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Carta de un español a Bonaparte

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CARTA D E

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E S P A Ñ O L

A B O sr A I* A 3R. T 3E, EN

LA

QUE

LE

PIDE

UNA CONFERENCI A VERBAL EN QUALQUIER PARTE DE LA EUROPA,

En Cádiz : En l a Oficina d e , D . N icolas Gomez de ^Requena , Impresor del G obierno, plazuela de las T ablas, donde se hallará , á real y medio<.


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( 3) SEÑ O R .

-is compatricios agitados de la mas justa indig-' nación contra el proceder ageno de V . M . I. y R . en arrebatarnos del seno de nuestra España al mas amado de nuestros R e y e s , no hallaron por de pron­ to otro medio para desfogar su bien fundado resen­ timiento , que el de valerse de expresiones baxas y denigrativas , que indicasen vivamente su enojo contra aquella acción tan vilmente perpetrada. A sí es , que repentinamente vimos conmovida la M o­ narquía toda , alzando el grito para abominar y ana­ tem atizar á V . M . como autor de un hecho sin­ gular en la historia por su qualidad y circuns­ tancias. Y o , Señor , como otro de ellos , poseído del mismo fren esí, me dexé arrastrar de los impulsos de la cólera , zahiriendo la vil conducta de V . M . oculta hasta entonces baxo el velo de la hipocre­ sía j pero mudé ya de pensamiento , para que en en ningún tiempo pretexte V . M . que por no habér­ sele presentado Español alguno que intercediese con humildes voces por la libertad de su M onarca, se desentendió de restituírnosle de buen grado ^ y h é a q u í, S e ñ o r, que yo como buen vasallo , que daría no solo mis bienes , sino también mi vida por el rescate de mi amado R ey , comparezco , á vis­ ta de toda la España , tal vez el único , que humiilándose ante V . M. implora la libertad del jóven SI


(4 ) Fernando , cuyo rapto tan cauteloso , acredita has­ ta la evidencia la sinrazón y sandez de V . M. D ixe sinrazón y sandez , porque V . M. sin duda alucinado en que la fama de su nombre, los sucesos de nuestra Real familia maquinados por V . M. y ofuscados por un maligno idólatra de la vanagloria é interés ^ y sobre todo , que la decadencia de nuestra constitución política disimu­ laría , guando no aprobase aquel hecho tan atroz; no discurrió V . M . que jamas podria tener dere­ cho al Trono de la España sin que se le trans­ mitiese por la Nación ; ni los Ministros de V . M. supieron emplear aquella habilidad y política que se requería para alzarse con este R ey no , porque incurrieron en tales desaciertos , en errores tan gro­ seros , y en tantos anacronismos , que no seria ex­ traño preguntar , si los Consejeros de Napoleón Primero tenían juicio , y si V . M . había salido de la casa de los locos. ¡Qué ignorancia! ¡Qué ver­ güenza! ¡Qué borron tan indeleble en los anales del imperio francés! Señor : si V . M . desprendiéndose por algunos momentos del amor propio , y de los cuidados que deben ocupar su alta atención , se dignare recor­ dar , aunque superficialmente , sus principios , y los medios por donde llegó á ocupar el T ion o de la Francia : si hiciese , digo , una breve reseña de ios sucesos por los guales se llegó á dar á V . M. el renombre de gra n d e, y mirando sin preocupa­ ción el brillo que añadieron á sus timbres algunas estudiadas acciones de humanidad , de religión y de sana p olítica, las parangonase V . M. con la


Cs) , que usó para arrebatarnos á nuéstro amado Rey^' ¿quál seria la confusion, quai el rubor que ocu­ paría el corazón de V . M. ? ¿Se reconoceria V . M . aquel mismo Bonaparte que supo perdonar á sus mayores enemigos 5 que restableció el verdadero culto de Dios en Francia 5 y que graciosamente res­ tituyó parte de su Monarquía á un R e y que le provocaba? En otro tiempo , Señor , detestó V . M . el pro­ cedimiento de una N ación que se apoderó de qua­ tre fragatas españolas sin que precediese formal rompimiento de guerra. ¿C óm o , pues, podrá V . M . cohonestar sus esfuerzos para apoderarse, no de quatro fra g a ta s , sino de una vasta y rica Monar­ quía , sin derecho , ni consentimiento de la N a ­ ción , árbitra de su suerte? Y si V . M . no pudo mirar sin indignación el prudente hecho de los Ingleses en apoderarse de la Esquadra Danesa , que sabian de positiva ciencia habia de serles contra­ ria j ¿cómo puede mirar V . M . sin remordimien­ to , no el robo de una miserable esquadrilla con sospechas de enemiga , sino el de un R ey inocen­ te y amado de sus v a sa llo s, de quien no podia V . M . esperar otra cosa que la mas amistosa cor­ respondencia? Estos datos , Señor , y otros tan escandalosos é innegables , desmoronaron la alta opinion.... ¿qué dixe? Destruyeron la armadura de la falsa virtud con que hasta ahora anduvo cubierto V . M . des­ faciendo agravios , enderezando tuertos , y confi­ riendo ínsulas á los Bonapartes, y á otros que cons­ tituyó V . M . como antemurales de su persona é


imperio : mas |quién lo dixera! L a España , aque­ lla Nación decaída , abatida , envilecida , xafia , ig­ norante , idiota , cuya constitución envejecida medi­ taba remozar F . M . con el influxo de su omnipoten­ cia í la España digo , inconquistable con el oro y con las amenazas , burló los altos designios de V . M . y los hizo patentes al mundo , que desengañado hace ya mofa del gran talento de Napoleón , y del de sus sabios consejeros. Y en ve rd a d , Señ or, ¿que papel podrá hacer en lo sucesivo el Gavinete de Francia , cuyas disposiciones y procedimientos le nivelan en la opinion del de Benin, M a co co , ú otro de A frica? ¡A h Señor! Quando recuerdo la honrosa opi­ nion que V . M. se adquirió entre los pueblos de Europa j quando traigo á la memoria aquellas tan decantadas victo ria s, que elevaron á V . M . a la clase de los héroes, y medito atentamente la glo­ ria de que se revistió V . M . por sus señalados he­ chos de estudiada virtud y ponderado valor ^ no puedo menos de persuadirme que V . M. en la conducta que observó con los Españoles no pro­ cedió como Emperador , y sí como simple Bonaparte , sin aquella moderación , sin aquel decoro y justicia que debe ser el blanco de las opera­ ciones de un Príncipe que se afana por la gloria y por el bien de sus vasallos. ¿A caso V . M . no estudió las vicisitudes de la suerte en el gran li­ bro de sus dias? ó se presumió tan poderoso , que pudiese fixar la inconstante rueda de lo fortuna, para tenerla siempre propicia? ¡O errori ¡O mise~ rial Tal es nuestra divisa. Sí : error y miseria.


S e ñ o r, error y miseria fueron el móvil del exécrable atentado que se cometió en B a y o n a , auto­ rizado con vuestra presencia. Porque con efe c to , ¿cómo pudo escapar á la penetración de V . M . y sus Ministros , que para alzarse con la España , honrada , leal y religio­ sa , no eran suficientes las intrigas, las supercherías, las invectivas , ni falsas felicidades con que V . M . procuraba fascinarnos , quando faltaba aquel de­ recho que solo podian conferir á V . M . la espontá­ nea renuncia del R e y , y el consentimiento general de sus vasallos? A la verdad fue error ; mal dixe; fue ignorancia crasa. Y ¿á qué fin aquella temeridad de enviarnos á otro V. M. para que nos dominase , quando sabía V . M. la aversión y general descontento de los Es­ pañoles , resueltos decididamente á vengar á su R e y , y sepultarse ántes baxo las ruinas de sus ho­ gares , que prestar obediencia á vuestro hermano, por mil motivos indigno del Trono español? D exadle , Señor , dexadle que en pacífica posesión em­ puñe el Cetro de Nápoles , adquirido con la intriga, y asegurado en la debilidad de sus naturales..,. Pe­ ro no , V . M . lleno de virtudes no puede mirar con indiferencia la suerte de una N ación vecina , rica por su naturaleza y relaciones , una Nación valero­ sa y constante , tipo de la mas acendrada lealtad, baxo el dominio de los Borbones. Si los designios de V . M . hubiesen terminado en solo amenazas , en amagos , en políticas raterías, ó , en una palabra , en habernos hecho infelices con su desmedido inñuxo , merecieran tal vez dis-


culpa , como'parto de la ambición 5 pero que V . M . insistiese en llevar adelante sus torcidas miras aco­ sado de la sed del oro y gloria mundana , hasta el extremo de chocar con mi N ación entera 5 esto sí que es miseria ; mal dixe : esto sí que es codicia desenfrenada. Y bien , Señor , ¿vió y a V . M . el resultado de tan obstinada empresa? Los exércitos de V . M . ins­ trumentos de vuestra desmedida ambición , nuestros amigos y aliados , intentaron sujetar nuestras pro­ vincias , nuestras provincias digo , sin armas , sin municiones , sin víveres y sin dinero , y al mas mínimo esfuerzo destruyen aquellas formidables falanges , que sembraron el terror y la muerte en otros climas. Los insurgentes , los rebeldes ani­ quilaron con la velocidad del rayo á los vence­ dores , ó á los ladrones de Austerlitz , de Jena y de M arengo. Los desvalidos vasallos de V . M . por la renuncia de Cárlos IV . ponen en precipitada ver­ gonzosa fuga al otro V . M . en el mismo momen­ to que se dice Rey por la gracia de D io s , y las Constituciones, & c. En una palabra , las altas ideas de V . M . sus sabias disposiciones , sus extremados esfuerzos , todo , todo quedó frustrado. L a R eli­ gión , la lealtad y el honor inflamaron el corazón de los Españoles , y su justicia prevaleció en la ar­ dua inmortal empresa de defender la gloria de D ios, los derechos de su Príncipe , y el ilustre nombre de su N ación. En v is ta , pues , Señor , del aspecto tan sañu­ do que presenta á V . M . la España , esta N a ­ ción noble y generosa , que hasta aquí corres-


pondio a V . M. con las mas sinceras demostra­ ciones de perfecta amistad y alianza , en vista, digo , de hallarse toda alarmada , y resuelta á ar­ rostrar los males conseqüentes á una guerra obs­ tinada , prodigando su sangre para saciarse con la de vuestros esclavos , sin mas motivo que por un infundado capricho , . por un efecto mas bien de ambición que de verdadera política , ó sea por un vano temor del orgullo de V . M. 5 ¿no será posible que recuerde V . M. los deberes de la hu­ manidad y de la Religión , y ponga término á los males y desastres que la Europa sufre? ¿N o será posible que reconocido V . M . del error de su precipitado juicio , restituya á España la quie­ tud y el júbilo con devolverle su R ey F ernan­ do ? Ea , S e ñ o r, déxese V . M . penetrar de aque­ llos sentimientos de justa razón que ilustran las ac-. clones de los héroes : oiga V . M. la voz de la jus­ ticia , que clama por la libertad de nuestro inocen­ te Monarca , que no pudo ni supo agraviar á V . M . L a Europa toda está escandalizada ; y la Fran­ cia resentida , proyecta medios con que justificarse de una acción tan detestable en que no intervino^ mas que su Cabeza. A tajad , pues , Señor , con la prudencia los males que justamente debeis tem er: dexad ya v i­ vir tranquila la juventud francesa , y no la sa­ crifiquéis como hasta aquí , víctima de un débi^ capricho que engendró la vanidad : mirad la Fran­ cia desolada , y oid los tristes lamentos de las afli­ gidas madres , á quienes arrebató de su lado sus tiernos hijos , el brazo fuerte de la prepotencia:


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evitad la efusión de sangre humana , y calmad la general conmoción del universo con vuestra mo­ deración. Entonces los Pueblos todos que ahora justamente os odian , os llenarán de bendicionesj y vuestros mayores enemigos se os reconciliarán íntimamente : las voces de ira y de venganza que ahora resuenan en los oidos de V . M . se conver­ tirán en vivas de placer y de ternura j nuestros mismos labios entonarán himnos y fervorosas sú­ plicas al Ser supremo , para que prospere ^vuestras justas empresas. Sí Señor : este será el fruto que cogerá V . M . poseído del placer mas puro , y desaparecerán de nuestra vista las tristes escenas de estos dias 5 el júbilo y la alegría se substituirán al terror y al llanto , y los públicos regocijos á los marciales ensayos. Volvednos , pues , Señor , nuestro amado R e y 5 volvédnosle para que sea el universal con­ suelo de sus afligidos Pueblos , y de este modo completareis la felicidad que deseabais á los Es­ pañoles ^ y quando no , quando mis reverentes sú­ plicas no sean suficientes para inclinar vuestro Real ánimo á mi justa solicitud , supuesto que por le­ yes eclesiásticas y civiles me está prohibido todo reto y desafio con que provocára á V . M. para terminar brevemente nuestras desavenencias^ díg­ nese al ménos V . M. señalar sitio en qualquier parte de Europa donde concurramos V . M ., y yo á controvertir verbalmente , sin la asistencia de la numerosa comitiva que circuye á V . M . aque­ lla qüestion moral que hace dias me lleva inquie­ to ; por defender á uno de tus prómmos pue-^


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áes matar & otro"^. y en resolviéndola pondremos fin á los asuntos actuales con la brevedad que exi­ gen las circunstancias., V alencia 21 de A gosto de 1808.. SEÑ OR. S o y de V . M . atento amigo,, T.

P . D . Ocúrrem e , Señor : que como V . M . no> estará bien impuesto en la prohibición de duelos, y que por lo mismo podria sospechar cobardía mi respeto á las leyes que los prohíben , debo pre­ venir á V . M .. que soy Español , alto 5 pies y 6 p u lga d a s, bien, h e c h o , robusto y fo rn id o , ca-p az de moler como cibera con solas, las manosa dos Bonapartes á la vez.


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