Vigilad, orad, resistid
11. Defensa de la Fe
Todo fiel cristiano tiene en su Catecismo un compendio acabado y fidelísimo de su fe, de esa fe de la Iglesia católica que, como Dios, «no se muda», sino que permanece siempre inalterable. Pues bien, ese mismo Catecismo, al tocar el tema de la Santa Misa, le habla como sigue: ¿Qué es la Santa Misa? – La Santa Misa es el sacrificio del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecido en nuestros altares en memoria del Sacrificio de la Cruz. ¿El sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz? – Sí, el sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, porque en él se ofrece y sacrifica el mismo Jesucristo, aunque de un modo incruento, es decir sin padecer ni morir como en la Cruz.
Por eso mismo, cuando el Papa Pablo VI promulgaba en 1969 el Novus Ordo Missæ, todo católico habría podido esperar que el nuevo rito manifestase esta realidad sacrificial de la Misa, y afirmase su identidad con el sacrificio de la Cruz. Ahora bien, ¿es eso lo que el nuevo rito nos presentaba? Parece que no, sino algo muy distinto y, lo que es peor, en el más genuino sentido protestante: nos ofrecía el rito de una cena, ofrecido no por el sacerdote consagrado sino por todo el pueblo de Dios, reunido para un memorial festivo en el que Nuestro Señor se hace espiritualmente presente en virtud de la promesa hecha a sus discípulos congregados. No se trata de afirmaciones gratuitas, sino de la explicación que daba de las nuevas rúbricas el Padre José María Martín Patino, director en España del Secretariado Nacional de Liturgia, y encargado de comentar las «Nuevas normas de la Misa» (Biblioteca de Autores Cristianos, 1969). A través de sus comentarios, veamos cuál es el espíritu que preside la nueva Misa.
1º El nuevo rito, una novedad revolucionaria. Para el Padre Martín Patino, la Constitución Missale romanum, que promulgaba el nuevo Misal, «constituye una novedad, casi revolucionaria, dentro de la historia de la legislación litúrgica» (p. 28). La novedad consiste en haber sustraído la celebración de la Misa a la Iglesia jerárquica para dársela a los fieles, a quienes incumbiría propiamente la acción sagrada: