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Hojitas de Fe 310 - Reglas de San Ignacio sobre el discernimiento de espíritus

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Permaneced en Mí

9. Vida espiritual

En una Hojita de Fe anterior (nº 212) hablamos en general del discernimiento de espíritus. Ahora, en tres nuevas Hojitas de Fe, queremos detallar las indicaciones dadas entonces. Empezaremos en esta analizando las Reglas de discernimiento de espíritus de la primera semana, en que se describen las mociones interiores que se dan al comienzo de la vida espiritual.

1º Razón de las reglas de discernimiento de espíritus. Ante todo, si hay reglas de discernimiento de espíritus, es porque no estamos solos en este viaje a la eternidad. Nuestra alma se halla continuamente influenciada por otros espíritus, los ángeles, de naturaleza superior a la nuestra, a quienes les atañe gobernarnos y guiarnos hacia nuestro fin, de igual modo que a nuestra alma le toca gobernar y guiar hacia su fin a nuestro cuerpo, que le es inferior. Esto no supondría ningún problema, si fueran buenos todos los espíritus bajo cuya influencia estamos. Pero la doctrina católica enseña que el mundo angélico se dividió en dos: la «luz», o ángeles buenos, y las «tinieblas», o demonios, que por soberbia se rebelaron contra Dios. Por eso, en orden a nuestra salvación, nos importa mucho poder determinar cuándo estas influencias vienen de los ángeles buenos, nuestros compañeros y aliados, a fin de seguirlas, y cuándo vienen de los demonios, nuestros adversarios y enemigos jurados, para apartarnos de ellas. A eso apuntan las reglas de discernimiento de espíritus.

Resulta un tanto curioso hablar de reglas de discernimiento de espíritus; pues pareciera que el ángel, inmaterial como es, puede obrar sobre nosotros como mejor se le antoje, sin límites y, por lo tanto, sin reglas fijas y determinadas que nos permitieran a nosotros protegernos de su influencia. Mas no es así: aunque el poder angélico sea muy grande, nuestra naturaleza es muy limitada, y sólo ofrece al espíritu puro ciertas entradas. ¿Qué entradas? Nuestro temperamento, y nuestros defectos y concupiscencias. Si el demonio quiere combatirnos, o el buen ángel ayudarnos, han de amoldarse a nuestra psicología, a nuestra condición. Y como nuestra condición es siempre la misma, será siempre una misma la manera de influenciarnos; lo cual nos permite detectar las maneras habituales con que los espíritus aprovechan nuestra flaqueza, para bien o para mal, y por lo tanto fijar reglas.


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