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Hojitas de Fe 314 - El ecumenismo del Concilio Vaticano II

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Vigilad, orad, resistid

11. Defensa de la Fe

De todas las novedades del Concilio, el ecumenismo es quizás la que significa un cambio de actitud y de orientación más notable en la Iglesia católica, y la que más le cuesta comprender a un católico. ¿Cómo puede ser que los pastores de la Iglesia no vean el menor reparo en reunir las distintas falsas religiones en un mismo pie de igualdad con la religión católica, como lo hizo Juan Pablo II en Asís en 1986, y se ha seguido repitiendo desde entonces? ¿Cómo puede ser que esos mismos pastores consideren a dichas falsas religiones como medios legítimos para lograr la salvación?

A este ecumenismo se refieren dos textos del Concilio: • el Decreto Unitatis redintegratio, sobre las religiones cristianas, a saber, protestantes y ortodoxos; • y la Declaración Nostra ætate, sobre las religiones no cristianas, tales como el judaísmo, el islam, el budismo y el hinduismo.

1º Unitatis redintegratio y los cristianos «separados». Para practicar el ecumenismo con las demás confesiones cristianas, ya nunca calificadas de falsas, era necesario asentar algunas bases que permitieran decir que siguen siendo medios de salvación a pesar de su separación. Para ello, el texto del Decreto hace uso de cuatro estratagemas: • La primera es relativizar la ruptura de los que se apartaron por su sola culpa de la unidad de la Iglesia, y echar la responsabilidad a ambas partes: «Si algunas comunidades se separaron de la plena comunión de la Iglesia católica, no fue a veces sin culpa de los hombres de ambas partes» (nº 3). • La segunda es pretender que los cristianos separados de la unidad de la Iglesia conservan con ella una comunión imperfecta, con el pretexto de que «a los que ahora nacen en tales comunidades y están imbuidos de la fe de Cristo, no se les puede acusar del pecado de separación» (nº 3). • Para demostrar la existencia de esta supuesta comunión imperfecta, se procede a enunciar toda una serie de elementos que los cristianos separados conservan en común con la Iglesia católica, entre otros el bautismo, la Palabra de Dios, la vida de la gracia, la fe y la caridad, otros dones del Espíritu Santo. El Decreto pormenoriza el patrimonio común que la Iglesia tiene con los ortodoxos (nº 14-18), y el patrimonio común con los protestantes (nº 19-23).


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