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Noticias de Provincia I Febrero 2026

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Febrero 2026

Noticias de Provincia

Provincial

Hermann Rodríguez Osorio, SJ

Coordinación editorial

Antonio José Sarmiento, SJ

Jenifer Rubiano Sánchez

Diseño y diagramación

Laura Valentina Souza García

Imagen de portada

Participantes de la XXVII Inmersión Ignaciana, Colegio San Bartolomé La Merced, Bogotá - 2026.

“Oremos para que las Naciones procedan a un desarme efectivo, particularmente el desarme nuclear, y los líderes mundiales elijan el camino del diálogo y de la diplomacia en vez de la violencia”.

Noticias de Provincia Febrero 2026

Editorial

¿Cómo veo el futuro de la provincia?

Noticias breves

La Pascua de Nuestros hermanos

Santos del mes

Especial XXVII Inmersión Ignaciana 2026

Últimos votos

Oración comunitaria

Cuatro años de camino apostólico: aprendizajes y horizontes del SIAP

Unas palabras sobre mi tesis de doctorado en educación

Especial CIRE: Diego Lainez, SJ

La Huerta de Lu y el Sendero Ecológico: aulas vivas para cuidar la Casa Común en el Colegio Santa Luisa

Villasunción: un lugar donde el corazón vuelve a escuchar

Crónica de un Cuerpo que Escucha:

Encuentro de planificación de la Red Mujeres Jesuitas Colombia

Mujeres: el corazón latente de nuestra misión en Colombia

Un café con la hermana Zoila

Culturas de Paz y Pensamiento

Ignaciano: Una Apuesta por la Misión de Reconciliación y Justicia en el Eje Cafetero

Administradores de la misión

Cumpleaños de jesuitas en marzo

Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador

“Ustedes han oído que se dijo… pero yo les digo…”

Mateo 5, 21-22

Hace casi siete años la Compañía de Jesús recibió del Papa Francisco las cuatro Preferencias Apostólicas Universales, fruto de un largo y juicioso proceso de discernimiento compartido entre jesuitas y miembros del Cuerpo Apostólico. La tercera de ellas nos invitaba a “Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador”. Una tarea de largo aliento y que involucra a todas las expresiones de nuestra misión. La educación, el trabajo social, la pastoral, el apostolado intelectual, las misiones, las comunicaciones, entre otras, necesitan alinearse alrededor de este esfuerzo compartido que nos exige generosidad y osadía.

La versión XXVII de la Inmersión Ignaciana, que tuvo lugar en Bogotá durante los días 5, 6 y 7 de febrero, acogió a más de 140 personas de nuestras obras y regiones, que estuvimos dedicados a reflexionar sobre lo que podemos hacer juntos en este proceso de acompañar a los jóvenes en la tarea de crear un presente y un futuro de esperanza. Oraciones, celebraciones, conversaciones, dinámicas de grupo, diálogos interpersonales, encuentros, compartir, exposiciones, plenarias, conferencias, presentaciones de proyectos, entre otras muchas expresiones del trabajo colectivo, fueron los canales a través de los cuales pudimos construir un sentir común y unos proyectos concretos que se irán llevando adelante a lo largo del año en todos los rincones de la provincia.

Trabajar con jóvenes es complejo. Supone que estamos dispuestos a que "nos muevan el piso". Cuando la Compañía de Jesús y la provincia se propone colaborar con la juventud, saben que van a tener dificultades y que deberán ceder en muchos sentidos. Los jóvenes son la expresión de la renovación de una sociedad, de un grupo humano, de una familia. Si los acogemos, vivimos. Si los rechazamos y les cerramos los espacios, desaparecemos.

Jesús vivió la tensión entre lo antiguo y lo nuevo. Nos dijo que no vino a suprimir la ley judía, ni las enseñanzas de los profetas de Israel. Pero tampoco quiso dejar las cosas como habían sido siempre. Vino a llevar las enseñanzas del Antiguo Testamento a su plenitud, que es la ley del amor. Se trata de un cambio que no elimina el momento anterior, sino que, conteniéndolo, lo supera. Va mucho más allá de lo que los mismos profetas hubieran querido y más allá de lo que la ley pretendía alcanzar, en lo que toca a la regulación de las relaciones entre las personas y con Dios.

Muchos seguidores de Jesús hubieran disfrutado mucho si Jesús hubiera acabado con todo lo pasado. De la misma manera, había muchos otros que hubieran querido un Mesías que no los hiciera cambiar nada de sus tradiciones y costumbres. Conservar todo o cambiarlo todo, son dos extremos que se juntan. Los radicales que no aceptan nada de lo pasado y los radicales que se

apegan a las tradiciones porque "así se ha hecho siempre", están hechos con el mismo material dogmático y miope.

En la Iglesia y en la Compañía de Jesús de hoy, encontramos también estas dos tendencias que se encontró Jesús en su tiempo. Hay quienes quieren que no les cambien nada de lo que han pensado y hecho toda su vida. Y hay otros que quieren que todo se reforme o se cambie de modo radical. La propuesta de Jesús es vivir desde la plenitud y la libertad del amor. El futuro de esperanza que queremos ayudar a construir, supone la valoración y el reconocimiento de lo grande de nuestra tradición, pero también, y al mismo tiempo, la capacidad para abrirse a lo nuevo, a lo inédito, a lo que no conocemos y por eso nos puede producir miedo.

El famoso y polémico teólogo católico, Hans Küng, escribió hace años un bello texto que refleja un amor muy profundo por el legado que recibimos y del que somos responsables, pero también un amor a lo nuevo y a la responsabilidad con la creación de un futuro creativo en la Iglesia. Cuando fue sancionado por el Vaticano y le suspendieron su cátedra de teología en una universidad católica, había personas que le preguntaban por qué seguía en la Iglesia y por qué no abandonaba su sacerdocio. Su respuesta fue esta:

“Habiendo asistido a horas mejores, ¿debía yo abandonar el barco en la tempestad y dejar a los demás con los que he navegado hasta ahora que se enfrentarán al viento, extrajerán el agua y lucharán por la supervivencia? He recibido demasiado en la comunidad de fe para poder defraudar ahora a aquellos que se han comprometido conmigo. No quisiera alegrar a los enemigos de la renovación, ni avergonzar a los amigos… Pero no renunciaré a la eficacia EN la Iglesia. Las alternativas –otra Iglesia, sin Iglesia– no me convencen: los rompimientos conducen al aislamiento del individuo o a una nueva institucionalización. Cualquier fanatismo lo demuestra (…)”.

“Mi respuesta decisiva sería: permanezco en la Iglesia porque el asunto de Jesús me ha convencido, y porque la comunidad eclesial en y a pesar de todo fallo ha sido la defensora de la causa de jesucristo y así debe seguir siendo. La posibilidad efectiva dependerá de que en algún lugar un párroco predique a este Jesús; un catequista enseñe cristianamente; un individuo, una familia o una comunidad recen seriamente, sin frases; de que se haga un bautismo en nombre de Jesucristo; se celebre la Cena de una comunidad comprometida y que tenga consecuencias en lo cotidiano; se prometa misteriosamente por la fuerza de Dios el perdón de los pecados; de que en el servicio divino y en el servicio humano, en la enseñanza y en la pastoral, en la conversación y en la diaconía el Evangelio sea predicado, pre-vivido y post-vivido de verdad. En pocas palabras, se realiza el verdadero seguimiento de Cristo; el «asunto de Jesucristo» es tomado en serio. (…) ”.

Que estas palabras nos ayuden a unirnos a las nuevas generaciones en la creación de un futuro esperanzador. Agradecidos con lo que hemos recibido de la Iglesia, de la Compañía, y confiados en el amor creador de Dios en el corazón de los jóvenes con los que trabajamos y con quienes debemos llevar a plenitud la ley y los profetas.

Hermann Rodríguez Osorio, SJ Bogotá, 26 de febrero de 2026 Provincial

¿Cómo

Llamados a sembrar la esperanza: desafíos para los próximos años

La Compañía de Jesús en Colombia y en América Latina se encuentra ante un tiempo decisivo, marcado por desafíos para los próximos seis años que nos convocan a sembrar esperanza. Estos interpelan profundamente nuestra manera de vivir la misión y de responder a los llamados del Señor en la historia concreta de nuestros pueblos. No son retos abstractos; son realidades que tocan la vida cotidiana de nuestras comunidades, obras y personas, y nos invitan a un discernimiento serio, creativo y lleno de confianza en Dios. Entre los desafíos más urgentes destacan la unión de ánimo, la promoción de vocaciones, la disminución del número de jesuitas, la formación del cuerpo apostólico, y la compleja situación de los apostolados social y educativo. Todo ello nos exige una esperanza activa, encarnada en decisiones y caminos concretos.

En este contexto, la unión de ánimo se convierte en un signo profético. En tiempos de incertidumbre y cambio, la unidad no es un lujo, sino una necesidad evangélica. El papa Francisco nos recuerda que “la misión no es obra de solistas, sino de un pueblo” (Evangelii Gaudium, 113). Como Cuerpo Apostólico, estamos llamados a cuidar y fortalecer la comunión entre comunidades, obras y regiones, evitando la fragmentación y el aislamiento que debilitan la misión. Este es también un llamado a vivir con mayor profundidad el espíritu de la sinodalidad, reconociéndonos corresponsables del envío recibido.

Esta unión de ánimo significa caminar juntos hacia un mismo horizonte, convergiendo en la misión desde la diversidad de carismas, experiencias y servicios, y haciendo viva la oración de Jesús: “Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti” (Jn 17, 21). Desde esta comunión crece nuestra identidad, se consolida el modo ignaciano de proceder y se fortalece un Cuerpo Apostólico de compañeros y compañeras en la misión más unido, disponible y fecundo. Otro desafío ineludible surge de las vocaciones y la disminución del número de jesuitas. Esta realidad, más allá de las cifras, nos interpela sobre la sostenibilidad de las obras y nuestra capacidad de acompañar procesos apostólicos de largo aliento. El llamado es doble y complementario: cuidar con responsabilidad la vida y la misión de quienes ya estamos y, al mismo tiempo, promover las vocaciones con audacia, cercanía y esperanza, confiando en que el Señor sigue llamando. En esta tarea, la invitación de las Preferencias Apostólicas Universales a “mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento” implica ofrecer a los jóvenes espacios reales de encuentro, escucha y acompañamiento, donde puedan descubrir, sin presiones, la belleza de la vida consagrada y del servicio apostólico al estilo de Jesús, en diálogo con sus búsquedas más profundas.

En medio de este panorama, el apostolado social nos desafía a vivir la fidelidad en tiempos difíciles. Atravesamos momentos complejos, marcados por limitaciones económicas, contextos políticos inestables y profundas heridas sociales. Sin embargo, no podemos renunciar a la opción por los pobres y excluidos, que es parte esencial de nuestra identidad como Compañía y de nuestra manera de seguir a Jesús. Como nos recuerda el profeta: “Practiquen la justicia y amen la misericordia” (Mi 6, 8). Este tiempo nos exige creatividad para sostener los proyectos, fortalecer alianzas estratégicas y garantizar una gestión transparente y responsable. Solo así podremos seguir presentes en aquellas fronteras donde la vida es más frágil y donde el clamor del pueblo se hace más urgente, manteniendo viva una esperanza que se traduce en compromiso concreto.

De igual manera, el apostolado educativo nos convoca a formar para la esperanza en un contexto atravesado por rápidos cambios culturales, tecnológicos y éticos. Ya no basta con mantener buenos estándares académicos; estamos llamados a formar personas capaces de discernir, dialogar, cuidar la vida y comprometerse activamente con la construcción de la paz y la justicia. Esto nos invita a renovar nuestros proyectos educativos desde la Espiritualidad Ignaciana, integrando interioridad, justicia social y cuidado de la Casa Común. Como señala el libro Características de la educación de la Compañía de Jesús, “educar es acompañar a cada persona en su crecimiento integral”, ayudándola a descubrir su lugar en el mundo y su responsabilidad frente a los demás, con libertad interior y sentido de misión.

Finalmente, todos estos retos nos sitúan como Cuerpo Apostólico ante un llamado claro a sembrar esperanza. No son motivo de desaliento, sino una oportunidad para vivir con mayor profundidad y radicalidad nuestra vocación. La Palabra nos anima: “No temas, porque yo estoy contigo” (Is 41, 10). La esperanza cristiana no es ingenua ni pasiva; es un compromiso activo que se traduce en decisiones concretas: fortalecer la colaboración con los laicos, impulsar el trabajo en red, cuidar la vida comunitaria y apostar con convicción por la formación integral.

Estamos invitados a mirar el futuro con confianza, reconociendo nuestra fragilidad, pero también la fidelidad de Dios que sigue obrando en medio de ella. Que nuestra respuesta sea generosa, creativa y llena de fe, sabiendo que, como nos recuerda san Pablo, “todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Flp 4, 13).

Noticias breves

Cambios y destinos

El padre Jonathan Marín Cano ha sido destinado a la comunidad Pedro Fabro donde prestará el servicio de ministro, será el administrador del CIRE.

El padre Carlos Franco Revelo ha sido destinado a La Macarena donde será vicario parroquial y ministro de la comunidad Nuestra Señora de La Macarena.

El padre Luis Felipe Gómez nombrado administrador provincial. Residirá en la comunidad de la Universidad Javeriana. Asume su misión a mediados de mayo 2026.

El padre Arturo Guerra Saldaña regresó definitivamente de Guadalajara (México). Espera destino.

El padre Elkin Arango Ramítrez ha sido destinado a la comunidad San Alonso Rodríguez.

Conoce más sobre:

¡Tu mirada nutre la comunicación de la Provincia!

La comunicación en la Compañía de Jesús es mucho más que transmitir información; es un modo de fortalecer nuestro Cuerpo Apostólico y de hacernos presentes en la misión que compartimos. Por eso, queremos escucharlos.

Los invitamos a participar en al encuesta de precepción de los productos comunicativos de la Provincia. Su percepción es el motor que nos permitirá renovar nuestras narrativas y herramientas para que respondan mejor a los desafíos actuales.

¿Cómo participar?

Es muy sencillo: solo deben escanear el código QR o ingresar al siguiente enlace: https://forms.gle/M5pWvoZLGAn6Hek6A

Tu opinión es el primer paso para una comunicación más cercana y efectiva.

Oficina Provincial de Comunicaciones

Bitácora de extranjeros:

rostros de una Misión Universal

Ser enviado es parte de la identidad de la Compañía de Jesús. Es el nucleo del carisma ignaciano y el discernimiento de responder a necesidades urgentes en las fronteras humanas, sociales y geográficas. La Congregación General XXXII lo menciona bajo el concepto “communitas ad dispersionem”: “una comunidad de hombres dispuestos a marchar a donde sean enviados”, y en ese sentido, podemos encontrar hombres de la Provincia trabajando y formándose en distintas partesi del mundo. Cada destino es un llamado del Espíritu. Cada cultura, una oportunidad para aprender. Cada comunidad, un rostro concreto de la misión.

Con el ánimo de contar sus historias, sus aprendizajes y la forma en la que viven sus apostolados en el exterior, nació la serie Bitácora de Extranjeros. Allí se retratan los rostros de quienes hoy viven la misión fuera de su territorio, llevando reconciliación, justicia y esperanza a nuevos horizontes.

Asimismo, este proyecto busca acercarse a nuestros compañeros que, aunque llevan varios años fuera del país, son parte importante de la misión de la Provincia, y rendir homenaje a sus vidas, su legado y su deseo de servir a la Iglesia y la Compañía.

Nuestra bitácora está llena de compañeros ilustrados que inspiran nuestro camino.

Consulta la bitácora en las redes sociales de Jesuitas Colombia.

Intranet

En noviembre de 2025, la Oficina Provincial de Comunicaciones hizo el lanzamiento oficial de la intranet, un espacio para encontrarnos, informarnos y seguir construyendo misión juntos. Este desarrollo web permite fortalecer los procesos, la comunión y la gestión institucional y es una de las estrategias de comunicación interna que se están implementando en la Curia Provincial. Allí, los compañeros apostólicos podrán encontrar información actualizada, galería de eventos, documentos importantes y plataformas internas para uso del personal. De momento, solo está disponible en la red de la Curia y se puede visualizar en los computadores de las oficinas. Esperamos que a largo plazo este espacio pueda ampliarse a toda la Provincia y podemos articularnos de manera más cercana con el Cuerpo Apostólico extendido .

En el #AñodelasJuventudes seguiremos acompañando al Cuerpo Apostólico en los espacios donde hay encuentro, escucha y misión compartida

Siguenos

La Pascua de nuestros hermanos

HÉCTOR H. LÓPEZ OROZCO, SJ

Fue llamado por el Señor en Medellín, 19 de febrero de 2026.

DATOS PERSONALES

Nació en Sonsón (Antioquia, Colombia), 28 de mayo de 1936, sus padres fueron Alfonso López Avalo y María Orozco Cifuentes y sus hermanos Antonio, Francisco, José, Morelia, Raúl, Orlando, Azucena, Lily, Nelly, Olga, Belén, Edilma, (9 más).

EN LA COMPAÑÍA

Ingresó al noviciado de Santa Rosa de Viterbo el 23 de enero de 1956; allí mismo hizo el juniorado entre 1958 - 1960. En la P. U. Javeriana, cursó la filosofía (1961 - 1963), realizó su magisterio en Barranquilla en el Colegio San José en 1964 y la teología la llevó a cabo en la P. U. Javeriana (1965 - 1968). Fue ordenado sacerdote el 2 de diciembre de 1967 en Medellín. Realizó la Tercera Probación en Alcalá de Henares (España), 1974 e hizo los últimos votos el 16 de agosto de 1977 en Bogotá.

DOTES Y VIRTUDES MEMORABLES

Religioso maduro y responsable de la misión encomendada. Grandes dotes para la administración.

RECORRIDO APOSTÓLICO

• (1969-1973) Bogotá, prefecto disciplina y estudios Colegio Mayor San Bartolomé

• (1975) Barranquilla, espiritual Colegio San José

• (1976-1978) Barranquilla, vicerrector Colegio San José, Dir. APFA y ASIA

• (1979) Bogotá, colabora en Economato de Provincia

• (1979-1986) Bogotá, rector Colegio Mayor San Bartolomé, Dir. APFA y ASIA

• (1986-1991) Medellín, rector Colegio San Ignacio, Dir. APFA y CISE

• (1992-1996) Bogotá, rector Colegio San Bartolomé La Merced

• (1997-2008) Bogotá, Ecónomo/Administrador de la Provincia

• (2009-2013) Medellín, Res. San Ignacio, colabora administración Colegio San Ignacio y Centro Fe y Culturas

• (2014) Barranquilla, prefecto Templo San José, asesor económico y espiritual Colegio San José

• (2015-2017) Bogotá, asistente del Administrador de Provincia

• (2018-2020) Bogotá, consiliario ASIA Colegio Mayor San Bartolomé

• (2021) Bogotá, operario Comunidad U. Javeriana

• (2022-2026) Medellín, enfermería Res. Pedro Arrupe

HÉCTOR LÓPEZ OROZCO, SJ

Paisa de pura cepa, nació en Sonsón el 28 de junio de 1936, en el seno de una familia tradicional de 22 hijos. Como fruto de los recorridos vocacionales del P. Jorge Hoyos por los pueblos antioqueños, ingresó a la Compañía en el Noviciado de Santa Rosa en enero de 1956, junto a sus compañeros de postulantado Rodrigo Mejía, Toño Calle y José Jaime Londoño. En diciembre de ese mismo año, fue uno de los novicios fundadores del Noviciado de San Estanislao de Kostka, en La Ceja (Antioquia). Al año siguiente, Héctor fue uno de los tres "ángeles" que guiaron a los postulantes del segundo grupo de La Ceja en diciembre de 1957; desde entonces, cultivamos una entrañable amistad.

Durante el juniorado, Héctor realizó su apostolado semanal en la vereda de Cuche, cercana a Santa Rosa. Allí nació su afición por la construcción al levantar una capilla, obra que ocasionó algunos malentendidos con el rector de la época, quien cuestionó su permanencia en la Compañía, debido incluso a que Héctor había conseguido un vehículo para los apostolados. Ante esto, manifestó con claridad su determinación de no retirarse: "Aquí estoy y aquí me quedo". Cursó los estudios regulares de Filosofía y Teología en Chapinero, y realizó su magisterio durante un año en el Colegio San José de Barranquilla.

Tras su ordenación sacerdotal y el término de la Teología, su primer destino fue la Dirección de Estudios del Colegio Mayor de San Bartolomé. Allí forjó amistades especiales con egresados que, con el tiempo, brindaron ayudas significativas tanto a él como a la Compañía.

Posteriormente, viajó a Roma para estudiar Pedagogía en la Pontificia Universidad Salesiana. Durante esos dos años, cumplió un encargo excepcional por petición expresa del P. Pedro Arrupe: servirle como conductor los fines de semana para trasladarlo a la casa de Villa Cavalletti, en las afueras de la ciudad.

A su regreso de la Ciudad Eterna, se desempeñó durante más de veinte años como rector y superior en los colegios San José, Mayor de San Bartolomé, San Ignacio y San

Bartolomé La Merced. De su gestión destacan las mejoras en las casas de campo de dichas instituciones —Potosí (Villeta), San José (La Ceja) y La Esperanza (La Mesa)—, donde adecuó las instalaciones para los Encuentros con Cristo y otras actividades grupales. No menos significativas fueron las remodelaciones en las viviendas de las comunidades jesuitas.

En 1997, tras concluir su etapa en el sector educativo, asumió con generosidad la Administración Provincial. En este cargo se distinguió por su espíritu acogedor y su capacidad para escuchar y resolver las inquietudes de las personas y obras de la Provincia. Sus habilidades como hacendado y su destreza en el manejo agrícola y ganadero encontraron en este periodo un terreno abonado; se dedicó a mejorar las viviendas de las distintas haciendas y disfrutaba los fines de semana recorriéndolas, apreciando la naturaleza y los buenos caballos.

Héctor fue una persona alegre y sociable. Aunque poseía una notable habilidad para los negocios y las finanzas, en él siempre primaron el sentido pastoral y el compromiso sacerdotal. Fue, ante todo, un jesuita con un profundo amor por la Iglesia y la Compañía. En sus últimos años, los quebrantos de salud lo alejaron de las responsabilidades administrativas, tiempo que dedicó a la oración por el Cuerpo Apostólico.

Descanse en paz.

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA.

Patrono de la Compañía de Jesús.

Fecha de conmemoración:19 de marzo, festividad establecida por el papa Gregorio XV en 1621.

Valores:

-Obediencia y fe: Actuó prontamente ante las revelaciones divinas en sueños, aceptando su misión sin dudar, destacando su fidelidad a la voluntad de Dios. Está siempre dispuesto a ponerse en camino cuando Dios lo llama.

-Humildad y servicio: A pesar de su alto papel como custodio de la Sagrada Familia, se mantuvo en un segundo plano, sirviendo con amor desinteresado y sin buscar reconocimiento.

-Justicia y fidelidad: Descrito en las escrituras como un "hombre justo", cumplió con rectitud la ley divina y sus responsabilidades con María y Jesús.

-Trabajo y Paternidad: Como carpintero, santificó el trabajo manual, enseñando el valor de la laboriosidad y dando sustento. Siendo un modelo de responsabilidad paternal abraza su papel y acompaña el crecimiento del hijo de Dios.

Consejo actual:

Escuchen en el silencio, porque allí Dios sigue hablando. Disciernan con paciencia, sin apresurar decisiones por miedo o presión. Sean fieles en lo pequeño, porque en lo cotidiano también se construye el Reino. Cuiden la vida que se les confía, especialmente la de los más frágiles y olvidados.

Trabajen con honestidad y esperanza, aun en contextos de dificultad e incertidumbre. No busquen protagonismo, sino servir con humildad donde más se necesita. Pónganse en camino cuando Dios los llame, aunque implique dejar seguridades.

ORIENTADO HACIA DIOS, YA

PREDISPUESTO HACIA ÉL

EL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSÉ

Inmersión Ignaciana 2026: El despliegue de una misión centrada en las juventudes y la articulación regional

Equipo

La Provincia ha dado inicio formal al Año de las Juventudes con la XXVII Inmersión Ignaciana, consolidando este espacio no solo como una instancia de formación para el Cuerpo Apostólico, sino como un momento privilegiado de encuentro, discernimiento y proyección compartida. Cerca de 150 personas participaron, del 5 al 7 de febrero de 2026, en tres sedes de Bogotá: la Pontificia Universidad Javeriana, el Colegio San Bartolomé La Merced y el Colegio Mayor de San Bartolomé.

Con representación de las ocho regiones de la Provincia —Caribe, Antioquia, Eje Cafetero, Bogotá-Soacha, Santander, La Macarena, Valle-Pacífico y Nariño—, de las obras transversales y de la gran mayoría de las 43 obras apostólicas, la Inmersión volvió a confirmarse como un espacio para reconocernos como un solo Cuerpo Apostólico, diverso en carismas, acentos y territorios, pero unido en la misión.

Un horizonte definido por la realidad juvenil

El encuentro fue, ante todo, un tiempo de escucha atenta a las realidades que atraviesan las juventudes en las distintas regiones de Colombia. La participación de jóvenes en las mesas de

conversación ayudó a que las reflexiones nacieran de sus propias voces, inquietudes y esperanzas. Así, las propuestas surgieron buscando que la acción de la Compañía de Jesús sea cada vez más cercana, cuidadosa y comprometida con sus procesos.

El enfoque regional permitió reconocer tanto la diversidad como las desigualdades que marcan la experiencia juvenil en el país. En medio de ese intercambio, el diálogo intergeneracional se convirtió en una experiencia significativa: distintas vocaciones y servicios apostólicos compartieron miradas, aprendizajes y preguntas, que enriquecen la misión común.

Hacia una estructura organizacional de acompañamiento

La Inmersión Ignaciana 2026 permitió sentar bases y ofrecer pistas comunes para seguir creciendo en una cultura vocacional y del acompañamiento que no sea marginal, sino transversal a nuestras obras y regiones. Se reafirmó la convicción de que estas dimensiones deben impregnar nuestras prácticas institucionales, nuestros estilos de liderazgo y nuestras formas de relación, de modo que el acompañamiento se convierta en una experiencia concreta y cotidiana.

Asimismo, el diálogo en torno a la Promoción de una Cultura Consistente de la Protección (PCCP) amplió la mirada hacia una cultura del cuidado más amplia, entendida no solo como cumplimiento de protocolos, sino como un modo de proceder que protege, dignifica y genera ambientes sanos y seguros. Esta reflexión abrió otra arista fundamental de la cultura que queremos sostener como Provincia.

La Eucaristía de últimos votos, celebrada al final del encuentro, se vivió como un signo profundo de entrega y disponibilidad. En torno al altar, lo reflexionado y compartido encontró su sentido más hondo: todo nace y vuelve al Señor de la misión. Desde allí, cada participante regresó a su región y a su obra con la tarea —y la gracia— de encarnar lo discernido, haciendo de nuestras presencias espacios de acompañamiento, cuidado y esperanza para las juventudes y para el país.

Hacia

una

cultura vocacional y del acompañamiento: un horizonte para la misión compartida

Equipo de la Misión Vocacional

En la pasada Inmersión Ignaciana recibimos la invitación a instaurar una cultura vocacional y una cultura del acompañamiento. Comprendimos que instaurar una cultura implica asumir un horizonte de largo aliento, que sea estable y duradero. No se trata de una moda pasajera ni de responder coyunturalmente a una tendencia pastoral, sino de sembrar procesos capaces de transformar mentalidades, prácticas y estructuras. Promover una cultura vocacional y una cultura del acompañamiento supone, por tanto, apostar por algo que trascienda el momento histórico y se consolide como modo habitual de proceder en nuestras comunidades y obras.

El encuentro representó mucho más que una jornada formativa. Fue un espacio de reconocimiento mutuo como cuerpo apostólico que celebra, discierne y reflexiona sobre los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo, en sintonía con las Preferencias Apostólicas Universales y el Proyecto Apostólico de Provincia. Redescubrirnos como cuerpo no es un elemento accesorio; es una condición fundamental para que la cultura vocacional y del acompañamiento no dependa únicamente de iniciativas individuales, sino que se encarne en una misión compartida, sostenida por la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario.

Uno de los momentos más significativos fue la profundización en la propia vocación como respuesta a la invitación de ir gestando una cultura vocacional en todas nuestras obras. Descubrimos que esta cultura no se construye únicamente promoviendo opciones específicas de vida, sino ayudando a cada persona a reconocer que su existencia está llamada a desplegarse como respuesta a una llamada más profunda. Esta comprensión amplía el horizonte de sentido: todos somos llamados por el Señor a una tarea concreta en nuestra historia y todos estamos invitados, asimismo, a acompañar procesos vocacionales.

Un segundo momento relevante fue la reflexión sobre la cultura del acompañamiento. Comprendimos que acompañar no consiste simplemente en aplicar técnicas o poner en juego habilidades adquiridas; es, ante todo, compartir una experiencia de vida. Solo puede acompañar

con autenticidad quien ha sido acompañado, quien ha experimentado en su propia historia la escucha atenta, el discernimiento paciente y la mediación de otro que ayuda a reconocer la acción de Dios en lo concreto. Así, el acompañamiento se convierte en una dinámica circular: quien ha sido sostenido, sostiene; quien ha sido orientado, orienta.

Impulsar, en este año dedicado a las juventudes, una cultura vocacional articulada con una cultura del acompañamiento ha sido, sin duda, un acierto pastoral y estratégico. Nos encontramos ante una generación que, en muchos casos, vive desorientada respecto a su propósito de vida. La fragmentación cultural, la inmediatez de la vida y la falta de referentes humanos creíbles dificultan la elaboración de proyectos vitales consistentes. A ello se suma, con frecuencia, la ausencia de acompañantes idóneos que ofrezcan tiempo generoso para la escucha activa y un discernimiento profundo de larga duración.

Ante este panorama, no basta con proponer actividades o convocatorias aisladas. Es necesario crear entornos estables donde el discernimiento forme parte de la vida ordinaria y donde el acompañamiento se asuma como una responsabilidad compartida. Esto exige formar acompañantes, fortalecer procesos y consolidar comunidades capaces de acoger preguntas, dudas y búsquedas sin ofrecer respuestas prefabricadas.

En definitiva, instaurar una cultura vocacional en estrecha unión con una cultura del acompañamiento implica transformar nuestra manera de estar en la misión. Significa pasar de acciones puntuales a procesos sostenidos; de iniciativas individuales a dinámicas propias de un cuerpo apostólico; de discursos motivacionales a experiencias reales de discernimiento. Solo así podremos ofrecer a las nuevas generaciones no respuestas inmediatas, sino caminos sólidos para descubrir el sentido profundo de su vida y su lugar en la misión compartida.

Inmersión ignaciana 2026: el inicio de un movimiento que pone a las juventudes en el centro

La XXVII versión de la Inmersión Ignaciana fue mucho más que un encuentro formativo del cuerpo apostólico de la Provincia de Colombia. Se convirtió en una experiencia profunda de discernimiento y escucha que dio origen a un movimiento con proyección regional para todo este año: una ola de esperanza que pone en el centro a las juventudes, la cultura del acompañamiento y la cultura vocacional.

En un contexto marcado por la incertidumbre política, la inestabilidad del orden mundial y discursos que promueven el miedo, encontrarnos —jóvenes, acompañantes, directores de obra y colaboradores— fue un signo humilde, sencillo y profético. Mientras tantas narrativas insisten en la fragmentación, la Provincia eligió reunirse para discernir juntos cómo acompañar mejor las búsquedas de sentido, de incidencia y de oportunidades de las juventudes en Colombia.

La metáfora de la ola nos ayuda a comprender lo vivido. La Inmersión fue el punto de impulso: el momento en que el agua comienza a moverse. Pero su fuerza no se agota en los días del encuentro. El movimiento continúa ahora en las regiones, donde las iniciativas planteadas se socializan con las obras, se enriquecen con nuevas voces y se convierten en apuestas concretas a lo largo del Año de las Juventudes.

No se trata de proyectos aislados ni de agendas coyunturales. Es un movimiento transversal que atravesará toda nuestra misión: el acompañamiento a migrantes, comunidades campesinas, estudiantes de colegio y universidad, docentes y colaboradores; el trabajo por la reconciliación, la paz y el desarrollo. Allí donde hay jóvenes y preguntas por el sentido de la vida, la cultura vocacional y la cultura del acompañamiento pueden dinamizar nuestro apostolado y renovar nuestro modo de proceder.

De esta inmersión compartida emergen signos concretos que permiten reconocer que el movimiento ya está en marcha. Entre ellos, destacan tres signos de esperanza que marcaron nuestro trabajo con y junto a los jóvenes.

Aprender a caminar juntos desde una gobernanza sinodal

La Inmersión Ignaciana, desde su origen, ha sido un espacio para formar el cuerpo apostólico en ignacianidad. Este año, además, fortaleció la planeación estratégica regional y nacional, enmarcada en una pregunta: ¿cómo construir una cultura del acompañamiento y una cultura vocacional que se transforme en cultura organizacional en nuestras obras y regiones?

Abrir espacios seguros de diálogo intergeneracional e interregional permitió no solo compartir experiencias, sino también generar nuevas dinámicas de discernimiento y corresponsabilidad, donde las distintas voces fueron reconocidas como válidas. Participaron 142 personas y los diálogos priorizaron las mesas de regionalización, fortaleciendo una forma de gobernanza más sinodal, donde las decisiones brotan del encuentro y la escucha mutua. Si bien la responsabilidad final de decisión recae sobre los directores de obras, el proceso mostró cuánto se enriquece la misión cuando se abre a la escucha de jóvenes y colaboradores.

Conocernos más, consolidar lo que somos y abrir nuevos caminos

En continuidad con la Preferencia Apostólica Universal de acompañar a los jóvenes, la Provincia colombiana ha concretado cinco llamados que orientan este movimiento:

a) Acompañar sus búsquedas de sentido y vocación.

b) Proponer espacios seguros de experiencia comunitaria.

c) Facilitar sus iniciativas de participación e incidencia.

d) Articular oportunidades de trabajo y estudio.

e) Construir procesos contextualizados y sostenibles.

Frente a estos llamados, la Provincia no parte de cero. Existe una amplia diversidad de procesos y de experiencias en el acompañamiento juvenil en todas las regiones; la riqueza de propuestas es amplia. Sin embargo, el desconocimiento mutuo entre obras ha llevado, en ocasiones, a duplicar esfuerzos y limitar el alcance. Crecer en colaboración al interior del cuerpo apostólico se consolidó como uno de los frutos más importantes del encuentro y el punto de partida del trabajo.

En este horizonte se identificaron igualmente dos tipos de frutos de la Inmersión Ignaciana 2026: fortalecer lo que ya se viene realizando y abrir iniciativas nuevas.

Entre los aspectos a fortalecer, las regiones concluyeron:

- La formación en espiritualidad ignaciana para los líderes juveniles, acompañantes y directores de obra.

- La explicitación del acompañamiento vocacional en todas las obras, incluyendo una propuesta para quienes hacen parte del cuerpo apostólico.

- Una presencia más estratégica en redes sociales, generando contenido valioso frente a la pregunta vocacional.

- El fortalecimiento de los comités y de los proyectos de juventudes en las regiones.

- La planeación de relevos intergeneracionales del cuerpo apostólico, que incluya a los jóvenes de nuestros procesos.

- El cambio de enfoque en la formación pastoral: pasar de una formación para el liderazgo a una formación de discípulos y comunidades.

- Favorecer el encuentro de los jóvenes.

- La articulación con obras transversales y aliados externos a la Compañía de Jesús en la Iglesia local, el sector público y privado para ampliar nuestra mirada sobre el territorio.

- La inclusión en nuestros procesos de juventudes negras e indígenas.

- El impulso de Ejercicios Espirituales regionales para jóvenes entre 18 y 30 años.

Entre las iniciativas nuevas se proponen:

- Protocolos más claros para el acompañamiento espiritual, psicológico y pastoral.

- Una estrategia articulada con los egresados.

- Propuestas de simposios sobre juventudes.

- Encuentros preparatorios y participación activa en Claveriada.

- Incluir a los jóvenes en las planeaciones regionales y apostarle a estructuras más sinodales de discernimiento en la Provincia.

- Mayor presencia en la ruralidad y en las periferias.

- Espacios de formación y análisis de la realidad política regional y nacional con los jóvenes, con enfoque crítico.

- Espacios explícitos de acompañamiento espiritual en las obras de la Compañía de Jesús.

- Propuestas de acompañamiento con enfoque étnico.

La cultura vocacional y la cultura del acompañamiento como horizonte compartido

La Inmersión reafirmó que la cultura vocacional no se reduce a la promoción de vocaciones religiosas o sacerdotales. Es una comprensión más amplia: vivir la vida cristiana como respuesta a una llamada que compromete la libertad y abre a la misión.

Esta cultura está inseparablemente unida al acompañamiento personal y a la construcción de un ecosistema de relaciones, espacios y dinámicas que ayuden a las personas y comunidades a aspirar a una vida con sentido. La tarea es seguir transformando la cultura organizacional de la Compañía de Jesús en terrenos fértiles donde jesuitas y laicos nos sintonicemos con el llamado a la vida plena de Aquel que nos ha creado y a colaborar en su misión.

Por todo esto, la Inmersión Ignaciana 2026 no fue un evento aislado, sino el inicio de un movimiento. La ola de la esperanza ha comenzado y la Provincia ha decidido no quedarse en la orilla. Durante el Año de las Juventudes, esta ola se extenderá por las regiones y recorrerá el país: en encuentros, retiros, Claveriada, fortalecimiento de los comités regionales, planeaciones, procesos de relevo generacional y discernimientos. No será uniforme ni idéntica en todos los territorios; tomará la forma de las necesidades, capacidades y deseos de cada región. Pero su impulso es común: acompañar mejor, vivir toda la misión como vocación y cuidar la esperanza que Dios suscita a través de los jóvenes.

La ola ya está en movimiento. Ahora nos corresponde sostenerla.

Acompañar y sembrar sentido en las juventudes… una apuesta que nos recuerda que somos potencia transformadora

Testimonios Panel: Cultura del Acompañamiento

Yadira Zúñiga Colonia

Iniciativas de desarrollo y empoderamiento comunitario Fe y Alegría Colombia

Desde Fe y Alegría Colombia, nuestra gratitud por posibilitar y avivar que las voces de las juventudes estén presentes en la Inmersión Ignaciana 2026, un espacio de juntanza personal y colectiva para seguir conectando y caminando junto a ellas y ellos desde lo vital.

Los frutos del panel de cultura vocacional y de acompañamiento en la Inmersión Ignaciana 2026 nos han permitido volver a las preguntas de fondo que atraviesan nuestro quehacer territorial: ¿cómo acompañamos y qué alcance tiene esto en la vida real de las juventudes?, ¿desde dónde caminamos con ellas y ellos?, ¿qué sentido estamos cuidando en medio de contextos marcados por la incertidumbre, la desesperanza y la fragmentación?.

Desde nuestra presencia en los territorios —urbanos, rurales y de frontera— somos testigos de que muchas juventudes no carecen de capacidades, talentos o deseos, sino de horizontes vitales que les permitan sostener la esperanza. Por ello, hablar de acompañamiento nos ha exigido, a lo largo de estos años, convertirlo en una manera concreta de cuidar la vida, el propósito, la dignidad y los procesos.

1. Discernir el contexto y cuidar el sentido

El panel de cultura vocacional y de acompañamiento nos permitió profundizar en una lectura más honda y honesta de la realidad juvenil. En este camino, cuestionamos también nuestras propias percepciones, aquellas que a veces nos llevan a sentir y manifestar que las juventudes "no saben qué quieren", "son frágiles" o "no se comprometen". La experiencia vivida nos ha mostrado, por el contrario, que acompañamos a una generación de sueños, de resistencia, de indign-acción, de cocreación, de diversidad y de innegociables con la vida digna; una generación que muchas veces no carece de deseo, sino de un propósito que haga razonable el esfuerzo cotidiano. Son juventudes atravesadas por la precariedad, la violencia, la exclusión y la inestabilidad, realidades que erosionan la posibilidad de proyectarse hacia el futuro.

Desde el acompañamiento, estos desafíos nos han exigido una lectura atenta y discernida de la realidad, que no busca respuestas rápidas, sino comprender qué está ocurriendo en lo profundo de la vida de las juventudes. Acompañar desde el sentir implica escuchar los contextos, las historias, las diferentes "esquinas" que los atraviesan y los silencios; implica reconocer dónde la vida se debilita y dónde, aun en medio de la adversidad, continúa brotando la esperanza.

En Fe y Alegría, cuidar el sentido y el propósito se concretiza en el territorio, caminando junto a las comunidades más vulnerables, compartiendo la vida cotidiana y sosteniendo procesos largos. Allí reconocemos también que, en ocasiones, hemos fragmentado el acompañamiento: lo académico por un lado, lo emocional por otro, lo comunitario en un espacio distinto y lo espiritual en momentos aislados, como si la vida pudiera dividirse en partes. Esta fragmentación no responde a la experiencia vital de las juventudes ni al horizonte de su integralidad.

Acompañar, entonces, nos invita a recomponer el sentido, a ayudar a integrar la experiencia vital y a ofrecer espacios y «pretextos» donde los jóvenes puedan leer su propia historia, reconocer sus deseos más profundos y comenzar a actuar para proyectar una realidad con ojos nuevos.

2. Proximidad y presencia: acompañar desde la vida cotidiana

Otro fruto de la Inmersión Ignaciana 2026 es la reafirmación de que el acompañamiento auténtico no se impone, sino que se ofrece desde la cercanía, creando condiciones que devuelvan fuerza, esperanza y sentido para seguir caminando. Esta convicción se conecta profundamente con el legado de nuestro fundador, el padre José María Vélaz, SJ, cuando afirmaba: «Estoy pensando en ustedes, en los que no conozco, pero amo». En esta expresión se vivencia una manera de acompañar que no nace del control ni de la exigencia, sino del amor previo, de una presencia que se compromete incluso antes del encuentro.

Muchas juventudes hoy no están vacías, sino saturadas de mensajes, exigencias, discursos y expectativas. Frente a esta saturación, el acompañamiento está llamado a proponer procesos que, ante todo, posibiliten una presencia significativa de cuidado, capaz de ofrecer espacios de pausa, de escucha atenta y afectiva, y de elaboración de la propia experiencia vital.

La cercanía en el acompañamiento se hace visible cuando los y las jóvenes sienten que pueden hablar sin ser juzgados, cuando descubren que su palabra es acogida antes de ser evaluada. En estos espacios, la escucha se convierte en un acto profundamente humano y espiritual, porque reconoce la dignidad de la experiencia del otro, incluso cuando esta es frágil, confusa o contradictoria. Acompañar implica acoger la historia completa y compleja de las y los jóvenes: sus preguntas,

sus búsquedas, sus miedos, sus decisiones y también sus silencios. Cuando un joven puede nombrar lo que le pasa sin temor a ser señalado o excluido, se construye un espacio de confianza donde experimenta que no está solo y que su proceso importa. Esta experiencia no solo fortalece el vínculo, sino que abre la posibilidad de asumir el propio camino con mayor libertad y confianza.

3. Acompañar desde la propia sanación: autenticidad y vulnerabilidad como camino compartido

Uno de los frutos más significativos en el panel fue el reconocimiento profundo de que no es posible acompañar verdaderamente si quienes acompañamos no nos dejamos también acompañar. En mi propio camino como acompañante comprendí que, para estar disponible para las juventudes, fue necesario detenerme y transitar procesos de sanación física, emocional y espiritual. Este camino personal no se dio al margen de la misión, sino en el corazón mismo del acompañamiento como parte fundamental de él.

Desde esta perspectiva, acompañar no es situarse por encima del otro, sino caminar desde una humanidad compartida, reconociendo nuestras propias heridas, límites y búsquedas.

Desde esta perspectiva, acompañar no es situarse por encima del otro, sino caminar desde una humanidad compartida, reconociendo nuestras propias heridas, límites y búsquedas. Solo desde esta honestidad el acompañamiento se vuelve auténtico y creíble. Sanar me permitió acompañar de otra manera: con más escucha y menos prisa por responder; con mayor capacidad de sostener la duda, el dolor y la incertidumbre sin la necesidad de resolverlo todo de inmediato. Comprendí así que no acompañamos desde la perfección o desde una guía metodológica, sino desde una vida en proceso, abierta al discernimiento y a la acción sanadora de Dios.

Esta experiencia reta profundamente nuestro quehacer. Nos recuerda que no se trata de mostrarnos fuertes todo el tiempo, sino auténticos; de no ocultar nuestras fragilidades, sino de integrarlas; no de presentarnos como quienes ya llegaron, sino como personas que siguen sanando junto a las juventudes. La vulnerabilidad, vivida con responsabilidad y cuidado del vínculo, se convierte entonces en un lugar privilegiado de encuentro y de proximidad.

Cuando las juventudes perciben que quienes acompañamos también estamos en camino —que discernimos, caemos y nos levantamos— se abre un espacio de confianza profunda. El acompañamiento deja de ser una relación asimétrica y se transforma en un caminar juntos, donde todas y todos aprendemos y somos transformados mutuamente. Ello supone reconocer que aún falta tiempo real para procesos largos; que es necesario cuidar más a quienes acompañan, porque nadie puede sostener si no está sostenido.

4. La cultura del acompañamiento: misión compartida en el territorio

El acompañamiento se vuelve cultura cuando deja de depender solo de personas o procesos específicos y se convierte en una manera compartida de estar en la misión. La cultura del acompañamiento se respira cuando está presente en la escuela, en la comunidad y en los espacios propios de las juventudes, especialmente en aquellos marcados por fronteras y vulneraciones.

Esta cultura nos invita a reconocer a otras personas, equipos y prácticas para acompañar: educadores, líderes comunitarios, equipos territoriales y también jóvenes que acompañan a otros jóvenes. Se vuelve cultura cuando se convierte en una manera horizontal de estar con las comunidades. Acompañar también implica orientar, ayudar a leer y gestionar oportunidades, y ampliar horizontes para que las juventudes construyan su plan de vida.

Los frutos de la Inmersión Ignaciana 2026 nos recuerdan que acompañar juventudes no es una estrategia, sino una manera de habitar el mundo con otros y otras desde la esperanza, la acción y el sentido compartido. Acompañar así es sembrar sentido, incluso en terrenos difíciles, confiando en que Dios sigue obrando en la historia de las juventudes, de quienes acompañamos y de los territorios donde hacemos misión.

Que la cultura del acompañamiento sea potencia transformadora y permita acompañar otros futuros posibles.

Uriel Salomón Salas Portilla, SJ Acompañante académico

En este panel nos encontramos diversos actores vinculados a la misión ignaciana para profundizar en el sentido, los retos y las posibilidades del acompañamiento en el marco de la tercera PAU: «Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador». Natalia González (RJI) moderó el espacio, y participamos como panelistas Ulrike Purrer, Yadira Zúñiga, Tomás Bernal y quien les habla.

La primera ronda trató la naturaleza del acompañamiento ignaciano desde nuestro testimonio personal, relacional, encarnado y humano. En efecto, acompañar implica modos de cercanía: escucha, presencia y lectura atenta de los procesos vitales de los jóvenes y sus comunidades. La segunda ronda se centró en reconocer fragilidades y carencias dentro de las nuestras prácticas. Surgieron reflexiones sobre la necesidad de coherencia institucional,

la importancia de respirar colectivamente esta cultura y el desafío de sostener estructuras que reflejen una verdadera voluntad política en ambas partes del acompañamiento.

La tercera ronda buscó identificar experiencias significativas que puedan convertirse en apuestas provinciales. Se compartieron iniciativas comunitarias, educativas y pastorales que ya encarnan la cultura del acompañamiento y que podrían inspirar caminos comunes. El camino de jóvenes en Tumaco (Ulrike) ayuda a dar sentido de esperanza y paz en un contexto de incertidumbre y violencia; el trabajo de Yadira propone visibilizar caminos de vidas reconstruidas; la labor universitaria en Medellín (Tomás) tocó el tema de lo horizontal y lo humano en el trato mutuo entre jóvenes; finalmente, mi testimonio versó sobre el acompañamiento a los distintos miembros de la comunidad universitaria de la Javeriana.

Al cerrar, señalamos puntos críticos como la falta de colaboración, la escasa visibilización del trabajo realizado en red y la necesidad de ampliar la cobertura a diversos colectivos juveniles.

Ulrike Ulrike Purrer Misionera laica en la Misión de San Pedro Claver en Cartagena

¿Qué me llevo del panel “Cultura del acompañamiento” de los jóvenes?

El conversatorio sobre la cultura del acompañamiento de los jóvenes fue, para mí, un momento de mucha inspiración y de un renovado sentido de misión compartida. Salí con el deseo de acompañar y dejarme acompañar. Al formar un cuerpo apostólico, nadie tiene que caminar solo.

Me llevo, ante todo, la convicción de que acompañar es un verdadero arte que requiere preparación, seriedad y entrega. Percibí la necesidad de que, como acompañantes, sigamos formándonos y cuidándonos entre nosotros para poder acompañar responsablemente a otros. Al mismo tiempo, entendí que acompañar, más que una técnica específica para cada situación, es ante todo una actitud que despierta en los jóvenes las ganas de soñar, discernir y así ir descubriendo con mucha libertad su propia vocación.

Se reafirmó en mí la convicción de que es fundamental partir de las necesidades reales de los jóvenes mediante una escucha profunda, respetuosa y libre de imposiciones. Para ello, desde

nuestras estructuras organizacionales, estamos llamados a seguir generando espacios seguros. Finalmente, me quedo con la certeza de que el acompañamiento es un llamado a ser compañera sencilla de camino, con largo aliento y testimonio coherente. No siempre es necesario ofrecer respuestas o soluciones; muchas veces, una presencia silenciosa vale oro.

Acompañar es caminar de la mano con el otro

El panel sobre acompañamiento, realizado en el marco de la Inmersión Ignaciana, fue un espacio profundamente enriquecedor de diálogo comunitario. En él, voces de diferentes generaciones, regiones y trayectorias tuvimos la oportunidad de compartir nuestras posiciones frente al acompañamiento ignaciano y cómo se vive desde nuestros roles en la misión.

Como fruto del panel, brota un llamado a acompañar desde la horizontalidad, donde las vidas se encuentran y comparten el sentido. Acompañar es seguir al otro en su caminar, abrazando sus sentimientos y emociones, generando espacios de conversación y aprendiendo de sus cosmovisiones. De este modo, y al estilo ignaciano, se renueva el llamado a escuchar a los jóvenes; solo así se puede alcanzar un acompañamiento fructífero y duradero, orientado a promover procesos sostenibles que cumplan con la tercera Preferencia Apostólica Universal de la Compañía de Jesús: «Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador».

La gran apuesta ignaciana trae consigo la consigna de que no escuchamos para imponer respuestas, sino para ayudar a discernir la presencia de Dios en medio de las búsquedas y desafíos. Cuando acompañamos con sencillez, humildad y esperanza, sembramos un fruto de amor y compromiso en la vida espiritual, emocional y social de un ser humano.

Tomás Bernal Pérez Joven acompañante ignaciano

I

LFa inmersión me pareció un espacio y un tiempo teológico, en el que pudimos abrirnos para escuchar la voz del Espíritu, que nos permitió reconocer la diversidad que tiene nuestra Provincia, la gran cantidad de maneras de pensar, de trabajar, de vivir nuestro ser como cristianos y nuestro deseo de anunciar el Evangelio. En este deseo de escuchar la voz de los jóvenes, hemos podido ver y confirmar que el Espíritu es novedoso y esta vez lo hemos encontrado en la voz de los jóvenes, de nosotros como jóvenes jesuitas también, que deseamos soñar lo imposible. Aunque a veces parezca difícil, pues es bien esperanzador ver que lo estamos haciendo, que estamos soñando eso y que más allá de los miedos, estamos tratando de convertirlos en verdaderos sueños.

Invito a mis compañeros a que sigamos escuchando, que sigamos ensanchando el corazón y que no olvidemos que en los jóvenes está la voz del Espíritu, un Espíritu que es novedoso, que no se queda anquilosado en estructuras antiguas, sino que está soplando donde quiere y esta inmersión nos lo ha comprobado.

Bernabé Alzate Orozco Jesuita en primer año de Filosofía

ue un espacio muy provechoso de formación, de encuentro, también de poder discernir y tener una mirada más nacional para poder enfocar trabajos regionales frente a las juventudes. Creo que fue un espacio en el que también ellos se dieron cuenta de la importancia de incluir como a otras personas con las que ellos trabajan o para los que trabajan, en este caso los jóvenes, siento que sí les dio una voz muy importante del trabajo que quieren con ellos y para ellos. Este espacio nos estaba llamando para lo mismo: seguir trabajando en la noción de la cultura de acompañamiento y sobre todo desde las miradas regionales porque las obras que están en cada región son muy diferentes; Nos invita a mirar en las particularidades las estrategias para el acompañamiento a los jóvenes. Así que los invito a seguir escuchándolos, seguir generando espacios donde ellos hagan, bien sea parte de tomas de decisiones o de estos encuentros que para ellos son muy valiosos.

Camila Ramírez Coordinadora de la RJI en Nariño

Me gustó mucho porque fue un espacio donde pudimos ver los rostros de todas las personas que estamos trabajando juntos en esta misma misión de la Compañía en diferentes regiones. Fue muy agradable porque además de eso hemos podido compartir sobre las juventudes, sobre muchos de los temas que nos convocan, como el acompañamiento, como el estar, el transmitir la Espiritualidad Ignaciana. Creo que es un espacio que fortalece mucho el sentido de cuerpo que tenemos y en últimas la comunión entre nosotros.

La Inmersión fue un lugar de aprendizaje, un lugar donde no solo escuchas, sino que también puedes opinar y eso es muy importante. Normalmente en estos eventos hay una comunicación muy unidireccional, siempre es una persona con un micrófono que charla y tú no tienes oportunidad. Sin embargo, aquí hicieron mesas de reuniones donde con grupos más pequeños pudimos comunicar nuestras ideas, nuestros pensamientos, cosas que no nos parecen y que sí nos parecen de la Iglesia. Me pareció un espacio muy libre, también muy chévere para nosotros los jóvenes y también para todas las personas que pertenecen a cualquier grupo de la inmersión. Me gustó mucho el tema de la vocación porque siento que muchos jóvenes se sienten perdidos con ese tema y no hablo solamente de una carrera universitaria sino con lo que quieren ser para tener como ese sentido de vida.

Stephanie Bohórquez Serrano

Grupo juvenil de Punta Canoa de la Misión de San Pedro Claver, Cartagena.

Homilía:

Preparar el terreno y sembrar la semilla: una tarea vocacional

Hay una palabra que atraviesa como un hilo de oro todas las lecturas de hoy: escuchar. Hoy podríamos decirlo así: escuchar es preparar la tierra para la siembra.

Escuchar cuando la Palabra parece rara.

Escuchar cuando Dios mismo abre el oído.

Escuchar cuando la semilla cae en terrenos distintos, marcados por historias muy concretas y diversas.

Escuchar, en nuestro país y en nuestro tiempo, es ya un acto profundamente vocacional.

La primera lectura comienza con una frase que podría resonar con fuerza en la historia de Colombia: “La Palabra del Señor era rara en aquellos días”.

No porque Dios haya dejado de sembrar, sino porque la tierra estaba endurecida por el ruido del conflicto, la violencia, el miedo y la desesperanza. A veces la Palabra no falta; lo que falta son oídos abiertos, corazones trabajados, suelos removidos.

Y, sin embargo, Dios no se cansa de sembrar. Sigue pronunciando nuestros nombres. Muchos de nuestros jóvenes, en las ciudades y en las periferias, en los campos y en los barrios, crecen en terrenos marcados por heridas profundas: familias fracturadas, territorios golpeados por la guerra, desigualdades persistentes, futuros que a veces parecen frágiles.

Y aun así, o precisamente por eso, en ellos brotan pregunt as hondas:

¿Vale la pena soñar?

¿Mi vida tiene sentido?

¿Puedo ser parte de algo distinto, de algo mejor?

Samuel es un niño. No es tierra perfecta ni preparada. No viene de un contexto ideal. Pero hay algo decisivo en él: disponibilidad. Su corazón, sin saberlo del todo, está siendo trabajado. Cuando escucha su nombre, responde: “Aquí estoy”.

Ese “aquí estoy” es como una tierra que se deja abrir. Es la respuesta de quien no huye, de quien se deja encontrar, de quien cree -aunque sea confusamente- que su vida importa.

Ese “aquí estoy” lo escuchamos hoy en muchos jóvenes de nuestras obras: en quienes estudian, trabajan, sirven, acompañan, resisten y persisten. Jóvenes que, a pesar de todo, siguen apostán-

dole a la vida, a la reconciliación, a un país que sueñe hasta lo imposible. Son semillas que ya están germinando… y también tierras que necesitan cuidado.

Pero Samuel no reconoce la voz solo. Necesita de Elí.

Así como San Pedro Claver necesito del hermano Alonso Rodríguez.

Y aquí aparece una clave central para nuestra misión como Compañía de Jesús en Colombia: nadie discierne solo, nadie sana solo, nadie madura solo. La vocación, y también la vocación a la paz y a la reconciliación, no nace de la nada; se cultiva.

Todos nosotros necesitamos de Elís en nuestras vidas. Necesitamos de jesuitas, laicos, educadores, acompañantes, comunidades apostólicas que no solo siembren palabras, sino que preparen el terreno: con tiempo, con cercanía, con paciencia y con amor. Necesitamos personas que sepan escuchar, que lean la vida con nosotros, y que puedan decirnos con humildad:

—Puede ser el Señor quien te llama.

—Tu historia, incluso herida, puede convertirse en misión.

—Tu vida puede ser tierra buena para otros.

Acompañar vocacionalmente en Colombia es muchas veces remover suelos endurecidos, sanar memorias, arrancar piedras de desconfianza, regar procesos frágiles. Y por eso Elí no le dice a Samuel qué hacer con su vida. Le enseña cómo escuchar. Le regala una oración que prepara el corazón: “Habla, Señor, que tu servidor escucha”.

Esta es una oración profundamente ignaciana y necesaria para nuestro país. Porque escuchar a Dios implica también escuchar al otro, escuchar el clamor de los pobres, escuchar el grito de la tierra, escuchar el dolor no resuelto. Solo así la respuesta no nace del miedo ni de la prisa, sino del discernimiento.

El salmo nos recuerda que Dios no quiere sacrificios vacíos, sino oídos abiertos. Una cultura vocacional no se construye solo sembrando actividades o discursos, sino cuidando procesos. Cuando los jóvenes ven adultos coherentes, capaces de reconocer sus límites, comprometidos con la justicia, pacientes en el acompañamiento, algo se ablanda por dentro. La tierra se vuelve fértil cuando la fe se vuelve creíble.

En el Evangelio, Jesús no explica la parábola. Solo dice: “Escuchen”.

El sembrador sale a sembrar sin seleccionar demasiado el terreno. Siembra en lo duro, en lo pedregoso, en lo frágil y en lo fértil. No controla los resultados. Confía. Pero la parábola también nos deja una pregunta implícita: ¿qué estamos haciendo con la tierra?

Esto es una palabra fuerte para nosotros como cuerpo apostólico. No estamos llamados solo a contar semillas, ni a garantizar éxitos rápidos. Todos somos llamados a preparar el terreno con fidelidad evangélica y a sembrar con generosidad y confianza. Todos nosotros, con nuestras propias vidas, estamos llamados a hacer de la cultura vocacional un ecosistema espiritual y humano en donde la tierra se esté preparando todo tiempo.

Sembrar una cultura vocacional es sembrar esperanza donde hubo miedo; pero preparar el terreno es acompañar procesos de sanación donde hubo violencia, es crear condiciones para que la vida pueda echar raíces.

La tierra buena existe. Está aquí. Eso se siente en est a capilla. Está en los jóvenes de nuestros colegios, universidades, parroquias, obras sociales y pastorales. Está en La Macarena, en Buenaventura, en el Magdalena Medio, en Punta Canoa, en Soacha, en Arauca; en la amazonia. En fin, puede estar en nosotros y en cada lugar donde alguna obra de la Compañía hace presencia directa o indirectamente. También está en esa tierra ensangrentada de tantos hombres y mujeres que han dejado su vida por el Reino; así como San Pablo Miki y sus compañeros mártires en el Japón, a quienes traemos a la memoria en esta celebración.

Hoy, en esta Inmersión Ignaciana, el Señor nos llama por nuestro nombre, como Provincia, como cuerpo apostólico, como compañeros de misión, como comunidad diversa de jesuitas, religiosas y religiosos, laicos y jóvenes, y nos pregunta con ternura y seriedad:

¿Estamos preparando la tierra con paciencia y cuidado?

¿Estamos sembrando con libertad y esperanza?

¿Nuestras obras son espacios donde los jóvenes pueden escuchar a Dios, sanar su historia y discernir su camino?

¿Nos atrevemos a decirles que su vida puede ser don, misión y servicio en la Compañía y en la Iglesia?

Para terminar este largo compartir, lo invito a que no nos llevemos solo una idea, sino una oración que brote de la tierra que somos y de la misión que compartimos:

Aquí estamos, Señor. Como pueblo herido y esperanzado. Como tierra que necesita ser trabajada. Como sembradores llamados a confiar. Como hombres y mujeres que buscan sentido y futuro. Como jesuitas y laicos que sirven juntos. Háblanos.

Enséñanos a escuchar. Y haznos sembradores generosos y pacientes cuidadores de la tierra donde quieres hacer brotar reconciliación, vocación y esperanza para Colombia. Amén.

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Últimos Votos: Álvaro Stivel Toloza Blanco, SJ;

Humberto Castañeda Vargas, SJ; y José

Rodríguez, SJ

El pasado 7 de febrero, en el marco de la clausura de la Inmersión Ignaciana, tres compañeros de nuestra Provincia realizaron sus Últimos Votos: Álvaro Stivel Toloza Blanco, SJ; Fredy Humberto Castañeda Vargas, SJ; y José Rafael Garrido Rodríguez, SJ. Con este paso culminaron su proceso de formación e ingresaron de manera definitiva a la Compañía de Jesús.

Siguiéndoos, mi señor, ¡yo no podré perder!

Hace unos días el P. Hermann Rodríguez nos invitó a quienes hicimos los últimos votos, a preparar unas breves palabras para compartirlas en la eucaristía de esta profesión. ¿Cómo recoger en unos pocos minutos tanto bien recibido? Uno de los requisitos para esta experiencia de la profesión religiosa en la Compañía de Jesús consiste en escribir a mano una fórmula de renuncia. Quiero traer un extracto de dicho escrito: Y quiero que todo se entienda según el espíritu de las Constituciones de la Compañía de Jesús, a la cual he tomado como madre y como madre la tendré en el resto de mi vida.

Afirmar y sentir que la Compañía es una madre se torna en una realidad que he sentido real en tantos momentos. Especialmente en los dos últimos años, en los que me he sentido apoyado por la Compañía de Jesús en una experiencia exigente que he vivido junto a mi familia por causa de la salud de mi padre. Siento a la Compañía como una madre no de una manera ingenua o romántica; tampoco porque sea una idea de la cual me tenga que convencer por ser jesuita o porque sea una madre inmaculada. Es madre porque ese amor y ese cuidado son rostros concretos, rostros que confían en mí, alentando o confrontando. Son compañeros de camino y misión que representan testimonio de Cristo, un testimonio generoso tan humano y gracias a Dios tan imperfecto como yo.

Asimismo, ser profeso me conduce al título de este testimonio que procede del diario espiritual escrito por San Ignacio de Loyola (n° 114). En medio de tantas experiencias que Dios me ha permitido vivir a lo largo de estos 22 años de jesuita, unas llenas de consolación y otras más abrazadas por la desolación que humaniza

y reconcilia, la presencia de Jesús la contemplo como una presencia fiel que me ha invitado a resignificar en no pocos momentos la mirada exigente que suelo tener sobre mí mismo.

Ese mismo Jesús que sostuvo y animó a Ignacio en un discernimiento espiritual tan intenso como el que vivió a lo largo del diario espiritual, es el Jesús que sigo contemplando; el Jesús al que pido siga siendo Principio y Fundamento; el Cristo resucitado que me siga ayudando a acoger mis debilidades y a confiar en los dones que me ha regalado. Ese Jesús que no guardó nada para sí mismo y que encontró en compartir la vida, especialmente por los más pobres, un sentido siempre novedoso, desafiante y comunitario.

Finalmente, quiero agradecer por los gestos de cercanía y amistad. Créanme que son signos que me dan fuerza para confiar y seguir adelante en este camino.

Hacer últimos votos

Hacer últimos votos en la Compañía de Jesús es una experiencia que agradezco mucho. Me he sentido acogido por mis compañeros jesuitas, presentes en tantas etapas de la vida, por mis queridos parroquianos de San Francisco Javier, por mi familia y mis amigos que tanto me han sostenido. Es una experiencia también de descubrir cómo Dios es siempre fiel, siempre bondadoso por medio de tantas personas y cómo, en medio de las fragilidades humanas, hace presente su misericordia.

Aunque llevo ya veintiséis años como jesuita, confieso que no me esperaba la noticia. Recuerdo la llamada de Hermann, el Provincial, y mi pensamiento repentino ante el timbre de llamada: ¿será que me van a cambiar? Al contestar el teléfono y recibir la noticia me sentí conmovido, sintiendo que Dios siempre supera mis expectativas y que tiene algo para nosotros aún cuando no lo esperamos.

Ese sentimiento ha estado presente en muchas etapas de mi vida, especialmente cuando me he encontrado lejos del país. En esas ocasiones han aflorado muchas preguntas: ¿será que yo puedo? ¿Será que puedo adaptarme? ¿Cómo vivir mi vocación en este contexto? Así, entre muchas otras. En medio de todo ese ruido interior, de ese barullo sin letra, Dios ha puesto su música; me ha ayudado a sintonizar con Él y me han enseñado que Él siempre sorprende – tomando las palabras de Cervantes: “hace llover sus misericordias cuando están más secas las esperanzas”.

Es que, por más que conozcamos la teoría de nuestra vocación, la pedagogía de Dios requiere tiempo – a veces crisis – contextos diferen-

tes, soltarse una y otra vez, a veces con recelo, a veces con total generosidad. Y en el transcurso del proceso el corazón se va abriendo, va aprendiendo que no se trata tanto de uno mismo, sino de lo que Dios hace en nosotros y por medio nuestro.

Ser jesuita ha sido para mí ser llevado y sostenido aun cuando pareciera que llevamos el timón, que somos responsables de todo. Pero también una experiencia comunitaria, saber que somos insertados en un cuerpo de hombres llamados, pecadores, con luces y sombras como uno mismo. Y reconocer el gusto de vivir ese llamamiento en complicidad, con buen humor y con buenas dosis de fraternidad.

Me causa devoción contemplar el cuadro de María Madre de la Compañía, nuestra madre de Tobasía, y ver todos los santos ahí, sentir que allí somos puestos todos: santos y pecadores, mártires y confesores, todos: arropados con el mismo amor maternal que conmovió a Ignacio y a sus primeros compañeros. Hacer últimos votos es como ser puesto para siempre en esa composición sagrada, saber que tu lugar en el mundo es junto a esas personas, no solamente durante esta vida sino en la eternidad.

Así es, queridos hermanos. Me siento acogido y bendecido por este don recibido. Y como decía el día de mis últimos votos, “tengo el resto de mis días para celebrarlo y agradecerlo”.

Novicios jesuitas - 5 de febrero

Novicios jesuitas - 5 de febrero

CUARTA ORACIÓN

CUARTA ORACIÓN

Novicios jesuitas - 5 de febrero

Intercesor: Estanislao de Kostka – Joven, testarudo y santo

CUARTA ORACIÓN

Intercesor: Estanislao de Kostka – Joven, testarudo y santo

1. ORACIÓN PREPARATORIA

1. ORACIÓN PREPARATORIA

«Que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones estén ordenadas en servicio y alabanza de su divina Majestad» [EE 23]

Intercesor: Estanislao de Kostka – Joven, testarudo y santo

1. ORACIÓN PREPARATORIA

«Que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones estén ordenadas en servicio y alabanza de su divina Majestad» [EE 23]

2. COMPOSICIÓN VIENDO

2. COMPOSICIÓN VIENDO EL LUGAR

«Que todas nuestras intenciones, acciones y operaciones estén ordenadas en servicio y alabanza de su divina Majestad» [EE 23]

EL LUGAR

2. COMPOSICIÓN VIENDO EL LUGAR

En esta tercera oración, pediremos de manera especial por nuestros novicios jesuitas. Traigamos a la mente y al corazón el Noviciado… Sus espacios físicos… La capilla… Los salones… Ahora traigamos el rostro de cada uno de nuestros hermanos novicios… Dispongamos nuestro corazón y nuestro espíritu para dirigirnos al Dios de nuestras vidas, confiados en su presencia misericordiosa en medio de su Iglesia. Como figura de inspiración tendremos a Estanislao de Kostka, patrono de los novicios. Recordemos su vida y pidamos su intercesión.

Niño Dios en sus manos. Kostka la interpretó como señal de que iba a entrar en la Compañía de Jesús.

Niño Dios en sus manos. Kostka la interpretó como señal de que iba a entrar en la Compañía de Jesús.

Ante la negativa de sus padres, el joven

Niño Dios en sus manos. Kostka la interpretó como señal de que iba a entrar en la Compañía de Jesús.

En esta tercera oración, pediremos de manera especial por nuestros novicios jesuitas. Traigamos a la mente y al corazón el Noviciado… Sus espacios físicos… La capilla… Los salones… Ahora traigamos el rostro de cada uno de nuestros hermanos novicios… Dispongamos nuestro corazón y nuestro espíritu para dirigirnos al Dios de nuestras vidas, confiados en su presencia misericordiosa en medio de su Iglesia. Como figura de inspiración tendremos a Estanislao de Kostka, patrono de los novicios. Recordemos su vida y pidamos su intercesión.

3. ORACIÓN PERSONAL

3. ORACIÓN PERSONAL

Nuestro intercesor

En esta tercera oración, pediremos de manera especial por nuestros novicios jesuitas. Traigamos a la mente y al corazón el Noviciado… Sus espacios físicos… La capilla… Los salones… Ahora traigamos el rostro de cada uno de nuestros hermanos novicios… Dispongamos nuestro corazón y nuestro espíritu para dirigirnos al Dios de nuestras vidas, confiados en su presencia misericordiosa en medio de su Iglesia. Como figura de inspiración tendremos a Estanislao de Kostka, patrono de los novicios. Recordemos su vida y pidamos su intercesión.

Nuestro intercesor

3. ORACIÓN PERSONAL

Nuestro intercesor

Estanislao de Kostka (1550-1568) es conocido por su santidad juvenil y su férrea decisión de seguir la llamada de Dios a pesar de los obstáculos que ponía su familia. De noble familia polaca (su padre era señor de Zakroczym y senador del reino) estaba destinado a la vida pública. Con 13 años, sus padres le enviaron a estudiar al colegio de los jesuitas en Viena, donde se educaba la nobleza austríaca. Allí, tuvo una experiencia mística en la que la Virgen María le ponía al

Estanislao de Kostka (1550-1568) es conocido por su santidad juvenil y su férrea decisión de seguir la llamada de Dios a pesar de los obstáculos que ponía su familia. De noble familia polaca (su padre era señor de Zakroczym y senador del reino) estaba destinado a la vida pública. Con 13 años, sus padres le enviaron a estudiar al colegio de los jesuitas en Viena, donde se educaba la

Ante la negativa de sus padres, el joven Estanislao decidió escaparse a Alemania, y pedir allí que se le aceptase. Estanislao caminó más de 700 km. hasta Dillingen, donde estaba el P. Canisio. Este, decidió aceptarlo a condición de que se trasladase a Roma -más lejana de Polonia- de modo que se impidiera a la familia frenar a Estanislao. Kostka llegó a Roma el 25 de octubre, donde fue recibido por Francisco de Borja.

Ante la negativa de sus padres, el joven Estanislao decidió escaparse a Alemania, y pedir allí que se le aceptase. Estanislao caminó más de 700 km. hasta Dillingen, donde estaba el P. Canisio. Este, decidió aceptarlo a condición de que se trasladase a Roma -más lejana de Polonia- de modo que se impidiera a la familia frenar a Estanislao. Kostka llegó a Roma el 25 de octubre, donde fue recibido por Francisco de Borja.

Estanislao decidió escaparse a Alemania, y pedir allí que se le aceptase. Estanislao caminó más de 700 km. hasta Dillingen, donde estaba el P. Canisio. Este, decidió aceptarlo a condición de que se trasladase a Roma -más lejana de Polonia- de modo que se impidiera a la familia frenar a Estanislao. Kostka llegó a Roma el 25 de octubre, donde fue recibido por Francisco de Borja.

Pero el noviciado de Kostka no habría de durar más que 10 meses. Cayó enfermo con fiebre. El 14 de agosto Kostka tuvo la intuición de que moriría al día siguiente y se lo dijo al enfermero, pero éste no lo tomó en serio. El 15 de agosto, fiesta de la Asunción, sintió que María se le acercaba para llevarle al cielo y en seguida murió.

Pero el noviciado de Kostka no habría de durar más que 10 meses. Cayó enfermo con fiebre. El 14 de agosto Kostka tuvo la intuición de que moriría al día siguiente y se lo dijo al enfermero, pero éste no lo tomó en serio. El 15 de agosto, fiesta de la Asunción, sintió que María se le acercaba para llevarle al cielo y en seguida murió.

Estanislao de Kostka (1550-1568) es conocido por su santidad juvenil y su férrea decisión de seguir la llamada de Dios a pesar de los obstáculos que ponía su familia. De noble familia polaca (su padre era señor de Zakroczym y senador del reino) estaba destinado a la vida pública. Con 13 años, sus padres le enviaron a estudiar al colegio de los jesuitas en Viena, donde se educaba la nobleza austríaca. Allí, tuvo una experiencia mística en la que la Virgen María le ponía al

La Palabra de Dios

Jn. 12, 22. 24-26 «Jesús le dijo a Felipe y Andrés: “Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre». Palabra del Señor. 14

Pero el noviciado de Kostka no habría de durar más que 10 meses. Cayó enfermo con fiebre. El 14 de agosto Kostka tuvo la intuición de que moriría al día siguiente y se lo dijo al enfermero, pero éste no lo tomó en serio. El 15 de agosto, fiesta de la Asunción, sintió que María se le acercaba para llevarle al cielo y en seguida murió.

La Palabra de Dios

Jn. 12, 22. 24-26 «Jesús le dijo a Felipe y Andrés: “Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo

La Palabra de Dios Jn. 12, 22. 24-26 «Jesús le dijo a Felipe y Andrés: “Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre». Palabra del Señor.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué invitaciones surgen de esta lectura a propósito de nuestros novicios?

2. ¿De qué forma resuenan estas palabras de Jesús con mi propia vocación?

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué invitaciones surgen de esta lectura a propósito de nuestros novicios?

3. ¿Cómo podríamos hacernos más presentes como comunidad en el noviciado? ¿Qué pasos podríamos seguir?

2. ¿De qué forma resuenan estas palabras de Jesús con mi propia vocación?

Reflexionamos de manera personal un momento y compartimos en comunidad.

3. ¿Cómo podríamos hacernos más presentes como comunidad en el noviciado? ¿Qué pasos podríamos seguir?

4. PRECES

A cada petición vamos a responder: Eterno Señor de todas las cosas, escúchanos.

Reflexionamos de manera personal un momento y compartimos en comunidad.

4. PRECES

A cada petición vamos a responder: Eterno Señor de todas las cosas, escúchanos.

• Pidamos al Señor por los novicios para que sepan entregarse con ilusión y entusiasmo juvenil a las experiencias que ofrece el noviciado y así se preparen para fructificar en plenitud el llamado. Oremos.

• Para que mirando su vocación sepan agradecer a Dios por tanto bien recibido y pedir especialmente para perseverar en el seguimiento a Cristo. Oremos.

• Pidamos al Señor por los novicios para que sepan entregarse con ilusión y entusiasmo juvenil a las experiencias que ofrece el noviciado y así se preparen para fructificar en plenitud el llamado. Oremos.

• Para que sus formadores sepan percibir la dinámica del Espíritu en el acompañamiento y la orientación a los que el Señor les ha confiado. Oremos.

• Para que mirando su vocación sepan agradecer a Dios por tanto bien recibido y pedir especialmente para perseverar en el seguimiento a Cristo. Oremos.

• Para que los familiares de los novicios experimenten la alegría y el consuelo de Dios por su generosa ofrenda a la Iglesia de Jesucristo. Oremos.

• Para que sus formadores sepan percibir la dinámica del Espíritu en el acompañamiento y la orientación a los que el Señor les ha confiado. Oremos.

• Para que los familiares de los novicios experimenten la alegría y el consuelo de

5.

• Para que la vida de profunda oración y comunicación con Dios de San Estanislao de Kostka los anime a vivir una vida de profunda entrega y profundicen en el compromiso de su vocación. Oremos

Se pueden añadir otras intenciones.

• Para que la vida de profunda oración y comunicación con Dios de San Estanislao de Kostka los anime a vivir una vida de profunda entrega y profundicen en el compromiso de su vocación. Oremos

Se pueden añadir otras intenciones.

Padre amoroso, que inspiras y realizas todos los buenos deseos: dirige a tus hijos por el camino de la salvación y haz que cuantos se entregaron a Ti en la Compañía de Jesús, abandonándolo todo, sigan a Cristo, renuncien al poder del mundo y te sirvan a Ti y a sus hermanos con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Amén.

5. ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Rezamos todos juntos:

Padre amoroso, que inspiras y realizas todos los buenos deseos: dirige a tus hijos por el camino de la salvación y haz que cuantos se entregaron a Ti en la Compañía de Jesús, abandonándolo todo, sigan a Cristo, renuncien al poder del mundo y te sirvan a Ti y a sus hermanos con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Amén.

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Rezamos todos juntos:

Señor Jesús, te pedimos que muevas interiormente a los jóvenes a buscarte y a seguirte. Tú que los llamas con amor eterno, haz que conozcan el misterio de su vocación y el sentido de su vida.

Envíanos, Señor, nuevos compañeros, que te amen a ti junto con tu Iglesia, que es santa y pecadora, y que quieran que, con su entrega, la Iglesia sea tus manos, tus pies y tu voz en este mundo.

Señor Jesús, te pedimos que muevas interiormente a los jóvenes a buscarte y a seguirte. Tú que los llamas con amor eterno, haz que conozcan el misterio de su vocación y el sentido de su vida.

Suscita en algunos jóvenes el deseo de unirse a esta mínima Compañía, y que en ella busquen incesantemente ser servidores de tu misión, viviendo en pobreza, castidad y obediencia.

Envíanos, Señor, nuevos compañeros, que te amen a ti junto con tu Iglesia, que es santa y pecadora, y que quieran que, con su entrega, la Iglesia sea tus manos, tus pies y tu voz en este mundo.

Oración por las Vocaciones – CPAL

Suscita en algunos jóvenes el deseo de unirse a esta mínima Compañía, y que en ella busquen incesantemente ser servidores de tu misión, viviendo en pobreza, castidad y obediencia.

CCuatro años de camino apostólico: aprendizajes y horizontes del SIAP

uatro años después de iniciar el camino del Plan Apostólico de Provincia, el Sistema de Información Apostólico (SIAP) nos permite mirar con más hondura lo que ya estaba sucediendo entre nosotros, y con ello reconocer el rostro de Dios trabajando en cada obra y territorio, allí donde la misión toma cuerpo concreto. Año tras año, al recoger y contemplar estos datos, hemos buscado algo más que medir iniciativas: aprender a leer los signos del Espíritu, articularnos mejor al descubrir lo que otros ya están gestando y, desde la Asistencia para el Discernimiento y la Planificación Apostólica, acompañar con mayor lucidez y cercanía los procesos que crecen en la Provincia. Con los resultados más recientes, ofrecemos ahora algunas reflexiones que nos ayuden a reconocer fortalezas, desafíos y horizontes para el camino apostólico que seguimos compartiendo.

El mapa apostólico 2025: presencia e iniciativas

A septiembre de 2025, la información recogida en 43 obras nos permite dimensionar el cuerpo que hoy sostiene la misión: 195 jesuitas, de los cuales 127 están directamente vinculados a obras, y que se integran al total de 19.409 personas que participan activamente en los distintos espacios apostólicos. Este entramado humano concreto es el que da vida a las 122 iniciativas que las obras reconocen como aportes directos al horizonte del Plan Apostólico de Provincia.

La distribución de estas iniciativas se refleja de manera diversa en las regiones, y continúan expresando, con acentos distintos, las Opciones Fundamentales del Plan Apostólico de Provincia. El gráfico por región permite observar cómo algunas zonas concentran mayor número de procesos y cómo ciertas opciones adquieren fuerza según el contexto territorial. Se trata de un despliegue complementario del mismo horizonte apostólico, encarnado en realidades concretas.

A esta lectura se suma el mapa actualizado de la presencia de la Compañía de Jesús en Colombia en 2025, que visualiza territorialmente dónde estamos y desde dónde servimos. La imagen ayuda a percibir algo que los números por sí solos no alcanzan a mostrar: la amplitud, diversidad y densidad de nuestra presencia en algunos territorios. Cada punto y cada territorio representan comunidades vivas, obras consolidadas, procesos en gestación y fronteras que continúan abriéndose.

Procesos que se consolidan y llamados que emergen

Al comparar las tres mediciones del Sistema de Información Apostólico – SIAP, se perciben movimientos claros en las prioridades provinciales. La Opción Fundamental 3 (misión de reconciliación y justicia) se mantiene, a lo largo de los tres años, como el eje con mayor número de iniciativas (50 en 2023, 45 en 2024 y 44 en 2025). Aunque registra una leve disminución numérica, continúa siendo el campo donde la Provincia concentra mayor energía apostólica, lo cual resulta coherente con el contexto social del país y con el llamado persistente a acompañar procesos de reconciliación, construcción de paz e inclusión.

La Opción Fundamental 2 (espiritualidad encarnada y apostólica), que fue una apuesta explícita en los primeros años del Plan Apostólico, muestra una estabilidad inicial (36 iniciativas en 2023 y 2024) y una reducción en 2025 (27). Esta tendencia podría leerse no como debilitamiento, sino como integración progresiva: muchas de estas apuestas han ido permeando transversalmente las obras, dejando de presentarse como iniciativas independientes. Las inmersiones, procesos de formación y acompañamiento espiritual impulsados a nivel provincial han sido coherentes con esta prioridad, fortaleciendo el fundamento que sostiene la misión.

Por su parte, la Opción Fundamental 4 (ecología integral) muestra un crecimiento significativo entre 2023 y 2024 (de 18 a 26 iniciativas), manteniéndose en 25 en 2025. Esto evidencia una mayor sensibilidad y estructuración de la dimensión ecológica en la Provincia, en sintonía con los desafíos ambientales del país y con los llamados universales de la Iglesia. La Opción Fundamental 1 se mantiene relativamente estable en el tiempo (28, 28 y 26 iniciativas), aportando equilibrio al conjunto y sosteniendo procesos que, aunque menos numerosos, continúan siendo estructurantes para la misión.

En términos generales, los datos muestran una Provincia que ha mantenido coherencia entre sus apuestas provinciales y el despliegue real de iniciativas en el territorio.

Sueños revisados: acentos y tareas pendientes

Los “sueños” que las obras identifican permiten afinar la lectura del momento que vivimos. En la Opción Fundamental 1, el mayor énfasis recae en fortalecer la formación para la colaboración (15). Este dato es significativo: el cuidado del Cuerpo Apostólico aparece como condición para la sostenibilidad de la misión. Sin embargo, la promoción vocacional recibe menor reconocimiento (2), lo que invita a revitalizar esta dimensión si queremos garantizar continuidad y renovación. Este desafío se conecta con la reflexión que recientemente se propuso como uno de los temas de la Inmersión Ignaciana: es necesario promover de manera más explícita la Cultura Vocacional como eje central de nuestras obras y procesos, ayudando a descubrir la propia vocación dentro del Cuerpo, para desplegarla y enriquecer a los demás con la diversidad de carismas.

En la Opción Fundamental 2, ofrecer la experiencia de los Ejercicios Espirituales (17) sigue siendo el deseo predominante, señal de que la fuente espiritual permanece viva. En cambio, la vivencia de la sinodalidad (4) y la práctica del discernimiento cotidiano (6) aparecen menos acentuadas. Esto puede indicar un reto de implementación, pero también la necesidad de profundizar juntos en lo que estos conceptos significan en nuestra realidad concreta, para que no se perciban como lenguajes externos o formales, sino como dimensiones transversales de nuestra misión cotidiana.

En la Opción Fundamental 3, destacan con fuerza caminar junto a los jóvenes (20) y promover el diálogo social (19). Se confirma así que la reconciliación se está concretando tanto en el acompañamiento de nuevas generaciones como en la apuesta por escenarios de encuentro en un país que sigue necesitando puentes.

Finalmente, en la Opción Fundamental 4, crecen los sueños asociados a educación socioambiental (11) y conversión interior (12). El cambio de estilo de vida (2), por otro lado, mantiene una menor apropiación explícita, recordándonos que la conversión ecológica no solo es pedagógica o programática, sino personal y comunitaria. Es decir, debemos seguir dirigiendo nuestros esfuerzos para que el discurso permee la práctica.

Estos sueños no solo expresan aspiraciones; dibujan posibles direcciones. Allí donde hay mayor énfasis se consolidan caminos; donde los números son más bajos, se abren preguntas que merecen atención y acompañamiento en los próximos años.

La participación de las mujeres: datos que iluminan la misión compartida

En la medición de 2025, y a solicitud de la Red de Mujeres Jesuitas Colombia, se incorporaron preguntas específicas sobre la participación y el liderazgo femenino en nuestras obras. La decisión de medir ya es significativa: expresa el deseo de que la conversación institucional sobre identidad, misión y corresponsabilidad esté sostenida en datos y no solo en percepciones.

Las cifras muestran que la misión en Colombia descansa de manera decisiva en el liderazgo y el trabajo de las mujeres. De las 19.409 personas vinculadas a las 43 obras, 11.270 son mujeres (58,1%), la mayoría con dedicación de tiempo completo. Además, de los 863 cargos directivos reportados, 444 son ocupados por mujeres (51,4%), lo que refleja una presencia significativa también en espacios de responsabilidad y decisión.

Al mismo tiempo, el diagnóstico señala tareas pendientes. En 24 obras aún no se reportan protocolos o políticas específicas de género ni buenas prácticas, y en 31 no existen procesos formativos sistemáticos en liderazgo y cuidado de las mujeres. Contar con esta información permite identificar con mayor claridad dónde fortalecer prácticas institucionales y cómo acompañar mejor el ejercicio del liderazgo femenino.

Esta radiografía no cierra una conversación; la abre con mayor fundamento. La representatividad numérica es un punto de partida relevante, pero el horizonte sigue siendo la construcción de una cultura institucional donde la corresponsabilidad, el cuidado y la participación se vivan de manera cada vez más consciente, evangélica y coherente con el Cuerpo Apostólico que estamos llamados a ser.

Seguir caminando

Cuatro años de medición no nos entregan certezas definitivas, pero sí una mayor claridad sobre el camino recorrido y las llamadas que se abren ante nosotros. Los datos, leídos con hondura, confirman una Provincia viva, sostenida por la misión compartida y desafiada a profundizar su coherencia, su articulación y su apertura al Espíritu que sigue guiando nuestra historia.

Unas palabras sobre mi tesis de doctorado en educación

Edwin Mauricio Martínez, SJ Rector del Colegio San Luis Gonzaga

El 20 de noviembre de 2025, defendí mi tesis doctoral titulada Identificando disparidades sociales al interior de los colegios de la Compañía de Jesús en Colombia desde las perspectivas de los estudiantes. Desde el marco teórico de la pedagogía crítica, las preguntas centrales de mi investigación fueron: ¿Qué disparidades sociales perciben los estudiantes de estos colegios en sus contextos? Y si las identifican, ¿cómo las perciben y en qué difieren de las disparidades que experimentan otros colombianos, especialmente los más vulnerables? Además, me planteé qué políticas, planes o proyectos podrían implementarse o ya se hayan implementado para abordar estas disparidades en la convivencia social.

El contexto de estas preguntas es la falta de estudios y análisis sobre la realidad que viven los estudiantes de la clase media, a la que pertenecen la mayoría de las familias de nuestros colegios jesuitas en Colombia. La investigación académica sobre el caso colombiano muestra que la mayoría de los estudios están enfocados, con toda razón, en las poblaciones más vulnerables de la sociedad, que en su mayoría se encuentran en medio del conflicto colombiano y a las que la mayoría de las políticas educativas van dirigidas. Entonces, ¿qué pasa con los estudiantes de clase media? ¿Sus vivencias son las mismas a las que las políticas públicas intentan responder?

Así, luego de realizar una exhaustiva revisión de la literatura o del estado del arte, consultando las leyes colombianas y revisando artículos y experiencias sobre el trabajo con estudiantes y sus perspectivas, planteé una investigación cualitativa in situ, para lo cual visité tres colegios: San Ignacio en Medellín, San Pedro Claver en Bucaramanga y San José

en Barranquilla. En estos colegios y gracias a la generosidad de sus comunidades educativas, encabezadas por sus rectores, padres Carlos Eduardo Correa, Hugo Nelson Gómez y Luis Felipe Gómez, tuve la oportunidad de realizar grupos focales con los estudiantes de séptimo, noveno y undécimo grados, entrevistas con maestros y colaboradores, observaciones en diferentes grados y participación en las salidas de FAS, Encuentros con Cristo, Curso Taller, etc. Aprovecho para agradecer nuevamente a cada colegio por su acogida y generosidad, y a las comunidades jesuitas por hacerme sentir parte activa durante las tres o más semanas que estuve en cada ciudad.

Los hallazgos en cada colegio reflejan sus culturas locales, desde el ambiente festivo de la cultura de Carnaval y festejo en Barranquilla, que requiere recordar límites a la convivencia escolar pues la excusa del humor puede generar desafíos de respeto, hasta la necesidad de promover una cultura de mediación ante la polarización política en Medellín, así como las dinámicas de liderazgo de las niñas, que evidencian un legado de feminismo y determinación en Bucaramanga, pero que en ocasiones dejan de lado la mirada de algunos compañeros. En otras palabras, los hallazgos muestran cómo la identidad regional, al ser Colombia un país de regiones, influye directamente en la vida escolar.

Por otro lado, los resultados muestran avances importantes en la promoción de valores como el respeto, la empatía e inclusión, aunque también surgen desafíos en torno a la representación y la reflexión etnorracial, la segmentación socioeconómica y el discurso político. Aunque existen programas que abordan temas como la acción social (FAS), las emociones, la sexualidad (Afectividad) y la educación para la paz (ciudadanía), muchos de ellos necesitan actualizarse para seguir siendo relevantes ante las cambiantes realidades tecnológicas y sociales, comenzando por sus publicaciones, que llevan algo más de 20 años. La investigación destaca la urgencia de profundizar en las cuestiones etnorraciales de Colombia y de fortalecer la participación estudiantil en la gobernanza y el diálogo escolar, con el fin de crear un entorno más inclusivo y socialmente justo.

Las recomendaciones incluyen la revisión y revitalización de los programas educativos jesuitas fundamentales, la promoción del intercambio de buenas prácticas en convivencia y justicia restaurativa entre colegios, y la ampliación de los espacios para el diálogo político y cultural crítico entre estudiantes, familias y comunidades. En síntesis, esta tesis resalta el papel distintivo de la educación jesuita en Colombia como espejo y mediador de las desigualdades sociales, y defiende esfuerzos continuos para convertir nuestros colegios en lugares inclusivos que reflejen la diversa realidad cultural, étnico-racial, económica, religiosa, de género y sociopolítica del país.

¿Por qué dejarnos alcanzar nuevamente por los primeros compañeros? En esa medida, ¿Por qué volver a las fuentes? ¿Para qué jesuitas y compañeros apostólicos hemos de volver la mirada al carisma de la Compañía de Jesús?

Quisiera responder a estas preguntas con dos breves, pero contundentes citas, que sugiero sean leídas con la misma profundidad con que fueron escritas.

1. Todo carisma se nutre de sus orígenes. En tiempos de redefiniciones y mutaciones como los nuestros, es necesario «ser alcanzados por las fuentes», para que la respuesta a nuestra época sea, a la vez, fiel y creativa a la vía abierta por el Espíritu a través de nuestros precursores. Nos es indispensable ponernos a la escucha - «oír lo que hablan» - de lo que vivieron y comunicaron. (Tomado del texto Escritos esenciales de los primeros jesuitas. De Ignacio a Ribadeneira).

2. La adecuada adaptación y renovación de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y a la inspiración originaria de los Institutos, y la acomodación de los mismos, a las cambiadas condiciones de los tiempos. Esta renovación habrá de promoverse, bajo el impulso del Espíritu Santo y la guía de la Iglesia. (Decreto perfectae caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, n°2).

Este dejarnos alcanzar por las fuentes, que trasluce una pretensiosa intención, quiere más bien dedicarse a mostrar de manera tan sencilla una característica que distinguió a algunos de los primeros compañeros y compañeras que caminaron junto a Ignacio. No se trata por tanto de un estudio biográfico concienzudo sino, más bien, de lo que llamamos en nuestro lenguaje digital “una notificación” que nos recuerde la importancia de no desconectarnos de nuestro carisma, de nuestras fuentes. Traerlas al hoy de nuestra vida y de nuestra misión se torna en la posibilidad de responder con autenticidad y fidelidad a las exigencias de nuestro variopinto presente.

(Almazán (Soria), 1512 – Roma 1565)

Las cartas como expresión del cuidado

Este teólogo, sucesor de Ignacio en el generalato de la Compañía, recibió como primera misión de manos del peregrino participar del Concilio de Trento (1545-1563). Incluso, los estudios indican que fue uno de los compañeros a los cuáles Ignacio más exigió y mostró su faceta más recia.

Si bien, escribir cartas no es hoy un recurso tan utilizado para la comunicación, sabemos que el uso epistolar fue fundamental para la consolidación de la Compañía de Jesús, no solo para el gobierno sino también para la unidad y el cuidado entre los miembros de una orden religiosa que tiene por carisma la dispersión apostólica. Al igual que Ignacio, Diego Laínez se valió de la correspondencia epistolar como instrumento idóneo para velar por el cuidado corporal y especialmente el espiritual de los

jesuitas que salían en dispersión a la misión. La carta a continuación es tan solo un ejemplo de esta conciencia de cuidado que permeaba a esta primera Compañía:

De una carta del P. Laínez, General, al Padre Juan de Victoria. Roma, 4 de junio de 1558.

“Diego de Vittoria se ha comenzado a hallar mal en Florencia y de una especie de enfermedad recia, que del todo le hace salir de sí, y es necesario que le tengan cuando le viene aquel mal, dos o tres y apenas creo que basta. Y pasado el mal no se acuerda de nada. Por consejo de los médicos se envía a Génova, para que pruebe aquellos aires; y sino se hallase bien allí, se enviará a España. Este escribo por aviso; mas vuestra reverencia no se fatigue, ni tome pena de ello, porque acá no la tenemos, sino cuanto da la caridad por compasión del mismo. Donde quiera que él vaya tendrá la Compañía cuidado de él.”

«Donde quiera que él vaya tendrá la Compañía cuidado de él». Esta frase resume el valor que para D. Laínez tenía el cuidado de los jesuitas que estaban dispersos por el mundo en el S. XVI. Fue la carta el medio privilegiado a través del cual los jesuitas velaban por el cuidado de la vida interior y la salud espiritual. Aquí otro ejemplo que nos permite entrever como la oración también se convirtió en instrumento de cuidado y de unidad en medio de los tantos kilómetros que separaban a unos jesuitas de otros:

De una carta del P. Laínez a los jesuitas de la India. Roma, 01 de diciembre de 1558.

“…he querido consolarme con vosotros todos, escribiéndoles la presente, en testimonio que los tengo a todos escritos en mi alma, y que en estas partes se ha ordenado que todos nuestros hermanos cada día hagan especial oración por vosotros, no solo en la casa y colegio de Roma,

pero en todas las partes donde reside en Europa nuestra Compañía”.

En esa medida, el espíritu del cuidado que caracterizó a Ignacio, marcó sin duda el talante de una primera Compañía que heredó este modo de proceder. Los jesuitas supieron comprender una intuición que hoy tiene total vigencia: el cuidado de la persona que repercute en el cuidado de la misión.

Al volver a las fuentes podemos preguntarnos: ¿Cuál es el lugar que ocupa este cuidado en nuestras comunidades y obras apostólicas? Como cuerpo apostólico, en el hoy de nuestra Provincia, ¿podemos reivindicar en nuestro quehacer este modo de proceder del P. Laínez que tanto bien hizo a la misión de la Compañía? Quizá ya no a través de cartas que atravesaban los mares a lo largo de prolongados meses, pero sí, con esa conciencia profunda de cuidarnos como cuerpo apostólico, con todo lo que puede significar el verbo cuidar para todos nosotros.

Entre Miedos y Sueños…

En el marco del trabajo articulado entre las obras de la Provincia, nació Entre Miedos y Sueños, una serie audiovisual fruto de la colaboración entre la Oficina Provincial de Comunicaciones, el CIRE (Centro Ignaciano de Reflexión y Espiritualidad) y la Red Juvenil Ignaciana (RJI).

La idea comenzó a gestarse el año pasado, durante el espacio de planeación entre las obras. En ese proceso, y en coherencia con el Año de las Juventudes que vivimos actualmente, la serie surge como una iniciativa orientada a acompañar a los jóvenes desde la Espiritualidad Ignaciana, en diálogo con sus preguntas y realidades actuales.

Entre Miedos y Sueños parte de inquietudes y experiencias propias de la realidad juvenil: la incertidumbre frente al futuro, el miedo al fracaso, la presión por cumplir expectativas, el deseo de encontrar propósito, la búsqueda de relaciones significativas, etc. La serie pone estos temas en diálogo con la espiritualidad, ofreciendo elementos de reflexión que les permita comprenderlos y asumirlos con mayor profundidad.

El rostro y la voz que acompañan este camino es el padre Stivel Toloza, SJ, quien, desde su experiencia pastoral y su cercanía con los jóvenes, ofrece en cada episodio una reflexión espiritual que pone en diálogo estas inquietudes y aporta un mensaje de esperanza en medio de los desafíos actuales.

Los invitamos a conocer este producto, que se publica mensualmente en las redes sociales institucionales, como compromiso de seguir generando propuestas significativas para las juventudes.

Recomendado

Diplomado – Actualización en los Fundamentos Conceptuales y Metodológicos de los Ejercicios Espirituales Ignacianos

Fecha: del 4 de mayo al 4 de junio

Lugar: Instalaciones del CIRE - Cra 10 #65 - 48 y la Pontificia Universidad Javeriana

Modalidad: Presencial y Virtual

Ejercicios de mes

Fecha: del 12 de junio al 14 de julio

Lugar: Casa de Ejercicios Espirituales Villasunción (Bucaramanga, Santander)

Acompaña: P. Mauricio Rojas, SJ

Los esperamos el 12 de junio antes de las 5:00 p. m. y finalizamos el 14 de julio después del desayuno

Ejercicios Espirituales de Provincia

Fecha: del 26 de junio al 4 de julio

Lugar: Casa de Encuentros Pastorales Santa María del Lago (Chinauta)

Acompaña: P. Jhon Jairo Montoya SJ

La experiencia inicia el 26 de junio después del almuerzo y finaliza el 4 de julio después del almuerzo.

Fecha: del 13 al 21 de noviembre

Lugar: Casa de Encuentros Pastorales Santa María del Lago (Chinauta)

Acompaña: Christopher Staab, SJ (USA)

La experiencia inicia el 13 de noviembre después del almuerzo y finaliza el 21 de noviembre después del almuerzo.

Informes e inscripciones: www.cire.org.co - 322 256 3207

La Huerta de Lu y el Sendero Ecológico: aulas vivas para cuidar la Casa Común en el Colegio

Oficina de Comunicaciones Colegio Santa Luisa

En el Colegio Santa Luisa, la educación trasciende las aulas. Aquí, la naturaleza se convierte en maestra y cada espacio verde es una oportunidad para aprender a cuidar la vida. La Huerta de Lu y el Sendero Ecológico integran formación académica, conciencia ambiental y espiritualidad bajo una mirada ignaciana.

Desde los primeros años hasta los últimos grados, los estudiantes viven una experiencia educativa integral que les permite reflexionar sobre su papel en el mundo, actuando con responsabilidad frente a la creación.

La Huerta de Lu: sembrar valores

La Huerta de Lu es mucho más que un espacio de cultivo. Allí, los estudiantes siembran y acompañan los procesos de crecimiento, comprendiendo que la vida requiere tiempo, cuidado y dedicación. Este laboratorio natural fomenta valores como la paciencia, el trabajo en equipo, la responsabilidad y el amor por la naturaleza, en sintonía con el llamado del papa Francisco al cuidado de la «Casa Común».

El Sendero Ecológico: asombro y conservación

Muy cerca de la huerta, el Sendero Ecológico amplía esta experiencia. A lo largo de su recorrido, los estudiantes observan aves, reconocen especies nativas y descubren el funcionamiento de pequeños ecosistemas urbanos. Es un espacio que invita al asombro, a la contemplación y al respeto; donde se aprende a mirar con calma y profundidad el entorno. Mientras la huerta enseña a cultivar, el sendero enseña a conservar.

Ciencia y conciencia en el territorio

Estos proyectos se articulan pedagógicamente a través de experiencias investigativas y formativas. Los estudiantes observan, comparan, investigan y desarrollan proyectos relacionados con la biotecnología, la restauración ecológica y la conservación, fortaleciendo una conciencia crítica y comprometida.

En la huerta se cuenta con una amplia diversidad de plantas hortícolas, aromáticas, medicinales, frutales y ornamentales. La comunidad educativa participa activamente en procesos de cultivo que incluyen especies como tomate, lechuga, albahaca, tomillo, romero, lavanda, ajo, caléndula, orégano, gazania y fríjol. También se encuentran frutales y hortalizas como tomate de árbol, pepino, pimentón, gulupa, lulo, fresa, acelga, ruda, uchuva, salvia, begonia, menta, hierbabuena, cebollas y diversas suculentas.

Un compromiso con el futuro

El diálogo con expertos y las experiencias vividas en estos espacios fortalecen en la comunidad educativa la certeza de que conservar la naturaleza es también un acto de fe, gratitud y responsabilidad. Como dicen los mismos estudiantes: en el colegio no solo se siembran plantas, sino también conciencia, esperanza y amor. Lo aprendido se traduce en acciones cotidianas: sembrar en casa, reducir el impacto ambiental y respetar a todos los seres vivos, cultivando una forma de vivir que protege nuestra Casa Común.

Villasunción: un lugar donde el corazón vuelve a escuchar

En medio del ritmo acelerado de la vida, donde fácilmente perdemos el centro y dispersamos el corazón, la Casa de Ejercicios Espirituales Villasunción continúa siendo un refugio donde el alma puede respirar. Más que una casa de Ejercicios, Villasunción es un espacio de encuentro profundo, de silencio que habla y de experiencias que transforman.

Durante este tiempo, la casa ha venido desarrollando diversas tandas de Ejercicios Espirituales Ignacianos, manteniendo viva la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, que invita a “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”. Cada retiro es una oportunidad para detenerse, mirar la propia historia con gratitud, sanar lo que duele y discernir con libertad los pasos a seguir.

Entre las experiencias que se han vivido y se siguen ofreciendo en Villasunción se encuentran:

- El Triduo Pascual, vivido como un camino profundo de oración y contemplación del Misterio Pascual, acompañando a los ejercitantes a entrar con mayor hondura en la experiencia de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

- Ejercicios para religiosas, espacios de renovación espiritual y fortalecimiento vocacional, donde la vida consagrada encuentra un tiempo privilegiado para el discernimiento y la confirmación de su misión.

- Ejercicios de fin de semana (3 días), una experiencia intensa y transformadora que permite, incluso en poco tiempo, ordenar la vida interior y escuchar con mayor claridad la voz de Dios.

- Ejercicios del mes, una propuesta más prolongada y profunda, apoyada y dirigida por el CIRE, que ofrece un proceso sistemático de oración, acompañamiento y discernimiento al estilo ignaciano.

- Encuentro matrimonial, dirigido por el padre Hugo Nelson Gómez, SJ, un espacio pensado para fortalecer el amor conyugal desde la fe, el diálogo y el discernimiento compartido.

Además, este año Villasunción ha abierto nuevas iniciativas:

- Formación ignaciana, dirigida al público en general, pero con un énfasis especial en los directores de obra de la región Santander, buscando fortalecer el liderazgo apostólico desde el discernimiento y la identidad ignaciana.

- Amigos en el Señor, encuentros dirigidos a personas mayores de 55 años, donde se combinan momentos de oración, una charla formativa, espacios lúdicos y un compar-

tir fraterno alrededor de un café. Una experiencia sencilla, cercana y profundamente comunitaria.

- Ejercicios para mujeres, apoyados por el DPA, que ofrecen un espacio de encuentro personal con Dios desde la realidad femenina, promoviendo sanación interior, fortalecimiento espiritual y crecimiento en libertad.

- Ejercicios de contemplación, una propuesta profundamente ignaciana que invita a entrar en la oración contemplativa como camino para “ver cómo Dios habita y trabaja” en la creación, en la historia y en la propia vida. A través del silencio, la imaginación orante y la repetición de la experiencia interior, estos ejercicios ayudan a gustar internamente las verdades de la fe, pasando del simple entender al saborear espiritual que transforma el corazón.

Cada una de estas propuestas nace del deseo profundo de acompañar procesos reales, historias concretas, búsquedas auténticas. Villasunción no ofrece simplemente actividades; ofrece experiencias que tocan el corazón y generan transformación.

Quienes han pasado por allí suelen decir que algo cambia: se ordenan prioridades, se renueva la esperanza, se fortalece la fe.

Hoy, más que nunca, necesitamos espacios donde el silencio no sea vacío sino presencia, donde la pausa no sea pérdida de tiempo sino oportunidad de gracia. Villasunción continúa siendo esa casa abierta que acoge, escucha y acompaña.

En el marco del especial Experiencias en Compañía, queremos invitarte a conocer —o volver a ver— el capítulo dedicado a los Ejercicios Espirituales Ignacianos en la Casa de Ejercicios Espirituales Villasunción. Allí podrás acercarte a esta obra, descubrir su esencia y dejarte inspirar por las experiencias que allí se viven.

Tal vez este sea el momento de regalarte un espacio para escuchar lo que tu corazón viene pidiendo.

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Crónica de un Cuerpo que Escucha: Encuentro de planificación de la Red Mujeres Jesuitas

Colombia

Red de Mujeres Jesuitas Colombia

“Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias.”

Evangelii Gaudium, Papa Francisco (2013)

“Escuchar es insustituible. Es lo que más que otro factor cambiará las cosas” Decreto 14, Congregación General 34 de la Compañía de Jesús (1995)

El equipo facilitador de la Red de Mujeres de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, junto con un equipo de apoyo conformado por: Daicy de la Hoz, Laura Perdigón, Carolina Sánchez, Ulrike Purrer, Diana Santana, Diana Torres, Katherine Forero, Los PP José Darío Rodríguez, S.J.; Jorge Camacho, S.J.; Hermann Rodríguez, S.J. y los maestrillos Johans Isaza, S.J. y Favio Guerra-Acero, S.J., se reunió del 26 al 29 de enero de 2026 en la Casa de Espiritualidad Villa Claver, en la serranía de Turbaco, Bolívar, donde la tierra se eleva para mirar el Caribe.

El encuentro tuvo como objetivo evaluar el camino recorrido, profundizar en la escucha de las realidades territoriales y definir líneas de acción estratégicas para fortalecer la equidad de género, potenciar la participación de las mujeres y transformar las prácticas institucionales al interior de la provincia.

Primer día - Los ojos: Ver la realidad con profundidad

El 26 de enero, los ojos fueron nuestro eje central. Así, desde una mirada profunda y reflexiva, analizamos la realidad de las mujeres dentro de la Red y en las obras de la provincia, los avances, tensiones y desafíos pendientes.

Reconocemos en este recorrido tanto las resistencias personales y eclesiales, como las dinámicas de construcción colectiva en las que podemos reconocer la voz femenina que nos habita y nos construye.

Ante esa realidad, recordamos con fuerza el origen de esta lucha: un llamado del Espíritu que, hace 30 años, se concretó en el Decreto 14 de la Congregación General 34. Un decreto que interpela a todo el cuerpo eclesial y apostólico de la Compañía de Jesús a revisar críticamente las prácticas y estructuras que reproducen desigualdades de género, en especial aquellas sostenidas por el clericalismo y la concentración del poder.

Entre los avances de la Red durante el año 2025 se destacó:

- Primer Encuentro presencial de la Red con todas las personas que representan a las regiones y obras de la provincia.

- Las reuniones de formación e intercambio sostenidas con disciplina y tesón en modalidad virtual, con representación de todas las regiones y obras transversales de la provincia.

- La generación de la identidad gráfica de la Red como elemento de cohesión y reconocimiento por parte de la Oficina de Comunicaciones de la Provincia.

- Las visitas a comunidades jesuitas de la provincia para realizar jornadas de conversación espiritual en torno al Decreto 14 y al modo de proceder de la Compañía, la Iglesia y la Sociedad respecto a las mujeres.

Entre los principales desafíos, se identificó de manera clara y distinta la ausencia de políticas explícitas de equidad de género en la mayoría de las obras de la provincia. La excepción es la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, lo que evidencia una deuda institucional aún pendiente en los demás espacios.

En este contexto, el Padre Provincial, Hermann Rodríguez S.J., nos invitó a cultivar la paciencia frente a los avances a distintos ritmos de cada comunidad, región y provincia de la Compañía de Jesús. Aunque estamos unidos por un mismo llamado, existen distintas posibilidades individuales y comunitarias, así como diferencias de costumbres y culturas, que hacen que a cada realidad particular le correspondan tiempos y formas propias de respuesta.

El Padre Provincial nos recordó, además, las palabras que el Papa León XIV sobre la sinodalidad entendida como un proceso de transformación cultural en la Iglesia universal, comparable al camino que la Red representa para la provincia Colombiana de la Compañía. Mientras las órdenes y comunidades religiosas hemos vivido esta dinámica desde hace siglos, otros sectores de la Iglesia, especialmente sus estructuras diocesanas, apenas comienzan a descubrirla.

Finalmente, se reconoció abiertamente la oposición, con distintos grados de vehemencia, encontrada en algunas de las comunidades y obras jesuitas. Observamos que muchas de las descalificaciones y acusaciones de “ideologizar el Evangelio”, revelan, precisamente, cuán profundamente arraigados están los prejuicios que comenzamos a cuestionar. Esta resistencia, lejos de desanimarnos, confirma la urgencia y la necesidad del camino que hemos emprendido.

Segundo día - Los oídos: escuchar en las fronteras

El 27 de enero, la práctica de la escucha nos condujo a acercarnos más a las fronteras. En el Santuario de San Pedro Claver en Cartagena, su historia resonó como un eco del presente: el llamado a ir “a las Indias” que asumía Claver como vocación vital, se transfigura hoy en nuestra misión de reconocer a Cristo en los rostros racializados y discriminados de nuestra época.

Es el mismo Cristo que clama en quienes hoy son esclavizados por nuevas dinámicas de exclusión, invitándonos, como Cuerpo Apostólico, a ser presencia viva, atenta y comprometida.

Posteriormente, en la Casa Misión de Punta Canoa, la escucha asumió rostros concretos en el encuentro con un grupo diverso de mujeres jóvenes, adultas y mayores, lideresas que acompañan y coordinan procesos visibles y comprometidos de justicia y dignidad desde la fe en los cinco pueblos de la misión: Pontezuela, Punta Canoa, Arroyo de Piedra, Arroyo de las Canoas y Manzanillo del Mar.

Su testimonio fue un reclamo amoroso y firme, una voz que nos convoca. Nos pidieron la presencia de jesuitas y misioneras que permanezcan, que ofrezcan un acompañamiento cercano y constante, capaz de sostener tanto la llama de su fe como la textura viva de su organización comunitaria.

Escuchamos una espiritualidad encarnada, hecha de manos y obras, una “memoria viva” que interpela directamente nuestras estructuras.

Tercer día - Corazón, manos y pies: sentir, tejer y caminar

El 28 de enero fue el día en que, tras la mirada profunda y la escucha atenta, comprendimos que era el turno del corazón, las manos y los pies. A partir de lo visto y escuchado en la frontera, nos detuvimos a discernir juntos:

- ¿Qué experimentamos?

Una indignación profunda al constatar que la esclavitud , lejos de desaparecer, solo ha cambiado de máscaras.

- ¿Qué confirmaba el Espíritu?:

La centralidad de las mujeres en la construcción de paz, la necesidad imperiosa de reconocer a la otra y de reconciliar desde la verdad. Sentimos colectivamente el deseo de organizar la esperanza.

- ¿Cuáles fueron los llamados?

Fue claro que, al proceso de Reconocer, Resistir y Reconciliar, debíamos sumar el verbo Tejer. Tejer comunidades de discípulas y discípulos misioneros, capaces de sostener la esperanza en la acción y en el tiempo.

Para caminar en esta dirección, se propusieron herramientas concretas. En primer lugar, se reconoció y valoró la propuesta de Ejercicios Espirituales con enfoque de género ya elaborada por el Padre Uriel Salas, S.J., como un aporte significativo para la Red. Se acordó experimentarla e implementarla progresivamente, discerniendo sus frutos en la práctica y ajustándola según lo que la realidad y el Espíritu vayan revelando.

En coherencia con este camino, durante 2026 se ofrecerán Ejercicios Espirituales de mujeres para mujeres: del 15 al 18 de mayo en Bucaramanga y del 6 al 8 de noviembre en Pasto.

Asimismo, se propuso promover círculos de reflexión sobre nuevas masculinidades e interseccionalidad, como espacios de escucha y aprendizaje mutuo que nos permitan ampliar la comprensión de nuestras relaciones y responsabilidades en la misión.

En este horizonte, el testimonio de dos mujeres misioneras en el cuerpo apostólico se convirtió en un signo elocuente. La presencia de Ulrike Purrer (Uli), misionera laica alemana, doctora en teología, con trece años de experiencia en Tumaco acompañando a comunidades afrodescendientes junto a los misioneros combonianos, y ahora inserta en la subcomunidad de la Casa Misión de Punta Canoa junto al Hermano Diego Molina, S.J. y el Padre José Gabriel Gómez, S.J. encarna nuevas formas de vinculación y corresponsabilidad en la misión compartida. Su itinerario vital y teológico recuerda que la inserción, la escucha y la perseverancia configuran un modo profundamente evangélico de habitar el territorio y el cuerpo apostólico.

Del mismo modo, Daicy de la Hoz, quien junto a su esposo Juan Francisco Rodríguez anima y administra la Casa de Espiritualidad Villa Claver, no solo nos acogió con generosidad, sino que testimonia una espiritualidad encarnada en el Caribe, abierta a la comunidad y a los visitantes mediante Ejercicios Espirituales y retiros de silencio.

Ambas, desde sus contextos y vocaciones, animan a otras y otros a caminar desde la esperanza, abrazando la sinodalidad como camino concreto para construir una Iglesia que escucha y en la que las mujeres pueden asumir, desde su propio llamado, nuevos lugares y responsabilidades dentro del cuerpo apostólico.

Seguimos también reconociendo el examen ignaciano como una herramienta privilegiada para identificar los “afectos desordenados” que pueden frenar, desviar o ralentizar el trabajo de la Red tales como el miedo a la diversidad, y las inercias de costumbres normalizadas que nos impiden conectar con nosotras mismas y con las demás.

La conclusión del día se planteó como una tarea a la vez sencilla y difícil: debemos meternos en la realidad y permanecer en el amor. Sólo desde allí es posible transformar verdaderamente las estructuras de la injusticia.

Cuarto día - El faro, la barca, el mar y el mapa: síntesis y envío

El 29 de enero, la síntesis tomó forma de imágenes que navegan. Los llamados discernidos a lo largo del proceso se concretaron con responsabilidades definidas:

- Se concluirán las visitas a las comunidades Jesuitas y se hará un documento que se devolverá a las comunidades como reflexión de lo conversado.

- Fortalecer la participación y comunicación con equipos regionales.

- Articular la Formación, la Espiritualidad y la Divulgación como ejes transversales del proceso.

- Crear Círculos de Escucha y Memoria Viva con facilitadoras en cada obra.

- Diseñar e implementar una ruta formativa común durante 2026.

Y entonces, llegó la imagen final para el envío:

El Faro (Lo que nos llevamos claro): Nuestro lugar es ser puente. Puente entre los territorios y la institución, entre el clamor del Espíritu y la esperanza organizada. Es la escucha del dolor que se nombra como misión.

La Barca (Lo que necesita cuidado): La vida interior (¿servimos desde la paz o la presión?), el tono (firmeza sin dureza) y la escucha (sabiendo que no estamos solas, que somos red).

El Mar (Lo que no controlamos): Las resistencias culturales, los tiempos institucionales (como el cambio de provincial en 2026), las diversas respuestas de las comunidades, las

heridas de los contextos. Recordamos la invitación evangélica: anunciar y, si no somos recibidos, sacudir el polvo.

El Mapa (Los primeros pasos):

1) Seguir escuchando clamores, mociones, riesgos y semillas de esperanza.

2) Sistematizar para descubrir patrones y hallazgos.

3) Aportar a una política provincial con enfoque de escucha segura, cuidado y mecanismos reales de prevención y atención.

Conclusión: Un Cuerpo Sinodal en Marcha

Este encuentro en Villa Claver fue más que una reunión de planificación. Fue un ejercicio de mística política, la acción de un cuerpo que, al poner atención a cada uno de sus miembros, se abre a una sinodalidad real, inclusiva, recíproca, delicada y perseverante en el amor.

Se confirmó que la Red de Mujeres no es un apéndice, sino un nervio vital de una misión de reconciliación y justicia que sólo será creíble en la medida en que la Iglesia y la Compañía se reconcilien consigo mismas, erradicando las exclusiones de género que aún las atraviesan.

Este camino no es sencillo, hay resistencias y se requiere paciencia histórica. Pero también hay una urgencia evangélica, la misma que movió a Claver: Reconocer a Cristo en quienes el mundo desecha.

Hoy, ese Cristo tiene rostro de mujer, negra, empobrecida, explotada y vulnerada; y, al mismo tiempo, profundamente inspirada y consciente de su dignidad y fuerza.

Y este cuerpo, que ha aprendido a mirar, a escuchar y a sentir, se pone ahora en marcha para tejer, caminar y cuidar, confiando en que la misión es de Dios. Nosotras y nosotros solo la reconocemos, la transparentamos y ayudamos a sostenerla como don y tarea.

Agradecemos profundamente a Daicy De la Hoz y a su esposo Juan Francisco Rodríguez, así como a Cindy Palacio, Oladys Peñate y Carmen Del Río, Wilson De la Hoz y Cesar Escandón, por su acogida generosa y su hospitalidad entrañable, que hicieron de este encuentro un verdadero hogar y taller.

Que el Espíritu, nos siga moviendo para seguir soñando juntas lo imposible y que un día cualquiera nos permita despertar en una tierra más humana y más divina.

HMujeres: el corazón latente de nuestra misión en Colombia

Jorge Alberto Camacho, SJ

Asistente para la formación del Cuerpo Apostólico

oy, la vitalidad de la Compañía de Jesús en Colombia tiene rostro de mujer. No se trata solo de una percepción: las mujeres representan el 58,1 % de nuestro Cuerpo Apostólico (11.270 colaboradoras) y, en un hito histórico, han roto el “techo de cristal” al ocupar el 51,4 % de los cargos directivos.

Este protagonismo no es un accidente estadístico, sino una expresión de nuestra identidad ignaciana. Al pasar de roles operativos a asumir la responsabilidad carismática de la dirección, las mujeres se han convertido en verdaderas compañeras en la misión, demostrando que el carisma ignaciano es un don que florece en diversas vocaciones.

... las mujeres representan el 58,1 % de nuestro Cuerpo Apostólico (11.270 colaboradoras) y, en un hito histórico, han roto el “techo de cristal” al ocupar el 51,4 % de los cargos directivos...

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Aunque los números son sólidos, nuestras estructuras aún deben ponerse al día con esta realidad. Según nuestro sistema de información, solo ocho obras de la Provincia cuentan con políticas explícitas que promueven la participación, la protección y el liderazgo de las mujeres, mientras que once afirman tener buenas prácticas. Esto indica que, como Cuerpo Apostólico, aún no somos plenamente conscientes de la necesidad de consolidar un respaldo institucional en favor de la equidad de género, paso fundamental para crecer en la sinodalidad de nuestro modo de proceder.

Hacia una comunidad de pertenencia profunda

Como Cuerpo Apostólico, estamos llamados a una transformación mutua: a generar cada vez más espacios de seguridad y confianza donde compartamos la misión y transformemos nuestras prácticas.

En este sentido, la Red de Mujeres de la Provincia Colombiana ha identificado algunos desafíos en el área de formación del Cuerpo Apostólico:

1. Desmantelar “falsos dioses”: identificar ídolos como el perfeccionismo o el éxito, que el entorno social suele imponer con mayor fuerza a las mujeres.

2. Formarnos en la escucha real: crear espacios de conversación espiritual donde ellas puedan compartir sus “no negociables”, su fe y su afecto por la misión con plena seguridad.

3. Dejarnos transformar: que los jesuitas y los laicos varones aprendamos a ser ayudados y renovados por la experiencia de Dios que las mujeres comunican.

4. Recorrer itinerarios de pertenencia profunda: construir vínculos transformadores entre mujeres y hombres como forma de encarnar nuestra misión de reconciliación y justicia.

Queremos que cada mujer en nuestras obras, no solo ejecute tareas, sino que le permitamos ser “fuego que enciende otros fuegos”. El camino debe llevarnos a sentirnos cada vez más verdaderos compañeros y compañeras en la misma misión de Cristo, de modo que las mujeres de nuestro Cuerpo Apostólico experimenten una pertenencia profunda, de corazón y voluntad, a la misión de la Compañía.

H. Zoila Cueto

Villamán, RA

Alix Niño: Les damos la bienvenida a este segundo episodio de Un Café con. Hoy nos acompaña la hermana Zoila Cueto Villamán, religiosa apostolina, a quien le damos una bienvenida muy calurosa. Muchas gracias por acompañarnos en Un Café con.

Zoila Cueto: Gracias a ustedes por la invitación.

Alix Niño: Hermana, estamos en cuaresma. ¿Cómo te preparas? ¿Cómo se prepara tu comunidad normalmente para este tiempo litúrgico que es muy importante para la Iglesia?

Zoila Cueto: La Cuaresma para mí, y retomando también una idea que escuché el domingo en la noche con el padre jesuita. Nosotros vamos a misa a La Soledad y la celebra José Leonardo, tu tocayo... Y él decía un ejemplo muy sencillo: que la Cuaresma es como cuando uno lleva el carro al taller para que lo miren exhaustivamente a ver qué tiene, qué pasa, mejorarlo. Yo cogí ese ejemplo para mi vida y miraba que la Cuaresma es donde tú te das la posibilidad de descubrirte habitada por Dios. Porque muchas veces tenemos tanta actividad. Yo le decía padre: “acá eso es imposible, porque mire, yo estoy en Engativá, llegar aquí”…, pero mirarla desde el silencio y decir es una posibilidad de mirarnos y de mirarme, para ir también acomodando aquello que hay que acomodar. También es importante en Cuaresma hacer el silencio y que no se nos quede como un momento de sacrificio, sino un compromiso con la vida, con la sociedad, con lo que podemos aportar a la transformación.

Toño Pepe: Bueno Zoila, muchas gracias por aceptar esta invitación. ¡Qué bueno compartir! Eres una compañera y hermana en la misión. En esta partecita vamos a saber un poquitín de tu vida. Sabemos que eres de República Dominicana, ¿cómo es la cultura en Dominicana? Quiero también introducir algo personal. Yo interactué con ustedes. Fui a Ponce, Puerto Rico, en el año 91 - 93, a dar ejercicios. Allá viví en la casa de ustedes con la hermana Serapia y otras hermanas,

muchas y de otras congregaciones. Y también cuando empezaba por allá mis primeras clases en la Facultad de Teología de la Javeriana, tuve algunas alumnas apostolinas. Muy bueno estar aquí otra vez en territorio apostolina.

Háblanos de la República Dominicana, de tu gente, de tu familia, de la cultura. Es el Caribe puro: bachata y merengue.

Zoila Cueto: ¡Bachata y merengue!

Yo soy de frontera, aunque no nací en la frontera. Nosotros somos catorce: siete y siete hermanos, y siete nacimos en la parte norte de la isla y siete nacimos en la frontera con Haití. Soy una mujer campesina, de la gente también empobrecida de República Dominicana. República Dominicana no sólo es solo ir de paseo a Punta Cana, no es solo Punta Cana, tiene otras condiciones donde yo hago parte también de esas condiciones. En Dajabón están los jesuitas y está nuestra comunidad, están las hermanas, pero los primeros que llegaron ahí fueron los jesuitas, tienen más de 100 años en la frontera. Siempre pensé que de los curas solo existían jesuitas, que no había otros, por ser también campesina y muy cercanos.

República Dominicana tiene una dinámica, o sea, culturalmente hay tres elementos como que lo van definiendo: la bachata, el merengue y el béisbol. Son gente muy trabajadora, aunque quizás con esa relación de Haití, muchas veces yo siento que han perdido esa dinámica. Desde chiquita fui jornalera, trabajé con mi mamá por paga, en finca, en cosechas. Siento que esta nueva generación como que ha perdido eso. Cuando yo estoy trabajando con las mujeres, yo misma me digo: “oye, yo fui explotada desde chiquita”, se supone que una persona no tenga que trabajar así, pero doy gracias también porque eso me hizo ser como muy fuerte. También como mirar que las mujeres tenemos mucho que aportar. Nosotras las mujeres, que somos siete, yo siento que aportamos mucho más que mis hermanos.

Es un país que comparte con Haití, pero tienen una dinámica totalmente diferente, o sea, idioma diferente. En Haití se habla francés porque fueron colonizados por Francia, pero ellos construyeron un idioma de resistencia que es el creole. Es muy difícil de entenderlo. Cuando yo crecí la frontera era herméticamente cerrada, ni nadie podía cruzar ni de aquí, ni para allá. Pero ahora es un bonche en mi pueblo. Los lunes y los viernes abren la frontera para que los haitianos vengan a comprar. Eso ha posibilitado que los dos países se alimenten económicamente, porque no solo es llevar de República Dominicana, es que compran en República Dominicana. Eso ha sido muy bonito.

En mi tiempo decían que mi pueblo era el pueblo de la intelectualidad, porque estaban los jesuitas y después llegaron las hermanas. Las hermanas tienen como 80 años allá. Es la primera misión que tienen las hermanas después de la fundación. Dajabón dicen que es un término que pusieron los haitianos: Dajao Bonne; Dajao es un pez en el río Masacre que divide la frontera, ellos pescaban y decía Dajao Bonne, Dajabón. No conozco mucho de República Dominicana como tal; conozco mi pueblo, yo me pierdo en Santo Domingo. Conozco más de Colombia que de República Dominicana, pero siento que somos muy hospitalarios. Tú preguntas, si te sientes perdida: “oye, ¿dónde está esta calle?” La gente va y te acompaña. Hay otro dinamismo como caribeño. Los caribeños tenemos como otra forma de ser. Cuando yo llegué aquí en el 87, me costó mucho. En ese tiempo ni el sol salía en Bogotá, todo era muy gris y yo lloraba y decía: “Dios mío”. Venía de donde nos abrazamos, nos quedábamos así para darle besos, para dar el beso de salud. Pero ya eso aquí ha ido cambiando muchísimo. Es un abismo de lo que yo llegué hasta ahora. No había gente afro en Bogotá. Yo me encontraba con gente y se echaban la bendición. No sabía por qué, después investigué. Eso es República Dominicana, pero yo me he hecho mucho en Colombia. 38 años como que te va marcando mucho.

Alix Niño: Hermana, nos estabas contando de la influencia jesuita dentro de República Dominicana, pero también de tus hermanas. Cuéntanos, ¿quiénes son las hermanas?

Zoila Cueto: Las Religiosas del Apostolado, no sé cuándo llegaron allá, pero dicen que tienen 80 y muchos años, 85 creo. Es una historia muy dura, el por qué los jesuitas llegaron allá. Trujillo, que fue un dictador, buscó a los jesuitas, aunque ya los habían sacado y volvieron, porque los jesuitas yo no sé cómo que los países que van los sacan y vuelven y entran.

Toño Pepe: Es una historia muy agitada.

Zoila Cueto: Entonces Trujillo los llevó, estaban en Santo Domingo, pero los llevó a la frontera con el único propósito de que blanquearan ideológicamente la frontera. porque nosotros estamos compartiendo una isla con Haití. España hizo como que la pugna entre los dos países. Entonces los dominicanos se sentían como el mismo Trujillo, que era como mucho más importante que los haitianos, pero se veía que había mucha relación. Él estratégicamente llevó a los jesuitas para que blanquearan ideológicamente la frontera. Llevó a los españoles, porque era bobo y bruto, también llevó los japoneses con el fin de que se blanqueara la pigmentación de la frontera. Eso nunca se dio. Primero que los japoneses no se unen con nadie. Y las colonias españolas, yo nunca vi un español, a menos que no fuera jesuita. Se llama colonia española, pero ellos se fueron rápido, se fueron para otro lado donde había más movimiento de dinero. Llegar a Dajabón en ese tiempo era como llegar a Mosquera, Nariño, que tú solo puedes entrar en barco. Era difícil por la distancia, por las condiciones que se vivía allá. Los jesuitas pues le hicieron, como dicen, conejo a Trujillo, porque ellos fundaron un colegio que tiene historia, tiene fama. Ya la convirtieron en universidad, pero ellos no quisieron que la gente perdiera su identidad. Jamás lo hicieron.

Yo no estudié ni con las religiosas, ni estudié con los jesuitas. Además, allá era muy marcado las niñas con las religiosas, los varones, como decimos en la costa, con los jesuitas. Las hermanas llegaron también a esa misión con un propósito. Nosotras fuimos fundadas en Cuba por un jesuita y, lo que decía en ese tiempo, una desobediencia profética, porque los jesuitas no permitían que se fundaran comunidades religiosas. Antonio José debe saber más que eso, pero el padre sintió la necesidad, esa chispa que a veces sentimos, de que era necesario fundar una congregación que diera respuesta a esas realidades que vivían la gente de los cañaverales. Desde estudiante, desde maestrillo me imagino, porque no estudió allí la Teología, la estudió en Washington, en un lugar de los Estados Unidos, él decía que la sociedad había que regenerarla, y él pensó que de la única manera era a través de religiosas que fueran allá. Él buscó la posibilidad de que la educación fuera un trampolín, no como en sí misma, sino como trampolín y nos fundó. Nos fundó a nosotras como mujeres. Fuimos fundadas en Cuba y de Cuba se saltó a Dajabón, o sea, es nuestra primera misión que tenemos de este lado. La situación muy dura, muy dura y las religiosas lo que hacían era que, de las comunidades de vereda, que allá se le dice campo, traían las muchachas y la internaban porque la situación era muy difícil de transitar. Ahí estamos en el Colegio La Alta Gracia.

Alix Niño: Y hermana, ¿qué te movilizó el corazón para decidir (ser religiosa)?

Zoila Cueto: esa es una historia mija, que cuando me preguntan yo digo: “bueno, no sé, el Señor se vale de muchas cosas”. Yo soy de colegio público, de escuela pública, de liceo, allá no se dice colegio sino liceo público y como todo lo público, por lo general, a los pobres nos dan una pobre educación. Yo me empecé a acercar a las religiosas y sobre todo a los jesuitas; como buscando algo y no era algo físico sino decía: “a esta comunidad, con mi campo hay que hacer algo”. Porque yo sentía que a nosotros nos utilizaban,

en un contexto electivo nosotros significábamos; pero en un contexto que no era electivo pues no les importaba. Es así que yo caminaba siete kilómetros para ir al liceo, todos los días, siete de ida y siete de venida. Cuando llovía había que llevar los zapatos en la mano, por supuesto que íbamos descalzos. Tengo 38 años que salí de allá y voy a cumplir 42 años de ser religiosa. Todavía no hay carretera y uno dice: “aquí, ¿qué pasó?, o sea ¿qué está pasando? ¿cómo es esto?” Uno ve que ese olvido estatal marca mucho y eso fue lo que me movió, lo social. Con decirte que yo no me preparé para la primera comunión. El obispo estaba dando la comunión y yo me paré, comulgué y ya. Desde ahí, ya no tenía que prepararme porque ya había comulgado. La ceniza, por primera vez, me la puse cuando entré a la vida religiosa. No vengo de una vida, de una familia muy practicante; pero dos cosas nos enseñaron: la honestidad y la responsabilidad. Mi papá era muy justo y eso fue impregnando mi ser. Yo decía que si entraba a la vida religiosa era por el padre Orlando Espín, cubano, estaba en Miami y era diocesano. Él entró a la Compañía y él fue el que me motivó, vio algo, pero yo no sé qué vio. Yo entré, sin mucho preámbulo, sin ir a psicólogo, porque ahora para entrar a la vida religiosa hay que hacer todo un proceso. El camino de Dios.

Toño Pepe: ¿Te lanzaste?

Zoila Cueto: Me lancé, pero yo creo que es como Dios lo va agarrando a uno, cómo te agarra. Porque yo no tengo por qué de ser religiosa; es decir: “ah, es que mi tía era religiosa o es que mi primo… no”. Uno de mis hermanos entró a los jesuitas, pero después, cuando iba a entrar a Teología, salió.

Alix Niño: Bueno hermana, nos contabas al inicio de la entrevista que te emociona mucho trabajar con las comunidades afrodescendientes y tienes experiencia trabajando aquí en Colombia con ellas, ¿cómo ha sido esa experiencia? ¿Cómo fue?

Zoila Cueto: Pues mira, en la universidad había un grupo de personas extranjeras afro, porque

nunca vi una persona afro estudiando en la Javeriana, sino la mayoría éramos extranjeros. En la Teología nosotros empezamos a mirar un grupo de personas, así medio inquieta, dentro de ese grupo había una gran cantidad de jesuitas africanos. Entonces nos preguntábamos: “¿la teología qué es lo que dice para nosotros?, o sea, ¿qué dice la teología sobre los afros?” Y empezamos como a mirar cosas, a cuestionarnos. A mí me costó mucho la universidad porque yo no tenía base, al único que le sacaba una buena nota era el padre Baena, SJ.

Toño Pepe: Famoso padre, Gustavo Baena.

Zoila Cueto: Con el resto sacaba 3.5, 3.2, 3.4 y cuando yo sacaba un 4.0, eso era un goce. Me costó muchísimo estudiar o por lo menos el pregrado. Mucho. Pero veía que la Biblia y la Teología tenían algo que decir por las condiciones que nosotros vivíamos y sobre todo porque el padre Baena decía que: “el mal, el mal había que sacarlo de raíz” y él nos daba profecía. Entonces todo eso fue moviendo mi ser. Yo trabajaba con el Distrito aquí en Bogotá, pero para Fe y Alegría, y yo renuncié para irme. Claro, todo concertado porque uno no puede tomar decisiones; concertamos con La General sobre por qué no abrimos una misión en otro lado. Y mirando, la población afro aquí es una población de lo más marginada, entonces abrimos en Mosquera, Nariño, y allá vivimos con Serapia. Cuando decía Mosquera, no era Mosquera, Cundinamarca, la gente no conocía que era Nariño y nos fuimos a vivir allá.

Toño Pepe: Eso es en el Pacífico.

Zoila Cueto: Pertenece a Nariño porque es un municipio, pero todo es por agua. Es una aventura. También me hizo ir concientizándome de la necesidad que tiene el pueblo afro de acompañamiento. No estoy acompañando en este momento pueblo afro, pero lo poco que he reflexionado sobre la Biblia y eso, no como los jesuitas, sino más popular, es desde la perspectiva de la mujer

afro, porque el pueblo afro está demasiado marginado, pero para las mujeres eso se triplica.

Alix Niño: Claro. ¿Alguna situación particular que te gustaría compartirnos sobre cómo fue esa misión allá en Mosquera?

Zoila Cueto: La realidad de allá, además del empobrecimiento, es porque en el año 79 hubo un maremoto-terremoto en el Pacífico, que bajó la capa vegetal, la productiva la bajó, entonces es uno de los municipios más empobrecidos que tiene Colombia, porque no se produce nada, todo hay que llevarlo desde fuera. Y estando allá, con los procesos organizativos territoriales, con las comunidades negras, los consejos comunitarios, Truda (una religiosa apostolina) trabajaba haciendo casas, mesas, sillas y cosas para la comunidad en el casco urbano, y Serapia trabajaba en toda la parte pastoral. En el 2001 hubo una incursión paramilitar muy requetefuerte. Nunca el país va a saber la cantidad de personas que asesinaron. Muchas.

Dentro de los muchos hechos, yo caminaba con los consejos comunitarios y la mayoría eran casi todos hombres, porque esa es otra cosa que las mujeres muchas veces creemos que estamos para cocinar en el campo, en la vereda, pero nunca para tomar decisiones, para estar...

Toño Pepe: para el liderazgo de la mujer.

Zoila Cueto: Claro. Yo les decía: “no podemos seguir así, o sea, porque el papel de la mujer es supremamente fuerte, importante”. Me tocaba salir con los hombres. Hubo dos hechos muy fuertes. Uno, que, estando Uribe de presidente, él dijo que la ley 70 había que derogarla. La ley 70 es la ley de comunidades negras. Y donde encontraban coca sembrada, despropiaban ese terreno. Con los consejos comunitarios hicimos una ronda para mirar qué cantidad de coca hay sembrada y qué cantidad de pan cogerá el sembrado, para poder hacer los reclamos. En eso uno de la línea, que son los narcotraficantes,

que son los dueños, le dijeron que yo estaba saboteándole todo el proceso y que sabía la cédula de él, que no era cierto, y que era religiosa… Él me buscaba porque era religiosa y entre comillas pareciera que tenía más poder que los mismos del consejo comunitario. Él me mandó a asesinar. Eso fue una de las cosas que más me dolió. Ellos buscaban una monja y yo andaba vestida así. Eso me salvó. Fue donde Doña Matilde, una señora de allá, Doña Matilde se la pilló y le dijo: “pero, ¿qué pasa con la hermana Zoila?” y sacó la pistola y dijo: “no, es que mi jefe la mandó a pelar porque está saboteando esto que estamos haciendo acá”. Nosotras las religiosas pusimos una emisora, pero no lo podían decir ahí, no podían decir todo. Por agua todo es supremamente costoso, porque de aquí a la Curia, si tú no tienes 200 mil pesos no te puedes mover porque todo es por agua; toca buscar motor, toca buscar gasolina, toca buscar de todo… Me mandaron a decir que no volviera a la comunidad y yo decía: “pero ¿qué hice?, ¿por qué me mandan a decir eso?” Uno va a donde la comunidad te quiera, si no te quiere pues no. Y no volví. Pero después yo le pregunté a una señora y la señora se echó a llorar, y le dije: “pero ¿qué pasó?” Me dijo: “ay hermana, que usted estaba muy caliente allá, a usted la mandaron a matar y no la mataron porque doña Matilde dijo que usted estaba en Zatinga”. Y después dijo: “no, no, ella viene de Bogotá”. Ella se pilló y dijo que yo no vivía ahí, pero ellos buscaban una religiosa con hábito.

El otro hecho fue cuando asesinaron la hermana Yolanda Cerón allá en Tumaco. Veníamos a celebrarle una eucaristía en Cali y me encargaron que yo organizara la eucaristía. Yo venía y un paramilitar me preguntó que llevaba ahí. Yo le dije que una langosta. Él me dijo: “¿usted no lleva droga?” Yo le dije: “yo quiero tanto y aprecio la vida que no soy capaz”. Yo lo estaba de alguna manera confrontando. Él llamó al jefe. Él, el costeño llegó con su fusil. Sentí que él quiso intimidarme arreglándose el fusil, el fusil me pegaba aquí (en el pecho). Me eché para atrás. Él

me decía muchas palabras muy feas. Me insistía que yo era guerrillera y qué estaba haciendo en ese moridero. Yo decía: “lo que hacen las mujeres de acá”. Porque en el fondo la dignidad no me la da ser religiosa. Yo primero soy una mujer negra, cristiana, y después religiosa. No quería decir que era religiosa. Yo le decía: “lo que hacen las mujeres de acá” y con mi cédula, yo todavía era extranjera, ahora soy nacionalizada. Él decía: “¿usted cree que yo me estoy chupando los dedos?” No se daba cuenta que todo extranjero tenía una cédula de Bogotá. Insistía diciéndome muchas malas palabras, y yo le sonreía. Yo sonrío cuando tengo mucho nervio. Entonces eso lo ponía muy nervioso. Ya yo sabía que si él no me entregaba la cédula era porque me iba a matar, porque ellos tenían esa práctica. Me dijo: “¡suba!”. Yo le dije: “deme mi cédula”. Él me la dio y yo iba más tranquila. Pero ese hecho fue muy duro; sentir el frío del fusil en tu pecho. No me dio miedo eso. Tuve miedo cuando miré el río, yo dije que, si él no me entregaba la cédula, yo me tiraba al río. Yo no sé nadar, un río con un barco moviéndose el mejor nadador se queda ahí, porque el remolino lo deja ahí. Yo dije: “prefiero morirme acá”. Era una práctica de que ellos arrancaban con la lancha rápida, después de que el barco salía, y te sacaban y te hacían de todo, y después te mataban y te tiraban al mar. Yo decía: “es bueno que mi familia sepa cómo yo morí”. Y miré el río, me acordé de mi familia, de mi papá, mis hermanos, mi mamá… Uy, ahí empecé a ser como Puchito, pero no quería que me viera porque no quería que él creyera que yo tenía miedo. Yo me estaba muriendo del miedo, pero lo disimulé. Y así muchas cosas.

En Buenaventura también. Viví seis años y fueron también de dolor, incluso de sentir que mi cerebro no aguantaba tanto asesinato. Yo colaboraba con el banco de datos del Cinep, y estar en eso era ver cómo la vida vale tan poco. Se me empezó el cerebro (a enfermar). Menos mal que me limpiaron con sanación pránica. Yo también practico la sanación pránica, pero estaba a pun-

to de estallarse de muchos hechos que vi. A un muchacho lo agarraron, lo amarraron, las dos manos, los dos pies, en una silla donde no podía moverse y le pusieron dos varillas en los ojos. Para mí eso fue mortal, sentir como el dolor que ese muchacho podía sentir. La novia lo denunció y al otro día la novia apareció muerta.

Toño Pepe: Zoila, hace un momento nos hablabas de un trabajo con Fe y Alegría. Sabemos que para ti Fe y Alegría también ha sido un espacio misional, social, apostólico, muy importante. En este mismo momento estás vinculada. ¿Cómo ves a Fe y Alegría, ese movimiento de educación popular, ya un poco más de 70 años de fundado en Venezuela? ¿Qué perspectivas y proyecciones le ves?

Zoila Cueto: Lo poco que sé lo he aprendido en Fe y Alegría. Cuando yo llegué a Mosquera, ahí sí es verdad el adagio que dice: tuerto es rey en la ciudad de ciegos. Yo todo lo que aprendí en Fe y Alegría se lo compartí a los profesores de allá para que pudieran también levantar la calidad de educación. El Pacífico en sí, todo el Pacífico pareciera otra Colombia, totalmente diferente a Bogotá, pareciera que se rigieran por una ley de educación diferente. Esa es la causa del empobrecimiento del Pacífico. Creo yo que una de las causas es la educación. Yo duré desde el 87 hasta el 2000 trabajando en Fe y Alegría. Aprendí muchísimo, más que lo que pude aprender en la universidad. Luego estando allá tuve que volver porque acompañaba a mamá de desaparecidos en Buenaventura y tampoco para que me amenacen y yo me quede muerta de risa. Esa gente si mata un cura o una religiosa coge fuerza, para ellos es un trofeo. Entonces vine para acá. En ese momento el director nacional era Víctor, él fue él me dijo: “vente para acá, no puedes seguir, te matan, vente que aquí hay trabajo”. Entonces yo vine y me vinculé de nuevo a Fe y Alegría. Nunca dejé de estar porque las hermanas estaban allá, ellas vivieron 47 años en Palermo Sur.

¿La perspectiva en este momento de Fe y Alegría? Yo creo que es un desafío padre, un desafío muy

fuerte para la Compañía, porque lo que nosotros hacíamos hacía 53-55 años aquí en Colombia, en este momento es diferente porque estábamos donde había ausencia de Estado; las hermanas todas eran religiosas, todos los colegios tenían comunidades religiosas, en este momento no, porque no se puede, porque somos poquísimas, la mayoría nos pusimos viejas, ya muchas murieron. En este momento yo creo que hay que ser supremamente creativos y creativas, y estratégicos para ver cómo nosotros podemos permanecer. Porque es muy importante la apuesta de Fe y Alegría por ser educación social integral y popular, con una base profunda de Pablo Freire, pero también del propio fundador José María Vélaz, el jesuita que fundó debido a unas condiciones en los barrios de Caracas, condiciones muy duras que se vivían. Él llevaba a los muchachos de la universidad para sensibilizarlos frente a esa realidad y desde ahí surgió Fe y Alegría. Creo que es muy importante Fe y Alegría para Colombia, en estos lugares donde la educación es pésima. Como esto es administración, depende quién esté en el Estado.

Toño Pepe: Zoila, sabemos que tú también has sido líder en la vida religiosa afro, ¿cómo ha sido eso y cómo ves sinceramente el papel y las posibilidades de la mujer en la vida de la Iglesia?

Zoila Cueto: Su merced como un gran jesuita sabe que si tenemos Iglesia hoy fue por las mujeres. Eso es indiscutible.

Toño Pepe: A cualquier comunidad o parroquia que uno va, quienes sostienen son las mujeres.

Zoila Cueto: Son las mujeres, pero desde antigüedades. Porque quienes empezaron a mover la propuesta de Jesús fueron mujeres. Aunque a mí me apasionan las mujeres del Antiguo Testamento, pero fueron mujeres que dinamizaron toda la propuesta de Jesús y las mujeres, como dice el padre, en lo recóndito, donde no llega nadie, allá una religiosa que está aportando y que está sosteniendo la comunidad y que le está ayu-

dando. Creo que nosotras las mujeres tenemos un papel muy importante que muchas veces no nos lo creemos; no estamos solo para leer cuando no haya quien lea o para dar catequesis y cosa de esa. El papel debe ser un poco más decisivo, que sepan que estamos ahí, que nos vean que estamos ahí. Eso en la vida religiosa grande. En cuanto ya lo específico de la vida religiosa afro, eso fue una lucha que hemos emprendido, porque nosotras tenemos nuestra cultura diferenciada, una estructura de vida religiosa. Tenemos una estructura supremamente europea y muchas veces nosotros no cabíamos ahí: hablábamos muy alto, decían que no teníamos la gravedad religiosa, la solemnidad religiosa, por lo general somos voluptuosas, creemos en la hierba, en la medicina natural de la hierba y todo eso chocaba. Eso no es cierto. Todo el mundo tiene sus debilidades, tiene su fuerza, no somos rara. Y en la vida religiosa yo empecé a exigirle a la CRC que teníamos que tener una comisión de vida religiosa para que nosotros pudiéramos alimentar la vida religiosa y la vida religiosa pudiera alimentarnos a nosotros. No es una vida religiosa afro, porque eso no existe. Existe la vida religiosa, pero nosotros dentro de la vida religiosa no queríamos dejar de ser nosotros. Se diluye. Yo estaba consciente que donde hay jesuita hay fuerza. Y la gente le escucha. Entonces con un gran grupo empezamos en el 98 a decirle a la CLAR: “necesitamos una comisión AFROCLAR en cada seccional donde están las conferencias”. Eso permitió también que nos respetaran, nos visibilizaran y nos ayudaran también a sostenernos. Es muy difícil estar en una comunidad donde siempre te estén criticando y donde no valoren tu aporte genuino que tú traes de tu familia. Yo traigo el ser responsable, la honestidad, con toda la debilidad que tengo, de luchar por la justicia, de ser sincera. Eso yo lo aprendí en mi casa. Son cuestiones que no se negocian, porque lo que tú aprendes en tu casa, tú nos lo negocia. En la vida religiosa muchas veces había cosas que chocaban. Un padre me dijo: “Zoila te queda para que te vean”. Siento que soy apasionada por lo que hago, pero también siento

que soy llamada por Dios. No me quedo aquí por capricho, porque ¿quién se va a quedar una vida religiosa por capricho? No es tan fácil.

Alix Niño: A propósito de lo que dices, ahorita se están adelantando como ciertas conversaciones en torno también al rol y el papel de la mujer en la Iglesia, incluso desde la misma Provincia. Ahorita la Provincia tiene un grupo de mujeres que también se están haciendo esas preguntas. En medio de esta pregunta se decían, bueno, ¿cuáles deberían ser esos valores o esas realidades que deberían tejerse alrededor de esa pregunta del papel de la mujer en la Iglesia? ¿Cuáles creerías tú que puedan ser esos valores, esas realidades, para dignificar ese papel?

Zoila Cueto: A mí me parece que es muy importante que, así como los hombres tienen la posibilidad de estudiar, las mujeres también tengamos posibilidad de estudiar. Últimamente se está estudiando, pero antes no. Antes las mujeres estábamos sin estudio, trabajando, haciendo lo bueno y lo poco que podíamos hacer, y para saber cuál es mi papel, yo tengo que estudiar, tengo que leer, tengo que mirar la historia de la mujer en la Iglesia, la historia de la mujer en la sociedad, y dejar también como que ese compromiso de ella también a mí me cuestione, y yo hasta donde también puedo aportar. Yo no puedo ir y decirle al cura o a quien sea: “usted me está marginando”, si yo no aporto. Creo que es muy importante el diálogo de saberes entre la jerarquía de la Iglesia y los que estamos de a pie, lo que estamos abajo. La transformación se da recíprocamente, es igual que mi identidad de mujer negra es porque ustedes no son negros. Se fortalece en el contacto con el otro que es diferenciado a mí. Yo creo que también la Iglesia tiene que mirar qué aporte nosotras podemos hacer desde nuestro rol de mujer y abrirse a eso, porque nunca vamos a sustituir un sacerdote, por ejemplo, porque hay una estructura impenetrable que no lo permite, que yo a veces creo que eso no es de Dios, pero así está. Yo creo que eso no es de Dios. El sueño de Dios, el querer de Dios, es que todos

vivamos y vivamos en abundancia como hermanos y hermanas. Eso fue lo que Jesús apostó, con la vida, hasta la propia vida. Entonces si somos conscientes de eso, de que yo tengo un papel, pero no es que el padre me diga que yo tengo un papel, es que yo también me lo crea, que yo tengo algo para aportarle a la Iglesia. Muchas veces, por ejemplo, creemos que por ser negra tenemos que defender un ministerio de negra o no sé qué, por ser negra, porque puede ser que yo no tenga la experticia. Cada uno en su lugar, pero aportando como hermanos y hermanas. Creo que eso es un problema también de que no nos miramos a los ojos como hermanos y hermanas. Si logramos eso se transforma la sociedad y la Iglesia. En el caso de la Iglesia Católica, tiene un papel supremamente importante en Colombia, porque todavía es de las pocas instituciones en las que se cree, con todas las debilidades que tenemos, con todo lo que han sacado, todavía la gente cree en la Iglesia Católica y sobre todo la gente sencilla que es donde yo más me he movido.

Alix Niño: Hermana, a propósito de lo que estamos hablando de la vida religiosa, si alguna joven que viera esta entrevista se conmueve un poco por tu historia de vida y tiene preguntas o inquietudes vocacionales, qué le dirías, ¿cómo la orientarías en esas búsquedas que está teniendo?

Zoila Cueto: Nosotras tenemos una página Apostolinas Colombia, ahí pueden buscar. La verdad que ahoritica la vida religiosa, sobre todo la femenina, está en crisis. Creo que el llamado siempre es posible y nosotras pues aquí estamos. Si entran a la página de Instagram, al Facebook, ahí nos encuentran en Apostolinas Colombia. Es nueva, nunca habíamos tenido acceso, sino que a la medida que entra gente, jóvenes, pues van cambiando la forma. Ahí estamos, ahí nos encuentran y creo que pues estamos abiertas también. La vida religiosa es exigente, pero no es las exigencias de cuando entramos Antonio José y yo. Ahora es mucho más flexible. Ya nos dimos cuenta que en este momento la vida religiosa debe de ser creativa, debe cambiar cosas, no sa-

bemos qué vida religiosa también en el momento histórico nos está pidiendo la sociedad. Estamos como en esa búsqueda también nosotras mismas de darnos respuesta y creo que todos los religiosos y religiosas están en esa búsqueda.

Toño Pepe: Hablabas hace un momento de esa originalidad de Jesús, somos hermanos, somos iguales, no hay como categorías, un escalafón y el papa Francisco uno de los grandes puntos de su ministerio fue: somos iguales, diversos en carisma, en estilo, pero unos en lo mismo, una dignidad fundamental de hijos de Dios. Y eso lo plasmó en la sinodalidad, que no es un tema nuevo, la Iglesia primitiva era sinodal, que después Vaticano II, hace 60 años rescata, o sea no es una veleidad, no es un capricho. ¿Cómo ves eso ahora aquí? ¿Qué hay que romper, qué hay que fortalecer para que la sinodalidad no sea una palabra hueca sino un estilo de vida en la Iglesia?

Zoila Cueto: Nosotros desde la CLAR, en ese tiempo yo estaba, era parte de la comisión, ya no, fui fundadora también de ese espacio. El Sínodo muy poco nos reconoció a los afros y teníamos mucha lucha en eso y decían que precisamente eran los obispos negros que ponían su cascarita para que no estuviéramos ahí en el documento. En el primer documento nos mencionaron una sola vez y después nos decían que éramos pueblo originario. Puede ser que en África seamos originarios, pero los afros en América Latina no somos originarios, nosotros fuimos traídos acá, o sea nuestra originalidad está allá, y los originarios son los indígenas. Hubo esa lucha, yo no sé cómo está, pero yo sí creo Antonio José que sí tenemos que luchar para que ese sínodo se haga realidad, ese sueño de Francisco se haga realidad, porque yo sí creo que Francisco marcó la Iglesia, puso un antes y un después y precisamente era eso. Francisco quebró muchas estructuras o por lo menos quiso quebrarla para que fuéramos la mesa redonda.

Toño Pepe: El loco de Dios en el fin del mundo,

Zoila Cueto: Como dijo su libro. A eso estamos llamadas y llamados y eso es profetismo. No es que tengamos que vivirlo porque lo dice el sínodo, es que nuestro ADN como Iglesia y como religiosos, estamos llamados, llamada a vivir desde lo circular. Y a veces se nos hace difícil. Ese quiebre hay que hacerlo. Tenemos a Jesús, el referente principal, los profetas, los seguidores, pero el papa Francisco también nos dejó como unas pautas para seguir apostando a una vida profética. En este momento, si los religiosos y religiosas, con toda la debilidad que tenemos, porque yo tengo unas debilidades horribles, pero si no las llevamos puestas, si no intentamos ser proféticos, según el papa Francisco, la vida religiosa va a desaparecer. Que pueda ser que no. Cuando estamos tan lineal, tan así, tiene que haber un mínimo, aquí hay profetismo, aquí hay que transformar. Antes yo criticaba, por ejemplo, el Colegio del Apostolado, que ya no es un colegio de ricas en República Dominicana, y yo decía: “estas monjitas se pasan el tiempo dándole clase a estas niñas ricas”. Y yo en Palermo Sur, feliz, y ellas pues también estarían con sus luchas con esas niñas. Pero no es dónde, es el cómo. Yo creo que eso tenemos que volverlo a retomar para que no se nos pierda el horizonte. Y estamos llamadas también y llamados para ir a la frontera a esos lugares. Eso lo tenemos nosotros en el ADN, pero se nos perdió la vida apostolina, que la estamos recuperando, es ir donde otros no quieren ir por lo difícil, porque en Buenaventura matan, porque donde vivimos es un escándalo de mil y una noches, que uno no duerme, no descansa, pero todo el mundo que vive alrededor con esa gente loca, ahí está, ahí vive. Entonces tendríamos nosotros también ver qué hacemos para poder estar ahí acompañando a la gente de ahí, en medio del dolor, en medio de la bulla, en medio de la locura. Yo soy de campesina, el campesino es más como más tranquilo, tiene su momento de bulla, pero tiene su momento de contacto con la naturaleza y tranquilidad. Yo viví allá seis años y lo viví bien, fui feliz, como soy feliz también trabajando aquí en el sur.

Alix Niño: Ahorita vamos a iniciar una dinámica muy bonita que hemos iniciado este año en un café con. Aquí tenemos dos emojis que hacen referencia un poco a la forma en la que ahorita se comunican los jóvenes. Este año estamos en el Año de las Juventudes. Esta dinámica se llama ¿Te gusta o te disgusta? Yo les voy a dar algunos ítems, algunas afirmaciones y la idea es que me puedan responder con las tablitas qué piensan: si les gusta, les disgusta y podamos tener una mini conversación.

La primera y a propósito de las tardes bogotanas: el chocolate con pan en una tarde bogotana es lo mejor que existe en el mundo. ¿Qué piensan?

Zoila Cueto: A mí me da la sensación de encuentro, de tranquilidad y de diálogo, o sea de conversar de manera espontánea, sin cámara, conversar la vida.

Toño Pepe: Recuerdo muy bonito. Cuando yo llegué a Bogotá con 10 años de edad, se estilaba todavía en las familias tomar onces en forma y el centro era el chocolate con pan.

Alix Niño: Bueno, tengo una afirmación muy polémica porque yo tengo una marca predilección hacia este tipo de animal y es: Los perros son mejores que los gatos. ¿Qué piensas? ¿Los perros son mejores que los gatos?

Zoila Cueto: A mí me parece que son dos animales queridos los dos.

Toño Pepe: Los perros son más frenteros, más transparentes. Los gatos son calculadores.

Zoila Cueto: Ellos calculan, pero y por ese cálculo se dan cuenta lo que te está pasando.

Alix Niño: Debo decir que para mí los perros, por eso no participo. La bachata es mejor que la cumbia. ¿Qué piensan?

Zoila Cueto: No estoy de acuerdo, decir que una mejor que otra. Son dos géneros diferentes con

sus riquezas, que apasionan a un grupo y a otro grupo, pero creo que tienen sus mismas raíces y eso es muy importante.

Toño Pepe: Sí, es el ritmo, la vitalidad, el trópico puro, la fiesta, la celebración del gozo de vivir. Es una maravilla ver bailar cumbia o bachata, eso es hermoso. Nosotros aquí los cachacos montañeros somos muy tiesos, pero cuando uno ve eso se contagia. Se contagia.

Zoila Cueto: Pero también hay que hacer la aclaración que no todos los negros bailamos. Yo no bailo, no sé bailar. Entonces hay excepciones, pero por lo general sí.

Alix Niño: Esta es muy relacionada con el tema de los jóvenes y que siento que es una afirmación que muchas veces pesa y me gustaría también saber sus opiniones ¿Qué piensan de que los jóvenes actuales somos la generación de cristal? ¿Están de acuerdo o no están de acuerdo? ¿Qué piensan respecto a esa afirmación?

Zoila Cueto: Yo creo que cada generación tiene su propia identidad. Cada generación tiene que aportar a la sociedad y la misma sociedad te va transformando y te va haciendo. Yo no puedo decir que los jóvenes son de cristal. Yo lo que me tengo que cuestionar yo que le estoy aportando para que no sean de cristal. Y nosotras las personas mayores tenemos una gran responsabilidad en la sociedad joven colombiana, le estamos dejando una sociedad muy destrozada, pero somos nosotros. A mí me da dolor decirlo, pero qué sociedad yo le estoy dejando a los jóvenes que están en la actualidad.

Toño Pepe: Sí, yo he trabajado casi toda mi vida con jóvenes: la universidad, colegio, en grupos, en Ejercicios Espirituales… Encuentro muchas fortalezas. Claro, sensibilidades distintas, también debilidades, pero en cada generación. Fui joven hace mucho rato, como se puede ver, ellas me molestan. Y también teníamos muchas fragilidades y muchas fortalezas. Entonces yo

creo que es un trabajo de leernos mutuamente, de interpretarnos mutuamente, de dialogar, de estar abiertos y de no marcar como territorios infranqueables.

Zoila, en Colombia en este momento somos 195 jesuitas, desde el más jovencito novicio que están ahora en Quito, hasta el benemérito Toñito Silva, que va a cumplir ahora en estos días 105 años. ¿Qué nos quieres decir a los jesuitas de Colombia? Tú nos conoces, has trabajado, trabajas con nosotros, has estado con Cinep, con Fe y Alegría. ¿Qué nos quieres decir? Ahí te están poniendo cuidado, te van a leer…

Zoila Cueto: ¿Qué le digo yo a los jesuitas en este momento? Pues lo mismo que yo le digo a mi comunidad, y me digo a mí misma. Voy a tomar la lectura, la primera lectura del domingo, del Génesis, de la creación, todo ese simbolismo tan bello. La Biblia está llena de simbolismo, entonces pues hay que mirar lo que dice en la letrica pequeña que significa. En este momento me digo a mí misma, le digo a mi comunidad y le digo a los jesuitas por ser hermanos en espiritualidad, en trabajo que tenemos que dejar que el soplo de Dios llegue a nosotras y nosotros. Que tenemos la misma dignidad que tiene Dios, aunque esto sea simbólico. Dios sopló y dio vida y nosotras estamos llamadas y llamados para dejarnos transformar, para poder darle vida a aquellos que viven en condiciones que no son del querer de Dios. Por eso yo le invito a que vayan a los lugares donde esté la necesidad más fuerte, porque eso está dentro del plan apostólico; intentar vivir lo que dice el plan apostólico, que en último es el Evangelio, llegar a esos lugares donde te da miedo mirar. Buenaventura es un lugar donde da miedo mirar. Fui el año pasado, voy con mucha frecuencia, dos veces al año. También es una posibilidad para las muchachas que quieran también trabajar con nosotras, estamos impulsando el voluntariado para trabajar, porque algunas personas no quieren ser religiosas, pero sí pueden apoyar voluntariado a largo aliento. Me dijeron: “oye hermana, acaba de pisar

la frontera invisible”. Yo me hice la tonta y dije: “¿frontera? ¿Y dónde está?” El Señor se quedó pensando y seguí caminando porque sabía que era un lugar donde me conocían, pero, ¿por qué entre nosotros debe haber fronteras invisibles? Vas a Buenaventura y te estremeces porque son una generación muy joven, son muchachos de 14 y 12 años, que andan con pistolas y cosas y uno dice esto de dónde lo consiguen. ¿Cómo nos han fragmentado? Yo le digo eso a los jesuitas: que podamos juntos soñar una Colombia diferente e ir a esos lugares donde verdaderamente el dolor es más fuerte, más latente.

Alix Niño: Hermana, ya para finalizar me gustaría que a propósito de que estabas hablando de los jóvenes, le pudieses compartir a la cámara un mensajito para ellos, como en este Año las Juventudes, ¿Qué le podrías compartir a los jóvenes de la Provincia?

Zoila Cueto: Creo que los jóvenes tienen una responsabilidad grande de ayudarnos a nosotras y a nosotros, los ya lo mayores, a empujar la vida. Tenemos que, juntos y juntas, empujar la vida. Y para empujar la vida, para que la vida sea más dignificada, para que la vida sea más valorada, no se necesita dar, pero por fuerza los jóvenes tienen un papel muy importante de seguir empujando la vida, la vida con dignidad, como Jesús la soñó y por ese querer impregnarse

de la vida también hay consecuencias. Creo que todos estamos metidos en las consecuencias, pero los jóvenes tienen más posibilidad, incluso que nosotras y nosotros, ya los que estamos como dice Antonio José de camino. Estamos en los años dorados y ustedes nos pueden alimentar también, los jóvenes alimentan, son como la savia que alimentan los procesos.

Toño Pepe: Muchas gracias por haber compartido con nosotros tu vida. Un diálogo muy constructivo, muy esclarecedor, en algunos momentos doloroso por esas experiencias límite que has vivido por allá en esos rincones de la Colombia distinta, la Colombia olvidada. Muchas gracias por tu transparencia y por todo lo que haces por tanta gente buena en este país, trayéndonos también tu sangre caribeña, tu sangre dominicana. Muchas gracias. A todos muchas gracias también por seguir nuestros productos de comunicación. Los invitamos siempre a estar en contacto a través de nuestras redes sociales, de los diversos espacios con los cuales nosotros estamos transmitiendo la buena noticia de Jesús, esperanza para todos, justicia. Sabemos que para muchos en este país hay condiciones muy difíciles, pero no podemos doblegarnos ante las contradicciones y tenemos que seguir con la mano puesta en el arado. Aquí seguimos con el soplo de Dios.

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Culturas de Paz y Pensamiento Ignaciano: Una Apuesta por la Misión de Reconciliación y Justicia en el Eje Cafetero

Hablar del Eje Cafetero evoca de inmediato imágenes profundamente arraigadas en la identidad colombiana: montañas cubiertas de cafetales y platanales, caminos de herradura recorridos por arrieros, mujeres y hombres que, con poncho y sombrero, trabajan con dignidad enfrentando la agreste pero majestuosa geografía andina. Para otros, la memoria se llena de símbolos urbanos y paisajísticos —la Catedral Basílica de Manizales, el Viaducto de Pereira, los entornos naturales de Armenia, el Parque del Café, Panaca o el Valle del Cocora—, que constituyen hitos culturales de la región.

Sin embargo, más allá de estas imágenes, surge una pregunta clave: ¿Está presente la Compañía de Jesús en este territorio? La respuesta es sí. Desde hace un siglo, la Compañía ha hecho presencia de distintas maneras en la región. Pero la historia, si no se lee con atención, corre el riesgo de convertirse en un simple refugio de glorias pasadas, mientras la realidad continúa transformándose y exigiendo respuestas nuevas. El Eje Cafetero, como tantas regiones del país, es un espacio de contrastes profundos que hacen más urgente la misión jesuita.

Una región de contradicciones que clama por reconciliación

Detrás de la belleza del paisaje se ocultan realidades que desafían la justicia y la dignidad humana. En la región existe un municipio que, desde los tiempos de la colonia, ha sostenido procesos de minería a cielo abierto que deterioran la Casa Común. Su ubicación también la convierte en corredor obligado para miles de migrantes que atraviesan el territorio buscando una tierra prometida. Asimismo, persisten comunidades enteras —hombres, mujeres, niños— sin acceso a condiciones de vida dignas. Incluso, hay un municipio de Caldas cuya población, en su totalidad, es reconocida como víctima del conflicto armado.

En este contexto complejo, la misión de la Compañía de Jesús no solo es pertinente: es necesaria. Discernir cómo hacer vida la misión

Hoy, la plataforma apostólica jesuita en la región se articula principalmente desde el Colegio San Luis Gonzaga de Manizales, obra educativa que, desde preescolar hasta grado once, lidera procesos de formación integral. En Pereira permanece el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), mientras que otras obras históricas ya no están bajo administración de la Compañía.

En este escenario surgió una pregunta fundamental: ¿Cómo encarnar la misión apostólica desde una obra educativa y lograr un impacto regional real? La respuesta comenzó a construirse a través de un proceso profundo de discernimiento, de escucha y de diálogo con el territorio. De

allí nació el proyecto Culturas de Paz y Pensamiento Ignaciano, que se ha venido fortaleciendo mediante experiencias de impacto en municipios como Marsella y Pereira (Risaralda), Manzanares (Caldas) y otros puntos del Eje Cafetero.

Tres aprendizajes para seguir avanzando

1. Dios se manifiesta de múltiples maneras: El Plan Apostólico de la Provincia nos recordó que la misión no consiste en “llevar a Dios” a los territorios, sino en descubrir cómo Dios ya habita y actúa en ellos.

2. Caminar en sinergia: La experiencia mostró que el trabajo debía realizarse en alianza con obras de carisma ignaciano y no ignaciano. La sinergia se convirtió en un principio fundamental.

3. No perder de vista nuestra identidad: Para que el Plan Apostólico cobre fuerza, es indispensable recordar quiénes somos: educadores. Desde esta convicción, nuestras apuestas deben conservar un horizonte educativo.

Un camino que continúa

Los aprendizajes seguirán surgiendo mientras avancemos en este proyecto, y confiamos en que podrán iluminar procesos de otras obras hermanas.

¿Qué hay detrás de la postal del Eje Cafetero?

Acompáñanos a descubrir una historia de 100 años que hoy se transforma para sanar heridas y educar con esperanza. ¡No te pierdas este episodio!

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Nuevo servicio incluido - Claro: seguridad móvil lookout

Dentro del Plan Corporativo de CLARO para la Compañía de Jesús, a partir de ahora se incluye Lookout Plus, una herramienta de seguridad diseñada para proteger los celulares de la empresa contra amenazas digitales.

Hoy en día, los celulares no solo se usan para llamadas, sino también para manejar correos, aplicaciones corporativas, archivos y accesos a información importante. Esto los convierte en un blanco fácil para ataques como virus, robo de información o fraudes digitales (phishing).

Lookout protege los dispositivos móviles frente a:

• Aplicaciones maliciosas (virus, spyware, troyanos).

• Enlaces o páginas web falsas que buscan robar información.

• Redes WiFi inseguras.

• Intentos de fraude digital ( phishing).

• Equipos que han sido alterados (root o jailbreak).

• Sistemas operativos desactualizados o vulnerables.

¿Qué hace Lookout? ¿Cómo funciona?

• Se instala una aplicación llamada Lookout for Work en el celular.

• Analiza el equipo en tiempo real.

• Si detecta un riesgo, le avisa al usuario y le indica cómo solucionarlo.

• El administrador de la plataforma empresarial puede ver el estado general de seguridad desde una consola, pero sin tener que acceder a la información personal del usuario.

Beneficios principales

• Protege la información corporativa.

• Reduce el riesgo de robo de datos.

• Evita accesos no autorizados a los sistemas internos.

• Permite establecer políticas de seguridad.

• Respeta la privacidad del usuario: no comparte datos personales con la empresa.

En resumen, Lookout agrega una capa adicional de seguridad que va más allá de la administración básica de dispositivos, ayudando a prevenir ataques antes de que afecten a la organización.

Tan pronto nuestro Equipo de Tecnología cuente con la plataforma, les estaremos informando para acompañarlos en el proceso de instalación en las líneas corporativas asociadas al plan de la Compañía de Jesús.

DIRECCIÓN JURIDICA

Protección de datos personales: obligaciones específicas frente al registro nacional de bases de datos -rnbd

La Compañía de Jesús avanza con paso firme en el cumplimiento de sus obligaciones en materia de protección de datos personales y actualización del Registro Nacional de Bases de Datos -RNBD de la Superintendencia de Industria y Comercio -SIC. Estas acciones reflejan el compromiso institucional con el derecho fundamental al hábeas data, consagrado en los artículos 15 y 20 de la Constitución Política de Colombia.

En un contexto en el que la información personal circula y se cruza entre múltiples plataformas, el riesgo de vulnerar la privacidad y la intimidad de las personas es cada vez mayor. La posibilidad de que diferentes actores conozcan hábitos de consumo, historia clínica, información financiera y datos laborales exige a las organizaciones una gestión responsable y transparente de las bases de datos personales.

La normativa de protección de datos –Ley 1581 de 2012, Ley 1266 de 2008, Ley 2157 de 2021 y las disposiciones del Código Penal sobre violación de datos personales– impone deberes claros a quienes recolectan, almacenan, usan, circulan o suprimen datos personales, así como obligaciones específicas frente al RNBD administrado por la SIC.

En línea con estas exigencias, la Compañía de Jesús ya efectuó el reporte de los reclamos presentados por los titulares de datos personales durante el segundo semestre del año 2025, a través del sistema del RNBD de la SIC. Este reporte incluye tanto los reclamos elevados directamente ante el Oficial de Privacidad como aquellos presentados a nivel Local.

Es importante recordar que este reporte semestral es obligatorio incluso cuando el número de reclamos sea cero, caso en el cual debe registrarse expresamente dicha circunstancia en el sistema de la SIC. Con ello, la Compañía de Jesús no solo previene eventuales investigaciones administrativas, sino que reafirma su compromiso con la transparencia frente a los titulares de la información.

Fechas claves en 2026:

Entre los meses de febrero y marzo de 2026 se concentran varias obligaciones relevantes ante el RNBD que impactan directamente la gestión de datos en nuestras Comunidades y Obras.

Capacitación en el Colegio Mayor de San Bartolomé

En coherencia con la misión de la Administración Provincial de servir y acompañar a las Comunidades y Obras de la Compañía de Jesús, el pasado 15 de enero de 2026, en conjunto con la Dirección de Gestión Humana se realizó una jornada de capacitación en tratamiento de datos personales en el Colegio Mayor de San Bartolomé. En esta sesión se abordaron temas como la definición de hábeas data, los derechos de los titulares (conocer, actualizar, rectificar, revocar la autorización y presentar quejas ante la SIC), la clasificación de los datos personales y las obligaciones de responsables y Encargados del Tratamiento.

A partir de esa formación, se reiteró a directivos y docentes la importancia de documentar adecuadamente las autorizaciones de los titulares, gestionar en forma oportuna consultas y reclamos y reportar incidentes de seguridad dentro de los plazos legales, incluyendo el deber de informar a la SIC los reclamos semestrales y las novedades de las bases de datos a través del RNBD.

La invitación para las Comunidades y Obras es a revisar sus procesos internos de recolección y gestión de datos personales, fortalecer la cultura de cumplimiento y acudir a la Dirección Jurídica ante cualquier duda o necesidad de acompañamiento.

DIRECCIÓN FINANCIERA – OFICINA DE CONTABILIDAD

Fechas de cierre contable 2026

Con el propósito de optimizar los tiempos del área y mejorar nuestros procesos de cierre contable durante este año, reiteramos la importancia de contar con su apoyo en la entrega oportuna de la documentación al área contable, preferiblemente de manera semanal.

El fortalecimiento del trabajo colaborativo entre las áreas es fundamental para lograr nuestra meta de realizar el cierre el día 6 de cada mes, en lugar del día 7 como se había manejado anteriormente. La entrega periódica de la documentación nos permitirá distribuir adecuadamente la carga laboral, evitar acumulaciones de último momento y asegurar un flujo de trabajo más eficiente.

Asimismo, recordamos que la presentación y el pago de las obligaciones tributarias tienen fechas definidas por la DIAN y por las entidades territoriales locales. Por ello, el cumplimiento oportuno de los tiempos internos es fundamental para prevenir contingencias y posibles sanciones.

Estas son las fechas de cierre

CIERRE FISCAL 2026 ENERO 8 DE 2027

REUNIÓN DE PRESUPUESTOS: 1 AL 3 DE DICIEMBRE 2026

INFORME A ROMA AÑO FISCAL ENTREGA 28 DE FEBRERO DE 2026

Cumpleaños de jesuitas en marzo

2 Joel Hernández Díaz

3 Monseñor Luis José Rueda

4

Marcelo Nicolás Amaro de León

José Darío Rodríguez Cuadros

6 Eugenio Antonio Gómez

Bernabé Alzate

7 Mauricio García Durán

8 Francisco Acosta

10 Santigo Tobón Grajales

11 John Jairo Montoya

13

14

16

Jesús Enrique Díaz

Guillermo Zapata Díaz

Carlos Alberto Londoño

Antonio José Silva Mojica

Gabriel Jaime Pérez

Juan Clímaco Villegas

18 Ismael Arturo Garceranth

20 Hernando Muñoz

22 José Luis García

24 Gabriel Vallejo Mejía

25 Alfredo Ferro Medina

David Castillo

27

Juan Fernando Quijano

29 Rafael Antonio Tole

Jeferson Albuquerque

30 Arturo Araújo

Un espacio para soñar juntos nuestra misión

Un sábado al mes de 11:00 a.m. a 12:30 m.

En vivo por Jesuitas Colombia

sábado 14 de marzo 2026

Año de las juventudes en la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús

¿Cómo colaborar en nuestro país con los jóvenes en la construcción de un futuro esperanzador?

Ponente

Daniel Vargas, SJ

Director de la Red Juvenil Ignaciana

Colombia

Comentaristas

Laura Perdigón

Secretaria ejecutiva de planeación

Kendry Sandova

Egresado Fe y Alegría, Barranquilla

Modera

José Darío Rodríguez, SJ

Asistente para el discernimiento y la planificación apostólica

A. M. D. G.

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