" MANIFESTACION POLÍTICA
SOBRE
L AS A C T U A L E S C I R C U N S T A N C I A S .
CÁDIZ MDCCCVni; Imprenta de Quintana, calle de san Francisco frente á la parroquia del Rosario,
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P OL I T I C A.
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^esde que el genio revolucionarlo de la Francia em pezó á adquirir con sus pasageras victorias algún influxo en los negocios del Continente, hemos visto desapare cer la dignidad de aquellas naciones que hicieron la, parte mas honorífica de nuestra historia moderna. E l gabinete rie la revolución y el del imperio distan muy poco en sus operaciones y en su integridad; y el egoísmo, la falacia y las supercherías mas rastreras se "descubren lo mismo en los tratados de la república, que en los ajustes del nuevo ministerio. Repasemos la desgraciada historia de nuestro país desde la paz de B asilea: veremos una dem ocracia, ó por mejor decir un club de Oligarcas desorganizado , sin conseqüencia, sin forma , sin carácter ni costum b r e ; vexar á nuestro erario con especiosas exaccio nes, amenazar nuestra seguridad en medio de la paz, y posponer sus votos y sus juramentos. Poco después observaremos al frente de las deliberaciones de Francia á wn soldado lleno de osadía, hipócrita simulado, y acariciado de la fortuna, escalando aquella misma liber tad fantástica, pero consagrada con mil víctimas ilus tres y después de mil protestas en favor de la inde pendencia c iv il, tener todo el de.?caro de arrojarse á los 'negocios, formarse criaturas, desnaturalizar al exército, aniquilar á los ciudadanos mas virtuosos con si mulaciones y calumnias ; fingir sediciones , venenos y otros trampantojos de comedias, y en fin proclamar se ■ emperador. L a Europa toda vió este acontecimiento como el úl timo arrojo d.e los únanos; pero España", en obsequio
de la concordia firmada en Basilea, fue la primera que se apresuró a reconocer á este aventurero, y nuestras reiacioues con ei Norte le conciliaron poeo á poco las atenciones de los demas gabinetes ; pero los españo les ilustrados abandonaron desde eiitúnces el partido de nuestros vecinos. Ecnemos un espeso velo sobre los sucesos posterio res de Italia, cubramos con el manto de la vergüen za aiiuéllas artes y enjuagues con que suscitó, la últi ma guerra de Alem ania, la de Frusia y todas las de más del norte; advirtiendo de paso que los estadistas de menos penetración recibian unas veces con tedio y otras con carcajadas aquellas proclamas llenas de, imposturas , que han alucinado al vulgo de las na ciones. Y si la Inglaterra hubiera tenido menos ente reza, la llama asoladora que ha incendiado el Conti nente hubiera allanado los mares , y hubiera translbr-tmado el universo en una mazmorra de esclavos. Sí, solo una Lia , cuya forma constitucional la eleva sobre Ci resto de los demas gobiernos, ha sido la única bar— , rera de una árnbicioii tan desahogada; y la energía y eonseqüeacia de plan de estos isleños serán el es- , eolio donde se estrellen los intentos de este escánda lo de las naciones. Ha parecido con razón á diferentes políticos, que desde la-paz de T ils it, Bonaparte acabó de despojar se del poco pudor que le quedaba, y juzgando que po dría domuiar á un tiempo la opimon y los negocios, no ha tenido e.scrúpulo alguno de arrojarse á una cla se de crimeiies que no le será dado á la posteridad comparar debidamente , por mucho que se afane en re pagar los anales de la ambición y del descaro. Y ¿có mo podremos dexar de dar aquí un débil bosquejo del horroroso quadro de engaños, cautelas, depredaciones y perfidias que tenemos á la vista ? -La posteridad podrá
iin duda
emplear
otras tintas que den mas vida
á
estas horribles Imágenes, quando desaparezcan los te mores , la servüidad y los respetos que arranca el po der ; pero por ahora será suficiente para convencer nos de la exquisita depravación , y del avaro trenesí con que pretende sojuzgarnos , el examinar estos re sortes que agitan nuestras mas dignas pasiones y nues tros intereses mas sagrados, imponiendo el deber de ■‘ subir hasta el heroísmo. Nadie ignora que la nulidad y corrupción de nues-tro gabinete ofrecían una presa muy halagüeña á la insaciabilidad de nuestros vecinos ; pero parece que con trapesaba este ruinoso partido la misma gravedad de la ópion pública, á pesar de las trabas y de la esclavi tud , y la vista del j'óven príncipe de Asturias , cu yas persecuciones y ultrages padecidos desde la infan cia , y el estado de abyección y lástima en que lo mi raba la nación entera , nos recomendaban á este ilustre desgraciado, y nos hacía esperar , que ademas de su bondoso carácter esparciría por gratitud con un cetro benéfico la felicidad y las virtudes públicas sobre un pueblo tan generoso , tan estrechado á su causa, y tan amante de su decorò. L a Providencia con su invisible brazo nos quiso anticipar este glorioso suceso, derribando de su asiento al opresor de las Espafias , y presentando á nuestros ojos la imágen de la prosperidad. E l sedicioso Napoleón habia sabido anteriormente fascinar á los dos partidos, aparentando al cándido prín cipe de Asturias que sus tropas ocupaban el terreno español para proteger su inocencia y dignidad holladas; persuadiendo al propio tiempo al otro partido, que to maba un Ínteres muy esencial en los chismesi , en los embolismos y en las infamias de palacio, Godoy que intentaba á toda costa ceñirse una diadema, se asegu
ra que entabló fa negociación secreta de dexar á mer ced de las armas francesas la posesión de sus amos, arrancándolos con falacias y supuestos temores de la pe nínsula; y obligándoles de este modo á la emigración, á abandonar la patria á una horfandad política, con el fin de ofrecer á Bonaparte un motivo decente para la usurpación. Á la verdad , vacilaron al pronto las gentes mas sensatas para dar crédito á un designio tan horroroso; pero la protección dispensada á este cri minal , quando no le quedaban otros recursos que la confusión y el cadahalso ' la faramalla de forzadas ab dicaciones : los giros viciosos que se han ido dando alternativamente á la causa del Escorial, dislocando los hechos, desfigurando la verdad ; y en fin la insolencia con - que se ha querido arrancar hasta los mas débi les vastagos de la sangre real , son los garantes mas seguros de que no fué infundado el primer concepto ■ de nuestros políticos. L a nación miraba en Fernando v n un libertador suspirado, y un restaurador de sus intereses y su glo ria ; y qué ¿ las lágrimas y los votos de un pueblo enagenado de gozo , y lleno de toda la dignidad que le es propia, el consentimiento unánim e, y las bendicio nes de uná nación entera, no son los títulos mas ro bustos y preeminentes que legitiman á los soberanos, y encadenan toda opinión? Sin em b argo, Bonaparte en nada repara, y atropella por todo: entró en su calcu-7 lo extinguir los Borbones, y ocupar la España , para apoyar los intereses sucesivos de su familia; y la ra zó n , la moral y la decencia las reputa por quimeras de la multitud , y por juguetes de muchachos. Ahora pues : la guerra mas desastrada con lu glateiia, conclui da por el tratado de paz mas tiránico, ¿ podría producirnos ni el mas leve de los danos que nos ha- acasionado la funesta amistad de la Francia ? L a gran - Bisr-
tana no puede calcular sus intereses de modo alguno sobre nuestras costas, sin hacer nuestra leiicidad ; y ' la industria, la agricultura y la mayor parte de nues tros capitales han sido el resultado de algunos años de paz con esta nación ; pero | qué beneticios hemos conseguido de la alianza francesa ? Que reeonipensa de haberle sacrificado nuestra marina, nuestros millo n e s , nuestros soldados y nuestros recursos? Ah! En medio de estas afectuosas demostraciones de nuestra amistad y de nuestra concordia, les daban la mano á nuestros emisarios, al mismo tiempo que nos rasgaban el seno. Entonces , entonces mismo se prepararan en el gabinete de Saint Clout las cadenas mas ignominio sas contra esta sincera é íntima aliada. Qué fiera in gratitud ! 2 Qué mas hubiera podido hacer qualquiera regencia de Africa ? : : : ¿ Qué podíamos esperar cíe’ una nación que en me dio de las. protestas mas solemnes de unión y de ami.stad ocupaba con sus exércitos nuestros baluartes y nuestra m etrópoli, para, privarnos.á su parecer hasta de la esperanza de defendernos ?. Con qué lenguage es cribirá la posteridad los sucesos presentes ! ¿ Será posi ble que nuestros nietos sean tan excesivamente crédu lo s , que se persuadan al primer golpe de vista de la verdad de nuestra historia actual ? Abrámos la de rodos los siglos : registréraos ese depósito, de la grandeza y de las pequeneces dei hombre,. y advertiremos, es verdad, en muchas ocasiones á la ambición furiosa y desbocada pasar con la rapidez del rayo de la una á la otra par te del globo con la llama y con el hierro ; pero no ve remos unos monstruos tan desmoralizados , que nos es trechen tiernamente para sufocarnos entre sus brazos, para baldonamos, y para forjarnos en fin los afrento sos grillos que solo ha permitido una victoria cruel en . aquellos siglos tenebrosos, quando los derechos del hoiu-
bre pasaron por una quimera. Pues ello se ha intenta do asi ; y quando España toda pensaba ver en Bona— ñaparte á un héroe, á un ILbeitador de la nación, y á un amigo de su príncipe, solo ha visto á un usurpador descocado, que con las armas y artif.cios mas mezquinos derriba del trono á F e r n a k d ü V il, sorprende su fran queza, lo engaña, lo deshonra, lo vilipendia, lo acusa, lo calumnia, y le arranca de sus sienes aquella corona que miraba la España deplorada como su salvación y su libertad. Si después de algunos anos de batallas, concluidas por un triunfo decisivo, hubiese Bonaparte usado del funesto derecho del vencimiento, siempre hu biera comparecido delante de nuestro siglo con los rasgos de ferocidad ; pero dar los mismos atributos á la amis tad que á la victoria, á la buena fe que á la mala, á las relaciones de confianza y gratitud , que- á la» campañas y á lá sangre ; es no haber formado la mas leve idea de Ih virtu d, de la m oral, y en fin de la complexión del hombre es ser un monstro , con todo el rigor de la palabra. A pesar de esto, tanto el go bierno , como los déspotas subalternos que ha tenido Bonaparte la osadía de enviar á nuestra corte y á otras guarniciones de la península, nos han ofrecido oros y moros , montes y m aravillas , y la eterna felicidad de la España. Y | qué politico podría imaginarse que Bonaparte se decidiera por el afrentoso partido de Godoy y el de sus cómplices ? : : : L a Europa horrorizada execra en el silencio una tamaña ‘ perfidia, y la España y la humanidad holla das reclaman nuestras diestras vengadoras ; pero Bona parte tranquilo en sus crímenes por el hábito de co meterlos, quiere llevar hasta un exeremo desconocido sus ambiciosos designios. No creemo« que dexe de pe netrar él mismo , que persistiendo en su p la n , es in evitable la pérdida absoluta de nuestro patrimonio y
del de la Europa toda, que son las Am éricas; que se levantarán en ellas diferentes dinastías , que haráq independientes y formidables estas mismas colonias á sus antiguas metrópolis ; que la gran Bretaña adqui rirá una preponderancia que jamas habrá tenido j que son consiguientes la emigración y otras calamidades; que la casa de Austria no dexará en repodo el dereciio imprescriptible que tiene sobre el cetro de España en defecto de los Borbones ; que todos los gobiernos vi virán en eterna desconfianza , y alarmados contra un gabinete tan excesivaiuente desmoralizado ; y por fin, que es lo peor y mas seguro , que no conseguirá el objeto de encadenar los españoles , con sus esclavos, á pesar de las pueriles imposturas con que quiere des lumbrarnos , y de los terrores que quiere inspirar á una nación tan zelosa de su gloria, con un exército de siervos miserables, y de conscriptos arrastrados con cadenas desde las extremidades de la Europa, y desde países tan forasteros para la Francia como para nosotros; pero Bonaparte no se rinde á sus mismas reíiexíones , porque es un Tántalo tábrnsado por la sed de subordinarlo todo. Se ha tratado' de extinguir has ta los sentimientos mas comunes á todos los hombres, con la ojarasca de las proclamas de M urat, para ha cernos olvidar que la sangre de nuestros hermanos der ramada en el a de mayo con toda suerte de tormen tos , aun después de los choques, y los furores de una oposición injusta, tiñó las manos de los satélites de Bo naparte : sin embargo no creo que. puedan estar ufa nos a la sombra de s.us laureles los enemigos, porque una ínfima parre del pueo o , desvalida, sola, sin g e fes, sin recurso.s, y casi sin arm as, les dió á cono cer , que aun conservaba toda la energía del carácter, que nos distingue con rasgos sublimes de intrepidez, de valor y de ardiaueuto , á pesar de las calumnias y bal
dones esparddtís,’ tanto en el seSícioso diario de Ma d rid , como en otros periódicos franceses. L a excesiva condescendencia de nuestro gobierno con sus pérfidos huespedes, le obligó por su seguridad á vilipendiar al infeliz pueblo , á este baxo pueblo que es la par te constitutiva de los estados, y el depósito mas segu ro de nuestras antiguas virtudes públicas , olvidando ingratamente que acababa de sacrificarse por la justicia de su causa y la de sus príncipes. L a ambición del e.vc-rcito enemigo debía moderar se con la imperfecta idea que adquirió el 2 de mayo sobre su peligro; pero Bonaparte desprecia la sangre de sus soldados , y aborrece á la humanidad. Sonó en la altivez de su orgullo que le era fácil esclavizar á la España y conservar sus colonias. Envía un exércit o , la mayor parte de italianos, polacos, suizos y ale manes, lis-ongeándoles con el saqueo de la corte de su íntima aliada; nos exagera el valor y el número de sus tropas ; sorprende el p a is, aprisiona á sus príncipes aliados, los arranca con asechanzas ínrames del seno de sus pueblos ; y-.sé forja todo ese embolismo y baraíüa miserabie de órdenes, protestas, abdicaciones, de cretos, cartas y libelos, contando ya con el voto de las cortes, que solicita se reúnan en Bayona , para col mar los planes de su inaudita perfidia. Bonaparte no ha hecho entrar seguramente en su cálculo el resen timiento de un pueblo valeroso y amante de su in dependencia , cuyo justo enojo bendecirá el Señor de los exércitos, para huiniliar la ingratitud y la infiden cia , V para renovar en Francia mismo los pasados dias de sandre y desolaciones. Nada importa que su teniente Murat llame rebeldes á estos estuerzos de la fidelidad V dei patriotismo : el mundo está penetrado de la iin- , potencia de estas gentes para establecer la verdad y la opinion.
Generosos y leales Valencianos , la salud de la patria está pendiente de vuestros fprmidables brazos; y la España toda sumergida en el dolor espera que enseñeis al resto de sus hijos los caminos de la glo ria y del heroísmo. L a nación ha flxado ya la vista sobre nosotros , y nos bendice como á sus primeros libertadores : es preciso pues que justifiquemos á la faz del universo esta idea sublime y consoladora. Si hasta ahora hemos sacrificado á los preceptos de la autoridad nuestra indignación y nuestro ofendido honor : si la debilidad y la infamia del egoísmo habían con tenido á una corta porción de indolentes y preocupa dos , hoy exige la libertad civil y el carácter de dig nos patriotas que nos reunamos baxo de unas mismas in.signias con las provincias vecinas:, y á las órdenes de nuestros valerosos gefes , para vengar los ultrages de nuestro amado Soberano, la olensa de la nación, la inmunidad de nuestros hogares, la magestad de las le yes la santidad de los altares; renovando á los ojos de estos advenedizos las ilustres jornadas de san Quiuíin y de Pavía , que hacen inmortales los noniores de nuestros padres..
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