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Inyecciones
M a d r i d , n o v i e m b r e 1933i
de
cemento
Por EDUARDO J. DE CASTRO (1)
APLICACIONES EN EL PUERTO DEL MUSEL.
Generalmente, no son de cemento, sino de mortero. Pero no es impropia la palabra "cemento". Porque él es lo esencial; la arena es lo accesorio, el vehículo, lo que se añade p a r a que la obra salga más barata. H e dicho también que "generalmente" no son de cemento. A veces sí lo son. Bn fangos muy fluidos de consolidación difícil se suprime la arena, porque toda actividad es poca y no h a y que amortiguarla con un cuerpo inerte. No pretendo explicar una lección acerca de esta interesante materia de la ingeniería. Lo que me propongo es más modesto. Voy solamente a presentar unos cuantos ejemplos de inyecciones que me h a n dado buen resultado. Lo que yo no he hecho no tengo para qué explicarlo. Cada uno debe decir lo suyo, que es lo que conoce bien, como ha hecho Gómez Navarro en un artículo muy interesante recién publicado en la "Revista de Obras Púbhcas". Siempre me dieron buen resultado las inyecciones de cemento, y por eso acude a ellas siempre mi pensamiento ante muchos de los problemas que se nos presentan al construir. La más importante que he hecho ha sido la del dique del Norte, del puerto del Musel. Y ella es la primera que voy a explicar. E s t e dique de abrigo, en la mayor parte de su longitud, es del tipo Wick. E s decir, que está formado por dos muros paralelos, que forman los paramentos, o mejor dicho, los costados del dique; por otros muros transversales cada 40 ó 50 metros, y por un relleno de piedra suelta en los espacios que quedan entre los muros. Los muros aisladamente no son bastante p a r a resistir el empuje del m a r ; necesitan el peso del relleno para tener la estabilidad debida; y el relleno, por su parte, sólo vale como elemento de resistencia mientras está encerrado entre los muros. Cada elemento aislado no es nada; hace falta que los dos se unan y se presten mutua ayuda. Casi siempre dió mal resultado este tipo de dique, ^ a s olas que caen sobre él después de haber saltado sobre el parapeto, a r r a s t r a n primero el relleno y golEi^l^i^fS^-'niero de Caminos. jj-speclal del Cuerpo.
P r o f e s o r de P u e r t o s en la E s c u e l a
pean luego el muro interior, que acaba por ceder. No es esto solo. Si algunos bloques faltan, por avería química o porque la m a r los arrastró, y dejan un hueco por el que pueda salir el relleno, todo se vacía y el dique queda reducido a unos muros sin enlace y sin condiciones para resistir. A veces sobreviene un temporal antes de haberse echado el relleno; suele esto ocurrir al final de las campañas de verano. E n t r e los dos muros longitudinales y los dos últimos transversales queda un estanque de agua tranquila que viene a hacer de morro del dique. Al caer en ese estanque las olas se producen lo que en muchos libros ingleses, con frase muy gráfica, se llama "bursting effect". E s como una caldera a punto de estallar. Cada golpe de m a r echa de repente en el estaque unos cientos de metros cúbicos de agua y produce una conmoción en los muros que se dislocan y quedan expuestos a que cualquier temporal de mediana violencia los destruya por completo. P a r a salir al paso de estas amenazas, en casi todos los puertos, Wick, Musel, Kilsruhe y otros, se ha acudido al mismo remedio. Siempre el mismo, a pesar del mal resultado que siempre dió. Parece como si no quisiéramos escarmentar en cabeza ajena y no aprendiéramos a hacer las cosas bien más que a fuerza de hacerlas mal. No es eso; es que, excepto las inyecciones, los demás remedios son tan costosos que nos resistimos a emplearlos y no echamos mano de ellos h a s t a el último extremo. Primero se eleva el parapeto p a r a que las olas no salten sobre él, y luego se hace un piso firmísimo para proteger el relleno y para que si alguna ola salta a pesar de la gran altura del parapeto, se encuentre al caer con un piso resistente que no pueda destruir con facilidad. Desde el punto de vista de la construcción es posible que por ese camino se llegara a la solución; a fuerza de subir el parapeto y de robustecer el piso del dique se puede hacer que todo forme un macizo indestructible en el que el relleno no pueda de ningún modo saUr. Pero las cosas no ocurren así, y antes de conseguir lo que pretendemos se nos presenta el enemigo por otro lado. E n el Musel como en todos los puertos en los que las crestas de la olas son sensiblemente normales al muro de abrigo, la elevación del parapeto t r a e como consecuencia el que la 589