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Hojitas de Fe 333 - Odio del demonio contra la Misa católica

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Vigilad, orad, resistid

11. Defensa de la Fe

En la Hojita de Fe nº 321 se afirmaba que «el pensamiento que ha guiado las reformas [de la Misa], en su raíz y coherencia interna, es verdaderamente satánico, sin exageración». En esta presente Hojita de Fe queremos justificar dicho aserto, completando la crítica fundada de la Misa nueva que hemos hecho en las anteriores Hojitas de Fe con la consideración de los entresijos del verdadero drama –porque tal fue– consistente en pretender «abolir el sacrificio perpetuo» (Dan. 9 7) para reemplazarlo por una cena.

1º Odio del demonio contra la Santa Misa. Si creemos que el Espíritu Santo asiste a la Iglesia y hace en ella las veces de alma, no nos costará comprender hasta qué punto fue El quien se cuidó de la esmerada elaboración del tesoro más grande que Cristo confió a su Esposa, y que es el Santo Sacrificio de la Misa. El fue, en última instancia, quien se encargó de que las ceremonias en que se desglosa el Misterio eucarístico fueran la más cabal expresión de la fe católica y de la realidad augusta que en él se encierra. Mas si creemos también que Lucifer se aplica con todas sus fuerzas a anular y neutralizar la obra de redención proseguida por la Iglesia, no nos costará tampoco comprender cómo su inteligencia angélica le hace captar al instante hacia dónde debe dirigir sus principales golpes para lograrlo, a saber, contra el Sacrificio de la Misa. Lucifer movió a los jefes del pueblo judío a deshacerse de Nuestro Señor, pues era consciente de una excepcional presencia de Dios en Jesucristo; pero en nada quería ni pretendía entrar en el plan divino de la Redención. Su orgullo le impidió comprender el misterio de un Amor que llegaba hasta la divina locura de una inmolación en la Cruz. «Si los demonios –dice Santo Tomás– hubiesen estado absolutamente ciertos de que Nuestro Señor era el Hijo de Dios, y hubieran sabido de antemano los efectos de su Pasión y Muerte [la restauración del género humano en la vida sobrenatural de la gracia], nunca hubieran hecho crucificar al Señor de la gloria, como enseña San Pablo (I Cor. 2 7)». Así pues, demasiado tarde comprendieron los demonios el sentido del sacrificio del Calvario; en cambio, están ahora perfectamente enterados del significado y valor de la Santa Misa. Su rabia se adivina en sus esfuerzos por impedir su celebración. Pero,


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