Kissthesnow. Capítulo #03. Temporada 08. Luz Latente

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CAPÍTULO #03. LUZ LATENTE

MARCAMOS LA LÍNEA CONTRA EL FRÍO

CAPÍTULO #03. LUZ LATENTE

TEMPORADA 08

Este invierno no ha llegado con cautela. Ha irrumpido de golpe, cubriendo las montañas con una intensidad que hacía tiempo que no se veía. La nieve ha caído con decisión, transformando el paisaje en pocos días y devolviendo a las cumbres un espesor y una continuidad casi olvidados. Todo está blanco, lleno, afirmado. Y, sin embargo, incluso en esta abundancia, hay una luz que no se precipita, una luz que permanece latente.

Tras el impacto inicial, el invierno entra en otra fase. La luz, más baja y precisa, recorre las laderas marcando contrastes nítidos, revelando detalles que sólo aparecen cuando el terreno está cubierto y el frío se estabiliza. En este punto de la temporada, todo contiene una posibilidad. Las líneas existen antes de ser trazadas, los descensos se imaginan antes de ejecutarse. La energía está ahí, concentrada bajo la superficie, esperando el momento adecuado: latencia.

Por eso Luz Latente nombra este nuevo capítulo de Kissthesnow. Porque habla de un invierno que ya se ha mostrado en toda su fuerza y que, precisamente por ello, exige pausa, lectura y precisión. Entre la montaña cargada y el deportista expectante se crea un espacio de tensión silenciosa donde todo puede suceder. Este número habita ahí, en ese equilibrio frágil entre potencia y decisión, donde la luz no estalla, pero lo ilumina todo.

¡Buena travesía!

EQUIPOS ORIOL, MARIA & OT | MILÁN CORTINA 2026. LOS NUESTROS DE DYNAFIT. 32

TERRITORIOS | ESQUÍ EL PIRINEO DE LLEIDA. INVIERNO CON TODOS LOS SENTIDOS.

48

SCOTT Y EL FREERIDE VERONICA PAULSEN. DOUBLE OR NOTHING.

60

FISIOLOGÍA Y NUTRICIÓN BY 226ERS WHEY PROTEIN. EL TRABAJO MUSCULAR SILENCIOSO.

CHARLAS EN LA CIMA

66 AXEL DEDIEU & HUGO SOLORZANO. NUEVAS GENERACIONES DEL FREERIDE.

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FREERIDE WORLD TOUR

126 BAQUEIRA BERET | FWT 2026. CUANDO LA MONTAÑA SE CONVIERTE EN ARTE.

ESPORTIVA AKSA ALPINA. CEVEDALE 35.

FOTOGRAFÍA DE PORTADA

Jack Kolesch © FWT | Jeremy Bernard Capítulo #03. Temporada 08 Luz Latente. Enero 2026

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Archivo Dynafit

Archivo Pierra Menta

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MOUNTAIN CULTURE

EN APENAS UNAS

unas semanas, los focos del esquí de montaña mundial apuntarán hacia Milano-Cortina d’Ampezzo 2026, donde, en esta modalidad, nuestro país contará con cuatro representantes que configuran una generación experimentada y prometedora a la vez: Ana Alonso, Oriol Cardona, Maria Costa y Ot Ferrer. En el próximo número de Kissthesnow, trataremos la figura de la esquiadora granadina; en este, nos centraremos en los tres últimos quienes forman parte del equipo DYNAFIT, la marca que ha acompañado sus carreras desde diferentes etapas. Cada uno llega con una historia distinta, pero con un mismo horizonte: convertir la pasión por la montaña en un resultado histórico en los primeros Juegos Olímpicos que incluyen las modalidades Sprint y Relevos Mixtos.

Para Oriol Cardona, la clasificación era casi un paso natural. Campeón del mundo de Sprint en 2023 y 2025 y vencedor de la general de la Copa del Mundo de la pasada temporada, Cardona llega a la cita con una trayectoria marcada por la constancia, la madurez y una experiencia que le permite encarar la alta competición con tranquilidad y confianza. Hace unos meses hablábamos con él para que nos contase cómo lleva su preparación en esta especial entrevista

En cambio, la historia de Maria Costa y Ot Ferrer emociona y sorprende por la determinación con la que han perseguido un sueño que en su momento parecía lejano. Ambos formaron parte de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Lausanne 2020, donde Maria conquistó un oro en Sprint y un bronce en Relevos Mixtos, y Ot se colgó dos bronces, también en Sprint y Relevos Mixtos. Desde entonces, su evolución ha sido constante, pasando de promesas jóvenes a competidores de élite en categoría sénior, enfrentándose a los y las mejores del mundo.

Para estos jóvenes, la clasificación para Milano-Cortina d’Ampezzo supone la culminación de años de sacrificio, entrenamiento y paciencia, de horas interminables sobre esquís y en concentraciones de altura, y de un aprendizaje constante junto a entrenadores y compañeros. El sueño olímpico, que un día comenzó como una meta lejana y casi intangible, hoy está al alcance de sus manos, y el mundo los verá luchar por hacerlo realidad.

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COSTA: EL PODER DE LOS SUEÑOS

La trayectoria de Maria Costa desde aquellos exitosos Juegos Olímpicos de la Juventud en Lausanne 2020 ha vivido grandes momentos y otros que seguro que le han generado dudas. Pasar de promesa juvenil a competidora sénior en el esquí de montaña no es sencillo, y menos aún enfrentarse a las mejores del mundo. Sin embargo, su ambición y constancia la han llevado a pelear y conseguir algo que un día parecía lejano: una plaza para Milano-Cortina d’Ampezzo 2026. En una charla que manteníamos con ella en noviembre de 2024 nos decía:

“El objetivo es clasificarse para Milano-Cortina d’Ampezo, aunque luego puedan pasar mil cosas. Me gusta ponerme retos que son difíciles de conseguir. Es como cuando me propuse hacer medalla en Lausanne. Era muy complicado, pero lo logré. También podría haber pasado que me hubiera caído o que ese día no hubiese estado bien. Hoy en día, tal y como estaban las cosas en la temporada pasada, no soy favorita para ir. Tampoco está claro si tendremos una o dos plazas. Marta García y Ana Alonso son las mejores posicionadas, pero por detrás venimos apretando otras chicas. La verdad es que sólo intentar lucharlo es bueno y está muy bien”.

Estas palabras muestran que para Maria el sueño olímpico no era sólo una meta deportiva, sino una motivación que guiaba cada entrenamiento, cada concentración y cada competición. Hace unos días, tras conseguir

MARIA

su plaza en la primera prueba de la Copa del Mundo celebrada en Estados Unidos, hablábamos con ella quien profundizaba en esta filosofía y confirmaba que aquello que nos decía un año antes no eran meras palabras:

“Pues sí, como dices, soñar es muy importante. Para que las cosas sucedan, primero hay que soñarlas. Tienes que imaginártelo y visualizarlo, y luego ver cómo puedes ir a por ello. Cuando acabé la temporada, sabía que la cosa estaba muy complicada y que era un objetivo muy ambicioso. En la cabeza de muchos podía parecer algo como: ‘¿qué se está planteando esta niña?’ Pero para mí fue: venga, vamos a apuntar esta temporada los puntos que he aprendido, qué he hecho mal, qué puedo mejorar y cómo puedo conseguir la plaza”.

Con estas palabras, Maria demuestra que su fortaleza no radica únicamente en la técnica o la preparación física, sino en la capacidad de soñar y transformar ese sueño en un plan concreto y alcanzable. Cada carrera y cada entrenamiento desde entonces han sido pasos hacia su gran objetivo: competir entre las mejores del mundo en la cita olímpica. Maria demuestra que soñar es el primer paso para alcanzar lo imposible.

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OT FERRER. LA GESTIÓN DE LA PRESIÓN

Ot Ferrer, bronce en Sprint y Relevos Mixtos en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lausanne 2020, ha vivido en los últimos años un tránsito intenso desde joven promesa a competidor sénior. Su paso a la élite del esquí de montaña le ha exigido alcanzar un compromiso con el deporte que quizás de joven uno no se plantea. Su ambición olímpica le ha obligado a crecer en todos los aspectos, y su habilidad para manejar la tensión se ha convertido en uno de sus mayores activos. En una charla mantenida con él en enero de 2025, justo hace un año nos decía:

“He entrenado muy fuerte y he mejorado muchos aspectos a nivel nutricional y mental. He dado un gran paso para profesionalizarme y esto se ha notado bastante. A nivel de equipo, en las concentraciones de pretemporada, hemos trabajado muy bien y se han hecho muchas cosas buenas. Todos estos factores me han permitido dar ese paso. Lo cierto es que por el momento tengo la suerte de ser de los más jóvenes del equipo y esto implica que seguro que tendré más oportunidades. Si no voy en 2026, puede que salga en 2030. Tengo esa bala en la recámara, por decirlo de alguna manera. Eso hace que me quite presión. Sigo alegrándome por los resultados de Oriol Cardona e Iñigo Martínez”.

Sin embargo, el saberse tan cerca de lograr el objetivo de todo deportista hizo que esta presión que trataba de quitarse aflorase con fuerza en las semanas anteriores a la cita de

Estados Unidos donde se jugaba su clasificación:

“Primero de todo, decir que cuando empezaba la temporada pasada, cuando hablamos, justo después de conseguir mi primer podio en Copa del Mundo, todo estaba empezando. Estaba yendo muy bien y los Juegos Olímpicos aún quedaban lejos. Sin embargo, a medida que pasaba la temporada y el objetivo se acercaba, empezaba a sentir la presión del trabajo, del esfuerzo y de los resultados, porque no quería que todo fuera en vano. Pero incluso entonces, sabía que, si no conseguía ir en 2026, tendría otra oportunidad en 2030. Así que la presión subía, pero la manejaba justo para empujarme y no perder de vista el objetivo, buscando rematarlo cuando la oportunidad fuera real”.

Estas palabras muestran la madurez de Ot: supo quitarse la presión inicial al entender que su juventud le daba margen de maniobra y oportunidades futuras, y luego aprendió a presionarse lo justo, manteniendo el enfoque en el objetivo sin perder la calma. Su fortaleza no radica sólo en la preparación física, sino en la capacidad de gestionar emociones y mantener la concentración en momentos decisivos, algo fundamental en un deporte donde cada segundo cuenta y la tensión puede marcar la diferencia entre clasificar o quedarse fuera.

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MARIA, TIENES UN MENSAJE

Antes de cada gran objetivo, hay un momento en el que todo se resume en claridad y acción. Para Maria Costa, ese momento llegó cuando decidió poner por escrito hace unos meses todo lo que dependía de ella y estructurar su preparación para la temporada clave:

“Estudié pequeñas y grandes cosas que hacía bien o mal y que yo pensaba que podía mejorar: hacer menos viajes en coche, mejorar la recuperación, usar un dispositivo para monitorizarme durante todo el día, seguir todo el verano con mi psicóloga, encontrar una nutricionista para guiarme en las comidas... El objetivo era que no faltase nada para alcanzar mi mejor estado de forma”.

Teniendo clara esta visión, Maria compartió su plan con su entrenador, y juntos ajustaron estrategias y pusieron fechas concretas para cada fase del año:

“Mi entrenador ya tenía muy claro cómo iba a estructurar todo el año hasta el 7 de diciembre, que era cuando nos lo jugábamos todo. Y nos pusimos manos a la obra”.

A partir de ahí, comenzó a conformar un equipo alineado y completo: la nutricionista Anna Grifols, la psicóloga Élodie Varraine, el entrenador Marc Pinsach y Aribau Portillo en el gimnasio. Cada pieza encajaba, cada área estaba cubierta, y el objetivo estaba bien definido: la clasificación para los Juegos Olímpicos 2026.

TORROSELLES

Fue entonces, cuando ya tenía avanzada toda esta preparación, cuando llegó un mensaje especial de Víctor Küppers, por encargo de su familia, que le ayudó a dar un paso más allá. En él, le decía que primero hiciera como si todo dependiera de ella, para luego, una vez hecho esto, confiar en que el resto depende de algo externo, de dios o de una energía. Estas palabras reforzaron su confianza y le recordaron que había equilibrado disciplina y fe, control y entrega.

Para Maria, el éxito no es casualidad ni sólo talento, sino la combinación de planificación meticulosa, disciplina diaria y la confianza en algo más grande, un equilibrio entre lo que depende de uno mismo y lo que queda fuera de nuestro control. Con esta estrategia, Maria transformó un sueño lejano en un plan tangible, listo para ser ejecutado.

¿Y AHORA QUÉ?

Cuando les pregunté a Maria y a Ot qué esperaban de su cita olímpica, les recordé que muchos podrían pensar que el simple hecho de estar en unos Juegos ya sería suficiente, pero que intuía que en su caso no era así. Ot Ferrer no dudó en responder con la ambición que le caracteriza:

“Imagino que por lo que hemos hablado ya podrás imaginar mi respuesta. Soy muy ambicioso y mi objetivo claro en los Juegos es ir a ganar. Simplemente. Aquí está la oportunidad de intentarlo y, aunque es complicado, no me veo lejos de conseguirlo. El objetivo principal es ir a por la victoria y el oro. Si sale una medalla también sería un súper buen resultado, pero la meta es ganar y hacerlo lo mejor posible. Este año tengo un poco a favor estar ‘a la sombra’, con menos presión, y quiero aprovecharlo al máximo. Y si no, siempre tendré la oportunidad en 2030 para seguir luchando por ese oro”.

Maria Costa, en cambio, no llegó a responder. Probablemente, estaba concentrada en la segunda prueba de la Copa del Mundo en

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Courchevel, aferrada a su plan, a su equipo y a cada pequeño detalle que la acercaba a su sueño olímpico. Su silencio, más que una ausencia, es una muestra de compromiso y determinación, de alguien que prefiere trabajar sin hacer ruido mientras construye su propio camino hacia la meta.

Así, mientras Ot verbaliza sus ambiciones con claridad y fuerza, Maria sigue haciendo que sus sueños cobren realidad a través de cada acción, cada entrenamiento y cada decisión, recordándonos que el éxito llega tanto a los que planifican como a los que actúan con pasión y constancia.

EL PIRINEO DE LLEIDA

INVIERNO CON TODOS LOS

SENTIDOS

AMANECER

El día despierta despacio en el Pirineo de Lleida. El frío es limpio, casi estimulante, y la luz empieza a dibujar las crestas de las montañas mientras los primeros esquiadores ajustan botas y cierres. Hay algo especial en esos minutos previos al primer remonte: la sensación de que el invierno aún no ha sido tocado, de que la montaña se ofrece entera, sin ruido, sin prisas. Aquí, cada jornada empieza con una promesa distinta.

Lleida es uno de los grandes territorios de nieve del sur de Europa. 11 estaciones de esquí —cinco de alpino y seis de nórdico, una de ellas combinando ambas modalidades— configuran la mayor área esquiable de Cataluña, con más de 500 kilómetros de pistas. Pero el invierno de Lleida no se mide únicamente en cifras, sino en la diversidad de paisajes, en la forma de deslizarse, en el ritmo que cada valle imprime a la experiencia.

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MAÑANA

¿Cómo quieres vivir la nieve? En Lleida no hay una única respuesta. Algunos días piden amplitud, fluidez y desnivel; otros invitan al recogimiento del bosque y al sonido suave de los esquís sobre la pista.

Baqueira Beret es, desde hace años, un referente europeo de distintas disciplinas del esquí. Sus pistas se extienden entre la Val d’Aran y las Valls d’Àneu, con una orientación atlántica que garantiza unas condiciones de nieve excepcionales. Aquí, el esquí se combina con una potente oferta gastronómica, espacios de après-ski y una relación muy estrecha con el entorno, donde la sostenibilidad y la conservación forman parte del día a día. Ese compromiso con la montaña se refleja también en su vertiente deportiva: desde hace años, la estación es sede de una de las pruebas del Freeride World Tour, que esta temporada se celebraba hace unos días, del 16 al 21 de enero, situando sus laderas en el epicentro mundial del esquí fuera de pista. Competiciones internacionales y una infraestructura de primer nivel completan una experiencia pensada para quienes buscan esquiar sin límites.

Un poco más al sur, Boí Taüll se alza como el techo del Pirineo catalán, seduciendo a los amantes de la altura y la nieve. Este invierno suma nuevas propuestas, como una tirolina que añade un punto de adrenalina, sin renunciar a su esencia: esquí alpino, circuitos de freeride, esquí de travesía y la singular convivencia con el románico de la Vall de Boí, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. En los últimos años, Boí Taüll se ha consolidado también como referente internacional en pruebas de la Copa del Mundo de Esquí de Montaña de la ISMF - International Ski Mountaineering Federation. Esta temporada, sin ir más lejos, acogerá las últimas pruebas de Sprint y Relevos Mixtos previas a los Juegos Olímpicos de Milano – Cortina d’Ampezzo, durante los próximos 31 de enero y 1 de febrero, reforzando su posición en el calendario deportivo global.

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En el Pallars Sobirà, el invierno se vive con otra cadencia. Espot y Port Ainé representan una forma de entender la montaña donde la experiencia pesa tanto como la pendiente. En Port Ainé, la nieve suele aguantar cuando otras estaciones ya miran el calendario, y la jornada puede alargarse más allá del último remonte, subiendo en retrac hasta el pico del Orri para ver cómo el sol se apaga sobre el Pirineo o adentrándose con raquetas en los bosques que marcan el límite del Parque Natural del Alt Pirineu. Espot, en cambio, invita a mirar más allá de las pistas, ya que es la puerta natural al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y el punto de partida de itinerarios que conectan el esquí con el alpinismo y la alta montaña, en un entorno que ha dado proyección internacional a este rincón del Pirineo.

Port del Comte, en el Solsonès, propone un invierno que se alarga más allá de las pistas. Es una estación pensada para quienes se inician, para quienes vuelven a disfrutar del esquí sin prisas y para familias que buscan comodidad y cercanía. A su alrededor, campings y bungalows con calefacción permiten vivir la montaña a pie de bosque, mientras los jardines de nieve, las guarderías y las actividades dirigidas convierten la jornada en una experiencia compartida, dentro y fuera de los esquís. Todo en Port del Comte invita a quedarse, a repetir y a entender el invierno como un espacio amable y accesible.

Junto a ellas, las estaciones de esquí nórdico —Aransa, Lles de Cerdanya, Sant Joan de l’Erm, Tavascan, Tuixent-la Vansa y Virós-Vallferrera— dibujan otro mapa del invierno: el del silencio, el bosque y el ritmo pausado. Repartidas por la Cerdanya, el Alt Urgell y el Pallars Sobirà, sus circuitos entre pinos negros, abetos y abedules invitan a disfrutar de la nieve a otro ritmo, más tranquilo y consciente. Además, estas estaciones lideran un modelo de turismo responsable a través del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino Tot Nòrdic, impulsado con fondos Next Generation, que promueve la gestión ambiental, la innovación y la apertura de experiencias durante todo el año, consolidando la conexión con la naturaleza como eje central de cada visita.

MEDIODÍA

Después de las primeras bajadas, el invierno se sienta a la mesa. En Lleida, la gastronomía es una prolongación del paisaje. Cada plato cuenta una historia, cada sabor habla del bosque, del río y del valle que lo rodea. La cocina de montaña reconforta y acompaña la jornada en la nieve: carnes de ternera de raza parda, embutidos tradicionales como la girella, quesos artesanos y setas cuando la temporada lo permite.

En Lleida, los productos locales completan la experiencia: el aceite de oliva virgen extra DOP Garrigues, con su aroma intenso y afrutado, transforma cada bocado en cultura líquida; el turrón de Agramunt, crujiente y dulce, recuerda las raíces de la tradición familiar; y los vinos de la DO Costers del Segre invitan a maridar los platos con la personalidad de los viñedos de Lleida. Para quienes quieren vivir la gastronomía de manera más directa, el proyecto “Oleoturismo de Lleida. El sabor de la tierra” agrupa 46 experiencias que permiten degustar la tradición milenaria del aceite, con visitas a campos de olivos y museos locales que explican cómo el territorio cultiva su esencia. Gestionadas por 28 empresas y entidades de Les Garrigues, el Segrià, el Urgell y la Noguera —junto a restaurantes con el distintivo Virgen Extra—, estas propuestas revalorizan un patrimonio líquido único.

No se trata únicamente de comer. Son momentos para recargar energía, reunirse y conectar con el entorno, mientras las vistas de los valles nevados y los picos circundantes siguen acompañando al visitante. Comer a la perfección forma parte de la experiencia de esquiar bien, y en Lleida cada bocado deja el recuerdo de un invierno auténtico, ligado a la tierra y a sus gentes.

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TARDE

El invierno en Lleida no entiende de barreras. Cuando el sol empieza a bajar, la nieve se abre a otras maneras de disfrutarla. Familias, debutantes y personas con diversidad funcional encuentran en las estaciones programas de deporte adaptado, equipamientos específicos y monitores especializados. Raquetas, paseos guiados, actividades de bienestar y propuestas educativas permiten descubrir la montaña desde otro lugar, más cercano y humano. Aquí, la aventura blanca es realmente para todos.

CUANDO CAE EL SOL

El día se apaga lentamente sobre los valles y pueblos del Pirineo de Lleida, mientras la luz dorada recorre tejados de piedra y picos nevados. Es el momento perfecto para dejar las pistas y adentrarse en otro tipo de aventuras, las que se viven entre muros centenarios, plazas tranquilas y salas que conservan la memoria de generaciones. El patrimonio monumental y museístico de Lleida abre una puerta al pasado y a la creatividad local: iglesias románicas, castillos medievales, museos de arte contemporáneo y centros de interpretación que explican la historia de la región y su estrecha relación con la montaña.

Entre ellos, espacios singulares invitan a detenerse y explorar: el conjunto románico de la Vall de Boí, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000, es único en el mundo, mientras que el Ecomuseo de Les Valls d’Àneu, el Musèu dera Nhèu o el Ecomuseu Çò de Joanchiquet de Vilamòs permiten comprender la vida cotidiana y las tradiciones del Pirineo. Pasear por estos rincones, detenerse ante un fresco, descubrir un objeto o conversar con los artesanos locales, ofrece una experiencia que complementa la naturaleza, demostrando que en Lleida la cultura y el paisaje invernal son inseparables.

Los senderos urbanos y rurales, los talleres artesanos y las pequeñas exposiciones locales transforman la tarde en un viaje sensorial y pausado, en el que cada detalle del patrimonio se percibe con la misma intensidad que el silencio de la nieve que aún queda en las montañas cercanas.

NOCHE

Y cuando la oscuridad se instala, el invierno aún guarda una última sorpresa. Los valles se sumen en un silencio profundo, roto sólo por el crujir de la nieve bajo las botas o el susurro del viento entre los pinos. Es el momento de levantar la mirada y descubrir uno de los tesoros más singulares de Lleida: sus cielos.

El Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y el Montsec cuentan con el sello de Reserva y Destino Turístico Starlight, que certifica la calidad excepcional de sus noches. Bajo un cielo limpio y profundo, la Vía Láctea se despliega con una nitidez sorprendente, y las constelaciones parecen tocar la cima de las montañas. El Parque Astronómico del Montsec, punto de referencia mundial, ofrece actividades de divulgación y observación que permiten comprender el cosmos mientras el frío se mezcla con la inmensidad.

La noche invernal en Lleida es una experiencia sensorial completa. Caminar por senderos iluminados con discreción, escuchar el silencio absoluto del bosque, descubrir pueblos dormidos que aún conservan la calidez de las chimeneas encendidas, o participar en talleres de astronomía y observatorios, añade una dimensión íntima y única al viaje. La oscuridad se convierte en una invitación al asombro, al recogimiento y a la conexión con la naturaleza, mostrando que el invierno de Lleida se vive tanto con los pies sobre la nieve como con la mirada puesta en el cielo.

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UN INVIERNO COMPLETO

Al final, lo que permanece no son los kilómetros de pistas recorridas ni cada plato degustado, sino la sensación de haber vivido un invierno que se siente propio. En Lleida, cada valle, cada pueblo y cada experiencia invita a tomar el tiempo necesario para disfrutar, para mirar, para escuchar. La nieve cruje bajo los pies, los bosques susurran y los cielos estrellados recuerdan que, más allá de la actividad, el invierno también es pausa, asombro y conexión.

El compromiso con un turismo responsable, reconocido con el sello Biosphere Gold Destination, garantiza que cada visita cuide el territorio, su paisaje y su gente, convirtiendo la sostenibilidad en parte de la experiencia misma. Volver a Lleida es reencontrarse con un paisaje que siempre ofrece algo nuevo, con un sabor, un sonido o una vista que hace que la experiencia se renueve. Cuando se apaga la última luz del día, queda la certeza de que la montaña ha regalado un invierno auténtico, vivido a tu ritmo y a tu manera.

www.aralleida.com

PAULSEN | QUEEN OF CORBET’S

DOUBLE OR NOTHING

“Fue sólo otro momento de aprendizaje en mi carrera y mi trayectoria. El verdadero fracaso habría sido abandonar y no intentarlo nunca".

Por KisstheSnow

Veronica Paulsen, atleta de SCOTT, es una de las figuras más influyentes del freeski actual. Su nombre quedó ligado para siempre a Corbet’s Couloir cuando, en 2020, se convirtió en la primera y única mujer en aterrizar un backflip en su entrada, un hito que le valió el reconocimiento unánime de la comunidad y el título simbólico de Queen of Corbet’s.

Lejos de conformarse, Paulsen ha seguido persiguiendo un objetivo todavía mayor: convertirse en la primera mujer en realizar un doble backflip en uno de los descensos más icónicos y exigentes del esquí mundial, en Jackson Hole, Wyoming. Lo intentó por primera vez en 2023, con un único objetivo en mente, ejecutando dos rotaciones completas al lanzarse al vacío del couloir. No logró clavar el aterrizaje. En 2025, volvió a intentarlo.

El camino hacia ese objetivo —mucho más que el resultado final— es el eje sobre el que gira el vídeo documental que hoy traemos a estas páginas: Double or Nothing. Desde ya, y sin que lo consideréis un spoiler, os adelantamos que no lo consiguió. Pero el valor del intento supera, a nuestro juicio, el éxito del resultado.

VERONICA PAULSEN – QUEEN OF CORBET’S
CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA

EL ÉXITO ESTÁ EN INTENTARLO

Ser la primera persona en intentar algo significa aceptar una verdad incómoda: nadie puede garantizar que vaya a salir bien. Eso es exactamente lo que muestra Double or Nothing

El intento, como ya hemos avanzado, no termina como estaba previsto. Tras completar las dos rotaciones en el aire, la recepción no es limpia y la caída es violenta. Las imágenes muestran sin filtros la consecuencia de empujar los límites: una fractura en el esternón y un latigazo cervical que obligan a detenerlo todo. No hay épica impostada ni celebración forzada; hay silencio, dolor y la aceptación inmediata de que el precio del intento ha sido alto.

Y, sin embargo, es precisamente en ese momento cuando Paulsen se gana el respeto unánime de la comunidad del esquí. No por lo que logró, sino por lo que se atrevió a intentar. En un deporte donde la progresión siempre ha dependido de quienes están dispuestos a fallar antes que los demás, su gesto fue entendido como lo que realmente era: un paso adelante para todos.

Durante décadas, muchos deportes han avanzado porque alguien estuvo dispuesto a fallar en público, a asumir la presión de saber que todas las miradas estaban puestas en un solo intento. Paulsen reflexiona en el documental sobre esa presión constante: la autoexigencia, el ruido externo, la responsabilidad de representar algo más grande que una misma. No es únicamente un salto. Es un mensaje.

El respeto no llegó desde el resultado, sino desde la honestidad del proceso. Desde mostrar que el progreso no es una línea recta, que las caídas forman

parte del camino y que asumir el riesgo —conscientemente y con preparación— también es una forma de liderazgo. En ese sentido, el valor del intento superó con creces al del aterrizaje.

Para Paulsen, los objetivos difíciles son motores que impulsan cada día de entrenamiento y cada decisión en la montaña. Plantearse lo aparentemente imposible obliga a mejorar constantemente, a afinar técnica, a cuidar cada detalle y a entrenar con un propósito claro. Cada intento, incluso los fallidos, es una lección en sí misma. Los errores son pasos inevitables hacia el éxito.

En el freeski, este enfoque tiene un valor adicional. Abre caminos y crea referentes. Cada desafío que Paulsen afronta y cada caída que enfrenta envían un mensaje potente a otras deportistas: los límites están para cuestionarlos, y la ambición no es un riesgo, sino una herramienta para avanzar. Su filosofía es clara: “Fue sólo otro momento de aprendizaje en mi carrera y mi trayectoria. El verdadero fracaso habría sido abandonar y no intentarlo nunca”.

Lo extraordinario no reside únicamente en el aterrizaje perfecto, sino en atreverse, aprender y volver a intentarlo. Esa mentalidad transforma al individuo que la practica, y también a toda una comunidad, inspirando a superar límites que antes parecían inalcanzables.

CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA
SCOTT

EL VALOR DE INTENTARLO

Veronica Paulsen no logró aterrizar el doble backflip en Corbet’s Couloir, pero su historia demuestra que el verdadero éxito no siempre se mide en resultados visibles. Intentar lo que parece imposible, asumir el riesgo y aprender de cada caída son actitudes que construyen referentes y abren caminos, especialmente en disciplinas donde las mujeres han tenido que luchar por visibilidad y oportunidades.

Cada salto, cada error y cada vuelta al entrenamiento refuerza un mensaje fundamental: el fracaso no es caerse, sino no intentarlo nunca. En ese sentido, el valor del intento de Paulsen supera con creces cualquier aterrizaje perfecto, porque inspira a otros a desafiar límites, a aprender del camino y a perseguir objetivos que, a primera vista, parecen inalcanzables.

Su ejemplo recuerda que arriesgarse y perseverar es lo que transforma al individuo y a toda la comunidad, y que cada caída es únicamente un peldaño más hacia nuevas metas y logros.

Y ahora queda la pregunta que todos nos hacemos: ¿volverá Veronica Paulsen a intentarlo? La montaña sigue ahí y con ella la posibilidad de que lo imposible deje de serlo.

La visión definitiva nace de los pequeños detalles. Las lentes Amplifier de SCOTT filtran la luz que percibe el ojo, mejorando el contraste, la claridad y la percepción

El resultado: una visión que eleva tu rendimiento, sea cual sea el terreno.

SCOTT

Amplifier Lens Technology de SCOTT es un sistema óptico diseñado para potenciar la percepción del terreno mediante el filtrado selectivo de longitudes de onda. Al realzar de forma específica los colores que el ojo humano utiliza para distinguir formas y contrastes —especialmente en condiciones de luz plana, niebla o sombra— las lentes

AMP proporcionan una visión más nítida, detallada y estable. El resultado es una lectura del entorno más precisa, con contornos mejor definidos y menos “ruido visual”, algo especialmente valioso en disciplinas de alta velocidad como el esquí, entre otras. Visión más nítida. Reacciones más rápidas. Mejor rendimiento.

Aumento del contraste. Mayor precisión en la percepción de relieves y texturas del terreno.

Mejor definición en luz cambiante.

Reducción del “ruido visual”. Optimización de la información que entra en el ojo, permitiendo una lectura más limpia y rápida del entorno.

Colores más naturales y equilibrados sin distorsión de la escena.

Mayor seguridad y velocidad de reacción.

Rendimiento versátil. Tecnología efectiva tanto en nieve como en senderos, asfalto o pistas.

Compatible con lentes fotosensibles (Light Sensitive). Contraste mejorado y adaptación automática a la intensidad de luz.

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GEL VENTAJAS

WHEY PROTEIN

EL TRABAJO MUSCULAR SILENCIOSO

La ingesta adecuada de proteínas es un pilar fundamental en la nutrición deportiva, ya que estas desempeñan un papel clave en la reparación, el mantenimiento y la adaptación del tejido muscular al ejercicio físico. En deportes de resistencia con un elevado componente excéntrico y de fuerza, como el esquí de montaña, las demandas proteicas pueden verse incrementadas debido al alto estrés muscular, el desnivel acumulado y la duración prolongada de la actividad. Un aporte proteico adecuado contribuye a optimizar la recuperación, favorecer las adaptaciones al entrenamiento y mantener el rendimiento a lo largo de la temporada.

Desde el punto de vista nutricional, las proteínas pueden clasificarse según su origen animal o vegetal, lo que influye en su perfil de aminoácidos y en sus características digestivas. Las proteínas de origen animal, como las procedentes de la leche, el huevo o la carne, aportan de forma natural todos los aminoácidos esenciales, mientras que las proteínas de origen vegetal, como la soja, el guisante o el arroz, ofrecen perfiles complementarios que, integrados dentro de una alimentación variada, permiten cubrir eficazmente las necesidades del deportista. En este contexto, los suplementos proteicos representan una herramienta práctica para facilitar el cumplimiento de los requerimientos diarios, especialmente en situaciones de elevada carga de entrenamiento o limitaciones logísticas propias de los deportes de montaña.

Entre los distintos suplementos proteicos, el Whey Protein o proteína de suero de leche destaca por su alta calidad nutricional y su rápida absorción, y se caracteriza por su elevado contenido en aminoácidos esenciales y aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), especialmente leucina, un aminoácido clave en la síntesis de proteína muscular. En función de su grado de procesamiento, el Whey Protein puede presentarse en forma de concentrado, aislado o hidrolizado, permitiendo adaptar su elección a las necesidades individuales y a los objetivos deportivos.

WHEY PROTEIN

La Whey Protein es una proteína de alto valor biológico que se obtiene como subproducto del proceso de elaboración del queso. Durante este proceso, el suero líquido resultante es sometido a distintas técnicas de filtrado y purificación que permiten aislar y concentrar sus fracciones proteicas. El resultado es un suplemento con un elevado contenido en aminoácidos esenciales, especialmente aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), y una excelente digestibilidad. Estas características hacen de la Whey Protein una de las fuentes proteicas más utilizadas en nutrición deportiva, tanto en deportes de fuerza como de resistencia.

BENEFICIOS

DE LA WHEY PROTEIN

CAPACIDAD PARA ESTIMULAR LA SÍNTESIS DE PROTEÍNA MUSCULAR TRAS

EJERCICIO

Su alto contenido en aminoácidos esenciales y, en particular en leucina, favorece los procesos de reparación y adaptación del tejido muscular después del entrenamiento. En el contexto del esquí de montaña y otros deportes de resistencia, este efecto resulta relevante tanto para favorecer las adaptaciones al entrenamiento como para preservar la masa muscular durante periodos de alta carga física o recuperación insuficiente.

RÁPIDA DIGESTIÓN Y ABSORCIÓN

Permite una disponibilidad temprana de aminoácidos en el torrente sanguíneo. Esto convierte a la Whey Protein en una opción especialmente interesante para su consumo en el periodo posterior al ejercicio, cuando el organismo presenta una mayor sensibilidad a los nutrientes. Una ingesta adecuada en este momento puede contribuir a mejorar la recuperación y a reducir la sensación de fatiga muscular.

ESTRATEGIAS DE CONTROL DEL PESO CORPORAL

Su alto valor saciante y su elevada biodisponibilidad facilitan el mantenimiento de la masa muscular en contextos de restricción calórica, favoreciendo una reducción de la grasa corporal sin comprometer el rendimiento ni la capacidad de recuperación. Este beneficio puede resultar de interés en deportes donde la relación potencia-peso tiene un impacto directo sobre el rendimiento, como el esquí de montaña.

ALTA DISPONIBILIDAD

Una elevada proporción de los aminoácidos ingeridos es efectivamente utilizada por el organismo, lo que permite alcanzar los requerimientos proteicos diarios de forma eficiente, incluso en situaciones en las que el apetito puede verse reducido tras esfuerzos prolongados o a gran altitud, una circunstancia frecuente en deportes de montaña.

VERSATILIDAD Y FACILIDAD DE USO

Herramienta práctica para el deportista, ya que puede incorporarse fácilmente en batidos, combinada con hidratos de carbono u otros alimentos, adaptándose a distintos momentos del día y objetivos nutricionales. Esta flexibilidad facilita su integración dentro de una estrategia nutricional individualizada, sin sustituir a la alimentación habitual.

APOYO DE LA FUNCIÓN INMUNOLÓGICA

La proteína de suero contiene diversos componentes bioactivos, como inmunoglobulinas y lactoferrina, que han sido estudiados por su posible papel en el soporte de la función inmunológica. Aunque este efecto no debe considerarse aislado ni sustitutivo de una alimentación equilibrada, una ingesta proteica suficiente puede contribuir a mitigar el impacto del estrés físico acumulado asociado a entrenamientos intensos y prolongados, ayudando a mantener la salud general del deportista.

Batido de proteína concentrada de suero de leche GRASS FED de alto valor biológico, proveniente de vacas alimentadas de pasto sin uso de antibióticos ni hormonas de crecimiento, que aporta todos los aminoácidos esenciales necesarios para el crecimiento y el mantenimiento de las funciones fisiológicas. Es un producto sin gluten, bajo en grasa y en carbohidratos y que aporta más de un 75 % de proteína y menos de 1,9 g de azúcar por toma.

El beneficio de Whey Protein es que su absorción es mucho mejor y más rápida que la de proteínas comunes de otros alimentos, como la carne o el pescado, aportando todos los nutrientes que necesitan los músculos. Este tipo de proteína tan rica en aminoácidos también ayuda a conservar y/o aumentar la masa muscular y mantiene los huesos en condiciones normales.

Con aproximadamente 115 kcal por toma y 23 gramos de proteína, de los cuales un 25% son BCAA, 226ERS consigue que Whey Protein sea un batido proteico bajo en carbohidratos y azúcares.

Hugo Solorzano

KISSTHESNOW: Hola, Hugo y Axel. Antes de nada, quería felicitaros por vuestra participación en los YETI FIS Freeride Junior World Championships 2026 celebrados ayer en Kappl, Austria [19 de enero]. Me gustaría plantearos una serie de preguntas para que nuestros lectores se hicieran una idea de cómo se vive el freeride siendo tan jóvenes. Si no me equivoco, estáis en los 18 años. A vuestra edad, la mayoría de esquiadores opta por seguir el camino más “clásico” del esquí alpino, con entrenamientos estructurados, pistas balizadas y un entorno muy reglado. Sin embargo, vosotros decidisteis apostar por el freeride, una disciplina más abierta, menos previsible y, en cierto modo, más salvaje. ¿Qué fue lo que os empujó a tomar esa decisión? ¿Hubo algún momento, experiencia concreta o persona que os hiciera ver que ese era vuestro camino? ¿Qué sentís que os da el freeride, a nivel deportivo y personal, que no encontrabais en el esquí más convencional?

Axel Dedieu y Hugo Solorzano tienen apenas 18 años. Acaban de participar en los Freeride World Championships, celebrados este año en Kappl, Austria. No están especialmente satisfechos con su actuación, pero ambos nos dicen que se quedan con el aprendizaje y la experiencia adquirida en el evento. Se ve que no son palabras vacías. Los dos esquiadores de ATOMIC muestran una madurez y claridad de ideas que sorprenden para unos riders de su edad. Hemos conversado con ambos sobre distintos aspectos de su ya amplia carrera: qué los llevó al freeride, qué aspectos consideran que aún les faltan para competir con los “mayores”, qué sienten al afrontar una línea exigente en la que todo parece fluir y qué supone para ellos la figura de Aymar Navarro, con quien se sienten muy unidos y comparten equipo en Atomic.

HUGO: Desde que tengo 3 años, he esquiado. Recuerdo ver de pequeño a gente que saltaba y hacía cosas diferentes en la montaña, algo que me llamaba mucho la atención. Poco a poco, le iba diciendo a mi profesor de esquí que quería empezar a saltar y salir fuera de pista. Al principio era algo puntual, pero con el tiempo fui probando más y más. Todo fue evolucionando de manera bastante natural, hasta llegar a un punto en el que sentí que realmente tenía que hacerlo. El freeride no fue una decisión de un día para otro, sino un proceso. Cada vez me encontraba más cómodo fuera de las pistas y disfrutaba más de ese tipo de esquí que de cualquier otro. Para mí, el freeride es la mejor forma de expresar tu estilo de esquí en cualquier terreno. Me da libertad, adrenalina y la sensación de estar realmente conectado con la forma en la que yo entiendo este deporte. Es ahí donde siento que disfruto de verdad y donde puedo dar lo mejor de mí, tanto a nivel deportivo como personal.

AXEL: Siempre, desde bien pequeño, con mi hermano y mi primo, me ha gustado salirme de pista para encontrar todos los saltos posibles. Nos dimos cuenta de que todo aquello que buscábamos y nos atraía estaba en esta disciplina. También influyó el boom de riders locales como Aymar Navarro, Abel Moga o Pòl Tellosa, entre otros. Verlos nos hizo darnos cuenta de que eso era precisamente lo que queríamos hacer y a lo que deseábamos dedicar la mayor parte del tiempo. El freeride me aporta una libertad y unas sensaciones que pocos otros deportes te pueden dar. Bajar por una montaña, por el sitio que quieres, haciendo tus saltos, sintiéndote libre... El nombre de esta disciplina lo dice todo. Además, me gusta que sea un deporte cada vez más exigente. El nivel crece y disfruto poniéndome a prueba, buscando nuevos retos y metas que cumplir o al menos intentarlo. Me hace sentir realizado. No veía que estas sensaciones pudiera dármelas el alpino y sí el freeride. K: Como os decía, ayer competisteis en el Freeride Junior World

Por KisstheSnow

Championships, una cita muy especial por lo que representa un mundial a nivel internacional. Axel, terminaste dentro del Top-10; Hugo, tú lo hiciste en 11ª posición. Mirando ahora vuestra bajada con un poco de perspectiva, ¿cómo la valoráis? ¿Salió como la habíais imaginado durante la inspección o tuvisteis que adaptaros una vez dentro de la línea? ¿Qué aprendizaje concreto os lleváis de esta experiencia para futuras competiciones importantes?

H: Después de haberlo asimilado todo, no estoy del todo contento con mi línea, porque no era exactamente lo que habíamos pensado en la inspección. Aun así, al haber estudiado la cara al 100 %, sabía que lo que hice se podía ejecutar. El problema fueron más bien malas elecciones o momentos de indecisión. La nieve también era muy cambiante. Había zonas en las que estaba bastante bien y se podía esquiar fuerte, pero en otras partes del sector estaba más dura o irregular, y eso condicionaba mucho las decisiones. Dependía mucho por dónde pasaras. Durante la bajada y después de acabar, tenía la cabeza llena de pensamientos del tipo: “¿y si hubiera hecho esto?” o “¿y si hubiera ido por ahí?”. Pero al final eso ya no se puede cambiar. Lo hecho, hecho está, y toca seguir adelante. Sí que me quedo con la sensación de que no pude demostrar realmente mi nivel en una competición en la que era importante hacerlo. Ya sea por los nervios, la presión o por lo que fuera, siento que mi mente y mi cuerpo no funcionaron de la manera que me habría gustado. Aun así, me lo tomo como un aprendizaje más. Todo forma parte del proceso y del camino. Lo importante es seguir aprendiendo, mejorando y disfrutando del freeride.

A: En mi caso, analizándolo ahora,

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creo que podría haber mejorado varias cosas de la línea. En realidad, siempre se puede. Concretamente, pienso que podría haber hecho más grande mi primer salto, el 360. En la parte más importante, cometí un error que me costó bastantes puntos. En general, pienso que la elección de la línea era buena. Se podía planchar y afrontar de una forma potente. Me quedo con que la disfruté, que para mí es lo más importante a la hora de competir. Hay días buenos y otros no tantos. En ocasiones las cosas salen perfectas y en otras no. La nieve estaba bastante cambiante. Arriba, más suelta y polvo, pero conforme íbamos bajando se volvía más dura. En cualquier caso, es igual para todos los riders. Particularmente, me sentí un poco nervioso al principio por el hecho de ser un mundial. Es algo en lo que tengo que mejorar, aunque es difícil. Al final, son competiciones importantes para las que entrenas durante todo el invierno con la intención de hacerlo lo mejor posible. Entiendo que es normal que surjan estos nervios. Estas cosas hay que aprender a gestionarlas. De todas formas, cuando empecé a bajar me solté bastante y disfruté de unas muy buenas condiciones y de un ambiente especial.

K: En otros deportes de montaña, como el trail running o la escalada, hay momentos en los que el cuerpo y la mente se alinean y se entra en un estado de concentración total, casi de desconexión, en donde desaparecen el ruido externo y el ego, y sólo existe el gesto, el movimiento y el terreno.

Algunos lo llaman “flow” y consideran que ese es el motivo por el que practican su deporte. En el freeride, ¿qué es lo que más os atrae y qué sensaciones buscáis cuando os lanzáis por una línea?

¿Habéis vivido alguna vez ese tipo de estado en el que todo fluye de forma natural y sentís que estáis exactamente en el lugar en el que queréis?

H: En el freeride, sobre todo en competición, cuando hago una línea la vivo en tres fases muy claras: antes, durante y después. Antes de empezar, están los nervios y la presión que uno mismo se pone.

"El freeride me aporta una libertad y unas sensaciones que pocos otros deportes te pueden dar. Bajar por una montaña, por el sitio que quieres, haciendo tus saltos, sintiéndote libre... El nombre de esta disciplina lo dice todo. Además, me gusta que sea un deporte cada vez más exigente. El nivel crece y disfruto poniéndome a prueba, buscando nuevos retos y metas que cumplir o al menos intentarlo. Me hace sentir realizado. No veía que estas sensaciones pudiera dármelas el alpino y sí el freeride".

AXEL DEDIEU

Quieres que todo salga bien, no fallar y demostrar tu nivel, y eso se nota mucho mentalmente. Luego, llega el momento en el que te dicen “3, 2, 1, dropping”. Es increíble cómo la mente se desconecta sin querer y entra como en modo avión. No piensas en absolutamente nada; sólo esquías. Es una especie de meditación pura, en la que el cuerpo actúa “solo”. Después, cuando acabas la línea, pueden pasar dos cosas. Si todo ha salido bien, sientes una felicidad y una satisfacción inexplicable, como de plenitud total. Si va mal,

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depende de ti: o lo aceptas como parte del camino y del proceso de mejora, o dejas que la frustración te afecte. Aun así, siempre he dicho que el esquí, y el freeride en mi caso, me permite olvidar todos mis problemas y canalizar mucho mejor mis pensamientos. Cuando acabo un día de esquí o una línea, me siento súper bien, tranquilo y con la cabeza en su sitio.

A: Como te he comentado antes, lo que más me atrae de este deporte son las sensaciones de libertad que me da. Están implícitas en el propio nombre de esta disciplina. Bajar una línea con nieve polvo, estar con tus amigos… Creo que es inexplicable hasta que no lo vives. Esta es básicamente la razón por la que hago freeride. Me aporta felicidad, me lo paso bien y trato de mejorar, disfrutando, día a día. En algunos de ellos, te sientes tú mismo, con una conexión total con el deporte y el terreno. Esos días sale bien la mayoría de las cosas, tanto saltos como líneas en los que sientes que estás en el momento perfecto para hacerlas y disfrutarlas.

K: Aunque todavía estáis en categoría junior, la competición forma ya una parte muy importante de vuestro camino y es inevitable pensar en lo que viene después.

El Freeride World Tour es el gran referente competitivo del freeride actual y el objetivo de muchos riders jóvenes. ¿Qué creéis que todavía os falta por construir para llegar ahí? Más allá del talento o los resultados, ¿qué aspectos —mentales, técnicos, físicos o de toma de decisiones— pensáis que marcarán la diferencia en vuestra evolución como freeriders de competición en los próximos años?

H: En mi caso, creo que todavía me falta construir sobre todo a nivel mental. La gestión de la presión, los nervios y la confianza en momentos clave marca mu-

cha diferencia, especialmente en competiciones grandes, sobre todo cuando sé que me está viendo gente que me quiere. También la toma de decisiones dentro de la línea, hacerla con claridad, sin dudas... Cuando hay nervios y presión, hay personas que funcionan mejor, pero en mi caso muchas veces me impide mostrar quién soy realmente, mi nivel y mi potencial. En cualquier caso, no creo que tengamos que centrarnos al 100 % en el Freeride World Tour. Para mí lo más importante es mejorar, disfrutar y seguir el proceso. Si trabajas con pasión y haces lo que sientes que es tu camino, todo acaba

"Llega el momento en el que te dicen “3, 2, 1, dropping”. Es increíble cómo la mente se desconecta sin querer y entra como en modo avión. No piensas en absolutamente nada; sólo esquías. Es una especie de meditación pura, en la que el cuerpo actúa “solo”. Después, cuando acabas la línea, pueden pasar dos cosas. Si todo ha salido bien, sientes una felicidad y una satisfacción inexplicable, como de plenitud total. Si va mal, depende de ti: o lo aceptas como parte del camino y del proceso de mejora, o dejas que la frustración te afecte".

HUGO SOLORZANO

llegando. El triunfo de un freerider no lo entiendo sólo desde la competición. Para mí, ganar también es poder disfrutar de cada día que subes a esquiar, sentirte bien en la montaña y seguir creciendo como persona y como rider.

A: Creo que el Freeride World Tour es el objetivo final de la mayoría de competidores en la categoría junior, porque es como la máxima aspira-

ción que un freerider puede tener en el ámbito competitivo. Considero que para llegar allí aún nos falta, sobre todo experiencia esquiando líneas exigentes, expuestas, muy empinadas, donde la madurez del rider, en mi opinión, marca mucho la diferencia. Personalmente, creo que es en lo que yo más tengo que mejorar. También en la parte mental, que es muy determinante y algo que también se tiene que entrenar pues puede marcar mucho la diferencia entre riders. Pienso que con la mejora en estos ámbitos se consigue ser un rider a nivel del Freeride World Tour. Por último, al ser un deporte cada vez más competitivo, la preparación física juega un papel cada vez más importante. Las líneas son más exigentes, peligrosas y expuestas, por lo que el físico de un rider tiene que ser, si no perfecto, súper funcional, ya que no te puedes permitir ningún fallo. Últimamente nos estamos enfocando en estos factores para poder llegar a la temporada de invierno en el mejor estado posible. K: Ambos estáis vinculados a la marca ATOMIC, al igual que Aymar Navarro, un referente absoluto del freeride español y mundial. ¿Qué significa para vosotros su figura? ¿Estáis en contacto con él? ¿Qué valor aporta a vuestra carrera y a vuestra progresión deportiva el estar en una marca como Atomic, no sólo en términos de material y apoyo técnico, sino también como acompañamiento en vuestro desarrollo como freeriders y competidores?

H: Para mí, Aymar Navarro ha sido un referente desde pequeño. Diría que fue por él que empecé a decirle a mi profesor de esquí que quería salir fuera de pista, porque deseaba hacer lo que él realizaba, a su manera, e incluso tener sus mismos esquís. Siempre ha sido un referente en el freeride. Estamos en contacto estos últimos años, y especialmente en los últimos meses me ha ayudado muchísimo a gestionar con la universidad para compaginar los entrenos y las competiciones, algo que le agradezco infinitamente. Sin su apoyo, probablemente no habría podido competir en el Mundial, porque coincidía con dos exámenes importantes. Además, siempre se ha ofrecido a ayudarnos en lo que sea. Esta vez, por ejemplo, nos ayudó a analizar la cara de la competición y a valorar distintas opciones de líneas. Por otro lado, estar en una marca como Atomic va mucho más allá del material o el apoyo técnico. Claro que esquiar con buenos esquís y tener respaldo ayuda, pero lo más importante es sentir que formas parte de un equipo que confía en ti desde que tienes apenas 12 años, acompañándote en el camino. Te da motivación, te empuja a seguir adelante y te ofrece oportunidades para seguir creciendo como freerider. Te hace sentir que no estás solo en este proceso.

Quería ser como él. Todavía hoy es una inspiración enorme para mí. Así que podría decir que gracias a él hago este deporte. Últimamente estamos bastante en contacto. Me ayuda muchísimo en todo lo que puede, como ha sido el caso en esta competición en Austria. El día de antes del mundial, estuvimos hablando con él. Nos daba consejos sobre la línea y cómo hacer las cosas. Él tiene una gran visión y una excepcional experiencia. Verle ahí, con todo lo que ha conseguido, es importante para nosotros. Como también lo es Atomic. Además de toda la ayuda que nos presta, le

"Siempre he considerado a Aymar Navarro como uno de mis máximos referentes. De pequeño, veía sus vídeos y me inspiraban muchísimo. Quería ser como él. Todavía hoy es una inspiración enorme para mí. Así que podría decir que gracias a él hago este deporte. Últimamente estamos bastante en contacto. Me ayuda muchísimo en todo lo que puede, como ha sido el caso en esta competición en Austria. Él tiene una gran visión y una excepcional experiencia. Verle ahí, con todo lo que ha conseguido, es importante para nosotros".

AXEL DEDIEU

A: En mi caso, es igual. Siempre he considerado a Aymar Navarro como uno de mis máximos referentes. De pequeño, veía sus vídeos y me inspiraban muchísimo.

tengo un especial cariño porque empezaron a confiar en mí, si no recuerdo mal, cuando sólo tenía 13 años. Eso es de agradecer muchísimo. Es una gente espectacular y la verdad es que estoy encantado no sólo con el material, sino con el apoyo emocional que nos brinda y por la relación de amistad que hemos construido. Quiero aprovechar para agradecérselo de verdad.

UNA ANOMALÍA PERFECTA CONVERTIDA EN REFERENCIA

Que una estación de esquí catalana, situada en pleno Pirineo y fuera de los países tradicionales del arco alpino, se haya consolidado durante tantos años como una de las sedes principales del calendario internacional de esquí de montaña no es un hecho menor. Históricamente, el deporte de la piel de foca ha tenido su centro de gravedad en territorios como Suiza, Francia, Italia o Austria, auténticos dominadores tanto a nivel competitivo como organizativo. En ese contexto, la continuidad de Boí Taüll dentro del ecosistema ISMFInternational Ski Mountaineering Federation no puede entenderse como algo coyuntural ni como una simple alternancia en el calendario, sino como el resultado de un reconocimiento sostenido en el tiempo.

Desde los Campeonatos de Europa de 2022 hasta los Mundiales de 2023, pasando por sucesivas pruebas de la Copa del Mundo, la estación ribagorzana ha ido reforzando una posición que hoy la sitúa como una sede plenamente integrada en la élite del esquí de montaña internacional. Una condición que no responde únicamente a criterios deportivos, sino también a la capacidad de ofrecer un escenario fiable logística y organizativamente, reconocible y atractivo para atletas, selecciones y federaciones en un calendario cada vez más exigente y global.

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© LIQEN STUDIO

BOÍ TAÜLL 2026: LA ANTESALA OLÍMPICA

La estación de Boí Taüll volverá a acoger una prueba de la Copa del Mundo los próximos 31 de enero y 1 de febrero. Y, esto, en esta edición, añade un componente histórico difícil de ignorar. En 2026, el esquí de montaña vivirá su debut olímpico en los Juegos de Invierno de Milán – Cortina d’Ampezzo, y lo hará con dos modalidades que simbolizan la evolución moderna del deporte: el Sprint y los Relevos Mixtos. Precisamente, esas dos disciplinas son las que acogerá Boí Taüll, en una circunstancia especialmente significativa: será la última prueba del circuito ISMF antes de la cita olímpica.

Este hecho convierte a la prueba pirenaica en algo más que otra etapa del calendario. Será un auténtico banco de pruebas competitivo, un termómetro real del estado de forma con el que las principales figuras del skimo mundial afrontarán su estreno olímpico. Todo apunta, por tanto, a una participación del máximo nivel, con los mejores especialistas del momento midiendo fuerzas en un escenario que combina altitud, exigencia técnica y visibilidad para el espectador.

Boí Taüll se sitúa así en un punto de confluencia poco habitual: como sede consolidada fuera del arco alpino y como escenario clave en la antesala de un momento fundacional para el esquí de montaña. Un contexto que eleva el valor deportivo y simbólico de la prueba y que explica por qué esta cita trasciende lo estrictamente competitivo.

¿POR QUÉ BOÍ TAÜLL?

La consolidación de Boí Taüll como una de las sedes recurrentes del calendario ISMF no es fruto de una coyuntura favorable ni de una suma de casualidades. Responde, más bien, a una combinación poco habitual de factores que, juntos, han convertido a la estación ribagorzana en una apuesta segura para las grandes citas del esquí de montaña internacional.

Desde un punto de vista estrictamente deportivo, su ubicación, altitud y orientación ofrecen una garantía

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ISMF WORL CUP SKIMO - BOÍ TAÜLL 2026
Vídeo: Boí Taüll

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© FOTOGRAFÍAS LIQEN STUDIO

difícil de igualar cuando se trata de asegurar condiciones de nieve estables en pleno invierno. A ello se suma una configuración del dominio esquiable que permite concentrar la acción en espacios muy definidos, algo especialmente valioso en modalidades como el Sprint o los Relevos Mixtos, donde la visibilidad, el control operativo y la seguridad son determinantes.

Pero el valor de Boí Taüll va mucho más allá del trazado. La estación y su entorno han demostrado disponer de unas condiciones logísticas sobresalientes para albergar competiciones de primer nivel: infraestructuras funcionales, servicios bien dimensionados y una capacidad hotelera suficiente para acoger con solvencia a deportistas, equipos técnicos, organización y medios de comunicación. Detalles aparentemente prosaicos —como un acceso cómodo o un parking situado junto a la estación— se convierten aquí en elementos clave que facilitan el montaje y el desarrollo de un evento internacional sin fricciones innecesarias.

Todo ello se ve reforzado por un contexto territorial difícilmente replicable. El marco natural del Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, el patrimonio románico de la Vall de Boí —reconocido por la UNESCO— y una oferta gastronómica y de ocio con identidad propia aportan un valor añadido que trasciende lo puramente deportivo y convierten cada visita en una experiencia completa, un aspecto cada vez más relevante para un circuito que busca sedes capaces de ofrecer algo más que un buen recorrido.

Sobre esta base se ha construido una capacidad organizativa sólida, respaldada por el apoyo de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya y por la implicación directa de la gente del valle. Un compromiso colectivo que se percibe tanto en la eficiencia del evento como en la forma de acoger a quienes llegan, ya sea en invierno para competir o en verano para descubrir el territorio. Encontrar en una misma estación un equilibrio tan afinado entre deporte, logística, paisaje, cultura y comunidad no es habitual. Y quizá ahí resida una de las claves de por qué la ISMF vuelve, año tras año, a mirar hacia Boí Taüll.

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LOS PROTAGONISTAS

A día de hoy, se sabe que la Copa del Mundo de Skimo 2026 en Boí Taüll reunirá a unos 180 deportistas de 28 equipos, una cifra que refleja la creciente competitividad y prestigio de la prueba. Pero, más allá de los números, lo que realmente da vida a estas pistas son los atletas, y en especial aquellos que nos representan en la antesala olímpica.

Entre ellos, Oriol Cardona es una de las grandes referencias. Campeón del mundo en Sprint y subcampeón en Relevos Mixtos, con la clasificación olímpica asegurada desde hace ya meses, su paso por Boí Taüll plantea preguntas que trascienden la competición: ¿volverá Oriol a brillar en un escenario que le ha dado tanto? ¿Conseguirá reafirmar que su talento y constancia lo sitúan entre los mejores del mundo en un año decisivo?

En categoría femenina, Ana Alonso simboliza la superación. Tras una grave lesión que amenazó con romper su sueño olímpico, la granadina ha trabajado para enseñar al mundo el valor de la determinación. Frente al desafío de Boí Taüll, uno no puede evitar preguntarse: ¿demostrará que todo el esfuerzo ha merecido la pena y que puede volver a su mejor versión justo antes de los Juegos?

Y la nueva generación catalana también brilla con fuerza. Maria Costa y Ot Ferrer, ambos clasificados para la cita olímpica tras destacarse en la primera prueba de la Copa del Mundo en Solitude (Estados Unidos), representan la ilusión hecha realidad: ¿lograrán mostrar que su energía y constancia los preparan para competir al máximo nivel en la antesala olímpica?

Más allá de los resultados, Boí Taüll se convierte en testigo de historias de pasión, esfuerzo y superación. En estas pistas, entre cada subida exigente y cada descenso emocionante, se teje la narrativa de un deporte que crece y se internacionaliza, con nuestro país dejando una huella cada vez más clara en la élite del esquí de montaña.

Kissthesnow: Hola, Anthony. Acabo de ver Drop the Line, la película que diriges y que se presenta en la edición de este año del EOFT, y he disfrutado mucho con lo impactante de las imágenes: la velocidad, la precisión, la cercanía con la montaña… El speedriding aparece casi como una forma de escritura en el aire. Antes de llegar a este punto, sin embargo, tu historia pasa por el esquí freeride, por tu participación en el Junior Freeride World Tour y por una lesión de rodilla que marcó un antes y un después, hasta el punto de que cada aterrizaje se convertía en una fuente de dolor. Tú mismo has contado que esa limitación física fue uno de los motivos que te llevó a buscar otra forma de deslizarte y volar. Pero, mirando atrás, ¿sientes que el speedriding fue sólo una solución “técnica” a un problema físico, o también la consecuencia natural de una personalidad inconformista, de alguien que se resiste a rendirse y

Las imágenes que pueden verse en el vídeo que acompaña la apertura de este artículo hablan por sí mismas. Velocidad, precisión, cercanía con posibles accidentes fatales… El speedriding es una disciplina espectacular que abre otras formas de conocer la montaña. “Lo que antes parecía imposible ahora a veces se siente alcanzable”. Estas son palabras de Anthony Dutruy, director y protagonista del filme Drop the Line que puede verse en la edición de este año del EOFT y que pretende enseñar al mundo otra forma de moverse por la montaña. Hemos charlado con él sobre una disciplina que exige al máximo, donde cada decisión cuenta y donde la montaña se revela como un lienzo en constante transformación. Desde la planificación de cada línea hasta la emoción de volar a escasos metros del terreno, Dutruy nos habla de riesgo, creatividad y de cómo la combinación de esquí y parapente ha transformado no sólo su forma de moverse, sino también su manera de entender el tiempo, el miedo y la libertad.

que necesita reinventarse cuando el camino original se rompe? Anthony: Gracias por esta pregunta tan interesante. Para intentar responderla, diría que es un poco de ambas cosas. Siempre supe de la existencia del speedriding. Había visto algunos vídeos en internet. No era muy popular en aquel momento, pero ya lo percibía como una especie de extensión del esquí, algo que podía enriquecerlo y abrir nuevas posibilidades. Sin embargo, creo que no habría empezado tan pronto si no hubiera tenido la lesión de rodilla. Aquello aceleró mucho el proceso. Así que sí, fue una combinación de factores. El speedriding llegó a mi vida a causa de esa lesión, pero también porque no quería rendirme. Siempre me ha gustado exigirme al máximo en el deporte y quería dar lo mejor de mí en el freeride. Cuando ya no podía saltar desde grandes cortados, tuve que encontrar otra forma de ser creativo y de diferenciarme de los demás. Hoy en día sigo practican-

do mucho freeride. Simplemente, ya no lo llevo tan al límite como antes. Ahora intento combinar distintas disciplinas —speedriding, alpinismo, freeride— y utilizarlas juntas para abrir nuevas posibilidades. Y, de algún modo, creo que esta idea de adaptarse será cada vez más importante para todos. Las condiciones en la montaña están cambiando, los inviernos ya no son siempre iguales y no siempre se puede hacer exactamente lo que uno había planeado. Pienso que todos tendremos que adaptar nuestra manera de esquiar y de practicar deportes de montaña si queremos seguir haciendo lo que amamos. Eso probablemente implicará aprender nuevas habilidades, nuevas técnicas y otras formas de vivir la montaña. Para mí, el speedriding se convirtió en una de esas formas.

K: En Drop the Line da la sensación de que todo fluye con una naturalidad casi instintiva, pero imaginamos que, a velocidades que pue-

Por Kissthesnow
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den rozar los 130 km/h, el margen para la improvisación es mínimo y que cada línea ha sido pensada mucho antes de ejecutarse. El vuelo en sí dura apenas un par de minutos, pero detrás hay horas —o incluso días— de preparación mental. ¿Cómo es ese proceso previo antes de lanzarte? ¿Cómo visualizas la línea, cómo anticipas posibles escenarios y cómo decides qué dejar cerrado de antemano y qué permitirte “sentir” en el momento?

A: La preparación es absolutamente clave en este deporte. Normalmente, empieza varios días antes de la actividad en sí. En primer lugar, busco una idea bastante clara de lo que quiero hacer: qué línea quiero esquiar o volar. A partir de ahí, empiezo a estudiar la montaña con imágenes online. Utilizo herramientas como Google Earth para comprobar si existe un punto de despegue viable, si hay una zona de aterrizaje y si dispongo del planeo suficiente para volar esa línea entre ambos puntos, porque con este tipo de vela no puedes volver a ganar altura. Sólo vuela hacia abajo y pierde altura con rapidez. Es muy pequeña —apenas seis metros cuadrados—, por lo que, si no planifico el planeo con precisión, o si aparece un obstáculo, puede que no sea capaz de superarlo volando. También utilizo distintas herramientas para comprobar si hay cables u otras zonas restringidas en las que no está permitido volar. Después, unos días antes —o incluso el día anterior—, analizo con mucho detalle la previsión meteorológica, aunque al no ser totalmente precisas, el día del vuelo también hay que saber adaptarse en tiempo real. Algo que hago a menudo es sobrevolar previamente la línea

y grabar vídeos y hacer fotos. Eso me ayuda a entender con exactitud por dónde voy a volar y qué voy a hacer en cada momento. A partir de ahí, todo se convierte casi en una coreografía: memorizas de forma muy precisa cómo volar esa línea. Es un poco como preparar un examen. Has hecho los deberes antes y, cuando llega el momento, sabes exactamente cómo responder a cada pregunta. Por supuesto, siempre hay pequeños ajustes que hacer, y por eso es fundamental dejar un margen de error para poder adaptarte a cambios inesperados y mantenerte seguro.

K: En un deporte como el speedriding, desde fuera todo parece una cuestión de control absoluto,

“A partir de ahí, todo se convierte casi en una coreografía: memorizas de forma muy precisa cómo volar esa línea. Es un poco como preparar un examen. Has hecho los deberes antes y, cuando llega el momento, sabes exactamente cómo responder a cada pregunta. Por supuesto, siempre hay pequeños ajustes que hacer, y por eso es fundamental dejar un margen de error para poder adaptarte a cambios inesperados y mantenerte seguro”.

pero imaginamos que el miedo está siempre presente, aunque no necesariamente de la forma que el espectador imagina. ¿Cómo distingues entre el miedo “real”, el que te avisa de que algo no encaja y que quizá debería hacerte dar media vuelta, y ese otro miedo más sutil y útil que te mantiene alerta y preciso? ¿Cómo convives con la idea del error en un entorno donde el margen de fallo es tan reducido?

A: Creo que existe una diferencia muy clara entre lo que yo llamaría un “miedo bueno” y un “miedo malo”. El primero es útil: te mantiene con vida, te recuerda que

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CHARLAS
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existe el peligro y te obliga a estar concentrado. El segundo, en cambio, está más relacionado con la duda, la vacilación y la confusión, y es ahí cuando pueden aparecer los errores. En mi caso, el miedo suele surgir cuando no estoy suficientemente preparado. Si mañana tuviera que volar una línea sin conocerla bien —sin saber si hay cables, con unas condiciones meteorológicas inciertas o sin haberla analizado a fondo—, entonces sí sentiría un miedo muy fuerte, y el riesgo de cometer un error sería mucho mayor. Por eso la preparación es tan importante. Cuanto más estudio una línea, menos siento ese tipo de miedo. Porque sé que es posible, sé exactamente lo que tengo que hacer y, cuando decido lanzarme, lo hago con la confianza de que va a funcionar. Ese miedo casi desaparece. Por supuesto, siempre dejo un margen de error. Y ese margen cambia según el día. Si la luz no es perfecta y no distingo bien el relieve, mantengo más distancia. Si el viento no es el ideal o la nieve está delicada, adapto la línea, las zonas de aterrizaje y mi forma de esquiar. Ese margen es imprescindible, porque somos humanos y los humanos cometemos errores. Mantenerlo ayuda a evitar riesgos innecesarios. En cuanto a ese “miedo malo”, creo que se puede reducir muchísimo gracias a la preparación. La mayoría de las veces nace de no saber qué hacer, de la duda. Pero si estás preparado, si confías en tu entrenamiento y en tu análisis, puedes limitarte a seguir el plan. Antes de despegar siempre siento una pequeña dosis de miedo, pero es del bueno. Me mantiene alerta, concentrado y plenamente presente. Y una vez estoy volando o esquiando, toda mi atención está puesta en lo que tengo que hacer.

K: Drop the Line es una película breve, muy intensa y visualmente

espectacular, y resulta casi inevitable que despierte admiración y ganas de imitar lo que se ve en pantalla. En un deporte tan técnico y exigente como el speedriding, donde el riesgo forma parte inseparable de la experiencia, ¿cómo vives esa responsabilidad como protagonista y director? ¿Te preocupa en algún momento que la belleza de las imágenes pueda banalizar el peligro real que hay detrás de cada vuelo, o confías en que el espectador intuya todo el trabajo, la experiencia y las decisiones invisibles que no aparecen en esos tres minutos?

A: Por supuesto, estas imágenes no representan del todo la realidad, y soy muy consciente de ello. Hay personas que entienden que detrás hay muchísimo entrenamiento y preparación, y otras que quizá no llegan a percibirlo del todo. El speedriding sigue siendo un deporte muy minoritario y poco conocido. Y, si quieres que la gente lo descubra, a menudo primero tienes que mostrar el resultado final. Si sólo enseñaras todo el proceso de preparación, es posible que algunos espectadores no conectaran de inmediato. Al mismo tiempo, creo que esa preparación es fundamental, y sé que a mucha gente le interesa realmente esa parte. Por eso, en mis próximos proyectos quiero mostrar mucho más lo que ocurre entre bambalinas: cómo se empieza en este deporte, cómo se planifica una línea, cómo se analiza cada detalle y qué sucede antes del vuelo. Creo que eso ayudaría a comprender mucho mejor qué hay realmente detrás de esos pocos minutos que se ven en pantalla. El objetivo principal de esta película era mostrar la belleza de este deporte y la nueva dimensión que aporta al esquí. Quería que la gente descubriera que, al combinar estas dos disciplinas, se abren posibilidades que no existi-

rían practicando sólo esquí o solo parapente. Es precisamente esa mezcla la que crea algo nuevo.

K: A lo largo de tu trayectoria, la montaña ha sido escenario de competición, de frustración, de lesión, de reinvención y ahora también de creación cinematográfica. Después de todo ese recorrido, ¿qué te da hoy la montaña que no te daba antes? ¿Ha cambiado tu forma de relacionarte con ella desde los años del freeride competitivo hasta el speedriding? Y, más allá de la adrenalina o del rendimiento, ¿qué papel juega ahora la montaña en tu equilibrio personal, en tu forma de entender el tiempo, el silencio o incluso tus propios límites?

A: Creo que la montaña me permite mantenerme en un proceso constante de creación. Hay posibilidades infinitas: nuevas líneas para esquiar, nuevas líneas para volar, nuevas montañas por descubrir. Para mí, también es una forma muy profunda de conectar con la naturaleza. La montaña me permite escapar del ajetreo de la ciudad, pasar tiempo a solas o con amigos, y ralentizar un poco el ritmo. También me permite soñar. A veces imagino vuelos desde determinadas montañas, aunque sé que probablemente nunca ocurrirán. Pero esos sueños permanecen en mi mente, y creo que son importantes. Mi relación con las montañas ha cambiado mucho a lo largo de los años. Antes, al ver un gran cortado, pensaba inmediatamente: “esto es imposible”, y descartaba la idea. Ahora, gracias a las habilidades que he aprendido practicando distintos deportes, veo las cosas de manera muy distinta. Percibo muchas más posibilidades. Al combinar estas disciplinas, he aprendido a mirar la

montaña de otra forma. Lo que antes parecía imposible ahora a veces se siente alcanzable, o al menos merece ser explorado. Y esta perspectiva sigue evolucionando: cuanto más aprendo, más cosas nuevas se vuelven posibles. Es un proceso de aprendizaje continuo. Veo la montaña tanto como un enorme patio de juegos, como una escuela, un lugar donde puedo mejorar constantemente, aprender cosas nuevas y conocerme mejor a mí mismo. Aprendo dónde están mis límites. A veces siento miedo, y entonces sé que probablemente no debería repetir ciertas cosas. Aprendo tanto de lo que hago bien como de lo que hago mal.

K: Viendo Drop the Line, uno tie-

“Al combinar estas disciplinas, he aprendido a mirar la montaña de otra forma. Lo que antes parecía imposible ahora a veces se siente alcanzable, o al menos merece ser explorado. Y esta perspectiva sigue evolucionando: cuanto más aprendo, más cosas nuevas se vuelven posibles. Es un proceso de aprendizaje continuo. Veo la montaña tanto como un enorme patio de juegos, como una escuela, un lugar donde puedo mejorar constantemente, aprender cosas nuevas y conocerme mejor a mí mismo. Aprendo dónde están mis límites”.

ne la sensación de que el tiempo se comprime: durante esos dos minutos de vuelo todo parece intensamente presente, sin espacio para el pasado ni para el futuro. En un mundo cada vez más acelerado y saturado de estímulos, ¿qué has aprendido tú sobre el estar “aquí y ahora” gracias al speedriding? ¿Sientes que volar de esta manera te ha cambiado no sólo como deportista, sino también como persona, en tu forma de tomar decisiones, de aceptar la incertidumbre o de darle valor a los

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momentos que de alguna manera no se pueden repetir?

A: Creo que lo increíble del speedriding, y lo que realmente me ha enseñado, es que cuando lo practico estoy 100 % concentrado y viviendo plenamente el momento presente. Olvido por completo lo que pasó en el pasado y lo que podría pasar en el futuro. Realmente vives el ahora. También me encanta todo lo que sucede antes del vuelo: la emoción de analizar las condiciones, intentar comprender un lugar nuevo, contactar con personas para obtener información sobre una ubicación… Es casi como resolver un puzle cada vez. Constantemente tienes que pensar, analizar y usar tu cabeza antes incluso de despegar. Y esa parte siempre es diferente: ningún vuelo es igual a otro. Cada vuelo es único, y empiezas a apreciarlos individualmente: cada nuevo lugar, cada persona con la que vuelas. Realmente permite desconectarse de la vida cotidiana. Muy a menudo, justo después de un vuelo, me doy cuenta de la suerte que tengo. Me siento muy agradecido por este deporte, porque me permite vivir momentos realmente únicos.

K: Drop the Line dura apenas tres minutos, pero deja una huella muy intensa. Cuando la pantalla se apaga y el espectador vuelve a su asiento, lejos de la velocidad y del ruido del viento, ¿qué te gustaría que se lleve consigo? ¿Una emoción concreta, una reflexión sobre el riesgo y la libertad, o quizá una forma distinta de mirar la montaña y de entender sus propios límites? ¿Qué te gustaría que quedara flotando en la mente de quien ve la película?

A: Sobre todo, con esta película, quiero que la gente descubra este deporte y se dé cuenta de que existe. Quiero mostrar que todavía hay muchas formas nuevas de moverse en la montaña e innume-

rables aspectos por explorar. Espero que la película pueda inspirar a probar cosas nuevas y a aprender nuevas habilidades. No hace falta que sea tan extremo como lo que hago en Drop the Line, pero creo que es importante mostrar que, al combinar diferentes disciplinas, se abren nuevas posibilidades. Lo que realmente me gustaría es que la gente vea la montaña de otra manera. No sólo como algo que se contempla y se admira por su belleza, sino como algo que se puede “leer”, donde cada persona es libre de interpretar el terreno y crear su propia línea. Para mí, cada pendiente, grieta, cañón o cortado se puede leer de distintas formas, y cada uno puede trazar su propio camino a través de ellos. No hay un modo correcto o incorrecto: únicamente diferentes formas de expresarse a través del movimiento. Y cuando termine la película, no quiero necesariamente que la gente piense: “quiero hacer exactamente esto”. Prefiero que sientan que aún queda muchísimo por descubrir, muchísimas formas de moverse, de crear y de explorar, y que quizás reflexionen sobre lo que eso podría significar en sus propias vidas.

K: Anthony, ya para terminar… Hay algo que me despierta curiosidad más personal: aunque había oído hablar de la marca DOWN, no la conozco en detalle. Como embajador, ¿qué es lo que encuentras en sus esquís que te hace elegirlos para una disciplina tan exigente como el speedriding? ¿Hay alguna característica concreta, técnica o incluso “de sensación”, que marque la diferencia cuando te lanzas montaña abajo con la vela sobre la cabeza?

A: En el speedriding, técnicamente podrías usar casi cualquier esquí si tu único objetivo fuera despegar y aterrizar. Pero en realidad, la disciplina es mucho más compleja que

eso. Muy a menudo, accedemos a las líneas esquiando, así que para mí es importante contar con esquís que sean relativamente ligeros. Al mismo tiempo, muchas veces aterrizamos de nuevo sobre el terreno a muy alta velocidad, a veces en condiciones de nieve complicadas. Por eso necesitas esquís que se sientan previsibles, estables y fiables. Lo que la gente suele no ver en las imágenes es que la nieve no siempre está perfecta. Durante los entrenamientos, aterrizas en nieve mala con bastante frecuencia. Por eso necesito esquís que me den seguridad al aterrizar a gran velocidad, en los que pueda confiar. Las curvas en el speedriding también son distintas del freeride clásico. Son más deslizantes, especialmente en terreno empinado, así que no necesariamente necesitas un radio de giro muy corto. Lo que importa mucho más es la estabilidad y la consistencia. Y, por supuesto, al final del día quieres divertirte al máximo con tus esquís. Esa sensación de confianza, de fluidez, de saber exactamente cómo van a reaccionar tus esquís es lo que realmente cuenta para mí. Estos son mis criterios principales a la hora de elegir un esquí, aunque pueden variar un poco de persona a persona.

“Sobre todo, con esta película, quiero que la gente descubra este deporte y se dé cuenta de que existe. Lo que realmente me gustaría es que la gente vea la montaña de otra manera. No sólo como algo que se contempla y se admira por su belleza, sino como algo que se puede “leer”, donde cada persona es libre de interpretar el terreno y crear su propia línea. Para mí, cada pendiente, grieta, cañón o cortado se puede leer de distintas formas, y cada uno puede trazar su propio camino a través de ellos. No hay un modo correcto o incorrecto: únicamente diferentes formas de expresarse a través del movimiento”.

Desde sus orígenes en Barcelona en 1926, ALPINA ha sido sinónimo de aventura, calidad y tradición en el mundo del outdoor. Lo que empezó como una pasión familiar por equipar a quienes buscan explorar la montaña, pronto se convirtió en una trayectoria, que este año cumple un siglo, dedicada a diseñar y fabricar mochilas que acompañan a generaciones de caminantes, alpinistas y excursionistas en sus retos y descubrimientos. Para Alpina, cada mochila es un compañero de viaje, un apoyo en la consecución de metas personales y un símbolo de compromiso con la actividad en la naturaleza.

Es precisamente esa herencia de esfuerzo, motivación y dedicación al montañismo la que sustenta modelos como la Cevedale 35. Aunque concebida dentro de la larga tradición de mochilas de montaña de la marca, su diseño funcional, su enfoque ergonómico y su versatilidad abren la puerta a un uso ampliado: desde las rutas clásicas de senderismo hasta aquellas jornadas en las que la nieve y la pendiente se convierten en protagonistas. En este artículo exploraremos cómo una mochila con raíces profundamente arraigadas en la historia del outdoor puede ser una aliada perfectamente válida para las exigencias del esquí de montaña recreativo.

ALPINA CEVEDALE 35

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La ALPINA Cevedale 35 es una mochila concebida originalmente para actividades de montaña como el senderismo o el trekking, pero cuya configuración la sitúa en un interesante punto intermedio entre la polivalencia y el uso invernal. Con una capacidad de 35 litros, un peso contenido y un diseño sobrio y funcional, se presenta como una opción atractiva para quienes buscan una mochila única capaz de acompañar durante todo el año, desde rutas estivales hasta salidas con esquís en condiciones controladas.

En terreno invernal, la Cevedale 35 destaca por su estabilidad en carga gracias al Alpina Back Contact System, un sistema de espalda que prioriza el contacto cercano y el reparto homogéneo del peso, aportando una sensación de control y seguridad especialmente apreciable en descensos con esquís y en progresión en terreno técnico. Su volumen bien distribuido facilita transportar ropa extra, pieles y material esencial para una jornada de esquí de montaña recreativo, posicionándola como una opción válida para salidas donde prima la versatilidad.

ALPINA CEVEDALE 35

CAPACIDAD, PESO Y MATERIAL

Capacidad de 35 litros. Adecuada para salidas de un día y travesías de esquí de montaña recreativo.

Peso aprox. de 1.005 g, dentro de un rango ligero para mochilas de montaña polivalentes.

Material: poliéster con recubrimiento PU, resistente y con buena protección frente a humedad ligera.

SISTEMA DE TRANSPORTE Y AJUSTE

Alpina Back Contact System: sistema de espalda de contacto cercano que favorece la estabilidad, el reparto homogéneo del peso y el control en movimiento.

Hombreras ergonómicas acolchadas para mayor comodidad en uso prolongado.

Cinta pectoral ajustable con silbato de emergencia integrado.

Cinturón lumbar acolchado con bolsillos para acceso rápido a pequeños objetos.

ORGANIZACIÓN Y ACCESOS

Compartimento principal con cierre superior (tapa/capota).

Acceso inferior al compartimento principal, facilitando la gestión del material.

Bolsillos de rejilla laterales para botellas o accesorios.

FUNCIONALIDAD Y EXTRAS

Cintas de compresión laterales para estabilizar la carga o fijar material externo.

Compatible con sistema de hidratación (hydrobag).

Funda impermeable incluida.

DISEÑO

Diseño unisex, pensado para un uso polivalente en montaña durante todo el año.

JAUME PUEYO

EL RESURGIR DEL ESQUÍ DE FONDO ESPAÑOL

ISSTHESNOW: Hola, Jaume. ¿Cómo va todo? Me gustaría comenzar esta charla destacando tus buenos resultados de la temporada pasada en la que te vimos dar un paso adelante muy claro, asentándote con regularidad en el Top-30 de la Copa del Mundo y compitiendo de tú a tú con los mejores sprinters del planeta. Con ese punto de partida, ¿cómo has enfocado el trabajo de este verano? ¿Has priorizado ganar un plus de explosividad para las finales o reforzar la resistencia necesaria para sostener el ritmo a lo largo de todas las rondas? J: Hola, Juan. Muchas gracias por tus palabras. La temporada pasada sí que estaba bastante consolidado, pero este año de momento está costando un poco más. Hemos hecho dos Top-30 de cinco pruebas, pero pensábamos que estaríamos algo más adelante y no está siendo así. Eso significa que hay que pulir algunos aspectos o, simplemente, seguir cre-

Jaume Pueyo ya no es una promesa del esquí de fondo español, sino una realidad que compite cada fin de semana contra los mejores sprinters del mundo. La pasada temporada confirmó su irrupción en la Copa del Mundo con una regularidad inédita para un fondista español, asentándose en el Top-30 y dejando claro que su progresión no era fruto de un destello aislado. A las puertas de Milano-Cortina 2026, Pueyo afronta la temporada olímpica desde la exigencia, la autocrítica y la convicción en un trabajo sostenido en el tiempo. Sin alardes ni discursos grandilocuentes, el catalán analiza su presente, su margen de mejora y el reto de competir en un deporte históricamente dominado por las grandes potencias nórdicas.

yendo en el trabajo que estamos haciendo y ver si podemos revertir la situación. [Días después de esta charla, Jaume se hizo con un séptimo puesto en el Sprint Libre de Oberhof (GER), rompiendo un nuevo récord para el esquí de fondo español]. Ahora mismo no me considero consolidado en ese Top-30, así que el objetivo es sacar la mejor versión posible de aquí en adelante.

K: En el esquí de fondo de élite, donde muchas veces todo se decide por décimas y donde el deslizamiento y la técnica marcan diferencias mínimas pero decisivas, ¿has introducido algún ajuste relevante esta pretemporada, ya sea en el material o en tu empuje en clásico, para intentar dar ese pequeño salto que te acerque a las posiciones de privilegio?

J: La verdad es que no. Hemos seguido haciendo más o menos lo de siempre, sin grandes cambios, confiando en el trabajo que hasta

ahora nos ha dado buenos frutos. El nivel es muy alto y la exigencia es máxima, así que al final se trata de intentar hacerlo todo bien, cuidando cada detalle, porque cualquier pequeño fallo se paga mucho.

K: En varias ocasiones has señalado que uno de tus grandes objetivos es ganar regularidad en Copa del Mundo y convertir las semifinales —Top-12— de las distintas pruebas en un territorio habitual. Con la cita de los Juegos Olímpicos cada vez más cerca, ¿cómo se gestiona el calendario de Copa del Mundo para llegar a los momentos clave con chispa, sin pagar el peaje del desgaste previo?

J: Queda muy poco ya [esta charla tiene lugar en la segunda semana de enero y sólo quedan dos pruebas de Copas del Mundo antes de los JJ. OO.]. Mi idea era consolidarme en los puestos de cabeza de las primeras pruebas de Copa del Mundo, pero el arranque de tem-

“La temporada pasada sí que estaba bastante consolidado, pero

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porada está siendo complicado.

A ver si le podemos dar la vueltay lograr ese objetivo que tenía en mente al principio, pero de mo-mento no está saliendo como esperaba. Así que toca trabajar y seguir insistiendo en cada una de ellas para conseguirlo.

K Si hay un lugar que aparece de forma recurrente en tu trayectoria es Lahti, donde has firmado algunas de tus mejores actuaciones en Copa del Mundo. ¿Qué tiene ese circuito finlandés que encaja tan bien con tus características como sprinter, y hasta qué punto es posible trasladar esa confianza y ese rendimiento a otros escenarios del circuito internacional?

J: Lahti es un circuito bastante explosivo, no muy largo, y con zonas de descanso que a mí me favorecen mucho. Hay muchos tipos de circuitos en la Copa del Mundo: más cortos, más largos, más duros… En general, se me dan mejor los circuitos cortos, de unos 220 o 230 metros, explosivos y con buenos descansos. Los más largos y exigentes, con muchas subidas, se me hacen más pesados. Soy un esquiador más anaeróbico, más potente, de fibra rápida, y Lahti encaja muy bien con ese perfil.

mente, identificar tus puntos débiles y fuertes, ver en qué destacan tus compañeros y aprender de ellos. Intentamos reforzarnos mutuamente y crecer juntos, y la verdad es que está siendo muy positivo tanto a nivel individual como colectivo.

K: Las Olimpiadas son un momento muy especial para cualquier deportista, en el que todo el trabajo acumulado durante cuatro años se pone a prueba en apenas unos días. Desde dentro, ¿cómo se gestiona ese escenario a nivel mental?

¿Cambia algo en tu forma de preparar las carreras o en tu rutina psicológica cuando en el horizonte más cercano se

“No es fácil identificar un solo aspecto determinante que te permita sobrepasar todos los límites. Nosotros intentamos hacer todo lo que está en nuestras manos para alcanzar el mejor nivel posible. Supongo que la clave para la cita olímpica es seguir trabajando, confiar en el proyecto y mantener la línea de trabajo que llevamos que nos ha permitido dar pasos hacia adelante”.

vislumbran unos Juegos Olímpicos?

K: En los últimos años ya no caminas solo en la élite. La progresión de compañeros como Bernat Sellés o Marc Colell es evidente y el nivel interno del equipo nacional ha subido varios escalones. Desde dentro, ¿cómo influye ese crecimiento colectivo a la hora de entrenar, exigirse y competir, especialmente en las pruebas de sprint por equipos?

J: A nosotros nos viene genial. Cuando el nivel del equipo sube, puedes compararte constante-

J: Realmente, para mí, no cambia nada. Al final es una carrera más en la que quieres dar lo mejor de ti mismo. Evidentemente, por su relevancia, junto con el preparador físico y el entrenador intentamos llegar en el mejor estado de forma posible a ese momento, pero mentalmente no hay que cambiar nada. No por ser una carrera más importante hay que modificar la dinámica de todo el año; hay que afrontarla igual que siempre y correr de la mejor manera posible.

K: Has hablado abiertamente del Top-8 y del diploma olímpico como un objetivo tangi-

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ble en Italia. En una disciplina históricamente dominada por las grandes potencias nórdicas, ¿dónde crees que puede estar la clave —táctica, física o mental— para romper esa barrera y meter a España en una final olímpica de esquí de fondo?

J: No lo sé exactamente. No es fácil identificar un solo aspecto determinante que te permita sobrepasar todos los límites. Nosotros intentamos hacer todo lo que está en nuestras manos para alcanzar el mejor nivel posible. Supongo que la clave para la cita olímpica es seguir trabajando, confiar en el proyecto y mantener la línea de trabajo que

lo mejor posible, pero no quiero ponerme expectativas concretas. Daré el mejor nivel que tenga en ese momento, sin lugar a dudas.

K: Una última pregunta y ya terminamos, Jaume. Más allá de los resultados, imagino que eres consciente de que tu figura se ha convertido en una referencia para los jóvenes fondistas que vienen por detrás en España. Si Milano-Cortina llega a suponer un espaldarazo para la disciplina, ¿qué te gustaría que cambiara a partir de ahí? ¿Qué impacto crees que podría tener para la visibilidad y el crecimiento del esquí de fondo en nuestro país?

“Me gustaría que el esquí de fondo se mirara más y que a la gente le llamara la atención. Creo que es un deporte muy entretenido y que, cuando lo conoces bien y entiendes de qué va, engancha. Tiene cosas muy buenas, una mezcla entre el ciclismo y el atletismo. Ojalá sirva para que se conozca más este deporte en España”.

llevamos que nos ha permitido dar pasos hacia adelante.

K: En tus primeros Juegos Olímpicos en Beijing 2022, te quedaste a apenas 1,32 segundos de meterte en las finales, un margen mínimo que suele marcar carreras. Mirando ahora hacia Milano-Cortina, ¿sientes que aquella experiencia fue un aprendizaje clave para afrontar estos JJ. OO. con una ambición distinta, no sólo como una participación, sino con la idea real de pelear por estar delante? J: Es difícil asegurarlo con certeza. El circuito de estos Juegos es muy, muy duro. Estuvimos en Val di Fiemme siguiendo el tour de esquí y es un trazado muy exigente. Voy a intentar hacerlo

J: Me gustaría que se mirara más al esquí de fondo y que a la gente le llamara la atención. Creo que es un deporte muy entretenido y que, cuando lo conoces bien y entiendes de qué va, engancha. A mí, por ejemplo, me encanta ver la Copa del Mundo, incluso cuando no compito, y ver los sprints repetidos. Tiene cosas muy buenas, una mezcla entre el ciclismo y el atletismo. Ojalá sirva para que se conozca más este deporte en España.

K: Esperemos que sea así, Jaume. Gracias y suerte para lo que resta de temporada.

J: Gracias a ti, Juan. Cuídate.

CUANDO LA MONTAÑA SE CONVIERTE

CONVIERTE

Algunas disciplinas deportivas trascienden la mera competición para convertirse en manifestaciones artísticas. No se explican únicamente con resultados. Necesitan tiempo, silencio y mirada. Tiempo para observar, silencio para escuchar lo que no se dice y una mirada íntima para comprender que lo esencial sucede antes y después del gesto. El freeride pertenece a esa estirpe privilegiada donde el deporte se funde con la creatividad, dando lugar a una pieza artística efímera que no admite copia ni repetición. Cada gesto desafiando la verticalidad sucede una sola vez y cada bajada es irrepetible. El viento esculpe la nieve, el sol transforma su textura, y el rider debe responder en tiempo real, eligiendo entre infinitas posibilidades aquel trazo que mejor exprese su visión, su coraje, su conexión con el terreno. No hay copia posible. No existe la repetición exacta. Como en una obra de arte, lo que ocurre una vez queda suspendido en la memoria de quienes lo presencian.

Y si existe un escenario capaz de elevar este arte a su máxima expresión, ese lugar se encuentra en el corazón de la Val d'Aran, donde la majestuosa cara del Tuc de Bacivèr se alza como un anfiteatro natural destinado a acoger lo sublime. Aquí, la geografía conspira con la historia. Siglos de cultura montañera han moldeado un valle que vive el esquí como seña de identidad. Las pendien-

BAQUEIRA BERET | FWT 2026

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tes del Bacivèr son empinadas; dramáticas, y ofrecen una verticalidad que exige respeto y recompensa la audacia. Sus cortados, sus cambios de relieve, sus zonas de acumulación de nieve virgen conforman un escenario que no perdona la mediocridad, sino que celebra la excelencia. Y cuando 3.000 personas se congregan en su base, transformando la montaña en un teatro al aire libre donde cada salto provoca un clamor que asciende por la ladera, el freeride alcanza su dimensión más completa: deporte, arte y comunión entre el ser humano y la montaña.

El idilio entre el Freeride World Tour y Baqueira Beret no es casual. Es el encuentro entre una competición que celebra la libertad de la montaña y un territorio que respira esquí desde cada uno de sus rincones. Cuando el Tour regresa a este enclave pirenaico, no lo hace simplemente para disputar una prueba más del calendario, sino que viene a rendir homenaje a un lugar donde la tradición y la vanguardia convergen, donde miles de almas se congregan para presenciar cómo el ser humano dialoga con la verticalidad, la nieve y la gravedad. Y en ese proceso, el espectador se convierte en parte de la obra. Quien observa desde el anfiteatro natural no es un mero consumidor de espectáculo. Comparte la tensión previa al salto, contiene la respiración en el silencio que precede a un aterrizaje y estalla en un aplauso que no celebra sólo la ejecución, sino el coraje de haberlo intentado. Hay algo profundamente humano en ese instante compartido. Todos saben que lo que están viendo no volverá a repetirse jamás.

Y es ahí, en ese espacio íntimo entre la montaña, el rider y quien mira, donde Baqueira Beret ha construido su identidad: un lugar donde el deporte deja de ser sólo competición para convertirse en arte. Un escenario único donde el Freeride World Tour 2026 alzó el telón por primera vez esta temporada

el pasado 15 de enero con el Baqueira Beret Pro by Movistar, convirtiendo esa promesa de arte efímero en una realidad tangible, escrita línea a línea sobre la cara del Tuc de Bacivèr.

La montaña se mostró exigente en todo momento en esta edición. Cubierta por un metro de nieve reciente moldeada por vientos caprichosos, mostraba todo su carácter exigiendo tanto inteligencia táctica como compromiso absoluto. En la categoría de esquí masculino, la tensión alcanzó cotas memorables. Ben Richards, el neozelandés de movimientos precisos y calculados, se impuso con 86,67 puntos en una clasificación tan apretada que menos de medio punto separaba el podio. Su bajada fue una lección de control: un backflip ejecutado con limpieza quirúrgica, un 360 sólido y, sobre todo, una lectura del terreno que delataba años de conversación íntima con la montaña. Pero la verdadera poesía la escribió Toby Rafford, apenas dos décimas por detrás. El australiano se aventuró por una zona virgen de la cara, rindiendo un homenaje consciente a la legendaria bajada de Aymar Navarro en 2023, justo antes de que el español cerrara su carrera. Navarro, presente en la meta, recibió a Rafford con un abrazo que transmitía más que mil palabras: el testigo de la audacia pirenaica pasaba de generación en generación. Entre los españoles, Abel Moga vivió una jornada agridulce. El rider de la Val d'Aran arrancó el rugido del público con una línea valiente, pero la montaña, caprichosa, le negó el aterrizaje en su característico front flip. La caída le relegó al 17º puesto, aunque su sonrisa en meta revelaba algo que los números no pueden medir: el

EL BACIVÈR DESPIERTA: ESQUÍ MASCULINO, PRECISIÓN EN ESTADO PURO

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privilegio de competir en casa, ante amigos y familia, en una montaña que lleva tatuada en el alma.

ESQUÍ FEMENINO: EL ARTE DE IR UN PASO MÁS ALLÁ

El esquí femenino coronó a una reina que conoce bien estos dominios. Justine Dufour-Lapointe revalidó su título en Baqueira con una bajada que condensó todo lo que hace grande al freeride: fluidez, potencia y ese punto de locura controlada. Su backflip en terreno expuesto, aterrizado con una precisión milimétrica que desafía las leyes de la prudencia, le valió 86,33 puntos y confirmó que el Baqueira Beret Pro se ha convertido, para ella, en un lugar fetiche. Dufour-Lapointe esquía como quien escribe con tinta firme. Cada gesto tiene sentido, cada riesgo está justificado y el público respondió reconociendo esa relación casi íntima entre rider y montaña. Las jóvenes francesas Zoé Delzoppo y Lou Barin completaron el podio con actuaciones sólidas y creativas, confirmando el relevo generacional en la disciplina. Pero si alguien encarnó el espíritu local fue Maria Castellví, la wildcard española que aprovechó su invitación para firmar una actuación que tuvo a los jueces deliberando durante largos minutos. Su sexto puesto, a escasas décimas del cuarto, fue la confirmación de que España cultiva talento capaz de mirar de tú a tú a las mejores del mundo.

SNOWBOARD MASCULINO: POTENCIA, ESTILO Y UN PÚBLICO ENTREGADO

Cuando llegó el turno del snowboard masculino, el anfiteatro natural del Bacivèr ya era un hervidero. Más de 3.000 personas convertían la base de la cara en una extensión viva de la montaña. Los riders lo sabían. Y se notó. Liam Rivera demostró por qué el año pasado estuvo tan cerca de la gloria absoluta. El suizo desplegó un descenso poderoso y preciso, coronado por un backflip extendido que arrancó un rugido colectivo. Sus 88,67 puntos fueron merecido premio a una ejecución impecable, aunque la verdadera noticia llegó con el segundo clasificado. El debutante francés Sacha Balicco sorprendió con una mezcla de madurez y desparpajo impropia de quien se estrena en el Tour. Múltiples 360s, ejecución limpia y ausencia de dudas. Holden Samuels cerró el podio con una línea rápida y potente, confirmando que la categoría masculina de snowboard vuelve a presentarse como una de las más abiertas del circuito.

SNOWBOARD FEMENINO: UNA NUEVA VOZ IRRUMPE

Y, si hablamos de debuts impactantes, el de Mia Jones no puede quedarse fuera. En la categoría que abría la competición, la estadounidense, en su primera participación en el FWT, destronó a la vigente campeona Noémie Equy con una bajada agresiva, bien leída y ejecutada con seguridad. Un salto limpio desde un cortado clave y una línea fluida le auparon al cajón más alto del podio en Baqueira en su primera visita a España. Mientras la campeona vigente, Noémie Equy, se quedaba fuera del podio tras una pequeña caída,

BAQUEIRA BERET | FWT 2026

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Jones se situaba de golpe en el centro del relato, no por azar, sino por convicción. Anna Martinez y Michaela Davis-Meehan completaron los puestos de honor, pero la pregunta ya estaba en el aire: ¿acababa de nacer una nueva protagonista del circuito? Núria Castán, cuarta, fue una de las más celebradas por el público. Introdujo elementos de freestyle, buscó el doble salto y asumió riesgos que no siempre se traducen en puntos, pero sí en respeto. Baqueira, una vez más, entendió el valor del propósito.

SENTIDO

Que Baqueira Beret sea hoy una de las paradas más reconocidas del Freeride World Tour no es fruto de una casualidad ni de un éxito puntual. Es la consecuencia de una forma de entender la montaña que va mucho más allá del evento. Aquí, cada decisión técnica, cada inversión y cada mejora propuesta esta temporada responden a una misma lógica: preservar el escenario para que la experiencia —deportiva, estética y humana— siga siendo posible. La ampliación del dominio esquiable, la mejora de accesos y la optimización de la innivación no buscan únicamente sumar kilómetros al mapa. Pretenden ordenar el territorio, distribuir el flujo de esquiadores y permitir que la montaña respire. En un valle donde el freeride forma parte de la identidad colectiva, cuidar el equilibrio entre uso y respeto es una condición imprescindible. Incluso las innovaciones tecnológicas se inscriben en esa misma filosofía. Herramientas como la nueva Ski Track App no pretenden sustituir la lectura del terreno, sino ayudar a comprender la dimensión del dominio, a orientarse mejor o a moverse con mayor conocimiento. Las inversiones en maquinaria especializada, la mejora en la preparación del terreno y las

UN LUGAR DONDE TODO COBRA

actuaciones medioambientales —desde la instalación de paravientos hasta la recuperación de cauces y zonas sensibles— refuerzan un compromiso que se percibe tanto en la calidad de la nieve como en el silencio que envuelve la montaña fuera de la competición. El reconocimiento internacional es la confirmación de un modelo que busca compatibilizar actividad y protección. Todo ello explica por qué, cuando el Freeride World Tour regresa a la Val d’Aran, lo hace con una sensación distinta. Aquí, el freeride no es un espectáculo importado ni una escenografía artificial. Es una expresión natural de un territorio que se reconoce en la montaña y que ha aprendido a compartirla. Cuando el último rider cruza la meta y el eco de los aplausos se disuelve en el valle, queda algo más que una clasificación. Queda la certeza de que hay lugares donde el freeride encuentra su lenguaje más honesto. Baqueira Beret es uno de ellos. Aquí, la montaña no se impone ni se domestica. Se interpreta. Y cada invierno, cuando el Freeride World Tour vuelve al Tuc de Bacivèr, el arte se escribe de nuevo sobre la nieve. Sin firmas, sin garantías, pero con la belleza intacta de aquello que solo sucede una vez…, y que, precisamente por eso, merece ser cuidado.

BAQUEIRA BERET | FWT 2026

CULTURA DE NIEVE Y MONTAÑA

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