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Hojitas de Fe 291 - Cinco excelencias de San José

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Sed imitadores míos

5. Fiestas del Santoral

¿Quién podrá cantar las glorias y excelencias del glorioso San José, quién sabrá ensalzar la dignidad de este Santo que sobrepuja a todos los santos del Antiguo y Nuevo Testamento, exceptuada su Esposa Santísima, la Madre de Jesús? Tiene este santo Patriarca tantos títulos, que se necesitarían días y días para poder explicar su encumbrada dignidad. En las Letanías de San José, por ejemplo, ¡qué hermosos títulos le aplica la Santa Iglesia! Esposo de vírgenes, Luz de los Patriarcas, Terror de los demonios, etc. Vamos aquí a explicar tan sólo cinco de sus muchos títulos.

1º Varón justo. El Santo Evangelio llama a San José «vir justus», varón justo. ¿Qué significa justo? En el lenguaje bíblico significa santo, perfecto. Porque ¿qué es ser justo? Es dar a cada cual lo suyo. Y San José dio a Dios lo que le pertenece, al prójimo lo que le pertenece, y a sí mismo lo que le pertenecía… Fue justo con Dios, porque cumplió esmeradamente los tres deberes que el hombre tiene hacia El: alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Esto es lo que hizo San José: alabar a Dios como buen israelita; hacerle reverencia, dando a su Hijo Jesús, que era Dios, el culto que le debía; y someterse a su voluntad cumpliendo exactamente, con gran respeto y sumo amor, todas las decisiones que Dios le manifestaba. Fue siempre obediente, siendo fiel a Dios toda su vida, no como nosotros, que sólo damos a Dios trozos, partes, unos días… Fue justo con el prójimo, sobre todo con su Esposa y con Jesús, porque practicó la caridad perfecta, dándoles lo que les pertenecía, trabajando, sudando, ofreciendo su vida por Ellos, entregándose totalmente por Ellos; jamás les causó un disgusto, jamás les negó lo que le pedían; con ellos practicó en grado perfecto y heroico la caridad y la bondad. ¡Con qué delicadeza trataba a María Santísima, con qué respeto y amor trataba a Jesús! Y fue justo consigo mismo. ¿Qué se dio San José a sí mismo? ¿Qué se debía a sí mismo? Pues la humildad: es el santo de la humildad, del silencio. En frase de Santa Teresa, diríamos que «anduvo en la verdad», y por eso vivió la vida que el Señor le había destinado en humildad. De San José no ha llegado hasta nosotros ni una sola palabra. ¡Qué silencio tan elocuente! Tal era la voluntad de Dios, y San José la aceptó, no a regañadientes, a la fuerza o con disgusto, sino contentísimo. ¿Qué quería él sino vivir una vida humilde, desaparecer? Su misión era la de ser custodio de María


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