ACTA DE LA SESION DEL DIA
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DE NOVIEMBRE DE I9I9
Se abre la sesión a l;¡.s once de la mañana. El Vicepresidente, Sr. GONZALlEZ LLANA, leyó el trabajo del Sr. González Gutiérrez, sobre "Unificación de signos convencionales", acordándose que la conclusión que sienta dicho trabajo se añada a las que, sobre "Unificación de tipos y medidas", han propuesto otros señores Congresistas, y que se comunique a la Sección II.4 El Secretario, Sr. LUCINI, dió lectura a continuación a los trabajos de los Sres. Monte! y Rolandi, sobre "Regulador de caudal" y "Aparatos para extracción de agua de pozo". No hubo discusión sobre ambos trabajos. El del Sr. Rolandi dice así: "EXTRACTO DE LA MEMORIA DESCRIPTIVA "APARATO PARA EXTRACCION DE AGUA DE POZO O ALJIBE" Por D. ENRIQUE RoLANDI, Co'mandante de Ingenieros del Ejército. INCONVENIENTES DE LOS POZOS Y ALJIBES CON BROCAL ABIERTO
El procedimiento corriente de extracción de agua con cubos en los pozos y aljibes, aunque es el .más económico, tiene los inconvenientes siguientes: primero, poca seguridad, pudiendo caer dentro personas; y segundo, higiénicamente, que pueden caer substancias que hagan que el agua no sea potable, pudiendo también contaminarse los cubos. MANERA DE EVITAR LOS INCONVENIENTES ANTERIORES
Para evitar estos inconvenientes, convendrá cerrar la boca del pozo o aljibe, extrayendo el agua, bien con bombas, que presentan el nuevo inconveniente de las reparaciones constantes de los ajustes de sus émbolos y válvulas, o bien con aparatos especiales, como el Jonet, del que daremos una idea.
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LIGERA DESCRIPCIÓN DEL APARATO JONET
El aparato Jonet consiste en dos cubos colgados de una cadena que pasa por una polea; estos cubos tienen su fondo móvil, constituyendo una válvula, que se abre cuando llega el que sube lleno de agua a la parte más alta de su carrera, recogiéndose dicha agua por un canal que lo rodea, y tiene salida al exterior. Para que cambie el sentido del movimiento de los cubos y suba el otro lleno, automáticamente el golpe del que se vacía cambia unos trinquetes que hacían de fiador al movimiento. Todo va encerrado, evitando las contaminaciones; pero presenta los nuevos inconvenientes siguientes: primero, la renovación frecuente de los ajustes de la válvula de fondo de los cubos; y segundo, los golpes que dan éstos, que producen rápidos ·deterioros.
APARATO DE NUESTRO SISTEMA
A fin de evitar todos los inconvenientes, ideamos un aparato de extracción de agua, que se describe en este trabajo, del cual hemoi construído varios que dan excelentes resultados, y que se instalaron en casetas de carabineros de las provincias de Murcia y Alicante.
DESCRIPCIÓN DEL APARATO
Si tenemos un recipiente lleno de agua y se introduce dentro un cuerpo de la forma de su interior, se derramará el agua, quedando vacío cuando ocupe todo él. Este es el fundamento del aparato, siendo el recipiente el cubo que sube lleno de agua; por lo tanto, móvil, poniendo fijo el cuerpo que se introduce en su interior y recogiéndose en una canal el agua que se derrama. El cubo es ·de forma troncocónica (figuras 3 y 4), con una pestaña en su borde, por donde se derrama el agua, y se cuelga del centro por un cono de fundición, teniendo en total peso suficiente para que no se vuelque al' sumergirse. El cuerpo que se introduce en el interior del cubo le llamaremos contracubo; tiene la forma exterior del interior de aquél (figuras I, z, 3 y 4), y también una p~staña en su borde, a fin de evitar entre agua en su interior. La bas~ del aparato forma la canal que recoge el agua, desaguando al exterior por un caño.
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-54!Los dos cubos cuelgan de una cadena que pasa por una polea, moviéndose ésta directamente o con intermedio de unos engranajes, dando vueltas a un manubrio. En el eje del piñón del engranaje anterior, tenemos una rueda para el trinquete en forma de media luna, que apoyará en ella una u otra punta; así servirá de fiador a movimientos de sentido contrario. Para que el trinquete adopte estas posiciones, tiene unido un tubo cerrado con una bola pesada dentro, que estará en uno u otro extremo, según su inclinación. La for.ma exterior es la representada en la figura 5, y se monta sobre un pequeño brocal. FUNCIONAMIENTO DEL APARATO
Dando vueltas al manubrio (figuras I, 2, 3 y 4), subirá un cubo lleno de agua, que, al llegar a la altura del contracubo e introducirse éste en su interior, se derramará el agua, recogiéndose en la canal y saliendo al exterior por el caño. Cuando el cubo está concluyendo su recorrido, tropieza su borde con una pieza que hace inclinar al tubo del trinquete en el sentido opuesto que tenía, con lo que, pasando la bola al otro extremo, cambia el sentido del fiador, teniendo en su consecuencia que invertir el movimiento del manubrio. VENTAJAS DEL APARATO
r.• Reúne las condiciones de seguridad e higiene citadas al principio. 2.,. Se puede sacar una cantidad de agua menor que un cubo llevando despacio el movimiento y parándolo en el momento que se desee. 3.• No se producen choques, porque se frena automáticamente al sumergirse el contracubo en el agua del cubo. Y 4.• No tiene émbolos ni válvulas, evitándose el entretenimiento constante que produce." El Sr. KINDELAN leyó un trabajo suyo que a continuación se publica, y que fué muy aplaudido, aprobándose las conclusiones que su autor propone después de haber sido pedida una pequeña aclaración por el Sr. JENER en cuanto a la facilidad de emplear helicópteros en España por razone!! de aterrizaje:
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"LABORATORIOS AEROTECNICOS Por D. ALFREDO del Ejército.
KINDELÁN Y
DuANY, Comandante de Ingenieros
CAPI'I'ULO PRIMERO
La Aerotecnia.
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Los progresos extraordinarios realizados en estos últimos años por la Navegación aérea han impulsa:do a los técnicos de los diversos paises al estudio de las leyes por que se rige el sistema flamante de navegación. A los estudios teóricos se unieron los ensayos prácticos ; y como resultado de los esfuerzos, algo caóticos y diseminados, pero numerosos, nació y se desarrolló pujante una nueva ciencia, la Aerotecnia, parte de la Mecánica de los flúidos. Esta ciencia comprende el estudio de la estática y dinámica de los cuerpos sumergidos en el aire, subdividiéndose en dos ramas : aerostática y aerodinámica; la primera, de principal aplicación en la Aerostación, y la segunda, en Aeronáutica y Aviación. Los fundamentos de esta ciencia no son ·de ayer: la estática de los flúidos ha sido estudiada por Pascal, Haley, Mariotte, Laplace y Arquímedes, pudiendo decirse que toda la Aerostática actual tiene por base los principios inmortales del primero y último de los sabios que acabo de citar. De igual manera, la Aerodinámica actual tiene sus raíces en los primeros tiempos de la Mecánica. •Estos fundamentos o raíces de la Aerotecnia necesitaban el complemento de la experimentación sistemática, y como ésta ha comenzado hace menos de veinte años, ¡puede decirse que la Aerotecnia, y en especial la Aerodinámica, han nacido en los albores del siglo XX. El desarrollo de la Aerodinámica, en estos pocos años, ha sido rapidísimo; pero, en sus comienzos, tropezó con un fenómeno digno de notarse: P!lr una parte, los aerosteros y los constructores e inventores de globos dirigibles se guiab::m por la teoría y aceptaban las leyes deducidas de la experimentación; contribuyendo, por efecto recíproco, a hacer progresar la teoría de unos y otros, hasta colocarla en el actual estado de perfección a que la han llevado M. Renard, Sorean, Zeppelin, Parseval y, especialmente, Croco, •en Italia. Los aviadores, por el contrario, tanto los constructores e invento-
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res, como los pilotos, despreciaban la teoría, desconocían los resultados de la experimentación, y volaban, construían e inventaban de un modo empírico, aplicando todo lo más, de un modo instintivo y, a veces, acertado, algunos principios de Mecánica general. Al mismo tiempo, progresaban los estudios teóricos y la experimen~ tación de laboratorio; pero la falta de coordinación de esfuerzos, haciendo, por una parte, que los experimentadores y hombres de ciencia careciesen del impulso y orientación que a sus trabajos podría sólo dar el auxilio de los que volaban y construían, y, por otra, privando a éstos de los resultados incipientes, pero ya interesantes, de la experimentación metódica y de los estudios científicos, llevaba a la realización de aparatos interesantes, que volaban, entusiasmando a las muchedumbres, pero poco perfectibles, con errores fundamentales en su construcción y con deficiente rendimiento de vuelo. Este estado de cosas, que producía como fruto la lentitud en los progresos de la Aerodinámica, presentaba sus excepciones, y de ella, la más interesante fué la de los hermanos Wright, los constructores del primer aeroplano con motor que voló por sus propios medios, los cuales, para sus estudios, aprovecharon los resultados y estudios experimentales de la "Smithssonnian Institution", de Lilienthal, en Alemania, y de Chanutte, su maestro, en los Estados Unidos. Resultado de este método fué la superioridad extraordinaria que en todos conceptos poseía el aeroplano W right sobre sus contemporáneos y aun sobre los que le siguieron algunos años, cronológicamente. Convencidos los aviadores poco a poco de que, para hacer progresar al aeroplano, no bastaba volar, acudieron a la Aerodinámica, y entonces se produjo la unión fecunda entre la teoría y la práctica, que tan felices resultados ha producido y producirá en el campo de la navegación aérea. Y es que la Aviación es un medio de navegar que no puede desarrollarse como los ,demás : necesita, más que ninguno, apoyarse en la teoría y en los laboratorios, como lo hubiera necesitado, por ejemplo, la bicicleta si, por una causa o razón hipotética, sólo hubiera podido el hombre montar en ella y ensayar el aprendizaje de los diversos tipos rodando sobre una ¡pista elevada algunos centenares de metros y constituída por una plataforma de so centímetros de ancho sin barandillas ni protección alguna. "La Aviación-dice Ventan Duclaux- se encontró desde sus co, mienzos en las condiciones que la Navegación a gran velocidad, con la diferencia de que, para la Navegación, la fase de imperfección era compatible con la existencia misma del buque, mientras que la Aviación sólo puede existir en la fase de perfección de los aeroplanos, bajo ¡;¡ena de fra('aso."
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-544Convencido ya todo el mundo aeronáutico de la necesidad de la experimentación, nacieron acá y allá laboratorios, se le prestó por los Gobiernos apoyo, por los constructores atención, fueron oídos y solicitados sus consejos y opiniones, y hoy la teoría y la práctica marchan de perfecto acuer-do, beneficiándose con ello, no sólo la Navegación aérea, sino otras ciencias de . aplicación; pues no puede olvidarse que el aire ".es un elemento con el que se tropieza en la práctica siempre, y, por tanto, cuanto se refiera a su mecánica, ha de interesar a la casi totalidad de las ciencias aplicadas; por no citar más que las principales, mencionaré la Balística, la Meteorología, la Mecánica de las construcciones, la Locomoción terrestre y marítima. Dentro del cometido general, que es razón de su existencia, el progreso de la Aeronavegación, tienen los laboratorios otros distintos que pueden reunirse o separarse según que las circunstancias aconsejen un criterio más o menos descentralizador. En primer lugar, la. experimentación de orden general, los ensayos de perfeccionamientos o invenciones determinadas, los estudios de dinámica atmosférica y los de órganos de los aeroplanos, que, siendo imprescindibles para la Aviación, no entran propiamente dentro de los estudios aerodinámicos; los ensayos de Aerostática, de menor interés que los demás por el más avanzado desarrollo de esta parte de la Aerotecnia, pero necesarios, sin embargo, y otros varios cometidos de la experimentación sistemática que presentan distintos matices, pueden aconsejar una mayor o menor subdivisión; pero, en todo caso, ha ·de haber siempre en cada país y, si es posible, en el Mundo entero, una organización que encauce, oriente y dé normas de experimentación a todos los laboratorios para alcanzar el rendimiento máximo del trabajo colectivo. No se trata de ahogar las iniciativas de cada uno : se trata sólo de la unidad de dirección, del Mando Unico, en la lucha de la Humanidad contra el enemigo común, contra las fuerzas ciegas e implaca:bles de la Naturaleza, que se defienden contra el Hombre, que trata de invadir su dominio atmosférico.
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CAPITULO II • t . tal Proeedimien os expenmen es.. .b 6
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Dos medios ocurren desde luego para ello, que caracterizan dos distintos sistemas de experimentación: que el cuerpo se mueva en una masa de aire en calma, o que sea ésta la que se mueva, permaneciendo fijo el cuerpo sobre el cual se experimenta. Al aplicar uno y otro medio, se encontró que las dificultades de experimentación crecían con el tamaño del cuerpo a experimentar, siendo fácil comprender que estas dificultades se transformaban casi en imposibilidad en muchos casos: al tratarse de ensayos de resistencia de un dirigible o aeroplano, principalmente. De aquí nació, en cada uno de los dos sistemas, dos subescuelas: la de los ensayos sobre cuerpos en su verdadera magnitad, y la de los ensayos. sobre modelos reducidos de los misnws. En todos los laboratorios en que se ha empleado el sistema de que el C'uerpo permanezca fijo en una corriente de aire, la dirección de ésta ha sido constante; es decir, que el movimiento relativo del cuerpo con respecto a la masa de aire ha sido rectilíneo. En cambio, en el sistema experimental de cuerpo móvil en aire en calma, el movimiento ha sido, unas veces, circular, y otras, rectilíneo : vertical, horizontal o inclinado. Los inconvenientes que a este segundo método se atribuy.en son: la dificultad o, por mejor decir, la imposibilidad de operar en aire completamente en calma, en caso de movimiento rectilíneo; pues aunque se efectuara el experimento en una inmensa nave cerrada, existirían siempre corrientes de distintas direcciones, originadas por diferencias térmicas; y, en caso de que el movimiento fuera circular, continuo o alternativo, el cuerpo, al pasar por un aire perturbado por el paso anterior del mismo, experimentaría reacciones que serían muy diferentes de las correspondientes a un aire en calma. Por estas razones, multitud de experimentadores han optado por el método de cuerpo en reposo y corriente de aire, cuyo inconveniente principal es tener que operar, en -general, sobre modelos reducidos, sin que se pueda saber hasta qué punto son aplica:bles a los aparatos de Navegación aérea los resultados obtenidos sobre modelos, no habiéndose encontrado hasta hoy una ley de homotecia o semejanza suficien· temente aproximada. Sin embargo, experimentos comparativos realizados sobre superficies y modelos reducidos de los mismos por el Laboratorio Eiffel en un aire en movimiento, por el de Saint~Cyr en aire en reposo y por el Comandante Dorand sobre un aeroplano-laboratorio en pleno vuelo, han permitido deducir, si no leyes exactas, reglas prácticas para hacer comparables los resultados de la experiencia sobre modelos y sobre aparatos y elementos en su verdadera magnitud. Otra objeción importante que al método de cuerpo en reposo se ha 35
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hecho es que. en muchos casos, no es enteramente indiferente que el movimiento relativo del aire y del cuerpo esté originado por desplazamiento de éste o aquél; además, las suspensiones, la producción de remolinos en la cámara de experiencias, la dificultad de que todos los filetes flúidos se muevan paralelamente y a una misma velocidad, la viscosidad del aire y otras causas han hecho que Guisa y Eiffel hayan encontrado para ciertas superficies, y aun para el plano, distribuciones de presión muy diferentes en series repetidas de experiencias realizadas con todo esmero; lo que ha hecho decir recientemente a Marchis que "la cuestión no le parece, pues, completamente resuelta". Por las precedentes razones y otras secundarias, los experimentadores se han decidido por métodos diversos, que he procurado clasificar en el siguiente cuadro: Movimiento rectilíneo vertical. Idem íd. horizontal. C) Idem íd. inclinado. D) I<iem circular continuo. E) Idem íd. alternativo. F) Aeroplanos en vuelo.
A)
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Cuerpo móvil .................... ,
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Cuerpo fijo ...................... .
B)
G) Al aire libre. H) En espacio cerrarlo.
CAPITULO III
Instalaciones principales que han empleado el primer procedimiento. A) MoviMIF:NTO RECTILÍNEo VERTICAL.
Ya en 1836, Morin empleó en su aparato clásico (que no describo por no ofender la cultura científica d.e mi auditorio) este procedimiento, que consiste en observar la caída vertical de un cuerpo desde un sitio elevado, registrando las rea·cciones que dicho cuerpo sufre del aire en los diversos instantes de su caí-d~, al par que se anotan las sucesivas velocidades y aceleraciones en los puntos correspondientes de su trayectoria, del sistema móvil formado por el cuerpo y su suspensión. En 1892, Cailletet y Collardeau aplicaron este método, dejando caer cuerpos desde la torre Eiffel; y siete años después, Le Dantec utilizaba la capilla del Conservatorio de Artes y Oficios, de París. No descrihiré todos estos sistemas de experi.encia, y me limitaré a exponer los reali-
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zados por Eiffel de 1903 a I9QÓ sobre superficies de distintas formas y para velocidades variando de 10m. a 40 m. por segundo.
Eiffel ha utilizado la célebre torre que lleva su nombre para aplicar este método. El principio de su sistema experimental es el siguiente: Se deja caer libremente un cuerpo o superficie que se quiere experimentar, unido directamente a un resorte cuyas dilataciones y reducciones de longitud son registradas sobre un cilindro, que gira con una velocidad de rotación proporcional a la de traslación del sistema. El resorte, al comprimirse o extenderse por efecto de la resistencia que el aire opone al cuerpo, hace equilibrio a esta fuerza, al peso del sistema y a las fuerzas de inercia, y, por tanto, puede deducirse la reacción del aire en los distintos momentos de la caída en función de la velocidad. Este método, empleado de un modo racional y sistemático, ha dado buenos resultados en algunos casos, en especial en el estudio del movimiento ortogonal d.e la superficie plana; pero el mismo Eiffel comprendió que no d.ebía aplicarlo a cuerpos y superficies moviéndose oblicuamente en el aire, y varió de método para estos casos, creando otro laboratorio, de que más adelante hablaré. B)
MoviMIENTO RECTILÍNEO HORIZONTAL.
Este método, llamado del carro, ha sido profusamente utilizado. Consiste en montar la superficie o cuerpo que se quiere ensayar sobre un móvil susceptible de adquirir una gran velocidad de translación. El vehículo ha sido, unas veces, una locomotora (Ricourt en 1885. en Francia; Franc, 1901, en Alemania); otras, un automóvil (Duque de Guisa, en 1905, y Edge, 1907), o una vagoneta móvil sobre carriles, que es lo más corrientemente usado en los principales laboratorios aerodinámicos actuales, entre los que citaré: Chalais-Mendon y SaintCyr, en Francia; Goetingen, en Alemania; "Centro de Ensayos de Aeronáutica", en España, y "National Aircraft Factory", en Inglaterra. El Instituto Aerotécnico de Saint~Cyr posee dos carros diferentes: uno, para el estudio de aeroplanos, formas de ala y cuerpos afilados, y otro, dedicado especialmente a la hélices aéreas. El primero es un tractor eléctrico, cuyo bastidor mide 6 m. de largo por 2 m. de ancho, provisto de un motor de 130 HP. y moviéndose a lo largo de una vía de ancho normal y de 1.000 metros de desarrollo, con una velocidad má.xima de 20 m. por segundo. La velocidad propia del tractor se mide de dos maneras: por un cinemómetro registrador, que da la velocidad de uno de Jos ejes, y por una serie de contactos eléctricos distribuíd.os al largo de la vía, que
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marcan trazos de referenoa sobre un cronógrafo muy preciso. Por este segundo procedimiento se obtienen medidas de tiempo con un error menor I/IOO de segundo. La velocidad del viento se determina por medio de un anemocinemógrafo muy sensible, y su dirección, por una veleta registradora, o anemoscopio; por último, la velocidad relativa del cuerpo con relación al aire se determina por un anemómetro registrador colocado sobre el carro. Los demás laboratorios que emplean el método del carro adoptan disposiciones similares a la que acabo de describir, por lo que hago gracia de ellas a mis oyentes. C) MoviMIENTo RECTILÍNEO INCLINADO.
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Canovetti, en Italia, utilizó para sus experimentos el ferrocarril funicular Como-Brunato, con un recorrido de 400 m. y 54 a SS por 100 de pendiente. El carro era un bastidor de cuatro ruedas, que sostenía una armadura sólida de bambúes sobre la que se colocaban los planos que se trataban de experimentar. En el Laboratorio francés de Aviación militar, de Vincennes, el carro es un bastidor monocarril que rueda tp or un cable aéreo tendido entre soportes, presentando una inclinación media de 12 por 100 en uno de los sentidos; el cuerpo <:ae por su propio peso, y puede adquirir velocidades de 12 m. por segundo. D)
MOVIMIENTO CIRCULAR CONTINUO.
Ya he indicado el principal inconveniente de este método, que consiste en que el cuerpo, en sus sucesivos pasos por una misma zona de aire, encuentra a éste perturbado por efecto del paso anterior. Sin embargo, la facilidad de producir el movimiento de velocidad uniforme y el poco espacio que requiere, han sido causas de que empleen este sistema eX~perimentadores tan renombrados como Hagen, Lilienthal, Dines, Langley, Lossl, Manesman, Reichel y Renard, y de que, al instalarse el modernísimo Laboratorio de Saint-Cyr, se haya considerado necesario instalar este método simultáneamente con los otros. Dentro del mismo sistema, las variaciones en las dimensiones, velocidad de giro y aparatos de medida son grandes, desde el aparato de Hagen, que estudiaba placas cuadradas de 15 cm. de lado, moviéndose con velocidades lineales inferiores a 2 m. por segundo por medio de un hilo arrollado en un tambor que se desarrollaba a mano, hasta las de Reichel, Ingeniero-Jefe de la Casa Siemens y Halske, cuyo aparato
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549alcanzaba velocidades lineales de so m. por segundo con placas de 6o centímetros de lado, colocadas en los extremos de brazos de 12,70 m. de longitud montados sobre el eje de un motor eléctrico de 200 HP. E) MOVIMIENTO CIRCULAR ALTERNATIVO.
El principio de este método consiste en hacer oscilar un péndulo, en cuyo extremo se colocan los cuenpos o superficies que se desea experimentar, y en medir la disminución que causan en la amplitud de las oscilaciones. Este sistema ha sido empleado por Franck y, después, por el sabio profesor alemán Hergesell, el cual ha llegado a colocar globos esféricos de ro m. de diámetro en el extremo ·de un péndulo de 26 m. F) AEROPLANOS EN VUELO.
Es evidente que el aeroplano (y aún más, el dirigible) es el mejor laboratorio aerodinámico. Entendiéndolo asá, Dorand, por una parte, en combinación con el La?oratorio de Eiffel, y Toussaint y Lepere con el de Saint-Cyr, por otra, montaron sobre dos biplanos toda clase de aparatos registradores, y emprendieron, en los últimos años de paz europea. una serie de experiencias metódicas con notable éxito. Como he de hablar nuevamente de estos aeroplanos-laboratorios al tratar del ensayo de las hélices, no quiero incurrir en repeticiones, y no iÓsisto sobre este interesante punto.
CAPITULO IV
Instalaciones principales que han empleado el segundo procedimiento.
G)
CUERPO FIJO AL AIRE LIBRE.
Con objeto de evitar los inconvenientes comunes a todas las instalaciones que emplean el primer procedimiento, sin incurrir en los defectos que son anexos a operar sobre modelos reducidos colocados en una cámara cerrada, Rateau y Maxin colocan los cuerpos y superficies que quieren experimentar al aire libre a corta distancia de la boca de un canal por la que sale una corriente de aire de gran velocidad y de filetes paralelos; de este modo, el cuerpo está sumergido en una masa de aire teóricamente infinita, y los filetes de aire que choquen contra él pueden desviarse sin ser influencia~o por pared alguna y sin producir-
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- ssose remolinos distintos de los que se producirían en condiciones análogas en dicho cuerpo moviéndose en una atmósfera libre e indefinida.. En la instalación de Rateau, un ventilador de 1,20 m. de diámetro a<:cionado por un motor de explosión de 25 HP., produce, en un túnel de sección cuadrada de 1,6o m. de lado con una boca de la misma forma en su extremidad de 0,70 m., una corriente de aire de 35 m. por segundo de velocidad. A unos ro centímetros de esta boca se coloca un bastidor de madera, que se apoya en dos flotadores sumergidos en depósitos o canales alargados. En este bastidor se colocan los cuerpos que se trata de ensayar, y, por medio de sistemas de palancas, se determinan o pesan las componentes de la resistencia, la distribución de presiones y la posición del centro de presión. Las velocida<ies del aire se miden por medio del tubo de Pitot. El Laboratorio de la "Brigata Especialisti du Genio", en Roma, posee una instalación análoga muy completa. H)
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CuERPO FIJO EN ESPACIO CERRADO.
Este método de experimentación, con todos sus defectos, ha sido el máe fecundo en resultados prácticos. Esto es debido a lo bien que se presta para sistematizar y repetir los ensayos y a su mayor facilidad, no dependiendo de las condiciones atmosféricas ni del funcionamiento mejor o peor de un aeroplano, un automóvil o una locomotora. Por esta razón, todos los laboratorios actuales importantes, Koutchino, Advisory "Committee for Aeronautics", Saint-Cyr, Eiffel, Goethingen, "Brigata Especialisti", "Smithssonnian Institution", conceden importancia a este método, que se designa con el nombre genérico de Método del Túnel. Fruto de tan repetidas experiencias ha sido que se conozca ya algo de la forma, dimensiones y constitución que han de tener Jos túneles, para que el resultado de los experimentos ofrezcan bastantes garantías de exactitud. Se sabe, por ejemplo, que la relación entre las secciones transversales del modelo y del túnel no ha de exceder de 0,04, y que, en un túnel cilíndrico de revolución, la relación entre la mayor dimensión del modelo y el diámetro del cilindro no ha de exceder de 0,2. Se ha estudiado con cuidado la influencia de la suspensión del modelo y el modo de hacer despreciable la perturbación que produce, y se ha deducido también que las dimensiones mínimas de los modelos han de ser, para superficies planas 1 1 m. ; pues para menores ·dimensiones, los resultados experimentales no pueden a:plicarse con bastante vigor a los planos y superficies de magnitud real. Como consecuencia de estos datos, puede afirmarse que, actualtn<!n-
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te, no hay un solo túnel bastante grande para que en él no :.e falseen los resultados en cuanto los <:uerpos que se experimentan tienen más de un metro de cruzamen. Asimismo puede afirmarse que las velocidades del cilindro de aire son insufidentes, pues no alcanzan siquiera 36 metros por segundo; es decir, la mitad de velocidad de vuelo obtenida en algunos aeroplanos. Como tipo de túnel, describiré el montado por Eiffel en el Laboratorio de Auteil. Está constituído por: un cuarto de experiencias que es atravesado por una corriente cilíndrica de aire de gran .velocidad, la que entra por una pared a través de multitud de agujeros contiguos y sale por la opuesta, por aguj eros simétricamente dispuestos, aspirada por un ventilador accion<11do por un motor de 6o HP. De este modo, el cilindro de aire no roza ninguna de las paredes de la cámara de experiencias, y dentro de ésta, pero fuera del cilindro, pueden instalarse los aparatos de medida y los experimentadores. Pueden obtenerse dos clases de cilindros de aire: uno, cuyo diámetro es de 2 m. y su velocidad máxima de 30 m. por segundo, y otro, de I m. de diámetro y velocidades hasta 38 m. por segundo. Un difusor divergm tc colocado a la salida del cuarto de experiencias reduciendo la velocidad de la masa flúida, aumenta el rendimiento del ventilador y permite alcanzar, por tanto, mayores velocidades. En cuanto a los aparatos de medidas que van en la cámara, consisten en anemómetros, tubos de Pitot, balanzas aerodinámicas y aparatos fotográficos que permiten fotografiar las desviaciones de los filetes flúidos, hechos visibles por medio de partículas de humo, y otros aparatos e instalaciones que no es del momento enumerar.
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CAPITULO V
Descripción rápida de algunos laboratorios.
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La descripción de los laboratorios europeos ha sido publicada en varias revista·9 técnicas; y entre todas, es recomendable la hecha en la "Smithsonnian Miscellaneons Collections" por Mr. Zahm como consecuencia de su visita a todos los principales. Son éstos, según las noticias y dato9 que poseo, los siguientes: en Rusia, Kutchino; en Francia, los de Eiffel, Saint-Cyr. Chalais, Meudon y Vincennes ; en Austria, el del "Osterreichlis<:h Flugtechnische Verein"; en Alemania, el de Goetingen; en Italia, el de la "Brigata Especialisti", y en Inglaterra, el "National Physical Laboratory", el de "Royal A ir Craft Factory", el <ie Vickers y el de Maxin; y en loe
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-552Esta<ios Unidos, el de la "Smithsonnian Institution" y el de la Aviación naval. El túnel <le este último laboratorio es cerrado con una cámara de experiencias de 2,50 X 2,50 X ro metros. Un ventilador accionado por un motor de 500 caballos produce una corriente de aire de 120 kilómetros por hora. El Laboratorio alemán de Goettingen posee también un túnel cerrado de 2 m. X 2 m., con regularizador de circulación en forma de colmena, siendo de notar los ingeniosos 'sistemas de suspensión de los modelos ideados por Prandtl, así como la balanza manométrica del mistno autor. El Laboratorio de Kutchino, cerca de Moscou, se divide en tres secciones : la primera se dedica a estudiar la resistencia •del aire; la segunda, a las aplicaciones prácticas de las leyes de la resistencia del aire, y la tercera, a los estudios aerológicos. Un pequeño túnel de r,20 m. de diámetro, un carro para el ensayo de las hélices y un tapis ro1tlant para estudiar el frotamiento del aire sobre una superficie plana, son los elementos de que disponen las dos primeras secciones, y una instalación meteorológica bien montada, con medios de llenar y lanzar globos-sondas y pilotos, son los útiles de trabajo de la tercera. Como he descripto anteriormente los sucesivos Laboratorios de Eiffel, describiré ahora de un modo ligero el Instituto Aerotécnico de Saint-Cyr. Este laboratorio tiene un túnel, dos carros y un 1na11ege, o aparato del sistema de movimiento circular continuo; el túnel es abierto; tiene una cámara de experiencias atravesada por un cilindro de aire de 2 m. de diámetro por 2 de generatriz; un ventilador de 120 HP. imprime a este aire una velocidad de cerca de 40 metros por segundo. Los dos carros para hélices y para alas y aeroplanos completos ya han quedado descriptos en el ·capítulo correspondiente; y en cuanto al manege, ha sido abandonado casi desde su instalación. Con añardir que la soberbia edificación consta de una serie de naves y cuerpos de dos y tres pisos agrupados alrededor de una inmensa nave central dedicada al ensayo de aparatos diversos, existiendo en aqué11os: laboratorios de Química, Física, Fotografía, etcétera, y que, además <le todo esto, existen anexos barracones para albergar aeroplanos y la vía de ancho normal de un kilómetro de longitud, queda indicado a grandes rasgos lo que es este modernísimo laboratorio aerotécnico, modelo en su clase.
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CAPITULO VI Ensayos de hélices.-Laboratorios especiales. Si en la Arquitectura naval las hélices propulsoras de los buques se -construyen, no apoyándose en una teoría, que no existe, sino en los resultados obtenidos por previa experimentación, inútil es encarecer la importancia que ésta tiene y tendrá por ·cierto tiempo en cuanto a la hélice aérea se refiere. Se distinguen generalmente dos clases de hélices aéreas, según se aplique más especialmente el esfuerzo de reacción sobre el aire, a hacer marchar un aeroplano o un globo dirigible con movimiento horizontal o inclinado, y se llaman entonces propulsoras, o a sostener o elevar un peso en el aire por dicho solo esfuerzo, y se designan con el nombre de sustentadoras. Se ha cre~do por muchos que la segunda clase de hélices ha sido objeto de más completa experimentación que la primera porque ante la dificultad de ensayar una hélice en condiciones análogas a las de la práctica, es decir, dotada simultáneamente con el de rotación de un movimiento de traslación rápido en sentido de su eje, se ha prodigado la experimentación de las hélices en ptmto fijo; es decir, con movimiento de traslación nulo que parece acercarse más a las <.ondiciones de las sustentadoras. En mi opinión, es errónea esta creencia ; pues las hélices sustentadoras de los helicópteros necesitan imprimir a éstos un movimiento de traslación según su eje, y, además, su movimiento horizontal crea una corriente de aire perpendicular a di<'ho eje que hace variar las condiciones experimentales. Pueden, pues, aplicarse Jos resultados obtenidos en punto fijo sólo a la hélice sustentadora en el momento de quietud del aeroplano en la atmósfera; pero, aun en este caso, las hélices estudia~das en los laboratorios no han sido, ni por sus dimensiones, ni por la multiplicidad y forma de sus alas o palas, las más convenientes para los grandes helicópteros del porvenir. Como acabo de exponer, la mayoría de los. ensayos de h~lices se han realizado en punto fijo, siendo las de Drzewiecki y Eiffel las más completas a mi juicio. No se les ocultó a uno y otro el vicio de origen que a sus experiencias aquejaba; y para estimar el valor cualitativo y cuantitativo de ellas, compararon los resultados de ellos con las realizadas por aeroplanos en pleno vuelo con los mismos modelos; y aunque los resultados no son en general muy diferentes, no tienen la aproxi-
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-55-J.mación suficiente para poder sentar sobre aquéllos la técnica de }a hélice aér\!a. Es, pues, necesario perfeccionar los ensayos de esta parte de la Aerodinámica, tan importante; el laboratorio ideal de hélices es el globo dirigible; a falta de éste, el aeroplano, y en su defecto, el túnel, con las debidas precauciones. De todos modos, como se verá en el capítulo siguiente. los ensayos, tal y como se han hecho, han dado muy estimables datos y muy interesantes resultados; y su relativa facilidad y poco coste hace que no deban abandonarse, puesto que proporcionan datos bastante aproximados sobre la potencia absorbida, esfuerzos de tracción, rendimientos, etcétera. De aquí que las hélices se hayan ensayado en todos los laboratorios y aun que existan laboratorios especiales para esta clase de ensayos como el del "Automóvil Club". de Francia, y el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios, de la misma nación. En ellos, un motor de bastante potencia y de velocidad regulable a voluntad imprime movimiento de rotación a una hélice montada sobre un árbol que puede desplazarse ligeramente para medir el esfuerzo de tracción o empuje; el ¡:>ar del motor mide la potencia absorbida. En el Laboratorio de Saint-Cyr, las hélices van montadas en un carro especial que ellas propulsan por la vía del Laboratorio con una suspensión que las aleja del bastidor del carro para evitar los choques y remolinos que pudieran f alscar los resultados; un dinamómetro mide el esfuerzo de tracción con el árbol de la hélice. La potencia absorbida se mi·clc por un contador de potencia y un dinamómetro de transmisión. Clauviere, el célebre constructor de hélices, preparó un automóvil de manera de poder registrar simultáneamente las velocidades de rotación y traslac.ión. empuje y protección absorbida. Por último. el coronel Dorand, por una parte, y Legrand y Gaudart, por otra, han ensayado la:s- hélices sobre sendos aeroplanos en vuelo, en los cuales se registraba en aparatos especiales : los esfuerzos de tracción, potencias consumidas, velocidades de rotación y translación de la hélice, inclinaciones del aeroplano, aparte de detenninarse desde el aeroplano, por aparatos registradores y desde tierra por observación simultánea, desde dos estaciones, el perfil y el desarrollo de la trayectoria seguida por aquél. En resumen: no existe una teoría perfecta de la hélice aérea; se ha hecho mucho experimentalmenta y aun queda mucho que hacer para lograr que la cuestión salga del dominio del empirismo hasta llegar a obtener el propulsor perfecto que facilitará, más que otro factor alguno. la realizarión del vuelo humano económico, seguro y práctico.
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CAPITULO VII Resultados prácticos de la experimentación sistemática. La utilidad de los laboratorios quedará demostra-da con sólo enunciar alguno <le los resultados obtenidos como consecuencia de los experimentos y ensayos en ellos realizados. La índole de este trabajo no me permite extenderme sobr·e el estado actual a que la ex.peri.mentaci6n sistemática ha conducido a la Aerodinámica; m encionaré solamente a grandes rasgos las principales conquistas teóricoprácticas obtenida!! recientemente. Se conoce actualmente la resistencia que el aire opone a un plano que se mueve en una dirección perpendicular a so superficie ; es decir, se conoce la variación del coeficiente k en la clásica fórmula R=KSV 2 en función de la densidad del medio atmosférico y de la fonna y dimensiones del plano, y se sabe hasta qué límite es exacta esta fórmula y en qué punto la resistencia comienza a crecer más de prisa que el cuadrado de la velocidad. Se han estudiado con suficiente precisión las variaciones de la resistencia que el aire opone a un plano moviéndose en una dirección que forme con el plano un ángulo distinto de 90°, así como la distribución de presiones en la superficie en función del ángulo del ataqur y la posición del punto de aplicación de la resultante de todas ellas o rmtro de
presión. Las superficies curvas, estudiadas por Lilienthal y luego por T.ose; l. Irminger, Stanton, Lafay, Haus, Eiffel y tantos otros han llegado a resultados, si no completos, por lo menos bastante precisos para permitir determinar con suficiente exactitud en muchas curvas de ala~ d(· aeroplanos y -de perfiles de dirigibles los valores de
R.., - componente de la resistencia, según la dirección del viento. Ry = ídem de la íd., según la normal al mismo. En este mismo estudio de las alas de aeroplanos, la experimentación de Goethingen, Versalles y especialmente las de Eiffel, han conducido a un conocimiento bastante perfecto de la distribución de presiones en las caras anterior y posterior del ala en función de la veloci dad y del ángulo de ataque.
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Eiffel ha fPOdido ~sta'blecer curvas que él llanna primera polar simple y segunda polar simple, que relacionan entre sí los coeficientes : y
Ry K - -y - SV'
y permiten resolver multitud de problemas de orden práctico relatiws a las alas corrientemente empleadas. Los ingleses y alemanes varían el sistema de representación y cambian las variables Kx y Ky por las Ky Kx Zx=-d
y
Zy= -
d
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pero unos y otros Uegan a resultados muy semejantes. Siguiendo en el mismo fPlan con las polares logarítmicas, ha establecido Eiffel un sistema ingenioso de diagrannas que facilita extraordinariamente el estudio del vuelo horizontal de un aeroplano, ·p ermitiendo resolver de un modo preciso y sencillo la mayoría de los problemas que se presentan al que proyecta un aeroplano. Estas curvas, que son la representación gráfica ·de la función lo;:- Ry
= f ( log Rx )
nos dan las características IJ?Tincipales de un aeroplano: carga útil, velocidad, potencia necesaria; nos permiten aumentar una de ellas variando las otras, y detenminar para un aeroplano ya construído el ángulo de ataque que permite el máximo ·de velocidad para una potencia dada; el mínimum de esfuerzo de tracción de la hélice para un peso dado, el máximum de peso para una velocidad dada, y otros varios problemas de análoga importancia. En cuanto a la teoría de los dirigibles, ha llegado a un grado de suma perfección, gracias a los experimentos de Croco en el Laboratorio de la "Brigata Especialisti Italiana". Por último, el estudio de las propiedades de las hélices por medio de los diagramas logarítmicos de las hélices aéreas permite conocer los trece coeficientes característicos de las mismas y resolver los principalos problemas prácticos de hélices, que son: determinar la potencia útil que suministra el aeroplano, la ¡potencia efectiva que debe suministrarle el motor y el rendimiento p en función clel diámetro, velocidad de rotación y velocidad de marcha del aeroplano. En este punto concreto de la técnica de la hélice aérea, hay que hacer notar que los resultados obtenidos en Alemania por Betz y So-
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den, y en Rusia por Drzwlecki, difieren poco de los obtenidos en Francia, aunque los sistemas de representación son bastante diferentes ; de todos modos, los ensayos de las hélices adolecen del defecto de haberse realizado casi siempre con miras de aplicación al dirigible y al aeroplano; las hélices sustentadoras, las que han de aplicarse a la Helicopteración, han sido menos ensayadas; pues, por razones diversas, el helicóptero no ha tenido adeptos entre las masas técnicas ni aun entre la selecta aristocracia científica. Con esto creo haber expuesto algunos resultados de la ex.perimentación que demuestran la utilidad que a la Aerotecnia hán reportado los laboratorios.
CAP ITULO VIII
La Meteorología, como auxiliar de la Aeronáutica. Al estado de guerra ha sucedido, para la mayoría de los humanos, un estado de paz más o menos duradero. No así para los navegadores aéreos : éstos seguirán en sus puestos d'e combate. Uno de los enemigos, el semejante, el que disponía de elementos de ataque y defensa análogos a los propios, ya ha cesado de serlo; pero el otro, el que dispone de elementos inagotables, de inmensos recursos y de medios potentes, ese no ha depuesto las armas; contra ese hay que seguir una lucha implacable, sin descanso, sin un momento de desmayo. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta la victoria comipleta sobre él? ¿El nombre de tan temible enemigo?... La Atmósfera. Contra sus sorpresas, su inmenso poder y sus secretos, han de luchar desde hoy, unidos, los antiguos adversarios, hasta obtener el triunfo absoluto. El conocimiento de este único enemigo ha de ser, por tanto, una cuestión vital para la Aeronáutica; las condiciones militares, la defensa y el anna~ento de los globos y aeroplanos, pasa por el momento a lugar secundario; ahora, el ingenio humano univers-al ha de dedicarse a proy:ectar y construir aer·onaves arma:das ¡pa.ra luchar contra los invisibles enemigos atmosféricos, con medios ·de defensa contra las fuerzas ciegas de la Naturaleza. El estudio de estas leyes y de aquellos enemigos es lo que constituye el objeto de la Meteorología; no he de insistir, pues, en la importancia d'e su estudio. El barco navega sabre el mar, y le interesa mucho conocer el régimen de mareas, corrientes y, en general, cuanto se refiere a la Meteorología de los mares; el buque submarino navega sumergido completamente en el agua, y ya le interesa ademá<>. especialmente, el régimen de
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las profundidades y la influencia de la forma y circunstancias del fondo del mar sobre las corrientes. Pero a la na ve aérea interesa aún más el conocimiento de la atmósfera que a los navíos marítimos por la diferencia de medios, porque el buque aéreo, más o menos pesado que el aire, forma parte integrante de un flúido en continuo movimiento en todos sentidos dotado de unas prop1edades mecánicas que no posee el agua y sujeto a las influencias preponderantes del Sol y de Ia Luna, que ocasionan mareas irregulares y corrientes intensas de viento, y a otras secundarias, como la orografía, hidrografía, cultivos, condiciones climatológicas, etcétera. La Meteorología ha de proporcionar al aeronauta datos ,precisos sobre todas estas circun"tancias; ha de predecirle el tiempo que hará, las direcciones y velocidades del viento a distintas alturas, en qué zona encontrará nubes y remolinos peligrosos, dónde existirá niebla, ese peligro tan grande para tomar tierra. Deberá el meteorólogo prevenir al aviador la aproximación de tormentas, ciclones y trombas, y al aeronauta, bien de globo libre, ya de dirigible, anunciar las condiciones de humedad y temperatura que ha de encontrar en los diversos puntos de su itinerario. Es necesario, pues, dar la importancia que merece al estudio de la Física del Globo ; se impone una compenetración de esfuerzos e ideales entre los meteorólogos y los aeronautas; que éstos ayuden a aquéllos con su experiencia aérea y con su familiaridad con la atmósfera hasta conseguir hacer de los aeronautas, meteorólogos y de muchos de éstos, aeronautas, y entonces, es seguro que una tan íntima colaboración será fecunda para la conquista total del Aire. En España, aunque poco desarrollados estos estudios, se ha orientado algo el asunto en sentido de esta colaboración. El Servicio militar de Aerostación se preocupó, apenas creada la primera Compañía de Aerostación, de hacer estudios sistemáticos de Meteorología, especialmente de exploración de la alta atmósfera por medio de globos tripulados, globos-sondas y globos-pilotos; estuvo representada en los sucesivos Congresos internacionales de la Federación de Aerostación cientíllca, de la que era órgano delegaco en nuestro país, y creó un observatorio meteorológico en España, y otro en el l()ico Teide, en la isla de Tenerife. Simultáneamente con esta contribución que a la Físi<'a de la Atmósfera prestaba la Aeronáutica militar, el Instituto Central Meteorológico progresaba en sus métodos y dedicaba creciente atención a los mismos estudios, recabando, al fin, para sí los lanzamientos de globos-sondas y pilotos. así como el observatorio del Teide. "e ve, ¡me~>. que los estudios de la Atmósfera tienen ya carta de naturaleza
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en nuestra patria, estando bien orientados y dirigidos. Falta sólo, por una parte, desarrollarlos UIUcho más de lo que están, multiplicando las estaciones-corresponsales, aurr.entando sus medios y especializando Jos estudios de Dinámica atmosférica, y, por otra, establecer una mayor compenetración entre estos servicios y los de Aeronáutica, para que, de esta unión fecunda, nazcan frutos útiles por igual a la Navegación aérea y a la Meteorología.
CAPITULO IX La utilidad indudable de los laboratorios y la obligación de todo país civilizado de aportar sus esfuerzos al progreso de la Navegación aérea, imponen de manera notoria que el nuestro se preocupe ya de la experimentadón sistemática en las varias ramas de la Aerotecnia. Lo hecho hasta t.hora es poco, desgraciadamente; pero demuestra que en España no ha sido totalmente olvidado el problema. En Aerología ya he expuesto '1 hecho por la Aeronáutica Militar y por el Instituto Meteorológico. Tampoco han estado completamente olvidados los estudios aerodinámicos: antes de que el aeroplano de los hennanos Wright surcase por vez primera la Atmósfera en las dunas de Dayton, el Estado español creaba un Centro de Ensayos de Aeronáutica, bajo la dirección del sabio Ingeniero Torres Quevedo, quien me hizo el honor de llamarme a colaborar con él. En este Centro, al par que se dedicaba atención preferente a los ensayos que requería el proyecto y construcción de un globo dirigible, con arreglo al sistema de viga funicular interior inventada por el Sr. Torres Quevedo y se ensayaba el Telekino, del mismo autor, se construían unos cuantos aparatos de Aerodinámica y se hacía la instala-ción de un carro. Cambios de orientaciones, escaseces de asiJnación y otras causas hicieron que aquel Centro languideciese y desapareciera por fin, no sin haber realizado labor útil y provechosa. En 19II comenzó en España la Aviación militar; y cuando apenag llevaba un año de vida, propuse, en mi calida<i de Jefe del Servicio, la instalación de un Laboratorio de Aerodinámica. cuya idea fué aceptada por el entonces Director de Aeronáutica, Coronel Vives, redactando el Proyecto y solicitando los recurso!; para ello necesarios. Más tarde, propuse la transformación de la Escuela Nacional de Aviación, <fe la que era Director, en Laboratorio Aerotécnico; y aceptada en principio, comenzaron las edificaciones y se encargaron aparatos, los cuales se retrasaron por la guerra europea, incorporándose por aquel
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entonces la Escuela Nacional a la Aerpnáutica Militar, cuya Dirección estimó conveniente aplicar a otras necesida-des más urgentes el edificio construído para laboratorio. No digo esto por mera vanagloria, sino para justificar mi convencimiento y para exponer que, con esta idea fija, visité en una y otra ocasión los principales laboratorios euro.peos, sostuve •conversaciones y correspondencia con sus directores y llegué a formarme un cuerpo de doctrina, que es el que trato de eXJponeros y someter a vuestro juicio y a la fecunda controversia en las siguientes bases : x.a España debe crear, sin más dilación, uno o varios laboratorios aerotécnicos. 2,a En ·ellos debe tomarse como sistemas de experiencias el aeroplano-laboratorio y _el túnel grande, de, a lo menos, ocho metros de diámetro, túnel cerrado para que el esfuerzo del ventilador, una vez creada una corriente de aire, sólo tenga que emplearse en vencer los rozattniientos del flúido con las paredes y •los tlettnolinos de la masa de aire. 3.11 Debe concederse primord'ial importancia a la experimenta:ción de hélices sustentadoras aplicables a los helicópteros. 4.a Deben fomentarse los estudios aerológicos en relación con la Navegación aérea. s.a En estos laboratorios ha de evitarse el exclusivismo y, en especial, que se dediquen ·a la ex¡perin:nenmción de ideas del persona_¡} fijo de los mismos, postergando los ensayos de ideas ajenas. 6.a Debe evitarse el defecto contrario, de ser accesibles en exceso a ensayos que tengan pocas probabilidades de éxito y a invenciones poco meditadas o excesivamente empíricas. 7.a Las ideas más opuestas pueden tener cabida en estos laboratorios, sin más limitación que la de someterlas al tamiz de informes senos. 8.a En los laboratorios habrá personal fijo y personal que se renovará periódicamente aunando así la continuidad necesaria a una siste. mática experimentación, con el cambio de ideas y métodos eficaz para todo progreso científico. 9.a A los resultados experimentales se les dará la máxima publicidad con el mínimo retraso. ,¡¡; to. Para continuar los' esfuerzos se impone la existencia de una Junta de patronato o Comité témico revestido ·de la mayor autoridad y con funciones y poderes análogos a los del "British Advisory Committee for Aeronatic", existente en Inglaterra." A .continuadón fué leíida: por su autor, Sr. Saimaniego, la siguiente Memoria:
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.,LA CAPACIDAD AUTOMOVILISTA DE
ESPA~A
Por D. JosÉ MARiA SAMANIEGO, Comandante de Ingenieros. Nuestro sistema nacional de transportes no estará completo si a la gran red ferroviaria no se agregan tupidas mallas de líneas de automóviles; ni nuestra organización industrial, comercial y social podrá competir con las de los grandes países mientras consideremos el automóvil particular como vehículo de !ujo y no como instrumento de tra- .,. bajo. El primer deseo es demostrar el error que se comete, e inculcar en el ánimo de todos el perjuicio que ello trae {;Onsigo, al no dar la importancia que merece al automóvil y al seguir considerándolo en España como objeto de ricos. Tal modo de ver trae una animadversión sistemática contra el automóvil; y ese odio que en el ambiente reina se traduce en las contribuciones e impuestos disparatadamente grandes que en España pesan sobre el Automovilismo; haciéndolo así más aristocrático aún, cuando lo lógico sería procurar que pudieran tenerlo todos, reduciendo a una cantidad equitativa sus impuestos. Para hacer ver cómo estamos quedando retrasados, es curioso echar una ojeada sobre las estadísticas mundiales del número de automóviles existentes en cada país; y para sólo citar un caso, ahí está la isla de Nueva Zelandia, con 1.162.000 habitantes y 16.000 automéwiles (uno por cada 78 zelandeses), mientras que en España tenemos alrededor de 12.000; esto es, uno por cada 1.758 habitantes. ¡Sin embargo, es fácil que en las geografías que estudian los niño11 españoles en las escuelas estén aún representados los isleños de Zelandia con taparrabos, como en los libros que nosotros estudiamos ! Expresamente no he querido hacer la comparación con los Estado~¡ Unidos; pues el desarrollo que ha tomado el Automovilismo en ese país ha sido tan rápido y tan enorme, que ha dejado distanciados a los restantes del mundo entero. En efecto: la estadística más reciente de aquella nación señala la cifra de 6.146.617 para la totalidad de automóviles de turismo y camiones en circulación, correspondiendo así un automóvil por c~da veintiún habitantes; y no he tenido en cuenta las motocicletas, que pasan de .24o.6oo. Hay una población, Desmoins, donde existe un coche por cada nueve personas. En Nueva York corresponde uno a cada treinta y cnatro individuos. Como se comprende, esa enorme cantidad de vehículos no se utiliza 36
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de ordinario para di'Versión (aunque los domingos y días festivos pueda servir para proporcionar un descanso lejos de la dudad), sino que se emplean para dar mayor rendimiento a la actividad del hombre. Se puede calcular que una persona, haciendo sus visitas de negocios en automóvil, efectúa tres veces más de ellas que aquel que las hace en coche de caballos, y seis veces más que el que las haga a pie y tralWÍa. El mismo hombre, con automóvil o sin él, tiene, en igual tiempo, una capacidad de trabajo de 6 ó de I. En resumen: los ciudadanos de Desmoins tienen, en el mismo tiempo que los de Madrid, una movilidad de tres a seis veces mayor. El resultado es que un hombre, allí, puede ganar al dla mucho más que uno de aquí, cobrando menos en cada negocio. Según una nota obtenida por la Agencia R. G. Dun, de los Estados Unidos, sobre un número de 4.304 automóviles de viajeros, corresponden 471 de ellos a médicos y dentistas, 401 a comerciantes de substancias alimenticias, 345 a constructores y contratistas de edificios, 238 a propietarios de hoteles y comerciantt>s de vinos, 158 a ingenieros, 122 a panaderos, 109 a abogados; y así continuaríamos citando sastres, hojalateros, sacerdotes y pintores, en abigarrado conjunto. Al considerar estos datos nuestros médicos, constructores, comerciantes, ingenieros, etc., etc., ¿se dan cuenta de las condiciones de inferioridad en que trabajan? El automóvil es uno de los secretos de por qué, siendo allí los jornales y las ganancias de los intelectuales enormemente mayores que las de los nuestros, los artículos resultan proporcionalmente más baratos que aquí. Creo haber puesto de relieve que el automóvil es un elemento de trabajo en manos del médico, del ingeniero y de tantas otras profesiones.
***
1·
Conocida es de todos la insuficiencia de nuestra red ferroviaria, y también se saben las dificultades que tropieza su desarrollo en regiones demasiado quebradas, de poca densidad de población y de naturaleza pobre. Al norte de la capital de España, sin ir más lejos, y para poner un ejemplo, se encuentran numerosos pueblos de la Sierra cuya comunicación con Madrid sigue siendo tan precaria y tan lenta como en los pasados siglos. ¿Es que esos numerosos núcleos de población no podrían subvenir mejor que ahora a las necesidades de la capital, y por ella a las del resto de España, con los elementos de su producción actual y otros muchos que la rapidez de comunicaciones desarrolJaría si entre ellos y Madrid hubiera organizadas líneas de transportes por .atttomóviles ?
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Los transportes de mercancías con ~utomQviles son indispensables en donde el ferrocarril no existe, y le completan, como últimas ramificaciones del sistema circulatorio sanguíneo, alli donde existe. Pero es más: en muchos casos, pueden servir paralelamente con él. Así, la leche que se transporta a Madrid por ferrocarril de los pueblos inmediatos vendría con más rapidez en automóviles, directamente, a los mercados, y con mayor baratura, pues quedarían suprimidos los transbordos del carro al vagón y del vagón al carro, que por vía férrea son precisos. Durante la congestión en el tráfico que en todo el año 19r7 sufrieron los ferrocarriles norteamericanos, los 435.000 camiones que había entonces allí transportaron I .200 millones de toneladas de mercancías. En España transportaron, en 1909, todos los ferrocarriles, 32 millones de toneladas. Los servicios de transportes automóviles, bien organizados, constituyen circuitos cerrados en los cuales se estudia el fráfico de mercancías de modo que los camiones no hagan viajes de vacío. Si, como antes decíamos, los pueblos de los alrededores de Madrid nos podrían enviar los productos de su suelo, en cambio recibirían los artículos necesarios para su bienestar, que ellos no producen y de los cuales carecen hoy totalmente. El desarrollo de los transportes mediante automóviles traería una disminución en el número de cabezas de ganado necesarias en tales servicios. Ese no es inconveniente, sino ventaja, porque los terrenos destinados a producir los alimentos para esas bestias se dedicarían a obtenerlos para el hombre. Es decir, el aumento del automovilismo trae como resultado el acrecentamiento de la tierra utilizable para nuestra alimentación. Se calcula que roo automóviles equivalen a los vehículos arrastrados por 46o caballerías. Como, según el censo de 191 r, existían en España una totalidad de 1.450.750 caballos y mulas, y cada uno de ellos exige para su alimentación el cultiiVO de 202 áreas, resulta que ellos restan a la alimentación del hombre una totalidad de cerca de 3 millones de hectáreas; cifra que representa más del 5 por roo de los 530.000 kilómetros cuadrados de suelo productor que poseemos. Ahora bien : como los transportes por carretera son de todo punto insuficientes en nuestro país, como lo son los de las vías férreas, si se aumentasen en la medida que exigiría el aumento de densidad de nuestra población, representaría el aumento de la tracción de sangre una resta de consideración en los cultivos de cereales, ec;casos ya, para atendc.r a la alimentación de nuestros habitantes.
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Se ve, por ese concepto también, la ventaja de fomentar los transportes mecánicos.
*** Expuestas a grandes rasgos algunas de las positivas ,ventajas que el automovilismo debería reportarnoS--'Ventajas que no era necesario hacer resaltar ante esta Asamblea, pues son de todos bien conocidas-, pasaré a determinar cuáles son las causas del raquítico desarrollo del Automovilismo en España, qué providencias debieran tomarse para conseguir el fomento del vehículo mecánico y cuál es la actual capacidad que nuestra nación tiene en punto al número de automówiles que podría contar en su censo. Las principales causas son: I .0 El elevado precio de 'los combustibles, de las gomas y de los vehículos mismos.--:2.0 El mal estado de las carreteras, que agrava el mal anterior, puesto que si las carreteras estuviesen bien conservadas y tuviesen trazado adecuado, los automóviles gastarían menos y durarían más.-3.0 Las contribuciones exageradas.4·0 La falta de conocimientos mecánicos en la masa del país.-5.0 El casi nulo desarrollo de nuestra industria automovilista, a consecuencia precisamente de la poca salida de sus productos en la propia N ación.
** * 1.0
El elevado precio de los combustibles es, por hoy, un problema
fiscal .
El combustible empleado en la inmensa mayoría de los automóviles ha sido la gasolina (que, como todos sabemos, es un producto derivado del petróleo), y, por lo tanto, hasta la actualidad, exótico en España, como era exótico en Francia y en Inglaterra. Ahora bien: en esos países, importado por las mismas grandes Compañías que lo importaban a España, costaba a mitad de precio que aquí. ¿Razón? Unos aranceles de Aduanas hechos para proteger ... una fantástica industria nacional petrolera, y que, además de haber causado un perjuicio enonne a la Nación, no están hechos conforme a las reglas que taxativamente marca la ley de 20 de marzo de z9Q6 para las revisiones arancelarias. Dice, en efecto, la regla cuarta en su apartado B) que "... productos naturales que no se obtengan en el país y que la industria nacional emplea como primeras materia~s el caso del petróleo-satisfarán por el indicado concepto un derecho que no exceda del 10 por 100 de su valor." Ahora bien: como a los petróleos se les carga con 30 céntimos kilo, equivale a que esta materia costase a 3 pesétas el ·kilo, y este precio no lo ha tenido nunéa el petróleo en puerto español, compren-
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didos los gastos de transporte. Como su precio normal puede haber sido, a lo sumo, de 30 céntimos, si el arancel hubiera estado aplicado según la regla, los derechos serían de 3 céntimos kilo. Pasemos a la gasolina. Vamos a considerarla como producto industrial. En tal caso, según el apartado E) de la misma regla, habría de pagar entre el I S y el so por 100 de su valor; y como éste habrá sido, como máximo, de 40 céntimos, a lo sumo se le podría hacer pagar 20 céntimos, rayando ya en los límites de lo abusivo. Por último, dice la repetida regla en su apartado: "Podrán estar aujetos a derechos superiores al so por roo de su valor los artículos de renta y aquellos productos o manufacturas que, por las dificultades de su elaboración y la conveniencia de· que se obtengan en el país, necesitan una protección arancelaria excepcional." Dentro de este parralito es donde, por lo visto, han metido a los petróleos y las gasolinas, sin razón ninguna, pues ni tiene dificultades excepcionales la elaborat"i.5n de la gasolina, ni se obtiene del suelo de España el petróleo por el mero hecho de ponerle aranceles altos. La explotación de yacimientos petrolíferos del país es un ideal que, por desgracia, hasta el presente no ha dado resultado. Las manifestaciones petrolíferas y bituminosas, en España, forman un arco que corre del Narre, por el Este, al Sur de la Península. En Torrelavega (Santander), la Casa Solvay hizo ya años varios sondeos, profundizando en uno de ellos hasta 3SO metros, y encontró una pequeña cantidad de petróleo en terreno triásico. En Huidobro (Burgos), hacia el año r86o, se notaron rezumos de petróleo en una fuente, cerca de manifestaciones de cobre, en areniscas del cretáceo, en la falda norte de Peña Redonda. En el año 1873 hicieron una galería como de so metros, y destilaron petróleo de unas arenas. Dicho trabajo estaba casi cegado el año 191 1. Posteriormente, se hizo un pozo de 40 metros, sin resultado, y en 1900 la Casa Hulster Freres sondeó hasta soo metros, sin encontrar nada, y sin haber Uegado al terreno jurásico, donde pensaban. En Quintana Redonda (Soria), la "Compagnie Ibérique des Mines" hizo en 1907 sondeos en forma bien estudiada; y después de haber pasado los 450 metros, abandonó los trabajos. En el Este, a una distancia de unos 20 kilómetros de la estación de Rubielos de Mora (Teruel), se encuentran arcillas pizarreñas bituminosas que arden con facilidad, desprendiendo fuerte olor a petróleo. Se presentan co.n afloramientos de lignitos en varios parajes de los términos municipales del citado pueblo, Fuentes de Rubielos, Olba y otros. Algunos de esos yacimientos están ya en explotación por la Casa Sabadell y Henry, para obtener lubrificantes y aceites pesados.
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Dicha Sociedad ha llegado a destilar, como ensayoJ los referidos productos hasta obtener un petróleo ligero propio para motores de automóviles; y el que esto escribe tuvo ocasión de hacer experiencias con unas muestras, que dieron perfecto resultado. No obstante, parece que, desde el punto de vista económico, no es ventajosa la obtención de ese petróleo ligero Los supuestos yacimientos de la provincia de Cádiz son los que han atraído más la atención. En r86o, una Compañía inglesa destilaba petróleo de ciertas areniscas bituminosas en el puerto del Boyar, cerca de Grazalema (Cádiz); pero la explotación duró poco por lo difícil <le los transportes y coincidir además con el desarrollo enorme del mer,·ado de América, que hizo impos~ble toda competencia. Después, se han hecho nwnerosos sondeos en aquella provincia, y rr.e extendería demasiado refiriéndolos todos. Citaré tan sólo los hechos en 1907 y r9Q8 en las inmediaciones de Villamartín, con hallazgos de ozoquerita y petróleo, del que se recogieron varios millares de litros. Posteriormente, el Estado adquirió material de sondeos para efectuar las investigaciones acordadas por el Instituto Geológico, y efectuó trabajos que se llevaban con demasiada lentitud, y hasta el presente nada se ha conseguido. En toda esa región de Cádiz se hicieron numerosas denuncias de terrenos, y ha sido visitada por diversos Ingenieros especialistas extranjeros, que emitieron informes con puntos de vista diferentes. El detalle de cuanto estoy indicando lo publicó el año pasado en la revista técnica Espaiia Au.tomóvil D. Juan Huerta y Topete, que ha sido una de las personas que más se interesaron en los referidos yacimientos de la provincia de Cádiz. En resumen: sin negar la posibilidad de que futuros sondeos afortunados nos dieren el preciado líquido, por hoy, en lo que se refiere a gasolinas, debemos importarlas, y en consecuencia, el modo de que sean baratas se reduce a rebajar sus aranceles y el de los petróleos. No cree el que esto escribe que deben abandonarse los trabajos de investigación en busca de petróleos dentro de la Península, y tal vez en la costa de A frica; mas como son enormemente costosos, habría que hacerlos después de un estudio geológico perfecto. Pero no debemos limitarnos al uso de las gasolinas y otros derivados del petróleo algo más densos que principian a ser aprovechados en modernos carburadores. Debido a la falta de importaciones de petróleos durante la guerra pasada comenzaron a emplearse en España de un modo general el benzol y el alcohol, y mezclas de estos productos indígenas. Si entre nues<-
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tros automovilistas esto era nuevo, no sucedía lo mismo para los franceses, y menos para los alemanes, que hacía muchos años venían empleando en buen número de sus coches los referidos benzol y alcohol, producidos en grandes cantidades allende del Rhin. El citado empleo fué, por otra parte, una fortuna para los alemanes; pues, si hubieran necesitado combustibles exóticos, no habrían podido utilizar en grande escala el automovilismo y otros servicios del motor de explosión durante la guerra, a causa del bloqueo. Iniciado ya el camino hacia el empleo del benzol y del alcohol, no debemos abandonarle al recibir gasolina otra vez en abundancia, máxime cuando ésta ya no podrá tener predos bajos, aunque se reduzcan los aranceles, porque su coste ha aumentado en los países productores. Debemos tomar con interés el estudio de un combustible líquido nacional eficiente y económico ; y sirva esta ocasión para brindar el asunto a los distinguidos técnicos especialistas, que, -de seguro, concurren a esta Asamblea. La base de dicho combustible, en la creencia del que esto escribe, está en el alcohol, ya que nuestro país, como país de sol , es un acumulador de fermentaciones. El benzol se produce en España en cantidades que no he podido determinar; pues durante el periodo de la guerra, las fábricas que lo obtenían evitaban por todos los medios dar a conocer la cuantía de su producción, porque es probable que se beneficiaban grandemente exportándolo. De todos modos, no creo que el número global de toneladas de benzol fabricadas sea considerable; pero podría llegar a serlo al desarrollarse el aprovechamiento de los productos volátiles en la coquificación de los carbones. Suponiendo un consumo medio anual por automóvil de 1.000 litros de combustible, los 12.000 automóviles españoles gastan 12 millones de litros; y si es de gasolina, 75.471 barriles americanos de 42 galones de capacidad, que representa el o,64 por 100 de los 12 millones de bar riles que exportaron de ese producto los Estados Unidos en 19r8. No hay que decir que esas cifras serían mayores al desarrollarse el Automovilismo en las medidas de las :posibiHdades que luego veremos, y cuando comiencen la Agricultura y la pequeña Industria a emplear los motores de explosión, si se consigue obtener un combustible líquido económico, por importación o por preparación doméstica. Las gomas y el automóvil mismo alcanzan en España precios superiores a los que tienen en las naciones que los construyen en grandes cantidades. E sto es natural; y precisamente el mismo desarrollo que preconizo nos traería la fabricación numerosa de esos productos y la
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posibilidad de que sus precios fuesen equivalentes a los extranjeros en el país de origen. 2.0 Las carreteras y su estado es otro de los factores principales del automovilismo. En realidad, por bien que se conserven, los actuales caminos no son apropiados para el moderno vehículo. Este utiliza lo que encontró ya hecho, pero nada más. Andando el tiempo, ias carreteras estarán trazadas bajo conceptos técnicos distintos de los que hasta ahora se tienen, y los materiales empleados serán también diferentes. Pero hasta tanto que eso llegue, hay que ir mejorando y adaptando en lo posible al Automovilismo la actual red de caminos. Estoy seguro que la mejora de las carreteras, asunto inaplazable, constituye uno de los temas preferentes de este Congreso, y que ha de ser una de las conclusiones que se han de elevar a los Poderes públicos, por lo que yo me limito a citarla como elemento componente de este trabajo, y a causa de que no puede pensarse en tener líneas ni numerosos automóviles particulares y de turismo, mientras no haya pisos adecuados por donde rodar. A propósito de turismo relacionado cQn las carreteras, permítaseme recordar una Memoria que el Ingeniero y Secretario general del Real Automóvil Club, D. Carlos Resines, presentó hace años con ocasión del V Congreso Internacional de Turismo. El Sr. Resines proponía la reparación perfecta de tres circuitos de carreteras españolas, para permitir recorrer en condiciones de comodidad la casi totalidad de la Península a los turistas automCtVilistas extranjeros. Dichos tres circuitos estaban constituidos: el primero, por Irún, San Sebastián, Vitoria, Burgos, Valladolid, Segovia, Madrid, Guadalajara, Zaragoza, Barcelona y La Junquera; el segundo, por parte del anterior, hasta Madrid, y Talavera de la Reina, Cáceres, Pontevedra, CQruña, Oviedo, Santander, Bilbao, San Sebastián e Irún; y el tercero, por la primera parte de los anteriores, hasta Madrid, y Toledo, Valdepeñas, Bailén, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada, Alicante, Valencia, Castellón, Barcelona y La Junquera. El coste de las reparaciones de los 6.189 Km: de carreteras comprendidas en la relación citada, ascendía el año 1912 a 14.894.189 pesetas. Al lado de ese gasto, observaba el Sr. Resines que en las Aduanas situadas en las carreteras fronterizas se registraban entonces al afio más de 30.000 pasos de automóviles en uno y otro sentido. Admitiendo que, al tener en buen estado nuestras carreteras, tan sólo el 10 por 100 de esos pasos se hubiesen convertido en excursiones por uno de los circuitos estudiados, hubiéramos tenido 3.000 automóviles, que, ocupados por tres personas, como término medio, hubieran dejado anualmente,
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según cálculos muy detallados, unos 13.500.000 pesetas; esto es, casi el coste de las refecciones proyectadas. Pero ese es tan sólo un punto a considerar, y el menos importante, con serlo mucho. Lo transcendental es el impulso de los transportes y su abaratamiento a causa de su facilidad. Sabemos que el establecimiento de vías de comunicación y medios de transporte son los que determinan la formación de núcleos de población y de tráfico. Mejoremos nuestras carreteras, mantengámoslas en buen estado, demos facilidades para el establecimiento de líneas de automóviles de pasajeros y mercancías, y veremos desarrollarse la riqueza en las numerosas regiones miserables y deshabitadas que constituyen rverdaderas manchas sobre el mapa de la Península. Precisamente, en la nadón vecina, Francia, tienen ahora como uno de los problemas primordiales la reconstrucción y refección de una gran parte de sus carreteras, que fueron destruidas en la zona de hostilidades o cuya reparación estuvo abandonada por falta de elementos y de brazos. Y aunque, como es fama, en Francia tenían unas magníficas carreteras, piensan que tales vías no se adaptan ya al tráfico moderno, y estudian distintos procedimientos de construcción de los empleados hasta hoy corrientemente. La tendencia en Norteamérica (y parece que en Francia se va a adoptar) se dirige al uso del cemento. Un sistema consiste en formar el finne de la calzada con una sola capa de hormigón de cemento, uniformemente dosificada, de un espesor mínimo de 12 centímetros. Otro se hace poniendo primero una cimentación de 22 centímetros de grueso, compuesta de un hormigón menos rico que el empleado para la capa que va encima, que es la de desgaste, y que tiene al menos 5 centímetros de espesor. N o me extiendo en más detalles sobre el particular porque alargaría en exceso esta Memoria y me saldría del objetivo principal de ella. Permítaseme, sin embargo, en punto a carreteras para automóviles, citar la Lincoln Highway, vía transcontinental en construcción que unirá Nueva York con San Francisco de California. Dicha carretera se compondrá de varias pistas para automóviles yentes y vinientes rápidos, lentos Y de carga, para motociclos, para tracción de sangre y para peatones. A lo largo de la vía, que estará iluminada durante la noche, se colocarán, en los cruces, grandes almacenes y muelles de carga y descarga de mercancías, y se formarán poblados y manufacturas. Andando el tiempo, es fácil que se convierta en una interminable Ciudad Lineal. 3·0 Los impuestos que gravan en España sobre el automovilismo son mayores que en cualquiera otro país del Mundo; y lo más triste
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es qu~ dichos impuestos ·se hallan en razón inversa de los servicios prestados por las entidades oficiales a los automo!Vilistas. Como ejemplo vergonzoso, tenemos Madrid, cuyo pavimento no es digno de una ciudad; y aun lo que actualmente se construye de nuevo dista mucho de ser lo que debiera. Pues bien : en Madrid, un minúsculo automóvil de dos asientos y ocho cabatllos de potencia paga de contribución: a) Impuesto sobre carruajes de lujo, anualmente, pe-
setas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . b) II,28 pesetas anuales por asiento, incluso el del conductor; esto es, pesetas....................................
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e) El 100 por 100 de recargo sobre la suma de a) y b), pesetas... II8,56 d) El 6 por 100 por administración, cobranza y .partidas fallidas, sdbre la suma de a), b) y e), pesetas...................... .. 14,23
TOTAL....................................... 251,35 Parece que, en efecto, éste debiera ser ya u11 total; mas no sucede así. Tenemos el automóvil, y hemos pagado esa pila de impuestos caprichosamente superpuestos. Pero ese pago sólo sirve para encerrar el automóvil en la cochera y poderlo ensefiar a los amigos. Si lo queremos sacar hay que pedir: e) Permiso de circulación, arbitrio <ieclarado taxativamente ilegal y que, no obstante, siguen cdbrando los Ayuntamientos, a pesar de los recursos interpuestos en varias ocasiones. El tal permiso de circulación está computado por el número de caballos de potencia del coche a razón de 20 pesetas al afio por caballo. Así, el cochecillo del ejemplo pagará además, para poder circular, pesetas.......................................... i6o,oo o sea, englobando las partidas a), b), e), d) y e), pesetas......... tii,J5 Pagada . tan respetable cantidad, que tienen la ·bondad de cobrar por trimestres, echamos gasolina al coche y salimos a la calle. En mala hora lo hemos hecho: un guardia munic~pal nos pregunta si hemos 3!bonado el arbitrio f) d.e paso de aceras, que importa 53 ó Io6 pesetas al año, y que deben pagar todas las puertas de Madrid por donde entran vehículos. Si se viaja en .automóvil, nos encontraremos pueblos y provinciaa
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donde han establecido portazgos a su antojo, y poblaciones, como Sevilla, donde se mantienen los Consumos y hay que pagar una cierta cantidad por la gasolina gastada, que ya por si tiene un precio enorme. Al lado de las cifras citadas, y que corremos peligro que las aumenten, según los nuevos Presupuestos presentados, veamos lo que paga ese mismo pequeño automóvil de dos asientos y de 8 HP. de potencia en Inglaterra y en Francia, ('Uyos Gobiernos y municipalidades dan, en cambio, al automovilista carreteras y calles conservadas de muy distinta manera de la que nosotros padecemos. En Inglaterra pagan los automóviles con arreglo a una tarifa formada según la potencia del automólvil. Al de nuestro ejemplo le correspondería pagar anualmente 3 libras y 3 chelines; esto es, con cambio a la par, 78,50 pesetas. En esa nación se paga aparte el lujo en los coches, que consiste en llevar pintadas en la caja las iniciales o escudo del propietario. Por tal lujo se abonan al año 2 libras y 2 chelines. En Francia, la tarifa depende de la importancia de la población. Tomando la más cara, que es la de París, encontramos: a) Por los dos asientos del vehículo, so francos; b) 5 francos por cada uno de los 8 caballos; esto es, 40 francos. En total, 90 francos. Esos eran los impuestos anteriores a la guerra; no tengo a mi disposición en este momento datos sobre el aumento que han sufrido; pero admitiendo que los hayan doblado, llegamos en Inglaterra a las 6 libras y 6 chelines, y en Francia, a los r8o francos, inferiores a la mitad de lo que paga el mismo automóvil en España. Mucho menores que esos impuestos son los de los Estados Unidos. En aquella nación varían según los Estados; pero tomando el de Nueva York, donde los tributos sobre los automóviles son más elevados que en los demás, el automóvil de nuestro ejemplo pagaría 5 dólares al año; cifra que, en comparación, no representa en Madrid más de Io pesetas, porque, con igual esfuerzo, se gana allí una suma tres veces mayor. Si pasásemos a considerar los impuestos que sufren las Compañías españolas interurbanas de automóviles para viajeros y carga, nos encontraríamos con una maraña de gabelas más complicada que la acabada de verse, y que da lugar a continuas consultas y torcidas interpretaciones. A propósito de este mismo asunto, escribía en marzo pasado la Cámara Nacional del Comercio Automovilista de los Estados Unidos, con motivo de un pretendido aumento de impuestos: "Los transportes con automóviles por carreteras, para que tengan éxito, han de ser económicos. Si se ponen restricciones a ese género de
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locomoción y se ha de pagar impuestos a la Ciudad, al Estado y a la Nación por diferentes conceptos, como licencias, arbitrio por uso de las calles y de las carreteras, resultará demasiado caro y, por lo tanto, no podrá utilizarse. Nuestro bienestar f~tturo depende de ese género de transporte. Este llega a puntos donde no tocan los ferrocarriles. Se acerca hasta los costados de los barcos y de los vagones, y lleva los productos hasta la puerta del consumidor próximo, o a distancias lejanas, en mejores condiciones y más rápidamente que cualquiera otro medio de acarreo, haciendo que se reciban con doble rapidez que por gran velocidad. Efectúa su servicio en horas, mientras que el ferrocarril exige días. El coste resulta más barato que la gran velocidad en los caminos de hierro, y tan sólo en algunos casos ts algo más caro que la tarifa de pequeña velocidad. Si se le recarga .c on toda clase de restrícciones1 arbitrios e impuestos, su desarrollo quedará detenido, y el Automovilismo resultará impedido como elemento de transporte." 4.0 La falta de conocimientos mecánicos en la masa general del país es causa del encarecimiento de la mano de obra y de las reparaciones, en todo lo relacionado con el Automovilismo; el cual, a veces, cae en manos de eXlplotadores que cobran precios abusivos, valiéndose del total desconocimiento de la materia por parte del cliente. La gran mayoría de los mecánicos-conductores de automóviles no tiene la menor idea de la máquina que llevan en sus manos; y, en especial, la parte eléctrica de los modernos vehículos sufre con frecuencia averías (cuyas reparaciones se cobran bien caras), debidas tan sólo a la ignorancia de los que las manejan. Por otra parte, hay muchísimas personas de posición económica suficiente a quienes sería útil poseer un pequeño automóvil, que ellas mismas podrían conducir y vigilar en la limpieza y engrase, y que no lo tienen por carecer de las aficiones que el conocimiento de la Mecánica trae consigo. El mal, que es común al Automovilismo y a todos los asuntos industriales en general, proviene del sistema nacional de enseñanza, y éste no es lugar de insistir sobre ello. Podemos, sin embargo, rectificar en cierto modo el daño, fomentando el establecimiento de clases especiales sobre automovilismo en las Escuelas Industriales y de Oficios, y organizando cursos cortos y conferencias nocturnas en Universi4ades, Ateneos o Escuelas de Ingenieros. Sociedades tales como los diversos Automóviles Clubs y las Cámaras Sindicales del Comercio Automovilista, de seguro han de apoyar la iniciativ~, y hasta subvendrían a los gastos, si los hubiere. 5.0 El pequeño desarrollo de la industria automovilista española se debe, en primer término, a la falta de mercado.
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Se comprende que cualquier nueva marca de automóvil tropieza al nacer con inmensas dificultades, tales como lo costoso de los modelos y de sus ensayos, sus deficiencias naturales y su falta de renombre; dificultades que sólo pueden vencer rápidamente las Empresas con un capital muy grande. Mas si una Empresa tiene un capital muy grande, sólo será productiva si fabrica y vende en la misma medida; y esto último depende de la magnitud del mercado. Ahora bien : con un mercado que sólo absorbe anualmente unos r .soo automóviles, como ocurre en España, a duras penas hay lugar para media docena de fábricas de minúscula producción; pues siempre debemos contar con la concurrencia extranjera; y como el producir poco en materia como el Automovilismo, donde los modelos varían cada año, es producir caro, venimos a parar otra vez a una de las causas del raquítico desarrollo del Automovilismo español, y es el alto precio del mismo automóvil. Un automÓIVil, en España, no cuesta menos de 5.000 pesetas; pues veamos cómo se habría reducido el mercado automovilista de los Estados Unid9s si en esa nación el precio mínimo de tal vehículo fuese de unos 2.000 dólares, que es la cifra que en el bolsillo del norteamericano puede equivaler a las 5.000 pesetas (en realidad, equivale a menos) en manos de un español. · Según una estadística hecha en r de enero de 1918, el precio de adquisición de los 5.003.182 automóviles de turismo que había registrados en los Estados Unidos se clasificaba así: _._ PRECIO
N limero de nutom6Yileo.
Menos de soo dólares.. . . . . . . . . . . . . . ... De soo a 749 » ·· · · · · · · · · •· · · · · · · · · De 7 so a 999 • · . ...... · .. · • · • • . · .. De t.ooo a 1.249 • . . . . . · .. · . · · · · · · • De 1.250 a 1.499 » ·· · · · . · · · · · · · · · · · · · De 1.5oo a 1.999 » ... . ....... . ..... . De 2.ooo a 2.499 ) ...... · . · ... · • · · • · De 2.500 á 2.999 11 • • • • •• • • • • • • • • • • • • De 3.ooo a 3·999 » . . . . . . . . . . . . . .... De 4.ooo y más , . . . . .... . .
2.346·549 556·498 956.244 308.104 295-459 186.983 120.972 108.o6o 69.691 62.622
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Por el adjunto cuadro observamos que el número de automóviles del precio de 2.000 dólares y superiores a éste que había en los Estados Unidos era el de 361.345; cifra a la cual habría quedado allí reducida la de 5.003.182, si el precio inferior del automóvil de turismo fuese de
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dólares. Esto es, de un golpe hubiera desaparecido el 92,9 por 100 de los propietarios de automóviles, y la proporción sería de un automóvil por cada 300 habitantes.
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Expuestas las causas primordiales del pobre desarrollo del Automovilismo español, y deducidos sus remedios, si éstos se aplicasen, nos hallaríamos en condiciones semejantes a las rde otros países para que aquí tuviese una extensión parecida. Tratemos de determinar cuál sería nuestra capacidad en lo que se refiere al número de vehículos mecánicos que podríamos contar en el censo. Para no hacer el estudio demasiado largo, consideraremos cinco grupos de vehículos : 1.0 El pequeño coch~ particular, de un consumo de gasolina inferior a IO litros en 100 kilómetros, y cuyo coste total de sostenimiento--sin mecánico--, contando con un recorrido anual de 12.000 kilómetros, no excede de 3.000 pesetas. 2. 0 El automóvil de gasto superior a 10 litros en 100 kilómetros e inferior a 18, entre cuyos límites están cotn1>rendidos los que tienen motores de 10 a 20 HP. 3.0 El automóvil de consumo superior a 18 litros de gasolina en 100 kilómetros. 4.0 El ómnibus de servicios públicos urbanos e interurbanos. 5.0 El camión para transporte de mercancías. El primer vehículo apenas es conocido en España, fuera de Barcelona, donde radican algunas de las fábricas que lo construyen. Como algunas de esas fábricas fueron iniciadas por jóvenes deportistas con Ingenieros, se atendió más al carácter deportiovo de los vehículos; pero a medida que se desarrollan, van tomando sus automóviles tipo más utilitario. El pequeño automóvil ha de utilizarse sin mecánico, puesto que, de otro modo, costaría más el collar que el galgo. Requiere, así, su adquisición un conocimiento preliminar de Mecánica, que, como más arriba expuse, no tiene la gran mayoría de las personas a las que dicha clase de vehículo podría ser de señalada aplicación. Resulta, pues, que su desarrollo, entre nosotros, está paralizado por esa falta de educación mecánica ; pero se aceleraría el desenvolvimiento organizando con frecuencia, más bien que carreras, demostraciones prácticas de consumo, y hasta creando premios de Economía para quien demostrase haber efectuado con su coche un máximo de kilómetros con
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un mínimo gasto. Tales concursos los patrocinarían seguramente las Cámaras Oficiales Españolas del Automovilismo. Sin dificultad obtendríamos así 15.000 cochecitos rodando por España; cifra superior a la totalidad de vehículos automóviles hoy en uso. El segundo grupo comprende los automóviles de empleo más general, pues abarca los muy prácticos de 10 a 15 caballos para ser utilizados por su propietario, sin mecánico; los apropiados para taxímetros, y los que admiten carrocerías cerradas para población y excursiones. Su número también podría llegar a 15.000. En el tercer grupo entran ya los automóviles de gran precio y de lujosas carrocerías. Como hasta el presente, debido a las causas expuestas, el Automovilismo español está casi exclusivamente constituido por millonarios, la mayoría de los automóviles que hoy ruedan por nuestro país son de esta categoría. No exageraremos, por tanto, al asegurar que podría haber de ellos unos diez mil en España. El ómnibus-automóvil, para servicios interurbanos y urbanos, ocupa el cuarto grupo. Algo hemos indicado acerca de la necesidad de establecer esas líneas de viajeros, que· constituyen como las últimas ramificaciones del sistema arterial formado por los ferrocarriles. Italia. con sus 13.000 kilómetros de carreteras servidas con ómnibus públicos pertenecientes a más de cuatrocientas Compañías, nos da un ejemplo de lo que podrían ser aquí tales redes de automóviles. Un servicio análogo absorbería más de un millar de esos 'Vehículos, y contando con los destinados en las poblaciones a otros usos, corno coches de hoteles, etcétera, llegaríamos a 2.000 de ellos. Estamos ahora ante el quinto grupo, constituido por el camiónautomóvil; y aunque podíamos haberlo subdividido en categorías, lo consideraremos en un solo conjunto, por abreviar. Su desenvolvimiento es del mayor interés para nuestra prosperidad material (recuérdense las paJabras que hemos citado de la N ational Automobile Chamber of Commerce, de los Estados Unidos); y así, debemos considerar el asunto como de la mayor importancia, tratando de hacer desaparecer las dificultades que, como he indicado, se oponen al mencionado desarrollo. Si en los Estados Unidos hay más de soo.ooo camiones, siendo nuestra población un quinto de la suya, en igual proporción habríamos de tener cerca de 100.000. Pero esto es sencillamente un ideal, porque aun las naciones europeas productoras de automóviles, como Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, no alcanzan, ni con mucho, la proporción de Jos Estados Unidos. Podríamos, eso sí, llegar a un décimo de la cifra de 100.000 camiones, antes citada, o sea, alrededor de IO.ooo. Reuniendo las cinco partidas anteriores, encontramos una totali-
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dad de 52.000 vehículos mecánicos; número que representa la proporción de un automóvil para cada 403 habitantes. Según una estadística formada por el Departamento extranjero de la "National Association of Manufacturers", de Norteamérica, se atribuye a España, con las condiciones actuales, una capacidad automovilista de 35.000 vehículos. Por otra parte, comparando con las cifras de otros países, vemos que la proporción de 403 habitantes por cada automóvil que he expuesto, es casi la misma que la atribuida a Francia (402 por automóvil) en una estadística formada por la Oficina de Prensa de la Casa italiana "Fíat" a base de datos del año 1917. No es, pues, descaminado el considerar que, si pudiésemos romper las trabas que impiden el fomento del automóvil, dicha capacidad de España estaría comprendida entre so y 6o.ooo unidades.
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No se han considerado bien las halagüeñas consecuencias que tendría tal desarrollo del Automovilismo. En cuantas naciones ha podido prosperar esa industria, por haber hallado facilidades y elementos adecuados, se ha colocado en poco tiempo a la cabeza de las demás fabriciones, y, por sus múltiples necesidades y derivaciones, ha hecho que muchas de ellas se perfeccionasen y ampliasen. Causa maravilla visitar las ciudades de Detroit y Toledo, en los Estados Unidos, desarrolladas como por arte mágico en menos de diez .años, gracias a las inmensas fábricas de automóviles que allí se asientan. No menor admiración producen las visitas a los establecimientos y talleres de las Casas Renault y Citroen, en París, y los "Fíat", en Italia. Tan sólo por citar datos concretos, y tomándolos de estadísticas establecidas por la "National Automobile Chamber of Commerce", de los Estados Unidos, daré a conocer algunas de las cifras que dan idea de la magnitud del desenvolvimiento industrial que el automóvil ha producido de una manera directa en aquella nación, sin que ello quiera -decir que el nuestro podría ser proporcionado ; pues los elementos primarios español~s no alcanzan igual relación con los de aquel país, pero sí nos servirán de base para desear el desarrollo y. por lo tanto, para procurar conseguirlo en la medida adecuada a nuestro marco. La industria automovilista norteamericana representa un capital .de 1.297 millones de dólares, que equivale al de todos los Bancos nacionales de. aquella Unión, y dos veces mayor que el del grupo de la ·"Standard Oil", formado por treinta y cinco Compañías.
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El valor de los automóviles que construyeron en 1917 (494·S8o.6or dólares) fué doble de los intereses producidos por las doce mayores Compañías de seguros de los Estados Unidos. _ La referida industria emplea 830.000 individuos; número que es la mitad de la totalidad de empleados de la red completa de los ferro~rriles norteamericanos, y no se ha contado el número de conductores de automóviles ni de empleados en garages, que pasarán de tres millones. La totalidad de asientos de los automóviles para pasajeros en los Estados Unidos es de 25.000.000. La misma totalidad de sus ferrocarriles es de 3.soo.ooo. Para que los mencionados ferrocarriles pudiesen transportar el número de personas que ahora llevan allí los automóviles, se necesitarían 6o.ooo nuevos vagones y 14.972 nuevas locomotoras, con un coste de 524 millones de dólares. Corno un solo ejemplo de influencia indirecta del Automovilismo en otros factores de la economía nacional, veamos la que en los Estados Unidos ha tenido sobre el valor de la tierra, según la última citada es~ tadística. Durante los 'Veinte años anteriores a 1901 (época anterior al Automovilismo), aumentó anualmente en 400 millones de dólares el valor de las fincas rústicas del territorio de la Unión, y en la totalidad de ese mismo período aumentó la población en un 50 por roo, o sea, un 2,5 al año. En los diez y seis afias siguientes, hasta donde alcanzan los datos recogidos (época del Automovilismo), el valor de la tierra aumentó cada año en 1.300 millones; aumento más de tres veces mayor que el antes indicado, y que no se puede atribuir al crecimiento de pobla~ <:ión, pues ésta aumentó en el segundo período en un 33 por roo, o sea, en menor proporción que en el citado período anterior. En manos de los agricultores norteamericanos hay dos millones de automóviles, no incluyéndose en esta cifra los que constituyen aparatos agrícolas.
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Si en España tuviésemos 6o.ooo automóviles, ese número sería una buena base para el establecimiento de bastantes fábricas de vehículos mecánicos, que, además de la riqueza que representasen, indirectamente darían trabajo a la elaboración de muchas de las primeras materias que en la actualidad se van al Extranjero y fomentarían grandemente nuestros establecimientos metalúrgicos. Pocas industrias, en efecto, exigen, como la automovilista, el con-curso de elementos tan diferentes. Necesita de las minas de carbón, de 37
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hierro, de cobre, de aluminio, de cinc, de plomo y de platino, por nombrar las principales, y del concurso de los altos hornos, de las fundiciones y talleres de elaboración de esos metales, y de las fábricas de productos químicos. Ha de recurrir a la Ganadería para obtener materias necesarias por intermedio de los curtidores, de los fabricantes de colas y de lanas. Acude también a la Agricultura en busca del algodón, de la goma y del alcohol, para proveerse de lonas y telas, neumáticos y barnices. Pide a los bosques la madera, y con ella da trabajo a las serrerías, a los talleres de construcción de cajas de coches, y hasta a las fábricas de papel e imprentas para su numerosa propaganda. Presta ocupación a los constructores de aparatos eléctricos. De las explotaciones de arenas, canteras y pozos de petróleos, requiere los elementos necesarios para los cristales, para el cemento ·de sus obras y para sus. combustibles y lubrificantes ... y aun esta relación es incompleta. Además del personal de las fábricas, que podría sumar alrededor de 15.000 individuos, encontrarían ocupación más de 40.000 mecánicosconductores y 20.000 empleados de "garages" y obreros de talleres de reparaciones, que con sus familias formarían un núcleo de unas 375.000. personas, cuyo medio de vida estaría en el Automovilismo. Los ingresos que éste rendiría al Estado y a los Municipios seríany evidentemente, mucho mayores que los actuales, y en vez del procedimiento que ahora emplea .nuestra Recaudación oficial, al estilo de los. comerciantes malos, de cobrar mucho entre pocos, tendríamos el sistema del gra~ comercio, cobrando poco de muchos. Tal es, a grandes rasgos, la visión de algo que está en nuestras manos conseguir, con sólo quererlo de veras, pues no hay obstáculos insuperables, y únicamente requiere algún trabajo de nuestra parte y comprensión del problema por los gobernantes. El que esto escribe, penetrado de la vital importancja del asuntO: objeto de la presente Memoria, 'Vería recompensado su trabajo si la Asamblea se dignara tomar en consideración las siguientes
CONCLUSIONES PRIMERA. Solicitar el abaratamiento de los aranceles de Aduanas. para los petróleos y las gasolinas. SEGUNDA. Estudio de un combustible líquido indígena. TERCERA. Solicitar la reforma total de los impuestos sobre los vehículos mecánicos, deslindando el carácter de lujo que ahora, sin excepción, se da a todos los coches particulares.
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CuARTA. Gestionar la refección de la red nacional de carreteras, y la reforma de éstas a<laptándolas a la moderna locomoción.
QUINTA. Establecimiento de la enseñanza especial sobre Automovilismo." El Sr. VICEPRESIDENTE hizo algunas observaciones sobre las conclusiones sentadas por el Sr. Samaniego, toda vez que algunas coincidían con otras expuestas en trabajos anteriores y estaban pendientes de discusión para el dla siguiente. El resto de las conclusiones fué aprobado, acordándose elevarlas al Congreso en pleno. Habiendo transcurrido la hora reglamentaria, se levantó la sesión, aplazándose la lectura del trabajo del Sr. Sancho sobre "Estereofotogrametría".
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.ACTA DE LA SESION DEL DIA 24 DE NOVIEMBRE DE 1919
Se abre la sesión a las once de la mañana. Se dió lectura, en primer término, al extracto del trabajo del señor Sancho, cuyo contenido es el siguiente : "ESTEREOFOTOGRAMETRIA CON PLACAS HORIZONTALES Por D. RAMóN SANCHO, Capitán de Ingenieros.
PREÁMBULO
La brevedad de este trabajo y su carácter nos impiden extendernos en consideraciones para ponderar la importancia de la Topografía, consideraciones por otra parte innecesarias dada la calidad de las personas a quienes nos dirigimos y la relación íntima de esta parte de la Ciencia con los trabajos a que muchas de aquéllas se dedican. Quizá lo escrito en estas cuartillas no tenga el carácter práctico que desde un :principio se ha quteTido dar a cumto en este Congreso se presentará ; pero es tal el interés del asunto de que vamos a tratar y es tan digno de estudio este sistema novísimo de levantamiento de {Planos, que no vacilamos en presentar nuestro modestísímo trabajo a la crítica de cuantos aquí se reúnen. En el año de 1902, y en una Memoria que, sobre trabajos de Fotogrametría llevados a cabo en la Escuela Práctica del primer Regimiento de Zapadores-minadores, se publicó manuscrita, apunta ya su autor, cuyo nombre sentimos descoqocer, ya que no firma el ejemplar que hemos consultado, la idea de que debían llevarse a ca'bo experiencias de esta índole, no sólo con placas verticales, como fueron las realizadas, sino con :placas inclinadas y horizontales también, aunque sin ninguna fe en el resultado de estas últimas experiencias, si no era demostrar la aplicación militar de aquellas fotografías. Basábase su idea en un artículo publicado por el Mayor General italiano Sig. C.
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Crema en la Rivista d' Artiglieria e Genio, y en el estudio crítico de aquélla, el mismo autor desconfía de su alcance práctico; cosa nada extraña si se tiene en cuenta que, siendo la Fotogrametría de placas verticales, conocidísima ya en aquella época, ni la exactitud de este sistema de levantamiento de planos, ni su rapidez y coste, satisfacían al crítico que lo comparaba con los procedimientos de levantamiento regular en uso. Pero hacía ya un año que el doctor Pulfrich había comenzado a realizar su estereocomparador, con la idea de Rector de Grousilliers, de aplicar a la medición de distancias la visión estereoscópica; y estas nuevas ideas, creando un sistema nuevo, dieron a la Fotogrametría un alcance práctico imposible de calcular. Exactitud, rapidez y economía, esas tres condiciones tan necesarias en esta clase de trabajos, ya se podían conseguir. Inútil es hablar de los progresos realizados de entonces acá en el sentido práctico del sistema. Su verda•d'ero apóstol en España, el Ingeniero de Caminos D. José María Torroja, lo viene empleando hace años, y a su experiencia y estudio se deben publicaciones interesantísimas sobre la cuestión que dicen más en su favor que cuanto nuestra modesta pluma pudiera escribir. Resuelto de un modo :práctico ya este asunto, apunta de nuevo la idea del empleo de placas horizontales en la mente de otro Jefe de Ingenieros militares, el m,'ailograrl'o Coronel D. Arturo Vallhonrot, quien, después de estudiar una teoría comlpleta del sistema, trató de llevarla a la práctica proponiendo a la Superioridad, en Memoria por él presentada, la realización de experiencias conducentes a estudiar el alcance práctico del nuevo procedimiento. Presentada esta Memoria a fines de 1915, no fué aprobado el proyecto ha:sta abril de 1916, llevándose a cabo las ex¡periencias en agosto del mismo año, por no haberse podido efectuar antes a causa de dificultades técnicas y del servicio. De su resultado y del estado actual de la cuestión, vamos a tratar, empezando, como es lógico, por exponer los fundamentos de la misma. FUNDAMENTO DEL MÉTODo.-MientréiiS la Fotografía se em¡pleó en el levantamiento <ie planos por el método de intersecciones, conocido con el nombre de Fotogrametría, no se pudo utilizar desde globos, porque no era posible fijar de una manera absoluta la situación de la placa fotográfica en el momento de impresionarse. Por procedimientos ingeniosos, trataba el ya adu<iido Ca.v. C. Crema de salvar este escollo y determinar el ángulo que la placa formaba -con el horizonte (no se olvide que operaba con placas inclinadas un ángulo cualquiera) y la situación del punto de estación; pero lo primero no era factible sino con el globo absolutamente fijo en el momento de la impresión, cosa imposible
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-583 (je lograr, y una y otra determinación se efectuaban sin ninguna garantía de exactitud. Fué necesario que apareciera el método estereofotográfico para po<ier utilizar estas fotografías sin que fuese necesario determinar la situación de las placas, bastando saber que sus superficies impresionadas eran seguramente horizontales para que ellas mismas diesen elementos suficientes para fijar sus posiciones relativas entre sí y con los puntos del terreno en ellas representados. El método que vamos a describir se funda en el prindpio siguiente: Si se imprimen dos placas fotográficas, rigurosamente horizontales desde dos puntos elevados sobre el terreno, una distancia que esté en relación con el espacio abarcado y separadas entre sí lo necesario para que cada una fotografíe, por lo menos, la mitad del terreno fotografiado por la otra, la medición de ciertas longitudes en ellas nos conducirá a la determinación de todos los elementos necesarios para dibujar ~1 plano del terreno fotografiado por ambas, siempre que en cada placa aparezcan las imágenes de tres o más puntos del terreno fijados de antemano. El método comprende, pues, dos partes completamente distintas: una, la obtención de fotografías dobles, de una misma extensión de terreno, desde ¡puntos situados a una altura variable, y otra, la preparación de este terreno, de modo que en las fotografías aparezcan imágenes de puntos bien visibles cuya situación planimétrica esté bien determinada. PoSIBILIDAD DE REALIZAR ESTAS CONDICIONES.-Übtener fotografías desde la barquilla de un globo, ya sea libre o cautivo, ha sido cosa corriente. Por esto no ha d'e presentar dificultllld alguna su utilizlliCión para este fin; y, por el contrario, parece que su empleo ha de reportar grandes ventajas; y, sin embargo, no es así; porque los globos cautivos son de dif1cil manejo y no se ¡puedien utilizar en ciertas clases de terreno, quizá los más indicados para eJI1lplear el método de levantamiento que estudiamos (muy atccidenta:dos o cubiertos, ocupados por un enemigo, etcétera). Además, el empleo de globos cautivos no es ¡práctico ni aun en los casos más corrientes, si se tiene en cuenta lo elevado de su coste y el de su entretenimiento ; lo numeroso del ¡personal necesario para su manejo, que ha de tener además una instrucción especial; el precio del hidrógeno, necesario para cada ascensión, dadas las constantes pérdidas de gas en tales aparatos; la '<lificultad y coste de los transportes del material necesario; la lentitud de las ascensiones, difíciles siempre a poco que el viento sople, y, ¡p or último, las oscilaciones y sacudidas bruscas a que estará sometido el aparato de suspensión de la cámara,
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con el consiguiente riesgo de ésta sobre todo al principio de la ascensión y en el punto del aterrizaje. La práctica nos confirmó, y aun nos des· cubrió, nuevos inconvenientes durante nuestras experiencias. Por otr:l parte, los ·globos libres no siempre tomarán una dirección conveniente, y el qperador casi nunca podrá situar~e donde convendría hacerlo. El empleo de los dirigibles salva estas dificultades; y desde luego creemos ,posible y recomendable su uso, siempre que los haya; por ejemplo, en algunos casos de guerra; pero ~>u coste excesivo los excluye de las df'lmás aplicaciones, y hay que recurrir a otro sistema. Veamos el aeroplano. Desde luego se nos alcanza que la gran velocidad que debe llevar un aeroplano para conservar su estabilidad ha de ser la primera dificultad que se nos ha de ¡pre~entar, y así es en efecto. Supongamos al aeroplano una velocidad de 8o Km. por hora o de 22 m. por segundo; y si ahora suponemos que a cada 6oo metros de recorrido se ha de impresionar una placa de 6 X 9 cm. de superficie, resultará que cada 27" <le tiempo se habrán de ejecutar todas las operaciones de disparo de obturador y cambio de placa; pero si, además, queremos que la imagen obtenida tenga una fijeza superior a 0,00001 metros, que es la máxima aproximación con que da sus medidas el estereocomparador, veremos que, para una distancia focal del objetivo igual a 9 cm., se deberá dar al obturador una velocidad de exposición de 1/I.IOO de segundo. Y hemos partido de una velocidad del aeroplano que con los aparatos modernos casi siempre será rebasada. Ahora bien: la condición de impresionar dos fotografías consecutivas en un eapacio de tiempo de 27" como máximo, es relativamente fácil de realizar empleando aparatos construídos expresamente para ello; pero la de obtener imágenes con una velocidad de obturador de I/1.100 de segundo y mayores exige objetivos muy luminosos con aberturas re'ativas, por lo menos, de I/4,S de la distancia focal, empleados en placas extrarrápidas, en paisajes bañados por un sol de Estío; circunstancias que limitan bastante el e111tPleo del procedimiento, sin que se ¡pueda decir que lo imposibilitan en absoluto, puesto que en la resolución del problema entra como factor muy principal la escala del plano; y admitiendo que éstas sean muy pequeñas, de I : so.ooo, se puede admitir también una tolerancia de hasta 0,00005, con lo cual la velocidad ce eX:posición se JPodrá reducir a rj220 de segundo; lo que permite obtener fotografías en todo tiempo empleando objetivos luminosos. Resulta, pues, que el problema sería posible empleando aeroplanos que llevasen velocidades de 8o Km. por hora, con tal de admitir para el dibujo una escala de r :so.ooo, o menor, que son las que se adop-
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- ssstan en los planos llamados croquis, siempre mucho más exactos y completos que los que se dibujan con datos tomados a ojo por el observador del aeroplano. Mas no es ésta la única dificultad que origina la rápida marcha de estos aparatos y su naturaleza. A nada que se reflexione surge en seguida la de colocar la placa horizontal en el momento de i~resionarse. ¿Cómo conseguir esta horizontalidad? No pocemos fijar rígidamente la cámara al ruparato, puesto qut> no sabiendo la inclinación de los ejes de éste respecto a la horizontal, mal podría hacerse que la placa adoptara esta posición. Y si el aparato de suspensión de la cámara no está fijo al aeroplano, sino que oscila libremente suspendido de uno de sus puntos, ¿cómo evitar que la cámara se retrase en su marcha, por inercia, respecto a la vertical del punto de suspensión, adoptando una posición inclinada la placa, ni cómo medir esta inclinación con la horizontal desconociendo la velocidad del aeroplano? Y v'éase que prescindimos de la resistencia del aire en la marcha, que para nuestro aparato quizá no fuese difícil de anular. Y aun suponiendo que por algún sistema de contrapesos regulables u otro cualquier procedimiento se llegase a la posición horizontal de la P.laca, ¿cómo podríamos comprobar esta posición sino con la ayuda de niveles?; y en ellos, la masa de agua, u otra ~ualquiera libre en el interior del tubo, sufriría a su vez los mismos efectos de inercia que falsearían sus indicaciones. Sin hablar de los niveles de mercurio que lleva el aparato que más adelante describiremos, en los que estos efectos se harían sentir de un modo decisivo. Estas dificultades, y algunas otras que fácilmente se sugieren, hacen impracticable el sistema de elevación .por aeroplanos. Con las cometas llamadas celulares, quedan resueltos todos los problemas y anuladas todas las dificultades. La economía del material, poco voluminoso y desmontable; la de su transporte, dadas estas circunstancias; el casi nulo gasto de entretenimiento y la facilidad de la maniobra, que requiere poco personal y escasa y sencillísima instrucción, unido a lo suave de sus oscilaciones en el aire y al ningún riesgo de la cámara empleando el tren de dos cometas, tanto al elevarla, como al recogerla, hacen de estos a¡paratos el idea~ de los de elevación, haciendo pensar en una nueva y ventajosísima aplicación del sistema al levantamiento de planos de poblaciones, ya que lo reducido del espacio necesario para todas las operaciones permitirá emplear las cometas en plazas, paseos y aun en algunas azoteas amplias. Lo único que limitará su empleo será la falta de viento; pero, dada la poca intensidad del necesario para la elevación de las cometas celulares, únicas de uso ventajoso en estos casos, esta limitación se re-
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ducirá, en el caso más desfavorable, a unos días del año en mayor o menor número, según la región donde se pretenda aplicar el sistema. Ya sabemos que el empleo de los globos cautivos limitaba algo el campo de acción del procedimiento en el caso de que se utilizase en terreno dominado por ·un enemigo, por la dificultad de colocar en él señales que marquen los vértices de la t_riangulación preliminar, ocupando entonces este sistema el ·puesto que actualmente se asigna a los croquis levantados a ojo, con bastante ventaja en cuanto a la exactitud. La misma consideración puede hacerse respecto de las cometas. Pero si hacemos extensivo el procedimiento a terrenos que pueden recorrerse sin peligro, aun admitiendo la poca altura a que se colocan esta clase de aparatos (globos cautivos o cometas), creemos que su empleo dará forma oompletam¡ente !práctica al sistema estereofotográfico. Empleando un globo o una cometa elevados a 900 metros sobre el terreno, el espado abarcado por cada prueba fotográfica vendrá representado por un rectángulo de 6oo por 900 metros de lado, tanto si se opera con placas de 12 X r6 cm. y objetivo de r6 cm. de foco, como si se reduce el tamaño de las primeras al de 6 X 9 cm. y la longitud focal a 9 cm. En ambos casos, se .podrán emplear exposiciones hasta de 34 de segundo, permitiendo el empleo de placas ordinarias y ortocromáticas con ecrans coloreados, que dan a las imágenes una finura en los detalles que no se obtiene nunca con las placas rápidas. Claro está que, en estas condiciones, se pueden levantar planos en toda clase de escalas por grandes que sean (I/IOO, rj2oo, rjr.ooo, etc.) Por lo que respecta a la condir.ión de ·disponer en toda la extensión del terreno sujeto a un levantamiento de esta clase, una porción de señales cuya situación esté completamente determinada de antemano limita bastante su empleo en terreno ocupado por un enemigo, siempre que se empleen alturas de observación de 900 metros, que obligarían a dar a los triángulos que se formasen lados de 300 metros; pero si empleamos alturas de 2.000 metros, como ya los triángulos podtán tener lados de 1 kilómetro de longitud, que, si no son fáciles de medir en terreno enemigo, podrían tener parte de sus vértices en terreno amigo o en .posiciones fortificadas, no vemos que dificulte gran cosa el procedimiento que estudiamos. Debemos hacer constar que, en la práctica, no hemos ensayado tan grandes alturas de observación; pero no creemos sea difícil alcanzarlas con cometas organizadas en tren, como luego se dirá, y de tamaño suficiente para soportar el peso del cable copsiguiente. DESARROLLO DEL SISTEMA.-Se marcan sobre el terreno los vértices
fUNDAC IÓN JUANELO TURRIANO
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ie una triangulación topográfica, que, ad6Illás de cumplir con las condiciones de forma que se exigen a los triángulos para que los lados se corten lo más normalmente posible, cumpla la más importante de que la longitud de sus lados permita situar dentro de cada placa fotográfica, por lo menos, tres vértices. Esta condición relaciona la anchura de la placa, el foco del objetivo y altura sobre el suelo a que se coloque el aparato fotográfico. Empleando placas del tamaño 13 X r8 centímetros, que son las Cll.< permite usar el estereocomparador del modelo más corriente, y objetivos de 0,20 m. de distancia focal .para una altura de 900 m., podrá admitirse una longitud máxima para los lados de 8ro m. ; y si la altura se ·eleva a 2.000 m., podrá aumentarse esta longitud hasta I .8oo metros; cifras que, -como se com:Prende, no se deberán nunca alcanzar, por el temor de que no queden los dos extremos de algún lado dentro de la misma placa. Por esto, establecemos la cifra de 700 m. en el primer caso, y la de r.soo en el segundo. Una vez marcados sobre el terreno los vértices de la triangulación, se determinarán todos sus elementos, lados y ángulos, refiriéndolos a un sistema de coordenadas rectangulares y, además, las cotas de los vértices, procediéndose entonces a fotografiar dichos vértices, escogiendo la altura a que deban hacerse las impresiones y la separación que deba haber entre cada dos fotografías para que tengan común, por lo menos, la mitad del terreno abarcado por cada una. En el sistema estereofotográfico, se establece que la separación entre las estaciones no ·debe ex-ceder de rj2o ó I/30 de la distancia a que se encuentra de la estación el punto más alejado, la cual, por otra parte, se hace depender de la escala del plano y de la distancia focal, diciendo que no debe ser superior a lo que represente en el terreno el triplo de esta distancia focal; así, en el caso general que consideramos, el aparato podría colocarse a una altura sobre el terreno igual al valor de o,6o metros, reducida a la escala del plano, que supuest.a, como dijimos en :párrafos anteriores rfso.ooo, resultaría ser la de 30 Km., es· paciándose las estaciones r Km.; valores imposibles de alcanzar. Si en lugar de adoptar una escala determinada, empezamos por admitir una separación entre las estaciones igual a la mitad de la anchura del terreno abarcado, para deducir después la escala mayor que podría adoptarse, veremos que, en el caso de elevar el aparato fotográfico 900 m., lo cual da al terreno fotografiado una anchura de 810 m. y una separación de 410 m. entre las estaciones, es preciso adoptar una PSCala inferior a rj2.500, y en el de admitir una a~tura de 2.000 m. y un espacio fotografiado de r.8oo m. y una separación entre las estaciones de 900 m., la escala omáxima se reduce a r/ 45.<:.00 .
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En este último caso, podr.íarnoo aun awne~tar la escala has~:1 1/30.000, admitiendo que las estaciones se separen sólo 6oo mt-tros. Las condiciones que se exigen a las fotografías obtenidas son la de que todas sean paralelas; es decir, perfectamente horizontales, en el caso que estudiamos, y la de que lleven marcada con toda exactitud la proyección del centro óptico del objetivo; condiciones más fáciles de realizar que las numerosas que exige el método estereofotográfico de uso corriente; ventaja innegable que lleva sobre éste el px:oce<limiento que estudiamos. La condición <le horizontalidad <le la placa no es difícil de conseguir dotando al aparato de una suspensión Cardan, después de equilibrar su peso de modo que su centro <le gravedad esté en la miSilna línea vertical <lel centro de suspensión; pero para conseguir la segunda condición, el aparato deberá someterse a las mismas correcciones a que se sometería si fuese a emplearse con el método estereofotográfico or<linario.
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Con los aparatos fotográficos usuales, no es posible obtener resultado alguno, <lel mismo modo que no son aplicables al procedimiento estereográfico corriente. Ni tampoco los aparatos ideados para éste son aplicables al método que estudiamos, necesitando que para ello posean condiciones especiales. El aparato más •práctico para el objeto debe ser de tamaño reducido, para facilitar su manejo y poderse cambiar las placas automáticamente desde el suelo o <ies<le el sitio que ocupe el operador, sin cambiar el aparato de su puesto ni tocarlo, para evitar oscilaciones. El preconizado rpor el Coronel Vallhonrat consiste en una placa <ircular giratoria -dentro de una caja, la cual lleva unidas seis placas sensibles de 6 X 9 cm., que se van presentando sucesivamente delante de un objetivo fotográfico de 9 cm. de foco, provisto de un obturador. Cada vez que se dispara el obturador -del objetivo, mueve una palanca, que, a su vez, permite el movimiento horizontal de la placa en la cantidad necesaria para que se coloque la segunda placa sensible en el lugar que ocupaba la primera impresionada; movimiento este último que no debe realizarse hasta el momento de cerrarse el obturador para quedar otra vez montada la máquina; repitiéndose toda esta operación seis veces, al final de las cuales se ha de cargar nuevamente el aparato. Todo él, escrupulosamente equilibrado, va suspendido a la Cardan, del globo cautivo, dirigible, cometa o cualquier otro aparato que se emplee para su elevación. El disparo del obturador del objetivo se hará eléctricamente cuando el operador actúe desde tierra o por medio de un resorte flexible, siempre que el aparato esté cerca de aquél.
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A cada fotografía impresionada se le asigna un número de orden, la letra que indica el punto desde el cual se impresionó y la distancia focal del objetivo. El número de orden de cada placa se repetirá en el formulario correspondiente que se lleve, y al lado de aquél se irán escribiendo todos los datos que de ella se obtengan, ya sea por medición directa, ya por deducciones y cálculos. Las fotografías obtenidas en el tamaño reducido de 6 X 9 cm. se ampliarán al de 13 X 18 al sa<:ar las diapositivas, aun cuando se aconseja operar directamente sobre los negativos. No dejamos de <:omprender que la conversión de negativas en diapositivas casi duplica el gasto y el trabajo; pero, a pesar de todo, y en tanto que el operador no esté muy práctico, no vacilamos en aconsejar que no s~ prescinda de esta operación .por lo mucho que simplifica el reconocimiento de los puntos que son comunes a cada dos placas, evitando así la comisiór, de errores que pueden llt>gar a inutilizar parte del trabajo hecho. Midiendo en <:ada una de las placas las coordenadas rectangulares de las imágenes de los vértices de la triangulación, se situarán en el plano de ésta las proyecciones sobre él de los puntos de estación y la distancia horizontal que los se.para entre sí y de los vértices de la triangulación, con cuyos datos y los paralajes de los diferentes puntos del terreno se tendran todos los elementos necesarios para fijar sus situaciones sobre el plano. Para los que no conozcan el procedimiento estereofotográfico ordinario que sirve de base al que estudiamos, les recomendamos la obra de D. José María Torroja titulada LevantamietJto de planos por medio de la Fotografía estereoscópica> o la del difunto Teniente Coronel de Est~do Mayor Mas Zaldúa, que lleva por título AplicadotJes topográficas de la Fotografía estereofotogramétrica. FóRMULAS EMPLEADAs.-Determinación de la altura H a que se ha Si B representa el cliché de una fotografía tomada hecho estación f y de modo 1), con una distancia focal OA (fig. O punto el desde que su plano sea horizontal ; si materializamos los rayos visuales OA y Om que pasan por el centro de la placa fotográfica A (llamado punto principal) y un punto cualquiera m que sea la imagen de otro punto M del terreno, que pudiera ser uno de los vértices de la triangulación establecida, y si por este punto suponemos trazado un plano horizontal, este plano cortará el rayo OA en un punto A 0 , que por ser, tapto aquél, como el de la placa, horizontales y la línea OA vertical, será la proyect..-ión del punto O sobre dicho plano. Si ahora hacemos .pasar planos verticales por las líneas AX y A Y
=
=
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-590(que son las que en la placa determinaron el punto A) ambos planos se cortarán entre sí según la línea OA0 y al plano que pasa por M, según las líneas A 0 X 0 y A 0 Y 0 , respectivamente, paralelas a las anteriores AX y A Y. Estas rectas AX y AY se podrán tomar como ejes coordenados provisionales para medir los ¡primeros elementos de cálculo. En este concepto, si en la placa se miden longitudes Ap = x, y A·m = y, coordenadas del punto m, y se llama a al ángulo mAp, tendremos: y
(r)
tang « = x
Del mismo modo, si llamamos (3 al ángulo AOm, podremos escribir: tang
y como Am
= Y x' +y'
y OA
(2)
Am OA
~=
= f, tendremos:
tang~= Y~ í
En el triángulo OA0 M, rectángulo en A 0 , se verifica que
OA0
= A0 M
cotang (3
y como OA0 representa la altura del aparato O sobre el punto M, y representando por S 1 la longitud A 0 M, se convertirá en
(3)
S¡f
H =S cotang ~ =~r-
" x' +yt fórmula que nos dará el valor de H conocida que sea la longitud S • Vamos, pues, a determinarla; pero antes es ¡preciso conocer la1 situación ·del ¡punto A 0 en el plano de la triangulación. Para esto supongamos por un momento que siendo el terreno fotografiado, desde el punto O, completamente horizontal, su superficie coincida con el plano trazado por el punto M\ y que sobre él hemos fijado la situación de otros dos puntos M2 y M8 , que con el anterior, que designamos por M1 , forman el triángulo M ·M~ M (fig. 2), del cual conocemos los tres lados !2¡, ~ y a3 , y sus tres ángulos.8 Llamemos 0 0 Yo y 0-> X 0 al sistema de ejes coordenados que nos
~
1
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591 -
han servido ;para fijar en el plano la situación de los puntos M 1 M2 M8 (que pudiera ser la dirección de la meridiana y su perpenticular), y sean, respectivamente, Y1 y Xv Y 2 y ~. Y 3 y X 3 las coordenadas de los mismos, y w1 y w2 los azimutes de los lados M 1 M 2 = a1 y M1 M 8 = a2 , cuyas longitudes vendrán expresados por (4) Y
a 1 = Y(X,- Xt)' + (Y,- Yt)' a2
=
Y (Xs - Xt)' +(Ya- Yt) 9
y sus azimutes por las
(5) Supongamos conocida la posición del punto A 0 que buscamos, y unámoslo con M1 M 2 y M 8 : los ángulos m1 y 11~2 que forma la línea M 1 A 0 , que llamaremos 5 1 , con las M2 A 0 y Ms A 0 , que designaremos también por 5 2 y 5 8 vendrán dadas por las fórmulas
tal como indica la figura 3· Las coordenadas X 0 e Y 0 del punto A 0 ven<irán dadas por las fórmulas (7) en las cuales los valores de 5 1 y R 1 se obtendrán en función de cantidades conocidas del modo siguiente: En los triángulos M1 M 2A 0 y M\M 3 A 0 (fi.g. 2) se verifica que _ _ _ _s_en_m..:.1 _ __
sen m1
y
de las cuales se deducen las siguientes :
(8) (9)
512
a 11 a 21 sen' [(w, -
=
~)
- (w1
-
m1)]
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-
592-
Conocidos los valores de X0 e Y0 , se calcularán los de S, y S, por las fórmulas (ro)
s2 =
(1 I)
Ss = V(Xa- x.)' +(Ya- Y,)'
V(Xt- Xo)' +(Y, - Y,)•
Hemos supuesto que, tanto el punto A0 , como los M1 M, y M3 , estaban en un mismo plano que pasaba por M 1 ; pero esto nunca sucederá, por cuyo motivo se ha de determinar el valor de la altura del punto O de estación, no sobre el,plano que pase por el punto MJ., sino sobre el de comlparedón que nos sil1ViÓ para determinar las cotas Z 1 Z 2 y Z 8 de los puntos M1 M 2 y M 8 , altura que Uamaremos Z8 • Indudablemente, si al valor de H 1 dada por la fórmula (3) en combinación con la (9) se le añade la cota del punto M~, tendremos la cota Z 0 , o sea :
y del mismo modo, si a los H 2 y Hd dados por las mismas fórmulas, pero tomando como plano de comparación las que pasen por los puntos M 2 y M 8 , se les añaden las respectivas cotas de estos puntos, tendremos nuevos valores z) dados por las fórmulas
Zo = S 2 cotang /3 2 (13)
Z0
=S
3
ootang /38
+ Z~ + Z3
v¡lores que han de resultar iguales entre sí y al encontrado por la fórmula (12) o diferir en una cantidad menor que el límite de la tolt!rancia admitida. Repetidas todas las operaciones indicadas valiéndose de los valores encontrados para % e y de los mismos puntos M1 M2 y M8 , pero medidos en la placa impresionada en la estación colateral de la anterior, encontraremos los valores -de X 0 ' Y 0 ' y Z0 ' correspondientes a esta última estación, deduciendo de la diferencia Z0 - Z0 ' si las dos estaciones están o no al mismo nivel con relación al plano de comparación. LoNGITUD DE LAS BASEs.-Para determinar la longitud de las diferentes bases, o sea, de las distancias horizontales que separan los puntos de estación contiguos, se hará uso de la fórmula ( 14)
B=
V (Xo•- X + f.Yo"- Yo')' 0')
2
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en la cual representan 1¡
X 0 " Y 0" las coordenadas del segundo punto, y X 0 ' Y C: las ídem del primer íd. fórmula análoga a la (4), que daba la distancia horizontal existente entre un punto cualquiera de la placa y la vertical del punto de estación. ÜRIENTACIÓN DE LOS CLICHÉS.---<Como los clichés se han obtenido sin otra condición que la de ser horizontales las caras impresionadas, resultará que nunca serán paralelos los ejes marcados en ellos; y como para medir los paralajes es preciso que la línea que en cada cliché una la imagen de un punto con el ·centro de la placa, sea :paralela a la que en el plano una la proyección de éste con el punto que dió lugar a la imagen, es preciso deduc1r el ángulo que ha de girar uno de los ejes de cada placa para que las imágenes de todos los puntos cumplan con aquella condición, a cuya operación se le da el nombre de orientar los clichés. Para orientar los clichés, se emplea, primero, el que se tomó a la izquierda de la base, mirando generalmente al Norte, representado por B1 en la figura (4) ; se toma en ella la imagen de un punto M' 11 común a esta placa y a la impresionada, en el otro extremo de la base, representada por B2 , y por medio de las coordenadas % e y medidas en ella, se deducirá el ángulo o.¡; valiéndose de la fórmula (x) y, al propio tiempo, por medio de la fónnula (5), se deducirá el azimute w1 de la dirección 0 1 M'1 y el W 11 que, a su vez, tiene la direoción de la base 0 1 0 2 , lo cual es posible, porque ya conocemos las coordenadas rectangulares del punto M'1 y las de los <los puntos de estación 0 1 y 0 2 • Estos valores, substituídos en la fórmula
nos dará el valor del ángulo , que se ha de hacer girar el eje de las XX de la placa para que quede orientada. Para orientar la placa tomada desde el punto 0 2 se empleará la misma fórmula, substituyendo en ella los nuevos valores a 2 y "': y obW1• servando que el ángulo W 2 es igual a 180° Repetidas las mi9111as operaciones con los otros dos puntos de la triangulación M2' y M8 ' que deben estar fotografiados en ambas placas, deberán encontrarse dos valores iguales entre sí y al anteriormente hallado, o que se diferencien en una cantidad menor de la tolerancia admitida. En realidad, basta con orientar la placa de la izquierda y hacer gi-
+
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-594rar la de la derecha alrededor de su centro hasta que aparezca el relieve del terreno a través del estereocomparador, puesto que, cuando esto suceda, la segunda placa resulta orientada. DETERMINACIÓN DE LAS COORDENADAS DE LOS PUNTOS DEL TERRENO. Puede suceder que las dos fotografías tomadas en los extremos de una misma base lo hayan sido a la misma o a distinta altura sobre el terre· no¡ attnque el primer caso será el me'nos frecuente, como es el más sencillo, y de él se deducen las fórmulas necesarias, empezaremos por él. ESTACIÓN .A LA MISMA ALTURA.-Sean B y B 1 -9-os clichés tomados desde los extremos de la base 001 que supond·remos horizontal, por estar. las dos estaciones a una misma altura con relación al plano horizontal, que pasa por un mismo punto M del terreno. Las imágenes de este punto vendrán representadas en ambos dichés en m y m 1 (fig. 5) ; si llamamos x e y a las coordenadas de la imagen m medidas en el cliché B y x 1 y11 las de la imagen m 11 medidas en d cliché B 1 , medidas todas ellas, tomando como ejes las dos líneas que sirvieron para determinar el centro de la placa, y representando por X e Y las mismas coordenadas rectangulares del punto M del terreno referidas a los ejes que sirvieran para orientar la triangulación, o unas paralelas a ellos que pasen por el punto de estación O, la comparación de los triángulos semejantes ORP y OAp nos dará:
OA OR --=-AP RP
o sea
H
.!
-x=-;-
de la cual resulta (r6)
H
X=-zf
Del mismo modo la comparación de los triángulos ORM' y OAm' nos dará: (I7)
H
Y=-y f
Si por el punto P levantamos la recta PP' perpenticular a la 00 1 que une los dos puntos de estación y .la cual será paralela a la OA, la semejanza de los triángulos OP'P y OAp por una parte, y por la otra la de los dos Ü 1 P'P y '01 A 1 P1 nos conducirá a establecer las igualdades siguientes : OP'
= ~z f
y
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y como
tendremos:
OP'
+0
P'
1
= ~
(.x-
+ .x- = B 1)
+
x 1 goza de la propiedad de ser proporciol\al a Como la suma x la tangente trigonométrica del ángulo OP01 , que es aquel bajo el que se ve la distancia 001 observada desde el punto P, ha recibido el nombre de paralaje, soliéndose representar por 71', bajo cuya notación la igualdad anterior se transforma en la siguiente: H
(18)
B=-1t
f
que es la fórmula fundamental de la Estereofotogrametría. Sacando de la igualdad anterior el valor de
~
y substituyéndolo en
las fórmulas (r6) y (17) tendremos las siguientes: (19)
B
X = -X 1t
y
(20)
B
Y= -- y 1t
y teniendo en cuenta que la distancia H que hay entre el punto M :!el terreno y la línea 001 representa la coordenada Z de este punto refe-
rida al plano YOX, podremos escribir: (21)
B
Z= -1t f
La fórmula (18) nos dará el valor de B conocidas que sean H y 1r, puesto que f es constante, o el valor de H si conociéramos los de B y 11 En el primer caso, el valor de B servirá para comprobar el asignado a la longitud de la base 001 repitiendo la operación con los datos que suministran los otros dos puntos de la triangulación, tomando el promedio de todos ellos si se diferencian en una cantidad menor que la tolerancia. Con el valor de B substituído en las fórmulas (19), (20) y (21), JUnto con los valores x y y 1r, obtendremos los de X, Y y Z que buscamos. EsTACIONES SITUADAS A DIFERENTES ALTURAS.-Sean Ü y 0 1 las
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-596dbs estaciones separadas por una diferencia de nivel 0 1 Q = h (fig. 6), y supongamos, como anteriormente, que las imágenes del punto M del terreno están situadas en m y nz.¡ en las dos placas, siendo An~ = .r .r1 ; tracemos por la estación O la recta Om'u paralela a y A 1 nz.¡ la 0 1 M, con lo cual la longitud Am/1 será igual a la A1 tn1 • Si por el punto O se traza la recta OS, paralela al plano de las dos fotografías, se formarán los dos triángulos n~Om' 1 y OMf>. que serán semejantes y nos darán la relación
=
OS P'M
mt' m
f y como se tiene
y
P'M
=H
se convierte en 1t
os
-=-H f y namando B' a la base
os,
os =
y
H
-r.
f
que variará por cada punto, tendre:mOI
la fórmula
(22)
B
,
=
H f
-
1t
que substituye a la (18) obtenida en el caso anterior. Como para determinar al valor de B' es preciso conocer el de H, que es la altura de la estación O sobre el punto M, nos valdremos de las fórmulas (3) y (9), con el cual deduciremos el de B', que substituido en lugar del B en las fórmulas (19), (20) y (2í), nos dará los valores de X, Y y Z de cada .punto. Si conociéramos el valor de la longitud y posición de la base B = 001 , el valor de la longitud de la base B' se deduciría viendo 001 cos y y ademá·s, que la seQS, y OQ OQ que OS mejanza de los triángulos 0 1 QS y Ü 1 m1A 1 dan
=
+
QS
=
m A
- = -f1 -1 QO, y por lo tanto
QS
()
~,
-="
f
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con cuyos valores, la primera fórmula se convierte en (23)
B'
=
B cos "'
+ .!!._ f
X
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que contiene sólo cantidades conocidas.
MODO DE OPERAR TRABAJOS DE CAMPo.-Se empezará por establecer, sobre toda la extensión del terreno que se trata de levantar, una red de triángulos cuyos vértices se marcarán por medio de señales que resulten bien visibles en las placas impresioñadas. Esta red deberá cumplir con todas las condiciones impuestas a las redes topográficas, respecto a la situación de los 'vértices y for.ma de los triángulos. En éstos, la longitud de tos lados se reducirá a un máximo de 6oo metros cuando la altura del aparato sobre el suelo sea de 900 metros, elevándose aquella longitud hasta 1.500 cuando esta altura alcance los 2.000 metros. Una vez establecida la red, se hará estación en cada vértice para tomar ioc; datos necesarios para fijarlos, tal como se practica en todas las triangulaciones; motivo por el cual no detallaremos estas operaciones. Acto seguido se escogerán los puntos en que aproximadamente se ha de hacer la impresión de los clichés, sin sujetarlos a otra condición que la de que cada prueba contenga la imagen de tres vértices que también aparezcan en la contigua por ambos la<los, y cuya situación aproximada se marcará en el plano de la triangulación para que sirva de norma al efectu:tr las diferentes exposiciones, ya sea elevando el aparato -por medí,> de globos o cometas, ya sacando las fotografías desde un dirigible mientras hace su recorrido muy aproximado al perímetro del polígono formClldo, uniendo los diferentes puntos de estación y ·deteniéndose unos instantes sobre éstas. Antes de elevar el aparato para sacar las fotogratl.J.:;, se comprobará la horizontalidad de la placa fotográfica, viendo si la suspensión, niveles, etcétera, funcionan con la debida precisión. Terminadas las exposiciones, se cambiarán las placas por otras, anotando en un registro las letras que indiquen las diferentes estaciones, con los números de las placas en ellas impresionadas, anotando además las condiciones de luz, hora en que se impresionaron, etcétera. Al hablar de nuestras experiencias, daremos algunos detalles interesantes sobre estos trabajos de campo y los medios más prácticos para realizarlos .
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TRABAJOS DE GABINETE.-La primera operación de Jos trabajos de gabinete consiste en el marcado y revelado de las placas impresionadas. Las placas deben revelarse p<Jr el mismo orden con que se impresionaron, con objeto de evitar confusiones. Tan pronto ·como se saque una pla-ca del "chassis", se le grabará, con un estilete muy fino, un número de orden, que ha de ser el mismo que figure en el registro de campo. Para el revelado de las placas, no pueden darse reglas fijas, ya que cada fabricante, para cada clase de placa, preconiza un revelador especial, que no siempre suele ser el de mejores resultados; sólo diremos que conviene emplear reveladores lentos que permitan sacar a las placas el mayor número posible de detalles, aun en aquellas que por ser de exposición rápida están formadas por una capa de gelatina de grano grueso; prescindiendo siempre que sea posible de exposiciones cortas, incompatibles algunas veces con la luminosidad de los objetivos y el color poco actínico de algunos de los objetos fotografiados. De cada diché negativo se sacará una diapositiva en placa apropiada muy lenta, en la cual quedará grabado el número de orden que se dió al cliché negativo, al que se añadirá con tinta china la letra inicial de la estación, las de la base de que ésta forma parte y cuantas indicaciones se crean precisas para que durante las operaciones sucesivas no haya necesidad de consultar continuamente los registros de campo. En las positivas se trazarán los ejes que han de determinar la proyección sobre ellas del centro óptico del objetivo que ha de coincidir con la del centro de estación, ya que la placa, al impresionarse, ha de ocupar una posición rigurosamente horizontal. Para trazar estos ejes, bastará unir el vértice del ángulo entrante que forman las marcas que quedan en los extremos opuestos de cada placa por medio de una línea fina de tinta china o simplemente rasgando la capa de gelatina con un estilete muy fino. Las diapositivas se van colocando en el estereocomparador, a la izquierda y a la derecha del operador, según fuesen tomadas a la izquierda o a la derecha de la base mirando al frente de ésta. En el cliché de la izquierda se miden las coordenadas % e y de las imágenes de los vértices de la triangulación que comprende, tomando como origen el cruce de los ejes traza<ios en ellas, con los cuales, por medio de la fórmula (r), se obtendrá el valor de a1 y sus análogas ~. etcétera (fig. 3), y los de 1n.¡_ m 2 , etcétera, que aparecen en la figura 2, restando aquéllas convenientemente valores que son -precisos para calcular los de tang ~ y S 1 2 1JOr medio de las fórmulas (8) y (9). Como de la triangu!ación se habrán deducido las longitudes de. los lados a 1 y a 2 , y las coordena<ias rectangulares X1 , X 2 , X 8 e Y11 Y 21 Ya
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de los tres vértices, se podrán obtener las coordenadas X 0 e Y0 de la proyección sobre el terreno <iel punto de estación O y sus distancias 5 y 5 8 a los vértices M 2 y M 3 empleando las fórmulas (ro) y (1 1). 2 Con los mismos valores de x e y, medidos en la placa, y el de f (distancia focal), la fórmula (2) nos dará el valor de tang {3 (fig. 1), y la (3) el de H, el cual, substituído en las fórmulas (12) y (13) bajo las formas de S 1 cotang {31 , S 2 cotang {32 , 5 3 cotang {3 8 , junto con las cotas ZlJ Z 2 y Z 8 de los vértices M 1 , M 2 y M 8 del terreno (referidas al plano de comparación), nos darán tres valores para la cota Z 0 del punto de observación referida al mismo plano de comparación. Repetidas las operaciones anteriores valiéndose de las medidas tomadas, en la placa colocada a la derecha del estereocomparador, de las imágenes de los mismos vértices M 1 , M 2 y M 8 , determinaremos la situación de la proyección del segundo punto de estación y su cota Z' 0 • Si los valores de Z 0 y Z' 0 resultan iguales, será señal de que las estaciones estuvieron a la misma altura, empleándose la fórmula ( 14) para determinar la longitud de la base B; pero si aquellos valores fuesen desiguales, el valor de la base B', que ha de servir para calcular la situación de los demás puntos, se obtendrá por la fórmula (22); y en el caso, poco probable, de conocer la verdadera distancia B entre las estaciones, por la fórmula (23). Conocidos los valores de B o B', de H y de f, para obtener los de x, y y de la paralaje 1r, es preciso orientar las dos placas colocadas en el estereocomparador, con objeto de que aquellas longitudes estén referidas al sistema de ejes coordenados adoptado para dibujar el plano. Se empezará por orientar la placa de la izquierda, haciéndola girar alrededor de su centro un espacio angular ·¡, dado por la fórmula (15), pasando después a hacer lo propio con la placa de la derecha, empleando la misma fórmula. En realidad, sólo debiera orientarse,. por el valor angular, la placa d'e la izquier<la, haciendo girar la de la derecha hasta que, mirando las dos placas con el estereomicroscopio, se vea claramente el relieve del terreno. Con las placas orientadas, se irán midiendo las coordenadas x e y de cada Uno de los tpuntos notables del terreno, en la placa de la izquierda, y su paralaje 1r, con cuyos valores y el de la base B, si las estaciones estuvieran a la misma altura, o, en caso contrario, con el de la base ficticia B', valiéndose de las fórmulas (19), (20) y (21), hallaremos las coordenadas X, Y y Z necesarias para dibujar el plano. A medida que se vayan haciendo las mediciones, se irán apuntando en un registro junto con los resultados obtenidos; y para buscar con facilidad los puntos, se le¡ designará con la letra que dé a conocer el
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punto de estación de la izquierda, pero minúscula, seguida de un número .de orden. Se comprende desde luego que ha de ponerse gran cuidado en la elección de los puntos, puesto que de ello depende la l?ondad del trabajo en relación con una marcha que sea práctica, porque un exceso de puntos fatiga al operador y complica el dibujo, sin que gane nada la exactitud del plano, y, en cambio, un pequeño número de puntos deja indeterminada la forma de los accidentes del terreno, induciendo a errores; lo mejor es atenerse a un justo término medio, que sólo puede dar la práctica, que es, en esto, como en todo, la que ha de dictar las reglas. Sin embargo, y para guiar al principiante en esta clase de trabajos, nos permitiretnos aconsejar: que se deben ir siguiendo con la vista los caminos, carreteras y vías férreas, para dejarlos bien determinados, lo mismo que las corrientes de agua, con el emplazamiento de los puentes y la situación de las edificaciones, por medio de todos los ángulos que se vean, cruces de campo, caseríos, rocas y puntos notables que jalonen o dibujen fincas, cultivos o términos; en segundo lugar, deberá atenderse a dejar bien determinado el relieve del terreno, recorriendo toda la línea de la cresta; después, la de la base, y trazando, entre las dos líneas, perfiles en los sitios más propios para el objeto, como son las vaguadas, y los salientes o lomos que presente el terreno. PARTE PRACTICA
Ex¡>eriencias realizadas y consecuen.cias a deducir. DESCRIPCIÓN DE LOS APARATOS EMPLEADOS EN DICHAS EXPERIENCIAS.
Ya hemos visto al principio de este trabajo el tiempo que medió entre la primera idea y la realización práctica de las teorías que acabamos de exponer. Dado ese período larguísimo, nadie se explicará lo precario de los medios empleados en ella (únicamente explicable por premura de tiempo), y, por tanto, las escasas consecuencias que del experimento pudieron deducirse. Sirva de explicación, en primer lugar, la escasez del crédito que se solicitó y el corto espacio que medió entre su concesión, antes de la cual no podía intentarse ningún gasto, y la realización de los experimentos. El aparato elevador fué un globo-cometa de ISO m. 8 , cuya descripción omitimos por ser en conjunto y detalles casi iguales a los ordinarios empleados para observaciones militares, de sobra conocidos. Por su escasa fuerza ascensional, no podía elevarse a la altura calculada
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como necesaria de 1 .<>00 metros 'Próxima.tnente, y hubo que resignarse a esta restricción aun después de sacrificar la barquilla con su observador, que hubieran ahorrado mucho tiempo, haciendo innecesario el descenso para cada cambio de estación y de placa. Por dificultades de servicio, no podía disponerse en el momento de otro aparato elevador más apropiado, aun tenida en cuenta toda la buena voluntad y el entusiasmo con que los Jefes y Oficiales del servicio aerostático de Guadalajara quisieron contribuir desde el primer momento al éxito de las experiencias. (Fig. 7.) Pero esta fué casi la menor odHicultad con que se trCllpezó durante su ejecución. El aparato de suspensión de la cámara B estaba constituido por un marco de madera A, ajustado a sus dimensiones, y que la recibía en su hueco con el objetivo hacia abajo. De los lados menores de este marco parten los dos trozos de eje C, que formaban como un diámetro del círculo E de pletina de hierro, libre para girar sobre ellos, y que, en sentido perpendicular, llevaba los extremos del eje D sobre los que giraba el semicírculo F, también de pletina, sobre el que estaba el gancho G, que servía para colgar todo el aparato de los cordajes del globo. Constituida de este modo la suspensión a la Kardan, la cámara podía, dentro de su marco, oscilar en todas direcciones y llegar en un momento determinado a la horizontalidad de su placa sensible. En este momento, se efectuaba el disparo del obturador por el mecanismo siguiente: En los lados I y 2 del marco iban montados unos niveles de mercurio constituidos por dos vasos de cristal 3 en comunicación por su parte inferior por un tubo de latón. De este modo, el mercurio en ellos cont6nido determinaba una superficie de nivel que, cuando el tubo era horizontal, establecía el conctacto con dos tornillos que, atravesando las tapas metálicas de los vasos por medio de tapones aisladores de ebonita, se graduaban hasta que sus puntas tocaran dicha superficie metálica horizontal. Para esto, el marco llevaba en sus otros dos lados contrapesos regulables sobre tomillos que servían a establecer aquella horizontalidad. Un hilo conductor de una corriente eléctrica se unía al tornillo t, y de éste al del ;vaso más próximo del nivel de mercurio N ; el del otro vaso se unía por otro hilo al más próximo del nivel N', de cuyo segundo tornillo partía el conductor de unión con uno de los extremos del electroimán e. El otro extremo del mismo se unía al tornillo t', y de éste partía el conductor de vuelta de la corriente, cuyo circuito se cerraba de este modo, y por intermedio de un galvanómetro, sobre tierra. En estas condiciones, elevando el aparato a la altura conveniente,
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se rerraba el drcuito por medio <le un interruptor; y cuando, después de varias oscilaciones, llegaba a ponerse horizontal la superficie de la placa, los dos niveles establecían el contacto con las puntas de los cua· tro tornillos, dando así paso a la corriente, que, actuando en el electro· imán, atraía su armadura, que accionaba por medio de una palanquita el mecanismo de disparo del obturador de la cámara fotográfica. Este aparato, defectuosamente construído, adolecía de innumerables defectos: unos, esenciales, y otros, de detalle, que fué necesario ir salvando a medida que su uso los iba descubriendo. En primer lugar, el aire confinado en los vasos de los niveles de mercurio impedía la libre oscilación de la superficie de éste, y, por otra parte, al abrir un orificio en sus tapas, el merct.¡.rio se derramaba con las oscilaciones bruscas del aparato y ,no se establecía ya el contacto al llegar a la horizontalidad con las puntas de los cuatro tornillos. Hubo que provel r a dichos orificios de tubos metálicos verticales a modo de chimeneas unidos en su parte superior por medio de tubos de caucho que vertían en un vaso el mercurio que pudiera escapar del otro que con él comunicaba. Además, la superficie del mercurio, en contacto cor¡. el aire, se oxidaba rápidamente, sin dt· · · a causa de su poca pureza, y el contacto eléctrico se hacía cada vez más precario, acabando por no establecerse más que cuando los tornillos se hundían mucho en el mercurio. Se evitó la oxidación y aun la chispa que falseaba el contacto en el momento de establecerse, cubriendo la superficie del mercurio con una ligera capa de glicerina. Pero el aparato de suspensión así constituído por sus grandes rozamientos y lo elevado de su centro de gravedad en relación a sus ejes de giro, no permitía la libre oscilación de la cámara, a la que casi comunicaba en toda su amplitud sus movimientos; y de este modo, se tardaba mucho tiempo en conseguir la horizontalidad casi casual de la placa y el paso de la corriente de disparo, manifestada en tierra por la oscilación de la aguja del galvanómetro. Para salvar este inconvenierlte, fué suficiente añadir al aparato un armazón, formadp de cuatro varillas unidas por un extr·emo a los cuatro lados del marco, y por el otro, libre a un aro metálico colocado por debajo de la cámara y de un diámetro suficiente para que pasaran los rayos luminosos con la máxima abertura determinada por el objetivo. Y no actuando ya con eficacia los contrapesos graduables que establecían la horizontalidad de la placa, fué preciso añadir a los extremos de las varillas unas bolsitas con perdigones que resta~lecieran el perdido equilibrio (fig. 8). Por otra parte, el electroimán y su armadura, que accionaban el mecanismo de disparo del obturador, estaba tan mal montado, que, si bien puesto el aparato sobre la mesa del laboratorio, como, sin duda,
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lo ensayó el constructor, se obtenía el resultado apetecido con sólo dos elementos de pila, en cuanto hicimos el experimento en condiciones parecidas a la realidad, es decir, con el aparato suspendido, el mal ajuste descompuso el circuito magnético, de tal modo, que no bastaba, para que la armadura fuese atraída por el electroimán, la corriente de una pila de 30 elementos Leclanché. Fué preciso montar otras bobinas que dieran al electroimán mayor fuerza atrayente y utilizar una magneto de baja tensión y gran intensidad, y aun hacer que el espacio entre los núcleos y la armadura fuese regulable para poder poner la fuerza de atracción en relación con la resistencia del cable que se emplease. Todas estas y otras muchas pequeñas dificultades en la maniobra del globo, del que pendía un aparato delicado, expuesto a bruscas sacudidas, y un conductor eléctrico que, para que no se rompiera por su propio peso, era necesario atar al cable de retenida de 100 en 100 metros, entorpecieron el trabajo, de tal modo, que, en toda una mañana, tan sólo se podían obtener un par de clichés, y algunos días, sólo uno o ninguno. En estas circunstancias, se obtuvieron seis clichés buenos, con alturas variables alrededor de 400 m. En uno se llegó a los 500 m. de altura, y en otro, sólo pudo alcanzarse la de 250 m., a pesar de que cada día se recargaba el globo con hidrógeno puro. Con estos clichés, nos dimos por satisfechos, porque bastaban 'Para el desarrollo de nuestro plan, y sobre ellos se operó en el gabinete. El aparato fotográfico empleado fué una cámara "Nettel" de 10 X 15 cm., con objetivo "Meyer" de 185 mm. de distancia focal. ExPERIENCIAS CON EL ESTEREOCOMPARADOR.-De inmensa utilidad nos fueron estas experiencias, en las que nos guió la experta mano del Ingeniero-geógrafo D. José María Torroja, a pesar del escaso rendimiento que de ellas pudimos obtener. Pero nos marcaron claramente el camino a seguir, y nos revelaron los magníficos resultados que son de esperar, y en los que siempre tuvimos absoluta y razonada confianza. En primer lugar¡ est'a ndo construido el mencionado aparato para recibir en él placas impresionadas verticalmente y paralelas entre sí, la desviación que ha de sufrir la placa de la derecha para orientarla con la de la izquierda, es pequeñísima, y sólo dependiente de la falta de paralelismo entre los ejes· coordenados y los bordes de las placas. Pero en las obtenidas por el procedimiento que estudiamos, no sucede así. Los ejes coordenados de las dos que se han de colocar en el estereocomparador formaban, al impresionarse, un ángulo cualquiera entre sí, y es necesario reproducir exactamente este ángulo, generalmente grande, para obtener la debida orientación. Esto entraña una gran modificación, aunque no tan esencial que
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cambie ninguno de sus fundamentos, en el aparato de que tratamos, y nos impidió hacer de él el uso que hubiéramos deseado, pero no el poder observar que la visión estereoscópica de dicho aparato acusaba el relieve del terreno tan bien como en las placas impresionadas verticalmente. Y si en éstas se obtiene con toda exactitud la coordenada y, que marca la distancia a que están los distintos términos ·de la fotografía, ¿cómo puede dudarse de que en las horizontales pueda medirse tan e:xact·aanente la z de los distintos .puntos, que la substituye? Y si ~sta era casi la única duda que ofrecía el uso de aquel aparato, ¿qué esperanzas no podremos fundar en él después de la eJCPeriencia realizada? Pero comoquiera que, como hemos dicho, el esttreocomparador sobre que se estudiaba no se prestaba a admitir las placas obtenidas desde lo alto por la citada dificultad de orientación, y como, por otra parte, ignorábamos nosotros la distancia que separaba, horizontal y verticalmente, los centros de cada par de placas, datos necesarios para determinar la paralaje de cada uno de los ¡puntos fotografiados y obtener sus distancias respectivas al objetivo que los fotografió, ni era posible por el momento obtenerlas, por ser consecuencia de los trabajos de gabinete de laboriosa ejecución, se desistió de seguir por entonces por ese camino, limitando nuestra acción a conseguir sólo la planimetría hasta ¡poder efectuar nuevas experiencias. Otra observación pudimos deducir de nuestro breve ensayo del aparato referente a los clichés impresionados. Colocadas en el estereo. comparador las diapositivas correspondientes a unos clichés obtenidos con un fototaquímetro de placa vertical, vimos con sorpresa que, a pe.sar del minucioso detaUe de aquéllas y de su esmerada ejecución, el relieve del terreno sólo se acusaba de un .modo confuso, sin que nada e:>cplicara esta anormalidad. Nuestro amigo y maestro el Sr. Torroja nos dió la explicación, que no .puede ser más sencilla. Estas diapositiva'> se obtuvieron en tonos siena y ' azul indistintamente, sin duda, con el objeto de mejorar su aspecto artístico, empleando placas especiales de revelado muy lento, y siendo el color obtenido función del tiempo empleado en esta operación. Y esto, que les daba mayor belleza a los clichés, quitándoles la monotonía y dureza del tono negro natural, era la única causa d'el fenómeno de que trntamos: era el mismo efecto que se obtendría mirando al terreno con un cristal siena y otro azul. pero aumentado por la menor claridad de los objetos y del sistema óptico. De aquí, el consejo de que en el revelado de las placas se atienda, más que al aspecto artístico, a conseguir la mayor claridad y el mayor detalle posibles, y, sobre todo, la perfecta uniformidad de tono entre las placas que se han de colocar simultáneamente en el estereocom¡parador. Y de aquí también el otro que dimos ya, de que pasado el pe~
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ríodo de aprendizaje durante el cual ha de operarse sobre diapositivas, para mayor facilidad en encontrar los 1>untos del terreno y en evitación de errores, se empleen sólo las negativas, lo cual, además de ahorrar tiempo, trabajo y dinero, da la garantía de no perderse ningún detalle en la reproducción. SEÑALES EMPLEADAS PARA MARCAR Los VÉRTICES. -A pesar de las fuertes oscilaciones a que estaba sometido el aparato suspendido del globo, desde el principio nos dimos cueri.ta de que bastaba una exposi~ ción de rjr8o de segundo y un diafragma f/25 para que las fotogra" fías obtenidas tuviesen todas las cualidades de claridad y detalle apetecibles. En estas placas, sólo aparecen claramente una clase de seña" les, marcando los vértices de la triangulación preliminar, a pesar de haberse empleado tres distintas. Previendo ya que las banderolas que se usan de ordinario en las operaciones topográficas no serían visibles en la fotografía tomada desde alturas, ensayamos otros dos sistemas de señales. Eran las pri" meras unos globos de cristal azogado interiormente, de diferentes tamaños, que, al reflejar el sol en un punto, marcaran bien en la placa el vértice en que estaban colocados. Las otras eran ,unas cruces formadas por dos tiras de tela blanca, de 3 metros de longitud y 0.45 m. de ancho, el centro de cuyo cruce correspondía a la cabeza del piquete que marcaba el vértice. Pues bien : ni las banderolas, ni los globos azogados, se perciben en el cliché. En cambio, las señales hechas con cruces de tela aparecen como crucecitas de 2 mm. de lado .perfectamente recortadas sobre el terreno, y que permiten determinar su centro. Aunque las ¡placas se impresionaron a una altura máxima de 494 metros, por lo marcadas que resultan las señales, no es aventurado creer que también aparece~ rían bien visibles si la cámara se hu'f>iese elevado a una altura doble de la anterior; por lo cual no dudamos en recomendarlas, limitándose todo a aumentar algo su tamaño en caso necesario. TRABAJOS DE GABINETE.-A la vista tenemos, al escribir estos apun· tes, la Memoria que, como consecuencia de nuestras experiencias, ele~ vó a la Superioridad el malogrado Coronel V allhonrat, autor de la teoría base del sistema; y si no nos detuviera el temor de dar a este trabajo una extensión y una aridez incompatibles con nuestro objeto, no dudaríamos en copiar párrafos enteros, cálculos y tablas, interesantes todos ellos. Pero resistimos a la tentación para no alargar demasiado esta serie interminable de cuartillas, y ofrecemos aquí sólo las observaciones más importantes. Ante todo, debemos hacer constar que, de las fórmulas propuesta& anteriormente, las que dan los valores de tang R 1 y S 1 2 , no son de fá-
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-6o6ci~ aplicación, y están expuestas a errores, por cuyo motivo su propio autor opina que deben desecharse, tendiendo siempre a simplificar las operaciones analíticas. Las otras fórmulas resultan prácticas y aceptables. Puestos en el terreno de las simplificaciones, adoptamos un procedimiento gráfico en aquella ocasión; y aunque falta la sanción práctica en terrenos montañosos, en los llanos podemos afirmar que es suficientemente exacto y muy expedito. Este procedimiento gráfico para fijar en el plano la proyección del centro óptico del objetivo de la cámara, no difiere del conocido con el nombre vulgar de "problema de la carta", que no describiremos. Claro está que si tuvieran que marcarse los ángulos con el transportador, como lo corriente es que estos instrumentos aprecien sólo medios graqos, se cometería un error inadmisible en la fijación del vértice; pero como en el caso que consideramos, en lugar de marcar los ángulos, marcamos los vértices fotografiados en la placa por medio de sus coordenadas rectangulares medidas en esta placa con una apreciación que no baja de o,oz de milímetro, el error se limita mucho y se hace casi inapreciable, si aquellas coordenadas se multiplican por un factor de ampliación que puede ser S ó ro. Nosotros adoptamos el coeficiente ro, y marcamos los vértices por medio del coordenatógrafo, que, en escala I/500, aprecia cinco centésimas de milímetw, con lo cual no cometemos ningún error. En el caso de no caber en eJ papel alguno de los puntos, lo cual sólo sucede cuando se toman los puntos extremos de la placa que podrán estar separados por un valor de % = 14.0 mm. y de y = 90 mm., los cuales exigen hojas de papel de 140 X 90 cm., excesivamente grandes, entonces es cuando se adopta un coeficiente de ampliación menor de 10. A pesar de estas razones y de habernos dado buen resultado en la práctica este procedimiento gráfico, el general Peralta, en el interesante informe que hizo de nuestros trabajos, desconfiando de la exceshra exactitud de las medidas de los aparatos antes citados (estt:reocomparador y coordenatógrafo), apunta la idea de que, para fijar lo más aproximadamente posible la proyección sobre el _._rreno de los puntos de estación aérea, se adicione a la cámara fotográfica un mecanismo que, al efectuar el disparo del obturador, dejase caer una plomada que llevase un artificio fumígeno, para ver su trayectoria en el aire y encontrar su punto de caída. MEDIDA DE RECTAS HOMÓLOGAS.-La fijación en el plano de la proyecciÓn del centro de la placa fotográfica tiene solamente importancia cuando se trata de obtener el relieve por el método estéreofotogramétrico. Mas como ya hemos· dicho que nosotros no pudimos hacer uso
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-007del aparato estéreocomparador sino para medir las coordenadas de los puntos de las placas, tuvimos que valernos de otras fórmulas y otros cálculos que tenían por base la medición de la longitud en la placa de varias rectas homólogas de otras del terreno cuya longitud era conocida. Para esto hicimos uso de la sencilla fórmula:
Si se prefiriese emplear las distancias de cada punto al centro de la placa que sirvió de origen para medir las coordenadas, entonces es preciso averiguar la longitud que sus homólogas tienen en el plano. CoEFICIENTE DE AMPLIACIÓN DE LA PLACA.-Una vez que sean <:O· nocidas las longitudes en la placa y en el terreno, y adoptada la escala del plano, ha de procederse p. determinar la relación que entre ellas exista ; y como se encontrarán varios valores, debe tomarse el promedio de ellos. De este modo, cuando las longitudes medidas sobre el terreno, reducidas a la escala del plano, sean iguales a sus homólogas de la placa, no habrá necesidad de ampliar estas últimas, y a partir de la escala que esto representa, las imágenes fotografiadas deberán reducirse para acomodarlas a la escala del plano, lo cual parece suponer que será ventajoso emplear máquinas de gran tamaño; pero si se tiene en cuenta que los objetivos que las producen aumentan la longitud de su foco en la misma proporción que aumenta la de la imagen, el campo abrazado es el mismo, y poco se ganaría en rapidez de trabajo, por más de que se ganaría, indudablemente, en exactitud, tanto por obtener la medida de las coordenadas de los puntos con una mayor apreciación, como por aumentar la precisión de los detalles al reducirse de tamaño. A pesar de estas ventajas, como la precisión que se obtiene es la suficiente, con el tamaño usado por nosotros (Io X 15 centímetros) no creemos que debe aumentarse a exJpensas de tener un material pesado y difícil de manejar. Como la práctica indica que las ampliaciones, en la proporción que las necesitamos, no pierden el detalle necesario, no hay necesidad de aumentar el tamaño de la placa. Cuando la escala <iel plano indique que la imagen se ha de reducir, creemos preferible aumentar la altura a que se haya elevado el aparato, con lo cual se aumentará el espacio abarcado por la imagen reduciendo el número de placas necesarias. Aun cuando los errores que se cometen en la situación de los puntos al adoptar el promedio de los coeficientes de ampliaciór. no son nada despreciables en escalas grandes, como cada uno de ellos se puede fijar
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por medio de dos o tres fotografías, aquéllos se reducen de tal modo, que pueden llegar a ser aceptables, aun tratándose de puntos extremos de la placa. Observamos que el error máximo se comete en los puntos extre· mos y de cota más diferente, porque, parte de él, es debido a la dife· renda de nivel de estos puntos, como veremos en seguida. Por este motivo, el procedimiento de ampliar las placas obtenidas sólo se podrá utilizar en terrenos horizontales, a menos que se adopten esca1as inferiores a rfs.ooo, siett'lWre en relación con las diferencias de altitud que haya entre los puntos extremos de la placa, que son aque· nos en que el error debido a la diferencia de nivel es mayor. Dado el tamaño de-la placa que adoptamos, el error máximo debido al desnivel es de 0,48 mt. por metro de altura en el sentido positivo desde el centro de la placa. Este error es debido a la perspectiva del terreno ; pues es sabido que todas las imágenes verticales del mismo aparecen en la imagen de la placa concurrentes al centro de ella; y, por lo tanto, cuando tengan una cierta longitud, al medir las coordenadas de las imágenes de sus extremos superiores, resulta una cantidad mayor de la que se obtendría si f.!(' tomase la imagen de los rpies de ellas. ::,i se supiese la magnitud de este error para cada ·punto, sería fácil conocer la altura del mismo sobre el plano de la cota que se haya to· mado como tipo; pero como esto sólo será posible si cada punto aparece en tres o más placas diferentes, de ahí la conveniencia de cubrir materialmente el terreno con las imágenes de varias placas, con lo cual se eliminaría el citado error. LoNGITUD DE LA DISTANCIA FOCAL PRINCIPAL DEL OBJETIVO.-Una
causa de error, tal vez la mayor de todas, es el empleo de esta longitud en algunas fórmulas, debido, por un lado, a la poca .precisión con que se mide, y, por otro, a que varía con el diafragma que se emplee. Aunque la distancia focal principal de nuestro objetivo se ha medido con alguna exactitud, impresionando dos placas de una mira de 4 metros de altura colocada a ro metros del objetivo y midiendo su imagen, su valor sólo se ha obtenido con un error de 0,5 milímetros, que es diez veces mayor que aquel con que se obtienen las demás medidas, lo que contribuye a dar poca precisión a los cálculos en que este valor interviene. Este es el motivo por el cual el cálculo de las alturas a que se colocó la cámara dió valores que se diferenciaban en cantidades muy apreciables. Sin embargo, esta cuestión queda pendiente de nuevos estudios en experiencias sobre terrenos accidentados, ya que nosotros, por circuns-
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tancias especiales, no pudimos hacerlas sino sobre un terreno de muy poco relieve.
EMPLEO DEL ESTeREOCOMI>ARADOR PARA DETERMINAR LA ALTITUD DR
errores obtenidos al emplear las fórmulas para determinar la altitud <le los puntos del terreno, necesarios para el trazado de las curvas de nivel, que, en escalas grandes, no son aceptables, nos indujo a estudiar si las fórmulas admitidas en la estereofotogrametría serían aplicables al caso presente; y habiendo resultado qu"! las altitudes obtenidas con ellas son mucho menos erróneas siempre que se obtenga su valor por el .p aralaje de cada pun~o exacto en más de 0,02 de milímetro, tal como lo da el est~::reo compara.dor, creemos que deben seguir los ensayos empleando este último aparato, tras de la modificación de que anteriormente hablamos, y que propondremos al final, junto con las nuevas disposiciones que hemos proyectado para los ruparatos diversos que se 001pleen. LOS DIFERENTES PUNTOS DEL TERRENO.-Los
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NUEVOS APARATOS y modiñcaciones de los antiguos que se proporum en la práctica.
CoMETAS._,Nuestro compañero y jefe, el Sr. Teniente Coronel Cué, que ha hecho un acabadísimo estudio de las cometas, después de ensayar en el polígono de Guadalajara la casi totalidad de los tipos preconizados en el Extranjero, ha adoptado uno de gran sencillez, tanto en su construcción, como en su montaje, que permite resolver el problema de elevar en el espacio ¡pesos relativamente grandes; pues, si no recordamos mal, con la cometa de mayor tamaño que construye eleva pesos de 26 kilogramos. No describimos este tipo de cometa por no ala11gar más este trabajo. La importancia de estos modelos se debe a que, siendo desmontables, se conducen y se montan con facilidad y presteza sin la ayuda de mecánko alguno. Aun cuando los tipos a<:tuales están construidos con cañas de bambú, pueden, y se proyecta, hacerlos ~..on tubos de aluminio, que, a igual-dad de peso, dan más resistencia que las citadas cañas. Como datos para el cálculo de las dimensiones de las cometas de este tipo, diremos que el Teniente Coronel Cué evalúa en un kilogramo el peso elevado por metro cuadrado de superficie proyectada sobre el plano de sustentación, y tres kilogramos, también por metro cuadra39
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do, la presión que ejerce el viento y que se traduce en tensión para el cable. El peso que nosotros hemos de elevar es rela,tivan'lente pequeño; por eso adoptamos modelos pequeños o medianos; pero aunque se tratase de elevar grandes cámaras muy pesadas o pesos aún mayores, no es necesario que las cometas exttdan de la superficie máxima sustentadora de 26 m. para evitar que dejen de ser manejables, porque se pueden montar en serie todas las que hagan falta, en la forma que luego veremos, llegando a conseguir que el sistema desarrolle una fuerza de sustentación suficiente para mantener en el aire a un observador. Otra ventaja que tiene para nuestro objeto el empleo de las cometas es la de no necesitar cable aislado para el manejo del electroimán que efectúa el disparo del obturador, puesto que lo substituyen con ventaja los cables de amarre de las dos cometas del sistema que empleamos. El tren queda así constituido por una cometa que se eleva libremente, y 1una segunda que lleva amarrada a su cable, y a unos quince o veinte metros de ella una doble polea que resbala por el cable de la primera, que sirve de guía para su elevación. Esta polea lleva un gancho para colgar el aparato de suspensión de la cámara (fig. 9). (Fig. 10.) La doble polea o carretón está constituído por una armadura metálica A que se abre por la mitad de ella a charnela B, haciéndose solidarias las dos mitaJd'es por medio de un pa5aJd'or P roscado en un extremo para recibir la tuerca con orejas T. En estas dos mitades van mC'ntados y aislados de ellas por sus extremos, por intermedio de collares de ebonita los dos ejes E y E', sobre los que giran las dos poleas, la superior R de ebonita y la inferior R' metálica. En la parte superior de la armadura, y sobre una chapa unida rígidamente a ella, cierra a charnela otra, constituyendo una garra G con su pasador P' roscado y tuerca de apriete con orejas T'. En la parte inferior de la misma armadura, y aislado también de ella por otro collar de ebonita, se sujeta el gancho de suspensión S con su fiador F, para evitar que una brusca sacudida pudiera desenganchar la cámara de allí suspendida. En la garra G se a,prisiona el cable de amarre de la segunda cometa que se quiere elevar sobre el cable de la primera colocado entre las dos poleas. De este modo, una corriente eléctrica enviada desde tierra por el cable de la cometa C (fi~. 9) pasa por la armadura y el hilo h a uno de los polos del electroimán del obturador, atravesando en su camino los niveles de mercurio del aparato de suspensión de la cámara, y saliendo por el otro polo del citado electroimán después de. hacerlo ac-
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tuar vuelve por el hilo h' eje E', polea R' y cable de la primera cometa a cerrar sobre el generador de la corriente o sobre tierra si el otro extremo de éste está a ella unido como en la figura 9· Creemos más conveniente lo último para evitar percances con los fenómenos de electrificación de las cometas en las capas elevadas de la atmósfera, aunque, en estos casos, no se corra el peligro que con los globos. El aparato de .suspensión de la cámara se ha construido de aluminio, corrigiendo los defectos de que adolecía el primero que se usó. Sus principales modificaciones han consistido en elevar los ejes de giro de la suspensión Cardan bastante ¡por encima del centro de gravedad de la cámara y ¡proveerlos de cojinetes .de bolas para reducir lo .más :posible los ro~ientos, haciendo de este modo mucho más sensible el sistema. (Fig. u.) Se compone del mismo marco de madera fuerte que sirvió para el primero empleado con los mismos n~veles y con sólo una pequeña variación en el movimiento de la armadura del electroimán para que, no ~irando ésta sobre uno de sus extremos, sino desplazán4ose sobre guías paralela¡mente a sí misma, no pierda el paralelismo con la línea de las cabezas de los núcleos, no perdiéndose así en vano gran parte de la fuerza atrayente; lo que permite reducir mucho la intensidad de la corriente que se le ha de proporcionar al aparato, para que se dispare el obturador. Del centro de los dos lados mayores del citado marco, parten dos largos montantes de ch¡¡¡pa de aluminio con nervios de refuerzo longitudinales, y terminan en su parte superior en cojinetes de bolas que reciben las cabezas de un eje también de aluminio. Este eje atraviesa una esfera del mismo metal, cruzada en sentido perpendicular por otro eje que, con la esfera y aquél, forman un conjunto rígido. El segundo de estos ejes, de igual longitud que el primero, también aloja sus extremos en cojinetes de bolas montados sobre un semicírculo de chapa igual a la de los montantes y con su correspondiente nervio de refuerzo. En el punto más alto del arco lleva sujeto el mosquetón qtle ha de servir para colgarlo del gancho que ¡pende del carretón de enlace de las cometas. ToRNOs.-Estas han de ir provistas cada una de su torno para el arrollamiento del cable de tracción; y ya que no se pueda aconsejar que sean éstos movidos por motores, lo que sería muy caro, aconsejamos que tengan el mayor desarrollo posible ¡para que su movimiento se traduzca en uno de traslación relativamente rápido de la cometa que la mantenga en el aire o retarde su caída al reducirse o anularse la intensidad del viento. Con estos tornos no deben hacerse elevaciones sino en días de vien-
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to constante en lo posible Y no lo decimos .por el peligro que pueda correr la cámara tan sólo, peligro relativo; pues nosotros hemos visto abatirse el sistema de cometas en una caLma casi absoluta, con una lentitud que alejaba todo temor, funcionando los tornos a brazo. Pero téngase en cuenta la posible existencia no a>dvertida de líneas de conducción eléctrica de alta tensión en la región donde se trabaja, y júzguese del peligro que representa el que el cable de la cometa, que puede tener más de un kilómetro de longitud, 11--gne a tocar una de éstas. Y en el caso de operarse sobre una· población, los trastornos de un abatimiento inopinado no serían pequeños seguramente. Aña:diremos que los tornos han de llevar una uña de retenida sobre una ruedecilla dentada y que deben lastrarse por su base en el lado correspondiente, según el sentido de la tracción del cable. MODIFICACIÓN NECESARIA DEL ESTEREOCOMPARADOR.-Ya hemos visto en otra parte de este trabajo que la principal, :por no decir la única, dificultad que para el uso del estéreocomparador ofrecía este sistema, era la de no poderse orientar en este aparato las placas obtenidas desde lo alto, ya que la dirección de los ejes de las dos que se han de colocar simultáneamente en aquel aparato formaban, en el momento de la impresión, un ángulo cealquiera, generalmente grande, que hay que reproducir para operar con ellas, y los maocos-soportes d'e las mismas sólo son susceptibles •de un pequeñísimo giro. Veamos cómo puede remediarse esto sin ci ~<;truir los fundamentos del aparato. Un estcreocomparador se compone, en líneas generales, de dos partes principales, que son: los soportes de las placas y el estereomicroscopio o microscopio binocular. Los primeros consisten en dos marcos montados sobre un carretón que corre en el sentido de la mayor dimensión del aparato. Estos marcos A, sobre los que se apoyan las placas P en todo su perímetro por una estrecha zona muy próxima a los bordes, son huecos en su centro, para dejar paso a la luz que ilumina aquéllas por transparencia procedente de la reflexión de <los espejos deslustrados y colqcados bajo ellos; y su montaje sobre el carretón que los soporta y árrastra se hace por intermedio die otros IID.arcos que les sirven de guía ·p ara efectuar dos movimientos en su plano, independientes, uno, el de la izquierda, en el sentido de la longitud del carretón, y el otro, en sentido perpendicular. Estos movimientos se completan por otro de giro alrededor del eje C, obtenido por medio del tornillo T y resorte antagonista R, y limitado en su amplitud .p or los mismos soportes de éstos (fig. 12). B y D sólo son cuatro to,pes que sirven para fijar la posición de la
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placa sobre el marco. Los dos B son fijos, y los D tienen un pequeño movimiento de traslación. Pues bien: nada impide que el marco sea circular y vaya embutido en una corona soportada por el otro marco inferior a la manera que la placa de los nonius en el li:mbo de cualquier aparato topográfico. De este modo, el movimiento de giro seria completo y exacto además, mediante el uso de un tornillo de presión y otro de coincidencia, como se ve en la figura. En nada se modifica así el aparato si no es en sus dimensiones, ya que los marcos que sQportan las coronas circulares pueden seguir siendo rectangulares en su parte inferior y susceptibles, por tanto, de conservar los antes citados movimientos de traslación. El otro carretón portador del estereomicroscopio que ocu~a una posición superior a la del porta.placas y tiene su movimiento en sentido per,pendicular al mismo, no hay que modificarlo, y tan sólo el tubo que lleva en sus extremos los espejos o prismas que reflejan las imágenes hacia los objetivos del microscopio habría <le alargarse algo para ajustarse a la mayor separación de los centros de las placas.
CONSECUENCIAS DEDUCIDAS DE LAS EXPERIENCIAS Y ya sólo nos resta, para terminar este trabajo, exponer brevemente algunas consecuencias prácticas que hemos deducido de nuestras exp6riencias ; a saber : I." Que en terrenos llanos o poco accidentados, una sola vista fotográfica tomada a 500 m. de altura permite dibujar un plano con toda la exactitud deseable, si se adopta la escala de I/zs.ooo, aun cuando haya relieves de 10 metros. Pero si se acoplan dos o tres fotografías, la escala se q>uede elevar hasta I/500 sin inconveniente alguno. z.n Que basta solrumente que se conozca la longitud exacta sobre el terreno entre dos puntos (que estén al mismo nivel) representados en la placa, para poder deducir la escala de ampliación que debe darse a la imagen; ¡Pero que si el terreno aparece con algún relieve, convendría que en ca.oda placa se cónociera la longitud de dos líneas que unan tres puntos por lo menos y que cada ,punto aparezca en dos o tres placas a la vez. 3·" Que con la distancia focal que nosotros hemos empleado, la altura d'e 500 metros es la conv;eniente para las escalas hasta 1/3.000; pero en escalas inferiores, será preciso elevar aquella altura a I .000 m., oon lo que se awnentará mucho el terreno abarcado por el objejtivo. 4·" Que aun cuando no es necesario determinar la situación en el plano de las proyecciones de los centros de las placas, ni su orienta-
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c10n, como estas operadones ¡pueden hacerse gráficamente de un modo sencillo, es conveniente hacerlas. s.• Si se quiere aplicar a estas fotografías el procedimiento estereofotográfico, se debe procurar que las proyecciones de los centros de placas sobre el ¡plano no <listen entre sí más dJe I/25 a I/30 de la altura, que se procurará sea casi igual para todas las placas, lo cual no será difícil de conseguir si todas las de un gru,po se impresionan el mismo día y a intervalos de tiempo lo más reducidos posible. Cuando se pueda disponer de una cámara con cambio automático de placas, aquella condición será más fácil de llenar. 6. 8 Que en terrenos de poco relieve, convendrá prescindir de altimetría, substituyéndola ¡por una ni,.elación de precisión, con lo cual se podrían obtener los planos de las poblaciones con gran rapidez y exactitud, prescindiendo de las enojosas y costosas mediciones que exige un plano de esta clase. Este es uno de los casos en que el nuevo procedimiento tiene su más ventajosa aplicación. En terrenos de gran relieve, actualmente no habrá más remedio que acudir al procedimiento estéreofotográfico.
*** Estas y otras muchas consecuencias deducidas de tan corta experiencia animan, con las más halagüeñas esperanzas, a continuar el camino emprendido, estudiando nuevos aspectos, tanto del procedimiento estereofotogramétrico, como del de proyecdón cónica ordinaria, y a divulgar estos trabajos con el deseo ·de encauzar por ellos nuevas actividades que contribuyan a su completo éxito, ya que debe ser aspiración de particulares y Empresas el obtener rápida, exacta y económicamente buenos planos en que fundamentar sus negocios, tanto agrícolas como industriales. Para ello, y ¡para honrar la memoria del malogrado Coronel Vallhonrat, realizador del sistema, hemos escrito estas cuartillas, y .por. vuestra atención al escuchar su lectura os damos laJS gracias." Se acordó, referente al anterior trabajo, que las consecuencias que el Sr. Sancho deduce de sus experiencias figuren entre las conclusiones aprobadas en la sesión. A contmuación, el Sr. BARRO N leyó su Memoria, q~te dice así:
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"LA LOCOMOCION AEREA Y SU ORGANIZACION EN LO FUTURO Por D.
EDUARDO BARRÓN,
Capitán de Ingenieros.
Importancia de 1a locomoción aérea.
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Uno de los más importantes problemas de la Ingeniería, quizá el más importante en la actualidad, es el de la locomoción aérea, que, de ser un sueño que atormentó siempre a la inteligencia hullJ.ana, ha pasado a ser una realidad; y nosotros mismos, los que hace bien pocos años, aunque considerándolo realizable en nuestra imaginación, mirábamos con envidia el vuelo de los pájaros, hemos visto plasmarse nuestras quiméricas visiones en una forma que, aunque imperfecta, nos asegura en el aire el punto de apoyo que pedía Arquímedes) y veremos rápidamente entrar en la órbita de las aplicaciones prácticas el nuevo medio de locomoción, que, al conquistar para el hombre el elemento más rebelde, revolucionará todo, quizá hasta la constitución de la Sociedad. Ya no es posible volver atrás. La lucha ha sido y será dura. Habrá detenciones y rectificaciones, pero en cada una de ellas se ganará un paso. Los que hemos luchado desde el principio se puede decir que hemos tratado hasta ahora únicamente de asegurar el dominio de la resiste1Jeia del aire, base fundamental del vuelo mecánico. Los nuevos inventos que nos llevarán progresivamente a corppletar la conquista del aire costarán muchos trabajos y algunas víctimas. Pero ¿no es grandioso el horizonte que a nuestra imaginación presenta la realización de la lo~omoción aérea? El aire, cubriendo mares y continentes, constituye una vía uniforme que lleva a todas partes. El pueblo más escondido recibe la visita del pájaro, en quien vemos el símbolo de la libertad. ¡No hay obstáculo en el aire que nos aparte de la línea recta! ¡Las velocidades en él pueden ser fantásticas 1 Y, a pesar de ello, el día en que esté perfeccionada la locomoción aérea presentará muchísimo menos peligro que los demás medios de locomoción. La Ingeniería, que es la más noble aplicación de la inteligencia humana, porque dedica sus esfuerzos y sus sacrificios al aprovechamiento de la Naturaleza para mejorar el bienestar de la Humanidad, encuentra aquí un campo virgen en el cual hacen falta muchas voluntades y muchas inteligencias que verán, al dar cima a la tarea, cómo su triunfo produce una verdadera revolución. Las leyes tendrán que acoplarse al
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nuevo medio que trastorna las relaciones entre los distintos pueblos, haciéndolos fusionarse r.ada vez más al facilitar las comunicaciones. La libertad será más dueña del Mundo, y la civilización, que tiende a aumentar siempre la velocidad de la vida para gustar más de ella en el mismo tiempo, dará un paso gigantesco. La vida será vertiginosa. Lia Ingeniería española ante el problema. Ante esta perspectiva maravillosa, ¿qué hacemos los Ingenieros españoles? Si me he decidid'O a escri:bir estas líneas saliéndome de mi puesto de filas, y a pesar de comprender que me faltan dotes para tomar la iniciativa, es porque creo necesario hacer un llamamiento a las valiosas inteligencias que asistirán a este Congreso sobre la imP-Ortancia vital de este problema, acogido en España, en general, con u~ indiferencia rayana en el desprecio. Es de creer que esto es un síntoma más del pesimismo que durante muchos años ha dominado entre nosotros; pesimismo acentuado por nuestro modo de ser, extraordinariamente soberbio, en lo personal, que nos hace no acometer muchas empre·sas por miedo al ridkulo y criticar cuando un compañero las acomete, diciendo al mismo tiempo que en España no estamos preparados. Este pesimismo hay que desecharlo entre los Ingenieros ; pues los españoles son, sin duda, de los más preparados del Mundo para la investigación científica. La prueba de ello la tenemos limitándonos a la locomoción aérea en la fama mundial de Torres Quevedo, por sus inventos (que, por cierto, ha necesitado llevar afuera para verlos realizados), y de Herrera, en sus investigaciones. Pero, aparte de esto, de los ilustres Ingenieros Vives y Rojas y de la labor meritísima en Cuatro Vientos de la Avi~ción militar, no se ve a nadie interesado en el asunto que nos preocupa, y, para esto, los más originales de los trabajos aludidos y, sobre todo, los de Torres y Herrera, se han dedicado principalmente al dirigible, que, aunque hoy -día, sin duda, reúne ciertas ventajas que lo hacen insubstituible para grandes recorridos, se ve desde luego que está llamado a desaparecer cuando, al quedar resuelto el vuelo mecánico, el aire sea conquistado definitivamente. Pero si en alguna materia podemos con facilidad ir a la cabeza los españoles, si la suerte nos acompaña, es en ésta, en la cual estamos al nivel de los demás; pues al dar su primer paso, que ha sido gigantesco, la guerra, aunque desarrollando y afirmando lo existente de un modo
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enorme, que facilita los avances posteriores, ha detenido a todo el mundo, entorpeciendo y desorientando la marcha hacia la verdadera ruta. Debemos, por tanto, sin mirar atrás, lanzarnos a esta hermosa empresa; y, como vamos a ver, el primer impulso, como en todos los progresos humanos, corresponde a los Ingenieros, que han de hacer los cimientos sobre los cuales el trabajo y el capital, primero, y, por último, todos los elementos sociales. han de construir h gran obra.
El problema técnico. La base, como decimos, está en la resolución perfecta del complejísimo problema técnico ; pues, como es natural, para utilizar un órgano, es necesario que éste funcione y que funcione bien. El aeroplano es el que ha llegado a resol:ver el problema, y, aunque imperfectamente por defectos que examinaremos, ha conseguido hacer práctico el vuelo y se ha desarrollado de un modo asombroso, gracias a la guerra, en la cual ha sido un elemento indispensable. Como este trabajo se encamina principalmente a atraer elementos, a llamar la atención sobre los problemas, no a rliscutir asuntos técnicos de orden práctico, los cuales opino se deben poner en realización antes de hablar de ellos, aunque tengo en proyecto y hasta en via de ensayo varios perfeccionamientos que pueden ser transcendentales, voy a limitarme a tratar de hacer el diagnóstico del problema y a enumerar los distintos puntos que merecen la atención de los Ingenieros para que los que vean en ello materia de su agrado piensen y trabajen para resolverlos.
Dificultades actuales. Las dificultades del ·vuelo mecánico, hoy día, se pueden agrupar en dos clases: 1.• Los defectos inherentes al aparato y que pueden hacerse desaparecer en su mayor parte. z.• Los peligros correspo!fdientes al medio, como son especialmente los que traen consigo las nubes Y. brumas, los cuales no desaparecerán nunca, aunque sí serán aminorados de un modo extraodrinario. Vamos a tratar de puntualizar un poco estas dificultades para dejar planteado los problemas técnicos, y veremos que en ellos hay ancho campo para los distintos aspectos de la Ingeniería.
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Estabilidad.
El aeroplano está basado en la reacción del aire sobre una superficie en movimiento, como todos sabemos, y, naturalmente, todo su funcionamiento depende de dicha velocidad. Su estabilidad ha llegado a resolverse de un modo bastante satisfactorio, no siendo, como cree el vulgo, una cosa precaria ni dependiendo para nada del funcionamiento d~ motor; pues, al cesar éste, actúa la gravedad, produciendo el descenso inclinado que se llama planeo. Lo que sí ocurre es que, como decimos, todo su funcionamiento depende de la velocidad; y si ésta disminuye más allá de un cierto límite basado en las relaciones entre el peso, la superficie sustentadora y las superficies de gobierno, se pierde la estabilidad, y el aparato cae, en una u otra forma, hasta que, al aumentar de nuevo dicha velocidad, se recobran los mandos y vuelve a tomar bajo la mano del ¡piloto su vuelo normal. La estabilidad longitudinal y la de ruta son perfectísimas en el aeroplano, mientras se lleva la velocidad necesaria, y los mandos necesitan muy pequeños movimientos del piloto para corregir los desplazamientos. La estabilidad lateral ya es otra cosa; y aunque desde luego el aeroplano tiende siempre a buscar su posición estable, en cuanto hay viento arrachado, se produce un movimiento molesto. De todos modos, como el piloto necesita llevar en la mano el equilibrio del aeroplano, lo que constituye una garantía para la estabilidad siempre que lo haga bien, en cambio, esta estabilidad se pierde y puede traer el desequilibrio; consecuencias fatales cuando el mando no es el conveniente, como pasa, por ejemplo, con nubes o nieblas que, no dejando ver nada, hacen perder la sensación de horizontalidad por producir la inercia efectos iguales a los de la gravedad. La estabilidad necesita, por tanto, mejoras que, a ser posible, hagan que el piloto únicamente necesite dirigir el aparato de vuelo en el espacio y variar la velocidad de la marcha. Este problema obsesiona a tOidlos los inventores, y tiene dificultades que no vamos a indkar, contando además con la oposición decidida de los aviadores actuales, que creen absolutamente necesario llevar en su mano la estabilidad; pero si los Ingenieros lo resuelven de un modo perfecto, ya quedarán contentos al encontrarse montaqos en un aparato que, conservando la agilidad de los actuales y aun superándola, ofrezca la garantí~ de una estabilidad perfecta y únicamente necesite ser guiado en el espacio.
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Aten'iz&je y partidA.
He aquí el verdadero pro!>lema del vuelo mecánico en la actualidad, ligado a su vez de una manera íntima con el anterior. El aeroplano, como hemos indicado, no puede sostenerse en el aire sin velocidad horizontal; esto hace que para la partida de tierra necesite correr un cierto espacio hasta adquirir la necesaria para separarse de ella, y, al aterrizar, necesita volar a ras del suelo, aprovechando la velocidad del 'descenso, hasta que suavemente se posa en la tierra y rueda la distancia necesaria para que las resistencias del rozamiento y la del aire sobre las alas anulan la fuerza viva remanente. Por esto, los aparatos de hoy día necesitan aerodromos de dimensiones ba:stante grandes, pues, adettnás del terreno estricta~mente empleado en el aterrizaje y la rpartida, hay que contar con el margen necesario para Jos errores o las paradas involuntarias, y, además de este inconveniente y de otros muchos que no voy a enumerar, el no poder quedar sin velocidad en el aire los aparatos de vuelo representa un peligro grandísimo que se nota patentemente, fijándose en el caso de una niebla o en el de tener que aterrizar forzosamente en un terreno que no esté en condiciones. Vemos, por tanto, que otro de los problemas que hay que resolver es el de la sustentación independiente de la velocidad horizontal. y éste trae consigo otros importantísimos, como son los de la estabilidad y los mandos independientes a su vez de la velocidad de la marcha. Si se resuelven todos ellos, tendremos el aparato ideal que pueda marchar a una velocida:d de doscientos a -trescientos kilómetros-hora o quedar flotando en el aire y subir y bajar en la vertical. \
Resistencia mecánica. Queda también otro punto que, aunque secundario en lo que a inventos teóricos se refiere, tiene una importapcia grandísima en la práctica, y es el de la resistencia de los materiales aplicada a los aparatos de vuelo; pues, en la locomoción aérea, es donde los cálculos de estructuras hay que hacerlos con unos límites más estrechos, pues se lucha con el factor peso, de tal manera, que hay que ahorrar los gramos para que ¡puedan ser llevados en esencia o en materia transportada. Esto brinda también ancho campo a los Ingenieros, y más cuando se reflexiona en lo que queda por hacer; pues hay que transformar la construcción radicalmente, rpcrque los sistemas que se emplean se pue-
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den calificar de provisionales, y hay que ir a otros de mayor duración o permanencia, por decirlo así; lo que trae consigo, además de los estudios de Mecánica propiamente dichos, los concernientes a la aplicación <le nuevos materiales. Problemas cemplementarios o auxiliares.
No es necesario más que señalar ligeramente algunos para ver la importancia de los asuntos que arrastra consigo la locomoción aérea. Empezando por el problema de la orientación, íntimamente ligado al de la Meteorología y a la Radiotelegrafía, y terminando ¡por la infinidad de industrias auxiliares, como las de aparatos indicadores, iluminación de aerodromos, comodidad de la instalación a bordo, calefacción, etcétera, vemos que será raro el ramo de la Ingeniería que no sea necesario aplicar. Entre estos elementos auxiliares, uno de importancia vital es el motor, en el cual queda todavía muchísimo que hacer para obtener el rendimiento máximo de la energía explosiva de la mezcla carburada para conseguir motores <le un peso y, sobre todb, de un consumo mucho menor que los de la actualidad. Peligros inherentes
aJ medio.
Estos peligros, como ya hemos dicho, no pueden desaparecer, como no desaparecen los del mar. Entre ellos, los de más importancia, por la frecuencia con que se encuentra, son las nubes y brumas. Si se resuelven los principales problemas planteados anteriormente, vemos que un aparato que puede reducir o anular su velocidad sin peligro para la estabilidad al viajar entre nubes (lo que de todos modos evitará limitándose únicamente a pasarlas cuando no tenga más remedio para aterrizar o para subir encima de ellas), los peligros de choque serán remotísimos, y más si se conoce la velocidad del viento por medio de la Radiotelegrafía. Esta observación nos sirve para ver la importancia de los medios auxiliares enumerados anteriormente; importancia que hacemos resaltar. En un país bien organizado aeronáuticamente, debe haber una verdadera profusión de estaciones radiotelegráficas y, desde luego, en todos los aerodromos es necesario un pequeño observatorio meteorológico para comunicar los datos necesarios a cualquier aeronave que pregunte. Hay que tener en cuenta que, por medio de la radio puede fijar
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el piloto con gran facilidad y exactitud el punto en que está, y con los datos meteorológicos de viento y nubes aterrizar en buenas condiciones en el aerodromo más próximo.
Resumiendo lo que se refiere al problema técnico, vemos que el ideal completamente realizable, a mi juicio, consiste en llegar a un aparato que, pudiendo elevarse y descender verticalmente, conserve una estabilidad perfecta y pueda hacer una velocidad lo más grande posibie. Una vez sentado esto, he de decir que, así como confío en que tomándolo con interés nuestros Ingenieros, 'Pueden llegar a resolver estos problemas en el papel, no tengo la misma confianza en que puedan trabajar sobre sus ideas, y, después de tropezar con los mil obstáculos que la realidad ofrece siempre, conseguir la realización práctica, no porque no estemos los Ingenieros españoles capacitados para la práctica, como todavía, desgraciadamente, creen muchos, sino porque, por esa misma desconfianza de nuestro pesimismo de que antes he hablado, es rarísimo encontrar capital dispuesto a una empresa semejante sin que ve::t un gran estímulo inmediato, y más tratándose de un Ingeniero español. Es necesario, por tanto, crear ese estímulo, y la forma más práctica es la de establecer grandes premios, como en las Conclusiones se indica.
La organización de la l~omodón aérea. Dejando a un lado el problema técnico, y suponiéndolo resuelto en el grado suficiente para poder aplicar p.rácticamente la locomoción aérea, vamos a tratar de dar una idea de las bases fundamentales que, a nuestrc juicio, deben regir su organización. En ésta deben distinguirse dos partes: la primera es la verdadera organización de la explotación, que, a su vez, se subdivide en dos: producción de material aéreo y explotación (Sociedades de transportes), que puede estar unida o no a la producción. Desde luego, no cabe duda de que estas industrias deben ser libres, aunque con la autorización y vigilancia del Estado, que, como luego veremos, ha de regular muchas de las cosas que a ellas afectan. La segunda parte de la organización es la que corresponde a la mtervención del Estado, en la cual conviene, con la mayor urgencia, to-
f UNDACIÓN
JUANELO TURR!ANO
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1
mar pos1C1ones y estar preparados para no tener que proceder luego desordenadamente y con dificultades ocasionadas por los intereses creados. Hecha esta ordenación, y no ocupándonos de lo que se refiere a organización de las industrias aéreas, en la cual cada una procederá ccn arreglo a su criterio, siguiendo, como es lógico, las mi.smas normas por que hoy se rigen las industrias semejantes, vamos a puntualizar lo que se refiere a funcionamiento general de la locomoción aérea. Los apaTatos aéreos podrán surcar el espacio en todas direcciones y aterrizar en cualquier parte; pero, por grande que sea su, perfeccionamiento, necesitarán unas ciertas condiciones en el terreno para hacer con comodidad las maniobras d.e partida y aterrizaje; y como, además, no puede haber libertad para utilizar terreno de propiedad particular, es necesario que, en el mayor número posible de sitios, se dispongan aerodromos. El funcionamiento generai de la navegación aérea habrá de tener gran analogía con la de la marítima, siendo en aquélla toda la superficie de las naciones como la costa en ésta. Los puertos serán los aerodromos; y aquí vemos el primer problema que al Estado se presenta; pues, lo mismo que en el mar los puertos son del Estado, para el aire es necesario que los aerodromos sean también del Estado. Claro que no va éste a adquirir inmediatamente todos los aerodromos de la Nación; pero deben ser suyos los que se vayan necesitando con urgencia, y, caso de existir aerodromos de propiedad particular, debe el Estado, al conceder la autorización para su empleo, hacer quede el particular, o Compañía propietaria, obligado a dejar utilizar su aerodromo por todo el mundo, con las mismas condiciones y bajo la misma vigilancia que los del Estado; es decir, que el aerodromo funcione exactamente igual que si fuera oficial. De todos modos, creo no se debe permitir que ningún aerodromo sea propiedad de una Compañía extranjera; y los que hoy día se han creado en la costa de Levante deben ser expropiados, dejando la utilización a las Compañías hoy propietarias, pero en condiciones de igualdad con los demás. Este primer punto es de una capital importancia; y para ver los inconvenientes que traerá el día de mañana el que el Estado no se quede con la propiedad de los aerodromos o, por lo menos, con su utilización cuando no adquiera e! terreno, 'basta ponerse en el caso de que una Compañía se apodere de todos los buenos aerodromos de una cierta línea, y el día de mañana, cuando la locomoción aérea sea una cosa corriente, no los deje utilizar más que a sus aparatos o a los autorizados por ella, con lo cual ejercerá un ver<ladero monopolio. Ahora estamos a tiempo de que el Gobierno dicte las órdenes con-
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-623venientes para plantear biei"J el asunto de los aerodromos; pues bastaría con adquirir unos cuantos en las dos rutas principales de Norte a Sur, que son las de Levante, por Barcelona; Alicante y Málaga y Centro, por San Sebastián, Vitoria, Madrid y Sevilla, y otra transversal, por Barcelona, Zaragoza, Madrid, Lisboa, y prohibir se instale ningún aerodromo particular sin la autorización del Gobierno, .para lo cual la primera condición debe ser que quede a disposición del Estado como aerodromo oficial mientras sea utilizado el terreno como tal aerodromo. Una vez adoptada esta decisión, que parece indiscutible, todo el funcionamiento de la intervención del Estado en la locomoción aérea se simplifica de un modo extraordinario; pues, en lo interior, hará que todos los vehículos aéreos, tanto de Compañías de transporte, como de particulares, tengan su matrícula, que al principio debe ser gratuita, para no estorbar el crecimiento de la industria naciente, y dará las autorizaciones de conducir, para lo cual hará sufrir exámenes, y, en el po!"V'enir, seguir una carrera, como en Marina, para cuyos planes de estudio y exámenes debe consultar, a mi juicio, a las Juntas técnicas de Aviación militar y del Real Aero-Club de España, que son los más capacitados en la actualidad. Además, todos los aparatos tendrán que llevar un libro de ruta, en el cual, ocupando el menor espacio, y del modo más simple posible, se harán constar por los Jefes de aerodromos las fechas y horas de aterrizaje. Todo a¡parato, al aterrizar en un aerodromo, debe presentar al Jefe de él los documentos que acrediten va en regla; y si aterrizare en un terreno que no sea aerodromo, deberá, el que lo dirija, presentarse a las autoridades del pueblo más próximo con todos los documentos de que hablamos. Para las relaciones exteriores, habrá aerodromos de frontera, en los cuales se establecerá la Aduana; y será obligatorio, a todos los aparatos que entren en la Nación, aterrizar en uno de estos aerodromos, para ser revisados, tanto por las Aduanas, como sanitariamente. El asparato que, rv'iniendo del Extranjero, aterrice en el interior sin llevar el certificado correspondiente al paso de frontera, que deberá enseñar junto a los demás documentos, será detenido, en averiguación de las causas de no estar en regla, y, aun en el caso de demostrar no haber nada perjudicial para la Nación en la falta, será penado con una fuerte multa. Los servicios de Meteorología y de Radiotelegrafía, que tan gran importancia tienen en el ¡problema técnico de la locomoción aérea. necesitan un desarrollo enorme, y es necesario que, al ocuparse de ellos el
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..
-
Ó24 -
Estado, tenga en cuenta las necesidades de ésta y en los aerodromos haya todo lo necesario. Asimismo tiene que atender el Estado a los servicios de iluminación, etcétera; y, para todo esto, debe establecer unos derechos ·de aerodromo, de cuya cuantía y forrn.a de recaudación no podemos estudiar ahora los detalles. Todos los problemas nuevos que se presentan en la circulación darán lugar a un Código del Aire, que puede y debe desde luego ser estudiado antes de que por el crecimiento de este medio de locomoción empiecen a presentarse casos dudosos, que la mayoría pueden ser previstos. Los Jefes de aerodromos tendrán una autoridad semejante a los Comandantes de Marina. Aunque parezca un poco ilusorio, hay que pensar en la policía del Aire, sobre todo en las fronteras. La parte de aplicación a la guerra, que no quiero tratar aquí, pues no pienso más que llamar la atención sobre los más graves problemas de organización general, formará una organización aparte, aunque, en estos primeros pasos, es al ministerio de la Guerra al que debe darse la iniciativa; pues hay que hacer notar que, además de tener en la guerta hasta ahora la única aplicación verdaderamente práctica, siendo siempre utilizables en ella todos los aparatos de locomoción aérea, la intervención de los ministerios de Guerra y Marina tiene que ser muy directa y estar en el más íntimo contacto con el organismo director, que, por consiguiente, caso de no ser independiente (que, al fin, lo será), debe quedar en el ministerio de la Guerra, que tendrá, en ese caso, sobre sí la responsabilidad de encauzar bien todos estos problemas. Mas para ello debe recabar la dirección única; pues no hay cosa peor para la organización que dividir un asunto, que en el fondo es único, en varias ramas absolutamente independientes creadas por el capricho o por influencias debidas a intereses particulares de individuos o corporaciones que, guiados tLuchas veces por plausibles deseos de progreso de los servicios que tienen a su cuidado, malgastan inútilmente valiosísimas energías y elementos por emplearlas dispersas y sin orden ni concierto. No queremos decir con esto que no sean absolutamente independientes en su funcionamiento los servicios que utilicen en sus aplicaciones la locomoción aérea; pero creernos que no hay que confundir la utilización de un órgano con el órgano mismo, y, por tanto, que, así como nos parece muy bien que los organismos que ven desde luego aplicable con ventaja a sus servicios la locomoción aérea, estudien perfectamente su utilización y hasta pongan toda su influencia y sus medios en proteger la naciente industria, empezando su aplicación aun antes de ser verdaderamente práctica. nos parece muy mal se inmis-
fUNDAC IÓN JUANELO TURRIANO
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cuyan en asuntos de organización general, creando dificultades para el día de mañana, y pierdan su tiempo y el dinero del Estado, no en la utilización, sino en la misma locomoción aérea y en cosas tan fuera de su papel como son la enseñanza de conducción de aparatos y la constitución y explotación de líneas aéreas de transporte, con la consiguiente creación de aerodromos, etcétera. Por la premura con que escribo esta moción y la complejidad del problema, resulta desordenado y confuso lo escrito; y como lo interesante es plantear claramente conclusiones que sirvan de base para proponer a los que tienen en su mano el gobierno de la Nación iniciativas útiles y prácticas que sirvan para encauzar este problema, y que, en vez de producir sobre nuestra industria y sobre nuestro país el efecto de una avalancha destructora y creadora de conflictos, haga efectos beneficiosos y hasta nos coloque en esta rama de la actividad a la cabeza de las demás uaciones, a continuación van expuestas las orientaciones fundamentales y las medidas urgentes que, a o:ni modesto juicio, se deben ir poniendo en práctica para plantear bien el asunto. 1.0 El problema técnico, que es de una importancia enorme, vale bien la pena de que el Estado estimule la inventiva de los Ingenieros españoles, para lo cual, como creo es un desatino gaste ni un céntimo en apoyar inventos teóricos, como hasta ahora ha hecho, en varios casos con resultados absolutamente negativos, lo que debe hacer, y tiene la ventaja inmensa de que al dar el premio tiene el fruto en la mano, es fundar dos premios: uno para la resolución del problema fundamental que hemos expuesto, y de cuya posibilidad todos estamos convencidos, o sea, del problema de la parada en el aire, y otro mayor, para la demostración completa de la resolución de la locomoción :1érea, o sea, aproximadamente, en la siguiente forma: A) Un premio de 100.000 pesetas, como mínimo, al primer aparato de vuelo de invención y construcción nacional que, elevándose verticalmente, se sostenga un cierto tiempo en el aire y descienda sin novedad, también verticalmente. B) Un premio de un millón de pesetas, como mínimum, al primer aparato de vuelo de invención y construcción nacional que, elevándose verticalmente, salga de Madrid, y después de recorrer con escalas las poblac.iones de Sevilla, Valencia, Barcelona y Bilbao, con una velocidad media superior a doscientos kilómetros-hora, descontando tiempos de parada, descienda otra vez verticalmente en Madrid. Estos premios son irrisorios al lado de la importancia del problema; y lo mismo decimos de los gastos que representen las otn~s innovaciones cuya implantación pedimos. El caballo de batalla en la intervención del Estado está en la 2,0 40
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
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cuestión de los aerodromoc;, que da la .clave de toda la organización; y, por tanto, proponemos se legisle en esta materia de forma que, en absoluto, todos los aerodromos queden en propiedad o en usufructo del Estado. Para éstos se deben adquirir-y creo lo más conveniente y fácil por el momento que lo haga la Aviación militar, que los necesita en gran número-los aerodromos más importantes para la circulación en España, y dar inmediatamente una disposición que diga sobre poco más o menos: "Para utilizar un terreno particular o municipal como aerodromo, será necesaria una autorización especial, que llevará consigo la obligación, por parte del propietario del terreno, de ceder provisionalmente todos sus derechos al Estado, para que quede como aerodromo oficial durante el tiempo de dicha autorización." 0 3. Es absolutamente necesario, para empezar a poner orden en la locomoción aérea, que se marquen, aunque sea provisionalmente, los requisitos que tienen que cumplir los aparatos para viajar, y, por lo tanto, que se hagan inscribir, tomando como base los aerodromos, y al principio, gratuitamente, se les dé una licencia de circulación a los que estén matriculados. La licencia de conducir se puede substituir por el título de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional, y los demás papeles y requisitos se pueden fijar desde luego en fonma parecida a la que se emplea en el Mar. 0 4. Los aerodromos de frontera deben empezar a funcionar inmediatamente, para lo cual, en cuanto se instaíen, debe hacerse saber a las demás naciones la obligación en que están los aparatos que pasen por España de visar sus documentos en dichos puntos y las penalidades en que incurrirán los que, habiendo faltado a dicho requisito, tengan que aterrizar en el territorio de la Nación. 0 5. Todo lo que se ptopone aquí en esquema debe, inmediatamente de estudiado con el mayor detalle posible, ser puesto en vig'or sin pérdida de tiempo. Para lo cual, se debe facultar a un órganismo, como la Dirección Nacional de Aeronáutica, siendo, a mi juicio, el más indicado por el pronto, por disponer de más medios técnicos y materiales~ y estar, por ·tanto, más preparado para una labor útil, la Sección de Aeronáutica del Ministerio de la Guerra.
Si con estas líneas, que, por el exceso de trabajo que en la industria de la Aviación pesa en este momento sobre mí, he tenido que escribir en tres días, consigo llamar ta atención de este Congreso sobre el im-
f-UNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-627portantísimo problema de la locomoción aérea, y que otros de más valía lo hagan cosa suya, y discutiendo sobre él se llegue a presentar al Gobierno de Su Majestad algunas proposiciones que tiendan a encauzar la legislación para que, a medida que el aire vaya siendo nuestro, el orden necesario para el buen funcionamiento de la vi<Ü:l vaya -reinando en la organización aeronáutica española, quedaré contento de haberme atrevido a escribirlas." Las conclusiones merecieron observaciones del Ingeniero industrial, pi.loto aviador, Sr. P.E'&AS, en cuanto a los organismos o entidades que deben tomar la iniciativa en la formación de la Dirección General de Aeronáutica, cuya creación propone en su Memoria el Sr. Barrón. Fué aprobada ,l a modificación propuesta por el Sr. Peñas. El Secretario, Sr. LUCINI, dió lectura al trabajo del Sr. Palanca, del cual se dió la Sección por enterada, dada la índole del mismo y la ausencia de su autor. El trabajo del Sr. Palanca dice así: "PROBLEMAS INTERESANTES DE LA AVIACION Por D. Lurs PALANCA, Comandante de Ingenieros del Ejército.
VIRADAS
.··
'·
Existe una ley en la Naturaleza por cuya virtud un cuerpo solicitado por una fuerza única que no varía de dirección, de tamaño, ni de punto de aplicación, se mueve en línea recta y acelera proporcionalmente a la masa que .posee y fuerza que le solicita. Cuando la ace1eración es nula, debe también anularse la resultante de los esfuerzos que actúan sobre nuestro sistema, y, por el contrario, cuando la trayectoria se desvía de la línea recta, es seguro que una nueva fuerza hace sentir sus efectos sobre el cuerpo o sistema de ellos que consideremos, ya que su tendencia natural, por virtud de la inercia, estaría en la conservación de su dirección primitiva. Cualquiera que se distrae en la contemplación de las viradas de un aeroplano sospecha que el aparato se encuentra obligado por una fuerza ajena a la de tracción procedente de la hélice; pues, de lo contrario, intentaría, por inercia, seguir la ruta sencilla que brinda la Naturaleza a los objetos solicitados por una fuerza única y bien precisada. Tres sabemos que son las que deciden del vuelo de un aparato, y descartada la hélice o el peso propio invariable en su dirección, ¿cuál puede plegarse a los caprichos y necesidades del piloto?
I'U}IOACIÓN JUANELO TURRIANO
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La opinión general atribuye al efecto del aire sobre los timones de dirección la curvatura de la trayectoria; pero ni tienen bastante superficie para ceñir una virada en la manera que es uso y elegancia de los buenos pilotos, ni conservan su plano vertical una vez iniciado el movimiento. Las alas mismas, inclinándose, son las que producen la fuerza que arranca el aparato de su dirección rectilínea. Pero no sólo el velamen contribuye a este efecto, pues la superficie de quilla y el timón de dirección, frenando sobre el derape, son causa de la intervención de nuevas fuerzas que hacen equilibrio a la centrífuga, cuyo origen no es otro s,ino la inercia del cuerpo que se resiste a tomar aceleraciones con desvío de su primitiva dirección. Prescindiremos por el momento de la quilla considerando la resistencia del aire sobre las alas inclinadas como única fuerza centrípeta y suponiendo ya establecido el régimen curvilíneo de aceleraciones nulas que constituye la perfecta virada circular. En este caso, la resistencia del aire sobre el rvelamen debe equilibrar, no sólo al peso, sino también a la natural tendencia del cuerpo a moverse en línea recta, cuya ex¡presión matemática, llamada fuerza , m v2 • centnfuga, es - - , stendo m la masa, v su velocidad y p el radio de p la trayectoria que emprende. E sta resistencia del aire tendrá, como siempre, dos componentes: una, tangencial a la trayectoria, R a k'a svz KS'V 2 (r), y otra perpendicular a la misma y contenida en el plano de simetría, cuyo valor es R. = k. SV2 • Ambas se proyectan sobre la traza del plano d€. simetría S S (fig. I.4 ). Pero R. se descompone a su vez en dos, una de las cuales hace equilibrio al peso P, y b. segunda vence la fuerza
+
=
MV2
centrífuga - - del aparato; luego: p
R8 cos 6 = P
y
(2)
o bien
l\1V2
k9SV2 cos 6 = P MV2
tang 6 = p X P - -P....,..X--,.-,-M..,...,X,.....,_g_ -
es decir, tang 6 =
V2
g
Xp
(3)
En resumen : que fas alas, no sólo tienen ahora que hacer frente a la grarvedad, sino arrancar además el aparato de su direcdón primiti-
FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-629va; y como su única fuerza consiste en el apoyo que les presta el aire, a poco que se medite, cualquiera entiende que el régimen circunfe-
Fig. 1.a
rente es asimilable al rectilíneo horizontal, siempre que se considere e.c vez del peso un valor ficticio R8 de la gravedad igual a
p cos 6
o
PVr + _;!_ g2 X p2 4 -
porque
cos 6 =
1
Vr
+ tg2o.
La velocidad.
v-
Comparando la expresión de la velocidad deducida de la ecuación (2)
V2 =
con la ordinaria en vuelo horizontal V 1 = Sp ksX Xcos&
~S
ks X
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-630- .
v2. =
V' 1 ; y como cose los cosenos son si~re menos que la unidad, V 2 > V 12 • Luego "durante las viradas es necesario llevar más bajo el Etéz,é que en el vuelo corriente". Por otra parte, bajo el mismo ángulo de ataque, se deduce que
deducimos
V! > V2v¡ l
+
Se ve que la velocidad e~ función del r-c1dio de virada gulo de incidencia, en tanto que dependiente de
vl
VJ. 2 2
/fP
p
> del án-
-1;--pk;xs
-
Límite del valor del radio. La fórmula (4) exige que
1 -
~1'
g 2p2
sea mayor que cero, para que
la raíz que constituye el denominador sea real; y esta condición da JJara valor mínimo del radio p > V
12
g
.
¿Quién es g y por qué su in-
tervención en la virad;t ·'horizontal" del aparato'? ¿Alguna vez, en ei curso de los cálculos, olvidados los factores reales de un problema, aparecen, como ahora, resultados que un momento hacen creer en una equivocación, ya que, siendo g la aceleración de la gravedad y su diret.ción, por tanto, vertical, no se concibe qué inteiWención le alcance en una serie de movimientos que tienen lugar sin ausentarse el centro de gravedad de un mismísimo plano horizontal. Pero se explica esta anomalía observando que en A (fig. 2.a) y antes de virar, la fuerza viva del sistema es
MVz 1 2
y que esa fuerza viva ha de perderla en el tra-
yecto de B a C por el trabajo que desarrolla la reacción horizontal del velamen sobre el aire, cuyo máximo, supuesto que el aparato 'Viajaba sin subir, es el peso P proporcional a la aceleración g de la gravedad. Así debe entenderse la dependencia de V/, g y p, ya que el radio de
rUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
giro ha de ser función de la fuerza viva y de la reaccton que para matarla puede provocar el velamen (1), aunque este caso límite en que la reacción completa de las al~ sirva para vencer la fuerza cen-
Pig. 2• •
trífuga no se realiza nunca, porque mucho antes cede el aparato a su peso no equilibrado por las mismas e inicia la caída por resbalones p V2 hace ver que S sucesivos. Luego la fórmula p > - 1- = ks X Xg g sin peligro de resbalar de ala no se puede intentar ceñir las viradas aproximándose al radio mínimo
( 1)
ksX
~
Xg
y que "encabritando se
La ecuación de fuerzas vivas sobre el eje AB en este caso de una inclina-
ción extrema irrealizable, sería -
1 -
MV11
2
=JBe
P X sen« X ds coa at; siendo s la
diferencial del camino reconido. ·Como ds = pth. sería
__!..
=!
8
MV,'
2
e
P X p X sen at X cos « d«
=JBe
PX pX
__!.. 2
sen' a.=
1X P
2
p=
1
MXgXP = -2 luego
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
1!
disminuye el radio mínimo de virada", toda vez que aumenta k, (o disminuye V12 ). Huyendo de los resba'lones, muchos alumnos de piloto se precipitan en un vuelo picado de tal velocidad, que les imposibilita la virada;
r
1
1
1 1 1 1
~
1 1
1---
--¡--1
1
e Fig. .a
pues no hay ala capaz de vencer la fuerza vi va MV2 a poco que V crezca. Entonces, el radio p aumenta, sin que lo puedan evitar los timones ni el alabeo o las alillas. La curva de los valores ~el radio tiene la forma de un arco de hipérbola cuyas asíntotas son dos rectas de ecuaciones V = V 1 y P
=
Vt2
g
(fig. 3·a). Inclinación (} del aparato.
Sabemos que tang (} lor (4).
V2
g
X
f
tendremos: tang
cuando
p
substituyendo en vez de V su vaV 12
e = -v-;=====::v¡::;=:,~ I 1 g2 X Pz
varía desde infinito hasta V
12
g
, ()
I
x g X P-
va desde infinito a cero, y
la curva de sus valores es también un arco de hipérbola (fig. 4.8 ). La 12
posición de la asíntota vertical V g
depende de Vv y ésta del ángulo
fUNDACIÓN JUANELO lURRIANO
-
Ó33-
de ataque; de modo que encabritando se vira más ceñido que picando, · '=vsa que ya sabíamos. La curva de V 1 ' en vuelo encabritado está por debajo de la de V 1 en vuelo bajo incidencia económica, y es menor la inclinación indispensable de las ,yergas.
lg~
1
1 1 1 1
'1 1
1
1 1
Flg. (.a
ÜBSERVACIÓN.~De
vz
la fórmula tang 8 =---tenemos sen 8 =
gXP
2 cosO vz cos 8 V 1 2 luego p X sen 8 pV-1-2 (5). pero - VX g í> g "El producto <iel radio de giro por el seno de la inclinación es constante para la misma incidencia de vuelo." Para ceñir la virada se debe encabritar y <lar mayor inclinación a las vergas; pero procédase con ap1omo, porque estas maniobras, ejecutadas sin tacto, llevan al resbalón ino¡pinado: el Eté~1é no debe nunca subir ~por encima de la raya de régimen.
=
=
Esfuerzo de tracción de la hélice. De la (r): T =ka X S X V2 +K X S' X V2 comparado con el vueK X S' X V1 2 lo horizontal -con igua1 incidencia T 1 =ka X S X V/ I T , I V2 V2 T = - - - ; as1 que - - = ---,se deduce--=--· pero-2 cos 6 T1 cos 8 V1 V 12 ' T1 coseno el por T 1 • "El producto del esfuerzo de tracción ó T cos 8 de! ángulo de indinación no varía para la misma incidencia." Consecuencia lógica; -pues los esfuerzos de tracción son proporcio»ales al cuadrado de la velocidad, y aumentando la inclinación cuando
+
=
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-- Ó34-
aumenta aquélla, también debe crecer el esfuerzo de tracción. Bl gráñro que da los valores de T 2 sigue la misma nonna que el de veiocidades. La potencia.
Conociendo la relación de valorea -:-- y ; 1
N potencia N = --y-a; V3
1
V -V
1
=vcos e ;as1, pues, 1
1
; fácil es deducir la de 1
,
N N 1
T
cos
e.l. 2
Desde luego, la potencia será mayor que en vuelo horizontal rectilílíneo. Como V 1 N l
v,-~
1/- v/,, g'
N"" = 1
( I -
Cuando V/ = g X p, N -se hace infinito. El infinito, en Matemáticas, es, muchas veces, signo de imposibilidad; así que la fórmula denuncia con este resultando que no hay .potencia humana capaz de mantener un aparato virando con las alas verticales sin descender, o que, si se quiere volar con seguridad, conviene reservarse una parte de la reacción del aire sobre las alas haciendo equilibrio al peso, y dedicar el resto al consumo de la fuerza viva del aparato o al equilibrio de la fuerza centrífuga. A incidencia constante, la curva de los valores de N es un arco de hipérbola cuyas asíntotas con las rectas N N1 (vuelo rectilíneo
=
horizonta·l) y
p
= V
12
g
;
mínimo a que nunca se puede llegar (fig. 1.•).
Si el piloto dispone de 8o caballos, puede elegir un radio entre los comprendidos desde el infinito (seguir en linea recta) hasta el valor OC de la figu·ra. Cuando quiera virar má:s corto, de (si el Etévé está muy por debajo de la ra:ya) encabritar N=
(I-
N1 Vt' gt X
:~
)3/+
N 1 disminuye; y como N permanece constante, el denominador disminuirá a su vez; lo que hace necesario que
V4. 1 g zXPa
crezca; pero V1 en<:abri-
f.IDIDACIÓN JUANELO TURRIANO
-635tando, disminuye; luego p debe ser más pequeño si la igualdad anterior ha de conservarse; pues, de otra manera, el exceso de potencia haría subir el aparato en lugar de ceñir su virada. La figura 3.• hace ver que
1
<>''
1
1
tC
e
(J Fig. s.• bis
el radio puede ser más ,pequeüo oscilando entre infinito y e' para la curva M 1 <ie 'VUelo encabritado; claro está que las inclinaciones de la e; M\. 12 -vergas serán menores, supuesto que la fuerza viva a absorber 2
será menor en vuelo encabritado que normal. Así lo demuestra además la fórmula
CONCLUSIONES De cuanto antecede, se deduce : Que para ejecutar una virada ceñida es necesario disponer del I.0 máximo de potencia si no se quiere perder altura ni llevar la palanca anemométrica en posición de alarma. Si el piloto, no queriendo subir o deseando ganar velocidad, 2.0 lleva el Etévé muy bajo, antes de emprender la virada debe encabritar;
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
636-
pues, de lo contrario, ni los tiempos ni el alabeo le sacarán el aparato de la línea recta o describirá, cuando mucho, una curva de gran radio. 3.° Cuando el motor falle para volver precisa perder altura. EL RIZO
Es la evolución que consiste en aprovechar la fuerza viva de un aparato en vuelo para invertirle haciendo describir al C de G un círculo contenido en el plano de crujía. Segítn el Capitán inglés Barber, al mismo tiempo que la maniobra de más lucimiento, es quizi la suerte más fácil de ejecutar en el aire. La descripción que ha-ce Barber en las siguientes líneas reviste la forma de una lección prá-ctica: El profesor (usando ti teléfono mientras tiene el aparato en vuelo horizontal): "Lleva ad~lante la palanca de mandos, hasta que la velocidad sea cerca de 25 por roo más de la velocidad normal de vuelo. Corrige laterahnente con el alabeo cualquier desvío que se inicie." El alumno (por teléfono) ( r) : "¿Está así bien?" El profesor: "Sí. Ahora tira de la palanca para rizar el rizo. Lleva el timón de dirección en <:!l plano de simetría y nivela lateralmente con el alabeo." (El alumno tira con violencia de la palanca, el aparato encabrita y sobreviene una pérdida de velocidad que le obliga a hundirse en el vacío.) El profesor: "Si hemos salido para quebrar las alas del aparato, hay que confesar que has puesto los medios para conseguirlo. Has tirado con tal violencia de la palanca, que el ángulo de incidencia ha crecido enormemente, con lo cual ia corriente de aire se ha dividido por encima del ala en una porción de remolinos que disminuyen la presión sobre las :mismas, mientras que la parte inferior se ha visto sometida a un choque imponente. El resultado ha sido pérdida de velocidad y sustentación y, por consecuencia, un desplome. Debes tirar de la palanca con extremada d'elicadeza. Volvamos a empezar. Y a propósito: hay sobre nosotros una nube con uno de sus lados paralelo al 'horizonte. Usala para conservar horizontales las alas." (El alumno empieza otra vez, la máquina encabrita y oye de nuevo la voz del profesor:) "Estamos en posición vertical. Tira con decisión de la palanca. Derecho el tunón. Mete el pie izquierdo (o derecho, se( 1) Algunos aparatos modernos que van llegando a España se encuentran ya provistos de teléfono, cuyo auxilio esperamos que será de gran utilidad para la ern;eñanza.
fiDJ'DACIÓN JUANELO TU RRIANO
-637-
·'1
:;
j
gún el caso). Bien. Fíjate en el horizonte. Conserva el nivel de las alas. Lleva la palanca lateralmente hacia el ala más baja. Estamos en la cima. Corta motor." (La máquina ha perdido casi toda su velocidad; pero su proa empieza a descender y se inicia un planeo cabeza abajo.) El profesor: "Empezamos a ganar veloci.dad. Lleva la palanca un poquitín detrás de su posición normal; y en cuanto sientas presión en el timón de profundidad, empieza suavemente a sacarla del picotazo. Estarnos otra vez en posición de planeo. Mete motor, y pon el aparato en posición de vuelo." El discípulo: "¿Por qué cerrar el motor en lo más, alto? ¿No nos habría servido para terminar el rizo?" El profesor: "Una vez arriba, la gravedad se encarga del resto. Si no paramos el motor, nuestra velocidad crecería y el rizo sería más ancho. Al rizar, debe uno proponerse describir un círculo tan pequeño y cerra~o como sea posible, sin extremar la presión sobre las alas, que arguyen trabajo exagerado de las mismas y timones. Además, con el motor en marcha, el picotazo final hubiera sido interminable y difícil de recuperar." El orden de las operaciones es : I .o Picar hasta que la velocidad alcance un 25 por 100 más de lo corriente. 2.0 Tirar con suavidad de la palanca de mandos. Conservar el nivel de las alas, y llevar normal el timón de dirección. 3.0 Llevar decididamente atrás la palanca de mandos al llegar a la posición vertical del fuselaje. La máquina empieza a invertirse. Obsérvese el horizonte por debajo de las alas, para evitar que se tuerza el aparato. Empújese lateralmente la palanca hacia el costado más bajo. 4.0 Parar el motor en lo más alto. 5.0 La proa comienza a descender y crece la velocidad. Llévese la palanca un poco hacia atrás de su posición normal. Suavemente, procurar sacarla del picotazo final y seguir en vuelo corriente, poniendo en marcha ~1 motor." Así describe el Capitán Barber las operaciones necesarias para ejecutar un "looping"; y, según él, las equivocaciones más corrientes de los alwnnos son: 1.0 Tirar con excesiva violencia de la palanca al empezar la maniobra.-2. 0 No conservar el timón de dirección en posición normal, lo que da origen a una vuelta en la que él ala exterior, por llevar mayor velocidad, desarrolla mayor sustentación, con lo cual, antes de llegar al vértice del rizo, el aparato se encuentra inclinado y sobreviene un resbalón de ala.-2.° Cortar el motor antes de llegar a lo alto del circulo cuando la proa se encaentra aún mirando al cielo. El error
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
!1
,..,.
1•
'l
se resuelve en un resbalón de cola peligrosísimo, que termina detenién~ dose el aparato, y d"esplomándóse para ganar la velocidád que le coloque espontáneamente en posición de planeo. En el caso de que el rizo sea muy ancho, se nota tendencia a desprenderse del asiento cuando se llega a la parte superior. Cuando es estrecho, el piloto siente como si le aplastasen contra su sitio. Un rizo perfecto sería aquel en que el observador, cerrando los ojos, no se diera cuenta de la maniobra. Finalmente, Barber alude a la práctica que necesita tener el alumno de la máquina que maneja, para evitar los efectos de la variación de incidencia qué tienen las alas de .los aeroplanos. Esta variación se d'ebe al motor. La Mecánica demuestra, no sólo que el e de G de un grupo no puede desplazarse por razón de la existencia de fuerzas interiores al mismo, sino también que el tUerpo no puede girar solicitado por esas mismas fuerzas en tomo a un eje que pase por el refetido C de G (mucho menos en derredor de otro eje que no pasase por este centro, pues esto implicaría traslación del mismo). Y, sin embargo, las paletas de la hélice giran, lo que demuestra la intervención de un par de fuerzas exterior que se obtiene aumentando la incidencia del ala izquierda, por ejemplo, con respecto a la otra cuando la hélice gira de izquierda a derecha vista desde atrás. Explicando este fenómeno, dice, poco más o menos, Bouz, en la página 84 de su Mecánica: "Cuando una bailarina, apoyada sobre el suelo por la punta de un solo pie, quiere imprimirse un movimiento de rotación en torno a la vertical que pasa por su e de G, no lo consigue por la acción de sbs fuerzas musculares, tporque estas fuerzas, que son interiores, no pueden hacerle girar. Si la bailarina quiere girar a la derecha en un piso resbaladizo, mientras lanza la parte superior de su cuerpo en este sentido, retrocede en el contrario la pierna que conserva en el aire, y sólo la intervención del frotamiento, que es una fuerza e%terior, le concede la ejecución de sus deseos. En el aeroplano, la fuerza exterior es el aire, que surte los mismos efectos que el rozamiento en las locomotoras y la t<esistencia del agua en la natación. El trabajo gastado en un viaje de ferrocarril se invierte en calentar los rieles, el de un raid aéreo en elevar la temperatura del aire. En virtud, pues, del teorema de las áreas de Mecánica, el aeroplano tiende a girar en sentido opuesto al motor; y si no fuese por la variación de incidencia, así sucedería. Pero sigamos con el rizo, del cual hemos inadvertidamente digredido. En algunos aparatos, el cambio de incidencia es de ta1 naturaleza, que tuerce las alas en éftanto el piloto para el motor; y si esto sucede
HJ~DACIÓN JUA~ELO
TURRIANO
en lo alto del rizo, complica la maniobra. En otros desprovistos de corrección suficiente es el piloto quien corrige maquinalmente con el alabeo; pero, al iniciar la maniobra, preocupado con la novedad, omite la corrección y también sobrevienen complicaciones. Estas pueden traducirse en un resbalamiento de ala y hasta en una barrena inopinada. La casualidad nos ha llevado a comparar las leyes del péndulo con las del rizo. Dos procedimientos hay para calcularlas, según que se parta al efecto de la ecuación de fuerzas vivas, o de la de aceleraciones. El péndulo se encuehtra sometido a su peso n~ X g, cuyas componentes son mg X cos O y mg X sen O, y a la reacción del hilo OA.
o
,,~
\
' ',,
',, A \ • . 1 M .... __ _____ --------------Í
__ _.!(__._
-i- -------
Ur
,,
1
_ ___ ____ l--c.::.=.--JIJIIII' - - -
.D
B
e ¡,'ig. 6.•
Pero la reacción del hilo y mg cos (J son cantidades que no dan proyección sobre la tangente A'B a la circunferencia descripta por el punto A. Luego si proyectamos en esa dirección las fuerzas que obran sobre el péndulo tendremos
n~
X g X sen O = m X
ttt:
(fuerza igual al
dt~
producto de la masa por la aceleración). Y como
cflds [2
=r
X
d)O
dt2
flliDACIÓN JUANELO TURRIANO
-640-
(s es el espacio recorrido por A), resulta tn X g X sen 8 igual a . sen 6 d 26 . tPa g X - - la cual, por sencillas trans·m X r X - - o bien - -2 r dt dt! formaciones (véase la MecátJica de Apell, pág. 3II), se convierte en VZ - v0 ~ = 2gr(cos 8 - cos 80 ) 'll es la velocidad del extremo del péudulo en el punto A' y v 0 en el de partida, A. Pero esta ,forma de la ecuación hubiera sido fácil de hallar aplicando el teorema de fuerzas vivas entre dos planos M y N, pues el crecimiento de la fuerza viva mVZ - mv0 2 sería igual a la fuerza P por el camino recorrido proyectado sobre la vertical P X r (cos 8 - cos 80 ). La reacción R no produce trabajo 'POrque es perpendicular al camino recorrido. El aeroplano se encuentra en el mismísimo caso, siempre que se prescinda de la componente R 8 de la resistencia del aire, porque también en el péndulo se prescinde de ella. La sustentación es perpendicular a la trayectoria elemental odel C de G, y, por tanto, la ecuación de fuerzas vivas se a'Plica de igual modo entre los planos M y M 1 ; lue2gr(cos fJ - cos 80). go: v~ - 'Z'o La reacción Rs se calcula por intermedio de la fuerza centrífuga,
=
=
2
E n este caso, ' · 1as de M ecamca. ' 1as f ormu • mv- , segun cuyo va1or es r
la reacción debe equilibrar, no sólo a la fuerza centrífuga, sino también a la componente del peso en sentido del radio; luego:
mv 2 - - + ·m X g X cos 8; y como VZ = v 0 2 r resulta
R,
=
m R.= m X g X cose+ - [v 0 2 r
=
mg
(
3 cos 8 -
2
+ 2gr(cos 8 - cos e
0)
+ 2gr(cos 8 - cos eo)]
cos eo +
V 02
_
)
gXr
Esta fóm1ula da el valor de R. en cada posición del aparato. Sigamos el movimiento partiendo de la verticaL Para e = o la reacción es máxima y evidentemente posiüva, porque 3 - 2 cos e0 > o. Cuando el aparato sube 8 aumenta, cos 8 disminuye, R. disminuye. R 5 se anula cuando 3 cos
e+
v! 0
gXr
=2
cos 80 , y en este caso, el aparato resbala
de cola, y sufre además un descenso brusco por falta de sustentación. Para averiguar cuándo sucederá esto y en qué casos la velocidad
fUNDAC IÓN JUANELO TURRIANO
será suficiente al rizo, tomemos como origen del movimiento aquel en que se inicia el rizo (fig. 6.•). Entonces
'·=o y la reacción R.
mg
-= -
r
(3z -
2r
1 0
+ -vg
).
Se comprende que al tomar
como origen el punto v 0 de la vertical, la ecuación del rizo no cambie sino en los signos, porque las fuerzas son las mismas, y gracias a nuei-
.. 1 1
1
~:1 1
1 _,_
V, Ji'lg.
s.a
tra nomenclatura invertida de ángulos y velocidades, ni aun esos signos aparecen cambiados. Llamemos a al valor de z que anula la vetov1 r - - 3- ; ¡podemos, pues, escribir ddad, y tendremos a zg 2 3mg v = 2g X (z- a) R8 = -r- (z - - 3 a)
=
Cuando a es positivo, es además menor que r. Eligiendo convenientemente la velocidad inicial v 0 se puede hacer que a tome el valor que se quiera inferior al radio, y como V" es esencialmente positivo, se tiene z > a : el aparato permanece por deba.j o de la recta horizontal DD a (fig. 7.•). que tiene por ecuación z Si esta recta corta al círculo, la velocidad se anula en los puntos de encuentro, y el movimiento es oscilatorio; si no le encuentra por hallarse encima, a es negativo y mayor en valor absoluto que el radio:
=
41
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
6.pla velocidad no se anula nunca ; el movimiento se verifica siempre ea sentido y es de revo1ución. Basta para ello que v 0 tenga un valor suficientemente grande. Cuanco la recta DD es tangente al círculo en su parte más alta, la velocidad tiende a anularse en el punto de tangencia y el aeroplano no llegará nunea A. él : la teoría demuestra que se le acerca indefinidamente.
u
7J' 1 1«. 1 JI' -t----7---....L.. - . ::-r:----1 --¡¡-
JJ-- , - - -
J
\
1
\ \
"' '....... ... __ .,__., ,. ,., "'
/ /
Vo
J'lr . 1. •
Veamos la reacción R •. Su valor es positivo .nientras el aeroplane> Mtá por debajo de la recta D', que tiene por ecuación
z = _.:_a (fig. 7.•)
3 Si esta recta corta al círculo por debajo de su centro O, la velocidad se anula antes que la reacción, y el aparato se sale del rizo en un resbaJón de cola mezclado de desplome. Si c-orta al círculo en puntos a los cuales llega el aparato con velocidad (a > o), la rea~ción se anula antes de que se anule aquélla y el aparato describe una parábola de eje vertical que tiene en D' la misma tangente y el mismo radio de curvatura que el circulo.
Cuando a > o, la recta D'IY, cuya ecuación es z =__:_a, se encuen3 tra por encima de la recta DD; la reacción no se anula nunca, porque antes sobreviene una pérdida de velocidad que saca el aparato del riZQ. Si o < o, la recta D'D' está debajo de DD. Para que la reacción oo.
f-UNDACIÓN JUANELO TURRIANO
Ó43-
-
se anule, es necesario y suficiente que D'IY no corte el circulo; es de2
cir que - a 3 '
< - r;
y puesto que a
= ,. - -v
2 0 -
~
,
resulta
V 2 5 _,..<_o_
v 2 2 - r _ __.t_<-r 3g 3
3g
3
En resumen: se ve que la reacción no se anula en los dos casos siguientes: v 0 2 < 2gl, oscilaciones del péndulo por rdebajo del centro; resbalamiento de cola en el aeroplano mezclado de un desplome vertítal; v 2 > Sgl, movimiento de revoluciÓn con reacción positiva en el 0 péndulo, rizo completo en el aeroplano. V
Teóricamente, basta, para la ejecución del rizo, que
2
_J!__
21J
tenga
un valor entero. Después de un picotazo, cualquier aparato puede describir el círculo vertical. Si tomamos como punto de partida el dato que nos suministra Barber para la velocidad inicial v 0 = 1,2sv, y suponemos que la velocidad en régimen normal de vuelo sea ISO kilómetros por hora (41 metros por segundo), después del picotazo, y al empezar a encabritar, su velocidad es de so metros por segundo. 2 500 502 so metros, y ' = El radio del "looping" será r
= s Xg
so =
la circunferencia recorrida, 3,14 X 100 = 314 metros. En la '{>arte superior al rizo, la velocidad es
V
21J ( -
r -1-
+ V Fr)
=
gr
=
22
metros;
velocida.d menor que ·l a de régimen. Suponiendo una velocidad media de 36 metros, su duración sería de 8 segundos; pero los cálculoo ri1), que 2g X (z gurC'sos exigen la integración de la función V. resuL<L complicada. Sin embargo de que la ecuación del rizo es idéntica a la del péndulo, la reacción R. no es la misma, a menos que la incidencia varíe. Se comprende que así sea porque en el aeroplano la reacción es proporcional al cuadrado de la velocidad y se anula con ella de manera que no puede presentarse el caso, como en el péndulo (o mejor, la onda) de que siendo nula, la reacción tenga un valor positivo.
=
+
FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
+
Para que las reacciones se identifiquen, la ecuación dt> condición es : 3 2 k, X S X v -= a + z } y sustituyendo en vez de v11 su va-
";! (
lor 2g (a ± z), resulta: k 8
=l... 2 1· ~S X 2
-
2
';! (; a± e) ka =
X S X zg (a+ e)=
3
a±z
3a+z ; ecuación que da la incidencia necesaria. Cuando a es muy grande con respecto a e (v0 grande), la fracción
- a± z 3
a±z- casi no cambia de valor, y la incidencia se conserva poco más 3 r la fracción varía desde -zr- = o menos constante; pero si a 2 5
==
= ~,. S hasta O, y,
2
r
po:: tanto, la incidencia puede llegar a ser nula en lo
.
alto del rizo. ka varia del siguiente modo :
Para a l... e e=r 2
z=- r
ka= O.
7_,. a= 2r z=r
ka
=J.. 2
r
m
XS
X _3_ 3r -
7 m 6 r XS
z=O I
z=-r ks = -3 2
m r XS
-r
X 3r-
= -
I
2
m rXS
-..,.-,...,,..
f.lY.'J'DACIÓN JUANELO TURRIANO
645 -
a=3r;
2
= r;
z=O;
Jt =
-
k
...... -3
m
rXS
2
ka=
31"
9 8
-=-
41"
m
rXS
m
rXS 3
r
m
m
3
r; ks=-2 rXS X2r -=4 r XS
Esta clase de rizo se diferencia del ejecutado por un exceso de potencia (fig. 1.0 ), en que el ángulo de incidencia no es constante. A medida -que v 0 crece, a atunenta y k 8 tiende a igualarse en todo el rizo tomando como valor único r
~ S . Esta observación nos permite
calcular otra vez el diámetro del "looping" sin hacer uso del dato suministrado por Barber respecto a v 0 • En efecto: igualando el valor de k, correspondiente a la incidencia i que se quiera a Supongamos k 8 = 0,0 7
i
=
10°
r
=
X g
m se deduce r. rXS p
20
X
0,07
=57 m.,
suponiendo que P = 8oo kilos y S = 20m2 v0 = 48 m. por segundo. Barber hacía, por lo visto, sus rizos con una gran incidencia media, y así conseguía cerrarlos según su deseo. mayor l!!...., k se
El trabajo de las alas en un rizo Barber sería 1,252 X
=
0,07, que el ordinario, siendo k:6 • la sustentación económica. Para k, 0,03, las alas trabajarían 3,65 veces más que de ordinario; y k se pero este trabajo depende por mucho del valor de v 0 y de la incidencia que determine el piloto encabritando. ·
=
2
Hemos visto qué el radio mínimo de una 'Virada es . que el
'~looping"
~; g
se ve
t
pue:de cerrarse .aún más, pues el suyo es
.
~.y g
aún
más pequeño si la incidencia es grande, cosa natural, porque durante la ejecución del rizo las alas no dejan nunca su posición horizontal y la reacción del aire es siempre opuesta en dirección a la fuerza centrífuga, mientras que en una virada ·esta reacción tiene que descomponerse en dos sentidos para equilibrar, ¡por una parte, a la gravedad, y por otra, a esa fuerza centrífuga. Para darse mejor caenta d'e la teoría del rizo, conviene no olvidar
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
..
v2 que - - es la altura a que llega sobre la superficie de la tierra un ob2g jeto animado de la velocidad inicial v; de manera que la condición v 0 2 > sgr equivale a establecer que el aeroplano, sin necesidad del motor y lanzado hacia arriba con la velocidad v 0 , alcanzaría la altura
.ir, 2
o sea, dos veces y media el radio. Por esto, dijimos antes que,
teóricamente, cualquier velocidad es útil para ejecutar el rizo, ya que ,. puede reducirse cuanto se quiera; pero no olvidemos que la teoría ha iido establecida partiendo lje la nulidad de Ra resistencia del aire paralelamente a la trayectoria, condición que está tan lejos de realizarse cuanto que implicaría la imposibilidad de volar." Seguidamente se pasó a la lectura de un trabajo del Sr. Herrera. que se publica a continuación, lectura que fué efectuada por el Sr. CARACCIOLO en nombre de c;u autor. ausente por ineludibles deberes. "LOS PROPULSORES DE REACCION Por D. EMILIO HERRERA
Y
LINARES, Comandante de Ingenieros.
Inconvenientes de los propulsores de Aviación actuales. El sistema motopropulsor empleado universalmente en la A vi ación (hélice aérea movida por motor de explosión) constituye un defectuosísimo medio de transformar la energía potencial almacenada en el combustible que se lleve a bordo, en el trabajo de penetración dentro de la masa aérea y en la energía cinética y potencial de la aeronave, según la velocidad y altura alcanzadas. La combustión de un kilogramo de gasolina desarrolla 1 I .300 calorías, que equivalen a 18 caballos-hora; sin embargo, los motores de explosión d'e mejor rendimiento desarrollan solamente 4 caballos-hora al freno por cada kilogramo de gasolina consumida, de los cuales sólo se aprovechan 3 caballos-hora como trabajo útil de propulsión del aeroplano, por no exceder del 75 por roo el rendimiento de las hélices aéreas para las velocidades de traslación usadas en la Aviación actual. Por lo tanto. de la energía desarrollada por el combustible, se gastan cinco sextas partes en pura pérdida (calentamiento del motor, vibraciones, rozamientos, temperatura de los gases de escape, prod'ucción de remolinos en el aire ambiente, etcétera), y se aprovecha únicamente una ¡exta parte como trabajo útil de propulsión, sin contar con que,
HI>IDACIÓN JUA!\ELO 1 URRIA>IO
-647para evitar el efecto perjudicial del calentamiento del motor a que da lugar parte de la energía perdida, se hace necesario recurrir al empleo de radiadores de superficie que aumentan la resistencia al avance del conjunto del aeroplano y constituyen una nueva causa de pérdida de rendimiento. Es decir, que la mayor parte de la energía del combustible empleado se pierde ; otra •parte se consume, originando efectos perjudiciales que hay que destruir a costa de otra parte de esta energía, y, por último, una mínima parte se aprovecha en trabajo úta de propulsión. En un trabajo de Heirmann sobre el rendimiento de los motores de e~plosión, se demuestra que, llevando la compresión de los gases carburados y las temperaturas inicial y final de los productos de la explosión al límite admisible, dados los materiales de que se dispone en la actualidad, el rendimiento del mqt:or no puede exceder del 40 por 100; de modo que, contando con el rendimiento de la hélice aérea, no podrá aprovecharse como trabajo útil más que el 30 por roo de la energía desarrollada. Los inconvenientes del actual sistema motopropulsor no se limitan a su escaso rendimiento; el motor, además del complicado mecani9tno que lo constituye, necesita el funcionamiento de distintas partes esenciales y accesorias (carburadores, magnetos, bujías, bombas de circulación de agua, aceite y gasolina, radiadores, ventiladores, tuberías, conductores eléctricos, etcétera), la mayoría de ellas constituidas por piezas delicadas, de las que basta que una deje de funcionar para que sobrevenga la avería del motor. La hélice, para tener buen rendimiento, ha de tener su paso, superficie y diámetro adaptados a la potencia, número de revoluciones, velocidad de traslación y densidad del aire en que se navegue, disminuyendo el rendimiento máximo que puede obtenerse al aumentar la velocidad y la altura de navegación. La gran velocidad periférica que hay que imprimir a sus palas hace trabajar peligrosamente a su material; cualquier defecto en su centrado o en su simetría produce vibraciones que pueden comprometer la solidez del aeroplano, y el más pequeño ob&iáculo que encuentran sus palas basta para ocasionar su rotura, y ésta lleva consigo, generalmente, un accidente de graves consecuencias (1). Con todos estos inconvenientes del estado actual del sistema moto( 1) Una hélice de dos palas, de 2,6o m. de diámetro, pesa, aproximadamente, Kg., y, si gira a 1.500 r. p. m., la tracción de cada pala sobre la otra e11 de 7 toneladas, por lo que la rotura de una, o de parte de ella, origina un desequillbri• en las fuerzas que actúan sobre el aeroplano que puede ocasionar incluso 11u dell1nlcci6n en el aire. 12
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
propulsor co1dituido por }1éJice aérea y motor, y con las dificu ltade¡ ')Ue para su perfeccionamiento se prevén en el porvenir, es natural que la atención de los Ingenieros se haya fijado en el empleo de los propulsores de reacción para la Aviación, cuyas ventajas en sencillez y seguridad de funcionamiento se · aprecian con sólo observar el movimiento de un cohete; ejemplo vulgar y rudimentario de lo que constituirla el propulsor de reacción. Algunos estudios sobre esta clase de propulsores tenemos a la vista ; pero unos de ellos, hechos con poco detenimiento, y otros, basados en cálculos erróneos, creemos que son insuficientes, dada la importancia que tendría para la navegación aérea la resolución de este problema, por lo que, en este trabajo, nos proponemos, no Uegar a obtener la solución, empresa muy superior a nuestras escasas fuerzas, sino desbrozar un poco el camino que otros han abandonado en los primeros obstáculos encontrados, con lo que quizá, una vez vencidos éstos, vislumbremos la posibilidad de hacerlo viable requiriendo el auxilio de la experimentación y del estudio de Ingenieros especializados en este sentido. De:finición y clasificación de tos propulsores de reacción. Consideraremos como propulsores de reacción a aquellos que utilizan como fuerza motriz la reacción producida en un depósito por la salida de un flúido contenido a presión en él. La energía que origina el movimiento de este flúido puede proceder de la almacenada en forma potencial en el mismo propulsor, o de la desarrollada por la combustión, en el aire ambiente, de materiales contenidos en el mismo propulsor. Según esta consideración, podemos dividir a los propulsores de reacción en dos grupos: de energía interna y de combustión.
Cálculo de los propulsores de reacción, de energía interna. Supondremos primero el caso· más sencillo: un propulsor de ency¡ía interna funcionando en el vacío. Estando establecido el régimen de salida constante y siendo: V la nlocidad de salida del flúido, M la masa que sale por unidad de tiempo, y F la reacción que sufre el propulsor, según el teorema de las cantidades de movimiento. tendremos : F= MV
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
Veloc.idadts . J<mts. por ·hor.;¡. F"~ . i.
~r~fico de ptopu.Ls~nes y rendim¡tn.to dt tJn prop~o~.Lsor élt reaet~on de loo
HP.
y d.._ ~Ana hiLiu aérea de ~-~u.aL poten.c.ia.
HJ~DACIÓN
JUANELO TURRIANO
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
Ó49-
-
puesto que la impulsión de una fuerza en la unidad de tiempo es igual a ella misma. El trabajo empleado en producir esta fuerza durante la unidad de tiempo, o sea, la potencia del propulsor, es: _:_ MV 2 ; y si suponemos 2
que la potencia específica, o cantidad de energ1a que contiene la unidad de peso de la materia desprendida. es igual a 11, tendremos: 1
gM1t = -MV' 2
de donde:
-
2gMn
V =
F M
F
-
pero
V
)uego: F
=
2gM'1t F
2n F =M Ft = zuM o
V-
zgtt
F y -gM -
v2,; -g
lo que nos dice que la relación entre la propulsión obtenida y el con-
sumo de materia proyectada por unidad de tiempo es igual a la raíz cuadrada del doble de la potencia específica de esta materia dividido por la aceleración de la gravedad. Si ponemos esta misma relación en función de la velocidad V de proyección, tendremos :
F
V
--= -g gM
De estas fórmulas se deducen· dos consecuencias importantes que caracterizan a esta clase de propulsores, diferenciándoles de todos los demás: t.• Estos propulsores son los únicos que crean una fuerza motriz en el vacío, sin necesidad ·de punto de apoyo. Esto no se opone al principio de la conservación del centro de gravedad, porque la fuerza motriz creada es interior al conjunto de propulsor y materia proyectada, cuyo centro de gravedad queda inalterable si no actúan sobre él fuerzas exteriores, aunque el propulsor se mueva en sentido contrario a la materia proyectada. ~.· Estos propulsores son los únicos que crean una fuerza motriz de intensidad independiente de la velocidad ·de que están animados. Esto no se opone al principio de la conservación de la energ1a, porque a
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-
)
1 1
cualquier velocidad 1 arrollada - 2-
!
MV~
ti
6so-
del propulsor hay igualdad entre la energía dei-
y la suma de las absorbidas por el movimiento del
propulsor y el incremento de la energía cinética del flúido desprendido, cuya velocidad pasa de v a (V - v), como se demuestra en la siguiente ecuación : F·v
=
MVv
+ -2I
M (V -
v) 2
I --
2
Mv• =
I I 1 + -M (V + vt- 2 Vv)-- Mv' = - MV• 2 2
2
2
De estas consecuencias se deduce que la mayor ventaja de estOA propulsores consiste en ~u aplicación a la locomÓción a grandes velocidades, o en atmósfera muy enrarecida, y son los únicos que pueden resolver el sugestivo problema de la navegación extraterrestre, dando justificación al verso de Virgilio: "Sic itur ad astra ", que la Aeronáutica. algo atrevidamente en la actualidad, ha adoptado como lema. El rendimiento mecánico ,. '<le estos propulsores está dado por la relación entre el trabajo útil desarrollado por unidad de tiempo: Fv
= MVv, y la energía
consumida en este tiempo I__ MV•
= gMn,
2
obteniéndose :
r=::=~' =vl%=~ con lo que puede darse el extraño caso, aparentemente absurdo, de que el rendimiento sea mayor que la unidad, cuando la velocidad de traslación es mayor que la mitad de la de proyección. Por lo que hemos visto anterionmente, este resultado es lógico, porque, en este caso, el trabajo útil está obtenido, no solamente a expensas de la energía potencial de la materia proyectada, sino de · parte, o del total, de la energía cinética que esta materia contenía antes de ser expulsada. El consumo de materia por unidad de trabajo útil sería: gM
g
MV;= Vv
Ivg
= -:;- 2ñ
Comparación entre los propulsores de reacción, t:Ie energía interna, y ~a hélice aérea movida por mJotor de explosión. Una hélice aérea, trabajando al nivel del mar, da una propulsión a punto fijo, igual, aproximadamente, a un número de kilogramos doble del n6mero de caballos HP. del motor; y como el consumo de gasolina.
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-6511
o,zs
HP. kilogramos por hora, o sea, - -- HP. kilogramos 14·400 por segundo, podremos establecer que, para estos propulsores, la relación: 2 HP. F = a8.8oo gM = 1 ---HP. 14-400
es igual a
Para que un propulsor de rea~ción, trabajando en el vacío, pueda dar una fuerza semejante con igual consumo de materia expulsada, es 288 Km. 28.8oog necesario que ésta salga oon una tVelocidad V
=
=
por segundo, lo que exige una potencia específica n = (28.800)
= 4.147 millones
2
= 9.700.000
de kilográmetros por kilogramo
/[
2
=
calo-
rías. Estas cifras fabulosas, incomparablemente mayores que las de los más poderosos explosivos conocidos, nos demuestran que, actualmente, es irrealizable un propulsor de reacción, de energía interna, que pueda crear una fuerza comparable con la que da una hélice aérea, a punto fijo y a igualdad de peso consumido. Si el propulsor está en marcha, el grupo hélice aérea-motor de explosión da un rendimiento mecánico aproximadamente igual a un sexto, hasta velocidades de traslación de so m. por segundo, o sea, x8o Km. por hora; pero, para esta velocidad, el propulsor de reacción da un • _.J• r reuutmtento:
V
= so
' que V f uera menor d e - ; y bastana - 2 === -100
V gn 6oo m. por segundo para que el rendimiento del motor de reacción fue-
ra superior al del propulsor hélice; pero hay que tener en cuenta que de k"l 1 lO . , 1 ogramo pOt· = -para V 6oo m. se consumtnan
=
6ooX so
300
kilográmetro útil, mientras que el propulsor motor-hélice sólo consume 0,2S
7 S X 3·600 X 0,75
=
I
8 10.000
, o sea,
270
veces menos.
Si los comparamos con relación al consumo de materia por unidad de trabajo útil producido, para que el propulsor de reacción iguale 1
; y si v = so m. v 8 ro.ooo por segundo, V tendrá que ser 162 kilómetros por segundo; velocidad igualmente inaccesible a los medios de que se dispone actualmente. Vemos que el problema de hacer práctico el empleo del propuliOC
al grupo motor-hélice es necesario que Vg
=
fUNDACIÓN
JUANELO TURRIANO
-652 -
(
de reacción, de energía interna, estriba en encontrar una materia que pueda proyectarse con velocidades enormemente superiores a las que se obtienen hoy día; y la única solución que puede preverse para el porverúr es la aplicación de las substancias radioactivas, que, como sabemos, emiten radiaciones materiales a velocidades comparables con la de la luz y constituyen almacenes de energía de potencia específica muy superior a la necesaria para dar solución a los propulsores de reacción. Desgraciadamente, en la actualidad esta aplicación es irrealizable, no solamente por la escasez y carestía de estas substancias, sino porque no se conoce el medio de activar la intensidad de la radiación, haciendo que la energía que contienen, cuyo , desprendimiento dura muchos siglos, sin producir apenas efectos aparentes, pueda desarrollarse en horas, dando lugar a esfuerzos intensos utilizables para la propulsión de aeronaves. Cálculo de los propulsores de reacción, de combustión. En estos propulsores, la materia proyectada está compuesta de dos partes de distinta procedencia: una, la del combustible, y otra, la del aire tomado del ambiente y expulsado después de intervenir en la combustión. Si suponemos el propulsor animado de la velocidad 1 '1 y llamamos e y a a los pesos de combustible y aire expulsados por segundo, tendremos la ecuación de las cantidades de movimiento expresada en la siguiente forma :
c+ a
a
g
g
F=--V--v
El trabajo desarrollado a costa de la energía de la combustión, que suponemos igual a tJ por kilogramo de combustible, será:
n.c = e+ a yt- .!!_v' 2g 2g De aquí deducimos que la propulsión F obtenida será : a
Jf =
a v +e- -- V - - g
e
t"
F=
V ( nc
v') -
(c+a) 2 - + a g2 K' .
a 1f
g
f-UNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-653-
y la relación entre la propulsión y el peso de combustible que se consume por segundo :
-l'e =
V( t + -
v a a v' ) - n 2e g g' g + e- -
a ) ( e
Vemos que esta relación crece indefinidamente aumentando la proporción entre aire y combustible, pero que ya no es independiente de "· sino que disminuye al aumentar esta velocidad. En punto fijo se tiene:
~ = V(r+:)z;
)
\
El rendimiento mecánico de estos propulsores es igual a :
r = Fv
=
V(
a · (
I
+ .!:..
Vv s;n
=
nc
+ e)
2
e
v2
ng
=
v\'f-v) gn
+e
a
)
v•
a
-
n 2g!
v
1
e ,¡
que también crece con la proporción.!!:._ del aire al combustible. e El trabajo útil producido por un kilogramo de combustible consumKlo es igual a :
.
Vv +a v(V-v)
Fv
-
-=-
g
e
=
V(
g
e
=
4
a v a v a. ) ( nvt 2-+-1+cg eg - g e )
1
Co111:pa.ración entre los propulsores de reacción, de combustión, y la hé· lice aérea movida por motor de explosión. Ya hemos visto que el grupo motor-hélice da, a punto fijo, una relación entre la propulsión y el peso de combustible consumido por segundo, igual a 28.8oo. Para que el propulsor de reacción dé igual coeficiente, te14drá que verificarse que:
V( + .!:. ) .
1
e
2
.!!_ = g
28.800.
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-
654-
Substituyendo en esta fórmula el valor de n para la gasolina, que es igual a 4.800.000 kilográmetros, tendremos :
V(
1
a )
+ -e 2
4.800.000 _ - 2 8 .00 8 10
Para una velocidad v de traslación, de so m. por segundo, el rendimiento del grupo motor-hélice no pasa de l/., y el de un propulsor de reacción, de combustión, es:
Para
fl 1e
ambos sean iguales, .!!_ tiene que ser igual a 28o. e
La cantidad de aire necesario para la combustión de un kilogramo de gasolina pesa aproximadamente 19 Kg.; y si los vapores de esencia se diluyen en 28o veces su peso de aire, difícilmente llegaría a producirse la combustión por grande que fuera la compresión a que se sometiera la mezcla; por lo tanto, para que por la combustión de un kilogramo de esencia se arrastren 28o Kg. de aire, la mezcla carburada que entre en la cámara de combustión deberá contener aire y gasolina en proporción de 19 a I, y una vez producida la combustión, los gases del escape deberán arrastrar catorce veces su peso del aire ambiente, para lo cual podrá emplearse un difusor formado de anillos concéntricos de diámetro creciente en cada uno de los cuales la corriente interior arrastre el aire ambiente de modo análogo a los inye<:tadores de las calderas de vapor. Hay que tener en cuenta que hemos supuesto que en el propulsor de reacción no hay pérdidas térmicas a través de las paredes de las cámaras y tuberías, ni mecánicas en los mecanismos necesarios para la compresión de la mezcla y en el rozamiento de los gases con las paredes, y que toda la energía calorífera desarrollada en la combustión se transforma en cinética comunicada a los gases del escape y al aire ambiente que arrastren; y estas pérdidas han de existir aunque, por la mayor sencillez del propulsor de reacción, han de ser muy inferiores a las que sufre un motor de explosión. Sin embargo, vamos a suponer que alcanzan el mismo valor, y, en esta hipótesis, a calcular la propulsión y los elementos de un propulsor de reacción, de combustión, de 200 HP.
rUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-
655 -
Cálculo de un propulsor de reacción, de combustión, de :aoo HP. Conforme se ha dicho, supondremos que el gasto horario de gasolina de este propulsor es igual al de un motor de explosión de 200 HP., que desarrollan 54 millones de kilográmetros, o sea : n = 1 .ooo.ooo. P:-ra que este propulsor produzca igual reacción a so m. por segundo que una hélice aérea a la misma velocidad de traslación, tendrá que verificarse :
3.6oo
~0,75
=
V(l + ac) (z
I.OOo.ooo IO
zoo X 75 so
+.!!.... e
2.500) lOO
_.!!... ~ = I$.99(5 e
10
a
==- 4·494· e a Dando a - el valor 4.500 para simplificar los cálculos, la propul-
o sea:
c
si6n obtenida en función de la velocidad v de traslación, estará dada por la fórmula siguiente: 4 [V.4·50I (2oo.ooo Ji' = _2_ 3·600
+ 4.500_:!.._) lOO
4.500
..!!_] 10
que puede ponerse bajo la forma más sencilla:
F = I 5 (V goo
+ o,2v'!.- o,45v)
En el gráfico de la figura I se ha trazado la curva de las propulsiones correspondientes a distintos valores de v, y la que da un propulsor de hélice aérea con motor de 200 HP. Puede verse fácilmente la gran -ventaja en rendimiento del propulsor de reacción, especialmente para las grandes velocidades de traslación, en que la propulsión de la hélice aérea se anula rápidamente. La velocidad de proyección de los gases será : V
=
V
+
20,000.000 4· 500V' 4·501
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
que, aproximadamente se puede establecer en la siguiente fórmula : V = V4-444
+v
2
=
en que, para v = O, V = 67 m. por segun<io, y para v 50, V= 84 m. · La cantilia<i de gases producto de la combustión, que salen por se20 gundo, son: X 54 -:- 0,3 Kg., y siendo s la sección del tubo de es3·6oo cape y 8 la densidad de los gases en el momento dt" su salida, tendre0,3 . mos: sV8 = 0,3; luego, estando el propulsor a punto fi JO, s8 = 67 0,3 y marchando a so an. por segundo, s8 = .
84
El valor de 8 <iepende <ie la compresión inicial a que se haya sometido la mezcla de aire y gasolina en la cámara de combustión, puesto que, siendo ésta de volumen constante de~de que termina la compresión hasta que comienza el escape, la combustión no puede producir variación en la densidad. Para que la combustión sea lo más rápida y perfecta, conviene elevar todo lo posible la compresión inicial de la mezcla; pero ésta no puede pasar -<le una reducción de volumen igual a un séptimo, porque, para este grado de compresión, suponiéndola adiabática y partiendo de la presión atmosférica y temperatura <le 20° centígrados, la presión absoluta obtenida es: 7' •4• = rs,s atmósferas, y la temperatura absoluta 7°•" X 293 = 638°, o sean, 365° centígrados, y a esta temperatura comienza a producirse la autocombustión de la mezcla. Como en estos propulsores no tiene gran importancia que la combustión se produzca en un momento ¡preciso del ciclo, con tal que la válvula de escape se abra automáticamente al producirse la combustión, podremos elevar la compresión hasta producir el autoencendido, con lo cual se puede suprimir el encendido eléctrico con todos sus in convenientes. Adoptando el valor 7 como coeficiente de compresión, 8 será siempre inferior al peso del metro cúbico de mezcla comprimi<ia = 7 X 1,37 = 9,59 (siendo 1,37 el peso del metro cúbico de aire carburado a la presión atmosférica), puesto que los gases sufren su expansión en et momento de la salida. El área necesaria para el tubo de escape tendrá un valor mín1mo :· 1
s
=
S=
67
~3
9,59 03 S x'- 4 9.59
=
4,7 centímetros cuadrados, trabajando a punto fijo, y
=
' 3,7 cm.:a marchand o a 50 m.
fUNDACIÓN JUANELO TURRTANO
....,_ o)
¿
....o
..
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ol.aJ 11'1
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
1
FIDIDACIÓN JUANELO TURRIANO
,....
-657La fuerza de propulsión F es igual, evidentemente, a la presión interior expresada en kilogramos por centímetro cuadrado, multiplicada por el área de la sección del orificio de salida; luego para tener a punto fijo una fuerza F = 450 Ks. con una sección de 4,7 cm.2 , o una fuerza F = 225 Ks. con una sección de 3,7 om. 2 marchando a so m. por segundo, haría falta tener unas presiones efectivas de 95 y 6r a·tmósferas, respectivamente. Estas presiones son excesivas porque darían lugar a temperaturas absolutas muy -elevadas y, además, el peso de la cámara de combustión sería demasiado grande para tener resistencia suficiente para soportarlas; pero hay que tener en cuenta que la expansión de los gases a la salida hace disminuir considerablemente el valor de 8 del que hemos considerado, y, por lo tanto, la sección del orificio de salida podrá ser mayor, y menor la presión necesaria. Para una sección de 9 cm. 2 , bastaría con una presión de so atmósferas a punto fijo, y 25 atmósferas a r8o Km. por hora, para obtener las propulsiones calculadas. Estas presiones son análogas a las que sufren los motores de explosión ordinarios y corresponden a temperaturas de 2.000 grados centígrados, que son las que se desarrollan en las ámaras de explosión de estos motores. Para que los gases del escape arrastren en su salida un peso de aire igual a 225 veces el suyo (4.500 veces el de la gasolina consumida), será necesario hacerlos pasar por un difusor en que se establezca el contacto de estos gases con el ,=::e ambiente y le comuniquen su veloddad. La sección 'máxima de este difusor tendrá que ser 225 veces la del orificio de salida del tubo <iel escape, o sea, la quinta parte de un metro cuadrado (aproximadamente un círculo de medio metro de diámetro), superficie 26 veces menor que la que necesita una hélice aérea, de tamaño adecuado a esta potencia, para git:ar. Comtposici6n esquemática de un p,ropulsor de reacción, de combustión. El propulsor de reacción se compondrá, por lo tanto, según el esquema de la figura 2, de las partes siguientes: I.a Un carburador oroinario que efectúe la mezcla del aire con la esencia en la proporción de 19 a r, mediante un surtidor que comunique con el depósito de gasolina. z.a Uno, o varios compresores para los gaJsies carburados que reduzca el volumen de ellos a un séptimo, elevando su presión y temperatura hasta producir la autocombustión de la mezcla. La potencia necesaria para su funcionamiento, que sería restituida en su mayor parte 42
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
658por el trabajo útil <lel ,propulsor, podría obtenerse a costa de. la energía cinética de los gases proyectados, como en el tubo-compresor Rateau. 3.a Una cámara de wmbustión de acero al tungsteno, u otro material que resista grandes esfuerzos de extensión y elevadas temperaturas. 4. 8 Un tubo de escape que comunique con la cámara de combustión por medio de una vátlvula que se abra automáticamente al producirse la autocombustión. Es conveniente que la seccion de salida sea reglable ; pues solame~ te con la experimentación se podrá obtener el máximo rendimiento en cada caso. s.a Un difusor en el que desemboque el tubo de escape y que produzca la mezcla de los gases de la combustión en la mayor cantidad posible de aire ambiente.
Ventajas del propulsor de reacción, de combustión, domparado con ;a hélice aérea, y conclusión. Este propulsor, a igualdad de consumo de combustible que el g¡-upo motor-hélice habitual, proporciona mayor fuerza de propulsión, según se ha visto: será probablemente más ligero y más sencillo de funcionamiento; ocupa mucho menos espacio que el que necesita una hélice para girar, sin presentar los peligros ni los mconvenientes de éstas (trepidaciones, roturas, efectos giroscópicos, <lifícil adaptación a varias velocidades con buen rendimiento, etcétera), y es, esencialmente, superior en rendimiento para el vuelo a grandes velocidades, a grandes alturas (mediante el ern)pleo de tubo-compresor en el carburador, que en los propulsores corrientes necesita el uso de hélices de paso reglable muy difíciles de realizar), y para los grandes aeroplanos, puesto que al aumentar proporcionalmente el tamaño del difusor con relación al del tubo de escape, aumenta también la propulsión sin necesidad de consumir más peso de combustible, teniéndose en cuenta que el tamaño del difusor no está limitado, como en el caso de la hélice, por la fuerza centrífuga que ha de sufrir y que crece con el diámetro. Hasta aquí lo que hemos podido deducir del cálculo y ·de los datos experimentales que poseemos; si siguiéramos adelante ideando dispositivos para cada uno de los órganos que componen el propulsor de reacción, las soluciones" que propusiéramos serían más o menos a-de-cuadas para un Congreso de Inventores, pero absolutamente desprovistas de interés en un Congreso de Ingeniería, donde sólo han de ser tenidos en cuenta los estudios basados en sólida experimenta-ción.
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
-
659 -
Con lo expuesto basta para demostrar que el problema del propulsor de reacción no parece preserttar dificultades insuperables para ser resuelto; que su resolución tendría una importancia enonne para la navegación aérea, y que conviene que los Ingenieros especializados en estos asuntos contribuyan con nuevos estudios y nuevos datos experimentales a resolverlo prácticamente." El trabajo que antecede fué discutido por el Sr. LUCINI en cuanto a la ecuación de rendimiento propuesta por el Sr. Herrera, y a la velocidad que tal propulsor debía llevar para que tal rendimiento se mantuviese entre "'límites prácticos. Los Sres. CARACCIOLO y BARRON hicieron observar que se trataba de una idea, no de un proyecto completo, y que no sería difícil imaginar_ disposiciones que salvasen los inconvenientes presentados por el Sr. Lucini. Ei Sr. CARAOCIOLO acabó la discusión proponiendo que los señores Herrera, Barrón y Lucini estudiasen y proyectasen un "propulsor de reacción" para aeroplano, para el próximo Congreso de Ingeniería. Finalménte, fué leída por el Sr. MONZON la siguiente Memoria, de la que es autor el Sr. Ortiz Artíñano: "NOTAS SOBRE LAS MODIFICACIONES A INTRODUCIR EN EL ARANCEL PARA HACER POSIBLE EN ESPA:fi.l'A EL EMPLEO DE LOS COMBUSTIBLES DERIVADOS DEL PETROLEO Por D. JosÉ
0RTIZ ARTfÑANO,
Ingeniero industrial.
Se trata de conseguir que las tarifas por las que hoy adeudan los productos derivados de la destilación -:!el petróleo, que, por su composición química, no pueden emplearse en motores de explosión ni servir de lubrificantes, es decir, cuyo único empleo sea el de combustibles destinados a quemarse, bien en hogares (calderas, hornos de forja, etcétera), o bien en motores de combustión interna, sean reducidas en tal forma, que su empleo pueda realizarse en competencia ventajosa con la hulla. La crisis de la producción hullera y el desarrollo creciente del empleo de los motores Diesel, tanto para la navegación, como para la industn... terrestre, hace que esta cuestión sea una preocupación seria para los Gobiernos de todos los .países; y así lo prueba la nueva ley francesa de 5 de agosto último, que reduce a una cifra nominal, par&
':
folY.'JDAC IÓN JUAKELO
fURRIANO
-
66o
los efectos del precio total resultante, la tarifa de adeudo de los combustibles derivados del petróleo. Mayor y más urgente que en otro país cualquiera, con excepción, quizá únicamente, de Italia, debía ser esta preocupación en España, donde las desigualdades del régimen de los ríos y la elevación, probablemente irremediable, del precio de la hulla obliga a considerar el empleo de los motores Diesel para suplir las deficiencias estivales como solución única mientras no se realicen trabajos hidráulicos regularizadores de los caudales disponibles; y nadie puede pensar que esto se haga con la urgencia que las necesidades de la Industria requiere.
Comparación del Arancel español con los extranjeros y, principalmente, C¡()n el francés. En ningún país de Europa se encuentra gravada la introducción de combustibles petrolíferos con tan enormes derechos como en España; y todos ellos, sin embargo, se preocupan de reducir los derechos actuales, por juzgarlos perjudiciales, por su exageración, a los intereses de la Industria y hasta a los del Tesoro. E s bien conocido el Tratado italorrumano que estableció varios años antes de la declaración de la guerra un ({erecho de 2 liras en tonelada para los combustibles cuya densida({ fuera superior a 0,925 y su tanto por ciento en alquitrán sulfúrico mayor de IS por ioo. Al amparo de este acertadísimo Convenio, ha podido alcanzar en Italia la construcción del motor Diesel y el empleo de éste su envidiable situación actual. La ley francesa de 30 de junio de 1893, por lo que a este estudio interesa, dispone lo siguiente: "TARIFA NUM'ERO 197.-A.ceites de petróleo, de esquistos y otros propios para el alumbrado.~ruto, más tasa de fabricación de 1,25 francos: Tarifa máxima, r8 francos los 100 kilos; tarifa mínima, 9 francos los 100 kilos. Sobretasas: De origen, S francos; de depósito, S francos. , "Refinados y esencias.-Tarifa máxima: 25 francos los 100 kilos; tarifa mínima, 10 francos el hectolitro. Sobretasas: De origen, 5 francos; de depósito, 5 fran<:os. "TARIFA NUMERO 1g8.-A(:eites pesados, residuos de petróleo y de otros aceites minerales: Tarifa máxima, 100 kilos, 12 francos;
FIDJDACIÓN JUANELO TURRIANO
-661-
tarifa mínima, roo kilos, 9 francos. Sobretasas: De origen, S francos; de depósito, S francos." La ley francesa a que anteriormente nos hemos referido, y que ha sido recientemente votada, dice así : "ARTÍCULO 1.0 La tarifa de aceites minerales y sus reglas de aplicación resultantes de la ley de 30 de junio de 18g3 y de las leyes subsiguientes, quedarán mantenidas bajo las reservas estipuladas en los artículos siguientes : "ART. 2.0 Las fábricas de refinación, destilación, depuración o transformación de productos del petróleo quedarán sometidas a la vigilancia de los empleados de Aduanas a costa de los interesados. "Los aceites de petróleo bruto no podrán ser importados más que por estos establecimientos. Lo mismo ocurrirá con los aceites de engrase y residuos destinados a ser rectificados, depurados o transforma-dos. "ART. 3.0 Los derechos a percibir sobre los productos que salgan de las fábricas vigiladas serán los siguientes: "a) Para las fábricas que traten productos petrolíferos o esquistosos originarios de países sometidos a la tarifa general: "Francos 21 ,so por roo kilos neto, comprendida la tasa de refinación para los aceites refinados y esencias. "Francos· 0,7S sobre los residuos destinados a la alimentación de motores, a su combustión en todas formas, a la construcciCn y entretenimiento de caminos y que respondan a las condiciones reglamentarias. "Francos 12 por 100 kilos neto sobre los aceites de engrase y otros residuos que los referidos en el párrafo anterior. "Derechos de la tarifa general sobre parafinas y vaselinas. "b) Para las fábricas que traten productos petrolíferos o esquistosos originarios de países que tienen derecho a la tarifa mínima: "Francos IIAO por IOO kilos neto, o francos 9,10 por hectolitro, comprendida la tasa de refinado sobre los aceites refinados y esencias. "Francos 0,30 por IOO kilos neto sobre los residuos destinados a la alimentación de motores, a su combustión en todas formas y a la construcción y entretenimiento de caminos y respondiendo a las condiciones reglamentarias. "Francos 9 los 100 kilos sobre los aceites de engrase y otros residuos que los mencionados en el párrafo precedente. "Derechos de tarifa mínima sobre las parafinas y vaselinas. "El régimen de brea y cokes será determinado por los decretos previstos en el artículo 6.0 "ART. 4.0 Los residuos destinados a la alimentación de motores,
fo~DAC ION
JUANELO TURRIANO
'·''
~
-002a su combustión en todas formas y al entretenimiento de caminos y que respondan a las condiciones reglamentarias, podrán ser introducidos en Francia para su reventa tales como son, sin transformación previa, en las mismas condiciones que los productos refinados. Los dere<·hos a percibir sobre los residuos así introducidos serán los fijados en el artículo 3.0 "ART. S·" N o podrán introducirse en las fábricas productos petrolíferos o esquistosos ·que paguen derechos de entrada diferentes sino bajo la reserva de almacenaje y tratamiento separado. "Los productos a los que corresponda pagar sobretasa de depósito \.1 origen pagarán esta sobretasa en el momento de su entrada en fábrica. "Los residuos destinados a los motores de navío de la Marina miJitar o mercante serán libres de derechos bajo condiciones que quedarán determinadas por decreto. "ART. 6.0 Los residuos de petróleo o de esqui·sto no pueden ser importados, salir de fábrica o ser puestos a la venta sino en recipientes en los que se mencione sÚ especificación, características y destino en condiciones que serán fijadas por decreto como se indica en el artículo 7.0 "ART. 7.0 Decretos publicados después de oído el parecer del Comité general del Petróleo determinarán las condiciones de aplicación de la presente ley y principalmente las modalidades de la vigilancia, la definición de los residuos, las condiciones de expedición a destinos privilegiados y, en fin, las condiciones a las cuales debe estar supeditada la admisión de los distintos productos en las fábricas intervenidas. "ART. 8.0 Las infracciones a las disposiciones de la presente ley y decretos para su ejecución, se castigarán con multas de I.OOO a ro.ooo fran,c;os, además del pago de los derechos eludidos." En · el examen del Arancel francés, únicamente debe considerarse la tarifá' mínima, pues ella es aplicable a todos los países productores de petróleo, como Estados Unidos, Rusia, Méjico, etcétera. Consignemos ahora las partidas correspondientes del Arancel es· ~añol:
''Número 19.-Alquit,ranes y breas de petróleo que contengan más de 6o por .109 de alquitrán sulfúrico y los demás alquitranes y breas minerales, la creosota impura, los asfaltos, betunes y esquistos, roo kilos, 0,20 pesetas. "Nú-mero 20.-Residuos de petróleo llamados también alquitranes,
FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
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,·..
asfaltos y breas de petróleo que contengan del 30 al 70 por 100 de alquitrán sulftlrico, 100 kilos, 12 pesetas. "Número 22.-Petróleos y aceites minerales que dejen por la destilación a 300 grados más de 8o por 100 de residuo, y los residuos de la destilación de petróleo que contengan desde el 10 al 30 por 100 de alquitrán sulfúrico, 100 kilos, 30 pesetas. "Número 23.-Petróleos y aceites minerales que dejen por destilación a 300 grados de 20 a 8o por IOO de residuo, roo kilos, 25 pesetas. "Número 24.-Dichos que dejen menos de 20 por TOO de residuo, 100 kilos, 37 pesetas. "Número 25.--0leonaftas, aceites lu'brificantes minerales, vaselinas y las mezclas de estos productos con aceites o grasas animales o vegetales, xoo kilos, 40 pesetas. "Número 26.-Bencina y productos semejantes, 100 kilos. 50 pesetas. "Número 27.-Gasolina, 100 kjlos, 30 pesetas." Comparando ahora entre sí los dos Aranceles, salta a la vista, aparte de la elevación de las tarifas españolas, la siguiente observación: En el Arancel francés, las tarifas son más elevadas a medida que se trata d(' productos más ligeros, de tal modo, que los aceites aptos para el alumbrado pagan más que los lubrificantes y combustibles, comprendidos estos dos últimos en una sola partida en la ley del 93, que se ha desdoblado en dos en la reciente modificación, manteniéndose la cifra relativa a los lubrificantes y reduciéndose hasta casi la supresión para los combustibles. En el Arancel español, por el contrario, los lubrificantes pagan más que las esencias. Tomemos nota de esta observación, porque habrá que tenerla en cuenta en la tercera parte de este escrito. Observemos además que las tarifas 20 y 22, que son únicamente aplicabl~ a combustibles, con exclusión de esencias y lubrificantes, y cuya ·reducción, por lo tanto, es la que ahora nos preocupa, son tan absurdamente elevadas, que, aun ahora, prohiben, y mucho más en los tiempos de normalidad en el precio de la hulla, por desconocimiento del motor Diesel, prohibían de una manera absoluta la introducción de estos combustibles. Nadie pudo pensar, en efecto, y menos cuando la tonelada de hulla valía 30 pesetas en España, en importar combustibles cuyo derecho de entrada fuera de 120 ó 300 pesetas la tonelada, según le fuera aplicada. la tarifa 20 o la 22.
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¿Para qué, pues, existen estas partidas? ¿Qué ingreso producen al Estado, o qué industria nacional protegen? La hullera no, pues para nada necesita de tan exagerada protección; y, en todo caso, más lógico y más inmediato hubiera sido el prohibir o gravar enormemente la introducción de carbones extranjeros. La petrolera, tampoco, pues, como luego explicaremos, vive al amparo de las partidas 23 y 2'¡, que para nada se relacionan con las 20
y 22.
No encontramos más hipótesis razonable que la de admitir que la elevación enorme de estas tarifas obedece al deseo de evitar fraudes, consistentes en la introducción, bajo tarifa barata, de productos de los que por refinación ulterior pudieran obtenerse aceites lubrificantes. A este peligro de fraude, pues, tan fácil de prevenir con alguna vigilancia y severidad en el castigo de los contraventores, ha quedado, a nuestro juicio, supeditado un aspecto económico tan interesantísimo de la industria nacional, y así seguirán probablemente las oosas si una campaña enérgica por parte de los industriales perjudicados no consigue hacer variar el Arancel en una forma justa para todos y conveniente para los que nunca han pensado en defraudar a la Hacienda.
Enumeración sucinta de las ventajas que, con el abarata:tnlento de estos combustibles, se obte.od~. Todo el mundo está ya convencido de las ventajas inmensas que la utilización de los combustibles ¡petrolíferos obtenidos a un precio razonable reportan quemándolos en hogares y, más aún, empleándolos en el funcionamiento del motor Diesel. No estará de más, sin embargo, consignar algunos datos que sirvan para reforzar este convencimiento. Puede asegurarse que, aun a los precios actuales de 350 pesetas la tonelada de aceites pesa-dos derivados de la hulla, mucho más impuros y peores que los petroJíiferos, se obtiene, en un horno de forja de marcha intermitente, una economía de más de por roo con relación al empleo de carbón; calcúlese cuál sería la obtenida si el precio de los combustibles no fuera mayor de 200 pesetas. En una instalaci6n de reserva de central eléctrica, la economía obtenida por consumo de combustible, referida exclusivamente al tiempo de funcionamiento. es decir, sin incluir el encendido, sería de 6o por roo con relación al vapor. De las ventajas que, con el empleo del motor Diesel en la propttl· sión de buques, se alcanzan, asunto que más directamente interesa y
so
flY.'JDAC!ÓN JUA!'-:ELO TURR!ANO
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compete al autor de estas líneas, podrá dar idea el estudio economtco que a continuación se consigna, y que fué presentado por la Sociedad Española de t:onstrucciones Metálicas, concesionaria en España de las patentes Sulzer, <para la construcción de motores Diesel marinos, a \()s Sres. !barra y Compañía, de Sevilla. Esta Compañía naviera únicamente espera una solución favorable en el asunto de los combustibles que nos ocupa para realizar la transformación referida y extenderla a una gran parte de su flota, si, como todo hace creer, el result<11do de la experiencia fuera favorable. Se trataba de la substitución de la máquina de vapor que actualmente funciona en el vapor "Cabo Roche", viejo casco de hierro de unas 1.100 toneladas ·de carga, por un motor Diesel tipo Sulzer, de oos tiempos y 420 caballos efectivos. La instaladón motriz actual consiste: Una caldera de 2.029 pies cuadrados de superficie de calefacción y 8o libras por pulgada cuadrada .de presión. de . d" d e ZÓ X SZ d e d'1111ens10nes " ' . d U na maquma e vapor compoun 30" cilindros, con su condensador, bomba de circulación, etcétera. Una caldereta para el servicio de las maquinillas. Los puntos principales que se han tenido en cuenta para comparar económicamente las soluciones a vapor y con motor Diesel, son los siguientes: CoNSUMO DE CARBÓN.-.El consumo de carbón es de 0,950 kilos por caballo indicado y hora, o sea, 12.500 kilos por <lía. En ciento veinte días de navegación por año, el ,consumo anual sería de 1.500 toneladas de carbón. Esta cantidad debe aumentarse en los gastos para la puesta en marcha de la caldera, maniobras, operaciones de carga y descarga del buque, etcétera. El carbón gastado por este concepto en los vapores "01ina" y "Ara:bia", buques mercantes de larga travesía, es de 10 a 12 por 100 del carbón utiliza,do exclusiv<~~mente para la marcha del buque. En nuestro caso, ¡podemos estimarlo en 15 por roo gastado en partes iguales en la caldera para la puesta en marc~a, etcétera, y en la caldereta para el servicio de maquinillas. El consumo anual de carbón en estas condiciones es de 1.500, más 2 X 0,075 X 1.500 = 1.725 toneladas. Al precio actual de 130 pesetas la tonelada, los gastos anuales por este concepto alcanzarían 224.000 .pesetas. CONSUMO DE LUBRIFICANTE.--<El consumo de lubrificante es de: Aceite de oliva.-1,8 gramos por caballo-hora = 23,6 kilos día = ~.830 kilos año. Al precio de 1,6o pesetas el kilo, los gastos anuales alcanzan 4.530 peseta5.
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=
Aceite val·v oli11a.-2o gramos por hora = o,-48 kilos día 58 kilos año. Al precio de 2A6 pesetas kilo, los gastos anuales alcanzan 142 pesetas. Los gastos anuales por consumo de lubrificante suman, por lo tanto, 4.672 pesetas. SERVICIO DE MÁQUINAS.- El personal empleado en el servicio de máquinas se compone actualmente de DOS maquinistas, UN calderero y TRES fogoneros. El sueldo mensual es de 1.241,50 pesetas, o sea, 14.900 pesetas anuales. Los gastos de manutención del personal de máquinas son de 445,50 pesetas mensuales, o sea, .5·350 por año. Los gastos de conservación y entretenimiento de máquina y calderas son de 13.8oo pesetas; la limpieza de la caldera exige al mismo tiempo 8oo pesetas, sumando, por lo tanto, el total, por este coneepto, pesetas 14.6oo. Los gastos por aprovisionamiento de carbón por afio alcanzan r.8oo pesetas. El agua dulce para las calderas, 256 pesetas. Para efectuar la comparación de los resulta:dos obtenidos con las dos instalaciones es preciso también contar los gastos por interés y amortización <lel importe de éstas. Con los precios actuales, la instalación motriz compuesta de caldera, máquina de vapor, ejes, chumacera· de empuje, hélice, condensador, etcétera, cuesta de 650 a 750 pesetas por caballo indicado, o sea, en totalidad, pesetas 375.000. Con un tanto de interés y amortización de 9 por 100 anual, el importe a tener en cuenta es de pesetas 33-700.
RESUMEN Interés y amortización ............................... . Gastos de combustible................................ , Idem <.le lubrificante .. ... ......... ~ .................. .. Sueldos del personaL ........... .................... . Manutención del mis;no ..... .. ...................... . Idem de entretenimiento y limpieza .. , ...... .. ... . Idem de aprovisionamiento de caflbón ....... ... .. lden1 de íd. de agua .................. ·... .............. . TOTAL
33·700 224.000
4·672 14-~
5·350 I4.6oo
I.8oo 256
(pesetas anuales) ........... .
Con ciento veinte días de navegación a .g rj.2 millas por hora, el recorrido anual sería de 2].400 millas. Con l.Ioo toneladas <le carga, tenemos en el año 30.000.000 de toneladas milla. Los gastos debidoe a
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·
.
.
299.278 X lOO
UN
la instalacion motnz son, por cons1gu1ente, _:_;__.:.--30.000.000
cénti-
•
rno por tonelada-milla.
INST ALACION CON MOTOR DIESEL.-La instalación propuesta consiste en : Un motor marino tipo Sulzer S. 34 de DOS tiempos y 420 caballos efectivos. Una caldereta para el sel"Vicio de las maquinillas. De modo análogo a como lo hemos hecho para la instalación por máquina de vapor, determinaremos los ' gastos ocasionados por la instalación motriz con motor Diesel en la siguiente forma : CONSUMO DE COMBUSTIBLE.-El consumo garantizado para la fuerza expresada es de 200 gramos por caballlo efectivo y hora, o sea, 84 kilos por hora, o sea, 2,05 toneladas por día. Suponiendo taantbién ciento veinte días de navegación por año, el consUJmo anual sería de 245 tonelaldas. Esta cifra debe venir aumentada en la cantidad necesaria para la marcha del motor durante las maniobras del buque en puerto y para producir el vapor necesario al funcionamiento de las maquinillas. La primera cantidad es muy reducida. La cantidad de aceite para la marcha de la caldereta, teniendo en cuenta el mayor poder calorífico del aceite con relación al carbón y el rendimiento superior de su combustión, es, aproximadamente, so-6o por roo de la cantidad de carbón gastado en la misma caldereta, o sea, por lo tanto, unas 55 tonelada" por año. El consumo total anual de aceite será, pues, de 245 55 = 300 toneladas. El precio actual del aceite para motores Diesel "Mazut", o residuo de destilación de petróleo bruto, es, según diversas informacioneg, en puertos próximos a las regiones petrolíferas, oscilante entre so y 65 pesetas la tonelada. En Nueva Yo,rk cuesta adualmente 70 pesetas; en la India holandesa, 45 a 6o. Es muy probable que estos precios se reduzcan en pOt'venir próximp, pues la A<hministración de la Ma'l'ina americana ha recibido últitnamente ofertas a 40-50 pesetas en Nueva York o San Francisco, y a IO pesetas tonelada en puertos mejicanos. Tomemos para nuestros cálculos el precio de 250 pesetas la tonelada de combustible franco puerto español; y en estas condiciones, la cantidad arriba calculada para conswpo anual valdría pesetas 75.000. CoNSUMO DE LUBRIFICANTE.-El consumo garantizado es de 5 gramos por cabailo efectivo, descompuesto en 3 gramos de valvolina y 2
+
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-668de lubrificante mineral ordinario. El consumo de valvolina es de 29,50 kilogramos día, ó 3·550 kilogramos anuales. El oosto total de los lubrificantes empleados lo estimamos, pues, en 12.450 pesetas por año. SERVICIO DE MÁQUINAs.~El personal para este servicio se com.pone de DOS maquinistas, UN ayudante y UN calderetero. Con un sueldo mensual de 6oo pesetas para los maquinistas, 300 para el ayudante y 250 para el calderetero, los gastos mensuales alcanzan a 1.750 pesetas, y los anuales, a 21.000. Los gastos de manutención del personal de máquinas los estimamos en pes-etas 300 mensuales, o sean, 3.6oo por año. GASTOS DE CONSERVACIÓN Y ENTRETENIMIENTO DEL MOTOR.-El importe ·de 1a instaladón es, aproximadamente, de 400.000 pesetas, y contando por gastos de conservación, próxim~mente, de un 3 a un 5 por roo, el importe de esta partida sería de r6.ooo pesetas por año. Los gastors por limpieza de caldera se reducen a los correspondientes a la oa1dereta, y son, en consecuencia, muy reducidos; lo mismo ocurre con los de aprovisionamiento de -combustible, que se hace en virtud de la gravedad o por medio de bombas. No existen gastos de consumo de agua dulce. Supuesto un tanto por ciento de interés y amortización de 10 por 100 del valor de la misma, el importe correspondiente será de pesetas 40.000. RESUMEN Gastos de combustible ................................ . Idem de lubrificante................................... . Sueldos del personal ................................. .. Manutención del mismo ............................. . Entretenimiento de la máquina ................... .. Interés y a~mortización............................... .
40.000
TOTAL (pesetaS anuales) .......... ..
r68.oso
75·000 12-450 2!.000
3·6oo
I6.ooo
Vemos, pues, que la utilización del mot>Or Diesel perm1te la realización de un beneficio de 131.228 pesetas anuales, equivalente a un 44 por roo. Como se trata, en este caso, de la transfonmación de un buque ya existente, hemos supuesto que se conserva el accionamiento a vapor de las maquinillas. En una instalación nueva hubiera sido preferible el accionarlas Gon energía eléctrica generada con un grupo motor semiDiesel dinamo, y de este modo se hubiera podido reducir hasta unas
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1S toneladas anuales el consumo de combustible, que hemos calculado en SS· Otras importantes ventajas existen además de la ya demostrada de economía en el funcionamiento. La instalación .del motor Diesel, por su mayor ligereza y menor espacio ocupado, perttnite que el buque, con el mismo desplazamiento, transporte una carga bastante mayor. En efecto: en el caso que estudiamos, no puede estimarse en menos de ISO ronelaJdas de peso del equilpo motor a vapor, mientras que el del mútor Diesel es solamente de 40. El peso del carbón en carboneras, para un radio de 3iCCÍÓn de 2.300 millas, es de x8o toneladas, mientras que -con el sistema Diesel, el peso del combustible en tanques es sola>lTlente de so para un radio de acción de 4.400 millas. Obtenemos, pues, su,puesta una existencia en carboneras igual a la mitad de su capacidad, una econcmúa en .peso de I7S toneladas, que viene a aumentar la capacidad de carga del buque en un 16 por 100 de la actual. La instalación a va¡por en el "Cabo Roche" ocupa una longitud de II ,S metros, y la del motor marino solamente 7,4 metros; resultando un aumento de longitud de bodegas de 4.4 metros, que corresponde a un aumento de capacidad cúbka de 1So metros. Para el buque modificado, y tenido en cuenta la mayor capacidad de carga justificada, el valor de la distancia recorrida anual por la carga será de 34,9 millones de toneladas milla; lo que equivale, tenidos en ~uenta los gastos consignados, a un costo de o,48 céntimos por tonelada-milla. RESUMEN VAPOR
Carga neta (toneladas)...... .................. ... . Peso de la instalación motriz (ídem) .. .. .... .. Peso del combustible (ídem)................... . Radio de 3JCción (millas) ........................ .. Gastos anuales de combustible (pesetas) .. .. Gastos anuales de lubrificante (ídem)...... .. Sueldo del personal de máquinas (ídem.) .. .. Manutención del mismo (ídem) ............... . Gastos de entretenimiento (ídem) ........... .. Aprovisionamiento de agua y carbón (ídem). Interés y amortización (ídem) ................ ..
MOTOR
I.IOO
1.275
ISO
40
ISO
so
3·300
4·40G
224.000
7S·OOO
4·672
I2.4SO
14·900
21.000
5·350 14.6oo
2.os6 33·700
3·6oo
16.ooo
" 40.000
FIDJ'DACIÓN JUANELO TURRIANO
-670VAPOR
Gastos totales del servicio de máquinas (íd.) Beneficio anual (ídem) ........................... . Carga neta !X)r distancia recorrida (tx:meladas-millas) ....................................... . Gastos por tonelada-milla (céntimos) ........ . Beneficio ............................................ .
MOTOR
168.oso 131.228
30.000.000
35·000.000
1
"
0,48
52 por
100
Los resultados que aparecen en este estudio, y que la Compañía naviera interesada, por lo que a ella afecta, ha considerado absolutaJmente correctos, demuestran de una manera evidente las inmensas ventaja~ que el sistema Diesel proporciona para la navegación. Pero no sólo los consumidores de combustibles derivados del petróleo se hallan interesados en que la introducción de los mismos pueda hacerse en España bajo tarifa razonable. ReCientemente se han fortnaJdo, o se está:· formando, importantes :E'.rnJ>resas españolas que se proponen la explotación en Méjico de yacimientos petrolíferos. Ahora bien: dada la composición de estos petróleos, cuya riqueza en materias esenciales rara vez pasa del 10 por 100, y ello les hace inadecuado para la obtención de la gasolina, siendo, en cambio, combustibles ideales desde el punto de vista que nos interesa, creemos que, aunque no sea la preocupación actual de estas Empresas la colocación de sus productos, no habría de dejar de interesarles un mercado como el español, que puede llegar a ser naJda despreciable y doblemente interesante para empresarios españoles. Forma en que se propone modificar el Arancel.
Expuestas las consideraciones anteriores, vea.m.os ahora en qué for-
ma pueden modificarse las partidas de nuestro Arancel en forma análoga a la realizada con el francés por la reciente ley de 5 de agosto. Lo dispuesto en dicha ley .puede resumirse en los siguientes párrafos: 0 I . Interlvención del Estado en las refinerías. A la salida de éstas, los productos de refinación pagarán, según las tarifas expuestas descendentes, desde las esencias hasta los combustibles. 0 2. Prohibición a los particulares de importar esencias y lubrificantes. Podrán importar combustibles por la tarifa reducida obligándose a no refinarlos. Por lo visto, no ha embarazado a los legisladores franceses el ho-
f-UNDACIÓN JUANELO TURRIANO
....
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671
rror a la posibilidad de fraude, en el que parece ins.pirado nuestro
l.t
Arancel. Estas mismas disposiciones francesas -podrían perfectamente ser aplicadas a nuestro Arancel, dejando subsistente la partida 19 y englobando las 20 y 22, que, como hemos dicho, se refieren a productos únicamente aptos para la combustión en una sola .partida con cuota reducida de 0.4 pesetas los 100 kilos. Pero la prohibición de imn:>ortar lubrificantes obligaría a cambiar radicalmente el modo de funcionamiento de las refinerías actuales. En efecto: si nos fijamos en la composición de los petróleos brutos que hoy se producen con un •por dento medio de 25 en materias esendales y en los resultadoo oPt:enidos en las refinerías españolas, sa.eamos la consecuencia de que las substancias que éstas importan es un producto .sintético mezcla de gasolina y residuo, que les permite gozar de los beneficios de la tarifa 23, en rela.eión con la 27, 'con un trabajo de destilación puramente nominal. Los residuos en la mezcla deben, ¡por lo visto, venir dosificados en forma que permita la aplicación de la citada tarifa 23; y claro está que así no se fabrican lubrificantes ni combustibles, sino únicatnente la gasolina y una especie de borra destinada al engrase de vagones. Así se da la anomalía de que la tarifa 22, que se refiere a productos más impuros y únicannente aptos, como hemos dicho, para el empleo de combustibles, sea más elevada que la 23. Pero al Estado y a los refinadores actuales corresponde únicamente resolver si les conviene o no que las refinerías españolas se transformen en industrias análogas a las que la legislación francesa supone. Ellos también, y los industriales interesados en motores de explosión tratarán, si debe dejarse subsistente la enorme cuota que hoy grava la entrad_a de la gasolina. A los industriales constructores de motores de comibustión interna, o consumidores en una u otra forma de combustibles derivados del petróleo, únicamente intere·sa lo que a continuación exponemos como resumen de este trabajo. Que las partidas 20 y 22 se engloben en una sola que diga así : "Petróleos y residt{OS de destilació1~ del petróleo que dejen por des-
tilación a trescientos grados más de ochenta por ciento de residHo, que co1ftengan más del diez por ciento de alquitrán sulfúrico emitatl vapores i?lfiamab!es at>tes de ciFnto citlcuenta grados y produzcan rm aume,.to de temfPratura st~perior a tres grados al ser tratados por el ácido sulfúrico et-rrcentrado, pesetas 0,4 los C'ietl kilos." Será estrictamente proh:bida, bajo las penas más severas, la refinación ulterior de los productos importados por esta tarifa.
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No dejamos de- comprender que es un peligro, tanto para los intereses del Estado, como para la tranquilidad de los importadores de buena fe, que productos lo> más selmejantes entre sí y más difíciles, por lo tanto, de diferenciar, como son los lubrificantes y combustibles, estén, respecti•.amente, gravados por las tarifas máxima y mínima del Arancel. Es de temer e ue el Estado, aun mostrándose propicio a la modihcación del .Arancel que se interesa, alarmado ante la posibilidad de introducciones fraudulentas, fuerce las exigencias definidoras del carácter de combustible en tal forma, que los haga inadecuados pa-ra su empleo en el motor Diesel. Creemos que los industriéllles deben o¡ponerse con todas sus fuerzas a que este criterio prospere; pues la experiencia ha demostrado que es peligroso, para el empleo en motores, el pasar del IO por IOO en alquitrán sulfúrico, y así se ha reconocido en Italia, donde se tiene en estudio el rebajar el 15 por roo exigido en su tratado con Rumania. Mucho más lógica y más equitativa en sí misana aún, sin relación con el objeto que nos ocupa, sería, a nuestro juicio, una solución, consistente en rebajar considerablemente los derechos de entrada de los lubrificantes, que, contra toda razón, pagan hoy 400 pesetas en tonelada; cifra enorme aun en el país donde la gasolina paga 300 pesetas." Esta Memoria mereció una amplia discusión, en la que tomaron parte los Sres. González Llana, Eguía y Flórez. El Sr. GONZALEZ LLANA intervino para significar la resistencia que la industria carbonera española opondría a toda modificación en el régimen fiscal de combustib1es que podrían presentarla una seria competencia, y, por tanto, no convenía fijar cifras, como lo hace el Sr. Ortiz Artíñano en su tra'bajo, sino dejar al Gobierno la iniciativa de esta cuestión. El Sr. EGUIA indicó que la rebaja debía hacerse extensiva a todos los combustibles. El Sr. FLOREZ hizo obser.var que la rebaja arancelaria debe llevarse a cabo sin perder de vista la protección que merece la industria nacional. El Sr. MORILLO dió lectura a la conclusión del trabajo del señor Salto referente al abaratamiento de los combustibles, así como a otra del trabajo del Sr. Samaniego, aprobándose a propuesta suya una conclusión sintetizando las tres de los trabajos indicados con la modificación propuesta por el Sr. Flórez. Igualmente, a propuesta del Presidente, Sr. MORILLO, se aprobó una conclusión referente a la creación de un Laboratorio Central, y se
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-673 acordó conceder a la Junta Directiva del Instituto de Ingenieros Civiles un voto de confianza para que decida fecha y lugar en que el segundo Congreso Nacional de Ingeniería haya de celebrarse. y habiendo terminado la lectura y discusión de los trabajos señalados en el orden del día, esta Sección dió por terminadas sus tareas.
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4J
folNDACJÓN JUANELO TURRIANO
fiDIDACIÓN JUANELO TURRIANO
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SECCION 3.a
CONCLUSIONES APROBADAS PREVIA MODIFICACIÓN
PRIMERA
"Los motores para el rest"gimiento industrial". a) Al organizar un plan nacional de resurgimiento ir.dustrial, es de capital importancia buscar los ruedios que proporcionen a la industria nacional energía motriz segura y a bajo precio. b) Interesa, en primer término, conseguir la utilización de las llamadas fuerzas naturales y, muy particularmente, la de la energía hidrálllica dispomble en el territorio nacional, distribuyéndolas en forma que se beneficte de ella en todo el territorio. e) Debe procedLrse a la ejecución de la red nacional de distribuciór, de energía eléctrica con carácter· de urgencia, en consonancia con el informe presentado por la Comisión permanente española de Electricidad, una vez completado el estudio, como medio eficaz de conseguir el abaratamiento de la fuerza motriz. d) El Estado debe reglamentar la forma en que pueden emplear!.e los combustibles minerales, para estimular su utilización completa; gravar los carbones que se quemen directamente a medida que sea posible, y dar facilidades que abaraten el uso de combustibles gaseosos y líquidos obtenidos por destilación de prefere:1cia y gasi!lcación de los minerales, los cuales deben ser los que se reserven para usos domésticos. e) Como contrapartida del contenido en la conclusión anterior, -conviene aumentar los impuestos que gravan los vehículos de dos rue-
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO'
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das, <:ualquiera que sea el fin a que se destinen, y gravar también paulatinamente con impuestos crecientes los animales destinados a arrastre. En los puertos, en las urbes de roo.ooo habitantes y en las regiones mineras e industriales, los impuestos sobre carros de dos ruedas y animales de tiro pueden ser prohibitivos, reservando el arrastre de sangre para la Agricultura y casos particulares en el que la tracción mecánica no sea posible. f) Los talleres y fábricas, lo mismo que los materiales y combustibles que se destinen a la fabricación de motores y de material de transporte, deben merecer preferente atención y la protección de los Poderes públicos. g) Revisión de la ley de Aguas, en lo que se refiere a energía hidráulica. SEGUNDA
"Unificación de signos convencionales". Las Comisiones encargadas de estudiar la unificación de tipos y sistemas de unidades se ocuparán también de la unificación de signos convencionales empleados en Mecánica, Electricidad y Construcción. TERCERA
"Laboratorios aerotécnicos". a) España debe crear, sin más dilación, uno o varios Laboratorios Aerotécnicos. b) En ellos debe tomarse ·como sistemas de experiencias el aeroQiano-laboratorio y el túnel grande, a lo menos, de ocho metros de diá~ metro, túnel cerrado para que el esfuerzo del ventilador, una vez creada una corriente de aire solo, tenga que emplearse en vencer los rozamientos del flúido con las paredes y los remolinos de la masa de aire. e) Debe concederse primordial importancia a la experimentación de hélices sustentadoras aplicables a los helicópteros. d) Deben fomentarse los estudios aerológicos con relación a la navegación aérea. e) En estos laboratorios ha de evitarse el exclusivismo y, en especial, que se dediquen a la experimentación de ideas del personal fijo de los mismos, postergando los ensayos de ideas ajenas. f) Debe evitarse el defecto contrario de ser accesibles en exceso
I'~DACIÓN
JUANELO TURRIANO
\ -677a ensayos que tengan pocas probabilidades de éxito y a invenciones poco meditadas o excesivamente empíricas. g) Las ideas más opuestas deben tener cabida en estos laboratorios, sin más limitación que las de someterlas al tamiz de informes serios. h) En los laboratorios habrá personal fijo y personal que se renovará periódicamente, aunando así la continuidad necesaria a una sistemática experimentación, con el cambio de ideas y métodos, eficaz para todo progreso científico. i) A los resultados experimentales se les dará la máxima publicidad con el mínimo retraso. j) Para coordinar los esfuerzos se itnpone la existencia de una Junta de Patronato o Comité técnico revestido de la mayor autoridad y con funciones y poderes análogos a los del "British Ad'Visory Committee for Aeronatic", existente en Inglaterra.
CUARTA "La locomoción aérea y su orga11i:::ación en lo fttiuro ".
a) Debe empezar a ponerse orden en la locomoción aérea; que se marquen, aunque sea provisionalmente, los requisitos que tienen que cumplir los aparatos para viajar, y, por lo tanto, que se hagan inscribir, tomando como base los aerodromos y. al principio, gratuitamente, se les dé una licencia de circulación a los que estén matriculados. La licencia de conducir se puede substituir por el título de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional, y los demás papeles y requisitos se pueden fijar desde luego en forma parecida a la que se emplee en el Ma b) Los aerodromos de frontera deben empezar a funcionar inmediatamente, para lo cual, en cuanto se instalen, debe hacerse saber a las demás naciones la obligación en que están los aparatus que pasen por España de visar sus documentos en dichos puntos y las penalidades en que incurrirán los que, l1abiendo faltado a dicho requisito, tengan que aterrizar en el territorio de la Nación. e) Estas conclusiones deben estudiarse urgentemente con el mayor detalle y ser puestas en vigor inmediatamente. Para todo esto debe facultarse a un organismo, con el nombre de "Dirección general de Aeronáutica". u otro análogo, para que entienda en estas cuestiones, unificando y armonizando los trabajos que de ella dependan.
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Flf.'lDACIÓN JUANELO TURRIANO
QUINTA
"Los propulsores de reacción en aeronáutica". El Congreso acuerda la conveniencia de estimular a los Ingenieros e inventores para que dirijan sus esfuerzos a la resolución del problema de la propulsión por reacción, cuyo empleo práctico habría de contribuir al progreso de la navegación aérea. SEXTA
"La capacidad automovilista en España". a) So!icitar la reforma total de los impuestos sobre los vehículos mecánicos, denlindando el carácter de lujo que ahora, sin excepción, se da a todos los coches de particulares. /;) Gestionar la refección de la red nacional de carreteras y la reforma de éstas, adaptándolas a la moderna locomoción. e) E stablecimiento de la enseñanza especial sobre automovilismo.
SEPTIMA
"Las tarifas de introducción de los combustibles derivados del petróleo". Los benzoles, esencias, aceites pesados, etcétera, productos de la. destilación que se emplean en motores <le combustión interna, deben ser adquiridos en condiciones económicas que hagan posible su empleo industrial, para lo cual se rebajarán los derechos de Aduanas en la proporción necesaria a tal fin, y se protegerán las industrias nacionales de destilación de aquellos productos en la medida necesaria para conseguir aquel abaratamiento.
fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
ÍNDICE DEL TOMO PRIMERO l'dglnns .
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l'reámbulo .......................... ................................................ · · .. ·..... · ··.. Comité de Honor............................................................................... ··· Ccmité Organizador.............................................................................. Junta de la Exposición........................................................................ Relación de los señores Congresistas................................................... Sesión preparatoria................................................................ .............. Junta Directiva del Congreso............................................................... Sesión de apertura del Congreso y Memoria del Secretario, Sr. Pérez· Urruti ............................................................................................ Discurso del Presidente del Congreso, Sr. Terán.... .................... .... ..... Discurso de S. M. el Rey.................................................................. Trabajos de las Secciones............................. .. .................................. SECCI ÓN r.•-Obras príblicas e lndrtStrias de Transportes........................ A<.ta de la sesión celebrada el día 17 de noviembre de 1919 y comunica· ción del Sr. Egea...... ............ ................. .......................................... Nota del Sr. Martínez y Ruiz de la Escalera....................................... Comunicaciones de los Sres. Granell y Uriarte................................. ... Acta de la sesión c.elebraJa el 18 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. López Franco...................................................................... Comunicación del Sr. Sierra................................................................ l)onencia del Sr. Mendizábal (D. Alfredo)............................................. Comunicación del Sr. Vicente............................................................... Acta de la sesión celebrada el 19 de noviembre de 1919 y Memoria del Sr. A. W. R. Billings.. ................................................................... Acta de la sesión celebrada el 20 de noviembre de 1919 y ponencia del Sr. Keller.... .. .. ... .... ... ......... ........ ............. ....... .............. ........... ........ Acta de la sesión celebrada el 21 de noviembre de 1919 y ponencia del Sr. Bellido..................................................................................... .. Comunicación del Sr. Barutell............................................................... Acta de la sesión celebrada el 22 de noviembre de 1919 y ponencia del Sr. Camb6.. ..... ....... ... ... ... ........ ........................... ......... ..... .... . ...... .... Actas de las sesiones celebradas el 23 de noviembre de 1919 y comunica· ción del Sr. Rubió......... ... ..... ... .. . ..... .... .......... .... .. ....... ....... ...... .. ..... Comunicación del Sr. Velasco............................................................... Comunicación del Sr. Sequeiros............................................................. Comunicación de la Cámara de Industria de la provincia de Madrid...... Comunicación d-:!1 Sr. García Faria...................................................... Comt.:nicaciones de los Sres. García Faria y Santa Cruz........................
3
9 n 13
15
67 71
73
79 94 97 99 101 118 120
123 130 132 145
x6s 173 221 230 231 237
269 28o 292 293 300
HNDACJÓN JUANELO TURRIANO
Comunicación del Sr. Bores y Romero.............. .. .. . .. . .. . . . . . . . .. . .. . . .. . .. . . . .. Comunicación del Sr. Bello......... .. . .. ...... .... ... . . .... .. ... ... . . . .. .. .. . ... . .. ... .... . Comunicación del Sr. Jiménez Lluesma................................................ Acta de la sesión celebrada el 24 de noviembre de 1919.. ... ... . .. .. .. .. .. .. ... .. . Comunicación del Sr. Arbex sobre engrapados.................................... Comunicación del Sr. Arbex sobre un nuevo sistema de presas............... Notas del Sr. Bores..... ......................................................................... Notas del Sr. Delclós..... .. ... . .. . .. . . .. . .. . . . . .. .... . .. . ... ... ... . .. .... .. ... . .. . .. . .. . . . . .. Conclusiones de la Sección r.•, aprobadas previa modificación............... SECCIÓN 2.•-Material de transportes y construcción nava.l..................... Acta de la sesión celebrada el 18 de noviembre de 19I9 y ponencia del Sr. Ortiz de la Torre........... .......................................................... Comunicación del Sr. Ortiz de la Torre............................................... . Ponencia del Sr. G. de Aledo.. ... .. . ... .... ... .. ..... . . .. .. .. . .. .. .. ... ... .. .. .. .. .. .. . . . .. Acta de la sesión celebrada el 19 de noviembre de 1919 y comunicación del St. Aldereguía............. .................................................................... Comunicación del Sr. Pardo................................................................. Nota del Sr. Espino............................................................................ Acta de la sesión celebrada el 21 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. Huidobro............ .... ... ... . .. . .. . .. . .. . .. . .. . . .. .. . . . . . .. . . .. . .. . . .. . .. . .. . .. . ... . . . .. . . Comuicación del Sr. Campos y Tomás................................................... Comunicación del Sr. Fernández Avila................................................ Comunicación del Sr. Rubió.. .......... .... .... .. ... ...... .. . .. .... ... ... .. .. . .. .. .... ... .. .. Conclusiones de la Sección 2.•, aprobadas previa modificación............... SECCIÓN 3.•-.Mccá~Jica, motores y m¡j.quiti<JS·I~erramientas.... ..... ...... . .. .. . Acta de la sesión celebrada el 18 de noviembre de 1919........................ Comunicación del Sr. Izquierdo............................................................ Comunicación del Sr. Lucini... .... .. .... .... .... .. ... .. .... .. . ...... ... . .. . ... .... .. .. .. .. Comunicación del Sr. Moreno Caracciolo. ..... ... .. .. .. .......... .... .. .. .. .. . .. .... . Acta de la sesión celebrada el 19 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. Ferrer... ... . ... . . ...... .. .. ... .... .. .. .. .. .... .. .. ... ... .. .. .. ... .. ..... .. .... . .. . . ... . . ... .. Comunicación del Sr. Soto................................................................... Acta de la sesión celebrada el 20 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. López y Soler............................................................................. Ponencia del Sr. Sancho..................................................................... Comunicación del Sr. Salto.................................................................. Comunicación del Sr. González Hontoria. ... .. . .... .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .... . .. .. .. .. Acta de la sesión celebrada el 21 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. Mcndizábal (D. Domingo).......................................................... Comunicación del Sr. Owipf sobre los motores marinos Diesel............... Comunicación del Sr. Owipf sobre el motor Diesel estacionario............... Comunicación del Sr. Roland (D. Enrique) ........................................ ,. Ponencia del Sr. Kindelán....... ... .. . . .. . . .. .. . .. . .. .... .. .... . .. .. .. .. ... . .. ... .. ... .. .. .. . . Ponencia del Sr. Samaniego... ... . .. . . .. ... . . .. ... . .. . .. . .. ... . ... .. . .. ... . . . . .. .. . . .. . . .. . Acta de la sesión celebrada el 24 de noviembre de 1919 y comunicación del Sr. Sancho (D. Ramón).................................................................. Ponencia del Sr. Barrón........................................... ,........................... Ponencia del Sr. Palanca..................................................................... Ponencia del Sr. Herrera..................................................................... Comunicación del Sr. Ortiz Artíñano.. .... ........ ...... . ......... ..... .. . .. ... .. .... . .... Conclusiones de la Sección 3.•, aprobadas previa modificación...............
303 318 319 341
342 348 351 352 355 361 362 375 380 397 4o6 407 41 I 412
419
422 435 437 429 440 445 453 461 468 4Ó9 470 soS 520 527 532 535 539
542 561 581
615 627 646 659 675
fu:-IDACIÓN JUANELO TURRIANO
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fiDJDACJÓN JUANELO TURRIANO
Este libro se entrega gratuitamente a los señores socios protectores, corporativos y numerarios del Congreso. .AY' Los que no lo sean podrán adquirirlo al precio de 50 pesetas toda la obra o de 15 pesetas por tomo suelto.
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