Med. ambiente 1

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La llamada de la naturaleza Marcos Moleón, biólogo granadino, nos conduce hacia un lugar exótico, donde evadirse de la realidad cotidiana. "Me hubiera gustado ser pintor. O, al menos, lo hubiera intentado; de hecho, en la preadolescencia tenía el dilema de si estudiar Biología o Bellas Artes. Finalmente decidí dedicarme profesionalmente a la Biología y en mi tiempo libre a la pintura." MÓNICA S. Y CARLOS M. P. ¿Cómo comenzó su interés por la Biología? R. Desde muy pequeño he sentido una gran curiosidad y respeto por el medio natural que me rodeaba, ya fuese pájaro, caracol, hoja o piedra, y ya desde entonces tuve la suerte de contar con el caldo de cultivo adecuado para hacer crecer mi pasión por la Biología. No había salida al campo con mi padre –era cazador...– y, más tarde, con mis hermanos en la que no descubriera y me sorprendiera con alguna cosa nueva. Mi hermana Ester llevó a casa varios números de la revista “Quercus”, y mi hermano Isidro compró una “Guía para los Amantes de la Naturaleza”. Con ese material pionero empecé a ser consciente de la gran variedad de seres vivos que habitan este planeta, de que aún quedaban muchos enigmas biológicos por resolver y de que había personas –biólogos o naturalistas– que se dedicaban a descifrar dichas incógnitas. Después, en la adolescencia, contacté con el que a la postre fuera mi director de tesis, y con él empecé a explorar y desgranar definitivamente los secretos de las águilas, de los búhos o de los gatos monteses. P. Dentro de la Biología, ¿qué rama le gusta más? R. Las interacciones entre unos y otros animales, y entre los animales y su entorno (Ecología), qué mecanismos han hecho y siguen haciendo posible la biodiversidad (Evolución), ), y cómo los humanos estamos afectando a la estabilidad natural y de qué modo podemos atenuar nuestro impacto (Biología de la Conservación)

Marcos Moleón ha elegido un camino arduo, pero gratificante// Web de Marcos Moleón

son los campos de la Biología que más me apasionan. En particular, utilizo a los depredadores y sus presas como modelos para intentar responder a preguntas y retos dentro de dichas disciplinas. Dicho esto, disfruto de la naturaleza desde cualquiera de sus múltiples facetas casi por igual. P. ¿Hay alguna experiencia durante su trayectoria profesional que recuerde con especial cariño? ¿Y la peor? R. Afortunadamente, hay muchas buenas experiencias donde elegir. Por ejemplo, las primeras salidas al campo fueron inolvidables, y marcaron mucho lo que sería mi desarrollo como biólogo. También destacaría, por estar muy reciente en mi mente, la captura –sin muerte, claro– de la jefa de una manada de veinte leones en el Parque Nacional Hluhluwe-iMfolozi, Sudáfrica, para extraerle diversas muestras que en el futuro serán utilizadas en pro de su conservación. Sentir de cerca el aliento y el latido de tan imponente animal bajo el salvaje cielo nocturno africano es algo que no se olvida. En cuanto a la segunda pregunta, la vida de un biólogo está llena de momentos de frío, sudor o cansancio; si además te dedicas a hacer ciencia, tienes que sacrificar mucho tiempo y energía si pretendes ser “competitivo” y vivir de ella. Sin embargo, hasta pasar algo de sed en medio del monte puede convertirse en un aliciente más de la profesión.

P.¿Qué sintió al enterarse de su beca en la universidad de Witwatersrand? R. Una alegría plena, como pocas veces en mi vida había sentido. Prácticamente desde que recuerdo había luchado por trabajar en África, ayudando a través de la investigación a la conservación de los grandes mamíferos y aves y de la sabana donde viven, y por sentirme africano. Intentarlo ya mereció la pena: aprendí y me divertí como un niño. Lograrlo es el no va más. P. ¿Cuáles de sus viajes le han gustado más? ¿Por qué? R. La primera vez que fui al África subsahariana (Namibia –el país más bonito de los que conozco–, Botsuana, Zambia y Zimbabue) fue como descubrir mi origen, el lugar del planeta donde me encuentro más cómodo. Allí surgió el ser humano tal y como lo conocemos hoy día, y allí es donde el ser humano se siente más partícipe de la naturaleza: cuando estás rodeado de animales que pueden comerte, automáticamente la perspectiva antropocéntrica se desvanece y el respeto y admiración por el resto de seres crece. Cuba también se introdujo en mi cabeza de forma particularmente penetrante. Para alguien procedente de la “sociedad del bienestar” es difícil no asombrarse y estremecerse al descubrir cómo gente que día tras día se enfrenta a tantas dificultades sigue queriendo a toda costa vivir –no “simplemente” sobrevivir–.

P. ¿Con qué compañeros se ha sentido más a gusto trabajando? R. Rara vez me he sentido incómodo en mi trabajo, porque generalmente he tenido la gran suerte de elegir mis propios compañeros o coincidir con personas con inquietudes muy similares a las mías.

P. Actualmente se encuentra en África, ¿cómo es la vida allí? R. Mi día a día transcurre junto a otras tres personas en un pequeño campamento en medio de la sabana, rodeado de leones, jirafas, elefantes, acacias y escarabajos peloteros. En

el campamento, rodeado de una valla eléctrica, vivimos sin televisión ni radio, con apenas cobertura telefónica –o, lo que es lo mismo, internet– y sin agua potable. El médico más cercano se encuentra a hora y media, y cada vez que hay tormenta – algo muy común en verano–, nos quedamos sin suministro eléctrico. Cada día es una aventura: censando ñúes, cebras o impalas desde una avioneta, controlando los movimientos de rinocerontes y leopardos mediante cámaras-trampa, radiosiguiendo licaones en el jeep, tomando muestras de sangre a leones y buitres torgo, realizando expediciones a pie y rifle al hombro por medio de la sabana... Esto es, cumpliendo muchos sueños al mismo tiempo.

P. ¿Qué sería para usted lo máximo en su trabajo? R. Poder seguir viviendo y disfrutando como hasta ahora del campo –a ser posible, en ambientes mediterráneos y tropicales– sería el mayor placer y privilegio. Por ejemplo, llegar a obtener algún día una plaza como investigador –ya sea en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas o en la Universidad– me permitiría hacer eso durante el resto de mi carrera profesional

P. ¿Qué se siente al trabajar en otros países donde hay costumbres muy diferentes a los de su ciudad natal? R. Siempre me he adaptado rápido a cada sitio. La clave está en que el ánimo de aprender y explorar supere al miedo a lo desconocido o diferente. Eso te permite sentirte cuanto antes parte del país en cuestión, y no un extraño que está de paso. Intentar comprender cada diferencia es un ejercicio de tolerancia, más que saludable, imprescindible para divertirse y enriquecerse al máximo durante cada estancia.

P. ¿Cómo compagina la vida laboral con la familiar o personal? R. Si te dedicas a la ciencia, el tiempo libre es un bien escaso. Se trata de una actividad muy exigente, sobre todo en los primeros años, donde lo normal además es pasar más de una temporada en el extranjero. Aun así, siempre encuentro tiempo para lo demás. Es simplemente cuestión de organizarse y mantener una actitud positiva.

P. De no ser Biólogo, ¿a qué se dedicaría? R. Me hubiera gustado ser pintor. O, al menos, lo hubiera intentado; de hecho, en la preadolescencia tenía el dilema de si estudiar Biología o Bellas Artes. Finalmente decidí dedicarme profesionalmente a la Biología y en mi tiempo libre a la pintura.

P. ¿Ha recibido en las decisiones más importantes de su vida el apoyo familiar? R. Siempre he recibido comprensión y apoyo crítico incondicionales por parte de mi madre y mis hermanos.

P. ¿Qué consejo le podría dar a alguien de nuestra edad y que ya siente el gusanillo de la Biología? R. Es conveniente conocer gente que ya se dedique a esto y con la que poder salir al campo –o al laboratorio–. Es la forma más efectiva de formarse y motivarse que conozco. Pero lo más importante es tener decisión; con la Biología es complicado hacerse rico, pero es fácil ser feliz si eres constante.


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Med. ambiente 1 by Juan Luque - Issuu