Permaneced en Mí
9. Vida espiritual
En una anterior Hojita de Fe consideramos cinco ardides del demonio, basados en el engaño y la mentira: • la táctica del silencio, valiéndose de nuestra ingenuidad e ignorancia; • la de adaptarse a nuestra psicología y tendencias desordenadas; • la de tentarnos bajo apariencia de bien; • la de atemorizarnos con falsos impedimentos o razones, para que desistamos del bien obrar; • y la de cansar por la duración del combate. En todas ellas, de parte del demonio, hay siempre una actitud de falsedad, con que deforma ante nuestros ojos personas, cosas y bienes, sean estos verdaderos o falsos. Toca ahora considerar otros cinco ardides, en los que aparece una segunda actitud del demonio: no sólo es falso y mentiroso, sino que además, para conseguir su intento, parece cubrirse del incógnito, adoptando un perfil bajo y discreto, procurando pasar inadvertido, y disimulando sus manejos e inspiraciones detrás de pantallas que lo ocultan a nuestros ojos. Nótese, sin embargo, que en todos los ardides basados en la mentira hay también una acción de ocultamiento, como puede verse en el pedir secreto, o adaptar las tentaciones (ocultándolas tras las propias tendencias). Igualmente, en los ardides basados en el disimulo y el incógnito, hay también una actitud de engaño, pues, como lo enseña el Salvador, no se oculta el que obra según la verdad: «Todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras; pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios» (Jn. 3 19-21).
1º Primer ardid: va de menos a más. El primero de estos nuevos ardides del demonio consiste en ir de menos a más, comenzando por lo poco para llegar a lo mucho; ya que sabe que muchas veces, si propusiese el pecado abiertamente, sería rechazado. Por eso mismo nosotros debemos ser cuidadosos en nuestra vigilancia, no cediendo en nada que le pudiese dar una entrada solapada. Decimos «solapada», porque la eficacia de esta estratagema es entrar sin ser notado. Una casa no se derrumba de golpe por un fuerte viento ni por una fuerte lluvia; pero si empieza a entrar una gotera y no se la remedia, poco a poco esa misma gotera, no