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Revista Jesuitas Colombia | Julio - Agosto 2020

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JUL-AGO 2020

ESPIRITUALIDAD IGNACIANA

† Jorge Alberto Muñoz Bernal, S.J. † Fernando Londoño Bernal, S.J. †


Provincial | Carlos Eduardo Correa J., S.J. Edición | José de Jesús Prieto, S.J. Oficina Provincial de Comunicaciones Pablo G. Ivorra Peñafort, María Alejandra Rojas Matabajoy, María Alejandra Navarrete Tovar, Sara Muñoz Hurtado y Alexander Fuelantala. Corrección de estilo | Enrique A. Gutiérrez T., S.J. Diseño y diagramación | Alexander Fuelantala Impresión | Xpress Kimpres Julio-agosto 2020 | Espiritualidad ignaciana (Edición cerrada el 25 de junio de 2020)

#TalentoIgnaciano Portada Alexander Fuelantala - @fuelantala_a Alexander Fuelantala es diseñador gráfico de Cumbal (Nariño). Candidato a Magíster en Diseño para la innovación en Productos y Servicios de la Pontificia Universidad Javeriana. Obtuvo su pregrado en Diseño Gráfico en la Universidad CESMAG. Actualmente es el líder del área de Diseño, Imagen y Producto en Jesuitas Colombia. Sus pasiones son la ilustración y la fotografía, además de su amor por el diseño.


INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE CONFIADAS A SU RED MUNDIAL DE ORACIÓN

PAR A EL AÑO 2020

JULIO

Nuestras familias Recemos para que las familias en el mundo de hoy sean acompañadas con amor, respeto y consejo.

AGOSTO

El mundo del mar Recemos por todas las personas que trabajan y viven del mar, entre ellos los marineros, los pescadores y sus familias.


C O N T E N I D O S Editorial. 6 Fui a despedirme de las ceibas. 94 Somos Compañía de Jesús. 95

La Pascua de nuestros hermanos. 8 Jorge Alberto Muñoz Bernal, S.J. (9)

Con jesuitapp, más conectados que nunca. 36

Fernando Londoño Bernal. S.J. (12) Regionalización 38 Unidos en colaboración con cristo. (38)

Nuestra memoria. 24 La "gripe española" (1918-1920): así la vivieron los nuestros en Bogotá.

La formación del cuerpo apostólico. 28 -

Gracias a Dios por la vida del P. Adolfo. 32

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La Universidad Javeriana de Bogotá en el Encuentro Nacional de Regionalización: mociones y perspectivas (42)

Jóvenes en camino 32 Moenchi Magüta: ¡Gracias, comunidades indígenas!

Revista Jesuitas Colombia


YO OPINO

Espiritualidad Ignaciana. 52 Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento (52) Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente de san Ignacio De Loyola (56) El arte de orar, amar y servir al estilo de Jesús (60) Ejercicios Espirituales online (64) Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola: una dinámica de autoconocimiento (68)

Espiritualidad Ignaciana en la Región Caribe (72)

Flor(es)ser en vida. 90 Cultivar el amor universal.

Los Ejercicios de la Javeriana ante el desafío virtual (78) Los Ejercicios Espirituales: un camino para transformar la vida (82) Pastoral Familiar en tiempos de cuarentena (86)

24 cuadros. 92 I Origins (Orígenes).

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EDITORIAL

Los Ejercicios Espirituales: una profunda experiencia de Dios que nos lanza a vivir la convivencia fraterna en el amor Carlos E. Correa, S.J. Provincial

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os Ejercicios Espirituales fueron propuestos por San Ignacio de Loyola para generar una verdadera y honda transformación en las personas que viven esta experiencia. En este sentido, no son una interesante exposición teológica, sino una forma práctica de sentir y gustar internamente la vida de Dios en nosotros que, necesariamente, nos lleva a cuestionar nuestra forma de vivir, a conocer internamente el modo de proceder que Él nos ofrece y a tomar decisiones que hagan de nuestra vida una manifestación concreta de la acción de Dios en este mundo. En los Ejercicios Espirituales (EE), San Ignacio nos propone que nos mantengamos en una doble dinámica, que es importante realizar simultáneamente: de un lado, establecer el contacto directo (inmediato) con Dios, especialmente, manifestado en su Hijo Jesucristo para que “el mismo Creador y Señor se comunique al alma devota suya, abrazándola en su amor y alabanza, y disponiéndola para el modo de vivir en que mejor podrá servirle en adelante. De manera que […] deje obrar, sin intermediario, al Criador con la criatura y a ésta con su Criador y Señor” (EE. 15). Y, de otro lado, el “reflectir para 6

sacar provecho” (EE. 114); es decir, estar volviendo sobre uno mismo para tomar conciencia de por dónde el Buen Dios va afectando, moviendo, cuestionando, iluminando, clarificando, llamando, fortaleciendo, mostrando su modo de proceder; y la manera como se va aceptando esta insinuación contundente de Dios en el real cambio de vida que va surgiendo como la gracia explícita del Señor. Esta experiencia profunda de Dios, que lleva a transformar la vida de las personas, se hace extraordinariamente visible y concreta en Jesús, nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Y, en Jesús y como Jesús, la persona es llamada a participar del Reino de Dios, es decir, a vivir la convivencia fraterna en el amor con los demás. Por ello, los Ejercicios Espirituales nos ayudan a “salir del propio amor, querer e interés” (EE. 189) y a relacionarnos con los demás de tal manera que los reconozcamos en su dignidad, los valoremos incondicionalmente y establezcamos relaciones de cercanía, cuidado, solidaridad, acompañamiento y búsqueda del bien común; es decir, a vivir la Común-Unidad (la Comunidad) como la más clara manifestación de la vida de Dios en la humanidad. Revista Jesuitas Colombia


A partir de todo lo anterior, la Compañía de Jesús ha establecido, a través de un bello discernimiento en común, que una de las Preferencias Apostólicas Universales es “mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento”. Esto ha ocurrido porque reconoce que solo desde una profunda experiencia de Dios se puede llegar a vivir realmente el Reino de Dios. Una humanidad que, desde el conocimiento interno de Jesucristo, convive fraternalmente en el amor, estableciendo relaciones reconciliadas, justas, pacíficas, equitativas y solidarias, fruto del perdón, la compasión y la misericordia, y que vive en relación armónica con la naturaleza, nuestra “casa común”. El papa Francisco nos ha insistido en que esta Preferencia Apostólica Universal “es capital porque supone como condición de base el trato de la persona con el Señor,

la vida personal y comunitaria de oración y discernimiento”. Y añade que “sin esta actitud orante lo otro no funciona” (carta del papa Francisco al P. General, el 6 de febrero de 2019). San Ignacio mismo expresó, en una de sus cartas, que los Ejercicio Espirituales son “todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos” (Carta al P. Manuel Miona, el 16 de noviembre de 1536). Por eso, es fundamental que todos vivamos los Ejercicios Espirituales como una imprescindible mediación que nos permite crecer y madurar como Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús, siendo Compañeros en una Misión de Reconciliación y Justicia.

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La Pascua de nuestros hermanos

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Jorge Alberto Muñoz Bernal, S.J. 1936 + 2020 José de Jesús Prieto, S.J. Socio

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orge nació el 26 de noviembre de 1936 en Turmequé (Boyacá) del hogar formado por don Siervo y su esposa Ana Rosa. Sus hermanos: Antonio, Ana Rosa, Víctor, David, Emelina, Carlina, Rodulfo, Margarita, Flordelina, Carlos Arturo, Rosa Inés. Ingresó a la Compañía de Jesús en Santa Rosa de Viterbo (Boyacá) el 28 de octubre de 1954. Allí, hizo sus dos años de noviciado y dos de juniorado. La Tercera Probación la realizó en Cochabamba (Bolivia) y se incorporó de forma definitiva a la Compañía de Jesús con sus últimos votos el 2 de febrero de 1967. Prestó sus servicios, por varios años, en las fincas San José de la Ceja, San José de Potosí, La Esperanza, La Rusia, lugares de feliz recordación para muchas generaciones de jesuitas que las frecuentan. Fue destinado al Colegio San Bartolomé La Merced como ayudante en la administración. En la formación, destacamos su presencia en el Juniorado como ministro y su larga permanencia en el Noviciado como subministro por cerca de 30 años. Residió en la Comunidad San Alonso Rodríguez de Bogotá, ya necesitado de cuidar de su salud. En los últimos años, hizo parte de la Comunidad (Enfermería) Pedro Arrupe de Medellín, desde donde partió para la casa del Padre.

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Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Semblanza D

efinir al H. Jorge Muñoz es describirlo como un hermano jesuita dedicado a las casas de formación de los jesuitas, principalmente al Noviciado. Entre La Ceja, Santa Rosa de Viterbo y Medellín, fueron 42 años dedicados a los jesuitas que inician su andadura en la Compañía de Jesús. Hombre sencillo, de profunda vida espiritual, servicial como el que más; esas cualidades lo describen integralmente. No herimos su modestia si decimos que siguió el ejemplo de San Alonso Rodríguez, patrono y modelo del Hermano Jesuita. El Colegio San Bartolomé La Merced, el Mayor de San Bartolomé y la Comunidad Canisio, fueron los otros destinos donde cumplió su misión como jesuita. Al volver la vista atrás en el tiempo, encontramos al H. Jorge conduciendo el bus de Santa Rosa, bien fuera con los juniores o con los novicios. Siempre alegre, sonriente aun en medio de las varadas del bus y arreglándolo para seguir adelante. Otras veces, haciendo el viaje a Bogotá para traer a algunos a citas médicas. Era uno de los hermanos que llamábamos “veteranos” y que hacían agradable la vida de comunidad con su servicialidad, su entrega generosa al trabajo y pendientes de los aspectos comunes de la casa. Su vida espiritual fue sencilla. Hombre de oración y participación diaria en la Eucaristía. Era común verlo en la Capilla del Noviciado a tempranas horas de la mañana. Fue devoto de la Santísima Virgen, a quien ofrecía el rezo diario del rosario.

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Los últimos doce años de su vida los vivió entre las enfermerías de Medellín, Bogotá y finalmente en Medellín. Vivió en su propia vida la Pasión del Señor y supo asumirla con entereza desde la fe. Cuando encontramos a personas sencillas como el H. Jorge, nos viene a la memoria la frase de Jesús en el Evangelio “de los que son como los niños es el reino de los cielos”. En verdad, la característica del H. Jorge fue su sencillez, heredada de su familia boyacense, donde fueron doce hijos. Hay una nota que quiero resaltar del H. Jorge. Era su discreción y prudencia. Profundamente cuidadoso en sus comentarios sobre personas, situaciones y acontecimientos. Muchas veces, prefería guardar silencio. Era una persona alegre, con un fuerte sentido de comunidad. Era consciente de que la comunidad se construye entre todos y que cada uno es importante. Hoy, cuando debemos asumir la realidad de su partida a la casa del Padre, le damos gracias al Señor por habernos dado la oportunidad de tener entre nosotros a alguien como el H. Jorge, al mismo tiempo que pedimos para que el Señor nos bendiga con vocaciones de jesuitas hermanos que tomen la decisión de seguir las huellas de tantos hermanos jesuitas que, no solo en la Provincia Colombiana sino en la universal Compañía, sigan las huellas de San Alonso Rodríguez, el H. Gárate y los demás jesuitas hermanos que hemos conocido en nuestro caminar como jesuitas.

Era una persona alegre, con un fuerte sentido de comunidad. Era consciente de que la comunidad se construye entre todos y que cada uno es importante.

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Fernando Londoño Bernal, S.J. 1924 + 2020 José de Jesús Prieto, S.J. Socio

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ernando nació el 30 de noviembre de 1924 en La Ceja (Antioquia) del hogar formado por don Joaquín Emilio y su esposa Juliana. Sus hermanos: Mons. Luis Alfonso, Juliana, Angela, Cecilia y Carlota, religiosas Salesianas; Juan Bautista, Lucía y Blanca. Los estudios de secundaria los realizó en el Colegio San Ignacio de Medellín. Ingresó a la Compañía de Jesús en Santa Rosa de Viterbo (Boyacá) el 1 de diciembre de 1939. Allí, hizo sus dos años de noviciado y dos de juniorado, con especial dedicación a los estudios de humanidades. Luego de los estudios de Filosofía y Letras, la etapa apostólica la realizó en el Colegio San Bartolomé La Merced. Entre los años 1952 a 1955, cursó la Teología en Bogotá. Como estudios especiales, se doctoró en Teología Espiritual en la Universidad Gregoriana. La ordenación sacerdotal fue el 3 de febrero de 1954 en Bogotá.

Una vez terminados sus estudios y las etapas de formación, prestó el servicio como Socio, luego como Maestro de Novicios. Fue Provincial, rector del Colegio San Ignacio de Medellín, instructor de Tercera Probación, colaborador en el Centro de Espiritualidad (CIRE), y director de la Sección de Espiritualidad del Instituto de Pastoral del CELAM. Superior de la Comunidad Pignatelli y rector del Colegio Máximo de Bogotá. En Roma, exaltamos sus aportes como rector y luego espiritual del Pio Latino Americano, y también rector del Colegio Bellarmino. En sus últimos años, colaboró nuevamente en el CIRE en el ministerio de los Ejercicios Espirituales, que los ofrecía con mucha unción. Finalmente hizo parte de la Comunidad (Enfermería) Pedro Arrupe de Medellín, de donde felizmente partió a la casa del Padre.

Culminó su formación jesuítica con la Tercera Probación en Santa Rosa de Viterbo y se incorporó en forma definitiva en la Compañía de Jesús, con sus últimos votos solemnes, el 3 de febrero de 1958.

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Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Semblanza A

l enterarme de la noticia del fallecimiento del P. Fernando Londoño, vinieron a mi mente muchos recuerdos: los años del Noviciado y Juniorado en Santa Rosa de Viterbo, donde fue Maestro de Novicios y Rector; su Provincialato –en la reunificada Provincia de Colombia– en diciembre de 1968; su rectorado en el Colegio San Ignacio de Medellín, su labor como Vicerrector del Medio Universitario de la Javeriana en Bogotá; su Superiorato en el Colegio Máximo y en la Comunidad Pignatelli; sus años en Roma, tanto en el Pio Latinoamericano siendo Rector y luego Espiritual, como Rector en el Bellarmino; sin dejar pasar el haber sido Socio antes de viajar a hacer su doctorado en Teología Espiritual en la Gregoriana; Instructor de Tercera Probación y Maestro de Novicios encargado. A esta sinopsis de su servicio como jesuita, debemos añadirle lo que, podemos llamar, fue su pasión: los Ejercicios Espirituales a diferentes grupos de personas, especialmente a sacerdotes y religiosas. Disfrutaba, como el que más, la experiencia de orientar Ejercicios. Cuánto bien hizo el P. Fernando con su palabra sabia, cargada de ignacianidad, con su sencillez y espontaneidad. Describir al P. Fernando es acercarse a la imagen de un hombre profundamente espiritual, fiel a la Compañía de Jesús y ejemplo de jesuita. Los diversos ministerios y responsabilidades que le confió la Compañía nos dan clara muestra del talante de alguien centrado en la persona de Jesús, devoto de la Virgen y jesuita a carta cabal.

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Como persona era agradable en su trato, excelente conversador, amante del fútbol, con un gran gusto por la música y el canto. Daba gusto sentarse a conversar con él. El tiempo pasaba y uno no se daba cuenta. Recibía con gran alegría las visitas que le llegaban. Siempre tenía una palabra de felicitación y estímulo para quien se acercaba a él. Lo puedo describir como un caballero en el pleno sentido de la palabra. Como Provincial de Colombia le correspondió liderar el proceso de la reunificación de las dos Provincias –que hubo hasta diciembre de 1968– y empezar un nuevo estilo de gobierno con los Viceprovinciales de Formación, Educación y Sociopastoral. Fue un servicio importante en tiempos complejos. Le correspondió reabrir el Noviciado de Santa Rosa en 1961 e impulsar la formación de los novicios escolares que iban llegando cada año. Cómo no recordar la sabia orientación de los Ejercicios de Mes, claves en el proceso de formación de cada jesuita, sus explicaciones de reglas, su manera afable de irnos introduciendo en el espíritu de la Compañía.

Sus últimos años los vivió en Medellín, tanto en el Colegio San Ignacio como en la Casa Pedro Arrupe. La vida se fue gastando hasta que se apagó definitivamente en la madrugada del lunes 11 de mayo. Tenía casi 95 años y medio, jesuita por 80 años, sacerdote por 66 años. Podemos afirmar que fue una vida plena, vivida con todo el corazón, entregada al servicio de los demás en los diferentes campos de su ministerio sacerdotal. Creo yo que en el P. Fernando se hizo vida, en la parte final de su existencia, lo que nos dice el cántico de Simeón: “Ahora, Señor, puedes dejar ir a tu siervo en paz, porque mis ojos han contemplado al Salvador”. Hoy, goza de la visión plena de Dios y ha recibido el premio a su fidelidad como jesuita y sacerdote, a su servicio incondicional y a ese ser jesuita para la misión. Nos queda el testimonio de un jesuita y una persona a carta cabal. Démosle gracias a Dios por la huella imborrable que el P. Fernando dejó en la vida de muchos de nosotros.

Daba gusto participar en las celebraciones litúrgicas que él presidía, tanto por el cuidado en el desarrollo de las mismas, como por sus homilías y su canto que ayudaba a disfrutar la ceremonia. Vienen a mi mente las agradables conversaciones que teníamos los domingos y jueves por la tarde, siendo novicios. A esto se añadían las sesiones de canto que a todos nos gustaban y alegraban. No puedo deja de mencionar su amor por el deporte, jugando fútbol y baloncesto con los novicios. Lo hacía con gran calidad. 15


Nota necrológica Germán Bernal Londoño, S.J.

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E

n la Casa Pedro Arrupe, de Medellín, el pasado 11 de mayo, se extinguía la vida de Fernando Londoño Bernal S.J. El último trecho de su camino lo vivió en el Colegio de San Ignacio colaborando, en la medida de sus fuerzas, en la pastoral de los alumnos. Cuando se consideró oportuno por su estado de salud, fue trasladado a la Casa Pedro Arrupe. Fernando enfrentó durante años una molestia hepática que limitaba su dieta. Luego de una operación de vesícula, su salud mejoró notablemente. En la Enfermería de Medellín, a lo largo de casi dos años, fueron decayendo sus fuerzas, especialmente, su equilibrio y posibilidad autónoma para caminar. Conservó, hasta poco antes de morir, un suficiente estado de consciencia y de conversación. En la madrugada del 11 de mayo (en plena cuarentena del coronavirus), terminaba su meritorio itinerario. Por las restricciones de movimiento a causa de la Pandemia, la entrada a la Enfermería Arrupe no estaba permitida. Por esta razón y las limitaciones en la movilidad, no tuvimos la oportunidad de visitarlo en su gravedad en la que recibió cuidados y atención fraterna de parte del superior, Carlos Alberto Romero, y del personal de auxiliares y enfermeras de Pedro Arrupe; fue asistido hasta su muerte por el servicio especial domiciliario de Colsanitas. Con frecuencia, los perfiles de una persona guardan o reflejan rasgos de sus formadores. En la Compañía, Fernando Londoño tuvo uno de ellos que marcó su existencia: el P. Cándido Gaviña, jesuita natural de Alava, país Vasco, que se incorporó a nuestra Provincia para terminar su formación en Colombia y luego en Europa. Varias generaciones de jesuitas en nuestra Provincia conocieron su temple y carácter que dedicó con mérito a la formación de novicios y juniores en Santa Rosa de Viterbo (Gaviña, lo mismo que el

P. Alberto Moreno, estuvieron en Argentina como Visitadores y luego Provinciales.) Los rasgos de la escritura de Fernando reflejaban un cierto aire del P. Gaviña y también en otros aspectos se parecieron. Siendo Gaviña rector de Santa Rosa, Fernando fue profesor de los juniores dictando clases de latín y griego. Sin subrayar demasiado lo anterior, que solo puedo testimoniar de oídas –porque no conocí personalmente al P. Gaviña–, paso a compartir lo que he podido conocer de la persona y la acción que Fernando nos deja como legado. Chucho Prieto, Socio del Provincial, me solicitó redactar su memoria necrológica, sin pensar, tal vez, que “no hay peor astilla que la del mismo palo” o lo contrario: “no hay peor cuña que la del mismo palo”. Astilla para subrayar aspectos aparentemente negativos o cuña para detenerse en alabar lo movido por aprecio y parentesco. Un primo hermano doble, con el mismo ADN y con apellidos entrecruzados… ¡ambos paisanos de La Ceja! No debiera ser el más creíble autor de la memoria necrológica de Fernando. En esta nota no pretendo recorrer una a una las etapas de su formación jesuita ni los diversos oficios o cargos que tuvo en la Provincia y fuera de ella. Puede verse el curriculum completo de su vida en la Compañía. Me detendré en algunas facetas de su personalidad como formador de los novicios, como profesor, como superior y como maestro del espíritu. La Provincia Colombiana, en la segunda mitad del siglo pasado, llegó a momentos significativos en el número de sus miembros. Se dividió en dos regiones: Oriental y Occidental. El Noviciado de Santa Rosa se trasladó a La Ceja. Dado el creciente número de novicios, más adelante se 17


volvió a abrir el Noviciado en Santa Rosa de Viterbo. Para el servicio de Maestro de Novicios, en su sede en Boyacá, se nombró a Fernando, que había regresado de Roma, terminados sus estudios de espiritualidad en la Gregoriana. La reapertura del Noviciado en Santa Rosa se inauguró con un devoto acto de piedad mariana. No conozco de quién fue la iniciativa; pienso que, tal vez, del P. Emilio Arango (Provincial) o insinuación de Fernando. TRASLADO DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE TOBASÍA Un grupo considerable de jesuitas y de fieles trajo a pie, en procesión desde Tobasía, el cuadro de la Virgen del Amparo, imagen tan querida por generaciones de jesuitas en Colombia. Una valiosa tela, memoria del dinamismo misionero de la Compañía, que tuvo a Tópaga como cabeza de puente en el camino de las misiones de los jesuitas en el Casanare. Un sol abrasador y el polvoriento camino de subida a la Cumbre acompañaron este traslado del cuadro entrañable de Tobasía. Una presencia vigilante de los vecinos del caserío, que no se apartaron de la imagen ni durante la noche velando en la capilla de Santa Rosa, hizo, devotamente, el recorrido. Siendo junior, recuerdo a muchos de los jesuitas que llegaron para la ocasión, entre ellos el P. Emilio Arango (Provincial) y Fernando. Relevándose los jesuitas, llevaban en hombros las “andas” con la imagen de la Reina de la Compañía. El Rosario y los cantos acompañaban la marcha. El acordeón hizo el recorrido a plena canícula, resguardado del sol por una sombrilla. Al llegar a pleno medio día, se hizo la eucaristía campal en el frontis del edificio. La vigilia de oración se hizo durante toda la noche y el regreso a su capillita de Tobasía al día siguiente. 18

Recuerdo imborrable de aquella mañana de cielo azul y sol quemante: peregrinos al pie del entrañable Cuadro de Tobasía… el Noviciado volvía a Santa Rosa en la Compañía de la Madre y Reina de la Compañía. Los juniores y novicios, y un buen número de jesuitas de Bogotá, rindieron, así, homenaje de amor filial a la Virgen del Amparo que, bajo su manto maternal, cobija a Ignacio y sus compañeros. Era el mes de agosto de 1960, fiesta de la Asunción de María, antes de un Concilio que apenas se anunciaba. De 1960 a 1968, trabajó Fernando en la formación de los novicios y, en algunos de esos años, fue también rector de la casa de Santa Rosa, donde aún continuaba el juniorado. Bernardo Nieto, que tuvo a Fernando como maestro en Santa Rosa, me envió algunos recuerdos de Fernando en esos años. Conservó, luego, una amistad y cercanía con Fernando, su antiguo formador, como lo hicieron, igualmente, un buen número de sus novicios. Algunos apartes de su crónica: “En el noviciado y en el juniorado, fui formado por Fernando en la sencillez, en la generosidad auténtica, en la austeridad que nos libera de amarras y ataduras. En las tardes dominicales, mientras compartíamos un agua de panela o una taza de chocolate, junto a la gruta de la Virgen, abrigados con nuestras ruanas boyacenses, nos transmitió su elocuente sentido de la belleza, de la armonía, de la búsqueda incansable de las cumbres más altas. Nos condujo en el aprendizaje de la armonía coral como expresión de la más profunda armonía espiritual y de la paz que la acompaña. Revista Jesuitas Colombia


Virgen del Amparo. Baltasar Vargas de Figueroa, 1650-1667. Óleo sobre tela. Fuente: RESTREPO. Fernando. Los Figueroa: aproximación a su época y a su pintura. Bogotá: Villegas Editores, 1986.

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En los Ejercicios Espirituales, nos mostró cómo Jesucristo conduce la historia humana y personal. Nos abrió al encuentro amoroso con el Señor resucitado, con su vida y su mensaje que transformó nuestra vida. Nos hizo amar a la joven de Nazaret que cuidó al Dios hecho hombre en el pesebre, que lo acompañó hasta la cruz y lo vivió en la gloria de la Resurreción. Desde su profunda experiencia espiritual, nos mostró a un Ignacio de Loyola transformado por Cristo, de soldado desgarrado y vano, en un místico líder, Padre y Maestro, compenetrado con Jesús y hecho hermano de sus compañeros y de los seres humanos más necesitados. De algún modo, seguimos unidos, como Javier y los primeros compañeros, que se juraron fidelidad en París y fundaron la Compañía de Jesús. Contemplando el cielo estrellado en las noches de Santa Rosa, nos aglutinó como hermanos inseparables, sabiendo que el amor del Señor trasciende el tiempo 20

y la distancia. Que solo en el servicio a los demás se encuentra la verdadera dicha. Jugamos (Fernando nos acompañaba en baloncesto y con su estatura nos hacía más de una canasta), cantamos juntos, oramos, nos reímos, estudiamos a fondo y, en su compañía, nos formamos como seres de carácter y noble corazón. El canto y la música nos fundieron y nos purificaron. La alegría, don de Dios, sembrada en esos años, nos fortalece aún hoy en las duras jornadas del camino” (Bernardo Nieto). Además de su desempeño como maestro de novicios, Fernando fue profesor de latín y griego en el juniorado. Fue muy apreciado y todavía lo recuerdan con reconocimiento los que recibieron su enseñanza. También fue responsable de la Tercera Probación en la Provincia en varios momentos. En el Juniorado, y un poco en el Noviciado, se tenían ejercicios prácticos para hablar en público, para predicar y hacer homilías. Se llamaba el ejercicio Revista Jesuitas Colombia


de “tonos”. Un ejercicio que Fernando enriquecía y avalaba con su propio ejemplo. Se distinguió por una palabra clara, su voz sonora, cálida, sentida. A lo largo de su vida, fue reuniendo materiales, lecturas, apuntes, para orientar los Ejercicios, tomados de autores diversos y de su propia cosecha. Enriqueció, así, su acerbo de reflexiones sobre la experiencia de acompañamiento, para actualizar la presentación de este legado de Ignacio. Entre los años 1968 y 1974, fue Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia. Sería impropio de mi parte valorar o calificar este período de Fernando al frente de la Provincia de Colombia. Pienso que los varios períodos que ejerció como Socio del Provincial, antes de ser Provincial, le permitieron conocer a los jesuitas de Colombia, lo mismo que a las diversas obras apostólicas. Considero razonable ubicar el momento eclesial en el que fue nombrado Provincial, reconocer que su nueva

responsabilidad coincidió con un período especialmente complejo en la Iglesia y la Compañía. No me detengo en los cambios que se dieron en la Iglesia Católica a raíz de ese acontecimiento que constituyó el Vaticano II (se trata del posconcilio). Hoy vemos distantes esos años sesenta y otros más adelante aun. Observadores de este fenómeno, que abarcó muchos aspectos de la vida de la Iglesia, pudieron ser testigos de una especie de removida del árbol, no solo en la Compañía sino en general en la vida religiosa y sacerdotal en la Iglesia toda. El hecho doloroso de un buen número de jesuitas que dejaron la Compañía en Colombia en esos años, fenómeno que se vivió igualmente en la Compañía universal, debió ser una razón de preocupación de fondo en su misión como Provincial. Da

Antiguo Colegio Noviciado del Sagrado Corazón en Santa Rosa de Viterbo (Boyacá). Actual Escuela de Policía Rafael Reyes - ESREY.

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mucho qué pensar comparar el número de jesuitas, en el mundo y en Colombia, antes del Concilio y unos años después. Podemos imaginar la sucesión de cada uno de los procesos espirituales, vocacionales y humanos de salida que se acumularon en esos años en Colombia, para comprender la onerosa tarea de acompañarlos como Provincial. Naturalmente que su tarea no se limitó a ser testigo de la firma reiterada de “dimisorias”. También se emprendieron modificaciones en las etapas de formación de la Compañía, especialmente del Juniorado y adecuaciones de la vida de las comunidades de la Provincia, con nuevas orientaciones de las Congregaciones Generales a la luz del Concilio. Tuvo que ver con decisiones que marcaron los procesos formativos de los años preparatorios al Sacerdocio: venta del Noviciado de La Ceja, salida y venta del Colegio Noviciado de Santa Rosa de Viterbo, primeros pasos de los juniores en Bogotá, pequeñas comu22

nidades, cambios en los programas de estudios después del Noviciado, etc. Desde su vivencia personal de la experiencia espiritual de Ignacio, durante su Doctorado en Teología Espiritual en la Universidad Gregoriana, Fernando profundizó en las características peculiares de este carisma, que dejó plasmadas en su investigación: “El Espíritu propio e impropio de la Compañía de Jesús”, su tesis de grado. A lo largo de sus años de servicio apostólico, muchos pudieron disfrutar de su acertada dirección y acompañamiento de los Ejercicios Espirituales, tanto en el Noviciado y en la Formación, como en otros ambientes, sobre todo cuando fue miembro del equipo del CIRE, en el que colaboró largos años hasta poco tiempo antes de su muerte. Fernando ofreció, igualmente a muchos, una sólida guía y acompañamiento espiritual.

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Además de su dedicación a la Formación, y en distintas misiones como Provincial, Superior de varias comunidades en Bogotá y rector del Colegio de San Ignacio de Medellín, Fernando permaneció en Roma por casi veinte años en los siguientes trabajos: rector del Colegio Pio Latino Americano, de 1986 a 1994; rector del Colegio San Roberto Bellarmino, de 1994 a 2001; y como asesor espiritual y académico del Colegio Pio Latino Americano de 2001 a 2005. Este sencillo recorrido por algunas facetas de la vida en la Compañía de Fernando, que el afecto fraternal me ha dictado, lo concluyo con este sentido párrafo de Bernardo Nieto: “El horizonte hay que soñarlo y buscarlo ‘de tejas para arriba’, en la estrella de la tarde y en el sol de la mañana. Al despedir a Fernando y, mientras nos volvemos a encontrar, le agradezco por darnos a entender que la fe hay que vivirla sin complicaciones, sin teorías, con la sencillez campesina que aprendió a ver a Dios en todas las cosas. Que hay que demostrarla en obras, más que en palabras. Solo el amor, convertido en servicio desinteresado a los hermanos más necesitados, en pura fraternidad, es la muestra viviente de que Jesús ha resucitado y de que, en Él, viviremos para siempre.”

Gracias, Fernando. Ya llegaste al paraíso. ¡Espéranos que pronto volveremos a cantar contigo!

Capilla Nuestra Señora del Amparo (Tobasía, Boyacá). Fuente: cec.org.co

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NUESTRA MEMORIA

La “gripe española” (1918-1920): así la vivieron los nuestros en Bogotá John Montoya, S.J.

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uando se extendió el COVID 19 por casi todo el planeta, los medios se devolvieron en el tiempo para recordar la “gripe española” que dejó aproximadamente cincuenta millones de muertos. La cifra de las afectaciones en Colombia se desconoce. No obstante, un aviso publicado en un periódico de amplia circulación, por una empresa aseguradora, nos indica que el número de fallecimientos pudo ser alto. La publicidad del seguro invitaba a los padres de familia a tomar la póliza, pues la gripa “está matando 150 personas por día”. Se sabe que el virus se concentró en Bogotá, Tunja y algunas poblaciones de Boyacá. En ese momento, gobernaba el país don Marco Fidel Suárez quien, además de perder a su hijo por causa de la pandemia, tuvo que renunciar a su cargo, pues se consideró una falta grave que hubiese pignorado su sueldo para solventar el tratamiento médico de Gabriel Suárez. El Congreso de la República del momento, a diferencia del nuestro, sesionó normalmente; semejante osadía cobró la vida de dos congresistas. Si bien los periódicos de Bogotá registraron con cierta amplitud la pandemia de hace cien años, la información acerca de cómo la vivieron los jesuitas es escasa. Las fuentes son, básicamente, tres: Las Noticias Domésticas de la Misión Colombiana (1918), Notas históricas sobre la Compañía de Jesús Restablecida en Colombia y Centro América / 1842-1914 (1920), del padre Luis J. Muñoz, y el Necrologio de la Compañía de Jesús en Colombia (1956), del padre Alberto Moreno.

Como la gripe comenzó a cundir entre los estudiantes del Colegio San Bartolomé Mayor, se decidió, con aprobación del Gobierno, dar por concluido el año lectivo, la última semana de octubre de 1918 (Noticias Domésticas de la Misión Colombiana). Dado que durante la pandemia no se guardó cuarentena, los jesuitas del Colegio se unieron a los padres, hermanos y escolares de Chapinero para atender a los contagiados por el virus. Su celo apostólico los volcó a barrios y hospitales. El padre Campoamor abrió, con la ayuda generosa de señoras notables bogotanas, un comedor botica en el Círculo de Obreros y otros seis barrios pobres de la ciudad. En un solo sitio de atención, nuestros queridos antecesores alcanzaron a repartir medicinas y alimentos a 1.200 enfermos en menos de una semana (Muñoz, 1920:134). Semejante heroísmo, cobró la vida de un joven tercerón, el padre Francisco Oar, de origen español, quien, además, fungía de ayudante del maestro de novicios. Su muerte quedó registrada como “víctima de la caridad” en el Necrologio escrito por el padre Moreno. Nos cuenta, el autor de la crónica, que Oar salió a media noche de la comunidad de Chapinero afectado por la gripe, para atender a un moribundo. A su regreso, horas más tarde, fue víctima de un ataque nervioso que devino en un extravío mental. El padre murió internado en un asilo dos meses después, con apenas 35 años de edad (Moreno, 1956:85).

Página anterior: ambulancia de tracción animal prestando socorro (Cromos, 1918). Imágenes tomadas del grupo de Facebook: Fotografías antiguas de Colombia, subidas por el perfil de Jaime Páez. Fuente: diarioriente.com

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Hay dos aspectos de las crónicas sobre la vida de los jesuitas de aquella época que me llaman la atención. En primer lugar, si bien el confinamiento no era obligatorio como ahora, arriesgaron sus vidas para asistir a las personas enfermas –en especial a las más pobres–, a pesar de las cifras aterradoras de contagios y muertes; tampoco pararon su atención espiritual a la feligresía bogotana. Esto es significativo, si tenemos en cuenta que ellos conocían muy bien que las defunciones en la ciudad, debido a la pandemia, a veces superaba las 150 personas diarias, como lo advertía la propaganda que ofertaba seguros de vida. El otro aspecto que me llama la atención está registrado en las Noticias Domésticas, y es el siguiente: la persistencia de cierta hostilidad hacia la Compañía de Jesús por parte de algunos sectores políticos, 26

especialmente del Partido Liberal. Parece que la prensa liberal de la época acusaba al clero, pero con más virulencia a los jesuitas, de inactividad e indolencia en aquellas circunstancias, y exaltaban, en cambio, las muestras de caridad de los seglares. Hoy, nadie espera que los jesuitas –con excepción de aquellos que, por misión, están en los hospitales– atendamos directamente a pacientes afectados por el COVID-19; tampoco navegamos en medio de una particular hostilidad política. No obstante, el reto de los jesuitas que ya son historia, y de nosotros, es el mismo: encontrarnos con los vulnerables y marginados; caminar con ellos(as) asumiendo riesgos.

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PĂĄgina anterior: hospital improvisado en Kansas (EE.UU.), 1918. Dominio pĂşblico.

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La formación del cuerpo apostólico Gerardo Villota S., S.J. Asistente de Formación

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uiero invitarlos a contemplar un día de nuestra vida cotidiana en el gran escenario de la Misión Apostólica que lleva adelante este Cuerpo Apostólico Ignaciano. Fácilmente, veremos, en las distintas obras apostólicas, la presencia de muchos –compañeras y compañeros– en la misión. Contemplemos a los maestros creando en su pensamiento y registrando en sus papeles las clases para sus alumnos, sean de una pequeña escuela remota de un barrio popular o de los colegios de educación media en nuestras ciudades, o aquellos que forjan a los nuevos profesionales en la Universidad. Otros, dedicando el tiempo necesario, con toda su atención, a aquel joven triste y derrotado que se acercó a conversar con la esperanza de ser escuchado. Muchos, elaborando o gestionando proyectos de desarrollo en pro de la justicia, la paz y la reconciliación. También, quienes están pendientes de los movimientos de la administración, entre la atención a las personas y los números, balances, plataformas, sistemas, cobros y pagos, así como atentos a los datos financieros para tomar la mejor decisión. En otro ámbito, contemplaremos todas las acciones propias del cuidado pastoral, como atender a los enfermos, instruir a los niños, acompañar a los pobres en su búsqueda de una vida digna –esquiva y, por tanto tiempo, anhelada–. En otras fronteras, están los que acogen y ayudan a los migrantes que peregrinan buscando una mejor oportunidad para su vida. Un Revista Jesuitas Colombia


[...] atender a los enfermos, instruir a los niños, acompañar a los pobres en su búsqueda de una vida digna [...]

buen número, estará dedicado a entrar en el ámbito de la relación con Dios en la oración y el discernimiento, igualmente en la celebración de la fe y de la esperanza. En fin, son muchas las escenas y los escenarios por donde se hace vida la misión de este Cuerpo Apostólico. No hay trabajo pequeño, o que se pueda considerar de menor importancia, cuando todos sentimos que estamos dentro de una misión que busca, intencionalmente, la construcción de un mundo más humano donde se dignifique la vida de todos sin excepción. Contemplar es mirar en profundidad para dejar que los textos, o la realidad que contemplamos, se revelen en nosotros y nos comuniquen su vitalidad interpelante que afecta nuestros sentimientos con una fuerza transformadora. Este ejercicio de contemplación de toda la acción apostólica del Cuerpo, es un ejercicio que nos puede hacer mucho bien porque, al contemplar esa realidad inmediata de todo lo que hacemos, vemos las cosas en otra dimensión y podemos llegar a descubrir que toda la actividad del Cuerpo está movida por una motivación profunda que busca hacer el bien, manifestar una profunda solidaridad con toda la humanidad, construir, servir y poner la nota personal en una única sinfonía de amor y servicio. Pero detengámonos por un momento en otra realidad de este Cuerpo Apostólico: constatar que se pueden dar diversos vínculos entre todos los que lo conformamos, pues son distintas las motivaciones, las intenciones y las posiciones personales sobre el significado de nuestro trabajo. Qué bueno sería, aquí, hacer un alto y preguntarnos cómo me siento yo vinculado a este Cuerpo o, en otras palabras, cuáles son las motivaciones más hondas por las que hago mi trabajo. Aquí siempre apare29


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cen las diferencias y es muy importante reconocerlas y respetarlas, pues ellas nos enriquecen y nos muestran el valor de la libertad; pero, como les digo, es importante ser conscientes de los diversos modos de vincularnos en este Cuerpo Apostólico. Podemos señalar algunas, pero cada uno y cada una, en su interior, se tendrá que preguntar y responder el sentido de su propia pertenencia. Podemos describir aquí a algunos. Están los que cumplen honestamente con sus tareas y lo hacen con responsabilidad porque necesitan garantizar un sustento digno para su familia; otros, sienten que se identifican con la misión del Cuerpo, pues les importa profundamente el bien de los demás y han encontrado un medio idóneo para cumplir una vocación de servicio y un interés muy legítimo por una sociedad más humana, justa y en paz –todo esto, sin comprometer creencias o experiencias de orden espiritual o religioso–. Otros, han sentido un llamado en el horizonte de su experiencia de fe, son creyentes convencidos de su compromiso con Dios y se sienten movidos por Él en la construcción de su Reino de amor, justicia y paz. Es muy importante comprender y sentir que todos hacemos parte de este Cuerpo, todos trabajamos por un mismo propósito en el nivel e intensidad de las motivaciones de cada uno. En todo esto ,no podemos negar ni desconocer que, en el origen del Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús, existe una experiencia muy profunda e inconfundible de Dios que, a través de Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros, fue

agraciada con un carisma especial dentro de la Iglesia para el servicio de la humanidad. Durante toda la historia, la Compañía de Jesús ha querido ser fiel a ese don del Espíritu, pero también ha sido exigida a leer los tiempos, las circunstancias y los contextos para releer su carisma. Conocer y acoger un carisma dentro de las distintas conformaciones sociales o religiosas, tiene que ver con nuestro mundo afectivo que, misteriosamente, se siente atraído por configuraciones simbólicas cargadas de sentido y atravesadas por el deseo de la pertenencia, por la fuerza de la fascinación, por la capacidad de amar y sentirse amado y acogido. Acoger un carisma no es un adoctrinamiento y jamás se puede entender en los códigos de la obligatoriedad o de la coacción abierta o sutil. El carisma se encarna en hombres y mujeres que lo acogen en un proceso de conocimiento, profundidad, emoción y libertad. La encarnación de un carisma es lo que le da una vida auténtica, no ficticia ni mecánica, a un Cuerpo Apostólico. Estamos invitados a conocer el Carisma Ignaciano que anima este Cuerpo Apostólico, invitados en libertad. No importa el nivel de vinculación que descubramos que nos une, pero sí con una dosis de apertura para ver el motor que nos anima a comprometernos con las obras, el modo como procedemos en ellas, los criterios y valores que están detrás de las opciones tomadas, la manera como decidimos nuestras respuestas ante las circunstancias de la vida. En fin, lo que Ignacio llamó “el modo nuestro de proceder”.

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Carlos E. Correa, S.J. Provincial

Gracias a Dios G por la vida del P. Adolfo Nicolás, S.J.

racias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos ayudó a reconocer que nos debíamos abrir dinámicamente a la sabiduría de la humanidad, revelada y transmitida especialmente a través de muchas otras religiones y culturas. Siempre nos invitó a tener la perspectiva de que Dios va sembrando en los corazones de toda la humanidad y que nosotros, en la dinámica que nos propuso San Ignacio, buscamos y hallamos ese fruto que va produciendo la maravillosa acción de Dios y que se nos regala como sabiduría humana. El P. Nicolás nos propuso que no nos esforzáramos tanto en llevar a otros lo que a nosotros nos parece importante, sino en ir recogiendo y visibilizando lo que Dios va haciendo. Es Dios el que realiza la misión y nosotros somos sus colaboradores. Y la mejor forma de colaborar hoy es a través de un lenguaje sapiencial, como el que nos ha regalado el papa Francisco, porque es un lenguaje que llega al corazón de la gente, para permitirle descubrir perspectivas muy profundas de vida plena y abundante. Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos invitó para que pudiéramos reconocer que la gran transformación de la humanidad viene de la profundidad interior; de la capacidad de reconocer todo lo que ocurre dentro de nosotros y de dejarnos llevar por aquello que mueve al amor, a la compasión, al perdón, al servicio y a la búsqueda del bien común.

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Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás se tomó muy en serio lo que la Congregación General 35 nos propuso para crear caminos de Reconciliación con Dios, con los demás y con la naturaleza. Siempre estuvo atento para ayudarnos a descubrir, con una bella figura, que tenemos que ser “como jirafas”: con una visión muy alta para ver más allá de lo inmediato, pero con un corazón muy grande para estar con los otros, amándolos y sirviéndoles. Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos ayudó a comprender que en todos nuestros discernimientos era necesario que estuvieran presentes los pobres. Nos ayudó para comprender que todo nuestro quehacer apostólico tiene sentido desde la real amistad con los pobres; porque si no hay amistad con ellos, con concretas personas pobres que sean significativas en nuestras vidas, no hay nada. En este sentido, muchas veces manifestó la preocupación de que el número de comunidades jesuitas insertas entre los pobres se hubiera ido disminuyendo.

que reconozcamos que nuestra fraternidad también es misión; profundidad para elegir el mejor servicio a los demás y no el servicio a nosotros mismos. Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos insistió en que Dios es el que mueve los corazones para colaborar con él y el que llama a trabajar con él. En este sentido, nos mostró que ya no se trata de estar buscando quién nos puede ayudar en nuestras obras apostólicas, sino de descubrir quién tiene el corazón tocado por Dios, para invitarlo a participar de nuestro apostolado. Desde esta perspectiva nos invitó a crear comunidades apostólicas donde los laicos, los jesuitas y otras personas de buena voluntad, tocados por Dios, nos constituyamos en los colaboradores de la misión de Dios.

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos enseñó que la profundidad en todo lo que hacemos debe ser un criterio fundamental para nuestras vidas: profundidad en el apostolado intelectual, para dar las respuesta pertinentes que la humanidad necesita; profundidad en nuestra oración, para poder convertirnos en verdaderos colaboradores de Dios en su misión; profundidad en el apostolado educativo, para poder ayudar a formar integralmente a los niños y jóvenes de nuestro mundo; profundidad en la vida comunitaria, para Imagen portada artículo - Fuente: infosj.es Página anterior (de arriba abajo) Fuentes: comillas.edu, sjweb.info, jesuitas.lat, religiondigital.org JUL-AGO 2020 | Espiritualidad ignaciana

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Con jesuitapp, mĂĄs conectados que nunca Pablo G. Ivorra PeĂąafort Delegado de Comunicaciones Jesuitas Colombia

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l pasado 4 de junio, se hizo el lanzamiento interno de una herramienta para la gestión de la información de los jesuitas, obras, comunidades, y compañeros apostólicos de nuestra Provincia. Se trata de “jesuitapp - nuestra Provincia en tus manos”. Es una aplicación para móviles, tabletas y computadores de escritorio con la que los usuarios podrán acceder en tiempo real a información práctica y actualizada. Un proyecto desarrollado en su totalidad, y durante los últimos meses, por el equipo de la Oficina Provincial de Comunicaciones. Por el tipo de información contenida, a jesuitapp tienen acceso exclusivo los siguientes cuatro grupos de personas: los jesuitas de nuestra Provincia, los directores(as) de nuestras Obras, los compañeros apostólicos –cuyo acceso sea aprobado por sus directores(as) de Obra– y la Red de Comunicadores Jesuitas Colombia (RECOJE). En la actualidad, el Catálogo de Provincia cumple esta función de organizar nuestra información, pero, por la naturaleza de esta publicación, vimos cuatro oportunidades de mejora para este proceso. Una, debido a la frecuencia anual de publicación de este documento, vimos la necesidad de tener acceso a información en tiempo real, ya que en un año pueden pasar muchos cambios de ingreso, actualización o eliminación de información. Dos, por la naturaleza impresa del documento, este no tiene la posibilidad de ser hipertextual, es decir, de tener relaciones interactivas entre la información contenida que permita tenerla toda al alcance de un botón y no de buscar páginas determinadas. Tres, se corresponsabiliza a cada usuario de la vigencia de su propia información; en la aplicación, cada

persona tiene su perfil y podrá solicitar cambio de información de datos que vea desactualizados o incorrectos. De esta manera, el Catálogo y jesuitapp conviven uno para con el otro: la aplicación se alimenta de la información del Catálogo y este se alimentará de jesuitapp en las próximas ediciones. Y cuarto, por último, se abre la puerta a que, en un futuro, se puedan reducir el número de copias impresas del Catálogo; un aporte importante en ahorro económico y ambiental respecto al uso de papel. Entre las funcionalidades que se desarrollaron para jesuitapp, se encuentra la sección “Hoy en la Provincia”. En esta, se podrá ver, a diario, información litúrgica, fechas importantes de nuestra Iglesia y la Compañía Universal, agenda del Provincial, eventos de la Provincia y los aniversarios –cumpleaños, ingreso a la Compañía, ordenación sacerdotal y Últimos Votos– de nuestros jesuitas. Otras funcionalidades incluyen accesos directos a las últimas ediciones de la Revista Jesuitas Colombia, las homilías escritas por los nuestros, un mapa con la geolocalización de nuestras obras e información práctica de la Curia General en Roma y la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe (CPAL). Estar conectados es estar comunicados y la comunicación nos acerca. El desarrollo de este proyecto, sin proponérnoslo, coincidió con la pandemia del coronavirus. Qué buena coincidencia haber podido dedicar nuestros esfuerzos para sentirnos más cerca, aún en la distancia.

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REGIONALIZACIÓN

Unidos en colaboración con Cristo Laura Perdigón y Luis Javier Sarralde, S.J. Asistencia de Apostolados

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s un lugar común en estos días hablar de la crisis humanitaria por la que atravesamos. Y es que, inevitablemente, son los lentes que ahora tenemos puestos para intentar entender lo que sucede en nuestro entorno. Sin embargo, las presentes circunstancias que nos tienen en casa y, aparentemente, nos paralizan, a la luz del Espíritu Santo, tienen el efecto contrario: movilizarnos para el encuentro –no físico–, ya que prevalece el cuidado de la vida, pues seguimos animados en la construcción de una realidad más esperanzadora y justa, sobre todo ahora que se hacen más visibles las inequidades ya existentes, en tanto que sobrevive el que más tiene y se agudizan las necesidades de los más vulnerables. El Encuentro Nacional de Regionalización del 21 y 22 de mayo, “presencial” a través de la plataforma Zoom, se realizó atendiendo a este llamado del Espíritu al encuentro, a escucharnos y compartir nuestras mociones en el discernimiento permanente de nuestro quehacer frente a la realidad. La lectura de esta crisis que nos permite seguir en camino, colaborando en la misión de Cristo, es la misma que en un principio nos invita a ser testigos de su gracia, de su amor y su entrega, para entender que somos seres llamados a vivir en comunidad y que eso nos implica, nos responsabiliza, con nosotros y con los otros.

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Desde las fronteras regionales, con los desafíos que cada una reconoce, estas son algunas de las reflexiones que ha suscitado este tiempo y que pudimos compartir: Antioquia Esperamos retomar el proceso, conscientes de que la frontera que acabábamos de presentar, reformulada en febrero de este año, pudiera estar en clara consonancia con lo que ha venido pasando, y donde desafíos tan grandes como la inequidad, la exclusión, el vacío de Dios, la explotación ecológica, el olvido de los jóvenes, entre otros, se deberán convertir en dinámicas de abordaje muy concreto para salir adelante en este momento histórico que atravesamos. Bogotá-Soacha El llamado que reconocemos es el de la esperanza. Pensamos que de toda esta situación saldrán cosas positivas para poder crecer como personas, asimismo, creemos que somos luz para nuestras comunidades y debemos llevar un mensaje esperanzador y de fortaleza a todas esas personas que creen en la misión que llevamos en la Región. Caribe Sentimos diversos llamados. Llamado a acompañar a la gente en la reflexión de lo que sucede, para que el miedo que se impone desde la manera como los gobiernos y los poderosos abordan el problema no nos paralice o nos destruya; llamado a vivir en solidaridad con los pobres y a optar mucho más decididamente por la justicia y la equidad; llamado a abrir caminos a otros paradigmas para la humanidad, donde prime el respeto y el cuidado de la vida, la igualdad de derechos y una nueva relación con la madre tierra.

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Eje Cafetero Reconocemos con mayor claridad y humildad nuestra vulnerabilidad como especie y, ante todo, somos llamados para afirmar con contundencia que el único modo de proceder está enraizado en la solidaridad y la fraternidad. Ninguna “obra” humana es sustentable si no tenemos en cuenta que nos necesitamos como seres humanos y que muchas cosas (edificios, infraestructuras, herramientas, desarrollos técnicos) que suponíamos permanentes, pueden dejar de tener importancia y se pueden ver ahora como innecesarios. Macarena La pequeñez y fragilidad de nuestra presencia aquí en La Macarena, y ante el actuar de los violentos, nos lleva una vez más a las preguntas profundas por la vida espiritual, por el talante intelectual y la acción pastoral. Y también nos preguntamos acerca de los aportes y cualidades de ellas y su interacción con cada uno de nosotros como apóstoles. Magdalena Medio La actual coyuntura ha sido una gran oportunidad para valorar el silencio y la oración personal y en comunidad. Nos sentimos renovados en nuestra vida espiritual e invitados a compartir con otros nuestras vivencias de la oración. Esta profundización y ejercicio de nuestra vida interior, nos ha llevado a vivir con más sentido nuestro trabajo apostólico. Las actividades de carácter humanitario las hemos podido vivir como el actuar mismo de Dios quien, a través de nosotros, quiere llegar a quienes más sufren. Este tiempo, también, ha sido para sentir el llamado a vivir nuestro ministerio profético. No podemos permanecer indiferentes ante un mundo

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que sigue excluyendo a inmensos sectores poblacionales de las necesidades y derechos básicos, mientras que una pequeña minoría se ha adueñado de la mayoría de los recursos y se da el lujo de consumir y destruir sin límites los bienes que son de todos. A esta injusticia estructural y mundial se suma la incontrolable, destructora y más grave pandemia de la corrupción. Nos sentimos llamados a insistir en el ejercicio de inventar un nuevo orden económico internacional, que promueva salarios equitativos y lleve a distribuir mejor los bienes y servicios para toda la humanidad. Nariño Sentimos un llamado a poner a la luz pública el sistema socioeconómico injusto que ha dejado al descubierto el nivel de pobreza de muchas personas y el sistema precario que existe en muchas regiones del país, en atenciones básicas como salud y educación, entre otras. Deseamos mantener nuestro acompañamiento a comunidades campesinas e indígenas a través del impulso a procesos de agricultura familiar, economía social y solidaria y nuevos esquemas y mecanismos de bioseguridad. Otro de los llamados es a volver la mirada a Dios y su proyecto de humanización al que nos invita a participar en la persona de Jesús. Santander El llamado de Dios, hoy en la Región Santander, tiene que ver con un sentido de solidaridad con miles de familias que hoy han perdido su sustento. Una solidaridad que no solo nos dispone a salir con ayudas, sino a preguntarnos cómo acompañar y cómo volver a crear tejido social y confianza entre los santandereanos. En el fondo, es una posibilidad para que no

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sientan que han perdido la vida y que es necesario empezar de nuevo. Sentimos la moción de vivir este tiempo de crisis. Un tiempo de preguntas profundas donde a las grandes estructuras se les mueven hasta los cimientos. Valle Sentimos el llamado a difundir la fe y la espiritualidad por medios más abiertos que permitan llegar a más personas, no tratando de cambiar las tradiciones sino de usar la difusión para llegar a más personas. Deseamos reinventarnos apostólicamente, en el sentido de nuestra comunicación, generando canales o vías de apoyo, de encuentro con el otro para dialogar, orar, reír, reflexionar y apoyar en estos momentos de incertidumbre, de distanciamiento físico –más no espiritual– y de sentido de la misión desde el servicio. Escucharnos en este encuentro nos permitió reconocernos una vez más como un solo Cuerpo Apostólico. Los espacios de conversación se enmarcaron en la vigente necesidad de comprendernos parte de la misma misión de colaborar con Cristo y, en ella, formarnos permanentemente desde nuestro carisma. Sin duda, la virtualidad sigue siendo un desafío para acompañarnos en tiempos de cuidado y, aun así, aparece también como una herramienta que podemos poner al servicio de nuestra misión. Los frutos, que de esta experiencia se recogen, nutren los procesos que se siguen desarrollando en cada Región y como Provincia.

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REGIONALIZACIÓN

La Universidad Javeriana de Bogotá en el Encuentro Nacional de Regionalización: mociones y perspectivas Daniel Eduardo García Suárez, Alexandra Barbosa Carrero y Álex Linares Bautista Oficina de Fomento de la Responsabilidad Social Universitaria

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ifícilmente, Ignacio, mientras escribía los Ejercicios Espirituales y experimentaba en Manresa el poder de las mociones, lograría vislumbrar el amplio alcance temporal, cultural y apostólico de lo que, por don de Dios, pudo vivir. El Encuentro Nacional de Regionalización es un signo importante de todo lo que su carisma inspira en nuestra amada Colombia, una inspiración que va más allá de la utopía y que, como levadura en la masa, se convierte en fuerza transformadora de una realidad que grita y clama por la paz, la justicia, la equidad y el amor fraterno. Lo que en palabras de Jesús de Nazaret es el Reino de Dios. Sin lugar a duda, el Encuentro Nacional, en esta inusual “nueva normalidad” que nos obligó a superar las distancias geográficas con la mediación tecnológica por causa del COVID-19, es, de por sí, un acontecimiento inédito. Quedará para la posteridad y el registro histórico lo que esta generación de compañeros apostólicos hizo con tal de preservar y continuar algo que está por encima de cualquier aspiración individual, y es el proyecto de Dios sobre la humanidad, sobre Colombia, sobre las comunidades. Lejos de sentirnos héroes o llenarnos de lo que Ignacio llamaba “la gloria del mundo”, hemos de reconocer que fue el Espíritu del Señor

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el que nos condujo y nosotros apenas “hemos hecho lo que teníamos que hacer”, como lo aconseja Jesús en el Evangelio. De parte de la Oficina de Fomento de la Responsabilidad Social Universitaria (OFRSU) de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, participamos tres personas en el Encuentro. Desde el principio sentimos que algo especial iba ocurriendo en nuestros corazones, algo similar a la experiencia de los discípulos de Emaús cuando Jesús les explicaba las Escrituras en aquel camino. Cada charla, cada oportunidad de compartir, cada actividad, revelaba un gozo, una ilusión, una esperanza. El relato de las Regiones y Obras Transversales actuó, usando la conocida expresión, como “fuego que enciende otros fuegos” y nos motiva a lanzarnos a servir desde el amor de Dios. Cuando interactuamos desde la Universidad Javeriana, en su rol de Obra Transversal, con compañeros apostólicos, se produjo un inmenso gozo por reconocer el camino recorrido de fortalecimiento de articulaciones, así en plural, desde la misionalidad de la Universidad al servicio de las regiones. Ello causa ilusión al sentir, muy cerca, la posibilidad de establecer planes de trabajo universidad-regiones que sumen al esfuerzo de actualización de

las fronteras y su realización. Así mismo, crece la confianza en que las dinámicas del proceso de regionalización nos llevarán a profundizar el trabajo armónico que las Obras Transversales aportan al servicio de las misiones regionales. Y es que parte de nuestra función, como OFRSU al interior de la Universidad, consiste en establecer puentes con la diversidad y riqueza de las Regiones y las Obras de cara a la construcción de los diferentes proyectos sociales que emergen en cada contexto. Por ello, con humildad, descubrimos que fue una consolación ignaciana percibir que desde la OFRSU estamos contribuyendo para fomentar la unidad del cuerpo apostólico. De este modo, nos sentimos también llamados a continuar aportando al fortalecimiento de la comunidad universitaria para que se pueda conectar cada vez más al cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús. Conectado a lo anterior, en nuestra subjtividad se va tejiendo una convicción que nos convoca potentemente: el servicio. Esta moción, que sin duda viene de Dios y nos resulta muy consoladora, está arraigada en nuestra opción libre y voluntaria por el seguimiento de Cristo. Particularmente, desde nuestro rol en la Javeriana, nos sentimos identificados, a nivel existencial, con las apuestas de la Compañía de Jesús. 43


Pontificia Universidad Javeriana (Bogotรก). Fuente: wikipedia.org Felipe Restrepo Acosta (CC BY-SA 3.0).

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Así mismo, es reconfortante y esperanzador ver la sensibilidad y compromiso de todos los compañeros apostólicos, jesuitas y laicos, para servir, con especial dedicación, en medio de estas condiciones de emergencia que impone el COVID-19. Así mismo, a partir de la experiencia del Encuentro, sentimos el llamado a fortalecer la vida espiritual desde el accionar que fundamenta la misión y da sentido a los múltiples esfuerzos colectivos que se hacen en favor de las regiones.

En cuanto al cuidado de la Casa Común, sentimos un llamado muy importante para continuar articulando esfuerzos y alianzas con las Obras, ya que esta Preferencia Apostólica se trabaja en la Universidad de manera intensa, tanto en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, así como en las demás facultades y unidades del gobierno central. Ello se complementa con la apuesta regional que desde la OFRSU coordinamos con el Programa Amazónico Javeriano.

Concretamente, algo que nos toca interiormente y genera un gran número de mociones, son las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) de la Compañía de Jesús. Sentimos ese llamado a caminar con los excluidos, identificando, con claridad, cómo desde las funciones sustantivas de la Universidad aportamos a su realización. Descubrimos cómo la Javeriana puede incidir, por ejemplo, a través del estudio sistemático y riguroso de las causas estructurales que agudizan las condiciones de desigualdad, pobreza y exclusión de millones en el mundo y también a nivel local, a fin de comprender mejor la realidad y desde allí posibilitar diferentes aproximaciones de solución.

Frente a la preferencia relativa a los Ejercicios, sentimos el impulso de trabajar con el Centro Pastoral San Francisco Javier, el cual se encarga de convocar y desarrollar los Ejercicios Espirituales para la comunidad educativa, los cuales son muy apetecidos dentro de la Universidad, no solo por estudiantes, sino por administrativos y un amplio número de docentes. Sin lugar a duda, este trabajo, así como el programa de formación de Cardoner, de la Vicerrectoría del Medio, aportan de manera considerable a la formación de los compañeros apostólicos en la Universidad.

Por otro lado, en cuanto a la preferencia relativa a los jóvenes, nos sentimos interpelados frente al acompañamiento que les brindamos en su formación integral, especialmente desde las prácticas sociales, ya que estas son un importante aporte a su reflexión sobre su proyecto de vida desde la perspectiva del servicio y la ética. Adicionalmente, ellos mismos son actores que acompañan jóvenes y que siembran esperanza, que apoyan la construcción de proyectos de vida diversos y alternativos.

Son muchos los retos y desafíos que la situación actual nos plantea como sociedad, como país y, también, como Obra de la Compañía de Jesús, como lo es la Universidad Javeriana. Por eso, para nosotros el Encuentro Nacional de Regionalización resultó ser una oportunidad muy importante para reflexionar y cobrar nuevas fuerzas para trabajar juntos, y, sobre todo, para tener mejores elementos para hacer el ejercicio ignaciano por excelencia, el discernimiento, y, así, apoyar la labor de la Universidad como Obra Transversal en todo el proceso de regionalización.

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JÓVENESENCAMINO

Moenchi Magüta: ¡Gracias, comunidades indígenas! Paulina Jiménez Pino, Diego Mauricio Bonilla Pardo y Samuel González Londoño

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Porque el Amazonas no se siente con la mente, se siente con el Corazón.

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no de los regalos que dentro de la espiritualidad ignaciana se nos ofrece a los jóvenes, tiene que ver con los frutos de la contemplación ignaciana. Aprender a ver la realidad con mirada profunda, con el sentir del corazón, con unos sentidos que se potencian y se movilizan ante una realidad que, como jóvenes, nos desacomoda y nos ayuda a trascender las limitaciones del egoísmo, del miedo, del sin sentido. En el mes de diciembre de 2019, gracias a la Red Juvenil Ignaciana (RJI), tuvimos la oportunidad de hacer misión en el Amazonas, el cual es un lugar que te marca, te hace soñar y te lleva a reflexionar, moviéndote con su magia verde (selva y habitantes). Nuestra experiencia comienza con seis misioneros de Bogotá, Medellín y Cali, quienes pudimos acercarnos a la realidad de esta extensa región del país con ojos más honestos y profundos. Lo primero con lo que nos encontramos fue con una infinidad de árboles grandes y frondosos que se adentraban por la pequeña ventana del avión (la emoción nos desbordaba). Al bajar del avión se percibía

la humedad y el calor (mucho más fresco de lo esperado). Salimos del aeropuerto en un taxi, cruzando calles inundadas y descuidadas. Sin embargo, con rapidez llegamos a Leticia, una pequeña ciudad (por lo menos lo urbanizado) limítrofe con Perú y Brasil. Al ubicarse como la capital del Amazonas en Colombia, esperábamos, quizá, un mayor desarrollo de infraestructura, pero, en realidad, nos encontramos con aceras devastadas, parques en muy mal estado, poco sentido de pertenencia por parte de los leticianos y una contaminación latente que caía en una paradoja, considerando que estábamos en el pulmón del mundo. Empezamos a recorrer la ciudad hasta llegar a orillas del río Amazonas, observando las pequeñas casas de madera que evidenciaban la desigualdad, escasez de recursos, falta de reconocimiento social y cultural, y resaltando, en buena medida, el abandono por parte del Estado. Previamente, teníamos la idea de un territorio con dificultades sociales, sin embargo, al ver las calles llenas de basura, perros con cuadros de desnutrición en las calles y niños con humilde vestimenta, esto nos hizo discernir sobre la diferencia entre regiones, entendiendo el dicho popular “el tigre no es como lo pintan”… o, más bien, el Amazonas no es como lo cuentan. La misión consistió en adentrarnos a vivir por ocho días en los resguardos indígenas de Arara y Nazaret, haciendo un viaje en peke peke, o lancha –siendo el único medio de transporte entre las comunidades–. Durante el viaje, el cambio de clima se sintió abruptamente y nos sentimos extraños por las miradas de los pobladores.

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Llegamos con nuestras maletas llenas de ganas y un plan de misión organizado, pero fue necesario adaptarnos constantemente al ritmo de las comunidades. Nos dimos cuenta que hay lugares en los que se hace necesario ingresar con respeto, delicadeza y dando pasos cautelosos para no irrumpir sus costumbres, ritos o incluso su modo de comunicación. Una de las preguntas que nos albergaba consistía en cómo podrían ser los jóvenes en estos territorios. Pudimos descubrir que buscan proteger su cultura mediante la conservación de su idioma (ticuna), el cual ha pasado de generación en generación. Conjuntamente, montan coreografías de sus canciones y bailes ancestrales para competir con otras comunidades, dan clases de Infancia Misionera a los niños y se preparan para la comunión, bautizos y demás celebraciones religiosas, con el mismo respeto que le tienen a su cultura (mitos, comportamientos y lugares sagrados en donde solo entran los más sabios, etc.). Las personas de la comunidad poseen una espiritualidad que se entrelaza con su cultura, raíces, alegría, energía y nobleza 50

al momento de compartir con los otros. Como ellos nos dijeron al llegar: “el Amazonas no se siente con la mente, se siente con el corazón”, ya que hay una infinidad de cosas que no comprendemos. Por ejemplo: sus horas de trabajo, su creatividad al hacer artesanías, su lugar de reunión (la cancha), el rito de la comunión, entre otros, puesto que ellos la cantan y bailan en ticuna. Es un momento indescriptible escucharlos tocar los tambores en un mar de sonidos fascinantes. El Amazonas se compone de las personas que hacen parte de la comunidad porque en ellos se percibe el amor en cada fruta que nos regalaban, en cada risa detrás de una cara tímida, en las historias de sus antepasados y en el respeto que le tienen a los ancianos y a sus tradiciones. Como suele pasar en estas experiencias, pudimos reconocer que se aprende más de estas maravillosas personas que de, tal vez, aquello que pudimos ofrecer. A partir de los relatos contados por las comunidades, nos dimos cuenta de las serias dificultades sociales de estas comunidades. Existen pocas oportunidades –en muchos casos, ninguna– de acceder Revista Jesuitas Colombia


a la educación superior. Llevan muchos años sin un médico en la comunidad. Hay dificultad para ir a las consultas de salud en Leticia. Son escasos los materiales de salubridad, al igual que los espacios para mostrar el gran talento que tienen para las artesanías, el baile y el deporte. Es cierto que el Amazonas es mágico, te atrapa y te hace amar la experiencia. No obstante, se termina romantizando al ver solo una parte de la ecuación, en donde se habla de su belleza y solo se aglomera la rica cultura indígena en un ítem que se lee en la lista de “atracciones” para ir allí. Pero la realidad está lejos de ser tan “paradisíaca y fantástica”, como la suelen presentar las agencias de viajes. Nuestro deseo nos mueve a invitarlos a que no seamos ajenos a lo que este departamento de Colombia está padeciendo, producto de las secuelas del COVID-19. Esta pandemia es una realidad que ha tocado la realidad de todos, entrando a

nuestros hogares, transformado nuestros ritmos de vida y, en algunos casos, arrebatándonos a quienes amamos. Por esto, desde nuestra experiencia como jóvenes de la Red Juvenil Ignaciana, nos sentimos motivados para no quedarnos solo con “haber ido a misión”, sin más. Queremos invitarlos a que, después de leer este testimonio de misión, pensemos en los colombianos que, en esta región de nuestro amado país, pasan momentos de serias dificultades, especialmente, las comunidades indígenas. Quizá, en este momento no tengamos todas las soluciones económicas que quisiéramos ofrecer para remediar en algo lo que allí sucede, pero creemos que, con interesarnos en esta realidad, podemos informarnos y darnos cuenta de que estos colombianos, también hoy, necesitan de nuestra atención y nuestro apoyo. Porque, si no es ahora, entonces cuándo.

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Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento José de Jesús Prieto, S.J. Director (E) del CIRE

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un año de la promulgación de las Preferencias Apostólicas Universales, es oportuno poder abordar, en parte, el trasfondo de la hondura espiritual reflejada en la primera preferencia, de la que el papa Francisco se ha referido como la preferencia capital porque “… supone como condición de base el trato del jesuita con el Señor, la vida personal y comunitaria de oración y discernimiento”. Añade, “sin esta actitud orante lo otro no funciona”. De esta preferencia, se espera que sea una fuente de inspiración y un camino para adentrarse en el misterio de Dios y, a través de él, en el misterio de nosotros mismos y del mundo, de modo que nos lleve a la mejor manera de colaborar en la misión del Señor, buscando siempre el mayor servicio y bien universal. “La propuesta de colaborar con la iglesia a vivir la sociedad secular como un signo de los tiempos que ofrece la oportunidad de tener una renovada presencia en el seno de la historia humana”, como lo expresa el P. General en la carta de la promulgación de esta preferencia, nos remite, ante todo, a tener presente el contexto en el que vivimos y sus grandes desafíos. Ciertamente, la sociedad secular nos interpela y nos compromete. En ella, se busca pasarla 52

bien, luchar por el bienestar, moverse en medio del activismo, la agitación de muchos proyectos y el protagonismo superficial, pero, muchas veces, sin encontrar una verdadera fuente de vida que permita vivir de manera distinta, más sana, más humana, más profunda y gozosa, y poder experimentarlo todo como nuevo: la convivencia y la soledad, la alegría y la tristeza, la igualdad y la desigualdad, la solidaridad y la compasión, la marginación y la explotación de los más débiles. Ahora bien, ¿qué podemos aportar como creyentes a esta sociedad? Somos una sola humanidad y, día a día, necesitamos construir entre todos una sociedad secular madura donde se pueda suprimir la mutua violencia y promover el diálogo; donde la búsqueda de la convivencia justa y fraterna sea una apuesta que se haga realidad pero, sobre todo, podemos aportar todo lo que sane la descomposición espiritual y el egoísmo brutal e insolidario. Los Ejercicios Espirituales (EE) de San Ignacio de Loyola son un instrumento de gran valor para hacer presente al Señor Jesús en la complejidad del mundo en que vivimos y poder responder con coherencia a las exigencias del momento. Construir la Revista Jesuitas Colombia


vida sobre la roca de los EE es orientarla de una manera evangélica, de mayor autocomprensión de sí mismo, de elección libre y lúcida para el compromiso histórico. La mistagogía de la fuente ignaciana es la cumbre de una larga peregrinación que comienza con la propia experiencia de Ignacio de Loyola, se enriquece a lo largo de los años en su trabajo pastoral de ofrecerlos a muchas personas, “ayudar a las almas”, y culmina mediante sus estudios teológicos. La calidad de esta sabiduría la expresó el mismo Ignacio: “Siendo todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos”. Según lo anterior, y valiéndonos del comentarista de los EE, P. Josep Rambla, S.J., todo creyente ha de fundamentar su fe en lo que podríamos poner de relieve como las líneas fundamentales de la mistagogía de los EE, a saber: 1. Actividad personal. Se trata de hacer EE y de realizarlos desde lo más central, es decir, desde el corazón, desde el propio conocimiento y percepción de sí mismo… el ejercitante es el que hace los EE. Sin embargo, el adentramiento en la interioridad es a nivel de una hondura sin límite, que no tiene en nosotros su origen, sino más allá de nosotros mismos, y es el misterio de Dios en nosotros mismos, en otras palabras… la Fuente transformadora de nuestro ser que nos recrea permanentemente y se convierte en lucidez para saber dónde hay que estar presente en el mundo. 2. Objetividad y verdad. No se trata de una experiencia personal al margen de la realidad de la historia y de la verdad de la revelación, sino que historia y revelación constituyen su fundamento. 53


3. Experiencia inmediata de Dios. Se parte de una posibilidad, ofrecida por Dios, que se convierte en pretensión de los EE: la experiencia inmediata, personal, de Dios que se comunica gratuitamente de modo personal. Cuanto más nos perdemos en Dios, más nos reencontramos a nosotros mismos. 4. Cristocentrismo. La comunicación inmediata de Dios está mediada por Cristo Jesús y, por tanto, los EE se centran en la contemplación de Cristo que lleva a la progresiva configuración con Él y constituye la plena humanización del hombre en el Espíritu. 5. Receptividad. Todo el proceso de los EE cuenta con un diálogo fraterno de don y receptividad: el que los da y el que los recibe. De este modo, el método ayuda al ejercitante a vivir la dinámica de apertura y acogida de la fe, tan necesaria precisamente para este momento tan complejo que vivimos por la pandemia del COVID-19. Ahora bien, mostrar el camino hacia Dios equivale a emprender un camino, “andando siempre a buscar lo que quiero”. Los EE son 54

un camino de oración y discernimiento, en orden a poder ser conscientes de lo que Dios está haciendo en nosotros y que apunta a la trasformación y ordenamiento de la vida. Una vez que la persona que se ejercita ha iniciado los EE, entra en una historia personal de fe que es el núcleo de la experiencia y de la pedagogía de los EE. Para vivir positivamente esta historia, es indispensable la colaboración o el acompañamiento de la persona que da los EE, con las debidas orientaciones. Con las publicaciones que enseguida les ofrecemos, podemos percibir cómo se ha vivido la primera PAU en algunas de nuestras obras apostólicas, donde la aplicación de los EE ha ido en la línea de la disposición y la diversidad de personas que se han acercado a ellos para ahondar en su fe y que esta les llegue como “buena noticia”, de modo que puedan hacer presente en sus vidas la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que contiene el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

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UN ESPACIO PARA DETENERSE EN MEDIO DE LA COTIDIANIDAD

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os Ejercicios Ignacianos han demostrado ser una ayuda importante para nuestro tiempo, puesto que proporcionan una visión sobre las grandes realidades humanas, como son: el sentido de la vida, la relación con Dios y con los demás, el uso y el sentido de los bienes materiales, y el manejo de la libertad.

Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente de san Ignacio De Loyola Catalina Perdomo Coordinadora EVC Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE)

Hoy en día, las propuestas para acercarse a la espiritualidad ignaciana se multiplican a lo largo y ancho del mundo, por su modo de dirigirse al estilo de vida actual, ayudando verdaderamente a las personas a “encontrar a Dios en todas las cosas”. No existen “los Ejercicios de San Ignacio”, sino ejercicios ignacianos que se han de “aplicar” a cada ejercitante “según la disposición de las personas que quieren tomar ejercicios espirituales, es a saber, según que tienen edad, letras o ingenio” [EE18]. “Al que estuviere embarazado en cosas públicas o negocios convenientes –dice san Ignacio– quier [sea] letrado o ingenioso […] se le pueden dar” estos Ejercicios en la vida corriente [EE19]. El Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE), desde el año 2005, invita a vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en la modalidad de Vida Corriente grupales, dirigida a personas que estén en búsqueda de Dios, que quieran experimentarlo en sus vidas y que traten de responder a la invitación que Jesús nos hace en medio de los quehaceres de la vida cotidiana. Durante estos años se han acercado a vivir la experiencia un círculo muy amplio de personas (sacerdotes, laicos, religiosos/as) para quienes era imposible

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retirarse durante un mes. Se han acercado a la experiencia movidos por una variedad de preguntas, inquietudes y situaciones que los agobian. Una vez entran en la vivencia de los Ejercicios, constatan que “tocan su vida” y descubren un sentido más pleno para enfrentar la vida cotidiana. UN CAMINO DE CONVERSIÓN El objetivo de los Ejercicios es que cada ejercitante, gracias a la experiencia de Dios propuesta en cada una de sus etapas, se sienta interrogado e invitado por el evangelio a buscar y hallar la voluntad de Dios en su situación concreta, es decir, aterrizándolo en los hechos concretos de su vida. En unos Ejercicios hechos en esta modalidad, la relación directa con la cotidianidad, lejos de ser una dificultad, se convierte en un valor y en el reto de buscar y encontrar a Dios en todas las cosas.

CONDICIONES REQUERIDAS PARA LOGRAR UNA EXPERIENCIA VERDADERA Y PLENA DE LOS EJERCICIOS IGNACIANOS Los Ejercicios hechos de esta forma tienen una duración aproximada de treinta semanas, divididas en dos etapas: Una etapa de preparación: es un tiempo muy provechoso, que mira a la posibilidad de introducirse en la Espiritualidad Ignaciana y en su método de oración. Es el momento para ir adaptando la vida cotidiana a las exigencias de la experiencia. Será también un tiempo para el autoconocimiento y para una toma de conciencia más viva de la presencia de Dios en la historia, así como del tipo de relación que se vive con Él. Todo esto permitirá preparar el terreno para iniciar el proceso propuesto por san Ignacio en sus Ejercicios. 57


La etapa de los Ejercicios propiamente: esta etapa se ciñe al proceso propuesto por Ignacio de Loyola, que comprende los siguientes cinco momentos espirituales que se irán profundizando durante la experiencia: Principio y Fundamento, Primera, Segunda, Tercera y Cuarta Semana. Para vivir a plenitud la experiencia espiritual propuesta, el ejercitante deberá familiarizarse y comprometerse con los siguientes momentos:

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- La oración: los Ejercicios Espirituales están centrados en la oración. Dicha oración –en esta modalidad de Ejercicios en la Vida corriente–, ofrece una oportunidad única de integrar en ella las realidades de cada día; es una oración que se ve confrontada por los acontecimientos, encuentros, dificultades e iniciativas que llenan la existencia cotidiana. De ahí la importancia y la necesidad de que cada ejercitante disponga de, al menos, una hora diaria para dedicarse a ella.

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- El Examen: será necesario dedicar unos quince minutos para revisar la jornada y la oración y para poder anotar las mociones en un diario espiritual [EE 77]. El Examen responde a la exigencia evangélica de vivir despiertos (“velad”) y estar atentos a las llamadas y a la acción de Dios. Es la mejor expresión de la apertura existencial del ejercitante a la acción de Dios. El discernimiento realizado en este examen es el arte de apreciar los dones que Dios nos ha dado y de descubrir la mejor manera de responder a ellos. Para Ignacio, este discernimiento se fue convirtiendo en la clave de su peregrinar. El examen es un ejercicio o una vía de acceso al discernimiento. - Un encuentro: cada ocho días habrá un encuentro grupal con el fin de compartir la experiencia vivida durante la semana. Sirve para aclarar dificultades en cuanto al método y para recibir la orientación con miras a la oración de la siguiente semana. El papel del que acompaña al grupo es fundamental, porque propone pautas para la reunión y enmarca la materia de la

semana. Escucha, anima, alienta y ayuda a reconocer la presencia de Dios. - Las plenarias: están dedicadas a orientar el tema que se abordará en el itinerario de los Ejercicios Ignacianos y como ayuda suplementaria a los ejercitantes para situarse con respecto a la ‘Semana’ que están orando. - El acompañamiento: los Ejercicios Ignacianos no se hacen en solitario. Son acompañados y, para eso, cada ejercitante cuenta con un acompañamiento personal durante todo el proceso. - Los retiros: al finalizar cada Semana de los Ejercicios, se tendrá un “retiro de cierre”, de manera que los ejercitantes tengan una visión de conjunto de la Semana que acaban de vivir.

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El arte de orar, amar y servir al estilo de Jesús Julio Jiménez, S.J. Promotor de la Espiritualidad Ignaciana

GÉNESIS DE LA PROPUESTA

Una visión sin acción es una ilusión. Una acción sin visión, carece de sentido. Y una visión puesta en práctica, puede transformar el mundo. (Joel Barker)

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n aquella capilla comenzó todo, cuando en 1972 iniciaba la elaboración de un trabajo académico, requisito para obtener el Magíster en Espiritualidad en la Universidad Javeriana de Bogotá. Un sábado, a eso de las 11:30 a.m., entré a la capilla del tercer piso para hacer una visita al Santísimo. Estaba en penumbra y observé que en la primera fila había una niña rezando. Daba la impresión de que estaba llorando y su expresión corporal era de angustia. El escenario era extraño. Me resultaba incomprensible que una persona de esa edad estuviera en el edificio de la Facultad de Teología de aquel tiempo. Me encontraba en la última banca. Esperé a que saliera, la saludé y, al presentarme, le pregunté qué hacía. Me contestó, un poco nerviosa, que cumplía la promesa de venir todos los días a rezar, porque tenía una necesidad especial. Le conté que yo estaba haciendo un trabajo sobre cómo enseñar a orar a los jóvenes y le pedí ayuda. Ella se asombró, pues yo tenía 27 años y ella unos 12. Su nombre: Nydia Arévalo Pardo.

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Al poco tiempo, iniciamos el proceso. Una vez que la madre le dio autorización, nos reunimos y le expliqué la propuesta pidiéndole el favor de preguntarme si algo no le quedaba claro. Cuando me hacía alguna pregunta, era evidente que yo debía cambiar la redacción. Lo conversaba con mi tutor, el P. Darío Restrepo, S.J., quien estuvo muy atento a este requerimiento. Siempre estaré agradecido por su comprensión y ayuda. Poco a poco fui elaborando unos cuadernillos o cartillas que las llamé “Entregas”, por la forma como las iba facilitando. Me demoré un par de años, creando once guías acerca de cómo enseñar a orar a los laicos. Al finalizar, vi la necesidad de darle a cada promotor una Entrega, explicando la metodología. El trabajo lo titulé “El Arte de Orar”, inspirado en el título del libro de moda de aquel momento “El Arte de Amar”, de Erich Fromm. Pueden ver la imagen de Nydia, siendo ya adolescente, y las carátulas de las cinco ediciones de “El Arte de Orar”. Años más tarde, ella hizo, en dos ocasiones, los Ejercicios Espirituales Personalizados (E.E.P.) durante nueve días en silencio, al estilo del Maestro Ignacio de Loyola y, después de una preparación adecuada, fue Acompañante. Tuve la gracia de presidir su matrimonio. Tienen dos hijos. Como el tiempo de Dios no es nuestro tiempo, aquella niña, que hoy tiene más de cincuenta años, vivía en Miami. Se estaba formando para ser voluntaria en el apostolado de visitas a las prisiones y trabajaba en un refugio para jóvenes. Una de ellas se interesó en aprender a orar. Nydia se acordó de las indicaciones que recibió cuando era pequeña. Me solicitó las Entregas de

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“El Arte de Orar”. Le dije: “¡imposible!”. Le informé acerca de los últimos avances teológicos; además, carecía de tiempo, estaba muy ocupado. Sin embargo, Dios, que es capaz de hacer maravillas en medio de nuestras limitaciones humanas, me concedió el tiempo necesario para cumplir con la misión de actualizar y mejorar las Entregas con su nuevo título –“El arte de orar, amar y servir al estilo de Jesús–, y agregar cinco Entregas, muy solicitadas en estos momentos de pandemia. Otro acontecimiento importante que me inspiró a mejorar la sexta edición, fue el discernimiento que hicimos los jesuitas de todo el mundo para elegir cuáles serían las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) en los próximos diez años, 2019-2029. La Primera Preferencia dice: “Mostrar el camino hacia Dios, mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento”. El papa, al aprobarlas, afirma: “La Primera Preferencia es capital porque supone como condición de base el trato del jesuita con el Señor… sin esta actitud orante, lo otro no funciona”. Los interesados pueden tener acceso a las Entregas en nuestro blog (www. diosconsentido.com). Servirán de preparación para quienes quieran realizar los Ejercicios Espirituales Personalizados (E.E.P.) o aquellos que hemos denominado Ejercicios Espirituales “Online” (EEonline). En la parte superior del blog, aparece: Eucaristía, EEOnline, El arte de orar, Canciones y Contacto.

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Ejercicios Espirituales online Julio Jiménez, S.J. Promotor de la Espiritualidad Ignaciana

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scuchamos que “el asunto comenzó en Galilea”, luego en Emaús y Pamplona (1521) y se clarificó en el río Cardoner (1522) donde a Iñigo López de Loyola “se le abrieron los ojos del entendimiento. Con una iluminación tan grande que todas las cosas le parecían nuevas”. A partir de ese momento, se dejó llevar por la gracia, “solo y a pie”. para finalizar su vida acompañado, es decir, en comunidad… “nunca solo”. El maestro Ignacio nos dejó un derrotero para “mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento” (Primera Preferencia de las PAU) y, así, “conocer, amar y seguir a Jesús” en un mundo tan complejo en el cual nos encontramos, parecido, en algunos aspectos, al siglo XVI. En este largo caminar, el Señor nos acompañó en el Concilio Vaticano II (19621965) cuando, entre muchas otras cosas, invitó a las comunidades religiosas a volver a las fuentes de su carisma fundacional. Pedro Arrupe tomó en serio la invitación del Concilio y en 1978 convocó a jesuitas y laicos que trabajaban en las Congregaciones Marianas a volver al origen, es decir, realizar los Ejercicios Espirituales en la forma personalizada, como los daba san Ignacio.

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De Colombia, asistimos Fernando Mendoza, S.J. y mi persona, debido a que el P. Gregorio Arango, S.J., Asistente Eclesial de las Congregaciones, por asuntos de salud, no podía hacerse presente. Se realizaba la transición de las Congregaciones Marianas a las Comunidades de Vida Cristiana (CVX). Las afirmaciones del Superior General Kolvenbach (1983-2008) no podían ser más fuertes. Nos hablaba de la “refundación de la Compañía de Jesús”, de la “fidelidad creativa” y, una que quizá todavía hace eco, “olvidémonos de la Compañía de Jesús… volvamos a Ignacio”. Dicha experiencia fue un hito en mi vida espiritual. La primera semana la dirigió un psicólogo jesuita quien nos amplió los conocimientos sobre nuestra forma de ser, abordando los sueños, desde la espiritualidad, para convertirlos en un medio de oración. Luego, el P. Tony de Mello, llamado "el Gurú de la Congregación XXXII", nos hizo comprender más la experiencia espiritual que vivió Ignacio plasmada en sus Ejercicios.

[...] se le abrieron los ojos del entendimiento. Con una iluminación tan grande que todas las cosas le parecían nuevas.

Una vez preparados, psíquica y espiritualmente, nos dirigimos a la Casa Villa Cavalletti, a hacer la experiencia durante diez días. Se observaba el lago Albano y, al fondo, Castel Gandolfo, la residencia Papal. Allí, murieron Pio XII (1958) y Pablo VI (1978).

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Los impactos que recibí fueron profundos, como la carencia de un “Director de Ejercicios”; no había orientaciones generales (puntos), ni pláticas. Cada ejercitante tenía su Acompañante. Ningún tipo de participación grupal. Una mujer como Acompañante de los jesuitas alemanes, algo insólito para mi cultura. Respeto absoluto por el ritmo del ejercitante y, dada mi situación personal, permanecí todos esos días “meditando” solamente el Principio y Fundamento, ya que no tenía recta intención para hacer la experiencia… iba más a aprender. Además, no había asimilado el ABC de la Espiritualidad Ignaciana, a pesar de los trece años que llevaba como jesuita, los últimos tres, de presbítero. Mi gran conclusión: la validez del acompañamiento y la importancia del Principio y Fundamento. El camino a “Emaús” continúa. Cuando estaba haciendo mi Tercera Probación en Buga, en 1981, el P. Neftalí Martínez, S.J. (+) me invitó a dar los EE a líderes campesinos. Le dije: "Pero los damos como me enseñaron en Roma, en forma personalizada”. Por ello, consideramos ese año como la iniciación de la propuesta en la Provincia Colombiana.

los Farallones), Daniel Villada Z., joven profesional, experto en plataformas virtuales. Me insinuó “montar” las diversas experiencias que hacíamos los fines de semana y los Ejercicios Espirituales Personalizados (EEP) en el sistema “Online”. En un primer momento, no me llamó la atención, por el trabajo que exigía. Ante su insistencia, nos propusimos seguir la Moción del Espíritu. Ahora, estamos supremamente agradecidos por la forma como el Señor va haciendo su obra a través nuestro. El sistema virtual se ha convertido en una excelente forma de apostolado. Si quieres observar el proyecto, puedes abrir el blog www.diosconsentido.com. Qué diciente la afirmación del II Prefacio de la misa Votiva del Espíritu Santo: “Te alabamos, Padre, porque nos concedes, en cada momento, lo que más nos conviene y diriges sabiamente la nave de tu Iglesia”.

El próximo año, cumpliremos 40 años. Han participado 133 grupos, 98 Acompañantes jesuitas,40 laicos y 8 religiosos(as). Hemos recibido formación en psicología de parte del Dr. José Ricardo Álvarez y en espiritualidad de mis hermanos de comunidad, los PP. Gustavo Baena, Gerardo Remolina, Mario Franco, Darío Restrepo, Hermann Rodríguez, José Roberto Arango, entre otros. El Señor no se cansa y nos sigue abriendo caminos. En 2007, se hizo presente, en la casa de retiros de Cali (Santa María de 67


Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola: una dinámica de autoconocimiento Manuel José Jiménez E., S.J. Director de Pastoral - Colegio San Pedro Claver

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C El autoconocimiento es una aventura que conduce a resultados inesperados. C.G. Jung.

inco siglos atrás, en el escenario de la humanidad, aparecen los “Ejercicios Espirituales”. Su creador, Ignacio de Loyola. Su misión, llevar a las personas (Ejercitantes) a entrar en contacto consigo mismas, a navegar mar adentro e ir hacia su interior, en un fascinante viaje de auténtico autoconocimiento para alcanzar, desde lo puramente humano, un encuentro real con el Espíritu de Dios y ordenar la vida según el modelo de Jesucristo. En este viaje, se potencian todas las dimensiones del ser humano y la dinámica de los Ejercicios termina por convertirse en una actividad psicoespiritual. Si bien, para la época, la psicología no existía como ciencia, desde la perspectiva ignaciana de los Ejercicios, esta aparece de manera clara, pues el método de oración y su estructura conducen al autoconocimiento y a la integración de la persona desde sus capacidades cognitivas y el manejo de sus conductas.

“Habría que aclarar que los Ejercicios Espirituales no tienen como finalidad directa y específica la salud psíquica o el bienestar natural de la persona. De otra manera, caeríamos en una instrumentalización de la vida espiritual, pidiéndole resultados precisos a la oración y reduciéndola a un trabajo meramente psicológico” (Aportaciones de los Ejercicios Espirituales a la psicología. Lamarthée S.J., 2019). Desde sus inicios, los Ejercicios Espirituales han sido una herramienta de crecimiento, apta para ayudar tanto a religiosos como a laicos, creados mucho antes incluso de pensar en dar origen a nuestra orden religiosa. A lo largo de estos casi cinco siglos, han sido innumerables las personas que han practicado este método de crecimiento espiritual, que ha dado nombre a una de las grandes corrientes del 69


cristianismo: la espiritualidad ignaciana. El modelo original se ha ido adaptando a lo largo de los años y los siglos, incorporando los avances, principalmente, en teología, antropología y psicología, pero conservando su esencia y estructura. Constan de una serie ordenada de meditaciones y contemplaciones y encierran una pedagogía para la transformación personal, a partir de un modelo cristocéntrico. Preparan para el acto de la “elección” −el modo en que cada uno se sitúa en el mundo− y permiten desplegar el ser a partir del discernimiento continuo en el actuar. El discernimiento es un acto de escucha interior, “un conocimiento interno que se aprende a ‘sentir’ con todo el ser. Conocimiento orante y adorante, unificante a la vez que despojante, actuante a la vez que contemplativo” (Melloni, 2001). Ignacio de Loyola, religioso de la época, se convierte, sin saberlo, en un psicólogo práctico de férrea convicción, conocedor de la realidad humana, lo que le permite, con sus ejercicios espirituales, conducir a las personas a su propia interioridad. No para encerrarse en sí mismas ni para escapar del mundo, sino para asumir una actitud consciente frente al quehacer diario que ha de conducir a una espiritualidad encarnada en la realidad humana y contemplativa en la acción. San Ignacio elabora una metodología para el control de la conducta desde el entendimiento y la voluntad, ordenando la vida desde una perspectiva transformadora y liberadora. Escribe en la primera anotación de su libro Ejercicios Espirituales: “todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spirituales operaciones […] porque así como el pasear, caminar y correr son exercicios corporales; por la 70

mesma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios spirituales” [EE.EE 1]. Los Ejercicios Espirituales constituyen, entonces, un método para dominarse a sí mismo y a las pasiones logrando conciencia y control de los actos y, así, llegar a la paz interior. Un aspecto importante en los Ejercicios Espirituales es que, en su dinámica, requieren de un acompañante que guíe el proceso de introspección y conduzca al ejercitante a identificar aquellos aspectos de su historia de vida: pensamientos, ideas y heridas que no le permiten alcanzar el fin para el que fue creado: la felicidad. San Ignacio buscaba, por medio de los ejercicios, que la persona alcanzará el fin fundamental para el que fue llamada a la vida. En términos del siglo XVI, sería la “salvación (salus) del ánima”. Se podría decir que buscaba que la persona se reconciliara y conectara profundamente consigo misma, en una actitud de gran libertad interior, libre de las afecciones desordenadas, para avanzar en la búsqueda de la felicidad. La propuesta ignaciana, descrita en un contexto más amplio, busca la remodelación o reestructuración afectiva, pues los Ejercicios son para quitar las afecciones desordenadas, examinando exhaustiva y totalmente el mundo interior, alcanzando una conciencia detallada de la situación humana. Para Ignacio, el mucho examinar supone un intento del ejercitante por identificar, en el día a día, sus comportamientos y desórdenes para emprender un minucioso análisis de sus puntos Revista Jesuitas Colombia


débiles en procura de su mejoramiento. Reconociendo el mundo de los afectos, busca potenciarlos porque de ellos surge la fuerza para el seguimiento de Jesús y de sus proyectos. Solo aquello que apasiona mueve al cambio y a la acción. Se puede concluir que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, en su dinámica y método, encierran toda una terapia psicológica en la que, a través de la oración, el silencio, la introspección, el discernimiento y el acompañamiento, el ejercitante encuentra, no solo del crecimiento espíritu, sino también salud psíquica. Atendiendo a la forma y a la estructura como se desarrollan, es fácil identificar cómo se revelan las características propias de la psicología desde el manejo de los pensamientos, ideas, sentimientos, emociones y las conductas que de ellos se derivan, conduciendo a un equilibrio vital y a la búsqueda de propósitos creativos en la vida a partir de un profundo proceso de autoaceptación y encuentro íntimo con el Dios de la vida y con su Espíritu creador y vivificador.

Bibliografía: Dhôtel Jean-Claude, S.J. (1991). La Espiritualidad Ignaciana. Claves de Referencia. Sal Terrae. pp.107-109. Ignacio de Loyola (1999). Ejercicios Espirituales. Ediciones Abraxas. Lamarthée, S.J. (2019) Artículo Espiritualidad: Aportaciones de los Ejercicios Espirituales a la psicología p.1. Recuperado de: https://jesuitas.lat/es/espiritualidad/1779-aportaciones-de-los-ejercicios-espirituales-a-la-psicologia. Melloni, J. (2001). La mistagogía de los Ejercicios. Mensajero. 71


Espiritualidad Ignaciana en la Región Caribe

Carlos Franco Revelo, S.J. Promotor de la Espiritualidad Ignaciana - Región Caribe

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esde el inicio del proceso de Regionalización, la Espiritualidad ha sido el pilar de todo el proceso en la Región Caribe, siendo una de las tres fronteras junto a las de Educación y Derechos Humanos. Hoy, cuando el proceso mismo de discernimiento nos ha mostrado un nuevo modo de proceder para ayudarle a Dios en lo que Él está haciendo en la Región Caribe, continuamos teniendo la Espiritualidad como el eje que nutre, articula y orienta nuestra misión apostólica, muy en sintonía con el sentido que tiene, en su conjunto, la primera de las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) de la Compañía de Jesús: “Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento”. Desde mayo del 2014, me encuentro en la Región Caribe como Promotor de la Espiritualidad Ignaciana, formando parte del cuerpo ampliado del CIRE, realizando, inicialmente, esta labor desde el Santuario de San Pedro Claver en Cartagena, donde se fue logrando un crecimiento gradual en el acercamiento de las personas hacia nuestra espiritualidad. La clave para ello fue retomar la semilla que ya estaba sembrada en un pequeño grupo de personas y continuar junto a ellas, promoviendo el acercamiento a la espiritualidad ignaciana desde nuestra propia experiencia espiritual. De esta manera, el ‘voz a voz’ ha sido el medio más efectivo para mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento.

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A nivel de ciudad, se realizaron, en Cartagena, varias tandas del Curso de Oración y Discernimiento Espiritual, conformado por un taller semanal de hora y media, durante dos meses. Como complemento a este taller, se brindaron los retiros espirituales ignacianos de medio día, cada primer sábado de mes, en el Santuario de San Pedro Claver. Cada una de estas dos experiencias iba promoviendo y nutriendo la asistencia en la otra, de manera recíproca. Luego, con mi traslado a la comunidad de Barranquilla el año pasado, esta misma experiencia empezó a brindarse en las instalaciones del Colegio San José, ofrecida especialmente a la población adulta de esta comunidad educativa y abierto a otras personas que desearan acercarse a la espiritualidad ignaciana. A nivel regional, en la Casa de Ejercicios Espirituales Villa Claver, se ofrecieron los Retiros Espirituales Ignacianos de dos días, en tiempos de Cuaresma y Pascua, y retiros de tres días en tiempo ordinario, teniendo como temas “Principio y Fundamento” y “Reino de Dios”. Estos retiros se brindaron principalmente a los colaboradores apostólicos de nuestras obras presentes en la Región, como son: el Santuario de San Pedro Claver y pueblos de la misión, Parroquia Santa Rita, Colegio San José de Barranquilla y los colegios de Fe y Alegría, abriéndose también a otras personas de la región y del país. Otra experiencia que se ofreció, inicialmente a los colaboradores apostólicos a nivel regional y que, luego, se extendió a nivel de provincia, fueron los Ejercicios Espirituales de ocho días para jesuitas y laicos, realizados, también, en Villa Claver.

Retiro Espiritual Ignaciano de medio día en Barranquilla (Colegio San José)

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Durante estos años en la Región, estas experiencias fueron también aprovechadas para llevar a cabo la Recreación del Apostolado de la Oración –que tiene como sede el Santuario de San Pedro Claver– que consistió en retomar la Espiritualidad Ignaciana como su fuente, “re-creándose” el Apostolado para pasar a ser la Red Mundial de Oración del Papa, proceso que concluyó con una Peregrinación Ignaciana, visitando los principales sitios ignacianos en Europa mientras se peregrinaba interiormente, iluminados por las vidas de Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Pedro Claver.

ninguna se ha podido realizar, como quizás no podamos cumplir las que aún quedan pendientes del 2020, dada la situación de emergencia sanitaria.

Estoy hablando de estas experiencias en tiempo pasado, porque todas ellas también estaban programadas para este año y

Esta nueva experiencia nos ha llevado a articularnos más como equipo regional de Espiritualidad, al conformar el grupo de

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Pero esta misión no podía detenerse, sino repensarse para atender la necesidad de fortalecimiento espiritual para superar este tiempo difícil y discernir cómo avanzar en la construcción de un mundo nuevo y mejor. Fue así como nació la idea de crear el Retiro Espiritual Ignaciano Online, que actualmente estamos brindando desde la Región Caribe.

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acompañantes espirituales con los laicos que se han venido formando en Cartagena y algunos miembros del equipo de Pastoral del Colegio San José. El proceso del Retiro Espiritual Ignaciano Online es el siguiente: se inicia con una invitación virtual que se hace a través de las redes del Santuario de San Pedro Claver, llegando a tener hasta 150 personas inscritas de diferentes ciudades, por retiro. Luego, se realiza la distribución de las personas en grupos de máximo quince ejercitantes, buscando que haya variedad en el grupo en cuanto a la edad y la profesión. A cada grupo se le asigna un(a) acompañante, quien crea un WhatsApp grupal momentáneo con sus ejercitantes, con el fin de enviarles información necesaria para prepararse interiormente y alistar lo necesario para su retiro.

Previo a esto, se elabora la presentación del paso a paso de la oración virtual, con la ayuda técnica de la encargada de Comunicaciones del Santuario de San Pedro Claver. Los dos últimos retiros tuvieron la siguiente presentación: Retiro de Pentecostés

Retiro de Corpus Christi

El retiro se realiza en día sábado, de 8:00 a.m. a 10:30 a.m., de la siguiente manera: 7:45 a 8:00 a.m.: entrada de cada grupo con su acompañante a Zoom. 8:00 a 8:15 a.m.: puntos para la oración. 8:45 a 9:00 a.m.: oración personal con una presentación virtual que va guiando la oración paso a paso. 9:00 a 9:15 a.m.: entrada nuevamente de cada grupo a la plataforma Zoom. 9:15 a 10:00 a.m.: acompañamiento al grupo para hacer el examen de la oración y compartir grupal.

Hasta que podamos volver a tener nuestros retiros presenciales, seguiremos aprendiendo y creciendo en nuevas formas de evangelización acordes a los tiempos y circunstancias, desde este llamado a mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento.

Retiro Espiritual Ignaciano de medio día en Cartagena (Santuario de San Pedro Claver)

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TESTIMONIOS DE TRES ACOMPAÑANTES DE RETIROS ONLINE "En la experiencia con los ejercitantes siento que, en especial, les ha impactado el modo de orar desde la contemplación, porque la vivencia los ha tocado a fondo, llevándolos a reconstruir sus propias historias y descubriendo la invitación de Dios en el hoy de sus vidas. Ha sido tan rico el compartir de mociones que varias veces hubo que duplicar las reuniones por la aplicación para que siguieran expresándose. Como acompañante, he descubierto maravillada cómo Dios actúa en cada persona; la experiencia ha significado una unión más profunda con El Señor, agradeciéndole su bondad por confiar en mí para esta misión". Julia Cadena “En el marco de la cuarentena, al encontrarnos en un autoaislamiento, es evidente que hemos tenido tiempo para reflexionar sobre la realidad que nos circunda y que nos amenaza con la presencia de la pandemia, pero, más profundamente, para mirar nuestra realidad de cara a Dios. Por tanto, como acompañante de la experiencia de Retiro Espiritual Ignaciano Online, esta ha significado la oportunidad de buscar nuevas formas y estrategias para redimensionar esta manera de evangelizar y de llegar al ejercitante con nuevos

medios, de tal modo que, esta experiencia de encuentro personal con Jesús, ha sido vivida por ellos con verdadera unción, con alegría y gusto interior por la novedad del Evangelio en las contemplaciones realizadas”. Myriam Sánchez “Para los ejercitantes, ha sido una experiencia maravillosa en este tiempo de pandemia donde todo es incertidumbre. Han podido tener un espacio para retomar su vida espiritual de manera profunda y serena, aprendiendo a reconocer la presencia amorosa de Dios en sus vidas y, poco a poco, ir hallando su voluntad en sus vidas. Lo más novedoso, y que les ha ayudado en este proceso, es el examen de la oración para poder reconocer a lo que Dios les mueve. Por otro lado, para mí como acompañante, ha sido recorrer el camino, a través del encuentro profundo y en silencio con Dios, en la oración en estos retiros –la vivencia personal–, lo que ha permitido, en mí, una maduración y fortalecimiento interior, experimentando el Amor y la Misericordia de Dios en todas las circunstancias de mi vida… salir de ellas y asumir esa acción misionera a la que me llama Dios”. Sandra Carrillo

Retiro Espiritual Ignaciano de tres días en Villa Claver.

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Los Ejercicios de la Javeriana ante el desafío virtual

Luis Aurelio Castañeda, S. J. Director Centro Pastoral Universidad Javeriana (Bogotá)

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na sociedad mundial sufre una enfermedad global y, ante esta realidad que se fue constituyendo en una “nueva normalidad”, el mundo se volcó hacia la virtualidad y todos nos sentimos llamados a dar una respuesta, pronta y eficaz, ante el desafío del teletrabajo y del nuevo estilo de vida que ha empezado a surgir de esta “revolución digital”. ¿Cómo elevar el ánimo de los javerianos? ¿Cómo mantener sus vínculos? ¿Qué herramientas se requieren para fortalecer el cuerpo, la mente y el espíritu de la Comunidad educativa? Por su propia naturaleza, el Centro Pastoral San Francisco Javier, de la Universidad Javeriana (Bogotá), ha tenido que preguntarse qué nos dice Dios ante esa nueva realidad. ¿Cuál es la buena noticia que se debe anunciar? Fue así como todos los profesionales del Centro nos pusimos en la tarea de aportar a ese campus virtual, identificándonos con Jesús que, como dicen las Escrituras, “tomó nuestras flaquezas, cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8, 17). El Programa de Ejercicios Espirituales (EE.EE.), liderado por Marcela Caicedo y Jenyfer Salgado –pero, también, hasta el momento, con la colaboración de veinti-

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cinco acompañantes, incluyendo escolares jesuitas–, se pusieron en la tarea de diseñar “los EE.EE. en casa”, transformando el aislamiento en un espacio de retiro, en una oportunidad única de encontrarse con Dios.

desean profundizar en el seguimiento a Jesús, propio de la segunda semana. Tercer nivel: para personas que han vivido experiencias previas de EE.EE. y desean profundizar en la Contemplación para alcanzar Amor.

La respuesta a la invitación ha sido sorprendente: se han inscrito hasta la fecha 339 personas, incluyendo estudiantes, académicos, administrativos, egresados, pensionados y familiares javerianos.

Cada nivel tiene una duración de dos semanas en las que el Programa de Ejercicios Espirituales se encarga de enviar a los ejercitantes, por correo, las guías para su oración diaria. Se ofrece un espacio de acompañamiento personalizado semanal de 45 minutos. Se programan cuatro o cinco encuentros virtuales, que duran máximo una hora, facilitados por el Programa de Ejercicios y algunos acompañantes, con el objetivo de introducir a los participantes en la dinámica de EE.EE., hablar sobre alguna temática específica y cerrar el proceso. Se ofrece una Eucaristía virtual para el cierre de la experiencia.

Esta propuesta virtual, privilegia la oración y el silencio en la vida cotidiana, es personalizada y ofrece acompañamiento individual durante el tiempo que dura la experiencia. Metodológicamente, se ha organizado la experiencia en tres niveles: Primer nivel: exclusivo para personas que nunca han vivido los EE.EE. y que desean conocer la propuesta y profundizar en el Principio y Fundamento, para buscar un sentido trascendente de su vida. Segundo nivel: para personas que ya han vivido experiencias previas de EE.EE. y

Con esta metodología, estamos preparando nuevas tandas con los grupos y comunidades, ya constituidos del Centro Pastoral, especialmente, con los estudiantes que 79


participan en las experiencias del apostolado social, del campamento misión, del liderazgo ignaciano, de las Comunidades de Vida Cristiana (CVX) y de todos los grupos de iniciación a la espiritualidad ignaciana. Para esto, ha sido necesario pedir el apoyo de otros profesionales del Centro Pastoral que, con la ayuda del Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE), se habían formado el año pasado en el Taller de Acompañamiento de Ejercicios (TAE). Para quienes estén interesados en los EE.EE. en casa, estas son las fechas para este semestre:

NIVEL

FECHAS

NIVEL I

30 de junio al 14 de julio 21 de julio al 4 de agosto 31 de agosto al 14 de septiembre 3 de noviembre al 17 de noviembre

NIVEL II

21 de septiembre al 5 de octubre 23 de noviembre al 7 de diciembre

NIVEL III

10 de agosto al 24 de agosto 14 de octubre al 27 de octubre

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Por otro lado, diecinueve personas están, actualmente, en proceso de Ejercicios en la Vida Corriente, que se sigue realizando de modo virtual. Cuatro han culminado este mes sus ejercicios completos. Cinco personas están en fase de acondicionamiento para iniciar proceso, cuando acaben las semanas de preparación. Quince acompañantes están apoyando esta experiencia hasta el momento. El Centro también cuenta con un grupo de 35 acompañantes que, para su formación permanente, se siguen reuniendo periódicamente de manera virtual. Cuando pase la contingencia del COVID-19, esperamos retornar a los EE.EE. presenciales que venían realizándose con un promedio de 25 personas mensuales por tanda. Para mayor información, por favor, dirigirse a Marcela Caicedo Vela marcela.caicedo@javeriana.edu.co

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Los Ejercicios Espirituales: un camino para transformar la vida Yuliana Roldán Giraldo Centro Pastoral San Francisco Javier Universidad Javeriana (Cali)

“Enséñanos, Señor, a no creernos absolutos, a realizar nuestras tareas en comunidad, contando con el otro, pensando acompañados, sirviendo, no al proyecto individual de nuestra pequeñez, sino al proyecto comunitario de la libertad y la justicia”. (Oración para la colaboración)

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ejercicios espirituales presenciales que se llevaban a cabo una vez en el semestre.

La necesidad de implementar esta metodología para los Ejercicios Espirituales Ignacianos surgió por dos causas. La primera, responde a la necesidad de asumir la Preferencia Apostólica de la Compañía de Jesús: “Mostrar el camino hacia a Dios mediante los ejercicios espirituales y el discernimiento”. Y la segunda, las manifestaciones de colaboradores, docentes y estudiantes que, por múltiples causas, no tenían la posibilidad de participar en los

Una gran mayoría de personas, para quienes romper su cotidianidad durante tres, cinco o nueve días seguidos no es una opción, cuando se están estrenando como madres o padres de familia, cuando los recursos no alcanzan, cuando las responsabilidades laborales impiden apartarse de ellas; una realidad que Ignacio de Loyola conocía muy bien y por la cual da la posibilidad para que su propuesta pueda ser vivida en lo cotidiano. Porque más allá de las circunstancias, todos los seres humanos quisiéramos contar con el tiempo, el espacio y el acompañamiento para comprender mejor la propia vida; para atender las propias necesidades; para encontrarse con Dios y consigo mismo; y, especialmente, para conocer, desde la experiencia, aquellos rasgos que identifican la identidad ignaciana y que, como colabo-

inalizando el 2019, la Universidad Javeriana (Cali), desde el Centro de Pastoral San Francisco Javier y con apoyo de la oficina de Javevirtual, inició el proyecto de diseño de la propuesta: “Ejercicios Espirituales online: un camino para transformar la vida”. Un ejercicio colectivo que implicó el reconocimiento de muchas voces y miradas; un aporte para la misión que se gestó en la colaboración y el deseo de acompañar a otros en sus búsquedas cotidianas.

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radores en la misión, desde los diferentes roles, estamos llamados a conocer y a vivir en el dinamismo del proyecto educativo. Hace unos meses, cuando comenzó este proyecto, no era posible imaginar el panorama actual. De alguna manera, podríamos decir que nos adelantamos a esta realidad que nos ha traído el confinamiento global, a causa del COVID-19. Estamos en un momento de la historia que nos ha puesto, de cara a nosotros mismos y a nuestras familias, un tiempo que ha propiciado la búsqueda de la espiritualidad, de la conciencia de la finitud que somos, de nuestra temporalidad, de nuestra fragilidad y, así, de la necesidad de ordenar la vida, de trabajar nuestras sombras y de vencer nuestro propio egoísmo y deseo real de sentir que nuestra vida ha valido la pena… que hemos disfrutado y entregado lo suficiente. Todo esto, sumado a una realidad de agotamiento físico y cognitivo por los excesos de labores frente a la pantalla, la dedicación completa a las tareas del hogar y los hijos, entre otras consecuencias del aislamiento. Esta propuesta, tiene como propósito ofrecer a los participantes la oportunidad de aprender a ejercitar la vida interior, al estilo ignaciano, con una metodología práctica y llamativa que permitirá a cada uno hacer la oración en el espacio o momento del día más adecuado. Con el respectivo apoyo de un acompañante, profesional del Centro Pastoral, y el encuentro que posibilite el compartir de sentires y el fortalecimiento de la comunidad, mediados por la plataforma virtual que favorecerá el seguimiento de proceso y la conversación entre acompañante y acompañado.

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¿Cómo lo hacemos? Metodológicamente, se proponen cinco módulos que, inspirados en la metáfora del fuego, permitirán hacer un recorrido por las cuatro semanas de los Ejercicios Espirituales Ignacianos. Módulo 0: Preparación del Fuego Introducción y metodología

¿Por qué hacer los ejercicios espirituales hoy y con esta metodología online? Todavía seguimos creyendo en la humanidad y en los procesos de transformación que comienzan desde dentro de cada persona. Por eso, tenemos unas razones que refuerzan nuestro propósito: 1. Vale la pena reconstruirnos, sanarnos por dentro, encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, aquello que nos inspire y mueva a ser mejores seres humanos.

Módulo 1: Fuego que purifica Experiencia de Dios misericordioso Módulo 2: Fuego que ilumina Experiencia de Dios convocante Módulo 3: Fuego que calienta Misterio Pascual: dimensión de sacrificio Módulo 4: Fuego que transforma Misterio Pascual: dimensión convivial Cada módulo, con sus respectivas guías, irá trazando ese camino de transformación personal que permita culminar el proceso con la alegría de “ser fuego que enciende otros fuegos”.

2. Nos ayudan a comprender quiénes somos y cómo podemos ser felices, con y para los otros. 3. Necesitamos contar con herramientas para el discernimiento de la vida, para responder a las necesidades que los tiempos nuevos nos traen. 4. Y, finalmente, porque son el eje de la identidad Ignaciana que, como comunidad en la misión dentro de la Región del Valle del Cauca, estamos invitados a conocer, porque nos une la esperanza de crecer como humanidad para responder al proyecto comunitario de la libertad y la justicia.

Para mayores informes, puedes escribir al correo: deicy.vargas@javerianacali.edu.co y ver un video en el QR.

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Pastoral Familiar en tiempos de cuarentena Mauricio Andrés Bueno Castellanos, S.J. Director Pastoral - Colegio Berchmans

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ieles a las enseñanzas de Cristo, miramos la realidad de la familia hoy en toda su complejidad, en sus luces y sombras […] El cambio antropológico-cultural hoy influye en todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado” (Francisco, Amoris laetitia, No 33). Esta afirmación, presentada por el papa Francisco en el 2016, se hace hoy vigente al observar cómo, en lo que va corrido del 2020, la sociedad y, particularmente, el ambiente familiar han experimentado cambios profundos y diversos que aún no logramos comprender en su totalidad y complejidad, en gran medida, porque aún estamos viviendo dichos cambios. La pandemia del COVID-19 ha generado, rápida y sorpresivamente, una nueva realidad social, impactando, directamente, la vida familiar. Padres que salían todos los días a trabajar, incluso fines de semana, deben quedarse en casa y atender los requerimientos constantes y veloces de la vida laboral, así como el ritmo demandante del hogar; niños, niñas y adolescentes deben permanecer en sus casas y apartamentos, procurando seguir el ritmo de asignaturas y talleres, para el cual, paradójicamente, no siempre se sienten (ni los vemos) preparados. De un día para otro, el ecosistema familiar se vio poblado por la presencia de todos sus miembros, pero ahora las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana. La mediación temporal y espacial que existía en los desplazamientos al colegio, trabajo y demás, se perdió y ahora vivimos la inmediatez del saludo, la comida, el capricho, la pataleta, el cansancio, el estrés, la enfermedad y las dificultades económicas. 86

Ante esta realidad, en la pastoral de los colegios de la Compañía de Jesús hemos procurado responder activamente al compromiso de acompañar a estudiantes, familias y colaboradores en el horizonte de la formación integral. Es justo y necesario resaltar que, paulatinamente, la pastoral familiar se ha convertido en una necesidad y una oportunidad de comunicar y acompañar nuestra apuesta fundamental educativa: “formar líderes jóvenes cuyo núcleo sea la misión del Evangelio: reconciliación con justicia y cuidado compasivo de toda la creación” (ICAJE, Colegios jesuitas: una tradición viva en el siglo XXI, No 5). Desde la pastoral, constatamos que la propuesta educativa ignaciana requiere, necesariamente, de la comprensión y vivencia de sus valores en el núcleo familiar. De nada sirven, menos ahora con los estudiantes en casa, los esfuerzos realizados en favor de formar líderes jóvenes anclados en el Evangelio de Revista Jesuitas Colombia


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Jesucristo, si los valores familiares están estructurados desde perspectivas contrarias a la visión ignaciana. Por tal razón, la pastoral familiar con sus múltiples líneas de formación y acompañamiento, se convierte en espacio privilegiado para afrontar, mancomunadamente, colegio-familias, los momentos de incertidumbre que vivimos; máxime, cuando la visión comercial costo beneficio amenaza las relaciones de la comunidad educativa. Son diversas las iniciativas que han surgido: charlas virtuales (webinar), liturgias online para acompañar los tiempos litúrgicos y la vida comunitaria, campañas de solidaridad y nuestro particular acompañamiento personal, entre otros. Estas, y otras actividades más, revelan una

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comunidad educativa viva y participativa que se esfuerza por enfrentar, de forma mancomunada, los retos que nuestro contexto histórico nos presenta, colocando en práctica la máxima ignaciana “el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”. Ahora bien, este período de cuarentena no solo nos ha permitido reconocer la importancia de la pastoral familiar y el fomento de diversas actividades de formación, acompañamiento y celebración. Nos propone el reto de incluir, en la reflexión formativa, espacios educativos sólidos y fundamentados para los padres de familia. La pastoral familiar supera, si bien incluye, los espacios litúrgicos y se inscribe en la propuesta formativa de nuestras Instituciones.

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El contexto actual demanda esfuerzos administrativos, económicos y humanos de calidad, propios de nuestra identidad ignaciana, para las familias de nuestras comunidades educativas. No basta con un acompañamiento tangencial u optativo. Requiere sistematizar y articular las enriquecedoras y fructíferas iniciativas que han surgido durante los últimos tiempos, para ofrecer espacios, contenidos y herramientas que permitan a los miembros de nuestras comunidades enfrentar, con identidad y madurez, la diversidad y rapidez de cambios que acaecen.

para establecer programas y proyectos que atiendan a todas nuestras familias. Agradecer a quienes trabajan y sirven en esta causa de la pastoral familiar, e invitar a toda la familia jesuita en Colombia para que nos sumemos con nuestro esfuerzo y oración en la misión de crear comunidades educativas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas en la construcción del Reino de Dios en nuestra sociedad.

Desde la presidencia de ACODESI y la Federación Nacional de Asofamilias Jesuitas (HomeEDP), se han dado pasos en el diálogo y articulación de actividades. Sin embargo, aún resta un largo camino

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FLOR(ES)SER EN VIDA

YO OPINO

Cultivar el amor universal María Alejandra Rojas Matabajoy Oficina Provincial de Comunicaciones

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oy, todo es diferente e inesperado y nos cuesta mucho mantenernos en presente, ya que sentimos mucha incertidumbre sobre el futuro. Sin embargo, la tierra, el cosmos y la situación, nos están haciendo un llamado para que nos aquietemos y nos demos un momento para centrarnos en el ahora. Esto, me recuerda una frase de la espiritualidad ignaciana que siempre ha resonado en mí: “actúa como si todo dependiera de ti y confía como si todo dependiera de Dios”. Al soltar todo lo que no está bajo nuestro control, confiamos en que se resolverá de la manera más adecuada… la que deba ser.

El paso a seguir, es enfocarnos en lo que sí nos corresponde. Podemos empezar por retomar un concepto básico que todas las personas conocemos pero que muchas veces dejamos de manifestar incluso hacia nosotros mismos: el amor. Como lo que es adentro es afuera, si cultivamos el amor, recordando que este siempre está dentro de nosotros, podremos manifestarlo a los demás. El amor universal es la expansión más poderosa que podemos aportar al mundo. Existe una práctica, que viene del budismo, llamada “Metta Bhavana: meditación 90

del amor benevolente e incondicional”. Una técnica enfocada en el cultivo del amor universal que nos invita a la amabilidad, la solidaridad, la tolerancia, la empatía, la comprensión y la compasión. Lo primero es aprender a querernos a nosotros mismos para así poder querer a los demás. Querernos significa dejar de juzgarnos, cuidarnos, reconciliarnos con nuestros errores, reconocer nuestras cualidades, ser amables con nosotros mismos deseándonos bienestar y felicidad. Habiendo cultivado esto, podremos expandir todo este amor al resto del mundo. Esta meditación, consta de cinco etapas y cada etapa tiene una duración entre cinco y diez minutos. Para iniciar, debemos buscar un lugar adecuado para sentarnos, hacernos conscientes de nuestra respiración, cerrar los ojos, reconocer nuestras emociones, relajar nuestro cuerpo y liberarnos de distracciones. Se recomienda elegir a las personas que vamos a visualizar antes de empezar. Durante la práctica, se pueden utilizar frases para representar y expandir la emoción, como: “que esté bien”, “que esté sano”, “que sea feliz” o “que esté libre de sufrimiento”. Estas son las etapas:

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Infografía e ilustración: Sara Muñoz Hurtado JUL-AGO 2020 | Espiritualidad ignaciana

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24 CUADROS

YO OPINO

I Origins (Orígenes) Pablo G. Ivorra Peñafort Oficina Provincial de Comunicaciones

Imagen: Petr Novák, Wikipedia - CC BY-SA 2.5

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esde el mismo título de este largometraje, ya hay detalles –de cientos– que me permitieron sentir y gustar internamente cada segundo de esta historia por su forma de ser narrada y por la originalidad de sus (modestos) recursos audiovisuales para narrar con potencia. “I Origins” (2014) –jugando con la homofonía de las palabras “I” y “eye” en inglés– es el segundo largometraje de ficción dirigido por el estadounidense Mike Cahill. El relato toma como centro al ojo humano, al ser uno de los últimos bastiones de los creacionistas para argumentar que este órgano, como la creación entera, apareció de la nada. Ian Gray (Michael Pitt) es un biólogo molecular que buscará demostrar lo contrario: que el ojo humano es producto, también, de la evolución. Resuena, en este primer detalle, el desafío de Jesús diciendo “dichosos los que creen sin haber visto”. Este relato presenta, de manera elegante, un punto medio muy bien balanceado entre los ojos de la ciencia y los ojos del espíritu. Con solo uno de ellos se puede ver bastante bien… con ambos, se puede ver todo. Esta misma convivencia, de aparentes opuestos, se ve proyectada en la relación de Ian con Sofi (Astrid Bergès-Frisbey), entre quienes sucede una rápida y profunda conexión, luego de conocerse en una fiesta. Este amor improbable los enfrentará en conversaciones y discusiones de finos parlamentos. Les comparto el que, para mí, resume el corazón de esta pieza. En el laboratorio de Ian, este le explica a Sofi los experimentos que están haciendo en gusanos para “darles vista” a estos seres que solo cuentan con dos sentidos: el olfato y el tacto. Sofi, tras reflexionar, dice: “Entonces, [los gusanos] viven sin vista y no saben nada de la luz, ¿no? La noción de luz, para ellos, es inimaginable, pero

los humanos sabemos que la luz existe. Alrededor de ellos, justo encima de ellos, ellos no la sienten. Pero con una pequeña mutación, lo harán, ¿no? Entonces, Doctor Ojo, quizá, algunos humanos raros hayan mutado y tengan otro sentido, un sentido espiritual, y pueden percibir un mundo que está encima de nosotros, por todos lados... como la luz para estos gusanos”. De igual manera, la historia atraviesa por poner en la mesa el misterio de la muerte. Desde las mismas dos perspectivas, la científica comprobable y la espiritual intuitiva, pasé por sentirme identificado con la riqueza de ambas. Desde mi fe –y desde muchas otras–, es claro el mensaje de que la muerte no es el fin sino un nuevo inicio. Tanto racional como intuitivamente, he podido comprobar, con la forma como reacciona mi cuerpo, que seres queridos ya fallecidos pueden seguir estando presentes porque, por ejemplo, olí el perfume que usaba y de inmediato esa fragancia me trajo la persona al presente, o porque, de forma inconsciente, adquirí un hábito exacto al que esa persona tenía y, al darme cuenta, la sentí viva en mi vida. Es así como entiendo y experimento el misterio de la resurrección de Jesús y de mis seres queridos en mi vida. Siguen acá, conmigo. Gracias, Nati, por presentarme esta peli. Una joya.

Mira el trailer en YouTube

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Ya disponible en Vimeo

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Jesuitas, compañeros apostólicos, laicos.

Todos

Espera un nuevo episodio cada mes. 5º episodio: semana del 20 al 25 de julio. 95


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Revista Jesuitas Colombia | Julio - Agosto 2020 by Jesuitas Colombia - Issuu