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Hojitas de Fe 332 - Cinco puntos dignos de admiración en el misterio de la Navidad

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Mi vivir es Cristo

3. Fiestas del Señor

Al acercarse la fiesta de la Navidad, debemos purificar nuestros ojos para sacudir de ellos toda la tierra que el mundo lanza sobre tan augusto misterio: que si una reunión de familia, que si el pavo, que si el arbolito, que si las compras y los regalos… Veámoslo con los ojos mismos de Dios, sin los cuales esta fiesta carece absolutamente de todo sentido.

1º Dios decide la Encarnación del Verbo. Por una voluntad sumamente libre, Dios quiso crear. Esta creación tenía como fin narrar la gloria de Dios por la manifestación de sus infinitas perfecciones. Ahora bien, esta gloria exterior de Dios sólo era posible con la existencia de creaturas inteligentes, destinadas no sólo a manifestar las perfecciones de Dios –como las demás–, sino también a reconocerlas y adorarlas. Por eso Dios coronó su creación con los ángeles y con los hombres. El pecado de los ángeles y de Adán pareció frustrar esta glorificación de Dios por parte de su creatura, pero Dios decidió restaurar su plan de manera más admirable que el plan original: decreta que el Verbo en persona se haga hombre, entre así en su propia creación, y dirija el concierto de alabanza y glorificación que la creación le debe a su Hacedor. Con todo, el plan de Dios revestiría ahora una nueva modalidad: Cristo, el Verbo encarnado, no sólo sería el Pontífice de la Creación, sino también la Víctima de su propio pontificado, por quedar constituido como Redentor de la humanidad. Las tres divinas personas intervienen en el misterio de la Encarnación: • Dios Padre, entregando por amor a su Hijo Unigénito: «Así amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unigénito» (Jn. 3 16); • Dios Hijo, ofreciéndose a revestir nuestra naturaleza humana para realizar la misión redentora: «Siendo el Hijo de Dios, se anonadó a Sí mismo, reduciéndose a la condición de hombre» (Flp. 2 7); • Dios Espíritu Santo, produciendo en el seno de la Virgen María la naturaleza humana del Verbo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc. 1 35).

2º Modo de realizarse la Encarnación del Verbo. La naturaleza humana del Verbo es sacada, como la de Adán al principio de la creación, de una tierra virgen, especialmente preparada para recibirla: María San-


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