Amaos unos a otros
12. Familia católica
La incomprensión no es un privilegio femenino: así como la mujer no puede comprender el amor de su marido sin captar su psicología, tampoco puede el hombre comprender el amor de su mujer sin comprenderla a ella misma. Con todo, la incomprensión del hombre es la más frecuente.
1º La incomprensión masculina. ¿A qué se debe esta incomprensión? Entre otras cosas, a la naturaleza de la mujer, cuya feminidad misma, con sus tendencias y cualidades, impregnadas todas de versatilidad, hace tan difícil comprenderla. Y es que en la mujer hay un enigma, un misterio de movilidad; y no son raros los hombres que renuncian a la dicha conyugal y se resignan a la incomprensión simplemente porque su mujer se les presenta bajo su aspecto tan enigmático. Sepa el hombre que, por compleja que sea la mujer –lo bastante compleja para que a veces a ella misma le cueste trabajo comprenderse–, no lo es hasta el punto de resultar impenetrable para su marido. Lo absoluto del juicio con que los hombres se apresuran a considerar a las mujeres como enigmas indescifrables es tan injusto y discutible como lo absoluto del juicio femenino según el cual todos los hombres son sistemática e irremediablemente unos egoístas.
Muy a menudo, el hombre no consigue comprender a su mujer por ser demasiado perezoso. Ese terreno movedizo que es el alma femenina sólo se deja explorar por aquel que, con mucha paciencia, acepta renovar sin cesar sus esfuerzos durante muchos años. Conviene, pues, que el novio se convenza de que le es absolutamente necesario aplicarse, contra viento y marea, a comprender a su novia hoy, y, más adelante, a su esposa. Si no, la desunión interior no tardará en llegar, y acaso también la ruptura exterior. Una mujer sólo puede vivir con un hombre que la comprenda. Este pedido de comprensión brota de lo más profundo de su ser, hasta el punto de que puede ahogar el amor cuando la otra parte no responde a él. Por eso, el hombre ha de saber sacudir la indolencia natural que le inclina a creerse dispensado de todo esfuerzo, y tratar de aprender a conocer a su mujer tal como es; esto es, no cribándola a través de su psicología de hombre, con arreglo a sus maneras masculinas de ver, pensar y hablar, sino deteniéndose en ella como en un ser diferente al que debe adaptarse, para formar