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Paralelo entre la revolución francesa y la actual regeneración de España.

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Taralelo entre la revolución francesa, y la actual regeneración de España, Q U ando Luis XVI. convocó los Estados gene­ rales para remediar la multitud de desórdenes que oprimían á la Francia, todos creyeron que era llegada la hora de la regeneración de aquella Mo­ narquía, y aun de toda Europa. La nación ilus­ trada que habla cultivada por dos siglos la política y la legislación, trataba de reformar su gobierno; ¿quién no había de esperar que el imperio de la razón y de la libertad iba á levantarse sobre las rui­ nas de la preocupación y de la tiranía ¿ ! Pero quán distante estuvo el resultado de corresponder á las esperanzas! Viéronse desde luego elevarse del polvo una multitud de intrigantes, deseosos de labrar su fortuna entre la confusión y la anar­ quía; las ideas de política fueron sacadas de qui­ cio, y hechas tan perjudiciales'como los errores mismos; para preparar al pueblo á la libertad, se le acostumbró á la licencia; para hacerlo obedien­ te á la ley, se le hizo insultar al Gobierno; para ahogar sus remordimientos, lo habituaron al pillage y al asesinato; para formar sus costumbres, lo obligaron á sacudir el saludable yugo de la Re-


ligion y la moral; la santidad de los A ltares, lo sagrado del trono nada fué respetado: libelos infamatorios, escritos incendiarios, clubs licen­ ciosos, todo fué puesto en práctica, para extraviar á la muchedumbre : y en tanto que la entretenian con farsas cómicas , la sangre inundaba pueblos y campos. Verdad es que del continuo choque de opiniones contrarias, y las fricionesdelos intereses particulares saltaron algunas luces, pero en cam­ bio, ¿quantas extravagancias y ridiculeces des­ honraron á la revolución francesa? Vieronse á los mismos que se apellidaban republicanos divi­ dirse en mil partidos opuestos, y acusarse recípro­ camente de Aristócratas y traidores, y disputarse la presa con el furor mas ciego; cada opinion, cada mudanza en el sistema político exigía milla­ res de víctimas, que al instante eran sacrificadas. Así después de haber mudado mil y mil veces su forma de gobierno, la Francia, semejante al mo­ ribundo que lucha'contra la muerte hasta que lo postra en el abatimiento y el cansancio, cayó desangrada y exánime baxo el yugo del déspota. ¡ Que quadro tan diferente ofrece la España en esta última época ! Esta nación envilecida y degradada por los vicios de un largo rey nado, se halla de repente sin Monarca, sin Familia Real,


sin Gobierno Supremo; ocupadas por tropas ene­ migas muchas de sus Provincias, sus principales fortalezas, la Corte misma; y en este estado re­ suelve morir combatiendo gloriosamente contra un opresor el mas poderoso de la tierra. ¿Quién no se estremeció entonces, temiendo mil convul­ siones políticas, la reacción de un pueblo opri­ mido por muchos años, los desórdenes de la anar­ quía, y aun quizá los horrores de la guerra civil? Pero tan infaustos recelos han sido desmentidos por la experiencia: un ligero movimiento basta pa* ra reanimar á esta nación decrépita; la cuchilla de la ley apenas se salpica en sangre quando se ven restablecidos el orden y la tranquilidad; lo urgente del peligro, la falta de un centro común, el es­ tar interrumpida por los enemigos la comunica­ ción de las Provincias, exigen que- cada una de ellas se revista de la soberanía; y al momento se erigen Juntas Supremas, se entabla un acertado Plan de confederación, se crean numerosos exércitos, combaten, triunfan, y empieza á respirar la nación del inmenso peso que la habia oprimi­ do. Llegado apenas este momento, las Juntas Su­ premas, semejantes á los Dictadores de los be­ llos siglos de Roma, deponen la soberanía, y se apresuran á formar un Gobierno central, compues-


to de representantes, que es el único que puede convenirnos en estas circunstancias, y que atajan­ do todo proyecto ambicioso, manteniendo íntegra la Monarquía, afianze con sabias leyes nuestra li­ bertad é independencia. Españoles, nuestros veci­ nos admirarán vuestra sabiduría no menos que vuestro valor: la Francia cuando triunfaba de la Europa, se despedazaba con sus propias manos, mostrando al mismo tiempo las fuerzas de un Hér­ cules, y las puerilidades de un niño; pero vuestra Patria, al paso que destruye las legiones vencedo­ ras del mundo, organiza un acertado Gobierno, ostentando unidas la robustez de la juventud, y la prudencia de la edad madura. a

Reimpreso en la Casa de Misericordia de Cádiz.


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Paralelo entre la revolución francesa y la actual regeneración de España. by FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO - Issuu