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Ojarasca 240

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Suplemento Mensual Número 240 abril 2017

» TIERRAS ZOQUES DE CHIAPAS ENCLAVE DE LA DEFENSA TERRITORIAL

Fermín Ledesma Domínguez

» LOS RARÁMURI: MORIR DANZANDO

Elpida Niku y Rodrigo Hernández

» UMBRAL: GOBIERNO INDÍGENA

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

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» LA LUCHA JURÍDICA DE LOS MAYAS

» LA EXPROPIACIÓN

» TRES VECES MUJER

DE BACALAR, QUINTANA ROO Ramón Vera Herrera

DE LO COMÚN Damián D. Martínez Vázquez

Cruz Alejandra Lucas Juárez, totonaca

» EN CHOCHOLÁ, YUCATÁN,

» ES LA HORA DE LOS PUEBLOS

» DE ARTISTAS INDÍGENAS

“VAMOS A SEGUIR EN PIE” Claudia Fabiola Cob Durán, en entrevista con Gloria Muñoz Ramírez

» EN PARAGUAY LOS SUEÑOS

» LA MERITITA HORA...

» LA LUZ DE LA RESISTENCIA A

SON DELITO Elisa Buhl y Camila Parodi

Lamberto Roque Hernández

LAS HIDROELÉCTRICAS EN GUATEMALA Carla Zamora Lomelí y Kajkoj Máximo Ba Tiul

» CARAVANA A LOS CHIMALAPAS

» LA PALABRA FLORIDA

» ¿MÁS RAPIÑA EN WIRIKUTA?

Xun Betan

Pronunciamiento colectivo

Javier Castellanos Martínez

DEL PUEBLO A LA CIUDAD

(MAZAHUACHOLOSKATOPUNK) Texto y serie fotográfica de Federico Gama


LA EXPROPIACIÓN DE LO COMÚN DAMIÁN D. MARTÍNEZ VÁSQUEZ

En memoria de Juan Bañuelos ¡Justicia para Miroslava Breach!

“H

ay casi tantos sistemas de gobierno entre los indios independientes, como pueblos y lenguas. Algunos eligen a sus jefes o caciques para ocupar el puesto durante toda su vida, con la salvedad de aquellos que se muestren incapaces durante su ejercicio. Hay caciques que no son elegidos, sino que van ascendiendo lentamente hasta alcanzar el puesto. Existen regencias encabezadas no por un solo hombre, sino por cuatro, investidos de los mismos poderes y con las mismas obligaciones. Algunos caciques son elegidos por cuatro años y otros que sólo duran en funciones un año. Hay pueblos en los que un hombre que ha ocupado el puesto de jefe alguna vez, no puede volver a ocuparlo en su vida por capaz que se haya mostrado; en otros casos, el hombre cuyo padre fue cacique no puede serlo nunca. Pero por variados que estos sistemas sean, todos son de naturaleza democrática”. Idealista (“utópica” la llama su biógrafo Michael L. Baumann) y aún así verídica hoy como entonces, esta descripción procede de Gobierno (1931), segunda de las populares novelas “de la caoba” en Chiapas y la selva de B. Traven. Literatura sencilla hecha de realidad, libre de las reglas de la etnología y de la Historia, y con las del periodismo al servicio de una ficción sin engaño, la novela de Traven se sitúa en una comunidad posiblemente tseltal o tojolabal; retrata el arribo del brazo de un gobierno federal (el porfirista, en el tiempo del relato) corrupto y racista; el lejano enemigo que trata de echarles todo a perder a los pueblos diciendo que les ayuda. Siempre quiere algo de ellos, o de lo que ellos tienen. El escurridizo Traven, luego de algún tiempo de incógnito en nuestro país, comenzó a narrar con la clara huella de haber caminado las montañas y selvas de Chiapas. En Gobierno (Seix Barral, México, 2003) recuerda que desde la Colonia, y de muchas maneras, el Estado central y sus emanaciones han debido tolerar lo inevitable, y a veces práctico, de que existan gobiernos indígenas más allá y más acá de independencias, invasiones extranjeras, reformas, revoluciones y disoluciones de un Estado que no pierde oportunidad para engañarlos, desconocerlos, explotarlos, cargarlos de impuestos, exilio y penalidades. Es significativa hoy la persistencia de gobiernos indígenas, además hablando en voz alta, a contrapelo del Estado, los partidos y los poderes “particulares”. Ante gobiernos nacionales progresivamente ineptos y corruptos (¿el pozo no tiene fondo?), los pueblos no han cejado en gobernarse cuando se mantienen unidos. La mayoría de los mexicanos no sabe gobernarse sin el Estado y sus disfuncionales funcionarios que no sabiendo gobernar, hacen negocio. En los pueblos originarios y los reconstituidos se aprende a gobernar por obligación, no ambición, y si no sirves a tu pueblo no sirves y punto. Que la sociedad no se dé por enterada, y que el Estado se haga el occiso haciendo occisos, no quita que el gobierno indígena exista en muchas latitudes nuestras. Autonomía la llaman hoy, también ejido, congregación, municipio, comunidad, tribu. Gobiernos reales que no piden permiso y saben renovarse. Por ejemplo, en el relato de Traven no vemos mujeres; hoy las indígenas ya ocupan primeros planos (a un costo elevado, sí). La existencia de gobiernos propios de los “indígenas independientes”, como les dice Traven, con la claridad de lo pequeño garantiza el servir y no servirse.

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n los pueblos originarios están siendo irrumpidas sus formas de organización política y vida comunitaria por los diferentes partidos políticos. En todo momento hacen presencia en las comunidades para legitimarse como una forma de gobierno factible para los pueblos y demostrar que pueden hacer gestiones y trámites con el fin de obtener recursos para las obras y beneficios que las poblaciones requieren. Aprovechan la facilidad que tienen en los tramites burocráticos, que ellos mismos han creado, para resolver asuntos y necesidades de los pueblos. Logran su cometido de gestión para el desarrollo y progreso de los pueblos, como lo denominan en sus discursos, y que básicamente se refiere a la obra publica: pavimentación de calles, techado y cercado de canchas, apertura y limpieza de caminos, alcantarillado y drenaje. Acciones que la gente pueda palpar y ver. En ámbitos culturales y educativos no se afianzan, saben que ahí no se generan ganancias ni hay posibilidad de hacer “transas”, como dicen en los pueblos. Además no quieren que la gente se prepare, se eduque y que sus acciones sean cuestionadas. La manera en que desarrollan las obras rompe la estructura y organización comunitaria que por miles de años los pueblos han mantenido, como el tequio, un trabajo colectivo para el bien común que se ha ido empobreciendo por la forma de trabajo que implementan los partidos en las comunidades. Las obras que proponen no están consensuadas en asambleas ni son una necesidad colectiva. Presentan a un contratista o administrador que lleve el control de la construcción, lo que provoca que la población se sienta ajena a las obras porque no se trabaja en comunidad, no hay tequio. Irrumpen la continuidad de la vida colectiva y comunitaria y consiguen el encadenamiento de los pueblos, transformándose en sujetos dependientes e individualizados. La mayoría de los trabajos y obras que se entregan se manejan como un apoyo del partido que gestiona los recursos, se lo adjudica, y con ello solicita el apoyo de los comuneros en las futuras elecciones. Es importante recalcar que las obras realizadas son producto de los impuestos de los pueblos, pero hay que agradecer a los partidos. Será en el sentido que realizan obras para devolver a la comunidad su aportación a la economía nacional, reintegrándola en obra. La inversión no debe condicionar los votos.

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as labores de convencimiento para las obras son promovidas por personas de las mismas comunidades que fungen como gestoras sin el respaldo de la comunidad porque actúan por interés propio, aunque no pertenezcan al cabildo. No son autoridades elegidas en asamblea comunal. Esas personas pueden tener la capacidad intelectual, pero no colectiva, para gestionar obras. Negocian con el Estado, se vinculan con los partidos políticos y les abren espacios para sus actos proselitistas, utilizan las obras como propaganda política, y comprometen a la comunidad sin su consentimiento. Son quienes acompañan e invitan a diputados y senadores a que entren a los pueblos; convencen a las autoridades municipales que acepten las visitas de estos personajes para que se promuevan y condicionen a los pueblos. El tequio, una práctica muy importante para los pueblos, está siendo expropiada por las obras públicas que se entregan a particulares que administran los trabajos. Pero no solamente intentan despojar este bien común; también territorio, aguas, minas, bosques, conocimientos y diversidad cultural están amenazadas. Quieren transformar los mecanismos de gobernarnos, que son la singularidad de los pueblos que aún se resisten a regirse bajo banderas partidistas. La forma de gobernarse de los pueblos se manifiesta en instituciones comunitarias como la asamblea general, donde los comuneros eligen a sus representantes. El sistema de cargos es la jerarquía que asumen quienes van a servir por un tiempo. Este sistema empieza desde un cargo menor, conforme se adquiere experiencia se llega a un cargo principal, que no solamente se da en el ámbito político o gubernamental sino que se convierten en Principales de la comunidad. Pasar todos los niveles del servicio comunitario es una forma de educarse y prepararse para servir bien. Los representantes de los partidos políticos y los gestores de las comunidades están generando una crisis del trabajo y de la cohesión en comunidad, ambos, bienes comunes del modo de producción por excelencia en todos los sentidos del pueblo.

Damián D. Martínez Vázquez, comunicador ayuuk de Tlahuitoltepec, Oaxaca.

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

GOBIERNO INDÍGENA

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Ojarasca en La Jornada, es una publicación mensual editada por demos, De­ sarroll o de Medios, sa de cv. Av. Cuauhtémoc 1236, Col. Santa Cruz Atoyac, delegación Benito Juárez, cp. 03310, México df. Teléfono: 9183 0300 y 9183 0400. El contenido de los textos firmados es responsabilidad de los autores, y los que no, de los editores. Se autoriza la reproducción parcial o total de los materiales incluidos en Ojarasca, siempre y cuando se cite la fuente y el autor. issn: 0188­6592. Certificado de licitud de título: 6372, del 12 de agosto de 1992. Certificado de licitud de contenido: 5052. Reserva de título de la Dirección General del Derecho de Autor: 515­93. Registro provisional de Se­ pomex: 056­93. No se responde por materiales no solicitados. Editado en Demos Desarrollo de Medios S.A. de C.V, Avenida Cuauhtemoc 1236, Colonia Santa Cruz Atoyac, C.P. 03310, México, df. suplementojarasca@gmail.com


De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

LOS RARÁMURI

MORIR DANZANDO

ELPIDA NIKU Y RODRIGO HERNÁNDEZ

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adera manchada de sangre. Pequeños aserraderos en diversas zonas de Chihuahua esconden la terrible realidad que vive el estado y la pesadilla que sufre el país. Troncos de pinos cada vez más delgados se amontonan antes de ser cortados. El negocio controlado desde hace décadas por grandes caciques, tiene un nuevo dueño: el crimen organizado. La Sierra Tarahumara era una de las cadenas montañosas con más pinos del continente. Los rarámuri han vivido aquí desde hace siglos. Como buena parte de las comunidades indígenas de México, su relación con la tierra y el bosque va mucho más allá del rendimiento que sacan de ellos. Una tierra árida, sin apenas vegetación, les enseñó a vivir con poco. “No entendemos esta otra manera de conseguir riqueza,” reflexiona Francisco Palma, un joven raramuri que lleva años luchando por preservar su identidad. Su resistencia comenzó enfrentándoles a grandes madereros. Los pinos de su comunidad, donde jugaba en su infancia y en donde se realizaban sus tradiciones ancestrales acabaron en muebles y casas por todo el mundo. Una explotación que se agudizó cuando los megaproyectos de desarrollo como la minería y el turismo entraron en su territorio. Como en otras zonas, nunca hubo una consulta ni un consentimiento de las comunidades para que se explotasen sus recursos naturales. Francisco recuerda que estas grandes corporaciones presionaron, e intentaron comprar a estas comunidades, pero se toparon con una forma de pensar y vivir muy diferente a lo que los empresarios comprenden. “No solamente basta con sobrevivir, si dejaste de ser lo que eres. Nosotros somos felices desde la austeridad. Teniendo poco uno puede ser feliz. Cuanto menos acumulas es mejor, porque te pesa menos para ir a otro lugar”. El grave problema para Francisco y para los rarámuri, es que ya no queda otro lugar.

La amenaza

Chihuahua es el estado más grande de México y su frontera con Estados Unidos la más extensa. Un lugar donde el narcotráfico siempre ha tenido presencia. Pero todo cambió con el inicio de la guerra contra las drogas. Las

piezas se movieron y las reglas cambiaron. La violencia se disparó. Las comunidades más aisladas son las primeras afectadas. La impunidad es total en las zonas usadas para plantar y transportar la droga. Una vez más, el territorio indígena es el más golpeado. Están atrapados entre los grandes proyectos de desarrollo, la violencia y la corrupción. Aquel que se atreve a levantar la voz es rápidamente castigado. En el transcurso de los tres primeros meses de 2017 los asesinatos comenzaron a escucharse más allá de las fronteras del país. Isidro Baldenegro y Juan Ontiveros eran dos defensores ambientales que denunciaban la tala tanto legal como ilegal en sus comunidades. Miroslava Breach, era corresponsal de La Jornada e informaba sobre las violaciones de derechos humanos, la corrupción y la complicidad de las autoridades con el crimen organizado. Los tres acabaron con balas en su cuerpo. Chihuahua se convirtió en territorio de los cárteles y en productor de la demanda de estupefacientes de estadunidenses. Durante años el cultivo más importante era de marihuana, pero su legalización en varios estados del país vecino provocó que cárteles como el de Sinaloa, que controlan históricamente esta zona, se concentraran en comercializar drogas sintéticas y cultivar amapola. El 50 por ciento de la heroína que se consume en Estados Unidos se produce en México, su segundo productor mundial. Si hay un lugar donde los narcotraficantes pueden desarrollar sus actividades con plena libertad, ése es el Triángulo Durado. La zona donde convergen los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango, es uno de los puntos con mayor producción de amapola en el mundo y también, por desgracia para los rarámuri, el lugar de origen de su pueblo. Los cárteles funcionan como grandes empresas en las que se intenta sacar beneficio de todas las actividades. Los árboles que cortan para conseguir tierras donde sembrar, son vendidas a pequeños aserradores. Se necesitan también campesinos, transportistas y sicarios para alimentar un negocio que no para de crecer. De una hectárea de amapola se pueden producir unos 10 kilos de goma de opio, de donde se extrae un kilogramo de heroína. Cada kilogramo puede generar ganancias de 80 mil dólares (casi 1 millón y medio de pesos mexicanos). El dinero permite comprar autoridades, policías o militares. Los únicos que pueden poner freno a sus actividades son los que no de dejan comprar. Las mismas

comunidades que no se torcieron con políticos corruptos ni con grandes empresas. Comunidades, en su mayoría rarámuri que ven como cada día queda menos de su hogar, de sus tradiciones, de su pasado. Es a ellos a quienes castigan.

La huida

Pasos cortos y veloces. Los rarámuri caminan tan rápido que en un instante se pierden en el horizonte. Conocen cada detalle de las veredas de su monte, las pequeñas brechas que conectan las comunidades alejadas entre bosque y montaña. Pero ahora huyen. Su veloz desplazamiento no les ha ayudado a escapar de un nuevo ciclo de violencia que se vive en la zona. Huyen con miedo. Dejan su casa. Su milpa y sus animales. Su bosque. Sus amigos. Y su familia. Huir. Huir. Permitir que sus pies alcancen la velocidad necesaria para alejarse lo más rápido posible del terror. Alejarse de la muerte, la devastación y la desesperanza. Y eso, sólo si se tiene la suerte de sobrevivir. En Chihuahua hay más de 12 mil desplazados internos según datos oficiales. Muchas familias han sido obligadas a abandonar sus hogares. Algunos dejaron sus humildes casas para esconderse en cuevas y después irse a la ciudad. Tuvieron mala suerte, sus tierras se pueden usar para cultivar la droga o están demasiado cerca de las brechas que usan los criminales para transportarla. Ya no hay amenazas, llegaron los disparos. En los últimos 3 años, 9 líderes indígenas han sido asesinados. Son los que organizan a sus comunidades para defender lo más sagrado para ellos: el bosque, que trae la lluvia y alimenta las plantas medicinales que los rarámuri usan para curar las enfermedades. “La tierra se va a acabar más rápido, el bosque se va a acabar mucho más rápido porque no lo vamos a poder cuidar”, reflexiona preocupado Francisco mientras ve como los jóvenes en su comunidad están cada vez más influenciados por la cultura occidental de la codicia que los rodea. “Tenemos un encargo de nuestros antepasados que es seguir siendo lo que somos. Ser rarámuri es seguir conservando la historia, tener la memoria de tu pasado, de donde naciste, cual es tu lengua. Resistir danzando como siempre lo hemos hecho. Si no danzamos nos morimos como pueblo, pero últimamente estoy pensando que se trata de morir danzando. Y cada vez se acerca más, cada vez falta menos para eso, para morir danzando” g ABRIL 2017 |

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QUIÉN PROTEGE A LAS COMUNIDADES MAYAS Para nosotros como pueblo maya la milpa no es monocultivo, no es mecanizado, sino que es la variedad de cultivos que obtenemos de la tierra que nos proporciona una sana alimentación. Sin embargo, últimamente han llegado marcas de semillas y productos extranjeros elaborados a base de químicos sintéticos y glifosato que contaminan la tierra, el agua y por si fuera poco, la miel que es una parte fundamental de nuestra vida. Quieren acabar con nuestras semillas nativas para imponer sus semillas transgénicas, quieren contaminar nuestra miel, quieren enfermarnos para que sus ganancias sean mayores. A estos empresarios coludidos con el gobierno no les importa si vivimos o morimos, si nos enfermamos o no, lo único que les importa es ganar, ganar y ganar.

Hace ya casi 5 años, preocupados al enterarse que el gobierno federal otorgó un permiso por tiempo indefinido a la empresa Monsanto para “sembrar semillas transgénicas en sus territorios” la gente de las comunidades buscó la información que el gobierno les negó, y comenzó a indagar qué tipo de empresa era Monsanto.

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

RAMÓN VERA HERRERA

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sa es la gran pregunta. La lucha jurídica que están dando las comunidades mayas de Quintana Roo en contra de la soya transgénica no es sólo una lucha contra la siembra y comercialización de la soya (convencional o transgénica). Es una lucha frontal contra el despojo generalizado que han ido activando los poderes fácticos de la Península de Yucatán para erradicar a las comunidades campesinas mayas, arrancándoles selva (así a lo cabrón, con cadenas enormes arrastradas por tractores que desmontan de cuajo). Quieren acapararles tierras de cultivo, desmantelar derechos ejidales, desaparecer lengua, tradición, modos y saberes de trabajo, justicia, educación y semillas nativas e identidad con tal de implantar un espacio para predar obteniendo rápidas ganancias. El caso jurídico lo han logrado llevar tan bien las comunidades agrupadas en el Consejo Regional Maya de Bacalar y el Colectivo de Semillas Nativas Much Kanan L’inaj junto con sus asesores legales, que ya lograron escalar sus argumentos hasta la Suprema Corte de Justicia, instancia que sigue sin definirse sobre el fondo del asunto planteado por los demandantes: la cancelación de los permisos otorgados para siembra y comercialización de soya transgénica en el espacio de Quintana Roo. Su caso es paradigmático porque se diferencia de los procesos jurídicos del resto de la península: en Campeche y Yucatán lograron una suspensión de la siembra mientras se opera una consulta que ya impugnan, por sus irregularidades, las comunidades mayas de ambas entidades. En Quintana Roo los demandantes insistieron que no quieren consulta sino la suspensión y cancelación de los permisos, motivo y causa de la demanda, siendo obvio que ésta implica un rechazo a la soya, al otorgamiento de tales permisos. Desde fuera, la misma sociedad civil ha sido omisa en pronunciarse al respecto. La moda de la consulta como fin, cuando es sólo un instrumento para recabar el consentimiento o rechazo previamente informados, ha implicado que ciertas ONG pregonen y promuevan la consulta 4|

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como manera fácil de lograr una cierta “victoria parcial” que viste, da puntos con los financiadores y parece que rindió frutos. El compromiso de las comunidades mayas de Quintana Roo hace que insistan en la cancelación de los permisos y en que la consulta pase a un segundo plano, pues además de la demanda, asamblea tras asamblea van recabando actas firmadas y certificadas con el rechazo evidente a tal invasión. No sólo se trata de la soya transgénica. Las comunidades mayas extienden su rechazo al modelo de monocultivo industrial de gran escala, que implica agroquímicos, deforestación y contaminación generalizada. Rechazan las enfermedades atípicas y las mutaciones que aparecen por doquier tras años de mecanización con agroquímicos y semillas de marca. Pero las compañías asentadas promueven a los recientes colonos menonitas a que apliquen sus paquetes tecnológicos de punta, ya que siendo defensores a ultranza de su cultura tradicional cerrada, la tecnología extrema les permite relacionarse poco con las comunidades mayas, que serían las que naturalmente podrían colaborar en las labores de una agricultura campesina de soberanía alimentaria que siempre implica tender relaciones, acercamientos, comunidad.

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or lo anterior, en uno de sus más recientes comunicados a la opinión pública, las comunidades mayas del poniente de Bacalar se posicionan con motivo de la pendiente sentencia de la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia (SCJ): Nosotros y nosotras, apicultores, apicultoras, milperos, campesinas y cuidadores de las semillas nativas, queremos compartirles un poco de lo que hacemos todos los días en nuestro caminar por estas tierras [...] cuidamos las semillas nativas como parte de nuestra propia vida ya que sin ellas no podríamos subsistir, cuidamos y convivimos con las abejas porque nos proporcionan la miel, que es la esencia de las flores y de la vida misma, cuidamos el maíz ya que es la semilla con que nuestra madre tierra nos alimenta todos los días; en nuestra lengua se dice Ixí’im, que significa seno de mujer.

Así nos enteramos de la triste situación que se vive en las comunidades de otros pueblos hermanos del sur de este continente arrasadas por la soya transgénica desde hace más de una década. Fue entonces que entendimos y nos preocupamos por el peligro y el grave riesgo de lo que enfrentaríamos en nuestras propias comunidades. Sabemos que la siembra de esa soya transgénica autorizada requiere la aplicación de, cuando menos, dos millones de litros de glifosato al año; sabemos también que, desde el 2015, la Organización Mundial de la Salud declaró al glifosato como posible cancerígeno y que por las características de nuestros suelos, todos esos millones de litros de agrotóxico irán a parar a nuestras aguas subterráneas. Sabemos bien lo que significa la implementación de este proyecto para nuestra vida y nuestra cultura: deforestación, pérdida de nuestras especies animales y vegetales, mortandad de abejas y pérdida de la apicultura, contaminación del agua y riesgos a la salud de quienes aquí habitamos, además del despojo de nuestros recursos naturales. [...] En Campeche también ya se ha demostrado la gran contaminación del agua subterránea, y no sólo del agua sino que se ha encontrado glifosato hasta en la leche materna.

Sus argumentos son directos, muy vastos en sus repercusiones. La SCJ acaba de otorgar una suspensión de siembra mientras se consulta a las comunidades, pero se quiere activar un proceso de integración de programas de gobierno [el Acuerdo de Sustentabilidad de la Península de Yucatán] que articulará políticas públicas que potencian el despojo, dividen a las comunidades y confunden a la gente, llamando “sustentabilidad” a los servicios ambientales, ofreciendo dinero por “cuidar el bosque” y capturar carbono hasta con la misma milpa, algo terrible por el trastocamiento del principio sagrado en que se basa la milpa. Se habla de una “economía verde”, que en realidad implica especular con lo que las comunidades han hecho siempre, mientras se preparan para expulsarlos a las ciudades o esclavizarlos en los invernaderos planificados por la “intensificación de cultivos” y por las asociaciones público-privadas, tan preciadas por el secretario José Calzada Rovirosa de parte del Foro Económico Mundial (WEF), con su cauda de acaparamiento de tierras, agricultura industrial, envenenamiento generalizado y precarización de la vida en las comunidades. La suerte está echada. Dicen las comunidades: “Los ministros de la segunda sala de la SCJ tienen la oportunidad histórica para reivindicarse como verdaderos promotores de la justicia o como defensores de las empresas. Esperamos que su compromiso con los pueblos originarios de este país los puedan acercar a la justicia con dignidad” g


ENTREVISTA: GLORIA MUÑOZ RAMÍREZ

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e llamo Claudia Fabiola Cob Durán, soy la presidenta del Comisariado Ejidal de Chocholá. Tengo 36 años y dos hijos, uno de 15 y una de 11. Toda mi familia me apoya en la lucha. Los problemas ejidales en Chocholá empezaron desde el 2010, o un poquito antes, con la venta de tierras, pero un grupo de ejidatarios en lucha siempre se opuso a la venta porque el trabajo del campo, aunque no es bien remunerado, les gusta, pues de ahí viven y es parte de sus tradiciones y costumbres. Los hermanos Erick y Vicente Marcos Castañeda son los que estaban comprando las tierras, son los prestanombres de Carlos Abraham Mafud, empresario de Yucatán que tiene gran poder en el gobierno del estado. En ese entonces ni siquiera yo era ejidataria, mi papá es el que estaba en lucha. En 2013, a raíz de que él falleció, quedé como sucesora y seguí con su lucha de oposición a las ventas ilegales y al despojo. Me integré al grupo en 2013 y en 2016, días antes de las elecciones del cambio de comisariado, decidimos por estrategia que yo presentara una planilla. Cuatro días antes de la elección hicimos una campaña intensa, de caminar todos los días, y fuimos electos. Los del grupo contrario querían la representación porque la veían como una mina de oro, y empezaron a pelearse entre ellos para ver quién se quedaba con el poder y quién seguiría vendiendo. Eso fue lo que ocasionó que nosotros ganáramos. Cuando iniciamos en el trabajo ya sabíamos que había una propuesta, porque el gobierno anunció en su tercer informe que quería reiniciar la industria cementera y maquiladora, por lo que se levantaría en Chocholá una cementera o fortaleza. Empezamos a investigar y a pedir información, hicimos las denuncias y metimos otros recursos en Semarnat y lógicamente todo se fue negando la información. Ahora sabemos que es una calera lo que se va instalar. Los del problema son los compradores que están detrás de ellos y la misma Procuraduría Agraria, con su residente Manuel Ontivero Sosa, quien es el intermediario directo entre el ejido y los compradores, los llevó y ofreció la venta de las tierras. Los compañeros lo supieron y no estuvieron de acuerdo. La empresa Proser está en frente de las hectáreas donde se piensa construir la calera y resulta que el accionista mayoritario es Raúl Abraham Mafud, y su hermano Carlos, entre comillas, es el dueño de las hectáreas. Proser es una empresa que se dedica a sacar material pétreo, está en terrenos ejidales que son legalmente re-

CLAUDIA FABIOLA COB DURÁN

“VAMOS A SEGUIR EN PIE” conocidos, aunque argumenta que tiene un usufructo de parte del ejido, pero se sacó en una asamblea que no está inscrita en el patrimonio agrario nacional. En 2010 Proser hizo un convenio de dos años con el ejido para trabajar y sacar el material pétreo. Cuando terminó el periodo, la empresa argumenta que le solicitó al comisariado otro convenio, y que el comisariado les dijo que esas tierras ya no eran del ejido, sino de un particular. Dicen que fueron con el propietario e hicieron otro convenio, pero las tierras en realidad sí son del ejido. De hecho, en el ejido agrario se puede constatar que esas tierras son de uso común. No conformes con esto, enfrente de Proser se pretende instalar la calera, aunque la obra está clausurada por la Profepa y la Semarnat. Enfrente de ese local están las más de 600 hectáreas que se vendieron de forma ilegal. En diciembre de 2016 empezaron a construir sus bodegas pero les clausuraron la obra, queremos suponer que por todos los recursos que interpusimos nosotros.

La remoción

El 2 de octubre de 2016 asumimos el cargo en el comisariado y al mes nos llevaron una solicitud de remoción. La primera solicitud la logramos brincar. El 20 de noviembre tuvimos nuestra primera asamblea no verificativa y el 28 fuimos ratificados, pero un día antes, el 27, nos llevaron otra solicitud. Argumentaron que yo estaba violando acuerdos de las asambleas anteriores y que estaba coludida con terceras personas, pero no dicen con quiénes. Los que movieron eso son los que fueron candidatos de las otras planillas, los que querían seguir con la venta de las tierras, sus nombres son Arturo Gómez y Paulino Maimó. Ellos promovieron todo ante la Procuraduría, cuya actitud fue muy parcial, inclinada hacia ellos y a los empresarios. El nombre del procurador agrario es Omar Corzo Olán. Todo fue muy claro. Como nosotros entramos al comisariado y ellos saben que somos el grupo que defiende nuestras tierras y derechos, empezaron con las amenazas, a decirnos que tuviéramos cuidado, que nos iban a sacar y desde allí empezó todo el hostigamiento. Invitamos a la empresa Proser a que nos llevara sus documentos para saber si estaba trabajando en forma,

con permisos municipales, estatales y federales. Pero no tenían permisos, sólo un convenio con un particular. Empezamos a defendernos y a raíz de eso fui detenida junto con unos compañeros. Quizás tampoco hayan pensado que una mujer les hiciera frente. Piensan que somos más vulnerables, más débiles. Pero para mí hay fortaleza, además tuve el apoyo de la gente, de mi esposo y de mis hijos. Hubo veces en que llegué a decir que ya no quería estar en el cargo y la familia me decía que tenía que seguir, que no lo dejara. Pensaron que me iban a intimidar demasiado, pero no lo lograron. Me han amenazado, le han dicho a mi familia que yo tenga mucho cuidado porque me quedan trece días de vida, que tal fecha me voy a morir, que me van a meter a la cárcel. Me hacen hasta hechicería, me empiezan a tirar flores en forma de triángulo en la casa ejidal. Todo porque les tumbé un negocio que ya estaba amarrado. Sabemos que somos esa piedrita que les está molestando en el zapato, porque ya no pueden cumplir con todas sus ventas y negociaciones. Nos han logrado dividir, sobre todo por la economía, el dinero, la necesidad. Bajo engaños dicen que todo será para el beneficio del pueblo, pero sabemos que no, que más que eso, traerá contaminación. Hay que seguir luchando, defender nuestro territorio como indígenas que somos. Vamos a seguir en pie, ya tenemos el apoyo de la mayoría de la gente y eso da fuerza. También tenemos a los jóvenes y a los niños. La población se dedica al carbón, a la milpa. Se siembra el maíz, el camote, calabaza, frijoles, chícharos, pepino. La principal actividad es la apicultura, somos más de 100 ejidatarios con producción de calidad, estamos tomando capacitación para ello. Sigo en pie de lucha. Quizá me vea cansada del cuerpo, pero mi alma, mi espíritu, el amor que tengo a mi tierra y a mi gente, me animan a seguir en pie. Ellos me mantienen. El miedo nunca se pierde, he aprendido a llevarlo y saber que nos puede matar. Ver cómo el pueblo, cuando le quieren arrebatar su patrimonio, se va uniendo a la lucha, produce mucha felicidad, es casi la victoria. Es lo que nos ayuda a seguir adelante y sentirnos felices g ABRIL 2017 |

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

Las tierras de Chocholá, en Yucatán, están amenazadas. La empresa Proser, que explota un banco de material pétreo desde el 2010, toca ya el manto freático. Y ahora se construye, justo enfrente, una calera sobre las tierras ejidales, sin permisos y violando todos los derechos de los ejidatarios. Claudia Cob Durán, presidenta del comisariado ejidal, está a la cabeza de la defensa, por lo que recibe amenazas de muerte y, bajo una maniobra en la que participó la procuraduría agraria, fue ilegalmente destituida. Pero no se rinde.

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LA LUZ DE LA RESISTENCIA ANTE LAS HIDROELÉCTRICAS EN EL TERRITORIO REX AWAJ LOS PUEBLOS POQOMCHI Y Q’EQCHI NO SE RINDEN. SE DICE FÁCIL, TRATÁNDOSE DE UNA NACIÓN TAN HERIDA COMO GUATEMALA CARLA ZAMORA LOMELÍ KAJKOJ MÁXIMO BA TIUL

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a vida se escucha en la fuerza que lleva el río Matanzas que corre por la Sierra de Minas, en la Baja Verapaz, Guatemala. Es la fuerza que acompaña desde hace seis años los procesos de lucha y resistencia de los pueblos poqomchi y q’eqchi frente a la imposición de más de diez proyectos hidroeléctricos (de los cuales ya están construidos algunos como Saqha I, el Cafetal, Matanzas, Sulin y Chilascó) que pretenden operar en la Cuenca del río Polochic los oligarcas de siempre. Aquellos que hace unas décadas apoyaban las estrategias de contrainsurgencia que arrasaron con poblaciones enteras, que hoy se cuentan fríamente como estadísticas de las masacres promovidas por los gobiernos del terror y la impunidad. Así, el modelo extractivista se materializa en la figura de las familias Gramajo Ovalle, Smith González, Torrebiarte Lantzendorffer, Ramazzini, Thomae, Dieseldorff, Rossi y Salomon Gebhardt. Sólo por mencionar a algunos de quienes ha dado cuenta Gustavo Illescas, del Centro de Medios Independientes, además de pequeños finqueros (Milian, Estrada, Dubon, Passow) que llegaron al lugar después de formar parte de los batallones Chiantla, Salamá y Huista, organizados como paramilitares en los gobiernos liberales para reprimir a los campesinos y obligarlos a que dejaran sus tierras. La genealogía de estas familias arrastra una historia de despojo y violencia que viene desde las concesiones que en su momento fomentó el gobierno guatemalteco para dar paso libre a inversionistas alemanes en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando según cuentan los abuelos, reunían a la población indígena en las plazas para escuchar la radio alemana transmitiendo la voz de 6|

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Hitler. Esto habla de una historia anclada en el racismo y la explotación de los pueblos indígenas por manos de los finqueros que hoy pretenden beneficiarse con inversiones en proyectos extractivistas como los monocultivos de palma, las represas hidroeléctricas y la minería, a costa de las mismas formas de despojo y violencia que aprendieron de sus antecesores y que se acompañan de mecanismos judiciales favorecidos por el poder político. Utilizan la criminalización y la persecución de aquellos que se opongan. En estas tierras donde no hubo reforma agraria y los finqueros mantienen en su poder grandes extensiones de tierra, las poblaciones indígenas han caminado forzadas por el desplazamiento de los proyectos conservacionistas que consideran que a mayor pobreza mejor conservación de la flora y fauna, y hoy viven en la incertidumbre jurídica en territorios que les pertenecen pero en tierras que legalmente les fueron arrebatadas. De ello se basan los poderes confabulados de finqueros y gobierno para dictar una veintena de órdenes de aprehensión por el delito de usurpación en contra de pobladores de las aldeas de la Sierra de Minas. Los verdaderos usurpadores han estado durante generaciones en el poder.

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a sed de acumulación que pretende saciarse con las represas ha bebido también la sangre de los pueblos indígenas. Se recuerda lo ocurrido en 1982 con las masacres de Río Negro, cuando militares y patrullas civiles asesinaron a más de trescientas personas en la comunidad río Negro, sobre un cauce donde la dictadura militar construyó la hidroeléctrica Chixoy. Se trata de uno de los proyectos más costosos e ineficientes en términos energéticos, que abanderan una falsa idea de desarrollo promovido desde el gobierno para la exportación de energía eléctrica en lo que ahora es el Sistema de Interconexión

Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC), y que de nuevo contribuye al aumento de las desigualdades por la vía del despojo y la violencia. Esa luz ilumina todo menos las comunidades en donde se genera. Ante este panorama se gesta la organización de dieciocho Comunidades en Resistencia de la Sierra de Minas, que se plantean el camino de la autonomía como una alternativa de vida y defensa de su territorio. “Ya no queremos que nos sigan oprimiendo, queremos seguir avanzando en la construcción de la vida y de nuevas relaciones humanas”, manifiestan mientras como flores que resplandecen en primavera, las mujeres van apareciendo con sus coloridos huipiles entre las montañas que dan vida al territorio Rex Awaj (piedra verde, como se conoce en su nombre original a la región de la Sierra de Minas) para ofrendar flores al río Matanzas en ceremonia de agradecimiento a la vida. “Ríos libres, pueblos vivos” se lee en una de las cartulinas colocadas entre los árboles a la orilla del río. La vida en el corazón de un pueblo lastimado por el dolor que en estos días se ha vivido por el incendio que provocó la muerte de las jóvenes en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Muchas de ellas llegaron al Hogar desde comunidades indígenas y campesinas como éstas, buscando refugio de todas las consecuencias de la pobreza y la violencia y se encontraron con la crueldad humana y el crimen de un Estado omiso g 

Kajkoj Máximo Ba Tiul, maya poqomchi, antropólogo, profesor universitario, acompañante de las luchas de comunidades en resistencia contra el capitalismo-neoliberalismo. Escritor, investigador articulista para diferentes medios impresos y digitales de Guatemala. Carla Zamora Lomelí, socióloga, investigadora de El Colegio de la Frontera Sur.

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama


TRES VECES MUJER

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

MAKGTUTU PUSKAT NAWANA’

CRUZ ALEJANDRA LUCAS JUÁREZ

TRES VECES MUJER Ser mujer en estas tierras

es tener callos en las rodillas de tanto moler hincada, tener sonrojado el rostro por los guiños del fuego. Ser mujer de la sierra, es cargar leña con mecapal desde el río y caminar con el sol a cuestas, tener los pies agrietados por el ardor de las rocas. Ser mujer de inmaculado ropaje, se corre el riesgo de ser perseguida por la luna. Ser mujer de pelo largo, es danzar para el viento y ser cascada de arcoíris.

Chi wa puskat nawana unu

tsokgoskayitwa nawana lalata tsokgosta naskitiya’, lakgachichokgowa wankan xlakata talalaka’ukxilhkani lhkuyat. Puskat xalak kasipini nawana’, kkgalhtuchokgo nalikukalitanapi lipachini nkiwi’ chu natatlawana nchichini’kmiokgspun, nalitantupankga xlichichi nchiwix.

Puskat ti snapapawa lhakganan, tuwa para naputsastalaniy papa’.

Nina puskat xakwan, nina akgalhtum xakchuwinan, xakgokgxwata xwaniti nkintalakapastakni’.

Puskat ti laklhman xchixit, tantlini un chu talatama xchuchut chamakxkulit.

Kgasiyaja laa nina xakkgalhpakgoskgoyi nkintapikwa, nina xaklakgapasa xtatantlini jili’, nina xakmakgkatsiy lhkuyat chuwa nina xaktalalakaukxilha nkilhtamaku, litutunakuja xakwanit.

uuu

LITUTUNAKÚ Antes de ser mujer, sin apenas pronunciar mi primera palabra, ya era trenza mi pensamiento. Antes de cruzar las fronteras de mis miedos, de admirar la danza del trueno, de sentir la primera caricia del fuego y de cruzar la mirada con el tiempo, ya era un ser tutunakú. Antes de caminar y caer sobre la tierra húmeda ya solfeaba mi corazón en tres tonos. Cuando mis pasos aún eran torpes, poseía ya tres conciencias. Mucho antes de mi bautizo, mis tres nahuales corrían ya en esta tierra de orquídeas, bordado de mamá Tere. Antes de conocer mi rostro, ya pensaba y gritaba con triple intensidad, ya era tutunakú.

Nina la xaktlawan ni para xakalhtuj kxamonkgawa ntiyat tipatututa xtliyi nkilistakni’. Kakuwa ntankgala tankgala xaktlawan, akgtututa nkiti xakkgalhi nkintapuwan. Maski nina xaktakgmunu, xkgosnantapulikgoya ntantutu nkinkuxta unu ntani anankgoyi ntsinkalapatux, xtatlawaan kintse Tere. Nina xaklakgapasa nkilakan, makgtututa ntlakg pixlanka xak lakapastak chu xak xekgnan, litutunakuja xakwanit.

Cruz Alejandra Lucas Juarez tiene 19 años y es originaria de Tuxtla, Zapotitlán de Méndez, Puebla. Escribe en lengua tutunakú. Estudia Lengua y Cultura en la Universidad Intercultural de su estado. Litutunakú: Persona que pertenece a la cultura de los tres corazones: totonaca.

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DE ARTISTAS INDÍGENAS JAVIER CASTELLANOS MARTÍNEZ

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Quién es un artista? En nuestros pueblos, cuando vemos que alguien de nosotros viene muy arreglado de la ropa, peinado y con zapatos en los pies, no falta quien exclame “kon artistan” (“parece un artista”). Esta imagen que nos hacemos de quienes consideramos artistas se debe a que así son los modelos que nos ha presentado la cinematografía nacional y la televisión que llega a nuestros pueblos. Claro que sabemos que además de cómo visten y andan, saben hacer cosas que nos conmueven, nos alegran, nos causan admiración, que ante tales capacidades acostumbramos también decir “a lega artista” (“es un verdadero artista”). Sin embargo cuando nos encontramos a un paisano que tiene mucho ingenio y mucha destreza para contarnos o cantarnos en nuestro idioma cosas que hasta nos conmueven, o al que sabe hacer bonitas y melodiosas flautas de carrizo o máscaras o figuras de barro, nadie usa la palabra “artista” para señalarlos, lo más que decimos de él es “sabe mucho”, “se ha de calentar mucho su cabeza” o “ese es su sino”. Estas expresiones nos dicen claramente que no cualquiera podría hacer lo que hacen estas personas, y nunca falta el pretencioso o realista o voluntarioso que considera que con estudio y esfuerzo cualquiera puede crear estas cosas, y le escuchamos decir: “También nosotros podríamos hacerlo si nos sentamos decididos a hacerlo”. Pero el que lo dice precisamente no es como esas personas, ya que nunca ha podido sentarse a pensar en lo que podría crear. Lo bueno es que la mayoría considera a las personas creativas como destinadas a hacer lo que no cualquiera podría hacer y esto se ve en el respeto y admiración que se les tiene; saben que en la elaboración de una de estas obras hay que tener la capacidad de reflexión que conduzca a considerar necesario hacer algo

que para la mayoría no lo es. Una vez que se ha llegado a esa conclusión, sigue diseñar cómo hacer de un objeto una manera de concebir la realidad y finalmente tener la destreza para darle una presentación estética, por eso es que en nuestros pueblos a estas personas se les considera con atributos que no cualquiera tiene, y aunque no se les designe en nuestros pueblos como artistas, en español a una persona que realiza estas actividades se le llama artista, no solamente los que salen en las películas o en la televisión son llamados artistas. Éste es un punto de vista particular, porque si nos acercamos a lo que se piensa y se dice de éstos que yo llamo artistas indígenas, hoy en día no los llaman artistas. Se les llama “artesano”, porque se considera que sus obras son artesanías, o para más elegancia, se dice que producen “arte popular”. Resulta que en español la palabra “popular” significa “perteneciente o relativo al pueblo”, o sea arte perteneciente o relativo al pueblo, cuando no es así. No por el hecho de que estos creadores hayan nacido en un pueblo es que saben hacer lo que nos gusta, nos conmueve y nos asombra; si así fuera cualquiera de nosotros podría hacer lo mismo y no existiría ningún asombro. Pero no es así, estas personas tienen características especiales que las distinguen de los demás. Es cierto que existen pueblos en donde muchas personas se dedican a una sola cosa, a veces a hacer utensilios de barro, otras veces prendas de vestir o juguetes de madera, de metal. Pero hoy en día estas cosas ya no se hacen ni se compran para el fin original con que se inventaron, ya nadie compra un jarro de éstos para poner su café. Aunque alguien vista una de estas prendas, no es por necesidad, es más un adorno para su cuerpo, y lo mismo pasa con las demás cosas. Hoy en día el comercio es el que resuelve estas necesidades, muchas veces con mejores resultados y más baratos, de tal manera que estas “artesanías”, aunque las haga todo un pueblo, su destino es embellecer

algún lugar, adornar alguna pared, producir un efecto estético en un hogar, de tal manera que quien visite estos lugares sienta una emoción, rememore experiencias al verlos, y si cumple esta función, pues es una obra de arte a pesar de que no haya sido creada como la única. ue diferentes “artesanos” hayan creado varias obras y casi con las mismas características, lo único que hace es que no todas lleguen al mismo hogar y que en diferentes lugares se despierten las mismas emociones. Claro que si no logra arrancar estas emociones, pues algo le faltó para ser obra de arte, no porque fueran muchas las obras hechas. O pudiera ser también que, aunque sólo una fuera hecha, y por un solo autor, no genere emociones propias del arte. Por eso me cuesta aceptar que a éstas se les llame obras de arte popular, artesanías, curiosidades. Pensando un poco como nuestros pueblos, siento como que hay un poco de envidia hacia la capacidad artística de los artesanos, al no aceptar llamarlos artistas (ya dije también que no todos son artistas). Lo que hay en esa negación es la defensa de un territorio que deja ganancias económicas. La defensa de un concepto que considera que debe haber una escuela oficial para producir artistas, y quien no surja de éstas, podrá hacer obras de arte maravillosas, pero no es artista, en todo caso artesano. Lógico es que quienes egresan de estas escuelas piensen de la misma manera. Tampoco hay que negar que en estas escuelas se estimulan el perfeccionamiento, la técnica y la constancia, que son las bases del virtuosismo. Pero el mérito de los “artesanos” es la espontaneidad. El arte surgido de lo espontáneo a muchos nos puede parecer más emotivo, y es tan arte como el surgido del estudio. Las veces que un artista presente su obra no lo demerita, al contrario, lo hace más accesible, el pueblo se lo apropia, lo convierte en más humano, y posiblemente le reditúe más dinero vendiéndoselo a varios que a uno solo. Aun-

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De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

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VIENE DE LA 8

que los artistas de escuela son más accesibles a la vanidad y eso los impulsa a verse diferentes a los artistas surgidos de la espontaneidad. Hay que tener en cuenta que hay obras de arte que no pueden repetirse. Las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano, donde radica el papado católico. Se dice que se hicieron durante cuatro años y comprenden un espacio de 40 por 13 metros. Pensar que en la época en que se hicieron estas obras no se utilizaba la palabra artista para designar a los creadores; se les llamaba maestros; en realidad eran grandes maestros. Como si en aquellos tiempos fuera de otra manera. Hoy se podría decir que ya no hay obras ni maestros de esa talla. O a la mejor ya no son necesarias. Lo mismo para la música. Las obras de Beethoven o Mozart y otros grandes maestros resulta difícil volver a encontrarlas. Así como estas obras son únicas, un artesano, por necesidades específicas de un cliente, puede realizar una sola pieza. Así como un artista de escuela, también por necesidades específicas, puede hacer más de una de la misma. A ninguno de los dos, por ese solo hecho, puede quitársele a su obra el carácter de obra artística. Como no podríamos decir que no es obra de arte la novela sempiterna, El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, porque se ha reproducido millones de veces, ni lo podríamos decir de la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz u Octavio Paz. Que millones de personas hayan podido disfrutarlas para nada afecta su carácter artístico. Si observamos la trayectoria de algunos de los considerados hoy grandes artistas, como el zapoteco Francisco Toledo, el michoacano Jorge Marín o el colombiano Fernando Botero, encontramos crónicas y criticas de estos hombres famosos por el arte; todas coinciden en que hacen casi lo mismo en todas sus obras, y por ello son exitosos. Por ejemplo, de Toledo se dice: “Sus obras se caracterizan por tener animales y fauna autóctona como tema principal”. De Jorge Marín, generalmente se dice: “sus temas recurrentes son acróbatas, máscaras, caballos, esferas y balanzas”. Del colombiano dicen: “se caracteriza desde lo plástico por una volumetría exaltada”. Se podría decir lo mismo de nuestros paisanos considerados “artesanos”. Sus obras son siempre las mismas. La diferencia entre los artistas y los artesanos es que aquellos fueron a escuelas superiores, mientras que los artesanos aprendieron en sus hogares, su escuela fue o es su entorno; no saben de la historia del arte ni que hubo un tiempo en el mundo cuando el poder lo tuvo en sus manos un rey, y él mantenía al artista. Que existieron los mecenas, y gracias a ellos el arte y el artista tuvieron vida, y que todo lo que se producía era para goce casi exclusivo de estos patrocinadores, quienes recompensaban medianamente a los creadores. Esto lo saben los artistas de escuela, y de alguna manera lo reproducen al dirigir obra a quien pueda comprarla, por eso la hacen única, exclusiva. No queda más que darle por su lado a la fatuidad de los coleccionistas vendiéndoles caro lo exclusivo, de tal manera que este arte se ha convertido en un gran negocio, ya que las obras de artistas encumbrados se vende por cientos de miles de dólares y sólo estarán en las salas más exclusivas, vedadas a la población en general. Ante la presencia de obras que les igualan en impacto pero que pueden hacerse por docenas (que ellos también podrían hacer lo mismo), sólo queda decir: “es artesanía”. Uno tiene que reconocer que si no fuera por esta manera de conducirse del capitalismo, las artes que se producen en nuestros pueblos seguirían siendo para lo que originalmente fueron hechas, para uso cotidiano. Todo cambió cuando el dueño del dinero y de los medios de producción empezó a hacer lo que hacían los antepasados de los actuales “artesanos”: ollas, trastes, ropa, juguetes; en lugar de hacerlos con barro, madera o hilo natural, empezó a hacerlos de plástico o metales, todo sintético; a la gente le convino porque eran más baratos, más duraderos y a veces más funcionales. Ante esto el artesano se quedó sin trabajo. Fue cuando vio que su trabajo en realidad

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

era un arte y a partir de entonces a eso se dedicó y así surgió el artista indígena. Desde entonces, tanto él como el que es conocido como artista hacen arte. La diferencia es que uno trabaja para los ricos y el otro lo hace para aquellos que no tienen tanto dinero. Hace mucho tiempo que varios artistas indígenas lo han comprendido y han tomado ese camino con bastante éxito. Por ejemplo, entre los pintores hay zapotecos que se han hecho famosos y ganado las recompensas que esto significa. Del pueblo de Ocotlán, en los valles centrales de Oaxaca, es Rodolfo Morales. También un paisano de la sierra, de Teococuilco, Alejandro Cruz, ha obtenido éxito en este ambiente. Y el juchiteco de más fama y éxito, Francisco Toledo. Menciono a éstos porque, además de que se reconocen indígenas, han logrado impactar a los críticos a nivel nacional e internacional, ya que son capaces de convertir en arte cualquier cosa que les caiga en la mano, sea textil, barro y no se diga pintura. Otros artistas indígenas aspiran a este reconocimiento, y por esa vía ya casi están en el éxito. Allí están los dos creadores del pueblo wixárika que, a partir del arte que existe en su pueblo, usando chaquira, han proyectado a nivel mundial lo que para ellos son símbolos significativos de su mundo. Su propuesta del proyecto Vochol consistió en cubrir artísticamente un automóvil Volkswagen con chaquira (y lo de “vochol” viene de “vocho”, la expresión popular para designar a ese automóvil, y “chol”, ya que los wixárika son más conocidos como “huichol”). Esta obra ha sido presentada con éxito en diversas ciudades de México, Europa y Estados Unidos. En esta misma línea hay músicos, poetas y escritores indígenas que buscan el reconocimiento, y para ello utilizan sus idiomas maternos junto con el español. Varios de ellos han recorrido diversas ciudades del mundo. Algunos poetas han sido traducidos a otras lenguas, como francés, italiano, inglés o ruso. También existe un grupo de artistas indígenas que usan parte de la acrobacia que existe en sus pueblos, como los maromeros, payasos, voladores, y han fundado el Laboratorio de Circo Indígena de Veracruz. Sus objetivos tienen que ver con la difusión del arte indígena, y con ello tener reconocimiento nacional e internacional, ya que en México sólo se les ve como un artículo folklórico para ser usado en fechas especiales por la oficialidad gubernamental. En otras palabras, quieren dignificar su trabajo como lo que es: arte g

¿MÁS RAPIÑA EN WIRIKUTA? EMPRESA HUEVERA AMENAZA AL EJIDO SAN JUAN DE VANEGAS, SLP

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o descansan los peligros en el Área Natural Protegida (ANP) de Wirikuta, en el desierto del Altiplano en San Luis Potosí, tan codiciado por las grandes extractoras de plata y oro. Nuevas amenazas se ciernen sobre el territorio ejidal de San Juan de Vanegas, ejido ubicado dentro de la ANP de Wirikuta. Las autoridades ejidales buscan evidenciar “las amenazas derivadas de un convenio engañoso que ha establecido la empresa PROAN (Huevo San Juan), propiedad de Manuel Romo”. La empresa, “con alevosía, ventaja y mala fe ha firmado un convenio con las autoridades ejidales, y ha actuado de mala fe pues sus representantes se niegan a realizar un encuentro con los ejidatarios, ya que éstos demandan el cumplimiento de los acuerdos suscritos en el convenio”. “Las últimas comunicaciones de los ingenieros de la empresa han sido sólo mensajes de amenaza a la autoridad ejidal. Además nos han dicho que estamos solos y nadie escuchará nuestras peticiones”. En una comunicación dirigida a Ojarasca, los ejidatarios destacan “las vejaciones, amenazas, abusos, y la serie de arbitrariedades que las empresas establecidas en la zona cometen contra los campesinos de Wirikuta. El convenio en cuestión fue firmado sin la presencia de asesores jurídicos u otro apoyo hacia la autoridad ejidal, una desventaja enorme”. Los campesinos del Altiplano convocan a pronunciarse y movilizarse para demostrar a la empresa huevera que no están solos “y que cualquier abuso contra ellos confirmaría lo evidente: la mercantilización impuesta de los bienes comunales, la tierra, el agua, el viento y la fuerza de trabajo campesino”. Ojarasca ABRIL 2017 |

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EN PARAGUAY

LOS SUEÑOS SON DELITO SEIS CAMPESINOS GUARANÍES PRESOS HACE 11 AÑOS, PRIMERO EN ARGENTINA Y LUEGO EN PARAGUAY, EVIDENCIAN LA CRIMINALIZACIÓN DE LAS ORGANIZACIONES CAMPESINAS EN AMBOS PAÍSES. LISA BUHL Y CAMILA PARODI Asunción, Paraguay. Este es un país muy verde, un verde que a primera vista resulta tentador. Estas impresiones engañan: se trata de un territorio invadido por el agronegocio. Los montes son deforestados progresivamente para la producción ganadera a gran escala. Hay grandes monocultivos de soja y maíz con semillas transgénicas, tecnología mecánica y agrotóxicos. En manos de unos pocos se concentra el 77 por ciento de las áreas productivas. El 40 por ciento de los pequeños agricultores familiares e indígenas poseen tan solo el uno por ciento de las tierras. No es un dato menor saber que Paraguay es, con un 43 por ciento, el país con mayor población rural de América Latina. Este modelo se profundizó a partir del golpe constitucional en 2012. En este marco se produjo la masacre de Curuguaty, por un violento desalojo de tierras pertenecientes al Estado, donde murieron once campesinos y seis policías, además hubo un número indeterminado de heridos. El poder oligárquico y terrateniente utilizó el hecho para impulsar el juicio político al presidente Fernando Lugo, acusándolo de mal empeño de sus funciones y vinculándolo con la masacre como responsable político. La política golpista criminalizó a los y las campesinas que sostuvieron la ocupación de las tierras fiscales de Marina Cué, condenándolos a penas de hasta 35 años. Se generalizó el miedo y se retrocedió en la lucha por la tierra y la soberanía alimentaria, aunque las organizaciones campesinas e indígenas y de los distintos movimientos sociales se mantienen en pie. Seis campesinos. La criminalización del movimiento campesino data de mucho tiempo atrás. Es producto del avasallamiento de la soberanía del pueblo paraguayo, marcado por la guerra de la Triple Alianza, la dictadura de Stroessner, el Plan Cóndor y las políticas neoliberales e imperialistas. En 2006, los seis líderes campesinos Basiliano Cardozo, Arístides Vera, Simeón Bordón, Gustavo Lezcano y Agustín Acosta del partido Patria Libre, y Roque Rodríguez Torales del Movimiento Agrario Para10 |

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guayo, fueron imputados por el secuestro y homicidio de Cecilia Cubas, hija del expresidente Raúl Cubas Grau. Ese crimen, como muchos otros, fue producto de la disputa entre las fracciones del poder local, atravesada por la militarización norteamericana y la criminalización del movimiento popular y campesino. En el prólogo del libro de Agustín Acosta Reflexiones políticas desde la cárcel, Claudia Korol, del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía, explica: “Para la geopolítica de la hegemonía norteamericana, Paraguay es una pieza clave en el Cono Sur, un lugar para establecer bases militares para proteger sus acciones criminales y para amenazar a los pueblos de la región y a una perspectiva de integración latinoamericana”. A pesar de haberse presentado en todas las instancias requeridas ante el juez, no se cambió la acusación y finalmente los detienen por “secuestro, homicidio doloso y asociación criminal”. La fiscalía y la querella no tuvieron nunca pruebas. Para los campesinos esa fue la señal de alarma para solicitar refugio en la embajada argentina en Asunción por falta de garantías. Su solicitud fue respondida favorablemente, pero al notificarse en Argentina ante el organismo responsable del refugio, fueron procesados y detenidos por orden de la justicia paraguaya. Siguió un proceso plagado de irregularidades, con la complicidad de medios de comunicación, instituciones judiciales, fuerzas represivas y poderes locales, para criminalizar el movimiento campesino y debilitar a la alianza opositora encabezada en ese momento por Fernando Lugo. Después de dos años presos en Marcos Paz, son extraditados a Paraguay. El gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner les niega refugio político. A partir de 2008 se encuentran en la cárcel federal Tacumbú de Asunción. La cárcel de Tacumbú está a pocos kilómetros del centro de Asunción. Junto con Petrona Villaesboa, de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI), visitamos a los seis. La entrada a la cárcel propiamente dicha es repugnante. El primer portón no dista tanto de las cárceles argentinas, pero

ingresar al predio donde se encuentran los pabellones no tiene comparación. Los presos están desamparados; el servicio penitenciario no garantiza los insumos para las necesidades básicas. Quien no cuenta con dinero o apoyo de su familia no tiene otra alternativa que dormir en los pasillos, comer de la basura que entran los camiones de recolección una vez al día, esperar la lluvia para bañarse. Lo que sí circula es droga, deteriorando más la vida de los aproximadamente cuatro mil presos, en su mayoría jóvenes. Tras un segundo portón se encuentran todos los pabellones, sin divisiones. Algunos presos guían a las visitas a cambio de monedas; otros van a buscar a los propios. Agustín está esperándonos. Caminamos en silencio, entre barullo y miradas, y llegamos a su lugar. Intercambiamos los primeros tererés y las primeras palabras mientras llegan Basiliano y Simeón. Una de las primeras intervenciones proviene de Petrona, campesina de largo recorrido de lucha: “Ustedes están en la cárcel chica, nosotras en la cárcel grande”. El tereré comienza a circular y Petrona se presenta en guaraní. Se identifica con la situación de los presos. Comparte la historia de su familia. Tanto su hermano como su hijo Silvino Talabera fueron asesinados por mano del Estado paraguayo (el primero, durante la dictadura de Stroessner). Simeón, uno de los seis, expresa emocionado que gracias a estas palabras identifica que Petrona es su tía segunda. Este encuentro, comenta Agustín, “pone en evidencia las víctimas de la persecución de un sistema que no para. Nos enorgullece saber que hay personas que luchan contra la injusticia y la opresión en Paraguay. Si no fuera así, no estaríamos acá celebrando el encuentro. Estamos inmersos en un sistema que sigue teniendo al pueblo en una miseria feroz”. Las puertas que sí están abiertas. Arístides reflexiona sobre el lugar de las mujeres en la lucha: “Sin su protagonismo y una profunda equidad de género no hay revolución posible. Esto no lo aprendemos en la capilla ni en los partidos políticos, se aprende de la lucha. La sociedad es como un naciente de agua que corre y no encuentra el cauce. Estamos en una sociedad de opresión e imposición de un modelo, donde la convivencia comunitaria se rompió. Tenemos el desafío de encontrar la receta para accionar contra eso; no alcanza con decir que está mal el sistema, eso ya lo sabemos”. Agustín agrega: “Hay momentos de la Historia que demuestran que se puede, las experiencias de Cuba, Rusia y tantas comunidades, o la gran Nación Guaraní donde funcionaban el reparto equitativo y el intercambio”. Arístides suma: “Este es nuestro delito, se los compartimos”, y sonríe con complicidad, “enseñar a nuestros pares campesinos que existieron sociedades distintas y que se pueden volver a construir. Nos ha enseñado el encierro en este maldito lugar que el sistema puede destruirnos físicamente, pero no matará nuestras ideas”. Simeón interviene en guaraní y Agustín traduce: “A partir de estos espacios de encuentro, de educación popular donde intercambiamos saberes, podemos multiplicar nuestras ideas. Para nosotros fueron en primer lugar las escuelitas campesinas”. Recuerda la realidad del campo en Paraguay: “La producción extensiva expulsa a los campesinos”. Agustín agrega: “Con la Escuela Soledad Barret retomamos esa experiencia. Vienen compañeras y compañeros como ustedes, con quienes compartimos que la opresión no es el camino para el ser humano”. Cita la carta de Soledad Barret a su madre cuando se va del Paraguay: “Si nos quieren ayudar y no pueden venir a nuestra escuela, basta con ayudar a los desalojados, a los desprotegidos, a los indígenas, a los niños y niñas de las calles, que ahí estaremos” g

Lisa Buhl y Camila Parodi son integrantes del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía, de Argentina.


NICHIMAL K’OP

LA PALABRA FLORIDA XUN BETAN

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ine hasta la cocina porque aquí es más bueno para platicar, además porque siempre tenés tu olla de café calentándose en el fogón. La cocina era ese lugar mágico donde a las visitas de la bisabuela les encantaba llegar, porque además del café, siempre tenía algún otro bocadillo para ofrecer y compartir. Lelit, la bisabuela, se dedicaba al bordado de esas frondosas naguas multicolores que vestían las mujeres tsotsiles del pueblo. Digo vestían, porque poco a poco van dejando de usarlas, eso por los constantes actos discriminatorios que sufrían y sufren día a día, y prefirieron cambiarla por la ropa tipo “occidental” para que las vean “menos indias”. A los hombres les fue un poco peor, porque rápidamente tuvieron que cambiar su forma de vestir y dejar de hablar la lengua tsotsil para poder emplearse en los ranchos o para salir a buscar trabajo fuera del municipio, algunos, con mayor posibilidad, para ser maestros. La cocina era ese lugar donde se compartía fluidamente la lengua, y que rápidamente se transformaba en un ambiente cálido y misterioso cuando había con quien conversar, porque en ese momento se compartían las historias del pueblo, de la marginalidad que se sufría a diario, o de las alegrías de las fiestas, en fin, historias cotidianas. Desde entonces silenciosamente se reflexionaba sobre discursos de odio y xenofobia, como sucedió con mi hermana, que en una de esas conversaciones le propusieron que dejara de usar su traje, para que la gente no se burlara de ella y no sufriera lo que la abuela y mi madre sufrieron por su forma de vestir. Mi hermana aceptó tal propuesta porque quería vivir “sin sufrir”. Ahora muchos comentamos sobre el comportamiento grotesco de un personaje como el actual presidente de los Estados Unidos, pero lo más curioso es que pasamos por alto la manera y la forma racista que nosotros actuamos hacia las personas que tienen rasgos indígenas, o afrodescendientes, o por su orientación sexual en nuestro mismo país. Los ejemplos del racismo institucionalizado y cotidianizado los escuchamos y los vemos todos los días en los discursos políticos, en los medios de comunicación, en las escuelas y otros espacios públicos y en nuestras relaciones cotidianas. Basta con recordar el comentario del presidente del Instituto Nacional Electoral mofándose de un líder chichimeca o los comentarios de la encargada del CDI que en una conferencia sobre la reforma educativa expresó que dicha reforma “ayudará a que los pueblos indígenas sean más cultos, más educados”. No sé a qué tipo de educación y cultura se refiera, ya que en los pueblos, a pesar de la “educación institucionalizada”, aún nos queda amor a la vida y a la tierra, y por ello existen personas como Isidro Baldenegro, Mariano Abarca, Berta Cáceres en Honduras y otros más que dieron su vida por la tierra, al igual que los muchos pueblos que luchan por mantener sus territorios como los pueblos purépechas de Cherán o los pueblos zoques donde actualmente está presa Silvia Juárez por luchar contra la explotación de los hidrocarburos y el fracking.

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o cabe duda que el muro de Trump cae como anillo al dedo para las próximas elecciones en México o para limpiar la imagen de un gobierno en crisis o, como dicen los analistas políticos, con la escala más baja de aceptación. Trump casi logra borrar las manifestaciones por el esclarecimiento de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, o de lo ocurrido en Tlatlaya, Apatzingan, Tahuanato, Acteal, San Fernando, Atenco, Aguas Blancas, Nochixtlán, la reforma energética, la reforma del artículo 27 que sigue causando grandes conflictos en el campo, el gasolinazo y de otros muchos temas donde también necesitamos justicia, castigo a los responsables

y verdad, al igual que el gran muro construido por siglos hacia los pueblos indígenas y afros, así como la relación con Centroamérica que pocas veces volteamos a ver. Todos los días nos seguimos encontrando con el racismo en las calles de ciudades “mágicas” como San Cristóbal de Las Casas, en donde se oye afirmar a una señora refiriéndose a un textil expuesto en una tienda boutique de artesanías en el andador de la ciudad: “Éste es más bonito, no como el que usan los indios”. En esta ciudad crece día a día el uso mercantil de los textiles. Cada vez más se les estiliza para adaptarlos a modas del tiempo y con eso van perdiendo el sentido ceremonial y de uso, y lo vuelven “menos indio” para darle gusto al turismo. También va creciendo la moda de exhibirlos en los museos para que los visitantes admiren los textiles sin sus portadores. Ahora la espiritualidad se va comercializando y ya existen rituales para todo bolsillo, y la mercantilización se vuelve un juego entre los internos y externos para su control. Actualmente en las cocinas quedan pocos fogones, y donde los hay ya sólo se coloca un artefacto de fierro que llamamos parrilla, su función es la de sostener los recipientes que son usados para cocinar. Ese artefacto

la abuela cuenta y recuerda del asesinato de su esposo por los enfrentamientos con los grupos paramilitares miembros del PRI, o cuando alguien es ridiculizado en las calles por no hablar el castellano. También en ese lugar se ríe por las bromas y anécdotas chistosas, o por cualquier acto de celebración, pero en la cocina y alrededor del fogón se compartían estas palabras floridas que terminan llenándonos de los consejos y de las palabras que alimentan nuestro corazón. Lo último que escuché decir a la abuela, fueron las palabras que dijo a su comadre: Ocham me li’ oy te kuni nichim, li’ oy te kuni ve’el, li’ oy te kuni kamtel, te ja’ sbek’tal jme’tik balumile. Ja’ jech jtaleltik Ja’ jech jts’umbaltik Ja’ jech te ch’ich’ baketike Ja’ jech te snichimal jk’optike Te snichimal ko’ontontike.

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

ha sustituido las tres piedras que anteriormente se acomodaban sobre el fogón para hacer el fuego. En lengua tsotsil las tres piedras le llamamos oxyoket. Los abuelos contaban que esas piedras y el fuego escuchaban nuestras palabras, que cuando uno conversa, ellos nos van diciendo las cosas que debemos hacer y cómo, nos aconsejan. Así la importancia de sus conversaciones en las cocinas, aparte del café o para comer, era para compartir las palabras con el fuego y su interpretación. El nichimal k’op, o la palabra florida surge desde ese espacio de encuentro íntimo de conversación donde las personas comparten sus sentimientos y sus vivencias de todos los días, al igual que en los rituales, donde las palabras rituales brotan desde el corazón y nos hacen llorar o nos lleva a una meditación desde el silencio. Así sucede cuando escuchamos llorar a las mujeres u hombres cuando recuerdan a sus familiares asesinados, o cuando

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on esas palabras cerró las puertas de su corazón y de su cocina que pocos años después fueron derrumbados por la modernidad y el modelo de vida que nos tocó vivir. Ahora, los que seguimos caminando y respirando las perfumadas flores del campo y los sagrados humos de los vehículos de las ciudades, los que cultivamos en los supermercados o cosechamos en los campos, los que escribimos tristezas o alegrías del corazón, sea lo que sea, pero es importante seguir construyendo el nichimal k’op para curar nuestras tristezas y heridas del desprecio y de la negación. Ahora nuestra palabra tiene que seguir floreciendo bajo la consigna de la dignidad, la justicia y el amor, así como bien grabó en nuestros corazones Estela Hernández: “Hasta que la dignidad se haga costumbre” g 

Xun Betan, escritor tsotsil de Chiapas, reside en San Cristobal de las Casas

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os territorios indígenas se han convertido en el centro de enclave en gran parte de América Latina por la disputa de los “recursos” naturales que ahí se encuentran, tanto que las políticas gubernamentales han dado un viraje hacia el territorio como una posibilidad de desarrollo económico a costa de explotar su riqueza biocultural. En respuesta, emergen conflictos socio-ambientales de carácter étnico que cuestionan el conjunto de políticas extractivistas y movilizan a la sociedad ante una posible devastación. En toda América podemos ejemplificar un sinnúmero de luchas ambientales, desde la Patagonia hasta Dakota del Norte en Estados Unidos. En el caso de México prevalecen ciertas áreas que reflejan las andanadas de proyectos extractivistas de gran calado sobre tierras indígenas como parte del nuevo orden mundial de reconfiguración geopolítica para la explotación de tierras, agua, gas y minerales. El caso más emblemático son las tierras de los zoques de Chiapas, ubicados en el sur del país, donde se desarrollan políticas extractivistas desde el siglo pasado, pocas veces referidas en la historia mexicana por ser un área cultural de poco interés arqueológico y de poco “folclor y misticismo de su gente”, según la exigencias de las políticas indigenistas del siglo pasado.1 A partir de 1940, el Estado Mexicano emprendió una serie de proyectos con la idea de incorporar las tierras inservibles al “desarrollo nacional”, sobre todo en las áreas rurales indígenas. El proceso de industrialización nacional encontró en las tierras del norte de Chiapas —donde habitan los zoques— el espacio idóneo para la implantación de grandes proyectos sobre el río Grijalva como parte del proceso de la modernización forzada del trópico húmedo, sobre todo de las regiones petroleras y ganaderas de Tabasco y Veracruz. A partir de esta lógica desarrollista, en el área zoque se implantaron 4 mega-proyectos en los últimos 70 años y 2 más se encuentran en "proyección", que en su conjunto tienen un impacto profundo en la vida cultural y cotidiana de los campesinos zoques y sus tierras. El primer proyecto desarrollista se relaciona con la ganadería, que tuvo su centro de extensión en las planicies de Tabasco y Veracruz para luego alcanzar las tierras de Campeche y el norte de Chiapas, área asignada en el marco de la división internacional al trabajo para producir alimentos a bajo costos. Tan sólo durante la década de 1940 a 1950, los estados de Tabasco, Campeche y Yucatán devastaron más de un millón de hectáreas de tierras boscosas, según el estudio realizado por Daniel Villafuerte Solís en “La cuestión ganadera y la deforestación” (1997). El caso es que hoy el 50 por ciento del territorio zoque (100 mil hectáreas) son tierras ganaderas, lo que ha dado pie a la concentración de la tierra agrícola, procesos acelerados de minifundio y la conversión de campesinos en jornaleros “pica campo”. El segundo proyecto de gran impacto sobre el territorio zoque son los megaproyectos hidroeléctricos instalados sobre las aguas del río Grijalva. El aumento de niveles de agua inundó tierras agrícolas, provocó la desaparición de vestigios arqueológicos como Malpasito y Quechula y de pueblos enteros como Osumacinta, el desplazamiento de la población local y la alteración de la biodiversidad de cinco municipios. A partir de 1958, una porción de tierras de Ocozocuaulta y Tecpatán fueron inundadas por la operación de la presa Malpaso; para 1974, la presa Chicoasén afectó tierras de Osumacinta y Chicoasén, y finalmente la presa Peñitas en Ostuacán en 1983. Durante este lapso, en total 4 mil 64 familias fue-

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Desde principios del siglo XX, los Altos de Chiapas ha sido una de las regiones culturales más estudiada de México, mientras que de manera tardía el área zoque fue objeto de atención por parte de antropólogos e historiadores a partir de 1970.

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

FERMÍN LEDESMA DOMÍNGUEZ

TIERRAS ZOQUES DE CHIAPAS

ENCLAVE DE LA DEFENSA TERRITORIAL

ron desplazadas del territorio por la inundación de 30 mil hectáreas de tierras (Ibarra García, 2015). El embalse de las presas dio paso a que empresas como la transnacional Acuagranjas exploten a gran escala la pesca de tilapia para su exportación, desplazando de este modo a los pescadores ribereños y el mercado local. Actualmente se encuentra en marcha sobre el mismo río Grijalva la construcción de la presa Chicoasen II sobre 200 hectáreas, pese a la oposición y resistencia de los ejidatarios. El tercer proyecto en el área zoque es la explotación petrolera, un asunto que lleva más de un siglo de operación, interrumpido solamente durante el proceso de la Revolución mexicana. En 1901, Maximino Alcalá descubrió en la finca Guadalupe ubicado en Tectuapán Pichucalco un “criadero de petróleo”. Ello bastó para que el 14 de agosto de 1907, la compañía anglomexicana Oil Fields Ltd. obtuviera los derechos de explotación, hasta la nacionalización del petróleo durante el cardenismo. Para la década de 1970, la explotación del petróleo en manos del Estado se había extendido a Juárez, Ostuacán, Reforma y Sunuapa con la extracción de gas en 17 pozos; para 1984 se había instalado un complejo petroquímico —Cactus— en el municipio de Reforma como centro de acopio y transformación de gas. Por otro lado, la relación histórica de la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) con los campesinos ha sido conflictiva por las acusaciones de contaminación de manantiales de ríos y lluvia ácida sobre los campos ganaderos y agrícolas. La creencia popular de los zoques es que los municipios de Chapultenango, Ixtacomitán y Francisco León eran en realidad las reservas naturales de petróleo que el gobierno exploraba, lo que provocó la erupción del volcán Chichonal en 1982. La reforma energética en México realizada en 2013 plantea la exploración y extracción de hidrocarburos a empresas extranjeras, de tal modo que el territorio zoque nuevamente es visto como espacio de (en) clave para el mercado mundial de los hidrocarburos. Es así como desde el 24 de agosto de 2016 se puso en marcha el proceso de licitación de 84 mil 500 hectáreas de tierras ejidales y privadas en 5 municipios, en el marco de la ronda 2.2 de la Secretaría de Energía. Desde luego, las comunidades campesinas y organizaciones

civiles se oponen al proceso de licitación porque miran en ella un proyecto de “muerte” y de devastación ambiental sobre su territorio, máxime cuando los zoques tienen la firme creencia de que Tza Manganan, Munganan y Tzama Pot, personajes y dioses zoques, son los guardianes de los cerros y las montañas. El cuarto proyecto en marcha bajo la idea del desarrollo es la minería. Al igual que el petróleo, data del siglo XIX en el área zoque. En 1879, los hermanos Zepeda descubrieron vetas de oro, plata y cobre en el río Los Pinos de la finca La Zacualpa en Solosuchiapa, a partir del cual una compañía inglesa comenzó a explotarlas hacia 1884, aunque un tiempo después fue cerrada, A partir de 2006, el extractivismo retornó con las compañías mineras extranjeras canadienses como Linear Gold Corporation, o Brigus Gold Corporation, Kinross y su filial mexicana KG Minera Ixhuatán, Minera Frisco, Cangold Limited y Apollo Gold Corporation, quien ejecuta el Proyecto Ixhuatán. Oficialmente un total de cinco concesiones mineras se han otorgado sobre más de 70 mil hectáreas en los municipios de Pantepec, Tapilula, Ixhuatan, Copainalá y Coapilla, aunque por ambigüedades y opacidad de la información gubernamental el número de superficie concesionada podría elevarse a 181 mil hectáreas distribuidas en 12 de los 13 municipios zoques. Tanto la minería como las presas hidroeléctricas han generado procesos de desplazamientos y reconcentración de la población. En 2006, familias enteras de San Isidro Las Banderas Pantepec fueron llevados a Ixhuatán tras el hundimiento de una porción del pueblo; el deslizamiento de tierras y “el tapón del Grijalva” dio paso a la creación de Nuevo Juan Grijalva en Ostuacán en 2007, una aldea “modelo” de “ciudades rurales sustentables” para reordenar el territorio. El quinto proyecto también tiene su lógica en la extracción de los recursos naturales pero se encuentra en fase de “proyección”. Desde 2010, la Comisión Federal de Electricidad realiza trabajos de prospección en el cráter del volcán Chichonal para instalar un centro geotérmico como generador de energía alternativa sobre tierras de los campesinos de Chapultenango y Ostuacán, pese a que las tierras se encuentran en litigio agrario entre zoques de Rayón y Chapultenango que SIGUE EN LA 13

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VIENE DE LA 12

El sexto proyecto extractivo se inserta dentro del discurso de la gobernanza ambiental. Desde 1982 y 2002 se decretaron como Área Natural Protegida 101 mil hectáreas de tierras de la Selva El Ocote, en Ocozocuautla y Tecpatán, donde tres comunidades zoques quedaron inmersas dentro del polígono de conservación. En 2006 se decretó como reserva estatal un total de 201 hectáreas de Tzama Cumy Puny en las montañas de niebla de Tapalapa, lo cual dio paso a la introducción del Programa Pago por Servicios Ambientales. Ambos proyectos se insertan en la lógica del megaproyecto ambiental que busca integrar la Gran Selva Zoque con la Selva Lacandona, la Península de Yucatán y el Petén Guatemalteco bajo el plan del Corredor Biológico Mesoamericano, un proyecto que involucra desde Panamá hasta México, fondeado con recursos del Banco Mundial. Contagiada por la ola de la gobernanza ambiental, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas promueve desde 2012 la creación de un geoparque en el Volcán Chichonal, con la posibilidad de incorporar a las

MISIÓN CUMPLIDA EN CHIMALAPAS

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a Caravana de Observación Civil y Solidaridad con Los Chimalapas, integrada por representaciones de congregaciones comunales chimalapas, organismos de derechos humanos, de los pueblos indígenas, las mujeres y la naturaleza, cumplió con el objetivo de expresar a las familias tsotsiles de la congregación comunal Nuevo San Andrés en Santa María Chimalapa, Oaxaca, su apoyo ante las agresiones y amenazas del grupo de pistoleros autodenominado Ejército Chamula, que el 24 de febrero atacó a comuneros con un saldo inicial de un herido grave y cinco desaparecidos, quienes aparecieron horas después, dos de ellos fuertemente golpeados y torturados. Desde el día 28 del mismo mes, los pistoleros mantienen al poblado bajo la amenaza de ser arrasado y masacrado. La caravana fue convocada luego de que el 3 de marzo el gobierno oaxaqueño negó a Nuevo San Andrés las medidas cautelares solicitadas por la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, y de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos se deslindara arguyendo que era un asunto “de índole estatal”, mientras la Secretaría de Gobernación “mantenía silencio”. El trayecto de Cintalapa, Chiapas, a Nuevo San Andrés, y la salida de la caravana hacia El Jícaro, Oaxaca, “fue muy tenso y bajo muchas presiones”, reportan los activistas. “Compañeros de la vecina congregación comunal Benito Juárez escoltaron a la Caravana hasta su salida a la carretera federal, habiendo pasado otro momento de tensión al ser retenidos por un control militar instalado hace cinco años en el núcleo agrario de origen chiapaneco denominado Díaz Ordaz, para proteger y resguardar a invasores ilegales del territorio comunal”. La pequeña comunidad tsotsil se encuentra aislada. Su relativa vecindad con la ciudad de Cintalapa “la hace vulnerable a un ataque armado”. Se llega ella atravesando el predio y presunto centro eco-turístico “Los Ocotones”,

comunidades locales y a las instituciones en la toma de decisiones de actividades artesanales, educación ambiental, fomento de la identidad cultural zoque y la instalación de un geomuseo, es decir, convertir el cono volcánico en un espacio multifuncional para el turismo y la ciencia. La avanzada de este proyecto es la instalación del centro ecoturístico comunitario “Mujer de fuego” que opera en las faldas del volcán en Chapultenango desde abril de 2016. La implantación de los megaproyectos de “desarrollo” en el área zoque de Chiapas es la configuración de un territorio deprimido y fragmentado, en el sentido de que ahí se expresan graves carencias de la población, lo cual genera condiciones adversas de sobrevivencia humana dado la explotación intensiva y extensiva de los recursos naturales, migración, pobreza, conflictos agrarios. En perspectiva, los megaproyectos han minado las tierras agrícolas de los campesinos a la vez que se generaron procesos de desplazamientos de la población, tanto que en los últimos 10 años se han reducido más de 5 mil hectáreas de siembra de maíz y más de 4 mil personas han emigrado hacia los polos turísticos del país y hacia Estados Unidos como mano de obra barata. Actualmente, el 98 por ciento de la población zoque se encuentra en la pobreza. Una válvula de escape para la

propiedad de Carmen Ariel Orantes, uno de los principales instigadores del Ejército Chamula. La caravana exige que los gobiernos federal, de Oaxaca y Chiapas, y los respectivos poderes legislativos y judiciales, “otorguen de inmediato medidas cautelares” para las familias de Nuevo San Andrés. Demandan “atención urgente a los graves problemas de salud y nutrición de las familias”, en especial de menores, mujeres (dos de ellas con embarazo de alto riesgo) y adultos mayores. Exigen el desmantelamiento inmediato del presunto Ejército Chamula “aplicando la ley a sus líderes, integrantes, autores intelectuales, instigadores y cómplices”. Además, el “respeto irrestricto al territorio comunal zoque de Los Chimalapas (Bienes Comunales de Santa María y San Miguel), cuya posesión data de antes de la Conquista y la Colonia, antes aun de la existencia de los estados de Chiapas y Oaxaca, y cuya propiedad comunal fue confirmada por los Títulos Virreinales del 24 de marzo de 1687 y por las Resoluciones Presidenciales del 21 de marzo de 1967”. Es “deber del Estado mexicano respetar y hacer

población joven es la migración interna e internacional como un proceso de vaciamiento territorial. Desde luego, la implantación de los megaproyectos obedece a las actuales geopolíticas globales del desarrollo que buscan espacios como el área zoque para la reproducción del capital mediante la acumulación por desposesión, lo cual implica una serie de transformaciones espaciales e históricas con un profundo impacto el paisaje y la cotidianidad de los pueblos, sobre todo en la reducción de tierras agrícolas. El territorio zoque de Chiapas ha servido para la reproducción del capital económico a costa de tensiones y contradicciones sociales, de ahí que debemos repensar dicho territorio pues está en juego la sobrevivencia de la población indígena. La esperanza es que los pueblos zoques han abiertos canales de información y reflexiones para la discusión colectiva e individual sobre el impacto histórico de los megaproyectos en su territorio y ante lo que se avecina g 

Fermín Ledesma Domínguez es integrante del Centro de Lengua y Cultura Zoque AC, miembro del Programa de Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y profesor de la Universidad Autónoma de Chiapas.

respetar ese derecho, así como garantizar su libre determinación como pueblo indígena”. Las comunidades chimas exigen la solución “pronta y definitiva, apegada a la justicia y al derecho” del juicio de Controversia Constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación con motivo del conflicto de límites e invasión entre los gobiernos de Oaxaca y Chiapas: “aunque jurídicamente no incide en la propiedad comunal chimalapa, sí confunde y contamina políticamente este delicado conflicto”. Firman representantes de las congregaciones de Benito Juárez (San Miguel Chimalapa) y Chocomanatlán, Nuevo San Juan, Río Frío, San Antonio Nuevo Paraíso, San Francisco La Paz (Santa María Chimlapa), los centros de Derechos Humanos Tepeyac, de Derechos de la Mujer de Chiapas, de Lengua y Cultura Zoque, Comité Nacional para la Defensa y Conservación de Los Chimalapas, Comité Vecinal Colonia Centro de Matías Romero y Maderas del Pueblo del Sureste g Ojarasca

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

reclaman el espacio como territorio ancestral. Entre la población local, el proyecto geotérmico se oferta como sinónimo de progreso y desarrollo dada la promesa gubernamental de abrir caminos y mejorar la infraestructura de escuelas, alumbrado y vivienda.

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ES LA HORA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS PRONUNCIAMIENTO DE COMUNIDADES Y ORGANIZACIONES De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

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n la Ciudad de México, integrantes de los pueblos rarámuri, nahua, purhépecha, totonaco, me’phaa, na savi, zapoteca, mixe, mixteco, chinanteco, chocholteco, ikjoot, ñañú, chontal, tzeltal, lacandón, chol, chuj y maya de 87 comunidades y organizaciones de 14 estados nos reunimos para analizar el nuevo contexto en el que se encuentra el país frente a la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y ante el agotamiento del modelo neoliberal basado en el libre comercio. Analizamos las distintas amenazas a nuestros territorios: minería, explotación petrolera, fracking, gasoductos, presas hidroeléctricas, minihídricas, parques eólicos, áreas naturales protegidas y programas de conservación oficial de la naturaleza, cultivos transgénicos, proyectos inmobiliarios y megaproyectos de infraestructura, carreteras, complejos turísticos, crimen organizado y compartimos las distintas estrategias de defensa que hemos utilizado desde nuestras comunidades, ejidos y pueblos. También analizamos las amenazas a nuestra identidad como pueblos indígenas, a nuestra cultura, lengua, sistema de cargos, sistemas normativos, fiestas e instituciones. Sostenemos que el modelo neoliberal impulsado durante los últimos treinta años ha provocado la devastación de la naturaleza, y la destrucción de la planta industrial y agrícola, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, la contaminación ambiental, ha aumentado la pobreza en el campo, ha forzado la migración a Estados Unidos, ha provocado enormes daños a la salud humana y ha generado un ambiente de crimen y violencia en las zonas rurales. El Estado mexicano, en contubernio con las corporaciones nacionales y transnacionales ha reformado leyes para despojar a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios: las reformas al artículo 27 Constitucional, a la ley minera, a la ley de aguas y en los últimos años a las leyes energéticas y extractivas, la ley forestal, las propuestas de leyes de seguridad interior, entre otras. Los intentos de despojo de nuestros territorios a favor de las corporaciones han ido acompañados por el aumento de la violencia y el crimen organizado, que actúa muchas veces vinculado tanto a los aparatos de gobierno, el Ejército, la Armada, como a las corporaciones empresariales.

Exigimos al Estado mexicano:

El respeto a nuestros territorios y a las decisiones sobre el uso de nuestros bienes naturales. Detener la represión y la violencia en contra de los pueblos y comunidades que defendemos nuestros territorios; cesar el hostigamiento en contra de nuestras y nuestros líderes; respetar nuestros instrumentos y 14 |

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formas de organización para la defensa de nuestras formas de vida y territorios. La libertad a todas las presas y presos políticos. Exigimos la justicia frente a la impunidad y los crímenes de Estado en nuestras comunidades y regiones. El cese a las desapariciones, los asesinatos, los encarcelamientos, los levantones y secuestros. Rechazamos rotundamente la militarización del país y la suspensión de garantías individuales que pretende legalizarse con la Ley de Seguridad Interior actualmente en discusión en el Congreso. Nos oponemos a las nuevas atribuciones de la Gendarmería que pretende usurpar el control de nuestros territorios.

Concluimos que es la hora de los pueblos indígenas:

Los pueblos estamos defendiendo la vida para todos. Hoy menos que nunca permitiremos que nos despojen de nuestras tierras y bienes naturales. Las tierras no se venden. Reconocemos la valiosa participación de las mujeres indígenas en la defensa de nuestros territorios y bienes comunes. Reconocemos la responsabilidad de las y los jóvenes para continuar con las luchas de los pueblos El modelo neoliberal que impulsó el Estado mexicano los últimos treinta años está haciendo agua debido a los cambios en el contexto internacional. Este modelo sacrificó a los pueblos indígenas y a la mayoría de la población para beneficiar a las corporaciones y sus aliados. La destrucción que han provocado no puede continuar a riesgo de que arrasen con lo que aún queda de territorios, pueblos indígenas, naturaleza, ambiente, bienes naturales, vida campesina, vestigios arqueológicos, historia, cultura. Por eso los pueblos indígenas estamos determinados a no permitir que continúe la destrucción.

Nos comprometemos a:

Defender nuestros territorios. No permitiremos la invasión ni la destrucción de nuestras tierras, bienes naturales, agua, bosques, ríos, biodiversidad e historia. Mantener el control de los territorios de nuestras comunidades, ejidos y pueblos, revisando la situación de nuestros documentos y recorriendo nuestras mojoneras, evitando la venta o renta de tierras a personas ajenas a la comunidad. Fortalecer nuestra organización de acuerdo a nuestras estructuras comunitarias y nuestras instituciones como pueblos indígenas. Garantizar nuestras asambleas como máxima autoridad, elaborar nuestros estatutos comunales y reglamentos ejidales para que fortalezcan nuestros acuerdos y normas. Utilizar todos los instrumentos organizativos que creamos útiles para defender nuestro territorio y garantizar su seguridad.

Ejercer la autonomía y la libre determinación en nuestros territorios, impulsar la comunalidad, evitar que se pierdan nuestras lenguas utilizándolas, enseñándolas a nuestras hijas e hijos, y tratar de re-aprenderlas en las comunidades en las que se han perdido. Cuidar y respetar la naturaleza evitando la contaminación y destrucción de nuestros bienes naturales, utilizar nuestro territorio de acuerdo a las enseñanzas de nuestros ancestros buscando no hacer daño, ni destruir la naturaleza. Utilizar las distintas estrategias organizativas, políticas, jurídicas, de movilización social para mantener la integridad de nuestros territorios y evitar su usurpación y despojo. Solidarizarnos activamente con las luchas de nuestras hermanas y hermanos indígenas en las distintas regiones del país. Buscar las formas de relacionarnos y establecer alianzas y vínculos con otras comunidades y movimientos para apoyarnos y crear redes que permitan fortalecer cada una de nuestras luchas g

Campeche: Nueva Vida, Calakmul, Hopelchén. Chiapas: Chicoasén, Candelaria el Alto, San Francisco Teopisca, San Cristóbal de las Casas, Monterrey Villa de Corzo, Gabriel Espino San Fernando, Nueva Palestina, Tziscao, Lacanja Chansayab, Ocosingo, Bachajón, Chilón. Chihuahua: Tehuerichi, Huitosachi, Chihuahua. Colima: Zacualpan. Edomex: Atlapulco. Guerrero: Tlapa, Zitlaltepec, San Miguel del Progreso, La Parota. Michoacán: Cherán, Pátzcuaro, Santa María Ostula. Puebla: Zoatecpan, Xochitlán. Morelos: Tepoztlán. Oaxaca: Oaxaca de Juárez, Cuilapan de Guerrero, Santa María Zapotitlán, Guadalupe Victoria Yautepec, San Miguel Chongos, Santa Lucía Mecaltepec, Paso de la Reyna Yautepec, Nativitas Coatlán, San Cristóbal Suchixtlahuaca, Nochixtlán, Santa María Matamoros, Buenavista, Guanacastle, Chicava, Santiago Yosondúa, San Juan Jaltepec de Candayoc, María Lombardo de Caso, San Juan Petlapa, San Juan Bosco Chuxnaba, San Pedro Ocotepec, San Pedro Yaneri, Nativitas Coatlán, Santiago Lachiguiri, San Miguel Tiltepec, Asunción Lachixila, San Gaspar Yagalaxi, San Isidro Reforma, San Juan Yagila, Guelatao de Juárez, San Dionisio del Mar, Santiago Tlatepusco, Yalalag, Villa Hidalgo. Quintana Roo: Nuevo Jerusalén, La Buena Fe, Blanca Flor, Bacalar. Yucatán: Chablekal, Mérida. Veracruz: Huayacocotla. Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas, Consejo de Pueblos Unidos en Defensa del Río Verde, Consejo Indígena por la Defensa del Territorio de Zacualpan, Consultoría Técnica Comunitaria, Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas, Educación Cultura y Ecología, CDH Fray Bartolomé de las Casas, GRAIN, Grupo ETC, Instituto de Formación y Capacitación Campesina, Indignación, Jóvenes ante la Emergencia Nacional, La Vía Campesina, Radio Zapote, Servicios del Pueblo Mixe, Tequio Jurídico, Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, Unidad Indígena Totonaca Nahuatl, Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas-Chiapas, Unión Nacional de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca.


DEL PUEBLO A LA CIUDAD PARECER Y SER EN LAS NUEVAS TRIBUS INDÍGENAS DE LA CIUDAD DE MÉXICO EN LA FOTOGRAFÍA DE FEDERICO GAMA LOS MAZAHUACHOLOSKATOPUNK CONQUISTAN SU PROPIO IMAGINARIO URBANO La resignificación de la indumentaria contracultural dota al mazahuacholoskatopunk de una seguridad necesaria para desplazarse por las calles y conquistar la ciudad. Los hace parte del contexto urbano (una apropiación simbólica del territorio) que se refleja en su actitud y en su lenguaje corporal. Su apariencia hace evidente los cambios radicales que se están generando entre los jóvenes migrantes en su forma de ver y concebir su imaginario urbano, el papel que ellos desean representar ahí, y por lo tanto le da el poder de decidir su imagen en el nuevo territorio, algo inédito para este tipo de grupos juveniles. Su actitud expresa rebeldía por un lado e implica por el otro la conquista de la ciudad. El factor económico ya no es lo más importante en su vida urbana, como lo fue para sus antecesores. No vienen únicamente a ganar dinero,

también a ganar el orgullo de ser auténticos dandis en los espacios urbanos. Los mazahuacholoskatopunk se visten para su día de descanso, para dominguear. Es su atuendo nuevo y limpio para salir a pasear, bailar, conquistar, presumir. Es totalmente diferente a la vestimenta del trabajo, y además les da un poder: sentirse bien en el contexto urbano. Es como si se vistieran como el Santo el enmascarado de plata, pero sin la máscara. No quieren ser anónimos, pero se sienten con cualidades de súper héroe. El atuendo los hace sentir o ser diferentes, no para engañar, imitar o suplantar, sino personificar, encarnar la identidad urbana e interpretar su imaginario propio g Federico Gama

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

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os mazahuacholoskatopunk representan la propuesta juvenil más diversa de la Ciudad de México porque provienen de diferentes culturas y estados de la República, hablan diferentes idiomas y cuando se visten los domingos para salir a las calles pueden mezclar varios estilos urbanos, incluyendo elementos de sus culturas de origen. En el imaginario de los mazahuacholoskatopunk, todas las tribus urbanas y las culturas juveniles reúnen a jóvenes normales de la ciudad. La idea que tienen en las comunidades indígenas y rurales de los jóvenes en la capital es que todos son “vagos”: cholos, skatos, punks, emos, darketos. Si se quiere ser parte de la vida urbana es necesario expresarse como ellos. No sólo nos vestimos por necesidad. La indumentaria nos define, identifica, evidencia, integra, margina, distingue, expone, encubre. Nos ubica. Está cargada de señales, significados y símbolos, es un medio de expresión al mismo tiempo personal y de grupo, sea o no consciente. Este proyecto documenta fotográficamente cómo la indumentaria se convirtió en medio de expresión de numerosos jóvenes de origen indígena y rural para conquistar la Ciudad de México. La resignificación que hacen de su imaginario, ese look contracultural les da la seguridad necesaria para sentirse parte del contexto urbano por derecho propio. Siguiendo esta idea, registro con el estilo de la fotografía de las pasarelas de moda, la forma de vestir y la personalidad de estos jóvenes que he denominado mazahuacholoskatopunk. Son un grupo heterogéneo de jóvenes que proviene de diferentes regiones del centro del país (básicamente los estados de México, Hidalgo, Veracruz, Michoacán, Oaxaca y Puebla) y que por lo tanto pertenecen a culturas diversas, pero se integran como grupo en la Ciudad de México por aquello que comparten: • son migrantes; • vienen a trabajar a la ciudad en empleos similares (la construcción los hombres, las labores domésticas las mujeres); • se congregan en determinados espacios (la Alameda Central, la feria de Tacubaya, los alrededores del Metro en Tacuba o Pino Suárez); • se buscan y encuentran los domingos, su día de descanso, para socializar (reunirse con familiares y amigos, divertirse, platicar, bailar, comer, tomar cerveza y buscar pareja); • han adoptado el atuendo de cholos, skatos o punks o la mezcla de todo esto. En esta definición o neologismo, la palabra mazahua (del náhuatl: lugar que tiene venados) se utiliza como un elemento sonoro ya que permite generalizar el origen indígena y rural de estos jóvenes, y lo liga a las culturas juveniles urbanas. Cabe aclarar que no se usa este término porque los mazahuacholoskatopunk provengan únicamente del pueblo o la región mazahua. Las otras tres palabras agregan las cualidades similares de la indumentaria de cholos, skatos y punks. Por resignificación indumentaria entiendo la apropiación creativa del aspecto, donde además los jóvenes expresan su interpretación de la indumentaria urbana. No imitan al cholo, skato o punk tal cual, no hacen una fotocopia o escáner del vestuario contracultural y se le montan; además, no compran su atuendo en los mismos lugares ni es de la misma calidad. Visten como se imaginan lo que es un cholo, un skato, un punk, y lo enriquecen. Los mazahuacholoskatopunk reafirman (agregan, mezclan) elementos básicos de su atuendo de origen que para ellos son parte fundamental de la belleza o de gusto juvenil en sus pueblos. El resultado es un mezcla barroca y colorida con claras diferencias en su referente.

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LA MERITITA HORA... QUE NO SE ASOMA LAMBERTO ROQUE HERNÁNDEZ

Para nuestros señores grandes

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ine hasta aquí a caminar mis últimos caminos. A dar mis penúltimos pasos antes de llegar al abismo al que tarde o temprano todos lentamente o de manera rápida bajaremos. Según yo, y de manera irremediable, vine hasta aquí, a morirme. Ya en poco tiempo me iré. Y como de aquí me fui, aquí quise venir para de este lugar partir de nuevo. De ida solamente. A la eternidad. Llegué hasta aquí, a este pueblo olvidado por dios al que yo llamo mi sitio para un día de éstos exhalar mi último aliento. Vine a robarme el aire que ya no me pertenece, dicen algunos. A estorbárselo a los que están en la edad de producir y reproducirse. A lo mejor a distraer a los que crean, a los que inventan. A interferir en la armonía de los que trabajan para sacarse adelante. Vine a dar hasta cierto punto molestias. A que me escuchen toser los vecinos y a que los perros en vez de ladrarme me meneen la cola sólo por lástima. Hasta ellos saben que ya no les sirvo ni para que me correteen. Vine a dar penas para algunos, lástima para otros y a recibir respeto de casi nadie. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de eso de que los jóvenes quieran ser como uno, es sólo una creencia falsa. Puro mitote. A quienes menos se quieren parecer los chavos es a uno de viejo. Así que no me considero ejemplo para nadie. Soy hasta cierto punto un desconocido. Me fui para el otro lado, desde hace tanto tiempo que ya aquí casi nadie me recuerda. Los que me conocían, ya se murieron. Volví siendo pues casi el único que no se murió en el norte. Aquí estoy. Viendo al mundo desde mi rinconcito. Desde mi aparato de televisión. Riéndome del

presidente del norte porque no me queda otra. Viejo frustrado y enojón. Me da mucha lástima por su mujer, tan joven y tan chula. Viejo amargado. Millonario bueno sólo para pelearse con todo el mundo. Asusta a los paisanos y ellos que se dejan asustar. No entiendo por qué se preocupan si el cabrón ese los quiere echar de los Estados Unidos. Si los van a deportar, los van a enviar a su país, no a otra parte. El que es perico en donde quiera es verde pues. Pero en fin, cada quien sus miedos y sus corajes. Yo ya no estoy para eso. Traigo arrastrando conmigo casi noventa años. Jalándolos. Ya ni siquiera puedo ponerlos encima de mis hombros. Se me resbalan muchos de los recuerdos, estoy demasiado encorvado para cargar con todos. Traigo los pies pero casi ya no los siento. Sé que los tengo porque camino y porque los aprecio dentro de las manos de la Matilde cuando antes de irme a la cama me los lava. Es entonces cuando aún siento unas ligeras cosquillas. Estoy vivo, me digo.

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eo lo suficiente. Aunque a veces se me confunden las imágenes. Miro borroso cuando está nublado, y cuando ya está pardeando la tarde. Aunque cuando me canso de querer distinguir algo, me da por adivinar lo que es, ya que, como dicen, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Lo mismo hago cuando me pierdo en una plática con la Matilde. Le invento las respuestas o parte de una plática chiflada. Ella a veces se cansa y me manda al carajo por contestar una cosa en vez de otra. Así son las relaciones de vejetes, le digo para consolarme un poco. A veces mejor miro por dentro de mí. Me da por cerrar mis ojos para que al mismo tiempo que ellos descansan, yo pueda a tientas recorrer esos rincones apeligrados y empolvados por los que estuve y anduve. Escucho con la ayuda de mis aparatitos estos que chillan cuando paso en frente de la televisión y está en-

cendida. Ese pinche ruido me vuelve loco. Me marea. Me hace sentir más viejo de lo que estoy. Oigo digamos lo que me conviene. Ya no paso tiempo tratando de entender lo que me dicen mis allegados o los que de repente se aventuran a querer conversar conmigo. Cuando quiero vagar en el silencio, lo único que hago es sacarme los aparatos esos y así floto en ese espacio que es sólo mío. Mi propio mundo. Duermo bien. Aún sueño. Así como me imagino que lo hacen todos. Aunque mis sueños ya entraron en un ciclo repetitivo. Se me han estado dobleteando. Una de esas alucinaciones nocturnas que más me impresiona es en la que me veo y me siento en el vientre de mi finada madre Dionicia. Desde ahí escucho sus pláticas con mi papa Melecio. Hablan de lo contentos que están de que yo, su primogénito, vaya creciendo adentro de la barriga, como mi padre dice en ese mi sueño. Siento sus manos sobre la piel estirada de mi mamá, y créanme o no, siento su mano grande, calientita detenerse casi por donde está mi frentecita. Eso que sucede en ese sueño me hace sentir hasta ahorita muy seguro. Así es que por eso digo yo que tengo las manos, aunque ya viejo, bien calientitas. En otras ocasiones me sueño cuando estuve en esos campos verdes de California. Me veo apurado desahijando los plantíos de lo que fuera. Me miro a gatas en los terrenos de Watsonville pizcando fresas. Me siento siendo uno de los mejores en esos campos de gringos. Ansiando llegar a la cabecera del terreno porque ahí está plantado un Cadillac viejo y, adentro de él, la negra con sus nalgas del tamaño del mundo, quien por cinco dólares de esos tiempos nos arrastraba lejos de nuestras desgracias terrenales. En otras ocasiones sueño con las historias que leí y que aún de vez en cuando releo. Porque eso sí, la lectura ha sido, después de las mujeres, otra de mis grandes pasiones. Los libros, tengo que decirlo, me sacaron avante en momentos de desesperación. Leer me ha librado de muchos males. Amén. En mis noches en blanco y negro, hablo con los fantasmas que deambulan por estos lugares, y les pido que me echen la mano, que me ayuden a irme porque tal parece que a mí ya se me está olvidando todo y entre ello morirme. Llegué hasta aquí porque, según yo, ya es tiempo de morirme. Pero no pasa nada de eso. Al contrario, me siento bien. Casi aquí no me duele nada como cuando estaba viviendo en Denver. Será por el frío de allá. A lo mejor si es que hay dios, Él me ha de estar castigando desquitándose conmigo dejándome olvidado aquí en la Tierra para que pague por todas las veces que he dicho que no creo en Él. No estoy ni enfermo ni desahuciado. Nada de eso. Es que de por sí yo digo que ya es justo que me llegue la mera hora. Ya mis contemporáneos pelaron gallo. Y, según yo, ya anduve lo suficiente como para decir que desde ya hace mucho tiempo atrás completé mi tarea en este mundo.

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a sembré árboles. Ya tuve hijos, nietos y bisnietos. Ya escribí. Ya bebí lo que quise. Comí. Y también los pisos de muchos salones de baile los relustré con las suelas de mis Stacy. Ya me amaron. Ya amé. Vine hasta aquí a eso pues. A reclamar mi pedazo de tierra y a juntarme con mi ombligo que aquí está enterrado. Pero aún nada, naditita de nada, la mera hora ni siquiera se asoma g

De la serie Mazahuacholoskatopunk. Foto: Federico Gama

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| ABRIL 2017

Lamberto Roque Hernández, escritor originario de San Martin Tilcajete, Oaxaca. Es profesor bilingüe en California.


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