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Hojitas de Fe 312 - La libertad religiosa del Concilio Vaticano II

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Vigilad, orad, resistid

11. Defensa de la Fe

Así como la colegialidad episcopal del Concilio intentó adaptar la Iglesia católica a la mentalidad democrática del hombre moderno, la libertad religiosa procuró conciliar a la Iglesia con el espíritu laico de los Estados modernos: el Estado confesional de los tiempos pasados no corresponde ya a una sociedad en la que reina el pluralismo religioso, y la Iglesia, en este nuevo contexto, debe resignarse al derecho común concedido a todos. Cotejemos, pues, esta nueva perspectiva con la doctrina católica.

1º Postura católica en materia de libertad religiosa. La constitución cristiana de los Estados es una de las verdades más recordadas por el Magisterio de la Iglesia, particularmente en las encíclicas de los Papas que tuvieron que refutar el liberalismo católico. ¿Cuáles son los principios que regulan la actitud de la Iglesia en este punto? 1º Dios ha creado al hombre con un fin sobrenatural, al que se ordena mediante la religión revelada; lo cual significa que, ni individual ni socialmente, puede sustraerse a la adoración que debe a su Creador y Redentor. 2º Para asegurar este deber de adoración y facilitarle los medios de salvación, Dios mismo fundó la Iglesia católica, haciéndola discernible por todos mediante cuatro notas visibles. A esta Iglesia todos los hombres, y también todos los Estados, deben adherir bajo pena de eterna condenación: siendo Ella, por derecho divino, la única religión verdadera, Ella debe ser también, por derecho constitucional humano, la única religión del Estado. 3º El Estado, por lo tanto, debe ser confesionalmente católico, lo cual significa que debe abrazar esta sola religión verdadera, asegurar su práctica en la sociedad, llevar a los hombres aún no creyentes a abrazarla, reconocer y proteger jurídicamente sus derechos, y no autorizar jamás positivamente la existencia pública del error religioso. El hombre, por supuesto, ha de adherir libremente a la fe, que por eso mismo no puede imponerse contra la propia voluntad. Pero eso no excluye que se le pueda ayudar, aun mediante coacciones externas, a querer adherir a la fe verdadera. La Iglesia obliga a todo fiel a asistir a Misa en las fiestas de precepto; los padres obligan a los hijos a las prácticas de la religión cristiana; Nuestro Señor mismo amenaza con el infierno a


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