Skip to main content

JUAN Y LA BRECHA DEL SUBTERRANEO

Page 1


JHON ARTEAGA

JULIAN MORA

Un martes, olvidó sus audífonos. Ese silencio forzado lo acompañó todo el día. Al mediodía un rugido estremeció la ciudad: tembló el suelo, se fue la energía, todos corrieron. Todos menos él. Sintió que el sonido lo llamaba.

Cerca del taller, entre las viejas vías del tren, vio una grieta roja, viva, que exhalaba calor. Se acercó, y el aire lo envolvió como una respiración antigua. Bajó sin pensarlo.

El lugar no tenía cables ni máquinas, solo roca y fuego.

Las paredes ardían con un resplandor dorado, y en el fondo, los vio: dragones.

Dormían en círculo, inmensos, cubiertos de ceniza y tiempo.

Su presencia lo abrumó. No eran bestias; eran memoria.

Juan no habló. Solo observó. Al acercarse, uno de los dragones abrió un ojo, y el aire vibró. No hubo palabras, pero Juan entendió: no pedían adoración, sino recuerdo. El fuego de aquel lugar no quemaba, sino que mostraba. Le reveló ruinas, pactos antiguos y ciudades borradas.

Cuando despertó, estaba otra vez en la superficie. El rugido había cesado, la ciudad seguía igual. Pero algo en él había cambiado: el sonido del fuego seguía dentro.

Nunca volvió a la serradora. Desde entonces, cada vez que un tren pasaba por debajo, escuchaba un leve rugido que ya no era amenaza, sino saludo.

Juan, el hombre que escuchó a los dragones y no huyó.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
JUAN Y LA BRECHA DEL SUBTERRANEO by Jhon David Arteaga - Issuu