quien le pedía que renunciara a su lucha y que entregara las armas porque ya había triunfado la Revolución, lo siguiente: “Yo, como no soy político, no entiendo de esos triunfos a medias; de esos triunfos en que los derrotados son los que ganan; de esos triunfos en que, como en mi caso, se me ofrece, se me exige, dizque después de triunfante la revolución, salga no sólo de mi estado, sino también de mi patria. Yo estoy resuelto a luchar contra todo y contra todos sin más baluarte que la confianza, el cariño y el apoyo de mi pueblo”. Hoy, indica López Bárcenas, “parece que la situación está volviendo a ser la misma, y que la única posibilidad que tenemos para evitarlo es seguir luchando”. Carlos González García, del Congreso Nacional Indígena, añadió en su participación que el interés legítimo de las comunidades es evidente, “porque son los amparistas o quejosos los beneficiarios de las aguas que están en cuestión”. La autoridad demandada, aclaró, “no puede dar la opinión técnica oficial, porque está el juzgador, la autoridad responsable y el quejoso como partes perfectamente señaladas… No son pocos los jueces que formaron parte de esta resolución. Tenemos claro que en este país están profundamente penetradas las estructuras del Estado de la corrupción y la complicidad con los poderes fácticos”, finalizó n

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a no hay problema legal, se resolvieron todos los amparos, ya hay un plan para que esta termoeléctrica, esta planta, inicie sus operaciones a finales de este año. Es una muy buena noticia”, anunció desde Palacio Nacional el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado 10 de septiembre. “Jurídicamente están resueltos todos los juicios de amparo y jurídicamente puede continuarse con el proyecto”, sentenció la secretaria de Gobernación, Olga Cordero Sánchez, en referencia al Proyecto Integral Morelos (PIM), que contempla dos hidroeléctricas, un gasoducto y un acueducto en los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala. En dos asuntos, indicó la funcionaria, “de todos los que se interpusieron, se consiguió la suspensión definitiva para el efecto de no disminuir el agua de riego de los ejidos. A efecto de corroborar si había una afectación para los ejidatarios, se realizaron diversas periciales en hidrología forense, las cuales arrojaron que el proyecto no causaba una falta de suministro de agua en los canales de riego de los ejidos”. Actualmente, continuó su explicación en la conferencia de prensa mañanera, “los dos juicios de amparo únicamente vinculados con el nivel de suministro de agua para el riego se sobreseyeron en lo principal y fue confirmada esta resolución del juez de distrito por el Tribunal Colegiado de Circuito, ya que no hubo una afectación de los derechos de los ejidatarios”. Pero, como en muchos otros casos, la población indígena y campesina tiene otros datos. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA) que aglutina a comunidades de Morelos, Puebla y Tlaxcala que se oponen al PIM, asegura que hay 15 amparos vigentes. Además, advierte la organización que defiende el territorio desde el 2012, están vigentes seis suspensiones que impiden que operen los componentes del proyecto.

moeléctrica de Huexca para diciembre de este año, el FPDTA aclaró que existen 3 suspensiones de plano que impiden el uso del agua para la termoeléctrica de los ejidos de Moyotepec, Tenextepango y Valle Velázquez; una suspensión que impide la descarga de las aguas de purga de la termoeléctrica, interpuesto por la comunidad de Huexca; una suspensión de plano del ejido de Amilcingo que impide el funcionamiento del Gasoducto Morelos; más una sentencia que amparó a las comunidades de Atlixco contra el Gasoducto Morelos, ordenando se realice una consulta, misma que no ha terminado “y por lo tanto no se puede volver a violar su derecho a una consulta libre, previa, de buena fe y adecuada culturalmente”. La abogada y académica especialista en Derecho indígena, Magdalena Gómez, consideró en su participación en un foro sobre el tema que las declaraciones presidenciales ponen en evidencia que “no tienen límites, que no se van a detener y quién sabe hasta dónde van a llegar”. “¿A quién le importa en el gobierno federal la reacción de todas estas poblaciones y ejidos afectados desde ahora por el proyecto que se quiere imponer a toda costa? Es importante que se señale a los jueces que emitieron las resoluciones ahora que se necesita tanto un poder judicial autónomo para detener los megaproyectos”, indicó Gómez. En el mismo foro, el también abogado Francisco López Bárcenas señaló que la decisión de poner en marcha la termoeléctrica “deja ver la intención del poder Ejecutivo de llevar a cabo sus proyectos sin tomar en cuenta el descontento de los pueblos que se verán afectados. No se están tomando en cuenta, sobre todo, los derechos que estos pueblos tienen reconocidos en la Constitución, en los tratados internacionales y en las leyes mexicanas… Los pueblos indígenas, además de ser titulares de derechos, son fundantes de la nación y le dan sentido multicultural al México en el que vivimos”. Pero, lamentó, “lo que estamos viendo es que eso solamente está en el papel, y que este gobierno está tratando a los pueblos como se les trató en los gobiernos anteriores, y en muchos casos, peor. Se piensa que la legitimidad de los votos alcanza para violar las leyes y eso es un grave error”. López Bárcenas advirtió que “hay una colusión de poderes para afectar los derechos de los mexicanos, y muy particularmente de los pueblos indígenas”. Y no sólo en el caso del Proyecto Integral Morelos, pues, indicó, existen “sentencias similares en los amparos que han presentado diversas comunidades que están inconformes con el Tren Maya. Y a

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CÓMO REENCARNAR NUESTRA IMAGINACIÓN JEAN ROBERT (1937-2020) J

ean Robert nos dejó para fluir a todas partes, como ahora decimos cuando alguien cuya palabra pesa y tiene repercusiones vastas y cuidados varios se nos muere. Como dijo fray Julián en la misa de cuerpo presente celebrada en Cuernavaca el primero de octubre, “de los corazones que lo guardamos seguirá teniendo fuerza su palabra”. Estar ahí con él como tanta gente que lo conoció desde su sencillez y su generosidad fue entender que tenía familia con personas de muchos poblados de Morelos, con gente de lucha desde Chiapas hasta Turquía —que en gran número fueron a saludarlo, a despedirse, a ayudarlo a partir en paz. Jean Robert fue urbanista y arquitecto alternativo de origen suizo y mexicano por elección. Pensador que construía desde Ocotepec, conoció México mejor que muchos que se dicen mexicanos. Su obra amplía y continúa las visiones que compartiera con Iván Illich, de quien fue amigo cercano y colaborador en muchas de las ideas que por años trabajó un grupo de amigos y amigas dedicados a la crítica de la deshabilitación progresiva de las capacidades humanas. Una deshabilitación impuesta por el capitalismo mediante la industrialización del pensamiento y la existencia. En todos los asuntos que habitó, Juanito, como le decían, buscó su lado humano no cosificado y siempre comunitario. Del agua como ámbito de comunidad o la ciudad como encuentro y desencuentro, de la diferencia entre los desechos y la basura al robo del tiempo que significa promoverle velocidad al transporte, abrevó siempre de lo que podían relatar las comunidades enfrentadas a los agravios. Al abominar la guerra contra la subsistencia y el desgarramiento programado de los conglomerados humanos con sus territorios para forzarles sumisión precarizada, Jean estuvo siempre del lado de la gente común, de las señoras con las que comadreaba o de jóvenes con quienes reivindicó la construcción amorosa de saberes pertinentes, cercanos e imaginantes. Compartimos varios fragmentos del pensamiento y emoción de Jean Robert, para que siga recorriendo otros caminos de fugacidad.

Ramón Vera-Herrera

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principios de la década de 1980, empecé a interesarme en la cuestión de la basura, del desecho, de los restos, de las inmundicias, los miasmas, las mugres, como las quieran llamar. Mi idea era práctica: quería diseñar un baño que no necesite agua. Como urbanista, había llegado a la conclusión de que las aguas de drenaje son una de las peores formas de contaminación de las ciudades modernas. Los que ahí vivimos, lo hacemos sobre mierda, pero llamar las aguas negras así es un engaño. Porque la vieja mierda, digamos la caca histórica, era bondadosa. Simplemente buscaba su camino hacia la tierra, y una vez que se había reunido con ella, se hacía tierra, y punto, ¿dónde estaba el problema? Pero las aguas negras no son caca bondadosa, sino una mezcla de desechos corporales con metales pesados, con mercurio por ejemplo, y con otras sustancias tóxicas de origen industrial. A mediados de la década de 1980, se formó un grupo de reflexión sobre la cuestión de la basura o del desecho. Iván Illich estaba muy interesado en esta cuestión y muchas reuniones tuvieron lugar en su casa. Su tesis era que no habría que hablar de las formas modernas del desecho con las mismas palabras con que, en el pasado, se hablaba de las cosas

Don Fausto López Henchit, La Cofradía, Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

que apestan, que pueden envenenar, que son simplemente sucias, o que ya no sirven, o que la costumbre local no considera dignas de ser vistas. Las culturas del pasado tenían todas su propia definición de lo que se puede enseñar y lo que se debe esconder, o enterrar. En la Roma antigua, había una cavidad en el centro u ombligo de la ciudad en la que se depositaban con cuidado las primicias de las cosechas y de todas las cosas buenas. Esta cavidad era el mundus, una palabra que significa originalmente algo pulcro, limpio y que llegó a simbolizar el mundo. Las cosas no dignas de figurar en el mundus se llamaban las inmundicias, las cosas indignas del mundus. Había que eliminarlas, es decir, echarlas fuera del límite de la ciudad. La palabra basura proviene de la palabra latina versura, que significa las cosas barridas. En otras palabras, la basura es el producto de la escoba. En muchas culturas, la escoba es un instrumento de poder, porque separa lo que es digno de estar en el mundo de lo que es indigno y se tiene que poner del otro lado de un límite. En cada cultura, la escoba es en cierta manera un instrumento de creación del mundo humano. Eso explica por qué la escoba era el instrumento predilecto de las brujas medievales. Entendemos también por qué, en portugués, a vassoura quiere decir la escoba, el instrumento de producción de lo que llamamos la basura, que es también el instrumento de sorteo de las cosas dignas de figurar en el mundo. (Una reflexión sobre el desecho moderno, Feria de Tlaltenango, 9 de septiembre de 2009)

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a época moderna o modernidad es una guerra contra la subsistencia. Esta guerra es contra los pueblos, contra “la gente de abajo”, para que ya no pueda subsistir sin seguir las instrucciones del Estado y sin comprar mercancías en el Mercado. La modernización, el “volver moderno”, es un proyecto de transformación de los pueblos en una forma que desposee a los pobres de sus capacidades innatas y vuelve más ricos a los ricos. Iván Illich calificaba de desvalor esta in-

capacitación progresiva de los pueblos. A partir de las expropiaciones violentas del tiempo llamado de la acumulación originaria —desde el siglo XV en Europa—, el desvalor fue el estado cero de toda acumulación: la destrucción original de capacidades que permitió iniciar la espiral de las necesidades creadas destructoras de más capacidades y con ello de nuevas dependencias. El desvalor es un proceso lento y progresivo de destrucción de autonomía. […] Así también podemos pensar la enajenación originaria, porque la mayoría de la gente ya no trabaja en el campo ni construye su casa ni hace sus muebles, sino que tiene un empleo en la industria o en la burocracia con el que gana un sueldo que le permite comprar lo que ya no sabe hacer. Y lo que no sabe hacer es casi todo: la gente que tiene un empleo ya no produce comida, ni construye su casa, ni cría animales, ni elabora sus instrumentos de trabajo y ha perdido toda habilidad de hacerlo. […] Cada uno acaba trabajando en algo que, personalmente, no le sirve ni le interesa más que como medio de obtener un sueldo con el que comprará comida, pagará la renta de su departamento, las colegiaturas de sus hijos, el coche para ir al trabajo, etcétera, etcétera, etcétera. La gente que trabaja así renuncia por contrato a todo control sobre los frutos de su trabajo. El trabajador empleado en una fábrica de armas, por ejemplo, no tiene la menor intención de hacer instrumentos de muerte. Sólo quiere conseguir dinero para rentar una casa, llenar la canasta familiar, pagar a los médicos, dentistas y maestros, sin los cuales no podría cumplir su papel de pater familia / pater familias. Son los dueños de la fábrica quienes transforman el trabajo comprado al trabajador en fuerza de destrucción. Jean-Pierre Dupuy llama desvío de producción a esta situación donde el trabajador que quiere obtener los medios de sustentar la vida de su familia tiene que “producir” otra cosa, frecuentemente destructiva y que no tiene nada que ver ni con su subsistencia ni con sus intenciones. Sería interesante examinar las ligas entre el desvío de producción y el desvío de poder, mediante el cual muchos gobernantes usan


el poder que les ha conferido el pueblo, no para defenderlo, sino para promover intereses generalmente privados, que son ajenos al pueblo. Los dos tipos de desvíos tienen en común una “pérdida de involucramiento”, una “despolitización” fundamental. […] En la época contemporánea, la mayoría de los trabajadores ya no trabaja en fábricas, sino en oficinas, pero los frutos de su trabajo están igualmente desviados de sus fines o de sus intenciones; por ejemplo, el empleado que lleva las cuentas de una fábrica de productos químicos puede contribuir, “sin querer”, a la producción de agrotóxicos: quiere verduras limpias pero está obligado a producir venenos que se echarán al campo. […] Los economistas de la tradición liberal, es decir, los primeros economistas modernos racionalizaron una llamada “ley de hambre”, que preconizaba usar la amenaza de hambre como fuerza de coerción para obligar a los campesinos desterrados a trabajar, en ley de escasez, axioma fundamental de la nueva economía. Según la versión capitalista de ésta, el trabajador es un mero componente de la producción, a un lado con las máquinas. El trabajo muerto, es decir, el resultado del trabajo pasado, domina sobre el trabajo vivo, el de los trabajadores actuales, y se agrega a las fuerzas de coerción. Eso permite que las relaciones entre las personas tomen la forma fantástica de relaciones entre cosas. Sin desvío de producción, característica general del trabajo capitalista industrial, no puede existir esta forma de enajenación del trabajo. Cuando el “trabajador” produce —por lo menos en parte— lo que come y come lo que produce, debemos dudar hasta de lo adecuado de la palabra trabajo para describir sus actividades productivas polivalentes. Estrictamente hablando, el trabajo —palabra que deriva del latín tripalium, nombre de un suplicio— es una actividad impuesta por compulsión en cuyos frutos el trabajador no se reconoce. Sin el desvío de producción “originario” que instituye el trabajo propiamente dicho, puede haber despojo violento de los productos agrícolas, pero no trabajo en que el trabajador no se reconozca. Las primeras fábricas industriales fueron lugares de amaestramiento físico de campesinos desposeídos en vista de su adiestramiento al trabajo enajenado. (Por un sentido común controversial, 2013)

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sta argumentación tiende apasionadamente a reevaluar la respetabilidad política de los “improductivos”. En cierto modo los verdaderos productores son los

considerados improductivos, porque crean la prosperidad popular; el capitalismo lo sabe y no lo dice, y en secreto saca de ahí su sustancia. Las íntimas relaciones entre la acumulación y los discrepantes, los marginales, los improductivos y las mujeres deben ser sacadas a la luz. Es todo un continente que se revela bruscamente. De un mes a otro, sus contornos se van afirmando; el modo industrial de producción hace más que paralizar la producción autónoma de valores de uso: domina y transforma grandes porciones de la producción no asalariada y suscita formas nuevas de la misma. El capitalismo industrial se implementó gracias a una ilusión: la creencia de que una “fuerza de trabajo” extraída de la naturaleza —la energía— podrá remplazar todo esfuerzo humano; la falacia según la cual el progreso tecnológico acabará con toda fatiga. Los mexicanos que cruzan el Río Bravo tienen una perspectiva privilegiada sobre la más industrializada de las naciones. Si hubiera que hacer un censo de todo el esfuerzo físico que requiere la buena marcha de una sociedad cuyo ideal es la supresión de la fatiga de sus miembros, los braceros mexicanos podrían servir de testigos. Saben, porque les consta, que aun allá y aun en la esfera del trabajo asalariado, la energía de los motores no ha logrado ahorrar la fatiga de los músculos. Pero hay testigos mejores: sus mujeres, que son obligadas a caminar diariamente hacia las casas donde “lavan ajeno”, o sus hijos, que pasan semanalmente horas de pie esperando uno de los pocos autobuses o amontonados dentro de él. Todo parece indicar que ninguna sociedad puede funcionar sin ciertas cuotas de esfuerzo físico de sus miembros. Este poder del cuerpo puede ser aplicado directa y visiblemente a la producción de valores de uso o puede ser desplazado y ocultado. En la sociedad industrial, la fuerza del cuerpo se aplica cada vez menos a la producción de valores de uso. En vez de esto, tengo que transformar esa fuerza —un valor de uso que soy yo— en un valor de cambio, efectuando un trabajo asalariado en una fábrica o en una oficina. Luego, yo o mi mujer tenemos que acudir a un lugar donde se puede transformar el valor de cambio —que es el dinero— en los ingredientes de un nuevo valor de uso. El esfuerzo y el cansancio físicos sólo se hacen respetables cuando se metamorfosean en valores de cambio. [...] El capitalismo industrial es parecido a un iceberg. En la parte visible se observa la sustitución de los valores de uso producidos autónomamente por homólogos heterónomos o “industriales”. La destrucción de los saberes locales y de

las tradicionales bases de subsistencia asegura al proceso su irreversibilidad. En cuanto a su eficacia, se fundamenta no en la supresión brutal de las libertades prácticas, sino en el volverlas improductivas. Es la parte invisible del iceberg donde el capitalismo industrial agobia particularmente a los “improductivos”: los indígenas colonizados de todo el mundo, las mujeres, los jóvenes y los viejos, pero también a los mismos asalariados durante sus horas “improductivas”. Debemos cuestionar radicalmente el desprecio del que hace gala el modo de producción dominante (heterónomo, industrial, “capitalista”, “masculino”) respecto de todas las formas que se apartan de su norma (autónomas, conviviales, “corporales”, “femeninas”). [...] El hecho decisivo es que el plusvalor no pueden realizarlo los trabajadores ni los capitalistas, sino los estratos de la sociedad o las sociedades que no producen de modo capitalista, escribía Rosa Luxemburgo en un pasaje profético. ¿Quiénes son esos productores “no capitalistas” que no producen mercancías a cambio de un salario? La mayoría: las mujeres dedicadas a las labores del hogar en todo el mundo, los agricultores de subsistencia, el ejército de marginados y discrepantes, y la mayor parte de los migrantes pendulares de ambos sexos. Todos los productores no asalariados de valores de uso producidos por coerción —ya sea la del urbanismo, de los “roles sexuales” o de ciertos programas de “autoconstrucción dirigida”— pertenecen a este grupo. Rosa Luxemburgo no se limita a la realización del plusvalor. Explora sus orígenes, o mejor dicho, el modo de creación de las condiciones que hacen posible su acumulación. Decir que el capitalismo vive de formaciones no capitalistas es decir más exactamente que vive de la ruina de esas formaciones; y si tiene una necesidad absoluta del medio “no capitalista” con fines de acumulación, lo necesita como un suelo nutricio, un manto donde la acumulación pueda realizarse por absorción. En una perspectiva histórica, la acumulación de capital es un proceso metabólico que se desenvuelve entre modos de producción capitalista y precapitalista. La acumulación no puede efectuarse sin éstos, pero además, vista desde las formaciones no capitalistas, la acumulación consiste en su corrosión y su asimilación. La acumulación capitalista tampoco puede existir sin las formaciones no capitalistas que no logren durar junto a ésta. El desmoronamiento continuo y progresivo de las formaciones no capitalistas es la condición para la existencia del capital n (Fragmentos de las conclusiones de Los cronófagos, de próxima aparición)

Don Loque, Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

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LOS CHIMALAPAS, DONDE VIVEN LOS HIJOS DEL JAGUAR Fotografía obtenida con el sistema de cámaras trampa en colaboración en el Dr. Joe J. Figel. Área de Conservación Comunitaria Cerro Azul (sin certificar), Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

EXPLORANDO EL BOSQUE TROPICAL CON MAYOR BIODIVERSIDAD DE MESOAMÉRICA ELÍ GARCÍA-PADILLA

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iguiendo los pasos pioneros del naturalista Thomas MacDougall (“Don Tomás”), decidí explorar Oaxaca, la entidad mexicana con el nivel más alto de biodiversidad (García-Mendoza et al., 2004). Me interesó particularmente el Istmo de Tehuantepec, donde MacDougall describiría para el mundo occidental la mítica región de Los Chimalapas. Entre otras especies botánicas nuevas para la ciencia occidental, descubrió por primera vez para la entidad al mítico quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno), que es el ave más hermosa en el mundo, y también a la víbora de palma de Rowley (Bothrops nigroviridis macdougalli, ahora conocida como Bothriechis rowleyi), que es sin duda la serpiente más bella y enigmática de Oaxaca. Otro dato relevante que considero clave es el que el extinto Iván Lira-Torres dejaría de manera anecdótica acerca de que muy posiblemente la región de Los Chimalapas sea la que alberga a la población más importante de jaguar (Panthera onca) en todo México (título que actualmente ostenta Calakmul). Después de seis largos años de espera, creamos la primera oportunidad formal de introducción con las autoridades locales (Presidente del Comisariado de Bienes Comunales) de esta comunidad originaria-mestiza, propietaria legítima y ancestral de este extraordinario territorio comunal y sus invaluables bienes naturales comunes.

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os “chimas” (zoques o ang pon) son pueblos originarios cuyos antepasados ​​son los olmecas prehistóricos (cultura madre de Mesoamérica, también conocida como “el Pueblo del Jaguar”). Otras fuentes los vinculan también con la cultura mokaya (“Hombres del Maíz”), que es considera-

da como la transición entre olmecas y mayas. Los comuneros chima (como ellos mismos se autoadscriben) afirman ser los propietarios legales de más de 600 mil hectáreas de una variedad de ecosistemas de bosques tropicales, incluidos el bosque tropical perennifolio y el bosque mesófilo de montaña, que son los de mayor biodiversidad, el segundo con la mayor tasa de endemismo. Fue, de hecho, hace poco más de cuatro siglos que los ang pon reafirmaron su derecho legítimo y ancestral sobre su vasto territorio comunal al pagar a la corona española el precio de veinticinco mil pesos oro, entregados en jícaras y sirviendo como intermediario Juan Domingo Pintado, para obtener así los títulos virreinales pri-

mordiales que los acreditan como dueños legítimos de este territorio megadiverso. Esta región es de hecho la de mayor riqueza biológica a nivel del país (ver Tabla 1), todo bajo la tenencia social (comunal) de la tierra y gracias a las iniciativas de conservación comunitaria. Su nombre en lengua ang pon tsame “Chimalapa” traducido al español castellano significa “Jícara de oro” (ver García-Aguirre, 2013). Sin lugar a dudas la región es rica similarmente en recursos (bienes) minerales, hídricos, forestales y genéticos. Para describir la razón principal por la cual la región de Los Chimalapas es realmente interesante y prioritaria para su conocimiento y conservación, es preciso mencionar que Ranita de arroyo de montaña, Los Chimalapas. Foto: Elí García-Padilla


en un estudio muy reciente (Figel et al., 2018) se documentó de manera formal que el rango de distribución del jaguar (Panthera onca) se superpone al de muchas otras especies endémicas regionales de otros grupos de vertebrados terrestres (anfibios y reptiles). De las 304 especies endémicas regionales en Centroamérica Nuclear (CAN) (~370 mil kilómetros cuadrados compuestos por el área continental entre el Istmo de Tehuantepec en el sur de México y la Depresión de Nicaragua en el norte de Nicaragua, excluyendo Belice y la Península de Yucatán), las distribuciones de 187 especies de anfibios y reptiles (61.5 por ciento) se encontraron superpuestos al rango del jaguar. Las distribuciones de 14 reptiles, incluida una víbora de palma (Bothriechis spp.) en peligro crítico de extinción y dos especies de lagartijas conocidas como abaniquillos (Norops spp.), en peligro de extinción, ocurren exclusivamente dentro de la distribución del jaguar. De manera similar, las distribuciones de 19 anfibios, incluidas cuatro ranitas de hojarasca (Craugastor spp.) en peligro crítico de extinción y dos ranas arborícolas de montaña (Plectrohyla spp.) en peligro crítico de extinción, ocurren completamente dentro de la distribución del también conocido como “tigre de la montaña grande” (Kotze Kang; Kahan). Los resultados indicaron que Los Chimalapas, con un total de 59 especies miembros de la herpetofauna que se superponen con las Unidades de Conservación del Jaguar, representa el área más destacada en la materia de todo CAN, que es un punto crítico global de disminución de las poblaciones de anfibios, que son a su vez la clase de vertebrados más amenazada globalmente. Haciendo hincapié en el terrible estado de conservación de los anfibios, Lips y Mendelson (2008) mencionaron: “Nos enfrentamos a la extinción sincrónica de una proporción significativa de todo un grupo de vertebrados, y proponemos que ya no es correcto hablar de declive global de anfibios sino, más apropiadamente, de las extinciones globales de los anfibios”. Para los reptiles, CAN contiene la mayor densidad de especies amenazadas o altamente vulnerables, más que cualquier otra región del hemisferio occidental (Johnson et al., 2017; Mata-Silva et al. 2019).

Mujer zoque de Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

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l estado de conservación del jaguar (Panthera onca) es considerado como especie “casi amenazada” por la UICN, sin embargo, es considerado como en “peligro de extinción” por la normatividad mexicana (NOM-059-SEMARNAT, 2010). Actualmente no hay estimaciones confiables del tamaño de población a nivel nacional (ver Faller-Menéndez, 2015). La especie, sin embargo, sigue teniendo una importancia y trascendencia ecológica y sociocultural tan alta (a diferencia de otros grupos o especies) que recibe mayor atención mediática, científica, así como recursos financieros para su estudio, protección y conservación. Adicionalmente

REGIÓN

ANFIBIOS

REPTILES

AVES

MAMÍFEROS

TOTAL

Los Chimalapas

51

105

464

149

769

La Chinantla

22

75

400

119

616

El Triunfo

32

64

396

120

612

Selva Lacandona

35

90

344

134

603

Tabla 1. La diversidad de especies de vertebrados terrestres simpátricos con el jaguar en 4 de las regiones históricamente reconocidas como más biodiversas de México. (Aguilar-López et al., 2016; Navarro-Sigüenza et al.,2008; Lira-Torres et al., 2012; González-

García, 1993; Luna-Reyes, 2019; Hernández-Ordoñez et al., 2015; Naranjo y Bolaños-Citarán, 2019; Vázquez-Pérez et al., 2019; Rivero y Medellín, 2015; López Paniagua et al., 2017.

Loros reales cazados como carne de monte, Los Chimalapas. Foto: Elí García-Padilla

se estima que los datos disponibles sobre la presencia del jaguar dentro de las Áreas Naturales Protegidas (ANPs) por decreto en México representan sólo el 38 por ciento de la distribución del jaguar cubierto en un total de 43 (de un total de 182) ANPs federales (CONANP, 2018). Pertinentemente, un estudio en Oaxaca (Briones-Salas et al., 2012) documentó que no existen registros de jaguar dentro de las ANPs por decreto en dicho estado, pero cerca del 50 por ciento se encontraron dentro o cerca de las Áreas de Conservación Comunitarias (sin decreto). En Oaxaca, donde cerca del 80 por ciento del territorio está bajo la tenencia social de la tierra, podemos encontrar las iniciativas pioneras en México en materia de conservación comunitaria (como la Reserva Ecológica Campesina de los Chimalapas; 1992), con más de 192 (dos mil 512 kilómetros cuadrados) de estas iniciativas operando dentro del territorio del estado (Galindo-Leal, 2010). Sospecho que la herpetofauna de Oaxaca, que alcanza el nivel más alto de diversidad y endemicidad a nivel de país (ver Mata-Silva et al., 2015), también está obteniendo protección a largo plazo gracias a las iniciativas comunitarias de conservación y también gracias a la protección y preservación de la especie más icónica, emblemática, carismática y paraguas de todo Mesoamérica: el jaguar (“Señor de los animales”, “Corazón de la montaña” y “Guardián del monte”). Es importante señalar que en tiempos de verdadera crisis socioambiental en que el modelo de conservación formal de la biodiversidad en México basado en ANPs ha demostrado ser un gran fraude (o al menos estar bajo una presión significativa, como con el establecimiento de aproximadamente 1,609 concesiones mineras [Arméndariz-Villegas y Ortega-Rubio, 2015]), necesitamos reconocer y fortalecer las acciones comunitarias de conservación. Estos esfuerzos podrían ser la verdadera esperanza para la preservación a perpetuidad de la biodiversidad, incluidas las sociedades humanas nativas (“Hijos del jaguar”) y la fauna asociada, cubiertos todos bajo el paraguas del jaguar n

Agradecimientos: A Carlos Galindo-Leal, Levi N. Gray y Vicente

Elí García-Padilla es biólogo y fotógrafo, estudioso de la biodiversidad mesoamericana, con un libro y alrededor de 100 artículos científicos y de divulgación. Sus fotografías se han publicado en diversos medios impresos, digitales y en exposiciones fotográficas colectivas. Para el detalle de las referencias bibliográficas, ver: https://ojarasca.jornada.com.mx/2020/09/11/.

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Mata-Silva por aceptar amablemente revisar y mejorar el contenido y la calidad del manuscrito. A las autoridades comunitarias de Santa María Chimalapa por permitir el permiso para explorar su territorio comunal megadiverso.

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IRMA PINEDA O LA POESÍA COMO PROTESTA

FRANCISCO LÓPEZ BÁRCENAS

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SU OBRA REIVINDICA EL VALOR DE LAS LENGUAS INDÍGENAS Y SUS EXPRESIONES DE LA BELLEZA, AL TIEMPO QUE LAS TRANSFORMA EN ARMAS DE PROTESTA POR LAS INJUSTICIAS COMETIDAS CONTRA LOS PUEBLOS INDÍGENAS.

OCTUBRE 2020

omo no podía hablar tuvo que aprender a escribir. Irma Pineda Santiago nació un 30 de julio de 1974 y ella y su familia se preparaban para festejar sus cuatro años de vida cuando un comando del onceavo batallón del ejército federal secuestró a su padre, el profesor Víctor Pineda Henestrosa —Víctor Yodo—, llevándoselo con rumbo desconocido, sin que a la fecha se sepa su paradero. Los sucesos de aquel 11 de julio de 1978 marcaron su vida para siempre; la tristeza la sumió en un silencio que espantó a sus familiares y conocidos, la ausencia de su padre le quitó las ganar de hablar y ya no se comunicó con nadie. No era para menos; antes de su secuestro, cuando su padre no estaba impartiendo clases u organizando campesinos, se acostaba con ella en la hamaca y al vaivén de ella le leía poemas que le gustaban mucho, más por la cadencia con que los pronunciaba y el ritmo de la escritura que porque entendiera su significado. Así conoció a los españoles Federico García Lorca, Miguel Hernández y Rafael Alberti, que marcarían su vida. Para sobrellevar su silencio, Na Cándida, su madre, y su abuelo Antonio le leían poesía y le contaban cuentos regionales. Por su abuelo conoció la obra poética de Francisco de Quevedo, igual que historias de nahuales y cuentos que él heredó de sus ancestros. Eso y su aislamiento alimentaron su imaginación. En las noches de su niñez subía a los techos de las casas y se acostaba a mirar el cielo estrellado, ahí se pasaba horas y horas pensando

en cuantas cosas puede pensar una niña. Así comenzaron a brotar sus primeros escritos, en español, porque era la lengua que conocía. Sus maestros, los profesores Enedino Jiménez y Víctor Terán, poetas ellos mismos, la guiaron por los vericuetos de las artes poéticas. Así nació “La espera”, un poema donde plasmó lo que sentía mientras esperaba que su padre volviera. Su madre lo entregó a Amnistía internacional, quien lo publicó en Londres. Una poeta estaba naciendo. Después de cursar la primaria y secundaría en Juchitán, Irma Pineda se fue a Toluca a buscar su futuro, donde

Media noche, Fresno, California, 2020. Foto: David Bacon

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el frío y una sociedad que no entendía volvieron a hacer presa de ella. Otra vez, volvió a la poesía para protegerse, pero esta vez se atrincheró en su cultura y comenzó a escribir en zapoteco. A los dieciocho años ya publicaba en periódicos universitarios, muchas veces con seudónimo. En su obra de esa época todavía se notaba la influencia de su ímpetu juvenil y de los poetas que había leído, “eran unos poemas románticos, cursis”, ha dicho ella misma. Conforme el tiempo pasaba fue construyendo su propio estilo y su obra comenzó a ser aceptada. Le llovieron invitaciones: las revistas la invitaban a escribir y los cafés a leer su obra; conoció al poeta Antonio Valle quien le abrió el espacio de “Hojas de Utopía”, la revista que dirigía, para que sus poemas se publicaran con su nombre y de manera bilingüe: en español y binnizá. Irma Pineda se había convertido en la primera mujer poeta de su natal Juchitán. La poesía de Irma Pineda es una poesía comprometida con su pueblo y de protesta por las injusticias cometidas por el poder contra los pueblos indígenas. Entre las primeras podemos ubicar libros como Ndaani’ Gueela’ “En el vientre de la noche”, y Doo yoo ne ga’ bia’ “De la casa del ombligo a las nueve cuartas”; en ellas recoge manifestaciones de la cultura zapoteca del istmo. Entre los segundos se encuentra Xilase qui rié di’ sicasi rié nisa guiigu’ “La nostalgia no se marcha como el agua de los ríos” y Guie’ ni zinebé “La flor que se llevó”; el primero sobre la migración y el segundo sobre la violencia desatada por la guerra que desangra al país. Un libro imprescindible en su obra es Naxiña’ rului’ ladxe’ “Rojo deseo”, una obra magistral sobre el erotismo entre los zapotecos. Esto sin contar las compilaciones donde ha participado y obras colectivas como 43 poetas por Ayotzinapa. Ahora acaba de presentar Nasiá racaladxe’ “Azul anhelo”, donde retrata el dolor que produce la violencia contra las mujeres indígenas. Para realizar su obra Irma Pineda investiga, platica con las personas afectadas, siente su dolor como propio y después lo transforma en obra de arte, como para aligerar su peso. Es su manera de acompañar a las víctimas. El contenido de su obra poética es ratificado con sus acciones. En silencio, movida por sus convicciones personales, participa de la lucha magisterial, gremio al que pertenece como profesora y se da tiempo para luchar, junto con otros hijos y familiares de desaparecidos, por su presentación con vida y que se castigue a los culpables. Su nombramiento como representante de América Latina y el Caribe como miembro del Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas de la ONU lo ha usado para dar voz a los indígenas, no para alabar al gobierno, lo que la distingue de otras personas que han ocupado ese espacio. Su obra reivindica el valor de las lenguas indígenas y sus expresiones de la belleza, al tiempo que las transforma en armas de protesta por las injusticias cometidas contra los pueblos indígenas. Por eso su poesía es imprescindible. Por eso vale la pena leerla n


Recuerdos, CDMX, 2020. Foto: Mario Olarte

LA MUERTE DE MI NAGUAL JUVENTINO SANTIAGO JIMÉNEZ

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media noche, ocurrió en Estancia de Morelos, Cacalotepec, donde su mamá era cocinera en un albergue. Aquella noche, Pëjy había soñado a la abuela parada dentro de un río y cerca de un remolino. Desde allí la llamaba para que fuera a su encuentro, pero en aquel lugar ya habían sido tragadas varias personas cuando bajaban a nadar. Sin embargo, faltaban unos pasos para que ella entrara al río cuando su mamá la tomó de la mano y logró detenerla. Le dijo que regresara a dormir. Pero Pëjy disfrutaba el frío porque sentía que la noche la envolvía y la abrazaba. La noche la hacía sentir que estaba viva. Al día siguiente como a las seis de la mañana, Pëjy creyó que seguía soñando al sentir que algo frío recorría su cuerpo y despertó repentinamente. Al abrir los ojos, vio a una víbora que sacaba la lengua y estaba justo sobre su estómago. Ella la agarró de la cola para aventarla a una esquina de la casa donde había varios costales de olotes que servían para embarrarle cal al comal. Luego gritó tan fuerte para que su mamá o la abuela fueran a su auxilio, quienes estaban en la cocina haciendo café. Enseguida, entraron corriendo y comenzaron a buscar a la víbora en todos los rincones del pequeño cuarto, pero no la encontraban. Ellas decían que posiblemente Pëjy había soñado. Mientras hablaban, la abuela levantó el petate y allí estaba escondida. Ella mató a la víbora de un machetazo en la cabeza y la tiró al monte. El día moría y un grillo cantaba una melodía de dos notas, y Pëjy se enfermó de fiebre porque la víbora que había subido en su cuerpo por la mañana había sido su nagual. Era una víbora pequeña e indefensa que generalmente se encuentra cuidando los senderos como una guardiana. Parecía estar siempre dormida, pero cuando percibía pasos del humano se escabullía entre la hojarasca porque se sentía acechada. Entonces, ella la había visitado muy temprano, pero no esperaba una muerte trágica y sangrienta en manos de la abuela de cabellos blancos, con huipil azul y su rostro color tierra n

OCTUBRE 2020

os décadas anteriores, el alma de la abuela se había tornado en felicidad cuando Pëjy “Flor” llegó a su vida aún siendo bebé. Pero un día lluvioso, los ojos de la abuela parecían como los de un gato cuando estaba agonizando y su último deseo fue que se acercara la niña mágica para decirle que no estuviera triste, que ella regresaría constantemente en forma de colibrí. También encargó a su nieta regar todos los días las flores que había sembrado a un lado de la casa de adobe en Tamazulápam mixe. Si las flores no marchitaran, ella seguiría viva; aunque su cuerpo estuviese enterrado tres metros bajo tierra en el camposanto. Segundos antes de apagarse la luz dentro de los ojos de la abuela, todavía brotó una lágrima espesa que escurrió lentamente sobre la mejilla y luego murió. Evidentemente, esta despedida fue dolorosa, pero Pëjy no lloró en aquel momento como sucedió con sus tíos. La abuela había sido una mujer sabia porque leía el cielo y percibía el clima. También se comunicaba con los pájaros y conocía bien el uso curativo de una variedad de plantas medicinales y ayudaba a las mujeres embarazadas para dar a luz. Les hablaba de una manera tan especial que ellas quedaban casi hipnotizadas e inmediatamente desaparecía el dolor. Era como si las palabras de la abuela las escuchase el viento y llevase el dolor de aquellas mujeres entre las nubes para dar paso a algo maravilloso y extraordinario: la vida. Era hermoso ver la llegada de un nuevo ser al mundo mixe. Los demás estaban intrigados del trabajo de la abuela como partera y cuando ellos salían al patio, veían corretearse las nubes unas detrás de otras. Y en agradecimiento que todo había salido

bien, la abuela tiraba unas gotas de mezcal al suelo en honor a la madre Tierra y a otras deidades. La ayuda que la abuela ofrecía a las mujeres embarazadas no recibía pago alguno y lo único que le daban era mucho mezcal. Así que ella se emborrachaba frecuentemente y más en la fiesta del pueblo porque allí bailaba tambaleante los sones y jarabes mixes bajo los efectos del mezcal. Cada paso que daba era como si al mismo tiempo salieran volando llantos y dolores y también olvidara las tristezas que se habían acumulado durante un año. Parecía que el baile y el mezcal iban borrando aquellas emociones negativas en cada son y nota que interpretaba la banda filarmónica en la cancha municipal. La abuela bailaba con la cabeza un poco inclinada y la mirada fija hacia el suelo. De pronto dejaba de bailar porque se ponía a platicar con otras señoras, pero se podía ver que había algo de alegría en su corazón. En aquel tiempo, Pëjy creció al cuidado de una curandera y desde pequeña le enseñaron el poder de la intuición para percibir la energía de las personas porque toda la magia está en las energías y el escuchar para poder sanar. Rara vez hacía visitas para no provocar algún daño y se alejaba inmediatamente cada vez que se sentía intimidada. También le gustaba hacer el bien cuando ella se lo proponía. De algún modo, Pëjy era como un ave extraña que pasaba desapercibida para muchos ojos. Porque en una ocasión, ella estaba dormida a lado de su mamá y luego se levantó después de la media noche con los ojos bien abiertos. Salió descalza a caminar sin saber hacia adónde se dirigía y cuando despertó en lo más profundo de la noche estaba en el centro de Tamazulápam. Le dio muchísimo miedo porque no sabía cómo había llegado allí y qué había hecho. Al reconocer el espacio donde se encontraba, regresó tan rápido como pudo a casa y pensaba mientras caminaba deprisa: “Ojalá realmente me pierda en alguna noche para no despertar más”. La última vez que Pëjy caminó después de la

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Víbora sorda, Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

LA MUERTE DE LA SERPIENTE / IN COATL IMIQUIZ

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Ahuizotl

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El viento sopla, el viento suena, el viento habla a través de las hojas de maíz y con ese mismo tono se escucha deslizarse la serpiente entre la hierba.

Ehecatl tlapitza, ehecatl cacalaca, ica tlapalcintli itozca nahuati ihuan ica inin caquiztli xihuitzalan coatl yaz.

Va y se posa en un claro rodeado de flores sobre su escamosa armadura tornasol, como agua dorada fluyen los rayos del sol; se petrifica, el viento cesa, la serpiente habla.

Nepantla xochimilpan yaz huan motlalia, in ichichiltlapalmichehuayopan, quenin ateocuitlatic mani tlahuiltonatiuh, in coatl motechihua, ehecatl ayocmo cuica, in coatl tlahtoa.

Reconoces la voz, eres tú, sólo tú: la serpiente. Le cuentas al viento nueve eventos de tu vida usando palabra bifurcada, palabra enriquecida; complacido, el viento muestra su faz sonriente.

Timotozquimati, tehuatl, zan mocel: in coatl. Ticpohua in ehecatl chiucnahui cahuitl monemiliz ica ometlahtolli, ica chicahuac tlahtolli; pahpatica, ehecatl tetlattitia ixayac pahqui.

De repente, un trote irrumpe en el maizal y el viento se hace con tu ondulante movimiento, disuelves las flores, las arrancas del tallo, son mariposas sus corolas.

Iciuhca cahuitl, ce chocholotaliztli caquizti milpan ihuan ehecatl mochihua ica mocoaollin, tixochiteci, tinehuayotequi, papalomeh inyollocueponi.

Al contacto con tu piel, serpiente preciosa, abren sus alas, ¡vuelan ya las mariposas!, se llevan tu aroma, se llevan tu esencia, se pintan con tu mismo color de metal.

Ihcuac mocuetlax quimatocah, itzcoatl, inaaz quitlapoah, ¡papalomeh ya patlanih! Mahuiyayaliz quitquih, monemiliz quitquih, ica motepoztlaltlapal mocuiloah.

Y despiertas…

Ihuan timocochehua…

La muerte aúlla, la muerte ladra la muerte habla a través de un perro.

Miquiztli tecoyoa, miquiztli huahualoa, ica itzcuintli itozcac miquiztli tlahtoa.

Ahuizotl (Jonnathan Reyes Pérez, Ciudad de México 1983) es doctor en Astrofísica por la Universidad Nacional Autónoma de México. Se le conoce como Ahuizotl dentro de la comunidad del poetry slam en México, una disciplina enfocada en la poesía en voz alta. Poema incluido en In xochitl in kuikatl, 24 poetas en lengua náhuatl. Poema incluido en In xochitl in kuikatl. 24 poetas contemporáneos en lengua náhuatl. Volumen I. Selección y prólogo de Martín Tonalmeyotl. Universidad de las Américas, Puebla, 2020.


EL MANANTIAL DE TU MIRADA / MOAMEYALTLACHALIS Iván León Javier (Teyatl)

Si se pudiera, luciérnaga honorable,

Tla welisia, noxoxotlametsin,

desearía verte:

timitsitasnekisia:

restregarme las legañas de un perro

nikneke ninoixtololotlalilis iixtenkwitla se itskwintle

y presenciarte amorosamente;

ika ihkon kwahle timitsyolitas.

pero aun así en mí reluces porque me has donado

Maske nopan timoixpetlanalcha ika otinetsmakak

tu idioma de estrellas con el cual te criaste

mositlaltlahtoltsin wan ika otimoskalteh

y así broto y me esparzo cada tarde.

kache ihkon nixochipone, ninomoyawa chotlaktipan.

Además, la caricia que tu rostro manifiesta

Ihkon te, moixtewetskalis netsmapepetsowa

la llevo en el recuerdo de mi camposanto,

niman nikwika noihtik nonemiliskalmiktlan,

como en estos tiempos,

ken aman in tonahle,

como en estos días,

ken ipan in tonahle,

como en estas tardes amoratadas,

kamohchotlaktipan,

conseguían tus manos límpidas

momatsitsiwan chopahkeh kwahkiyah

empanadas de morado pensamiento.

tlanemiliskamohpantsin.

Sólo a ras del manantial de tu mirada

San iixko moameyaltlachalis

ando volando.

nipatlantineme.

Iván León Javier, Teyatl (Acatlán, Chilapa de Álvarez, Guerrero). Traductor, escritor, promotor y profesor de náhuatl. Egresado de la Universidad Pedagógica Nacional y diplomante en Lingüística Descriptiva por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha colaborado para fortalecimiento, revitalización y docu­ men­tación de las lenguas indígenas nacionales. Poema incluido en In xochitl in kuikatl. 24 poetas contemporáneos en lengua náhuatl. Volumen I. Selección y prólogo de Martín Tonalmeyotl. Universidad de las Américas, Puebla, 2020.

Río Negro, Los Chimalapas. Foto: Elí García-Padilla

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EL BESO HERMANN BELLINGHAUSEN

B

ajo el túnel abandonado, las vías ociosas sirven de mitad a un pequeño mundo de parias melancólicos dados al vagabundeo. Tienen pocas reglas, pero una es nunca andar de méndigos. Tratarse bien. Con que sepan arreglárselas, irla pasando, no introducir armas ni drogas, respetar, cuando la hay, la mujer del prójimo. Claramente apañado el espacio, posee controles de entrada en ambos extremos, mediante unos viejos detectores electrónicos que fueron a pepenar a los tiraderos del viejo aeropuerto. De entre jets oxidados sin escotillas, en otro micromundo de parias, ese instalado en los deshuesaderos del aire, los del túnel se agenciaron sillones y algunos desechos electrónicos de la desvencijada torre de control, convertida en panóptico de un mundo inferior al pleistoceno. La población fija del tunel no pasa de cincuenta, entre quienes está Ludvina. En realidad allí viven más, en ocasiones el doble, los flotantes sin derecho a parcela, sólo invitados o inquilinos de alguna parecela. Después de que todo se desmadró allá afuera, los primeros habitantes del túnel cuadricularon el suelo declarando parcelas iguales trazadas con cal y clavos. Los durmientes sirvieron para los primeros muebles. Los rieles paralelos de la doble vía permanecen en su sitio, cumpliendo diversas funciones, como ser el río que separa dos orillas y servir de calzada de ida y vuelta entre las dos bocas de la estructura. El ingeniero responsable, un siglo atrás, nunca imaginó que su túnel acabaría como vecindad posturbana. Aunque visto de fuera está en penumbra, el túnel cuenta con un sistema básico de drenaje y suministro de agua, así como corriente eléctrica obtenida por una maraña caótica de diablitos y ladrones de cable colgados del distante alumbrado público, y de algunas fuentes de energía locales, que por artesanales fallan constantemente. La gente del túnel tiene pasados, en ocasiones interesantes, pero siempre útiles. Algunos ya eran artistas, otros se hicieron artistas aquí. Alguno fue mecánico o camarógrafo.

Valerio se prostituía en la Alameda. Ramona vestía maniquíes en Sears. Patricia, hoy una persona mayor que trabajó de doctora en un clínica del Seguro hasta que se acabaron los empleos y ya nadie fue nada, adiestraba enfermeros conforme se iba pudiendo para heredarles la salud del túnel, tan deficiente y frágil como la del mundo allá afuera, sucio, descocado, rutinariamente peligroso. Ludvina pintó de niña, pero al llegar aquí dejó de hacerlo y sólo aprovecha los trozos de carbón en sus ratos de ocio. Llegó de la mano de Mauricio, un hombre mayor que ella, dueño de una parcela no lejos de la boca sur del túnel que algo lograba morder a la luz diurna y eso alcanzaba para cultivar plantas de resolana y hierbas de olor o curativas en viejos botes de aceite y leche en polvo. A Mauricio lo mataron por Popotla y la dejó en calidad de viuda, en posesión de una parcela, techo seguro, que también bajo el túnel hace falta, y un patio suficiente para sentarse a separar tornillos, clavos, tuercas, rondanas y pernos que traen acá a los fierreros y los truecan con los parceleros, que a su vez los depuran y organizan y sacan a reventa en los mercados al norte interminable de la ciudad en ruinas. Ludvina separa fierros y desecha los inservibles con la exactitud de una campesina separando granos de maíz o frijoles. Un día salió por bastimento a la olla que se instala en la Plaza de los Sacrificios, no lejos de Nonoalco. Caminaba por un andador desierto, bajo los tóxicos rayos y el aire corrompido de la ciudad, cuando de un portón le salió al paso un joven de aspecto extraordinario y le dijo que se moría, que necesitaba un beso para siquiera saber qué se siente.

Y

a llevaba semanas de que declararon el fin del último brote de sangre maligna. A fuerza de la costumbre, la gente había aprendido a no tocarse ni con conocidos, ya no digamos los extraños. El joven no le pareció un moribundo, aunque sus ojos desesperados guardaban una tristeza quizás demasiado suave en este mundo brutal. Desde la muerte de Mauricio, Ludvina no había besado a nadie; no en la boca al menos.

“¿Cómo te llamas?”, le preguntó con acento maternal, o así sonó por los mínimo diez años de edad que le llevaba al muchacho. “Jiko”, respondió él, para corregirse enseguida con un girón de sonrisa: “Xicoténcatl”. “¿No te parece una propuesta indecorosa?”, dijo Ludvina con tono ligero, todavía sorprendida de estar teniendo esa conversación. “Es que me muero”, replicó el joven. “¿De qué te mueres?”. “Eso no importa”. “¿Es contagioso?” “No, que yo sepa”. Al intercambio siguió un minuto de silencio. Ludvina valoró los brazos flacos de Jiko, su rostro huesudo pero lampiño y limpio, sus labios secos, la camisa en garras y los pantalones con agujeros, las botas (¡botas!) sucias. “¿Eres soldado?”, preguntó. Jiko tosió una especie de risa. “¿Yo?”, y tosió de nuevo. “Ni siquiera daba el peso, nunca toqué una pistola, nada más cuchillos”. “¿Mataste?” “Una vez, un perro”. “¿Para comértelo?” “Para salvar el pellejo”. A la pausa, Jiko agregó: “Esos sí eran soldados. De los que echan sus perros contra gente como yo”. Ludvina le vio entonces un tatuaje en la muñeca izquierda. “Andaban tras de mí”. “¿Qué habías hecho?”, dijo Ludvina. “¿Acaso importa? No hice nada, era cosa de ellos. Pero muerto el perro logré perderlos”. Ludvina lo supuso hambriento. En el túnel tenía sopa fría. “¿Quieres comer?” “Ya es muy tarde. Quiero un beso. En la boca”. Jiko se rozó con un tremor los labios resecos. “Ven acá”, dijo ella algo jocunda, divertida, conmovida. Total. El chico no sonrió ni nada. Grave, como quien cumple su deber, se aproximó al rostro de Ludvina, quien lo tomó de las mejillas y lo dirigió a sus labios sin cerrar los ojos. Él tampoco. El beso fue tan largo que Jiko se quedó dormido en brazos de Ludvina. Ella lo sostuvo y lo colocó contra un pedazo de muro en ruinas. Jiko sonreía como bebé. Antes de proseguir su camino a la plaza, Ludvina lo acomodó lo mejor que pudo, y mentalmente lo bendijo, o algo parecido. Esa noche en el túnel trazó con carbones sobre un pliego doble de cartoncillo que usaba para envolver tuercas el rostro de Jiko dormido. Le puso los labios como los recordaba al final, gruesos y renacidos a mordidas. Al menos para ese dibujo el tierno beso había servido n

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La normalidad en el barrio de Tepito nunca se fue, septiembre 2020. Foto: Mario Olarte

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LOS SISTEMAS APROVECHAN LA PANDEMIA PARA APRETAR A LOS PUEBLOS UN INFORME LATINOAMERICANO Ganancias, privilegios, control y represión. La respuesta sistémica a la pandemia en América Latina, 23 de septiembre de 2020.

E

empresas) pero organizada en sus comunidades, enfrenta la pandemia aunque no sea sorpresa que haya campañas contra toda la medicina que no es institucional, positivista, y se marginará cualquier solución integral que no signifique sólo intervenir en quienes ya enfermaron mediante la promoción de fármacos y medidas de emergencia puntuales, caso por caso. El documento está organizado en dos secciones básicas: una en donde se recogen las principales líneas de incidencia que se repiten de modo muy semejante en todos los países estudiados, y después un análisis por país, donde se resaltan los principales agravios tanto en las políticas públicas, las reformas constitucionales, los acaparamientos de bienes comunes incluida la tierra y el agua, la promoción de prebendas para los inversionistas, el avance en tratados de libre comercio que sirven de desvío de poder para privilegiar corporaciones, y el abandono de la población a su propia suerte, en una situación de emergencia humanitaria que deja al desnudo la falta de toda ética por parte de gobiernos y corporaciones. En la sistematización de agravios, el documento anota nodos de algidez, situaciones que agravan el estado en que se encuentran las poblaciones de tales países. Si lo sufren en extremo las poblaciones más desprotegidas, este desprecio es generalizado y sólo excluye a las clases privilegiadas.

E

ntre los efectos negativos está la promoción de ajustes en las políticas públicas expresados en reformas constitucionales, leyes y normativas. Se pierden derechos laborales, se restringe la movilidad, se privatizan recursos públicos y bienes comunes, se le da margen más laxo a los cuerpos represivos. Se aceleró el saqueo territorial al agilizar concesiones y cancelar o minimizar requisitos para las licencias y manifestaciones de impacto ambiental. Los cuerpos policiacos, guardias nacionales y ejército salen a las calles, llegan a comunidades y aulas. La violencia contra las mujeres se intensifica hasta límites nunca vistos, crecen los asesinatos contra quienes defienden derechos humanos, territorios y el ambiente, o están contra megaproyectos y el crimen organizado. Donde las comunidades rurales “sufren el acorralamiento de corredores industriales, megaproyectos, extractivismo o plantaciones, vulnerando sus filtros sanitarios por el cinturón de servicios, corrupción y giros negros que conllevan todos estos proyectos”, reconocemos fronteras de asedio que serán sitios de contagio. En Ecuador esto fue muy brutal para “los obreros de bananeras, de palma, piscinas camaroneras, planteles florícolas y muchos más, que deben

continuar con sus labores, como si el país no estuviera bajo emergencia sanitaria, y con riesgo de contraer Covid-19, sin protección especial alguna”. Obedeciendo y promocionando los TLC, los gobiernos marginan la producción independiente y campesina, y alegan normas de higiene inalcanzables y absurdas. La pandemia se aprovechó para promover la agricultura industrial y sus campañas en pos de comestibles ultra procesados. “Los empresarios del agronegocio se esmeran en lograr más subsidios, más permisos para importar agrotóxicos y ajustar las leyes para evadir su responsabilidad con la salud de los trabajadores”. Una especie de tsunami digital con la consabida promoción de tecnologías informáticas, satelitales e inalámbricas, para los procesos productivos y comunicativos, se desplegó por todo el mundo pero en especial en América Latina, incluso para los registros agrarios, para los seguros de desempleo y para la posibilidad de servicios de salud. Los colapsos de las redes hospitalarias y en los sistemas de atención a la salud fueron algo que se avecinaba por el desmantelamiento que durante años sufrieron todo tipo de servicios. El comercio local, las tiendas de barrio o los puestos callejeros están siendo marginados en favor de los supermercados “sanitizados”. Hay un adelgazamiento de los presupuestos destinados al bienestar general. Aunque en campo y ciudad existen redes de mutualidad y organización comunitaria, abasto y cuidados, independientes y cuidadosas, las autoridades e instituciones no hacen esfuerzos por entablar comunicación o coordinar colaboraciones que enfrenten los desastres a la salud y a las economías familiares, locales y nacionales. Cada país cocinó sus propias formas de recrudecimiento, promoviendo más leyes y decretos en favor del interés privado, más agrotóxicos. Privatización del agua, deforestación y quema de bosques que aumentan la frontera agropecuaria, en Colombia y Brasil. Promoción de granjas industriales inmensas en Argentina. Muchos más transgénicos, en varios países, militarización que invade hasta el jardín infantil, despidos injustificados, y mantener como rehenes a dos mil 500 presos mapuche, como en Chile. Asesinatos brutales de líderes ambientales y sociales, de mujeres y niñas, recrudecimiento bestial de la violencia en México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Chile, Paraguay, Argentina y Brasil n

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s un logro poder recabar, por abajo, evidencias desde los rincones de nuestro continente a partir de las voces de personas y comunidades que sufren en directo agravios y percances, políticas nocivas y ataques nada velados. Tal información es pertinente para entender el desarrollo de las caóticas y amañadas decisiones —entreveradas de corrupción y falta de responsabilidad— de instancias corporativas y de gobierno en diferentes países de América Latina que inciden negativamente en la población. Ganancias, privilegios, control y represión: la respuesta sistémica a la pandemia intenta ser “un recuento puntual de reformas e imposiciones que recrudecen las condiciones de zozobra, indefensión, malestar, sojuzgamiento y violencia a las que está siendo sometida la población latinoamericana en estos tiempos de emergencia”. El informe documenta la respuesta de los poderes estatal, gubernamental, corporativo y represivo ante las condiciones de emergencia que esta pandemia impuso en Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Honduras y México. Si bien los datos de la pandemia se mueven aumentando día con día el número de personas contagiadas y fallecimientos, la mirada que aporta este informe sigue reflejando la actitud de las instancias cuestionadas: “Mala voluntad y que mueran quienes tengan que morir, expresan los gobiernos y los organismos internacionales que se arrogan la gestión de esta extraña condición generalizada. Así Europa abrió sin miramientos las condiciones de su ‘nueva normalidad’ cuando en América Latina la curva de contagios crecía”, reza la portada del documento. Durante toda la cuarentena en forma casi global, hace más de siete meses, “en América Latina el agronegocio, y otras muchas puntas de la industria no sólo no mantuvieron en aislamiento sino que continúan con total impunidad profundizando sus impactos y daños a comunidades y ecosistemas. En casi todos los países de la región, las actividades agroindustriales y de extractivismo fueron exceptuadas de restricciones por considerarse en las medidas tomadas como actividades esenciales”. El capitalismo no se mueve de su idea de resolver los problemas promoviendo las mismas causas que los provocaron. Así, gobiernos, empresas y cómplices internacionales “siguen pugnando por reformas e imposiciones amenazando la estabilidad de sus propias estructuras”; siempre les urgirá que las ganancias tengan lugar y, como tal, “reactivar la economía” al costo de lo que sea, aún atropellando las estrategias autónomas de supervivencia. Por lo pronto en Perú, Ecuador, Chile, Brasil, Argentina o México, la gente sola (sin ayuda del gobierno o las

Quito, Ecuador, 2020. Foto: Iván Castaneira

Ramón Vera-Herrera Ver el informe en: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Ganancias-privilegios-control-y-represion

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MILPA COMUNAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA DECLARATORIA DEL ESPACIO ESTATAL EN DEFENSA DEL MAÍZ NATIVO DE OAXACA

M

ientras el sistema alimentario global de las agroindustrias provoca desastres, pandemias, guerras, hambrunas y enfermedades en la humanidad, esparce millones de litros de venenos sobre la tierra y la naturaleza, matando animales, insectos, plantas y personas en una guerra no declarada contra lo vivo, en nombre de la plusvalía y la ganancia de algunas grandes empresas transnacionales que controlan semillas transgénicas fabricadas en laboratorios y otros agrotóxicos que han transformado grandes extensiones del campo en desiertos. La pandemia nos hace ver que perdimos nuestra capacidad de producir nuestros alimentos, que perdimos el respeto a la naturaleza. La agroindustria deshumaniza el campo y el capital deshumanizó nuestra relación con la tierra y el territorio. En el caso del gobierno de México bajo la 4T, la visión de sus instituciones es promover e imponer el uso masivo de glifosato y agrotóxicos, por encima de la visión agroecológica y la experiencia y saberes campesinos de nuestro país. Esto demuestra el carácter neoliberal del gobierno de AMLO, que impone también sus megaproyectos y extiende la guerra de baja intensidad dentro de los territorios indígenas del país. En medio de la pandemia, el campesinado crece con la milpa, está reverdeciendo. Los campesinos salieron del encierro, salieron a sembrar su maíz, a sembrar sus tierras, como un primer acto de rebeldía y resistencia. Sembrar es resistir y rebelarse. Las comunidades indígenas campesinas demuestran que sus resistencias siguen en pie, luchando para alimentar sus comunidades, trabajando sus tierras en medio de una crisis sanitaria sin precedente y en medio de una guerra abierta contra las mujeres, contra las comunidades indígenas campesinas y contra los pobres de México. En Oaxaca las milpas viven y siguen en pie con sus 35 razas de maíz, mientras el Estado cerró los mercados locales dando un gran golpe a las economías locales y comunitarias, benefició a los supermercados de las transnacionales que nunca cerraron. La amenaza de los transgénicos y su

liberación masiva con el uso de glifosato sigue vigente y la biopiratería en la Sierra Mixe sigue amenazando los maíces nativos de Oaxaca. La milpa comunal sigue brotando con sus formas de organización comunales en medio del caos del capitalismo pandémico, desafiando la lógica de acumulación del gran capital. Resistimos sembrando alimentos sanos y milenarios, en policultivos milperos, tenemos una cultura rebelde y solidaria entre los pueblos, nos acompaña la sacralidad del maíz y la naturaleza del Oaxaca profundo. En esta jornada de resistencia en defensa de la milpa comunal en tiempos de pandemia, sembramos dignidad para cosechar libertad a través del Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca, recordando la resistencia milenaria de los pueblos indígenas que ha alimentado a la humanidad con la esperanza de un nuevo amanecer sin pandemia y maíz transgénico. Este es un llamado a retomar el camino y la visión de los pueblos y comunidades, retomar la cosmovisión, la sacralidad y la espiritualidad propia nuestra. Llevemos la milpa como una respuesta económica frente a la pandemia. Los pueblos son los que tienen en el campo una respuesta de cara a la situación de crisis actual. Retomemos la milpa comunal, la agricultura campesina, como el futuro de la humanidad. Alimentemos la esperanza sembrando y cultivando, enseñemos a nuestras hijas, nuestros hijos, a los más pequeños y las más pequeñas a sembrar, a cultivar, a querer nuestro maíz, enseñemos a tener amor a la tierra, a la madre tierra, a compartir y ser solidarios con las otras personas. Hay una memoria dentro de las comunidades, una vivencia de trabajo, un conocimiento de siembra y cosecha, tenemos esto que durante muchos años lo hemos venido haciendo. Sembrar es un acto político. La agricultura campesina humaniza las relaciones con la naturaleza. La espiritualidad humaniza los procesos del campo. La sacralidad es regresar a ser humano frente a la tierra. Tenemos que regresar a ser humanos, a ser hombres y mujeres de maíz,

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Don Aquino Zarate, Santa María Chimalapa. Foto: Elí García-Padilla

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a ser personas humanas de maíz frente a la crisis. Hay una alternativa, es el ejemplo que están dando los pueblos, está dentro de nuestra propia sangre. No impulsamos nada nuevo. Impulsamos la siembra de la milpa y nuestros alimentos. Éste es un llamado a todas y todos, a retomar nuestra relación con la tierra, a quitarnos la venda de los ojos, éste es un llamado a resistir sembrando; hacemos un llamado a construir juntos, juntas, un presente y un mañana donde florezca la vida, el maíz y la milpa. Éste es un llamado a nuestra memoria, a recordar quienes somos, de dónde venimos, éste un llamado a recordar que somos mujeres, hombres, jóvenes, ancianos y niñas, niños de maíz n Desde los pueblos sembrando dignidad y cosechando libertad 29 DE SEPTIEMBRE

Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca Organización de Agricultores Biológicos A.C. (ORAB). Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca A.C. (Cedicam). Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA) Servicios del Pueblo Mixe A.C. (SER). Enlace, Comunicación y Capacitación A.C. Universidad de la Tierra Oaxaca. Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez (Unosjo S.C.). Coalición de Maestros y Promotores Indígenas de Oaxaca A.C (CMPIO). Desarrollo Agroecológico Mixteco A.C. (DAMIX). Investigadores y Artistas Comprometidos Participantes: Yunhiz Espacio Alternativo. Huerto Jalatlaco. La Chapulina maiznativodeoaxaca.wordpress.com maiznativodeoaxaca@gmail.com


Quito, Ecuador, 2020: Foto: Iván Castaneira

CRECER INDÍGENA EN UNA SOCIEDAD RACISTA LA PERSPECTIVA DE UNA PERIODISTA

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día llegué a casa llorando y odiándome por no ser como las demás. Estas experiencias se superan, pero dejan heridas, y a decir verdad, yo la he tenido fácil.

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er diferente en un aspecto irrenunciable como lo es la etnia es difícil y produjo una suerte de vergüenza en mi subconsciente hacia mis orígenes. Ahora sé que esto tiene un nombre y es endorracismo, la forma más brutal de este monstruo. Crecer indígena en una sociedad racista ha hecho que mi vida transcurra bajo una lupa y eso, para mi yo de cinco años, era algo fuerte. Y lo sigue siendo. Todo los “errores” que podía cometer —una mala nota, mi no comprensión de una materia, ¡no ducharme un día!—, todo al final se explicaba con “es que es india”. ¿Acaso no soy persona primero? Mi abuelo materno fue un comerciante que migró muy chico de una comunidad indígena (Quinchuquí) y se asentó en un pequeño pueblo urbano (Cotacachi). En este lugar construyó un patrimonio y formó una numerosa familia. Mis abuelos paternos tienen una historia similar. Habitando una zona urbana mestiza, la vida para ellos se trató más bien de un acto de supervivencia. Hasta los años 80, mi abuela materna se bajaba de las aceras para dar paso a mujeres mestizas. También por aquella época, la policía acostumbraba arrebatar los sombreros de los tíos para mofarse de su etnia.

Ubico geográficamente mi descendencia porque ha sido determinante en términos de cómo he navegado por mi existencia en esta sociedad. Para mantenerme a flote he sufrido desde muy pequeña a nivel inconsciente un proceso de asimilación cultural-racial para encajar y que mi existencia indígena no sea cuestionada en un mundo mestizo. Expresarme en castellano a la perfección, aprender inglés, practicar la puntualidad, no llamar demasiado la atención, pulir mi aspecto, ir a la moda, etcétera. Todo eso que se da por hecho en una persona “exitosa” lo he tenido que perfomar con excelencia para que mi etnia no se utilice como insulto. Mis padres me han protegido a través de la economía, la educación y la política. He sido muy privilegiada, pero ya estoy harta de vivir bajo una lupa por culpa de una sociedad acomplejada. Me niego a ser su estereotipo de indígena exitosa, porque si no tienen suficiente con nuestra humanidad es que simplemente no quieren nuestra existencia. Yo también aprendo —y desaprendo— cada día sobre racismo y dinámicas raciales. Estoy abierta a conversar, discutir y debatir más sobre este tema n

Katicnina Tituaña Publicado en Radio Cocoa: https://radiococoa.com/RC/crecerindigena-en-una-sociedad-racista/

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los ecuatorianos nos hace falta tener conversaciones incómodas. Es un hecho. El racismo es una de ellas, y aunque parece que en las últimas semanas de pronto todos se han sensibilizado con el tema, no es suficiente con publicarlo en las redes. Tenemos que discutirlo sin tapujos y creo que una de las mejores formas de hacerlo es compartiendo experiencias y vivencias que revelan cómo el racismo ha configurado nuestro tejido social. Me llamo Katicnina y soy una mujer indígena de la sierra norte, de Imbabura. Me crié en un entorno predominantemente mestizo, así que desde pequeña el concepto de racismo está en mi léxico y, por supuesto, en mi psique. De hecho, me ha obligado a experimentar la vida puramente a través de mi etnia por sobre mi condición humana —como nos sucede, pues, a todas las personas racializadas. La primera vez que fui consciente de mi identidad étnica fue a los cinco años, cuando entré a una escuela particular. Mis hermanas, una prima y yo éramos las únicas niñas indígenas y asistíamos con anaco como parte del uniforme. Nunca tuve un profesor o maestra indígena y en el entorno urbano nadie hablaba kichwa. Mis compañeras de escuela y colegio jamás mostraron interés por conocer más sobre mi cultura y en general replicaban las actitudes aprendidas, me imagino, en casa. ¿Dónde si no Kamilita, de ocho años, aprendería a llamarme “longa” de forma despectiva? Ese

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NO ERES EL INDIO QUE YO TENÍA EN MENTE VERÓNICA VILLA ARIAS

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homas King (1943) es un escritor cherokee-griego de California. Su obra indaga en el pasado y la historia contemporánea de las primeras naciones de Norteamérica. “Sí nos asesinaron pero no nos desaparecieron.” “Los pueblos han continuado, pero también las ganas de eliminarnos.” King elabora sobre la construcción del indio nacional libre, poderoso, noble, guapo, filosófico, elocuente, solitario (y masculino) que ya no será, pero que si fuera, podría resolvernos muchos problemas con su sabiduría infinita, tan necesaria en estos tiempos de debacle ambiental. Un indio así, dice Thomas King, se construyó para evitarle al poder el trabajo de entender la “exótica, erótica y aterradora” complejidad del panorama de culturas, tribus y lenguas de la gente nativa de Alaska al norte de México… y el resto del mundo. Un equivalente general de la otredad (así como el dinero lo es para el intercambio de mercancías) que facilite la exclusión y el racismo, tan indispensables en la construcción de imperios. En su obra profundiza en el origen, la autenticidad (que se ha vuelto eufemismo de la poca población), la sangre: “esos juegos de realidad racial que los pueblos originarios son obligados a jugar”. Y en lo que ni los hippies ni los mochileros bienintencionados han logrado entender cabalmente: “la relación íntima de los pueblos con la tierra, no los clichés espirituales y románticos que son tan populares entre los promotores y urbanizadoras inmobiliarios. Si bien la relación de los pueblos con sus territorios tiene un aspecto espiritual, también es una praxis que equilibra el respeto con la subsistencia. Es una ética que puede apreciarse en las decisiones y acciones de una comunidad y que se resguarda en las canciones que los pueblos cantan y los relatos que hablan del mundo natural y nuestro lugar en él; de las redes de responsabilidades que vinculan todas las cosas”. O, como dice la escritora mohawk, Beth Brant, citada por King, “no adoramos la naturaleza. Somos parte de ella”. En su libro The truth about stories, King comparte: “Una de las cosas sorprendentes de los indios es que aún estamos aquí, tras quinientos años de insistir en asimilarnos y desaparecernos”. Pero existir es un enorme problema, dice. “Mientras haya indios habrá cosas de indios: territorios indios. Reclamos de indios. Recursos indios. Derechos indios. Cosas complicadas, difíciles, tentadoras, que ponen a prueba la paciencia de los gobiernos, confrontan a las corporaciones, molestan a la opinión pública y espantan a los caballos. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?… Indios. No puedes vivir con ellos. No puedes dispararles. Bueno, ya no. ¡Pero tenemos las leyes! La legislación en materia de indios tiene dos objetivos básicos. Uno, liberarnos de nuestros territorios, y dos, legalizar nuestra salida de la existencia.” King reseña de forma crítica varios ordenamientos de Canadá y Estados Unidos que sin cesar han buscado desaparecer a los indios mediante “magia legislativa”, hasta llegar al ejemplo extremo de la Ley C-31 de Canadá, que establece la pertenencia a una nación india por virtud del matrimonio. Si una mujer se casa con un no indio, mantiene el estatus y sus hijos también, pero si un hombre se casa con una no india, lo pierde y sus hijos también. Pero la retórica de esta ley es de tal maestría que después de dos generaciones, todos los descendientes de uniones mixtas pierden su estatus de nativos y con ello los derechos económicos, culturales, laborales, territoriales y demás establecidos en los tratados. Al actual ritmo de las uniones entre indios y no indios, en 75 años no habrá nadie con estatuto de población nativa en Canadá, “aunque aún tendremos los tratados y los territorios protegidos para los indios. Pero ya no habrá indios según la ley.” Ante todo lo que ha pasado y para llevarnos al posible universo futuro, “las narraciones son todo”, insiste al abrir cada capítulo de su libro The truth about stories. A Native narrative [La verdad de las historias. Una narrativa nativa], publicado por House of Anansi Press a partir de conferencias dictadas en Canadá en 2003 (The Massey Lectures). Una de las varias historias que cuenta es la de Ishi, en el capítulo “Déjenme entretenerlos”:

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En el verano de 1911, cerca de Oroville, en el norte de California, carniceros encontraron a un indio detrás de un rastro. Lo cual fue, por decir lo menos, una sorpresa. Los indios en esa parte del mundo habían sido perseguidos por años. Buscadores de oro, terratenientes y en general los entusiastas de los rifles, como los blancos que masacraron a los wiyots de la costa norte de California en 1860, habían forzado a los pueblos fuera de sus hogares, pero muchas veces simplemente los cazaron y mataron allí mismo. Seguramente los pobladores de Oroville no imaginaban que aún había indios en la zona. Éste no se encontraba para nada en buen estado. Estaba enfermo, hambriento, casi moribundo. Los carniceros llamaron al sheriff, y el sheriff, sin saber qué hacer con él, lo puso en una celda reservada para enfermos mentales en la cárcel local.

Ilustración: Lamberto Roque Hernández

En el papeleo le llamaron “el salvaje de Oroville”. Era un yahi, tal vez parte maidu. Nadie lo sabe. Pero como Chingachgook, de James Fenimore Cooper, y Shawanadithit de Peter Such, al parecer era el último de su pueblo. Si hubiera muerto en la cárcel, no habría sido noticia. Pero no murió. Fue rescatado —y digo “rescatado” con cierto recelo— por Alfred L. Kroeber y Thomas Talbot Waterman, dos antropólogos del recién inaugurado Museo de Antropología de la Universidad de California en San Francisco. Con la cooperación y permiso del Buró de Asuntos Indios, que se consideraban propietarios de todos los pueblos de Estados Unidos, Kroeber y Waterman liberaron al “salvaje de Oroville”, lo llevaron a San Francisco y le dieron un lugar para quedarse en el museo. Su nombre no era Ishi. Nunca le dijo su nombre a nadie. Kroeber, presionado por los reporteros, que ya estaban hartos de referirse a él como el salvaje de Oroville, lo bautizó como Ishi, una palabra yahi que significa, sencillamente, “hombre”. Los siguientes cinco años, hasta su muerte por tuberculosis en 1916, Ishi vivió y trabajó en el museo. Incluso le dieron un cargo, conserje segundo. Veinticinco dólares por mes, además de alojamiento y comida. No era una mala vida. Ishi la disfrutó. Tenía libertad para entrar y salir. Se subió a los tranvías de San Francisco, fue a la ópera y al océano. Seguía a los doctores cuando hacían sus rondas en el hospital de la universidad. Según Theodora, esposa de Alfred Kroeber, le fascinaban los hombres blancos, no por lo que hacían, sino por lo numerosos que eran. Y cada domingo en la tarde, por espacio de dos horas y media, Ishi representaba para el público el trabajo de sus artesanías: elaboraba flechas y trabajaba cueros, para los curiosos de la ciudad. Hasta donde sabemos, nadie abusó de él. Kroeber mantuvo a los buitres alejados, negándose a las solicitudes de incluir a Ishi en el circuito de vodevil del circo. No hubo camisetas de “Yo conocí a Ishi”, ni cajas de cereal Ishi para el desayuno; ni tarjetas postales, ni muñecos cabezones de Ishi. La gente del museo insistía en que Ishi era libre de regresar a las montañas y a las regiones volcánicas del norte de California si quería. “Puedes regresar a tu casa cuando quieras”, le decían. Lo que lo hacía reír y llorar al mismo tiempo. No tenía casa. Ni familia. Ya no. Ishi no había venido desde las montañas porque hubiera visto un anuncio en la sección de empleos del periódico. “Se busca curiosidad de museo, solicitar en persona.” Fue a parar al rastro escapando de las matanzas y la soledad, y estuvo en el museo hasta su muerte porque no tenía a dónde ir.

Thomas King termina cada uno de los capítulos de su libro diciendo: “Bueno, ya se estremecieron, ya no pueden decir bañados en llanto: de haberlo sabido habríamos actuado al respecto. Ahora ya lo saben” n


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