Así escriben nuestros alumnos Todo se vino abajo. Paredes, lámparas, trozos de techo, todo se precipitó sobre mí. Oía los gritos de la gente que se encontraba a mi alrededor, pero no era capaz de pensar en ellos, en salvar
sus vidas; solo veía caer la enorme viga que, en cuestión de segundos, me aplastaría como si de una lata vacía me tratase. Y allí acabó todo. Elena Valero. 4º de ESO
En aquellos momentos el sol se filtraba perezoso a través de los cristales, iluminando tenuemente el pasillo del angosto vagón. Si a esto se le añadía el silencio y el continuo traquetear de las ruedas sobre la vía, daba como resultado un ambiente soporífero que invitaba de forma sumamente tentadora a una letargia ininterrumpida.
no haría que el tiempo pasase más deprisa. Si acabo estaba consiguiendo todo lo contrario, pues esos veinte minutos que todavía quedaban de trayecto se estaban haciendo insoportablemente largos. Ya no sé qué hacer para pasar el tiempo: mi móvil anda corto de batería y quiero que me dure todo lo posible; poco tengo a nadie a mi lado, por lo que cualquier intento de conversación banal y generalista queda descartado; y a mi pobre pantalón de pana le he repasado tantas veces las arrugas que voy a terminar por hacerle un agujero. Aunque lo mismo así conseguiría algo, pues parece mentira el calor que puede hacer en este destrozado vagón para la poca gente que hay.
A esa hora del día era extraño encontrar tan pocos pasajeros en el viejo tren. ¿Resultaba desagradable? No. Tan solo un tanto extraño. La ausencia turbaba de forma interesante y un tanto siniestra la atmósfera de metete-en-tus-asuntos que de forma tan soberana solía reinar. No obstante, esto me proporcionaba una ocasión bastante buena para plantearme porque esteba allí. ¿Por qué estaba allí? ¿Qué esperaba encontrar al final del trayecto? No podía decirlo, era algo que solo sabría al final, con suerte. ¿Valdría la pena? Seguramente no. La verdad es que se me hacía extraño estar en un tren el día que no me tocaba. Para uno que tengo libre a la semana. Pero no me queda más que resignarme a estar aquí todavía media hora más, sin más compañía que lo que parecen ser tres comerciales, un par de oficinistas, una azafata o recepcionista y una abuelita con un vestido oscuro estampado que le da un aspecto simpático pese a ser el elemento más inusual de cuantos por aquí me suelo encontrar. El reloj avanzaba con su monótono paso: segundos que siguen a segundos, minutos a los minutos y horas a las horas. El viejo aparato, siempre en su discreto segundo lugar en la muñeca, no engañaba. Era la hora que era. Por supuesto, el hecho de mirarlo continuamente
Siempre pensé que el tema de calor sería por la acumulación de gente. Pues va a ser que no. Y con tanto calor, y con tanto sueño, y las ganas de dormir que produce el ambiente, estoy empezando a cerrar los ojos. Y conforme más se me van cerrando los ojos y más evidentes son mis cabezadas, los recuerdos se vuelven más nítidos, de forma que si no fuese por temor a que vuelvan los desagradables y saltarme la estación, ya de paso, podría abandonarme a gusto y echar la cabeza hacía atrás. Llantos, gritos y esas miradas… ¿no me dejo nada? Pues no. Han pasado varios días y al dolor del primer momento se han ido sumando poco a poco pequeñas gotas de culpabilidad que amenazan con desbordarme. La imagen de un globo de agua explotando se pasea por mi cabeza. La simple melodía en tres notas que avisa de la llegada próxima a la estación resuena en el silencio de la sala, rompiéndolo, añadiendo un rayo de realidad a la sombras del sopor. Unos estiramientos para acabar con el entumecimiento de la temprana hora y el corto. Es una delicia sentir la tensión en los tendones. Me pongo lentamente en pie y ya estoy listo para abandonar el vagón, pues solo me queda esperar que la suerte no me abandone a mí. Óscar López. 2º Bachillerato
Cañete, s/n http://www.iespedromercedes.es http://labibliotecadelinstituto.blogspot.com
Boletín de la Biblioteca
© http://www.1stwebdesigner.com/
Libros para el verano A partir del 15 de junio pueden retirarse de la biblioteca del instituto libros para leer durante el verano. Estos libros podrán mantenerse en préstamo hasta el 15 de septiembre y pueden retirarlos tanto alumnos como padres y madres. Naturalmente, éstos pueden utilizar el servicio de préstamo a través de sus hijos. En este Boletín hacemos algunas sugerencias de lectura pero recordamos a los usuarios que puede consultarse a través de la página web del instituto una versión bastante actualizada (aunque no completamente) de los fondos de la biblioteca. En la vitrina del pasillo de la biblioteca se ha dispuesto también una colección de recomendaciones y novedades.
Primer año de Lecturas Viajeras Con el viaje a Málaga de los alumnos de nuestro instituto y de los del IES “Juan Sebastián Elcano” de Cartagena se ha teminado el primer año de la experiencia “Lecturas Viajeras” patrocinada por el minsiterio de Educación. Desde el mes de enero, los veinte alumnos participantes (tres de 3º de ESO y dos de 4º) han compartido la lectura de tres libros de autores de literatura juvenil de Málaga, Cartagena y Cuenca y han realizado una serie de actividades paralelas, muchas de las cuales han quedado reflejadas en el blog de la actividad: http://www.lecturasviajeras.es. Entre otras cosas, los
alumnos han fabricado relatos a partir de las ideas contenidas en los libros leídos.: han rehecho cuentos populares, escrito cartas de amor o han hecho el boceto de una novela. Además, otros alumnos han participado indirectamente en la experiencia gracias a la colaboración del departamento de Artes Plásticas. Estos alumnos han elaborado logotipos y carteles publicitarios para identificar el proyecto. El próximo curso les esperan tres nuevas lecturas y dos nuevos encuentros con sus compañeros de Málaga y Cartagena, además de otras actividades.