SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
En ascenso el abuso de las drogas; jóvenes, los más afectados Tendencias del consumo de cualquier droga ilegal. Población de 12 a 65 años % 16
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Fuente: Encuestas Nacionales de Adicciones 2002, 2008, 2011 y Encuesta Nacional del Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016
El inicio en el uso de sustancias nocivas se hace cada vez a más temprana edad TEXTOS DE: LAURA POY SOLANO, ARTURO SÁNCHEZ JIMENEZ Y JESSICA XANTOMILA
a experimentación, uso, abuso y dependencia en el consumo de drogas se mantiene en ascenso desde principio de este siglo en nuestro país. Entre 2011 y 2016 su incremento, principalmente entre los más jóvenes, fue exponencial. Las niñas y adolescentes han dejado de tener una presencia marginal tanto en el consumo como en el abuso de sustancias ilegales, principalmente mariguana. Las señales de alerta, revela la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2016-2017, apuntan a un aumento considerable de la población de 12 a 17 años que ha probado alguna vez en su vida cualquier tipo de droga ilegal o médica fuera de prescripción, al pasar de 447 mil 156 (3.3 por ciento) a 911 mil 517 (6.4 por ciento). Las cifras recabadas por la Secretaría de Salud (Ssa), la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) y los institutos nacionales de salud pública y siquiatría, señalan que de la población de 12 a 65 años, 8.7 millones (10.3 por ciento) ha consumido drogas, por lo que en comparación con 2011, hay 2.5 millones más de mexicanos que al menos han experimentado con algún estupefaciente. De ellos, 8.4 millones empleó sustancias ilegales como mariguana (7.3 millones); cocaína (3 millones); crack (736 mil); alucinógenos (582 mil); metanfetaminas (302 mil); heroína (145 mil) o inhalables (950 mil). La población adicta se estima en 546 mil personas de 12 a 65 años (0.6 por ciento). De los cuales, 445 mil 798 son varones y 99 mil 73 mujeres. Diversos estudios revelan que los factores que influyen en la experimentación, uso, abuso y dependencia de estupefacientes son múltiples.
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De manera adicional, dos de los mecanismos que han protegido a la ciudadanía frente a estas prácticas también se han modificado: los datos oficiales revelan que la percepción de riesgo y la tolerancia social al consumo han descendido, principalmente entre los más jóvenes. A esto se suma las crecientes transformaciones en los patrones de consumo. Uso de nuevas sustancias, combinaciones de distintas drogas acompañadas de ingestas de grandes cantidades de alcohol en lapsos cortos, modificación en la periodicidad y la exposición a narcóticos o estimulantes cada vez más nocivos. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (Encode) 2014 detectó que 18.6 por ciento de los alumnos varones y 15.9 de las mujeres de secundaria y bachillerato han experimentado alguna vez en su vida un enervante. La mariguana fue la sustancia ilícita de mayor consumo para ambos sexos (16.6 por ciento hombres y 12.5 mujeres), seguida de inhalables y tranquilizantes. Al respecto, la Encodat 2016-2017, revela que los menores de 12 a 17 años que han estado expuestos a drogas como la mariguana continuó en aumento, al pasar entre los varones de 1.3 a 1.5 millones para yerba regalada entre 2011 y 2016, pero en el caso de las adolescentes su número se incrementó en forma sustancial, de 796 mil 894 a un millón 174 mil 998. El grupo total de menores en este rango de edad que siendo estudiantes consumieron cannabis regalada pasó de 1.5 a 2 millones, mientras que el número de quienes la compraron se elevó de 557 mil 179 a 843 mil 327. El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea) en su informe 2016 destaca que las drogas de inicio en México son alcohol y tabaco. De quienes acudieron a pedir tratamiento y rehabilitación entre 1994 y 2016, 41.7 por ciento reportó que su primera experiencia con sustancias sicoactivas fue con el alcohol; 22.3 por ciento con tabaco; mariguana con 19.1 por ciento y 6.9 de cada 100 empezó con inhalables, cocaína y cristal. El porcentaje de mexicanos que se inicia en las drogas lo hace a edades cada vez más tempranas. Al menos 55.6 lo hizo antes de cumplir los 17 años o menos, mientras que en 2011 era de 51.7. Al respecto, la Encodat 2016-2017 señala que los niños y adolescentes de 12 a 17 años que han experimentado con las drogas se incrementó de 2.4 millones a 3.1 millones, mientras que el riesgo de caer en la dependencia se elevó entre los menores, al pasar de 49 mil 252 a 73 mil 254.
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BC Chihuahua
Seis estados concentran el crecimiento del consumo de estupefacientes
San Luis Potosí
n el consumo de sustancias sicoactivas en México, hay zonas y entidades con mayor incremento. Es el caso de las regiones de occidente, norcentral, centro y sur del territorio nacional, mientras por entidad destacan Jalisco, San Luis Potosí, Baja California, Quintana Roo, Chihuahua y Nayarit. La mariguana tiene un creciente uso en Tlaxcala, Colima y Chiapas, mientras en Baja California, el hábito de la cannabis se mantuvo por arriba de la media nacional. La experimentación, consumo, abuso y adicción a las drogas se extiende también a los centros escolares, la calle, los parques y el hogar. En escuelas secundarias los maestros afirman que la realidad que enfrentan sus alumnos (12 a 15 años de edad) “ha cambiado mucho. Hay mucha desintegración familiar, pero también un evidente incremento en el acceso y uso de drogas”. En las escuelas, principalmente en aquellas en contextos de inseguridad y pobreza, “es común que nuestros estudiantes consuman mariguana, lo que cada día es más aceptado. Incluso hemos comenzado a detectar la venta de sustancias ilícitas, muchas veces porque el padre es narcomenudista y le pide al hijo que inicie la venta entre los compañeros. Es una situación muy difícil porque la droga ya no sólo está en el entorno escolar, llegó a los salones”, comentó el docente Felipe Ramos Trejo. Después de los descansos, afirmó el profesor Sabino González, “se ven de inmediato los cambios. Se nota desde que entran al salón, están más excitados, nerviosos, no pueden quedarse quietos ni prestar atención a lo que pasa en el salón, molestan más a sus compañeros y son más agresivos. Preocupa mucho que esto también lo vemos en las alumnas”.
Quintana Roo
Nayarit
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Jalisco
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 20162017 señala que la cifra de menores de 12 a 17 años que han sido expuestos a sustancias ilícitas reguladas se incrementó de 2.2 a 2.8 millones entre 2011 y 2016, mientras aquellos que compraron alguna sustancia se elevó de 864 mil 455 en 2011 a un millón 226 mil para 2016. Los espacios de esparcimiento como parques y áreas deportivas e incluso las calles son sitios de narcoventa. La Secretaría de Salud destaca que el ofrecimiento de alguna droga, vendida o regalada, “es otro factor que involucra no sólo al grupo de pares, sino tiene que ver con el entorno que rodea al individuo y la familia”. Agrega que la evidencia demuestra que uno de cada tres hombres a los que se les ha ofrecido estupefacientes la llegan a consumir, cifra 10 veces menor para quienes no han sido expuesto a alguna forma de oferta, por lo que “es necesario cuidar los entornos escolares y de recreación familiar, a fin de disminuir la disponibilidad de sustancias y su ofrecimiento”.
La dependencia no se cura, sólo se controla Consecuencias en la salud por el consumo de inhalables Trastornos de la memoria Sordera
Ceguera
Trastornos del lenguaje
Problemas respiratorios
Daño en los riñones
Daño en el hígado
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Problemas de aprendizaje Alucinaciones Depresión y ansiedad Demencia a edad temprana
ambios irreversibles en la estructura bioquímica del cerebro son los responsables de la dependencia a las drogas, según los nuevos paradigmas en el tratamiento de las adicciones. Los especialistas consideran que los jóvenes tienen mayor riesgo de desarrollar dependencia porque el proceso de maduración cerebral no concluye sino hasta los 21 años de edad, y el con-
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sumo de una droga antes de ese momento puede incidir con más fuerza en la estructura cerebral. Guadalupe Ponciano, fundadora de la Clínica de Tabaquismo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que “un cerebro que llega a la adicción nunca dejará de ser adicto”. Y si bien con ayuda profesional y motivación se pueden enfrentar el consumo y el abuso de los estupefacientes, se requiere prevenir la dependencia, pues ésta no se cura. LA NEUROQUÍMICA DE LA ADICCIÓN “He usado cocaína, pero la dejé por lo mismo que no pienso usar sustancias como la heroína, porque he visto que la gente lo hace y jamás sale de ellas: las pruebas y ya valiste”, narra Ana N., de 24 años. “Uso mariguana todos los días y no pienso dejarla, porque me da placer. Y el placer que proporcionan las drogas es más fuerte que cualquier orgasmo, que cualquier sensación”. Ponciano explica que el uso de drogas legales e ilegales desencadena una serie de alteraciones en el cerebro, el cual se adapta al consumo. Estas sustancias sicoactivas se caracterizan por estimular el sistema de recompensa y activar la liberación de un neurotransmisor conocido como dopamina, el cual es el responsable de hacer sentir placer. No obstante, un narcótico puede alterar otros sistemas, como los de control o inhibición, motivación y memoria.
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La dopamina es liberada por el cerebro en condiciones normales como cuando se come, se tienen relaciones sexuales o se experimenta enamoramiento. La diferencia es que algunos estupefacientes propician su secreción en cantidades muy grandes. Cuando el cerebro enfrenta este escenario tiende a adaptarse y limita la cantidad de receptores de dopamina para compensar el exceso que hay cuando se ingiere la droga. En consecuencia, con menor cantidad de receptores y sin narcótico disponible, el consumidor se siente triste o deprimido. La persona buscará entonces las sustancias necesarias para sentirse mejor, pues sin ella su cerebro y cuerpo no se encuentran bien. “Hoy sabemos que si llegas a la adicción, no te curas, te controlas. El control es la abstinencia”, explica la especialista. Insiste en que el cerebro no olvida esa dependencia. “El mecanismo de la adicción es semejante al que se activa cuando pensamos en la comida que más nos gusta. Con evocarla es inevitable sentir el sabor en la boca, salivar, recordar experiencias, desear comer. Así, si un adicto a la cocaína o un alcohólico vuelve a consumir después de una década de abstinencia, aunque sean dosis mínimas, la presencia de esta molécula en el cerebro reactiva de inmediato la adicción, pues despierta un recuerdo bioquímico”.
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Llegan sustancias a aulas y parques
Entidades con mayor incremento en el consumo de sustancias sicoactivas
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Cannabis, la más usada
La obli a quien
Inhalables, preferidos por los más jóvenes LAURA POY SOLANO a droga más usada en México es la mariguana, desde hace por lo menos cuatro décadas. El reporte del consumo de 2002 a 2016 señala la tendencia al alza de la cifra de quienes la han empleado alguna vez y actualmente suman 7 millones 374 mil de personas. En segundo lugar está el alcaloide en polvo o cocaína que, pese a su mayor incidencia en los mercados internacionales y al aumento en su comercialización, no supera 3.5 por ciento del total de la población que la ha probado; es decir, 3 millones de mexicanos de entre 12 y 65 años. Siguen los inhalables o como se les conoce coloquialmente chemo, mona o activo. Empleados principalmente por adolescentes, su uso pasó de 0.5 a 1.1 por ciento de 2002 a 2016. Por edad, el grupo de 12 a 17 años tiene una preferencia por el cannabis, pues 5.3 por ciento lo ha consumido; inhalables, 1.3 por ciento; y alcaloide, 1 de cada 100. Entre la población con mayor índice de consumo (18 a 34 años), nuevamente la yerba ocupa el primer lugar, con 12.8 por ciento, mientras que la coca reporta como consumidores 5.2 por ciento. El resto de las drogas tiene una prevalencia debajo de 1.6 por ciento, lo que incluye el uso del chemo. Los narcóticos tienen graves efectos en la salud de quienes abusan de ellos, pero también repercuten en el entorno familiar. Guadalupe Ponciano, investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAM y responsable del Programa de Tratamiento para la Cesación del Tabaquismo, señala que “he tenido familias enteras que traen al paciente con adicción, piden que se le ayude. Se está muriendo, lo está destruyendo, pero el enfermo no lo ve”. Con frecuencia, los cónyuges o padres de personas adictas al alcohol u otras drogas buscan ayuda para su familiar. Creen que el problema lo tiene el paciente, pero se dan cuenta de que la dependencia a las sustancias sicoactivas es la punta visible de problemas de fondo en la familia. La Secretaría de Salud documentó que los varones de 12 a 17 años con adicción señalan como primera consecuencia la dificultad para realizar tareas cotidianas, mientras que las mujeres consideran que se ven más afectadas en su capacidad para trabajar o estudiar. Entre la población narcodependiente de hombres de 18 a 34 años se reportó un promedio de 38.5 días perdidos al año para realizar sus actividades habituales o trabajar. En tanto, las mujeres tuvieron 23 días de incapacidad en promedio anual.
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n México hay un cambio de 180 grados en el combate a las adicciones. Se abandonó la “visión prohibicionista, persecutoria y criminalizante” de quienes son víctimas de la industria de las drogas. La obligación del Estado, desde una perspectiva de derechos humanos, es su protección, afirma el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, coordinador de la nueva Estrategia Nacional de Combate a las Adicciones. En entrevista con La Jornada afirma que será “punto y aparte” la visión de seguridad que se aplica en el combate al trasiego y comercialización de sustancias ilícitas. Aun cuando los jóvenes sean reclutados por el narco, usen o abusen de estupefacientes, “queremos darles servicios de rehabilitación, de reinserción social en un ámbito favorable”. Otro cambio central es un enfoque de integralidad y sinergia en la labor de las diversas dependencias, vinculadas directamente con la territorialidad. El propósito es actuar de forma conjunta en municipios, zonas urbanas, comunidades, barrios y colonias donde están los jóvenes en riesgo, pues en los pasados tres sexenios el Estado no sólo fue “negligente” en su obligación de atenderlos, sino también “abandonó su responsabilidad como generador de bienestar”. –¿Cuál fue el diagnóstico para impulsar esta transformación? –Hay evidencia de que el problema está
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Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud
Se buscará su reinserción social en un ámbito favorable lejos de ser solucionado e incluso se incrementó por lo menos en los pasados cinco años. México pasó de ser un país de trasiego –aunque esto tiene un horizonte de tiempo más amplio, desde mediados de los 80 hasta el momento– a uno de consumo. El cambio más radical ocurrió en los años 90 y 2000, cuando empezaron estos patrones de incremento. –¿Qué factores incidieron? –El enfoque de desigualdad es muy claro en algunas variables. Si analizamos por edad, la de mayor preocupación son los adolescentes, casi niños, específicamente de 12 a 17 años, entre quienes encontramos los más rápidos incrementos: 57 por ciento en la frecuencia de inicio o al menos una vez expuesto (a alguna droga). La juventud es un blanco de extrema urgencia, requiere atención específica. También incidió la distancia, por eso es tan importante la política de territorialidad. Si el punto de atención de un servicio social cultural, educativo, de esparcimiento o salud está a 30 kilómetros, es improbable que la persona acuda a ellos, lo hará a otras alternativas. Y los vacíos sociales se llenan. Si tenemos una juventud desprovista de oportunidades en empleo, cultura, educación, deporte, salud y esparcimiento, buscará alternativas. Si tengo modelos positivos que alimentan valores como la solidaridad social, el autocuidado, la autoestima y la autocompasión, y los tengo a la mano, no sólo en una esfera discursiva, me voy a sumar a este esfuerzo. Pero si no los tengo –y eso ocurrió en al menos los tres sexenios anteriores–, hay un vacío del Estado, un repliegue respecto a la ciudadanía, un abandono, y en ese abandono, otros actores sociales entran.
Las bandas criminales, que son las que se benefician del trasiego y comercialización de los estupefacientes, plantearán esas oportunidades y esos modelos referenciales de construcción de la identidad social, y ahí es donde los jóvenes quedan atrapados, por eso son tan vulnerables. –¿Cuál es diferencia entre la nueva estrategia y las anteriores? –Un cambio radical de enfoque. Aunque hubo planteamientos de avanzada, progresistas y humanistas, tenemos la impresión de que no se alcanzó un punto crítico de acuerdo social en el gobierno y en el conjunto del Estado. Permaneció como énfasis principal la visión prohibicionista, persecutoria, criminalizante de la víctima, porque no se distinguió oferta de demanda. Ahora hay una separación de dos enfoques: el de seguridad y el de prevención y atención al consumo. –¿En qué consiste el enfoque de territorialidad? –Implica integrar multisectorialmente desde el nivel federal las distintas instituciones –secretarías de Educación, Salud, Cultural y Bienestar; el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), la Comisión Nacional del Deporte (Conade) y la vocería de Presidencia– para garantizar una cooperación que se traduzca en buena sinergia en los tres órdenes de gobierno. Para lograr la territorialización no basta hablar con presidentes municipales, hay que garantizar que el plan de trabajo se instrumente territorialmente. Hay un factor cronológico que no debemos menospreciar: no es lo mismo que en un municipio de alto consumo llegue en enero la Secretaría de Salud, remodele su infraestructura, garantice que hay personal y se vaya, que en julio llegue el Imjuve y aplique su programa, y después Cultura en diciembre. No, lo que buscamos es una sinergia en el espacio y en el tiempo. –¿Cómo aplicar esta estrategia? –Es crucial verlo sobre el terreno, con mapas. Definimos un área de trabajo y haremos un barrido, una operación de campo bien articulada en la que entramos con remodelación de parques, infraestructura deportiva, garantía de seguridad en la vía pública, servicios médicos, culturales y áreas de convocatoria colectiva, porque hay que reconquistar el espacio público. Asimismo, para iniciarla hay que identificar prioridades y actuar en tiempo y espacios definidos. Usamos como punto referencial las 50 regiones que originalmente se definieron con un propósito de seguridad pública por índices de homicidios y delitos de alto impacto. Para el arranque se tomarán cinco regiones: Tijuana, Ciudad Juárez, Cancún, Acapulco y Ecatepec, que son las de mayor impacto.
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igación del Estado es proteger nes han caído en la adicción
–¿Habrá cambios en la organización de las instituciones? –Sí, uno de los énfasis es el sentido de unidad de acción, de propósito; la salud pública en la actual Subsecretaría de Prevención y Promoción tiene algunas limitaciones. Uno de ellos es el enfoque mediante programas verticales con los que se atendían otro tipo de problemas, como las enfermedades infecciosas de corto impacto, mientras las adicciones en realidad son un conglomerado de problemas de conducta, fisiológicos, mentales, infecciosos, sociales, de violencias de género y familiares. El primer elemento es complejidad, y el segundo, su duración, por lo que se necesitan nuevos enfoques. –¿Se modificará la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic)? –Hay detalles que aún no hemos terminado de definir. En el nivel federal y en los estados hay en salud mental y adicciones tres oficinas: los Servicios de Atención Psiquiátrica, una dirección general adscrita a la Dirección de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, que coordina a los tres hospitales siquiátricos de México. Y tenemos una isla desaprovechada por casi 20 años, el Consejo Nacional de Salud Mental (Consame), cuyo enfoque es la salud mental en la agenda pública, lo que implica prevención, detección de determinantes de riesgo y diagnóstico temprano de situaciones de salud mental, que muchas de ellas derivan en problemas de adicciones. Vamos a privilegiar el enfoque de salud y bienestar, sin menoscabar la importante intervención del campo de seguridad pública, pero queremos ganar eficiencia con un enfoque de coordinación, fusionando los Servicios de Atención Psiquiátrica, el Consejo Nacional de Salud Mental y la parte de Conadic. Los escenarios son que se conserve como un organismo denominado Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) o que sea un Centro Nacional de Salud Mental y Adicciones (Cenasama), dependiente de la Secretaría de Salud. –En materia presupuestal, ¿cuál es la propuesta? –Estoy consciente de la complejidad. Se necesita mucho dinero para atenderla, pero hay oportunidades de sinergia. Casi todos los programas de arranque ya existen. Imjuve tiene un programa de consejería por pares, Conade tiene dos de promoción del deporte, la Secretaría de Cultura tiene uno para jóvenes y otro de cultura territorial, y ya están presupuestados. Se deben mapear las oportunidades de coordinación. No hagamos un programa de obesidad para el joven y otro de adicciones. Todavía tenemos que hilar fino en el terreno presupuestal, pero tengo grandes esperanzas de que esto se resuelva de manera sinérgica. Hay dos propuestas, aunque aún no se toma la decisión. Una es tener un anexo de agenda transversal, lo que ya existe, por ejemplo, para equidad de género, pero es un poco un mito que, como está garantizado en un anexo, la agenda se preserva de manera transversal. Otra propuesta es un programa especial en términos presupuestales. Si lo consideráramos, nos permitiría comprometer una coordinación más estricta desde la esfera presupuestal. Ahí habría fiscalización de los recursos. Pero insisto, aún no está resuelto.
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Programa Juntos por la Paz: un enfoque social y emocional Esta nueva estrategia conjuntará los esfuerzos del gobierno y la población
partir de ahora, el fenómeno de las adicciones en México será tratado como un problema de salud pública. Esta es la disposición que deben aplicar de forma inmediata las instancias a cargo de dar al fenómeno un nuevo enfoque, perspectiva y actitud que elimine estigmas y derrotismos y en el que gobierno y población actúen Juntos por la Paz. En la política pública seguida hasta ahora, el tema de las drogas se veía desde el único punto de vista de la oferta y el consumo. Esta vez la visión se modificará de manera radical y el uso de sustancias adictivas será abordado en sus dimensiones de salud personal y social, así como de la exclusión económica y de desigualdad que provoca. De este modo, quienes ya padecen un problema de dependencia serán objeto de los derechos de protección, apoyo, inclusión y vinculación, por su pertenencia a un sector de la población que “debe ser atendido con la generosidad del Estado nacional y con oportunidades de incorporarse a una vida sana, productiva y saludable en todos los sentidos”, expuso en la presentación del nuevo programa el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell. En el plano de la prevención, la tarea tiene similares dimensiones: un drástico cambio cultural. Así, más allá de sólo armar campañas oficiales para advertir a niños y jóvenes sobre los peligros de usar narcóticos, la estrategia plantea la recuperación de los espacios colectivos y públicos para fomentar la convivencia y promover actividades físicas, procurar el desarrollo de la autoestima y escuchar. El enfoque dual de atender a quienes se encuentran atrapados en la farmacodependencia
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y evitar el consumo de estupefacientes pasa de manera relevante por una política de atención a la salud emocional y social, la autovaloración y el reconocimiento de pertenencia con pleno derecho a la sociedad “como mandan las leyes”. Para este programa, las estructuras de gobierno a las que se encomendó su diseño partieron de una evidencia científica: el problema de dependencia a las sustancias adictivas afecta de manera desigual -como ocurre con otros muchísimos fenómenos- debido a condiciones sociales, económicas y de género. De ese modo, la Estrategia de Prevención de Adicciones tendrá como pilares salud, educación, bienestar, cultura y comunicación. A continuación se resumen las acciones que en forma general comprende cada uno. Salud: Prevenir, atender y rehabilitar. Capacitar al personal médico de las unidades de atención primaria para reconocer de forma tem-
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prana los factores de riesgo, los determinantes sociales y culturales que podrían incidir en el consumo de drogas. Educación: Incorporación de nuevos contenidos curriculares en los que se aborden no sólo la prevención y la promoción de la salud, sino también los temas relacionados con la importancia de una vida sana en lo individual, familiar y social. Los maestros, tutores y padres recibirán guías y preparación en estos aspectos. Bienestar: Acercar y difundir la oferta y posibilidades de estudio y empleo a la población, sobre todo la más joven, como uno de los principales elementos para alejarlos no sólo de las sustancias adictivas, sino también de las actividades ilícitas. Poner énfasis en los 25 programas sociales que esta administración ha identificado como elementos de cohesión y activación del tejido social. Cultura: Ubicar de manera efectiva y coordinada los servicios educativos y de vinculación que permitan una nueva apropiación de los espacios públicos, como la creación audiovisual, por medio del Programa de Cultura Comunitaria. Comunicación: Acompañar la transmisión de mensajes con la escucha y el diálogo. Comunicar contenidos relacionados con la consciencia del autocuidado. Se trata de cambiar el paradigma de cómo se debe trabajar en común en el ámbito sociedad-Estado y sociedad-sociedad para construir un diálogo que permita encontrar soluciones y actuar. Se alentará la formación de clubes por la paz en las plazas públicas, entradas de las escuelas, el transporte y demás centros de reunión, los cuales serán identificados con sombrillas verdes y bajo las cuales se brindará información y se atenderá a quienes lo soliciten.
La atención a los daños contra la salud ha sido restringida as acciones gubernamentales a los daños contra la salud han sido limitadas Desde hace más de cuatro décadas se aplican políticas públicas para atender los problemas relacionados con la dependencia a las sustancias ilícitas. Sin embargo, los resultados no han sido alentadores. Las cifras más recientes revelan que al menos 8.7 millones de personas han probado alguna droga. Los esfuerzos para abatir este fenómeno han sido múltiples. En los años 70 se crean los consejos nacionales contra farmacodependencia y alcoholismo. Una década más tarde, nace el Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic) en 1986, y desde los años 90, con la creación de los programas nacionales, también se impulsaron acciones para frenar el consumo. Para los primero años del siglo XXI, el gobierno mexicano determinó fortalecer la Conadic y actualizar los programas nacionales para atender el tabaquismo, el abuso de alcohol y la farmacodependencia. Por primera vez se cuenta con un organismo dependiente de la Secretaría de Salud (Ssa) encargado de diseñar y vigilar la implementación de las acciones en materia de adicciones. En los pasados dos sexenios, de acuerdo con datos oficiales, la política pública se aplicó a partir de los llamados Programas de Acción Específico que entre 2007-2018 operó
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el plan Prevención y atención integral de las adicciones. Por más de una década los esfuerzos del Estado mexicano se centraron en la búsqueda de mecanismos para frenar la demanda de narcóticos y reducir los daños que generan. Pese a reconocer que el consumo de sustancias, principalmente en la población juvenil, era un problema de salud pública, el diseño e implementación de las acciones gubernamentales en materia de sanidad fue limitada. En el periodo 2006-12, se priorizó el enfoque preventivo y de tratamiento de la dependencia a los enervantes. La inversión pública se destinó en gran medida a la creación de una red nacional de los denominados centros de atención primaria en adicciones (Capa), de los cual hoy existen 335, de acuerdo con cifras de la Ssa. También se impulsó la realización de campañas informativas y jornadas de prevención. Entre 2013 y 2018 las metas centrales de la administración federal fueron combatir los efectos negativos de la adicción a las drogas tanto en la salud individual como en el contexto social, y después procurar disminuir su utilización. Se enfatizó la promoción de estilos de vida saludables como elemento central para disminuir la demanda de drogas ilegales. Se buscó aplicar intervenciones “breves” en poblaciones de riesgo y brindar tratamiento especializado y rehabilitación a quienes ya eran dependientes.
Escaso gasto público a la atención de pacientes La Conadic registró en el sexenio pasado reducciones continuas de presupuesto l narcotráfico en México genera ingresos brutos por 600 mil millones de pesos anuales, de acuerdo con datos del Departamento de Estado de Estados Unidos. Economistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) estiman que esa cantidad duplica las ventas de la industria farmacéutica en nuestro país. Frente a este desafío, la inversión pública destinada en años recientes a frenar el consumo y dependencia de las drogas resulta escasa. Cifras oficiales de los organismos destinados a realizar esta labor, el Centro Nacional para la Prevención y Control de Adicciones (Cenadi) y la Comisión Nacional para las Adicciones (Conadic), no superaron en conjunto una inversión anual promedio de 700 millones de pesos. El Informe Rendición de cuentas de conclusión de la administración 2012-2018 de la citada comisión revela que en 2013 el Cenadi obtuvo recursos presupuestales para gasto corriente por 749.2 millones de pesos, pero tras un ajuste a los fondos públicos se usaron sólo 663.9 millones. Lo mismo ocurrió en todos los ejercicios
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presupuestales del sexenio pasado. En 2014 el Congreso de la Unión autorizó al Cenadi 780 millones, pero se modificó a 635.6. Al año siguiente, se le asignaron 801 millones, pero ejerció 601.8; es decir, 200 millones menos. Para 2016, año en que desapareció como Cenadi y se define a la Conadic como organismo desconcentrado de la Secretaría de Salud, se otorgaron 788.1 millones para el gasto corriente del centro, pero el ejercido cayó a 554.2 millones de pesos. En la etapa previa, Conadic presentó subejercicios de manera subsecuente. En 2013 recibió 39.9 millones, pero aplicó 66 por ciento. En 2014, obtuvo 53.6 millones, pero ejerció 50.6 por ciento. En 2015 se le asignaron 52.5 millones, y gastó 49.5 por ciento. En 2016 recibió 45.6 millones, pero ejerció 70 de cada 100 pesos. Luego de publicarse el decreto de modificación de los citados organismo en julio de 2016 en el Diario Oficial de la Federación, para 2017 se aprobaron 665.6 millones a la nueva Conadic, pero ejerció 586.3. En 2018, el presupuesto asignado fue de 719 millones, pero se modificó a 694.5.
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Falta una política integral de prevención y tratamiento
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El dilema, prohibir o regular Despenalizar las drogas incrementará su consumo, alertan organismos ruguay y Canadá, así como nueve entidades de Estados Unidos han legalizado la venta de la cannabis para fines recreativos. Los informes internacionales tienen conclusiones contrastantes sobre estas decisiones y sus consecuencias. Para la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), por ejemplo, permitir este uso abre la puerta “a graves riesgos para la salud”, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sugiere que la despenalización incrementa el consumo. Por el contrario, para la Comisión Global de Política de Drogas (CGPD), es precisamente la prohibición la que “ha contribuido al problema mundial” de los estupefacientes. El número de aficionados a la mariguana en América del Norte es mayor que en la década pasada, según los informes mundiales de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. En Estados Unidos, la cifra de habitantes que consumieron cannabis aumentó en alrededor de 60 por ciento entre 2007 y 2017, y se duplicó la de quienes la usan a diario o casi a diario. Para la ONU, esto podría deberse a la despenalización de su uso recreativo. La JIFE señala que el uso de la cannabis con fines no medicinales contraviene los tratados internacionales de fiscalización de drogas y es un riesgo para la salud. Además, según un informe de 2019, se incrementa “la posibilidad de que caiga en las manos de menores”. La CGPD, organización independiente integrada por 26 miembros, s, incluidos 14 ex jefes de Estado y cuatro premios Nobel, recomendó la a regulación responsable del mercado de las drogas en lugar de un modelo o prohibicionista. Un paso mínimo para ello es la despenalización del uso personal de estos estupefacientes, según sus integrantes.
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Avivan debate de los usos lúdico y medicinal l Congreso deberá dictaminar el próximo periodo ordinario alguna iniciativa de las turnadas al Poder Legislativo para aprobar la liberalización del uso y cultivo de mariguana para consumo personal. Por ahora, sin embargo, la Ley General de Salud lo prohíbe y el Código Penal lo sanciona. Aunque se ha despenalizado traer hasta 5 gramos de la yerba, y a partir de esa cantidad el portador puede ser considerado narcomenudista, “en cualquier caso, la persona es llevada por la policía ante el Ministerio Público para determinar si es mariguana lo que traía consigo y cuánto”, lo que da lugar a injusticias como la extorsión y el encarcelamiento sin apego a derecho, apunta Leopoldo Rivera, director de la revista Cáñamo. En mayo pasado, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió la tesis jurisprudencial 3/2019 por la cual determinó que “el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad permite, prima facie (a primera vista) que los mayores de edad decidan sin interferencia alguna, qué tipo de actividades recreativas y lúdicas desean realizar”. Y por tanto establece que el consumo de la yerba es un ejercicio de autonomía individual “que debe estar protegido por la Constitución”.
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Ahí mismo, el máximo tribunal dio 90 días al Congreso de la Unión para modificar diversos artículos de la Ley General de Salud, y se estima que para septiembre u octubre el Senado de la República dictamine al respecto, lo cual daría diversas posibilidades del cultivo y uso libre de la cannabis. PERMISO RESTRINGIDO En la actualidad, sólo los poseedores de un amparo personal concedido por un juez –y donde se mantiene excluida la posibilidad de vender la cannabis– deben recorrer un sinuoso y complejo camino: solicitar un permiso ante la Cofepris (Comisión Federal para la Prevención contra Riesgos Sanitarios) y aguardar 45 días hábiles. Si tal petición es denegada o queda sin respuesta, el demandante debe presentarse ante un juzgador y quien, a partir de febrero de este año, tiene la indicación de los órganos superiores del Poder Judicial para otorgar el amparo correspondiente. Varios interesados en cultivar mariguana para fines sobre todo de experimentación y estudio han transitado por esa vía, entre ellos científicos convencidos de las numerosas virtudes terapéuticas y farmacológicas de la cannabis. “El escenario ideal es que se regule conforme a los criterios de la SCJN, que se respeten los derechos de los consumidores y de los cultivadores y que tengan derecho al acceso y consumo de la planta que ellos mismos cultiven, sin tener que recurrir al mercado negro”, destaca Rivera. En el breve lapso que pasó como senadora antes de integrarse como titular de Gobernación, la ex ministra Olga Sánchez Cordero presentó una iniciativa para regular el uso lúdico de la mariguana. Ésta también aguarda ser dictaminada.
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Una política oficial tiene que manejarse como un transatlántico: movimientos lentos y precisos
Gady Zabicky, comisionado nacional contra las Adicciones
ROSA ELVIRA VARGAS n la siquiatría mexicana, el doctor Gady Zabicky tiene un destacado lugar entre los más comprometidos y avanzados en el análisis y tratamiento del consumo de sustancias adictivas, al cual define como “el conflicto de salud pública más importante del planeta”. Considera también un adjetivo que estigmatiza y juzga llamar adictos a los usuarios de estupefacientes y por ello prefiere referirse al fenómeno como un “problema de dependencia”. Zabicky fue designado por la Secretaria de Salud al frente de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) el pasado martes 16 de julio. Desde su amplio conocimiento y experiencia en el tema puntualiza: el anhelo de la nueva política pública sobre las drogas debiera ser nulificar su uso entre niños y adolescentes. Del mismo modo, él no encuentra contradicción entre la estrategia anunciada por las autoridades de Salud para enfrentar y prevenir el consumo de sustancias adictivas y la iniciativa de ley impulsada en esta administración para liberalizar el uso de la mariguana: “No hay exclusión mutua, no hay conflicto de intereses, no hay discordancia científica. Todo lo contrario: salvo algunas excepciones, regular siempre es mejor que prohibir”.
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en algunos casos seudocientíficos y en otros muy manipulado y muy cuchareado para mantener ciertas ideas, paradigmas que ya no funcionan. Esto se tiene que hacer de manera gradual. Tenemos que ir enseñándoles a las personas...” Con la vocación de un comunicador interesado en desterrar prejuicios, dogmas y estigmas, Gady Zabicky conversó con La Jornada: –¿Qué dimensión tiene el problema del consumo de drogas? –El uso de sustancias adictivas y todo lo que involucra: gastos, enfermedades, muertes, problemas escolares, representa el problema de salud pública más importante del planeta. Ni la obesidad ni la pobreza no llegan a ese nivel: las drogas están por encima de todo lo demás. El alcohol no debe ser diferenciado de las drogas porque son exactamente lo mismo. En México, 90 por ciento de las muertes directamente atribuibles a una sustancia son por el alcohol. Y no hablo de accidentes automovilísticos, es sólo lo relacionado a sobredosis mortales y complicaciones médicas. –¿Es correcto usar en todos los casos el término adicción? –Se han dado cambios, incluso en el uso del lenguaje, para denominar hoy algunas cosas. En este caso, “adicción” es un término que
aparte de describir, también juzga, tiene una connotación peyorativa. Es preferible hablar de un problema de dependencia porque es multifactorial en el sujeto (genética, medio ambiente, personalidad y accesibilidad a las sustancias, entre otros ) y a partir de ello no hay una sola manera de atenderlo. –¿Es posible prevenir y vencer la dependencia? –Por lo general los modelos de política pública de atención a la salud tratan de ver estos temas como ‘entregables’, esto es, cómo podemos cumplir los objetivos. Pero es complejo ver qué tanto estamos previniendo y qué tanto estamos ‘curando’ a estos pacientes. Por una razón: cuando el cerebro descubre algo que le gusta es muy difícil convencerlo que lo abandone. Cuando alguien logra dejar una dependencia fuerte ha hecho apenas la mitad del trabajo que es dejar de consumir. Luego viene la otra: cómo hacer para vivir sin drogas. Y ese es otro asunto para el que no tenemos todas las respuestas que quisiéramos. Como siquiatra diría que el no tener un tratamiento médico para las adicciones es el pendiente más grande de la medicina con la sociedad. He hecho investigación en tres continentes y nunca nadie me ha dicho que no se esté buscando una vacuna antiadictiva, un medicamento para eso. DOS CAMPOS DE BATALLA –¿Cómo abordar entonces el combate contra los narcóticos ilegales? –Cuando se habla de la guerra contra las drogas es un eufemismo, porque el ataque es contra las personas que usan las sustancias y eso no tiene sentido. Debemos distinguir entre los problemas causados a la sociedad por las drogas y quienes las consumen, pero también los conflictos que vive la población como consecuencia de la mala forma en que se ha tratado de resolver el tema. Hoy esa guerra genera más problemas que las propias sustancias. Cuando se analiza la asociación violencia o criminalidad con el consumo de enervantes –y hacer entender esto a la policía o a los militares no es fácil– debe enfatizarse que en general no hay una relación causal: no por usar mariguana me volveré violento, violador y asaltante. Esto, porque no sabemos si una cosa llevó a la otra, a una tercera, o si hay algún tipo de epifenómeno (efecto secundario que sigue a un primero sin ser parte esencial de él y sin que, aparentemente, ejerza influencia) que estamos viendo o estudiado de forma correcta”.
PROPONE TRES FASES Vehemente en su exposición y con larga trayectoria en este campo de la medicina –inició su labor en el Instituto Nacional de Siquiatría– Gady Zabicky resalta la pertinencia de desplegar la estrategia hacia la inhibición del consumo de drogas en tres niveles, de la misma forma como se otorga la atención médica en general, y las expone: 1. Prevenir el uso al detectar y atajar los riesgos, sicoeducación, entre otras medidas; 2. Atender el padecimiento de quienes aun con un consumo regular pueden ser tratados de forma ambulatoria, con terapias de grupo, apoyo fármaco y sicológico; y, finalmente, 3. Dar tratamiento a los usuarios con un uso fuera de control que ameritan hospitalización y estar bajo el cuidado de especialistas en la materia. “La política de drogas no es una lanchita de Chapultepec que si le das tres remadas ya giraste 360 grados. No, ¡es un maldito Titánic! La debes ir moviendo muy despacio porque si te equivocas o te estrellas contra tierra firme. Los cambios deben ser progresivos”. Egresado de la UNAM, el experto admite con pesar: “llevamos muchos años de tirar ‘choros’,
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SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
“Adicción es una palabra que juzga; debe tratarse como dependencia”
SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
LA CIENCIA Y LA INDUSTRIA TIENEN EN LA CANNABIS UN FENÓMENO TAN REVOLUCIONARIO COMO LA PENICILINA O LOS RAYOS X
VIENE DE LA PÁGINA ANTERIOR
–¿Qué lleva a un individuo a una conducta adictiva? ¿Es algo genético, social...? –No se puede entender el fenómeno de un ser humano si no observamos el nicho ecológico en el que se desenvuelve. México tiene algunas características que lo hacen muy peculiar. Considero que somos la trinchera, el frente de batalla más activo de esta absurda guerra porque somos el país de tránsito de los mayores productores de ciertas sustancias en específico y estamos debajo del mayor demandante, y eso nos coloca en una situación muy delicada. Pero hoy tenemos además una situación de consumo muy importante. Cada vez las edades de los chavos que usan drogas son menores y, de forma muy preocupante, el binomio hombre-mujer se va acercando. Yo soy feminista a ultranza, pero es real: las mujeres se afectan más por el consumo de sustancias. Frente al fenómeno, la respuesta social ha sido muy diversa. No tenemos un consenso. Sobre esto de que hay un estímulo (social) a las personas a consumir, debo decir que en 25 años de atender a pacientes con problemas adictivos ninguno me dijo que, por ejemplo, afuera de la secundaria se le acercó alguien y le dijo: ‘te regalo droga’. Ninguno. Los seres humanos buscamos el placer. Y lo hacemos de mil formas distintas. Y fuera de los alimentos, las sustancias sicoactivas son el elemento que más caracteriza nuestras culturas. Probablemente sin éstas, que son muchas y muy diversas, no seríamos como somos ahorita. Hemos confundido lo que es el combate a todos los usuarios con la atención a los enfermos por consumo. –¿Cómo se puede ubicar a los consumidores para dirigir la estrategia? Del universo de experimentadores, hay un grupo al que llamamos consumidor restringido sin riesgo. De éste, hay un sector más pequeño que se vuelve abusador de la sustancia. No es una persona dependiente, su cerebro no se ha adaptado, no es un adicto, pero ya está teniendo problemas: ausentismo laboral, gasta mucho dinero, se mete en problemas con la ley, lo deja la novia... Y después, viene otro conjunto aún más reducido que desarrolla un problema de depen-
dencia que lo hace disfuncional socialmente porque ya tiene una situación biológica, ya padece una enfermedad. No es fácil identificar siempre la frontera entre el segundo y el tercer grupo. Hay un punto donde el cerebro hace una inflexión y, más que medirlo de manera biológica, hemos aprendido a valorar esta situación mediante elementos conductuales. Y de los usuarios que tienen ya un problema de salud se deriva todavía otro sector todavía más pequeño, aquellos a lo que llamamos consumo en caos y significa, por ejemplo, la inyección en frenesí, el intercambio de sexo por drogas, etcétera. Es el grupo más afectado. –¿A partir de lo anterior cómo debe entenderse la búsqueda de legalizar el consumo de algunas sustancias como la mariguana? –En efecto, si se piensa en drogas que afectan muchísimo como el cristal, metanfetamina o la cocaína, sí existe un problema porque no se trata de criminalizar al usuario, pero ahí en efecto resulta muy difícil una política pública de venta abierta. Hay entonces un cuello de botella donde obligadamente el usuario debe acudir al mercado negro. Y eso en ningún lado se ha podido resolver. De alguna manera, cada sustancia requiere un traje ad hoc. En el caso del cannabis pienso que la planta se defiende sola. Con mis compañeros no luchamos por la yerba sino por los derechos humanos y por la decisión de tratarse con los medicamentos que cada quien desea. MARIGUANA, OPORTUNIDAD HISTÓRICA Con la cannabis están sucediendo cosas inéditas. Un evento único. Durante siglos usamos la planta y en los últimos 100 años vivimos este absurdo de la prohibición. No exagero si frente a las posibilidades de su uso tenemos hoy una situación parecida a la invención de la penicilina, de los rayos X o más. –¿Tanto así? –Cambiar la forma de entender y usar la mariguana puede traer muchas consecuencias positivas para el país. México puede convertirse en potencia mundial en producción de medicamentos cannábicos y es un mercado de billones de dólares que puede beneficiar al pequeño productor. “Los médicos estamos engolosinados con esto porque tenemos una planta con más de 500
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componentes que sirven para una gran cantidad de padecimientos muy disímbolos entre ellos. No podemos negar la importancia de este sistema para la medicina y, al mismo tiempo, ver también los peligros que conlleva”. –¿Cómo entiende la política sobre prevención y consumo drogas anunciada recientemente? –Una de las fortalezas que advierto ahí es que deja de ver los problemas de salud mental y de drogas como algo distinto. Al menos 75 por ciento de las personas enfermas por drogas tienen lo que se llama un diagnóstico dual. Presentan sicopatologías (depresión, ataques de pánico, esquizofrenia, entre otros) como resultado, como causa del consumo o por una tercera situación. Entonces, en la nueva política –y aparece tanto en el Plan Nacional de Desarrollo como en lo que recomienda la OMS– es que el problema de sustancias adictivas no debe atenderse con la prohibición ni la criminalización. Se irán dando pasos pequeñitos, y uno de ellos tiene que ver con la liberalización de la cannabis que, si se hace bien y por las experiencias vistas en otros países, no creo que tengamos ningún problema. DOS METAS IDEALES En la estrategia, la prevención y reducción del consumo tendría que ser el objetivo general, pero el anhelo debiera ser la nulificación del uso entre la población infantil. Para este sector, las campañas de prevención son también un tema complejo y no se parece a las que puedes hacer en otros ámbitos porque no puedes llegar por ejemplo a las escuelas secundarias y hablarles a todos por igual porque no todos están en riesgo (de consumir) y a lo mejor les echas a andar el coco. Entonces el énfasis tiene que ser cómo se ayuda a la gente que requiere tratamiento y cómo se realiza la prevención dirigida hacia las poblaciones en riesgo. Ahí es donde hay que poner el dinero. Porque en el caso de los tratamientos, hay una serie de pacientes, de situaciones que sí requieren una atención especial y donde literalmente, como dijo hace poco el presidente Andrés Manuel López Obrador –y aunque algunos esfuerzo se han hecho, por ejemplo en los Centros de Integración Juvenil (CIJ)– y no podemos descalificar categóricamente, pero en rigor ‘no hay nada’, en ese sentido.
l acelerado ritmo con que ha crecido el consumo de drogas entre las niñas y adolescentes de 12 a 17 años ha encendido las alarmas. Las mujeres en lo general desarrollan con más rapidez que los varones la dependencia a estas sustancias y están más expuestas a riesgos como las agresiones sexuales. Entre 2011 y 2016, el uso por una ocasión de cualquier sustancia aumentó de 2.6 a 6.1 por ciento (poco más del doble); el de drogas ilegales, de 1.9 a 5.8 por ciento (el triple), y el de mariguana, de 1.3 a 4.8 por ciento (también se triplicó). En ese mismo periodo, la prevalencia de ingestión o aplicación de cualquier sustancia en el año anterior pasó de 1.1 a 2.7 por ciento, poco más del doble; en drogas ilegales, de 0.9 a 2.3 por ciento, cerca del triple, y en mariguana, de 0.6 a 2.3 por ciento, casi cuatro veces más. Respecto a los hombres, en este lapso se duplicó su uso prácticamente en todas las anteriores, según detalla la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas Alcohol y Tabaco 2016-2017. Carmen Fernández Cáceres, directora general de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), señala que el aumento en el acercamiento de las mujeres a las sustancias adictivas está relacionado con el avance de la igualdad, pues empezaron a alcanzar más niveles educativos a partir de los años 70, lo que también las impulsó incorporarse al mercado laboral y a nuevas prácticas de consumo. Las adolescentes ya no sólo estaban en sus casas y escuelas, donde antes pasaban la mayor parte del tiempo, y esto las expuso a mayores riesgos que tenían los varones, entre ellos las drogas y la violencia. Para la Secretaría de Salud, este incremento también está relacionado con las desigualdades de género en el acceso a servicios de salud, educación, cultura, deporte y esparcimiento y a que están más privadas de oportunidades de desarrollo que los hombres. Fernández Cáceres resalta que entre las niñas
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y adolescentes el inicio de la experimentación con las drogas en la mayoría de los casos es recreativa. Generalmente, quien se las ofrece por primera vez es un amigo, y el tránsito hacia el abuso y la dependencia está relacionado con diversas circunstancias en el ámbito familiar y el comunitario. Tiene que ver con situaciones desde falta de autoestima (“carencia de afecto en la primera infancia”) hasta contextos violentos, de agresiones fuertes entre los padres “que ponen muy ansiosos a todos los hijos”, que directamente sean violentadas en casa o que no solamente se trate de violencia sicológica, sino también física. También incide la sobrexigencia hacia ellas, “que desde muy chicas, a los 10 u 11 años, están encargadas de toda la casa, la limpieza y cuidar a los hermanitos”. De igual manera, puede darse por negligencia, “el que simplemente no haya quien la cuide, quien haya establecido un vínculo importante, afectivo, de soporte, de identidad, de apoyo, que es necesario para el crecimiento sano”. Otros factores pueden ser que los amigos o amigas también sean consumidores y la mayor tolerancia social al uso de sustancias ilícitas. Fernández Cáceres advierte que el contacto con estupefacientes pone en más riesgo a las mujeres. En primer lugar, desarrollan dependencia con más rapidez que los varones. “No resistimos ni alcohol ni la droga igual que ellos: tenemos menor talla, menor peso, por lo general, y más grasa. “Las mujeres se emborrachan más rápidamente que los hombres porque se retiene más el alcohol en la grasa, el metabolismo es mucho más lento y, dependiendo de la tolerancia que hayan desarrollado, resisten más o menos”, menciona la especialista. También, el consumo de sustancias puede derivar en conductas sexuales de riesgo que en algunos casos llegan a abusos y después generan problemas de ansiedad y depresión. Respecto a los efectos de los narcóticos en niñas y adolescentes, Fernández Cáceres refiere que el uso a más temprana edad de cualquier sustancia, ya sea alcohol, mariguana, cocaína, metanfetaminas y otras, “tiene más efectos dañinos en el sistema nervioso central y en el organismo en su conjunto porque está en crecimiento”, y aunque esto es igual para hombres y mujeres, las afecta más a ellas por su metabolismo, la menor cantidad de grasa y la talla. Señala que en un menor en crecimiento, “el cerebro apenas está haciendo conexiones neuronales. De las áreas que se ven más afectadas, como con cualquier droga, son las de aprendizaje, memoria y el área frontal, donde residen el control de impulsos y las emociones”, así como la sexualidad.
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Daniela:
con el cristal “me sentía fuerte y siempre estaba feliz” “Cuando no la usaba, me dolia la cabeza y estaba enojada” aniela tenía 13 años cuando se drogó por primera vez. Su acercamiento con las sustancias narcóticas se dio por un familiar que las usaba, quien le relataba sus experiencias y resaltaba “lo bien que se sentía”. Ella, en ese entonces alumna de secundaria, compartió con uno de sus amigos su curiosidad y él simplemente le ofreció: “Yo tengo cristal, ¿quieres?” “Se me hizo fácil probarlo porque sólo me dijo que lo pusiera en mi boca y pensé que no era tan peligroso porque no tenía que fumarlo... Lo vi, era como polvito y me gustó porque empezó a dormir mi lengua. Después, lo único que recuerdo es que iba caminando por la calle y terminé en una fiesta”, relató en entrevista. Al principio siguió consumiendo porque “no entendía muy bien” qué sensación le debía producir y después porque “me di cuenta de que me provocaba sentirme fuerte, que podía hacer lo que quisiera y siempre estaba feliz”. En ese tiempo, reconoció, estaba alejada de su familia. Había problemas entre su mamá y su papá, pues se estaban separando. “No me daban mucha atención”, señala. Prácticamente no los veía pues ambos laboraban y Daniela, además de estudiar, trabajaba. Después del cristal probó mariguana y cocaína, pero ninguna la enganchó como el primero. En un periodo de cinco años pasó de consumir droga una vez por semana, luego tres veces en ese mismo lapso, hasta usarlo todos los días. Vivió su etapa máxima de adicción de los 16 a los 18 años. “Lo hacía diario y prácticamente desde que me levantaba”, pues si no ingería alguna sustancia, su cuerpo se lo demandaba: “Empezaba el dolor de cabeza, me sangraba la nariz y estaba enojada”. Un mes antes de cumplir los 18 años y entrar a la universidad, la mamá de Daniela encontró las bolsas donde guardaba el cristal. Ella confesó que lo consumía y aceptó buscar ayuda, sobre todo a petición de su familia. Desde que llegó al Centro de Integración Juvenil, hace dos años, dejó de drogarse. El proceso no ha sido fácil, pues además de luchar contra la adicción, la sustancia dejó en ella periodos de depresión.
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SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
Niñas y adolescentes, cada vez más cerca del efecto pernicioso de los narcóticos
SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
El alcohol, “tradición” con elevados costos social y económico n mi experiencia con el alcohol, sólo hay dos opciones: o aceptas beberlo o te mantienes totalmente al margen”, relata Andrés, universitario de 22 años que prefiere no ser citado por su nombre real. Vive con otros estudiantes en un departamento cercano a su escuela. Ahí hay reuniones una vez a la semana, en las que, refiere, el alcohol es el plato principal. “Yo iba a esas fiestas y bebía. Llegué a tomar mucho, no lo digo con orgullo. Ahora no quiero seguir, así que mejor no participo en ellas, porque en esos días nadie se toma una o dos nada más. El consumo moderado no es algo que realmente suceda”. El alcoholismo es el principal problema de consumo de sustancias en México y afecta especialmente a los adolescentes, de acuerdo con la Secretaría de Salud y la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic). Es el producto del que más se abusa en el país, pues dos de cada 10 personas de 12 a 75 años lo ingirieron en exceso en el último mes. Asimismo, según la más reciente Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017), siete de cada 10 personas en ese rango de edad han bebido alcohol alguna vez en la vida, y 49 por ciento lo ha tomado en el año anterior. Para Andrés, las bebidas embriagantes son las más buscadas porque son baratas, fáciles de conseguir y no se consideran tan peligrosas como otras sustancias. “Ni siquiera pensamos que sea una droga, nadie lo percibe así. Yo y mis compañeros estudiamos medicina, pero no creemos que nos estemos drogando si nos embriagamos”.
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¿UNA TRADICIÓN? Un estudio publicado en la revista Salud Mental por investigadores de los institutos Nacional de Salud Pública (INSP) y Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPR) apunta que el descenso en la percepción del riesgo del alcohol está relacionado con la falta de vigilancia de los encargados de regular su venta, que creen que el consumo es una “tradición del pueblo”; a la apre-
ciación de que el abuso y la dependencia son problemas que se resuelven de manera personal con voluntad y buen comportamiento, y a que hay arbitrariedad para vender bebidas alcohólicas a menores de edad. La Organización Mundial de la Salud advierte, sin embargo, que la ingestión de esta droga legal mata a más personas que el VIH/sida, la tuberculosis y la violencia juntos y es un factor causal de más de 200 enfermedades y trastornos. El alcohol conlleva una pesada carga social y económica para las sociedades, de acuerdo con el organismo, que estima que esta sustancia acaba con la vida de unos 3 millones de personas en el mundo cada año, lo que representa uno de cada 20 decesos. DEPENDENCIA María U., de 67 años, ha perdido la esperanza de recuperarse. Tres décadas atrás ella y su familia comenzaron a intentar distintos tratamientos: acudió a grupos de apoyo, centros de desintoxicación y religiosos y consultó con médicos expertos, pero a las pocas semanas o algunos meses, ella salía de su casa y recaía. “Mis hijos me regañan, pero a veces me tengo que escapar. Me voy con unas amigas y tomamos. Yo no sé si tengo remedio, creo que no. Lo único que me preocupa es que mis nietos quieran imitarme”, lamenta. Las estadísticas señalan que 2.2 por ciento de la población tiene una posible dependencia al alcohol, y mientras entre los adultos por cada siete varones adictos hay una mujer, por cada hombre adolescente que presenta posible dependencia hay una joven. De acuerdo con la Secretaría de Salud, la dependencia es un conjunto de manifestaciones físicas, cognoscitivas y del comportamiento que incluyen distintos síntomas como tolerancia, abstinencia, uso por más tiempo o mayor cantidad, deseo persistente o incapacidad de control, empleo de mucho tiempo para conseguir bebidas o recuperarse de sus efectos, reducción de actividades sociales, laborales o recreativas, así como uso continuado a pesar de tener conciencia de sus evidentes consecuencias perjudiciales. Los problemas con el alcohol surgen por beberlo en exceso, con mucha rapidez o frecuencia. Las personas dependientes del alcohol son adictas y no pueden controlar cuántas bebidas ingieren.
En el mundo disminuyen los fumadores, en México, el tabaquismo es epidemia 142 mexicanos fallecen diariamente por padecimientos asociados a la nicotina
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ientras la cifra mundial de fumadores desciende, en el país hay "una epidemia en aumento de consumo de tabaco, relacionada con el crecimiento poblacional y afecta a los más vulnerables: adolescentes y mujeres", según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-17. Las consecuencias se miden en costos de vidas humanas: 142 mexicanos mueren diariamente por alguno de los padecimientos asociados al tabaco, de acuerdo con indicadores del Instituto Mexicano del Seguro Social, en tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcu-
la que 12 de cada 100 muertes en el orbe están asociadas al hábito del cigarrillo. A contracorriente de la realidad local, la cifra de fumadores en el mundo ha bajado en los últimos años, según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Entre 2007 y 2015, la proporción disminuyó de 23.5 por ciento a 20.7 por ciento entre las personas de 15 años y más, lo que representa 2.8 puntos porcentuales menos en ese lapso registrado en el Informe sobre el control del tabaco en la región de las Américas 2018. La encuesta nacional señala que de la población de 130 millones, 17.6 por ciento de los
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mexicanos de 12 a 65 años de edad fuma tabaco actualmente, y que 6.4 por ciento lo hace diariamente. Se estima que en México dos de cada 10 jóvenes de 13 a 15 años consumió al menos una vez productos de tabaco con o sin humo en el último mes. En tanto en países como Estados Unidos, lo hizo uno de cada 10, y en Canadá, tres de cada 100. Las cifras indican que 25 de cada 100 hombres mexicanos de entre 13 y 15 años tuvo su primer contacto con la nicotina antes de los 10 años de edad, lo mismo que 29 de cada 100 mujeres. En el continente, sólo hay cinco naciones en donde es más común fumar antes de cumplir 10 años: San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, Saint Kitts y Nevis, Guyana y las Bahamas, de acuerdo con la OPS.
Las causas sociales del consumo de sustancias sicoactivas no se han atendido Guillermo Santiago, director del Instituto Mexicano de la Juventud ARTURO SÁNCHEZ JIMÉNEZ
ara Guillermo Santiago Rodríguez, director general del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), la política prohibicionista del uso de drogas ha llevado a la criminalización y estigmatización de los adolescentes. Y esto, sostiene, debe cambiar. “Los jóvenes deben pasar a ser vistos como agentes de cambio en sus comunidades”. La juventud vive en la incertidumbre, sin garantías de futuro, pero el gobierno dará alternativas para alejarlos de las sustancias sicoactivas, dice en entrevista el funcionario chiapaneco de 25 años de edad. El ex activista del Movimiento #YoSoy132 señala que este panorama, más la falta de oportunidades, la pobreza, la marginación y la escasa atención a la salud mental, son factores que han contribuido al aumento del consumo de drogas entre los muchachos. Santiago Rodríguez, ex diputado federal, refiere que dos de los principales fines de la estrategia gubernamental contra las adicciones son reducir el número de consumidores y que no siga bajando la edad en la que se inician el uso de drogas, que según los datos oficiales es a los 17.8 años en promedio. –¿Cuál es el diagnóstico? –Se registra un incremento importante en el consumo de sustancias adictivas entre las juventudes. Esto es multicausal. México ha pasado de ser solamente exportador de drogas a consumidor de diversas sustancias y está relacionado con la violencia que se vive en distintas regiones y con la grave desigualdad social. –¿Cuáles son las causas del aumento del consumo de drogas entre la juventud? –Las drogas son para algunos en esa edad una salida para los problemas que viven tanto en su familia como en su entorno. El tema de las adicciones tiene causas sociales, principalmente. Un 44 por ciento de 13.7 millones de jóvenes mexicanos vive en pobreza y un sector muy importante no tiene acceso a la educación. También hay causas de salud, desde luego. –¿Cuál es el papel del Imjuve en la estrategia federal? –Tenemos un programa que se llama Jóvenes por la transformación, brigadas comunitarias de norte a sur, con el que estaremos en las 50 áreas prioritarias del país definidas por la Presidencia de la República. Las brigadas juveniles –integradas por residentes de las propias comunidades– promoverán la cultura de la paz y la reconstrucción del tejido social. Tendrán capacitación en prevención del uso de sustancias
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adictivas y podrán dar información de joven a joven. Con ellas pretendemos territorializar la campaña Juntos por la paz. –¿Cuántos participarán en las brigadas y qué les ofrecen? –Arrancaremos en agosto con 3 mil, pero pretendemos que el próximo año haya 10 mil que contarán con las becas Jóvenes construyendo el futuro. Pretendemos cambiar sus historias de vida, porque podrán incidir en sus comunidades y tener perspectivas de futuro. Buscamos que pasen de ser agentes de riesgo a agentes de cambio. Iniciaremos en Ecatepec, Ciudad Juárez, Tijuana, Cancún y Acapulco, como un pilotaje, y luego creceremos a otras ciudades. –¿Qué otra acción emprenderán? –Un segundo programa son los Centros Territorio Joven, de los que hay 302 en todo el país y que se abrirán 30 más en zonas prioritarias. Se trata de infraestructura para atender a la población juvenil. Por último, está la Red Nacional de Radio y Televisión Dilo fuerte, en la que buscamos que jóvenes de distintas regiones participen en medios de comunicación semanalmente y pongan temas en la agenda, como las adicciones. –¿Qué alternativa dan a los jóvenes que consideren que estén en riesgo? –Junto con la Secretaría de Salud se está creando un sistema para, primero, trabajar en la prevención del uso de sustancias adictivas. También se incluirá la bienestar emocional y mental. Las brigadas serán un primer punto de contacto que canalizarán a los adolescentes a la red de atención. También se ofrecerá ayuda a los que tengan una adicción. La estrategia contra las adicciones estará articulada con todos los programas prio-
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ritarios del gobierno para atender también las causas sociales del uso de drogas. –¿Cuál esperan que sea el resultado de esta estrategia en los próximos seis años? –Lo primero es que queremos que disminuya la cantidad de consumidores, sobre todo entre los adolescentes. También se busca disminuir la edad promedio en la que se inicia el consumo. Además queremos que se cree una conciencia colectiva sobre los riesgos del consumo de estas sustancias. –¿Centrarán sus trabajos en prevenir el uso de alguna sustancia en particular? ¿Incluirán acciones contra del consumo de alcohol y tabaco? –Claro, porque hay sustancias adictivas legales e ilegales. No nos centraremos especialmente en algo, sino que vamos a ir por las causas. –Las estadísticas señalan que está aumentando a un ritmo acelerado el consumo de enervantes lícitos e ilícitos entre las niñas y las jóvenes. ¿Qué harán al respecto? –Esto es algo que nos preocupa muchísimo, porque es sorprendente el incremento del consumo entre mujeres, que se ha duplicado. Hoy, en México, si eres del género femenino y eres joven –y más aún si eres indígena, con discapacidad, o de la diversidad sexual– estás en una de las zonas más discriminadas y estigmatizadas de la sociedad. –Según reportes internacionales, en algunos contextos, ciertos jóvenes se involucran con las drogas, incluso en su tráfico y venta, por un deseo de empoderamiento, por falta de futuro o porque buscan identidad. ¿Qué les ofrecen a ellos? –Hay que separar las cosas: por un lado están las personas jóvenes propensas a usar una sustancia sicoactiva, y, por otro lado, está el hecho de que no siempre una persona adicta pasa a ser parte del crimen organizado. Se ha idealizado el tema de los cárteles, es una realidad y nos preocupa mucho. Una de las palabras clave para nuestra generación es la incertidumbre: vivimos sin certezas continuamente, no hay plan a futuro, no hay plan a largo plazo, todo es en la inmediatez. Esto se debe a la precarización de los sueldos y los trabajos, a la falta de garantías y de seguridad social, entre otras causas. Hay un dicho entre muchos jóvenes que dice: “Prefiero vivir bien tres años, que pobre toda mi vida”. El gobierno federal ha implementado ya programas como Jóvenes construyendo el futuro, Jóvenes escribiendo el futuro, para mostrarles que hay otras oportunidades, otras áreas. Debe haber ciertos elementos base que permitan que no se nos cancele el futuro.
SUPLEMENTO ESPECIAL • LUNES 12 DE AGOSTO DE 2019
Reducir el consumo y alejar a los menores de los narcóticos, metas del Imjuve
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Diálogos adictos: toque, pase; puro humo FABRIZIO LEÓN DIEZ oque aquí. La adicción es un requisito para alterar la conciencia y vivir en el cielo y el infierno de manera simultánea, con dolor. Las culpas son el verdadero mal que nos regula. En las leyes está la principal toxina: la simulación. ¿Y en el efecto de la sustancia se busca el bien? A veces no se sabe, sobre todo cuando te pasas. Ser adicto es ser glorioso, pero cuando acaba el efecto te sientes mal y es cuando repites la dosis. Cuando estas puesto siempre sientes que va a llegar algo prometido que nunca llega, salvo la tristeza. “¿Y usted qué se mete?”, preguntaba el doctor Mauricio Ortiz a sus pacientes, que éramos sus amigos. Oxígeno, azúcar, yoga, coca, vapor, mota, alcohol, pastas, sexo, tabaco, trabajo, palabras, paisajes, arte, información, envidias, poder, corajes. Puro humo. Somos adictos al humo. Lo que vieron desde la embarcación de Cristobal Colón cuando descubrieron tierra fue a “los hombres chimenea”. Fumaban. Lo que se llevaron fue oro y puro humo. En el humo se piensa, por el humo se crea, se tose, se muere, vives en humo y luego se sube el humo a la cabeza. El poder. Vapores salidos de la tierra hicieron que las ninfas vieran el futuro y, obvio, se equivocaron. No hay humo sin tóxicos. Se hacen humo las ideas y al revés. ¿Las nubes son humo? Del fuego sale humo. Para elegir, sale humo. Las venas del humo. La clave está en la repetición que causa el placer inmediato, porque es difícil estar en la realidad en juicio. ¿En serio? Piensa por qué no entiendes. ¿Qué? Arthur Schopenhauer dijo que la felicidad es la ausencia de dolor. “Me siento mal de ser adicto y me apena que me descubran. Es preferible mantener la verdad oculta y la mentira hasta el último momento como cierta que confesar todo lo que me meto”, le dijo al siquiatra el paciente. –Pero usted no se mete nada –le contestó el médico. –Trae el pulmón perforado y en el fondo encontramos el plástico de un tacón pequeño. –Sí, soy adicto a que me pisen, pero se rompió el tubo del clóset donde ella se detenía mientras me pisaba –contestó el paciente en urgencias de la clínica. La mente está muy enferma. Miedo a calificar el placer, a los adjetivos del médico, a que te descubra tu mujer. ¿Piensa igual ella, esconde una adicción? Pero me siento mal, ya lo pensé. Me apena que digan que soy un adicto. ¿A quién le importa? Es dolor físico y del alma. No estoy a gusto. ¿Por qué no pasa lo que yo quiero? Y cuando llega lo que quiero, ¿me aburro? El cerebro está lleno de adicciones y es su propia farmacia y no necesita receta, conoce el anaquel. Adentro de la cabeza nadie te aprehende ni te buscan. Si la sustancia no está en el cerebro, éste manda una señal al cuerpo para que vaya y busque la sustancia o cree un hecho que despierte el apetito de la neurona que está deprimida
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porque, como los perros, se quiere morir y deja de comer porque en su alrededor siente que sus guías (amos, amas) ya no quieren la vida que llevan y ya se acabaron los culpables. ¿Cómo? Toma ocho pastillas diarias, tres tés diferentes, un suplemento digestivo, tres litros de agua; los dolores se calman y gasta 3 mil 500 pesos al mes, más doctores. Fuma mariguana a diario, de vez en cuando consume cocaína. Bebe alcohol y fuma. Gasta 5 mil pesos al mes. Más doctores. Los dolores siguen. Los componentes químicos de la mariguana, la cocaína, los ácidos y el LSD son tan fuertes como efectivo su éxito, millones lo usan. Todavía no se puede comparar la cantidad de su consumo con los fármacos legales; no es posible comparar lo que produce económicamente la industria farmacéutica al narcotráfico y sigue habiendo más doctores que dealers, supongo. Los primeros siempre le atinan a las dosis, los segundos, no tienen idea. Todos los lugares en común caben, pero sin duda la dosis sí debe ser atendida. En las sustancias ilegales es a cálculo: prueba y error. No se puede consultar, pues a quien le preguntas tiene el mismo cálculo: a ojo, a como te sientes, a como te haya ido en la dosis anterior. ¿Y el sexo? Es un chiste. Un chistar, si se tiene. Y si no, no hace falta. Si es adicción debe ser cansadísimo, no se puede pensar ni caminar ni trabajar. Si no se tiene, no se siente. Un chiste de supermercado. “Amor, ya llevamos un mes sin tener sexo. ¿Llevamos?” Es la luciérnaga que busca el foco una y otra vez. Estamos jodidos. Cuando sientas que se te llena el tanque, pones pausa. La intensidad de los dos tiene la fuerza de un hoyo negro. No le des demasiada energía, sabes que eso explota. Así que o te alejas para siempre o aprendes a regular el termostato. Sólo eres un adicto a la fuerza nuclear. Eso es todo. Es cosa de que el dragón aprenda a no quemarse con su propio fuego. Una mitomanía. Adicto a las ideas. Y cuando estás a punto de realizarlas, fracasan. El brujo termina creyendo en sus remedios. Hay que sobreponerse a los diluvios del desenfreno. No eres adicto. Eres la droga. Eres adicto a ti. Si las sustancias prohibidas se estudiaran e industrializaran o sometieran a limpiezas y se pudieran explotar en las dosis correctas, tanto como el quitar el estigma de ser adicto, es decir, repetir un placer o una conducta-rutina que te quita el dolor como las pastillas, gotas o ungüentos, la culpa disminuiría. Porque como me dijo el doctor a quien acudí para dejar de fumar, luego de dos horas de consulta: “Su problema no es el tabaquismo, es el humo de su mente”.Pase usted. Dejar de fumar no tiene beneficios inmediatos, más que en la salud. Se respira mejor, cambia el aroma del sudor, la tos disminuye y el tiempo se pasa sin ver en el humo: nada. La cantidad de calorías que uno deja de consumir al obstruir el gusto por el martini (seco, frío y sucio), la cerveza
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con limón, su par de tequilas Herradura, unas copas con vino tempranillo y el carajillo de salida se refleja solamente en el abdomen y en la enorme propina de tiempo; dudas. La información de tóxicos y las consecuencias por su consumo crónico son tan abundantes como los documentales, páginas en la web, las marcas de cigarrillos y cocteles que uno ha experimentado; sabe. La adicción al placer inmediato sólo se sufre cuando se aleja y sus consecuencias son todas las razones; tiempo. Los espacios privados para fumar a gusto, bebiendo o no, son cada vez más reducidos. Igual sirven las terrazas porque el paisaje lo es todo; ajá. Los colegas que no extrañan las colillas ni el aroma del humo acaso lo sufren por los malos humores que al del humo da. Otras mañas se muestran. Ese caminar constante en la pequeña sala de juntas, abrir las ventanas mientras el aire acondicionado ruge y en el jardín que recibe el calor del sol al mediodía, riendo, casi trota; primavera. Dejar de fumar. Pero en las mañanas, tarde, cuando me entero de que un amigo se suicidó, otro se rompió el cráneo o se incendia Notre Dame o no pagan la factura o hay que contestar la llamada o el mensaje no se envía o se va la luz en la redacción o hay que despedir a algún empleado o te está esperando el notario o no quedan cigarrillos, tengo que fumar, antes, después o en lugar de comer, cuando viene el hambre y existe sed. Hay tiempos, madrugadas, noches, que sin humo no se duerme bien. ¿Tienen tiempo? Obvio, no es eso. Nada es para siempre, todo es paulatino. Hay que tomarse su tiempo, tranquilo, es la edad perfecta, por tu bien, por tu imperio. Si no tienes algo mejor para sustituir un silencio, cállate: he pensado. El fracaso de la inteligencia. Si está en tu cabeza, déjalo ahí. Lo que lastima es la acción. Lo que daña es el engaño; dale. ¿Y el humo, entonces? Recurro a la literatura. Puro humo, de Cabrera Infante, peculiar historia del tabaco. Cito: “Los cigarrillos son el opuesto perverso de los puros: los puros son largos, los cigarrillos cortos, los puros son oscuros, los cigarrillos blancos, los puros son gruesos, los cigarrillos delgados, los puros huelen fuerte, los cigarrillos están perfumados, los cigarrillos son para los labios, los puros para la boca y los dientes, los cigarrillos nunca se apagan pero se extinguen rápidamente, mientras que los puros aparentan vivir para siempre, los puros son tipos rudos, los cigarrillos femeninos como las joyas, los cigarrillos se fuman sin parar, los puros deben fumarse uno cada cierto tiempo, con todo el ocio del mundo. Los cigarrillos pertenecen al instante, los puros son para la eternidad”. Mmmmmm, murmuro. ¿Cómo así?, me pregunto, puro. La última cita: “Aunque muchos caballeros no fumen, un fumador de puros aspira siempre a la condición de caballero (es decir), un caballero es tan sólo un hombre que causa la menor molestia. El caballero fumador debe causar el menor humo posible (…) ve cómo el puro fumado se vuelve sólo cenizas y memorias”. Es la edad, es la edad. Busco en la caja secreta la cajetilla de Camel (sin filtro) guardada para un momento especial, de emergencia; 00.65 horas. 53 grados centígrados; termostato. En la obra de teatro titulada La importancia de llamarse Ernesto, de Óscar Wilde, lady Bracknell le pregunta a uno de los protagonistas: –¿Usted fuma? –Bueno sí, debo admitir que fumo –responde honesto. –Me alegra oírlo. Un hombre siempre debería dedicarse a algo. Entonces tuve que tomar la decisión: puro humo.
as mujeres son biológicamente más vulnerables al abuso de las drogas, son más criticadas por “fallar en su rol social” y se registra que buscan menos ayuda para tratar el problema. Entre 2002 y 2016, el consumo de enervantes en esta población de 18 a 34 años aumentó de 2.8 a 7.6 por ciento, casi tres veces más. En el mismo periodo, el uso de sustancias ilegales pasó de 1.7 a 7 por ciento, cuatro veces más, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por su sigla en inglés) ha documentado que si bien las féminas suelen experimentar a mayor edad que los hombres, una vez que inician, el progreso en el uso de éstas avanza de forma más rápida. Carmen Fernández Cáceres, directora gene-
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ral de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), señala que en muchos casos empiezan a beber alcohol o usar drogas con la pareja sentimental. “Hay quienes abusan de la cocaína porque su pareja está consumiendo”. Pero también por exigencias sociales. “La sociedad demanda súper mujeres”, están sobre exigidas en la casa, con los quehaceres del hogar y los hijos, y en lo laboral con jornadas excesivas, lo que las llevan a procesos de depresión, estrés y ansiedad. Por ello muchas se inician en el alcohol u otra sustancia ilícita como “automedicación de relajamiento”. Además, ellas suelen ocultar más su consumo o dependencia. Fernández Cáceres, explica que hay más estigma, en lugar de apoyo reciben crítica. Se resalta “está fallando como mujer, anda de loca, de puta, que eso le pasa por andar con todos los hombres…” Esta situación “es más estresante y destruc-
Los varones suelen contar con apoyo familiar desde la crisis de dependencia hasta el tratamiento tiva” y da lugar a marcados sentimientos de culpa, vergüenza e incapacidad que pueden llevarla a no solicitar tratamiento, según un estudio de los CIJ. La UNODC indica que la proporción de mujeres que recibe tratamiento es una de cada cinco personas. Fernández Cáceres menciona que mientras los hombres llegan a los centros de atención acompañados ya sea de la madre, esposa o hermana, las mujeres lo hacen generalmente solas porque no cuentan con una red de apoyo. En muchas ocasiones, en ellas el detonador para pedir ayuda es que pierden a la familia o el trabajo. Respecto a los efectos del abuso de las drogas en el género femenino, advierte que están relacionados con la depresión. Pueden estar muy bien al consumirla, pero cuando la dejan se sienten ansiosas y deprimidas, “y entonces la busca otra vez”. La UNODC señala que la tasa de trastornos por estrés postraumático en las mujeres con alteraciones por consumo de drogas es elevada y es posible que ellas hayan experimentado adversidades en la infancia, como abusos físicos y sexuales. Además, las usuarias de drogas inyectables son más propensas al contagio de VIH y hepatitis C.
La tolerancia social agudiza problemas Cae la percepción de riesgo sobre el uso de estupefacientes l uso de sustancias ilícitas dejó de ser un tabú entre los jóvenes, pues no suele existir rechazo a quienes se drogan. “A mí no me parece buena idea, pero tengo amigos que lo hacen, y pienso: ‘haz lo que quieras, es tu vida’. Siempre lo he visto así, si se quieren dañar, que lo hagan”, afirma Jorge, de 22 años y estudiante de medicina. La estadística oficial lo confirma. La Secretaría de Salud revela que cinco de cada 10 adolescentes que no consume drogas considera muy peligroso el uso de la mariguana, cifra que disminuye a cuatro de cada 10 para el grupo de 12 a 65 años de edad. Como ocurre en otros países, la menor percepción de riesgo se da entre la población consumidora, pues en ese círculo sólo dos de cada 10 considera que fumar mariguana, por ejemplo, es potencialmente riesgoso. Aidee, estudiante de 24 años, destaca que “durante mi bachillerato tuve amigos que fumaban mariguana. Nunca los rechazamos o juzgamos, porque en general creo que la mariguana no es algo malo o no la tengo catalogada así, tampoco mis amigos. Hoy tenemos acceso a más información y no creo que sea tan malo”. José Antonio Pérez Islas, sociólogo y experto
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en el estudio de las juventudes, destacó que “en los periodos de escolaridad nadie se preocupa por quién fuma o se alcoholiza. Estamos ante la generación de jóvenes más educada, por lo que ser consumidor, que es muy distinto de la adicción, ya no suena tan raro. Incluso se discute el tema de mariguana con más apertura, porque no se descarta una posible legalización”. Especialistas en el tema de adicciones señalan que la reducción en la percepción de riesgo y un incremento en la tolerancia social al consumo puede representar un factor de riesgo para detonar la adicción. Los datos oficiales señalan que en México, la familia, principalmente los padres, tienen una baja tolerancia al consumo de sustancias ilícitas –menos de 3 por ciento–, mientras que entre los amigos consumidores 27 de cada 100 toleran el uso. Cada quien debería tener la oportunidad de dañarse sin causar problemas a los demás, considera Jorge, quien afirma que la legalización de la mariguana no generará por sí sola mayor consumo. “Si se legaliza, la gente que no consume no lo hará, porque la prohibición tampoco
hace que quienes ya la usan dejen de hacerlo y se lo piensen mejor. Yo no lo hago no porque sea ilegal, sino porque no lo quiero en mi vida”. Pérez Islas, coordinador del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México, destaca que “cuando le preguntas a los jóvenes cuáles son los tres principales problemas de su vida, en ninguno aparecen las drogas, porque hay una visión muy adultocéntrica sobre este fenómeno que no es percibido de la misma forma entre los chavos”. No porque el adulto relacione juventud con consumo de drogas, estigmatizando a los jóvenes, esto es así necesariamente, agrega. “De hecho, las cifras indican que el abuso y adicción a las drogas ilícitas es más un asunto de adultos que de chavos”. Jorge, el estudiante de medicina, señaló que aprendió a tolerar que otros consuman y a convivir con ellos “sin juzgarlos porque si se drogan, no es conmigo. Y jamás he pretendido que lo dejen. El tabú, el temor a hablar de esto, es con los padres, no entre nosotros”.
— 15 — Impreso en: Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México, teléfonos: 5355 6702, 5355 7794. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. Ciudad de México a lunes 12 de agosto de 2019
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Ellas encaran solas el proceso de desintoxicación
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