Amaos unos a otros
12. Familia católica
No basta el amor para casarse, sino que debe haber compatibilidad entre los contrayentes. Pero esta compatibilidad se enfrenta a un serio problema: la diferencia psicológica entre ambos sexos.
1º Un mal corriente: la incomprensión. Desde el inicio, la vida en común va a plantear el problema de la comprensión mutua. Convivir con la propia pareja es mucho más difícil de lo que parece. A menudo el fracaso del matrimonio viene del hecho de que ambos ignoran recíprocamente la fisonomía psicológica del sexo opuesto. Dos novios pueden amarse mucho, pero conocerse sólo un poco. Se juzgan destinados a ser felices, pero sucede que, después del matrimonio, ese entusiasmo se extingue, y una ira sorda, alimentada por el despecho que causa la incomprensión, enfrenta a los jóvenes esposos que acaban apenas de jurarse un amor sin fin. ¿Cómo explicar esta tensión entre ambos, que los lanza el uno contra el otro, con el riesgo de destrozarse para siempre? Por la incomprensión. A menudo hace ésta su aparición desde los primeros meses de vida común, y una vez instalada en el seno de la pareja, se sustenta fácilmente con los menores hechos y las actitudes más sencillas, y no tarda en extender sus tentaciones de odio a toda la vida conyugal. Y ahí están los cónyuges, erizados de reproches, armados de protestas, fácilmente irritables y casi constantemente irritados.
¿De qué sirve amarse si no se logra luego vivir en armonía? Para lograrlo, cada cónyuge debe saber captar la psicología del otro. Y es que hombre y mujer pertenecen a dos mundos distintos: su lenguaje, su manera de pensar y sentir, son distintas; sus reacciones ante un mismo suceso pueden ser diametralmente opuestas; su concepto del amor, de la felicidad, de la vida, son hasta tal punto divergentes, que pueden no coincidir jamás. Por eso, su primerísima obligación es aprender a comprenderse, aplicándose a ello con un esfuerzo paciente y perseverante.
2º Estructura peculiar del mundo interior masculino. A fin de adaptarse mejor a su marido, y no dirigirle acusaciones que serían profundamente injustas, la futura esposa debe tener en cuenta las constantes psicológicas que estructuran el alma del hombre.