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KisstheSnow. Capítulo #04. Temporada 08. Luz Olímpica

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CAPÍTULO #04. LUZ OLÍMPICA

TEMPORADA 08

El invierno se muestra en toda su intensidad. La luz recorre las montañas, baja y precisa, dibujando relieves y sombras, y marcando curvas y laderas con detalle. Los descensos se anticipan en la mirada, las líneas se imaginan antes de trazarse. Luz Olímpica acompaña el esfuerzo de quienes luchan por un sueño, sostiene la esperanza y guía en la oscuridad, revelando la fuerza y la determinación de quienes habitan la montaña.

El terreno exige decisión. La intensidad surge en el recorrido, en la paciencia, en la constancia. Esta luz guía a quienes persisten, quienes reconstruyen, quienes encuentran fuerza incluso cuando el camino se vuelve tremendamente duro.

Cuatro meses antes de los Juegos, Ana Alonso sufrió un accidente que puso a prueba su cuerpo y su voluntad. La lucha contra una realidad que no entraba en sus planes la acercó a la cima. Cuando cruzó la meta y consiguió sus dos medallas olímpicas, la luz se hizo visible en todo su recorrido, mostrando con total claridad un triunfo nacido del esfuerzo sostenido, de la disciplina y de la determinación. Este número celebra esa luz, la que brilla en la montaña y en la historia de quienes se atreven a alcanzarla.

¡Buena travesía!

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FOTOGRAFÍA DE PORTADA

Ana Alonso © Archivo ISMF Capítulo #04. Temporada 08 Luz Olímpica. Febrero 2026

EDITA

Kissthemountain S.L. C/Vendimia, 24 18198 Huétor Vega – Granada info@kissthemountain.com

DIRECCIÓN

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REDACCIÓN

Juanmi Ávila juanmi@kissthemountain.com

MARKETING Y ESTRATEGIA

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ARTE

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MAQUETACIÓN Y DISEÑO

Kissthemountain

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FOTOGRAFÍA

Archivo ISMF

Nacho Casares | Archivo COE

Mathis Dumas | The North Face

Jprod.| - The North Face

Nora Barrau | The North Face

Christoph Schöchred | Red Bull Content Pool

Mika Merikanto | Red Bull Content Pool

Roger Salanova Archivo FEEC

Lévy Loye | FWT

Dominique Daher | FWT

Maria Knoll | FWT

Jeremy Bernard | FWT

Archivo Ara Lleida

Archivo COE

Prohibida la reproducción, edición o transmisión total o parcial por cualquier medio y en cualquier soporte sin la autorización escrita de Kissthemountain. Kissthemountain no comparte necesariamente las opiniones de sus colaboradores.

MOUNTAIN CULTURE

KISSTHESNOW: Hola, Ana. Por fin en Granada, ¿no?

ANA: Sí, anoche salimos de Milán con 40 minutos de retraso y perdimos la conexión desde Barcelona. Hoy por la mañana ya hemos podido volar.

K: ¿Qué tal el recibimiento en el aeropuerto? He visto las imágenes por redes y ha sido espectacular.

A: Había mucha gente. Ha sido un poco abrumador, pero a la vez muy bonito ver que había tantas personas esperándome para darme su cariño.

K: ¡Vaya ocho días de emociones que has vivido! Si no me equivoco, fuiste a Italia el lunes pasado y por el camino te han pasado tantas cosas bonitas…

A: Ha sido todo muy intenso. La verdad es que todavía no sé si creerme lo que he vivido. El mágico debut olímpico de nuestro deporte, la experiencia, las medallas, tanta gente allí… Ha sido como un sueño.

K: Y el broche de ser abanderada…

A: Sí, sí, sí. Al final, poder estar en la ceremonia de clausura, ya sin

El pasado 19 de febrero, muchos contuvimos la respiración en la última transición de la final femenina de Sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. Apenas tres o cuatro segundos después —los que tardó Ana Alonso en arrancar las pieles de sus esquís y guardarlas en el mono— estallábamos en un grito de euforia. Completó el descenso y conquistó su primera medalla de bronce en estos Juegos. Todos los aficionados al esquí de montaña, dentro y fuera de nuestras fronteras, conocían bien la situación por la que había pasado la esquiadora de ATOMIC. Cuatro o cinco meses antes yacía inmóvil sobre el asfalto tras sufrir un terrible atropello, con lesiones que habrían apartado a cualquiera del sueño olímpico. A cualquiera menos a la esquiadora granadina, que ha conquistado el corazón de todos y con la que hemos mantenido esta inspiradora conversación.

presión y sabiendo lo que hemos conseguido. Y encima como abanderada. Un orgullo.

K: Nos has emocionado a todos. Hoy he vuelto a ver la final del Sprint y cuando salías tercera en la última transición he vuelto a gritar, aunque ya supiera el resultado final. [Risas].

A: Muchas gracias, Juanmi.

K: Imagino que estarás un poco saturada de entrevistas y de contar cómo ha sido tu recuperación desde que en el otoño pasado, apenas cuatro meses antes de los Juegos, sufriste ese atropello que hacía que las posibilidades de cumplir el sueño olímpico se vieran seriamente en peligro. Por eso, quiero empezar esta conversación de otra manera. Me gustaría que viajáramos mentalmente a tres momentos de la final de Sprint femenino. No van a ser en orden. Primero, quiero que vayas a la última transición antes del descenso. ¿Qué recuerdas de ese momento?

A: La francesa, Margot Ravinel, llegó unos segundos antes a la transición. Vi que resbalaba y caía un poco hacia atrás. Aunque sabía

que bajando podía ser más rápida que ella, me dije que esa era mi oportunidad. Esta es la mía, haz el cambio lo mejor que sepas hacerlo, sin fallar. Al final, son automatismos, pero hay que ejecutarlos con el corazón muy disparado, por el esfuerzo y por toda la gente que había allí animando y gritando. Los sentía muchísimo.

K: Vamos ahora a la línea de salida cuando, una a una, las competidoras vais ocupando vuestro lugar en la partida. ¿Qué hay en la cabeza en ese momento? El comentarista de TVE decía que para ti eso ya era una victoria. Personalmente, no lo creía. Después de todo por lo que has pasado para estar en Milán-Cortina, intuía que no ibas a conformarte.

A: Creo que nunca me he sentido tan empoderada como en ese momento. Siempre dije que sólo con llegar a los Juegos ya era mi gran victoria y de pronto estás en una final olímpica, con el tercer mejor tiempo de las fases previas. Iba además con el dorsal “3”, por el ranking olímpico. ¡Ese era mi sitio! Intenté crecerme a tope. Creí mu-

Por KisstheSnow

cho en ello. No me sentía tan nerviosa como en la fase clasificatoria cuando me enfrentaba a un escenario totalmente nuevo, con una grada llena de gente. Se te ponía la piel de gallina y se te disparaba el corazón. Pero después de esa primera ronda, fue como romper la barrera. Obviamente, tienes nervios, pero son de activación y te ayudan a mantenerte concentrada y activa. No te limitan.

K: Por último, vayamos al descenso final. Sales en tercera posición. Creo que, en ninguna de las series, ni masculina ni femenina, al menos en semifinales y finales, se había producido ningún adelantamiento en esta fase de la carrera. ¿Qué sientes en esa bajada? ¿En qué momento eres consciente de que eres medallista olímpica?

A: Tras el primer giro del descenso final, estaba casi segura de que iba tercera. Miré hacia atrás tres o cuatro veces para verificarlo. También hacia adelante. En mi cabeza, sólo surgía una pregunta: ¿qué has hecho, Ana? No me creía lo que estaba pasando. Iba a estallar de euforia, de felicidad. Noté entonces que no estaba prestando toda la atención. Entonces, volví a conectarme con la carrera y a decirme que no tenía que arriesgar nada, sólo llegar abajo como fuera, sin caerme ni nada raro. Al encarar la última curva hacia meta, ya entré en cuña porque sabía que lo había conseguido. Veía a toda la gente en la grada y antes incluso de cruzar empecé a llorar de emoción. No me creía lo que acababa de hacer. Será una bajada que recordaré toda mi vida.

K: Lloraste entonces antes de terminar…

A: Sí.

K: Fue muy emocionante. Todos los que veíamos la carrera estábamos contigo. Fue increíble. Muchas gracias por emocionar-

nos tantísimo. Muchos son conscientes del atropello que sufriste unos cuatro meses antes de ese día, pero quizás no conocen más de tu historia. Hace no mucho tiempo, Marc Pinsach escribía para Kissthesnow un artículo sobre tu capacidad de superación. En la Pierra Menta de 2017, te fracturaste de gravedad la tibia y el peroné; un año después, tras recuperarte y empezar de nuevo a destacar, una afección cardíaca te llevó al quirófano un par de veces para someterte a un cateterismo pues el corazón se te disparaba. Luego, el accidente del año pasado. Ana, los que conocíamos tu historia, y especialmente la lucha de estos últimos meses, no pudimos evitar llorar y gritar frente a la televisión. Muchas complicaciones, muchos contratiempos, pero al final has obtenido el mayor premio que puede alcanzar un deportista.

A: Sí, mi camino no ha sido fácil. Ha estado lleno de obstáculos, de piedras, pero al final era el mío. Tenía que ser este, porque es el que me ha convertido en quien soy hoy. Me ha dado la fortaleza mental y física con la que he llegado a estos Juegos, y una madurez deportiva y personal que ha marcado mi forma de afrontar cada contratiempo. He aprendido a creer en mí, a saber que podía conseguirlo y que no debía rendirme nunca. Ha sido un sendero muy duro, pero me siento profundamente orgullosa.

espectaculares de todos los Juegos. Él no las conocía. La cita olímpica puede marcar un punto de inflexión importante en el deporte, ¿verdad?

A: Ha sido un momento histórico para nuestro deporte. Todos esperamos que a partir de ahora tenga mucha más visibilidad. En el caso de España, haber conseguido tres medallas cuando hasta ahora, en la historia, sólo había habido cinco, creo que hará que mucha gente se interese por este deporte y que nos dará la visibilidad que nunca hemos tenido antes y que merecíamos. Todos esperamos

“Tras el primer giro del descenso final, estaba casi segura de que iba tercera. Miré hacia atrás tres o cuatro veces para verificarlo. En mi cabeza, sólo surgía una pregunta: ¿qué has hecho, Ana? No me creía lo que estaba pasando. Iba a estallar de euforia, de felicidad. Noté entonces que no estaba prestando toda la atención. Entonces, volví a conectarme con la carrera y a decirme que no tenía que arriesgar nada, sólo llegar abajo como fuera. Al encarar la última curva hacia meta, me fijé en toda la gente en la grada y antes incluso de cruzar empecé a llorar de emoción. No me creía lo que acababa de hacer. Será una bajada que recordaré toda mi vida”.

K: El sábado pasado, estuve en un concierto en una sala de Granada. Allí, me encontré con un amigo al que llevaba tiempo sin ver. Me dijo que las pruebas de esquí de montaña eran las más

que esto crezca, que se nos reconozca y que, al final, también la gente sepa que el esquí de montaña va mucho más allá de lo que se ha visto en estas pruebas por televisión. Al final, la esencia de nuestro deporte está en las montañas, en la prueba individual que esperamos que se incorpore en los próximos Juegos. Este formato tiene mucha explosividad y genera espectáculo. Son rondas de tres minutos, muy atractivas de seguir por la televisión.

CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA
CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA © NACHO CASARESARCHIVO COE

K: Ya se está hablando de la inclusión de esa prueba individual en los próximos Juegos en los Alpes franceses.

A: Se ha hecho una petición. Toda la comunidad del esquí de montaña está deseándolo, porque sabemos de dónde venimos. Nadie ha empezado a hacer este deporte para competir en una prueba Sprint. Si finalmente entrara la individual, aunque seguramente sería en un formato algo diferente, nuestro deporte se vería mejor representado.

K: Ana, ¿llegarás a los próximos Juegos?

A: Si entra la individual, seguro que sí. No sé si con 35 años tendría ya la explosividad para las pruebas de Sprint.

K: Ana, te he oído en entrevistas que te han realizado tras tus dos medallas olímpicas nombrar orgullosa a Sierra Nevada. La conoces muy bien. Fue en la primavera de 2022 cuando bajaste con esquís las tres caras norte del Mulhacén, Veleta y Alcazaba, pero eso es otra conversación. Sierra Nevada es una cordillera pequeña si la comparamos con Alpes o incluso Pirineos, pero para los que solemos ir tanto en verano como en invierno es nuestro pequeño paraíso.

A: Sierra Nevada representa mi hogar. Mi padre nos inculcó a toda la familia la pasión por la montaña, y concretamente por Sierra Nevada. Mi vínculo con ella es desde muy pequeña. Yo no viví mucho la época en la que mi padre guardaba el refugio de Río Seco, pues lo tiraron cuando sólo tenía dos años, pero sabía que había estado allí. Mi padre nos ha llevado en la mochila desde muy pequeños, tanto esquiando como en verano. He vivido Sierra Nevada desde siempre y eso hace que el vínculo sea muy especial. La siento muy nuestra, de la familia. En cualquier lugar de

Sierra Nevada al que voy, encuentro una paz y una tranquilidad que no siento en otros sitios. Tengo una conexión muy bonita.

K: En este mismo número de la revista, hacemos un reportaje sobre el Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña de Cataluña. Creo que se fundó en 1997 para tecnificar a esquiadores de montaña catalanes. Probablemente, van por delante por iniciativas como esta, pero en Andalucía también se están dando pasos de gigante, con el Programa de Tecnificación, la presencia del CARD y hoy, más que nunca, por el ejemplo que

Mundo, Campeonatos de Europa, Copa del Mundo… Desde el principio, picando mucha piedra, se han estado haciendo bien las cosas, con Javi Argüelles al mando y con Javi Martín al principio. Se han formado excepcionalmente bien a muchos chicos y chicas. Obviamente, hay que seguir trabajando, pero creo que el camino recorrido es muy bueno. En Granada, somos muy afortunados de tener Sierra Nevada a sólo 30 minutos y de poder entrenar con el Centro de Alto Rendimiento, en altitud.

K: Habrás respondido decenas de veces a esta pregunta. ¿Para quién son estas dos medallas?

“Mi camino no ha sido fácil. Ha estado lleno de obstáculos, de piedras, pero al final era el mío. Tenía que ser este, porque es el que me ha convertido en quien soy hoy. Me ha dado la fortaleza mental y física con la que he llegado a estos Juegos, y una madurez deportiva y personal que ha marcado mi forma de afrontar cada contratiempo. He aprendido a creer en mí, a saber que podía conseguirlo y que no debía rendirme nunca. Ha sido un sendero muy duro, pero me siento profundamente orgullosa”.

nos has dado a todos. Supongo que aún nos quedan cosas que mejorar, pero estamos sentando unas bases importantes, ¿verdad?

A: Totalmente. El programa de Tecnificación se hizo hace 10 años y, desde entonces, se han conseguido cosas muy grandes que se han reflejado en estas dos medallas olímpicas, pero no hay que olvidar todo lo que ha logrado el resto de compañeros más jóvenes que tienen medallas en Campeonatos del

A: Para toda la gente que ha estado conmigo. No sólo quienes me han ayudado a superar estos meses que obviamente han sido muy duros por el accidente, sino también para mi familia y amigos que han creído en mí. No estaría aquí si no fuera por todo el equipo que he tenido desde el primer momento a mi lado y que me ha hecho seguir soñando y creyendo que podía conseguir grandes cosas.

K: Ana, ¿y ahora qué? ¿Vas a operarte o seguir con Copa del Mundo? Imagino que tendrás que verlo con los médicos, ¿no?

A: Lo primero será descansar un poco. Después, quiero repetir las pruebas médicas, hablar con todo el equipo que me ha acompañado estos meses para ver qué debemos hacer. Somos muy optimistas y pensamos que quizás se pueda esquivar la operación, tanto de la rodilla como del hombro, pero tenemos que esperar a los resul-

tados de las pruebas. Si no tengo que pasar por el quirófano, continuaré con la Copa del Mundo.

K: Los ligamentos están sobrevalorados… [Risas].

A: Se pueden hacer muchas cosas sin ellos. Ahora me río, pero ha sido todo un infierno, sobre todo los dos primeros meses en los que estaba inmóvil y era totalmente dependiente de los demás, con un brazo en cabestrillo, la pierna inmovilizada. Fue horrible, de verdad. Luego, cuando pude ir moviéndome más, sólo sentía que no estaba entrenando y que perdía la forma física que tenía cuando to-

K: Ana, nos has dado un ejemplo a todo el mundo. La gente, no sólo en Granada, te quiere y está muy orgullosa de ti. Te has convertido en un referente de lo que es luchar por un sueño, por no abandonar, como dices siempre, esos objetivos propuestos, a pesar del accidente.

“Ahora

toca descansar un poco. Después, quiero repetir las pruebas médicas, hablar con todo el equipo que me ha acompañado durante estos meses para ver qué debemos hacer. Somos muy optimistas y pensamos que quizás se pueda esquivar la operación, tanto de la rodilla como del hombro, pero tenemos que esperar a los resultados de las pruebas. Si no tengo que pasar por el quirófano, continuaré con la Copa del Mundo”.

A: Soy consciente de que no quería ver la realidad. Una última cosa: he sentido mucho cariño por parte de otros esquiadores, no sólo de la selección española, sino de toda la comunidad internacional. El día de la medalla en Sprint, mucha gente lloró conmigo. Todos queremos ser los mejores en nuestro deporte, pero eso no impide que exista respeto y apoyo entre nosotros. He sentido ese aprecio muy de cerca. Ojalá haya podido inspirar a otras personas. Creo que también se ha valorado mucho la manera en la que he afrontado esta situación, sin rendirme en ningún momento.

do el mundo seguía preparándose de la mejor forma posible. Hubo una época en la que todos los días pensaba en tirar la toalla. Al final, gracias a mi entrenador, seguí adelante. Le debo muchísimo a Javi Argüelles. Sé que también ha sido muy duro para él, estando pendiente de mí las 24 horas del día. También quería aprovechar para decir que igualmente ha sido muy importante tener la confianza de Oriol [Cardona]. Habría entendido perfectamente que hubiera buscado otras opciones para el Relevo Mixto, y sin embargo no lo hizo. Siempre confió en mí y eso ha significado mucho.

K: Quería preguntarte algo por curiosidad profesional. ¿Con qué esquís has competido?

A: Con los Backland 65 de ATOMIC. Los hicieron expresamente por petición mía, en 1,50, pensando en los Juegos Olímpicos y así poder competir con un esquí totalmente diseñado para mujeres, más corto y ligero. La verdad es que estoy muy contenta tanto por esta iniciativa como por todo el apoyo que me ha dado la familia Atomic a nivel de España e internacional.

K: Gracias, Ana, por emocionarnos a todos y ser un ejemplo de superación.

“He sentido mucho cariño por parte de otros esquiadores, no sólo de la selección española, sino de toda la comunidad internacional. El día de la medalla en Sprint, mucha gente lloró conmigo. Todos queremos ser los mejores en nuestro deporte, pero eso no impide que exista respeto y apoyo entre nosotros. He sentido ese aprecio muy de cerca. Ojalá haya podido inspirar a otras personas. Creo que también se ha valorado mucho la manera en la que he afrontado esta situación, sin rendirme en ningún momento”.

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ATLETA

Partirse en 1.000 pedazos y reconstruirse las veces que sea necesario.

No está al alcance de cualquiera. La determinación aparece cuando las circunstancias de la vida se aferran a lo que parecía un asterisco en un contrato que no habías leído: una enfermedad que irrumpe sin aviso, una lesión que detiene el cuerpo, la pérdida de alguien cercano, la sensación de estar roto por dentro y de que nada tiene sentido. En esos momentos, avanzar consiste en dar pasos pequeños, a veces casi invisibles, aceptando la caída, el cansancio y la duda como parte del camino. Se trata de decisiones repetidas que permiten seguir adelante. En algunas trayectorias vitales, esa forma de avanzar se impone una y otra vez, hasta convertirse en una manera de estar en el mundo. Historias marcadas por interrupciones, reconstrucciones y regresos que no siempre conducen al mismo lugar, pero que mantienen un hilo constante: la necesidad de continuar, no tanto por cumplir objetivos, sino para ser capaz de levantarse de la cama y seguir con eso que llaman vida. Como decíamos al principio de estas líneas, esta cualidad no está al alcance de cualquiera, sobre todo si esos golpes se producen en más de una ocasión, como si el destino se cebara con uno. Es el caso de la historia de Léo Slemett que puede verse en un filme, Better Up There, realizado por Mathis Dumas y escrito por Jérôme Llado, que ahora se encuentra en abierto en YouTube y que, lejos de la épica, nos hace reflexionar sobre dos conceptos: qué nos hace seguir cuanto todo parece derrumbarse y qué nos lleva a buscar los límites.

Texto por Kissthesnow
CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA © MATHIS

PRIMER GOLPE: LA ENFERMEDAD DE CROHN

La vida de un atleta de élite, o de un freerider de prestigio como es el caso de Léo Slemett, suele leerse desde fuera a través de resultados, podios y títulos. El público ve la bajada final, la línea limpia, la clasificación general. Rara vez alcanza a percibir lo que queda fuera del plano, aquello que no aparece en los resúmenes ni en las estadísticas. La gloria deportiva tiende a simplificar trayectorias que, en realidad, están hechas de desvíos, fragilidades y decisiones tomadas lejos del foco.

En el caso de Léo Slemett, los números hablan por sí solos. Campeón del Freeride World Tour en 2017, con varios podios en el FWT Junior y en los Qualifiers de 2011 y 2012 cuando daba sus primeros pasos en la competición, su trayectoria mostraba una progresión sólida y coherente, casi previsible desde fuera. Pero esa lectura deja fuera una parte esencial de la historia.

Desde pequeño, Léo tuvo claro cuál era su lugar. La escuela nunca fue su terreno natural; la montaña, sí. Eligió el freestyle cuando el camino lógico parecía ser el esquí alpino y asumió pronto que su futuro pasaba por ahí. Esa convicción le permitió avanzar rápido, pero también le llevó a enfrentarse muy pronto a un primer golpe

serio. Con apenas 20 años, el esquiador de Chamonix fue diagnosticado con la enfermedad de Crohn. Perdió cerca de 10 kilos y recibió indicaciones claras: evitar el estrés, limitar los desplazamientos, mantenerse cerca de centros hospitalarios. Un diagnóstico que cuestionaba de raíz su forma de vida y su proyección deportiva.

El entrenamiento se convirtió entonces en un refugio. La determinación en volver a esquiar, volver a moverse en la montaña, le permitió reconstruir una rutina y recuperar sensaciones. En 2014 regresó a los Qualifiers del Freeride World Tour con una regularidad contundente: siete podios en 10 pruebas y una ventaja superior a los 1.500 puntos en la clasificación general. El resultado fue una plaza para el FWT 2015 y la confirmación de que, incluso con el cuerpo en contra, el camino seguía abierto. La vida parecía prepararle, sin saberlo, para un golpe aún más brutal a la vuelta de la esquina.

DESTRUCCIÓN. ENCUENTRO Y PÉRDIDA: ESTELLE BALET

Tras enfrentarse al diagnóstico de Crohn y aprender a convivir con la enfermedad, Léo Slemett entró en una etapa en la que todo parecía encajar. La montaña y el entrenamiento seguían siendo su refugio, un espacio donde podía medir sus límites y mantener cierta estabilidad frente a un

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cuerpo que siempre podía reaccionar de manera inesperada.

En ese recorrido conoció a Estelle Balet, snowboarder suiza de fama creciente y doble campeona mundial en el Freeride World Tour. Balet era una de las figuras más prometedoras del freeride; se había coronado campeona en 2015 siendo la más joven en hacerlo, y repitió título a principios de 2016 con una victoria en Verbier, apenas unas semanas antes del fatídico accidente.

La relación con Estelle supuso para Léo una calma renovada, una sensación de fortaleza y de sentido compartido. La montaña ofrecía momentos de conexión y proyectos conjuntos, pero de forma inesperada llegó un segundo golpe profundo.

El 19 de abril de 2016, Estelle Balet fallecía a los 21 años tras ser sorprendida por una avalancha mientras participaba en la filmación de una película en los Alpes suizos, en la zona de Orsières. Para Léo, aquella pérdida fue un quiebre total. No era sólo la desaparición de alguien querido, sino la sensación de que todo se desmoronaba, atacando a uno de los principales pilares que sostenía su vida. Dejó temporalmente la montaña y la competición, incapaz de encontrar sentido en lo que hasta entonces había sido también su mundo. Con apoyo de su entorno, poco a poco inició un proceso de reconstrucción. De nuevo, la determinación.

Cuando decidió regresar a la competición, lo hizo sin miedo a exponerse,

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empujando sus límites como nunca antes y asumiendo riesgos que alertaban a quienes le rodeaban. Su vuelta al Freeride World Tour en 2017 fue un retorno a la escena de la que había quedado apartado, pero también una forma de reivindicar su lugar en la montaña y en la vida. En la primera parada en Japón, quedó quinto, un resultado que no compensaba el desastre vivido, pero que le permitía sentirse de nuevo esquiador, con dorsal y botas puestas, listo para reconstruir su historia. Continuó con un sexto puesto en Andorra, y después llegó la victoria en Chamonix y la final en Verbier, coronándose campeón del mundo. Una vuelta que combinaba técnica, determinación y la fuerza de quien ha aprendido que, incluso cuando la vida arrebata lo que más se ama, nunca puede robar la pasión que da sentido a todo.

LESIONES, DEPRESIÓN Y RIES-

GO: EL CAMINO HACIA LA SEGUNDA PÉRDIDA

El paso del tiempo ayudaba a cerrar la herida, pero no por completo. La pérdida de Estelle había dejado una marca profunda, un vacío que ninguna victoria podía llenar del todo. Sin embargo, la montaña seguía siendo su espacio de refugio y también de desafío.

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Fue entonces cuando Léo emprendió expediciones extremas, esquiando como si no hubiera nada que perder. Su aproximación era tan intensa que quienes le rodeaban comprendían los riesgos que asumía, conscientes de que no sólo medía sus límites físicos, sino también los de su resistencia emocional. Cada descenso se convirtió en una manera de confrontar el dolor, de probarse a sí mismo y de reconstruir, paso a paso, la confianza en su cuerpo y en su instinto.

En esta fase, el esquí derivó en un acto de supervivencia psicológica, un espacio donde podía sentir que todavía controlaba algo en un mundo que le había arrebatado demasiado. La intensidad de sus descensos y la exposición a situaciones extremas reflejaban su necesidad de desafiarse continuamente, de transformarse a través del riesgo y de sostener la vida día tras día, aun con la sensación persistente de fragilidad.

El coste físico de esta forma de esquiar extremo no tardó en aparecer. Primero, en una avalancha, sufrió la fractura de ambos brazos; más tarde, nada más recuperarse de esta grave lesión, se rompió la rodilla. Las lesiones y la frustración acumulada lo sumieron en una especie de depresión, desde la que necesitó apoyo profesional para empezar a salir. La montaña seguía siendo su refugio, pero también el escenario que le enseñaba, una vez más, que la vida podía golpear con fuerza, preparando el terreno para enfrentarse a la segunda gran pérdida.

AMOR, CICATRICES Y LA SEGUNDA PÉRDIDA: ADÈLE MILLOZ

Muy pocas personas tienen que enfrentarse dos veces al mismo derrumbe. Perder a la persona a la que amas ya parte una vida en dos; atravesar esa experiencia por segunda vez roza lo insoportable. Es algo que descoloca cualquier lógica, que obliga a hacerse preguntas sin respuesta y a convivir con una sensación persistente de injusticia. ¿Por qué a mí? ¿Por qué otra vez?

En 2021, Léo Slemett conoció a Adèle Milloz, campeona del mundo en esquí de montaña. Adèle era energía, vitalidad y determinación. También arrastraba sus propias pérdidas, sus propias cicatrices. Entre ellos se reconocieron desde ese lugar común: dos personas marcadas que encontraban en el otro un espacio de comprensión, de calma y de reconstrucción posible. Durante un tiempo, la vida pareció concederle a Léo una tregua.

Pero el destino volvió a mostrarse implacable. La muerte de Adèle, guiando una ascensión a la Aiguille du Peigne, fue un golpe devastador, una repetición casi macabra del dolor que ya había vivido años atrás. Todo volvió a romperse. Nada tenía sentido. La montaña, el esquí, los proyectos compartidos, incluso la idea misma de futuro, quedaron suspendidos en

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el aire. Esta vez no se trataba de recomponerse ni de volver más fuerte, sino simplemente de sobrevivir al día siguiente.

Hoy, esa herida sigue abierta. No hay relato de superación ni cierre posible. La pérdida sigue presente, silenciosa y constante, marcando cada paso. La montaña no cura, no compensa y no sustituye lo perdido. Es, en el mejor de los casos, el único lugar donde el ruido se atenúa lo suficiente como para poder respirar. Donde el dolor puede existir sin necesidad de ser explicado.

Esta doble pérdida sitúa la historia de Léo Slemett en un territorio que muy pocos conocen. Un lugar donde la resiliencia deja de ser épica y se convierte en algo mucho más básico y mucho más duro: la capacidad de seguir viviendo cuando el destino parece cebarse una y otra vez con lo que más amas.

ENCUENTRO CON OTRO ANIMAL HERIDO: JIM MORRISON

“Juro que estoy a punto de dejar la competición. Sólo quiero estar con ella. No sé qué voy a hacer. No siento que me guste esquiar, no siento…”

Aún roto, sin ganas de esquiar ni siquiera de acercarse a la montaña, Léo Slemett se encontró con Jim Morrison, un montañero que también había conocido la pérdida en su doble expresión. Primero, en 2011, fallecían en un accidente aéreo su mujer

y sus dos hijos; 11 años más tarde, en 2022, su pareja, la también alpinista y esquiadora extrema, Hillarie Nelson, lo hacía tras sufrir una avalancha en el Manaslu. Ambos compartían cicatrices invisibles que ningún podio ni expedición podían borrar.

Entre ellos surgió un reconocimiento silencioso. No hacía falta explicar el dolor, ni justificar los miedos. Sus conversaciones, sus ascensos y sus descensos parecían dibujar un territorio donde lo límite era un refugio y una manera de tener la fuerza necesaria para vivir un día más. La montaña se volvía escenario de confrontación y de equilibrio, un lugar donde, aun en

la derrota y el vacío, podían encontrar un respiro que les permitiera mantenerse de pie.

Este encuentro no daba respuestas ni soluciones mágicas. No eliminaba la pérdida, ni borraba el dolor. Lo que ofrecía era algo más elemental y, a la vez, más profundo: un recordatorio de que incluso cuando la vida golpea con una intensidad insoportable, hay formas de seguir existiendo. Para Léo, como para Jim, las montañas seguían ahí: indómitas, duras y necesarias, recordándoles que seguir adelante no siempre significa avanzar, sino simplemente no desaparecer.

En la montaña, la seguridad siempre debe ser lo primero. Cada decisión, desde la ruta elegida hasta el equipo que se lleva, puede marcar la diferencia entre una jornada emocionante y un accidente grave. Esta temporada, la abundancia de nieve ha aumentado significativamente el riesgo de avalanchas, recordándonos que incluso descensos aparentemente seguros pueden volverse peligrosos en cuestión de segundos. Por eso, contar con un equipamiento que combine protección, fiabilidad y facilidad de uso, más que un lujo, se convierte en una necesidad para cualquier amante del esquí de travesía y del freeride.

Nadine Wallner y Jérémie Heitz, ambos atletas de MAMMUT, conocen estos riesgos de primera mano. Su experiencia traspasando esa línea que separa el esquí convencional, o incluso el freeride, del esquí extremo les ha enseñado a leer la montaña con precisión y respeto. Esa misma experiencia les llevó a participar activamente en el desarrollo de la Mammut Eiger Free 20 Removable Airbag 3.0, aportando su conocimiento sobre ergonomía, movilidad y seguridad para crear una mochila que realmente responda a las exigencias del terreno alpino más exigente.

El resultado es una mochila que une seguridad, ligereza y funcionalidad de manera excepcional. La Eiger Free 20 incorpora un sistema de airbag removible y soluciones de transporte inteligentes, pensadas para quienes quieren realizar actividad en la montaña con rapidez y confianza. Con ella, la protección y el rendimiento se combinan, ofreciendo tranquilidad sin sacrificar movilidad ni velocidad en el terreno.

Lo que hace realmente excepcional a la Eiger Free 20 Removable Airbag 3.0 es cómo combina innovación técnica, ligereza y protección, ofreciendo a quienes se enfrentan a la montaña la tranquilidad de un equipo diseñado por expertos y pensado para rendir al máximo en cada momento crítico. Esta mochila redefine lo que significa seguridad y rendimiento en el freeride y el esquí de travesía.

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ULTRA-LIGHT AIRBAG PACK | EIGER FREE 20L

MAMMUT EIGER FREE 20 REMOVABLE AIRBAG 3.0

Mochila diseñada para quienes se mueven rápido en terreno alpino y no están dispuestos a renunciar a la seguridad. Concebida bajo los principios de seguridad, ligereza y funcionalidad, este equipo representa la visión “fast & light” aplicada al esquí de travesía y al freeride más exigente.

Desarrollada en colaboración con atletas de referencia como Nadine Wallner y Jérémie Heitz, la Eiger Free 20 apuesta por un diseño minimalista, preciso y sin concesiones. Su corazón es el sistema Removable Airbag 3.0, completamente desmontable, que permite adaptar la mochila a salidas con riesgo de avalanchas o a actividades donde cada gramo cuenta.

Con un volumen de 20 litros, está pensada para jornadas rápidas e intensas en montaña, ofreciendo el espacio justo para el material esencial. Destaca especialmente por su peso extremadamente reducido: alrededor de 1,5 kg con el sistema de airbag instalado, y apenas 470 g si se utiliza sin él, situándose entre las mochilas con airbag más ligeras del mercado.

La combinación de materiales de alta resistencia, soluciones de transporte bien integradas y una ergonomía afinada para el movimiento continuo le valió el ISPO Award, un reconocimiento a su innovación, rendimiento y enfoque técnico. Una mochila creada para quienes entienden la montaña como un espacio donde la eficiencia y la seguridad deben ir de la mano.

SISTEMA DE AIRBAG

DESMONTABLE 3.0

El elemento central de la Eiger Free 20 es el Sistema Desmontable Airbag 3.0 de Mammut, una de las soluciones de airbag para avalanchas más avanzadas y ligeras del mercado. Este sistema ha sido diseñado para integrarse de forma limpia en la mochila, sin interferir en la libertad de movimiento ni en el reparto de cargas, algo clave en descensos técnicos y aproximaciones exigentes.

Su gran ventaja es que se trata de un sistema completamente desmontable, lo que permite retirar el airbag y el cartucho cuando las condiciones o la actividad no lo requieren, reduciendo drásticamente el peso total. El sistema se acciona mediante un cartucho de gas comprimido que infla el airbag en fracciones de segundo, aumentando el volumen del usuario y favoreciendo la flotación en una avalancha, con el objetivo de reducir el riesgo de sepultamiento. Es, en definitiva, una solución versátil y fiable que permite adaptar la mochila a cada salida, sin renunciar a la seguridad cuando realmente importa.

SISTEMA DE GANCHO EIGER

El Sistema de Gancho Eiger es una solución de transporte desarrollada específicamente para responder a las exigencias del esquí de travesía y el alpinismo moderno, donde la rapidez y la fiabilidad marcan la diferencia. Su

diseño permite fijar el material de forma intuitiva, segura y estable, incluso con guantes o en situaciones comprometidas.

Este sistema ofrece una gran versatilidad de transporte, permitiendo llevar esquís, snowboard o splitboard, así como piolets y bastones, sin comprometer el equilibrio ni el acceso al resto del equipo. La fijación mantiene el material firmemente pegado a la mochila, evitando movimientos indeseados durante ascensos técnicos o descensos a pie. Se trata de un sistema pensado para transiciones rápidas y eficientes, alineado con la filosofía “fast & light” que define a la Eiger Free 20.

Nadine Wallner

Jérémie Heitz

MATERIALES ULTRA™

La Eiger Free 20 está confeccionada con tejido ULTRA™, un material resistente a la abrasión, ligero e impermeable, diseñado para soportar las exigencias de la montaña sin añadir peso innecesario. Esta combinación de durabilidad y ligereza refuerza la filosofía minimalista de la mochila, asegurando que el equipo esencial esté protegido en todo momento, incluso en condiciones extremas de nieve, hielo y roca.

HIGHLIGHTS

Sistema Removable Airbag 3.0: desmontable para máxima seguridad cuando es necesaria y mínima carga cuando no.

Sistema de enganche Eiger: sujeción multiusos para esquís, snowboard, piolets y bastones, diseñado para facilidad de uso, durabilidad y reparación.

Opciones de transporte para snowboard y splitboard: incluye montaje de tabla dividida en dos partes mediante correas laterales y transportador diagonal de esquís.

Portacascos integrado: mantiene el casco seguro y accesible durante toda la actividad.

Acceso completo con cremallera trasera al compartimento principal, para cargar y descargar el equipo de forma rápida.

Correas de compresión laterales: estabilizan la carga y optimizan la distribución del peso.

Dos accesorios para piolets y bastones de trekking: almacenamiento seguro y accesible para herramientas esenciales.

Bolsillo para radio: ideal para comunicación en grupo o seguridad.

Sistema de hidratación compatible.

Materiales ULTRA™: resistentes a la abrasión, ligeros e impermeables, garantizando durabilidad extrema sin sacrificar ligereza.

Volumen: 20 litros.

Peso: aprox. 1,5 kg con airbag | 470 g sin airbag.

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CENTRO DE TECNIFICACIÓN DE ESQUÍ DE MONTAÑA DE CATALUÑA

LEGADO Y FUTURO | UN MODELO DE REFERENCIA

Texto por KisstheSnow

la Federació d'Entitats Excursionistes de Catalunya - FEEC dio un paso decisivo para el desarrollo del esquí de montaña competitivo en nuestro país: la creación del Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña de Cataluña - CTEMC, en una apuesta estratégica que, con el tiempo, se ha consolidado como modelo de referencia.

El esquí de montaña fue, de hecho, el primer programa de tecnificación que implementó la federación catalana. En aquel momento, la estructura distaba mucho de la actual. No existía un grupo cerrado ni una residencia estable como hoy. El proyecto arrancó con un planteamiento mucho más flexible: ofrecer soporte a los jóvenes que empezaban a destacar, organizar jornadas de tecnificación y proporcionar un seguimiento que les permitiera progresar y mantenerse motivados. Aquel embrión —impulsado en sus inicios por figuras tan emblemáticas como Jordi Canals— fue evolucionando al ritmo del propio deporte. Con el paso de los años, el programa se profesionalizó, se estructuró por grupos y estableció pruebas de acceso anuales (habitualmente en primavera) para seleccionar a los deportistas que, entre los 14 y los 22 años, pasan a formar parte del CTEMC. Hoy, el Centro tiene como objetivo tecnificar y optimizar el nivel competitivo de los jóvenes esquiadores de montaña catalanes. Trabaja con categorías cadete y júnior, y actúa como antesala de la Selección Catalana de Esquí de Montaña, que recoge el testigo y elige a los deportistas que representarán a Cataluña en competiciones nacionales e internacionales, incluyendo las categorías sénior y sub-23.

Sin embargo, la labor del CTEMC no se entiende sin el trabajo previo que realizan las entidades excursionistas de las comarcas pirenaicas, auténtica base del

sistema. Son los clubes quienes siembran la afición, transmiten la cultura de montaña y detectan los primeros talentos que, con el tiempo, pueden dar el salto a la tecnificación.

Para entender cómo ha evolucionado este modelo y cuál es su papel en el actual escenario olímpico, hemos hablado con Pere Rullán, director deportivo de la FEEC, y con Marc Pinsach, uno de los responsables técnicos del Centro.

Tres décadas después de su creación, el CTEMC, patrocinado por la marca de referencia mundial en el esquí de montaña, DYNAFIT, más allá de los resultados de sus atletas, representa una forma de entender la formación, el rendimiento y el futuro del esquí de montaña catalán.

ARCHIVO
FEEC

QUÉ ES EL CENTRO DE TECNIFICACIÓN DE ESQUÍ DE MONTAÑA DE CATALUÑA

El Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña de Cataluña es una estructura progresiva, pensada para acompañar al deportista en función de su edad, su momento formativo y su grado de compromiso. Impulsado por la FEEC, el modelo se articula en tres niveles claramente diferenciados, que permiten construir un itinerario deportivo coherente y sostenible.

En un primer escalón se sitúan los jóvenes que siguen vinculados principalmente a sus clubes y entrenan en su entorno habitual.

Son deportistas que participan en concentraciones y dinámicas del Centro, sobre todo durante los fines de semana, pero cuya estructura cotidiana todavía está muy ligada al territorio y al trabajo de base. Es el punto de entrada, el espacio donde se detecta talento y se empieza a ordenar el crecimiento.

El segundo nivel supone un paso más en implicación. Aquí aparecen los deportistas que ya combinan estudios de bachillerato, o los últimos años de la ESO, con una dinámica diaria más profesionalizada en cuanto al esquí de montaña. Lo normal es que compartan una residencia en la Seu d’Urgell donde conviven también con esquiadores

de fondo y piragüistas. El entrenamiento adquiere regularidad, el seguimiento técnico es más cercano y el grupo comienza a funcionar como núcleo estable, con dirección técnica a cargo de Aribau Portillo

Finalmente, el tercer escalón corresponde a los esquiadores más consolidados, que normalmente han pasado por la Seu o han hecho el seguimiento del programa, integrados en entornos de alto rendimiento como Font Romeu. Estudian una carrera universitaria a distancia o STAPS, por lo que tienen más de 18 años. Son perfiles con mayor madurez deportiva y proyección internacional que han sido seleccionados para continuar con el programa del CTEMC. En este caso, ya no están en una residencia, sino que viven en pisos que la FEEC tutela. Estos deportistas cuentan con la dirección técnica de Marc Pinsach

Estos tres niveles, más que compartimentos estancos, forman parte de un mismo recorrido. La clave no es acelerar procesos, sino respetarlos.

“No tenemos que perder el foco: por mucho que compitan, hacen esto porque les gusta”, nos explica el director deportivo de la federación, Pere Rullan. Esa idea atraviesa todo el proyecto. Lejos de concebir el Centro como una fábrica de resultados inmediatos, la filosofía es clara: construir carreras duraderas. “Lo importante es que la carrera deportiva del chico o la chica sea lo más larga posible”, señala Rullan. Y eso implica asumir que habrá momentos de lesiones, etapas sin resultados y fases de duda. Por eso la estructura escalonada no sólo responde a criterios deportivos, sino también educativos. Se trata de acompañar sin quemar etapas, de profesionalizar sin desnaturalizar, de competir sin perder el sentido.

En un contexto en el que el esquí de montaña vive una acelerada profesionalización y se prepara para su consolidación olímpica, el Centro de Tecnificación catalán representa un modelo que combina ambición y paciencia, con una estructura que no sólo mira al podio, sino al proceso. Porque, como resume Rullan, “si conseguimos que disfruten esquiando, ya hemos ganado la batalla”.

OBJETIVOS: FORMAR DEPORTISTAS… Y PERSONAS

Si la estructura define el cómo, los objetivos explican el porqué. El Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña de Cataluña no persigue únicamente el rendimiento competitivo. Su ambición es más amplia y, sobre todo, más profunda. Así lo resume el director deportivo de la FEEC: “Al final, lo que se busca es una formación integral del deportista. Por eso también damos mucha importancia al nivel académico. No se apuesta sólo por competir o rendir deportivamente, sino por compaginarlo con unos estudios. A eso se le da muchísima importancia. Y a nivel personal, evidentemente, queremos educar en valores de montaña, de respeto y de convivencia con los otros deportistas. No es solo una tecnificación deportiva: buscamos que cada persona vaya mejorando y madurando también a nivel personal”.

¿Qué se desprende de estas palabras de Pere Rullan?

El primer gran eje es la compatibilidad entre rendimiento deportivo y formación académica. La excelencia competitiva no se plantea como un camino excluyente, sino complementario. El Centro prioriza que los jóvenes puedan compaginar entrenamientos y estudios, y cuando aparecen dificultades académicas se buscan soluciones individualizadas, incluso con apoyo tutorial si es necesario. La idea es evitar que el crecimiento deportivo comprometa el futuro formativo.

El segundo objetivo apunta directamente a la mejora del nivel técnico y competitivo. Detectar y seleccionar talento en edad escolar es una de las funciones clave del programa, con la mirada puesta en la proyección hacia el alto nivel catalán y estatal. No se trata únicamente de acompañar a quienes ya destacan, sino de identificar perfiles con cualidades específicas que permitan prever su evolución dentro del deporte de élite.

En ese proceso, la tecnificación no se limita al entrenamiento físico. La formación incluye trabajo técnico específico, evolución en las transiciones, gestión del material y adaptación a un entorno competitivo cada vez más exigente. El propósito es elevar el nivel medio del grupo y facilitar que el máximo número de deportistas pueda acceder a estructuras superiores como el programa ARC (Alto Rendimiento Catalán).

Pero el proyecto va más allá del rendimiento puro. Uno de sus pilares es la formación integral. El Centro busca que los deportistas maduren a nivel personal, desarrollen autonomía y adquieran valores asociados a la cultura de montaña: respeto, compañerismo, responsabilidad y conocimiento del medio. En este sentido, la seguridad ocupa un lugar central. Se organizan concentraciones específicas con guías de montaña para formar a los jóvenes en nivología, meteorología y gestión del riesgo. El objetivo es que sepan moverse con criterio en entornos no controlados, más allá de las pistas balizadas o los circuitos de competición.

Así, el Centro articula sus metas en cuatro grandes líneas: detectar talento, elevar el

nivel técnico, garantizar una formación integral y facilitar la proyección hacia el alto rendimiento. Todo ello bajo una premisa transversal: que el proceso formativo sea sólido, equilibrado y sostenible en el tiempo. Y siempre, con el acompañamiento de técnicos con experiencia, algo fundamental. Marc Pinsach reflexiona: “El sprint es una disciplina donde la metodología y la intervención del entrenador tienen un impacto mucho más directo y perceptible. Es más «domesticada» y menos variable que una prueba individual. El centro sobresale en metodología de entrenamiento, lo cual es ventajoso para el sprint, especialmente en un contexto invernal que a menudo es impredecible”.

CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA
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LA ESTRUCTURA DIARIA:

EL ENGRANAJE EN LA SEU D’URGELL

Centrémonos ahora en la labor que se realiza con los más jóvenes, en la Seu d’Urgell. De la conversación con Pere Rullan concluimos que, si los objetivos marcan la dirección, el día a día en La Seu d’Urgell explica cómo se ejecutan. El núcleo operativo del Centro se articula alrededor de una rutina estable que combina entrenamiento, estudios y convivencia.

Los deportistas residentes comparten espacio con atletas de otras disciplinas, como el piragüismo o el esquí de fondo, en un entor-

no que favorece la cultura de alto rendimiento desde edades tempranas. Tienen acceso a residencia compartida y a las instalaciones deportivas del Parc del Segre, donde se desarrollan sesiones de fuerza, trabajo preventivo y preparación física general.

Al frente de la planificación deportiva se sitúa el técnico responsable, Aribau Portillo, encargado de diseñar los entrenamientos y de coordinar, supervisar y realizar el seguimiento individualizado. A su lado, la figura del tutor residencial actúa como pieza clave: apoyo permanente, enlace entre deportistas, técnicos y programa académico, y punto de equilibrio en la gestión cotidiana.

El programa es anual. Aunque el invierno concentra la competición, la preparación no se detiene. Tras un breve periodo de descanso posterior a las pruebas de acceso, la pretemporada arranca en junio con trabajo de base: esquí de ruedas, bicicleta y carrera a pie. En septiembre la carga aumenta progresivamente y en noviembre se programan estancias en nieve —a menudo en Tignes, Francia— para anticipar el trabajo técnico antes de que el invierno se consolide en el Pirineo.

En conjunto, esta estructura cotidiana traduce los grandes objetivos en práctica real: planificación, seguimiento, equilibrio académico y acompañamiento personal.

TRANSFERENCIA DE VALORES A LA VIDA PERSONAL

Si hay un eje que atraviesa todo el proyecto del Centro de Tecnificación es la idea de que el deporte no termina en la línea de meta. La competición es importante, pero lo que realmente se busca es que aquello que se aprende entrenando tenga continuidad en la vida personal.

El primer pilar es el disfrute. Puede parecer una obviedad, pero en un contexto cada vez más profesionalizado y exigente, mantener el placer por la práctica deportiva se convierte en una estrategia de futuro. “No tenemos que perder el foco: por mucho que compitan, hacen esto porque les gusta”, insistía Pere Rullán. El disfrute actúa como ancla en los momentos de dificultad: lesiones, bajones de rendimiento o etapas sin resultados. Si la única motivación es el podio, el recorrido suele ser corto. Si el motor es el placer por moverse en la montaña, la carrera se alarga.

Junto al disfrute aparece la disciplina. Cuando la motivación fluctúa —porque lo hace— entra en juego la constancia: la capacidad de entrenar cuando no apetece, de respetar procesos largos, de entender que los resultados no son inmediatos. Esa paciencia,

esa gestión del tiempo y de la frustración, es una escuela silenciosa que trasciende el ámbito deportivo.

En deportes de resistencia como el esquí de montaña, además, la resiliencia no es un concepto abstracto. Es cotidiana. Saber atravesar momentos duros en carrera, regular la euforia cuando las sensaciones son buenas, asumir errores técnicos y volver a intentarlo. Todo ello construye herramientas emocionales que luego se trasladan a estudios, trabajo y vida personal.

Aunque el esquí de montaña sea esencialmente individual, el Centro insiste en reforzar la dimensión colectiva. Los entrenamientos en grupo, la convivencia, o el apoyo mutuo en días difíciles generan un tejido que sostiene. El compañerismo se convierte en un factor de rendimiento y de estabilidad.

Esa combinación —disfrute, disciplina, resiliencia y trabajo en equipo— dibuja un modelo formativo que va más allá de la

EL ESQUÍ DE MONTAÑA

tecnificación pura. Y sus frutos empiezan a ser visibles. Estos días, hemos visto a tres deportistas formados dentro del Centro compiten en el mayor escaparate posible: los Juegos Olímpicos. La presencia de Oriol Cardona, Maria Costa y Ot Ferrer es la confirmación de un modelo. Más allá de sus resultados concretos, su presencia simboliza la continuidad de un proceso iniciado años atrás: detección, acompañamiento, formación integral y consolidación en el alto nivel. El Centro no garantiza medallas, pero sí construye trayectorias.

ENTRE EL LEGADO Y EL FUTURO OLÍMPICO

El esquí de montaña catalán no nace con los Juegos Olímpicos. Su identidad se forja mucho antes, al calor de generaciones que entendieron la competición como una extensión natural de la cultura alpina. Referentes como Kilian Jornet o Mireia Miró simbolizan esa etapa en la que el rendimiento convivía con una idea casi romántica de la montaña: libertad, exploración, autosuficiencia.

Hoy, el contexto es distinto. La entrada del esquí de montaña en el programa olímpico ha acelerado su profesionalización y ha multiplicado la visibilidad internacional. Pero este salto también plantea preguntas. ¿Cómo mantener los valores intrínsecos del esquí de montaña —el respeto por el entorno, el disfrute del recorrido, la cultura de montaña— en un escenario cada vez más marcado por el cronómetro y la inmediatez, en entornos domesticados como son los circuitos que acogen las pruebas de Sprint y Relevos Mixtos?

El reto es delicado. La lógica olímpica prioriza formatos dinámicos y televisivos. Las dos modalidades encajan en esa narrativa: pruebas explosivas, de pocos minutos, comprensibles para el gran público. Sin embargo, la historia del esquí de montaña también está vinculada a modalidades como la vertical o la individual, más largas, más tácticas, más conectadas con la tradición alpina.

La evolución del programa olímpico influirá inevitablemente en la preparación de los atletas. Si en el futuro se incorporan nuevas modalidades, tal y como nos sugiere Pere Rullan, la planificación técnica y física deberá adaptarse. El Centro, como estructura formativa, observa esa evolución con atención, consciente de que el equilibrio entre especialización y versatilidad será clave. En este sentido, Marc Pinsach nos comenta: “Es normal que los jóvenes se sientan muy atraídos por el sprint cuando ven el éxito de referentes como Oriol Cardona, que es campeón del mundo y olímpico en esta modalidad. Pero nuestro reto es hacerles entender que deportistas como él no se construyen solo desde el sprint. Antes de especializarse, tuvo una base muy sólida en pruebas individuales, que son más largas y exigentes, y que construyen una base aeróbica fundamental. Esa base es la que después te permite rendir también en pruebas mucho más explosivas

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como el sprint. Nosotros queremos mantener la excelencia en sprint —porque es una modalidad clave hoy en día—, pero sin renunciar a ese desarrollo más completo. Encontrar ese equilibrio es un trabajo constante”.

Al mismo tiempo, la visibilidad olímpica abre una oportunidad estratégica: ampliar la base. Más jóvenes interesados, más clubes activos, más carreras. Sin embargo, la realidad todavía muestra un margen de crecimiento. El número de competidores en categorías de base no siempre es tan alto como se desearía, y factores como inviernos irregulares o la complejidad organizativa de las pruebas en montaña condicionan el calendario.

El Centro de Tecnificación se sitúa precisamente en ese punto de equilibrio: entre la

herencia de una cultura de montaña forjada en la exploración y la exigencia de un deporte que ya compite en el mayor escenario internacional. Entre el romanticismo y el rendimiento. Entre el legado y el futuro.

ROGER SALANOVA
DYNAFIT

INITIUM: EL PRINCIPIO DE ALGO

El título de la película que os traemos a las páginas de Kissthesnow lo dice todo: INITIUM | The Early Days of Virgile Didier's Journey se centra en los comienzos de una carrera, en el momento en que todo empieza a tomar forma. Esa mirada íntima y pausada marca el tono de todo el filme dirigido por Aurélien Collet.

En un contexto deportivo donde los relatos suelen construirse alrededor del triunfo o del drama, Initium opta por la sobriedad de situarse en el momento en el que una carrera empieza a tomar forma. No estamos ante el retrato de un campeón consolidado, sino ante el seguimiento de un debutante que se abre paso en el Freeride World Tour tras ganar los Qualifiers en 2024.

Esa elección narrativa es significativa. La película se construye como la colocación de los primeros cimientos en la carrera dentro del FWT de Virgile Didier, rider de SCOTT, más allá de en la culminación de una historia. No se centra en un resultado final destacado, sino en un inicio. El espectador acompaña a Virgile Didier en su entrada en el circuito mundial, en sus primeras experiencias en escenarios como Baqueira Beret, Val Thorens, Kicking Horse, Georgia o Verbier, entendiendo que lo que está en juego es una dirección, no un legado.

Aurélien Collet parece interesado menos en el resultado puntual que en el proceso. En cómo un joven esquiador, procedente del alpino, empieza a definir su lugar en el freeride de élite. Initium muestra el momento exacto en que comienza a construirse. Y quizá ahí reside su mayor acierto: asumir que toda carrera, antes de ser brillante o épica, es simplemente un comienzo.

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DEL ESQUÍ ALPINO AL FREERIDE ELEGIR EL CAMINO PROPIO

Antes de adentrarse en el freeride, Virgile Didier competía en esquí alpino a nivel local y nacional. Aunque mostraba talento, su progresión llegó a un punto de estancamiento, lo que le llevó a replantearse su camino y explorar nuevas posibilidades dentro de la montaña. Este cambio vino probablemente provocado por la necesidad de redefinir sus objetivos y encontrar un terreno donde su estilo y su creatividad pudieran brillar, más allá de por un accidente dramático.

La película menciona un “revés” que marcó su trayectoria, pero no especifica en qué consistió. Podría referirse a la avalancha que sufrió durante un evento de freeride en Nendaz (Suiza), un incidente visualmente impactante del que salió ileso, o al propio estancamiento en el alpino que lo impulsó a reinventarse. Collet mantiene este elemento como un símbolo de cambio, subrayando la idea de reinvención sin convertirlo en un drama explícito.

Este tránsito del esquí alpino al freeride representa el primer gran “ladrillo” en la construcción de su carrera. Es una decisión consciente que define la dirección de su trayectoria y marca el inicio de un proceso de aprendizaje, adaptación y crecimiento personal que la película seguirá mostrando a lo largo de su debut en el Freeride World Tour.

RESULTADOS Y TRABAJO: LA CONSISTENCIA COMO LADRILLO

El Freeride World Tour no perdona errores, y para un debutante cada descenso es una prueba tanto de habilidad como de adaptación. Initium acompaña a Virgile Didier desde su victoria en los Qua-

© MIA MARIA KNOLL FREE RIDE WORLD TOUR
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lifiers de 2024 hasta su primera temporada completa en el circuito, mostrando sus actuaciones en las cinco paradas del FWT 2025 —Baqueira Beret, Val Thorens, Kicking Horse, Georgia y Verbier—, así como el esfuerzo constante que hay detrás de cada descenso.

Sus resultados reflejan una progresión clara: 9º en Baqueira, 7º en Val Thorens, 5º en Kicking Horse y 3º en Georgia. Cada puesto indica un aprendizaje y una adaptación creciente al circuito, y de haber mantenido ese impulso en la final de Verbier, donde finalmente terminó 7º tras una caída, la temporada habría cerrado con una progresión espectacular. Sin embargo, incluso con el contratiempo de Verbier, la consistencia y el crecimiento de Virgile a lo largo de la temporada son evidentes.

La película dedica un espacio importante a mostrar cómo Virgile trabaja duro: entrenamientos exigentes, preparación física y mental, y la disciplina que exige competir al más alto nivel. Su abuela aparece en varias escenas, subrayando su admiración por la capacidad de trabajo de Virgile, reforzando la idea de que el verdadero progreso se mide por la constancia y el esfuerzo diario, más que por los resultados inmediatos.

En este sentido, los resultados de 2025, junto con su trabajo, aunque no cuentan la historia de una victoria épica, sí son un testimonio sólido de que la carrera de Virgile se está construyendo con pasos firmes y bien fundamentados, combinando rendimiento, aprendizaje y dedicación.

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LA CAÍDA EN VERBIER Y LA SONRISA FINAL: PERDER SIN ROMPER EL PROYECTO

La final de Verbier podría haber sido el punto culminante de la temporada, cerrando la progresión de Virgile con un gran resultado. Sin embargo, una caída lo relegó a la 7ª posición, terminando la temporada en 8º lugar en la clasificación general. En muchos relatos deportivos, un tropiezo así se presentaría como un fracaso dramático; en Initium, ocurre todo lo contrario.

Aurélien Collet elige mostrar a Virgile radiante tras la final, sonriendo y reflexionando sobre su experiencia. Ese momento transmite una idea central: la carrera no se define por un descenso ni por un resultado puntual, sino por el conjunto del aprendizaje, la consistencia y la actitud ante los desafíos. La caída es simplemente un obstáculo más que se integra en la construcción de su trayectoria.

Esta decisión narrativa refuerza el concepto de la película: la resiliencia, la madurez y la capacidad de transformar los contratiempos en aprendizaje se convierten en los verdaderos motores de la carrera de Virgile.

En última instancia, la imagen final de un Virgile sonriente conecta con la idea de que la construcción de una carrera es un proceso continuo, donde la experiencia acumulada vale tanto como el resultado obtenido.

2026: CUANDO LA CONSTRUCCIÓN SE PONE A PRUEBA

Tras una primera temporada sólida en 2025, 2026 ha comenzado de manera más complicada para Virgile Didier. Sus resultados iniciales lo han situado lejos de los puestos de cabeza, recordando que, en el freeride, como en cualquier carrera profesional, no hay caminos lineales hacia el éxito.

Esta nueva etapa refuerza la lectura que propone Initium: la construcción de una carrera se mide por la capacidad de aprender, adaptarse y mantenerse constante a lo largo del tiempo. Las bases colocadas en su debut —el trabajo diario, la disciplina, la progresión paso a paso— son ahora puestas a prueba de manera más exigente.

El verdadero valor de la película reside en mostrar que cada aspecto de la carrera deportiva de un freerider de éxito son ladrillos de una estructura que todavía se está levantando. La narrativa de madurez, resiliencia y transformación interior deja de ser abstracta cuando se enfrenta a la realidad de una nueva temporada difícil. En la vida y en el deporte, todo es un proyecto a largo plazo.

La visión definitiva nace de los pequeños detalles. Las lentes Amplifier de SCOTT filtran la luz que percibe el ojo, mejorando el contraste, la claridad y la percepción

El resultado: una visión que eleva tu rendimiento, sea cual sea el terreno.

CHAQUETA SCOTT VERTIC GORE-TEX 3 LAYER

La SCOTT VERTIC GORE-TEX 3 Layer Jacket es una chaqueta unisex técnica impermeable y transpirable de alto rendimiento diseñada especialmente para actividades alpinas exigentes como freeride y esquí de montaña. Construida con una membrana GORE-TEX Performance de 3 capas, ofrece una protección sólida frente a lluvia, nieve y viento sin comprometer la transpirabilidad, lo que la convierte en una opción ideal para condiciones meteorológicas impredecibles e intensas jornadas en la montaña. Su diseño funcional y bien pensado integra múltiples detalles prácticos —desde ventilaciones estratégicas hasta bolsillos especializados— que la hacen versátil tanto para subir pendientes técnicas como para descender por terrenos abiertos.

VERTIC 3L | FREERIDE

HIGHLIGHTS

Membrana GORE-TEX Performance 3L, impermeable y altamente transpirable.

Resistencia al agua certificada de 28.000 mm y excelente gestión de humedad interna con un valor de 9 RET.

Integración del sistema RECCO®, que facilita la localización por equipos de rescate en caso de emergencia en montaña.

Capucha fija y compatible con casco que mejora la protección en condiciones extremas.

Varios bolsillos: 2 en el pecho, 2 calientamanos y bolsillo transparente para el forfait en la manga.

Ventilación bajo los brazos para regular la temperatura en ascensos o esfuerzos intensos.

Faldón antinieve desmontable y puños ajustables.

Bolsillo interior con paño limpiador para gafas.

Corte relajado (relaxed) que permite llevar capas técnicas cómodamente debajo sin limitaciones de movimiento.

Peso aproximado: 650 g.

PANTALÓN SCOTT VERTIC GORE-TEX 3 LAYER

El pantalón SCOTT VERTIC GORE-TEX 3 Layer Pants es unisex, técnico, impermeable y transpirable de alto rendimiento, y está diseñado para acompañar a la perfección a la chaqueta de la misma familia en actividades alpinas exigentes como freeride y esquí de montaña. Construido con una membrana GORE-TEX Performance de 3 capas, ofrece protección duradera frente a clima adverso —lluvia, nieve y viento— manteniendo la transpirabilidad en esfuerzos intensos. Su corte relaxed con cintura alta y peto integrado, combinado con paneles elásticos, ventilaciones y tirantes ajustables, proporciona comodidad, ajuste versátil y libertad de movimiento durante largas jornadas en la montaña y condiciones cambiantes.

VERTIC 3L | FREERIDE

HIGHLIGHTS

Membrana GORE-TEX Performance 3L impermeable y altamente transpirable.

Resistencia al agua certificada de 28.000 mm y excelente gestión de humedad interna con un valor de 9 RET.

Integración del sistema RECCO®, que facilita la localización por equipos de rescate en caso de emergencia en montaña.

Cintura alta con peto, paneles elásticos laterales y posteriores y tirantes ajustables para un ajuste seguro y cómodo.

2 bolsillos con cremallera en el muslo para guardar accesorios esenciales.

Ventilación exterior en las piernas para ayudar a regular la temperatura corporal en esfuerzos intensos.

Bolsillo interior de malla portabalizas en el muslo, con trabilla incluida.

Polainas de nieve integradas que evitan que la nieve entre en las botas durante descensos o en nieve profunda.

Paneles antiarañazos y resistentes a la abrasión para mayor durabilidad en uso técnico.

Peso aproximado: 700 g.

EL INVIERNO EN EL PIRINEO DE LLEIDA

PENSABA QUE HABÍA SIDO UN SUEÑO…

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INVIERNOS DIFERENTES

Pensaba que había sido un sueño…

Que en un mismo invierno no cabrían tantas formas distintas de vivir la nieve. Que al despertar cada día no sentiría como si fuera nuevo ese frío limpio en la cara, ni esa mezcla de expectación y calma que precede al primer remonte. Que la montaña no podría ofrecer siempre una promesa distinta.

Que un solo territorio no podría reunir 11 estaciones de esquí — cinco de alpino y seis de nórdico, una de ellas combinando ambas modalidades—, configurando un área esquiable de más de 500 kilómetros de pistas repartidos entre valles, orientaciones y maneras muy distintas de deslizarse. En Lleida, cada jornada parecía confirmar lo contrario: que el invierno se multiplica y se transforma según el lugar y el ritmo elegido.

Que el esquí sería sólo una sucesión de descensos, cuando en Baqueira Beret descubrí también un auténtico paraíso para el freeride, donde la montaña se abre más allá de las pistas balizadas y el esquí se vive sin límites. No es casual que sus laderas formen parte del Freeride World Tour, situándola cada temporada en el centro del esquí fuera de pista a nivel mundial. Aquí, la amplitud del terreno, la calidad de la nieve y la relación con el entorno convierten cada bajada en una experiencia distinta.

Que la altitud sería únicamente una cifra, y no una sensación. En Boí Taüll, el esquí adquiere otra dimensión: pendientes exigentes, nieve de calidad y un entorno que ha sabido posicionarse como

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uno de los referentes internacionales en la competición de esquí de montaña. Pruebas de la Copa del Mundo ISMF, campeonatos internacionales y citas clave del calendario deportivo han consolidado a la estación como un escenario donde el deporte de alto nivel convive con el paisaje y el carácter del Pirineo más auténtico.

Que el invierno pediría siempre velocidad, cuando en Espot y Port Ainé aprendí otra cadencia. Bosques que envuelven las pistas, silencios que acompañan cada descenso y la posibilidad de alargar el día más allá del último remonte, subiendo al atardecer o adentrándose en la montaña con raquetas, siguiendo el ritmo que marcan los parques naturales que las rodean.

Que la nieve solo se entendería desde la pendiente, y no desde el movimiento pausado del esquí nórdico. Aransa, Lles de Cerdanya, Sant Joan de l’Erm, Tavascan, Tuixent-la Vansa o Virós-Vallferrera me mostraron que el invierno también puede vivirse despacio, entre bosques y silencio, dejando que el paisaje marque el tiempo y no el reloj.

Pensaba que había sido un sueño… Y así comprendí que cada estación, cada descenso y cada bosque me habían mostrado un invierno distinto, irrepetible y vivo

ESA GASTRONOMÍA QUE DESPIERTA SENTIDOS QUE PARECÍAN PERDIDOS

Pensaba que había sido un sueño…

Que después de un día de frío y nieve el invierno no se entendería desde una mesa. Que al sentarme en un restaurante de montaña, junto al calor de la chimenea, no sentiría cómo el cuerpo empieza a entrar en calor incluso antes del primer bocado.

Que la gastronomía de Lleida viviría anclada en el pasado, cuando en realidad es el resultado de una convivencia natural entre tradi-

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ción y evolución. Platos nacidos de la cocina lenta de abuelos y abuelas, pensados para resistir el frío, conviven hoy con técnicas actuales y miradas contemporáneas, sin perder nunca su raíz.

Que los sabores más auténticos serían sencillos, y lo son, pero también profundos. La olla aranesa humeando sobre la mesa, el trinxat crujiente por fuera y suave por dentro, las legumbres y las verduras de proximidad, las setas cuando la temporada lo permite, los quesos artesanos y los embutidos curados con paciencia. Ingredientes que saben a bosque, a valle y a tiempo bien empleado. Y, como si quisieran resumir toda la personalidad de la tierra, el aceite de oliva virgen extra DOP Garrigues, los vinos de la DO Costers del Segre y el dulce tradicional del turrón de Agramunt acompañan cada bocado, dejando la memoria del Pirineo en el paladar.

Que la montaña solo se expresaría en la nieve, cuando también lo hace en la carne de caza y de campo, en la ternera de los Pirineos Catalanes con denominación de origen, en la trucha de ríos fríos y claros o en los patés que resumen siglos de conocimiento del entorno. Cada plato parecía contar una historia distinta, pero todas hablaban del mismo territorio.

Que comer sería sólo una pausa entre actividades, y no uno de los recuerdos más nítidos del viaje. Al final, entre el crepitar del fuego y los sabores intensos, entendí que la gastronomía del Pirineo de Lleida define, reconforta y deja grabado el invierno de Lleida en la memoria.

Pensaba que había sido un sueño… Y así comprendí que cada sabor, cada aroma y cada historia en la mesa forman parte del invierno, como la nieve sobre las montañas.

ESCENARIOS NATURALES Y CULTURALES BAJO LA NIEVE

Pensaba que había sido un sueño…

Que no caminaría bajo una nevada tan perfecta, de grandes copos flotando lentamente, sin viento, sin prisa, sólo para que gestos, pasos y miradas se impregnaran de blanco. Que el invierno no podría combinar silencio y movimiento a la vez, y sin embargo, cada momento entre los senderos del Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici lo demostraba. La nieve crujía suavemente bajo mis botas, los lagos congelados reflejaban montañas vestidas de blanco, y el aire frío llevaba consigo ese aroma limpio y puro que solo la montaña sabe regalar.

Que la historia y la naturaleza podrían vivir separadas, cuando en la Vall de Boí descubrí lo contrario. Las iglesias románicas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000, surgían entre la nieve como secretos ancestrales. Cada piedra parecía susurrar la vida de quienes la construyeron, mientras los copos caían lentamente sobre tejados y campanarios, integrando lo humano y lo natural en un mismo instante de maravilla.

Que la memoria del Pirineo terminaría ahí, cuando espacios como el Ecomuseo de Les Valls d’Àneu, el Musèu dera Nhèu o el Ecomuseu Çò de Joanchiquet de Vilamòs mostraban que la tradición puede tocarse, olerse y sentirse. Talleres, objetos, herramientas y relatos de generaciones pasadas se mezclaban con la nieve que seguía cayendo, cubriendo caminos y plazas, dibujando un paisaje que parecía detener el tiempo.

Que la cultura fuera algo que se mira, cuando también se vive y se respira. Cada paso bajo la nevada transformaba el paseo en un viaje sensorial: el crujir de la nieve, el silencio roto sólo por el murmullo de un arroyo bajo el hielo, y la armonía de montañas, iglesias y museos, enseñando que en Lleida, el patri-

CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA

monio natural y el cultural se abrazan en el invierno.

Pensaba que había sido un sueño… Y así comprendí que cada copo, cada piedra y cada historia caminaban a mi lado, creando un invierno donde naturaleza y cultura se funden en un instante de perfección.

Pensaba que había sido un sueño…

Que no existirían noches tan claras, tan profundas, donde la montaña y el cielo parecen fundirse en un mismo silencio. Que contemplar las estrellas sobre el Pirineo de Lleida sería únicamente un deseo imaginado, y, sin embargo, allí me encontraba, bajo un manto negro punteado de luz, respirando el frío y el misterio de la noche.

Que la inmensidad no pudiera sentirse tan cerca, cuando el Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y el Montsec, ambos reconocidos con el sello de Reserva y Destino Turístico Starlight, me mostraban un cielo limpio y profundo como pocas veces había visto. Las constelaciones brillaban con una claridad casi tangible, y la Vía Láctea se desplegaba sobre los picos nevados como un río de luz que parecía tocar la montaña.

Que la astronomía fuera solamente para mirar mapas, cuando en el Parque Astronómico del Montsec descubrí cómo observar, aprender y sentir el cosmos. Telescopios, explicaciones, actividades de divulgación y la magia del cielo combinaban conocimiento y asombro, haciendo que cada estrella se sintiera cercana y cada cuerpo celeste, un misterio para explorar.

Que la noche no tuviera un final, cuando al levantar la vista vi una estrella fugaz atravesar el firmamento. Cerré los ojos y pedí un deseo: volver. Volver a la nieve, a los bosques, a la gastronomía y a la historia; volver a un invier-

DESEOS BAJO LAS ESTRELLAS

no que, finalmente, comprendí que no había sido un sueño, sino una realidad completa, vivida a mi ritmo, bajo el cielo inconfundible de Lleida.

Pensaba que había sido un sueño… Y así comprendí que todo había sido real: el invierno en Lleida, vivido a mi ritmo, con cada nieve, cada sabor, cada historia y cada estrella.

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COMBINACIÓN DE HIDRATOS SÓLIDOS Y

LÍQUIDOS

UNA CUESTIÓN ESTRATÉGICA

LÍQUIDOS

En deportes de resistencia como el esquí de montaña, el rendimiento depende en gran medida de la disponibilidad energética. Y, de forma muy concreta, de la ingesta de hidratos de carbono. El cuerpo humano almacena carbohidratos en forma de glucógeno muscular y hepático, pero estas reservas son limitadas. Incluso en un deportista entrenado, los depósitos totales rondan aproximadamente los 400-600 g, lo que equivale a unas 1.600–2.400 kcal. En esfuerzos prolongados o de intensidad media-alta, ese combustible puede agotarse en pocas horas.

Cuando el glucógeno desciende de manera significativa, disminuye la intensidad que podemos sostener, aumenta la percepción de esfuerzo, puede verse afectada la coordinación y cobra fuerza la posible aparición de las temidas “pájaras”. El organismo puede utilizar grasas como fuente energética, especialmente a intensidades bajas. Sin embargo, cuando el ritmo aumenta y la exigencia es mayor, la dependencia de los carbohidratos crece de forma proporcional. Mantener niveles adecuados de glucosa en sangre permite sostener intensidades más altas durante más tiempo.

Organismos como el American College of Sports Medicine o el International Olympic Committee coinciden en que, en ejercicios que superan los 60-90 minutos, la ingesta de hidratos de carbono durante el esfuerzo mejora el rendimiento, retrasa la fatiga y favorece el mantenimiento de la intensidad.

La evidencia científica actual es clara: en deportes de resistencia, la estrategia nutricional durante la actividad marca diferencias reales. La siguiente cuestión es concreta y práctica: ¿Qué cantidad necesitamos ingerir y cómo podemos alcanzarla en situaciones reales de montaña?

¿CUÁNTOS HIDRATOS NECESITAMOS? ENTRE LA RECOMENDACIÓN Y LA REALIDAD

Las recomendaciones actuales en deportes de resistencia han evolucionado de forma significativa en los últimos años. Durante mucho tiempo se habló de 30-60 g de hidratos de carbono por hora como referencia general. Hoy sabemos que esa cifra puede quedarse corta en esfuerzos exigentes.

El American College of Sports Medicine y el International Olympic Committee sitúan la recomendación en torno a 30-60 g/h en ejercicios de 1–2 horas y de 60-90 g/h cuando la duración supera las 2-3 horas.

En los últimos años, investigaciones lideradas por expertos como Asker Jeukendrup han demostrado que, utilizando combinaciones de glucosa (o maltodextrina) y fructosa, la capacidad de oxidación exógena puede aumentar de forma significativa. Esto ha abierto la puerta a estrategias de 90 g/h e incluso 100-120 g/h en deportistas entrenados a nivel intestinal. La explicación es fisiológica. La glucosa utiliza el transportador intestinal SGLT1, que se satura alrededor de los 60 g/h. La fructosa emplea un transportador distinto, el GLUT5. Al combinar ambas fuentes, se optimiza la absorción y se reduce la limitación impuesta por un único sistema de transporte.

En condiciones ideales de laboratorio, alcanzar estas cifras es factible. En la realidad de la montaña, la situación cambia. Consumir 90 g de hidratos por hora puede implicar:

Tres geles estándar.

Dos geles grandes.

Una combinación de geles y barritas.

O grandes volúmenes de bebida.

Aparecen entonces varios factores limitantes:

Sensación de saturación o dulzor excesivo.

Problemas gastrointestinales.

Dificultad para masticar en frío.

Pérdida de apetito en altura.

Logística de transporte del material.

El resultado es frecuente: muchos deportistas se quedan en 40-50 g/h cuando requerirían cantidades superiores. Aquí surge una cuestión clave. La recomendación científica es clara, pero la aplicación práctica requiere estrategia. Y es en este punto donde la forma de administrar los hidratos —sólida, semisólida o líquida— adquiere un papel determinante.

HIDRATOS SÓLIDOS Y BEBIDOS: UNA ESTRATEGIA INTELIGENTE

HIDRATOS SÓLIDOS Y BEBIDOS: UNA ESTRATEGIA INTELIGENTE

Alcanzar 60, 90 o incluso más gramos de hidratos por hora exige planificación. La cuestión deja de ser únicamente cuánto ingerir y pasa a centrarse en cómo distribuir esa ingesta de forma tolerable y sostenible. En este contexto, combinar formatos se convierte en una estrategia especialmente eficaz.

Los geles ofrecen precisión y rapidez. Permiten conocer con exactitud la cantidad de hidratos ingerida en cada toma y facilitan picos de aporte energético en momentos concretos: antes de una subida larga, un cambio de ritmo o un tramo decisivo.

La bebida con carbohidratos aporta continuidad. Al ir consumiéndose de forma progresiva, facilita una entrada más constante de energía en sangre y reduce la necesidad de grandes tomas puntuales. Además, permite ajustar la concentración según la duración del esfuerzo, la temperatura o la tolerancia individual.

Desde el punto de vista gastrointestinal, esta combinación suele mejorar la tolerancia:

Se evita concentrar grandes cantidades en una sola toma.

Se reduce la sensación de dulzor excesivo.

Se facilita la digestión en situaciones de intensidad elevada.

Se adapta mejor a condiciones de frío, donde masticar o manipular envoltorios puede resultar incómodo.

En deportes como el esquí de montaña o el trail en invierno, el formato líquido presenta además ventajas logísticas claras. La hidratación forma parte del plan desde el inicio; añadir hidratos al bidón o al soft flask convierte cada sorbo en un aporte energético adicional.

La clave está en construir un sistema flexible. Por ejemplo:

Un bidón con 60 g de hidratos + un gel de 30 g: 90 g/h.

Dos bidones con 45 g cada uno: 90 g distribuidos de forma continua.

Bebida base constante + gel estratégico en momentos de mayor intensidad.

Esta estructura permite sostener aportes elevados sin depender exclusivamente de tomas puntuales concentradas.

FUENTES DE HIDRATOS: POR QUÉ IMPORTA EL TIPO Y LA PROPORCIÓN

Cuando hablamos de ingerir 60, 90 o más gramos de hidratos por hora, la cuestión no es únicamente cuantitativa. El tipo de carbohidrato y la proporción utilizada influyen directamente en la absorción, la oxidación y la tolerancia digestiva.

A nivel intestinal existen distintos transportadores. La glucosa y la maltodextrina utilizan principalmente el transportador SGLT1, cuya capacidad máxima de absorción se sitúa en torno a los 60 g/h, como ya hemos dicho. La fructosa emplea un transportador diferente, el GLUT5.

Cuando ambas fuentes se combinan, se aprovechan vías de absorción paralelas, lo que permite aumentar la cantidad total de hidratos que el organismo puede utilizar durante el ejercicio. Esta es la base fisiológica que respalda las estrategias actuales de 90 g/h o incluso superiores en deportistas entrenados a nivel intestinal.

Entre las fuentes más utilizadas encontramos:

Glucosa: absorción rápida, limitada por SGLT1.

Maltodextrina: polímero de glucosa con menor dulzor, buena tolerancia en concentraciones elevadas.

Fructosa: absorción independiente, útil en combinación para elevar la tasa total de oxidación.

Amilopectina: carbohidrato de alto peso molecular y baja osmolaridad, con vaciado gástrico eficiente.

En esta línea, algunas formulaciones priorizan combinaciones de maltodextrina y fructosa en proporciones concretas para facilitar ingestas elevadas. Un ejemplo es High Fructose Energy Drink de 226ERS, que combina maltodextrina y fructosa en proporción 10:8 y aporta 87 g de hidratos por toma (347 kcal). Esta relación permite trabajar en rangos altos de aporte horario aprovechando ambos transportadores intestinales.

Por otro lado, existen estrategias orientadas a aportar energía sin azúcares simples, utilizando fuentes como la amilopectina procedente del almidón de patata. Es el caso de 226ERS Energy Drink, que aporta aproxi madamente 45 g de hidratos por toma y que presenta dos ventajas fisiológicas relevantes:

Vaciado gástrico hasta un 80 % más rápido, gracias a su baja osmolaridad.

Recarga del glucógeno hasta un 70 % más rápida, debido a su alta disponibilidad metabólica.

FUENTES DE HIDRATOS: POR QUÉ IMPORTA EL TIPO Y LA PROPORCIÓN

Este tipo de formulación puede resultar especialmente interesante cuando se busca:

Buena tolerancia digestiva.

Fluidez en la ingesta.

Apoyo energético sostenido en esfuerzos prolongados.

Estrategias donde se prioriza estabilidad digestiva sobre concentraciones muy elevadas por hora.

CONCLUSIÓN

La elección entre una bebida con alto contenido combinado de maltodextrina + fructosa o una basada en amilopectina dependerá del contexto: duración, intensidad, objetivo de gramos/hora y tolerancia individual. Comprender la base fisiológica permite ajustar la estrategia con criterio y adaptar la ingesta a las demandas reales del esfuerzo.

Los hidratos de carbono determinan la capacidad de sostener esfuerzos prolongados y mantener la intensidad en deportes de resistencia como el esquí de montaña. La evidencia científica es clara: alcanzar las cantidades recomendadas —60-90 g/h o incluso más en esfuerzos largos— mejora el rendimiento, retrasa la fatiga y permite mantener la concentración y coordinación durante más tiempo.

Sin embargo, lograr estos objetivos en la práctica puede ser complicado. La combinación de fuentes y formatos —gel, bebida con maltodextrina y fructosa, bebida con amilopectina— ofrece una solución eficaz. Las bebidas aportan continuidad y facilidad de ingesta, mientras que los geles permiten picos estratégicos de energía cuando el esfuerzo se intensifica.

Formulaciones específicas, como High Fructose Energy Drink y Energy Drink, ilustran cómo la ciencia de los hidratos se traduce en soluciones prácticas: combinando maltodextrina y fructosa se optimiza la absorción y se pueden alcanzar rangos altos de ingesta; utilizando amilopectina se consigue energía de rápida disponibilidad con excelente tolerancia digestiva.

La clave no está solo en cuánto se ingiere, sino en cómo se distribuye y en cómo se adapta a la intensidad, la duración y las condiciones del entorno. Planificar, probar y entrenar la ingesta de carbohidratos convierte la estrategia nutricional en una herramienta tan decisiva como la técnica o la fuerza, marcando la diferencia en cada subida, cada tramo y cada kilómetro en montaña.

FIS

ANDORRA 2026

Por KisstheSnow

Durante décadas, el freeride fue una conversación al margen, un idioma hablado entre montañas, lejos de las líneas pintadas sobre el mapa y de los reglamentos cerrados, un territorio donde la creatividad, la intuición y el riesgo convivían con la cultura alpina más profunda, esa que entiende la montaña como un espacio vivo. El 3 de febrero de 2026, en Ordino Arcalís, ese lenguaje encontró por fin su página más solemne con los Allianz FIS Freeride World Championships Andorra 2026 by Mammut, los primeros Campeonatos del Mundo FIS de Freeride, en una consecuencia lógica, no un gesto improvisado, para una disciplina que, tras años de maduración en el Freeride World Tour, ha alcanzado la mayoría de edad deportiva sin renunciar a su identidad. Que ese momento fundacional se produjera en un rincón discreto de los Pirineos no fue casual. Ordino, parroquia de tradición montañesa, y Arcalís, valle orientado al norte moldeado por el viento y la nieve más que por la maquinaria, representan como pocos lugares esa cultura de montaña donde el freeride se vive con intensidad.

El Basser Negre, cara histórica y exigente, volvió a ser escenario de élite tras años de silencio competitivo. Bajo 150 centímetros de nie-

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CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA

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ve reciente y con una meteorología que obligó a la paciencia y al respeto, el freeride entró oficialmente en el relato de los grandes deportes de invierno con la sobriedad de quien sabe que la historia no necesita elevar la voz.

La jornada se fue abriendo paso entre nubes y claros, y con ella la categoría de esquí hombres. Ben Richards, neozelandés, firmó una bajada que quedará como una de las imágenes fundacionales del campeonato. Su línea combinó compromiso, fluidez y una lectura del terreno propia de quien entiende la montaña como un sistema, más allá de una sucesión de obstáculos.

Los 91,67 puntos que le otorgaron el oro premiaron la coherencia global de una bajada ejecutada sin fisuras. Richards dejó aparecer el espectáculo, sin estridencias. En un deporte donde el exceso suele castigar, su descenso fue una lección de equilibrio entre ambición y control absoluto.

Francia, omnipresente en la historia del freeride moderno, encontró en Ugo Troubat una actuación tan sólida como inesperada. Invitado de última hora, su segundo puesto recordó que en esta disciplina el talento no entiende de jerarquías cerradas. El tercer escalón del podio fue para Kai Jones, joven, brillante y heredero de una estirpe freerider que sigue ampliando horizontes.

Desde una perspectiva española, el esquí hombres dejó imágenes de enorme valor simbólico. Abel Moga eligió una de las líneas más expuestas del Basser Negre, cerrándola con un backflip que levantó al público. No fue

ESQUÍ HOMBRES: CUANDO EL RIESGO ENCUENTRA FORMA

suficiente para el podio, pero sí para reafirmar una idea de que España no está aquí como invitada, sino como parte activa del relato. Jokin Ruiz de Larramendi, duodécimo, y el propio Moga representaron una generación que compite sin complejos en la élite mundial.

ESQUÍ MUJERES: LA MONTAÑA IMPONE SU LEY

La categoría femenina de esquí recordó algo esencial: por mucho que la competición avance, la montaña siempre tiene la última palabra. La visibilidad obligó a detener la prueba cuando ya se había superado el umbral reglamentario, y los resultados fueron validados bajo un cielo que no concedía treguas.

En ese contexto, la victoria de Zuzanna Witych tuvo un peso especial. La rider polaca se proclamó campeona del mundo por su capacidad de adaptarse a unas condiciones complejas sin renunciar a una línea potente y comprometida. Representando a un país sin tradición histórica en el freeride competitivo, su triunfo amplía el mapa de la disciplina y refuerza su vocación global.

Canadá, de la mano de Justine DufourLapointe, y Estados Unidos, con Molly Armanino, completaron el podio, fieles a su herencia freerider, mientras que la española Elisabet Marina mostró destellos de gran nivel antes de que un error en la recepción penalizara su resultado. Más allá de la clasificación, su presencia confirma el crecimiento del freeride femenino en España, todavía discreto, pero cada vez más sólido.

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SNOWBOARD HOMBRES: PRECISIÓN SUIZA EN TERRENO SALVAJE

Si el freeride es interpretación, el snowboard añade una dimensión estética particular. Liam Rivera encarnó esa síntesis con una bajada que combinó limpieza, control y una ejecución técnica sin concesiones. El rider suizo protagonizó una línea salpicada de secciones rocosas y cerrada con un doble perfectamente ejecutado que le otorgó el honor de convertirse en el primer campeón del mundo FIS de snowboard freeride.

Victor de Le Rue, referencia absoluta del snowboard fuera de pista, firmó una actuación que rozó la perfección, pero el francés quedó ligeramente por detrás de Rivera en puntuación. El duelo entre ambos simboliza el estado actual de la disciplina: máxima exigencia, márgenes mínimos, lectura precisa del terreno. El estadounidense Michael Mawn completó el podio con 69 puntos, fiel a su estilo depurado demostrando un control de tabla que justificó su regreso puntual a la competición.

Especial mención merece Pol Sabidó. El rider catalán estaba construyendo una bajada de podio, fluida, creativa, conectando saltos y rotaciones con naturalidad, hasta que una caída en la recepción de un salto menor truncó sus opciones. Su quinto puesto no nos sabe a poco y su actuación confirma que el snowboard español compite de tú a tú con los mejores del mundo.

SNOWBOARD FEMENINO: EE.UU. REINÓ Y ESPAÑA BRILLÓ CON LUZ PROPIA

Mia Jones llegó a Ordino Arcalís como líder del ranking del Freeride World Tour en su temporada debut. Su descenso confirmó que no hay casualidades en las alturas. Se lanzó por la sección superior más empinada con una decisión que desafiaba los nervios de cualquier debutante en un Mundial. La velocidad, el control, la lectura del terreno… Todo convergió en una actuación valorada en 84 puntos que le dio el oro. Estados Unidos celebró con euforia, aunque Jones lo hiciera con la humildad de quien entiende la verdadera dimensión de la montaña.

La francesa Noémie Equy se acercó peligrosamente a Jones anotándose la plata con 81,33 puntos y una línea agresiva que mantuvo la tensión hasta el último momento. Pero la verdadera historia para España la escribió Núria Castán Barón con 79 puntos en su tarjeta y un tercer puesto que vale mucho más que el bronce que colgó de su cuello. Porque Núria, más allá de ser una atleta en la élite mundial del freeride, es una pionera que lleva años marcados por la resiliencia y la pasión mientras pelea por llevar el freeride español adonde nunca ha llegado.

MÁS QUE UN CAMPEONATO

Al caer el sol sobre el Basser Negre, la sensación general no era de cierre, sino de apertura. Los Allianz FIS Freeride World Championships Andorra 2026 by Mammut han sido el éxito de una visión. Francia se alzó como la mejor nación en el medallero colectivo, aunque el verdadero vencedor fue el deporte en su conjunto.

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La integración del freeride bajo el paraguas de la FIS ha sido un proceso delicado, un equilibrio entre la necesidad de estructura y el deseo de conservar la esencia indomable de la montaña. Ordino Arcalís ha demostrado ser el puente perfecto. En este enclave andorrano, donde el respeto por la naturaleza convive con la excelencia organizativa, el freeride ha demostrado que está listo para el siguiente gran desafío.

Mientras los atletas compartían abrazos al pie de la montaña, la idea de los Juegos Olímpicos flotaba en el aire gélido. Lo que ayer parecía un sueño rebelde de unos pocos "locos" por la nieve virgen, hoy, tras el éxito rotundo de Andorra, se perfila como una realidad inevitable. El freeride posee todo lo que el movimiento olímpico anhela para el siglo XXI: espectacularidad, conexión genuina con la juventud y una narrativa visual sin parangón.

Si el destino del esquí es evolucionar hacia su expresión más pura y creativa, Ordino ha sido el faro que ha marcado el camino. Algún día, cuando veamos a un rider colgarse un oro bajo los cinco anillos, recordaremos aquel 3 de febrero de 2026 en el que, en el corazón de los Pirineos, el mundo entendió que la libertad también puede ser la más noble de las disciplinas olímpicas. El capítulo histórico se ha escrito en la nieve de Arcalís; y lo que viene después, sólo el viento de las cumbres lo sabe.

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BAQUEIRA BERET | FWT 2026

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BAQUEIRA BERET | FWT 2026

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JUEGOS OLÍMPICOS DE

Texto por KisstheSnow

Existen instantes suspendidos en el tiempo que concentran años enteros de vida. Fechas que no quedan marcadas en rojo, sino en blanco. Blanco de nieve, blanco de silencio antes de la salida, blanco de respiración condensada en el aire frío. Los Juegos Olímpicos no son una competición más. Son, ante todo, una promesa que un deportista se hace a sí mismo en algún momento de su infancia, cuando la nieve aún huele a aventura y los esquís parecen alas. Una promesa que comienza a vislumbrarse años antes, en madrugadas anónimas, en gimnasios casi vacíos, en glaciares donde el viento muerde la piel y el cronómetro no tiene compasión. Son el territorio donde el talento se mide con el tiempo, pero también con la resistencia íntima de quien decide seguir creyendo cuando nadie mira.

Por eso, cuando se apagan los focos y el ruido se disuelve en la noche alpina, lo que permanece no es únicamente una clasificación en la hoja oficial, sino la certeza de haber atravesado el fuego más exigente del deporte sin apartar la mirada. También, la memoria de una salida limpia, de una curva trazada al límite, de un gesto técnico entregado con el último aliento. Y permanece, sobre todo, la convicción de que el viaje —con sus dudas, sus renuncias y sus cicatrices— ha valido cada paso sobre la nieve.

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 han sido para los nueve atletas de la Real Federación Española de Deportes de Invierno algo más que un destino competitivo. Han supuesto el espejo donde comprobar quiénes eran después de años de trabajo paciente. Porque el éxito olímpico no se mide exclusivamente en medallas. A veces se hace con la capacidad de resistir una tormenta, de levantarse tras una caída, de firmar el mejor resultado de una carrera que empezó siendo un sueño improbable. Y, en ocasiones, con el simple hecho de estar ahí, en la línea de salida, con los cinco aros grabados en el corazón y la certeza de que se pertenece a algo más grande que uno mismo.

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Para Quim Salarich, el escenario olímpico no era una novedad tras sus participaciones en Pyeongchang 2018 y Beijing 2022. El eslalon masculino amaneció con una nevada tan intensa que más de la mitad del pelotón quedó fuera ya en la primera manga. En ese caos blanco, Salarich hizo lo que hacen los corredores maduros: resistir. Fue 21º en la bajada inicial, leyendo mejor que muchos la pista traicionera, y en la segunda manga encontró una claridad inesperada. Remontó hasta la 19ª posición y, en los sectores finales, marcó el cuarto mejor tiempo parcial. No hubo podio, pero sí redención. No hubo diploma, pero sí la certeza de haber competido como quien ya no necesita demostrar a nadie, salvo a sí mismo, que está preparado para cualquier tormenta.

En el eslalon femenino, Arrieta Rodríguez representó la audacia de los comienzos. Con dorsal 47, sin experiencia previa en pistas de Copa del Mundo, bajó con la determinación de quien no quiere ser figurante. Remontó posiciones en la primera manga y cerró su estreno olímpico en la 33ª plaza. Puede parecer un número frío, pero detrás queda que fue capaz de mantener la compostura en el escenario más exigente del planeta. A sus 23 años, dejó la señal inequívoca de que el alpino español femenino compite ya para crecer.

CORAZONES AL LÍMITE: LA RESISTENCIA DEL FONDO

El esquí de fondo español vivió en Italia uno de esos momentos que cambian la percepción de un deporte entero. El equipo de sprint de estilo libre reunió a Jaume Pueyo y Marc Colell en una sincronía casi perfecta. En la clasificatoria,

LA NIEVE IMPREVISIBLE DEL ALPINO
ARRIETA
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ARRIETA

firmaron un histórico quinto puesto. Pueyo marcó el segundo mejor tiempo global, solo superado por el mito noruego Johannes Klæbo. Durante tres relevos en la final, España soñó con el diploma. El desgaste, inevitable en un deporte que no concede treguas, los relegó finalmente al 15º lugar.

Sin embargo, el número final no explica la magnitud del salto. Durante varios minutos, el fondo español se sintió parte de la conversación de los gigantes nórdicos. Y eso no se improvisa. Es fruto de años de profesionalización, de entrenamientos en condiciones extremas, de una generación que ya no compite con complejos.

En el sprint clásico individual, Bernat Sellés logró colarse entre los 30 mejores y alcanzar los cuartos de final. Cuartofinalista olímpico. La expresión suena contundente, y lo es. En una disciplina donde cada centésima decide destinos, Sellés confirmó que el fondo español es hoy día un proyecto sólido alejado de excepciones exóticas.

EL VÉRTIGO DEL SNOWBOARD

En snowboardcross, la épica suele escribirse en décimas de segundo y contactos al límite. Lucas Eguibar, cuatro veces olímpico, llegó a Italia con la ambición transparente de quien ya ha ganado un Globo de Cristal y un Mundial, y persigue la única medalla que falta en su vitrina. Fue noveno. El dato es honorable; la historia, amarga. En cuartos de final, cuando luchaba por el pase a semifinales, fue derribado por un rival estadounidense posteriormente descalificado. La norma hizo justicia en el papel, pero no le devolvió la carrera.

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© ALVARO ROMERO & LUCAS EGUIBARCOMITÉ OLÍMPICO ESPAÑOL NACHO CASARES

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Aun así, Eguibar volvió a demostrar que pertenece a la élite. Su presencia constante en finales olímpicas, su regularidad en la clasificación y su capacidad para mantenerse competitivo a los 31 años hablan de una trayectoria que ya forma parte de la historia del snowboard español.

A su lado, Álvaro Romero vivió su bautismo olímpico con un 23º puesto. Compartió serie con su compatriota y quedó a un paso de avanzar. No hubo sorpresa mayúscula, pero sí aprendizaje acelerado. En el snowboardcross, donde la experiencia es oro, cada manga disputada en unos Juegos es un capital de futuro.

La juventud también tuvo nombre propio en Slopestyle y Big Air. Nora Cornell fue la primera española en competir en estos Juegos. En Big Air terminó 26ª tras planchar dos saltos de alto nivel y fallar el tercero, el que podía haberla catapultado a la final. En Slopestyle mejoró hasta la 19ª posición, adaptando su ronda tras entrenamientos complicados. Su actuación no fue un destello aislado y viene a confirmar que España tiene relevo en disciplinas donde la creatividad y el riesgo marcan la diferencia.

Y luego está la figura de Queralt Castellet, la mujer que ha atravesado seis ciclos olímpicos sosteniendo el peso simbólico del snowboard nacional. Medalla de plata en Beijing 2022, rozó el diploma con un 10º puesto en halfpipe. Las condiciones de visibilidad y nieve complicaron sus rondas. En el último intento, cuando la puntuación proyectada la situaba en los puestos que dan acceso a la gloria, las medallas y los reconocimientos, una caída en la recepción del truco final apagó el sueño. Pero no su legado.

EL ECO DE LA MONTAÑA

En la recta final de los Juegos, los atletas de la RFEDI vibraron como aficionados e integrantes del equipo nacional con la irrupción del esquí de montaña, disciplina debutante en el programa olímpico. Allí, aunque bajo el paraguas de la federación de montaña, dos nombres escribieron páginas imborrables para el deporte español.

Ana Alonso conquistó el bronce en el Sprint femenino apenas cuatro meses después de una grave lesión de ligamento cruzado. Su medalla fue la primera de la delegación española en MilánCortina y simbolizó algo más que un tercer puesto. Fue la victoria sobre la duda, sobre la rehabilitación interminable, sobre el miedo a no llegar a tiempo.

Poco después, Oriol Cardona se proclamó campeón olímpico en el Sprint individual en el Stelvio Ski Centre, devolviendo a España a lo más alto de un podio invernal más de medio siglo después. La montaña, convertida en estadio olímpico, reconocía así a un especialista que llevaba años dominando el circuito internacional.

Tras sus éxitos individuales, dos días después, la granadina y el de Banyoles, unieron fuerzas en el Relevo mixto y sumaron un nuevo bronce, completando la mejor actuación española en unos Juegos de Invierno.

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MÁS ALLÁ DE LOS NÚMEROS

Si uno se limita a la tabla de resultados, encontrará una 19ª plaza, un 15º puesto, un 10º lugar, varios debuts y ninguna medalla para la RFEDI. Pero si observa con la mirada amplia que exige el espíritu olímpico, descubrirá otra narrativa: la de una generación que ha competido sin complejos, que ha rozado finales, que ha firmado parciales de élite, que ha resistido condiciones extremas y que ha mostrado profundidad en disciplinas históricamente minoritarias en España.

Milán-Cortina no fue una explosión aislada, sino la confirmación de una tendencia. El alpino ha ganado consistencia. El fondo ha demostrado que puede codearse con los mejores durante tramos decisivos. El snowboard mantiene referentes consolidados y jóvenes con ambición. Y, sobre todo, el equipo ha competido con una identidad reconocible: técnica, valentía y serenidad.

Los Juegos Olímpicos son, en esencia, un rito de paso. Para algunos, significan la despedida; para otros, el inicio de algo mayor; para todos, una cicatriz luminosa que acompaña el resto de la carrera. En Italia, los atletas de la RFEDI aprendieron a estar en la conversación global, más allá de competir.

Cuando la llama olímpica se apagó en los Alpes italianos, quedó la certeza de que el deporte español de invierno ha dejado de ser una nota al margen. Las tres medallas históricas de la delegación ampliaron el horizonte colectivo. Y para los nueve representantes de la RFEDI, la experiencia acumulada es una inversión que empieza a madurar.

El próximo capítulo se escribirá en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030, en los Alpes franceses. Allí llegarán algu-

nos de los protagonistas de hoy con más kilómetros, más cicatrices y más convicción. También otros que ahora entrenan en silencio, soñando con ese escenario. Porque, al final, los Juegos no son sólo un resultado. Son la decisión de volver a empezar el lunes siguiente. De aceptar que el éxito olímpico no siempre brilla en oro, aunque siempre deja huella. Y en Milán-Cortina, la huella española quedó marcada con firmeza sobre la nieve.

LUCAS
CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA

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