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Ingeniería y construcción: revista mensual iberoamericana (diciembre 1927)

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mmm. AÑO V.-VOL. V.-NÚM. 60.

Madrid, diciembre 1927.

El p r o b l e m a d e l a

Materia

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Por BLAS CABRERA, catedrático de la Universidad Central. II ELECTRÓN Y CARGA POSITIVA

6. Hubo un tiempo en que casi todos los fenómenos físicos que en la materia se producen se atribuían a determinados agentes substanciales superpuestos a ella en cantidad mayor o menor, según la capacidad receptora de cada cuerpo. Tales eran los fluidos calórico, lumínico y eléctrico. Más tarde, las teorías dinámicas lograron probar que cuanto se atribuyó al primero se interpreta más claramente y con mayor precisión mediante la agitación desordenada de las moléculas y átomos, y también quedó fuera de duda que la luz es un fenómeno periódico, cuya imagen más sencilla es un movimiento ondulatorio en el seno del éter, medio creado ad hoc para tal fin. E n esta corriente de dinamismo no faltaron tentativas de reducción del fluido o fluidos eléctricos a formas de movimiento del éter, pero ninguna de ellas ha podido vanagloriarse del completo éxito de sus esfuerzos; la electricidad se ha manifestado siempre como una entidad substancial contenida en la materia, en cuanto satisface a una ley de conservación inaplicable al calor y la luz. La carga encerrada en un volumen definido sólo varía extrayendo o introduciendo nuevas cantidades, mientras el calórico o el lumínico se crean y destruyen tn situ, utilizando procesos físicos diversos. Por otra parte, Helmholtz, en su celebrada conferencia Faraday de 1881,sef1aló ya la conexión íntima de la materia y la electricidad que establece la ley fundamental de la electrólisis, descubierta por el genial físico inglés: «El paso de 0,96494 X 10^ coul. int., o sean 2,8934 X 10" UE, a través de una cuba electrolítica libera una valencia-gramo de cualquier ion». Así cuando es hidrógeno, o cualquiera de los elementos alcalinos o halógenos, será un átomo-gramo; si se trata del magnesio, del cobre en las sales cúpricas, de niquel, etc., corresponderá a su mitad, y, en general, para los elementos que funcionan con valencia n la cantidad liberada será — del átomo-gramo. Pero en esta masa (§ 3) existen 6,06i X 10"' átomos reales, de modo que cada uno de ellos parece tener una dotación de carga eléctrica igual a n veces

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Véase el primer articul.. en ei número de octubre 1927, pág. 477.

Por consiguiente, el atomismo de la materia impone la misma condición a las cargas eléctricas, con una unidad natural que se expresa por el número 4,774 X 10~'°, cuando se la mide con la escogida arbitrariamente para la cantidades que manejamos de ordinario en los experimentos. De este atomismo no se vislumbra el más débil síntoma en los fenómenos que han permitido construir la ciencia eléctrica clásica, porque las cargas que en ellos intervienen se hallan integradas por un número fantásticamente grande de dichas unidades naturales. Por ejemplo: en una esferilla de un centímetro de diámetro, cargada con un elemento Daniell (un voltio aproximadamente), existen y a unos 200 millones. 7. Sin embargo, la técnica moderna h a llegado a

Figura 7.° Disposición experimental de Millikan para medir e.

perfeccionar los métodos de medida de las cargas hasta el punto de poner en evidencia los cambios discontinuos que corresponden a su atomismo, cosa que no parece probable se logre en un porvenir próximo para la materia ordinaria. El mérito que este progreso envuelve corresponde a Millikan, cuyo método permanece muy cerca de los procedimientos que pudieron imaginar los iniciadores del estudio de la electricidad. Todo se reduce a equilibrar la acción e E que el campo E ejerce sobre la carga e de un cuerpo electrizado mediante su peso. Por razones notorias conviene que e sea muy pequeña, así como la masa del cuerpo que la soporta, por lo cual, Millikan emplea gotiUas muy pequeñas, general58 L


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