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La Jornada del Campo

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16 de septiembre de 2023 • Número 192 • Suplemento informativo de La Jornada • Directora General: Carmen Lira • Director Fundador: Carlos Payán Velver

SEMBRANDO

VIDAS

TEMAS DEL MES


16 DE SEPTIEMBRE DE 2023

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EDITORIAL

Sembradorxs haciendo milpa Con Sembrando Vida hallamos el estambre para salir del laberinto.

E

Sembrador del CAC Cuautzolco, de Libres, Puebla.

s sabido que los campesinos tienen la buena costumbre de diversificar su economía y no poner todos los huevos en el mismo chiquihuite. Sin embargo, las políticas públicas los tratan como si fueran empresarios dedicados a una sola cosa, de modo que apoyan casi siempre una actividad específica: las siembras de maíz, las huertas de café, las plantaciones de caña, el aprovechamiento del bosque, la comercialización.,. Sembrando Vida es diferente. De arranque impulsa una combinación de milpa, árboles frutales y árboles maderables; tríada básica sobre la que se van tejiendo diversidades cada vez mayores al incorporar por ejemplo la siembra de hortalizas y plantas medicinales propia del traspatio o solar, así como diversas actividades pecuarias. El resultado son agroecosistemas inéditos y virtuosos pues las múltiples especies incorporadas dialogan y se complementan. Pero la sistémica diversidad no se queda ahí, sino que se extiende a actividades de apoyo como los viveros para germinar las semillas y producir la planta, los pequeños sistemas de riego para garantizar el agua que demandan los árboles frutales, las biofábricas en que producen abonos orgánicos. Y ahora que las huertas de los primeros que entraron al programa ya dan buenas cosechas, comienzan a establecerse modestas plantas industriales para transformar y añadir valor a la producción que no se vende fresca. Se me figura que los ensambles productivos -distintos en cada región, en cada localidad, en cada familia- que generan Sembrando Vida y la creatividad de los técnicos y sembradores, tiene como paradigma la milpa: el variopinto policultivo en que se sustenta el modo de vida y la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos. Porque la milpa es más que una manera sostenible de apropiarse productivamente del entorno natural; el virtuoso entrevero de los diversos que en ella encarna es un modelo que los pueblos de por acá replican en su modo de pensar de convivir de tomar decisiones colectivas de festejar… En Mesoamérica para todo “hacemos milpa” y este hacer multifacético pero armónico es el que retoma Sembrando Vida y replican, cada uno a su modo, el medio millón de sembradores que en el programa participan. “Es mucho trabajo -dice un sembradorAdemás de lo que uno de por sí hacía antes, ahora hay que andar en chinga preparando el terreno, montando el vivero, germinando e injertando las plantitas, trasplantando, regando, juntando, mezclando y remojando los ingredientes que lleva el bocashi,

abonando cada arbolito… Esto sin contar las reuniones de la CAC: la comunidad de aprendizaje donde junto con los técnicos del programa los veintitantos sembradores que somos intercambiamos lo que sabemos, aprendemos cosas nuevas y sobre todo planeamos, organizamos y damos seguimiento a los trabajos que vamos a hacer. No hombre es una chinga”. A diferencia de las siembras de maíz, las plantaciones de caña o las huertas de café en las que solo hay que trabajar fuerte una o dos temporadas cada año, las labores que demandan las parcelas de Sembrando Vida son prácticamente continuas. Lo que puede ser un dolor de cabeza para aquellos campesinos cuyo plan de vida incluía la migración estacional. Pero a cambio de ser laboralmente demandante el modelo que impulsa el programa es generoso y diversificado en lo tocante a los ingresos. Entradas en especie y en dinero que, cuando las huertas ya están en producción, se distribuyen a lo largo del año. Estar en Sembrando Vida te obliga a quedarte en tu pueblo, sí, pero te recompensa por ello. Antes, cuando los dejaban, los campesinos organizaban el uso de su capacidad laboral familiar y los recursos de su entorno buscando distribuir sus trabajos y sus ingresos a lo largo del año. El campesino modélico siempre tenía algo que hacer y siempre tenía algo que comer. El monocultivo y los sistemas intensivos acabaron con ese equilibrio, forzándolos a adoptar estrategias perversas que degradan el entorno natural y desgarran al núcleo familiar. Aprovechar de manera sostenible los recursos del entorno empleando en ello la capacidad de trabajo familiar y obteniendo de ahí los ingresos monetarios y los satisfactores necesarios para una buena vida… este es el sueño de Sembrando Vida. Y es un buen sueño. Sueño que las sembradoras y sembradores de Pezmateno, en Hueyapan, Puebla, empiezan a ver realizado. Para empezar la presidenta del CAC es una mujer joven, doña Otilia, que al quedar viuda decidió seguir con el trabajo que hacía su marido y hoy encabeza al grupo. Hueyapan está en la sierra, ahí llueve mucho y en las parcelas de los sembradores se da bien todo. Doña Rosario, por ejemplo, tiene manzanos, higueras, plátanos… además de surcos con frijoles y habas. Ahora que ya se establecieron las huertas y hace falta menos planta, en las partes desocupadas del vivero están sembrando coles y otras hortalizas que se reparten entre todos. También tienen ahí más de una docena de plantas medicinales que nos muestran orgullosas describiendo los usos de cada una. Con los ahorros que se les entregaron decidieron comprar 16 borregos de propiedad común que hoy son treinta y ya vendieron dos. El excremento

Libres, Puebla. Cortesía Secretaría del Bienestar

de los animalitos se emplea en la biofábrica para hacer bocashi. Y así. A los visitantes nos dan de almorzar en la cocina que está junto al local donde se reúnen y al lado de la biofábrica, la bodega y el corral de los borregos. Ahí entre risas y bromas le preguntamos a doña Rosario que es lo que le disgusta del programa. La sembradora no duda: “Lo que me disgusta de Sembrando Vida es que no llegó cuando yo era joven y ahora ya no tengo fuerzas para hacer todo lo que quisiera”. “Como cree, doña Rosa, si usted nos pone la muestra a todos”, le dicen. Y doña Rosa ríe, mientras nos lleva a la pródiga parcela que trabaja con su marido ¿Prietitos en el arroz? Claro, no faltaba más. Uno y feo fue que sobre todo en el primer año algunos tumbaron o quemaron monte con tal de acabalar los dichosas dos hectáreas y media. Pero se tomaron medidas y en las reglas de operación del segundo año ya se prohíbe registrar tierras con derribos o quemas recientes. Lo que no debe confundirse con la tumba de acahuales, áreas ya desmontadas y con vegetación secundaria que están en descanso en espera de ser de nuevo cultivados. El problema también remitió porque hoy en el programa se admite que tomes en aparcería -es decir a cambio de un porcentaje de lo que produzcan- las tierras que te faltan para las dos hectáreas y media. Y aunque no está reglamentado, en los hechos se admite que aparezcan como un solo sembrador dos personas que sumaron sus parcelas para completar lo que Sembrando Vida pide. Todo lo cual sugiere que en el futuro lo de las dos y media hectáreas deberá flexibilizarse. Por ello la conclusión, compartida por sembradores, técnicos y funcionarios es que con ajustes el programa debe continuar el próximo sexenio: “Nosotros ya cometimos todos los errores de modo que a los que sigan les será más fácil”, dice un sembrador. Otro prietito, y aquí la metáfora resulta literal, es que a veces el grupo de sembradores es visto como un cuerpo extraño, privilegiado e indeseable por el resto del ejido o de la comunidad. Problema recurrente en pueblos rurales donde el igualitarismo coexiste con la diferenciación. Un ejemplo frecuente: no todos los del núcleo agrario

tienen ganado y emplean tierras comunes para el pastoreo, disparidad inevitable y gravosa que debe ser negociada. La cuestión en el caso de Sembrando Vida es que la diferenciación surge de un programa público. “Algunos nos llaman ‘mantenidos del gobierno´ -dice un sembrador- sin darse cuenta de lo mucho que trabajamos”. Las tensiones sin embargo se aminoran porque Sembrando Vida no es el único programa social y quienes no entraron quizá están en Producción para el Bienestar, reciben pensión como adultos mayores, apoyos de Jóvenes Construyendo el Futuro o becas Benito Juárez… Pero la mejor manera de reducir los desencuentros es que revirtiendo la tendencia a enconcharse, natural en un programa que demanda mucho esfuerzo productivo y mucho trabajo grupal, las Comunidades de Aprendizaje interactúen más estrechamente con la comunidad, compartiendo de algún modo los beneficios que les reporta el programa. Cosa que algunas ya hacen por ejemplo regalando arbolitos y ayudando a reforestar o invitando a las reuniones del CAC a quienes quieran enseñar y aprender aunque no estén en el programa. Y también participando en las luchas, proverbialmente en defensa de los territorios, que lo sembrador no quita lo comunero. En todo caso el asunto no es nuevo; las tensiones entre lo comunitario, lo grupal y lo individual siempre han existido y pueden ser enriquecedoras. “Todos coludos o todos rabones” es un mal lema. * “Con Sembrando Vida hallamos el estambre para salir del laberinto”, dijo el sembrador. Y efectivamente él, sus compañeros del CAC de Cuautzolco en el municipio poblano de Libres, y gran parte de los sembradoras y sembradores de todo el país que están en el programa encontraron en Sembrando Vida el hilo de Ariadna y como Teseo están saliendo del laberinto de la pobreza y la desesperanza. En buena hora. •


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Responsabalidad política la continuidad de Sembrando Vida Lorena Paz Paredes y Enrique Pérez S.

Entrevista a Hugo Raúl Paulín Hernández, Subsecretario de Inclusión Productiva y Desarrollo Rural de la Secretaría de Bienestar

El principio Sembrando Vida (SV) surge con un nombre muy distinto al que tiene hoy. Originalmente el presidente lo dio a conocer como el Proyecto del millón de hectáreas. Ese fue su primer nombre. Pero la idea se cocinó antes, durante los recorridos del presidente por comunidades del país, donde él pudo atestiguar el enorme rezago del sector rural. Entonces nos planteó la necesidad de remontar este abandono y revitalizar al campo, y así fue gestándose lo que hoy es el PSV. Componentes de SV Sembrando Vida es una estrategia integral hacia el sector rural, compuesta por tres elementos: el social-comunitario, el productivo y el medioambiental. En el componente social se recupera y fortalece el tejido social, pues el sembrador, el campesino, no está solo, no está aislado, forma parte de una Comunidad de Aprendizaje Campesino (CAC), un grupo que lo convierte en un sujeto de derecho colectivo. Sin duda el programa Sembrando Vida fue un vehículo que ayudó a recuperar la vocación comunitaria y el trabajo colectivo, que son

muy propios de las culturas de muchas zonas de nuestro país. Un gran acierto fue formar la CAC, porque revivió esta vocación comunitaria, y ayudó a ganar confianza no solo entre los mismos sembradores, sino en el gobierno, y así se estableció una nueva relación gobierno y campesinos. Le preguntaba a una señora en Veracruz, ¿qué es lo más bonito de Sembrando Vida? Me dijo: ‘fíjese que lo más bonito es que hemos recuperado la confianza entre nosotros. Antes nos dividían los partidos, las iglesias, y cuando llegó SV recuperamos la confianza entre nosotros’. Se volvió al trabajo en equipo y se revivió la ayuda mutua, que es algo muy propio de las comunidades. SV fue vehículo para lograrlo. En las CACs también se hace labor de ayuda a la comunidad, porque los sembradores se juntan para resolver el tema del camino, del agua y de otras necesidades comunitarias. De modo que lo social-organizativo, viene a ser el corazón del programa y su columna vertebral. Otro componente es el productivo. El PSV promueve un sistema productivo rentable para que la unidad de producción, la parcela,

se convierta en un patrimonio que le genere ingresos al sembrador en el corto, mediano y largo plazos. Aunque Sembrando Vida se ha conocido como un programa de reforestación, es mucho más, porque es de reforestación productiva. Es el mejor de reforestación en el mundo, dice el presidente, pero es el único agroforestal, no hay un equivalente a nivel nacional ni internacional. En el PSV los arbolitos tienen dueño, pues el programa no consiste en plantar árboles y luego a ver quién los cuida, los árboles están en la parcela de un sembrador que los trabaja y los cultiva. Y se trata de árboles forestales, frutales, agroindustriales, plantaciones de café, cacao, cítricos, que le van a proporcionar un ingreso seguro y suficiente. El tercer componente es el enfoque agroecológico, parte del cuidado medioambiental, ya que se impulsa de manera progresiva la eliminación del uso de agroquímicos en la parcela y la incorporación de estrategias productivas que contribuyan a mejorar el medio ambiente y a producir alimentos sanos. Otro elemento importante es el Acompañamiento Técnico permanente. En el PSV hay una supervisión constante. Esto rompió de tajo el historial de simulación donde el extensionista, el técnico, hacía como que supervisaba y el campesino como que trabajaba. Aquí el técnico está en el campo, y muchas veces es originario de

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la comunidad donde trabaja. Si bien al principio fue difícil, se rompió esta inercia del pasado. Hoy el sembrador muestra cariño y reconocimiento hacia la labor del técnico.

En cambio, disponer de un recurso permanente durante cinco años ha fortalecido el arraigo a su tierra, a su cultura, a su comunidad, Y esto además tiene un impacto notable en la disminución de la migración.

Lo que distingue al PSV de otros programas La forma en que se seleccionaron e ingresaron los ‘sujetos de derecho’, los sembradores, a SV, hace la diferencia con programas públicos anteriores, pues se hizo mediante convocatoria en asamblea ejidal o comunitaria. Aquí no ocurrió que el presidente municipal o del comisariado ejidal mandara la lista de los que se iban a incorporar, o que una organización los propusiera. No fue así. Las autoridades ejidales o comunales convocaron a una asamblea, en la que se explicó el programa y los que creían cumplir con los requisitos, pues se anotaban y luego los técnicos verificaban la información en cada parcela. Después se les hizo una encuesta socioeconómica y los que pasaron se incorporaron. Esta modalidad de convocatoria fue sin duda novedosa y rompió con otras más tradicionales. SV también se distingue de otros programas por el apoyo económico al sembrador de 6 mil pesos mensuales durante la vida del programa, recursos que le llegan directamente a su bolsillo y sin intermediación. Esta transferencia económica sostenida, le ha permitido al sembrador dedicarse a trabajar intensamente su parcela; de otra manera, hubiera tenido que complementar un ingreso precario con otros empleos remunerados, irse de jornalero un par de meses o a la construcción.

Beneficios Con los beneficios del PSV, creo que hoy los sembradores que empezaron hace cinco años, dejaron atrás la pobreza, dejaron de figurar en las estadísticas de la pobreza en México. Y no van a volver a ella, porque ahora su unidad de producción les aporta suficientes ingresos para el bienestar familiar presente y futuro. Y no es nada más durante los seis años. Esa parcela transformada y mejorada, ese sistema agroforestal constantemente trabajado, le da y le dará un ingreso permanente. Articulación institucional SV se ha ido configurando como una Estrategia de Desarrollo Rural, pero requiere articularse a otras instancias, otras dependencias, otros actores del mismo Gobierno Federal. El programa no puede caminar solo, para su consolidación, avance y el cumplimiento cabal de sus objetivos, necesita coordinarse con las Secretarías del Medio Ambiente, Agricultura, Economía, y con otros programas. Y esta confluencia aún está en proceso. Lecciones y aprendizajes En el PSV vivimos desde el inicio hasta el presente un proceso de aprendizaje permanente y mutuo entre personal operativo y sembradores. Implementar un sistema agroforestal con una cobertura de un millón de

El programa no puede caminar solo, para su consolidación, avance y el cumplimiento cabal de sus objetivos, necesita coordinarse con las Secretarías del Medio Ambiente, Agricultura, Economía, y con otros programas. Y Cortesía Secretaría del Bienestar

esta confluencia aún está en proceso.


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16 DE SEPTIEMBRE DE 2023 diría que hoy, hay nueve Sembrando Vidas, porque son al menos nueve regiones diferentes, que caracterizan al programa de muy distinta manera en lo ambiental, en lo productivo y en lo cultural. Otro desafío es el tema del agua y los caminos. Estamos en lugares de muy difícil acceso donde nunca había llegado el gobierno; y trabajamos en parcelas que dependen del temporal. Y también padecemos el cambio climático que en el campo es un desafío.

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hectáreas, ha requerido una capacitación y experimentación permanente pues es algo inédito en el país. Abundan experiencias de sistemas agroforestales, pero no en esta dimensión. Por eso en esta empresa aprendimos todos, aprendió el sembrador y nuestro personal operativo. Y seguimos aprendiendo. Parte del aprendizaje fue la adaptación de SV a las condiciones de cada región del país. Inició en el sureste con 250 mil sembradores, en Veracruz, Tabasco, Chiapas y la Península; y en el 2020 se extendió al centro y norte del país, y entonces, tuvimos que empezar un

fuerte proceso de adaptación, porque las condiciones agroecológicas y la realidad cultural de estas regiones son muy distintas a las del sureste. Adecuamos metas, tiempos, diseño de las parcelas, ritmos de producción, de organización, con modalidades organizativas muy diversas. No es lo mismo una comunidad indígena tarahumara del norte del país, que una maya del sureste. Diría que el programa se fue configurando de manera diferente en cada territorio. Hoy tenemos cinco años cumplidos, y SV ya está validado y reconocido por los propios sembradores, son ellos mismos quie-

nes hablan bien del Programa. En este caminar confirmamos, reconocimos que el trabajo colectivo detonó y permitió recuperar el valor de lo comunitario. Ahí estaba en la vida de los pueblos. No inventamos el hilo negro. Pero el programa fue el vehículo para recuperar el trabajo colectivo que detonó ese valor. El vivero comunitario y la biofábrica fueron fundamentales, pues más allá de producir plantas e insumos orgánicos, se transformaron en espacios comunes donde los sembradores se reunían discutían, hablaban, tomaban decisiones y acuerdos. Esta parte del trabajo colectivo y la convivencia también fue un aprendizaje para nosotros. En el camino hemos reconocido y atendido algunas deficiencias, hemos ido construyendo el rumbo que hoy tiene el programa, y aún lo vamos afinando. Tuvimos que enriquecer el diagnóstico inicial, pues no estaba totalmente acabado, sino que se fue armando y complementando; fue un poco por prueba y error. Ha sido una lección y un aprendizaje. El horizonte que hoy miramos tiene mucha claridad, pero no fue así desde el principio. Desafíos y retos del PSV Un desafío es la diversidad agroclimática del país. Tenemos un país enormemente diverso. Yo

Aportes y legado SV es una estrategia exitosa de desarrollo rural alternativo, al que sin duda podemos corregirle muchas cosas. Hay que hacerlo. Pero genera empleo, riqueza, alimentos, deja un patrimonio al campesino y rompe con el asistencialismo y con prácticas que perpetuaban la pobreza. En cinco años de operación el PSV nos aporta indudables beneficios: • Más de un millón de hectáreas que hace seis años eran potreros, o tierras improductivas, y hoy son parte de un sistema agroforestal funcionando. • Un millón 4000,000 árboles, que no existían hace 18 años, de los que 60% son especies forestales, 20% frutales, y 20% agroindustriales. Estos árboles tienen dueños que los cuida. • Un millón de hectáreas donde se ha eliminado la práctica tan arraigada de la tumba rosa y quema. Adicionalmente, la cafeticultura de Sembrando vida, va a contribuir al aumento de la producción nacional de café en un 25% y en un 20% a la del cacao. Continuación y cambios Aunque en este momento no está a discusión si continúa o no el programa, me parece que es una responsabilidad política del Gobierno darle continuidad al proceso que se ha implementado en SV. Los sembradores dicen, ‘me hiciste sembrar durante seis años y ahorita me vas a dejar abandonado, no se vale’. Y efectivamente, los componentes del programa no maduran ni se con-

solidan en seis años, requieren un proceso más largo. En esta visión de continuidad tenemos que hacer ajustes, por ejemplo, hay que modificar la norma sobre el tamaño de la unidad de producción. Hoy son 2.5 hectáreas ni más ni menos. A futuro debemos beneficiar extensiones menores, porque un amplio sector de la población rural no tiene más de una hectárea y son los más desfavorecidos. A futuro tendríamos que considerar la biodiversidad agroclimática y cultural del país, ajustar los requisitos de incorporación, replantear la condición jurídica de la tierra para que la titularidad y el reconocimiento de la posesión de la parcela no sea un obstáculo; incorporar nuevos criterios de cobertura para incluir otros estados, municipios y regiones del país. Necesitamos un diagnóstico productivo muy fino para avanzar en la autosuficiencia y soberanía alimentaria. Y una vez teniendo claro eso, sabremos qué puede producir SV en los distintos estados. Tenemos que conservar a nuestro personal técnico. Hay un enorme aprendizaje y un vínculo muy fuerte con los sembradores. Es un capital humano que no podemos dejar a un lado. En una segunda etapa de SV, debemos apostar por la comercialización, por el valor agregado a los que ya producen los sembradores, por esquemas de financiamiento que hoy no existen en el país. Actualmente el campesino no tiene acceso a un crédito adecuado. Se requieren nuevos esquemas y modelos de financiamiento que fortalezcan la inversión en el valor agregado y le den al campesino mejores condiciones de comercialización. En esta perspectiva de continuidad del PSV 2024 al 2030, es fundamental establecer los objetivos, principios y directrices para el sector rural, y una política integral para el campo mexicano. Y como lo ha planteado el Presidente, sería fundamental que en la Cámara de Diputados se apruebe que PSV tenga rango constitucional. Finalmente, un modelo de desarrollo como el que propone SV exige una inversión presupuestal a futuro porque el campo es un sector estratégico para la vida de México. •

En el camino hemos reconocido y atendido algunas deficiencias, hemos ido construyendo el rumbo que hoy tiene el programa, y aún lo vamos afinando. Tuvimos que enriquecer el diagnóstico inicial, pues no estaba totalmente acabado, sino que se fue armando y complementando; fue un poco por prueba y error. Ha sido una lección y un aprendizaje. El horizonte que hoy miramos Cortesía Secretaría del Bienestar

tiene mucha claridad, pero no fue así desde el principio.


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Sembrando Vida en cifras

AGENDA RURAL

449,800 sembradoras y sembradores

Cortesía Secretaría del Bienestar

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e acuerdo con los datos más recientes del Programa Sembrando Vida, para 2023 se han conformado 18,597 Comunidades de Aprendizaje Campesino (CACs) integradas por un promedio de 25 personas, sembradoras y sembradores de comunidades rurales en municipios con rezago social. Actualmente el Programa Sembrando Vida está presente en 23 estados del país. A marzo de 2023, el PSV integra un total de 449,800 personas que participan del programa y son acompañadas por 445 facilitadoras/es que a su vez coordinan a 2,278 pares de técnicas/os sociales y técnicas/os productivos Hasta el momento, Sembrando Vida ha impactado en una superficie de 1,124,500 hectáreas mediante la siembra de 1,084,689,898 plantas entre cultivos comerciales como café, nopal y agave; forestales como cedro, macuilís y pino; especies como canela, pimienta y orégano; árboles frutales como guanábana, durazno y aguacate; y los principales cultivos campesinos anuales: maíz, frijol y calabaza. El presupuesto total del PSV estimado durante el sexenio asciende a 173,879 millones de pesos. •

Mujeres 142,062 (32%)

Hombres 307,738 (68%)

Población indígena 195,165 (43%)

Población afrodescendiente 3,456 (0.77%)

Cortesía Secretaría del Bienestar

PRESUPUESTO EN MILLONES DE PESOS 2019

2020

2021

2022

2023

2024

14,648

27,191

28,151

29,617

37,136*

37,136**

* Asignado **Estimado. (Fuente: Secretaría de Bienestar. “Programa Sembrando Vida marzo 2023”)

Cobertura Sonora Chihuahua

23

Durango Sinaloa Za

Nayarit

as

c te

ca

Viveros

Hidalgo Yucatán

Veracruz Jalisco

Estados del PSV

Colima

CACS

15,114

Tamaulipas San Luis Potosí

18,597

Estados

Tlaxcala Puebla

cán hoa Mic

Biofábricas Tabasco

e ch pe m Ca

Guerrero

Quintana Roo Oaxaca

Morelos

15,114

Chiapas


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Biofábrica. Cortesía Secretaría del Bienestar

Agroecología y Economía Social y Solidaria: los dos pilares de “Sembrando Vida” Víctor M. Toledo

“

Sembrando Vida” (SV) es uno de los proyectos mejor concebidos y construidos que he conocido. Su ambiciosa proyección, más de 1,200,000 hectáreas y 455,000 sembradoras y sembradores, está impactando favorablemente a una población rural de más de 2 millones. Tiene el doble objetivo de regenerar tanto los sistemas naturales a través de la agroforestería, como la vida comunitaria, de empoderar a las familias campesinas robusteciendo sus relaciones con el entorno natural, poniendo de nuevo a la naturaleza como su principal aliada. Para lograr estos objetivos promueve la construcción de cooperativas que se van concatenando, pero también apoya la asistencia técnica y social, ofrece becas a jóvenes locales, dota a los colectivos de viveros, sistemas de agua y biofábricas y promueve la crea-

ción de bancos o cajas de ahorro. El proyecto también contempla la obligada convergencia entre los saberes locales y los conocimientos derivados de los centros de investigación científica y tecnológica del país, poniendo en práctica el diálogo de saberes. Es al mismo tiempo, un programa ecológico y social. Si bien se trata de un “proyecto estrella” del gobierno actual (Toledo, 2023), ello no significa que su versión original no deba ser enriquecida y mejorada en aspectos puntuales, tras cinco años de ser establecido en casi mil municipios del país. Evaluar SV no es tarea sencilla por tres razones: (i) su complejidad misma (con elementos ambientales, sociales, alimentarios, etc.); (ii) la dimensión del programa, es decir el número de participantes (productores, técnicos acompañantes, becarios y funcionarios que lo hacen posible y la extensión en

la que se aplica); y (iii) la enorme inversión pública invertida (es el tercer programa social por el monto del presupuesto que pasó de ¡15 mil millones de pesos en 2019 a 37 mil millones de pesos en 2023!). Por ello resulta oportuno que la coordinación de SV haya convocado e integrado cinco equipos con académicos de diferentes instituciones y formaciones para realizar una evaluación independiente al programa, cada uno de los cuales hace énfasis en diversas temáticas, llamadas mesas de género, social, agroforestal, ambiental y de organización. Un total de 34 investigadores y expertos independientes

La economía social y solidaria que es un conjunto de iniciativas sociales, económicas y culturales, conforma un cambio de paradigma basado en el trabajo colaborativo de las personas y en la propiedad colectiva de los bienes.

Cooperativa. Cortesía Secretaría del Bienestar

16 DE SEPTIEMBRE DE 2023 participamos en este ejercicio. Este “corte de caja” servirá para garantizar su continuidad en un próximo gobierno, idealmente mediante la promulgación de un decreto. Contribuyendo a lo anterior, el presente ensayo enfatiza que más allá de sus componentes, mecanismos virtuosos y bondades particulares, SV está basado en dos novedosos paradigmas largamente formulados en los medios académicos más avanzados del mundo: la agroecología y la economía social y solidaria. Ambos surgidos del pensamiento crítico como alternativas a la crisis de la modernidad industrial, capitalista, tecnocrática y patriarcal. En la perspectiva agroecológica SV es ya el segundo proyecto a escala mundial por el número de beneficiarios, detrás de lo realizado en India (estados de Andra Pradesh y Karnataka), y es sin duda el esfuerzo agroecológico más notable en el continente americano, superando lo alcanzado en Cuba y Brasil, una vez que se suman las 4,550 Escuelas de Campo de la SADER y el programa Pies Ágiles del CONAHCyT (Toledo & Argueta, 2023). La agroecología fue inicialmente auspiciada por académicos y comunidades campesinas, luego por organizaciones sociales como Vía Campesina, y desde 2015 adoptada por la FAO y otros organismos internacionales. En el caso de SV la visión agroecológica se da no solo por una agricultura orgánica libre de pesticidas, maquinaria y cultivos transgénicos, sino por el tratamiento de los suelos mediante abonos orgánicos y el manejo de microrganismos y por la implantación de sistemas agroforestales. En México, los sistemas agroforestales siguen vigentes en numerosas regiones, lográndose identificar hasta 20 tipos según la nomenclatura vernácula (MorenoCalles, et al, 2013). Dos ejemplos bien conocidos son el T´elom de los huastecos y el Kuojtakiloyan de los nahuas de la sierra norte de Puebla. En ambos se manejan entre 300 y 400 especies útiles:

una diversidad extraordinaria que combina cultivos comerciales exóticos o nativos como café, cacao, vainilla, hule, pimienta, mamey, mango, plátano, cítricos, aguacates, con una enorme riqueza y variedad de especies arbóreas, arbustivas y herbáceas útiles. La economía social y solidaria (ESS) que es un conjunto de iniciativas sociales, económicas y culturales, conforma un cambio de paradigma basado en el trabajo colaborativo de las personas y en la propiedad colectiva de los bienes (Coraggio, 2011). En general incorpora valores universales tales como equidad, justicia, fraternidad económica, solidaridad social, compromiso con el entorno natural y democracia directa. En SV la ESS se pone en práctica en las 18,000 Comunidades de Aprendizaje Campesino (CACs) que son cooperativas formadas por 25 sembrador@s que reciben un apoyo mensual del programa y están obligados a tomar decisiones mediante asambleas, nombrar a sus autoridades, gestionar una caja de ahorro, mantener viveros, sistemas de agua y biofábricas, y realizar acciones para el bienestar de las comunidades de las cuales proceden. El ensamblado progresivo de las CACs de un mismo territorio genera redes de colaboración, circuitos económicos solidarios y cortos, comercio justo y consumo responsable, mediante la celebración de ferias, tianguis y mercados diversos. Por lo anterior, SV impulsa una economía no capitalista que conforme se va consolidando va sustituyendo al proceso mercantil de producción, circulación, transformación y consumo que hoy domina. En resumen, al inspirarse en estos dos paradigmas, SV pone la muestra de lo que debería ser toda una política de Estado: construir una modernidad alternativa, anti-neoliberal, que deje atrás el mundo de los negocios y de la tecnocracia, y esté basada en el respeto a los procesos naturales, la cooperación y en la reformulación (no la supresión) de la memoria. •


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Impresionantes los impactos ambientales del programa Sembrando Vida

Sembrador. Cortesía Secretaría del Bienestar

Raúl Benet

E

l presente texto es responsabilidad estrictamente de su autor. Sin embargo, me basé en el diálogo sostenido durante el mes de julio de 2023 con un grupo de especialistas convocado ex profeso para analizar los aspectos ambientales, del programa Sembrando Vida, en el que participaron Arturo Arreola, Francisco Abardía, Susana Cruickshank, Milton Gabriel Hernández y Juan Manuel Labougle. Se contó también con la participación de Marcelo Loredo, responsable del diálogo por parte de la Secretaría de Bienestar, Julio César Gerónimo Castillo, director de Programas Agroforestales de la Secretaría, Verónica Hernández, coordinadora del PSV para la región de Morelos, así como el personal de campo de dicho programa en el estado, personas de un gran compromiso, conocimiento profundo del programa y de una gran calidad humana. Con todos ellos estoy muy agradecido. Y por supuesto la contribución más significativa fue la de sembradoras y sembradores de los estados de Yucatán, Quintana Roo, Veracruz y Morelos, que han compartido conmigo sus ideas y experiencias respecto al programa. Estoy particularmente agradecido con las Comunidades de Aprendizaje de Hueyapan, Morelos, que nos recibieron en sus biofábricas, cooperativas y parcelas durante la visita de campo de este grupo.

He dado seguimiento desde el principio al Programa Sembrando Vida, porque considero que es justamente el tipo de política pública que hemos demandado y por la que hemos venido trabajando en el campo desde hace décadas. Son muchas las cosas que me gustan de ese programa, comenzando con la promoción de agricultura campesina comunitaria basada en actividades agroforestales, fertilizantes orgánicos y semillas tradicionales. El programa cuenta con cerca de medio millón de productoras y productores organizadas en casi 20 mil comunidades de aprendizaje, medio millón de parcelas, casi quince mil viveros comunitarios para la producción de 850 especies de plantas diferentes, entre ellas diversas maderables y frutales, así como la vainilla, el café, el cacao y muchas otras, con diferentes sistemas de riego, y otro tanto de biofábricas para la producción de fertilizantes orgánicos. Cerca de cuarenta mil jóvenes, además de las quinientas mil sembradoras y sembradores, han participado en el programa, tanto como becarias del programa ‘jóvenes construyendo el futuro’ como personal de campo en temas productivos y organizativos. El programa ha ayudado a recuperar los saberes tradicionales depositados en las personas mayores, que habían sido fuertemente ignorados y abandonados por varias décadas de una actividad agroindustrial orientada al mercado y basada en venenos y monocultivos.

SEMBRANDO VIDAS Son decenas de miles de jóvenes que han aprendido a sembrar la tierra, a producir abonos orgánicos, que conocen los ciclos agrícolas, pero que además tienen conocimiento científico y manejan técnicas modernas para combatir plagas, para fertilizar el suelo y para enfrentar el cambio climático. En cuanto al análisis de las resultantes ambientales del programa, es interesante considerar la contribución del mismo en términos de cobertura forestal, biodiversidad, mitigación ante el cambio climático y su potencial contribución al fortalecimiento de la resiliencia de las comunidades ante fenómenos meteorológicos extremos, tanto asociados a la variabilidad climática local y regional, como al cambio climático global. El programa se planteó en esta primera etapa la plantación efectiva de mil millones de árboles, (esta meta se ha superado en cerca de un 20 %), lo que directamente se traduce en la captura de varias decenas de millones de toneladas de carbono, que de otro modo estarían acumulándose en la atmósfera. El Dr. Juan Manuel Labougle, especialista en mercados de carbono forestal, y participante en los diálogos, afirma que ese volumen puede llegar a superar la totalidad de los compromisos de mitigación (Contribuciones Nacionalmente Determinadas) contraídos por México ante el Acuerdo de Paris y la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC 2022. Potencial de mitigación del Programa Sembrando Vida, rescatado en agosto de 2023 en: https:// www.gob.mx/inecc/prensa/potencial-de-mitigacion-del-programa-sembrando-vida?idiom=es ) calcula que, bajo el escenario más conservador y considerando los parámetros del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, el programa Sembrando Vida tiene el potencial de mitigar 17,8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero cada año, muy cercanas a los 21 millones de toneladas anuales que se mitigan en todo el Sistema Nacional de

Sembradores. Cortesía Secretaría del Bienestar

7 Areas Naturales Protegidas. El programa está próximo a alcanzar la meta de plantar mil doscientos millones de árboles, y tomando en cuenta los sistemas, la organización y el acompañamiento que se da al proceso, se estima que más de un 80% esos árboles sobrevivirán. Es sin duda uno de los programas de restauración ecológica más ambiciosos que se han implementado en nuestro país y en muchos otros lugares del mundo. Su impacto en términos de conectividad ecológica y de promoción de la biodiversidad es sorprendente, como lo es la superficie de suelo en la que se ha recuperado la fertilidad. Los modelos agroforestales y de milpa intercalada con árboles frutales promovidos por el PSV son modelos campesinos diversos, estrategias complejas, que por un lado fomentan una alimentación suficiente, sana y autónoma, y por otro promueven el arraigo al territorio, la organización campesina, el diálogo intergeneracional, el cuidado del medio ambiente y el amor por la tierra. Y sobre todo son incluyentes, no sólo participan los señores ejidatarios jefes de familia, sino que se promueve muy activa y exitosamente la participación de mujeres, jóvenes, adultos mayores. Los municipios donde se estableció el programa coinciden significativamente con regiones de alta o muy alta vulnerabilidad ante el cambio climático. Tanto las acciones encaminadas a fortalecer y brindar autonomía en la alimentación familiar local sana, como las acciones relacionadas con el establecimiento de parcelas con bajos insumos externos, diseños agroecológicos como curvas a nivel y terrazas, reducida mecanización y mejoría en la fertilidad de los suelos, así como infraestructura de riego en los viveros, y por supuesto la organización de los sembradores, son acciones que contribuyen de manera significativa a fortalecer la resiliencia de las comunidades ante los cambios climáticos. También es importante llevar a cabo una reflexión sobre el impacto del programa sobre la fertilidad de los suelos. En cada una de las casi quince mil biofábricas del

programa, los sembradores han producido cerca de dos mil litros de biofertilizantes del tipo de los bioles, además de una cantidad aún mayor de compostas. Esto significa la producción de al menos treinta millones de litros de fertilizantes orgánicos, que han ido a parar al suelo en más de un millón de hectáreas, mejorando la fertilidad, recuperando el metabolismo y con esto contribuyendo a revertir el daño provocado por cantidades comparables de abonos químicos utilizados en el pasado En cuanto a la participación de las mujeres en el programa, es evidente su rol fundamental tanto en la producción como en la organización comunitaria. Su enfoque en la alimentación y la salud de sus familias ha impulsado la producción diversificada y sustentable, contribuyendo así a la agrobiodiversidad y a la seguridad alimentaria. Además, su participación activa en las comunidades de aprendizaje ha fortalecido el tejido social y ha permitido el rescate de saberes tradicionales. No obstante, el programa enfrenta desafíos en términos de planificación territorial y en la inclusión explícita de indicadores ambientales en su diseño. Aunque su enfoque agroecológico y agroforestal promueve la sustentabilidad, la falta de una estrategia territorial más amplia puede limitar su potencial para establecer corredores ecológicos y promover la conectividad entre los parches de vegetación. Es importante considerar cómo evitar que el éxito de cultivos como el aguacate, la vainilla o el cacao conduzca a una “rancherización” individual, en la que la orientación hacia el mercado prevalezca sobre la sustentabilidad. Para ello, la organización comunitaria y la visión territorial son cruciales para garantizar que estos cultivos no deterioren el ambiente a largo plazo y sigan siendo una fuente de beneficio para las comunidades. En resumen, el programa “Sembrando Vida” ha demostrado que, aunque no fue inicialmente concebido como un programa específicamente ambiental, su enfoque en prácticas sostenibles y su impacto en la recuperación del medio ambiente son innegables. A través de la plantación de árboles, la promoción de prácticas agroecológicas y el empoderamiento de las comunidades rurales, el programa se ha convertido en un modelo de desarrollo rural sustentable que demuestra la importancia de la agricultura campesina en la conservación del entorno y en la mejora de la calidad de vida de las personas. Con desafíos por superar en términos de planificación territorial y en la inclusión explícita de indicadores ambientales, el programa tiene el potencial de continuar siendo un catalizador para la transición hacia un futuro más sustentable en las zonas rurales. •


SEMBRANDO VIDAS

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16 DE SEPTIEMBRE DE 2023

Encuentro Campesino agroecológico, Totonacapan, Veracruz. Cortesía Agricultura

Encuentro campesino agroecológico, Totonacapan, Veracruz. Cortesía Agricultura

ENCUENTRO CAMPESINO

Movimiento agroecológico y seguridad alimentaria del Totonacapan, Veracruz Eloy López Lobato Facilitador del Programa Sembrando Vida elopezlob@hotmail.com Patricia Córdoba Carballo Subsecretaria de Desarrollo Agrícola de SEDARPA Rosi Edith Santes Olmedo Coordinadora Regional del Programa Producción para el Bienestar

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l día 5 de diciembre de 2022, en el Parque Temático Takilhsukut del Tajín, Papantla, Veracruz., se llevó a cabo un encuentro donde participaron más de 2 mil 400 productoras y productores de los 16 municipios que integran la región. El objetivo fue compartir sus experiencias dentro de las Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) del Programa Sembrando Vida de la Secretaria de Bienestar, las Escuelas Campesinas (ECAs) del Programa de Producción para el Bienestar

de la Secretaría de Agricultura y las Escuelas Campesinas del programa Extensionismo de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca del Estado de Veracruz (SEDARPA), conjuntamente con los funcionarios de los gobiernos federal, estatal y municipal ahí presentes. Ahí mismo se instaló un tianguis campesino de productos diversos, provenientes de sus unidades de producción. Un espacio de comercialización e intercambio, pero sobre todo de convivencia donde compartieron sus alimentos, experiencias,

Encuentro campesino agroecológico, Totonacapan, Veracruz. Cortesía Agricultura

técnicas de cultivo, bioinsumos y semillas. Por parte del Programa Sembrando Vida tomó la palabra la Subdirectora de Formación para la Cohesión Comunitaria, Ma. Guadalupe Elizabeth Castro Salazar y el Coordinador Regional del Estado de Veracruz, el Dr. Juan Juárez Gómez; quienes reconocieron el avance en el trabajo conjunto de los tres programas, lo que ha permitido impulsar de manera significativa el movimiento agroecológico y seguridad alimentaria con 13 mil 064 sembradores organizados en 529 CAC, 336 viveros y 336 biofábricas, presente en 29 municipios que conforman el Territorio Papantla. Se está trabajando en 32 mil 660 has y se han plantado 30, millones 651 mil 595 plantas. Se ha producido 41 mil 275 Tonelada de abonos sólidos y 1 millón 029 mil 528 litros de abonos líquidos. Posteriormente hizo uso de la palabra la subsecretaria de Desarrollo Agrícola de la SEDARPA, Patricia Córdoba Carballo responsable del programa de Extensionismo en el estado, quien celebró la iniciativa de articular los esfuerzos en campo, para beneficio de las y los productores, donde destacó que Veracruz es la única entidad del país que tiene 1,248 técnicos, entre los 3 programas, quienes capacitan y asesoran a las y los campesinos hacia la transición agroecológica. Con el equipo de 500 extensionistas que aporta el gobierno del

Encuentro Campesino agroecológico, Totonacapan, Veracruz. Cortesía Agricultura

estado a través de la SEDARPA, se han conformado 1 mil 422 Escuelas Campesinas con más de 28 mil productores en localidades de muy alta, alta y media marginación de 207 municipios, quienes se capacitan y trabajan en la transición de una agricultura convencional a la agroecológica, destacando que en la región se cuentan con 152 ECAs integradas por 2 mil 960 campesinos. Hace uso de la palabra la técnico Venancia Arroyo García en nombre del personal técnico, para refrendar su compromiso con los productores y quien comenta que el Programa Producción para el Bienestar en el estado tiene 128 técnicos agroecológicos y sociales, 235 ECAs, 183 Centros de producción de bioinsumos CPB, 89,600 Lts. de biol y el trabajo con 11,128 productores y en la región del Totonacapan, acompaña a 3 mil 700 productores que cultivan 3 mil 500 has de 12 municipios, organizados en 95 ECAs. Se cuenta con 96 CPB, donde se han producido 100 toneladas de bioinsumos sólidos y 261 mil 927 litros de bioinsumos líquidos acompañados por 26 técnicos. Posteriormente, el productor de Sembrando Vida, Francisco Cano Simbrón, en representación de los tres programas dio lectura a la carta intención para impulsar el movimiento agroecológico y seguridad alimentaria en el Totonacapan, proponiendo 10 líneas estratégicas que podrían orientar las prácticas agrícolas

dentro del movimiento, entre las que destacan, impulsar la transición agroecológica, la seguridad alimentaria, comercialización y la economía social y solidaria. Esta propuesta es producto de los espacios de reflexión colectiva y diálogo con las y los campesinos participantes en los tres programas gubernamentales. Antes de concluir este encuentro, el subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria, de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Agricultura), Víctor Suarez Carrera hizo un reconocimiento al trabajo que realizan las y los productores en el campo, a ras de tierra acompañados por el personal técnico de los tres programas de gobierno; y expuso la importancia de la transición agroecológica y la seguridad alimentaria, respaldando con estas acciones la iniciativa del Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador para dejar de utilizar agrotóxicos que dañan la salud y el medio ambiente. Resaltó la necesidad de un acompañamiento técnicosocial comprometido, decidido, creativo y propositivo por parte de todo el personal que conforma los tres programas. Finalmente, preguntó a las y los campesinos ahí presentes, si estaban de acuerdo con llevar a cabo la transición agroecológica que impulsa el Gobierno de México y en una sola voz al unísono, respondieron tres veces, sí, levantando la mano en señal de unidad. •


16 DE SEPTIEMBRE DE 2023

SEMBRADORAS

Sembradoras de vida Entrevista a Margarita Hernández Vargas, directora de organización, formación e inclusión productiva de la Subsecretaria de Inclusión Productiva y Desarrollo Rural de la Secretaría del Bienestar.

Lorena Paz Paredes

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er y ser sembradora. Las mujeres del campo empiezan a participar en el PSV desde el primer año. En el segundo año se establece como regla de operación que por lo menos un 20% de los sembradores deben ser mujeres. “En 2019 logramos tener 28% -dice Margarita- y cada año ha ido aumentado el ingreso femenino. Hoy representan el 32% del total que equivale a 142,935 sembradoras”. La principal dificultad fue desde el inicio que muy pocas son sujetas agrarias. En 2018, según el INEGI, había un 26% de mujeres con certificado parcelario, acreditadas como ejidatarias o comuneras, frente a un 74% de hombres. Esta desigualdad es y será una gran limitante, mientras ellas no tengan plenos derechos. Por esta razón desde el principio se incluyó la aparcería de terrenos en las reglas de operación del Programa, y gracias a eso, no solo muchas mujeres, sino también jóvenes, campesinos sin tierra y avecindados, tuvieron oportunidad de reunir las 2.5 hectáreas que exige el Programa, a cambio de un porcentaje de la cosecha, o de nada cuando son familiares quienes las ceden. “La mayoría de las que han ingresado –dice Margarita- andan por los 40 o 45 años, aunque hay de más edad y algunas jóvenes. No obstante ser sembradora demanda mucho tiempo y energía, hay que trabajar en la parcela chapeando, sembrando milpa, frutales y maderables, hay que atender el vivero, aprender a germinar, a injertar, hacer trasplantes, y en la biofábrica los bocashi y otros abonos e insecticidas; además hay que asistir sin falta a las reuniones de capacitación y planeación en la Comunidad de Aprendizaje Campesino (CAC) con sembradores, técnicas, técnicos y facilitadores territoriales. Es decir, su responsabilidad es igual a la de los varones, pero más, porque este esfuerzo se suma al que hacen to-

dos los días en el hogar, atendiendo y cuidando a las y los niños, a los padres y a las siembras y animales del traspatio. Pero como representa un ingreso mensual importante para la familia los parientes apoyan en las tareas domésticas y también en la parcela. Y si es necesario, contratan peones, lo que es un beneficio indirecto a la comunidad, pues se da empleo a los que no pudieron entrar al Programa.” Caminar hacia la igualdad. Aunque hubo sembradoras desde el principio, y año con año fue aumentando, el fomento a la equidad e igualdad entre hombres y mujeres en las CACs, avanzó lentamente y con débil o nulo enfoque de género. Es cierto que las aparcerías facilitaron su entrada al Programa “pero, lo que no estaba previsto – reconoce Margarita- fue el fomento de la participación igualitaria, lograr condiciones de igualdad.” Al principio, a las que asistían a las CACs, se les asignaban tareas en la cocina, o se les pagaba medio jornal por las mismas labores que hacían ellos, pues el grupo de varones no valoraba igual su trabajo. “Fue necesario -afirma Margaritay seguirá siendo indispensable, sensibilizar a los sembradores para que se entienda que cada quién suma y aporta al colectivo de manera diferente. El primer año se hizo mucho hincapié en el trato igualitario entre hombres y mujeres destacando valores. “En las reuniones iniciales de las CACs era habitual ver dos grupos muy separados; en un extremo del local estaban ellas, y en el otro los varones, que hablaban, acordaban, decidían, mientras las mujeres ni voz tenían. Por eso el personal técnico y de facilitación territorial promovió dinámicas de integración… los grupos de población indígena hacían un gran esfuerzo al momento del ejercicio de tomarse las manos, no querían tocarse ni unas ni otros…. Pero trabajando en el vivero y la biofábrica, fue más fácil la empatía, el compañerismo y la integración entre ellas y ellos”

Margarita Hernández Vargas. Cortesía Secretaría del Bienestar

“También llego a suceder -cuenta Margarita- que el señor de la casa le quitaba el dinero del Programa a la sembradora, y se iba a la cantina… Esto ha disminuido, porque en la CAC técnicas y compañeros la apoyan, la animan a seguir, la ayudan a defenderse…” La labor por la igualdad ha sido, en gran parte responsabilidad de los y las técnicas. “La ventaja es que la mayoría son jóvenes y jóvenas de 30 o 35 años, que están familiarizados y conocen el tema de género, además 6 de cada 10 técnicos sociales son mujeres. La Dirección General de Bienestar ha realizado varios talleres de equidad y perspectiva de género, sobre todo desde el 2020, lo que ayuda a que se hable de inclusión y no discriminación en las CACs.” “Hoy -dice Margarita- se favorece el diálogo y el apoyo mutuo… Algunas sembradoras llevan a sus pequeños a las juntas de la CAC, y las técnicas les dan pinturas, organizan juegos. Y hay compañeras que cuidan a niños de otras, para que éstas puedan ir a la capacitación, a la parcela. También los varones apoyan, y en los Comités de las CACs si ellas faltan o no cumplen, se ven los motivos, los por qués … hay consideración hacia ellas”.

La labor por la igualdad ha sido, en gran parte responsabilidad de los y las técnicas. “La ventaja es que la mayoría son jóvenes y jóvenas de 30 o 35 años, que están familiarizados y conocen el tema de género.

Cortesía Secretaría del Bienestar

9 Con el paso del tiempo las sembradoras empezaron a ocupar cargos directivos en las CACs, y se reconoció que sus parcelas eran las más bonitas, las más variadas y mejor cuidadas. Hoy el 23% de las CACs están dirigidas por mujeres, y hay muchas exclusivamente femeninas. Y esto no es poca cosa significa que están modificándose costumbres y actitudes machistas. Doña Otilia presidenta de la CAC ‘Pezmateno’ de Hueyapan, Puebla, cuenta orgullosa: “Nos juntamos dos veces por semana a trabajar el vivero y hacer el bocashi, y entre todos y todas nos cooperamos para la comida…Cada quien es responsable de su banca y su plato y le toca lavarlo. Andamos parejos”. Aquí las sembradoras tienen cargo en los Comités, y también aportan su experiencia pues en el vivero, además de los árboles frutales como ciruela, durazno, pera, arándano, están sembrando hortalizas y plantas aromáticas y medicinales, que conocen bien porque son siembras de sus traspatios. Iniciativas y cambios. Salir de la casa a las reuniones de la CAC, trabajar en el vivero, en la biofábrica, les ha cambiado la vida a muchas sembradoras. “En algunos casos -el señor o los hijos mayores, se quedan a cuidar niños, animales, mientras ellas se van a su labor”. Otra novedad que les abrió el panorama fue salir de la comunidad. En noviembre del año pasado se hizo un conversatorio por el día de la no violencia contra la mujer y varias se animaron a ir, dejando pueblo, casa, hijos y marido. “algo está cambiando…-dice Margarita… ellas se están empoderando.” En este sentido Margarita valora experiencias de CACs de mujeres con iniciativa y ganas de agregarle valor a sus productos. “En Tenango de Doria ya están cosechando y empacando café, en Orizatlán producen y venden jabones de café, en Tlaxcala cultivan hortalizas en su vivero que

venden en el pueblo, en Oaxaca hacen mezcal, y además joyería con seda…. Algunas venden su verdura a pie del vivero, otras llevan sus productos el día de plaza o en un día diferente… hay como siete territorios con puntos de venta fijos y además comercializan en tiendas productos ya procesados como café empacado, mermeladas, vinos, mezcales, chocolate, artesanías y siempre hortalizas… en Puebla hay colectivas que trabajan la palma y visten la botella de mezcal con una bonita funda tejida”. Encuentro de mujeres. En el marco del día internacional de la mujer, en marzo de 2023 se realizó el “Encuentro de mujeres visionarias, promotoras de cambio e igualdad” en la alcaldía de Milpa Alta, CDMX. Asistieron 3025 mujeres, 2154 sembradoras de los 28 territorios del PSV de 21 entidades de la República, elegidas por sus CACs. También llegaron 344 del Programa Producción para el Bienestar (PPB) y 487 mujeres del personal operativo del PSV y del PPB, mas 40 campesinas de Milpa Alta. Al encuentro asistieron: la alcaldesa de Milpa Alta, funcionarias de la Secretaría del Bienestar y de la Subsecretaría de Autosuficiencia Alimentaria de la SADER, así como la titular del INMUJERES y la jefa de gobierno de la CDMX. Hablaron sembradoras y al final compartieron productos de sus parcelas y periódicos murales en un área que se nombró: “Cosechando frutos y consolidando esfuerzos”, también dejaron mensajes, videos testimoniales y sus manos pintadas en el mural: “Tejiendo alianzas por el cambio y la igualdad”. Hubo intercambio y diálogo sobre el nuevo papel de las mujeres en el campo, de su lucha diaria contra la discriminación y la violencia, y por la inclusión y reconocimiento de sus derechos. De lugares cercanos como Puebla, Guerrero, Hidalgo o Michoacán vinieron 200, 300 sembradoras, y de más lejos, del norte de México, llegaron entre 40 y 80, y también técnicas y facilitadoras. Tardaron tres o cuatro meses preparando la salida y los videos y materiales para compartir. Cada Comunidad de Aprendizaje se cooperó para que sus comisionadas llegaran al evento y además conocieran otros lugares. Cuenta Margarita que hicieron visitas a Teotihuacán, paseos en trajineras de Xochimilco, y al Zócalo citadino. Se han realizado otros eventos, como el Primer Encuentro de mujeres sembradoras líderes en el Itsmo de Oaxaca, en Salina Cruz, donde se compartieron experiencias y reflexionaron sobre los retos de las mujeres en el campo, enfatizando su lucha por la inclusión en los Programas, contra la discriminación y la violencia de género. “Estas mujeres están cambiando su vida, y también están cambiando al PSV” concluye Margarita. •


SEMBRADORAS

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“Estar aquí me dio chance de quererme” Entrevista a María Isabel Martínez, becaria de JCF en Libres, Puebla

Lorena Paz Paredes

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engo 20 años y dos hijos pequeños, uno de dos y otro de seis años. Vivo en San José Morelos del municipio de Libres. Me junté con mi novio por necia a los 13 años, él tenía 18 y tuve mi primer hijo a los 17 y el segundo a los 19, pero me separé por un momento de violencia muy fuerte. Ya separada entré de becaria al Programa Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF). Me costó trabajo por mis hijos pequeños, pero he luchado y luchado para salir adelante. Me enteré del Programa porque mi papá fue sembrador, y él me animó, aunque desgraciadamente ya falleció. Me metí a una plataforma, me registré y salí en el sorteo. Me acuerdo bien: fue un 18 de agosto del 2021, cumplía yo 19 años. Entramos como 26 becarias que nos integramos a ocho CACs de por aquí, dos o tres por cada comunidad de aprendizaje. Algunas eran estudiantes y tres ya teníamos bebés. Estuve un año en la CAC ‘Casa Blanca’ en Guadalupe Victoria, donde quedó mi mamá de sembra-

dora. Además del vivero, la gente de ese grupo hace artesanías con palma: chiquihuites, aventadores, escobetas, tapetes, y tienen una biofarmacia. Nos daban capacitación cada mes, nos enseñaron germinación, cómo se hace una composta, cómo un insecticida natural, y también a hacer sidra con frutas. A la siguiente semana yo repetía las capacitaciones a los sembradores y recorría sus parcelas, pero tenía que llevar conmigo a mi pequeño de 7 meses. Por un accidente pedí cambiarme a otra CAC. Hoy trabajo en la CAC ‘Campesinos Unidos’ de Libres 2, con 22 sembradores y cinco sembradoras. Son señores de 60 a 85 años, y dos señoras de 60 y 65 años que son las más jóvenes. Costó trabajo que nos aceptaran a las becarias. Es que a algunos no les gusta que los mande una mujer y menos si es joven, pero los de más edad no son machistas, nos apoyan, y con facilitadores la sobrellevamos bien, hay más igualdad. Estamos a gusto en la CAC porque a las becarias mamás nos ayudan si los niños se enferman, y nos dan chance de faltar.

Aquí he aprendido mucho: a germinar el ciprés, son miles de árboles que deben tener el componente correcto para que no se mueran a la hora del trasplante, la última capacitación fue de poda e injerto. Hay reglas en el vivero: llegar temprano (10 minutos de tolerancia) si no se pone sanción. Cada ocho días, reunión general, y los sembradores pasan por un rol según la lista, pero los mayores no hacen trabajos pesados. Que hacemos las becarias. Trabajamos de 9 am a 5 pm, y en los recorridos de parcela, contamos plantas y nos acompaña un sembrador. En la reunión general de la CAC, acomodamos la biofábrica, el vivero, damos pláticas y tenemos media hora de lectura en voz alta. Leemos y luego se hace una reseña, además hay un mural de derechos y de sueños, donde se apunta todo lo que quieren los sembradores. Cuando no están las técnicas las becarias nos organizamos. Los sembradores son gente buena, nos regalan víveres cuando vamos a visitar sus parcelas. Las becarias nos acompañamos y nos andamos cuidando porque a veces hay que salir a las 5 de la mañana y subir cerros en plena oscuridad, y hay coyotes y serpientes. Llegando a la parcela, nos dan té con pan o nos invitan a comer. Hubo veces en que terminábamos el recorrido a las 8 o 9 de la noche, íbamos anotando, contando plantas, parcela por parcela, en cada una tardábamos casi una hora. En los recorridos teníamos que ver y apuntar si estaban sembradas cerca de 3,000 plantas, normalmente las agroindustriales eran: 500 nopales, 400 magueyes en surcos de 3 a 4 metros de ancho por 3 de largo; las maderables como 700 arbolitos; y 1400 frutales con milpa en más o menos una hectárea. Yo me organizaba con otra becaria para hacer recorridos en 2 o 3 días -eran 27 sembradores con 27 parcelas. Dejábamos encargados a los niños con una mamá, y escribíamos en una bitácora anotando cuantas plantas estaban vivas, fijándonos si estaban revueltas. Yo decía aquí hay 7 hileras y dibujaba un croquis, y

Cortesía Secretaría del Bienestar

así íbamos revisando los sistemas y las metas y pasábamos a otra parcela. Regresábamos cansadas a casa a ver los niños, a hacer comida, y a subir la información a la plataforma porque eso debíamos hacer después de los recorridos de campo usando la tablet y la calculadora, y cuando los niños no estaban dormidos…era muy difícil Luego mandábamos la información a los técnicos. Yo no tenía tablet, todo lo hacía desde mi celular y no es fácil, aunque me di la maña. A veces nos apoyaban los técnicos o los de Contraloría en la parcela, a veces nos acompañaban. Debería cambiar la organización con los técnicos -digo- ellos son nuestros jefes y nos cargan la mano, porque a veces terminamos haciendo su trabajo de ellos. Y si hay error, nos retachan el informe y a empezar de nuevo. Poca comprensión -digo-. En cambio, con los facilitadores hablamos libremente. A las becarias no nos dan herramientas de trabajo: ni botas, ni sombreros y andamos por montes y matorrales donde hay víboras cascabel; las libretas, los lapiceros, el celular, la tablet, todo va por cuenta nuestra. Yo perdí mi celular en el monte y tuve que comprar uno. Además, no tenemos seguro médico, como los estudiantes porque en el Programa somos aprendices y no trabajadoras. Ser becaria y ser madre. Yo viví violencia con mi pareja, y entonces sentí que sola no po-

dría lograr nada, me sentía débil, incapaz. Con el PSV aprendí a sobresalir sin ser sumisa. Es que no podemos estar donde nos maltratan, si nos quedamos se nos cae la autoestima. Estar aquí, me dio chance de abrirme, de quererme, de no permitir que me pisen. Hay veces que se nos cierra el mundo a las mujeres cuando tenemos niños pequeños y nos maltratan, y los papás de una no apoyan. Por eso digo a mis compañeras: ya no tengan más hijos, porque ellos van a repetir, a volverse maltratadores cuando crezcan. El futuro. Ya se me acabó el tiempo de becaria, pero en el Programa aprendí mucho y sé qué voy a hacer. Puedo escribir documentos, constancias de posesión, sé hacer injertos, germinar, conozco abonos, insecticidas, y también se preparar mermeladas, vino de manzana, hidromiel que es una bebida antigua preparada con maguey para el pulque. Estar en el PSV me ha servido para el futuro. Me podrían llamar como capacitadora, porque aprendí bien y rápido todo lo del PSV. Ahora quiero acabar mis estudios. Estoy chica y quiero sobresalir. Soy una joven todoterreno por saber tantas cosas a mi corta edad. Además, tengo mi moto en la que llevo a compañeras y voy y vengo. Ahora voy a ayudarle a mi mamá que es sembradora para que tenga bien ordenadas sus plantas, ya la ayudo a encalarlas para protegerlas de plagas y de hielo. •

Los sembradores son gente buena, nos regalan víveres cuando vamos a visitar sus parcelas. Las becarias nos acompañamos y nos andamos cuidando porque a veces hay que salir a las 5 de la mañana María Isabel. Cortesía Secretaría del Bienestar

y subir cerros en plena oscuridad, y hay coyotes y serpientes.


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SEMBRADORAS

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Becarias Sembrando Vida. Cortesía Secretaría del Bienestar

BECARIAS DE JÓVENES CONSTRUYENDO EL FUTURO

“No tenemos que irnos para crecer”

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aleria (Puebla). He aprendido mucho conviviendo con sembradores. Creo que ser becaria ha sido una buena experiencia de reintegración social. Yo creía que conocía a mi familia y no es así, no la conocía, y que a la comunidad la conocía y no era así. Ser becaria fue muy completo, leer, sembrar,

hacer intercambios de productos en tianguis, y sobre todo ver los amaneceres en el campo. Eso no se compara con nada. Aprendí a valorar el agua porque es un recurso escaso que hay que cuidar y reducir la huella hídrica en todo lo que se produce. Alma (Puebla). Veo que el Programa es muy diverso, y que parti-

cipamos en faenas comunitarias. Aquí nosotras animamos a los sembradores a que ahorren y al final del año ven qué hacer con el ahorro. Aunque son personas mayores, y nosotras, jóvenes aprendices, creo que es muy bueno aprender en todas las etapas de la vida, ellos y nosotras. En el PSV aprendimos MIAF, a germinar, a hacer injertos, a reforestar. Hoy sé que reforestar es bueno para la vida del planeta. Este Programa nos ha ayudado a pensar que no todo es mejor fuera de la comunidad, que aquí y no en otro lado podemos agregar valor a nuestros productos. No tenemos que irnos para crecer y mejorar. Teresa (Puebla). Yo entré al PSV como becaria en 2019, luego pasé a ser técnica social, las técnicas escuchamos a los sembradores, vemos y compartimos su gran esfuerzo en la parcela, aprendemos y capacitamos, injertamos, contamos plantas. Y vemos que ellos no dejan de ir a regar sus plantas aunque sea acarreando agua en botellas. Nosotras recalcamos lo social, los animamos a que festejen sus cumpleaños aquí, que se sientan en familia en su CAC. María Isabel (Puebla.) Aprendí muchas cosas del campo. Es una

Becarias Sembrando Vida. Cortesía Secretaría del Bienestar

dicha ser becaria, me enseñé a germinar, a producir hortaliza orgánica, a cuidar el ambiente, la tierra, a cuidar el agua y no contaminarla. Le agradezco a AMLO que gracias al Programa podamos alimentarnos sanamente. Mi sueño y mi deseo para los sembradores es que sigan adelante con sus CACs aunque ya no reciban el apoyo del gobierno. Lucely (Yucatán). Acá las únicas mujeres que trabajan (fuera de su hogar) son las maestras que llegan

al pueblo, no hay oportunidades para una mujer. Yo no tenía celular, otra persona me registro en Jóvenes Construyendo el Futuro. Al principio iba temerosa al vivero, pues nos criticaban, no fue fácil. Pero ahora esos mismos sembradores quieren que sus hijas tengan esta oportunidad. Gracias a que fui becaria de Sembrando Vida aprendí mucho, y cuando nos invitaron a llevar la relatoría del Asambleísmo de la zona comprendí que soy capaz de lograr muchas cosas. Hoy ya no siento miedo. •

Aquí nosotras animamos a los sembradores a que ahorren y al final del año ven qué hacer con el ahorro. Aunque son personas mayores, y nosotras, jóvenes aprendices, creo que es muy bueno aprender en todas las etapas de la vida, ellos y nosotras. En el PSV aprendimos MIAF, a germinar, a hacer injertos, a reforestar. Hoy sé que reforestar es bueno para la vida del planeta. Este Programa nos ha ayudado a pensar que no todo es mejor fuera de la comunidad, que aquí y no en otro lado podemos agregar valor a Becarias Sembrando Vida. Cortesía Secretaría del Bienestar

nuestros productos. No tenemos que irnos para crecer y mejorar.


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Sembrando ideas Entrevista a Otilia Toribio Martínez, presidenta de la CAC Pezmateno de Hueyapan, Puebla

Lorena Paz Paredes

O

tilia es presidenta del Comité directivo de la Comunidad de aprendizaje campesino (CAC) Pezmateno, un pueblo náhuat de Hueyapan, Puebla, también conocido como la Joya de la sierra y cuna del chal bordado. Aquí cuenta su historia. Tengo 42 años y nací en una comunidad vecina. Me casé hace 20 años, pero hace dos años y 5 meses se murió mi marido, que era sembrador del PSV. De mi pasado puedo decir que a los 12 años quedé huérfana de mamá y desde entonces mi papá adoptivo me crió hasta cumplir 15 años cuando empecé a trabajar en casas, lavando y cocinando. Estudié la primaria y el primer año de secundaria, y en una escuela para adultos, pero no me dio la vida y la dejé. Cuando me junté con mi marido, nos arrimamos a vivir con los suegros, 10 años estuvimos con ellos. Como somos de un pueblo chico, de costumbres, cuando se vive con los suegros, siempre se tiene que obedecerlos. Ellos tenían buenas parcelas y cafetales, y ahí yo aprendí muchas cosas, a cortar café y a hacer faenas del campo. Luego nos separamos de ellos y empezamos a hacer un jacal sin tener nada. Bueno, nos apoyó su abuelo, un señor de 104 años, que nos dio un pedacito para fincar. Mi esposo era herrero, y de ahí poquito a poco logró ir ahorrando para pagar el material de la casa. Mi papá de crianza me dio un lote donde metimos un marrano y pollos. Además, yo bordaba ajeno y hacía costuras en mi máquina de coser. Y así, entre lo poquito que yo y él ganábamos, fuimos ahorrando y viviendo. El terreno donde hoy estoy de sembradora se lo ofrecieron a mi esposo, no valía nada, ni sendero tenía, ni arbolitos, puro helecho, así que él empezó a limpiarlo. Luego llegó la obra de un gobierno federal, querían abrir un camino en ese terreno, pasar la calle por en medio, y buscaron a mi marido, que primero dijo no, pero luego vio que le convenía. Y así fue que empezó a limpiar y a sembrar milpa y plátano, y también sacábamos algo de maíz, frijol, chile, tomatillo, tantito para el gasto, y un poco para vender, además de alimentar al puerco y las gallinas. Mi marido compró una hectárea en la parte alta y luego otra media en la baja, donde sembramos ocotes, acolocotes para leña, y se vendió la madera. Aparte su

abuelo le dio una hectárea más para milpa. Luego anduvimos por Tlapacoya viendo limonares, y dijimos ‘vamos viendo si pega el limón’, nos trajimos limones y cuando llegó el PSV, ya teníamos arboles de limón. La condición del abuelo para darnos la tierra fue ‘Cuídenme y ya finado pongan para el sepelio y háganme mis rezos cada mes todo el año’. Esperando el apoyo del programa. Mi esposo entró al PSV en 2019, fue de los últimos. Luego se fundó la Comunidad de aprendizaje Campesino (CAC) que se nombró Pezmateno, por el árbol

de Pezma, uno que se anda acabando y que ocupamos mucho. Los sembradores consiguieron el lugar, aplanaron y chapearon, acarrearon troncos para el vivero, hicieron abonos y la biofábrica. Primero eran 24, pero cuando empezaron a sentir la presión del trabajo, se apartaron. Y es que muchos se fueron con la finta de que iba a ser igual que Procampo, nomás agarrar el dinero y no cultivar la tierra, y nadie venía a ver la parcela. Este programa es distinto, tenemos que cumplir la meta, enseñar la evidencia de lo que trabajamos. Mi esposo estaba esperanzado y por eso iba diario a la parcela haciendo de todo, el estanque, los chapeos, la cerca. Muchos se fueron saliendo al no llegar los pagos, el señor, la señora, no quería estar trabajando así nomás. En cambio, mi esposo dijo: yo le

16 DE SEPTIEMBRE DE 2023 sigo a ver qué pasa, a ver cuánto aguanto, y mientras, yo bordaba ajeno para ayudarnos. Los que se quedaron fueron fincando las galeritas, el local, ya iba agarrando forma nuestra CAC. Y un día avisan: ya están las tarjetas del Programa en Tlatlahuqui… Y allá se fueron todos. Cuando falleció mi marido por la diabetes, el técnico del PSV lo dio de baja, y me animó a entrar y seguir con su parcela. Los técnicos me mandaron traer para el funeral, así estaba yo de triste, pero me dije: mejor acepto, para que me encierro con mi depresión, además la parcela tenía 1500 plantas y no quería perderlas. Los técnicos me arreglaron la documentación y a fines de abril quedó lista. Pero casi no quería ir a la CAC, hasta junio fui a presentarme, porque ellos me decían: venga a los cursos, métase al vivero, socialice… Y pues eso hice.’ Mi tarjeta de sembradora dilató ocho meses, me llegó hasta diciembre del año. Pero la tardadera no me desanimó, trabajé sin paga

Mi marido compró una hectárea en la parte alta y luego otra media en la baja, donde sembramos ocotes, acolocotes para leña, y se vendió la madera. Aparte su abuelo le dio una hectárea más para milpa. Luego anduvimos por Tlapacoya viendo limonares, y dijimos ‘vamos viendo si pega el limón’, nos trajimos limones y cuando llegó el PSV, ya teníamos arboles de limón.

Doña Otilia en su CAC. Lorena Paz Paredes

y aprendí cómo hacer los abonos, a germinar semillas, antes lo hacía nomás a lo lírico, y pues no, tiene su chiste, hay que quebrar la semilla, refrigerarla; también me enseñé a podar y a sembrar las plantitas. En ese tiempo hicimos los camellones con hormigón y cal. Trabajamos varios y las seis mujeres que somos. Por cierto, ellas algo mayores que yo: de 48 años, de 50, 52 y así. Hasta orita sigo siendo la más joven. Trabajar a diario me ayudó a salir de la depresión y fui ganando confianza, seguridad. Ocupar un cargo. El tesorero se enfermó de diabetes, dilató dos meses enfermo y me dio la suplencia de tesorera. En ese cargo estuve cuatro meses llevando la compra. En febrero de 2022 cambió el Comité de Administración de la CAC, el presidente que estaba, ya había cumplido sus tres años, y poco después se murió. Fue cuando me propusieron para ese cargo. Como no todas estaban de acuerdo porque decían que me faltaba mérito, mejor me nombraron Tesorera y estuve ocho meses en el cargo haciendo de todo. Logramos el sueño de cercar la CAC con malla, y cuando llegó el ahorro del PSV, abrimos una cuenta para el proyecto de borregos. Yo vi todo, busqué los borregos, traje el rastrojo molido, y es que yo me había enseñado a ordeñar, a vacunar con mis suegros que tenían sus animales. Fui animando a los compañeros de la CAC: ‘vamos a hacer los corrales -les dije- y ahí nos fuimos


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Suplemento informativo de La Jornada 16 de septiembre de 2023 Número 192 • Año XV COMITÉ EDITORIAL Armando Bartra Coordinador Enrique Pérez S. Sofía Irene Medellín Urquiaga Milton Gabriel Hernández García Hernán García Crespo CONSEJO EDITORIAL Gustavo Ampugnani, Cristina Barros, Armando Bartra, Eckart Boege, Marco Buenrostro, Alejandro Calvillo, Beatriz Cavallotti, Fernando Celis, Susana Cruickshank, Gisela Espinosa Damián, Francisco López Bárcenas, Cati Marielle, Yolanda Massieu Trigo, Julio Moguel, Luisa Paré, Enrique Pérez S., Víctor Quintana S., Héctor Robles, Eduardo Rojo, Lourdes E. Rudiño, Adelita San Vicente Tello, Carlos Toledo, Víctor Manuel Toledo y Antonio Turrent. Mujeres. Lorena Paz Paredes

a hacerlos. Y les dije es tiempo de formar un comité interno, hacer roles entre todos. También me tocó poner las reglas: las multas por retardos y faltas. Y se llegó la hora de traer bambú al rancho para techar. Le solicitamos su camioneta a Diconsa, cuando dejé el maíz -le dije al chofer- traiga el bambú. Y así fue, entre 20 compañeros se acarreó el bambú… las mujeres esperábamos con la comida aquí en la CAC, mientras los señores descargaban y cortaban. También se me ocurrió que los señores tenían que hacer un baño de caballeros, y lo hicieron. Luego les dije hay que producir licor de frutas, pero reutilizando las botellas en vez de tirarlas… “Traes ideas frescas”, me decían. Yo empecé como presidenta de la CAC en el 2023. Tenemos varios comiteses, y las mujeres tienen cargo, y los 13 señores también andan con cargo. Mi suplenta es mi comadre, el tesorero Elías tiene a doña Carmen de suplenta; el secretario son dos hombres, en Control y transparencia está doña Cirila, y en el comité de enlace para las faenas, hay dos comadritas. Trabajo comunitario de la CAC. Aquí se ocupa hacer faenas comunitarias: del CAC vamos a limpiar el panteón, los manantiales, a reforestar, otro día llegamos a chapear al campo deportivo, a dejarlo limpio para que se vea bonito. Y en la CAC también hacemos labor social, si alguien se enferma lo ayudamos, aunque no sea de nuestro grupo. Así fue con un señor que se accidentó y su parcela se estaba perdiendo. Entonces 20 mujeres y hombres

de la CAC fuimos a limpiar su terreno. Esa labor es humanitaria le dijimos a los técnicos, nos toca ir ayudar, está bien dijeron. La esposa del señor nos recibió muy agradecida. También tenemos dos becarias, pero ya se les acaba su tiempo. Ellas vienen cada ocho días porque atienden tres CACs: La Aurora, Paso Real y Pezmateno, nos ayudan a actualizarnos con el internet, nos guían para organizarnos mejor, y ven que todo esté en regla, además apoyan en la embolsada, en los letreros. ¿Cómo ve la comunidad a la CAC Pezmateno?, ¿Cómo nos miran a las sembradoras y sembradores? Dicen: ´El gobierno les da por tener terreno, se benefician los que tienen, y a los que no tienen no les da nada’. El vecino de al lado no me envidiaría si tuviera él su apoyo, ojalá le dieran a predios más chiquitos, y no sólo de 2.5 hectáreas, aunque reciban menos, para que se trabaje, para que no quede campo sin cultivar y no se vaya la gente. A veces llegan del gobierno a repartir fertilizantes al municipio, y aquí en la CAC vemos que los abonos que preparamos sí sirven y mejoran la tierra, y no la enferman como los químicos, eso estamos demostrando. También andamos enseñando que no es lo mismo comprar alimentos que producirlos uno, la mejor comida, la más buena, es la que llega del huerto a la mesa. Beneficios. En la CAC ya vemos los beneficios, en el municipio estamos vendiendo a buen precio lo que sembramos, los plátanos los vamos rancheando. Cuando tenemos vendemos

planta del vivero, está abierto al público y regalamos planta y arbolitos a las escuelas. En el vivero sembramos de todo: hierbas medicinales y de cocina, hortalizas, flores, verduras. Además, en la parcela a veces empleamos a gente de aquí, conocidos; así se benefician también ellos, los que no tienen Programa. ¿Y las mujeres? Las mujeres ya van progresando un poco, pero hay mucho machismo y sufren maltrato, aunque algunas maltratan a ellos. En familias más viejas pesa la costumbre de que la mujer vale poco y está solo en su casa. Antes en los pueblos nosotras no teníamos ni voz ni voto, y orita ya hay cambios en los cabildos, porque estamos 50% hombres y 50% mujeres. Las parejas más jóvenes comparten más, se libera la mujer que busca empleo. Y es que ella debe tener libertad para buscar su propio beneficio de ella. Aquí en la CAC, hubo un señor que venía con la señora a vigilarla a ver qué hacía aquí, y ella siempre sumisa. Entonces hablamos con él, que aquí se respeta a las mujeres, le dijimos que la deje ser. Y si cambió. En la CAC nos enseñamos a que todos se cooperan cada quien lava su plato y la regla es: si saca su banco, luego mete su banco. Yo tengo un grupo de bordadoras, a veces nos juntamos a bordar y compramos el material, y salen blusas, faldas, chales, huipiles que vamos vendiendo en los tianguis, y es un dinero extra para nosotras. Yo digo que es bueno que las mujeres borden, trabajen, aunque tengan un esposo que

las respalda, no hay que depender del señor, los esposos son prestados, y como mujer hay que salir adelante, buscar ser autosuficiente para tener lo necesario, para que no falte alimento. Se celebró este año el Dia internacional de la Mujer en Milpa Alta de la CDMX, allá fuimos cinco mujeres del municipio y llevamos nuestras artesanías de bordado para enseñar. Salimos el 1º de marzo y regresamos al día siguiente. Fue mi primera salida, algo carrereada pero bonita. ¿Y los jóvenes? Los jóvenes luego no quieren trabajar, muchos andan vagabundeando, se descarrilan en los vicios. Y yo digo que vengan a trabajar aquí, en vez de parrandear… aquí en el campo hay trabajo. Sueños. Mi grupo está contento, les gusta el Programa. Quisiéramos que el día de mañana entrara más gente con predios pequeños para que se produzca en todas las parcelas y se coma mejor. Para mí el halago más grande es empezar a producir la tierra, con más manos se beneficiaría más gente. También queremos talleres para aprender a transformar los productos que tenemos, y saber dónde vamos a vender lo que estamos sacando, que no se aprovechen nomas los coyotes de nuestro esfuerzo, queremos cursos para enseñarnos a vender bien. Yo quiero agradecer al señor presidente AMLO que haya traído el PSV a esta zona tan olvidada… es un gran apoyo porque conlleva mejoras que no van a dejarnos regresar al tiempo de antes. •

Publicidad publicidad@jornada.com.mx Diseño Hernán García Crespo La Jornada del Campo, suplemento mensual de La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; avenida Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México. Tel: 9183-0300. Impreso en Imprenta de Medios, SA de CV; avenida Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México. Tel: 5355-6702. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin la autorización expresa de los editores. Reserva de derechos al uso exclusivo del título La Jornada del Campo número 04-2008121817381700-107.

OPINIONES, COMENTARIOS Y DUDAS

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Imagen de portada: Cortesía Secretaría del Bienestar. Doña Martina Morales Verdugo. CAC: El Maizal. Ejido: Benito Juárez. Municipio: Cacahoatán. Estado: Chiapas


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Sembradoras de la CAC Los Cocoyoles, al centro Ana María Luisa May Chay. Odilia Rojas López

QUINTANA ROO

El programa Sembrando Vida y la inclusión de la mujer rural Odilia Rojas López, Juan Bautista Dzib Chan, Stephanie Astrid Ureña Pérez, Rosalía Guadalupe Vidal Miranda y Francisco Herrera García Técnicos sociales de la Ruta BacalarNohbec sv.bacalar1@gmail.com.

C

on el programa sembrando vida, grandes oportunidades se han presentado para las y los productores rurales, puesto que es un proyecto productivo y social que ha apoyado e impulsado a este sector olvidado por los sexenios anteriores.

Dos de las problemáticas que atiende el programa SV son “la pobreza rural y la degradación ambiental”, para ello se han establecido tres objetivos con los que se pretenden combatir estas problemáticas, siendo los siguientes: Rescatar el campo; Regenerar el tejido social y Reactivar la economía social.

Estos dos ejes están siendo combatidos gracias al logro de los objetivos por medio del trabajo de las sembradoras y los sembradores, personas que con orgullo se identifican como campesinas y campesinos que aman sus raíces y desean prevalecer el conocimiento de sus antepasados en las prácticas de siembra y cosecha, combinándolas con las nuevas metodologías de agricultura, las cuales se acompañan del asesoramiento del binomio técnico (productivo y social).

Desde el primer año se pueden observar cambios en la organización del trabajo, puesto que estaban acostumbrados a trabajar de manera individual, pero ahora lo hacen en comunidad y la prueba de ello, son los resultados que vemos en cada una de las Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC, nombre que se le designa a los grupos de trabajo que han integrado hombres y mujeres adscritos al programa), a cinco años de su inicio se ha fortalecido la gobernanza participativa lo que ha generado impacto en los ejidos y comunidades al replicarse en algunos de ellos la forma de organización, liderazgo, autogestión que van mostrando las CAC

En las comunidades y ejidos donde se tiene presencia se identifican inmediatamente los logros del programa resaltando grandes cambios, económicos, productivos, así como en actitudes, integración y regeneración del tejido social. Los viveros y las biofábricas establecidos dentro de los ejidos, se convierten para los sembradores en los espacios de convivencia, de capacitación, de fortalecer sus capacidades y adquirir herramientas y conocimientos que les ayudará a los sembradores a consolidar sus unidades de producción, incrementar la diversidad de productos que a futuro pondrán a disposición para sus ejidos mediante la comercialización de estos y principalmente para el autoconsumo familiar. Otro logro importante del programa a destacar es el papel de la mujer sembradora, quien es objeto del presente artículo. La ruta Bacalar-Noh-Bec, perteneciente al territorio Tzucacab (Othón P. Blanco) se encuentra conformado por 307 mujeres integradas a 40 CAC, el programa sembrando vida trajo para las sembradoras enfrentarse al gran reto dentro de la organización interna de sus ejidos: solicitar a la asamblea ejidal, conformada mayormente por ejidatarios hombres, los contratos de usufructo para dar certeza a la posesión temporal de la unidad de producción donde estarán sembrando, cultivando y plantando especies forestales y frutales, cubriendo con esto uno de los aspectos que han padecido las mujeres rurales referente a la posesión de la tierra para desarrollar sus proyectos productivos. Se resalta también la inclusión de las mujeres dentro de la planeación y organización de las actividades, lo que ha sido un gran cambio desde la perspectiva de género, las sembradoras son tomadas en cuenta por sus compañeros, se valoran sus opiniones, su trabajo, se le delegan cargos como parte de las directivas de las CAC, encabezando alguna de las

Los viveros y las biofábricas establecidos dentro de los ejidos, se convierten para los sembradores en los espacios de convivencia, de capacitación, de fortalecer sus capacidades y adquirir herramientas y conocimientos que les ayudará a los sembradores a consolidar sus unidades de producción, incrementar la diversidad de productos que a futuro pondrán a disposición para sus ejidos mediante la comercialización de estos y principalmente para el autoconsumo familiar.

Emprendimiento de un negocio familiar por parte de la sembradora María Aurelia Hay Dzib. Rosalía Guadalupe Vidal Miranda


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Vivienda construida con el apoyo del Programa, Sembradores María Concepción Loría Peraza y C. Cosme Damián Uh Tzacum. Francisco Herrera García

comisiones internas, delegándoles responsabilidades de las cuales las sembradoras se apropian y saben sacar adelante, el primer año fue difícil para algunas mujeres ya que algunos varones no creían que fueran a durar, sin embargo, los resultados han sido positivos y los varones cada vez aceptan el trabajo de la mujer en el campo y como sus compañeras de trabajo. Como muestra de este proceso de transformación dentro de las comunidades, se presentan los testimonios de mujeres sembradoras que pertenecen a la ruta Bacalar-Noh Bec. Para iniciar está el de la sembradora Ana María Luisa May Chay de la CAC Los Cocoyoles, del ejido Miguel Hidalgo y Costilla del municipio de Bacalar, manifiesta que antes del programa acompañaba a su esposo a trabajar la parcela, pero ahora con el programa es ella quien toma las decisiones de qué, cuándo y cómo sembrar, organiza las labores de mantenimiento y la cosecha, lo que le ha permitido, además, fortalecer los lazos familiares, dado que le ayudan su esposo y sus dos hijos en las actividades de la unidad de producción y cuando es temporada de cosechar los productos la apoyan en la venta saliendo a otras comunidades, participando en los tianguis que organiza su CAC en la localidad y colocando una mesa afuera de su vivienda donde pone a la venta sus diferentes productos. De la localidad de La Pantera, de la CAC Paakal Kuxtal, se presenta a la sembradora Narciza Jiménez Y Chi de 67 años, digna representante de la comunidad indígena Maya, quien ha visto la oportunidad de mejorar las condiciones socioeconómicas, la calidad de vida y que en su opinión es a través del programa por el que ahora las mujeres aportan al

trabajo en el campo, en sus propias palabras manifiesta que “a los hijos hay que enseñarles que la madre tierra nos da de comer, las personas que trabajan la tierra son la riqueza de nosotros” con ello se reconoce la labor de los productores y productoras del campo, además nos cuenta que con lo que ha ahorrado del apoyo pudo adquirir una moto que le facilita realizar las actividades en su unidad de producción al ser su medio de transporte y carga. Siguiendo con el trabajo de la mujer bacalarence, en la comunidad de Reforma, donde vive la sembradora María Aurelia Hay Dzib, integrante de la CAC Altos de Sevilla, la cual manifiesta que gracias al programa sembrado vida, ella y sus hijos han mejorado su calidad de vida. Nos platica

que después de las clases se van a trabajar juntos a su unidad de producción, de igual forma, comenta que con el ahorro que recibió por parte del programa, pudo cumplir uno de sus grandes sueños: emprender su propio negocio, el cual consiste en un puesto de comida, en el que además de ofrecer alimentos pone a la venta productos para el hogar en beneficio de los habitantes de la localidad y comunidades cercanas que arriban a su negocio. La sembradora Blanca Estela Hernández Ramos es madre, esposa y campesina, perteneciente a la CAC Aguacate, localidad de Limones, nos comparte su experiencia con el programa: “Como mujer he aprendido a sembrar y cultivar plantas que pensaba no iban a vivir por el tipo de clima,

Sembradora Narciza Jiménez Y Chi en su unidad de producción. Juan Bautista Dzib Chan

pero hemos cultivado y aprendí que sí se producen, algunos ejemplos de lo que he sembrado ha sido la cebolla, la flor de cempasúchil, la flor de terciopelo, el aguacate hass, entre otras. El programa es una manera de adquirir y compartir conocimientos propios con los compañeros. Mi trabajo antes era atender una tienda y mi casa, pero cuando inició el programa pensé que no iba a poder hacer todo lo que nos exigía, pero luego de ver y escuchar cómo se iba a trabajar dije sí puedo. En cuanto a mis compañeros de grupo no puedo decir que son excelentes, porque como en todo siempre hay alguien que no le gusta trabajar con mujeres ni mucho menos recibir un comentario de una compañera. Sí, en nuestro grupo aún existe el machismo. Este programa ha

sido bueno para muchos, a los que realmente les gusta el campo y los que con gusto cosechan lo sembrado. Para esas compañeras y esos compañeros gracias por hacer que el campo produzca y sigamos trabajando, compartiendo nuestros conocimientos y cuidar lo que ya está sembrando, porque eso es nuestro, lo que logramos con sudor, heridas, sol, lluvia, hemos estado cuidando y sembrando cada planta. Para así poder decir el día de mañana forme parte del programa sembrando vida”. Otra experiencia del impacto del programa para el bienestar de las mujeres es el presentado por los sembradores C. María Concepción Loría Peraza de 66 años y su esposo el C. Cosme Damián Uh Tzacum de 74 años, de la CAC Lol Chacaj, localidad de Andrés Quintana Roo, municipio de Bacalar, quienes construyeron su vivienda con el recurso recibido del ahorro programado y del ahorro voluntario que realizan. Agradeciendo al gobierno federal por haber pensado en la gente de escasos recursos y que viven del campo, ahora pueden ver concretado su sueño tener una vivienda digna y sus parcelas con producción. Así es como las sembradoras antes citadas expresan que tanto ellas como sus compañeras con ayuda y dirección del programa Sembrando Vida, han avanzado así fortaleciendo sus habilidades, capacidades y conocimientos, todavía queda mucho camino por recorrer para que la igualdad y equidad de género sean una realidad, sin embargo, existe el compromiso de seguir trabajando en la inclusión, el reconocimiento y la valorización de la labor que realizan las mujeres rurales y campesinas, así como de todos los grupos que se encuentran en estado de vulnerabilidad social, económica y política.


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Ramones. Isabel Jara

Carolina Xix Caamal con su siembra de piña. Isabel Lara

QUINTANA ROO

A cinco años de un cambio Isabel del Carmen Lara Domínguez chabelarad@gmail.com

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uando hablamos de las parcelas del Prog ra ma S embra ndo Vida, en ocasiones, no dimensionamos el impacto que ha implicado para muchos(as) de los(as) sujetos de derecho adscritos al padrón de beneficiarios, asumimos, que el camino ha sido sencillo y que en ocasiones el subsidio ha sido suficiente para cubrir sus requerimientos, sin embargo, la realidad es que para un número significativo de beneficiarios, Sembrado Vida llegó a sus comunidades y ejidos a cambiar su vida, su día a día, en donde este cambio implicó retomar el trabajo en las parcelas, que por años no habían podido realizar por la falta de recursos económicos; en

la mayoría de los casos, este también ha sido un reto, en el cual, el hacer producir el campo y aprender conocimientos nuevos o ya olvidados ha sido un referente permanente del programa. Tal es el caso de la señora Carolina Xix Caamal, quien es oriunda del estado de Quintana Roo, es una sembradora del ejido Juan Sarabia, que con el apoyo de su esposo, decidió registrarse en el programa Sembrando Vida. En su caso, su familia le heredó su parcela, pero por la falta de recursos económicos, había sido imposible para ella y su esposo, trabajarla como se debiera. Cuando inició el programa, la parcela se encontraba completamente abandonada, por lo cual, el acceso a la misma, desde el

registro de puntos geo referenciados hasta la verificación de la unidad, fue muy complicado por las condiciones en las que se encontraba. Su parcela se ubica a unos 5 km del poblado del Xulha. Los primeros tres años del programa, los productores y vecinos de las parcelas aledañas veían diariamente a la familia yendo en bicicleta o a pie, de Xulha a su parcela, todos los días, en la mañana y en la tarde, llevando consigo sus herramientas, insumos y plantas para sembrar. Pese al reto que eso implicó, su carisma y compromiso por trabajar su parcela nunca decayó, al contrario, permaneció y se fortaleció. Junto con dos vecinos, don Francisco y don Gabino, quienes también son sembradores, se organizaron para poner una toma de agua y contar los tres con agua en sus parcelas, ya que la sequía les afectaba significativamente. Afortunadamente en el año 2022, después de esperar los tres años establecidos por el programa, pudieron recibir su ahorro, con este recurso y otro tanto que

habían ahorrado de manera voluntaria, decidieron invertir en la compra de una moto para facilitar su traslado de la parcela a su vivienda, posteriormente, continuando con la cultura del ahorro, pudieron hacer un tinglado en su parcela, en el cual descansan y en ocasiones, conviven en familia, después de un largo día en el campo. Doña Carolina fue de las primeras productoras de su CAC que alcanzaron su meta de siembra, destacándose junto con su esposo por siempre llevar un registro minucioso de las plantas sembradas por especie y fecha, también han llevado registros de los cultivos producidos en su parcela, algo que se destaca, es que gustosamente, están retomando un estilo de vida que por años no habían podido tener. Ella y su esposo, descienden de campesinos, gente que ama la tierra y todo lo que ella produce, pero las dificultades económicas les obstaculizaron continuar con la herencia de sus padres, trabajar el campo… pero con la llegada del Programa sembrando Vida a su comunidad, pudieron cumplir un sueño que por años habían estado postergando. Adicionalmente, ella y su esposo, apoyados de sus hijos y demás familiares, han sembrado frijol, cilantro, maíz, papaya, nopales, maracuyá y muchos otros cultivos en su parcela, los cuales han sido principalmente para consumo personal y para compartir con su familia, siendo los excedentes para vender en el poblado. Actualmente, con la reciente producción de achiote en su parcela, sus familiares y ella están aprendiendo a hacer el recado rojo a base de achiote.

Otro punto destacable, es que, de su meta de 2,500 plantas en la unidad de producción, tiene un avance del 124%, al contar con 3,108 plantas en su parcela. Platicando con ella, en un futuro, esperan poder comprar una camioneta, para continuar trabajando en su parcela y facilitándoseles el traslado de la misma a su vivienda, también esperan hacer una cabaña, ya que ella y su familia acostumbran a ir regularmente a su parcela a trabajar y convivir. Ella menciona, aún sorprendida, que, sin el programa y el gran apoyo de su esposo, no hubieran logrado todo lo que hoy tienen en su parcela, cuyo cambio al día de hoy, sigue siendo uno de los más marcados entre los beneficiarios del programa. Doña Carolina, perteneciente a la CAC Grupo Xulha, junto a su esposo, ha sido de las productoras más destacadas en la comunidad, demostrándonos en repetidas ocasiones que la persistencia y compromiso son cualidades significativas y determinantes al momento de adquirir una responsabilidad. Así como está, en todas las zonas de impacto del programa se pueden encontrar casos de éxito, en los cuales, sus sujetos de derecho han sabido aprovechar los beneficios que les ha permitido tener el programa, aunque es evidente que no todos son casos positivos, cuando uno se detiene a ver y conocer la historia y los retos que hay detrás de cada uno(a) de los(as) productores (as), es cuando dimensiona lo que ha impactado este programa para los hogares beneficiados, ya que el recurso económico no es únicamente para él o la beneficiario (a), sino para toda una familia. •

Los productores y vecinos de las parcelas aledañas veían diariamente a la familia yendo en bicicleta o a pie, de Xulha a su parcela, todos los días, en la mañana y en la tarde, llevando consigo sus herramientas, insumos y plantas para sembrar. Pese al reto que eso implicó, su carisma y compromiso por trabajar su Siembra de frijol. Isabel Jara

parcela nunca decayó, al contrario, permaneció y se fortaleció.


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YUCATÁN

Mujeres, equidad y transformación del paisaje Olaine Díaz Zenteno Técnica social del Programa Sembrando Vida mujerdemaiz0609@gmail.com

S

an Simón es una pequeña población que se encuentra en el “patio trasero” de Uxmal, la antigua ciudad maya que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1996 y que recibe más de 150 mil visitantes al año. Junto a la gran ciudad antigua se encuentran varios resorts, restaurantes, un planetario y un museo del cacao, por lo que la zona recibe un ingreso económico nada despreciable gracias a la visita de turistas nacionales y extranjeros. Solo basta recorrer 10 km desde

Uxmal sobre una carretera angosta y sinuosa donde es posible ver la rica vegetación y fauna que conforman la selva de la Reserva de la región del Puuc para poder llegar a la localidad. En contraste, San Simón presenta carencias sociales de los servicios más indispensables, hay rezago educativo, no hay acceso a los servicios de salud, calidad en las viviendas y acceso a servicios como agua potable y electricidad, acceso a alimentación nutritiva y de calidad, en fin, hay una pobreza extrema. Al igual que sus ancestros, en esta zona se siguen desarrollando

Sembradora Librada Cabrera Abnal ha logrado establecer con gran éxito su Sistema Agroforestal y su MIAF con el apoyo de sus hijos que la acompañan en las jornadas de siembra. Olaine Díaz Zenteno

actividades agrícolas en donde no existen corrientes superficiales de agua, excepto pequeños escurrimientos durante la época

de lluvias. En la actividad agrícola se han desempeñado mayormente los hombres, tal como es la tradicional milpa maya de temporal con un manejo al que se le ha llamado “convencional”, por lo que un desarrollo sustentable de la región requiere de una visión en conjunto, en el cual haya participación con perspectiva de género en el aprovechamiento de los suelos fértiles y de los recursos naturales que el paisaje provee. En el año 2020 el Programa Sembrando Vida inició sus operaciones en la localidad, para lo cual se conformaron dos Comunidades de Aprendizaje Campesina (CAC) denominadas Nicteha y Yaaxche, en la cual participan mayormente mujeres. Cada CAC cuenta con 19 integrantes de los cuales 11 son mujeres, por lo que en San Simón hay 22 sembradoras que con el acceso a la participación en la

toma de decisiones en asambleas, capacitación y recursos han impulsado la transformación de los paisajes agrícolas, siendo ellas las que incentivan la participación familiar en las labores culturales en las unidades de producción para que la tierra sea aprovechada y los recursos se utilicen adecuadamente. En visitas de campo hemos constatado que las sembradoras han sabido aprovechar las capacitaciones sociales y productivas agroecológicas para realizar prácticas agrícolas más eficientes y han logrado convertir sus tierras ociosas en unidades prósperas. No hay duda de que ¡Las mujeres de San Simón se han convertido en agentes de cambio! evidenciando los grandes beneficios que se generan con la equidad de género y la participación igualitaria en el desarrollo comunitario. •

Al igual que sus ancestros, en esta zona se siguen desarrollando actividades agrícolas en donde no existen corrientes superficiales de agua, excepto pequeños escurrimientos durante la época de lluvias. En la actividad agrícola se han desempeñado mayormente los hombres, tal como es la tradicional milpa maya de temporal con un manejo al que se le ha llamado “convencional”, por lo que un desarrollo sustentable de la región requiere de una visión en conjunto, en el cual haya Deysi Tzec Moo es una sembradora de San Simón muy alegre y con el mismo sentimiento muestra los primeros frutos de su MIAF, un lek y una piña, junto a sus plantas de achiote y guanábana que están en crecimiento. Olaine Díaz Zenteno

participación con perspectiva de género.


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YUCATÁN

Empoderamiento de la mujer en el campo

Sury Rocio Perez Tejero, Unidad de Produccion Sembrando Vida. Nayla Uicab

Milka Yanely Caamal Moo Técnica Social milka_5325@hotmil.com Rosa Carolina Pech Dzul Técnica Productiva carolina.pech686@ gmail.com

S

embrando vida propone el manejo de sistemas agroforestales y la milpa intercalada, promoviendo la seguridad alimentaria y la posibilidad de generar ingresos para las familias. En el año 2020 se incorporaron nuevos ejidos a este programa y entre ellos el ejido de Xul del cual es originaria Sury Roció Pérez Tejero y forma parte de la comunidad de aprendizaje campesino (CAC) Agricultores del Sur, quien en su unidad de producción tiene arboles forestales y frutales. Sury señala “…He sido testigo del proceso del programa en mi ejido, de los beneficios económicos que se están teniendo, del proceso de cambio, un cambio incluso de mentalidad de muchos, puedo decir que anteriormente conocía a toda la comunidad pero no había una relación ni mucho menos confianza como lo hay actualmente con mi grupo de trabajo, a lo largo de estos años en la Comunidad de aprendizaje campesino (CAC) hemos establecido vínculos incluso de amistad con la mayoría de los compañeros ya que la convivencia y el respeto es lo que marca gran parte de los avances que se tiene…” En el programa sembrando vida se realizan capacitaciones sociales y productivas con el objetivo de que las y los sembradores aprendan el proceso de elaboración de insumos y tengan conocimiento sobre educación financiera entre otros, se promueve la organización, la participación de todos y todas. Sury señala “…Lo que más me gusta de formar parte del programa es que se capacita sobre mu-

chos temas como el ahorro, como administrarme mejor y también hay aprendizajes sobre la elaboración de insumos como el bocashi, caldo de ceniza…” Sury comenta lo siguiente “…Otro punto interesante de mencionar es que el programa Sembrando Vida dio la misma oportunidad para ingresar tanto a hombres como mujeres, esto con el apoyo también del ejido mediante los usufructos otorgados, actualmente somos varias las mujeres que estamos trabajando en el vivero, la biofabrica y asistimos para capacitarnos, tener nuevos aprendizajes para replicar en nuestras unidades de producción, en la vida cotidiana e incluso con los hijos…” “…Actualmente en mi unidad de producción trabajamos mis hijas, mi esposo y yo, y estoy segura que estoy creando una base y un sustento para mi futuro y el de mi familia, esperamos que en unos años además de ciruela estemos cosechando pitahaya, piña, ya que en mi unidad he invertido, tiempo, dedicación, esfuerzo, y creo fielmente que la mejor recompensa será cuando en toda mi unidad este cosechando frutos del arduo trabajo que vengo haciendo en estos años…” señalo Sury Actualmente se va tomando conciencia de la importancia de la producción familiar, de fortalecer el tejido social, Sury comento“…Agradezco al programa la oportunidad de ser parte de este proceso de aprendizaje y cambio, nunca pensé que llegaría a formar parte de un programa que a mi en lo particular me ha deja continuamente nuevas experiencias cuando vamos y trabajamos con en familia…” •

Participacion de las mujeres en el procesos de capacitacion en la CAC. Milka Camal

Sury comenta lo siguiente “…Otro punto interesante de mencionar es que el programa Sembrando Vida dio la misma oportunidad para ingresar tanto a hombres como mujeres, esto con el apoyo también del ejido mediante los usufructos otorgados, actualmente somos varias las mujeres que estamos trabajando en el vivero, la biofabrica y asistimos para capacitarnos, tener nuevos aprendizajes para replicar en nuestras unidades de producción, en la Sury Rocio Perez Tejero, Unidad de Prodccion Sembrando Vida. Guadalupe Perez

vida cotidiana e incluso con los hijos…”


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Belén Villalobos González CAC Napawika Notchabo, Bocoyna, Chihuahua

“M

e siento muy conte nt a y agradecida con Sembrando Vida, porque ha cambiado muchos aspectos de mi vida como mujer”; comienza narrando, la productora Belén Villalobos González de Boycona en Chihuahua. Su entusiasmo radica en la superación que ha tenido como mujer y campesina a lo largo de 4 años, porque antes de Sembrando Vida solo era una artesana que cosía blusas, bolsas y mandiles, y una que otra prenda que le dejaba muy pocos recursos económicos, pero ahora, además de continuar con este oficio en sus tiempos libres, trabaja la parcela junto a su esposo, quien antes era el único que ingresaba dinero para los gastos de la familia. Yo estoy ahorita muy contenta, yo antes era una artesana y ahorita pues lo sigo haciendo, cosía

blusas y mandiles, todo eso y pues era muy poco dinero el que ganábamos y pues también no todo se vende. Ahorita con este apoyo que tenemos de Sembrando Vida, ya con eso nos ayudamos mucho y ayudo a mi esposo. Ahora como sujeto de derecho del programa Sembrando Vida, Belén es una mujer que ayuda con los gastos de su casa y que junto con su esposo y el ahorro que recibió del programa, han podido “avanzar la casa”, han construido su patrimonio. Belén nunca se imaginó que aprendería tanto en cuatro años que lleva en el programa, cosas nuevas y diferentes para hacer producir su parcela; recuerda que antes de Sembrando Vida, su comunidad estaba abandonada, antes no llegaba ningún programa social. Ahora la comunidad, la región y las mujeres reciben apoyo: “Sabemos que es mucha ayuda para nosotras las mujeres que antes no podíamos trabajar.”

Cortesía Secretaría del Bienestar

Sobre su trabajo en campo nos dice antes era muy diferente, “antes no sabíamos y ahora lo sabemos, antes nada más aquí en casa y ahorita ya salimos a trabajar y como que nos distraemos mucho con las plantas y verlos crecer, es muy bonito.” Y aunque con tristeza cuenta que no ha sido fácil porque algunas plantas se le han muerto, dice que no hay que darse por vencido, invita a sus compañeros a que le echen

TESTIMONIO

Gloria Rodríguez Araiza CAC “La Ventanita” , Municipio San Dimas, Durango

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n mayo de 2022, Doña Glor i a Ro d r í g ue z Araiza, entró a Sembrando Vida, y desde entonces ha sembrado y plantado más de dos mil plantas en su parcela, entre limones, ciruelos, nopal, agaves y otras especies. Muy emocionada nos dice: “Sin Sembrando Vida, no sé qué hubiéramos hecho.” El programa para Doña Gloria a representado una alternativa y una oportunidad para salir adelante: Oiga, pues [el programa nos ha ayudado] en lo económico, en todo, hemos vivido más feliz, más tranquilo. Nos hemos enseñado a sembrar, ya comemos fruta de lo que hemos sembrando. Además, como en muchas otras comunidades, mujeres y hombres que ingresaron al programa, manifiestan con mucha felicidad que ha sido una forma de mantener a la familia unida. En un momento de agradecimiento, doña Gloria,

mira al cielo y agradece: “Y todo [se ha logrado], oiga, porque está toda la familia junta. Si no fuera por eso, hasta los hijos se ausentan a trabajar para salir adelante. Gracias a Dios que nos tomaron en cuenta, gracias por este programa que nos ha sacado de muchas crisis” Invita a las y los productores beneficiarios que le echen ganas porque si no fuera por Sembrando Vida, quien sabe qué fuera de las familias, pues, así como ella lo hace con sus hijos y nietos, invita a todos sus compañeros que lo hagan así: Que le echen ganas, que muchas cosas que le vamos enseñar a nuestros nietos, porque mis hijos todos están grandes, todos me ayudan, pero tengo 30 nietos que es un camino que yo les voy a dejar enseñado a mis hijos a mis nietos, y que ellos sigan adelante, ¡y que coman fruta de lo que su abuela sembró! Remata feliz, doña Gloria de San Dimas, Durango. •

Cortesía Secretaría del Bienestar

muchas ganas: “no se decaigan de plantas muertas, yo en mi caso si a veces veo plantas muertas y digo, yo hice todo lo posible y miro mis plantas, pero ya con lo que tenemos pues digo échale ganas con las plantas que tengamos vivas y échale muchas ganas.” Al presidente Obrador, le dice “muchas gracias”. No obstante, después sin dudarlo expresa con una profunda preocupación, “ya

nos faltará un año y ya siento que nos falta muy poco, los días pasan corriendo y si nos dieran más tiempo pues que bien”. Para las personas que realmente nos interesa ese programa, porque hay personas que no le ponen muchas ganas pero hay muchas en este programa, somos muchas personas que le echamos todas las ganas y ahí tenemos las plantas que están avanzando. •


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TESTIMONIO

Melina Maldonado Sandoval CAC “Cuyahania”, comunidad Lázaro Cárdenas en Ahome, Sinaloa

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entro de un frondoso y verde vivero en la comunidad Lázaro Cárdenas en Ahome, Sinaloa, con actitud de mujer empoderada, usando un vestido con detalle bordado a mano, se presenta en su lengua materna la sembradora Melina Maldonado Sandoval, coordinadora de la CAC Cuyahania. Continua, expresándose en español con una confianza que ha ganado gracias al programa y dice que Sembrando Vida la ha renovado como mujer, porque ha adquirido nuevos conocimientos y aprendizajes que antes, únicamente eran aprovechados por los hombres. Para mi Sembrando Vida como mujer me ha dejado la experiencia de poder participar en una actividad que antes nada más era de

hombres, como es la germinación, el trabajo en parcelas, hacer biopreparados para nuestras cosechas y ahorita el programa Sembrando Vida ha venido a empoderarme como mujer en este tipo de conocimientos, a lo cual le doy las gracias. Actualmente el Programa Sembrando Vida tiene un porcentaje de participación de mujeres de un 32% y apoya a población indígena en un 42% del total del padrón. Melina, como otras mujeres del programa se han convertido en mujeres visionarias, esto gracias al trabajo de acompañamiento social que ha tenido a través del personal técnico. Agradece que la hayan incursionado en temas que jamás pensó aprender, y la oportunidad que le han dado para ser coordinadora de su CAC.

Cortesía Secretaría del Bienestar

Doy gracias porque también nos han incursionado en organizar, en aprender a organizar un grupo de sembradores, [el nuestro está compuesto por]16 hombres y 6 mujeres, lo cual no ha sido fácil, ha sido un reto para mí como mujer, poder platicar con esos hombres que siempre han tenido ellos la palabra mandante por decirlo de alguna manera y pues el poder convivir con personas ajenas a mi comunidad, ha sido de gran experiencia para mí.

Otros motivos, que expone Melina como agradecimiento a Sembrando Vida, es el hecho de que tuvo la oportunidad de retomar sus estudios que dejó truncos por motivos personales, que su trabajo le ha hecho ver que es necesario estar mejor preparada para desempeñar sus labores. “…lo hablo como mujer y lo más importante es la derrama de conocimientos y derrama económica que ha venido a dejar a mi comunidad y como estamos ahorita las

Esto es una constante en los grupos del programa, pues el eje social ha buscado que fomentar el trabajo en equipo: “Ahorita han sido varios aspectos, uno es trabajar en equipo, trabajar colaborativamente, solidariamente, con respeto”, dice Grisel. Otro aspecto que resalta con las y los campesino del programa, es cuando hablan de la familia. Al respecto Grisel dice que el programa ha permitido una mayor convivencia familiar porque brinda la oportunidad de que sus hijos y los de varios integrantes de la comunidad aprendan sobre el campo. Dando paso al relevo generacional, propiciando arraigo y amor por el campo. “Agradecemos mucho el apoyo que ha llegado a esta comunidad porque todas las personas realmente han sentido el beneficio del vivero y todos los apoyos que han llegado para que se vea reflejado en nuestra siembra y en las parcelas de cada uno de nosotros”, agrega. •

Cortesía Secretaría del Bienestar

TESTIMONIO

Grisel Berenice Borbón Lara Comunidad de Los Tanques Álamos, Sonora. CAC Tierra y Libertad

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uy cerca de la frontera con Sinaloa y Chihuahua se encuentra Álamos, municipio con casi 11 mil habitantes. Aquí, el Programa Sembrando Vida atiende a 1,132 sembradores, de los cuales 35% son mujeres. Grisel, es una de ellas. Mujer incansable y aguerrida, quien forma parte de la CAC Tierra y Libertad y para quien el Programa Sembrando Vida le ha dejado grandes aprendizajes: “Hemos aprendido de todas las personas de la comunidad, de personas que han tenido experiencia en cuanto a la siembra, además de la experiencia de ustedes”, refiriéndose a los técnicos que atienden a las 25 Comunidades de Aprendizaje Campesino que se formaron en el municipio.

De acuerdo con el testimonio de Grisel Borbón, uno de los grandes beneficios del programa ha sido la recuperación del tejido social, pues se ha rescatado la convivencia: “hemos tenido la oportunidad de convivir con varios integrantes de la comunidad de todas las edades, hemos trabajado en conjunto, hombres y mujeres trabajando para un fin común.” Para ella el trabajo conjunto en el vivero, es un trabajo diario que les ha permitido no sólo aprender sino recuperar la convivencia en la comunidad. Actividades como el llenado de bolsas, la siembra de las diferentes semillas como el mezquite, el palo colorado, el chiltepín, el agave; el aprendizaje les ha venido bien para lograr unión y fortaleza como equipo: “hemos trabajado conjuntamente aprendiendo de todo.”

mujeres aprovechando esta oportunidad del gobierno federal, a lo cual le doy las gracias.” Hace un llamado a las y los campesinos, pero sobre todo a las mujeres para que aprovechen la oportunidad que les está dando el gobierno federal a través de Sembrando Vida “porque es una oportunidad grande que tenemos que aprovechar y sacar esos potenciales que estamos adquiriendo, muchas gracias.” •


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Con el gobierno de la Cuarta Transformación, nuestro país está viviendo un impulso inédito desde el Estado para intensificar el proceso de transición agroecológica que iniciaron y continúan diversas organizaciones y comunidades rurales y urbanas. Para ello se han creado nuevas políticas públicas y programas estratégicos. Uno de ellos es Sembrando Vida, mediante el cual se están atendiendo dos de las problemáticas más importantes que existen en el ámbito rural: la pobreza y la degradación ambiental.

Cortesía Secretaría del Bienestar

Sembrando Vida y sus perspectivas de futuro Milton Gabriel Hernández García

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n los últimos treinta años, México se ha convertido en un referente importante del movimiento agroecológico mundial y continental. Durante décadas, los emprendimientos agroecológicos navegaron a contracorriente de las políticas oficiales. La diferencia hoy día radica en que por primera vez se está configurando una política pública orientada a crear y desarrollar procesos agroecológicos, pero también a fortalecer los que desde hace pocos o muchos años han persistido, aun en condiciones adversas.

Con el gobierno de la Cuarta Transformación, nuestro país está viviendo un impulso inédito desde el Estado para intensificar el proceso de transición agroecológica que iniciaron y continúan diversas organizaciones y comunidades rurales y urbanas. Para ello se han creado nuevas políticas públicas y programas estratégicos. Uno de ellos es Sembrando Vida, mediante el cual se están atendiendo dos de las problemáticas más importantes que existen en el ámbito rural: la pobreza y la degradación ambiental. Esto último a través de procesos de restauración ecológica

que constituyen al mismo tiempo una forma de reapropiación productiva de los territorios. Los datos que arroja el programa a cinco años de que fue creado y hasta el pasado mes de marzo, son sin duda impresionantes: Sembrando Vida opera en 23 estados, a través de 18,597 Comunidades de Aprendiza Campesino (CAC), en donde se han establecido 15,114 viveros y biofábricas. Tiene un padrón de 449,800 sembradores, de los cuales 142,062 (32%) son mujeres y 307,778 (68%), son hombres. Parte importante de los sembradores pertenece a un pueblo indígena (195,165) y 3,456 a pueblos afromexicanos.

Hasta el momento se han reforestado 1,120,500 hectáreas. Se tenía la meta de sembrar 1,233,025,250 plantas en territorio, pero a estas alturas se han sembrado 1,411,894,687, es decir, se ha rebasado la meta, logrando un 115% de avance. Si bien es cierto que hay aspectos en Sembrando Vida que habría que mejorar, lo que podemos observar en territorio y al revisar sus datos nacionales, es que se trata de una política pública exitosa. Además, tiene frente a sí diferentes áreas de acción aun inexploradas que le dan una enorme potencialidad en múltiples dimensiones. Por ejemplo, a partir de la formación y experiencia que han acumulado a lo largo de estos cinco años, las Comunidades de Aprendizaje Campesino tienen la capacidad para articularse con sus comunidades en la realización de diagnósticos socioambientales participativos, ordenamientos ecológico-territoriales, así como planes participativos de desarrollo local. En el corto plazo, específicamente en lo que respecta al último trimestre de este año y a lo largo de 2024, el programa tiene el reto de consolidar y fortalecer las Comunidades de Aprendizaje Campesino, los sistemas agroforestales, los procesos de restauración ambiental, la creación de valor agregado a los productos agroecológicos y los procesos de comercialización. Esto último es vital para asegurar la continuidad en el tiempo de lo que se ha logrado en esta primera etapa del programa. Además, a mediano y largo plazo, el reto es mayúsculo, pues supone de entrada la ampliación de su cobertura territorial en aquellas regiones en las que actualmente no ha llegado, así como la incorporación de una segunda generación de sembradores y sembradoras.

Por otro lado, al tener un fuerte componente de restauración ecológica, Sembrando Vida podría tener a futuro una importante incidencia en la recuperación de por lo menos algunas de las sesenta Regiones de Emergencia Sanitaria y Ambiental (RESA) que reconoce el Programa Nacional Estratégico (PRONACE) “Agentes Tóxicos y Procesos Contaminantes” del CONAHCYT, las cuales se encuentran mayoritariamente en la zona centro del país, que corresponde a su vez a la de mayor concentración de corredores industriales que se instalaron sin ningún tipo de regulación a partir de las políticas neoliberales. Las regiones de emergencia ambiental son aquellas en las que se han superpuesto hasta quince agentes tóxicos contaminantes, principalmente sobre agua, aire y suelos, con un fuerte impacto en la salud de la población. Sembrando Vida podría contribuir a recuperar los suelos degradados y la capacidad hídrica a partir de la recarga de los mantos freáticos que se incrementa con la consolidación de los sistemas agroforestales. Más aún, reconociendo que las comunidades pesqueras también forman parte de los mundos rurales de México y que somos un país con más de 11 mil kilómetros de litoral, Sembrando Vida tiene un gran potencial para que, en una siguiente etapa, incluya a los ecosistemas costeros, específicamente mediante la reforestación de manglares. Estos árboles son de vital importancia por los servicios ambientales que prestan, pues protegen a los hábitats terrestres de inundaciones, son conectores entre ecosistemas, almacenan y capturan carbono y los pescadores los identifican como “criaderos naturales de especies marinas” que tienen valor comercial para ellos. Es sabido que, desde hace décadas, los manglares están amenazados por la tala ilegal y la contaminación proveniente de acti-


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Cortesía Secretaría del Bienestar

vidades terrestres como el turismo, la acuacultura y la agroindustria, que arrojan aguas contaminadas a los humedales. Para incluir en el programa la reforestación de los cuatro tipos de manglar que hay en México, se puede reconocer como sujetos colectivos a las comunidades pesqueras a través de las cooperativas. De hecho, existen numerosas experiencias comunitarias de reforestación de mangle que

podrían ser fortalecidas y ampliadas con Sembrando Vida, ya que hasta el momento no han contado con suficiente apoyo institucional. Es sabido que, en un país como México, el minifundio y la titularidad sobre la tierra bajo propiedad privada y social es muy diversa, por lo que será deseable que las reglas de operación a futuro flexibilicen el requisito de contar con 2.5 hectáreas de tierra para

ingresar al programa, estableciendo un mínimo (por ejemplo, de media hectárea), hasta un máximo (por ejemplo, de 3 hectáreas), con montos diferenciados de apoyo a los sembradores, según el número de hectáreas que inscriban. De esa manera Sembrando Vida será más incluyente con quienes no tengan 2.5 pero sí media, una o dos hectáreas. Además de las reformas que son necesarias para dar un fundamento constitucional a programas como Sembrando Vida, consideramos que también es prioritaria la creación de un nuevo marco jurídico para el proceso de transición agroecológica que está en marcha en el país, y que además fortalezca la producción para el autoconsumo. A diferencia de otros países como Argentina o Uruguay, en México carecemos a nivel federal de una legislación en esta materia. Actualmente existe una iniciativa para la creación de una Ley general de fomento a la producción para el autoconsumo y la agroecología en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados que sería importante apoyar para su aprobación desde la sociedad civil, desde la acade-

mia y desde las tres Secretarías que tienen mayor incidencia en la materia: SEMARNAT, SADER y BIENESTAR. Sembradores y sembradoras de todo el país se preguntan sobre la continuidad del programa, sobre todo si consideramos que nos encontramos en la recta final del sexenio del presidente López Obrador. Al menos en lo que respecta a 2024, el horizonte parece ser claro, pues en el Presupuesto de Egresos enviado el pasado 8 de septiembre al Congreso, se propone un aumento de 4.08% a Sembrando Vida, ya que en 2023 su financiamiento corresponde a 37 mil 136 millones 532 mil 015 pesos, mientras que para 2024 aumentaría a 38 mil 928 millones 625 mil 861 pesos. Colocándonos en una perspectiva de largo plazo, el presidente ha dejado claro su propio horizonte, pues el pasado 26 de agosto informó desde Cuajinicuilapa, Guerrero, que enviará una reforma al Congreso para que el programa Sembrando Vida se vuelva universal: “Antes de irme voy a enviar una iniciativa de reforma constitucional para que, así como ya se aprobó que el adulto

Es sabido que, en un país como México, el minifundio y la titularidad sobre la tierra bajo propiedad privada y social es muy diversa, por lo que será deseable que las reglas de operación a futuro flexibilicen el requisito de contar con 2.5 hectáreas Cortesía Secretaría del Bienestar

de tierra para ingresar al programa

mayor tenga su pensión y sea un derecho, y esté quien esté en la presidencia tenga que cumplir con eso, porque ya se elevó a rango constitucional. Así también voy a ampliar esos derechos sociales, voy a enviar una iniciativa de reforma a la Constitución y vamos a incluir Sembrando Vida”. Es sabido que esta y cualquier otra iniciativa que envíe el presidente enfrentará el rechazo de la oposición en el Congreso. Por lo pronto, el pasado 4 de septiembre, en conferencia de prensa los diputados panistas informaron que se opondrán a que Sembrando Vida se eleve a rango constitucional. Y pensando más allá de este sexenio, la perspectiva parece ser alentadora, pues desde el pasado dos de marzo, siendo aun Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum se reunió en Milpa Alta con 2,800 mujeres campesinas de 21 estados que participan en Sembrando Vida. Ante este grupo de mujeres, señaló: “con Sembrando Vida lo que hacemos es construir esos grandes derechos y ustedes son la muestra de que sí se puede, ustedes son la muestra de que cuando hay apoyos a las mujeres somos reivindicadas y podemos salir adelante, ustedes son la muestra de que, sin maíz, no hay país, ustedes son la muestra de que sin las mujeres tampoco hay campo, ustedes son la muestra de que Sembrando Vida siembra bienestar, siembra un México siempre mejor” El pasado siete de julio, ya como aspirante a ser coordinadora general de la Cuarta Transformación, Sheinbaum enfatizó en la necesidad de seguir defendiendo lo que se ha logrado con programas como Sembrando Vida, entre otros, ya que reconoce que están sirviendo para generar mejores condiciones para los campesinos y las campesinas de México. Finalmente, cierro diciendo que, si bien es cierto que Sembrando Vida empezó como un programa de gobierno, a cinco años de existencia podemos decir que es mucho más que eso. Por su multidimensionalidad y alcance territorial, tiene la capacidad para constituirse como un movimiento social agroecológico de carácter nacional, mismo que podría articularse a cientos o quizá miles de organizaciones campesinas e indígenas de base que hay en todo el país, y al otro movimiento también de carácter nacional que es Producción para el Bienestar, acompañado por SADER. Un movimiento de movimientos de esta naturaleza podría ser la punta de lanza para ampliar territorialmente y profundizar, a escala nacional, un proceso de transición agroecológica de mediano y largo plazo que reconozca la importancia civilizatoria, al tiempo que haga factible y sostenible en el tiempo a esa agricultura campesina que trataron de aniquilar los gobiernos neoliberales. •


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