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8. Los Mandamientos
Algunas consideraciones y anécdotas sobre el modo como el Padre Pío de Pietrelcina juzgaba la decencia en el vestir, sobre todo en las mujeres.
1º El cuidado de la propia persona. El Padre Pío no tenía nada en contra del cuidado de la propia persona. Por la mañana, antes de bajar a la iglesia para celebrar la santa Misa, con el peine se arreglaba los cabellos y componía un poco su barba descuidada. El, que tanto se interesaba por la santa pobreza y a menudo vestía un hábito remendado y zurcido, quería que siempre estuviese bien limpio. Orden, limpieza y dignidad también las quería en la ropa de sus hijos espirituales. Nos confía Enzo Bertani, uno de los responsables de la administración de la Casa Sollievo della Sofferenza: «Necesitaba yo un traje nuevo y, siendo terciario franciscano, no quería gastar mucho. Antes de efectuar el gasto le dije a nuestro Padre espiritual: –“Padre, quisiera ser más pobre en mi vestir”. Pero el Padre Pío respondió: –“Tú estás en tal lugar, y te tienes que vestir decorosamente. En esto no has de tener ningún escrúpulo”». Y en otra circunstancia análoga, en la que Enzo quería ahorrar en la compra de un par de zapatos, el Padre le dijo: –«Elige los buenos, así te duran más». La señora Rina Giostrelli, casada con el conde Telfener, a quien el Padre había elegido como uno de sus colaboradores en la realización de su gran hospital, confirma: «Durante el último conflicto mundial no se podía comprar lana o hilo para hacer las medias. Nosotros deshacíamos las puntillas, y con el hilo recuperado, hacíamos pantuflas y zapatillas. Un día el Padre Pío me vio en los pies aquellos accesorios y me dijo: –“Tienes que ir vestida con dignidad; así conviene hacerlo siempre, y además lo tienes que hacer también por tu marido. Si yo vistiese un hábito desgarrado, San Francisco no quedaría bien parado”». Cuando una chica, que era muy descuidada en el vestir, fue a quejarse con el Santo porque no podía encontrar marido, el Padre, que la veía muy melancólica, le contestó de forma inmediata: «Hija mía, arréglate un poco más».
2º El sentido común en el uso de la vestimenta. El Padre quería que sus hijos espirituales demostrasen tener sentido común en el uso de sus vestidos.