Amaos unos a otros
12. Familia católica
Conocerse mejor para amarse mejor, hemos dicho en las Hojitas de Fe anteriores. Un chico y una chica creen que se aman y creen en el amor: ésta es la razón de ser del noviazgo. Pero repetirles que sobre ese terreno hay que ser prudentes, que el amor tiene sus peligros, que el mañana puede reservarles sorpresas, todo eso les crispa de rabia, porque piensan interiormente que el fuego de su amor los preserva, y los preservará siempre, de los ataques de la vida. Sin embargo, la realidad innegable de los múltiples fracasos matrimoniales, obliga a pronunciar ese desagradable pero útil «¡Cuidado!», porque es una prudente puesta en guardia contra la irreflexión y la imaginación.
1º ¿Se aman de verdad? El primer peligro en el terreno del amor es la irreflexión. Es asombroso ver a parejas juveniles aventurarse en el matrimonio sin reflexionar acerca de las obligaciones que esto implica. Si se tratara de invertir dinero en un negocio, ¡qué cuidado no tendrían en medir el riesgo, por miedo a perder su capital! Mas en el matrimonio se arriesga algo de un alcance mucho más considerable, porque se trata de la felicidad, y cuando ésta se ha perdido, ya no se puede recobrar por ningún medio. El amor se venga terriblemente de los que han ignorado sus exigencias. Cuando se desploma, arrastra consigo todas las esperanzas, alegrías y posibilidades de felicidad, entre el estruendo aterrador de dos vidas que se vienen abajo, y provoca un sufrimiento que invade el alma y la vida entera de los desdichados que se han equivocado. «No se juega con el amor».
No quiere esto decir que los novios deban abandonar sus esperanzas, porque ¿quiénes han de vivir de esperanzas sino la pareja de jóvenes que entran en la vida a impulsos del amor? Pero estas esperanzas serán tanto más sólidas cuanto que habrán sabido guardarse de toda ceguera.
2º Los espejismos de la imaginación. El segundo peligro en el campo del amor son los espejismos de la imaginación. «¡Cuidado con las ilusiones!», porque todos los que se dicen enamorados y creen estarlo, no siempre lo están de verdad. Algunas inclinaciones, nacidas