Es sorprendente que pueda haber esta familiaridad toponímica entre el ámbito ibérico y el internacional, desde los países cercanos a los más lejanos. Pero lo más significativo no es el hecho de que la toponimia española esté emparentada con la de éste o aquél país, sino lo que se deduce de los grupos presentados en esta obra afectando al parentesco entre sí de numerosos topónimos de países (Vietnam con Tanzania, Perú con Bangladesh, Japón con Australia, etc.) y regiones (Sudamérica con Asia-Pacífico, Oriente Medio con el África Negra, el Cáucaso con Australia, Extremo Oriente con Norteamérica, etc.), con lengua e historia aparentemente lejanas.