DE VENUS
© Lucía Inés Gaitán, 2019 © de la presente edición, Ediciones Koan, s.l., 2022 c/ Mar Tirrena, 5, 08912 Badalona www.koanlibros.com • info@koanlibros.com ISBN: 978-84-18223-46-4 • Depósito legal: B-2974-2022
Diseño de cubiertas de colección: Claudia Burbano de Lara Ilustración de la cubierta: Male Ehul / @male.ehul Ilustraciones de interior: Elsa Suárez Girard Maquetación: Cuqui Puig Impresión y encuadernación: Romanyà Valls Impreso en España / Printed in Spain
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Los nombres de los personajes y algunos escenarios han sido modificados para mantener la intimidad de los consultantes.
1ª edición, junio de 2022
A la Diosa que vive en la Naturaleza
Prólogo
Venus en Aries
Venus en Tauro
Venus en Géminis
Venus en Cáncer
Venus en Leo 87
Venus en Virgo 95
Venus en Libra
Venus en Escorpio
Venus en Sagitario
Venus en Capricornio
Venus en Acuario
Venus en Piscis
Tres historias para Venus en aspecto a Plutón, Urano y Neptuno
Espejito, espejito
Con placer vas a parir
Preguntas frecuentes
Algunas consideraciones sobre el futuro
PRÓLOGO
Una noche soñé con el libro Las diosas de cada mujer; mi terapeuta astrólogo me había hablado de los arquetipos, la mitología y los dioses. Al día siguiente fui a comprarme ese libro y resultó ser una de las llaves para destrabar el proceso que había empezado unos meses atrás. El complejo mundo de lo femenino, la autoestima, las relaciones y las mujeres. Era el año 2009 y acababa de graduarme como politóloga. La carrera había sido una parte fundamental de mi vida; le había dedicado muchísimo tiempo y energía, pero ahora no sabía qué hacer con eso. La crisis no era solamente vocacional: venía de una relación de pareja violen ta y abusiva. ¿Cómo podía ser que una mujer universitaria como yo, hija de padres militantes de izquierda, hubiese entrado en una relación así?
Pero a la vida no le interesan demasiado estas catego rías. A ella le encanta recordarme, una y otra vez, que no hay forma de estar exenta de los asuntos humanos. Tuve que reconocer mi humanidad, mis relaciones conflictivas. Tenía mucho que elaborar en ese terreno, y también, por añadidura, en el de la sexualidad. Ese «no saber qué ha cer» resultó la oportunidad para descubrir el mundo de la astrología. O mejor dicho, para redescubrirlo.
La astrología me rondaba desde pequeña, pero no ha bía tenido el valor de explorarla. Así fue como en el medio de una crisis, la astrología entró de lleno en mi vida y al año siguiente comencé a estudiar este lenguaje en la escuela Casa XI. Con muchas preguntas, unas cuantas respuestas y otra vez preguntas.
La astrología es un lenguaje que tiene una dimensión técnica, racional y lógica; pero también un importante componente de intuición, sensibilidad y sutileza. Es mu chísimo más que una herramienta. Concebirla así es consi derarla como algo externo, que se usa cuando uno quiere y se descarta cuando ya no. Comprender que la astrología es una forma de percibir la realidad, ver, sentir y andar por el mundo me llevó mucho tiempo.
Antes que ser astróloga, soy mujer. Tuve muchas rela ciones de pareja a lo largo de mi vida. Creo que estoy en pareja desde los trece años. Tengo historias que duraron dos noches, seis meses o unos cuantos años. Nada exóti co para una mujer urbana y porteña. Algunas fueron divertidas, otras insulsas, un par bastante trágicas y algu nas más felices y maduras. Un día descubrí que pese a los dolores hiperprofundos que atravesé, había algo que dis frutaba: contar lo que me había pasado. Según dicen, tengo una buena capacidad para racionalizar y analizar lo que me pasa, aunque me esté desgarrando por dentro. También descubrí que esos dolores me abrieron la capaci dad para conectar con el dolor ajeno, que es en realidad mi dolor también, porque parto de la base en que «lo perso nal es político». Político como sinónimo de colectivo. Entonces eso que yo creo que es mi dolor y el de nadie más en realidad responde a esquemas muchísimo más grandes que mi biografía. Lo que está de fondo es la pauta arque típica.
Un arquetipo es un modelo preestablecido de compor tamientos, pensamientos y sentimientos. ¿De dónde vienen? Parece que en los orígenes de los tiempos había muy pocos seres humanos en la Tierra y cada miembro de la población tenía un rol muy marcado: jefe de la tribu, cha mán o chamana, nodriza, guerrero, etcétera. Esas funcio nes tan específicas son parte de una memoria que llega hasta nuestros días y que está instalada en lo que llama mos la psiquis colectiva, que a su vez está encarnada en la psiquis individual. Entonces, todos tenemos algún asunto con nuestros padres, la pareja, los hijos o el trabajo. Una herida, un trauma, un vacío existencial, algún tema con la comida, el arraigo o el exilio. Porque, insisto, son temáti cas colectivas. A cada uno de nosotros nos toca una por ción de estos temas, algunos más importantes que otros. De eso habla la astrología y nuestra carta natal: de los di lemas humanos, ¿cuál es el que tiene más presencia en nuestra vida?
Cuando hacemos elecciones polarizadas o basadas en extremos, estamos actuando arquetípicamente. Un ejem plo en el que podemos ver esto con claridad es que tenemos disociada la imagen de la mujer que es madre de la que es amante. ¿O acaso no nos estremecemos cuando una mujer embarazada tiene como amante a alguien que no es el pa dre de su hijo? Es la primera reacción. Es posible que después lleguemos a instancias donde eso esté naturalizado o aceptado como parte del menú de experiencias humanas. Si hay algo que he aprendido es que todas las opciones son posibles. Pero en principio hay un rechazo que nace de nuestra polarización interna. Dicho de otro modo, estamos más acostumbrados al blanco o negro que a la variedad de colores que puedan existir, y esto es porque los arquetipos están operando.
El tarot es también un lenguaje simbólico y arquetípico. No lo recuerdo bien, pero estoy casi segura de que llegó a mí de la mano de mi amiga Karen Díaz. Con ella tomé clases durante unos meses y luego seguí explorando y estudiando por mi cuenta. No me considero experta en tarot, aunque muchas veces uso las cartas en mis sesiones y en mi vida personal como una forma de abrir aún más la mirada. En este libro voy a hacer referencia a algunas cartas de tarot, además de a la conexión con las diosas explicada por Jean Shinoda Bolen; su maravilloso libro resultó la contraseña para el proceso en el que estaba. Todas esas diosas y dioses del panteón habitan en mí, solo que me identifico más con algunos que con otros. Seguramente a ti te pase lo mismo. La información que proviene de las historias de los dioses y que están presentes en los mitos no tiene como función que actuemos de acuerdo a sus formas de proceder. Se trata más bien de guías en el proceso de descubrimiento personal y del entramado vincular y social del que formamos parte. Aunque sabemos que los dioses no existen realmente, estos representan los principios dinámicos de la psique humana. Los dioses son personificaciones de los poderes de la naturaleza y de lo que experimentamos los seres humanos: el deseo, la voluntad, el instinto, el impulso, el pensamiento, el sentimiento, la intuición, el amor, la belleza, la fuerza, la sabiduría, el miedo, la libertad, etcétera. Las historias de los dioses y diosas y sus interacciones son la representación de los conflictos que vivimos los seres humanos y formas posibles de resolución. Ahí es donde están operando los arquetipos.
Cuando captamos la pauta arquetípica, resulta muy sencillo entender cómo está funcionando una persona, relación o situación, porque responde a un modelo predeter minado de conductas. Los arquetipos son cerrados y dejan
información afuera, pero a la vez tienen cierto dinamismo, por eso incluyen modificaciones de época y contextuales. Para ejemplificar, repasemos el arquetipo de la Amazona de la Antigüedad: usaba arco y flecha, iba semidesnuda y montaba un caballo. Probablemente la Amazona de nues tros días tenga un iPhone, ande en bicicleta o esté rapada, con piercings y tatuajes y haya ido a todas las manifestacio nes de Ni Una Menos. Como estamos hablando de arqueti pos, es fácil que se convierta en una imagen estereotipada. Pese a lo que creemos habitualmente, la astrología habla de cuestiones que son personales pero que están atravesadas por dinámicas colectivas.
Encarnar un arquetipo es como ir por la autopista, va mos rápido y no hay semáforos, pero estamos yendo a una velocidad que no necesariamente es orgánica y auténtica para nuestro ser. Andar por fuera de la vía que marca el ar quetipo es como ir por el camino secundario. Por momen tos puede ser complicado y engorroso, pero también nos permite ver paisajes que no hubiésemos descubierto si hubiéramos ido por autopista. Esta metáfora aplica a la vida individual. Si hacemos lo que corresponde, la sociedad nos va a aplaudir, pero si buscamos otra vía, lo más probable es que sintamos que estamos viviendo en el exilio, que no pertenecemos a ningún lugar.
La astrología, la mitología y el tarot hablan de pautas arquetípicas. Primero las dejan en evidencia y luego abren la posibilidad de desarrollar una vía alternativa, que, por supuesto, implica mucho trabajo. Por eso, cuando estoy haciendo una lectura de la carta natal, siento que hay una parte de mí que ya lo vivió. No siempre de un modo literal —aunque a veces las coincidencias parecen hologramas—, sino porque la forma de relacionarnos está en la psiquis colectiva y nos manejamos en base a estos patrones. Por
eso nos impactan tanto la astrología, el tarot y la mitolo gía: porque hablan de cuestiones que son comunes a todos. Caemos en la trampa de creernos absolutamente únicos e irrepetibles, cuando está claro que somos producto de un entramado muchísimo más grande.
Las individualidades importan, claro que sí. Porque lo colectivo no es una entidad abstracta, sino que se manifies ta a través de individuos. Y si queremos que lo grande se modifique, necesitamos hacer un ejercicio de observación individual profundo para percibir en qué lugar y cómo es tán instaladas estas pautas colectivas en cada uno de no sotros. Este trabajo de indagación individual es a la vez colectivo, porque tendrá impacto en nuestros vínculos y en la sociedad de la que formamos parte; aquí es donde aparece la carta natal, el mapa del ser individual que está atravesado por dinámicas mayores, no solo en el sentido astrológico de conexión con el cosmos, sino con la socie dad y la época en la que vive.
Este libro es producto de mis experiencias, de historias de amigas y amigos y de todas las personas que me abrieron su corazón en la consulta. A todas ellos, gracias. Siempre.
INTRODUCCIÓN VENUS ASTROLÓGICA
Venus es el planeta regente de Libra y Tauro y, como tal, tiene dos funciones.
El regente es el planeta que dirige la energía, el que timonea o gobierna. Cada una de las funciones de Venus se deduce por analogía con esos dos signos.
Venus, en tanto regente de Libra, habla de nuestra capacidad para vincularnos, asociarnos y entrar en la di námica de dar y recibir en el marco de una relación de pares. Es importante remarcar que la relación venusina es de paridad, porque estamos muy acostumbrados a las relaciones de poder o jerárquicas dentro de una relación, donde uno de los miembros del vínculo se instala en una posición de superioridad. A veces esta dinámica es muy evidente y otras, más sutil. Por ejemplo, cuando hay una descalificación de los orígenes, el entorno o el comporta miento del otro, o bien cuando una de las partes rebaja o enaltece a la otra o a sí misma (J. Garriga, 2013), o cuando convertimos al otro en nuestro hijo, madre, padre, maestro de vida o terapeuta. En estos casos la paridad se pierde y uno de los dos queda por encima del otro. Después de todo, Venus como regente de Libra tiene características proyecti
vas. Esto quiere decir que las cualidades que vemos en los otros son propias. Venus representa aquello que nos parece valioso o importante, entonces esas personas de las que nos enamoramos encarnan valores que nos parecen importantes y que necesitamos desarrollar en nuestra personalidad. Es así que Venus colabora con el desarrollo de la identidad individual, es decir, el Sol de la carta natal.
Venus busca en sus amores el reflejo de sí misma. Aquí aparece la cualidad narcisista de este planeta. Además, Venus es el planeta que habla de nuestra capacidad para seducir y despertar el deseo en los otros. Venus quiere que la miren, busca que la busquen, a menos que esté en Aries o Sagitario, o en aspecto a Marte o Júpiter, porque ahí se pone activa y cazadora, sigue buscando la atención de los demás pero no se encuentra a la espera, sino que sale a la carga.
Venus tiene una cualidad receptiva y pasiva. Esto no tiene una carga negativa. Tendemos a considerar que la re ceptividad y la pasividad son malas porque vivimos en un mundo que valora la acción y la competencia, pero actuar venusinamente implica funcionar desde el nivel de la atracción o el magnetismo, pero no hacer. Ella se sabe valiosa y funciona como un imán, así es como obtiene lo que quiere, sin hacer demasiados esfuerzos. Esto es lo que la astrolo gía tradicional llama cualidad femenina, que siempre fue más evidente en las mujeres, pero que está en todos. Del mismo modo, salir a la carga, actuar, lanzarse y ser valiente son cualidades tradicionalmente denominadas masculinas. Al igual que con las femeninas, están presentes en todos, pero los hombres han tenido permiso para expresarlas. De hecho, el problema con el exceso de Venus en nuestra personalidad es que puede dar lugar a formas de comporta miento como la pereza y la apatía.
Parte de aceptar lo venusino en nuestra personalidad implica incorporar la rivalidad y la competencia, territorios dirigidos por Marte, porque si no simplemente nos quedaremos con lo que está disponible y no con aquello que realmente deseamos.
En el marco de las sesiones me ha pasado que le he dicho a algún hombre que tenía mucha energía femenina y se ha ofendido, preguntándome si lo estaba acusando de ser gay. Lo primero que le respondería, en ese contexto, es que si fuera gay no tendría necesidad de defenderse y, segundo, que lo femenino excede a las mujeres. Del mismo modo, me ha sucedido decirles a algunas mujeres, en clave descriptiva, que tienen mucha energía femenina, y también se ofendieron porque lo veían como algo malo.
¿A qué me refiero cuando digo «mucha energía feme nina»? A que en su carta natal había planetas o un as cendente en signos de tierra (Tauro, Virgo, Capricornio) o agua (Cáncer, Escorpio, Piscis). Estas situaciones me lleva ron a sacar varias conclusiones.
Una es que en Occidente valoramos la acción, el movi miento, la competencia y el uso de la mente por encima de lo emocional, la quietud, la paz y la tranquilidad. Nuestro mundo hace culto a la razón, la ciencia, la productividad, el dinero y el dominio de la naturaleza. Creo que visto de este modo es muy evidente por qué nos extraña o no terminamos de comprender la inteligencia femenina. Por otro lado, las categorías tradicionales de la astrología y del lenguaje esotérico pueden llegar a ser muy chocantes para quien no conoce esta disciplina y sus términos. No en vano se llama esotérico, que significa que está oculto a los sentidos y solamente lo pueden percibir quienes están iniciados en el tema. Este concepto entra en conflicto con el auge que la astrología tiene en estos momentos. Si un
lenguaje esotérico alcanza niveles masivos de difusión, es muy fácil que haya errores de interpretación o que en el intento de hacerlo más accesible pierda su profundidad. Esto es algo que ocurre con todo lo que se vuelve masivo. Con el yoga, un mundo que conozco de primera mano, sucede algo parecido. De repente las redes sociales están llenas de yoguis haciendo posturas increíbles y creemos que el yoga es solamente una acrobacia.
Otra interpretación que hacemos del yoga y que vale por igual para la astrología es que funcionan como pasti llas rosas para no sufrir. Lo más probable es que nuestra calidad de vida mejore con ellas y que alcancemos niveles de comprensión que antes eran imposibles, pero el dolor y la incomodidad van a seguir siendo parte de la existen cia. Así, nos enfrentamos con la complejidad de difundir estos conocimientos, a sabiendas de que pueden llegar a ser un producto más de la sociedad de consumo en la que vivimos, que se desechan fácilmente. Buena parte de mi trabajo transcurre en las redes sociales, así que también hablo desde mi propia experiencia. Algo que he aprendido es que las cosas nunca se presentan puras: ni totalmente buenas ni malas.
Las categorías tradicionales de «femenino» y «masculino» nombran los polos de un espectro. Estos polos conforman una totalidad que está presente en todo lo manifestado, pero no hay ninguna norma biológica, moral o ética que establezca que las personas tengan que ser de un modo u otro. Los feminismos y la fuerza creciente del co lectivo LGTBIQ me han atravesado por completo en estos últimos años. Es por eso que he decidido dejar de utilizar las categorías de femenino y masculino, entendiendo que sí existe lo emocional, la quietud, la tranquilidad, la aper tura y la introspección por un lado, y por otro, la fuerza,
la acción, el movimiento, la extroversión y lo desafiante, pero ya no quiero nombrarlos de ese modo. Todas estas cualidades habitan en nosotros y es la tarea de toda una vida lograr distintas síntesis, que luego abrirán la puerta para una nueva mutación y un nuevo cambio.
Creo que las palabras tienen una cualidad mágica, y que la forma que tenemos de nombrar crea realidad. Por eso, en vez de energía femenina, prefiero hablar de ener gía yin. En vez de referirme a la energía masculina, prefie ro hablar de energía yang. Ya tenemos muchas normas y mandatos que nos dicen cómo tenemos que comportarnos. No deseo que la astrología reproduzca estas lógicas. Al contrario, creo que la astrología puede tener una función emancipadora.
Si confiamos en la astrología y la carta natal, y con sideramos que allí encontramos un mapa de lo que po demos llegar a ser, entonces este libro puede servir como una pista, pero no como un manual de instrucciones que enseña cómo hay que ser o comportarse. En estas páginas encontrarás sugerencias o información que pueden ser úti les para ti, pero no son recetas. Tampoco voy a establecer reglas de compatibilidad astrológica que dicen con quién relacionarnos y con quién no. Este libro es producto de mi historia de vida y mi trabajo como astróloga. Espero que abra puertas y ventanas en tu interior, para que te hagas preguntas, para que te observes, para que investigues qué te da placer, qué te hace sentir bien o cómo te relacionas con los otros.
Venus, como regente de Libra, también representa qué es lo que nos parece bonito, es decir, nuestro criterio estético. ¿Por qué nos lookeamos de determinada manera y no de
otra? Porque queremos dar una impresión específica a las personas que nos miran. Por supuesto que también lo hacemos por nuestro gusto y placer. Aquí es donde entra Venus como regente de Tauro.
Tauro es el segundo signo del zodíaco y funciona bajo el principio de «primero para mí y porque tengo ganas». Entonces, Venus como regente de Tauro nos lleva a la di mensión del autoplacer. Si Libra es un signo vincular, Tauro se caracteriza por estar centrado en sí mismo. Venus aso ciado a Tauro es el planeta que nos conecta con lo que consideramos valioso e importante.
Venus es también el planeta que habla de nuestra au toestima. Desarrollar nuestra Venus astrológica nos brin da la posibilidad de que nos sintamos a gusto en nuestra propia piel. En un mundo que nos empuja a ir detrás de un estándar único de belleza, desarrollar la Venus de nuestra carta natal es un acto cuasi revolucionario. De hecho, lo que está sucediendo a nivel global en este mo mento es que se están abriendo espacios para todas las bellezas. Una modelo negra con vitíligo, otra que tiene prótesis en las piernas, mujeres que eligen no depilarse ni maquillarse, mujeres gordas que se ponen lo que desean, sin prestar atención a los cánones tradicionales de «el bikini, la minifalda y el top son para mujeres delgadas», mujeres con pelo corto y ropa grande. Hablo de las mujeres porque siento que el peso de lo estético hegemónico es muchísimo más fuerte para nosotras que para los hombres, aunque poco a poco se hace más evidente que a ellos también les afecta. De hecho, cada vez más nos encontramos con hombres heterosexuales que se depilan, maqui llan y quieren gustar y verse bien. Esto es sorprendente en algunos contextos, pero no para la mitología. Después de todo, Narciso era un hombre que cayó al lago debido
a la fascinación que le produjo su propio reflejo. Por eso, el término narcisista se aplica a la persona que solo está pendiente de sí misma, bajo una fachada de simpatía y buenos modales.
Esto aplica bastante a algunas formas de expresión de Venus: ser amable y seductora buscando solo la satisfac ción personal, un fin puramente egoísta. De hecho, Venus es el planeta que habla de nuestra autoestima, pero entre la autoestima y el narcisismo hay una delgada línea.
El narcisismo reduce a los demás a un simple medio para satisfacer nuestra necesidad de atención, elogios y concreción de deseos, y nos coloca por encima de ellos. La autoestima, en cambio, es aquello que nos lleva a sentirnos a gusto en nuestra piel, sin necesidad de menospreciar ni usar a nadie, y nos permite reconocer la importancia y el aporte de los otros. En esta era de redes sociales y selfies, sale a la luz esta cualidad narcisista que todos llevamos dentro en mayor o menor medida. Es posible, también, que te hayas topado con algún caso más complejo de tratar. Venus llevada al extremo.
Las mujeres hemos sido educadas para satisfacer a otros y estar atentas a sus necesidades. Más específica mente, las necesidades y los deseos de los hombres con los que nos vinculamos sexual y afectivamente. En este planteo, queda excluida la posibilidad de vincularnos con otras mujeres u otras identidades. Por eso es fundamental el trabajo con nuestra Venus natal. Tenemos aquí una llave para desarrollar temas como la autoestima, el placer y los vínculos en general. La Venus de nuestra carta natal nos permite rastrear en nuestra propia vida cómo nos lleva mos con todo esto y entender que son problemáticas colectivas. ¿Cómo voy a sentirme a gusto con mi propio cuerpo si no veo personas que se parezcan a mí en los medios de
comunicación? ¿Cómo voy a disfrutar del sexo si crecí en un entorno conservador y religioso? ¿Cómo puedo hacer para que me vaya bien con la pareja si vivimos en tiempos de amores líquidos? La pregunta venusina sería: ¿nos sentimos lo suficientemente valiosas como para darnos placer cada día? (L. Greene y H. Sasportas, 1996).. ¿Qué espacio le doy a la masturbación? ¿Qué lugar ocupan las amista des en mi vida? Son preguntas para pensar en lo venusino. Aquí me dirijo específicamente a las mujeres, porque este mandato opera con fuerza sobre nosotras aunque Venus esté en la carta natal de todos, sin importar la identidad de género. De hecho, dentro del movimiento social y colectivo en torno a la cuestión de las identidades de género también hay cada vez más espacio para visibilizar una realidad que existe desde siempre: la de los travestis y trans.
En síntesis: Venus como planeta regente de Tauro nos da pistas sobre qué cosas o situaciones pueden ser placenteras y cuáles son nuestros valores y Venus como regente de Libra hace referencia a los vínculos. Insisto, vínculos de todo tipo.
Atracción es una palabra que define bastante bien a Venus. Otra forma de definir a este planeta es haciendo referencia a la gravedad.
Robert Glasscock dice: «La gravedad es otra manera de nombrar la atracción. Y la atracción es otra manera de nombrar el amor. De forma bastante literal, las órbitas planetarias de nuestro sistema solar se mantienen debido a una forma de amor que nos complacemos en llamar grave dad. Y el amor está simbolizado por Venus» (L. Greeney y H. Sasportas, 1996, p. 118). Es importante aclarar que atraemos lo que somos, no lo que nos gustaría llegar a ser.
Entonces, cuando nos enojamos a causa de las personas o situaciones que aparecen en nuestra vida, tratémonos con amor y con dulzura para poder aceptar eso que llega, aun que luego decidamos no vivirlo o ponerle un límite.
Afrodita es el nombre que los griegos daban a la diosa del amor, el romance y el placer, y Venus, su nombre roma no. La cultura de Occidente es hija de estos dos pueblos y razón por la que nuestra astrología también apela al contenido simbólico de la mitología grecorromana. Se gún Jean Shinoda Bolen, Afrodita es una diosa alquímica, lo que significa que tiene la capacidad para transformar lo que hay. El encuentro nos transforma, pero también el amor que recibimos, el que damos en el marco de una rela ción y el que nos damos a nosotros mismos. Estas formas de amor son profundamente sanadoras. Qué maravilloso resulta el amor de otro cuando estamos heridos y desahu ciados. Si el otro nos mira con ojos amorosos, receptivos, compasivos y dulces en un momento de máximo dolor, puede incluso recordarnos que todo ese amor está vivo en nuestro interior, más allá de la coyuntura. Cuando hablo de una relación, no necesariamente me refiero a las de pareja o sexuales-afectivas, sino que puede ser el vínculo con un terapeuta o una relación de amistad. Aquí hay una clave con Venus: que el amor y la apertura no sea solo en el marco de pareja, así como tampoco el placer, sino que sea el motor de todas nuestras relaciones y acciones.
Venus también es el planeta que se relaciona con nuestra capacidad para conciliar. En astrología mundana, es decir, la que tiene que ver con procesos colectivos, se celebran los tránsitos de Venus porque habilitan la posibilidad de lograr la paz y la armonía entre Estados o grupos dentro de un
país. A menos que esté en Aries o Escorpio, dos signos aso ciados al conflicto, la lucha y la batalla. Además, en astrología nos manejamos con un principio energético-esotérico en el que un mismo planeta o signo puede tener una forma polarizada de manifestación densa, de baja vibración, lenta o estancada. Y otra forma polarizada, sutil, de alta vibra ción, rápida o fluida. Reitero que son formas polarizadas en un amplio espectro. En la lógica astrológica existe un reconocimiento de la variedad de formas que pueden exis tir en el medio.
Una de las manifestaciones densas de Venus es la su perficialidad en lo estético. No estoy haciendo referencia a que esté mal tener un costado estético desarrollado, pero si nos perdemos la posibilidad de encontrarnos con otro porque nos fijamos únicamente en cómo está vestido, pa samos por alto una parte esencial de la dinámica vincular y el otro se convierte en un simple objeto de consumo. Después de todo, Venus es el planeta que pone belleza allí donde va y la belleza también es parte de la existencia. ¿Qué sería de nosotros sin la posibilidad de contemplar la belleza de una flor, sentir el olor de una rosa, escuchar a una persona que canta muy bien o entrar en una casa que tenga vista al mar?
Venus es un planeta que tiene mucha fuerza en la carta natal de los artistas, arquitectos, diseñadores de interior y de indumentaria, los cosmiatras y cosmetólogos, los ma quilladores, las personas que se dedican a la atención al público, a la diplomacia, a las mediaciones y conciliacio nes, los terapeutas de pareja, y a todo tipo de asesoramiento, las Relaciones Públicas, también los pasteleros y las personas que se dedican a preparar comidas dulces. Modelos y prostitutas son representantes, también, del principio venusino de belleza, placer y dinero. Venus no solo repre-
senta nuestro criterio de belleza, sino también áreas donde podemos ganar dinero fácilmente. Es complejo hablar de dinero cuando vivimos en este sistema desigual y opresivo, pero el principio venusino sostiene que si hacemos algo que nos gusta, entonces ese dinero llegará sin esfuerzo por que está sostenido por el placer.
¿Cómo llegamos a establecer que hay una presencia fuerte de Venus en una carta natal? Según varios criterios:
1. Sol, ascendente o Luna en Tauro o Libra.
2. Sol, Luna o planeta regente del ascendente en as pecto duro a Venus.
3. Venus en Casas 1, 4, 7, 10 y 12.
Hago una breve explicación de qué son las Casas en la carta natal.
Las Casas son áreas de la carta que hablan de escenarios específicos de la vida de los seres humanos. Hay una casa para el dinero, otra para la relación con los hermanos, los vecinos, los primos y los amigos, una casa que habla de la casa donde vivimos, de nuestra familia de origen, de las cosas que hacemos en nuestro tiempo libre, de los roman ces, de nuestro cuerpo y la salud, de la relación de pareja, nuestros enemigos, el sexo, el inconsciente personal, los estudios universitarios, los viajes, la profesión, lo que queremos mostrar al mundo, nuestra percepción del incons ciente colectivo, las características o vivencias que podemos llegar a tener en el tiempo que pasamos encerrados y aislados del mundo. ¿De dónde sale esta información? Se deduce por analogía con los signos del zodíaco. ¿De dónde viene todo esto?
La astrología es un lenguaje que está presente entre los seres humanos desde los orígenes de los tiempos y hay distintas versiones sobre su nacimiento y posterior desa rrollo. En lo personal, hay dos que me parecen bastante convincentes.
La primera es que la astrología empieza a cobrar im portancia en la medida que los seres humanos comienzan a asentarse y dejar el nomadismo; cuando se inicia el cultivo de sus propios alimentos y prestan atención a los ciclos de la naturaleza para establecer cuál es el momento para sembrar y cosechar. Con la aparición de la escritura, el conocimiento astrológico también dio un salto, porque fue más fácil dejar constancia de los descubrimientos que se fueron haciendo. El cuerpo de conocimiento sistematizado que conocemos bajo el nombre de astrología es producto de la observación y las conclusiones a las que han lle gado los seres humanos a lo largo de la historia. ¿Será por eso que nos genera tanta fascinación y resonancia? ¿Será que el legado de los primeros humanos habita en nosotros? Yo creo que sí. Por otro lado, tiene mucho sentido que las mujeres hayan colaborado con el desarrollo del conocimiento astrológico, sobre todo porque debe haber existido un momento concreto en que habrán tomado conciencia de que el acto sexual está vinculado con la ausencia de sangrado primero, con el crecimiento de la panza después y con el nacimiento de un ser humano unos meses más tarde. A estas alturas no es un misterio que tanto el ciclo menstrual como el embarazo tienen una conexión directa con el movimiento y las fases de la Luna. Este cuerpo físico, que genéricamente llamamos planeta aunque sea un satélite, es el más cercano a la Tierra. Sus movimientos y sus ciclos están asociados a las subidas y bajadas de las mareas, pero también nuestros vaivenes emocionales y la hinchazón o
liviandad del cuerpo. Recordemos que nuestro cuerpo está hecho de agua. ¿Cómo podríamos estar exentos de ese movimiento? Si se mueve en el cielo, se mueve en la Tierra, como un juego de espejos, pero no de causas.
Este principio fue expresado en El Kybalión, un trata do esotérico atribuido a un personaje misterioso llamado Hermes Trismegisto, que nadie sabe si en verdad existió, «Como es arriba, es abajo», reza el famoso axioma.
Es interesante recordar que la astrología es la percep ción que los seres humanos tenemos del cielo, pero no necesariamente es lo que ocurre a nivel astronómico, por eso es una disciplina tan criticada por el mundo científico. En ese sentido, puedo comprender las críticas que se hacen a la astrología desde la astronomía, pero no puedo enten der las que provienen del ámbito de las ciencias sociales o la psicología. Y si no, que alguien me diga en qué lugar del individuo se localiza el Ello y en qué lugar de la sociedad encontramos o medimos la superestructura.
En este libro tomaré fundamentalmente dos Casas: la segunda y la séptima. ¿Por qué? Porque son las áreas de la carta que están regidas por Venus. La Casa 2 es la casa taurina de la autoestima, aquello que valoramos, de dónde provienen nuestros recursos económicos y con qué podemos ganar dinero. Creo que es muy saludable que podamos generar ingresos con una actividad que esté vinculada a nuestra Venus natal y la Casa 2, porque de ese modo el trabajo puede ser fuente de placer y no solo una obligación. La Casa 7 es la casa del vínculo de dos, el encuentro con el otro, la pareja, la relación con un socio, el intercambio constante y permanente, y también el espacio de enfrenta miento con el otro, o como dice la astrología tradicional, del enemigo. Cuando hablamos de Venus, normalmente lo asociamos con el romance y la relación de pareja, pero
Venus trae información sobre aquello que valoramos en los demás y que está como potencia en nosotros. Lo que nos molesta de los demás también está en nosotros y lo ponemos en los demás, lo proyectamos. Todos esos temas son venusinos y de la Casa 7. Por último, me gustaría hacer una breve explicación sobre los aspectos.
Los aspectos están marcados en la carta natal con lí neas rojas, azules, verdes o líneas punteadas. Un aspecto habla de un vínculo entre dos o más planetas y la caracte rística de este aspecto estará dada por la distancia en gra dos que hay entre los planetas en cuestión. Si el ángulo es de 60, 72, 120 o 144 grados, la relación entre los planetas será fluida, por ende la vivencia de esos dos planetas vin culados estará libre de tensión. Estoy hablando del sextil, quintil, trígono o biquintil, en ese orden. Si el ángulo es de 0, 30, 45, 90, 135, 150 o 180 grados, habrá tensión entre ambos planetas. Los aspectos a los que estoy haciendo re ferencia son conjunción, semisextil, semicuadratura, cua dratura, sesquicuadratura, quincuncio y oposición. Daré un ejemplo para que se entienda mejor.
Supongamos que Venus está en trígono a Plutón, es decir, hay una distancia de 120 grados entre ambos plane tas: las relaciones serán intensas, pero no desgarradoras. En cambio, si Venus está en oposición a Plutón, o sea 180 grados, las relaciones tendrán un componente de intensidad que será fuente de sufrimiento, a menos que la persona aprenda a hacer algo distinto con esa intensidad.
A la hora de leer este libro y sobre todo si sabes algo de astrología, construye tu Venus a medida, incluyendo los aspectos para tener una visión más completa.