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Cinética
Madrid, septiembre 19S7.
Universal
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Por JUAN HEREZA Y ORTUNO, ingeniero de Minas. 11.—MATERIA.—PROTOÁTOMO.
Actualmente pasan por aguda crisis nuestras ideas y conceptos sobre la materia. Lo material y lo inmaterial están en mutua oposición y así se da, actualmente, la paradoja de que, mientras físicos eminentes tratan de espiritualizar la materia, filósofos racionalistas, no menos sefíalados, tratan de materializar el espíritu; y así, en presencia de estas dos polaridades tan opuestas y tan poco fundadas, en definitiva, sobre bases ciertas, no será de admirar, en plazo no lejano, una reacción a los puntos de vista clásicos y tradicionales. Kant refería la materia a la categoría de substancia, a la cual debemos nosotros seguir refiriéndola mientras no se demuestre algo en contrario de modo claro y preciso. La Mecánica relativista con conceptos nuevos, tales como la variación de masas con la velocidad y negación de una masa inerte para el electrón, es la que ha conducido a esa espiritualización de la materia a que antes nos referíamos. Y así, físicos-filósofos, eminentes y expertos en el empleo del análisis infinitesimal, como Weyl, se hacen apóstoles de esos puntos de vista novísimos y reducen la materia a una pura manifestación del campo electromagnético. Todo eso está muy bien como juegos de imaginación que acreditan la muy viva de sus autores; pero siempre y cuando no se rebasen ciertos límites. í^a Mecánica relativista parte de un convenio o hipótesis falso; pero como el error es tolerable dentro de ciertos límites de velocidad, suministra, al fin y al cabo, perspectivas aceptables de Universo. Más aún: así como entre las diversas perspectivas de un paisaje puede darse una en que se vean detalles no apreciables en las demás, así también en la Relatividad puede darse el caso en que algún fenómeno físico sea apreciado en mejores condiciones que en la Mecánica clásica. Alguno de estos casos han servido a la Relatividad para envanecerse y hacer ostentación de menosprecio hacia la Mecánica clásica; pero, en fuerza de imparciales, debemos confesar que a la severidad y certeza de las hipótesis y concepciones de la Mecánica clásica no llega ninguna otra. Decíamos que la Relatividad nace de un convenio falso, y aun cuando ello esté en el ánimo de todos, bueno será recordarlo para quedarnos satisfechos acerca de nuestro concepto clásico, y ,más que (1) Véase el primer articulo en el núm. 53, pág. 221.
clásico intuitivo, sobre la inmutabilidad y permanencia de la substancia. Con ese convenio falso, como punto de partida, la Relatividad está en el mismo caso del sujeto que se engaña a sí mismo al ejecutar una acción que en el fondo le repugna; pero la Relatividad sigue su camino ade-' lante, con los ojos cerrados, sin reparar en las consecuencias. Es este exactamente el caso. Cualquiera diría, en vista de estas manifestaciones, que yo soy un detractor sistemático de las doctrinas relativistas. Nada más distante de la verdad. Yo las admiro en todo instante y las acepto en los límites tolerables y admiro, además, y envidio el genio de Einstein, no sólo como relativista, sino como físico matemático en general; pero hecha esta salvedad, conviene que no nos engañemos para destruir y echar por tierra conceptos fundamentales. Se dice por los relativistas que el resultado negativo del experimento interferencial de Michelson y Morley llevó a los físicos a introducir un coeficiente de contracción para el brazo del interferómetro dirigido en el sentido del movimiento de la Tierra, el cual, al acortarse, toma la longitud
Siendo / la longitud primitiva, c la velocidad de la luz y i; la de la Tierra, y todo ello con el propósito de igualar, rigurosamente, los tiempos que la luz emplea en recorrer, en trayecto de ida y vuelta, el brazo colocado en la dirección del movimiento y la dirección normal. Pero la Mecánica clásica sabe a qué atenerse respecto al particular y sus severos principios están de antemano garantizados, porque ella penetra en la esencia misma del fenómeno. La Mecánica clásica dice: Yo sé bien que la velocidad de las ondas luminosas es c -\- V en un sentido y r — en el opuesto y, por consiguiente, determino una velocidad c que es la media de las dos anteriores. Cuando la Relatividad dice que la velocidad de la luz es la misma en todas direcciones para sistemas en reposo o en traslación uniforme unos con respecto a ofros, se refiere a esa resultante bidireccional. Ciertamente que validos de experimentos ópticos no podemos medir l a s velocidades unidireccionales; pero yo, con mi intuición y mis principios, dice la Mecánica clásica, estoy por encima de esos experimentos 425