Vigilad, orad, resistid
11. Defensa de la Fe
En la anterior Hojita de Fe nº 333 decíamos que Lutero confesaba haber recibido del diablo los argumentos para impugnar la Santa Misa como renovación del Sacrificio de la Cruz. Lo hace en su célebre Conferencia con el diablo, que se remonta al año 1521, durante su encierro en el castillo de Wartburg. Ofrecemos al lector los pasajes más expresivos de dicho texto.
1º Aparición del demonio a Lutero, y comienzo de la conferencia. Durante el encierro en el castillo de Wartburg, Lutero sufrió varias alucinaciones o visiones diabólicas; la que él mismo narra en la presente conferencia puede ser una de las tantas. El mismo Lutero escribe: «Me sucedió en una ocasión que desperté repentinamente cerca de medianoche, y Satanás comenzó a disputar conmigo: –Oye, doctor iluminado. Sabes que por espacio de quince años has celebrado casi todos los días Misas privadas. ¿Qué dirías si tales Misas fuesen una horrible idolatría? ¿Qué sucedería si el cuerpo y sangre de Jesucristo no estuviesen presentes en ellas, y no hubieses adorado ni hecho adorar a los demás más que pan y vino? Le respondí: –Yo fui consagrado sacerdote; recibí la unción y consagración de manos de mi Prelado, y todo lo que he hecho en asuntos de mi ministerio ha sido por mandato de mis superiores y por la obediencia que les debía. ¿Qué razón hay para que me abstuviese de consagrar, cuando pronuncié formalmente las palabras de Jesucristo, y siempre celebré con gravedad y aplomo?»
A esta aseveración el demonio replica negándole a Lutero su condición de verdadero sacerdote, con poder de consagrar: «¿Cómo habéis podido consagrar en la Misa, o celebrarla, faltando en ella una persona que tuviese el poder de consagrar, lo que es, según vuestra propia doctrina, un defecto esencial?»
Sigamos la argumentación con que el demonio llega a esta conclusión.