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La Jornada Ecológica

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Directora general: Carmen Lira Saade
Director fundador:
Carlos Payán Velver
Director: Iván Restrepo
Editora: Laura Angulo

Presentación

L os satélites espaciales que monitorean el planeta localizan desde hace once años una enorme mancha que forman miles de toneladas de sargazo. El lugar: un espacio del océano Atlántico que parte de África y concluye en el Golfo de México y el Gran Caribe. También permiten conocer su desplazamiento y calcular lo más exacto posible su llegada al litoral de Quintana Roo y Yucatán, y en Estados Unidos, al de Florida. Todo ese proceso lo detectan cada año, y en cantidades que no tenían previsto las instancias oficiales, los empresarios, los científicos y la población del principal polo turístico del país. El sargazo llega en cantidades enormes: decenas de miles de toneladas, y no existe la capacidad técnica y humana para detenerlo mar adentro, como se prometió en el sexenio pasado; ni para recogerlo sin afectar el ecosistema costero y después depositarlo en sitios adecuados. Son muy pocas las alternativas para convertir el alga en un bien económico, dados los compuestos complejos que forman sus tejidos. Es importante señalar que, al descomponerse por los rayos del sol, el sargazo se trasforma en un peligro para la salud humana pues genera sulfuro de hidrógeno. También para los ecosistemas costeros, los corales, los humedales, manglares y varias especies en peligro de extinción, como las tortugas. El azul turquesa de nuestro mar Caribe, que es el principal atractivo para el turismo, desaparece por la turbiedad del agua; las playas quedan sepultadas debajo de toneladas de sargazo.

Cumplo once años de analizar en mi habitual columna de La Jornada, los problemas que ocasiona el alga. Nuestro diario publicó también ya dos números del suplemento La Jornada Ecológica. Uno, en agosto de 2019: https://ecologica.jornada. com.mx/2019/08/25/asi-seha-multiplicado-el-sargazo-en-el-atlantico-en-losultimos-ocho-anos-9955. html. Y el segundo en mayo del 2023: https://issuu.com/ lajornadaonline/ docs/ecologica 264

En ambos, más de 60 especialistas de los centros de investigación más importantes del país y Estados Unidos, analizan los retos para lograr que el sargazo impacte lo menos posible la vida social, económica y el medio ambiente del litoral mexicano y el de los demás países que conforman el Gran Caribe. Me refiero, entre otros, al Instituto de Ciencias del Mar y Limonología de la UNAM y su unidad en Puerto Morelos; al Centro de Investigaciones y Educación Superior de Ensenada, CICESE; a las universidades de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Veracruz. En Estados Unidos, las de Florida y la Administración Nacional de Oceanografía y Atmósfera.

Además de profundizar en por qué hay un mayor arribo debido a las corrientes marinas, el cambio climático y el aumento del inmenso Mar del Sargazo (3.5 millones de km2) por recibir más nutrientes, los especialistas insisten en ambos suplementos en la urgencia de convertir el alga en un bien que genere empleo e insumo para elaborar combustible, alimento para animales o materiales de construcción.

Así quedan las playas des pues de las arribazones de sargazo en el Caribe mexicano

Foto: La Jornada Maya/AP

En la portada: balsa de sargazo captada con dron

Foto: IMIPAS-BID

Sin embargo, las acciones para lograrlo muy poco se concretan. Estos dos suplementos fueron prueba de que los recursos destinados a la investigación, pese a no ser suficientes, rinden frutos.

También, ejemplo de eficiencia que debían seguir los demás actores involucrados en la solución del problema. Comenzando por las instancias oficiales.

Por todo lo anterior, resulta fundamental continuar generando conocimiento científico que permita comprender los procesos que gobiernan la formación, el transporte y la acumulación del sargazo. Y ello es lo que hace en el suplemento de este mes un grupo de investigadores que laboran en diversas instituciones gubernamentales, centros de investigación y el apoyo de organismos internacionales. Ellos advierten que “más allá de la observación costera, es en el océano abierto donde se gestan muchas de las dinámicas clave que determinan su comportamiento. La investigación marina de largo

aliento es, por tanto, indispensable para vincular escalas locales y regionales, integrar información ambiental y biológica, y avanzar hacia modelos predictivos más robustos”. Y agregan que “los cruceros de investigación ocupan un papel central en este esfuerzo. Al permitir la obtención de datos de altamar, hasta hoy escasos, muy costosos y, sin embargo, indispensables, porque aportan información de gran valor sobre condiciones oceanográficas, químicas y biológicas que no pueden captarse desde tierra, ni mediante sensores remotos únicamente”.

Han estudiado de cerca, además, las balsas de sargazo en altamar desde su origen. Con toda esa información se busca cooperar en la tarea de reconocer lo ya se sabe sobre el sargazo. Y a la vez, subrayar la importancia de continuar investigando sobre un fenómeno consecuencia del cambio climático que seguirá presente, y cada vez en mayor dimensión, en la agenda ambiental de México y el Gran Caribe.

Correo-e:

R etos de México, ante los arribos masivos de sargazo

E l sargazo fue documentado por primera vez en el siglo XV por Cristóbal Colón durante sus travesías por el Atlántico Norte. En sus diarios de navegación, Colón describió extensas acumulaciones de esta alga flotante en una región que hoy conocemos como “el Mar de los Sargazos”.

Aunque en aquel entonces no eran tan abundantes como en la actualidad, estas masas vegetales ya representaban

un obstáculo para la navegación, ralentizando el avance de las embarcaciones y despertando la curiosidad de los marinos.

Desde 2011, el arribo masivo de sargazo comenzó a afectar de forma creciente las costas del Caribe mexicano, especialmente durante los meses de verano.

A partir de 2018, el fenómeno del arribo masivo de sargazo en el Atlántico tropical ha generado una pre -

Balsa de sargazo en altamar

Foto: BID-IMIPAS

ocupación cada vez mayor en los ámbitos ambiental, económico y social de la región. Este evento, recurrente y cada vez más intenso, ha puesto en evidencia la necesidad de comprender a fondo a esta macroalga flotante, cuya presencia no se limita al entorno costero.

Su impacto directo se extiende a la biodiversidad marina, las actividades turísticas, la salud pública y la infraestructura local.

Si bien el sargazo cumple una función ecológica importante en altamar –sirviendo como hábitat móvil para peces, tortugas y camarones en etapas larvales y juveniles que buscan refugio en su estructura–, su acumulación excesiva y llegada a las costas puede provocar efectos negativos.

Al quedar varado, el sargazo sofoca corales y peces en zonas poco profundas, y al descomponerse, libera gases que

sigue

afectan la calidad del aire, la salud de las personas y el atractivo turístico de las playas.

Ante esta situación, diversas investigaciones e iniciativas han buscado transformar el problema en oportunidad, explorando usos alternativos y valor agregado del sargazo.

Entre las aplicaciones más prometedoras destacan los fertilizantes, biocombustibles, compuestos antioxidantes, materiales biodegradables, entre otros.

Frente al sargazo: ciencia, política y cooperación internacional

Desde las primeras grandes arribazones de sargazo en el 2015 la problemática ha sido abordada con la generación de información técnica y científica que sostenga la toma de decisiones informada.

Dentro del gran esfuerzo intersecretarial que ha invertido el gobierno mexicano des-

tacan acciones clave de actores como la ahora Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (Secihti), la cual ha desempeñado un papel fundamental en la articulación de respuestas científicas y tecnológicas ante este desafío ambiental, para lo que ha reunido a especialistas de diversas instituciones del país.

Tanto Secihti como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) han asumido roles complementarios en el abordaje del fenómeno. Mientras la primera secretaría promueve la investigación científica y la colaboración académica, la segunda lidera la formulación de políticas públicas, normativas y lineamientos operativos a partir de la mejor información científica disponible para enfrentar esta problemática de manera integral.

Destaca también el esfuerzo y empeño para enfrentar esta problemática

Vista aumentada de sargazo

Foto: BID-IMIPAS

que ha mostrado la Secretaría de Marina a través de estos años, lo cual ha sido un factor elemental. Con acciones de recolección en playa hasta el desarrollo de embarcaciones especializadas para su contención en el mar, así como la coordinación con gobiernos estatales, municipales para la implementación de operativos de limpieza en playas afectadas.

Desde la perspectiva productiva marina, la Secretaría de Agricultura través del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), ha impulsado proyectos orientados a comprender la dinámica del sargazo en el Caribe mexicano con el fin de generar la información necesaria para la planeación estratégica de su

aprovechamiento, ahora formalmente reconocido como recurso pesquero.

El novedoso enfoque de las investigaciones en este contexto mexicano, incluye un plan para la realización de cruceros oceanográficos inéditos en México, con lo que se abrió la oportunidad de obtener información sobre temas previamente abordados únicamente en la zona costera, y ahora se investiga en todo el mar territorial mexicano en la región del Mar Caribe.

La suma de estos esfuerzos ha contribuido a consolidar una base científica sólida para la toma de decisiones, posicionando al sargazo como un tema prioritario en la agenda ambiental, científica y tecnológica del país. La continuidad de estos estudios será clave para enfrentar los retos futuros y transformar una crisis ecológica en una oportunidad de innovación sostenible.

EJuan Roberto F. Vallarta-Zárate, Emma Verónica

Pérez-Flores, Ramón Isaac Rojas-González y Víctor Manuel Vidal-Martínez

Correo-e: ramon.rojas@imipas.gob.mx

E l arribo masivo de sargazo en el Caribe mexicano genera una problemática no solo en el ámbito socioeconómico, sino también ecológico y de salud pública. Ante este desafío, el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS) ha apostado por la ciencia como herramienta clave para entender el fenómeno y tomar decisiones informadas.

Con ese propósito se impulsa el proyecto Sirena: Sargazo, Investigación del Re -

curso Natural, que propone un cambio de paradigma: estudiar el sargazo como un recurso natural con potencial de aprovechamiento pesquero y no como un residuo marino o una amenaza ambiental. Esta visión innovadora, implica reconfigurar las estrategias de atención encaminadas a estrategias de manejo. Ya no se trata solo de mitigar los impactos negativos en las costas, sino de generar conocimiento científico que permita valorizar el sargazo como biomasa útil, in -

Buque Dr. Jorge Carranza Fraser a la espera de la lancha que realiza muestreo en balsa de sargazo

Foto: IMIPAS-BID

l sargazo en el Caribe mexicano: de amenaza a recurso pesquero

cluso antes de que llegue al litoral.

Gracias a la coordinación interinstitucional entre diversos sectores, en 2025 el IMIPAS logró un avance significativo: la publicación de una ficha técnica del sargazo como recurso pesquero potencial en la Carta Nacional Pesquera.

Este documento orienta las estrategias y acciones de manejo para regular su captura en México y marca un hito en el reconocimiento del sargazo como parte del patrimonio pesquero nacional.

Cruceros científicos para entender el sargazo

Uno de los pilares del proyecto Sirena es la realización de cruceros de investigación oceanográfica a bordo del buque Dr. Jorge Carranza Fraser. Estas expediciones están diseñadas específicamente para estudiar el sargazo pelágico durante su fase de tránsito oceánico, antes de que alcance las costas. Hasta ahora se han llevado a cabo tres campañas cientísigue

ficas que han permitido recolectar datos in situ sobre las agrupaciones de sargazo: su ubicación geográfica, las condiciones fisicoquímicas del entorno, la composición química de la biomasa y la biodiversidad asociada.

Esta información es clave para validar modelos de distribución, estimar la densidad y cobertura del sargazo en altamar, y desarrollar tecnologías para su detección, monitoreo y captura.

Las líneas de investigación que se abordan en estos cruceros abarcan una amplia gama de disciplinas: oceanografía física, química y biológica; análisis de ADN ambiental; estudios sobre acidificación del océano; caracterización de fauna asociada; dinámica poblacional; distribución geoespacial, validación de estimaciones de biomasa derivadas de satélites mediante información de campo.

Esta diversidad de enfoques permite construir una

visión integral del fenómeno, incorporando variables ecológicas, oceanográficas y socioeconómicas.

Si bien en la última década se han realizado investigaciones en estos temas, con estos cruceros es la primera vez que se realizan mediciones a decenas de kilómetros de la costa y océano abierto, con lo que se complementa el panorama de las distintas líneas de conocimiento que se han abierto en el área cercana a la playa.

El proyecto Sirena también destaca por su modelo de gobernanza colaborativa, que involucra alrededor de 11 instituciones académicas, dos organismos internacionales y comunidades locales de la región de mayor afectación.

En este esquema, la ciencia aplicada se convierte en una herramienta más para la toma de decisiones informadas y la formulación de políticas públicas basadas en evidencia comprobable.

Buque Dr. Jorge Carranza Fraser

Foto: gobierno de México

Como parte de sus esfuerzos de divulgación, los resultados más relevantes de los cruceros se publican en el geoportal GEOPESCA-IMIPAS, donde todo el público puede explorar las rutas del buque, consultar parámetros como temperatura y salinidad, y visualizar fotografías de las agregaciones de sargazo en altamar.

El proyecto Sirena ya se ha consolidado como un referente regional en investigación marina e innovación pesquera, gracias a su enfoque integral, multidisciplinario y orientado al aprovechamiento responsable del sargazo.

A través de una economía circular, el proyecto articula esfuerzos entre la comunidad científica, el sector privado, las autoridades gubernamentales y la sociedad en general, con el objetivo de enfrentar de manera conjunta un reto ambiental de gran escala.

A medida que se fortalece la base científica del proyecto, surgen nuevas oportunidades para mejorar la resiliencia de las zonas costeras, diversificar las fuentes de ingreso en comunidades pesqueras y contribuir al desarrollo sostenible del Caribe mexicano.

La posibilidad de identificar, cuantificar y capturar el sargazo en altamar, antes de que llegue a las costas, representa una alternativa viable para reducir los costos de recolección en la costa, minimizar los impactos ecológicos en ecosistemas sensibles –como arrecifes y manglares–y transformar un problema ambiental en una fuente de valor.

Para lograrlo, es indispensable fortalecer la capacidad de observación remota, desarrollar algoritmos de detección satelital y establecer protocolos de pesca selectiva que respeten los principios de conservación y uso racional del ecosistema.

L as imágenes satelitales proveen información invaluable de la distribución de elementos de la superficie de la Tierra, y nos ayudan a entender sus aspectos espaciales y temporales –los dóndes y los cuándos– de un fenómeno como las arribazones de sargazo.

La percepción remota es la técnica que se utiliza para adquirir imágenes satelitales, que nos permite determinar la intensidad de la luz en varios sectores de lo que se conoce como el espectro elec-

Abigail Uribe Martínez

Correo-e:

tromagnético; algo así como filtros que descomponen la luz en colores.

A partir de esos sectores de la luz, conocidos como bandas o canales, se hacen inferencias matemáticas para determinar la probabilidad de que ciertas características de color y forma representen un objeto de interés, como pueden ser las balsas de sargazo flotando en el mar. Así, con los datos adquiridos por percepción remota se generan mapas de la ubicación de los parches de sargazo, así como otras varia -

satelitales de sargazo L

Una franja marrón de 38 millones de toneladas de algas amenaza playas y ecosistemas en Cancún, Tulum y el Caribe

Foto: NASA tomada de Buzos de la noticia

o que se ve sí se juzga: la importancia de las estimaciones

bles de interés como la biomasa contenida en esos parches.

La mayor parte de las veces las imágenes satelitales procesadas con algoritmos especializados funcionan considerablemente bien y proporcionan un panorama de la ubicación del sargazo en un momento dado. Para lograr una buena representatividad de estos objetos detectados a partir de imágenes satelitales se requieren grandes colecciones de datos adquiridos directamente que sirvan como entrenamiento o

calibración de los algoritmos utilizados. Esto es particularmente importante porque la percepción remota tiene una serie de limitantes que provocan errores en las detecciones; es decir que pueden reportar la presencia de una balsa de sargazo o de alguna cantidad de biomasa sin que esto corresponda con la realidad. Sin desestimar la utilidad de la información obtenida por percepción remota, es importante considerar las implicaciones que esos errores

sigue

pueden provocar para tomar decisiones o generar políticas de manejo. Es por lo que, para conocer las discrepancias de las diversas técnicas de detección se deben realizar validaciones que permitan establecer la confiabilidad de la información generada. Esto se realiza al contrastar los resultados de los métodos en cuestión contra valores observados directamente en el campo. Para lograr resultados confiables se comparan distintos tipos de imágenes satelitales junto con diversos métodos y algoritmos que permiten detectar las acumulaciones de sargazo en el mar. Estos análisis buscan evaluar qué tan exactos y precisos son los resultados, midiendo de manera cuantitativa la extensión de las balsas y la cantidad de biomasa que representan.

Una de las grandes limitantes de la información genera -

da a partir de percepción remota está relacionada con la llamada resolución espacial, es decir, el nivel de detalle que tiene el píxel de una imagen, tanto de la forma de los objetos, como de la descomposición del color en un área determinada. Por ejemplo, las imágenes de “baja resolución” tienen píxeles que agrupan la información de áreas grandes, mayores a 1 kilómetro por lado; es decir, en un solo píxel se expresa de forma promediada todo lo que cabe en 1 kilómetro cuadrado.

Este tipo de imágenes de baja resolución son las más utilizadas para monitorear el sargazo en el mar ya que tienen la ventaja de que se adquiere una de la misma zona casi diariamente. Esta frecuencia diaria de revisita permite ver la evolución en días del desplazamiento de grandes masas del sargazo, aun -

que con la desventaja del poco detalle.

Entonces, la baja resolución de una imagen satelital, en conjunto con los errores ocasionados por lo que se conoce como falsos positivos (detectar sargazo donde no lo hay) han generado grandes conjuntos de información inexacta, particularmente de la cantidad real de sargazo que puede encontrarse en el mar. Para contrarrestar el efecto de estas imprecisiones y contar con mejor información para proponer estrategias realistas para el manejo del alga, el IMIPAS, junto con universidades e investigadores del país, en colaboración y financiamiento de diversas instancias, están trabajando en validar y ajustar diversos métodos de estimación de extensión y biomasa del sargazo.

Estas estimaciones generadas con imágenes satelitales

de diferentes resoluciones espaciales se contrastarán con cientos de fotografías georeferenciadas (incluidas tomas con drones), en conjunto con el procesamiento de decenas de muestras de sargazo para determinar la confianza y error de los algoritmos.

Cabe resaltar que la validación y calibración de detecciones satelitales de elementos que flotan libremente en el mar no es cosa fácil realizar, mucho menos en el oeste del mar Caribe. Aquí la intensidad de la corriente y el viento provocan que lo que los objetos libres se desplacen en un instante.

Este rápido desplazamiento representa un reto metodológico, pues se requiere capturar una balsa de sargazo suficientemente grande para ser detectada en las imágenes, pero de forma coordinada con el paso del satélite; en esta región el sargazo puede desplazarse del orden de 1 kilómetro por hora.

Calibrar y validar detecciones satelitales requiere estar en el momento indicado en el lugar correcto.

Todos los esfuerzos y las inversiones que se realizan para calibrar y validar están encaminados a generar la mejor información que se pueda, con los recursos que se tienen. Esto conlleva reconocer los límites de los métodos utilizados y considerar que la mayoría de ellos son complementarios en su diversidad de escalas y detalle espacial y temporal.

La apuesta sigue siendo la generación de información desde distintas perspectivas, pues es claro que con la diversidad de fuentes de datos se fortalece la investigación.

Óscar Reyes, Emanuel Uc, Laura Carrillo, Roberto Vallarta, Daniel Hernández, Mario Vásquez, Leslie Altamirano, Alberto Bartoleño, Pedro May, José Ahuatzin, Víctor Martínez, Selene Morales, Thalia Herrera, Teresa Esparza, Yadian Israel La Rosa, Karla Camacho, Eduardo Cuevas e Iván Oribe Correo-e: oscar.reyes@ecosur.mx

M

éxico. Quintana Roo. Cozumel. En el muelle Punta Langosta, las amarras del buque de investigación Dr. Jorge Carranza Fraser descansan sobre los bolardos.

Flotando en las aguas cristalinas del Caribe, teñido por los tonos ocres del atardecer, el barco espera –con la pasarela ya armada– el abordaje de su tripulación y de los investigadores que partirán hacia su siguiente expedición.

El arribo masivo del sargazo que comenzó en 2015 ha generado amplios debates sobre su origen, manejo y disposición final. A lo largo de los años, su presencia ha provocado inconformidad y preocupación en el Caribe mexicano.

Sus efectos son evidentes: una disminución en los ingre -

sos turísticos, daños a la salud pública y un deterioro progresivo de los ecosistemas costeros.

Sin embargo, como cantaba Willie Colón, “si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”. Esa filosofía fue tomada como timón por varios emprendedores de las extensas costas del mar Caribe, quienes vieron en el sargazo no solo un problema, sino una oportunidad.

Así, actualmente se avanza en el desarrollo de tecnologías de las grandes cantidades de esta macroalga hacia su transformación en materia prima para la elaboración de fertilizantes, biocombustibles, alginatos, fuentes de energía y biomateriales, entre otros productos.

El buque Dr. Jorge Carranza Fraser zarpa a la pesca del sargazo

El interés y la urgencia por enfrentar el problema del arribo masivo de sargazo motivaron el estudio de su distribución, abundancia y de la biodiversidad asociada a las grandes balsas de sargazo que flotan y viajan impulsadas por las intrincadas corrientes del océano, antes de que varen en las costas y puertos de Quintana Roo.

En este contexto se vislumbra el propósito de fondear el buque de investigación Dr. Jorge Carranza Fraser, a cargo del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), en la llamada isla de Las Golondrinas – Kuzumil, como la nombraron los antiguos mayas.

corrió cerca de dos mil millas náuticas en busca del sargazo a lo largo de la zona económica exclusiva de México.

Conformada por investigadores y estudiantes de diversas instituciones del país – ávidos de llenar los vacíos de conocimiento que aún persisten sobre este fenómeno–, y una tripulación dispuesta y entusiasta, la nave zarpa con rumbo norte hacia la primera estación oceanográfica. Expectativa, oleaje, camaradería y buena comida dominan el ambiente de navegación y trabajo. En la cubierta de popa, entre maquinillas, malacates y aparejos, una lancha de siete metros con motor fuera de borda permanece afirmada y lista para ser desplegada.

Medición de parámetros con el perfilador de CTD Foto: Óscar Reyes sigue

Desde allí partió una expedición de quince días que re -

Al llegar a las estaciones oceanográficas previstas en el derrotero del buque, cada área de investigación inicia sus labores. La navegación continúa, hasta que por los radios se escucha “lancha” preparen todo, una palabra que se convirtió al equivalente de “fuego” en un cuartel de bomberos.

Desde el puente de mando del buque han avistado una balsa de sargazo de dimensiones considerables que merece ser evaluada con mayor detalle.

De inmediato, las áreas de trabajo se coordinan con el capitán y su tripulación para la botadura de la embarcación menor.

Colgada a unos seis metros de altura del cable de la grúa, sostenida por cuerdas que hacen las veces de vientos, la lancha –antes asegurada en cubierta– desciende lentamente hasta tocar la superficie. El mar está en calma. Desde estribor, en el pantano, los investigadores y el capitán de la lancha abordan junto con la instrumentación, el material y las artes de colecta. Liberan las amarras y, con un empujón firme, se separan del Carranza.

–¿Hacia dónde, Mario?, pregunta Jesús por radio, pues a nivel del agua el horizonte es distinto al que se tiene ocho metros arriba.

–Hacia el sur, unos doscientos metros.

–En camino, responde Pedro, el capitán, mientras empuja la palanca del acelerador y la lancha avanza sobre el mar tranquilo.

Una balsa de sargazo bien estructurada, de unos dos kilómetros de largo por ochenta metros de ancho, flota en calma. El alga se observa “fresca” y abundante, formando una masa densa de aproximadamente cincuenta centímetros de grosor que proyecta una amplia sombra bajo la superficie.

En ese refugio se agrupan cardúmenes de peces, pequeños y grandes, que aprovechan la penumbra; mientras, organismos crípticos –como diminutos cangrejos y peces camuflados– se posan sobre el sargazo o se deslizan entre sus frondas, creando un mosaico de vida en miniatura.

Sobre la balsa se libera una boya destinada a registrar el estado del mar y las condiciones meteorológicas del sitio, en colaboración remota

Coordinando el regreso del buque Carranza

Foto: Teresa Esparza

con la UNAM, Unidad Puerto Morelos.

En la popa de la lancha, Manu y Oscar armados con un equipo multiparamétrico y un CTD Sea Bird 19 –guerrero de mil batallas–miden las variables esenciales del océano: temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, pH, potencial de óxido-reducción (ORP), luz, turbidez y clorofila.

Los registros se realizan tanto en la superficie de la balsa como a lo largo de un perfil de treinta metros, a razón de cuatro datos por segundo, en colaboración con El Colegio de la Frontera Sur y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados.

“El agua y los burritos para Karla están listos”, comenta Bart, refiriéndose a las colectas para análisis de nutrientes, metales pesados e isótopos estables del sargazo, en colaboración con ECOSUR, CINVESTAV-Irapuato y el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR).

“¡Podemos pasar a la pesca del sargazo!”, grita alguien. Con diferentes artes se colecta el material para determinar su biomasa, densidad, dominancia de especies y los organismos asociados.

La última “pesca”, una red de zooplancton adaptada de tres metros de largo llega tan repleta y pesada que se requieren tres personas –y mucho sudor– para subirla por la borda.

Al lograrlo, se recupera la boya liberada al inicio. Con la sensación de haber hecho una gran captura, como pescadores que regresan con el sustento, la tripulación vuelve al Carranza una hora después. Daniel y el resto del equipo esperan el abordaje y el cobro de la lancha, maniobra complicada por el mar que ya no está tan en calma como al momento de partir, pero que culmina con éxito.

Durante los días siguientes de la expedición, el clima no fue precisamente el mejor aliado; aun así, las actividades de lancha y barco continuaron, entre mareas cambiantes y cielos inciertos.

A la hora de la comida, todos esperaban no escuchar la palabra lancha. Pero, al fin y al cabo, no se trataba de un crucero turístico por el Caribe, sino de una travesía científica, y la actitud del equipo se mantuvo siempre firme y propositiva en su misión: la pesca del sargazo.

Carrillo y Óscar Fabián Reyes Mendoza

Correo-e:

O

ceanografía física: clave para conocer las trayectorias del sargazo

E l sargazo que llega a la playa viene de lejos: comenzó su travesía cientos de kilómetros en mar abierto. Viaja durante semanas por el Gran Caribe como sobre un “tapete rodante” movido por corrientes, vientos y olas. La oceanografía física–el estudio de corrientes marinas, vientos y olas–es la brújula que nos permite entender ese trayecto. Y aquí los cruceros científicos como los impulsados por el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables, junto con instituciones aliadas como ECOSUR, son decisivos: llevan instrumentos, personas y preguntas de investigación al lugar correcto, en el momento justo, para traducir procesos oceánicos complejos en información útil para la gestión y el aprovechamiento sustentable.

La cinta transportadora del Mar Caribe

El sargazo pelágico que llega a las costas del Caribe mexicano viene viajando desde el centro del Atlántico. Imaginemos el mar como una gran banda transportadora que lo empuja durante semanas: a escala regional, las corrientes dominantes lo conducen desde el Atlántico y las Antillas a través del Caribe –primero la corriente del Caribe hacia la cuenca Caimán y, más cerca de México, la corriente de Yucatán que viaja a lo largo de la costa de Quintana Roo y entra por el canal de Yucatán rumbo al Golfo de México. Sobre esa “banda transportadora” actúan los vientos alisios –del este– que empujan los parches hacia el oeste y noroeste, mientras el olea -

je puede acelerar o frenar su llegada a la costa.

En el camino, remolinos desprendidos de las corrientes principales atrapan y transportan grandes masas de sargazo, creando desvíos y acumulaciones. Juntos, estos motores (corrientes, remolinos) del océano definen rutas preferenciales y “ventanas” de arribo que explican por qué algunas playas reciben más sargazo que otras.

En décadas pasadas, el sargazo pelágico llegaba solo de forma estacional y en cantidades pequeñas.

Pero la última década cambió: hoy la cantidad de masa de sargazo es tanta que “dibuja” las corrientes principales desde África hasta la península de Yucatán, formando el llamado “gran cinturón de sargazo del Atlántico”.

De mar abierto a la costa: puertas de entrada

Al aproximarse a la península de Yucatán, el relieve submarino y las islas actúan como

“canales” que dirigen el sargazo. Zonas como banco Chinchorro o Cozumel pueden favorecer acumulaciones o desvíos.

En esta franja, remolinos y contracorrientes de decenas de kilómetros funcionan como “trampas” temporales: retienen, concentran o liberan los parches, esto se ha visto por ejemplo al sur de isla Cozumel, frente a Tulum, donde estos remolinos han sido registrados y las acumulaciones de sargazo son percibidas desde los satélites.

¿Qué hace un crucero oceanográfico?

Para entender las arribazones masivas de sargazo necesitamos “armar el rompecabezas” con evidencias científicas: datos, mediciones y observaciones. El fenómeno es complejo y requiere múltiples perspectivas. Mientras otras disciplinas abordan la biología o la química del sargazo, desde la oceanografía física buscamos res -

ponder cómo se transporta y dispersa, y cómo las propiedades del agua –temperatura y salinidad– pueden influir en su crecimiento. Para ello usamos diversas plataformas de observación y una clave son los buques oceanográficos. Aunque hoy contamos con valiosos datos satelitales para estudiar los océanos y el fenómeno del sargazo, estos miran sobre todo la superficie del mar. El océano se estudia en tres dimensiones: bajo la superficie suele formarse una termoclina, una “frontera” donde la temperatura cae rápido con la profundidad y cambia la densidad del agua. Esa capa, junto con la variación vertical de calor, nutrientes y corrientes, condiciona el viaje del sargazo y su crecimiento. Con las campañas oceanográficas podemos obtener este tipo de información. Los buques oceanográficos son laboratorios flotantes que operan 24/7. A bordo medimos la temperatura y la salinidad de toda la columna de

sigue

El cinturón del sargazo
Imagen: Laura Carrillo

agua usando un CTD (por sus siglas en inglés, conductivity, temperature and depth) y se recolectan muestras de agua en profundidades de interés con botellas Niskin diseñadas para resistir altas presiones.

Mapeamos las corrientes con perfiladores acústicos Doppler (ADCP), que miden su velocidad y dirección desde la superficie hasta una profundidad determinada, y se despliegan boyas a la deriva que transmiten su posición y dibujan rutas reales de transporte. También realizamos observaciones directas de parches –tamaño, densidad, especie dominante–, apoyadas con cámaras y drones.

Los cruceros oceanográficos aportan la “verdad de campo” que necesitan 1) los satélites para validarse (presencia, extensión del sargazo) y 2) los modelos numéricos para ajustarse a las condiciones reales (velocidades de corriente, estructura vertical).

Esta información in situ se integra con observaciones satelitales (color, temperatura y altura del mar) y con mediciones costeras: radares que leen corrientes, estaciones meteorológicas que registran viento y presión, e instrumentos en aguas someras que monitorean corrientes, oleaje y nivel del mar.

Mejorar el manejo y el aprovechamiento

Medir es esencial, pero lo clave es transformar datos en

decisiones. La combinación de observaciones marinas, costeras y satelitales permite un sistema de alerta temprana útil para municipios y sectores productivos.

Anticipar el arribo del sargazo facilita colocar barreras, organizar brigadas y optimizar esfuerzos. Cuando la biomasa se recolecta en condiciones controladas, puede aprovecharse de forma sostenible (ej. en bioproductos), reduciendo lo que llega a las playas.

La oceanografía no elimina el sargazo, pero disminuye sus costos ecológicos y económicos al brindar una ventaja de días o semanas. Para ello, esta información se analiza con la oceanografía física para entender cómo las corrientes transportan el sargazo y generar predicciones confiables de su arribo mediante modelación numérica, por ejemplo: ¿Qué tan probable es que un parche identificado con imágenes de satélite que hoy está mar afuera llegue a Tulum? ¿Por qué ruta se moverá?, ¿Dónde sería viable implementar sistemas de cosecha?, ¿cuándo y cuánto llegará a cada tramo de costa para proponer acciones de mitigación y aprovechamiento del recurso?, ¿qué pasa si cambian los vientos y oleaje?, ¿ese arribo se adelanta, se retrasa o se disipa?, ¿Dónde conviene priorizar la limpieza en playa y la logística de disposición? Así, la evidencia oceanográfica se puede traducir en pronósticos útiles para pla -

Las balsas de sargazo de 2026 pueden acarrear bancos de algas rezagados de 2025

Foto: Cuartoscuro/ Archivo

Roseta y CTD

Foto: Selene Morales

near limpieza, logística, acciones de prevención en playa, así como promover el aprovechamiento del sargazo.

Ciencia en red: colaboración que multiplica

Los cruceros oceanográficos como los del IMIPAS son nodos de una amplia red interinstitucional, donde universidades, centros públicos de investigación, dependencias gubernamentales y organizaciones locales, a través de proyectos estratégicos, su -

man capacidades para mantener campañas en temporadas clave y fortalecer plataformas abiertas de datos. El objetivo: que cada dato del mar mejore una decisión en tierra. La historia del sargazo comienza mucho antes de llegar a la playa. Entender el mar que lo transporta y medirlo con rigor permite anticiparse con inteligencia. Con los cruceros del IMIPAS y la cooperación entre instituciones, México avanza hacia un manejo más informado y eficaz del sargazo.

Karla A. Camacho-Cruz, Juan Roberto Vallarta-Zárate, Luis Salgado-Cruz, Karla Magallanes Córdoba y Alberto Sánchez

Correo-e: krla 2307@hotmail.com

Química del sargazo: composición, impacto y oportunidades

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esde hace una década, el Caribe mexicano enfrenta un desafío socioambiental sin precedentes, el arribo masivo de sargazo holopelágico. Lo que en mar abierto funciona como un ecosistema flotante, al llegar a las costas se convierte en un problema.

Frente a esto, dentro de los diversos objetivos del proyecto Sirena del IMIPAS se ha incluido la caracterización de la composición química del sargazo. Esto, para transformar su percepción de desecho orgánico a recurso potencial.

Para lograrlo, el IMIPAS ha establecido colaboraciones interinstitucionales con el Instituto Tecnológico de Tepic, El Colegio de la Frontera Sur en Chetumal, el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional en La Paz, BCS, y el Cinvestav-Irapuato.

Juntos, realizan análisis para conocer la composición química del sargazo: metales pesados, elementos e isotópos, y además cuantifican las concentraciones de nutrientes inorgánicos disueltos y metales pesados en el agua circundante y dentro de las balsas de sargazo.

De ecosistema marino a problema costero

En mar abierto esta macroalga flotante provee servicios ecosistémicos vitales como, zona de refugio, alimentación, zona de crianza, rutas de migración para especies marinas y actúa como sumidero de carbono y productor de oxígeno. Pero al llegar a las costas se convierte en un problema regional de magnitudes crecientes. Los

picos de arribazón más significativos, medidos en toneladas de sargazo recolectado en las principales playas del Caribe mexicano, registrados por la Secretaría de Marina, incluyen ∼200 mil toneladas en 2015, más de 500 mil toneladas en 2018, ∼52 mil en 2022 y 76 mil toneladas el año pasado, 2025. Lo que equivale a un costo de limpieza que oscila entre 0.3 y 1.1 millones de dólares por kilómetro, dependiendo del método de limpieza. Estas arribazones masivas son un fenómeno regional con causas globales (cambio climático), que ha promovido el desarrollo de numerosos estu -

Casa construida con bloques de sargazo

Foto: La Jornada Maya

dios sobre la composición bioquímica del sargazo. Caracterizándolo como una biomasa capaz de proveer oportunidades emergentes en biotecnología, agricultura e industria.

¿Es su composición la clave para su aprovechamiento?

La composición química del sargazo pelágico ( S. fluitans III y S. natans I y VIII ) es heterogénea influenciada por su ubicación geográfica, etapa de desarrollo y condiciones oceanográficas. Es por lo que el esfuerzo del IMIPAS y las sólidas colaboraciones interinstitucionales para caracterizarla de ma -

nera específica en la región del Caribe mexicano son imprescindibles.

La mayor parte de la biomasa del sargazo está formada por azúcares complejos llamados polisacáridos, que representan entre el 25 y el 45 por ciento de su peso seco. Entre ellos destacan el alginato (15-30 por ciento), usado en la industria alimentaria y farmacéutica; fucoidanos (2-10 por ciento), con propiedades biológicas de interés; glucanos ( ∼10 por ciento), que son cadenas de glucosa; celulosa (510 por ciento), el mismo componente que da rigidez a las plantas terrestres y galactasigue

nos (∼ 5 por ciento), otro tipo de azúcar estructural.

Los fucoidanos y alginatos le proporcionan al sargazo la capacidad de adsorber y acumular metales pesados, como cadmio, cobre, mercurio, arsénico (As), el cual se ha registrado hasta en 64.9 μ g/g, especialmente en tejido de la especie S. natans I

Si bien esto representa un desafío para un aprovechamiento seguro en la industria alimentaria y/o como fertilizante, abre las puertas a su uso como bioabsorbente de metales pesados de bajo costo, y sostenible para el tratamiento de aguas residuales.

En cuanto a macronutrientes, presenta un contenido moderado de grasas (<6 por ciento), fibra cruda (<22 por ciento), proteínas (5-12 por ciento peso seco), un bajo contenido en lípidos (1-3 por ciento) y un elevado contenido de cenizas (15-40 por ciento peso seco).

Con un perfil rico en potasio, calcio, magnesio, su riqueza mineral le confiere al sargazo la capacidad de uso para la producción de biofertilizantes. Además, los propios residuos tienen valor, ya que, la fracción mineral resultante

de la pirólisis (biochar) posee propiedades que la hacen útil como aditivo en materiales de construcción, evitando la generación de desechos y maximizando el rendimiento económico.

Adicionalmente, el sargazo contiene metabolitos secundarios bioactivos como polifenoles (taninos y florotaninos 3-8 por ciento), encontrados en mayor proporción en S. natans VIII , lo que le confiere actividad antioxidante y antimicrobiana. Su perfil bioquímico con baja lignina y alta proporción de carbohidratos fermentables y compuestos fenólicos facilita la fermentación y conversión en bioetanol y biogás, alineándose con los objetivos de transición energética de los objetivos de desarrollo sustentable.

Impacto ambiental: cuando la costa sufre

Sin embargo, este mismo perfil químico es el origen del impacto ambiental que genera cuando el sargazo llega a las costas.

Cuando el sargazo se acumula y se descompone en las playas, libera gases como

A) Arribazón masiva Puerto Morelos, Quintana Roo, 15 de septiembre del 2025;

B) Microbalanza, encapsulado para análisis isotópicos;

C) Mortero de ágata, macerado de sargazo para análisis elemental, isotópico y proximales;

D) Sargassum fluitans

III a la deriva

Fotos: Karla

Camacho-Cruz y Luis Salgado Cruz

sulfuro de hidrógeno (H2 S) y amoniaco (NH3).

Estos compuestos deterioran la calidad del aire y pueden afectar la salud de las comunidades que viven cerca de la costa. En el agua, los lixiviados liberan nutrientes en exceso (nitrógeno y fósforo) que pueden desencadenar procesos de eutrofización, aumentando la turbidez, reduciendo el oxígeno disuelto y liberando los metales pesados que acumuló en mar abierto.

En la playa, su acumulación contribuye a la erosión y altera la dinámica natural del litoral. Los efectos negativos de sus lixiviados han llegado a ser tan nocivos para el medio marino que se ha registrado al menos un evento de mortandad masiva de invertebrados bentónicos, peces y deterioro de las praderas de pastos marinos.

Hacia una economía circular

Su complejidad química revela un gran potencial para aplicaciones en biotecnología, agricultura como material para construcción, entre otros.

El conocimiento existente sugiere usos promisorios, como la producción de bio -

combustibles (bioetanol, biogás) gracias a su alta proporción de carbohidratos fermentables, o su uso como biofertilizante, dada su riqueza mineral.

Pero este potencial está condicionado por dos grandes retos, la variabilidad en su composición bioquímica y la presencia de contaminantes como metales pesados.

He ahí la importancia de los protocolos estandarizados de monitoreo y recolección que los cruceros del IMIPAS están ayudando a establecer.

La información resultante permitirá determinar la viabilidad de estas aplicaciones en nuestro país. El verdadero desafío es integral, y el nuevo estatus del sargazo como recurso pesquero enfatiza en la necesidad de contar con ciencia robusta y local.

La meta es traducir este esfuerzo de investigación en aplicaciones concretas, fomentando una cooperación entre diferentes sectores como la academia, el gobierno, organizaciones de la sociedad civil y la iniciativa privada, todos enfocados en lograr el verdadero potencial de una economía azul circular en el Caribe mexicano.

Ana Luisa Vargas Aguilar, María Leopoldina Macedo Aguirre, José Quinatzin García Maldonado

Correo-e: ana.vargas@cinvestav.mx

Con los problemas que ha ocasionado el sargazo durante la última década, surge la oportunidad de desarrollar una nueva actividad económica primaria. Se sabe que el sargazo posee propiedades químicas que permiten su uso para la elaboración de biofertilizantes, biocombustibles, sistemas de biorremediación y biomateriales, como fibras textiles y bioplásticos.

En agosto de 2025, el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacul -

tura Sustentables (IMIPAS), en conjunto con Conapesca, Semarnat y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, actualizó la Carta Nacional Pesquera, incorporando al sargazo pelágico del Caribe como recurso pesquero con potencial de desarrollo tecnológico. Para que la captura del sargazo se lleve a cabo de manera sustentable es imperativo comprender el papel que desempeña en la ecología marina. Hasta ahora se ha observado que en altamar en las balsas de

La biodiversidad asociada al sargazo, a través de estudios de ADN ambiental

El sargazo cuando flota en el océano es fuente de alimento, refugio y reproducción para la vida marina

sargazo se establece un ecosistema marino descrito como único y complejo que sirve de refugio y transporte a numerosas especies tanto de importancia ecológica (invertebrados, peces, tortugas, etc.) como de importancia comercial (camarones, atunes, jureles, etc.). Sin embargo, la biodiversidad de este ecosistema y sus cambios en función de las condiciones oceanográficas no han sido exploradas. En un esfuerzo por cerrar esta brecha de conocimien -

to, el Laboratorio de Patología Acuática del Departamento de Recursos del Mar de Cinvestav, unidad Mérida, se ha sumado al estudio integral para la evaluación del sargazo pelágico en el Caribe mexicano, a través de un proyecto de investigación con tecnología de ADN ambiental para caracterizar la biodiversidad e identificar las especies asociadas al sargazo que arriba al Caribe mexicano en tres temporadas climá -

Foto: tomada de Kunak, sensing anywhere sigue

ticas distintas: lluvias, secas y nortes.

¿Qué es el ADN ambiental?

El ADN ambiental (eDNA, por sus siglas en inglés) es una herramienta no invasiva que permite caracterizar la biodiversidad mediante el análisis del material genético que los organismos liberan al agua a través de sus desechos de piel, mucus y/o heces fecales. El fundamento de eDNA radica en caracterizar todas las variantes de un fragmento del gen citocromo oxidasa (COI) presentes en una muestra.

El gen COI está presente en el ADN de plantas y animales, con regiones variantes que nos permiten diferenciar entre grupos biológicos, por lo que ha sido ampliamente utilizado para la identificación y diferenciación de especies, incluso entre aquellas cuyas características morfológicas son notablemente similares.

El primer paso en el análisis de ADN ambiental con -

siste en la recolección de la muestra de agua bajo condiciones asépticas. En el laboratorio, se procede a la extracción el ADN, seguido de la amplificación del gen COI y su secuenciación, mediante técnicas especializadas.

Las secuencias obtenidas se analizan mediante herramientas computacionales que permiten identificar secuencias diferentes que potencialmente corresponder a diferentes grupos biológicos.

Los grupos resultantes de este análisis se les denomina unidades taxonómicas operativas (OTUs, por sus siglas en inglés).

Cada OTU se considera como una especie, y su clasificación taxonómica se determina a través de su similitud con bases de datos públicas que contienen información experimental proporcionada por grupos de investigación de todo el mundo. De este modo es posible obtener una representación de las especies asociadas al sargazo en un momento específico.

Avances y perspectivas

En mayo y octubre del presente año, estudiantes del doctorado en Ciencias Marinas de Cinvestav Mérida, participaron en dos campañas oceanográficas Atlántico 2025, en el Caribe mexicano organizadas por el IMIPAS. Desde el crucero se lanzaron embarcaciones hacia las balsas de sargazo, sobre las cuales se recolectaron 98 muestras de agua extraídas a 0.3 y 3.0 metros de profundidad. Las muestras fueron filtradas a través de membranas con poros de 0,22 μ m y preservadas en congelación hasta su llegada al laboratorio. Actualmente se tienen avances en el procesamiento de las muestras; hasta ahora se han realizado la extracción de ADN y la generación de las bibliotecas del gen COI de las muestras recolectadas en mayo, y en los próximos días se llevará a cabo su secuenciación para su posterior análisis bioinformático. Aún se esperan 48 muestras reco -

lectadas en octubre, a las que se les aplicará el procedimiento mencionado anteriormente. Se contempla un tercer muestreo en la campaña oceanográfica Atlántico 2026, programada tentativamente para marzo del próximo año.

Con los resultados de este trabajo se tendrá una primera aproximación al conocimiento de la biodiversidad asociada al sargazo y sus variaciones en las tres temporadas representativas del Caribe mexicano: secas, lluvias y nortes. Con ello, se busca contribuir al entendimiento y la generación de nuevas hipótesis respecto a la función del sargazo en el ciclo de vida de las especies que forman parte de esta biodiversidad. Esta información será de gran utilidad para las instancias gubernamentales en el establecimiento de normativas para la captura del sargazo en beneficio de la protección ambiental y la productividad de otros recursos pesqueros de interés comercial.

Para la mayoría de los mexicanos, el sargazo se volvió un tema de conversación y preocupación hace apenas una década, cuando comenzó a acumularse masivamente en las costas de Quintana Roo. Sin embargo, la historia de estas macroalgas flotantes, Sargassum natans y S. fluitans, es mucho más antigua. Fueron descritas científicamente en 1753 y 1914, respectivamente, y ya desde los viajes de Cristóbal Colón surcaban el Atlántico norte, en la región que hoy conocemos como el Mar de los Sargazos.

La mayor parte del sargazo que llega a nuestra zona económica exclusiva proviene de una región joven, el Cinturón del Sargazo del Atlántico Tropical, con poco más de una década de existencia.

Debido a su reciente formación, los estudios científicos sobre la biodiversidad en

esta zona aún son escasos. Las grandes balsas doradas, cuyo viaje suele culminar en nuestras playas, conforman en mar abierto un ecosistema vital: un hábitat flotante que alberga a cientos de especies. Esto plantea una pregunta crucial, al recolectar el sargazo para mitigar su impacto costero, ¿estamos afectando los servicios ecosistémicos que brinda en el océano? Con el fin de responder a esta pregunta, el proyecto Sirena, impulsado por el IMIPAS y sus colaboradores, se han dedicado a estudiar de cerca la fauna asociada al sargazo en aguas mexicanas. Por ello, la información generada por estas campañas oceanográficas resulta especialmente valiosa, pues mediante metodologías estandarizadas busca llenar ese vacío y registrar la variabilidad espacial y estacional de la fauna asociada.

El sargazo como hábitat flotante

Una red de corredores biológicos

Las investigaciones de décadas en el Mar de los Sargazos ofrecen un punto de referencia. Gracias a ellas sabemos que este mar dorado funciona como una red de corredores biológicos, ofreciendo refugio, alimento y zonas de crianza a una gran diversidad de organismos, desde microscópicos hasta peces, tortugas y aves.

El reconocimiento de su papel ecológico, en especial como guardería para especies de alto valor comercial, impulsó la creación de normas de protección internacional como el Acuerdo de Hamilton. Hoy, nuestro desafío es determinar si el Cinturón del Sargazo cumple funciones ecológicas similares y con base en esa evidencia, diseñar estrategias de manejo

que mitiguen los impactos en la costa sin comprometer su papel en el mar.

Las investigaciones sobre la biodiversidad del sargazo pelágico reconocen tres grandes grupos de fauna asociada: epífita (que crece sobre las algas), adherente (que vive anclada a ellas) y de nado libre, siendo esta última la más estudiada. En el Caribe, los estudios recientes han revelado que este ecosistema complejo y biodiverso está dominado por los artrópodos, el grupo más diverso, mientras que los moluscos representan el 21.5 por ciento de la abundancia total, seguidos por los cordados, en su mayoría juveniles (10.4 por ciento) y los anélidos (6 por ciento).

Entre los habitantes más comunes destacan el camarón Latreutes fucorum (33.3 por ciento de la fauna), el cara -

sigue

Fauna acompañante encontrada en el sargazo holopelágico colectada a bordo del buque de investigación Dr. Jorge Carranza Fraser: a) Epifauna camarones( Latreutes fucorum), b) Cangrejos nadadores (Portunus sayi). Fotos: Selene Morales a) b)

col Litiopa melanostoma (21.2 por ciento) y el isópodo Carpias minutus (13.5 por ciento), que juntos conforman más del 60 por ciento de la comunidad animal.

Estos datos van más allá de un simple catálogo de biodiversidad: revelan la función ecológica y económica del sargazo como guardería natural para juveniles de especies de alto valor comercial del Atlántico tropical, como el dorado (Coryphaena hippurus) y diversos jureles (Caranx spp.). El reclutamiento de estas especies y, con ello, el futuro de las pesquerías depende en parte de la integridad de estas balsas flotantes.

El sargazo también alberga especies especializadas y vulnerables, como el pez sargazo ( Histrio histrio), que depende por completo de este hábitat para sobrevivir. Este pez, con su camuflaje perfecto y su habilidad para “caminar” entre

los tallos del alga, representa el grado de adaptación que puede alcanzar la vida en estos ecosistemas pelágicos.

Sargazo y redes tróficas: la base invisible de la vida marina

El Caribe mexicano es área de alta biodiversidad, donde los ecosistemas marinos y costeros cumplen funciones esenciales. Las balsas de sargazo están estrechamente vinculadas con la productividad del fitoplancton y del zooplancton, base de las redes tróficas marinas.

En la primavera del 2025, con los esfuerzos realizados en el proyecto Sirena se caracterizó la estructura y variación espacial del zooplancton utilizando el sistema Continuous Underway Fish Egg Sampler (CUFES).

Los resultados revelaron 15 grandes grupos de zooplanc-

c) Fauna de nado libre: cojinuda amarilla (Caranx bartholomaei)

d) Fauna adherida: briozoos ( Membranipora tuberculata )

e) Fauna de nado libre: pez sargazo ( Histrio histrio)

f) Fauna adherida hidrozoos (Aglaophenia latecarinata )

Fotos: Selene Morales

ton, dominados por copépodos (78 por ciento), seguidos por larvas de camarón, quetognatos y pterópodos, todos con frecuencias superiores al 90 por ciento. La distribución fue heterogénea: los copépodos aparecieron tanto en zonas costeras como oceánicas, mientras que huevos y larvas de peces se concentraron en aguas más cálidas y de salinidad intermedia.

“Cada muestra de zooplancton nos revela un mundo interconectado. El sargazo no es un monstruo que llega del mar, es un ecosistema que sostiene vida”, señala Mario, participante en los cruceros de investigación.

Hacia un manejo sustentable

Las observaciones obtenidas están ampliando nuestro conocimiento sobre la estructura y función de estas comu -

nidades, pero también abren nuevas preguntas: ¿cómo varía la composición de la fauna asociada entre temporadas o regiones?, ¿de qué manera influyen las corrientes y la temperatura en la distribución de las especies?, ¿qué impactos podría tener la remoción masiva del sargazo sobre las cadenas tróficas oceánicas?

Responder a estas preguntas permitirá no solo comprender mejor este fenómeno natural, sino también proponer estrategias de manejo sustentable que equilibren la mitigación del impacto costero con la conservación de un ecosistema marino único. Sentar las bases para una relación armónica con el océano; una en la que el conocimiento científico guíe las decisiones sobre cómo convivir con el sargazo sin perder de vista que, antes que problema, es parte esencial de la vida marina.

c) d)
e)
f)

Debido a la vasta extensión territorial marina con la que cuenta nuestro país, en el año de 2014 el gobierno de México a través de la entonces Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), hoy la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) y el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), ahora Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), adquirió un buque de investigación con el objetivo de generar información científica útil y necesaria para el aprovechamiento de nuestros mares y sus recursos.

El objetivo principal de esta embarcación es conocer la distribución y abundancia de recursos pesqueros. Entre las avanzadas capacidades tecnológicas con las que cuenta este buque, se incluye una autonomía de 50 días, esto significa que el barco puede navegar por casi dos meses sin necesidad de tocar algún puerto para la carga de combustible, alimentos o agua dulce. En este sentido se desarrollan proyectos de investigación tanto en la zona económica exclusiva del Pacífico mexicano como en el Golfo de México y Mar Caribe, que implican la navegación del barco por periodos que oscilan en -

Entre datos y mareas: historias humanas de la investigación pesquera en México

tre 10 y 35 días, donde participan investigadores mexicanos, extranjeros y estudiantes originarios de distintas universidades del país. En el barco, el mar deja de ser únicamente un espacio físico de trabajo para convertirse en un entorno de transformación personal y profesional.

Las diversas e inacabables actividades durante el crucero...

Fotos: Leslie Altamirano López/ IMIPAS-DIPA

La adaptación al medio marino ocurre de forma casi automática: el cuerpo entra en un estado que denominamos “modo barco”, los ritmos circadianos se regulan y la rutina cambia drásticamente, puesto que a bordo del buque no existen sábados, domingos o días festivos; a los participantes a bordo se les asignan ta -

reas y actividades que deben desarrollar durante el periodo del crucero.

Con el paso de los días se viven experiencias que trascienden lo técnico, las decisiones operativas se toman bajo presión en un trabajo que se considera de alto riesgo, la gestión emocional en condiciones de aislamiento y las pérdidas personales enfrentadas en altamar constituyen aprendizajes profundos. El mar no se detiene ante el dolor o ante alguna actividad que dejamos pendiente en tierra, pero nos acompaña y es precisamente en ese acompañamiento donde se sigue

produce una transformación. La convivencia prolongada revela comportamientos humanos que difícilmente emergen en otro contexto, las personas muestran quiénes son y de qué están hechas.

Un mes en el mar puede equivaler a un año en tierra en términos de la intensidad de los aprendizajes. El conocimiento adquirido en un crucero supera ampliamente lo aprendido en aulas o libros, los cruceros son experiencias de profesionales que establecen un antes y un después en la formación profesional, pero también son experiencias de vida que nos impulsan a ser mejores cada día: en los cruceros se construyen vínculos, se fortalece la resiliencia y se cultiva una dimensión humana esencial para la investigación en altamar.

La vida a bordo: ciencia, vínculos y resistencia

El buque de investigación pesquera y oceanográfica Dr. Jorge Carranza Fraser es una plataforma científica equipada con laboratorios especializados en acústica, biología, oceanografía y pesca. Cada área opera con protocolos específicos:

€ En acústica se monitorean ecosondas, se procesan datos y se supervisa el desempeño general del crucero. Se evalúa el cumplimiento de metas y se ajustan actividades en caso de retrasos por condiciones climáticas u otros factores.

€ En biología, se identifican los organismos producto de las diversas maniobras de pesca, se realizan biometrías a la fauna de acompañamiento y especies de interés comercial, y se colectan muestras con fines diversos: genética, metales pesados, parásitos, reproducción, edad y crecimiento.

€ En oceanografía, se colectan huevos y larvas de peces, muestras de agua a diferentes profundidades con la roseta y botellas que toman muestras a diversas profundidades, muestras de zooplancton (organismos microscópicos que habitan en el mar), además de la colecta de parámetros como temperatura, salinidad u oxígeno.

€ En pesca, los científicos se encargan de todas las maniobras relacionadas para capturar ejemplares que nos permiten estudiarlos,

Las actividades de los científicos e investigadores a bordo
Fotos: Leslie Altamirano López/ IMIPAS-DIPA

desde una sardina, hasta un tiburón o un pez vela.

El trabajo se organiza en guardias, divididas entre turnos diurnos y nocturnos, puesto que el barco opera durante las 24 horas sin descanso. La rutina incluye horarios establecidos para alimentación, lavandería y descanso. Los desafíos son constantes: marejadas intensas, cansancio acumulado, espacio reducido. La presión técnica también es significativa, especialmente cuando se deben resolver problemas operativos en tiempo real, como fallas en equipos críticos o pérdida de instrumentos en el mar. La comunidad a bordo se construye en gestos cotidianos y rituales compartidos. Aunque algunas áreas mantienen estructuras rígidas, otras celebran con música, decoraciones temáticas y fotografías de equipo, pero siempre en un ambiente de trabajo sano.

La tripulación del buque que abarca desde marineros, cocineros, ingenieros y capitanes, quienes han dedicado su vida a trabajar en buques de diferentes características, se coordinan y trabajan en armonía con los científicos para garantizar el éxito de cada misión.

Su experiencia, disciplina y cuidado permiten que los científicos desarrollen sus tareas diariamente. La convivencia interdisciplinaria, aunque a veces marcada por tensiones, revela que cada integrante es un engrane fundamental en una maquinaria compleja pero eficiente. La ausencia de una sola persona puede detener el sistema. La vida a bordo nos enseña que hasta la más mínima acción es fundamental para un objetivo común.

Historias humanas detrás de los datos

La investigación científica en altamar no se limita a la recolección de datos. Cada crucero implica decisiones complejas, aprendizajes personales y momentos que revelan el lado humano del trabajo técnico. Colegas han atravesado situaciones difíciles, como la pérdida de un familiar durante la campaña, sin posibilidad de regresar de inmediato. El duelo se convierte en una experiencia compartida con el mar y la empatía del resto de los colegas para ayudar, en la medida de lo posible, a cada compañero con el que se comparte una pequesigue

ña parte de la vida durante los cruceros.

También se han enfrentado otras situaciones como el desembarco de personas en zonas remotas por razones médicas o maniobras nocturnas para recuperar equipos perdidos e incluso la asistencia a embarcaciones menores varadas en altamar: Ayudar es un deber, no una transacción.

Las emociones se viven con mayor intensidad a bordo, el equipo de trabajo se convierte en una familia temporal, con sus roces y afectos. El cansancio puede generar ten -

siones, pero también fortalece los vínculos.

Aunque en cada crucero cambian las personas que participan, los que tenemos la fortuna (o la desgracia) de estar a bordo una y otra vez, notamos un mismo patrón: el entusiasmo de los estudiantes, la vulnerabilidad ante lo desconocido, la necesidad de pertenecer y la emoción por lo que nos depara el mar: podrían ser delfines, ballenas, tortugas, atardeceres tipo postal, una luna llena que abarca gran parte del horizonte, entre otras grandes maravillas de la naturaleza.

Fotos: archivo IMIPAS
Foto: Leslie Altamirano López/IMIPAS-DIPA

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