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Proyectos políticos y culturales en las realidades caribeňas de los siglos X... (Ukázka, strana 99)

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EL RETRAIMIENTO AUTONOMISTA DE 1891-1893* Luis Miguel GARCÍA MORA Fundación MAPPRE

Abstract In January 1891, the Cuban autonomist movement ordered the election withdrawal. It was a widely publicized measure and was carried out in the face of inaction on the part of various Spanish governments who were reluctant to reform Cuban electoral law. The election withdrawal represented a threat to colonial order, and the autonomist movement was aware of this. Beyond its own history, it is an event that serves to reflect on the party system in Cuba in the nineteenth century, the practice of political representation and decision-making in colonial politics. Keywords: Cuba; Spain; colonial model; political parties; autonomist – election withdrawal; 1891‒1893

El 7 de enero de 1891, mediante un manifiesto al país, el partido autonomista cubano renunciaba a presentarse a las elecciones a Cortes como consecuencia del sistema electoral establecido en Cuba desde 1879 y que reiteradamente había pedido que se modificase. Justificaba su retraimiento en que ninguno de los Gobiernos de la Restauración había llevado a cabo una reforma electoral que estableciese un marco de competencia política más adecuado con la realidad social y política de Cuba. La promulgación del sufragio universal masculino en la metrópoli, a la vez que se mantenía la antigua ley electoral en Cuba, fue entendida como una provocación añadida. La decisión era temporal, circunscrita a la modificación de la legislación electoral, tomada “en consonancia con el sentimiento público pronunciado en su seno con enérgica decisión” y suponía un reto a todo el sistema colonial con la intención explicita de “levantar los ánimos, vigorizar la protesta y reclamar el desagravio”.1 La determinación autonomista atemorizó a las autoridades. Iba más allá de la simple abstención. El retraimiento, lo entendía el poder y veladamente lo utilizaban los autonomistas, significaba preparar el terreno para la insurrección, un órdago al poder, un desafío al sistema en busca de una reacción. Antonio María Fabié, el ministro de Ultramar del momento, confesaba en sus memorias que “era un constante peligro para la paz y la integridad del territorio, porque el retraimiento es siempre la preparación para la lucha armada; y en efecto, antes de nuestra entrada en el poder se avistaron los trabajos revolucionarios”.2 El retraimiento duró dos años. Pero más *

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Investigación realizada en el marco del Proyecto MINECO, HAR2012-32510. Una versión preliminar fue presentada en el XVI Congreso Internacional Asociación Española de Americanistas: Encuentros, Desencuentros y Cruce de Miradas, Alcalá de Henares, 2014. Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), Colección de Manuscritos de Montoro, XXXVIII Actas 1888-1893: “Acta de la Junta Central”, La Habana, 7 de enero de 1891. Antonio PIRALA, España y la regencia, III, Madrid 1904, 285-287. Antonio María FABIÉ, Mi gestión ministerial respecto a la isla de Cuba, Madrid 1898, 23.

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allá de su propia historicidad, el hecho nos sirve para reflexionar sobre el sistema de partidos en la Cuba del XIX, la práctica de la representación política ultramarina y la toma de decisiones en política colonial. Por lo general, se ha menospreciado la actividad de los representantes políticos y, bajo un esquema que considera que la Restauración es un sistema poco competitivo, cuando no directamente corrupto, se ha prescindido de ahondar en el conocimiento de las actividades de unos y otros. Se consideraba que las decisiones se tomaban más allá de las instituciones parlamentarias, que, en el caso de los asuntos coloniales, venían a ser como el escenario de un gran teatro. Sin ser totalmente errada esta perspectiva, al estudiar la política colonial de cada uno de los ministros de Ultramar y las actividades de los representantes políticos nos damos cuenta de que su influencia era mayor de la que la historiografía les ha querido conceder, y que, por lo menos, más allá de intereses económicos y grupos de presión, el Estado español del XIX trató de articular una política colonial que fuera respuesta, por un lado, a su necesidad de mantener la integridad del territorio y hacerlo de manera económicamente asumible, pero para ello tenía que tener en cuenta y tratar de integrar en el orden político a todos aquellos que, como los autonomistas, desafiaban el modelo colonial y trataban de modificarlo. La gestión del retraimiento de 1891 a 1893 es un buen ejemplo. La paz del Zanjón estableció un nuevo orden político en el que los cubanos podían elegir a sus representantes. El sistema de partidos resultante tuvo unas características propias. La primera fue que estuvo al margen de la competencia política desarrollada en el resto del Estado. Aun siendo los territorios ultramarinos formal y jurídicamente parte del mismo, formaron un espacio político propio, con una legislación específica y un sistema de partidos al margen de los estatales. La lucha electoral se vertebró entre un partido españolista y gubernamental, la Unión Constitucional, y otro autonomista y de oposición. Y este es el quid de la cuestión y segunda característica: la competencia política en las Antillas descansaba no sobre una base ideológica al uso, justificada por una demanda social, sino que el principio rector de los partidos cubanos pasaba por cómo se establecía la relación de Cuba con el resto del Estado español. Así, y esta es la tercera característica, los representantes políticos cubanos eran productores de su propia ideología; todas ellas eran coloniales, esto es, que venían definidas por estatus de Cuba. De esta manera, unos eran asimilistas, otros autonomistas y una tercera ideología propugnaba la especialidad, que defendía una amplia descentralización administrativa, pero que a diferencia de los autonomistas, consideraba que todas las decisiones políticas debían ser tomadas por la metrópoli. El Estado, se apoyó en el asimilismo y la especialidad, a la vez que intentó integrar a los autonomistas, pues en el fondo lo que trataba era, amparando a estas ideologías coloniales, contrarrestar a aquellas que se definían como anticoloniales: independentismo y anexionismo. Un segundo aspecto es el de la representación política de los territorios ultramarinos. Esto nos lleva a reflexionar sobre distintos aspectos como son la legislación electoral, la práctica, es decir, los procesos electorales, algo que venía marcado por la legislación pero que iba más allá de ésta y que se veía condicionado por la actitud 100

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