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SOPAIPA

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SOPAIPA

Relatos grรกficos y cultura cotidiana

ALTIRO ediciones


JuanPaula


SOPAIPA ALTIRO edicionesŠ 2009 altirorevista@gmail.com www.altiro.org altiro@altiro.org

ALTIRO ediciones


SOPAIPILLAS 1 taza de zapallo cocido 3 cucharadas de manteca derretida 1 cucharadita de sal 2 tazas de harina ½ taza de leche o agua caliente aceite para freír (½ litro más o menos)


Estile y pase la taza de zapallo por cedazo. Haga una corona con la harina y vacie al centro la manteca derretida junto con la leche o agua, la sal, y el zapallo. Junte bien los ingredientes formando una masa que no debe pegarse en la tabla y ser igualmente suave y elástica. Usleree la masa dejándola de un espesor de ½ cm y corte círculos de 10 cms. con una copa o un molde redondo. Perfore en varias partes con un tenedor o cuchillo. Calienta el aceite en una olla a la temperatura de 190°C. Ponga 2 o 3 sopaipillas en el aceite caliente, y fría por un minuto cada lado. Las sopaipillas deben estar doradas, pero no muy oscuras. Retírelas del aceite y colóquelas sobre un papel absorbente. Continue friendo las sopaipillas en esta manera.


La Cueva de las Sopaipillas (Chvbi) En algún olvidado rincón de Santiago, lejos de la vorágine de lo cotidiano, existe un lugar oculto a los ojos de la gente común; es donde todas las noches pernoctan los ingenios que dan vida a las legendarias sopaipillas de Santiago. Es aquí donde cada mañana llegan los hábiles herreros de la harina, a la que animan en sus improvisadas fraguas a gas, donde se preparan secretas enjundias de colores rojos y amarillos, se disponen los milenarios aceites, se reparan y afinan los majestuosos carros portadores del anhelado manjar y es aquí donde cada noche se apilan los recuerdos de la ciudad, y donde se guardan las historias que con el pasar de los días engrosan las memorias de la cueva de las sopaipillas.


de la cuadra


Sopaipilla Traicionera (Chvbi) Caminando por la Alameda cuenta sus monedas, solo cien pesos le sobran del pasaje de la micro -Me alcanza justo pa’ una sopaipa-. Tres cuadras lo separan de Estación Central y por una sopaipilla con pebre dichoso las camina. Al fin encuentra un carrito, que con un improvisado letrero lo condena: “SOPAIPILLAS CIENTO VEINTE PESOS”, -Chuuuuta, las subieronY derrotado se va a tomar la micro. - Pa’ mañana será –


came


La Sopaipilla Rara (Chvbi) Micro 141, semáforo en rojo llegando a Estación Mapocho. Toca el timbre, salta a la vereda, corre entre la gente y se detiene ante un carro. Efectúa la transacción y veloz corre de vuelta, sube por las puertas aún abiertas y agitado me pasa una de las dos sopaipillas que lleva. Eso no es lo extraño, lo extraño es que las sopaipillas son cuadradas.


came


Lluvia de Sopaipillas (Juan Paula) La verdad es que la lluvia no me gusta, ni ahora ni menos cuando aún disfrutaba de mi niñez. El barro, el frío, los kilos de ropa (ese dolor al doblar los brazos o la sensación de torniquete detrás de las rodillas), la nariz húmeda y quemante. Sin embargo, tengo que admitir que la lluvia, además de significar la pérdida parcial de la movilidad significaba también un deleite casero que comenzaba a la hora de once y que terminaba por extenderse a cualquier jornada en la que se sintiera el deseo, por muy, muy leve que fuera, de saborear esa masita entre amarillenta y anaranjada, entre dulce, pero no mucho y salada aunque no tanto. Redonda en teoría pero deforme al fin y al cabo; con ombligos, con ojos; con pecas, con hoyos. Caliente y blanda en el presente y tan dura y mañosa al día después. Resbalosa, y quizá asquerosa, chapoteando en chancaca, pero tan aromática, remojada, tierna y suave al paladar. Con mermelada para convertirla en pastel y con palta o pebre para transformarla en sándwich. Manchada con mostaza y Ketchup, incluso privada de zapallo y sal, pero siempre deliciosa. Ahora que he crecido y que ya la niñez está lejos, el invierno sigue sin gustarme, pero me alegra que al menos haya sopaipillas todo el año.


Lluvia de Sopaipillas La verdad es que la lluvia no me gusta, ni ahora ni menos cuando aún disfrutaba de mi niñez. El barro, el frío, los kilos de ropa (ese dolor al doblar los brazos o la sensación de torniquete detrás de las rodillas), la nariz húmeda y quemante. Sin embargo, tengo que admitir que la lluvia, además de significar la pérdida parcial de la movilidad significaba también un deleite casero que comenzaba a la hora de once y que terminaba por extenderse a cualquier jornada en la que se sintiera el deseo, por muy, muy leve que fuera, de saborear esa masita entre amarillenta y anaranjada, entre dulce, pero no mucho y salada aunque no tanto. Redonda en teoría pero deforme al fin y al cabo; con ombligos, con ojos; con pecas, con hoyos. Caliente y blanda en el presente y tan dura y mañosa al día después. Resbalosa, y quizá asquerosa, chapoteando en chancaca, pero tan aromática, remojada, tierna y suave al paladar. Con mermelada para juanpaula convertirla en pastel y con palta o pebre para transformarla en sándwich. Manchada con mostaza y Ketchup, incluso privada de zapallo


23º (Africa Olivares)

- Es el veintitresavo, y ¿lo archivas como si nada? - ¡Vigésimo tercero! Y sí, lo archivo. El que un periodista de matinal haya hecho una nota no significa que sea más importante. El tipo es un caso interesante, pero aquí no nos encargamos del diagnóstico. Era el número veintitrés, veintidós personas habían presentado ya los mismos síntomas, era solo un perturbado más. La misma idea de exterminio de toda una raza, por un error en la fórmula de control de natalidad. Oscar era uno de los siquiatras que debía hacer, una vez al mes, un turno en la posta central. Y en los últimos diez meses aparecían personajes de aquellos, claramente perturbados. Un drogadicto más, uno menos, para la noche en la posta central no era tan novedoso esa situación. Pero para Oscar, las cosas tenían demasiadas coincidencias.


Los dos primeros sujetos fueron traídos por carabineros, quienes los habían encontrado vociferando incoherencias e impidiendo que peatones transitaran por la vereda. Fueron sedados pero ambos sujetos resultaron ser alérgicos al medicamento, uno de ellos logró sobrevivir un par de días. Se inició una investigación, el sedante utilizado era de uso común y podía presentar un riesgo, más no se encontró nada. Al mes siguiente dos sujetos aparecieron, esta vez fueron sorprendidos dentro de una planta envasadora de aceites. Lo que parecía una travesura de niños, fue llevado por los abogados de la empresa como si se tratara de un atentado terrorista. Los jóvenes tenían algunas lesiones por caer del techo de la fábrica, aún así después de unos días murieron en sus celdas mientras esperaban el juicio oral. Oscar tuvo que entrevistar a estos dos jóvenes, su evaluación indicaba que eran chicos normales, que probablemente sus familias provenían de un estrato social alto por el nivel de conocimientos que ellos manejaban y posiblemente habían vivido en el extranjero por la manera extraña como utilizaban algunas expresiones propias de su edad.


Treinta días después dos mujeres fueron sorprendidas dentro de una fábrica de semillas, lanzando bombas lacrimógenas en las bodegas de trigo. Por la televisión se vio a una de ellas modulando algo inaudible, pronto esa imagen fue editada por internautas en miles de versiones. - Oscar, son locos al azar, es como si quisieras conectar la vida de un esquimal y la señora de la esquina. - Pero no te parece curioso, una pareja, cada mes, muriendo y esos mensajes. - Muere gente todos los días y a menos que sean tus pacientes, te recomiendo que no le des más vuelta a los locos que recibimos aquí, solo debemos anotar su estado de ingreso y derivarlos. - Si, lo sé, pero ¿Cuántas veces llegan algunos con historias tan elaboradas? - ¿Elaboradas?, en qué mundo vives, las redes hacen que el conocimiento esté a la mano de todos. ¿cuántas personas te hablan de conspiraciones a diario? - Si, tienes razón.


Después de ver como la mujer gesticulaba, Oscar comenzó a guardar cada detalle de estas apariciones, llevo registro de todo: Los lugares saboteados estaban relacionados con alimentos, sus muertes siempre ocurrían días u horas después de su detención, siempre gesticulaban algo… Pero si todo es producto de las redes, debería encontrar más jóvenes usando esa palabra…..- Oscar ya era todo un detective, entrampado con veintidós personajes. Pero el número 23, el sobreviviente como decía llamarse, le ayudo a encajar todo.


Como de costumbre Oscar esperaba frente al aceitoso carro de sopaipillas que estas estuvieran listas para ser devoradas, era el ritual de todos los días mientras esperaba el Transantiago. Un hombre se abalanzó sobre él: ¡Nooooooooooooooooooo!, escúchame…yo...yo wiên ¡escúchame!- el hombre parecía desesperado, realmente estaba fuera de si- Tienes que creerme wên, hay algo malo en esas... lo hemos intentado veintidós veces wên... no nacerán más y... y... los pocos que lo hagan serán iguales wên… moriremos… a este lado no habrán personas…- el hombre había tomado a Oscar de los hombros y lo sacudía mientras gritaba, pronto apareció carabineros y automáticamente el hombre se calmó - Oscar, escucha a quienes no usan weon. Fue la frase que susurró. La patrulla se alejó y como un grupo de hormigas, la gente que circulaba volvió a su rutina, Oscar quiso hacer lo mismo y se acercó una vez más al carro, pero entonces vió en la otra acera a una mujer que gesticulaba. Esta vez el mensaje era claro: .- ¡NO LAS COMAS!


observador


¡Maldito carro de sopaipillas! (Come Rata) ¡��������������������������������������������������������� Maldito carro de sopaipillas! Esta idea se estaba convirtiendo en un soberano fracaso… seis horas sin vender nada y la mercadería se pudría bajo el sol. La plaza estaba vacía y el calor era demasiado insoportable como para que alguien se acercara siquiera a tamaño “balde” de aceite hirviendo que era mi negocio. Las palomas esperaban que me rindiera y tirara la mercadería a un lado. A eso de las 3 de la tarde, el sudor me nublaba los ojos y el calor me tenía mareado, fue por eso que al principio pensé que lo que veían mis ojos era un espejismo: una belleza de otro mundo, un metro setenta, curvilínea, con una minifalda cortísima y una polerita pequeña y apretada, se acercaba al carrito contoneando su hermosísima humanidad en cada paso. De lejos noté que venía con hambre y que mi humilde puesto de comida era su salvación. Se detuvo frente al carro, me miró a los ojos, tomó dos sopaipas y me preguntó cuánto costaba la gracia. A esa altura ya no importaba nada y su voz suave terminó de aturdirme.


“Para usted son gratis” le dije, sin pensar en las deudas ni en salvar el día con alguna moneda por lo menos. Con una sonrisa me miró sorprendida mientras daba la vuelta al carrito para acercarse adonde estaba yo. Ese trayecto lo vi paralizado, como en cámara lenta, mientras repasaba todo su cuerpo con mis sudados ojos. Llegó a mi lado y yo seguía tullido de impresión. Sin mediación me dio un beso en la mejilla. ¡¡¡woooOOOOOooowww!!! Grité de improviso entre emoción, calentura, felicidad y esquizofrenia. Me tropecé con el balón de gas y caí sobre el carro con estúpida fuerza. Se dobló una rueda. Todo se dio vuelta. Las palomas volaron mientras caía con todo y quitasol. El carro chocó con el suelo explotando en mil partes mientras el aceite hirviendo saltaba sanguinariamente quemando el pasto y la arena de los juegos de alrededor. Caí a un lado y las palomas volvieron volando y picoteando a comerse lo que pudieran. Con patadas, escupos y mordiscos logré sacármelas de encima y ponerme de pie dignamente. La chica miraba atónita tamaña catástrofe. Con la boca muy abierta, se le veía la mitad de la sopaipa atascada en la garganta.


“Son muy secas esas sopaipillas” agregué, como si todo lo anterior no hubiera pasado. “Te invito una bebida”. Y como en un acto reflejo, me estiró su mano para que la guiara. Nos fuimos juntos al quiosco de la esquina y durante todo el trayecto no pude evitar que parara de reírse y burlarse de mí. El calor seguía golpeando fuerte, el carrito estaba destruido en medio de la plaza, la mercadería había sido devorada y lo que quedaba estaba lleno de plumas… pero al final del día yo estaba refrescándome junto a la sonrisa más bella del mundo. ¡Bendito carro de sopaipillas!


Alonsa (Valdés) ....Sueña que soñarás, despierta que despertarás.... Alonsa, mujer sagaz y persuasiva, mantiene su belleza comiendo del árbol de la sopaipilla, nos cuenta que si sueñas comiendo esta redonda masa frita, despiertas dentro del sueño y podrás hacer dentro cuanto desees, invocarla es una interesante alternativa, aún tiene nuevas cosas que enseñarnos.


Duamier (Valdés) ... Tralará tralarí, con estas hojas te conquisto a tí... Duamier, esta dulce jovencita sostiene que encontró la pócima del amor, unas cuántas especias mezcladas con la famosa masa frita. Lo que no sabe es que su inigualable belleza consigue su objetivo incluso con las hierbas equivocadas.


valdes


Flusandrika (ValdĂŠs) ... Torta frita, chipĂĄ, cuerito, sopaipa, sopaipilla o cachanga... Flusandrika, esta obrera incansable posee un particular don, cual es moler el trigo con sus poderosas manos para luego mezclarlo con el sudor de su piel. Solo entonces quienes prueban de este bocado al aceite pueden tener la posibilidad de ver su rostro.


valdes


Welter Ratbel (Valdés) ...Quién se comió mis sopaipillas.... Weler Ratbel, inconfundible y ermitaño personaje, buscador de tesoros tiene más de trescientos años y aún no aprende a compartir..


valdes


Nadie Sabe Para Quien Trabaja (JoZe...) Habíamos quedado de juntarnos en la plaza como siempre. Estábamos juntos desde hace dos años, nos amábamos, por lo menos así nos lo decíamos cada dos palabras. Nos dimos la vuelta correspondiente, hablamos del amor y practicamos unos apasionados besos, pero antes de los siguientes besos nos dio un hambre terrible. El carrito de sopaipillas estaba en medio de la plaza y sin dudarlo nos acercamos con el objetivo de degustar un par con pebre. El tipo, regordete y bonachón me entregó nuestro pedido sin demora y con apuro, ¡DESASTRE! las sopaipillas se me cayeron sin control al suelo de tierra. Ella entró en un estado de histeria que jamás le había conocido, me alegó, basureó y botó en la misma frase y sin derecho a réplica. Quedé pega´o, de rodillas con la sopaipas sucias en mis manos y mirándola marcharse para siempre. Esas sopaipas me demostraron que uno nunca termina de conocer a la gente. El otro día un amigo me dijo que la vio saliendo con el dueño del carrito de sopaipas…


OBSERVADOR


SOPAIPA GIRL la defensora de los hambrientos que rumbo al cielo va en su sopaipa espacial. John leyton


La Sopaipilla Deforme por Aeny

Era tan diferente a sus hermanas, no tenía aquella perfecta apariencia, tenía miedo a ser expuesta a aquel terrible mundo efímero, donde seria consumida. Sin valor alguno, ella debía lanzarse al aceite hirviendo. La última prueba, la que sus hermanas sin tener miedo habían enfrentado. Pero ella temía ser rechazada, ser la última escogida. Y entonces, antes de ser lanzada al aceite, ya había sido escogida.

Su extraña forma hizo que esperasen por ella y se atrevió a seguir adelante.


SOPAIPA Según La Real Academia de la Lengua Española. Sopaipilla: Chile. SOPAIPA. 1. f. Masa que, bien batida, frita y enmelada, forma una especie de hojuela gruesa. 2. CHILE. El manjar callejero e invernal por excelencia.

SOPAIPA se terminó de imprimir en diciembre de 2009 en July, Sargento Aldea 446, Santiago.

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