La Jornada Ecológica

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Wirikuta: cunaderesistenciacomunitaria yenterezaespiritual e co l og l ca

Directora general: Carmen Lira Saade
Payán Velver
Iván Restrepo
Laura Angulo

Presentación

Podría resumirse la gran epopeya mediante la cual se ilumina nuestro mundo como el bordado paciente, la germinación de una semilla que hace brotar la flor de la palabra, que nombra y sostiene la vida multiplicando su virtud.

La Jornada Ecológica abre sus puertas a este puñado de textos como una contribución para ayudar a entender la importancia de este territorio ante los desafíos que la acechan. La historiadora Regina Lira presenta, de diversas fuentes, fragmentos de los sabios maraacate, que nos recuerdan la creación cósmica como un acuerdo vibracional que es energía de canto. Nacemos de y somos una frecuencia vibracional musical que se renueva incesantemente. El agua es la esencia vital de la tierra y desde el océano brota una serpiente de vida que ilumina el mundo en Wirikuta. Así lo explica el doctor Tunuary Chávez en su artículo en el cual se denuncia el agravio de agroextractivismo a los acuíferos que fundamentan este altar sagrado.

Los fragmentos de las revelaciones al marakame Eusebio de la Cruz en la ceremonia de 2012 y del Pronunciamiento de la Ceremonia de Renovación del Mundo en 2022 nos ayudan a comprender la vocación de este territorio y la necesidad de dialogar reconociéndolo como sujeto de derecho.

La palabra de los campesinos surge contundente en una breve muestra de doña Mary, de Las Margaritas, que se niega a la privatización de sus tierras. En dos artículos, el ejidatario Eduardo Guzmán propone la defensa del peyote, flor sagra -

da, y sacarlo del calabozo que lo considera droga, elevándolo a tesoro botánico patrimonial de México, y presenta la espiritualidad wixárika, el amor a la tierra de los campesinos locales, los individuos y colectivos de la sociedad civil y algunas instituciones federales como los ejes fundamentales en sincronía que abren la confianza para reverdecer este territorio sagrado del semidesierto como encomienda y propósito mínimo para honrar este tesoro biocultural de la humanidad así reconocido recientemente por la UNESCO.

Paisajes imponentes de la región sagrada de Wirikuta

Las fotos en portada y en esta página son de Iván Alechine

Iván Alechine, fotógrafo

Iván Alechine (1952) vive en París y es un reconocido fotografo, poeta, ensayista, grabador y novelista. Desde hace medio siglo, visita México donde ha convivido especialmente con el pueblo huichol, con el que lleva una admirable relación de respeto y conocimiento. También es asiduo visitante de las comunidades que habitan los Chimalapas, en Oaxaca. Varios son los libros que reúnen su trabajo fotográfico y sus colaboraciones con Francisco Toledo. Igualmente con su padre, el pintor Pierre Alechinsky. El Museo de Arte Moderno de París adquirió recientemente ocho fotografías relacionadas con México. Cinco de ellas se exhiben allí actualmente.

Agradecemos a Iván Alechine el enviarnos varias fotografías sobre la comunidad huichol y su territorio ancestral para ilustrar este suplemento.

L a Flor de la Conciencia nos convoca... Este desierto es un jardín rebelde. Fue un océano y es un jardín silvestre. Fue llanuras y pastizales con megafauna y es un jardín inmenso. El jardín de la conciencia universal es un semidesierto con la huella de la ‘hacienda’, modelo productivo que en mancuerna con la minería afianzaron la cultura campesina, desplazando

hasta su desaparición a las poblaciones nómadas y modificando significativamente su paisaje, pero sigue siendo en pleno siglo XXI el escenario vibrante, impactado –tasajeado considerablemente por una modernidad delirante que en su expansión/extinción no deja de patalear su relato de dominio–, y, sin embargo, no deja de ser ese gran altar donde aconteció y acon -

E spiritualidad y resistencia comunitaria en el desierto sagrado

Una muestra de los ritos que se celebran en el desierto

Foto: Iván Alechine

tece, gracias a la asombrosa persistencia de una noción existencial donde sacro y profano complementan armónicamente una vocación devocional en el pueblo wixárika, la epopeya cíclica renovadora de la iluminación del mundo que gira en ascenso naciente al mismo tiempo que desmoronado se derrumba un modelo insostenible de mundo viejo.

El que cae, mundo atascado de certezas y absolutismos, pretende arrastrar sin embargo lo que no alcanza o no puede entender o le produce pavor por su grado de simpleza y natural majestuosidad. Porque al gran altar de Wirikuta, en el desierto chihuahuense, quizá el más antiguo en México y probablemente el que con mayor vigencia sirve como

fuente matriz que enciende y conecta en unidad la conciencia humanidad, le llaman templo, altar, lugar sagrado, universidad incluso, biblioteca sagrada o libro corazón y es un gran acuerdo de naturaleza agreste que levanta remolinos altos de tierra como palabra, y vibra como casa de conocimiento natural, fundamento de pueblos, tesoro biocultural de la humanidad y muy entendido y dispuesto en el diálogo con las serpientes de peregrinos para facilitar el tiempo fértil en la danza anual del planeta, para sanar y ordenar el camino directo

del despertar espiritual en el linaje de los pueblos.

Sin embargo, esa matriz de vida es vulnerable a las retroexcavadoras, perforadoras, torres de energía eólica, bonos cuantiosos de química para sostener la dependencia que nubla la memoria y borra radicalmente los paisajes trasformándolos en productividad efímera altamente erosionante.

El altar de Wirikuta, oficialmente reconocido como una área natural protegida por el gobierno de San Luis Potosí con un polígono de 140 mil hectáreas, corre la suerte de

Don Tereso Rocha y el fundamento campesino

Foto: Mauricio Garduño

otras reservas ecológicas de rango estatal o federal. Pueden contar con Plan de Manejo, ser depositarias de ciertas suertes presupuestales y atraer campañas que mejoren su perfil turístico. Pero si aparece el interés extractivista, por ejemplo de una empresa minera, se diluye cualquier retórica conservacionista. En todo México se tienen lamentables ejemplos de jugosos proyectos muy destructivos de la ecología, plenamente instalados en el corazón de reservas de la biosfera que por ser federales tendrían que ser las mejor cuidadas.

Wirikuta ha padecido el doble discurso de ostentar el membrete de reserva al mismo tiempo que los programas oficiales han promovido la expansión de una industria agroextractivista que arrasa radicalmente el paisaje, empobrece los suelos y agota aceleradamente los acuíferos. Si el rango que implica una noción de protección ecológica obliga al gobierno como guardián, hay un acertijo difícil si el mismo gobierno está empeñado en subir los índices de productividad a costa de lo que sea. Una dependencia presume la importantísima área biocultural protegida y otra quizá con más presupuesto hace lucir al estado de San Luis Potosí como uno de los principales productores de jitomate y de huevo del país, a costa de haber borrado una buena parte del paisaje dentro del polígono reconocido. Sin embargo, no podemos olvidar que los distintos reconocimientos pueden ser instrumentos valiosos y son resultantes de la gestión y la movilización del pueblo wixárika, de los campesinos locales y de la sociedad civil. Desde el primer convenio que hubo entre los wixaritari y las autoridades de los distintos ejidos por donde pasa la ruta a Wirikuta, desde los manantiales de Yoliatl, en el municipio de Villa de Ramos, hasta el Cerro del Quemado, en el municipio de Catorce (1989); pasando por los decretos estatales de 1994 y de 2001, el decreto presidencial de López Obrador en 2022, hasta el reciente, en julio de 2025, como patrimonio biocultural de la humanidad por la UNESCO, todos han tenido un trasfondo de resistencia comunitaria

y entereza espiritual que rechaza como vía inevitable la del desarrollo ecocida.

Es histórico y gran ejemplo el proceso entre 2010 y 2013 para detener la viruela de concesiones mineras que permitió el gobierno de Felipe Calderón durante su sexenio. Más de 78 concesiones en la sierra de Catorce y en el bajío con la First Majestic Silver por delante amenazado en lo alto de la sierra. La singularidad de la defensa consistió en mantener como punta de la flecha la espiritualidad wixárika. Una red diversa de sociedad civil coordinada con autoridades tradicionales wixaritari y como fundamento y guía el canto de los sabios maraacate o chamanes en diálogo profundo con la naturaleza.

La ceremonia del Peritaje Tradicional en febrero de 2012, así llamada por ser los cantadores los peritos que consultaron el parecer de la Naturaleza como sujeto de derecho, como conjunto de personas sagradas espirituales con corazón y palabra propia, es el ejercicio que demuestra la vocación sagrada del territorio de Wirikuta como fuente de abundancia, como llave sagrada que abre los permisos para la fertilidad. Los rezos de esta ceremonia tuvieron efectos contundentes al romper con una de las peores sequías en más de medio siglo y al conseguir el amparo que detuvo desde 2012 el emprendimiento minero en el polígono de la reserva.

Un poco excedidos en el sentimiento de victoria al detener temporalmente a los consorcios mineros en un juicio aún no resuelto, se permitió el crecimiento en el bajío de los cultivos industriales de

jitomate, chiles, plantas eólicas, y dos naves inmensas avícolas y porcícolas con amenaza de expandirse más.

Se trata no de inversiones exclusivamente privadas. Son coinversiones en las que orgullosamente aporta un porcentaje considerable el Estado. Y la estrategia elegida es quebrar la condición de propiedad colectiva de las tierras de uso común de los ejidos, a través, nada menos que de la Procuraduría Agraria; es decir, la instancia creada con la misión de proteger los núcleos agrarios desplegó en el municipio de Catorce a sus visitadores agrarios como facilitadores mediante métodos fraudulentos de la parcelación de las tierras de uso común.

El pequeño ejido de Las Margaritas, de 5 mil 700 hectáreas, crucial como lugar de arribo de todos los peregrinos del pueblo wixárika, ha sido desde 2022 el escenario de una disputa por la tierra. La mayoría de ejidatarios

Proceso de desalambrado dentro del acuerdo intercultural para evitar la parcelación en Margaritas

Foto: Sincronía Wirikuta

opuestos a la parcelación que la residencia en Matehuala de la Procuraduría Agraria (PA) daba por hecho con documentos falsificados, se coordinó con autoridades del Consejo Regional por la Defensa de Wirikuta (CRW) y lograron que la oficinas centrales de la PA intervinieran directamente destituyendo a la titular de la residencia Matehuala y apoyando la determinación mayoritaria que coincide con los dictámenes forestales avalados por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la propia PA que determinan, apegándose al Artículo 59 de la Ley Agraria, que la densidad de bosque que hay en las Margaritas hacen inviable la parcelación de las tierras de uso común. No es suficiente. Aunque la ley lo asienta con claridad, hay intereses poderosos pujando por convertir este paraíso de semidesierto en un gran corredor industrial. El solo decreto presidencial o el reco -

nocimiento de la UNESCO no resuelven, podrían ser incluso caballos de troya que confundan, haciendo creer que ya están resguardados los tesoros bioculturales.

La clave es mantener fresca la atención, el diálogo de la espiritualidad profunda que dialoga con la naturaleza y la organización comunitaria abierta a propuestas renovadoras que se capacitan en la vía de cuidar la naturaleza con un enfoque que garantice bienestar o mejor aún buen vivir.

Es de agradecer la existencia de servidores públicos en instancias clave del gobierno federal aplicando la ley. Sabemos que el Estado no es un monolito. Dentro se dirimen posturas opuestas. Solo conformando una sincronía que tenga suficiente base social, que haya claridad y compromiso pueden garantizar el cuidado de esta hermosa biblioteca, esta flor de la conciencia que ahora nos convoca.

E

l lenguaje poético de las artes verbales wixaritari

El lenguaje poético de las artes verbales wixaritari se despliega a través de fragmentos que hacen retoñar imágenes de un mundo en potencia, de la memoria-corazón de un mundo posible. Traducir el lenguaje de los cantos, de lo oculto que devela, de su potencia transformadora es un trabajo continuo, permanente...

Los siguientes extractos han sido trabajados de manera colaborativa por canta -

dores, intérpretes, lingüistas, viajeros, antropólogos y personas de muy diversas raíces y orígenes que se han dejado afectar por el lenguaje de lo posible, pues solo en la traducción entre mundos, nos podemos acercar al lenguaje que es memoria ancestral y es también un mundo futuro. En los kawitu (o lo se han llamado “mitos”) que relatan los primeros pasos que dieron forma al mundo, de la creación del fuego que bro -

tó de entre las rocas, con sus flechas, su pulsera, sus guaraches y un bastón emplumado del que emanó una luz brillante que fue y es un Abuelo (según un mito documentado por el alemán Konrad Preuss en 1905)1.

También de los nenewieri que con la palabra recorren las moradas de Nuestras Madres y Nuestros Ancestros, hacia el sur, el norte, el poniente, el oriente y el centro. De las canciones que se com -

ponen en los peregrinajes o de los cantos ceremoniales que orientan los actos colectivos en las fiestas y las danzas durante el curso del crecimiento del maíz, entre las lluvias y las secas, también llamados wawi, cuya fuerza rebasa el sentido de la palabra, sino que se despliega en su vibración. Así es como se me ha expresado: el despliegue de la vibración de la palabra, pues se canta para que la palabra-flor despierta, se

Foto: Iván Alechine

abra y retoñe. Así lo expresaba el cantador Dionisio de la Rosa, de Tuapaurie, hacia el año 2007:

Nuestras plumas así desplegaron la vibración de la palabra Así ya se desplegó la vibración de la palabra

A su derecha se desplegó la vibración de la palabra

A su izquierda se desplegó la vibración de la palabra

La palabra-flor que se despierta, preexiste al canto. Como plumas multicolores de halcón, urracas, pericos, guacamayas y águilas que retoñan, como sonidos de cuerdas de violín y de guitarra y de voces entrelazadas que reverberan, la palabra-flor que brota, transforman a quienes

la emiten colectivamente y al mundo en que se despliega. Su escritura se plasma través de una “máquina de flores”, como se expresa en esta canción documentada por los lingüistas Julio Xitákame de la Cruz, Gabriel Pacheco y José Luis Iturrioz, hacia el año 2000:

En Wirikuta, en Wirikuta se escribe, la tinta hace letras de flores que salen en abundancia, que en abundancia salen. 2

Y en su recorrido hacia los cuatro rumbos, la palabra-flor activa la comunicación con Nuestras Madres manantiales, ríos, lluvias, maíz, y con Nuestros Ancestros venado, jaguar, sol y fuego. En este recorrido, la palabra enlaza al mundo, lo

hace uno, aunque el tejido sea de nuevo deshilado en montañas, nubes, ríos, piedras. Del verbo hilar, -wiya, se hila el tiempo, con el tejido fino de las lluvias, que hacen mundo y sentido de pertenencia, como lo ha propuesto el lin -

“Cuando termine este canto, cuando ya no quede más que el recuerdo de lo que se dijo, tengan presente que las cruces y las ofrendas, deberán estar siempre unidas y encaminadas hacia un mismo camino, hacia el camino de las deidades”

Foto: Sincronía Wirikuta

güista José Grimes. Hilar con la palabra y de hacer memoria-corazón es un arte legado por la Abuela Takutsi, según lo

documentó la antropóloga estadounidense Stacy Schaeffer de una mujer tejedora de Tateikié en los años 90:

Takutsi puso todos sus pensamientos y todo su conocimiento en la rueca. Hilar es como acordarse de lo que pasó antes, de la historia y del costumbre. En la rueca, todo su conocimiento gira alrededor del mundo. Cuando Takutsi hila, hila sus pensamientos para hacer dibujos para la gente, para que podamos vivir, para que podamos tener la vida. (...) La rueca hace que el mundo gire y que podamos hacer platos y cosas en cerá mica. La rueca es el mundo que gira. La rueca es como el rayo que hace la lluvia. Takutsi hizo la rueca, y cuando hilamos, es como dar la vida. 3

Hilar es dar la vida, tukari, y mientras se hila, se hace el mundo al caminarlo. Pero el camino no es fácil. “No se preocupen mis madres y mis ancestros” es un verso que recorre los cantos, como también se reitera en que “Uno, no puede solo”, sino con la fuerza del colectivo familiar.

A los niños también se les prepara, se les enseña sobre los peligros que este caminar del costumbre, yeiyari, les implica.Como se dice en el canto de los primeros frutos de la voz de Ramón Medina, documentado por Marina Anguiano y Peter Furst en 1971:

Quién sabe si vamos a llegar o no, porque el viaje a esa región es peligroso. Hay que volar sobre el viento ligeros como el aire volar como pájaros.4

Como palabra que es un manojo de plumas, que es el reflejo multicolor que emerge del espejo-nierika como un hermano mayor Venado

Azul, y que asciende, según una canción documentada por el antropólogo italiano Marino Benzi en el año de 1972:

Como una nube, nuestro hermano mayor venado azul se eleva descendió en rocío descendió en lluvia los campos de maíz nacieron los campos de maíz brotaron allá en Wirikuta, allá en Wirikuta la flor nació, la flor brotó allá en Wirikuta, allá en Wirikuta

Allá a donde vamos allá donde pase el camino el camino de la vida allá en Wirikuta, allá en Wirikuta5

El canto es en sí un hilado de textos que se remiten a pasajes de los mitos, de oraciones, de enseñanzas, de consejos, de dudas sobre la muerte,

la esperanza, según lo escribió Ramón Mata Torres en colaboración con José Moreno de Tateikie en 1974 de un canto de los primeros frutos:

Cuando termine este canto, cuando ya no quede más que el recuerdo de lo que se dijo, tengan presente que las cruces y las ofrendas, deberán estar siempre unidas y encaminadas hacia un mismo camino, hacia el camino de las deidades.

Se plasma también la incertidumbre de los que seguirán el caminar del costumbre:

Caminemos en pos de los dioses y volvamos con más enseñanzas

Para los que nos van a seguir después de que nosotros nos vayamos Retoñemos como retoña la planta de los dioses.

La búsqueda de unidad es, como yo lo he entendido, la búsqueda de crear un mundo común en el que se quepan

las diferencias. El antropólogo francés Denis Lemaistre lo retoma de una canción de Jacinto de Tateikie...

Al espíritu del venado, del fuego

En el lugar de los mensajes,

A nuestra fuerza vital

A todo eso queremos unirnos

Así, unidos a nuestra cruz

Así, unidos a nuestra vida

Allá donde circula nuestra fuerza vital

Nos liberaremos

Es lo que queremos.

La poética wixárika, es una ventana al pensamiento “antiguo y moderno”, como lo expresa Ramón López de la Torre de Tuapurie en Respeto a la Naturaleza. Legado de los antepasados wixárika:

El agua que circula por los ríos y arroyos de nuestro territorio no es sólo agua, es también la sangre de nuestros ancestros. Cada planta brillante qué están naciendo, cada grano de arena de las playas, cada gota de los ríos y los arroyos; el rocío en la sombra de los bosques; cada colina y hasta el sonido de los insectos son cosas sagradas. Nuestras tierras no están en venta. (...) Los seres humanos debemos res-

Referencias

1 (Preuss, Acerca... 1905).

petar a los animales y tratarlos como hermanos, como algo sagrado. Si todos los animales fueran exterminados, el hombre también perecería en una enorme soledad espiritual: el destino de los animales es el mismo que el de los hombres. Debemos enseñarles a nuestros hijos que el suelo que pisamos contiene las cenizas de nuestros ancestros, que en la Tierra se enriquece con la vida de nuestros semejantes y que debe ser respetada. Debemos enseñarles que todo existe para convivir en armonía y que lo que padezca la Tierra, lo padeceremos nosotros y nuestras nuevas generaciones.

2 (p.162-163, ed. Iturrioz y De la Cruz, no sabemos el autor).

3 (Stacy Schaeffer, 2003, p.145).

4 Como lo documentaron Marina Anguiano y Peter Furst en un canto de Tatei neixa de la voz de Ramón Medina en 1971, el camino se hace una y otra vez.

5 Marino Benzi, 1972, registrado de un hombre originario de San Sebastián, no hace diferencia entre canto y canción (extracto traducido del francés).

Foto: Iván Alechine

EDr. Tunuari Roberto Chávez González

E l deterioro progresivo del acuífero Vanegas-Catorce, evidenciado por evaluaciones hidrogeológicas y análisis satelitales sistemáticos, confirma que este ecosistema subterráneo atraviesa un proceso acelerado de sobreexplotación, abatimiento y salinización que amenaza la continuidad ecológica del desierto

chihuahuense y las prácticas culturales, espirituales y agrícolas en Wirikuta. De acuerdo con la actualización oficial de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el acuífero presenta un déficit anual de 7.9 millones de m 2 y una recarga natural muy limitada, acompañada de una intrusión creciente de aguas fósiles mi -

Autoridades agrarias wixaritari en la defensa de Wirikuta

Foto: Sincronía Wirikuta

l acuífero VanegasCatorce: sujeto de derecho con todos los fundamentos

neralizadas cuya extracción incrementa la conductividad eléctrica del agua y acelera procesos de degradación de suelos (Conagua, 2024).

El artículo técnico-divulgativo “Cuando la noche vuelve al desierto: el camino al colapso hidrológico en Wirikuta”, publicado en Verde Bandera, profundiza en esta

tendencia mediante la comparación multianual de índices espectrales (DWSI y NDSaI) de imágenes Landsat 8, mostrando una pérdida sistemática de humedad superficial y un incremento en la salinidad del suelo, especialmente en la sierra de Catorce, zona clave de recarga para el sistema acuífero. (Silván Cárdenas

y Chávez González, 2025). Estos patrones son coincidentes con la literatura internacional que documenta el colapso hidrológico de acuíferos áridos sometidos a presiones extractivas prolongadas, donde el abatimiento piezométrico provoca estados de degradación irreversible en escalas humanas (Scanlon, Healy y Cook, 2006; Markovich et al., 2019).

Sin embargo, la amenaza que enfrenta el acuífero trasciende la dimensión físico-química. En el altiplano potosino, el agua sostiene una estructura de vida donde lo agrícola, lo ritual, lo comunitario y lo ancestral se encuentran profundamente entrelazados. Las comunidades campesinas –muchas de ellas descendientes de los antiguos pueblos huachichiles (Valdés, 2015)–mantienen un repertorio ritual ligado a los ciclos del agua y del temporal que constituye un patrimonio vivo de enorme

relevancia cultural. Entre estas prácticas destaca la fiesta de San Isidro Labrador, celebrada alrededor del 15 de mayo, que marca el inicio del ciclo agrícola y durante la cual se bendicen semillas, se procesionan imágenes religiosas por los campos y se realizan plegarias colectivas para solicitar lluvias oportunas. En numerosas localidades del altiplano, esta fiesta incluye danzas rituales de “petición de agua” ejecutadas por cuadrillas de danzantes vinculadas históricamente con las antiguas cofradías agrícolas, cuyos movimientos representan el llamado a las nubes y la invocación a los vientos húmedos.

Complementando este ciclo ceremonial están las danzas de agradecimiento por la lluvia, realizadas después de las primeras tormentas de verano, y la fiesta de las espigas, asociada al cuidado espiritual de la milpa y al agradecimiento por la cosecha. Estas prác-

Cientos de wixaritari y representantes de diversidad de tribus ancestrales, caminaron de la sierra madre occidental hacia Wirikuta, uno de los sitios más sagrados en el mundo; precisamente al cerro del Quemado, casa de la divinidad que resguarda esta cultura ancestral, donde realizaron la Ceremonia de Renovacion del Mundo

Foto: Sincronía Wirikuta

ticas están documentadas en diversos estudios de antropología rural del Bajío y el Altiplano que muestran cómo las comunidades mantienen una relación simbólica con el agua como entidad animada que responde, protege o se ofende según el equilibrio comunitario y ambiental (Arellano Hernández, 2002; Martínez y Sánchez, 2018).

En varias localidades del altiplano potosino persisten también rituales en pozos, ojos de agua y norias donde los campesinos ofrendan flores, velas o espigas para “despertar” el agua al inicio del ciclo agrícola o para “calmarla” cuando perciben señales de sequía o abatimiento. Esta regresión a lo simbólico reproducido desde las tradiciones rurales del norte de México muestra cómo el agua es reconocida no solo como recurso, sino como agente relacional (Galinier, 1990; López García, 2014).

En esta perspectiva campesina del desierto, el agua no es recurso exclusivo, sino vínculo relacional cuya disponibilidad expresa el equilibrio entre la comunidad, la tierra y el cielo. Esa ontología agrícola coincide, en un plano más profundo, con la visión espiritual wixárika, para quienes los manantiales de Wirikuta constituyen portales vivientes que comunican los diferentes niveles del cosmos, y donde el agua encarna palabra, voluntad y memoria ancestral (Neurath, 2013; Liffman, 2011). Aunque cada tradición comunitaria tiene su propio sistema ritual, ambas comparten la comprensión de que la vida agrícola y espiritual depende del respeto a los ciclos hidrológicos. Por ello, la degradación del acuífero no solo afecta la disponibilidad física del agua, sino que interrumpe procesos rituales que sostienen el tejido comunitario y han permitido la perma -

nencia cultural en un territorio árido durante siglos. En este sentido, el colapso del acuífero Vanegas-Catorce representa también una amenaza a los derechos culturales y espirituales de estas comunidades. El derecho internacional, incluyendo el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), reconoce que los pueblos tienen derecho a mantener sus prácticas espirituales y ceremoniales vinculadas a sus territorios y recursos naturales. Estas normas cobran efectos a pueblos indígenas, para este caso, aplicable a los derechos relacionados con el pueblo wixárika; sin embargo, su espíritu es coherente también con la protección de comunidades rurales con arraigos territoriales profundos cuya identidad depende de sistemas ecológicos específicos, como ocurre en el altiplano potosino. El derecho mexicano, aunque reconoce el derecho humano al agua en el Artículo 4° constitucional, no cuenta aún con mecanismos suficientes para proteger ecosistemas cuya degradación compromete la continuidad cultural de pueblos o comunidades. La Ley de Aguas Nacionales, que prohíbe otorgar nuevas concesiones en acuíferos sobreexplotados, no ha logrado frenar el deterioro del sistema ni la perforación irregular de pozos, incluso dentro del área natural protegida de Wirikuta. Esta insuficiencia revela la necesidad de un marco jurídico que reconozca la naturaleza como sujeto de derecho, capaz de defender su integridad mediante acciones legales autónomas.

El deterioro del acuífero no es solo un fenómeno ambiental, sino la ruptura de un sistema cultural de larga duración. En un territorio donde campesinos y peregrinos han pedido la lluvia, bendecido las semillas, agradecido las cosechas y ofrendado a los manantiales durante siglos.

Los precedentes latinoamericanos –como la Constitución de Ecuador (2008), la Ley de la Madre Tierra de Bolivia (2010), o las sentencias colombianas sobre el río Atrato (T-622/2016) y la Amazonía (STC-4360/2018)– muestran que el reconocimiento jurídico de ecosistemas es una herramienta viable y eficaz para activar deberes estatales de restauración ecológica y vigilancia intergeneracional. En México, casos como los cenotes de Yucatán o el río Atoyac demuestran que es posible avanzar en esta dirección desde la judicatura federal. Reconocer al acuífero Vanegas-Catorce como sujeto de derecho permitiría articular un modelo de protección que integre conocimientos hidrológicos, cosmovisiones indígenas y agriculturas rituales del desierto.

El deterioro del acuífero no es solo un fenómeno ambiental, sino la ruptura de un sistema cultural de larga duración. En un territorio donde campesinos y peregrinos han pedido la lluvia, bendecido las semillas, agradecido las cosechas y ofrendado a los manantiales durante siglos, la pérdida del agua equivale a la pérdida de un orden simbólico y agrícola entero. Por ello, la transición hacia un modelo ecocéntrico no es únicamente un imperativo ecológico sino una forma de justicia cultural. Reconocer jurídicamente al acuífero como sujeto de derecho significa garantizar la continuidad de las prácticas rituales que sostienen la vida en el altiplano potosino y respetar las múltiples formas en que estas comunidades han definido, cuidado y celebrado el agua como entidad viva.

Bibliografía

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Pronunciamientos en la ceremonia de renovación del mundo en 2022

Wirikuta es la flor de la conciencia universal de la vida. Es una matriz donde brotan los acuerdos que renuevan el espíritu de todo lo creado. Wirikuta es una biblioteca repleta de libros que contienen las canciones del origen del mundo, los libros medicinales que sanan el co -

razón y fortalecen el lazo que nos borda como flores en una gran serpiente río de luz que no tiene ni principio ni final.

Wirikuta es la cabeza iluminada llena de plumas brillantes de águila real que nació como serpiente en el mar y que fue sembrando fertilidad en cada huella con el canto ve -

nado de un hermano mayor que vive y habla en lo amargo de las flores azules que aquí nacen en este preciso jardín altar de nuestro pueblo y baluarte de la humanidad sin fronteras.

De un templo al cielo abierto, ecosistema y riqueza biocultural donde tienen su

asiento todas las deidades, estamos hablando.

Aquí transcribimos fragmentos del pronunciamiento ceremonia de renovación del mundo, cerro del Quemado, 18 de marzo de 2022.

“...lanzamos como flecha azul este pronunciamiento a los cuatro rumbos, a todos los

Foto: Iván Alechine

pueblos del mundo. Y lo hacemos cultivando el tejido con los habitantes locales del altiplano Wirikuta, respetando su vida y levantando juntos la misma palabra que pide amar la tierra que nos sustenta.

“Nuestros sabios cantadores saben que aquí se produce la abundancia. Esa es la vocación de Wirikuta. Tenemos una riqueza de conocimientos locales de los campesinos del altiplano Wirikuta y ofrecemos

nuestra participación espiritual y convocamos a los científicos de todas las disciplinas para levantar un gran Acuerdo de Vida en Wirikuta donde se teja la maravilla del buen vivir.

“Pedimos que los distintos niveles de gobierno sepan nuestra tradición pacífica. No estamos pronunciándonos contra nadie. No tenemos enemigos. (...) Escuchen: ni los negocios mineros, ni las tomateras, ni las granjas avícolas ni

los parque eólicos caben aquí porque necesitan desmontar el paisaje sagrado y agotar sus acuíferos.

“El canto de nuestros chamanes pide que nos abran la oportunidad para renovar nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza. Ese es un principio para detener tanta enfermedad y guerra.

“... nosotros seguiremos cumpliendo nuestro acuerdo con los campesinos de Cator-

ce de llamar la lluvia para sus milpas y sus animales y para todos los habitantes que le dan rostro a Wirikuta.

“... mantener sano este altar es asunto de Estado.

“... Somos el pueblo wixárika. Venimos de muy lejos con semilla de vida. Agradecemos y tenemos confianza. Renovación del mundo en todos los territorios del planeta. Una nueva humanidad que abreve en el río de los ancestros.

Foto: Iván Alechine

T estimonios wixaritari de viva voz

✾ A Palabras de Doña María de los Ángeles Ortiz

“No conviene vender, porque para nosotros la tierra es un tesoro grande que nos han dejado nuestros ancestros, nuestros abuelos, nuestros papás. Por eso no queremos cambiar el amor que nos tenían, el amor con el que tanto trabajaron como para dejar por dinero. Y si la tierra se vende sería para nosotros muy difícil (…) No me gustaría que entrara una tomatera, una minera porque se acabaría la vegetación; la vida, más que nada.” “Que siga la vegetación, que no se venda todo. ¿Por qué? porque a mí me daría mucho gusto ver a uno de mis nietos, de tantos que tengo, o uno de mis hijos, andar en el campo, cabalgando en caballo, sintiendo la belleza, la brisa de la vegetación”.

Comunidad de Las Margaritas, julio, 2025, municipio Catorce, San Luis Potosí.

✾ B. Palabras de Eusebio De la Cruz

“Nos advierten que tengamos mucho cuidado de no hacer algo indebido contra los lugares sagrados, los cuales son el núcleo de nuestra madre tierra y en ellos se encuentran las deidades preparándose para un renacer, el florecimiento de un nuevo mundo celestial. Las deidades nos dan mensajes e indicaciones atmosféricas para que nosotros los humanos detectemos la inquietud de nuestro panes y estemos apercibidos.”

“En el canto floreció la palabra de que no hagas ningún cambio de sus altares espirituales, de los cuatro puntos cardinales, ni de los lugares sagrados, tampoco ningún cambio en los centros ceremoniales.

Las deidades nos piden de igual manera que busquemos qué fue lo que los hizo germinar en esta vida, que busquemos con qué se fortalecieron y les fue posible evolucionar. Nos piden que nosotros seamos los parteros de nuestras deidades ancestrales, y nos siguen advirtiendo que nada cambie, que nada se cruce en el camino de su nacimiento, que tengamos el espíritu limpio, que no tengamos miedo, que mantengamos el equilibrio de nuestro ser para poder recibir el nacimiento del nuevo universo celestial, de las deidades, que evitemos el miedo porque si no todo resultaría en todo contrario y atraeríamos enfermedades espirituales de cuerpo y alma.

Ceremonia del Peritaje Tradicional, 6-7 de febrero de 2012, Cerro del Quemado, municipio Catorce, San Luis Potosí.

Doña Mari Foto: Mauricio Garduño

E l Gran Espíritu borda nuestras vidas de maneras que, en primera instancia, no comprendemos. Con el tiempo, logramos descifrar lo que parece un mandato divino, un destino propio o común. Mi nombre es Sautemai; soy biólogo y estudiante de maestría en biología integrativa en el Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana. A media hora de mi hogar, en Jalcomulco, Veracruz, ya es posible encontrar venados en la selva baja; sin embargo, elegí recorrer más de 35 mil kilómetros entre Veracruz, Wirikuta y la Sierra Madre Occidental durante dos años para desarrollar el proyecto de monitoreo que sustenta mi investigación de maestría del cual se desprende el presente análisis. El venado cola blanca (Odocoileus virginianus) posee la distribución geográfica más amplia entre los ungulados de México (Hall, 1981). De las 38 subespecies reconocidas, 14 se encuentran en el país, reflejando una notable diversidad adaptativa a ecosistemas que van desde bosques templados a selvas, zonas áridas y semiáridas (Mandujano et al., 2010). En particular, la subespecie Odocoileus v. miquihuanensis, adquiere especial relevancia cultural, ecológica, económica y política dentro de la Reserva Ecológica y Cultural de Wirikuta. Sin embargo, sus poblaciones han sido afectadas negativamente por distintos factores antrópicos (Agraz, 2019).

A partir de julio de 2024 se instalaron diez cámaras de fototrampeo en el ejido Las Margaritas, municipio de Catorce, San Luis Potosí, que permanecen activas hasta la fecha.

Paralelamente, se realizaron entrevistas a pobladores del altiplano y a miembros del pueblo wixárika con el fin de documentar información sobre la presencia y los hábitos del venado cola blanca. Esta investigación busca resaltar su importancia ecológica, su relación con los habitantes del territorio y su dimensión espiritual para los wixaritari.

Los testimonios locales señalan factores que han contribuido al declive de la especie: cacería furtiva perpetrada por locales y fuereños, instalación de cercas en todo el territorio para la delimitación de milpas y zonas de pastoreo, así como el uso de chamuscadoras –sopletes activados con combustible usados para quemar espinas de nopales dados como alimento al ganado– y el desplazamiento de los animales de pastoreo se encuentran entre los principales factores.

Adicionalmente, en la última década los efectos del cambio climático, el cambio de uso de suelo por la instalación de la agroindustria exportadora de tomate, pimientos y granjas industriales avícolas han comprometido la regeneración de la vegetación en general. Estos factores han fragmentado el hábitat y reducido la capacidad de carga y resiliencia del ecosistema.

El venado como ser sagrado

La centralidad simbólica del venado en Wirikuta se inscribe dentro de un patrón más amplio del pensamiento mesoamericano, en el cual ciertos animales fungían como ejes articuladores del paisaje sagrado. En diversas culturas prehispánicas, la geografía (montañas, cuevas, manantia -

Venado cola blanca, vital para la cosmogonía de Wirikuta

les y llanuras) estaba organizada como un axis mundi que conectaba el inframundo, el plano terrestre y el mundo celeste (Chávez Gómez, 2012). Para los wixaritari, el venado cola blanca es un elemento central de su cosmovisión. El relato mítico y el ritual destacan la asociación entre el maíz, el venado y el peyote. Desde una perspectiva chamánica, el venado está emparentado con ellos y forma parte de la red de reciprocidades mediante los cuales se pide y agradece por la vida. Antes no había fuego, sol, luna o personas. Todo estaba en tinieblas hasta que Tateiyurienaka (la Madre Tierra) logró finalmente alzar al Padre Sol. Sin embargo, el Sol no sabía subir al cielo. En la sierra de Catorce, se encuentra la montaña sagrada llamada Reu’unax i o Cerro Quemado, donde culminó la peregrinación primigenia de los dioses que emergieron del mar de occidente y se dispersaron convirtiéndose en los guardianes del mundo y el camino, en la naturaleza. Hasta llegar a ese lugar, donde de la cornamenta de Kauyumari, el Venado Azul, nuestro Sol saltó al cielo para iluminar a toda la creación y dar inicio al mundo tal y como lo conocemos. La correlación entre el ciclo agrícola con los ciclos ecológicos y fisiológicos del venado es uno de los elementos más notables. Para los mayas, la caída de su cornamenta simboliza la preparación de la tierra para sembrar, el inicio de la renovación de dicha cadencia. Entre los wixaritari, este paralelismo se expresa de forma similar: cuando la cornamenta comienza a crecer, se activa la ceremonia Hiku -

ri Neixa, que marca el tiempo de siembra y de lluvias. Esta coincidencia intercultural refuerza la idea de que el venado es un marcador temporal y agrícola que encarna la respiración del paisaje. Bajo el costumbre wixárika, el venado y el hikuri ( Lophophora williamsii ) son una sola entidad: del sacrificio del primero brota la planta sagrada, cuyas huellas en el desierto conducen la peregrinación, donde en Wirikuta se sueña cazar a ese venado que concreta el acuerdo de reciprocidad para hacer llegar las nubes que brotan de la espuma de la piedra blanca de Tateí Haramara hasta las milpas de la Sierra Madre Occidental y del mundo. El Bernalejo, dentro del Ejido Las Margaritas, es reconocido como la “Casa del Venado”, sitio de ofrendas y ceremonias. La posible explotación ganadera, minera o agroindustrial en esta zona representa, desde la perspectiva wixárika, no solo una amenaza ecológica, sino la ruptura de un equilibrio espiritual que sostiene su cultura vela y pilar del mundo.

Saberes locales y campesinos del altiplano

En Las Margaritas, la cacería de venado cesó con el cambio generacional; aunque persiste la caza de pecarí de collar ( Dicotyles tajacu ), principalmente por fines alimenticios y de protección de sus cultivos. Los ejidatarios poseen un conocimiento detallado de la ecología del venado: identifican sitios de parto, zonas de conectividad con otros ejidos y los puntos de agua usados durante la sequía. Reconocen la dieta estacional del venado

y aplican técnicas locales de “huelleo” para diferenciar machos y hembras. La presión cinegética de venado relevante entra por San Antonio Coronados y ejidos vecinos.

Conforme a la Ley General de Vida Silvestre, la cacería de venado fuera de las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) y sin autorizaciones federales constituye caza furtiva; sin embargo, si es parte de las tradiciones históricas respecto a la relación económica y alimenticia de los habitantes del altiplano con su entorno natural, “todos mis hijos crecieron comiendo carne de venado”, “En San Antonio se come más carne de monte que de res o de cerdo”, son frases inscritas dentro del diálogo común de dicha región del altiplano potosino.

Los resultados preliminares del estudio señalan la necesidad de crear una Unidad de Manejo Ambiental que permita recuperar interacciones ecológicas y brinde alternativas económicas mediante aprovechamiento sustentable.

Contexto territorial y conectividad

El ejido Las Margaritas abarca 5 mil 860.38 hectáreas dentro de la ANP de Wirikuta, dominadas por matorral micrófilo y elementos rosetófilos (Chávez-González, 2022). Por colindancia inmediata, el ejido San Antonio Coronados aporta un territorio continuo mucho mayor (aproximadamente 25 mil hectáreas) que funciona como área fuente para los desplazamientos estacionales del venado. Su gradiente altitudinal con transiciones de matorral xerófilo a

bosques de pino-encino ofrece mayor cobertura, alimento y disponibilidad de agua, condiciones preferidas por los venados.

Durante la temporada de lluvias y el periodo reproductivo, numerosos machos descienden desde la sierra de Catorce, atravesando San Antonio Coronados y Ranchito de Coronados, hasta llegar a Las Margaritas en busca de alimento y, posteriormente, grupos de hembras residentes. Esta dinámica se documentó mediante fototrampeo, reportes de los ejidatarios y análisis satelital. Los desplazamientos siguen cañadas y mogotes que funcionan como corredores naturales para evitar áreas cultivadas o con mayor actividad humana; sin embargo, los venados enfrentan obstáculos significativos, como alambrados, la carretera y las vías del tren que fragmentan el hábitat y aumentan el riesgo de mortalidad.

Con base en los ámbitos hogareños y rutas de movimiento descritos por los informantes locales, una UMA

Foto: Sautemai Pareja

confinada exclusivamente a Las Margaritas sería ecológicamente insuficiente para sostener objetivos poblacionales a largo plazo. La alternativa viable es un esquema inter-ejidal, integrando San Antonio Coronados y Las Margaritas bajo normas compartidas de monitoreo, veda, pasos de fauna y restauración del hábitat.

Articulación intercultural y gobernanza comunitaria

El fototrampeo comunitario produce datos replicables (tasas de detección, riqueza de especies, traslape espaciotemporal entre fauna silvestre y ganado, índices de actividad, proporciones etarias y sexuales) y simultáneamente restaura confianza en la palabra ritual al hacer visible a los seres tutelares de la cultura wixárika y de una especie clave en términos biológicos. Esta convergencia permite transitar a un programa operativo con metas claras: recuperar abundancia, disminuir conflictos fauna-ganado y re -

activar prácticas consuetudinarias compatibles con la economía local y la conservación. En Wirikuta y en la Sierra Madre Occidental existió inicialmente desconfianza hacia cualquier intervención externa, pero esta fue cambiando conforme avanzó el trabajo de campo, la convivencia y la devolución de información mediante la revisión conjunta de las imágenes de fototrampeo. La investigación evidenció que un cerco ilegal instalado para intentar parcelar el uso común del territorio en Las Margaritas también fragmentaba rutas naturales del venado.

Esta información respaldó la postura comunitaria durante las reuniones con la Procuraduría Agraria y el INPI, contribuyendo a la decisión colectiva de retirarlo. A partir de ello, el proyecto fue apropiado por ambas comunidades (wixárika y campesina) como una herramienta de monitoreo, reconocimiento de su entorno y defensa territorial. La defensa del territorio sagrado wixárika ha dependido

La presencia de un ancestro que vuelve a casa

históricamente de alianzas con ejidos como San Antonio, Las Margaritas y Tanque Dolores (Alarcón-Cháires et al. , 2013; Gavilán-Galicia, 2017).

Dichas comunidades han participado en acuerdos para garantizar el libre tránsito de peregrinos, proteger sitios sagrados y frenar la expansión de concesiones mineras. La comunidad local campesina ha estado presente en distintos momentos en mesas de negociación actuando como un puente entre la normatividad agraria y las reivindicaciones espirituales wixaritari.

La colaboración entre autoridades tradicionales (maraakate y delegados), ejidatarios y equipo técnico puede cristalizar protocolos comunitarios que definan reglas de acceso y uso del territorio, calendarios y límites territoriales de cacería, mecanismos de compensación/prevención por daños de depredadores; y rutas de beneficio justo (empleos locales, capacitación, turismo de naturaleza de bajo impacto, reinversión en agua y restauración ambiental).

El manejo sugerido es el del monitoreo con cupos adaptativos: si los indicadores biológicos muestran recuperación, se abre espacio a aprovechamientos tradicionales o deportivos regulados; si no, se mantiene o endurece la veda local. Este enfoque reduce la incertidumbre y legitima decisiones colectivas. Dicho enfoque se basa en el establecimiento de normas claras para el manejo de los bienes comunes (Ostrom).

La defensa territorial wixárika no puede separarse de la defensa ecológica: proteger los manantiales, las rutas de peregrinación y los lugares sa -

grados implica también resguardar el hábitat del venado azul ( kauyumari ). En este sentido, San Antonio Coronados, por su posición geográfica y su extensión territorial, se convierte en un nodo crítico tanto para la conectividad ecológica del venado como para la continuidad cultural de los caminos rituales. Así, la articulación intercultural entre ejidatarios y wixaritari se expresa simultáneamente como una estrategia de conservación biológica y de resguardo espiritual (Alarcón-Cháires et al., 2013).

La cosmovisión wixárika otorga al venado un papel espiritual que trasciende el ámbito ecológico: es un mediador entre el mundo natural y el sagrado. Este valor simbólico convierte al venado en una especie biocultural clave, capaz de articular acciones conjuntas entre comunidades locales, instituciones académicas y autoridades ambientales. Al mismo tiempo, la dimensión espiritual wixárika de Wirikuta aporta una base ética y simbólica para el manejo del territorio. Los lugares sagrados como el Bernalejo y el Ameyal

Los venados en Wirikuta invitan al respeto de su hábitat

Foto: Sautemai Pareja

coinciden espacialmente con áreas de alta riqueza biológica y rutas naturales de desplazamiento del venado, consecuentemente, del resto de la

Bibliografía

biodiversidad de flora y fauna que sostiene, mediante su presencia y funciones ecológicas, el equilibrio natural y cultural de Wirikuta.

Agraz, L. D. L. R. (2022). Wirikuta. Bases para la preservación de un territorio sagrado ancestral como patrimonio de la humanidad. Alarcón-Cháires, P. Chávez, T. Chávez, C. 2013. Wirikuta: Defensa del territorio ancestral de un pueblo originario. Michoacán, México: Frente en Defensa de Wirikuta Tamatsima-Wahaa.

Chávez-Gómez, J. M. A. (2012). Los significados del venado sol en la cosmovisión maya: un atisbo a la mitología y la historia oral mayance. Editorial Académica Española.

Chávez-González, T. R. (2022). Dictamen forestal, ejido Las Margaritas. Comisión Nacional Forestal.

Gavilán Galicia, M. I. (2017). Movimientos culturales en defensa del territorio: Tamatsima Wahaa y la preservación de Wirikuta (Tesis de doctorado en geografía). Universidad Nacional Autónoma de México.

Hall, E. R. (1981). The Mammals of North America (2 vols.). John Wiley & Sons.

Hernández-Silva, D. A., Pulido Silva, M. T., Zuria, I., Gallina Tessaro, S. A., & Sánchez-Rojas, G. (2018). El manejo como herramienta para la conservación y aprovechamiento de la fauna silvestre: acceso a la sustentabilidad en México. Acta Universitaria, 28(4), 31-41. https://doi.org/10.15174/au.2018.2171

Mandujano, S., Delfín-Alfonso, C. A., & Gallina, S. (2010). Comparison of geographic distribution models of white-tailed deer Odocoileus virginianus (Zimmermann, 1780) subspecies in Mexico: biological and management implications . Therya, 1(1), 41-68.

Ostrom, E. (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press.

JU na de las principales preocupaciones del pueblo wixárika es la escasez creciente de la planta sagrada llamada por ellos jícuri y muy ampliamente conocida con la voz náhuatl: peyote, cuyo nombre científico es Lophophora williamsii

El sobrepastoreo, el calentamiento global y los bajos índices de lluvia son factores a los que se suman en los últimos 30 años el consumo un tanto voraz de peyote por personas no indígenas y el crecimiento de la agroindustria tomatera, chilera, apícola, porcícola y los parques eólicos, conformando el árbol de causas de esta disminución poblacional del peyote sobre todo en el polígono de Wirikuta en el municipio de Catorce, San Luis Potosí.

El jícuri-peyote, en la cosmovisión wixárika, es la huella que deja kauyumarie, el venado cola blanca, héroe civilizador que atraviesa los desafíos para lograr iluminar el mundo hasta entonces a oscuras. En los alcaloides del jícuri vibra la epopeya de ese acontecimiento primigenio. Wirikuta es la biblioteca sagrada que contiene los libros que conectan a los peregrinos con la conciencia viva que trasciende las coordenadas de tiempo y espacio, transmitiendo consejos para cantar el equilibrio y la renovación de la vida.

Esta planta fue enjuiciada y prohibida en el periodo colonial y en la actualidad es considerada en el Código Federal de Salud de nuestro país como una droga sin ningún valor terapéutico. Solo algunas acotaciones en el Convenio de Viena de 1971, acuerdo mundial sobre la prohibición de sustancias consideradas

ícuri o peyote: la protección a una planta sagrada para los wixárica

drogas, permiten el uso del peyote al pueblo wixárika, y aunque se reconoce de manera implícita incluso en el Ar-

Jícuri y reptil de la región de Wirikuta

Foto: Iván Alechine

tículo 2 de nuestra Constitución, no hay ninguna ley en nuestro país que manifieste explícitamente el derecho

del pueblo wixárika a su consumo. El intento de algunas asociaciones civiles y científicas por sacar al peyote de ese

calabozo prohibicionista y legalizarlo fue rechazado por el pueblo wixárika. También se rechazó tajantemente por medio de una comisión manifestándose en el Senado de la República, un segundo intento no para legalizarlo sino para reclasificar, es decir, sin hacer legal su consumo, para simplemente quitarle su condición de droga. El argumento por el cual las autoridades del pueblo wixárika se manifiestan en contra de la legalización y de la reclasificación es por el temor de

que ambas vías puedan abrir la puerta al saqueo y a la posible entrada de conglomerados farmacéuticos adueñándose mediante patentes de esta planta sagrada. Algunos defensores de la planta ubican a los visitantes no indígenas que consumen peyote como la principal causa depredadora, y desde hace años insisten en que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) “eleve” a planta en peligro de extinción, como una medida de salvación.

El semidesierto salpicado de plantas de peyote

Foto: Iván Alechine

Nos preguntamos si mantenerla en nuestro Código Federal de Salud como una droga o mentir descaradamente diciendo que está en peligro de extinción cuando hay numerosas poblaciones en los estados de Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y San Luis Potosí, además de Querétaro, sean estrategias adecuadas. Queremos exponer que una característica virtuosa de la cosmovisión wixárika para afrontar una situación difícil o delicada es mantener una

postura firme positiva que vibra el resultado que se busca. Declararla en peligro de extinción es autoacorralarse en el miedo. Nosotros propondremos blindarla contra las farmacéuticas quitándole el calificativo de droga y que nuestras máximas leyes elevarán al jícuri como tesoro de la botánica nacional deteniendo el saqueo y promoviendo la reforestación del peyote y de toda la variedad botánica en la que se desenvuelve como huella y memoria ancestral.

febrero 2026
Foto: Iván Alechine

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