EL PROBLEMA DEL
Abasto
de A guas P otables DE
TARRAGONA
SU CAPITALIDAD Y SOLUCIÓN
TARRAGONA TIP .
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EL
PROBLEM A DEL
Abasto
de A guas P otables DE
TARRAGONA
SÜ CAPITALIDAD Y SOLUCIÓN
FUNDACIONJUAHCIO tW M m BIBLIOTECA
TARRAGONA
TIP
D E A.
VENTURA 192 2
ALTES
MOCIÓN sobre el Abasto de Aguas de Tarragona presentada por la minoría Municipal Tradicionalista {Se ñ o r e s :
No es, en manera alguna, nuestro intento, al ocuparnos de un problema tan arduo, tan capital para nuestra ciudad, como el Abasto de Aguas de la misma, sin cuya solución feliz y prévia no pueden solventarse otros problemas no menos capitales como los que se relacionan con la higiene, belleza, pulcritud, desarrollo económico y urbano, todos complementarios y tributarios del primero para elevar a nuestra población a la altura a que por razones geográ ficas e históricas el destino la impulsa (1), no es en ma nera alguna nuestro intento, hemos de repetir, molestar a ninguno con una disertación que la complejidad propia del tema hace larga y pesada para aquellos ediles que han meditado poco o no se han penetrado de te responsabilidad abrumadora y los graves deberes anejos a su cargo, sino, por el contrario, queremos responder y respondemos a lo que consideramos un sagrado deber, deber ineludible que no en vano invocamos, dada la magnitud enorme y la des proporción entre la pequenez de nuestras fuerzas y la gran deza y complejidad de nuestros propósitos y de nuestros intentos: que abarcan los problemas capitales que vamos a abordar sucintamente tantos ramos distintos, tantos cono(Véase Apéndice Nota 1.
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cimientos diferentes y tal preparación circunstancial, que hoy día en que se manifiesta la general tendencia, conse cuencia del principio económico moderno de exagerada división del trabajo, a la especialidad facultativa, resulta poco menos que imposible hallarlos reunidos en una sola mente, en un solo cerebro o individuo, porque afectan a muchas facultades diferentes científicas. Tampoco deseamos inculpar a ninguno de una manera definida y concreta, sino por el contrario diluir y disolver la responsabilidad que alcanza a todos, que todos en pa sados desaciertos y omisiones culpables pusimos nuestras manos; porque señores; al ser el municipio una especie de símbolo, de expresión, de representación, de extracto, o síntesis de todo pueblo o núcleo ciudadano, es evidente que ha de participar de sus virtudes como de sus vicios, de sus defectos y de sus perfecciones. ' Para atajar y corregir aquellos y fomentar por el con trario estas últimas, precisa conocer y eliminar sus verda deras causas, sin lo que no es posible modular los efectos, síntomas simplemente de hondas radicaciones que retoñan con nuevas energías si no se estirpan desde sus orígenes; que es fácil comprender y demostrar la inconsecuencia de todo ciudadano, entidad, concejal, prensa, pueblo, ciudad o núcleo colectivo, que, sin curarse de averiguar las cau sas, inculpa torpemente a los efectos, y en esta inconse cuencia caen cuotidianamente los infinitos críticos que bien con la palabra, bien desde las columnas de la prensa perió dica, fustigan por costumbre y acéfala rutina al Consisto rio, responsabilizándole de aquellas deficiencias y defectos de que estos organismos directivos locales son un mero reflejo, un eco fidedigno y necesario, un espejo verdad, aunque indiscreto, de los vicios, defectos y dolencias de la colectividad que sintetizan. Pero dando de lado a estas derivaciones naturales y ■lógicas que nos conducirían demasiado lejos, no sin apro vechar la coyuntura para manifestar que este es uno de los motivos que justifica nuestra disconformidad con un régimen que presenta tales incongruencias, haciéndonos ardientes partidarios de los fueros, libertades y la autar quía, en fin, municipal, comarcal y regional, acreditada ya por la experiencia histórica española, vamos a contraemos al tema principal de esta moción. Parece innecesario ponderar la implacable necesidad que siente Tarragona de aportar a su seno, sediento, con-
- 5 traído, deformado, abundoso caudal de aguas potables, lo más puras posible química y bacteriológicamente. Si no bastase a demostrar esta necesidad imperativa la inspección ocular de la zona en donde se levantan sus ci mientos, (sensible y apreciable hasta para el viajero inteli gente al rápido rodar de su vehículo, no hablemos para nada del natural o simple residente que palpan, cada día, esta mortificante deficiencia, perpetuo freno de su fuerza expansiva y de su desarrollo comarcal, agrícola, rural, urbano y económico), ahí están archivados, en nuestro municipio, la série inacabable de expedientes largos como los lustros que presidieron su elaboración y sellaron, no obstante su fracaso, dichas aspiraciones ciudadanas. Su no realización, su simple aplazamiento, supone y representa el estacionamiento>cuando no el retroceso ciu dadano, confinándolo a su presente mediocricidad, a su limitada significación, a su reducida magnitud, a su media tizada y confinada expansión financiera o económica. Cuando el convencimiento y la intuición acosan de consuno el ánimo del hombre hasta el punto de conducir por unanimidad a todo un pueblo culto y civilizado a un expontáneo y definido estado de opinión favorable a un proyecto considerado como imprescindible, es un apoca miento lastimoso, un adocenamiento vergonzante, un pro ceder indigno y pusilánime, pararse demasiado en menu dencias, despreciables excrúpulos que dan una impresión tan depresiva como desfavorable, tanto del municipio, or ganismo dirigente local, como de la ciudad que le ha ele vado mediante su sufragio. Y... hemos de preguntar... ¿Hay, señores, derecho, a poner o dejar a la ciudad en semejante desairada evidencia? Son aplicables a semejantes casos en su modesta relativa escala, muchos altos ejemplos, que cortan simplemente, sin siquiera pararse en deshacerlos, todos aquellos nudos que constituyen formidables obstáculos a sus aspiraciones espansivas o amenazan interrumpir o desviar desfavora blemente sus destinos. Si como en suponer nos complacemos, eJ Municipio está constituido por hombres comprensivos y amantes de su pueblo, no por vanos muñecos más propios de un gui ñol que de un escaño, el abastecimiento de aguas, nudo gordiano que trae agarrotada a la ciudad, entendemos que ha de ser suprimido definitivamente sin experimentar vaci laciones: que hecha excepción, acaso, de algún adocenado
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o pusilánime o alguna mentalidad fosilizada, lo mismo la presente que las generaciones venideras no tendrán sino elogios y entusiastas aplausos para un ayuntamiento que, logrando dominar las circunstancias que tropezaron sus predecesores, consultando el horóscopo local y comarcal, supo leer y traducir fielmente los futuros destinos de nues tra población y engranar a pretéritas grandezas un porve nir armónico no menos floreciente. Esta es nuestra opinión expuesta o bosquejada a gran des rasgos y que sin padecer vacilaciones pero sin pretensioues de infalibilidad, enfocamos en la indicada forma, hallándonos dispuestos, lo mismo a rectificar nuestro cri terio y nuestro parecer ante argumentos de mayor pesa dumbre, solidez y pujanza, que a apoyar a cuantos coincidan con nosotros en, lo que hemos tenido el honor de exponer, siempre en pró,‘ a nuestro juicio, de la ciudad que un día nos elevó al escaño que ocupamos. $ Si es en nuestro concepto, como acabamos de exponer brevemente, la orientación municipal mejor de Tarragona, el enfocar pronta y resueltamente el capital problema del ABASTO del AGUA, no queremos significar con ello, en modo alguno, que este haya de enfocarse y efectuarse sin la preparación más concienzuda, el acabado estudio, la prudencia y cordura más...... cumplidas, para garantizar el éxito completo, fácil, por otro lado, de frustrar si se des cuidan estas precauciones. Nos importa también hacer constar, que no debe entre garse el Municipio en los brazos de un técnico, por com petente que se le suponga; porque entre otras razones de índole delicada y enojosa, precisaría asesorarse en muchos a la vez, dada la heterogeneidad de los problemas que comprende y abarca el general, como irá evidenciando el desarrollo sucesivo y metódico que, sin nuevos preámbu los, pasamos a abordar. *** El abastecimiento de aguas de Tarragona, si bien es un problema complicado, y no otra cosa que pruebas evi dentes de lo dicho son la serie variada e infinita de extériles esfuerzos ocasionales de ese recelo y esa desconfianza que flota en el ambiente ciudadano, no es tampoco un problema inabordable.
- f La primera dificultad que, en general, ofrecen los pro blemas, tanto más importante cuanto más complicados y complejos, es su planteamiento, y a defectos del mismo, a deficiencias y a equivocaciones,—(insuperables, en gene ral, para los regidores, sobrados de plausibles entusiasmos pero frecuentemente faltos de competencia y de prepara ción)—deben atribuirse los ruidosos y múltiples fracasos de los ayuntamientos anteriores. Un buen planteamiento en problemas de esta índole que no contraen sus limites ni sugetan su vasta irradiación a los de un ramo técnico sino que se bifurca y simultánea mente invaden muchos, precisa anticipar un metódico es tudio, después de sugetarle a una especie de detenido y minucioso análisis, para poder llegar a discernir, aislar, clasificar, etc., todas y cada una de las parcialidades que le integran, para después ceñirlas y adaptarlas a las nece sidades y posibles de la localidad que le plantea. Cuando desde el consistorial punto de vista, clavamos fijamente la mirada en el problema magno del abasto, y con la firme voluntad de explorar sus entrañas y descubrir su médula, logramos horadar su superficie penetrando en su urdimbre y en su trama, es relativamente fácil apreciar que está constituido por una suma, sucesión o empalme, de un triunvirato de parcialidades entre sí heterogéneas, que determinan otros tantos problemas que, si comparati vamente al principal pueden considerarse secundarios, son de importancia suma, sin embargo. Sorprendidos apenas y saciada con ello la imperiosa necesidad de descubrirlos, comienza a bosquejarse el na tural deseo de conocerlos y de clasificarlos con rigor mate mático. El primero que nos ofrece su insinuante silueta, el que en la rigurosa prelación que exige y que requiere el plan teo sereno, reflexivo, acertado y metódico, exhibe y so bresaca su enérgico relieve definido por vigorosos rasgos, es la necesidad precisa, primordial, imperativa, sin la cual no hay la posibilidad de dar ¿m paso, de la busca, captura y apropiación municipal de un caudal abundante, propor cionado al fin que se persigue, de agua dulce y potable. Convendrá averiguar a estos efectos, detalle prévio fácil de obtener, que caudal se precisa y se requiere. No está tan definida la prelación de las otras dos par tes que integran el problema del abasto, constituidas por los problemas económico y técnico, o sean por la fórmula
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o sistema de obtener y aportar los medios económicos o recursos precisos para factibilizarle y traducirle en realidad feliz y en hecho consumado, y por el proyecto facultativo hidráulico, abarcando el estudio, planos y presupuestos de los dispositivos conductores desde la toma de aguas inclu sive hasta las balsas, depósitos o estanques de la localidad a abastecer. Nosotros optaremos, sin embargo, por dar la preferen cia prelativa, al problema económico, tanto porque consi deramos absurdo, adocenado, impropio, imprevisor e improcedente, sugetarle a una tasa limitada por presupues tos técnicos fáciles de ser cortos o ser largos, como por estimar que habiendo de acudir a un suficiente empréstito para simultanear, con el de abasto de aguas, varios otros problemas no menos capitales para nuestra ciudad, sopeña de incurrir en la inmensa torpeza de exponerla a pagar, por desaprovechamiento necesario del complemento de agua destinado a servicios cuyos proyectos no se simulta neen, intereses que no pueden rendir lo que rituen (1),— (que mal con una parte de intereses rituando, pueden sa tisfacerse los devangos totales del necesario espréstito)— siendo evidente que hemos de condenar el cuenta-gotas como aparato métrico del cálculo económico que debe pre sidir el del empréstito. Ciñéndonos ahora al plan expuesto, innecesario nos parece insistir sobre la prioridad indiscutible de la busca, captura y apropiación municipal del agua suficiente y sus ceptible de conducirse a la ciudad, sin lo que huelgan los términos restantes del problema de abastos, o este se mo difica y descompone en otra serie de problemas parciales y menores, sumandos del caudal imprescindible, que se traducirían en más complicación y mayor carestía y presu puesto. Esto, ni necesita demostrarse ni es pertinente ínterin no se pruebe la imposibilidad de un único proyecto. Este primer problema, es eminentemente geográfico como evidenciaremos fácilmente, así como también demos traremos que en él y en el segundo o sease la fórmula económica de aprontar los recursos que exige el respectivo presupuesto,—(proporcionales, de un modo necesario, a la poco considerada magnitud de la empresa y al beneficio inmenso que ha de proporcionar a la ciudad valorizando considerablemente todo su patrimonio)—han sido ios es(l) V. Ap. N. 2.
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eolios principales en los que han zozobrado cuantos pro yectos de abastecimiento se han sucedido desde hace 40 años en nuestro Municipio. En cuanto al último de los del tiunvirato de problemas parciales en que hemos descompuesto el principal, o sea el anteproyecto o anteproyectos técnicos, tanto de las obras hidráulicas en el punto de origen o de toma como su conducción hasta destino o aun su distribución en este, es problema al alcance de los profesionales, debiendo, a nuestro juicio, ser objeto de un concurso, con un premio de cierta y calculada magrfitud, (25 a 30 mil pesetas) para el que resultase preferible en razón de su mérito y de la economía que obtuviese, supuestas igualdad de circuns tancias, (solidez, duración, eficiencia, eficacia, etc., etcé tera), comparativamente con los demás proyectos concu rrentes.
REASUMIENDO El problema o proyecto de Abasto de aguas de nuestra población, abarca y se divide en otros tres problemas principales e independientes, hasta cierto punto, en razón de su heterogeneidad. Estos son: 1. ° Busca, captura y apropiación municipal del caudal de aguas dulces y potables, suficientes para cubrir todas las exigencias dé un importante núcleo ciudadano moderno. 2. ° Fórmulas económicas de obtener y aprontar los recursos fiduciarios precisos para cubrir con margen des ahogado la cuantía total del presupuesto del abasto, con cuantos presupuestos supletorios se puedan derivar con el bien entendido fin de factibiiizar el aprovechamiento total y simultáneo del caudal aportado. 3. ° Anteproyecto o anteproyectos técnicos, tanto de las obras hidráulicas hasta el punto o depósito de toma, como desde este hasta la población y aun su distribución en esta, con su correspondiente presupuesto. A
** Ocioso nos parece demostrar, por ser elementalmente evidente, la cordura de establecer y definir, como una cuestión previa a dilucidar, la cuantía, siquiera aproxima da, del caudal de agua que la ciudad precisa, indispensable dato para orientar su busca y negociar su pronta adquisi ción municipal.
10 Como dato elocuente y expresivo, vamos a consignar los distintos y opulentos caudales de que disponen, por día y habitante, las ciudades siguientes: Washington, 3.000 litros; Roma, 1.015; Búfalo, 845; Marsella, 765; Chicago, 636; Glasgow, 560. Son, se podrá objetar, ciudades extranjeras, algunas radicando sobre márgenes de caudalosos ríos. Consigne mos ahora ciudades españolas, varias de ellas situadas en regiones de climas parecidos a los nuestros. Oviedo, 536 lts; Madrid, 360; Cuenca, 330; Valladolid, 286; Bilbao, 261; Orense, 316; Santander y Pamplo na, 200. En Tarragona, se cuenta únicamente con 76 litros por día y habitante, es decir, la mitad de lo que se considera como límite mínimo, y todavía parte de esa mitad, de esa media ración, se tiene o se disfruta en alquiler. El caudal propiedad de la ciudad, es menor todavía. No hablemos para nada, de que la zona en que eleva y levanta sus muros milenarios y ciclópeos la consular y la imperial ciudad de otras edades, tanto por la dulzura de su clima, de marcado cariz mediterráneo modificado tan ventajosamente por su soberbia exposición solar y por las espalderas naturales de las sierras vecinas que, en régio semicírculo, como inmensa corona, la ciñen y protegen de los vientos del norte, como por la objetividad que cuerda mente debe perseguirse (1), complementando sus muchas seducciones naturales con las artificiales al alcance de la mano del hombre, como su ornato y embellecimiento, (bordados y paréntesis urbanos de parques y jardines) y su higienización, (sistemas de automática expulsión de aguas sucias y excretas mediante dispositivos de descarga periódica) que tanta agua requieren, para hacer de nuestra urbe un atrayente punto de turismo y una estación de in vierno inmejorable que obre como un imán sobre el mundo opulento. Prescindamos de la evaporación enorme y desmedida de los órganos vegetales aereos, foliáceas superficies fo restales de los parques con sus complementarios bosquecillos, y el riego de jardines, praderías, mercados, pavimen tos, paseos, plazas, calles, en climas como el de nuestra zona y de nuestra ciudad (2). (1) V. Ap. N. 3. (2) V. Ap. N. 4.
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Hagamos caso omiso de las mermas periódicas de los caudales de agua de que se ocupan diferentes y distingui dos sabios, que se suceden cada 35 años, (al año 1920 correspondió una máxima) ^respondiendo a los períodos de humedad y sequía relacionados con las alternativas del calor emitido por el sol y con las manchas en el mismo observadas denunciando diferencias considerables en su actividad (1). Siempre resultará, que si para otros climas y para otros destinos y obgetivos, puede haber suficiente, puede considerarse como mínima dosis, 150 litros por día y habi tante, como hubo de acordar y concluir el IV Congreso Nacional de Arquitectos celebrado en Bilbao el 1907 (2), para nuestro proyecto, para nuestra ciudad, este es insu ficiente a todas luces, y si no duplicarle, debiérase elevar hasta la cifra de 250 litros por día y habitante, como mí nimo. Nos parece, no obstante, que la cuantía o caudal ex presado como unidad de cálculo, no puede referirse ni a las pretéritas ni siquiera a las presentes cifras expresivas del actual censo de nuestro núcleo urbano, sino ha de mo dularse, anticipando previsora y prudentemente el pensa miento intervenido por la visión exacta y meridiana de la suma de fuerzas y energías impulsoras del expansivo des arrollo, más bien que pronto, súbito, que iniciará la feliz realización del problema de abastos; que tomando la pre visión y el cálculo la delantera a los expansivos aconteci mientos citados, precisamente para presidirlos y factibilizarlos, evitando la inmediata reproducción de análogos efectos coercitivos a los que se pretende subsanar, se lo grará anular y suprimir, durante el curso de unas genera ciones cuando menos, ese funesto freno que con tanta eficacia y eficiencia se ha venido oponiendo al natural pro greso de esta, por otro lado, afortunada población litoral. El censo más moderno de la misma nos hubo de arrojar 27.883 y 28.009 habitantes de hecho y derecho respecti vamente. Partiendo para el cálculo del agua de la cifra 30.000 y multiplicándola por 250, nos dará como necesario a la sazón, 6.500.000 litros de agua por día, equivalentes a 6.500 metros cúbicos por cada 24 horas. (1) V. Ap. N. 5. (2) V. Ap. N. 6.
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Entre el agua de propiedad y de alquiler de nuestro Municipio, se vienen a sumar 91875 plumas, que a razón de 2.340 litros pluma-día. resulta un caudal diario de 2.149’875 metros cúbicos en total, y unos 76 y pico litros por habitante y día. Preciso es aportar la diferencia entre 6.500,—menos 2.149’875 igual a 4.350’125 metros cúbicos diarios. Pero esto, no prevee el crecimiento de población ni de exigencias que, elevado a su duplo como previsión mínima, lo cual no constituye una exageración si se tiene presente que parte de la actual es alquilada y debe prescribir un día u otro, y el cálculo del duplo no se ha hecho sobre el caudal total sino sobre el defecto o diferencia entre la que disfruta la ciudad y la que necesita a la sazón, resultará elevada, la cifra mínima del caudal previsor a abastecer, a 8.700 metros cúbicos, equivalentes a 3.717‘94 plumas diarias. Desde esta cifra mínima en adelante, nada hemos de decir concretamente, pues aun cuando tenemos nuestro juicio definido y formado, basándose en premisas de pro babilidades, no puede presentar ese carácter de seguridad siquiera relativa que permita exteriorizar francamente una cifra, inclinándonos, más bien que a quedar cortos y a pecar por defecto, a hacerlo, en todo caso, por exceso, cosa que en cierta escala razonable, ningún mal, sino por el contrario mucho bien había de acarrear a la ciudad, contribuyendo al fomento de su fecundidad agro-pecuaria y de su forestal frondosidad, pulmones ciudadanos salutí feros de gran valor estético e higiénico, que nunca fué, tal vez, más aplicable que a este caso, aquel famoso adagio o aforismo «nunca por mucho trigo fué mal año». ❖ ¥ Ha llegado el momento de abordar el primero de los problemas enunciados, según la rigurosa prelación que hemos establecido. Sin olvidar y sin desconocer que el caso que tratamos ha de ser rigurosamente intervenido, mediatizado con alguna frecuencia, por los consejos y los imperativos económicos, la busca y la captura del caudal de aguas puras y potables precisas al Abasto, es, sin duda ninguna, como indicamos oportunamente, un problema eminente mente geográfico. Hemos dicho eminentemente geográfico, porque si bien
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puede frecuentemente resultar geológico, ambas ciencias, no exactas pero sí naturales, tanto por su etimología como por otras causas y razones de mucha pesadumbre, son tan afines y tan concomitantes, que si no en el tiempo, vienen a ser lo mismo en el espacio como lo prueban muchas definiciones de sabios eminentes, «La geografía es la cien cia del presente de la tierra». «La geología, es la ciencia o geografía del pasado» o’«La ciencia, a la luz del presente, del pasado geográfico» como la definía el célebre Lector, M. Mackinder, de la Universidad de Oxfort, no pudiendo ofrecer vacilaciones, las relaciones íntimas y profundas que ambas ciencias sostienen, como Sir, Archibalt Gbikic, geólogo eminente anglo-sajon, hubo de evidenciar, reasu miendo la discusión habida en Nottingham entre las dos secciones geográfica y geológica de la Britist Associatión, viniendo a concluir que si la geología no es la exclusiva y más segura fuente o base geográfica, como hubo de sos tener el gran geólogo alemán Von. Richthofen es una de sus bases principales, resultando ambas ciencias tan afines y hermanas, que a no surgir y aparecer, en el tiempo, la una, cuando la otra se extingue, muere o desaparece* po dríanse tomar como ciencias gemelas. No puede ofrecer duda para nadie, que aunque el agua potable, antes de descender en benéfica lluvia de las nubes, procede de la costra de la tierra o de la superficie de las aguas pelágicas, lacustres o fluviales, sugeta como se halla y obligada a ese ciclo perpétuo, a ese corso y recor so, a esa doble circulación de la costra terráquea a la admosférica, del líquido al estado vaporoso, y de este nuevamente, retrogradando por la condensación, al estado de líquido cuando no pasa al sólido bajo forma de nieve o de granizo, no puede ofrecer duda, repetimos, que es la lluvia, en sus diversas formas meteóricas de rocío, chu basco, nieve, granizo, niebla, etc., etc., el fenómeno clave de ese dispositivo tan natural como maravilloso para los que bucean en las profundidades de las ciencias,—(que es una gran verdad, como dice el filósofo, el que la mucha ciencia nos conduce hacia Dios así como la poca nos aparta)—que reparte y modula la humedad tanto en el tiempo como en el espacio, regulando la escasez o abun dancia de las aguas, fuentes, ríos, arroyos, lagos y depó sitos todos en que el hombre toma la necesaria a la satis facción de sus necesidades. Así mismo, no puedq ser dudoso, que siendo el agua
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dulce, como todo fenómeno meteórico, del dominio geo gráfico, nos hemos de inspirar en esta ciencia para orien tar nuestros inciertos pasos, buscando en la complejidad de los fenómenos que examina y estudia, los relativos a la * manera práctica de despejar la incógnita, resolviendo, con la ecuación, el problema de Abastos. Notorio es el influjo de los climas sobre el conjunto de fenómenos geográficos y muy especialmente sobre los re lativos a las aguas potables: fácil de solventar este proble ma en las proximidades o riberas de grandes masas de aguas no saladas, como rios o lagos, serranas altitudes de ciertos litorales o extensas e importantes fragosidades fo restales, signo o síntoma cierto, (no importa discutir si efecto o causa, no obstante de inclinarse el preopinante, que unas veces es causa, otras efecto y en muchísimos casos y numerosos climas, causa y efecto simultáneamente en superposición feliz y afortunada, mutuamente excitán dose e influyéndose)—de precipitaciones abundantes, es tanto, en general, más árduo y complicado, en igualdad de climas, cuanto estas circunstancias se van eliminando o desplazando o invirtiendo, hasta trocarse en problemas inabordables económicamente, en aquellos parajes de ré gimen climático desértico. Hay, sin embargo, notables excepciones. El régimen del Nilo, v. g.: constituye una de las más típicas. No obs tante de nutrir su seno caudaloso, en las vertientes de los frondosos montes y macizos abísinios o etíopes, donde se precipitan en torrenciales lluvias y chubascos las aguas que el calor ecuatorial roba, por evaporación, a los índicos mares, las orienta y conduce a través de millares de kiló metros, (5.940 kilómetros rriide la longitud del cauce) de desolados páramos y de inmensos desiertos (Núbico, Líbi co, Arábigo, etc.) hasta verterlas, a través del Egipto, de esa especie de alternativa caja de pandora y cuerno de abundancia y opulencia, de plagas y desastres y flaquezas alternando con soberbias cosechas, exquisitas cebollas y legumbres y vacas desmedidamente gordas, para verterlas en el Mediterráneo, en el latino lago que lame nuestras playas levantinas, no sin fertilizar una extensa comarca y amplia zona en la que se levantan ciudades importantes como el Cairo, la misma Alejandría, Ismailia, Portsaid, Suez, etc., que sin el singular y referido régimen fluvial, no hubieran encontrado, tan siquiera, ni factibilidad de subsistencia.
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Hemos evidenciado, y además constituye un axioma científico, contra lo que pensaban los antiguos, que el ori gen de las aguas potables, está en las meteóricas, y muy singularmente en las lluvias y nieves, porque las geológi cas, subálveas, subterráneas, tienen, exactamente, la mis ma procedencia. En la imposibilidad, sino absoluta, económica, de apro vechar las aguas del Francolí o del Gayá sin exterilizarlas previamente, dadas la densidad de población rural habi tando sus márgenes y la peculiar hidrografía .y el régimen climático medio mediterráneo de la zona a explorar vecina a la ciudad, de cuencas numerosas y pequeñas más propias de barrancos torrenciales que de arroyos o rios, respon diendo a las lluvias, si,impetuosas, escasas y mal distribui das «n el tiempo y espacio, propias y peculiares de esta clase de climas. En la imposibilidad, también, sino absoluta, económica, de aprovechar, como en el caso típico del Nilo, un seme jante régimen fluvial, que atraiga aguas potables de regio nes climáticas distanciadas o antípodas, v. g.: del Ebro, Segre, Cinca, etc., proyectos singularmente onerosos por causas y razones orográficas, que a más de dilatar consi derablemente los recorridos para la conducción, precisarían largas horadaciones o túneles hidráulicos para hallar con diciones de nivel y salvar el recinto de las sierras que semicircunvalan la ciudad. En la improbabilidad muy verosímil, de hallar aguas surgentes, artesianas (que suelen ser, por cierto, las mejores, bajo el aspecto químico y sobre todo bajo el bacteriológi co, cuando proceden de ciertos horizontes y niveles)— tanto por la excesiva inclinación y el rápido declive estratigráfico desde las litorales serranías hacia la costa próxi ma, buceando y sumergiéndose en el mar donde es lo verosímil que desagüen en fuentes submarinas, por pre sentar en sus profundidades los valles y las cuencas litora les de las constituciones geológicas de apreciables riquezas en hídricos caudales, los ejes (talweg) sinclinales y por lo tanto las resistencias mínimas de la especie de vaso o re cipiente subterráneo que explica las surgencias artesianas; tanto, hemos de repetir, por lo que queda expuesto, como porque las restantes constituciones geológicas de la zona a explorar, suelen, en general, ser escasas y pobres en hí dricos caudales, y aún en el caso singular de ofrecerlos en
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alguna cuantía relativa, acostumbran a ser menos reco mendables por deficiencias de potabilidad. (1) Considerando el clima, el sistema orográfico, régimen hidrológico, constitución geológica y demás peculiaridades netamente geográficas de la zona a explorar. Considerando las peculiaridades, de origen asimismo geográfico, del grupo o la fracción de humanidad que re side o radica en la zona que vamos, de tlri modo apriorís* tico, explorando, con sus costumbres, aficiones, necesida des, profesiones, en una mayoría agro-rurales y en que por consiguiente han debido esforzarse en agotar, durante el lento y magestuoso paso de mil generaciones sucedá neas, los caudales externos o visibles y subálveos, puestos por la naturaleza a sus alcances, tomando, avaramente, todas las precauciones, jurídicas, sociales y políticas, para garantizar su propiedad, imposibilitando, económicamente, cuando menos, lo mismo a la ciudad que al Municipio que a otra entidad cualquiera, colectiva, —(y ha llegado, seño res; el momento de tributar un caluroso elogio y un senti do recuerdo de noble gratitud a los Dres. eximios Arzo bispos Santián y Armañá y a los modestos monges del cenobio que cedieron tan generosamente a la ciudad el caudal que hoy disfruta)—para solucionar este problema por la compra parcial de numerosos manantiales, fuentes y afloraciones de caudales reducidos subálveos, causa efi ciente práctica del tantas veces repetido fracaso de nues tros Municipios, que en tan desproporcionada como des comunal batalla con los hechos geográficos y con la reali dad, esa sultana que todo lo domina y avasalla, se estre llaban en ella de un modo lamentable y lastimoso, por no •acertar, como llevamos dicho y demostrado, al debido planteo del problema geográfico, claro que rigurosamente intervenido y mediatizado por el económico. Vistas, consideradas, estudiadas, todas las soluciones geográficas, dentro de nuestro confinado marco financiero. Habiendo de impugnar la compra fragmentaria de atómi cos y múltiples caudales, sujetos además, por causas cós micas, a necesarias irregularidades periódicas en la cuantía de su escaso rendimiento. Habiendo de impugnar deriva ciones de lontanos rios y artesianas surgencias no menos distanciadas, todos en la vertiente opuesta del serrano ma cizo que semicircunvala el cerrado recinto que constituye (l).
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nuestra zona. Careciendo en el mismo de masas importan tes capaces de sangrías de caudales potables, no queda otro recurso que tomarlos directamente de la lluvia y la nieve. El pantano, señores, el pantano, la típica cisterna de los bíblicos tiempos, el heroico recurso de ciertas zonas y de ciertos climas, la mismísima incógnita que ha despejado ha poco nuestra vecina Reus..... He ahí la solución, única, acaso, dentro, repetiremos, del confinado marco financie ro, del difícil problema del Abasto. v
Una vez demostrado y admitido, tanto el origen única y .exclusivamente meteórico de las aguas potables como el que por evidentes y cuádruples razones del orden u órde nes orográfico, geológico, climático e hidrológico y aun del orden jurídico y social en las mediatizaciones, no por más insconcientes menos geográficas, que ambos experi mentan, han ido inexorablemente eliminándose todas las soluciones, hecha excepción de dos, o sean; el pantano, que llamaremos A)—la clásica y la bíblica cisterna, la me jor, la más cierta, segura e indicada; la surgencia antesiana, que llamaremos B)—improbable, insegura, problemática, pero que no por eso hemos de retraernos de tratar (1); una vez, repetimos, demostrado y admitido lo expuesto, vamos a dirigir nuestras indagaciones al clima peculiar de nuestra zona, de la zona que nuestra economía nos permite explorar y muy singularmente a su pluviometría. Sabido es el carácter peculiar del clima litoral medite rráneo: las brisas y ios vientos procedentes de este mar reducido y confinado, jamás llevan la carga de vapores acuosos que suelen conducir los procedentes de los grandes océanos, (atlántico, pacífico) y por eso sus zonas litorales presentan ese aspecto que tanto las distingue y diferencia de las que están sugetas a los.influjos hídricos de las brisas y los vientos pelágicos, tendiendo a pronunciar sus carac teres, más térmicos y lumínicos; etc., pero también, por contra, menos húmedos, a medida que avanzan tierra adentro, (climas de más en más continentales) que de trán sito en tránsito, del seco al estepário al paramario, acaban con frecuencia, en el desértico, típic5 límite de los conti nentales mediterráneos. (1) V. Ap. n. 8. 2
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No obstante ser también mediterráneo el dlima peculiar de nuestra zona, es, por nuestra fortuna, litoral y aun den tro de este carácter de suyo favorable, de lo más ventajo so de su especie, por los influjos altamente benéficos del sistema orográfico constituido por las serranías que la limitan y semicircunvalan. Es un hecho sabido, no ya exclusivamente como conse cuencia teórica y científica, sino como una y otra y otra vez repetido y rubricado por la experiencia y por la reali dad, el que las altitudes, (colinas, sierras, montes, etcétera) favorecen extraordinariamente las precipitaciones. La explicación no puede ser más obvia; al obligar al aire, las brisas y los vientos a elevarse para pasar sobre ellas y salvar el obstáculo que oponen a su paso, han de cruzar niveles admosféricos sugetos, en razón de su misma elevación, a menos grados térmicos, y no creo preciso de mostrar que el descenso de la temperatura en una admósfera de vapores acuosos, al acercarlos a -la saturación, acelera, de un modo necesario, su precipitación resolviendo y determinando la benéfica lluvia. ' Por eso, en general, la forma anfiteátrica orográfica, sin soluciones de continuidad en las cumbres que cierran el circuito, son uno de los tipos más caracterizados, geo gráficos, del régimen desértico. La norma natural establecida, la climática ley que hemos como enunciado, si es exacto que puede ser, y en efecto, es funesta, como lo prueban las grandes extensiones paramárias de parte de aragón y Cataluña, para las vertientes continentales del macizo costero catalán, no es, por nues tra fortuna, menos cierto, que para las vertientes litorales de las serranas crestas que vienen a confinar, dentro de nuestro marco financiero, la zona que esploramos, es una gran ventaja, que se resolverá frecuentemente en mayores alturas pluvimétricas, enriqueciendo en agua su períme tro, pudiéndose afirmar, en general, que si las precipita ciones de la planicie litoral o costera alcanzan una altura conocida, las de las faldas o vertientes serranas litorales, que están, por consiguiente, dentro de nuestra zona y cuyas aguas son absolutamente capturables para nuestro propósito, serán bastante más considerables. Como, por otra parte, el natural declive o desnivel de las vertientes, estímulo eficiente de su resvalamiento sobre la superficie de los suelos, permiten el aprovechamiento de mayor porcentaje que la precipitada en las llanuras que
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la empapan y filtran mucho más, facilitando, al propio tiempo, su acumulación, recogida y depósito (1). Abundando, como en todas las zonas orográficas, los puntos estratégicos fáciles de obturar económicamente, como prácticamente se comprueba por los varios proyec tos que tiene en su cartera la Sección Hidrológica de Inge nieros Civiles, que no han, ni mucho menos, agotado este tema (2). Sin perjuicio de insistir oportunamente sobre él y hasta hacer en su día un minucioso estudio oro-hidrográfico (3). Vamos a contraemos, de momento, a averiguar, las cantidades de agua que pueden recogerse en las cuencas serranas de esa zona. Según los datos agrupados por el Sr. Gorria y recogi dos en las 40 estaciones esparcidas por todo el territorio del Principado Catalán, constituyendo una espec e de rez meteorológica, la media pluvimétrica de la zona litoral de Tarragona, puede considerarse comprendida entre los 400 y 500 m/m de altura. Concuerdan estos datos bastante extactamente con los de otros autores (Guillen García, Gallego Ramos, Llauradó, Thos y Codina, Brunhes, etc.), según los que exceptuada la costa Tortosina, donde las precipitaciones oscilan entre los 700 y 800 m/m., es decir, las alturas pluvimétricas del norte de Gerona, en que este litoral mediterráneo hasta el del sur de España va paulatinamente decreciendo la altura o la columna de la lluvia, como puede observarse por los siguientes datos. Norte de Gerona, Olot, etc........ 900 - 800 m/m. San Feliu de Guixols.................. 800 - 700 » Canet de Mar, Arenys de Mar, Barcelona, etc.......................... 600 - 500 San Boy, Villanueva, Tarragona, Valencia, Alicante y Cartagena 500 - 400 Murcia, Almería, e t c .................. 400 - 3C0 . ;-> Idéntico fenómeno de paulatino decrecimiento de altura pluvimétrica modificado únicamente, en general, por las elevaciones y altitudes, se observa de Este a Oeste, es decir, a medida que va alejándose la zona literal y se va 0 ) V. Ap. n. 9. (2) V. Ap. n. 10. (3) V. Ap. n. 11.
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penetrando en la continental, hasta alcanzar las opuestas regiones sometidas a los influjos hídricos cantábricos o at lánticos. . Partiendo de la base de 400 m/nvde altura pluvimétrica y de un 15 por 100 aprovechable, prudentísimas mínimas (1) tratándose de zonas montañosas de grandes desniveles y de suelos desnudos o suelos forestales, precisaremos aproximadamente, 16’666 metros superficiales o cuadrados por cada metro cúbico en depósito, al año, o séase una cuenca de 4.000 hectáreas o 40 kilómetros cuadrados. No se requiere, pues, para cubrir las necesidades de agua de Tarragona ni cuencas como la del Amazonas, ni como la del Ebro, ni siquiera como las del Francolí y el Gayá, sino que bastaría con cualquier afluentillo de uno de éstos o con cualquier arroyo, barrancuelo o torrente, que es relativamente fácil encontrar y que debe buscarse en la zona forestal de las sierras semicircunvalantes, y a ser po sible en las constituciones geológicas primitivas que en dichas sierras abundan, por ser sus aguas las más reco mendables bajo el punto de vista de potabilidad. ** Como no es, ni mucho menos, nuestro propósito, abu sar de la tolerancia y benevolencia de los Sres. Conceja les, sin perjuicio de imprimir, para el que lo desee conocer y estudiar más minuciosamente, el desarrollo íntegro y más extenso del problema de abastos y sus derivaciones necesarias, vamos, por el momento, a abreviar algún tanto esta especie de exposición apriorística. Uno de nuestros objetivos hasta aquí, era, sencilla mente, el de dar la impresión de que no es un problema inabordable, sino que, bien planteado, tiene una relativa fácil solución, y esta impresión la hemos procurado muy de intento y propósito, para, por nuestra parte, prevenir ,el que los elementos de esta Corporación que llevan años y años en una brega extéril por la resolución del problema de abastos, impulsados por un celo desde luego plausible, pero también irreflexivo e indiscreto, cosa muy natural y muy humana, se dejen arrebatar precipitándose atropella damente por el primer resquicio de claridad que hiera su retina, habituada a las densas tinieblas que, hasta ahora, rodeaban este asunto, y hayamos de lamentar, en Tarra(1) V. Ap. n. 12.
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gona, que, después de tardar enormemente, resulte el parto de nuestro Consistorio una especie dé parto de los montes. Considerando las razones expuestas y las que nos re servamos desplegar debidamente, llegamos a las siguien tes conclusiones. La práctica manera de plantear el problema de abastos, es, en nuestro concepto, acogiéndose la ciudad, directa mente o por carambola, a las leyes de 7 de Julio de 1911, para la construcción, mediante la cooperación del Estado y de las provincias, representadas por las Asociaciones y Sindicatos interesados, de obras hidráulicas con destino a riegos, modificación de la ley de 7 de Julio de 1905, y al Real Decreto de 28 de Junio de 1910, ampliando la protec ción y auxilio que el Estado debe otorgar a todo el que quiera dedicar su capital y su trabajo a investigación y alumbramiento de aguas subterráneas, para poner en pro ducción la abundante riqueza perdida en el seno de la cor teza terrestre (1). En el caso de que los Municipios no se hallen com prendidos entre los. beneficiarios de estas disposiciones y leyes del Estado, cabe perfectamente una combinación con una asociación o un sindicato, como concesionario, que obrase en perfecto acuerdo, debidamente escriturado, con el Ayuntamiento, en forma parecida al actual concesiona rio del proyecto del Bruyent, pero en el bien entendido, que los auxilios económicos que concede el Estado, sean a beneficio de nuestro consistorio o nuestra población, que sería, en realidad, el encargado, de llevar a la práctica el proyecto. No hemos de detenernos en probar, (cosa es bien evi dente) que si la población se interesara en favor de un proyecto que tanto ha de valorizar su patrimonio, poniendo en juego todas las poderosas influencias y energías que viven y se agitan en su seno, se podrán quebrantar todas las resistencias oficiales. En el caso contrario, si el propio interesado que es la misma ciudad, se muestra y permanece indiferente, cosa que por inverosímil hemos de rechazar mientras no lo palpemos, después de haberla llamado y requerido, no hemos de ser.nosotros (me quiero referir al Municipio) más papistas que el papa, como suele decirse, (1) V. Ap. n. 14.
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afrontando una responsabilidad abrumadora que la misma ciudad nos pone en ocasión de declinar. Si, como es bien seguro, porque la ciudad respondiese comprensivamente a su propio interes, se consiguiese la concesión y subvención del Estado, quedaría a la par, resuelto, el problema económico. En efecto: sobre unos presupuestos de 4, 6, 8 millones, los que fueran precisos, que el Estado subvencionaría en su mitad, anticipando otro 25 por "/o reembolsable en veinte años, rituando un 2 por ° / „ Ínterin se efectuase el reembolso..... es fácil y sencillo, por demás, negociar un empréstito por el valor de todos los millones que requiriese el problema de abastos y los demás problemas supleto rios (1). Atribuyese a Salamanca, reconocida autoridad del f¡nancierismo español, el dicho y el concepto, de que hay dos modos, al parecer opuestos y antagónicos, de progreso y desarrollo económico. El uno, que dá a los simplicistas la impresión de más lógico, ahorrar, ochavo a ochavo, un capital; el otro, que la experiencia enseña que es más práctico y rápido, es derramar dinero previamente. No hemos de detenernos en citar las razones que mili tan en favor de uno u otro, pero hemos de afirmar, porque eso es evidente y escasa es la experiencia del que no lo haya visto y compulsado con meridiana claridad, que este método es el que lleva al éxito en los grandes negocios colectivos y es el únicamente practicado por los Ayunta mientos y los grandes Estados que van a la cabeza del financierismo mundial. Es evidente, (y perdonen' SS. SS. que volvamos a in sistir sobre el tema) la viva, intensa, severa e implacable necesidad que siente Tarragona, de aportar a su seno sediento, deformado, contraído, un caudal suficiente de agua para atender a su expansión y desarrollo y montar holgadamente sus servicios a la altura de las necesidades y exigencias de los pueblos modernos. Es también evidente, no con esa evidencia universal al alcance de todos, sino delimitada a los que han adquirido esa vasta experiencia de que los grandes viajes y grandes recorridos por el mundo son la mejor escuela, que, lo cuerdo, lo juicioso, lo acertado, no sería limitar el caudal del proyecto de las aguas, a las necesidades y exigencias (1) V. Ap. n. 15.
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del presente, del censp y de la industria de este momento histórico, sino que anticipando, la previsión y el cálculo, a los hechos inminentes y próximos de aumento, desarrollo y expansión del núcleo ciudadano y sus suburbios, primera y expontánea consecuencia que había de ofrecer la ejecu ción del proyecto de que nos ocupamos, se evite eficaz mente la inmediata reproducción de idéntico fenómeno o conflicto al que se procuraba subsanar, trayendo y apor tando, de una vez, un caudal superior al calculado como suficiente. Esta idea', que desde luego damos por descontado que a algunos de los que constituyen la actual generación se les ha de antojar desatinada, parecerá, por el contrario, sumamente feliz y altamente patriótica y plausible, a las generaciones venideras, que al heredar un patrimonio no solo eficazmente mejorado sino valorizado considerable mente, encontrarán justificado y rigurosamente equitativo, el descuento a su cargo, de un giro a largo plazo, que no vacilarán en aceptar: que si es verdad que tendrán que saldarlo, no será menos cierto que, el margen diferencial, a su favor, que arroge en el balance hereditario la plusvalorización originada por dicha operación, no solo bastará a cubrir la deuda contraida y girada a su cargo por sus an tepasados, sino que todavía quedará a su favor, lo sufi ciente, para considerarlo un negocio estupendo. Por otro lado: si la historia universal económica viene y constituir una demostración,—(evidenciando que estaban en lo cierto Adan Smith y los economistas de las escuelas clásicas antiguas que condenaban en sus orígenes las ten dencias modernas)—de la relatividad del valor del dinero, en constante descenso o depresión, comparativamente con i4 el fundamental valor de la riqueza revistiendo otras formas, como la propiedad, trabajo, etc.; si la guerra europea ha venido como a precipitar este fenómeno, pronunciando, de súbito, ese desequilibrio, tan sumamente expuesto para el vigente régimen financiero que Lenin y los suyos le seña lan como un medio eficaz de expropiación del capital; si nuestra generación, sin ir más lejos, ha visto suplantado el real vellón por la peseta, esta por el duro..... ¿es, acaso, un absurdo, el esperar, que en próximas etapas sucesivas, constituyan, sucedáneamente, la unidad monetaria, los billetes de 25, 50, 100, etc. pesetas? ¿Y que contestaría el Consistorio al pueblo ciudadano el día de mañana, si le pidiera cuentas de sus indecisiones
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para votar un gasto necesario, fatalmente llamado a irse elevando considerablemente cada día que pase? ¿Y que importancia ni significación tendrá esa suma que hoy parece amedrentar a nuestro consistorio, en la opuesta carrera desbocada que siguen actualmente la mo neda y los otros valores económicos? No hay motivo ni base, que justifique, esa especie de adocenado escrúpulo, impropio de las clases directoras, esa pasividad y como resistencia a la negociación de un crédito, tan ámplio como sea necesario, para hacer des cender de la región fantástica y platónica de un estéril deseo, al plano positivo de un hecho consumado, de una inmediata realidad espléndida, el proyecto, mil veces in tentado y diferido, de la traída de aguas. Una vez dominada, por el sereno cálculo sumado a la juiciosa previsión, esa tradicional dificultad del temor sis temático al empréstito, nacido de la esplicable incompren sión de problemas de esta índole y transcendencia en medio del ambiente confinado peculiar de una rancia ciudad ensi mismada en la contemplación de su propia y heráldica grandeza hondamente grabada en sus blasones, pero que no comprende todavía, clarividentemente, que para sus tentarlos y exponerlos con esa dignidad que reclaman tan imperiosamente por su propia esencialidad, son absoluta mente necesarias las talegas, productos expontáneos de vastas concepciones y complejos factores fiduciarios, e iniciativas nobles, rápidas, plausibles, capaces y patrió ticas. Tarragona, Octubre de 1922.
APEN DICE Ap. n. 1.— Conocidaes del mundo medianamente culto, la im portancia de la ciudad de Tarragona, en ciertas épocas del Consu lado y el Imperio Romanos. Después de Roma, fué la más populosa y principal, en algún tiempo. Claro que estas razones que invocamos bajo el nombre de histó ricas, son la consagración de realidades geográficas, y que aquellas, sin estas, no hubieran subsistido ni plasmado en la práctica, consti tuyendo un hecho consumado. El instinto geográfico, certero e intuitivo del gran pueblo Ro mano, que es uno de los más indispensables tanfo a los pueblos como a los estadistas para abrazarse con el florecimiento, se ha corno perpetuado en el llamado Campo de Tarragona, : donde se sigue aun por las generaciones que actualmente le pueblan, los hábitos agrícolas con el profesional perfeccionamiento que tanto distinguieron a aquellas sociedades en las que florecieron Platón, Varron, Virgilio, Columela y otras encarnaciones de la rural y agrí cola tendencia, y aun según opiniones llenas de autoridad y de buen juicio corroboradas por los actuales acontecimientos sociales, dichas orientaciones colectivas constituyen la más sólida base de. existen cia, progreso y desarrollo natural de los pueblos y colectividades, sensatas opiniones, sostenidas, entre otros, por Smith, (Adan) cé lebre economista anglo-sajon que floreció en Escocia en el siglo XVII, que opinaba y decía que a no haberse tergiversado e inver tido el orden y Id naturaleza de las cosas, el adelanto humano de biera depender del desarrollo agrícola, porque las guerras y las revoluciones cegaban y extinguían las fuentes de riqueza que manan de la industria y el comercio, pero las que brotoban del cultivo del suelo, eran más duraderas y más indesplazables, El truculento fracaso del sistema industrial que hubo de suceder y suplantar al agro-pecuario, viene a ratificar las teorías de esos economistas.
Ap. n. 2.—Confinado en efecto, el proyecto municipal y el con siguiente presupuesto para su ejecución, al problema exclusivo del Abasto, se deberá ofrecer sobre la marcha,'sin. posible sorteo ni evasión, el dilema siguiente. O se limita el caudal aportado a la ciudad a las necesidades pe rentorias del momento presente y a la capacidad distributiva de las actuales cañerías, es decir a la traída de 800 a 1.000 plumas como máximo..... O, en la imposibilidad de poner en debida circulación la parte de caudal que haya de destinarse al riego, la limpieza y el arrastre, mediante dispositivos adecuados de descarga automática, de las materias del alcantarillado, habra que resignarse a verter, extérilmente, dicho sobraute al mar. En el caso primero, dentro de dos, cuatro, seis años a lo sumo, se reproducirá, más agravado, el problema de ahora, el mismo que se quiere solventar.
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En el caso segundo, como careceremos de sistema adecuado, tanto distributivo de las aguas potables, de riegos y limpiezas, como del alcantarillado para expulsar las deyecciones, aguas blancas y negras, habrá que resignarse, como llevamos dicho, a verterlas al mar o darlas un destino menos útil y menos productivo, pero no sin pagar los intereses que devengue el diferencial margen entre los presupuestos de las aguas traídas y las utilizadas, es decir una renta negativa, un oneroso censo que por falta de previsión y cál- * culo habrá de gravitar sobre nuestra ciudad. Es, consiguientemente, necesario, simultanear, con el de Abasto de aguas, los proyectos y presupuestos de su utilización e inmediato devengo de intereses, es decir, el de distribución, dentro de la ciu dad, o sistema de cañerías adecuadas tanto para el servicio veci nal..... a) como para los riegos y limpiezas de calles, plazas, par ques y paseos.....b) como para eí dispositivo general y completo del alcantarillado.,... c) que factibilice la evacuación y saneamiento de la ciudad. *
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Ap. n. 3.—Cuando con la imaginación retrocedemos a las anti guas épocas históricas y con el pensamiento penetramos en la egrégia mansión amurallada, residencia opulenta..... y señorial de la joven matrona que doraba sus bluques abundosos robando al astro rey sus tonos y matices más expjén Jidos, y bañaba sus plantas en el tranquilo estanque, que, más' que lago o mar, bruñidísimo espejo semejaba, para ofrecer pretexto, en su altivez desdeñosa y pagana, al liviano placer de ver reproducida su femenina y singular belleza, comparando el matiz de sus pupilas grandes y rasgadas al purísimo azul del firmamento que en sus aguas también cabrilleaba, no es fácil, ciertamente, sustraerse, a aquel dolor, no por* más delicado menos hondo, del cadencioso canto del poeta. Estos, Fabio, ¡¡ay dolorü-que ves ahora Campos de soledad mustio collado Fueron un día, Ytálica famosa. Pero cuando par simultánea reacción del sentimiento y de la in teligencia obrando reciamente sobre la voluntad de sus hidalgos hijos, se logra condensar y reasumir dentro del marco de un fantás tico cuadro, los remotos y expléndidos pretéritos con los pobres presentes y brillantes futuros, se abre de nuevo el pecho a la espe ranza, y se acaricia la rosada idea de reconstitución de la.mansión, para que vuelva a ser la digna residencia de la hermosa matrona de otros tiempos, tocada con las galas más suntuosas que produjeron mil civilizaciones sucesivas, y ennoblecida, con el recato y el pudor cristiano, su más que singular peregrina belleza. •J:
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Supérfluo e innecesario nos parece, demostrar, que siendo Ta rragona el epicentro litoral de una zona tan vasta y opulenta como la que se extiende por las terciarias sábanas, llanuras o mesetas de parte de Aragón y Cataluña, fecundadas por los riegos del Ebro y de sus caudalosos afluentes, es decir: el epicentro litoral de la zona rural de regadío más extensa y más rica del bloque geográfico espa ñol; supérfluo, nos parece, ponderar el inmenso porvenir económico
27 que se abre, francamente, ante sus ojos, a base del intenso movi miento comercial y fabril, del flujo y el reflujo de productos agríco las, que deben abocar a nuestro puerto, como el más indicado para su importación, exportación, fabril transformación, tránsito y cabo taje. Sus excelentes condiciones marítimas de calado, limpieza, capa cidad, abrigo, etc., etc.; así como sus circunstancias de fácil y de pronta conexión con las vías terrestres; capacidad, facilidad y eco nomía de los almacenajes; menos kilometraje ferroviario, que se traduce en gastos inferiores de transporte y en ganancia de tiempo, oro también según el conocido adagio anglo-sajón; su mayor garan tía de no sufrir los paros y las huelgas consecuentes de las compli caciones y revueltas sociales del obrerismo y el proletariado; los gastos más modestos con relación a los puertos vecinos, de cargas, estadías y descargas; hacen, entre otras cosas que omitimos, de nuestro lindo puerto, el ideal para la importación y exportación y aún la transformación fabril de los productos de la zona rural de esta provincia y las de Huesca y Lérida y parte de las de Zaragoza y de Teruel. Ese enorme negocio, a base agrícola, fabril y comercial (porque industrias de otra índole, que exigen aportar sus primeras materias de puntos apartados y lejanos no pueden competir con la industrial vecina Barcelona, naciendo necesariamente muertas) proporcionaría a nuestra población un vigoroso resurgimiento financiero, y con él, las talegas, suplemento obligado de la rancia prosapia, linaje escla recido y aristócrata y los nobles blasones de que tan justamente se gloria y se precia, la antigua, la leal, la distinguida, hidalga, cata lana y española ciudad de Tarragona.
*** Múltiples y variadas pueden ser y son en realidad frecuentemeute, las objetividades ciudadanas. Objetivos religiosos, políticos, marinos, militares, agrícolas, fabriles, comerciales, mineros, vera neo. invernada, y mil combinaciones de estos y otros, habiéndolos también, para que haya de todo, que se caracterizan como potentes y perniciosos focos de desmoralización y censurables vicios y de fectos. Lo que caracteriza a Tarragona, es su riqueza en recuerdos y recursos admirables de valor arqueológico, que unido a la dulzura de su clima, a la viveza en luces y matices de su cielo purísimo, a su salubridad excepcional y a su privilegiada posición litoral geo gráfica, epicentro de una zona tan vasta como opulenta agro pecuariamente, hacen de su recinto un admirable centro de atracción del turismo, una ciudad de invierno capaz de competir con las más celebradas y una plaza soberbia comercial y fabril, de materias y artículos rurales. Ambos a dos primeros objetivos, turismo y población propia para el invierno, que por tratarse de la clase social más opulenta que es la que puede permitirse esos lujos, constituye caudalosa y saneada corriente de energías económicas, tiene dos exigencias severas, im periosas, implacables. Es, tal vez, la primera, (porque esta prelación está sujeta a los temperamentos) la de ofrecer todas las garantías de los modernos métodos higiénicos, que, si no constituyen infalibles seguros de salud y de vida, (punto capitalísimo dé vista para una social clase
28 que mira con espanto los dolores y acaricia y apega a la existencia como ocasión y fuente de placeres) merman considerablemente el porcentaje con que tributa el hombre a la mortalidad. La segunda exigencia del turismo, igualmente basada en la ma nera general de comprender la vida de las clases sociales que le nutren y proporcionan su mayor continjente, es la urbanización más acabada con graciosos bordados exteriores e interiores paréntesis de lindos parques, frondosos bosquecillos y floridos jardines que, desgarrando esa monotonía geométrica de las grandes ciudades a la manera de inmensos y prosálcos tableros de ajedrez, Imprimen al conjunto ciudadano una fisonomía placentera y poética, propia de la combinación graciosa de las arquitectónicas y severas siluetas hijas del arte artificiar humano, con las irregulares, caprichosas y variadas tonalidades y figuras adoptadas por. el frescos follage de las exuberancias vegetales hijas del arte soberano de la naturaleza, galanuras de sin igual belleza que embalsamando el aire con su aroma y obrando a la manera de robustos pulmones colectivos, ex tienden su benéfica influencia lo mismo sobre la fantasía, el alma y el espíritu que sobre el cuerpo o físico de todo visitante, turista o ciudadano. Y nada halaga tanto a los septentrionales que son los que más nutren las filas de esta especie de turístico sport, que esas ameni dades forestales, decorados magníficos botánicos intercalados entre las residencias, precisamente por ser, en general, originarios, de latitudes que sólo en miniatura y al abrigo de estufas y artificios carísimos, pueden proporcionarse. Tanto ambas exigencias severas, imperiosas, implacables, que pensamos haber evidenciado que presenta el fomento racional del turismo, como una de las más fundamentales que experimenta el desarrollo comercial y fabril, factores básicos del engrandecimiento urbano, comarcal y regional, vienen a confluir en la necesidad común, indeclinable y perentoria, absolutamente vital, de un abas tecimiento sumamente abundante de aguas potables. -
Ap. n. 4 —No es fácil, ciertamente, determinar con mucha preci sión las cantidades de agua evaporada. Estas están sujetas a cir cunstancias y contingencias térmicas higrómicas o higroscópicas, movimientos o agitaciones admosféricas, etc., sumamente variables y oscilantes. Varían asimismo las evaporaciones, según del medio sólido o líquido de que se desprenden, siendo determinables fácilmente por los evaporímetros, las producidas sobredas superficies de las aguas, de las que consignamos en el cuadro siguiente las registradas en poblaciones litorales más o menos vecinas de climas parecidos a la nuestra. Barcelona................................. ■• • ■ Mataró..................................... Villafranca del Panadés....... . . . . Villánueva............................... . . . . Palma de Mallorca................. . . . . Mahón (Baleares)................... . . . . Cartagena................ '.............. . . . .
2’6 milímetros. ■» » 2’4 » 37 » 2’9 » 3’9 » 4’6
29 Murcia............................. ............. 6’8 milímetros. » Alicante........................... ............. 4’4 » Albacete......................... ............. 5’3 » M álaga........................... ............. 4’4 » Cádiz............................... ............. 6’4 » San Fernando................ ............. 3’6 Como puede apreciarse, la latitud, por su influencia térmica, es, sin duda ninguna, el factor más decisivo de la evaporación y ios coeficientes de corrección mayores deben atribuirse.a los influjos de la higromicidad admosférica, como puede observarse en los re gistros de las islas Baleares y San Fernando de admósferas maríti mas más húmedas. Bastante menos fáciles de determinación y mucho más variables y oscilantes, son las que se originan sobre la costra sólida terrá quea, dependiendo su variabilidad, además de las circunstancias más arriba expresadas, de la naturaleza de los suelos, sus compo nentes y divisibilidad, de sus inclinaciones o declives, exposición, compacidad, color, desnudez, revestido vegetal, forestal, etc., etc. Es fácil comprender que en los suelos de cultivo desnudos, sea la evaporación más escasa, que hay que sumar a ésta, en los vesti dos, la más considerable de la transpiración vegetal. Según las interesantes experiencias de Vogel, la evaporación de un pie cuadrado en 108 días y una temperatura de 15 grados 2 cen tésimas, fué para suelos desnudos o desprovistos de vegetación de 7.044 gramos; para-suelos en cultivo de avena, 21.692 gramos; para suelos en cultivo de trigo, 20.169 gramos. Es decir; triple, en números redondos, la de suelos vestidos que la de los desnudos y equivalente, refiriéndola a la unidad usual de espacio y tiempo agrario, o sean hectárea y año a 2.240 metros cú bicos, igual a 224 milímetros altura para suelos'desnudos y 6.720 metros cúbicos, igual a 672 milímetros altura para suelos vestidos. La media de un decenio de experiencias notables efectuadas por Risler, en Ginebra, cuya temperatura media anual es de 9 grados centígrados 34 centésimas, sobre un suelo de esmerado cultivo, es decir, facilitando la completa absorción de las aguas de lluvia y res tando, mediante repetidas binas superficiales, interruptoras-de la capilaridad, mucha evaporación, hubo de resultarle de 693 milíme tros evaporados sobre 944 milímetros de altura pluvimétrica, es decir, una evaporación de 74 por 100 de la lluvia, siendo bien de notar que desde Junio hasta Septiembre en que se eleva la tempe ratura media a 17 grados centígrados con 27 centésimas de grado, toda el agua llovida (336 milímetros de altura) -quedaba evaporada. Según otras notables experiencias del mismo insigne autor, en la propia Ginebra, en tierras inmediatas a su famoso lago, la trans piración media, por hora y por decímetro cuadrado, de las superfi cies foliáceas que vamos a citar, fué la siguiente: Cesped de praderías .. ....................... 0’21 gramos. Robles y encinas en pleno desarrollo. 0’08 Pinos y abetos de 30 a 40 años......... 0'05 > Nogales en pleno desarrollo............. 0’04 . :> Viñas en pleno desarrollo................. 0’12 » Calculada la superficie media foliácea por metro cuadrado de terreno, no sin considerar que, en prados muy tupidos y en bosques
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de follaje exuberante, merman considerablemente las proporciones o superficies de transpiración las proyecciones, sobre las inferio res, de las capas superiores del ramaje, hasta el punto de parecer muy improbable que las superficies activas de las mismas soDrepuje jamás los 10 o 12 metros cuadrados por metro cuadrado de terreno, obtendremos las siguientes superficies foliáceas de transpiración: Cesped de praderías.................. 12’40 metros cuadrados. Robles y encinas en pleno des arrollo ...................................... » 9 ’00 » Pinos y abetos de 30 a 40 años.. 1175 » » Nogales en pleno desarrollo....... » 8’89 » Viñas en pleno desarrollo........... 4’94 » » Corrigiendo las medias de las observaciones efectuadas con arreglo a los resultados obtenidos y en razón de los datos registra dos de altura de las lluvias, deducidas las pérdidas de las aguas de drena, etc., etc., hubo de llegar Risler a las siguientes cifras expre sivas de!" consumo medio y diario de agua, suma de la transpiración foliácea vegetal, más la evaporación directa de los suelos sobre que vegetaban las especies citadas y que son las siguientes expresadas en milímetros de altura: Máxima
Mínima
Media
Cesped de praderías.................. 7 ’28 3 ’ 14 5 ’20 Encinas y robles en pleno des arrollo.............i ..................... 0 ’80 0 ’45 0 ’62 Pinos y abetos de 30 a 40 años .. rio 0 ’05 0'57 Viñas en pleno desarrollo......... 1’30 0 ’86 l ’OO Próximos resultados habían obtenido en Alemania Schubler y Scheidhen, explicándose las diferencias registradas por los influjos de la temperatura en la evaporación y de la luz en la transpiración, sumados a los demás factores del fenómeno. Sin pretender que tengan las cifras arrojadas por estas expe riencias un valor matemático y exactamente aplicable a nuestros cálculos, prueban, no obstante, suficientemente, lo enorme de la transpiración y la evaporación que necesariamente han de ofrecer climas tan cálidos como el de nuestra ciudad, y mucho más aún si se tiene presente su opulencia lumínica y los frecuentes y violentos vientos que la azotan y agitan. ‘•i- ss Ap. n. 5.—Notorio es el influjo de los climas sobre todos los fe nómenos geográficos y muy especialmente sobre los relativos a las aguas potables. Por. otra parte, la historia geológica moderna permite, parcial mente, apreciar y medir, al medir y apreciar sus consecuencias, las variaciones y los cambios de climas, cuya desmesurada lentitud en el inmenso curso de los tiempos, haría inapreciable, por sí sola, a la ciencia geográfica, que viene a ser la geología histórica, el seña lar fenómenos de esta índole. Ahora bien: La geología o geografía del remoto pasado nos en seña que en los albores de la era cuaternaria hubo un considerable enfriamiento acompañado de una gran humedad que ocasionó la
31 formación de glaciares inmensos en Europa y en el Norte de Amé rica, y dilatados lagos en las mesetas occidenlales de los Estados Unidos y centrales del Continente Asiático, es decir: en todo el hemisferio norte y ártico, mermando, al propio tiempo, considera blemente, la extensión, superficie o perímetro de los grandes de siertos, habiéndose probado que en aquella sazón surcaban el del Sahara importantes corrientes y caudalosos ríos. Una investigación geológica más profunda del citado y africano desierto, ha venido a probar que al período indicado de mayor hu medad y más frescura, sucedió otro período más cálido y más seco que el actual o el histórico, en que las estepas de la Europa orien tal avanzaron sobre Europa central invadiendo una considerable zona fronteriza e internándose en ella extensa y hóndamente, ha biéndose igualmente comprobado por J. Geikíe, A. Penck, E. Haucg y otra porción de eminentes geólogos, la existencia de una serie de períodos glaciares sucesivos (en el número de ellos discrepan con frecuéncia, pero en el hecho hay unanimidad de pareceres) defini dos y delimitados por períodos ¡nterglaciales, hechos que ratifican, de consuno, considerables cambios climatéricos. Aunque la marcha de la temperatura de la costra terráquea ha venido, en general, en constante descenso, tanto por el enfriamien to de la tierra como por el calor también en paulatina merma y de crecimiento que recibe del sol, ha sufrido, no obstante, con periodi cidad nuestro planeta, oscilaciones térmicas y cambios, por ende climatéricos, ocasionados por las oscilaciones ora retardatarias ora acelerátrices del mencionado térmico descenso, debidas a distintas causas cósmicas o astronómicas, como son las siguientes: A) Movimientos de la línea de los ábsides o eje mayor de la órbita terreare. B) Retrogradación de los puntos equinocciales. C) Variaciones de la oblicuidad de la eclíptica. D) Variaciones de la excentricidad de la órbita. Si cada una de estas diversas causas de variaciones térmicas te rráqueas poseen un influjo, por sí solas, insuficiente para determi nar oscilaciones como las señaladas, es evidente que, si en el tiem po llegan a coincidir unas con otras, pronunciaran sus «términos de influjo en razón de su suma o acaso su producto, y en aquellos pe ríodos milenarios en que la convergencia las auné y por decirlo así las superponga, actuando todas en el mismo sentido, se podrán re solver en una resultante capaz, posiblemente, de ocasionar las má ximas y mínimas climáticas que registra la ciencia geológica. Si pensamos ahora la enorme lentitud con que se desarrollan o despliegan todos estos causatrices fenómenos de respectivos ciclos • comprendidos entre 21.000 y 189.000 años en números redondos, nos será cosa fácil hacernos cabal cargo de que se han de escapar forzosamente a la posibilidad de observación de la ciencia geográ fica limitada a la efímera duración histórica del hombre sobre el mundo. Pero pasando del remoto pretérito al presente, descendiendo desde la geología hasta la geografía, es fácil observar diferencias climáticas exiguas, incluso entre los años inmediatos, diferencias particularmente sensibles en las zonas de régimen inestable como las transitorias comprendidas entre el desierto tropical y las de clima sudanés. Unos años sin lluvia transforman fácilmente la estepa en un dé'
32 sierto, fenómeno frecuente confirmado mil veces por la simple con frontación de los relatos de los exploradores, v. g., africanos. Según éstos, ambos a dos desiertos principales, Sud y Norte Kalahary y Sahara, van paulatinamente desecándose más y más, invadiendo las estepas limítrofes, cegándose sus fuentes, mermando la extensión de sus oasis y el caudal de sus ríos, v. g., el Orange. Varios son los autores que pretenden deducir de semejantes he chos variaciones y cambios climáticos históricos,', singularmente en el sur Argelino y.en el Asia Central. Difícil es, no obstante, definir si tales deducciones son suficien temente concluyentes. Los registros metódicos y exactos efectua dos hasta ahora de fenómenos meteóricos, ni abarcan extensiones suficientes por su confinamiento a una parte de la zona templada, ni datan de una fecha de antigüedad bastante para constituir prue bas irrecusables de evolución climática, y siendo, por lo tanto, de ficientes, tanto considerados en él tiempo como en el geográfico espacio, únicamente nos pueden revelar variaciones periódicas cli máticas. Los cambios registrados en zonas tropicales donde las evapora ciones más activas e intensas hacen más ostensibles las variaciones plúvicas, pueden no ser sino episodios simples y sencillos de las os cilaciones registradas. Nótase, a la sazón, en Africa oriental, cierta mayor altura del nivel de los lagos sobre el más deprimido de algunos años antes. Los glaciares alpinos y los escandinavos observados desde más larga fecha, señalan oscilancias en sus límites, de periódico avance y retroceso aproximadamente semejantes, paralelos y sincrónicos. Los datos registrados desdé hace más de un siglo sobre el volu men, valor, etc., etc., de cosechas agrícolas, revelan ^oscilaciones semejantes. La duración del periódico ciclo que estos hechos denuncian, se puede calcular en 7 lustros o tres y medio decenios o, en fin, 35 años, impreso claramente en ios gráficos de alturas plúvicas que marchan a la inversa de las térmicas y de las representativas ciel valor económico de la unidad métrica de productos o cosechas agrí colas, pero perfectamente paralelas a las que representan y tradu cen el volumen, cantidad o abundancia de las mismas en la Europa oriental. El fenómeno causatríz o matriz de los otros señalados, se atri buye a las variantes térmicas que acusan hasta un grado de dife renciación en las temperaturas medias de los años situados como términos antípodas del ciclo evolutivo referido, que deben suponer se equidistantes. Cada 17 años y medio habranse de situar, alterna tivamente, según la referida teoría,«das máximas y mínimas térmicas y plúvicas del periódico y evolutivo ciclo de que nos ocupamos. Los máximos períodos de manchas solares que señalan un redo blamiento en la circulación tumultuosa de vapores incandescentes de dicho astro, coinciden, en opinión de Lockyer, con los períodos de turbación magnética terrestre y con las'variaciones de la témpeCatura y de la lluvia. Según Bluckner, también todas lns fuentes de información reve lan variaciones periódicas de clima, ocasionadas por las oscilacio nes térmicas de un grado. En los cálidos años son menos decisivos los influjos pelágicos, internándose menos en nuestro continente, y al ensancharse, a expensas de la zona litoral, el climático radio de
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— 33 — la continental, atrayendo por succión, a la vez, a la desértica, que amplifica igualmente su círculo inactivo o de exterilidad, merma considerablemente las cosechas de la Europa oriental, aún cuando en la occeánica, donde el calor de estío es suficiente, contrarreste algún tanto estos efectos. La lluvia en tales años, afirma el mismo autor, disminuye un 20 por 100 en Alemania y un 30 por 100 en las llanuras de la Rusia. Los años polos de los períodos cíclicos su puestos, son, según dicho autor, 1920,1955, etc., en Europa, para las mínimas térmicas y máximas pluviales, y 1902, 1937, etc., para las máximas térmicas y mínimas pluviales. Idénticos períodos, coincidentes con las variantes conocidas de avance y retroceso de glaciares y nivel de los lagos, se han podido apreciar en los Estados Norte Americanos. Diferentes autores, sin embargo, han impugnado el valor de los resultados obtenidos por Bruckner, oponiendo excepciones o regio nes extensas que registran variaciones de traducción distinta, algu na ver contraria o períodos más cortos o más largos. Hildebrandsson ha demostrado que las áreas de altas y bajas presiones, que son los grandes centros de agitación aérea (Azores e Islandia, Siberia y Alasca) ofrecen variaciones inversas de un año para otro. Las térmicas y plúvicas son, igualmente, inversas. En la serie de gráficos anuales levantados por Arctowasky, se observa la existencia de áreas máximas positivas y negativas, que van, sucedáneamente, desplazándose. El punto de partida de estas anomalías parece residir en las zonas extremas del Ecuador y ambas a dos polares. En efecto: los períodos más cálidos determinan fusiones importantes de los hielos polares que, al descender, a la deriva, hacia las latitudes interme dias, refrescan considerablemente los mares y la admósfera. El equilibrio tiende a restablecerse mediante un mecanismo que empie za a sospecharse y sorprenderse. Reasumiendo. Hay que acoger con discreta reserva la afirma ción de cambios y variantes históricos de clima, pero las variacio nes periódicas son ciertas, si bien es prematuro, todavía, pretender registrarlas con toda precisión en las regiones todas de la tierra. Estas, explican satisfactoriamente el retroceso incontestable de la vegetación en los confines de los grandes desiertos, así como cuantos fenómenos no pueden ser debidos a otras causas, como la extinción de ciertas especies botánicas, zoológicas, etc., o la dis minución de los caudales de fuentes y de ríos, que pueden justa mente atribuirse al hombre o a otras causas, como las geológicas. Los períodos de secas, son fatales a las fuentes y a las colonias vegetales en situación precaria. Nada permite, en suma, suponer una continua, histórica y sensi ble evolución climática, cuya estabilidad parece garantida, ínterin el reparto de tierras y de mares y la posición cósmica de la tierra no sufran variaciones importantes.
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Ap. n. 6.—Acéptase generalmente en los proyectos de abaste cimiento de 109 a 259 litros por habitante y día, distribuidos, para las grandes poblaciones, en la siguiente forma: 3
34 Usos domésticos................. 85 litros por habte. y día. » » Servicios públicos............. 65 » » » Usos industriales............... 50 » » Contingencias y aumentos. 50 » Total---- 250
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La multiplicación de industrias utilizando energías eléctricas y suprimiendo el importante consumo de agua de las calderas de vapor, puede mermar el gasto de agua destinado a los usos indus triales. En el IV Congreso Nacional de Arquitectos celebrado en Bilbao el año 1907, se aprobó la siguiente conclusión: «El Congreso estima que no pueden establecerse debidamenie todos los servicios que la higiene moderna exige en las poblaciones y edificios sino se dispo ne de la cantidad necesaria de agua; esta dotación no debe bajar de 156 litros por habitante y día.» ** * Ap. n. 7.—Depende la potabilidad del agua de su pureza, siquie ra relativa. Químicamente pura (Ha O.) es su composición centesimal en peso, como sigue: Hidrógeno............................... 88’81. O xígeno................................. 11’19. Total............ ÍOO’OO. El medio de obtener un agua pura es la evaporación complemen tada por'la destilación, mediante dispositivos especiales e imprácti cos, al efecto de abastos, por su excesivo costo. El agua destilada, sin embargo, lo mismo que la hervida, método suficiente de potabilidad bacteriológica, nunca mineralógica, adole cen del defecto de escasa aireación, resultando pesadas e indigestas para ser ingeridas. La buena agua potable debe de contener en so lución, 2, 16 y 2 centímetros cúbicos de oxígeno, nitrógeno y anhí drido carbónico procedentes del aire, es decir bajo formas gaseosas y reducidas dosis de sales y principios minerales que pueden oscilar entre 0’13 y 0’50 por mil gramos, peso del litro de agua a más 4 grados, temperatura de su densidad máxima, considerado como unidad de pesos específicos, siendo tanto mejor cuanto contenga menos materia orgánica, entre la que se encuentran micro-organis mos vegetales patógenos como el bacilo de Eberth, de difícil reco nocimiento en el agua aún en tiempo epidémico, el vibrión colérico, las bacterias vulgares, el estafilococo y el estreptococo de la su puración y las del carbunclo y el tétanos, etc., que pueden dar ori gen a evitables fenómenos morbosos. Las aguas que se encuentran en la naturaleza contienen estos cuerpos minerales y estas sales en proporción variable, pero como unos y otras son los que más abundan en los suelos y en general la costra de la tierra, constituyendo parte considerable del reino mi neral y los reinoá vegetal y animal, que con ellos se nutren, crecen
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y multiplican, siempre que no rebasen sus dósis ciertos límites por exceso o defecto, que es lo que constituye la impotabilidad, si su temperatura es moderada entre 7 y 15 grados centígrados, y su sa bor, color, olor, etc., es agradable, pueden considerarse propias para el abasto y los usos domésticos e industriales, disolviendo el jabón y cociendo los alimentos y legumbres perfecta y fácilmente, hechos que constituyen sencillas y vulgares pruebas de potabilidad. Los límites fijados por el Dr. Eléizegui de semejantes cuerpos para el agua potable, resultan ser, por litro, los siguientes: Temperatura e n tre ......... 8y 15 grados centígrados. Aire en disolución........... 25 a 50 centímetros cúbicos. S a l e s .............................. 0’050 a 0’130 Carbonato cálcico........... 0’040 a 0’170 Cloruros alcalinos........... 0’004 a 0’005 Sulfatos id................... 0’003 a 0’027 Sílice, alumina y ox/h---- 0’020 a 0’050 Amoniaco.......................... O’OOO a0’0005 Totales por mil.......
0’117a0’3825
Es de advertir que de estos varios cuerpos minerales, solo el carbonato de cal suele considerarse inofensivo a la salud aunque rebase el límite fijado de sus dosis; pero si su abundancia no es no civa bajo el aspecto higiénico, las aguas en que abun.da ni cuecen las legumbres ni disuelven el jabón ni sirven para el riego de las plantas, cuya absorción radicular se rige por las leyes de la osmo sis y endósmosis. Las aguas meteóricas pluviales contienen, en volumen y por litro, según las experiencias analíticas del Dr. Peligot, las siguien tes materias gaseosas que deben arrastrar en su caída a través de las capas atmosféricas: Acido carbónico...................... 2’40 centímetros cúbicos. Oxígeno gaseoso.................... 6’59 » » Nitrógeno id............................ 13’98 » » Total f ¡gaseosa........
22’97
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Bajo el punto de vista de su aireación o riqueza gaseosa, resul tan- estas aguas saludables, pues si bien es verdad que van cediendo paulatinamente este oxígeno a las organizaciones criptogámicas, algas, principalmente, inferiores, como las Begiatoaceas, resultan do, por ende, al cabo de algún tiempo más pobre en este gas, las experiencias de Carlinski en Insbruck, confirmadas en Munich por las de Kraus, parecen demostrar que también con el tiempo las re feridas algas, conjuntamente actuando con diversas colonias de bacterias dominantes innocuas, destruyen las patógenas mejorando las aguas meteóricas de algibes y cisternas de buenas condiciones, tanto en lo concerniente a su superficie de alimentación como de receptáculo o depósito. Si fuera practicable recoger estas aguas meteóricas sobre planos pendientes, insolubles y desprovistos de materias extrañas, en zo nas despobladas, de pureza atmosférica indudable, mediante dispo sitivos especiales que, despreciando a los fines de embalse y utili-
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zando como medios de limpieza y lavaje del aire y superficies de su alimentación, las primeras porciones de las lluvias, en las que Boussingault, Cliatin, Cavendish, Tissandier, etc., etc., han encon trado anhídrido carbónico, amoniaco, yodo, alcalinos sulfatos y clo ruros y sólidas partículas constituidas por impalpables restos vege tales, animales, esporos y bacterias, oscilando entre 0’006 y 0’023 gramos por cada metro cúbico atmosférico para ciertos parajes de París, y trazas, en parte libres y en parte en el estado de azotato de amonio, de ácido azótico, cuando la chispa eléctrica serpentea en los aires preñados de tormenta y tempestad; si fuera practica ble, repetimos, recoger esas aguas meteóricas en dicha* condicio nes, pudiéranse, tal vez, considerar, con Hipócrates, que al ocupar se de ellas dice «que las aguas de lluvia eran las más ligeras, las más dulces y límpidas» como aguas excelentes bajo el punto de vista de potabilidad, pues las dosis de sales y materias que suelen contener en solución las que corren, brotan y se estacionan en los suelos, no son sino substancias que toman de los mismos al ponerse con ellos en contacto ni el organismo humano puede necesitarlas por proveerse de ellas, en dosis suficientes y más considerables, mediante el alimento que necesariamente ha de ingerir para su in dispensable nutrición. En cuanto a la opinión de ciertos higienistas que atribuyen a la falta de mineralización del agua el estado caquéxico de ciertos ha bitantes de regiones montañosas arcaicas y otras constituciones de fectuosas productoras de un agua excesivamente pura e insufi cientemente mineralizada en su concepto, mucho más verosímil nos parece la traducción experimental agro-geológica de semejantes hechos, que pone en evidencia la relación que existe entre los reinos mineral, vegetal y animal, de tal'manera, que en los países de sue los pobres mineralógicamente, se refleja igualmente semejante defecto o deficiencia del reino mineral en los reinos orgánicos vege tal y animal o zoológico, de los que el hombre toma su alimento. Por lo demás, el carbonato cálcico, que es otra de las causas principales a que atribuyen dichos higienistas el estado caquéxico de los núcleos de población que habitan las comarcas en que falta o escasea la cal, abunda de tal modo en las aguas que nutren la ciu dad a la sazón, que aún cuando las aportaciones en proyecto no contengan ni trazas de sémejante cuerpo o elemento, se podrá con seguir un saludable estado de equilibrio y razonable graduación hidrotimétrica, con la sencilla mezcla de ambas aportaciones, la anti gua y la moderna, con gran ventaja para las conducciones, tuberías y dispositivos de distribución interior que se traducirán, al propio tiempo, en considerables economías. El agua, en general, de los aljibes y aún la d élas cisternas, siempre que unos y otras radiquen en puntos o comarcas de atmós fera saneada, alejada y aislada de núcleos populosos humanos o zoológicos y se alimenten por planos inclinados insolubles y limpios almacenando el agua en recipientes bien construidos, impermeabili zados y cerrados, es un agua excelente o al menos aceptable bajo el punto de vista de potabilidad minero-bacteriológica, y no otra cosa prueba la experiencia secular colectiva de múltiples regiones en que ha constituido uno de los recnrsos principales cuando no el exclusivo, no ya de las viviendas aisladas y rurales, que esto lo es tamos viendo en nuestra zona, sino de grandes núcleos ciudadanos coiVio (entre otros muchos que pudieran citarse en Austria, Suiza,
37 Italia y hasta en los modernísimos Estados del Norte de la Améri ca) Cádiz, Venecia, Constantinopla, Obock, Djibouti, Aden, etc. En este último punto de la Arábia, una de las dos veces que hubo de visitarla el que esto escribe, hacia la friolera de nueve años que no había llovido, y sus cisternas célebres empotradas en el fondo de un valle circundado de montes calcinados por un sol implacable mente abrasador, apenas contenían en su verdoso fondo una insig nificante parte alicouta de la carga normal de que eran susceptibles y capaces, sin que hubiera perdido, sin embargo, aquel residuo de agua tanto tiempo estancada, sus condiciones de potabilidad. Un aljibe mayor de gran capacidad y al aire libre, es decir, con todas las ventajas de la AUTOPUR1FICACION por la triple actua ción de los rayos lumínicos solares, del aire y de los organismos vegetales, algas principalmente, porque se purifican a sí mismas las aguas de los ríos, los lagos, (y de otro modo no serían posibles hechos como el que acabo de citar) destruyendo las materias orgá nicas que en su seno se albergan, un aljibe mayor y al aire libre, repetimos, constituye el pantano, la cisterna, que si bien de carác ter francamente oriental y de sabor y aspecto algo anticuados, dados los adelantos hidráulicos modernos; respondiendo su empleo al privativo sello geográfico del que en cierta medida participa la extensa cuenca del mar mediterráneo; fué invadiendo occidente desde Jerusalen, Alejandría y la antigüa Cartago, Constantinopla y Roma hasta Toledo y Cádiz en España, cuyas antigiias ordenanzas bélicas los prescribían en todos los castillos y fortificaciones milita res, sabio precepto en mal hora olvidado o despreciado por nuestro ejército de ocupación de la zona africana, al que acaso debemos el desastre del Rií de Junio del 21. El secreto, por expresarlo así, las condiciones que debe reunir todo pantano para que sus caudales estén dotados de suficiente po tabilidad, se pueden'condensar, como para el aljibe, en las que deba reunir el plano, la superficie o cuenca que le nutra.....—A) y el depósito que recibe, acumula y almacena sus aguas.... —B). A) .—Para que su cuenca reúna las debidas condiciones bajo el punto de vista de potabilidad bacteriológica, es necesario alejar de la misma, despues.de haberla aislado, todo núcleo animal, racional o zoológico, estableciendo la vigilancia y policía permanente nece saria a estos fines. Para obtener los mismos objetivos bajo el punto de vista mineralógico, es preciso elegir, entre las varias constitu ciones geológicas que ofrecen suficientes condiciones, las que pue dan presentarlas mejores entre las serranías semi-circunvalantes, que no escasean, como veremos oportunamente. B) .—Si necesario se hace el aislamiento de todo núcleo racional o animal de la cuenca que abastece el pantano y la debida vigilan cia para evitar posibles trasgresiones de funesta repercusión higié nica, más necesario todavía resulta que el pantano propiamente dicho se encuentre garantido de contaminación, debiendo a estos efectos permanecer también perfectamente aislado,sujeto a rigurosa vigilancia y sometido a estrecha e inteligente policía. Unas y otras comunes exigencias enunciadas en ambos aparta dos —A)—B), requieren, presuponen, significan, el dominio ab soluto, la propiedad con todos sus derechos inherentes, no solo del pantano o la cisterna sino de la totalidad o del perímetro de la cuenca que nutre su caudal. El Municipio, debe ser propietario del pantano y su cuenca si
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ha de garantizar la potabilidad bacteriológica del agua y con ella la sanidad del núcleo populoso o la ciudad que quiere abastecer: para adquirir un foco de infección o tener suspendida una eterna ame naza sobre la población, confiando a una empresa, agena a otro interes que al económico, la salud y la higiene ciudadana, no merece la pena de obligarse a ciertos sacrificios pecuniarios, aunque estos presupongan unas economías, más que reales ficticias y aparentes, que comprometerían su futuro, incluso financiero y económico, ahuyentando el turismo, las esperanzas de hacer de la ciudad una amena estación para el invierno y cambiando su gesto y su fisono mía sonrriente por la fúnebre faz* de un enlutado pueblo. Entre las constituciones geológicas de las vertientes litorales de las sierras vecinas, abundan las graníticas, suelos inmejorables bajo el punto de vista de potabilidad mineralógica y abundan, sobretodo, las silúricas, así mismo apreciabies para los objetivos perseguidos. * ** En doscientos kilómetros cuadrados aproximadamente, calcula el ilustre y veteraho miembro, D. Lucas de Mallada, de la Comisión del Mapa Geológico, la superficie de nuestra provincia en que afloran, casi constantemente entre pizarras silúricas de las manchas paleozóicas del Priorato y triásicas de Tivisa, Mora de Ebro y la Musara, las rocas hipogénicas antiguas, representadas por las man chas o islotes principalmente de Alforja, Riudecols, Falset, Montroig y Prades, a más de otras manchitas de granitos.y pórfidos, como los del norte de Castellvell, riera de Maspujols, poniente de Bellmunt, sur de Lloá, noroeste de Falset, sudoeste de Poblet, cerros de Autrelivats y la Musara, etc., etc. Los asomos, reducidos y éscasos de rocas hipogénicas modernas, en general diabásicos y ofíticos, aparecen en la mancha triásica de Benifallet, poniente y sur de Baquerizal y el pico de los Ganchos, en los puertos de Arnés, la fuente de San Roque a poniente de Pauls, al sur de Prat de Compte, bajada de Cardó a Benifallet, abundando también en la mancha triásica de Aliara, Castillo de Car ies de Toscá y algo más al sudoeste próximas a sus fuentes y a la ermita, al sudoeste de Aliara y al pié del Bosch Negre remate sudoeste del islote triásico, reapareciendo en los yesos inmediatos al barranco Fangar y junto al Mas de Blanco al pié de la Pineda. Mucha más extensión que la que ocupan las rocas hipogénicas citadas, desplazan los terrenos de transición y muy principalmente las brechas pizarreñas y pizarras, cuarcíferas pudingas y los con glomerados y grauwackas y demás horizontes o niveles del silúrico superior (Gothlánndico) a que atribuye el citado geólogo dichas constituciones, no sin manifestar ciertas vacilaciones ante la falta, que lamenta, de documentos paleontológicos. Para nuestro objetivo, sin embargo, nos fuera indiferente que los citados suelos fueran cámbricos, como confiesa el citado geó logo que hubo de sospechar primeramente, ante la analogía petro gráfica entre las pizarreñas brechas que observaba y las que en otras zonas y provincias se habían clasificado como tales. «Con muy irregulares contornos—dice el Sr. Mallada—ramifi cado en varias fajas sinuosas, limitado al norte por el mioceno lacustre y en los demás rumbos por el trias, el granito y el cuater nario, se halla el sistema siluriano comprendido en su mayor parte entre el Ebro y el Francolí, sin llegar a las márgenes del primero,
39 y forma además una zona estrecha al otro lado del segundo, hacia el promedio de la cual se encuentra Figuerola. Como las rocas que constituyen este sistema, son de colores oscuros más fáciles de de nudar que las rojas y blanquecinas graníticas y triásicas que princi palmente la limitan, tanto por su aspecto exterior como por el re lieve de sus montes sinuosos y achatados, ofrece el siluriano un notable contraste que permite su distinción desde largas distancias». Dos manchas constituyen el sistema citado de mucho desarrollo en la provincia, ambas irregulares, estensa la primera y estrecha y alargada de nordeste a sudoeste la segunda que tiene a Figuerola como centro y a Marmolet, y Salmellá como opuestos estremos. El núcleo principal de la primera, abarca el Priorato con los términos de Bellmunt, Gratallops, ambas Vilellas, Torroja, Poboleda, Porrera, Pradell, Falset, Guiamets, Masrojg, siguiendo por el margen izquierdo del Ciurana hasta el de las Vilellas: bifurcase des pués en dos aletas entre sí separadas por la gran mancha triásica cuyo perímetro pasa por los pueblos de Arbolí, la Febró, Prades, Rojals, Pinatell, Picamoixons, Alcover, Albiol y Arbolí, siguiendo entre Ciurana y Cornudella, por el este de Albarca, Ulldemolins, Vilanova de Prades y Validara, en dirección nordeste hasta Espluga de Francolí en que vira en redondo para tomar la dirección sudeste, pasando, en faja estrecha, entre los pueblos de Rojals y Vilavert para espirar y desaparecer bajo los aluviones cuaternarios de Valls, entre los términos de La Riba y Picamoixons: la otra rama o aleta, de la bifurcación de que hemos hecho mérito, se estiende o se dirije entre ambas carreteras de Borjas a Porrera y Cornudella, entre Arbolí y Alforja, La Musara y Vilaplana, La Selva y Castellvell donde se extingue. *** El granito, la roca primitiva, el símbolo poético de la dureza y de la solidez, la base y el origen general de los suelos, se compone: de cuarzo, pura sílice: de mica, silicato de alúmina y de hierro unido a un silicato de potasa o de este y de magnésia o de litina según sea la mica potásica, magnésica, litínica o clorítica si contiene además una pequeña dósis de ácido fluórico; sismondítica, silicato de alumina con óxido ferroso hidratado; margarítica, silicato de alumina con silicato cálcico y óxido ferroso: y, en fin, de feldes pato ortósico o albítico, que son los más frecuentes y abundantes, silicatos de alúmina y respectivamente de potasa y de sosa; o bien de feldespato oligoclasa, silicato de alumina, sosa y cal: labradorita, silicato de alumina, cal y sosa; anortita, de igual composición que el anterior pero con menos proporción de sílice; riacolita, silicato de alumina, sosa y magnesia; sausurita, silicato de alumina con cal; petalita, silicato de alumina y litina; y trifana, igual al anterior pero con menos proporción de sílice. Además de estos elementos esenciales, contienen los granitos, con frecuencia, en dósis muy pequeñas y variables y en forma de inclusiones cristalinas microscópicas, algunos otros cuerpos mine rales como el fosfato cálcico, (apatita) otros fosfatos de alúmina y de hierro y sulfaro de hierro y otros varios sulfuros. Aun cuando siempre escasa la apatita, parece preferir la aso ciación con el anfibol y la mica negra en cuya compañía se suele presentar algo más abundante pero siempre fuertemente adherente, y si algo más sensible a los ataques disolventes de! ácido carbónico
40 que los otros fosfatos de alúmina y de hierro de que hemos hecho mérito, se descompone con gran dificultad, opuestamente a los sulfuros que por oxidación se convierten en sulfatos más o menos so lubles. Los pórfidos, otra roca eruptiva e hipogénica sincrónica y de la misma especie y composición química y mineralógica qu^el granito, se pueden dividir en cuarcíferos, en general muy bien cristalizados, por escépción amorfos, y en pórfidos sin cuarzo, y en feldespáticos ortósicos o plagioclásicos: el ortófiro de la edad paleozóica o pri mitiva y la traquita de la cenozóica o terciaria, ambos conteniendo proporciones de ortosa rosada el uno e iucolora la otra, (que es la coloración uno de los caracteres principales de diferenciación de la época eruptiva de los pórfidos) constituyen dos tipos de pórfidos feldespáticos ortósicos de erupciones y de épocas diversas. La ob sidiana, roca vitrica de igual composición que la anterior, se en cuentra en los volcanes de la Islandia. La quersantita, la diorita, la diabasa, pórfidos plagioclasos de colores rosados de la edad paleozóica, y la andesita, de la edad cenozóica, grisácea y globulosa, son rocas plagioclasas (cálcicosódicas) fácilmente alterables por los ataques disolventes del tiempo, opuestamente a los pórfidos ortósicos que, como los granitos, de su clase, resisten tenazmente a los elementos de descomposición admosféricos e hídricos. El meláfiro, de la série primaria y el basalto terciario, rocas negras u oscuras, compactas y groseras con granos verdes de olivina, peridoto, augita, etc., pueden1considerarse como otras porfiritas plagioclasas. * Del examen sucinto precedente de la composición mineralógica de las rocas arcaicas origen de los suelos azoicos, paleozóicos y hasta de transición, que unos y otros ofrecen los mismos caracteres químicos y mineralógicos aun cuando experimenten frecuentes va riaciones petrográficas, ocasionadas por el metamorfismo (gneis, micaquistos, pizarras, etc.), u otras causas de alteración o descom posición, se puede fácilmente deducir la pureza del agua de las constituciones mencionadas granítica y silúrica. » «Las aguas que brotan o discurren por los suelos graníticos— dice Risler, notoria autoridad en la materia—son muy puras. Apenas contienen cal y muy poco carbonato; disuelven perfectamente el jabón, cuecen bien las legumbre^ y son inmejorables para fines do mésticos e industriales.» Los títulos hidrotimétricos de las aguas de fuentes de terrenos graníticos del Morvan, oscilan entre 2 y 7 grados, (Belgrand). Los siguientes análisis de aguas de manantiales de terrenos graníticos, debidos, 1 y 2 a Le Chándier, 3, 4, 5 y 6 a M A, Leplay, 7 y 8 a M. Truchot, vienen a ser expresivas, prácticas y evidentes pruebas de las afirmaciones anteriores. Los análisis números 5 y 6, que acusan dosis algo más pronunciadas de cal, provienen de varie dades de rocas en que el oligoclasa va mezclado al feldespato orto sa o en que la mica ha sido reemplazada por el anfibol.
S ilice........... 0’0222 O'0180 0’0400 0’0090 0’0290 0’0280 0’029 0’016 Alúmina y óxi do de h ---- O’OOIO 0’0023 0'008 O’OOl C a l ............... 0’0096 0’0064 trazas 0’0020 0’0250 0’0130 0’006 0’007 M agnesia.... 0’0031 0’0.063 0’006 0’0Q4 P o ta s a ......... 0’0020 0’0048 0’0025 0’0027 O’OOl9 0’0082 S o sa............. 0’0200 0’0150 0’0020 0’0036 0’0064 0’0135 ’m A r* a v m o c u i o----r o ............. un(ji4u u u i»
Acido sulf.°. • Acido carb.0 . Acido azótico Acido fosf.0.. A lcali........... Acido Clor.0 . Agua/comb.a, Mat/org. p. Residuo sóli do p /lit. . . . Idem Ins. en agua alcoh. Título Hidrotimétrico ..
0’0041 0’0050 O’OOl trazas 0’0076 0’0091 0’003 0’009 0’0024 0’0038 O’OOOO O’QOOO trazas trazas trazas trazas 0’013 0’009 0’003 0’004 0’018 0’003 0’0880 0’0843
0’087 0’053
0’0450 0’0410 3’9000 4’6000
Las aguas procedentes de los suelos de transición resultan también puras y con iguales o muy aproximadas condiciones de po tabilidad mineralógica. Sospechamos, no obstante, que las fuentes que afluyen, desaguan o alimentan el Bruyent, como asimismo parte de su cuenca, no per tenecen ni a terrenos graníticos ni siquiera a suelos de transición, sino a la mancha triásica que se intercala éntrelas dos aletas o secciones del islote silúrico que hemos rápidamente reseñado. El siguiente cuadro trazado por Reichardt, nos ofrece la' com posición del agua de diferentes fuentes, según el horizonte de emergencia, de los suelos o niveles triásicos. T R IA SIC O Aguas según los hori zontes indicados
Graní tico
Areniscas rojas y abigarrades infe riores
Res. salino 0’0244 0’1250 a 0’2250 M. orgán.8 0’0157 0’0138 Acido nit.° O’OOOO O’OOOO a 0’0098 Cloro . . . . 0’0033 0’0042 Acido sul.° 0’0039 O’OOSS C a l ......... 0’0097 0’0730 Magnesia. 0’0025 0’0480 D u re z a o aspereza 0’0127 0’1396
Muschelkalk Medio
0’3250 0’0090 0’0021 0’0037 0’0137 0’1290 0’0290
Wellenkalk
Yesos del DoloraiJveupcr tico
0’4180 0’0053 0’0023 0’0340 trazas 0’1400 0’0650
2’3650 trazas trazas 0’0161 1’1083 0’7660 0T225
DOSIS
Li mi t es
0’500 0’050 0’004 0’002 a 0’008 0’002 a 0’063
0T695 0’2310 0’9275 0T800 4
Es fácil observar, inspeccionando el cuadro precedente, la dife rencia entre el agua de fuentes y de cuencas de suelos primitivos y la de los triásicos. Los niveles o pisos de estos últimos que justifican el nombre dej sistema y como hemos de ver se hallan bastante bien representados en las distintas manchas provinciales, están constituidos por un nivel marino de calizas margosas fosilíferas (Muschelkalk) a veces dolomíticas (Wellenkalk) en medio de otros dos pisos„ litoral el de abajo o inferior (Gres bigarré, Vosguiano, etc.), de areniscas rojas y abigarradas, sueltas o cimentadas como la piedra de amolar vul gar, y lacustre el superior, (Keuper) de arcillas irisadas o variados colores alternando con cales dolomíticas, depósitos de yeso y sal común. Nada tiene de estrafto que las aguas que lavan o que filtran estos suelos, vengan muy recargadas de cal, magnesia y ácido sul fúrico, siéndoles imposible sostener la comparación con las de pro cedencia granítica o silúrica, bajo el punto de vista de potabilidad mineralógica. La triásica rñancha de La Musara-Prades, vértices respectivos geodésicos de 1.050 y cerca de 1.100 metros de altitud sobre el mar, que abarca, cúando menos, una parte del pueblo de La Riba y los de Pinatell, Rojals, Prades, Montreal, Capafons, La Febró, Arbolí, La Musara, Albiól, parte considerable de los términos de La Selva, Alcover y Picamoixons, alcanzando una extensión apro ximada de 380 kilómetros cuadrados, notables altitudes (400-900-1100) y una pujanza de 400 a 500 metros, está formada, como cuadra a su edad, por aplastadas cumbres, guijarrosas y extériles planicies que vierten en sus cuatro quintas partes al río Francolí, cortadas por tajantes hendidoras, que permiten excudriñar sus rocosas entrañas. Poco desarrollados ambos miembros terminales o extremos* o sean el de origen litoral o interior, Eotriásico, Gres bigarré, Vos guiano, constituido por conglomerados más o menos cuarzosos y areniscas abigarradas, y el de origen lacustre o superior, Cenotriásico, Keuper, formado por rogizas e irisadas arcillas y abiga rradas margas alternando con yesos de todos los colores, adquiere, opuestamente, mucho más desarrollo y espesor el nivel intermedio, Mesotriásico, Muschelkalk o Wellenkalk, representado por abun dantes y pujantes capas en que van alternando, a partir de la base, calizas más o menos dolomíticas, Calizas tabulares arcillosas, mar gas rogizas con algunos yesos y dolomías mezcladas con calizas arcillo-magnesianas cavernosas. Dedúcese de aquí que de losares niveles reseñados, solo el más inferior, poco desarrollado en la proxincia, puede proporcionar aguas propias para el abasto, y cómo este sistema ha de contribuir considerablemente en el caudal del río Francolí aguas abajo de Picamoixons, se puede concluir juiciosamente que tampoco las aguas de este río reúnen condiciones suficientes ni niquiera bajo el punto de vista de potabilidad mineralógica, y de que es necesario analizar con detención y escrupulosidad las aguas afluentes al pan tano del Bruyent en proyecto, que pueden proceder de estos niveles. Hay otra conclusión a deducir, tanto de la constitución cavernosa triásica como de las dislocaciones, muy frecuentes, que pueden ob servarse en la citada mancha y en las proximidades de La Riba, incluso en la angostura por que se precipita el río Francolí, circuns tancias las dos que garantizan poco la impermeabilidad y solidez
43 necesarias a la base del pantano en proyecto y al dique consiguiente que necesariamente ha de efectuarse sobre una depresión y por ende apoyarse en el triásico, tanto en el Francolí como en el Bruyent, verosímilmente; *** Refiriéndonos al proyecto del Bruyeni», más bien que de un pan tano propiamente dicho, (colector de las aguas torrenciales que discurriendo sobre las superficies de los suelos afluyen o se suman y acumulan en una depresión artificialmente obturada) parece que se trata de un estanque o un lago, (depende del espacio y el volu men) a cuya nutrición han de contribuir las diferentes fuentes que alimentan el mencionado arroyo, manantiales de aguas insupera bles, regulares o francamente malas, según su procedencia. Estamos en presencia, por lo tanto, de una solución mixta del problema de abastos, entre el pantano propiamente dicho y el lago artificial, que si no nos ofrece muchas de las ventajas de este, merma, considerablemente, los inconvenientes de aquel. Varias son las ciudades que reciben sus aguas de alimento de estanques y de lagos. La villa de Versalles nutriéndose del estanque de Trappes colector de las aguas torrenciales de la zona citada y Ginebra y Zurich, de los célebres lagos de Leman y de su nombre, respectivamente, son ejemplos y casos dignos de consignarse. Los grandes lagos suizos, módulos admirables y vastos colecto res de las aguas meteóricas alpinas y sus hielos y nieves sempiter nos, singulares depósitos de inmensas masas y volúmenes de agua solidificada a altitudes enormes, clarifican y depuran sus aguas de tal modo, que en el centro del lago Leman o de Ginebra, a 15 me tros de profundidad, apenas si se encuentran 20 a 40 gérmenes por centilitro, (Dunant) teniendo al propio tiempo la ventaja de mante ner una temperatura constante y uniforme, El fenómeno de la autopuríficación, doble función del tiempo y del espacio, (que no de otra manera se explica y se comprende la mayor impureza periférica por contactos y contaminaciones margi nales y la mayor pureza de las zonas centrales del plano horizontal y vertical) se efectúa en las considerables masas de agua con tal intensidad y perfección, que resulta excesiva, en ciertas zonas; la pureza adquirida por las aguas lacustres. Las múltiples e interesantes experiencias que acusan variacio nes, muchas veces notables, de potabilidad, según las zonas, en la líquida masa que constituye un lago, indican la importancia de un detenido estudio y la que es necesario atribuir a la elección prudente del punto en que, la toma de aguas, debe ser efectuada, para ga rantizar en lo posible, su mejor calidad. Debe hacerse en principio la presa de la toma, en el sentir de los capacitados, lo más lejos posible del márgen o riberas del lago o el estanque colector, a una profundidad prudente media calculada de modo que ni sorba las aguas más profundas, más mineralizadas y más próximas a los légamos e impurezas del fondo, ni tampoco las rríás superficiales y sujetas a contaminaciones por contacto admosférico, resultando más práctico ir a buscar las aguas, mediante ca ñerías apropiadas, a los puntos o zonas donde los analíticos tanteos hayan evidenciado que es el agua más fresca y más potable bajo los dos conceptos químico y basteriano. Enseña la experiencia, sin embargo, que las instalaciones de
44 una toma en el centro de un lago, al alterar, 'como parece ser que alteran con frecuencia, su circulación, desplázase el espacio primi tivo de máxima pureza y óptima potabilidad, pudiendo convertirse en peligrosa zona de contaminación. Tanto esta contingencia como las variaciones de circulación con la de las distintas estaciones, que esta no se efectúa de la misma manera en invierno, verano, etcé tera, etc., como en fin las remociones de los posos del fondo por las marejadillas tormentosas en los poco profundos, son circunstan cias dignas de consideración detenida y atenta, que hace frecuente mente necesaria la purificación bacteriológica por medios eficaces como los empleados en muchas poblaciones, la ozonización y los rayos ultra-violeta. Es frecuente también, sobretodo en América donde abundan las zonas geográficos de intermitente régimen climático, alternando con largos y severos estiages otros períodos de copiosas lluvias, recurrir a lacustres colectores artificiales para el abasto de aguas, mediante grandes y poderosas presas en puntos adecuados de sus ríos. La ciudad de Rouen en la "vecina Francia, las de Jersey, San Francisco, Boston, etc., en los Estados Unidos, construyendo de pósitos capaces de 4’5—33—117, etc., millones de metros cúbicos, los de Croton, mayores todavía, con diques superiores suficientes para el abasto de aguas de más de seis millones de habitantes, dig nos ejemplos son de mencionarse. En estanques tan’vastos y capaces, pueden las autopurificaciones efectuarse con bastante eficiencia para garantizar la potabilidad bacteriológica y los diques han de estar emplazados, tanto por con sideraciones económicas como para que ofrezcan bastante resisten cia a las fuertes presiones y garanticen su impermeabilidad, sobre las angosturas naturales del cauce de los ríos en que a continuación de un anchuroso valle se precipite el agua por alguna avertura horadada en la roca, constituyendo una especie de mínima solución de continuidad de un monte, elevación o serranía que haga el papel de dique natural. Un detenido estudio geológico, tanto del valle, futuro continente de las aguas como del punto de emplazamiento de la pre.sa, son diligencias prévias indispensables absolutamente. Es probable, lo'mismo sobre el Gaya que sobre el Francolí, que en su cauce se encuentren lugares apropiados que reúnan las con diciones dichas, si bien el Gaya tiene el inconveniente de presentar aguas selenitosas desde casi su origen, y éste y el Francolí ofrecen el peligro de contaminaciones debidas a la densa población que habita sus riberas. La toma de aguas, al efecto de abasto de cauda les de alimento, haría indispensable la purificación artificial, En resumen. Supuestas las citadas condiciones; de elección de una cuenca Azoica o Paleozóica, la del Bruyent si lo es en reali dad;.....—a)- de propiedad municipal para poderla someter a idónea policía y extrecha y rigurosa vigilancia.....—b); de un sistema de depósito impermeable y conducción hermética libre de filtraciones y contactos externos.....c); se garantizaría en absoluto la potabili dad mineralógica y el conveniente grado hidrotimétrico, mezclando este caudal can el que a la sazón afluye y alimenta a la ciudad, re cargado en exceso de carbonato cálcico y se obtendrían ciertas seguridades, no absolutas, de potabilidad bacteriológica. Para garantizar en absoluto esta última, sería necesario recurrir
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a los procedimientos en uso, a la sazón, en varias poblaciones, uriá de ellas Madrid, de purificación físico química por la ozonización o la potencia bactericida de los rayos ultra-violados, procedimientos que, a más del presupuesto que requieren para su instalación, pre cisarían un serio y minucioso recorrido de los dispositivos de re parto y distribución a domicilio, para evitar posibles y probables filtraciones que inutilizarían dicha exterilización, factibilizando nue vas contaminaciones en el trayecto medianero entre el punto en que esta operación se realizase y la espita del caño de toma vecinal, siendo más de temer las infecciones por tratarse de un público me nos inmunizado. Parece haber quedado demostrado por casos como el cólera de Hamburgo, (1902), de súbito cortado por simples filtraciones, con arena, de las aguas del Elba contaminadas por las deyecciones de los mismos coléricos, que lo que ^es necesario, sobretodo, evitar, para oponer un dique a las enfermedades epidémicas hídricas, es la presencia en el agua de gérmenes patógenos virulentos y jóvenes, (propiedades siempre proporcionales) procedentes de atacados de esas enfermedades, (tifus, cólera, etc.;) bastando, simplemente, de tenerlos, para hacerles perder su virulencia, por envejecimiento y su agresividad peligrosa y funesta; llegando a pretenderse por al gunos, la utilidad higiénica de no privar de gérmenes patógenos, tanto mejores cuanto más descrépitos, a las aguas potables, por sus efectos inmunizadores obrando a la manera de atenuadas vacunas del organismo humano. Sea como ello sea, todas las precauciones, aunque supongan necesarios gastos, han de considerarse ventajosas y remuneradoras como se probaría fácilmente, tomándose la pena de valuar, con ele vado y riguroso cálculo, el producto de actividad, trabajo material o inteligente, etc., que cercenan en flor, frecuentemente, las pre maturas víctimas que pagan un acéfalo tributo a esta especie de culpable desidia colectiva, actividad, vida, trabajo, progreso y desrrollo negativos, que tienen un valor considerable y cotizable finan cieramente. & -Jr. Ap. n. <9.—Poco,‘muy poco, ciertamente, se sabe, comparativa mente con lo que se ignora, de las riquezas hídricas subálveas: pre ciso es confesar esta ignorancia mucho más relativa y tolerable que la supina en que permanecieron los antiguos y recurrir de nuevo a la ciencia geológica, que sin constituir precisamente una Varita má gica infalible, es un algo sumamente apreciable y esclusivó hoy por hoy, solo, insustituible, con bases de innegable realidad n,p de su perchería, mágia o adivinanza con que explota la audacia, con frecuencin, a la inocencia, la ignorancia o la avaricia acéfala. Si la constitución y el órden sucedáneo de la colocación estratigráfica de los pisos, niveles, estados, subestados y sistemas, fueran hechos constantes para todos los suelos, sería cosa fácil y sencilla averiguar las zonas y las profundidades de las capas acuíferas y los puntos precisos de expontánea emergencia: pero ni esto es así ni los trastornos y modificáciones, con frecuencia profundos, sufri dos en el inmenso curso de los tiempos por la costra terrestre, con sienten enunciar principios demasiado generales, que al limitarlos extraordinariamente en el espacio, multiplican, por contra, los ca-
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suismos, haciendo con frecuencia, regla de la excepción y excep ción de la regla. Al descender, de la admósfera al suelo, las aguas meteóricas, a favor de la gravedad y la condensación, solicitadas por diferentes fuerzas y muy especialmente por las físicas leyes que rigen y pre siden a los líquidos, se fraccionan en partes o porciones. Una de ellas; que llamaremos.....A), se vuelve a evaporar, re trogradando al mismo estado de vapores acuosos meteóricos; otra parte, solicitada por la gravitación, desplázase del punto de caída, ora verticalmente, imbibiendo los suelos, penetrando y llenando sus huecos y vacíos o bien, sencillamente, atravesándolos como si se tratara de una criba..... B), ora por fin, otra porción tercera, discu rriendo sobre las superficies que ofrecen más o menos desnivel e impermeabilidad, corren a favor de ambos, hacia las depresiones geográficas.....C). Poco nos interesa, de momento, la primera porción..... A), no obstante ser, en general, la más considerable: las porciones.....B) y..... C), provisoras de las aguas subálveas, sin más razón de dife renciación que el volumen de los vacíos e intersticios que unas y otras tienden'a rellenar en virtud de las físicas leyes que presiden las propiedades de los líquidos, son las que solicitan toda nuestra atención en este caso. Difícil por demás es calcular la proporción, distinta y diferente en cada caso, que guardan entre sí las tres fracciones A), B) y C), por ser cada una de ellas la complicada resultante de una madeja de heterogéneas fuerzas sumamente mudables. Depende, v. g.: la primera, que es la evaporación; de la natura leza del terreno; de su capacidad de imbibición; de su capacidad retensora del agua; de su estado, mecánico, baldío, yermo, cultiva do, etc.; dé la naturaleza de la vegetación que le recubre; de la temperatura medio ambiente; del grado de humedad o higrométrico; violencia de los vientos, etc. Sumamente curiosas, atrayentes, cautivantes, como todas las leyes de la naturaleza, resultan las que rigen, modulan y presiden los fenómenos hídricos relacionados con los hechos subálveos, como la permeabilidad, imbibición, capacidad y retentividad del agua, etc., etc,, de las capas geológicas. Una fuerza constante como la imbibitiva, consistente en la de la atracción molecular siempre proporcional a la magnitud superficial que en la práctica ofrezca, tanto mayor cuanto más microscópicas resulten sus partículas, dará lugar a muy varios fenómenos en los múltiples casos que pueden presentarse, frente a otra fuerza más o menos variable, como la gravedad, tan sujeta al volumen y a la masa. La parte o la porción de las aguas meteóricas que hemos llama do.....B), en este primer caso de imbibición del suelo desde arriba, solicitadas por dos fuerzas actuando ambas en un mismo sentido, van sucedáneamente descendiendo y empapando una capa, esfera de actividad molecular, que irradia el movimiento imbibitivo desde la zona más espesa y más densa hacia donde lo es menos: en tales condiciones, pueden irse infiltrando ciertas capas geológicas inde finidamente, sin más limitaciones que la impermeabilidad de otra capa inferior. Pero puede ocurrir y ocurre con frecuencia, que la fuerza cons tante imbibitiva, dependiente, como hemos indicado, de la constitu-
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ción física de los suelos y capas, predomine sobre la gravedad y determine la imbibición del suelo desde abajo o de abajo hacia arriba, quedando limitada la altura de ascensión imbibitiva al mo mento de perfecto equilibrio entre ambas fuerzas. Si las imbibiciones pueden partir de abajo y efectuárse hacia arriba, venciendo la energía de la gravitación, con más facilidad y rapidez se imbibirán las capas laterales. La imbibición, por tanto, de los vastos espacios subálveos y geológicos sin soluciones de continuidad, es función de los tiempos en ciertas constituciones físico-macánicas y en el inmenso curso de los que han transcurrido se habrán acumulado tales caudales de aguas subterráneas, que en las zonas geológicas correspondientes a las geográficas donde abunden las lluvias y los dispositivos de natural drenaje no sean agotantes para ciertos niveles superiores o bien las sucesiones o las constituciones petrográficas no sean inca paces de toda imbibición, serón prácticamente inagotables los vene ros subálveos susceptibles de dar aguas más o menos potables. Las mismas aguas de las porciones que hemos llamado.....C), infiltrando, desde las depresiones, los niveles más bajos, pueden, por sucedánea imbibición, primero lateral y después superior, esca lando niveles de más en más altura, escalonar vastos estratigráficos espacios de diferentes zonas, imbibiéndolas hasta saturación, capa ces de irradiar humedad y agua en todos sus sentidos, es decir: infe rior, superior y lateral. Aparte del fenómeno citado, posible solamente en ciertos sue los, dominando y rigiendo la infiltración el régimen subálveo de las aguas, qnedan los demás casos reducidos a meras Criaciones del... B) o..... C), que en realidad y esencia son un único caso, en que el agua de lluvia o meteórica a impulso de su peso, se precipita, con rapidez proporcional a su volumen y verticalidad, por cuantas solu ciones de continuidad, más grandes o más chicas, horadan el plano horizontal de su caída, tendiendo a rellenar cumplidamente cuantos huecos, vacíos e intersticios accesibles encuentra en su descenso, sin más limitación que la inferior impermeabilidad de otro plano geológico o la saturación de su nivei. Dedúcese, asimismo, de lo dicho, que la capacidad de imbibición y la de retentividad inbibitiva de una capa geolqgica o de un suelo, son en razón inversa de su permeabilidad, es decir; a mayor per meabilidad, menor capacidad imbibitiva y menor facultad de retener el agua y viceversa, que es por lo que la arcilla coloidal de granos microscópicos, tiene una enorme capacidad absorvente y retensora de la humedad y el agua, pero una permeabilidad aproximada a cero, es decir casi nula, que es lo que constituye la impermeabili dad o inconductibilidad. Desde el famoso Abate Paramelle, hidrólogo francés celebradísimo por sus aciertos y su sentido práctico, hasta los renombrados M. Imbraux, Qautier, Wollny, Risler, Duclauí, etc.. etc., admiten como coeficiente medio de absorción de las aguas pluviales por los suelos,-—(lo que no es absorbido se evapora y por tanto se pierde a los efectos de enrriquecimiento de caudales subálveos)—el com prendido entre un cuarto y un quinto (25 y 20 por 100 respectiva mente) de la lluvia: que si es verdad que hay suelos qüe absorben proporciones inferiores, ora por impermeabilidad, ora por desnivel, los hay también, como los arenosos, de mayor coeficiente infiltrativo y como las experiencias de M. Schardt hubieron de probar y
48 concluir, otros suelos y otras constituciones, como los secundarios, llenos de coladores y ae profundas grietas a la manera de podero sas cribas, (jurásicos, cretáceos, etc.), llegan a apoderarse del 60 al 70 por 100 del caudal que las lluvias precipitan, sustrayéndole a los efectos de la evaporación, según el parecer autorizado de M. King, otro estudioso hidrólogo, desde el momento que penetra a 2’50 m. bajo la superficie de los suelos arenoso-arcilíosos desnudos de arbolado y de otros vegetales de honda radicación. Partiendo de éstos datos y de las respectivas medias pluvimétricas mundiales, nacionales y provinciales; que aproximadamente se pueden evaluar en 840,—620,—y 400 m/m. de altura, es fácil cal cular los enormes volúmenes y las considerables masas de aguas que pasan anualmente a enriquecer las capas subterráneas, que pueden estimarse para nuestra provincia en un volumen mínimo de 519 millones de metros cúbicos. (80 m/m. por 6.490 kilm./2.) de los cuales serían suficientes 2’7 millones de m./3, para el abasto, a razón de 250 litros por día y habitante, de los 30 mil que a la sazón pueblan nuestra ciudad. Mayores todavía son las cifras que nos da Bentabol, por útil partes de lluvia. Según él; se evaporan...................... 325 (1/3). Corren directamenle a) m a r ....___ 425 (5/12). Son absorbidos por el suelo............. • 250 (1/4). 1.000 Sea de ello lo que quiera, lo que no admite dudas, es el hecho, de que hay en nuestra zona abundantes caudales hídricos subálveos, incalculablemente superiores a los que exigiría un problema de abastos, tanto más cuanto que han de pasar más o menos niveles subterráneos procedentes de la cuenca del Ebro, a desaguar, en fuentes, submarinas como la de Peñíscola, en la cuenca ocupada por las salobres aguas del Mediterráneo; pero caudales de agua a gran profundidad que haga preciso el gasto, doblemente oneroso en razón de su necesaria perpetuidad, de haberla de elevar a nivel suficiente para distribuirla a toda la ciudad, no es, a nuestro enten der, lo que conviene ni necesita Tarragona. Estamos en presencia, por lo tanto, de un problema de emersión expontánea, de surgencia artesiana, que pasamos brevemente a plantear. La surgencia artesiana, es una aplicación por la naturaleza del tema físico, «vasos comunicantes». Las cubetas subálveas, formadas por las capas de estratifica ción, dan lugar, con frecuencia, a este fenómeno, reproducido por ciertos manantiales. Del exámen comparativo, simultáneo y metódico de los mapas geológico, orográfico, hidrológico, del bloque general peninsular, se saca una impresión muy favorable, no solamente de sus riquezas hídricas subálveas, sino de su aptitud y su disposición, sobretodo en sus vastas cuencas cenozóicas, a la surgencia y al artesianismo. Los terrenos terciarios, en efecto, escalonados a débiles alturas,
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(30,—200,—650,—698,—mtrs. respectivamente, en Sevilla, Zaragoza, Madrid y Valladolíd, los valles del Guadalquivir, Ebro y ambas a dos Castillas) constituyen el fondo de vastas cuencas y dilatados valles ceñidos por terrenos más antiguos que ocupan cotas tanto más elevadas cuanto es mayor su edad, parecen especialmente indi cados para el artesianismo, tanto porque sobre una base arcáica o paleozóica se van superponiendo con regularidad desde los más antiguos (secundarios, terciarios, cuaternarios, etc.), hasta los más modernos, cuanto por la figura de cubeta que han venido adoptando y por la sucesión y alternancia normal estratigráfica, sin haber pa decido ni esperimentado, como las altitudes periféricas, por causas orogénicas ni energías tectónicas, otras perturbaciones ni transtor nos que la erosión de las corrientes de aguas superficiales. Parecida o mayor capacidad para el artesianismo y la surgencia, se puede atribuir a las regiones levantinas de España, que a favor de las vastas emergencias de las constituciones secundarias, (cre táceas y básicas) y de la torrencialidad característica de sus aguas meteóricas, opuestamente a las menudas, pausadas y empapantes lluvias atlánticas, parecen ofrecer mayores coeficientes infiltrantes y óptimas acumulaciones de caudales subálveos: pero las depresio nes submarinas mediteráneas, al presentar en sus bajos niveles las zonas y los puntos de su máximo debilitamiento, facilitan la exce siva surgencia de las aprisionadas aguas dulces en medio y a través de las saladas, mermando considerablemente las probabilidades de expontánea emergencia con nivel suficiente para nuestro objetivo de abastecimiento. Sin embargo; ni negaremos la posibilidad ni hemos de aconsejar que se desista de un detenido estudio precisamente por competentes y experimentados geólogos profesionales que emitan su opinión sobre las probabilidades y los precisos puntos de sondeo. Esperamos volver sobre este tema, para tratar o más expresiva mente, en cuanto acumulemos ciertos datos. *** Ap. n. 9.—Hemos visto que Bentabol calcula en 5/12 equivalen tes al 42’5 por 100 del caudal de las lluvias, la que directamente corre al mar. * ** Ap. n. 10.—Tiene la palabra, la División Hidráulica de los Piri neos Orientales con oficinas y personal técnico en Barcelona.
Ap. n. 12.—Véanse los apéndices ‘anteriores números 4, 8, 9, y se comprobará la prudencia, de propio intento excesiva, de la cifra supuesta. Aun en el caso de una cuenca bascada, el más recomendable bajo el punto de vista de higiene, de limpieza y de mínimos arras tres, pero por el contrario el más desfavorable a los efectos de caudalidad del colector, podremos calcular con M. Imbraux, como sigue:
%
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50
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Lluvia detenida y evaporada directamente por el follaje.. Idem evaporada por el suelo boscado......... . ...... . . ........... Idem transpirada por ei arbolado................. . ............. Imbición y resbalamiento, inversamente proporcionales..
30 13 29 28
Total...............
100
Si la cuenca se extiende o superpone sobre suelos azóicos o pri marios, bastante impermeables, pendientes y sinuosos, puede ele varse considerablemente, como para los suelos secundarios, las proporciones de agua meteórica que puedan sustraerse a la evapo ración, imbición, etc., etc. * Ap. n. 14.—Ley de 7 de Junio de 1911.—Artículo 10.—Podrá otorgarse sin subasta prévia a una C. de R.. S. de P., Sindicato A., etc., debidamente constituidos, que lo soliciten del Gobierno Civil, la concesión de toda obra hidráulica destinada a riego de terrenos de secano, con sugeción a un proyecto préviamente redactado y aprobado por el Ministerio de Fomento, de acuerdo con las pres cripciones de esta ley, siempre que aquellas entidades representen debidamente a los propietarios de la mitad, por lo menos, de las tierras de la zona regable correspondiente. El Gobierno en este caso podrá, además, conceder una subvención que no esceda del 50 por 100 del presupuesto de'las obras y un anticipo, en concepto de préstamo, hasta de otro 25 por 100 del mismo presupuesto, reinte grable en un plazo máximo de veinticinco años y con un interés de 2 por 100 anual..... La subvención y el anticipo se abonarán a medida que vayan realizándose los trabajos. Ninguna modificación que en la realizacióu del proyectó se introduzca, aunque sea impuesta por circuns tancias ineludibles, podrá hacer variar su cuantfa, a menos..... Real Decreto de 28 de Junio de 1910.—Artículo l.° Corresponde al Instituto geológico de España, el estudio de las condiciones que para el alumbramiento de aguas subterráneas reúnen las cuencas hidrológicas y el señalamiento de los puntos más adecuados para efectuar trabajos de investigación. Art. 7.° Además de los trabajos que el Estado realíce directa mente en beneficio general, podrá auxiliar a las Corporaciones, entidades o particulares que intenten o emprendan alumbramientos de aguas por su cuenta, siempre que, a juicio de la Comisión del Mapa Geológico, las labores proyectadas ofrezcan probabilidades de éxito. Cualquiera a quién interese la investigación dej aguas subterrá neas podrá solicitar el auxilio del Estado mediante instancia al Di rector General de A, I. y C., etc. Art. 8.° El auxilio del Estado, será de dos clases, informativo y pecuniario. Será informativo: etc..... Será pecuniario: Cuando las Corporaciones o entidades traten de alumbrar aguas subterráneas destinadas a aplicaciones de inte rés general manifiesto. En estos casos podrá el Estado contribuir á la ejecución de las obras con una subvención que no exceda del 50
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por 100 del presupuesto total, que será abonada a los solicitantes en la forma y plazos que fijará para cada caso el Ministerio de Fomento. Art. 9.° Para la concesión del auxilio pecuniario señalado en el artículo anterior, será requisito indispensable que el Instituto Geo lógico, mediante prévio y razonado informe, ponga de manifiesto que la comarca donde se trata de alumbrar aguas subterráneas reú ne condiciones para esperar un resultado favorable, señale el punto o paraje donde convendrá efectuar la obra, estudie el proyecto y presupuesto de la misma y emita su parecer sobre la cuantía y con diciones del auxilio con que el Estado podría ayudar a los solici tantes..... Art. 12. Las aguas iluminadas por Corporaciones, entidades o particulares serán de su propiedad, aun cuando el Estado haya con tribuido con auxilio informativo y pecuniario al resultado o ejecu ción de la obra. El paso por la Dirección de Obras Públicas de uno de los repre sentantes en Cortes por la circunscripción, bien podía dejar a Tarragona el grato recuerdo de uno de éstos auxilios eficaces para la solución satisfactoria del problema de Abastos. Habría, a éstos efectos, que aprovechar el tiempo. *** Ap. ti. 15—La garantía representada por una renta directa como la que se afianzaría con el servicio de aguas y las que a su favor se crearían y beneficiarían por la plusvalorización del patri monio ciudadano, no solo colmaría las exigencias del capitalismo si no que dejaría un margen disponible de fianza aplicable a presu puestos de obras y de proyectos supletorios, como alcantarillado, pavimentación, etc., que han de simultanearse. *** O bservación.— Esta moción, que no obstante haber sido anun ciada, no llegó a desarrollarse en sesión pública, fué leída en una reunión convocada al efecto, ante la mayoría casi íntegra de los miembros, ediles y elementos burocráticos principales de nuestro Consistorio. Tarragona, 1922.
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