Permaneced en Mí
9. Vida espiritual
Mirada la muerte a la luz de este mundo, nos espanta e inspira temor; pero a la luz de la fe es deseable y consoladora. Horrible parece a los pecadores, mas a los justos se muestra preciosa y amable. «Preciosa –dice San Bernardo– como fin de los trabajos, corona de la victoria, puerta de la vida».
1º La muerte del justo es el término de sus trabajos. Y en verdad, la muerte es el término de penas y trabajos. «El hombre nacido de mujer vive corto tiempo y está colmado de miserias» (Job 14 1). Así es nuestra vida, tan breve como llena de miserias, enfermedades, temores y pasiones. Dios llama bienaventurados a los que mueren en gracia, porque se les acaban los trabajos y comienzan a descansar. «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor: que desde hoy –dice el Espíritu Santo– descansen de sus trabajos» (Apoc. 14 13). «Los mundanos, deseosos de larga vida –dice Séneca–, ¿qué cosa buscan sino más prolongado tormento?». «Seguir viviendo –exclama San Agustín– es seguir padeciendo». Porque, como dice San Ambrosio, «la vida presente no se nos ha dado para descansar, sino para trabajar, y con los trabajos merecer la vida eterna»; por lo cual afirma Tertuliano que, «cuando Dios abrevia la vida de alguno, acorta su tormento». De suerte que, aunque la muerte fue impuesta al hombre como castigo del pecado, son tantas y tales las miserias de esta vida, que, como dice San Ambrosio, «morir más parece un alivio que un castigo».
Los tormentos que afligen a los pecadores en la hora de la muerte no afligen a los Santos. «Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los tocará el tormento de la muerte» (Sab. 3 1). • No temen los Santos aquel mandato de salir de esta vida que tanto amedrenta a los mundanos, ni se afligen por dejar los bienes terrenos, porque jamás tuvieron asido a ellos el corazón. «Dios de mi corazón –repitieron siempre–, Dios mío por toda la eternidad» (Sal. 72 26). Escribía el Apóstol a los hebreos, despojados de sus bienes por confesar a Cristo: «¡Dichosos vosotros! Con gozo soportasteis que os robasen vuestras haciendas, conociendo que tenéis patrimonio más excelente y duradero» (Heb. 10 34).