Vigilad, orad, resistid
11. Defensa de la Fe
Veíamos en la Hojita de Fe anterior que si la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo tiene un valor probatorio tan grande, es porque reúne a la vez la condición de milagro y de verdadera profecía. «Mirad –dijo Jesús a sus apóstoles– que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas, los cuales le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará» (Mt. 20 18-19).
Así pues, toca ahora estudiar la profecía como sello y firma de las obras de Dios, y particularmente de la misión y persona de Jesucristo.
1º La profecía. La profecía es la predicción cierta de un acontecimiento futuro, cuyo conocimiento no puede deducirse de las causas naturales. Así, por ejemplo, el nacimiento de un hombre determinado o sus actos anunciados muchos siglos antes. Hay acontecimientos que la ciencia no puede conocer: los que dependen de la libre voluntad de Dios o de la libre voluntad del hombre. Como estas cosas no dependen de causas naturales, no pueden deducirse a partir de ellas. El profeta sólo puede verlas donde están, es decir, en la inteligencia de Dios, que es el único que conoce lo futuro. Por consiguiente, la profecía es un milagro de orden intelectual, una palabra divina. La profecía se diferencia esencialmente de la conjetura; es cierta y absolutamente independiente de las causas naturales. Así, las predicciones del astrónomo que anuncia los eclipses, las del médico que predice las resultas de una enfermedad, las de un hombre de Estado que prevé un cambio político, no son profecías: son deducciones de causas naturales conocidas. El demonio, superior al hombre en inteligencia, puede hacer conjeturas más serias que las del hombre, pero no puede hacer profecías, porque no conoce lo porvenir.
Para que haya una verdadera profecía se requiere: • ante todo, que la predicción se haga antes del acontecimiento, y con tanta certeza, que no quepa duda alguna respecto de su existencia; • luego, que el hecho anunciado sea de tal na-